Kitabı oxu: «Fábulas»

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BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 380

HIGINO

FÁBULAS

INTRODUCCIÓN Y TRADUCCIÓN DE

JAVIER DEL HOYO

JOSÉ MIGUEL GARCÍA RUIZ

NOTAS E ÍNDICES DE

JAVIER DEL HOYO


EDITORIAL GREDOS

Asesores para la sección latina: JOSÉ JAVIER ISO y JOSÉ LUIS MORALEJO .

Según las normas de la B.C.G., la traducción de este volumen ha sido revisada por M.a CONSUELO ÁLVAREZ MORÁN .

© EDITORIAL GREDOS, S. A., 2009.

López de Hoyos, 141, 28002-Madrid.

www.editorialgredos.com

REF. GEBO452

ISBN: 9788424937492

INTRODUCCIÓN
1. EL AUTOR DE LAS FÁBULAS

Todo lo relacionado con el autor de las Fabulae ha sido debatido desde hace ya mucho tiempo. Y conviene resaltar que no hay gran unanimidad entre los investigadores en cuanto a su autoría. Por ello todas esas preguntas de cuándo vivió, qué pensamiento anima su obra, de qué fuentes bebió, en qué autores posteriores ha influido, etc., quedan necesariamente en el aire.

La obra ha sido atribuida tradicionalmente a Gayo Julio Higino, a quien se le suele ubicar entre el 64 a. C. y el 17 d. C., pero los resultados de la información obtenida acerca de la vida de este personaje son realmente decepcionantes, ya que si los autores antiguos nos han legado muy poca información, y ésta además de forma un tanto confusa (cf . TOLKIEHN , 1962, col. 628), la investigación moderna no ha sido mucho más generosa. Los artículos de investigación sobre la vida y la obra de Higino son muy escasos 1 , y casi todos se centran en la Astronomía, obra que ha captado el interés mucho más que las Fábulas, especialmente a lo largo del siglo xx.

Así, los pocos datos que conocemos de la vida del supuesto autor de las Fabulae nos han sido transmitidos por Suetonio: «Gayo Julio Higino, liberto de Augusto, hispano de nacimiento (si bien algunos lo consideran alejandrino y creen que fue llevado a Roma por César como esclavo con ocasión de la toma de Alejandría), escuchó con interés e imitó a Cornelio Alejandro, gramático griego, a quien muchos llamaban Polihístor por el conocimiento que tenía de la Antigüedad, y otros lo llamaban “la Historia”. Estuvo al frente de la Biblioteca Palatina 2 , y tuvo muchos discípulos. Fue amigo íntimo del poeta Ovidio y de Clodio Licinio, el consular que también fue historiador; éste refiere que Higino murió muy pobre y que, mientras vivió, fue sustentado por su propia generosidad. Liberto suyo fue Julio Modesto, seguidor de las huellas de su patrono en los estudios y en la doctrina» 3 .

Si el dato de Suetonio resulta fiable, Higino sería el primer autor hispano del que conservamos una obra completa 4 , anterior a toda esa nómina de Sénecas, Lucanos, Marciales, etc. que comienzan a florecer en la primera mitad del sigloʼ I d. C., y que salpican la historia de la literatura latina hasta san Isidoro, ya que ni siquiera un autor como Turranio Grácil, de quien sólo tenemos vagas noticias 5 , sería anterior a él.

A partir de Suetonio, única referencia conservada sobre su vida, podemos decir que parece tratarse de un personaje importante dentro del panorama cultural de la Roma de fines del siglo I a. C., protegido del propio Augusto, pero caído en desgracia por razones desconocidas. Higino debió de desempeñar, pues, a lo largo de varios decenios la administración de la Biblioteca Palatina, si es que el destinatario del poema final del libro III de Tristes de Ovidio 6 , publicado en el año 10 d.C., es el mismo Higino, como algunos han pensado. Su amistad con Ovidio (VAN DE WOESTIJNE , 1929), un perseguido político, podría indicar en él un espíritu poco cortesano 7 . Para algunos autores, Higino sería el enemigo irreconciliable contra el que desata Ovidio sus iras en el poema Ibis 8 , opinión que nos parece bastante improbable. Lo que parece evidente es el conocimiento que Higino tenía de este poema de Ovidio, ya que hay episodios que aparecen exclusivamente en estas dos obras el Ibis y las Fabulae de Higino 9 .

El nombre completo del autor aparece expresado en el título que su primer editor, Micyllus, afirma haber encontrado en el encabezamiento del manuscrito que le sirvió para su edición: Libro de los mitos (fábulas) de Gayo Julio Higino, liberto de Augusto . Ahora bien, la identificación del liberto que estaba al frente de la Biblioteca Palatina con el autor de las Fábulas no es aceptada por todos. Así, por ejemplo, H. J. Rose, fijándose en los frecuentes errores y confusiones ingenuas encontradas en el libro, lo atribuye a un semidoctus que malinterpretaba los nombres, a un personaje de cultura modesta, incapaz de escribir en un latín que no fuera semibárbaro, y sitúa a su autor en la época de los Antoninos 10 . Lo cierto es que en el año 207 d. C. su mitología fue traducida al griego y recogida como apéndice de los Hermeneumata 11 , obra atribuida a Dosíteo 12 . Pocas partes quedan hoy de este trabajo y, sin embargo, fueron suficientes para testimoniar un caso singular en la historia de la literatura latina, ya que se trata de uno de los pocos ejemplos de traducción al griego de un texto latino. El hecho es tanto más significativo cuanto que se trata de una traducción que transmite a los lectores griegos una selección de sus propios mitos, previamente contados al público latino por un erudito que a su vez los había tomado de autores griegos. En esta traducción se la describe como «conocida por todos».

2. OBRAS ATRIBUIDAS A HIGINO. LAS FÁBULAS

Si atendemos a las distintas fuentes antiguas, Higino fue un polígrafo y un anticuario, autor de varias obras eruditas. Según los testimonios de la tradición indirecta, que podemos encontrar en distintos textos de Columela, Aulo Gelio, Servio y Macrobio, es posible citar gran número de obras sobre temas muy variados, cuya noticia ha llegado hasta nosotros bajo la autoría unitaria de Higino. Podrían agruparse éstas en varios bloques temáticos:

1) Obras con pretensiones históricas: Vrbes Italicae o De situ urbium Italicarum 13 , libro compuesto según el modelo griego de las «fundaciones» (ktíseis) . Y asimismo De familiis Troianis 14 , sobre la ascendencia troyana de la dinastía julioclaudia.

2) Obras didácticas y referentes a la vida del campo: De apibus 15 , sobre el origen mítico de las abejas. Se trata de la primera monografía latina sobre el tema. Columela ya comentaba que nadie podría haber escrito nada con más esmero 16 . Asimismo De agri cultura, o De re rustica 17 .

3) Obras acerca de la vida religiosa de los romanos: De proprietatibus deorum 18 y De dis penatibus 19 .

4) Finalmente, obras de carácter biográfico: De vita rebusque illustrium virorum 20 y Exempla 21 .

Además de todas estas obras, de las que no nos ha llegado sino la mera noticia de su existencia o sólo fragmentos, se conserva íntegro su tratado De astronomia, obra de carácter mítico-científico que sigue la tradición de Eratóstenes, Arato y otros autores que elucubraron sobre el cielo e intentaron darle una explicación científica a partir de los mitos. La existencia de ciertas similitudes entre las Fabulae y el tratado De astronomia invita a pensar que ambas obras fueron escritas por el mismo autor, si bien éste es uno de los puntos de controversia entre los estudiosos de la producción de Higino. Así, por ejemplo, leemos en De astronomia : «pero como dice Esquilo, escritor de tragedias, en Fórcides 22 , las Greas fueron guardianas de las Górgonas. Acerca de ello hemos escrito en el primer libro de las Genealogías 23 ».

Quienes no admiten que Higino escribiera las dos obras, arguyen que el título de Genealogías no se corresponde con la colección de fábulas que se nos ha transmitido. Pero olvidan varias cosas; por un lado que Higino pudo dar el nombre de Genealogiae a su obra teniendo en cuenta su comienzo, la Praefatio, que realmente constituye una auténtica genealogía. En esto pudo ocurrir igual que en tantas obras de la Antigüedad como las Bucólicas de Teócrito (libro al que se dio ese nombre porque en los primeros poemas entraban en escena unos pastores), o la Teogonía de Hesíodo, etc. No tienen en cuenta, además, que las así llamadas Genealogías son equivalentes a las Fábulas, nombre que bien podría deberse a un recopilador medieval. Pensemos que incluso la Biblioteca atribuida a Apolodoro pudo denominarse en algún momento Genealogíai , siguiendo la obra de Acusilao de Argos, que en el siglo VI a. C. escribió tres libros de Genealogíai 24 .

Por otra parte —dicen los detractores de la autoría única— ni las Fabulae se dividen en libros, ni en ellas se hace referencia a las Greas. En cuanto al hecho de que no se mencionen las Greas en las Fábulas , y de que éstas se circunscriban a un solo libro, hay que tener en cuenta que el texto nos ha llegado fragmentado y que pudo haber más libros de los conservados hoy, donde se hiciera referencia precisamente a este mitema, dado el desorden de contenidos en la organización de las fábulas. Aunque el texto de Fábulas no esté expresamente dividido en libros, podríamos tener una versión refundida o rehecha, y de todos modos en el texto aparecen tres tipos de relatos: genealogías, fábulas y catálogos. Finalmente, como opina G. Guidorizzi, el hecho de que la obra de Higino llevara por título Genealogías y estuviera dividida en libros, podría hacer suponer que el nombre de Higino sería una designación pseudoepigráfica aplicada simplemente a un texto de compilación mitográfica 25 .

Otro ejemplo llamativo es el que ofrecen los pasajes paralelos acerca de Icario y Erígone (De astronomia II 4 y fab . CXXX), semejantes entre sí no ya sólo por el tema común que ambos tratan, sino sobre todo por el léxico empleado, hasta tal punto de que no es posible concluir que se deban a dos autores distintos 26 .

De lo dicho hasta ahora fácilmente se desprende que un mismo autor pudo haber escrito ambos libros 27 , si bien no pueda hacerse una afirmación rotunda e irrevocable de que ese autor se llamara Higino, ya que también carecemos de datos precisos acerca del autor del tratado De astronomia .

En todo caso, acerca de este hecho existen opiniones encontradas. Durante la segunda mitad del siglo xx, la crítica ha querido ver la existencia de un solo autor para las dos obras; así investigadores como J. R. Bacon 28 , F. Cramer 29 , L. Laurand 30 , J. Carcopino 31 , A. Le Boeuffle, editor en Les Belles Lettres de De astronomia (1983), y últimamente J. Y. Boriaud (1997), G. Guidorizzi (2000) y P. K. Marshall (2002) abogan por la autoría única, frente a toda la crítica de la segunda mitad del siglo XIX y comienzos del siglo xx, representada por estudiosos del tema como B. Bunte (1856), C. Bursian (1866), M. Tschiassny (1888), E. Maas (1898), K. Robert (1918), y H. J. Rose (1933), quien llevó la obra a la época de los Antoninos por razones de estilo y por el léxico 32 . Rose señaló que el libro era necesariamente posterior al gobierno de Claudio (41-52), porque el autor de las Fábulas utilizó los escolios a las Argonáuticas de Apolonio de Rodas, que se remontan a época de Tiberio (14-37 d. C.).

Algunos piensan que probablemente se trate de una obra de juventud, anterior en todo caso a De astronomia, donde cita su otra obra Genealogiae . Ello comporta asimismo problemas, ya que a una edad muy temprana no debía de estar aún al frente de la Biblioteca Palatina, de donde habría tomado los materiales para componer su obra.

3. LAS FÁBULAS . EL TEXTO. COMPOSICIÓN Y ORGANIZACIÓN DE LA OBRA

Si la identificación del autor de las Fábulas con el bibliotecario de Augusto no es algo aceptado por todos, en lo que sí existe acuerdo unánime es en el hecho de que el texto de Higino ha ido sufriendo modificaciones con el paso del tiempo, cambios que se han puesto de manifiesto ya desde la traducción al griego atribuida a Dosíteo, pese a la escasa distancia existente entre el original y la traducción. Se trata, pues, de una obra manipulada, compendiada, llena de lagunas, errores y contradicciones.

En el libro pueden observarse tres partes distintas en cuanto a su composición o técnica narrativa:

a) Genealogías, de inspiración hesiódica. Corresponden a la Praefatio con que comienza la obra. Frente a Hesíodo (Teog . 116 ss.), o Apolodoro (Biblioteca I, 1 ss.), la narración de Higino resulta muy fría, una sucesión de nombres propios en ablativo (progenitor) y nominativo (el hijo). Sin verbos, sin adjetivos, sin apenas acotaciones, Higino nos ofrece una obertura, que resulta ser una especie de dramatis personae o títulos de crédito de la obra que va a comenzar pocas páginas más adelante. Escueta relación de cientos de nombres yuxtapuestos, cuyo interés fundamental estriba en las variantes que ofrece respecto a otras genealogías conocidas, y en los nuevos nombres que hacen de su obra una fuente única para conocer a determinados dioses o aspectos de éstos.

b) Fábulas propiamente dichas. Es la parte más extensa e importante, a la que le dedicaremos buena parte de nuestro estudio introductorio.

c) Catálogos . Aparecen fundamentalmente al final de la obra (fábulas CCXXI-CCLVII y CCLXIV-CCLXXVII), pero no sólo. En el transcurso de la misma el autor ha ido intercalando catálogos casi desde el principio, como el de los Nióbidas (XI), los reyes atenienses (XLVIII); los reyes tebanos (LXXVI); los pretendientes de Helena (LXXXI); los aqueos que fueron a luchar contra Troya (XCVII); los reyes aqueos (CXXIV); augures (CXXVIII); amores de distintos dioses (CLV-CLXIII), etc. Se trata de meros listados de nombres propios. A veces, pocas veces, introduce alguna acotación.

A lo largo de toda la obra, y a pesar de las modificaciones y cambios experimentados en la transmisión del texto, se puede observar una división y organización basadas en los grandes ciclos mitológicos, organización con cierto orden lógico —aunque no el esperado o el que podemos ver en Apolodoro— que podríamos resumir así:


I)Ciclo tebano I (I-XI). Cadmo y sus descendientes.I-VI: Mito de Atamante. Cadmo.VII-XI: Antíope y los Nióbidas.
II)Ciclo de Jasón y los Argonautas (XII-XXVII).XII-XIII: Antecedentes del viaje de los Argonautas.XIV-XXIV: Tripulantes de la nave Argo y aventura del viaje de los Argonautas.XXV-XXVII: Medea.
III)Ciclo de Hércules (XXIX-XXXVI).
IV)Ciclo de Teseo (XXXVII-XLIV).XXXVII-XXXVIII: Ciclo inicial de trabajos de Teseo.XXXIX-XLIV: Ciclo cretense del Minotauro. Minos. Cócalo.
V)Mitos relacionados con Atenas, sus reyes y descendientes (XLV-XLVIII).
VI)Ciclo tebano II (LXVI-LXXVI).LXVI-LXVII: Edipo.LXVIII-LXXVI: Siete contra Tebas, Antígona, Epígonos.
VII)Ciclo de Esparta. Los Tindáridas (LXXVII-LXXXI).
VIII)Ciclo de Micenas. Los Atridas (LXXXII-LXXXVIII).
IX)Los Dardánidas (LXXXIX-XCIV).
X)Guerra de Troya (XCV-CXXIV).
XI)La Odisea (CXXV-CXXVIII).
XII)Ciclo tebano III. Mitos relacionados con Líber Pater (CXXIX-CXXXIV).
XIII)Ciclo ateniense (CLXIV-CLXVI).
XIV)Dánao y las Danaides (CLXVIII-CLXX).
XV)Ciclo de mitos de Etolia. Meleagro y el jabalí de Calidón (CLXXI-CLXXV).
XVI)Calisto (CLXXVI-CLXXVII).
XVII)Ciclo tebano IV. Los orígenes. Descendientes de Cadmo (CLXXVIII-CLXXXIV).
XVIII)Amores de Neptuno (CLXXXVI-CLXXXVIII).
XIX)Metamorfosis, y mitos relacionados con Apolo (CXCI-CCIII).
XX)Amores incestuosos (CCIV-CCVII).
XXI)Amores de efebos y jóvenes bellísimos (CCXII-CCXVIII) (fábulas perdidas).
XXII)Arquelao (CCXIX).
XXIII)Cura (CCXX).

Entre estos ciclos, a veces no respetados completamente, se sitúan fábulas aisladas sin conexión con ningún gran ciclo temático de la mitología como Oto y Efialtes (XXVIII); Admeto y Alcestis (XLIX-LI); los amores de Júpiter (LII-LV); metamorfosis diversas (LVIII-LIX); castigos en los Infiernos (LX-LXII); mitos sin relación entre sí (CXXXV-CXLVIII); Líber (CLXVII).

Se trata, en definitiva, de una materia fragmentada, pero que, como se ha visto, sigue una línea general, y no se puede decir con seguridad que el orden en el que estas fábulas o mitos ha llegado hasta nosotros, sea el mismo que les quiso dar su autor. Los mitos que trata en su obra dejan ver, en efecto, refundiciones e interpolaciones, debidas a sucesivos redactores que habrían intervenido en la forma final de la obra. Ante este hecho, M. Schmidt procedió en su edición (1872) a una reordenación de las fábulas, pero sin mucho éxito, hasta el punto de que dicho orden fue abandonado por los siguientes editores.

4. LA MITOLOGÍA EN HIGINO

Las Fábulas de Higino constituyen una obra muy rica en cuanto al contenido por la información que proporcionan sobre los más diversos mitos 33 . Puede considerarse, junto con la Biblioteca de Apolodoro, la principal enciclopedia mitológica de la Antigüedad. Y con las Metamorfosis de Ovidio, una de las principales fuentes latinas para el estudio de la mitología clásica. No es, sin embargo, obra de gran valor desde el punto de vista literario. En cuanto a su valoración global, la impresión que nos ofrece es que se trata de un conjunto de fichas temáticas escritas de forma independiente y reagrupadas posteriormente. Una compilación de resúmenes, de obras de teatro de autores griegos fundamentalmente, realizados por el propio autor de las Fábulas, o quizás por un epitomador anterior a quien sigue aquél. Ello explicaría saltos en el vacío dentro de la narración, o repeticiones incesantes de diversos temas, como por ejemplo la fábula L dedicada a Admeto, y la siguiente (LI) dedicada a Alcestis, cuya redacción es casi idéntica; o bien las fabulae CIII y CIV con los temas de Protesilao y de Laodamía; las XII y XIII, etc.

Sin embargo, a diferencia de Apolodoro, que junta los mitos en una narración continua y construye una mitología unitaria que tiene un comienzo y un final, desde la creación del mundo hasta la muerte de Ulises, Higino se limita simplemente a yuxtaponer episodios mitológicos. Una dificultad de comprensión en la lectura de Higino consiste en que la narración es en muchas ocasiones elíptica, y deja ver la preocupación del autor por ofrecer el mayor número de datos posibles, pero no una historia bien narrada que se haga comprensible. Da, pues, la impresión de que se trata de escuetas fichas en las que predomina la información, especialmente los nombres propios, sobre la literatura, como si se tratara de breves recursos mnemotécnicos que le podrían servir al maestro, al rétor, al bardo que debiera cantar las glorias de los héroes pasados, para poder desarrollar una historia que él ya conoce. Hay fábulas enteras sin verbo, como es el catálogo de los griegos que acudieron a Troya (fab . XCVII), resumen en poco más de una página del catálogo de las naves que Homero hace en Ilíada II, o los pretendientes de Helena (LXXXI), los reyes tebanos (LXXVI), etc.

Su extrema obsesión por la recopilación de nombres se ve en algunos detalles concretos como la enumeración de los perros que devoraron a Acteón, que pasan de ser tres en Esquilo a treinta y ocho en Ovidio, y nada menos que a ochenta y cuatro en Higino (fab . CLXXXI), escritos en seca yuxtaposición, sin ninguna referencia concreta a cada uno de ellos, al contrario que Ovidio (Met . III 207-233), salvo la distinción entre machos y hembras. Un segundo ejemplo es el catálogo de los Argonautas (fab . XIV), donde frente a los cincuenta y cinco de Apolonio de Rodas, los cincuenta y cuatro de Diodoro Sículo, los cincuenta y dos en Valerio Flaco, los cincuenta de Argonáuticas órficas y Estacio, y los cuarenta y cinco de Apolodoro, Higino escribe nada menos que sesenta y siete nombres, si bien algunos repetidos o equivocados. Sin embargo, en la lista de hijas de Dánao e hijos de Egipto, en una fábula que nos ha llegado con el texto muy corrupto (CLXX), ha consignado sólo noventa y tres nombres de los cien esperados (cf . Apolodoro, Bibl . II 1, 5).

El objetivo de este acopio de nombres y fuentes es proporcionar las distintas variantes en las genealogías de algunos personajes. Así, por ejemplo, Hécuba es citada cuatro veces como «hija de Ciseo o, como otros dicen, de Dimante» 34 (fab . XCI 1; CXI 1; CCXLIII 1; CCXLIX). O bien las distintas versiones de un mismo mito. De este modo proporciona dos diferentes del mito de Ino (fab . II y IV), Antíope (VII y VIII), Faetonte (CLII A y CLIV), o Amimone (CLXIX y CLXIX A), amén de mitemas repetidos como la pérdida de la sandalia por Jasón (XII 2 y XIII), y de numerosos episodios que iremos encontrando a lo largo de la obra.

Para presentar a algunos héroes, anota la referencia del padre y de la madre, y de ésta a su vez cita al padre y a la madre, y todo ello con distintas variantes. Así ocurre, por ejemplo, con bastantes de los Argonautas, como con Asterión, cuya descripción se va ramificando innecesariamente, habiendo incurrido en varias confusiones como exponemos en las notas correspondientes al texto: «Asterión, hijo de Piremo, tenía por madre a Antígona, hija de Feres, de la ciudad de Pelene. Otros dicen que era hijo de Hiperasio, de la ciudad de Piresia, que se encuentra en la falda del monte Fileo, en Tesalia, lugar en el que confluyen en un solo punto dos ríos de cursos separados, el Apídano y el Enipeo» (fab . XIV 1). Ello convierte la obra en un auténtico nomenclátor, más que en un texto literario. Es evidente que le interesaba la información más que el gusto estético y la composición de un texto bello.

La información es generalmente tan lacónica, que el lector debe conocer previamente el mito, pues muchas de sus fábulas están escritas en un estilo cortado, carecen de detalles explicativos así como de los antecedentes del mito que trata. En caso contrario, lo entenderá difícilmente. Existen fábulas en que la sustitución de los nombres tradicionales con que conocemos un mito por otros procedentes de versiones que nos son desconocidas, hacen el mito poco inteligible, como es el caso de Eleusino (fab . CXLVII). En otras fábulas, las elipsis dificultan notablemente la comprensión, como en fab . CCLXI, donde los saltos en el tiempo provocan interrogantes en el lector, y en fab . CLXXXVI, alusiva al mito de Melanipe.

En ocasiones la sintaxis parece estar en contra de la tradición mítica. Así en XCVI 1: commendavit eum in insulam Scyron ad Lycomeden regem, quem ille inter virgines […] servabat, donde parece que es Aquiles quien preserva a Licomedes, y no al contrario.

El autor de las Fábulas, buen conocedor de Virgilio y de Ovidio, poetas que han influido decisivamente en su contenido, no ha incluido ninguna fábula especial alusiva propiamente a Eneas (aunque éste es citado en varias ocasiones), ni a la fundación de Roma, a sus orígenes, etc., cuando sí encontramos una especial dedicación a la Ilíada (XCVII-CVI) y a la Odisea (CXXV-CXXVI). Ello es más extraño aún teniendo en cuenta que la obra iba destinada al público latino (pensemos en el libro XV de las Metamorfosis de Ovidio amén de la propia Eneida), que ha consagrado una fábula entera a Anquises (XCIV) y que conocía bien los contenidos de la Eneida como para depender del libro II en la fab . CVIII, dedicada al caballo de Troya. Estas ausencias se hacen aún más extrañas si se trata realmente del bibliotecario de Augusto, y si la obra se escribió poco antes del 11 d. C. en que fue acabada la Astronomia . Que la Eneida le era familiar podemos verlo continuamente en toda la obra. Por poner algunos ejemplos, diremos que ha influido en él a la hora de citar algunos nombres propios, como Tersandro, a quien Higino nombra como Tesandro y lo introduce en el caballo de Troya (CVIII 1), variante debida a Virgilio (En . II 261), ya que la versión tradicional lo da por muerto en la segunda expedición contra Tebas; o Criniso en lugar de Crimiso, el dios-río que se unió a Segesta, de quien engendró a Acestes (En . V 38). Del mismo modo, en fab . CCLXXIII 14-19, Higino hace una descripción de los juegos que hubo en Sicilia con motivo de la muerte de Anquises, que son un resumen del libro V de la Eneida . En Prefacio 8, al enumerar a las cincuenta Nereidas, ha seguido el mismo orden de Virgilio (Geórg . IV 336-345). Cita a Harpálice, que aparece por primera vez en la Eneida (I 317), etc.

Mezcla a veces mitos con leyendas, como es el caso de Pitágoras (CXII 3), o la muerte de Eurípides por perros en un templo (CCXLVII 1), o la leyenda de Semíramis (CCXL 2 y CCXLIII 8), etc.

4.1. Su latinidad

Los mitos de los que Higino escribe son griegos casi en su totalidad, pero no exclusivamente. Lo cierto es que ya mucho antes de Higino los romanos habían asimilado las leyendas y mitos de los griegos, desde Livio Andronico hasta Ovidio pasando por todo el teatro de época arcaica y preclásica, haciendo de ellos la materia narrativa fundamental de su literatura. La relación de fábulas, antes de comenzar los catálogos, se cierra con la narración de Cura (CCXX), que es propiamente latina, complementaria a la de Prometeo.

Más tarde, algunos catálogos los cierra añadiendo algún nombre latino, como Lucrecia, esposa de Colatino, entre las más castas (CCLVI 2); o bien Tulia, hija de Servio Tulio, entre las más despiadadas (CCLV 2). Sin embargo, más que los nombres propios latinos, nos han interesado los toques de latinidad a algunas fábulas de tradición griega, como cuando describe a Salmoneo arrojando teas encendidas in populum et cives (LXI), es decir «contra el pueblo y los ciudadanos», transposición del ordenamiento administrativo de los municipios romanos que él ha constatado.

4.2. Las originalidades

Algunos lectores se preguntarán, quizás, cuál es el interés de este autor, que nos ha legado un texto oscuro y en un latín tan poco elegante. ¿Qué aporta? ¿Por qué traducirlo o estudiarlo? El interés estriba precisamente en el gran número de originalidades, de versiones que divergen de las consideradas canónicas o más conocidas 35 , y de mitos que sólo nos han llegado por este autor, como el de Teónoe (fab . CXC) o el de Cura (CCXX), por ejemplo. Y esto comienza ya desde la primera línea, es decir, desde el comienzo de la Praefatio, donde en la genealogía de los dioses nos dice: Ex Caligine, Chaos, es decir «De Tiniebla, Caos», añadiendo por primera vez al panteón clásico una divinidad primordial anterior a Caos. A partir de ahí, son bastantes los dioses que nos va proporcionando, pero no sólo en número o nombres sino también en matices que aclaran o perfilan la psicología y los comportamientos de una divinidad o de un héroe.

Nos parece muy interesante el inciso que escribe sobre el castigo infligido a Níobe (fab . IX 2) a partir del comentario que ésta dirige contra Latona: «habló con demasiada altivez contra Apolo y Diana, alegando que ésta iba ceñida con el atuendo propio de un varón y que Apolo llevaba un vestido talar y la cabellera intonsa», es decir, se revela una crítica hacia la ambigüedad sexual de los dos gemelos, que es la causa de su estado de infecundidad. Parece también sugerente el castigo que se impone a Oto y Efialtes (XXVIII 4), donde lo que los separa es una columna sobre la que está posado un autillo, ave que en realidad está personificando el odio, y por ello se encuentran dándose la espalda y separados por una columna. En fab . LXXIX 2 coloca a Júpiter como responsable del intento de rapto de Prosérpina por parte de Teseo y Pirítoo, al ser el dios el que se lo sugiere en un sueño (in quiete) . En fab . XCI 1, al describir el sueño de Hécuba cuando estaba encinta, a la visión de que de su vientre salía una antorcha encendida, le añade un detalle sorprendente: «de la que salían muchas serpientes». Original de Higino es asimismo la causa de la muerte de Aquiles (CVII 1), debida a la hybris del héroe, que presumía de haber conquistado él solo Troya, lo cual provocó la ira de Apolo, y también su muerte a manos de Apolo disfrazado de Paris (ibídem). Y muchos más detalles que irán apareciendo a lo largo de las notas.

4.3. Las confusiones

Son muy numerosas, tanto las que se refieren a topónimos, como las relativas a cronologías y a nombres de personas. En su deseo de proporcionar al lector el mayor número de versiones posible sobre un mismo hecho, a veces incurre en graves errores. Así, aunque en fab . III 4 indica que los hijos de Frixo eran Argos, Fróntide, Melas y Cilindro, nombres que vuelve a repetir en fab . XXI 2; en XIV 30 escribirá: «Argos, Melas, Fróntide y Cilindro, a los que otros suelen llamar Fronio, Demoleón, Autólico y Flogio». ¿Quiénes son esos «otros», es decir, la fuente de estos cuatro últimos nombres? Parece que el referente ha podido ser Apolonio de Rodas o alguien que le ha copiado uno de sus pasajes, e Higino ha deformado tanto la información primera como los antropónimos, ya que Fronio parece una deformación de Fróntide, y los otros tres parecen los hijos de Deímaco de Trica, que se llamaban Deileón, Autólico y Flogio (Apolonio de Rodas, Argonáuticas II 955-961).

Algunas de estas confusiones se han podido deber no al propio Higino, sino a un copista medieval. De este modo, en fab . LXXIV 1 nombra al niño al que cuida Hipsípila, como Ofites en lugar del tradicional Ofeltes. Ningún comentarista se ha dado cuenta de que el final de la fab . LXXII, que en su día pudo ser la inmediatamente anterior, nombra precisamente a los hijos de Hércules: Terímaco y Ofites. Es muy probable que algún copista hiciera un salto de ojos y provocara el error. Otras confusiones pueden ser simplemente variantes gráficas de nombres propios, como es el caso de Hipálcimo (XIV 20) escrito como Hipalco en fab . LXXXIV 5.

4.4. Las fuentes

Higino manifiesta una gran dependencia del teatro griego y latino. Muchas de sus fábulas parecen resúmenes de obras perdidas hoy en su mayoría. De las 277 fábulas que componen la obra, si eliminamos las que conforman los catálogos, quedan 179, de las que 107 tienen el mismo título que alguna tragedia griega, porcentaje muy elevado. De ellas treinta y ocho se corresponden con obras de Eurípides.

En muy pocas ocasiones hace referencia a sus fuentes, sólo nueve veces, mucho menos que Apolodoro. Así, por ejemplo, en fab . XIV 8 nos habla de Telamón, que procede de «Salamina, isla a la que Apolonio de Rodas llama Ática» (I 93). En fab . CLXXXIII 2 cita a Eumelo de Corinto para comentar la fuente de donde extrae los nombres de los caballos de Sol. Cita a un Homero, autor desconocido de textos mágicos (CLXXXIII 3). Del mismo modo a Ennio (VIII), a Epicarmo (CCLXXVII 1), a Eurípides (IV, VIII), a Ferecides (CLIV 2), a Hesíodo (CLIV 4) y a Ovidio (CLXXXIII 3). Frente a otros autores como Apolodoro o Apolonio de Rodas, que son más explícitos con sus fuentes, Higino incluye coletillas del tipo ut alii dicunt , imprecisión y vaguedad total con la que consigue dar una idea de haber consultado gran número de autores y de haber realizado él mismo la síntesis, para no aburrir al lector con más nombres. Así, por ejemplo, en LXXV 1: «Se dice que en el monte Cilene el pastor Tiresias, hijo de Everes, golpeó con su cayado a dos serpientes que estaban copulando; según otros, las pisó».

En este sentido es interesante asimismo el uso indistinto de un nombre griego o latino para algunas divinidades, fruto de las distintas fuentes utilizadas. Así Bóreas / Aquilón; Asclepio / Esculapio, etc.

4.5. Las contradicciones internas

Un análisis detenido de la obra de Higino nos hace ver lo numerosas que son. Ello indica la falta de unidad a la hora de componer la obra, y la falta de interés del autor por armonizar las distintas fuentes utilizadas. A veces la doble versión de un mismo hecho se produce en párrafos casi seguidos. Así, si en fab . CXII 4 Autólico es asesinado en la Guerra de Troya por Memnón siguiendo la versión tradicional, en CXIII 1 es muerto por Héctor (versión que sigue a Ovidio, Heroidas I 15). De igual modo, si en la fab . XCVIII 1, al hablar del sacrificio de Ifigenia, comenta cómo los aqueos, dispuestos a salir del puerto de Áulide con sus naves, no pueden zarpar a causa de una tempestas, en la fab . CCLXI dirá que no pueden hacerse a la mar debido a la falta de vientos, según la versión más conocida, fab . que habría interpolado, sin duda, un copista posterior a Servio, ya que parece proceder del comentario a A En . II 116.

Así también, si en fab . CXXVI 6 Melantio, que es un esclavo de Ulises, aparece como pretendiente de Penélope (mnester), dos párrafos más adelante (CXXVI 8) es nombrado como lo que realmente era, servus . Si Glauco, hijo de Minos, es devuelto a la vida por Esculapio (XLIX 1), en otros dos pasajes quien lo recobra es Poliido, hijo de Cérano (fab . CXXXVI y CCLI 4).

Otras veces la contradicción se ha podido deber a un despiste del propio autor 36 . Así, si Ganimedes en fab . CCXXIV 5 es hijo de Asáraco, en fab . CCLXXI 1 lo es de Erictonio, cuando en realidad lo era de Tros y de Calírroe (véase nota a fab . CCXXIV 5). Las Górgonas nacen en Prefacio 9 y CLI 2 de Gorgon y de Ceto, mientras que en Prefacio 39 y CLI 1 son hijas de Tifón y de Equidna. De Escila llega a dar hasta tres genealogías distintas (Prefacio 17, 39 y fab . CXCIX). Si Crisipo es raptado en el transcurso de unos juegos por Layo (LXXXV 1), más tarde dirá que fue Teseo quien lo raptó (CCLXXI 2). Podríamos así enumerar hasta casi un centenar de contradicciones internas, lo que obliga a leer el texto con mucho detenimiento y a realizar una valoración de la obra en su conjunto, mejor que de cada fábula en particular, para evitar sacar conclusiones atropelladas. Por otro lado, estas contradicciones que podrían despistar al lector, nos han obligado a anotar el texto muy cuidadosamente.

4.6. Etimologías

Uno de los empeños de Higino, como lo había sido ya de Apolodoro en su Biblioteca, y lo será siglos más tarde de Fulgencio en su Mitología 37 , es ofrecer la etimología de determinados nombres propios, o de costumbres, incluso de algunas palabras que el autor puede haber considerado que son extrañas al público latino (como en fab . CCLXXVII 4, al final ya de la obra, donde escribe sus, id est porcus) . Con ello pretende explicar al lector por qué ese personaje o ese accidente orográfico, hidrográfico, etc., se denomina de esa forma. Normalmente se trata de nombres de procedencia griega, por lo que suelen ser introducidos con la expresión graece dicunt o bien graece appellatur (fórmula repetida hasta catorce veces, aunque con variantes), y traducidos acto seguido mediante fórmulas como latine dicimus, nos appellamus, etc. Muchos de estos nombres, evidentemente, pertenecen a la etimología popular.

Las distintas divinidades, por lo general, son nombradas con su denominación latina. Los únicos dioses que aparecen con su nombre griego son explicados inmediatamente con el latino: excepta Eride, id est Discordia (fab . XCII 1). Así, hablando de Líber y queriendo dar la etimología de Dioniso a partir de su ayo Niso dirá: ex cuius utero Liberum exuit et Nyso dedit nutriendum, unde Dionysus est appellatus et bimater est dictus (CLXVII 3), etimología que repite en CLXXIX 3: et graece Dionysus est appellatus . Normalmente habla de Mercurio, pero para explicar el origen de «hermeneuta» debe recurrir al nombre del dios en griego: unde hermeneutes dicitur esse interpres (Mercurius enim graece Hermes vocatur) (CXLIII 2). El hecho de que esté pensando en un teónimo griego, pero lo escriba en latín, hace que algunas etimologías resulten completamente opacas, como la explicación del nombre de Atenas: itaque Minerva ex suo nomine oppidum Athenas condidit (CLXIV 3), donde el nombre en griego habría facilitado al lector la etimología (itaque Athenea ex suo nomine oppidum Athenas condidit) . Pero es evidente que para muchos de los lectores latinos la mayoría de las etimologías que ofrece les serían oscuras. Así en fab . VII 4 presenta las etimologías de los hijos de Antíope tomadas directamente del griego: Zeto, apò toû dsē-teîn tópon, y Anfíon, hóti en diodō ē hoti amphì hodòn autòn éteken .

4.7. Catasterismos

Un dato que podría confirmar la unidad de autoría del Higino mitógrafo y del autor del tratado de astronomía es el elevado número de catasterismos apuntados 38 . Parece lógico que no se haya extendido más en ellos, especialmente si tenía en mente, al componer el libro de las Fabulae, elaborar más adelante una obra específica sobre los catasterismos al estilo de Eratóstenes, si bien la diferencia con el libro del autor griego es precisamente la gran aportación de mitos que introduce Higino en cada catasterismo, argumento que reforzaría de nuevo la autoría única. Un ejemplo lo tenemos al final de la fab . XIV, cuando después de citar casi literalmente diez versos de Cicerón, tomados de la Aratea (XXXIV 126-138), añade el número de estrellas que componen la constelación de Argo, y en qué posición se encuentran, tal y como hace en De astronomia (II 37 y III 36). Este párrafo podría ser, ciertamente, un añadido posterior.

4.8. Los números

No son el fuerte de Higino, aunque también es muy probable que los pasajes donde incluye números hayan llegado hasta nosotros tan corruptos que el propio Micyllus no los transcribiera bien. Al final de algunos catálogos, como el de los aqueos que acudieron a Troya (fab . XCVII), o el de a cuántos mataron los aqueos (CXIV) o a cuántos mataron los troyanos (CXV), proporciona un número total que no coincide con la suma de los parciales que va presentando a lo largo de la fábula. Del mismo modo, las magnitudes de las islas que ofrece en la fab . CCLXXVI son totalmente inexactas, aunque en este caso es muy posible que la transmisión de los numerales no haya sido totalmente correcta, teniendo sobre todo en cuenta que se han transcrito en cifra, no con adjetivos numerales.

5. LENGUA Y ESTILO DE LAS FÁBULAS

El estilo es seco y repetitivo, prosaico en el pleno sentido de la palabra, sin ninguna concesión a un latín elegante. A veces utiliza el mismo verbo varias veces seguidas: misit qui eam adducerent; quam adductam celavit (fab . IV 2). Hay quien piensa que trabajaba con gran precipitación. Le Boeuffle, aludiendo a De astronomia, obra mucho más perfilada y mejor construida, lo llama «adaptateur pressé» 39 .

Por otra parte, la lectura atenta de esta obra nos ha permitido descubrir bastantes particularidades lingüísticas en su autor. Sorprende que haya tan pocos estudios acerca de su lengua y estilo, puesto que las múltiples desviaciones respecto al latín normativo podrían generar varios trabajos de investigación. No parecía apropiada esta introducción para un comentario puramente lingüístico, por lo que hemos creído útil enumerar a continuación sólo algunas características más relevantes referentes al léxico, habiendo reservado para otro trabajo las cuestiones morfológicas y sintácticas 40 .

5.1. Cuestiones léxicas

En cuanto al léxico, aunque es muy limitado y utiliza un reducido número de palabras 41 , repitiéndolas incluso dentro de una misma fábula varias veces, ofreciendo así un estilo pesado y algo tedioso 42 , incluye sin embargo a lo largo de su obra gran número de hápax, palabras nuevas e insólitas de origen latino, como abiurgare («denegar» CVII 2); apiacius («perteneciente al apio» LXXIV 3); aprineus («propio del jabalí» LXIX 3); clipeolum («pequeño escudo» CXXXIX 3); cogitabunda 43 («meditabunda» CCXX 1); compastor («compañero de pastoreo» CLXXXVII 2); congeminare («juntar dos cosas iguales» XXIX 2); deoptare («escoger» CXCI 4); donificare («conceder» CXII 2); expavefacti («encabritados» XLVII 2); Fulgitrua («Los Rayos» CLXXXIII 2); mordici («a mordiscos» CCLXXIII 11); stramentari 44 («recoge heno» XIV 26; XVIII y CCXLVIII); velificium («velamen» CCLXXVII, 5); venerantes («que copulaban» LXXV, 1).

Helenismos . Enriquece la lengua latina introduciendo numerosos helenismos, asimismo hápax semánticos, que son calcos del griego. Así, acropodium («pedestal de estatua» LXXXVIII 4); aega («cabra» LXXXVII 1); aethon («refulgente» XXXI 5); amphistomus («de doble boca» XXX 2); athlon («certamen» XCI 4); atrotus («invulnerable» XXVIII 3 y XXX, 2); Bomonicae («que triunfan sobre los altares 45 » CCLXI); chrysomallus («que tiene vellones de oro» CLXXXVIII 4); commeletare («ejercitar» CLXV 3); diaulos («doble estadio» CCLXXIII 10); epiphron («sensato» Prefacio 1); hedymeles («el de dulces miembros» Prefacio 1); longodes («lanceolada» CXCII 6); lychnicus («de mármol de Paros» CCXXIII 2); lysimeles («el que afloja los miembros» Prefacio 1); mantis («adivino» XIV 1 y CXC 1); mnester («pretendiente» CXXVI 6 y 7); monocrepis («de una sola sandalia» XII 1); pammachium («pancracio» CCLXXIII 5); pitulus («remo grande» XIV 32); sybotes («porquerizo» CXXVI 1 y 5); styx con el significado de «Odio» (Prefacio 1) y de «autillo» (XXVIII 4) 46 ; tutarchi («jefes de los remeros» XIV 32); xiphias («espada» CXCII 6). A todos estos términos habría que añadir todavía aquellos que escribe directamente bien en griego bien con caracteres latinos, pero para proporcionar una etimología procedente del griego (pueden verse bastantes ejemplos en la fab . CCLXXIV).

Capítulo aparte lo constituyen los múltiples nombres propios, que no aparecen en ningún otro autor griego ni latino, como Anatole (una de las Horas CLXXXIII 5); Bromie (CLXXXII 2); Fascelis (CCLXI 1); Gymnastica (CLXXXIII 5); Monuste (una Danaide, CLXX 5); Nysus (CXXXI); Ocyale (una de las Amazonas, CLXIII 1); Sirenides («islas de las Sirenas» CXLI 3); Tartara (CLII 1); etc. y casi todos los perros de Acteón desde el trigésimo octavo hasta el octogésimo cuarto como Obrimus, Ocydrome, Ocydromus, Ocythous, Oxyboe, etc. (CLXXXI). Más de un centenar de nombres, en definitiva, concernientes a la mitología clásica, que nos son conocidos exclusivamente por la obra de Higino.

El propio Higino debió de ser consciente de que el lector latino podría no comprender alguna de estas palabras, por pertenecer al universo grecoparlante, y a renglón seguido las tradujo al latín. Así, por ejemplo, monocrepis, id est uno pede calciatus (XII 1), o bien Eumaeus sybotes, hoc est subulcus pecoris (CXXVI 1). Del mismo modo cita en griego el nombre de aves que eran el resultado de la metamorfosis de un personaje, y su correspondiente equivalencia al latín: haliaeton 47 , id est aquilam marinam (CXCVIII 4); daedalionem 48 , id est accipitrem (CC 2). Hay casos más interesantes como aquellos en los que traduce una palabra griega por medio de otra palabra griega, pero sin duda más familiar al mundo cultural latino: contendit pammachium, quod nos pancratium vocamus (CCLXXIII 5).

Otro bloque importante en este sentido es el de los juegos de palabras y el de las etimologías, que parecen indicar que el autor de las Fabulae estaba pensando en griego, si bien escribió la palabra en latín. Un caso claro sería el descubrimiento del paradero de Glauco por parte de Poliido (CXXXVI), al ver una lechuza. En efecto, noctua en latín no sugiere nada y hace el desciframiento del enigma incomprensible para un lector que no tenga claro el término en griego. Sólo si Higino pensaba en griego (glaúx) puede entenderse la fábula, y el medio como descubre a Glauco. Algo parecido, como vimos, ocurre al escribir que Minerva fundó Atenas a partir de su propio nombre (CLIV 3 y CCLXXV 2).

Daría así la impresión de que se trata de un hombre bilingüe, que se siente más cómodo con el griego, como si fuera ésta su lengua materna, que en aras de la fidelidad a los modelos de los que toma las fábulas, escribe la palabra en griego, pero que en atención al público al que van dirigidas las fábulas, lo traduce luego al latín. Ahora bien, esta idea no está nada clara a juzgar por los deslices en los que incurre al emplear la lengua griega. Ya hemos visto el de Desmontes al inicio, pero no es el único. Así, epiphron (Prefacio 1), que lo ha colocado como epíteto de Amor a partir de un verso de la Teogonía de Hesíodo (v. 122), parece no haberlo entendido bien, ya que le ha dado el sentido contrario. En efecto, si Eros en Hesíodo es «el que cautiva la mente sensata», es decir, quien está bajo el dominio del Amor hace cosas insensatas, por eso el Amor siempre va acompañado de la locura, Higino coloca este epíteto como propio del Amor, y lo hace equivalente a sensato, prudente.

Dentro del apartado del léxico podemos destacar todavía:

1) Uso de perífrasis para indicar la idea de la muerte: debitum naturae persolvit («pagó lo debido a la naturaleza» XXVI 3 y LII 2), eufemismo tomado del lenguaje epigráfico funerario (CIL VI 3580); vita privarunt (XLVII 2).

2) Uso de un mismo término con varios significados dentro de una misma frase, como stella con el valor de estrella y de constelación (CXCV 3).

3) Juegos de palabras. Recurre a este procedimiento en varias ocasiones: occiso Thoante simulacrum sustulit, absconditum fasce lignorum (unde et fascelis dicitur, non tantum a face cum qua pingitur, propter quod et lucifera dicitur) (CCLXI).

6. TESTIMONIOS Y PERVIVENCIA DE LAS FÁBULAS

Ya hemos visto que se hizo una traducción de la obra, que fue atribuida a Dosíteo. El trabajo se realizó durante el consulado de Máximo y Apro (207 d. C.) y pretendía ser una traducción de la Genealogía de Higino, que debía gozar de cierta popularidad puesto que era «conocida por todos». La composición era tripartita: en primer lugar estaban las historias o fábulas. En segundo lugar aparecen los nombres de dioses y héroes. Por último, los comentarios o exegéseis . Se trataba de una traducción parcial y la obra en sí venía a ser un resumen recompuesto del original. La función de los Hermeneúmata era dar a un público griego los elementos de base de la cultura latina. De todo ello se desprende que ya a comienzos del siglo III existía una genealogía latina debida a Higino, traducida al griego, que se convertiría en obra de referencia. La importancia de tal documento estriba en el hecho de proporcionarnos un resumen de lo que eran las Fabulae en la época antes mencionada, y también de permitir, al menos en las fábulas más desarrolladas (CXXXVIII, CXLI y CXLIII), evaluar la corrupción y daño experimentados por el texto entre los siglos III y IX , siglo en el que parece que se escribió el manuscrito Frisingensis (Φ ).

7. TRADICIÓN DEL TEXTO. EDICIONES Y TRADUCCIONES

Del texto de las Fabulae o Genealogiae no nos ha llegado ningún manuscrito completo; tan sólo conservamos dos breves fragmentos, lo que constituye un caso excepcional en toda la filología latina 49 . El primero, procedente del monasterio de Freising (codex Frisingensis 237), se conserva actualmente en la Biblioteca del Estado de Múnich con el nombre de codex Monacensis 6437. Es un manuscrito que se remonta al siglo IX y está escrito en minúscula beneventana; fue publicado por Halm en 1870 y abarca unas cien líneas, correspondientes a las fábulas XXIV-XXX y XXXVII-XXXVIII.

El segundo manuscrito se conserva en la Biblioteca Vaticana, con el nombre de Palatinus Latinus 24. Se trata de un palimpsesto escrito en letra uncial, cuyo texto de Higino contiene tan sólo 34 líneas y fue escrito en el siglo V o VI . Fue publicado por B. G. Niebuhr a comienzos del siglo XIX 50 . Comprende fragmentos de las fábulas LXVII-LXXI.

El codex Frisingensis 237 antes citado llegó a manos del filólogo germano Jacob Möltzer (1503-1558), más conocido por el nombre latinizado de Iacobus Micyllus, profesor de griego en la Universidad de Heidelberg, que apenas pudo leerlo ya que estaba escrito en letra beneventana, un tipo de letra que él no dominaba, y hubo de servirse de una copia de tal códice para su editio princeps (Basilea 1535). Por otra parte, el códice había perdido ya algunas hojas, especialmente de la parte final, por lo que su primera edición salió ya a la luz con cinco lagunas, si bien conocemos los títulos de las 33 fábulas perdidas 51 . Este texto es el más antiguo que conservamos. En él Micyllus señala sistemáticamente los pasajes corruptos o inseguros (sobre todo en las listas y catálogos). En esta primera edición sugiere correcciones posibles o deseables, que han utilizado posteriormente algunos editores modernos. Fue publicado junto con una edición ilustrada del tratado De astronomia, además de los Mythologica de Fulgencio, los Phaenomena del griego Arato con la traducción latina de Germánico, y la Sphaera de Proclo. Su edición tuvo tal éxito que fue reimpresa en 1549, 1570, 1578 (París) y 1609 (Lyon). En sus reediciones de las Fabulae (sobre todo en la de 1549) introdujo frecuentes correcciones marginales en el texto.

En el año 1599 apareció en Heidelberg la edición de Hieronymus Commelinus 52 , que no pudo acabar por su repentina muerte, y fue terminada por su tío Juda Bonutius, aunque no supuso un gran avance en la fijación del texto, ya que, en palabras de Marshall «paucis tantummodo locis verba Hygini sanavit » (2002, pág. XII).

En el siglo XVII aparecieron en Amsterdam dos ediciones más con nuevas correcciones. La primera, compuesta por J. Scheffer, y seguida de una edición del tratado De astronomia, vio la luz en 1674 y es valiosa sobre todo por las anotaciones que añadió Thomas Muncker. La segunda fue publicada en 1681 por el propio Muncker, en la que se vuelven a encontrar las correcciones propuestas en la segunda parte de la edición anterior; en ella se incluían, además, otros mitógrafos, tales como Fulgencio, Lactancio Plácido y Albrico.

En el siglo XVIII apareció una sola edición (Leiden, 1742), debida a Augustinus van Staveren, edición que incluye textos de varios mitógrafos y recoge las correcciones introducidas por anteriores 53 editores.

Ya en el siglo XIX contamos con dos ediciones: la de Bernhard Bunte, publicada en Leipzig en 1856; se trata de la primera edición en la que de un modo sistemático se presta atención a las fuentes de Higino. Y la de Mauricius Schmidt, aparecida en Jena en 1872. Este autor, como ya dijimos, modificó la disposición tradicional de las fábulas para adaptarla al plan de la Biblioteca de Apolodoro.

En el siglo xx debe hacerse especial mención de la edición de H. J. Rose, publicada en 1933 en Leiden, y reimpresa en 1963 con revisión y corrección de K. J. Dover, y con nueva reimpresión en 1967 con el título de Hygini Fabulae. Recensuit , prolegomenis commentario appendice instruxit H. I. Rose, enriquecida con un amplio y documentado comentario, que nos ha sido de utilidad en algunos pasajes. Rose sigue el orden tradicional de las fábulas, y pone de relieve algunas contradicciones y supuestas desviaciones del texto.

En los últimos años del siglo xx han visto la luz tres ediciones: la de F. Serra, publicada en Pisa en 1976 54 , que recoge la disposición de la edición de M. Schmidt; la de P. K. Marshall, publicada por la editorial Teubner (Leipzig, 1993), corregida en 2002 a partir de las notas que su viuda entregó a la editorial; y la edición de J. Y. Boriaud 55 , que salió a la luz en París en 1997 con traducción al francés.

En cuanto a las traducciones, en 1960 Mary Grant publicó en inglés las Fabulae junto con el libro segundo de la Poética astronómica (Lawrence, Univ. of Kansas Press). En 1996 F. P. Waibingler 56 ha publicado una edición bilingüe latín-alemán, pero no de toda la obra, sino tan sólo de un tercio de los mitos transmitidos. La edición, por otra parte, no sigue el orden transmitido por Micyllus para adecuarse a la disposición lógica de los manuales de mitología clásica.

En el año 2000, G. Guidorizzi, un especialista en Apolodoro, a quien acababa de traducir y comentar unos años antes 57 , publicó en Milán una traducción de Higino al italiano con un amplio comentario 58 , de forma que sus notas, espléndidas en su mayoría, aportan mucha más información de la que el texto requiere, evitable muchas veces en cuanto que ni es necesaria ni explicativa del texto, habiendo convertido el libro de Higino en un manual de mitología. Su traducción, fluida pero libre, no ahonda de modo suficiente en los problemas de interpretación que plantean algunos pasajes del texto latino. Por otra parte, la ausencia de numeración interna de las fábulas entorpece la consulta de mitos concretos de la obra.

Entre las traducciones al español del texto de Higino, tan sólo conocemos la que en 1987 publicara S. Rubio Fernaz (ed. Coloquio), reeditada diez años más tarde en ed. Clásicas (Madrid, 1997). Se trata de una obra desigual, cuyo último tercio necesita una revisión a fondo, ya que los errores son frecuentes, así como los índices, que parecen haber sido elaborados con demasiada prisa.

Entregado ya el original de esta obra a la imprenta, ha aparecido la traducción de G. Morcillo Expósito (Madrid, Akal, 2008), cuyo gran valor estriba en haber reunido en un solo volumen Fábulas y Astronomía . Buena traducción, aunque la falta de notas que profundicen en la comprensión del texto impide penetrar en muchos de los pasajes oscuros de Higino.

8. NUESTRA TRADUCCIÓN

Hemos seguido como texto base la edición de P. K. Marshall (2002), separándonos de ella en algunos pasajes, que hemos advertido al final de la presente introducción, y a veces en las notas correspondientes. El texto de Higino, extremadamente lacónico y redactado con arreglo a un patrón que repite casi sistemáticamente: predominio de la oración de cum + subjuntivo, uso excesivo de las formas no personales del verbo, etc., no deja demasiadas posibilidades al traductor. Muchas veces se trata de oraciones nominales. Algunos parágrafos presentan gran dificultad, si no en su comprensión, sí en la versión a un español elegante. Nosotros hemos querido ceñirnos al texto latino lo más posible, reflejando con la mayor fidelidad la estructura y composición del texto higiniano, pero ofreciendo a su vez un español fluido y grato al oído. En ocasiones hemos añadido a la frase un nombre propio o un pronombre para aclarar un texto ambiguo, o que en latín está claro por el caso en el que se presenta, pero no en español.

Cuando se trata de transcribir palabras o expresiones de origen griego, el criterio seguido ha sido el del códice F, la transliteración, a saber, el de no presentar ninguna palabra con caracteres griegos, sino todas ellas con el alfabeto latino.

En cuanto a las abstracciones divinizadas, el lector notará que nos hemos separado de la tradición, personificándolas y eliminando —por lo tanto— el artículo. Por ello encontrará «hijos de Noche, de Tierra», «caballos de Sol» en lugar de «hijos de la Noche, de la Tierra», «caballos del Sol» como es habitual, considerando obvio que si se hubieran escrito en griego hubiera chocado leer «hijos de la Gea», «caballos del Helios», etc. No obstante, cuando el sol, la tierra, y nombres semejantes no están divinizados, aparecen en minúscula y con artículo.

Por lo que respecta al uso de mayúsculas y minúsculas, hemos adoptado como norma escribir con minúscula los gentilicios y etnónimos (etruscos, lemníades, etc.), pero con mayúscula aquellos grupos humanos específicos cuyo nombre, por lo tanto, es propio (Argonautas, Centauros, Danaides, etc.).

8.1. Notas

En cuanto a las notas, hemos querido aclarar todos aquellos puntos que podían resultarle oscuros al lector, bien referentes al contenido: fuentes del mito, desviación de la tradición mítica más conocida, interpretación de un mito, contradicción interna del autor, etc.; bien referentes a la forma: crítica textual, palabras desconocidas, hápax, etc. Es evidente que al haber manejado ediciones y traducciones anteriores, somos deudores de alguna de sus notas, cuya autoridad reconocemos, si bien hemos querido comprobar las referencias que damos, corrigiendo a veces citas inexactas ofrecidas anteriormente. Por otra parte, hemos incorporado gran número de notas nuevas (todas tienen algún matiz nuevo), especialmente aquellas que hacen alusión a textos o palabras latinas insólitas o muy poco usadas, que podrían ser de difícil interpretación. De este modo, aunque el lector no dispone del texto latino junto a la traducción, podría confrontar estos pasajes si así lo quisiera. En muchas de estas notas verá un estilo que facilita la lectura del texto: al comienzo y en cursiva la palabra latina que se comenta, y a continuación el comentario pertinente. Aunque puedan parecer excesivas, creemos que el texto así lo requería, y constituyen una auténtica guía de lectura y comprensión de la traducción.

8.2. Índice

La obra lleva finalmente un índice de nombres propios, que hemos intentado sea lo más completo posible. En él se incluyen no sólo antropónimos, etnónimos y zoónimos (perros de Acteón, caballos de Sol, etc.), sino todos los topónimos citados en el texto (omitidos en algunas ediciones anteriores), y todo aquello que puede ser interpretado como nombre propio: fiestas, catasterismos, etc. De esta forma el lector podrá encontrar fácilmente todo aquello que busque sin pérdida de tiempo.

Por otra parte, la elaboración del índice no ha sido mecánica, sino que ha supuesto una auténtica labor de búsqueda e investigación. El trabajo minucioso y escrupuloso del mismo, enormemente laborioso en un principio, ha dado su fruto después al permitirnos descubrir no pocos errores y contradicciones de Higino. Tanto en el índice como en varias de las notas correspondientes, aclaramos gran número de nombres que el propio Higino confunde, y que a veces no han sido suficientemente clarificados en anteriores ediciones o traducciones. A veces considera como un solo hombre a dos homónimos, y así lo han entendido distintas traducciones sobre el autor. De este modo tenemos la distinción de dos Meneceos (padre e hijo de Creonte respectivamente, a los que Higino considera uno sólo); de dos Sarpedones, el héroe cretense, hijo de Júpiter y de Europa (CLV 2; CLXXVIII 1), y el licio que combatió en la Guerra de Troya, hijo de Júpiter y de Deidamía o Laodamía (CVI 2); de dos Atalantas (la hija de Yasio y la hija de Esqueneo); la distinción entre los Ciclopes, hijos de Tierra (XLIX), y aquellos que —como Polifemo— son hijos de Neptuno (CXXV 3); o bien tenemos lo contrario: el desdoblamiento en dos de un solo personaje, como es la identificación de Tersandro y Tesandro, que a partir de Virgilio aparece con esta última grafía, y que —sin embargo— se trata del mismo personaje mitológico, etc. En otras ocasiones se trata simplemente de la confusión de homónimos como Cíniras, considerando que el padre de Esmirna es rey de los asirios (LVIII), en vez del rey de Chipre.

Otras veces Higino no confunde, pero tampoco distingue nombres homónimos, como es el caso de tres Ecalias distintas, tres ciudades homónimas correspondientes a Tesalia, Eubea y Arcadia respectivamente (XIV 5, 8, 11), que aparecen en anteriores índices dentro de la misma entrada, a la que hay que añadir aún una cuarta Ecalia a la que se dirige Anfitrión para luchar contra Pterelao y los teléboas, cuando en realidad éstos habitaban las islas tafias, situadas al oeste de Grecia (fab . XXIX 1 y 3); o bien dos Apsoris, ubicadas en el mar Adriático y en la Cólquide (actual Georgia), confusión repetida en sus índices tanto por Marshall como por Boriaud. O bien Escila, que tiene tres genealogías distintas, y en el índice la incluimos bajo una misma entrada pero distinguiendo las tres.

Una lectura atenta del original nos ha permitido descubrir interesantes errores de Higino, bien de desdoblamiento, como el de Asterope (LXXXIV 1) y Sterope, que aparece a su vez en dos ocasiones con dos referencias distintas, como madre de Enómao (CLIX) y como Pléyade (CXCII 5). Aunque habitualmente ha tenido tres entradas distintas en los índices, se trata del mismo personaje: una de las Pléyades, hija de Atlante, y madre a su vez de Enómao. Otros errores son de simple confusión gráfica, en los que ha mezclado personajes homónimos; éste es el caso de Eurínome, hija de Niso (CLVII 2), que él ha escrito como Nysi filia, cuando tenía que haber escrito Nisi filia, ya que era hija, no del ayo de Líber Pater (Nysus, cuya existencia y mito son únicos en Higino), sino del rey de Mégara (Nisus), célebre por el episodio con su hija Escila (CXCVIII).

Así pues, el investigador o interesado en profundizar en Higino descubrirá en este índice que se ha desbrozado un camino arduo, habiendo añadido nosotros entre paréntesis la expresión «(según Higino)» a todas aquellas desviaciones de la tradición mitológica. Puede decirse, por ello, que el índice es no sólo un complemento a la traducción, sino una obra de referencia mitológica por sí misma.

Antes de entrar en la obra propiamente dicha, transcribimos el índice de capítulos que se ha conservado en el manuscrito F y que fue elaborado antes de que se perdieran algunas fábulas. Este índice se llevó a cabo también antes de que entre las fábulas CLXIV y CLXV se tomaran unas historias copiadas de Fulgencio, pero después de que las fábulas CCLVIII-CCLXIII se añadieran a partir de la obra de Servio.

Las descripciones geográficas suponen un conocimiento de los lugares en la Antigüedad, que el lector actual no tiene. Es evidente que todos los mitos se han llevado a cabo en unos puntos concretos de la geografía antigua. Por ello hemos ido notando todos aquellos lugares de los que habla Higino y los hemos intentado localizar tanto en la Grecia actual, sirviéndonos del Grosser historischer Weltatlas (Múnich, 1978), y muy especialmente del específico Atlas mitológico de Grecia de P. Olalla (Atenas, 2001), como en el mundo antiguo en general, para lo que ha sido fundamental el uso del Barrington Atlas of the Greek and Roman World 59 . La labor no ha sido fácil, ya que Higino compone su obra a partir de referencias muy distintas, y muchas veces ofrece descripciones inexactas o claramente erróneas. Así, por ejemplo, de Ecbatana dice en una fábula que es una ciudad (CCXXII, 5) y en otra que se trata de una región, cuando al nombrar a los fundadores de ciudades comenta que «Medo, hijo de Egeo y de Medea (fundó) Meda en Ecbatana» (CCLXXV 5).

8.3. Antropónimos

Capítulo importante igualmente ha sido el de la transcripción de los nombres propios. Hemos seguido en general las normas y ejemplos de dos obras clásicas en nuestra lengua, la de M. Fernández Galiano 60 , y la de A. Ruiz de Elvira 61 (de quien nos separamos en algunos nombres habiendo preferido nosotros, por ejemplo, Mater Matuta a Madre de la Mañana. Nos separamos a veces de su acentuación, como en Calais, Leito, Simois, etc. por las propias normas de acentuación de nuestra lengua castellana), si bien para muchos nombres no incluidos en sus listados nos hemos dejado guiar por el Diccionario Griego-Español dirigido por F. R. Adrados. Para la acentuación hemos seguido la ley de la penúltima en latín, y hemos cambiado de esta forma algunos nombres (Crisáor, etc.). Hemos respetado, no obstante, algunas acentuaciones ya consolidadas, como Jasón y Esón, Cefeo, etc.

Sólo nos queda agradecer sinceramente la lectura atenta que ha llevado a cabo la revisora, M.a C. Álvarez Morán, que ha hecho buen número de sugerencias tanto en la traducción como en las notas, mejorando así sin duda el resultado final de la obra.

9. BIBLIOGRAFÍA. COMENTARIOS Y ESTUDIOS

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______________

1 Digamos de forma anecdótica que el desconocimiento sobre su persona y su obra llega incluso a deformar su cognomen, de modo que ni siquiera su nombre aparece bien transcrito en numerosos trabajos de notable seriedad, como algunas Historias de la Literatura Latina, Manuales de mitología clásica, etc., donde se le cita frecuentemente como «Higinio».

2 Suetonio informa en otra obra (Libro de los doce Césares. César LVI) de que Pompeyo Macro fue el primer bibliotecario, a quien Higino debió de suceder. La Biblioteca Palatina la mandó construir Augusto en el año 28 a. C.

3 «C. Iulius Hyginus, Augusti libertus, natione Hispanus (etsi nonnulli Alexandrinum putant et a Caesare puerum Romam aduectum Alexandria capta) studiose et audiuit et imitatus est Cornelium Alexandrum, grammaticum Graecum quem propter antiquitatis notitiam Polyhistorem multi, quidam Historiam uocabant. Praefuit Palatinae bibliothecae, nec eo secius plurimos docuit. Fuitque familiarissimus Ouidio poetae et Clodio Licino consulari historico; qui eum admodum pauperem decessisse tradit et liberalitate sua, quoad uixerit, sustentatum. Huius libertus fuit Iulius Modestus, in studiis atque doctrina patroni uestigia secutus» (De grammaticis et rhetoribus XX, 1).

4 Defensor de su nacimiento en Hispania, aunque sin argumentos sólidos, es J. LASSO DE LA VEGA en su artículo «Cayo Julio Hyginio, primer bibliotecario español», Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos , LXXVII, 2, 1974, págs. 435–447. Del mismo modo F. DELLA CORTE , «Igino» en Enciclopedia Virgiliana, s . v .

5 Escritor hispano, fuente de Plinio, quizás natural de Gades, se le ha identificado con el praefectus Aegypti documentado el año 4 a. C., así como con el primer personaje conocido por desempeñar el cargo de prefecto de la Annona, documentado desde el 14 hasta el 48 d. C., a pesar de que Calígula pretendió que dejase el cargo (véase S. DEMOUGIN , Prosopographie des chevaliers romains Julio-Claudiens (43 aν. J.C. 70 ap. J.C.) . EFR, Roma, 1992, págs. 372–373, n.º 451).

6 Cultor et antistes doctorum sancte virorum (Tristes III 14, 1).

7 Así piensa, al menos, G. GUIDORIZZI (2000, pág. XXXIX).

8 Así en el argumento que precede a la edición de Ibis, publicada en París (1824), cuyas notas se deben a N. E. Lemaire.

9 La caída de Belerofontes sobre los campos Aleyos (fab . LVII 4), o Tasio devorado en la isla de Delos por los perros (fab . CCXLVII 1), por ejemplo.

10 Rose aduce como ejemplo (pero no es el único, como luego veremos) la invención que hace de un inexistente Desmontes, padre de Melanipe (fab . CLXXXVI), que no sería sino la consecuencia de no haber entendido bien la palabra desmótis , correspondiente al título griego de una obra de Eurípides, Melaníppe he desmótis (Melanipe prisionera), que le habría servido de inspiración.

11 Publicado por G. GOETZ en Corpus Glossariorum Latinorum , Leipzig, 1888-1923, vol. 3, Hermeneumata pseudodositheana .

12 No debe identificarse con Dosíteo Magister, autor de una obra filológica titulada Ars grammatica y destinada a estudiantes griegos, probablemente de finales del siglo IV d.C.

13 Libro citado por MACROBIO (Saturnales I7, 19) y usado por SERVIO como fuente importante (A Eneida I 277, 530; III 553; VII 678; VIII 597 y 600).

14 Cf . SERVIO (A En . II 15; V, 389).

15 Cf . COLUMELA : Hyginus in eo libro quem de apibus scripsit (IX 13, 8). Ea quae Hyginus fabulose tradita de originibus apium non intermisit (IX 2, 2).

16 Hyginus veterum auctorum placita secretis dispersa monumentis industriae collegit (IX 2, 1).

17 COLUMELA (III 11, 18; XI 2, 13; XI 13, 62); PLINIO EL VIEJO (NH XIII 24; XVI 43; XVIII 26). En la obra De agri cultura se aprecia la importancia e implicación de la mitología en la vida del campo, según el modelo de las Geórgicas de VIRGILIO . Ha sido traducida al español por M.a J. CASTILLO PASCUAL , Opuscula Agrimensorum veterum. Hyginus et Siculus Flaccus, Logroño, 1998.

18 Cf . MACROBIO , Saturnales II 8.

19 Cf . MACROBIO , Saturnales III 4.

20 Cf . AULO GELIO , Noches áticas I 14.

21 Cf . AULO GELIO , Noches áticas X 18, 7. En él tal vez se contenían anécdotas e historias moralizantes como algunas que aparecen en ciertas fábulas (por ejemplo, la historia de Agnódice en fab . CCLXXIV, o la de Harmodio y Aristogitón en fab. CCLVII).

22 Tragedia perdida de Esquilo, de la que quedan algunos fragmentos (TGF Nauck n.° 282, pág. 84).

23 Sed. ut ait Aeschylus, tragoediarum scriptor, in Phorcisi, Graeae fuerunt Gorgonum custodes: de quo in primo libro Genealogiarum scripsimus (Astr . II 12, 2).

24 J. ARCE , «Introducción» a Apolodoro, Biblioteca , Gredos, Madrid, 1985, pág. 15, donde hace referencia igualmente a lo común que era el título de Genealogías en la Antigüedad a las recopilaciones de mitos.

25 Cf . G. GUIDORIZZI (2000, pág. XLI).

26 Según H. J. Rose este argumento no es determinante a favor de una autoría única, ya que en la primera obra citada (De astronomia) «aquellos pastores se dan a la fuga y son acogidos por los etolios», mientras que en las Fabulae «son castigados por los atenienses». Pero frente a esta supuesta contradicción de Higino en dos obras distintas, que a Rose tanto le sorprende, nosotros podemos citar como argumento probatorio un centenar de contradicciones, algunas muy relevantes, dentro de la propia obra de Fábulas (véase infra) . Sólo a título de ejemplo, y aunque serán expuestas en nota a las correspondientes fabulae, Deyanira es considerada como hija de Eneo (fab . XXXVI 1), de Dexámeno (XXXI 11), y de Líber (CXXIX 1) respectivamente.

27 Aun así, no faltan voces discordantes, como la de M. TSCHIASSNY (cf . «Studia Hyginiana» I, pág. 7) y TOLKIEHN (RE XIX, 650, 13 ss.), que argumenta apoyado en el número de veces que aparece una palabra en una obra y otra.

28 Voyage of the Argonautas, Londres, 1925.

29 Astrology in Roman law and politics, Filadelfia, 1954.

30 Manuel d’études grecques et latines , París, 1955-1962.

31 Rencontres de l’histoire et de la littérature romaines , París, 1963.

32 Un argumento de tipo arqueológico, no probatorio evidentemente, podría resituar la obra de Higino en época augustea. En efecto una copa de plata de época de Augusto contiene cincelados los motivos de dos fábulas consecutivas de HIGINO (CXX y CXXI), dato que quizás no sea puramente casual (LIMC, s . v . «Chryses», I, n. 1, citado en GUIDORIZZI , 2000, pág. XL; y LE BOEUFFLE , 1965, pág. 287).

33 Para un especialista en mitología clásica como A. Ruiz de Elvira, se trata del manual de mitología más completo en lengua latina de la Antigüedad, por la enorme cantidad de datos ausentes en otros autores y procedentes de tragedias perdidas (cf. Mitología clásica, Madrid, 1975, pág. 27).

34 Recoge así, sin citarlas, las versiones de EURÍPIDES (Hécuba 3) y VIRGILIO (En . VII 320 y X 705), que dan como padre de Hécuba a Ciseo, rey de Tracia; y la de HOMERO (Il . XVI 718-719), que indirectamente dice que es Dimante, rey de Frigia.

35 Algunas de estas novedades, aunque no todas, han sido recogidas por Á. URBÁN , «Higino: balance crítico sobre un mitógrafo traducido, desaparecido y reencontrado» en Alfinge. Revista de filología 15, 2003, págs. 139–164.

36 Sobre este tema véase J. DEL HOYO , «Contradicciones internas en Fabulae de Higino», Actas del XII Congreso Nacional de Estudios Clásicos (Valencia, 22-26 de octubre de 2007).

37 FABIO FURIO PLANCIADES FULGENCIO , Mythologiarum libri tres en Opera (Teubner, 1970). Sobre este punto, véase J. R. URÍZAR , «Etimologías en la Mythologia de Fulgencio», Actas del XII Congreso Nacional de Estudios Clásicos (Valencia, 22-26 de octubre de 2007).

38 Un total de diecisiete catasterismos. Algunos de ellos los ha agrupado en la fab . CCXXIV, «Mortales que llegaron a ser inmortales», aun sin reconocerlos como tales.

39 Introducción a De astronomia (Belles Lettres, París, 1988), pág. XXXV.

40 Véase al respecto nuestro trabajo «Peculiaridades lingüísticas en las Fabulae de Higino», en Revista de Estudios Latinos 7, 2007, págs. 39–52.

41 Lamentablemente, no contamos aún con unas Concordancias de esta obra. Tan sólo de su tratado De astronomia : M. Chiabò, Index verborum Hygini de Astronomia, Olms, Hildesheim, 1990.

42 Abusa del verbo facere, que aparece constantemente, o de otras palabras como interfecit (sesenta y ocho veces y cuarenta más interficere), compressit (once veces y cuatro más comprimere), responsum (veintinueve veces), etc., o expresiones convertidas en auténticos clichés como occasione nacta (cuatro veces), etc.

43 Término atestiguado tan sólo en Aulo Gelio, cogitabundus (Noches Áticas II, 1, 2).

44 Aparece tres veces, siempre en supino (stramentatum), dependiendo del verbo exire (XIV 26; XVIII y CCXLVIII), y referido al mismo pasaje en que uno de los Argonautas, Idmon, sale a buscar heno.

45 Los autores divergen sobre la etimología de esta palabra, que se encuentra tan sólo en dos autores latinos, Higino y Servio, pero en ninguno griego. Hay quien piensa, como Lewis y Short, que procede de Bomoneîkai, sin embargo la presencia de la palabra en dos inscripciones griegas (IG 5(I) 554 y 654) hace suponer que deriva de Bomonîkai, como recogen el DGE (s . v .) , LSJ (s . v .) y F. Montanari, Vocabolario della lingua greca . Loescher, Turín, 1995 (s . v.) .

46 Es de utilidad la consulta de la obra de R. MALTBY , A Lexicon of ancient latin Etymologies , Cambridge, 1991.

47 No es exactamente hápax. La cita PLINIO (NH X 8 y X 10).

48 No es exactamente hápax. Lo cita OVIDIO (Met . XI 295 y XI 340).

49 Se trata de una de las cuatro obras conservadas de toda la literatura greco-latina de la Antigüedad de la que no han quedado manuscritos (las otras tres son De litteris, de syllabis, de metris de Terenciano Mauro; y las dos obras del poeta cristiano Rusticio Helpidio. En la literatura griega no hay ninguna de la que no se haya conservado al menos un manuscrito). Véase A. RUIZ DE ELVIRA , Mitología clásica, págs. 27–28.

50 Pal. Lat. M. Tulli Ciceronis orationum pro M. Fonteio et pro C. Rabirio fragmenta… ex membranis bibliothecae Vaticanae edita a B. G. Niebuhrio, Roma, 1820.

51 Las cinco lagunas corresponden a las fábulas CCVII-CCXVIII; CCXXII; CCXXVI-CCXXXVII; CCLXII-CCLXVIII; y CCLXXII.

52 Fabulae Hygini Augusti liberti, Heidelberg, 1599.

53 El título completo es: Auctores Mythographi Latini, Caius Julius Hyginus, Fab. Planciades Fulgentius, Lactantius Placidus, Albricus Philosophus, cum integris commentariis Jacobi Micylli, Joannis Schefferi et Thomae Munckeri, quibus accedunt Thomae Wopkensii emendationes ac conjecturae, curante Augustino van Staveren, qui et suas animadversiones adjecit .

54 C. Iulius Hyginus, historicus et mythographus («Script. Rom. quae manserunt omnia», CCLIX-CCLXXII), Pisa, 1976.

55 Hygin. Fables, Les Belles Lettres, París, 1997.

56 FRANZ PETER WAIBINGLER , Hyginus: Fabulae / Sagen der Antike , Múnich, 1996.

57 APOLLODORO , Biblioteca, Adelphi, Milán, 1995, 745 págs. con una amplia introducción (XI-XLVI).

58 Igino. Miti, Adelphi, Milán, 2000, 598 págs.

59 RICHARD J. A. TALBERT , Barrington Atlas of the Greek and Roman World , Princeton Univ. Press, 2000.

60 La transcripción castellana de los nombres propios griegos , Madrid, 1969.

61 Mitología Clásica, Madrid, 1975.

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FLP = Fragmenta Latinorum Poetarum (E. Courtney), 1993.

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IG = Inscriptiones Graecae, Berlín, 1903 ss.

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REG = Revue des Études Grecques, París.

TGF = Tragicorum Graecorum Fragmenta . Eurípides (ed. A. Nauck), Leipzig, 1899, con apéndice de B. Snell (ed. Nauck-Snell), Hildesheim, 1964; Sófocles (ed. S. Radt), Gotinga, 1977; Esquilo (ed. S. Radt), Gotinga, 1985.

ThGL = Thesaurus Graecae Linguae (coord. H. Stephanus), Graz, 1954, 9 vols.

Hemos seguido la edición de P. K. Marshall (2002), si bien hemos tenido en cuenta otras ediciones anteriores, de las que hemos tomado algunas variantes textuales. Los pasajes en los que nos apartamos de Marshall son los siguientes:


MARSHALL 2002LECTURA ADOPTADA
Prefacio 1Lysimeles Epiphron Hedymeleslysimeles, epiphron, hedymeles (nos)
Prefacio 4RhoecusPhorcus (ms. F)
XIV 1FleviaPymplaea (Mycillus, ed. pr. mg.)
XIV 23GortynaGyrtone (Scheffer)
XXVIII 3inter, columnaminter 〈eos super 〉 columnam (Schwenk)
L 1Is quam vellet aveheretEt iis, quum vellet, eam aveheret (Muncker)
LXVII 2〈…〉parentibus suis. Interim Laio (Rose)
LXXIV 2deponere, apiumdeponere 〈…〉 apium (Rose)
XCVII 6OrchomenoOrmenio (Muncker)
CXXII 3eruereurere (nos)
CXXXVII 1cum quo Polyphontes occiso Cresphonte regnum occupavit[cum quo Polyphontes occiso Cresphonte regnum occupavit] (Rose)
CXLVII 5EleusinumEleusin (Mycillus)
CLVII 3PitanaPitane (Bursian)
CLVII 4EuphemusPolyphemus (Bunte)
CLXXVII 2creticis versibusarateis versibus (von Staveren)
CLXXXI 3HyletorHylactor (ms. F)
CLXXXI 5Ichneumo MelampusIchneus. Omelimpus (ms. F)
CLXXXI 6SainonSagnos (ms. F)
CLXXXI 6HylaeosVolactos (ms. Φ)
CLXXXIII 2tonitruaTonitrua (nos)
CLXXXIII 2fulgitruaFulgitrua (nos)
CCXXXVIII 1idem Calisthenem Euboeae filiam ex sortibus pro patriae salute†idem Calisthenem Euboeae filiam ex sortibus pro patriae salute † (nos)
CCLVIIIsolSol (nos)
CCLIXSiciliaeScythiae (Micyllus)
CCLXXV 6CamiramCamirum (Boriaud)

ÍNDICE DE LAS FÁBULAS DE HIGINO, POR CAPÍTULOS 1


I.Temisto
II.Ino
III.Frixo
IV.Otra Ino, de Eurípides
V.Atamante
VI.Cadmo
VII.Antíope
VIII.La misma de Eurípides
IX.Níobe
X.Cloris
XI.Los Nióbidas
XII.Pelias
XIII.Juno
XIV.Los Argonautas
XV.Las lemníades
XVI.Cízico
XVII.Ámico
XVIII.Lico
XIX.Fineo
XX.Las Estinfálides
XXI.Los hijos de Frixo
XXII.Eetes
XXIII.Apsirto
XXIV.Jasón
XXV.Medea
XXVI.Medea desterrada
XXVII.Medo
XXVIII.Oto y Efialtes
XXIX.Alcmena
XXX.Pruebas de Hércules
XXXI.Pruebas secundarias del mismo
XXXII.Mégara
XXXIII.Los Centauros
XXXIV.Neso
XXXV.Yole
XXXVI.Deyanira
XXXVII.Etra
XXXVIII.Los trabajos de Teseo
XXXIX.Dédalo
XL.Pasífae
XLI.Minos
XLII.Teseo ante el Minotauro
XLIII.Ariadna
XLIV.Cócalo
XLV.Filomela
XLVI.Erecteo
XLVII.Hipólito
XLVIII.Los reyes atenienses
XLIX.Esculapio
L.Admeto
LI.Alcestis
LII.Egina. Los mirmídones 2
LIII.Asteria
LIV.Tetis
LV.Titio
LVI.Busiris
LVII.Estenebea. Belerofontes 3
LVIII.Esmirna
LIX.Filis
LX.Sísifo y Salmoneo
LXI.Salmoneo
LXII.Ixíon
LXIII.Dánae
LXIV.Andrómeda
LXV.Alcíone
LXVI.Layo
LXVII.Edipo
LXVIII.Polinices
LXIX.Adrasto
LXX.Los siete reyes que marcharon contra Tebas
LXXI.Los epígonos
LXXII.Antígona
LXXIII.Anfiarao, Erifile y Alcmeón
LXXIV.Hipsípila
LXXV.Tiresias
LXXVI.Los reyes tebanos
LXXVII.Leda
LXXVIII.Tindáreo
LXXIX.Helena
LXXX.Cástor
LXXXI.Los pretendientes de Helena
LXXXII.Tántalo
LXXXIII.Pélope
LXXXIV.Enómao
LXXXV.Crisipo
LXXXVI.Los Pelópidas
LXXXVII.Egisto
LXXXVIII.Atreo
LXXXIX.Laomedonte
XC.Los hijos de Príamo
XCI.Paris
XCII.El Juicio de Paris
XCIII.Casandra
XCIV.Anquises
XCV.Ulises
XCVI.Aquiles
XCVII.Quiénes fueron a Troya, y con cuántas naves
XCVIII.Ifigenia
XCIX.Auge
C.Teutrante
CI.Télefo
CII.Filoctetes
CIII.Protesilao
CIV.Laodamía
CV.Palamedes
CVI.Héctor
CVII.El Juicio de las armas
CVIII.El caballo de Troya
CIX.Ilíona
CX.Políxena
CXI.Hécuba
CXII.Los que se retaron
CXIII.Quién mató a quién
CXIV.A cuántos mataron los griegos 4
CXV.A cuántos mataron los troyanos
CXVI.Nauplio
CXVII.Clitemnestra
CXVIII.Proteo
CXIX.Orestes
CXX.Ifigenia Táurica
CXXI.Crises
CXXII.Aletes
CXXIII.Neoptólemo
CXXIV.Los reyes de los aqueos
CXXV.La Odisea
CXXVI.El reconocimiento de Ulises
CXXVII.Telégono
CXXVIII.Augures
CXXIX.Eneo
CXXX.Ícaro, Erígone y la Perra
CXXXI.Niso
CXXXII.Licurgo
CXXXIII.Amón
CXXXIV.Los Tirrenos
CXXXV.Laocoonte
CXXXVI.Poliido
CXXXVII.Mérope
CXXXVIII.Fílira
CXXXIX.Los Curetes
CXL.Pitón
CXLI.Las Sirenas
CXLII.Pandora
CXLIII.Foroneo
CXLIV.Prometeo
CXLV.Níobe o Ío
CXLVI.Prosérpina
CXLVII.El carro de Triptólemo
CXLVIII.Vulcano, Harmonía
CXLIX.Épafo
CL.La Titanomaquia
CLI.Los nacidos de Tifón y de Equidna
CLII.Tifón
CLIII.Deucalión y Pirra
CLIV.Faetonte, de Hesíodo
CLV.Los hijos de Júpiter
CLVI.Los hijos de Sol
CLVII.Los hijos de Neptuno
CLVIII.Los hijos de Vulcano
CLIX.Los hijos de Marte
CLX.Los hijos de Mercurio
CLXI.Los hijos de Apolo
CLXII.Los hijos de Hércules
CLXIII.Las Amazonas
CLIV.Atenas
CLV.Marsias
CLXVI.Erictonio
CLXVII.Líber
CLXVIII.Dánao
CLXIX.Amimone
CLXX.Las hijas de Dánao. A quién mató cada una
CLXXI.Altea
CLXXII.Eneo
CLXXIII.Quiénes marcharon contra el jabalí de Calidón
CLXXIV.Meleagro
CLXXV.Agrio
CLXXVI.Licaón
CLXXVII.Calisto
CLXXVIII.Europa
CLXXIX.Sémele
CLXXX.Acteón
CLXXXI.Diana, y los nombres de los perros
CLXXXII.Las hijas de Océano
CLXXXIII.Los nombres de los caballos de Sol, y los de las Horas
CLXXXIV.Penteo y Ágave
CLXXXV.Atalanta
CLXXXVI.Melanipe
CLXXXVII.Álope
CLXXXVIII.Teófane
CLXXXIX.Procris
CXC.Teónoe
CXCI.El rey Midas
CXCII.Hiante
CXCIII.Harpálico
CXCIV.Aríon
CXCV.Orión
CXCVI.Pan
CXCVII.Venus
CXCVIII.Niso
CXCIX.La otra Escila
CC.Quíone
CCI.Autólico
CCII.Corónide
CCIII.Dafne
CCIV.Nictímene
CCV.Arge
CCVI.Harpálice
CCVII 5 .Macareo
CCVIII.Rodo
CCIX.Cirene
CCX.Hecatea
CCXI.Herse
CCXII.Endimión
CCXIII.Atis
CCXIV.Narciso
CCXV.Hermafrodito
CCXVI.Eurídice
CCXVII.Maleas
CCXVIII.Jacinto
CCXIX.Arquelao
CCXX.Cura
CCXXI.Los siete sabios
CCXXII.Los siete líricos
CCXXIII.Las siete maravillas
CCXXIV.Mortales que llegaron a ser inmortales
CCXXV.Quiénes fueron los primeros que erigieron templos de dioses
CCXXVI 6 .Las mortales que yacieron con Júpiter
CCXXVII.Las que yacieron con Apolo
CCXXVIII.Las que yacieron con Neptuno
CCXXIX.Las que yacieron con Mercurio
CCXXX.Las que yacieron con Líber
CCXXXI.Las que yacieron con Marte
CCXXXII.Las que yacieron con Aquilón
CCXXXIII.Aquellas inmortales que yacieron con mortales
CCXXXIV.Quiénes mataron a su padre
CCXXXV.Quiénes mataron a su madre
CCXXXVI.Quiénes mataron a sus hermanos
CCXXXVII.Padres que mataron a sus hijos
CCXXXVIII.Quiénes asesinaron a sus hijas
CCXXXIX.Madres que asesinaron a sus hijos
CCXL.Quiénes mataron a sus esposos
CCXLI.Quiénes mataron a sus esposas
CCXLII.Aquellos que se suicidaron
CCXLIII.Aquellas que se suicidaron
CCXLIV.Quiénes mataron a parientes suyos
CCXLV.Quiénes mataron a sus suegros y a sus yernos
CCXLVI.Quiénes se comieron a sus propios hijos en banquetes
CCXLVII.Quiénes fueron devorados por perros
CCXLVIII.Quiénes perecieron heridos por un jabalí
CCXLIX.Antorchas malditas
CCL.A qué aurigas hicieron perecer sus cuadrigas
CCLI.Quiénes regresaron de los Infiernos
CCLII.Quiénes fueron alimentados con leche de animales salvajes
CCLIII.Las que yacieron contra natura
CCLV.Quiénes fueron despiadadas
CCLVI.Quiénes fueron castísimas
CCLVII.Quiénes fueron amigos y estuvieron muy unidos entre sí
CCLVIII.Atreo y Tiestes
CCLIX.Linceo 7
CCLX.Érice
CCLXI.Agamenón que, sin saberlo, mató una cierva de Diana
CCLXII 8 .Noctua
CCLXIII.Ceres
CCLXIV.Quiénes fueron fulminados por un rayo
CCLXV.Quiénes perecieron a manos de Neptuno, o de Mercurio, o de Minerva
CCLXVI.Quiénes perecieron a manos de Apolo
CCLXVII.Qué mujeres fueron muy belicosas
CCLXVIII.Quiénes fueron héroes muy valerosos
CCLXIX.Quiénes fueron muy distinguidos
CCLXX.Quiénes fueron los más bellos
CCLXXI.Quiénes fueron los más bellos efebos
CCLXXII.Juicios de parricidas que se defendieron en el Areópago
CCLXXIII.Los primeros que organizaron juegos hasta Eneas, el decimoquinto
CCLXXIV.Qué inventó quién
CCLXXV.Quiénes fundaron qué ciudades
CCLXXVI.Las mayores islas
CCLXXVII.Los primeros inventores de cosas

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1 Además del Prefacio y de las Fábulas, se conserva en el manuscrito F un índice de las mismas, que fue elaborado antes de que se perdieran algunas de las que hoy carecemos, mientras que faltan en él otras que fueron agregadas al texto definitivo más tarde y que se intercalan repitiendo la numeración con una letra (LXX A; LXXI A, etc.).

Gracias a este índice que precedía al texto, podemos conocer los temas de las fábulas perdidas. Este índice no se corresponde exactamente, pues, con el del libro que el lector tiene entre sus manos, sino que es tan sólo el que precedía al texto de Higino en los manuscritos. Los títulos que aquí se dan no coinciden tampoco exactamente con los que aparecen en el interior del libro, habiendo variaciones en veintiséis fábulas (IV, VIII, XIV, XXIV, XXX, XLVIII, LII, LVII, LXXI, LXXVI, XC, XCI, XCVII, CVI, CXII, CXIII, CXIV, CXXX, CXXX-VIII, CXLVII, CXLVIII, CLXXXI, CCLI, CCLIV, CCLIX, CCLXXIV).

2 El título de la fábula LII en el cuerpo del texto es solamente Egina . El ms. F, al que sigue Marshall, añade myrmidones .

3 En el título de la fábula LVII se ha eliminado Belerofontes .

4 En el título de la fábula CXIV Higino ha escrito Achivi en vez de Graeci .

5 Las fábulas CCVII a CCXVIII no se han conservado en el texto, pero sí sus títulos en el índice.

6 Las fábulas CCXXVI a CCXXXVII no se han conservado en el texto, pero sí sus títulos en el índice.

7 En el título de las fábulas aparece Linco, que es de quien realmente habla Higino.

8 Las fábulas CCLXII a CCLXVIII no se han conservado en el texto, pero sí sus títulos en el índice.

LIBRO DE LAS FÁBULAS DE GAYO JULIO HIGINO, LIBERTO DE AUGUSTO
〈PREFACIO〉 9

1. De Tiniebla 10 : Caos.

De Caos y de Tiniebla: Noche, Día, Érebo, Éter 11 .

De Noche y de Érebo 12 : Destino, Vejez, Muerte, Destrucción, Moderación, Sueño, Sueños 13 ; 〈Amor〉 14 , esto es, el que afloja los miembros, el sensato, el de dulces miembros 15 ; Porfirión 16 , Épafo 17 , Discordia, Desgracia, Insolencia, Némesis, Eufrósine 18 , Amistad, Misericordia, Odio 19 ; las tres Parcas, esto es, Cloto, Láquesis y Átropo 20 ; las Hespérides: Egle, Hesperie, Érica 21 .

2. De Éter y de Día: Tierra, Cielo, Mar.

3. De Éter y de Tierra: Dolor, Engaño, Ira, Aflicción, Mentira, Juramento, Venganza, Intemperancia, Disputa, Olvido, Indolencia, Temor, Soberbia, Incesto, Combate, Océano, Temis 22 , Tártaro, Ponto; y también los Titanes: Briáreo, Giges 23 , Estéropes 24 , Atlante 25 , Hiperíon y Polo 26 ; Saturno, Ops 27 , Moneta, Dione 28 ; las tres Furias 29 , esto es: Alecto, Megera, Tisífone.

4. De Tierra y de Tártaro, los Gigantes 30 : Encélado, Ceo, †elentesmofio†, Astreo 31 , Peloro, Palante, Énfito, Forco 32 , †yenio†, Agrio, †alemone†, Efialtes, Éurito, †efracoridón†, Teomises, Teodamante, Oto, Tifón, Polibotes, Menefíaro, Abseo, Colofomo, Jápeto.

5. De Ponto y de Mar 33 : los géneros de peces.

6. 〈De Océano y de Tetis〉, las Oceánides: Hestiea, Mélite 34 , Yante, Admete, Estilbo, Pasífae, Polixo, Eurínome, Evagoreide, Ródope, †liris†, Clitia, †tesquineno†, Clitemneste, Metis, Menipe, Argía. Del mismo origen, los Ríos: Estrimón, Nilo, Éufrates, Tanais, Indo, Cefiso, Ismeno, Áxeno 35 , Aqueloo, Simunte 36 , Ínaco, Alfeo, Termodonte, Escamandro, Tigris, Meandro, Orontes 37 .

7. De Ponto y de Tierra: Taumante, Ceto, Nereo, Forco 38 .

8. De Nereo y de Dóride, las cincuenta Nereidas: Glauce, Talía, Cimódoce, Nesea, Espío, Toe, Cimótoe, Actea, Limnoría, Mélite, Yera, Anfítoe, Ágave, Doto, Proto, Ferusa, Dinámene, Dexámene, Anfínome, Calianasa, Dóride, Pánope, Galatea, Nemertes, Apseudes, Clímene, Yanira, Panopea, Yanasa, Mera, Oritía, Amatía, Drimo, Janto, Ligea, Filódoce, Cidipe, Licorias, Clío, Béroe, Éfire, Opis, Asia, Deyopea, Aretusa, Clímene, Creneide, Eurídice, Leucótoe 39 .

9. De Forco y de Ceto, las Fórcides: Penfredo, Enío, Pérside (en lugar de esta última algunos ponen Dino) 40 . De Gorgon y de Ceto: Esteno, Euríale, Medusa 41 .

10. De Polo y de Febe: Latona, Asteria, Afírape, Perses, Palante.

11. De Jápeto y de Clímene: Atlante, Epimeteo, Prometeo.

12. De Hiperíon y de Etra 42 : Sol, Luna, Aurora.

13. De Saturno y de Ops: Vesta, Ceres, Juno, Júpiter, Plutón, Neptuno 43 .

14. De Saturno y de Fílira: Quirón, Dólope 44 .

15. De Astreo y de Aurora: Zéfiro, Bóreas, Noto, Favonio 45 .

16. De Atlante y de Pleíone 46 : Maya, Calipso, Alcíone, Mérope, Electra, Celeno.

17. Del Gigante Palante 〈y〉 de Éstige: Escila 47 , Fuerza, Envidia, Poder, Victoria, las Fuentes, los Lagos.

18. De Neptuno y de Anfitrite 48 : Tritón.

19. De Dione y de Júpiter: Venus 49 .

20. De Júpiter y de Juno: Marte.

21. De la cabeza de Júpiter: Minerva 50 .

22. De Juno sin padre: Vulcano.

23. De Júpiter y de Eurínome: las Gracias 51 .

24. De Júpiter de nuevo y de Juno: Juventud, Libertad 52 .

25. De Júpiter y de Temis: las Horas 53 .

26. De Júpiter y de Ceres: Prosérpina.

27. De Júpiter y de Moneta 54 : las Musas.

28. De Júpiter y de Luna: Pandía 55 .

29. De Venus y de Marte: Harmonía y Terror 56 .

30. De Aqueloo y de Melpómene, las Sirenas: Telxiepía, Molpe, Pisínoe 57 .

31. De Júpiter y de Clímene: Mnemósine 58 .

32. De Júpiter y de Maya: Mercurio.

33. De Júpiter y de Latona: Apolo y Diana.

34. De Tierra: Pitón, serpiente divina.

35. De Taumante y 〈de Electra〉 59 : Iris, las Harpías: Celeno, Ocípete, Podarce 60 .

36. De Sol y de Perse: Circe, Pasífae, Eetes, Perses 61 .

37. De Eetes y de Clitia 62 : Medea.

38. De Sol y de Clímene, Faetonte y las Faetóntides: Mérope, Helie, Eterie, Dioxipe 63 .

39. De Tifón y de Equidna: Górgona 64 ; Cérbero; el Dragón que custodiaba en la Cólquide la piel de oro del carnero; Escila, que tenía la parte superior de mujer y la inferior de perro, a la que mató Hércules 65 ; Quimera; la Esfinge que hubo en Beocia; la Hidra, serpiente que tenía nueve cabezas, a la que mató Hércules; y el Dragón de las Hespérides.

40. De Neptuno y de Medusa: Crisáor y el caballo Pégaso.

41. De Crisáor y de Calírroe: Geríon de tres cuerpos.

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9 Añadido por Rose en su edición de 1933.

10 Caligo . Higino es el único autor que introduce a Tiniebla antes que a Caos, siendo también el único que ha divinizado esta abstracción y le ha conferido este sentido propio a la palabra. Para HESÍODO (Teog . 116) Caos, que no es desorden sino «vacío primordial, abertura, agujero», es el origen y comienzo de todo. La idea de «masa informe», iniciada en ARISTÓFANES (Nubes 424, 627), se desarrolla siglos más tarde en OVIDIO (Met . I 7).

11 Aether . Para HESÍODO Éter (Teog . 124) está situado espacialmente entre Gea y Urano, y representa la idea de Cielo, pero lo distingue de éste. Higino omite a Urano, confundiendo ambas divinidades. Por su parte, Érebo, Tinieblas infernales, es un espacio a mitad de camino entre Gea y Tártaro (Teog . 123), y representa «la oscuridad de abajo», frente a Noche, «la oscuridad de arriba».

12 El relato que presenta Higino a continuación tiene más cercanía con la narración de CICERÓN (Naturaleza de los dioses III 44), que con la Teogonía de HESÍODO , en cuya relación (Teog . 226-232) estas abstracciones aparecen como hijos e hijas de Eris. Sobre la naturaleza de Noche y sus hijos, véase C. RAMNOUX , La Nuit et les enfants de la Nuit, París, 1959.

13 La contraposición entre Somnus (Hýpnos), «estado del que duerme», y Somnia (Óneiroi), «aquello que se sueña», está contemplada tanto en latín como en griego, y con distinción más neta que en nuestra lengua.

14 Amor . En la consideración de Amor como un dios primordial y no como hijo de Afrodita, concepción más tardía de esta divinidad, Higino ha seguido a HESÍODO (Teog . 120). W. NESTLE ve que este Eros más que un dios personal, es «la fuerza de atracción recíproca de los sexos» no como placer desenfrenado, sino como impulso disciplinado por la razón y la voluntad, «cuya tarea consiste en posibilitar el apareamiento de los seres divinos primigenios» (Historia del espíritu griego [trad. de M. Sacristán], Madrid, 1975, pág. 39).

15 Id est lysimeles, epiphron, hedymeles . Nos apartamos en este punto de todos los demás editores, que han escrito con mayúscula estos tres adjetivos, y los han considerado como tres nuevos dioses, cuando en realidad parece que se trata tan sólo de tres epítetos, tres rasgos característicos del dios Amor. A ellos los han seguido todos los demás traductores, que han generado tres dioses inexistentes en la mitología. Apoya esta interpretación nuestra, por un lado, el hecho de que dependan de id est , nexo con el que Higino explica o amplifica las dieciocho veces que lo utiliza a lo largo de su obra la palabra anteriormente expresada (véase, por ej. eos qui fulmina fecerunt, id est Ciclopes en fab . XLIX 1; o daedalionem, id est accipitrem en CC 2, etc.); y por otro lado avala esta idea su presencia como epítetos ya en HESÍODO . En efecto, lysímeles, «el que afloja los miembros» (aplicado con frecuencia a Eros y Afrodita, ThGL VI 444), y epiphrón (< epiphróna boulén, «el que domeña la sensata voluntad»), aparecen ya en Teogonía como rasgos propios de Eros (vv. 121, 122 y 911). Es interesante en este sentido ver cómo Higino ha tergiversado el sentido hesiodeo, puesto que allí Eros es «el que domeña» o «cautiva la sensata voluntad», y aquí aplica a Amor —como propio de él— un adjetivo que allí corresponde a la voluntad de hombres y dioses, precisamente cuando no están bajo el influjo de Eros - Amor. Es decir, el amor es insensato, y quien está bajo su influjo hace locuras. Hedýmeles, en cambio, «el de dulces miembros» (no debe confundirse con «el de dulce canto», sobrenombre de un actor, JUVENAL VI 383, y cognomen propio de libertos, CIL VI 1831 y 21236) es original de Higino, o bien lo ha tomado de algún autor del que no ha quedado noticia.

Alguien podría objetar aún por qué interpretarlos como tres adjetivos rompiendo el ritmo narrativo creado por toda esa nómina de dioses yuxtapuestos, pero HESÍODO hace ya algo parecido, deteniéndose cuatro versos a describir las características de Eros (Teog . 120-124).

16 Porfirión es un Gigante en otros autores como APOLODORO (Bibl . I 6, 1), HORACIO (Odas III 4, 54) y CLAUDIANO (Gigantomaquia 35, 115).

17 Epaphus . Incluido aquí quizás por error. En todo caso no debe identificarse con el hijo de Zeus y de Ío, antepasado de Dánao, de quien el propio Higino habla —entre otras— en las fab . CXLV y CXLIX. GUIDORIZZI piensa que puede tratarse de un error de lectura por Áπάτη, «el Engaño» (2000, pág. 169, nota 3), comprendido en el catálogo de HESÍODO (Teog . 225).

18 Eufrósine, «Alma Bella», es en HESÍODO el nombre de una de las tres Gracias (Teog . 909), hijas de Zeus y de la Oceánide Eurínome. Higino da la misma genealogía para ellas, pero no especifica su nombre (Prefacio 23).

19 Styx . Higino ha empleado esta palabra tres veces en su obra, y las tres con significados distintos, aunque relacionados. Aquí, en la enumeración de los hijos de Noche y de Érebo, posee el valor abstracto de «Odio» (véase OLD s . v . 3; y cf . con el párrafo análogo de HESÍODO , Teog . 226-232) a partir de su valor original en griego (stygéo, odiar), no el de laguna Éstige, que Higino presenta a su vez en Prefacio 17 y es hija de Océano (cf . HESÍODO , Teog . 361, 383, 389, 776), no de Érebo. De este modo, en la enumeración de los hijos de Noche y de Érebo, Odio queda así contrapuesto a Amor. La laguna Éstige, por su topografía y lo que representa, simboliza la tristeza (SERVIO , A En . VI 134: Styx maerorem significat) y el odio. Aún utilizará Higino este mismo término una tercera vez (fab . XXVIII 4), pero con el significado de «autillo» y la connotación de «odio».

20 Parcae . En griego se denominan Moiras, «las que dan a cada uno su parte». Son hijas de Noche en HESÍODO (Teog . 217), si bien en otro pasaje (Teog . 904-906) el propio Hesíodo las cita como hijas de Zeus y de Temis, y hermanas de las Horas (así también APOLODORO , Bibl . I 3, 1). Son las diosas que ejecutan el destino de cada ser humano, especialmente todo lo relacionado con la muerte. AULO GELIO , citando a VARRÓN , las nombra como Nona, Décima y Morta (Noches áticas II 16, 11). Nótese, pues, cómo Higino ha usado el nombre latino para el conjunto de las tres (Parcas), pero el griego para la denominación personal, cuyos nombres parlantes significan «Hilandera» (Cloto), «La que reparte lo asignado a cada uno» (Láquesis) e «Inflexible» (Átropo). La primera referencia en latín literario se encuentra ya en LIVIO ANDRONICO , en un verso de la Odisea : Quando dies adveniet quem profata Morta est? (frag. 11M).

21 Hijas de Héspero (SERVIO , A En . IV, 484), o de Atlante, su nombre parece significar «Occidentales». Sus nombres varían mucho de un autor a otro. APOLODORO las cita como Egle, Eritía y Hesperia Aretusa (Bibl . II 5, 11), es decir, «Resplandeciente», «Roja» y «Aretusa de Poniente», nombres que evocan los matices del cielo cuando el sol camina hacia el ocaso.

22 En realidad Océano es el primogénito de los Titanes, y Temis una Titánide, por lo que debieran aparecer los dos en este mismo apartado, pero más adelante.

23 Briáreo y Giges son en HESÍODO (Teog . 147-154) y APOLODORO (Bibl . I 1, 1), junto con Coto, los tres Hecatonquires o Centímanos, hijos de Tierra y de Urano, que tenían cien manos y cincuenta cabezas cada uno. A Briáreo le llamaban así los dioses, si bien los hombres lo denominaban Egeón (HOMERO , Il . I 403). Participaron en la lucha contra los Titanes como aliados de los Olímpicos, por lo que la designación de Higino como Titanes resulta confusa.

24 En HESÍODO , Estéropes es uno de los tres Ciclopes, junto con Brontes y Arges (Teog . 140).

25 Atlas . Era hijo del Titán Jápeto (a quien Higino no incluye en esta relación, sino en la de los Gigantes, Prefacio 5) y de Clímene, tal como el propio Higino escribe en Prefacio 11. Quizás lo haya incluido aquí, entre los Titanes, por ser hijo de un Titán.

26 Parece que Higino ha identificado a Polo con Ceo, un Titán al que ha incluido más abajo en la lista de los Gigantes (Prefacio 4). En realidad, el padre de Latona y Asteria es Ceo (HESÍODO , Teog . 405), no Polo (cf . Prefacio 10).

27 Ops, «Abundancia», es el nombre con que los latinos asimilaron a la diosa griega Rea (véase su descendencia con Saturno infra , Prefacio 13).

28 Dione es también Titánide en APOLODORO (Bibl . I 1, 3), a quien ha podido seguir Higino, mientras que en HESÍODO (Teog . 353) es una Oceánide.

29 Furiae . En griego se denominan Erinies. Su misión es castigar a los parricidas; por ello parece simbólico su nacimiento en HESÍODO precisamente a partir de las gotas de sangre de Urano, mutilado por su propio hijo Crono (Teog . 185-186). ESQUILO (Euménides 321) las presenta como hijas de Noche.

30 En realidad, los Gigantes eran hijos de Gea (Tierra) y de Urano (Cielo). Habían surgido a partir de la sangre de Urano cuando su hijo menor, el Titán Crono, lo castra (HESÍODO , Teog . 185). Las dos relaciones de Titanes y de Gigantes aparecen aquí entremezcladas, ya que Ceo y Jápeto son Titanes (HESÍODO . Teog . 134). Un listado de Gigantes muy distinto es el que presenta APOLODORO (Bibl . I 6, 1-3). Para un listado más completo, véase el catálogo de WASER «Giganten» en RE , suppl. III, cols. 737-759.

31 Según HESÍODO (Teog . 375-377), Astreo era hijo del Titán Crío y de Euribia, una de las hijas de Ponto.

32 Phorcus . Seguimos la lectura del manuscrito F. Sin embargo, Marshall lee Rhoecus a partir de la lectura de van Staveren y Rose. Forcis o Forco es hijo de Tierra y de Ponto en HESÍODO (Teog . 237-238) y APOLODORO (Bibl . I 2, 6).

33 La distinción entre Ponto y Mar (en latín masculino y neutro respectivamente) es propia de Higino. En HESÍODO sólo aparece Ponto (Teog . 132, 233) como «Mar primigenio», distinto de las muchas divinidades marinas posteriores, descendientes de él en su mayoría.

34 Higino ha introducido a Mélite entre las Oceánides quizás por error, duplicando su nombre. Es Nereida en HESÍODO (Teog . 247), APOLODORO (Bibl . I 2, 4) y VIRGILIO (En . V 825), y él mismo la incluye entre las hijas de Nereo (Prefacio 8).

35 Axenus . Dadas las frecuentes confusiones de Higino en las descripciones geográficas que hace, es muy probable que se refiera no a un río (no localizado en ningún Atlas de la Antigüedad) sino al Ponto Euxino, llamado antiguamente Áxeno (dictus ab antiquis Axenus ille fuit en OVIDIO , Tristes IV 4, 56) o Axino «Inhóspito» (APOLONIO DE RODAS , II 548, 984), llamado más tarde Euxino «Hospitalario», por antífrasis propiciatoria (cf . OVIDIO , Tristes V 10, 13; PLINIO NH IV 12, 76).

36 Río que bañaba las llanuras de Tróade y que recibe asimismo los nombres de Simoente y Simois (Símois en RUIZ DE ELVIRA [1995, pág. 387] a partir de su origen trisilábico, Σιμόεις).

37 No se ve bien el criterio de selección de ríos que ha hecho Higino. HESÍODO incluye veinticinco (Teog . 338-345), de los que sólo siete coinciden con la lista de Higino, quien ha añadido los más orientales (Tigris, Éufrates, etc.), pero también algunos como el Cefiso, que pasa por el Ática y falta en el autor griego.

38 En HESÍODO (Teog . 233-236) Ponto engendra a Nereo, el mayor de sus hijos, sin intervención femenina (o sin que él la exprese), llamado «Anciano del Mar». Con Gea engendró a Taumante, Forcis, Ceto y Euribia (Teog . 237-239), que alberga en su pecho corazón de acero, suprimida esta última de la genealogía por Higino.

39 Higino ha escrito sólo cuarenta y nueve nombres. De ellos uno está repetido, Clímene, y ha desdoblado como si fueran dos distintos Pánope y Panopea. En la confección de la lista parece haber seguido la relación que presenta HOMERO (Il . XVIII 39-48), que contiene 33 nombres, completada con la que ofrece VIRGILIO (Geórg . IV 336-345), copiada en el mismo orden, si bien ha considerado Asia (epíteto de Deyopea en Virgilio) como una más. Rose sugiere que ha prescindido de los nombres de Halie y Calianira, presentes en Homero. B. SNELL comenta cómo estos nombres dan una imagen viva e impresionante del mar Egeo: brillante, movido, sembrado de islas […] (Las fuentes del pensamiento europeo, Madrid, 1965, pág. 72).

40 Las Fórcides o Greas son dos en HESÍODO (Teog . 270-274), pero tres a partir de FERECIDES (FGrHist IA, F 11, 61 Jacoby). Tres también en ESQUILO (Prometeo 798) y APOLODORO (Bibl . II 4, 2), que las nombra como Enío, Pefredo y Dino, es decir, «Terrible». Higino parece referirse a Apolodoro al decir «algunos escriben Dino». OVIDIO (Met . IV 774-775) habla sólo de dos (geminas sorores), a las que denomina Forcínides.

41 Ex Gorgone et Ceto . El propio Micyllus anota al margen que se trata de un pasaje corrupto. Sería difícil de encajar con la tradición mitológica, que describe como padre de las Górgonas a Forco y a Ceto (HESÍODO . Teog . 274-278; APOLODORO , Bibl . I 2, 6 y II 4, 2-3). Seguimos la lectura de Marshall a pesar de la contradicción interna (en Prefacio 39 y fab . CLI 1 ha incluido otra filiación para las Górgonas, considerándolas hijas de Tifón y de Equidna, frente a Prefacio 9 y fab . CLI 2), quizás como piensa ROSE (ad Praef . 9) porque Higino ha creado el nombre del padre (Gorgon) a partir de la Górgona por antonomasia, Medusa, del mismo modo que versiones tardías presentan como padre de los Coribantes a Corybas (DIODORO SÍCULO , V 49, 2; SERVIO , A En . III 111).

Sobre este tema, véase A. MOREAU , «La race de Méduse: forces de vie contre forces de mort», en Mort et fécondité dans les mythologies (Actes du colloque de Poitiers. 13-14 mai 1983) . París, 1986, págs. 1-17.

42 Higino ha confundido a Tea (Θεία) —que en HESÍODO (Teog . 371-374) aparece unida a Hiperíon como madre de Helios, Selene y Eos—, con Etra (Αἴθρα). hija de Piteo y madre de Teseo, que Higino incluye correctamente con el mismo nombre en fab . XXXVII y LXXIX.

43 El orden de Higino es el tradicional en cinco de los seis hijos. Aparece alterado, sin embargo, Júpiter, al que debería haber colocado en último lugar, posición que justificaría que sea el hijo salvado, y el que encabece más tarde la rebelión contra su padre Saturno, el derrocamiento de éste, y su futuro gobierno como «padre de dioses y de hombres» (cf . HESÍODO , Teog . 454-474: APOLODORO , Bibl . I 1, 5-2, 6). J. G. FRAZER veía en ello un exponente de la ultimogenitura (cf. El Folklore en el Antiguo Testamento , Madrid, 1981, cap. VII). La contradicción de Higino es manifiesta si lo comparamos con fab . CXXXIX 1, donde comenta que, al nacer Júpiter, su padre Saturno había arrojado ya a Orco (nombrado así por Plutón) bajo el Tártaro y a Neptuno bajo las aguas.

44 La unión de Saturno y de Fílira, de la que nació Quirón, está narrada por APOLONIO DE RODAS (II 1231-1241), APOLODORO (Bibl . I 2, 4), así como por OVIDIO (Met . VI 126-127) sin especificar el nombre de la madre, y por el propio Higino en fab . CXXXVIII. En cuanto a Dólope, es Higino el único mitógrafo que lo presenta como hermano de Quirón. quizás debido a que toma como nombre propio el epíteto «dólope» referido a Quirón. Tan sólo Esteban de Bizancio (s. v. dolopes) habla de un Dólope como héroe epónimo de los dólopes, pueblo de Tesalia.

45 Se trata de los vientos que soplan respectivamente desde el oeste, norte, sur y oeste de nuevo. HESÍODO (Teog . 379-380) anotó sólo tres: Zéfiro, Bóreas y Noto. Higino, al querer añadir el viento del este, ha incluido por error Favonio en vez de Euro (OVIDIO , Met . I 61), si bien en ningún otro mitógrafo aparece ninguno de los dos como hijo de Astreo y de Aurora. Los nombres latinos de los cuatro principales son Favonio (oeste), Aquilón (norte), Austro o Ábrego (sur), y Euro (este). Una rosa de los vientos inscrita en el pavimento del macellum de Dougga (Túnez) a finales del siglo II muestra los nombres de doce vientos y su orientación (M. KHANOUSSI y L. MAURIN , Dougga, fragments d’histoire. Choix d’inscriptions latines editées, traduites et commentées (I-IV siècles), Burdeos, 2000, págs. 98–102). Por otra parte, en este pasaje se ve la dependencia de Higino respecto a Hesíodo, ya que a lo largo de su obra al viento del norte lo nombrará siempre como Aquilón (véase pasajes en índice).

46 Pleíone es hija de Océano y de Tetis, si bien no la ha nombrado en la lista previa de Prefacio 6. Sus hijas, las Pléyades, son en realidad siete. Sobra Calipso y faltan Estérope y Taígete (véae fab . CXCII 5).

47 Higino escribe hasta tres ascendientes distintos para la misma Escila. Además de Palante y de Éstige, en Prefacio 39 dirá que es hija de Tifón y de Equidna, probablemente por reunir a todos los monstruos más conocidos en un mismo bloque, como hijos de aquellos dos monstruos; y en fab . CXCIX dirá que es hija del río Crateide, quizás a partir de HOMERO , quien coloca a Cratéis como madre de Escila (Od . XII, 125), y de APOLODORO , que la describe como hija de Crateide y de Trieno o Forco (Epít . VII, 20). Para HESÍODO , sin embargo, es hija de Forbante y de Hécate (frag. 262 M. W.).

48 En HESÍODO (Teog . 243) Anfitrite es una de las cincuenta Nereidas.

49 Para la genealogía de Venus, Higino ha seguido a HOMERO (Il . V 370-371), EURÕPIDES (Helena 1098) y APOLODORO (Bibl . I 3, 1). Esta versión se distancia de la hesiodea, más popular, que la hace nacer del semen de Urano mutilado, caído al mar, que formó espuma (en griego aphrós) , de donde surgió la diosa (Teog . 188-200), pero ya hemos visto que Higino no cita a Urano. PLATÓN (Banquete 181 b) acepta los dos orígenes, si bien las considera dos diosas distintas. También OVIDIO (Met . IV 532-538) ofrece una versión mixta al dirigirse Venus a Neptuno como «tío» (IV 532) y decir más tarde «fui una masa de espuma en medio del abismo» (IV 537-538). Puede verse un amplio comentario del pasaje ovidiano en A. RUIZ DE ELVIRA , Metamorfosis, Madrid, 1988, nota 112. Como hecho completamente singular. Higino en este caso, nombra a la madre por delante de Júpiter.

50 En realidad (y a diferencia de Vulcano, nacido de Juno), de la cabeza de Júpiter es sólo el nacimiento, ya que Minerva (Atenea) era hija de Zeus y de Metis (Prudencia), su primera esposa (HESÍODO , Teog . 886-900). Un oráculo de Gea le había anunciado que el hijo de aquella relación sería más grande que su padre, por lo que Zeus se tragó a Metis, embarazada de Atenea, que completó su gestación en la cabeza de Zeus.

51 Las Gracias (Cárites en griego, de nuevo alterna Higino en la lengua) son diosas de la belleza y del atractivo, compañeras de Venus, y son tres: Eufrósine «Alma Bella», Talia «Floreciente», y Aglaya «Resplandeciente».

52 Júpiter y Juno tuvieron tres hijos: Marte, incluido aquí en Prefacio 20; Hebe, que escancia el néctar en el Olimpo, identificada aquí como Iuventus ; e Ilitía, diosa que preside los partos, en cuyo lugar introduce Higino aquí a Libertas .

53 Las Horas estaban encargadas —entre otras misiones— de abrir y cerrar las puertas del Olimpo. Son tres en HESÍODO : Eunomía, Dice e Irene (Teog . 902), pero HIGINO ofrece muchos más nombres en fab . CLXXXIII 4-5.

54 LIVIO ANDRONICO (fr. 21) habla ya de una musa como hija de Moneta (nam diva Monetas filia docuit) . Higino, que ya ha nombrado a Moneta en Prefacio 3 como Titánide, la considera aquí como madre de las Musas, quizás como traducción del griego Mnemósine, quinta esposa de Júpiter y madre de las Musas en el espacio cultural griego (HESÍODO . Teog . 53-61 y 915-917; APOLODORO , Bibl . I 3, 1).

55 Citada sólo por Higino y el Himno homérico XXXII (especialmente vv. 14-15). Algunos estudiosos colocan a Pandía como último hijo de Zeus (A. RUIZ DE ELVIRA , Mitología clásica , pág. 92).

56 Formido . HESÍODO cita como hijos de Ares y de Afrodita a Harmonía, y a los temibles Miedo y Terror (Teog . 933-937), pareja que aparece asociada al dios de la guerra ya en Homero (Il . IV 440; XI 37). Higino ha distinguido en este Prefacio a Formido (29) de Timor (3).

57 Seguimos en esta relación la edición de Th. Muncker de 1681. Tanto el número como los nombres de las Sirenas han sido muy variables, dependiendo de los autores y de las ediciones. Para HOMERO (Od . XII 185) y SÓFOCLES (Ulises) son sólo dos; tres aparecen en APOLODORO (Bibl . I 3, 4; y Epít . VII 18: Pisínoe, Agláope y Telxiepía) y ARISTÓTELES (Mirab. auscult . 839 A) quien cita los nombres más extendidos, Parténope, Leucosia y Ligía; nombres que transmite asimismo TZETZES; cuatro aparecen en el escolio a Odisea XII 39 (Aglaofeme, Telxiepía, Pisínoe y Ligía) y LUCIANO , según dice J. Pérez de Moya (Philosofía secreta de la gentilidad, ed. de C. Clavería, Madrid, 1995; II 14, X); ocho en PLATÓN (Rep . 617 b7). Los Fragmenta codicis Monacensis anotan Teles, Raidne, Molfetes y Tione. En cuanto a la madre, es una de las musas sin especificar (SERVIO , A En . V 864; LICOFRÓN , 712-716), o bien Terpsícore (APOLONIO DE RODAS , IV 896) o Calíope (S. ISIDORO , Etimologías XI 3; FULGENCIO , Mit . II 84). APOLODORO escribe tanto Melpómene (Bibl . I 3. 4), como Estérope (Bibl . I 7, 10). N. CONTI recogió buen número de estas localizaciones (Mitología . VII 13, intr., trad. y notas de R. IGLESIAS y M.a C. ÁLVAREZ , Murcia, 20072 , págs. 536–541). Para una visión de conjunto del tema, véase J. DEL HOYO . «Las sirenas, de Homero a Walt Disney. Apunte sobre el poder de seducción femenino» en (A. B. RODRÍGUEZ DE LA ROBLA , ed.) Mujeres, amor y poder , Santander, 1999, págs. 39–60.

58 En HESÍODO (Teog . 135), Mnemósine es hija de Urano y de Gea.

59 No debe confundirse a esta Electra con su sobrina la Pléyade, a quien vimos en Prefacio 16.

60 El propio Higino las nombra más adelante como Aelópoda «Tempestad», Celeno «Tenebrosa», y Ocípete «Rauda voladora» (fab . XIV 18). Parece que no hay una tradición clara sobre su número y nombres. HESÍODO cita sólo dos: Aelo y Ocípete (Teog . 267). HOMERO habla de Podarce (Il . XVI 150). VIRGILIO añade a Celeno (En . III 209).

61 HESÍODO (Teog . 956) sólo nombra a Eetes y Circe como hijos de Helios y de Perseis. APOLODORO añade a Pasífae (Bibl . I 9, 1) y a Perses (Bibl . I 9, 28) como hermanos de Eetes. En cuanto a su madre, obsérvese la distinta fonética que ha utilizado Higino, Perse aquí y Pérside en fab . CLVI.

62 En realidad Medea es hija de Eetes y de Idía (HESÍODO , Teog . 961; APOLONIO DE RODAS , III 242; y APOLODORO , Bibl . I 9, 23), que era hermana de Clitia. El error de Higino puede provenir de aparecer las dos hermanas seguidas en la lista de Oceánides (Teog . 352), si bien él mismo rectifica en fab . XXV 1.

63 Esta enumeración de las Faetóntides es complementaria de la que incluye en fab . CLVI. Las dos aparecen fusionadas en fab . CLIV 4.

64 Si bien con el nombre de Górgonas se conoce a las tres hermanas descritas ya en Prefacio 9, con Górgona en singular es designada por antonomasia Medusa, la única de las tres que era mortal. Higino ofrece aquí una genealogía distinta de la tradicional y de la que él mismo ha hablado ya en Prefacio 9.

65 La versión más conocida sobre Escila es aquella en la que la joven es convertida en piedra (OVIDIO , Met . XIV 72-74). Higino habla de ella en fab . CXCIX. Tan sólo la versión de LICOFRÓN (44-49) narra que Hércules, a su paso por Italia, mató a Escila.

FÁBULAS DE HIGINO, LIBERTO DE AUGUSTO
I. TEMISTO

1. Atamante, hijo de Éolo, tuvo de su esposa Nébula un hijo, Frixo, y una hija, Hele. De Temisto, hija de Hipseo, dos hijos, Esfincio y Orcómeno 66 . Y de Ino, hija de Cadmo, otros dos hijos, Learco y Melicertes 67 .

2. Temisto, porque Ino le había privado de su matrimonio, quiso matar a los hijos de ésta. Por ello se escondió en el palacio y, hallada la ocasión, pensando que estaba matando a los hijos de su enemiga, asesinó a los suyos propios sin reconocerlos, engañada por la nodriza 68 , que les había puesto una vestimenta equivocada. Cuando Temisto se dio cuenta del hecho, se suicidó.

II. INO

1. Ino, hija de Cadmo y de Harmonía, tras haber decidido matar a Frixo y a Hele, hijos de Nébula, urdió un plan con las mujeres casadas de toda la comarca y conspiró para que tostaran 69 los granos que iban a destinar a la siguiente sementera, con el fin de que no germinaran. De modo que, al sobrevenir la esterilidad y la escasez de cereales 70 , toda la ciudad habría de perecer, parte por hambre, parte por enfermedad.

2. A raíz de este hecho, Atamante envió a Delfos a un criado, al que Ino ordenó traer una respuesta falsa diciendo que, si Atamante inmolaba a Frixo en honor de Júpiter, sobrevendría el final de la peste. Como Atamante se negara a llevarlo a cabo, Frixo prometió —espontáneamente y de buen grado— que él solo liberaría a la ciudad de esta desgracia.

3. Y así, habiendo sido conducido Frixo ante el altar con las ínfulas 71 , y deseando su padre elevar una plegaria a Júpiter, el criado —por compasión hacia el joven— reveló a Atamante el plan de Ino. El rey, conocido el crimen, entregó a su esposa Ino y al hijo de ésta, Melicertes, a Frixo para hacerlos perecer.

4. Cuando los llevaba al suplicio, Líber Pater arrojó una oscura nube 72 sobre Ino, su propia nodriza 73 , y la arrebató. Más tarde Atamante, presa de un ataque de locura infundido por Juno 74 , mató a su hijo Learco.

5. Por su parte, Ino se precipitó al mar con su hijo Melicertes. Líber quiso que fuera llamada Leucótea 75 , nosotros la llamamos Mater Matuta; en cambio quiso que Melicertes fuese llamado dios Palemon, a quien nosotros damos el nombre de Portuno 76 . En honor de éste cada cuatro años se celebran unos juegos atléticos, que son denominados «Ístmicos» 77 .

III. FRIXO

1. Mientras Frixo y Hele andaban errabundos por el bosque, tras un acceso de locura infundido por Líber, se dice que hasta allí llegó su madre Nébula, y que llevó un carnero de piel dorada 78 , hijo de Neptuno y de Teófane, y ordenó a sus hijos montarse en él, dirigirse a la Cólquide a la corte del rey Eetes, hijo de Sol, y sacrificar allí el carnero a Marte 79 .

2. Se dice que así acaeció. Tras haberse montado en el carnero, y cuando éste los estaba trasladando sobrevolando el mar, Hele se cayó del carnero, por lo que ese mar fue denominado «Helesponto» 80 . A Frixo, en cambio, lo llevó hasta la Cólquide. Allí inmoló el carnero según órdenes de su madre, y depositó su piel dorada en el templo de Marte. Ésta era custodiada por un Dragón, y se dice que Jasón, hijo de Esón y de Alcímede 81 , fue a buscarla.

3. A Frixo, por su parte, lo recibió Eetes de buen grado y le dio a su hija Calcíope por esposa. Ésta engendró después hijos de él. Pero Eetes tuvo miedo de que lo expulsaran de su reino, porque se le había vaticinado por medio de prodigios que se había de precaver de la muerte a manos de un extranjero, hijo de Éolo. Así pues, mató a Frixo 82 .

4. Pero los hijos de Frixo: Argos, Fróntide, Melas y Cilindro 83 , subieron a una barquichuela para ir a casa de su abuelo Atamante. Jasón, cuando se dirigía a la búsqueda del vellocino, los rescató como náufragos en la isla de Día 84 , y los devolvió a su madre Calcíope, por cuyo favor fue recomendado él a su hermana Medea.

IV. INO DE EURÍPIDES 85

1. Atamante, rey en Tesalia 86 , creyendo que había perecido su esposa Ino, de la que 〈había engendrado〉 dos hijos, se desposó con Temisto, hija de una ninfa. De ella tuvo dos hijos gemelos.

2. Después se enteró de que Ino estaba en el Parnaso y de que había llegado hasta allí con motivo de una bacanal. Envió a unos hombres para que la condujeran ante él. Una vez llevada a presencia de Atamante, éste la ocultó.

3. Se enteró Temisto de que Ino había sido encontrada, pero no lograba identificarla. Quiso matar a los hijos de ésta y tomó a la propia Ino, a la que consideraba una cautiva, como cómplice del crimen, y le dijo que cubriera a sus propios hijos con ropajes blancos, y a los de Ino con negros.

4. Ino cubrió a los suyos con los ropajes blancos y a los de Temisto con los oscuros. Entonces Temisto, engañada, asesinó a sus propios hijos. Cuando se dio cuenta de ello, se suicidó.

5. Atamante, por su parte, en un ataque de locura mató a Learco, su hijo mayor, en el transcurso de una cacería. En cambio, Ino se arrojó al mar con su hijo menor Melicertes y se vio transformada en diosa 87 .

V. ATAMANTE

Por haber yacido Sémele con Júpiter, Juno fue hostil a todo su linaje. Y así Atamante, hijo de Éolo, en un ataque de locura, mató a su propio hijo con flechas en el transcurso de una cacería.

VI. CADMO 88

Cadmo, hijo de Agénor y de Argíope, presa de la cólera de Marte por haber matado al Dragón que custodiaba la fuente Castalia 89 , una vez muertos sus hijos, fue transformado en serpiente en las regiones de Iliria 90 junto con su esposa Harmonía, hija de Venus y de Marte.

VII. ANTÍOPE 91

1. Antíope, hija de Nicteo, fue violada por Épafo 92 mediante un engaño. A consecuencia de ello fue repudiada por su esposo Lico 93 . A ésta, que no tenía marido, Júpiter la forzó.

2. Por su parte, Lico tomó en matrimonio a Dirce, en quien surgió la sospecha de que su marido había yacido en secreto con Antíope. Así pues, ordenó a unos criados que la encerraran atada con cadenas en un lugar oscuro.

3. Cuando se le acercaba el momento de dar a luz, Antíope escapó de las cadenas al monte Citerón por voluntad de Júpiter. Y como le apremiaran los dolores del parto y buscara un lugar donde dar a luz, el dolor la obligó a parir en una encrucijada de caminos.

4. Unos pastores los criaron como a hijos suyos y les pusieron nombres, a uno Zeto «de buscar un lugar», y al otro Anfíon «porque lo dio a luz en un cruce de caminos o junto al camino», esto es, porque lo tuvo en una encrucijada 94 .

5. Ellos, después de reconocer a su madre, quitaron la vida a Dirce, tras haberla atado a un toro salvaje. De su cuerpo brotó una fuente en el monte Citerón, que fue llamada «Dircea» 95 , por favor de Líber, ya que Dirce había sido bacante suya.

VIII. LA MISMA DE EURÍPIDES, QUE ESCRIBIÓ ENNIO 96

1. Antíope fue hija de Nicteo, rey en Beocia. Júpiter, seducido por su extraordinaria belleza, la dejó encinta.

2. Queriéndola castigar su padre por haber sido violada, Antíope huyó ante la amenaza de un peligro inminente. Por casualidad estaba Épafo de Sición en el mismo lugar al que ella había llegado. Éste se llevó a la mujer a su propia casa y se unió a ella en matrimonio.

3. Nicteo, que llevaba muy a mal este suceso, en el momento de morir manda mediante juramento a su hermano Lico, a quien en ese momento legaba el reino, que Antíope no quedara impune. A la muerte de Nicteo, Lico llegó a Sición. Asesinado Épafo, condujo a Antíope encadenada al Citerón. Ésta dio a luz a dos gemelos y los abandonó. Un pastor los crió, y los llamó Zeto y Anfíon.

4. Antíope fue entregada a Dirce, esposa de Lico, para su tortura; pero aquélla, hallada la ocasión, se dio a la fuga. Se llevó a sus hijos; de ellos Zeto, por considerarla una fugitiva, no la acogió. Dirce se dirigió a aquel mismo lugar durante una bacanal de Líber; allí encontró a Antíope y la arrastró a la muerte.

5. Pero los jóvenes, advertidos por el pastor que los había criado de que Antíope era su propia madre, rápidamente la siguieron y la rescataron de allí; y mataron a Dirce, atándola a un toro por los cabellos.

6. Cuando se propusieron matar a Lico, Mercurio se lo impidió y al mismo tiempo ordenó a Lico ceder el reino a Anfíon.

IX. NÍOBE

1. Anfíon y Zeto, hijos de Júpiter y de Antíope, hija de Nicteo, ciñeron Tebas por orden de Apolo con una muralla 97 que llegaba hasta el túmulo de Sémele 98 , y enviaron al destierro a Layo, hijo del rey Lábdaco. Ellos mismos comenzaron a gobernar allí.

2. Anfíon recibió en matrimonio a Níobe, hija de Tántalo y de Dione, de quien engendró a siete hijos y a otras tantas hijas. Este parto Níobe lo consideró superior al de Latona, y habló con demasiada altivez contra Apolo y Diana, alegando que ésta iba ceñida con el atuendo propio de un varón y que Apolo llevaba un vestido talar y la cabellera intonsa 99 , y que ella misma superaba a Latona en el número de hijos 100 .

3. Por ello Apolo mató con sus flechas a los hijos de Níobe, mientras cazaban en el bosque; y a su vez Diana asaeteó en el palacio a las hijas, excepto a Cloris 101 . La madre, por su parte, privada de sus hijos, derramando lágrimas, se dice que fue convertida en piedra en el monte Sípilo 102 , y que sus lágrimas siguen manando hoy día.

4. Anfíón, en cambio, al querer asaltar el templo de Apolo, fue asaeteado por el dios.

X. CLORIS

1. Cloris, hija de Níobe y de Anfíon, fue la única que había sobrevivido de las siete hijas. Neleo, hijo de Hipocoonte 103 , la tomó por esposa, de la que engendró a doce hijos varones.

2. Hércules, al atacar Pilo, mató a Neleo y a diez de sus hijos 104 ; pero el undécimo, Periclímeno, por un favor de su abuelo Neptuno, escapó a la muerte 105 transformado en figura de águila.

3. Así pues, el duodécimo, Néstor, estuvo en Ilio, de quien se dice que por privilegio de Apolo vivió durante tres siglos. Pues los años que Apolo había arrebatado a los hermanos de Cloris, se los concedió a Néstor 106 .

XI. LOS NIÓBIDAS

Lerta, Tántalo, Ismeno, Eupino, Fédimo, Sípulo, Quíade, Cloris, Asticratía, Síboe, Sictocio, Eudoxa, Arquénor, Ogigia 107 . Éstos son los hijos e hijas de Níobe, esposa de Anfíon.

XII. PELIAS

1. A Pelias, hijo de Creteo y de Tiro, se le había vaticinado que debía ofrecer un sacrificio a Neptuno; y que si un «monocrépide», es decir, un hombre con un solo pie calzado 108 , se presentaba de improviso, entonces se le estaba acercando su muerte.

2. Al celebrar Pelias los sacrificios anuales en honor de Neptuno, Jasón, hijo de Esón, que era hermano de Pelias, deseoso de participar en los sacrificios, se dejó atrás una sandalia mientras cruzaba el río Eveno 109 . Y no se preocupó de ella, a fin de llegar rápidamente a los ritos sagrados.

3. Pelias, fijándose en este detalle, recordando la prescripción del oráculo, le ordenó que reclamara a su enemigo, el rey Eetes, la piel dorada del carnero que Frixo había consagrado a Marte en la Cólquide.

4. Jasón, una vez reunidos los caudillos de Grecia, partió hacia la Cólquide.

XIII. JUNO

Juno, disfrazada de anciana, se encontraba a orillas del río Eveno para tantear la voluntad de los hombres, por ver si la pasaban a la otra ribera del río Eveno. Como nadie quería hacerlo, la pasó Jasón, hijo de Esón y de Alcímede. Ella, a su vez, airada con Pelias porque había dejado de celebrar un sacrificio en su honor, se las arregló para que Jasón se dejara una sandalia en el lodo 110 .

XIV. ARGONAUTAS CONVOCADOS 111

1. Jasón, hijo de Esón y de Alcímede, que era hija de Clímeno 112 , y también jefe de los tesalios. Orfeo, hijo de Eagro y de la musa Calíope, tracio, de la ciudad de Pimplea 113 , que se encuentra al pie del monte Olimpo, junto al río Enipeo, adivino y citaredo. Asterión, hijo de Piremo 114 , que tenía por madre a Antígona, hija de Feres 115 , de la ciudad de Pelene. Otros dicen que era hijo de Hiperasio, de la ciudad de Piresias, que está asentada en la falda del monte Fileo, en Tesalia, lugar en el que confluyen en un solo punto dos ríos de cursos separados, el Apídano y el Enipeo.

2. Polifemo, hijo de Élato, que tenía por madre a Hipea, hija de Antipo, tesalio, de la ciudad de Larisa, lento de pies. Íficlo, hijo de Fílaco, que tenía por madre a Clímene, hija de Minia, de Tesalia, y era tío materno de Jasón. Admeto, hijo de Feres y de Periclímene, hija de Minia 116 , de Tesalia, del monte Calcodonio, de cuyo monte tomó nombre la ciudadela y el río; dicen que Apolo apacentó su ganado 117 .

3. Éurito y Equíon, hijos de Mercurio y de Antianira, hija de Méneto, de la ciudad de Álope, que ahora se llama Éfeso; algunos autores los consideran tesalios 118 . Etálides, hijo de Mercurio y de Eupolemía, hija de Mirmidón; éste fue de Larisa 119 . 〈Corono, hijo de Ceneo〉, de la ciudad de Girtón, que está en Tesalia.

4. Este Ceneo, hijo de Élato, magnesio 120 , demostró que de ningún modo podían herirlo los Centauros con la espada, sino con troncos de árboles tallados en cuña. Hay quien dice que había sido mujer y que Neptuno, a causa del matrimonio que había deseado, le había concedido —porque así se lo había pedido ella— el don de no poder ser matado por ningún golpe, una vez convertido en joven. Esto nunca sucedió, ni es posible que suceda que un mortal no pueda ser matado a espada o llegue a ser transformado de mujer en hombre 121 .

5. Mopso, hijo de Ámpico y de Cloris 122 . Éste, instruido en la adivinación por Apolo, era procedente de Ecalia 123 o, como algunos creen, titarense. Euridamante, hijo de Iro y de Demonasa, otros dicen que hijo de Ctímeno, que habitaba la ciudad de Dolopia, junto al lago Jinio 124 . Teseo 125 , hijo de Egeo y de Etra, hija de Piteo, procedente de Trecén; otros dicen que de Atenas.

6. Pirítoo, hijo de Ixíon, hermano de los Centauros, tesalio. Menecio, hijo de Áctor, de Opunte. Eribotes, hijo de Teleonte, de Eleón 126 .

7. Euritión, hijo de Iro y de Demonasa. Ixitión, de la ciudad de Cerinto. Oileo, hijo de Hodédoco y de Agriánome, que era hija de Perseón, de la ciudad de Naricea 127 .

8. Clitio e Ífito, hijos de Éurito y de Antíope, que era hija de Pilón, reyes de Ecalia; otros dicen que de Eubea. Se dice que Éurito, tras haberle concedido Apolo el arte de tirar las flechas, compitió con el autor del don. Su hijo Clitio fue asesinado por Eetes. Peleo y Telamón, hijos de Éaco y de Endeide, que era hija de Quirón 128 , de la isla de Egina. Éstos abandonaron sus propios hogares por el asesinato de su hermano Foco, y cada uno partió en busca de una patria diferente 129 . Peleo se dirigió a Ptía, Telamón a Salamina, isla a la que Apolonio de Rodas llama Ática 130 .

9. Butes, hijo de Teleonte y de Zeuxipe 131 , hija del río Erídano, procedente de Atenas. Falero, hijo de Alconte, de Atenas. Tifis, hijo de Forbante y de Hirmine, beocio. Éste fue el timonel de la nave Argo 132 .

10. Argos, hijo de Pólibo y de Argía; otros dicen que era hijo de Dánao 133 . Era argivo y se cubría con una piel de toro negra y velluda; éste fue el constructor de la nave Argo. Flíaso, hijo de Líber Pater y de Ariadna, hija de Minos, de la ciudad de Fliunte, que está en el Peloponeso; otros dicen que era tebano. Hércules, hijo de Júpiter y de Alcmena, hija de Electrión, tebano.

11. Hilas, hijo de Tiodamante 134 y de la ninfa Menodice, hija de Orión, efebo, de Ecalia; otros dicen que de Argos, compañero de Hércules 135 . Nauplio, hijo de Neptuno y de Amimone, que era hija de Dánao, argivo. Idmon, hijo de Apolo y de la ninfa Cirene; algunos dicen que era hijo de Abante, argivo. Conocedor del oficio de augur, aunque supo por la predicción de unas aves que él había de morir, no faltó sin embargo a la fatal expedición 136 .

12. Cástor y Pólux, hijos de Júpiter y de Leda, hija de Testio, lacedemonios; otros dicen que eran espartanos, los dos imberbes. Se ha escrito también que sucedió por ese mismo tiempo que unas estrellas se posaron sobre sus cabezas para que fueran vistos. Linceo e Idas, hijos de Afareo y de Arena 137 , que era hija de Ébalo, mesenios, del Peloponeso. Se dice que uno de ellos, Linceo, veía cualquier cosa oculta bajo tierra, y que ninguna oscuridad se lo impedía.

13. Otros dicen que a Linceo no podía verlo nadie de noche 138 . Del mismo se dijo que estaba acostumbrado a distinguir claramente lo que había bajo tierra hasta el punto de que había reconocido minas de oro. Como descendía e inmediatamente mostraba el oro, de este modo surgió el rumor de que solía ver bajo tierra. Asimismo Idas, que era violento, feroz.

14. Periclímeno, hijo de Neleo y de Cloris, hija de Anfíon y de Níobe; éste fue de Pilo. Anfidamante y Cefeo, hijos de Áleo y de Cleobule, de Arcadia. Anceo, hijo de Licurgo, otros dicen que nieto, de Tegea.

15. Augías, hijo de Sol y de Nausídame 139 , que era hija de Anfidamante; era de Elea. Asterión y Anfíon, hijos de Hiperasio, otros dicen que de Hípaso 140 , naturales de Pelene. Eufemo, hijo de Neptuno y de Europe, hija de Titio, de Ténaro; se dice que éste había corrido sobre las aguas sin mojarse los pies.

16. Un segundo Anceo, hijo de Neptuno, que tenía por madre a Altea 141 , hija de Testio, de la isla de Ímbraso 142 , que fue llamada Partenia, y ahora en cambio se la llama Samos. Ergino, hijo de Neptuno, de Mileto; algunos dicen que era hijo de Periclímeno, de Orcómeno 143 . Meleagro, hijo de Eneo y de Altea, hija de Testio. Algunos lo consideran hijo de Marte, de Calidón.

17. Laocoonte, hijo de Portaon, hermano de Eneo, de Calidón. Un segundo Íficlo, hijo de Testio, que tenía por madre a Leucipe, y era hermano de Altea por parte de madre, lacedemonio; éste fue un enérgico corredor y lanzador de jabalina 144 . Ífito, hijo de Náubolo, focense; otros dicen que era hijo de Hípaso, natural del Peloponeso.

18. Zetes y Calais, hijos del viento Aquilón y de Oritía, que era hija de Erecteo. Se dice que éstos tenían la cabeza y los pies alados, los cabellos azulados, y que atravesaban el cielo abierto 145 . Ahuyentaron lejos de Fineo, hijo de Agénor, a las tres aves Harpías: Aelópoda, Celeno y Ocípete, hijas de Taumante y de Ozómene, cuando se dirigían hacia la Cólquide como compañeros de Jasón. Las Harpías habitaban las islas Estrófades, que son llamadas «Plotas», en el mar Egeo 146 . Se dice que tenían cabeza de ave 147 , estaban dotadas de plumas y alas; y poseían brazos humanos, con grandes garras, patas de ave, pero pecho, vientre y muslos humanos 148 . Éstos, Zetes y Calais, por su parte, fueron muertos con flechas por Hércules. En sus túmulos unas piedras superpuestas son removidas por el soplo del viento paterno. Se dice que eran naturales de Tracia.

19. Foco y Príaso, hijos de Ceneo, de Magnesia. Eurimedonte, hijo de Líber Pater y de Ariadna, hija de Minos, de Fliunte. Palemonio, hijo de Lerno, de Calidón.

20. Áctor, hijo de Hípaso, del Peloponeso. Tersanón 149 , hijo de Sol y de Leucótoe, natural de Andros. Hipálcimo 150 , hijo de Pélope y de Hipodamía, hija de Enómao, del Peloponeso, de Pisa.

21. Asclepio 151 , hijo de Apolo y de Corónide, de Trica. 〈…〉 hija de Testio, argivo. Neleo 152 , hijo de Hipocoonte, de Pilo.

22. Yolao, hijo de Íficlo 153 , argivo. Deucalión, hijo de Minos 〈y〉 de Pasífae, hija de Sol, de Creta. Filoctetes, hijo de Peante, de la ciudad de Melibea.

23. Un segundo Ceneo, hijo de Corono, procedente de Girtón 154 . Acasto, hijo de Pelias y de Anaxibia, hija de Biante, de Yolco, cubierto con un doble manto 155 . Éste se agregó voluntariamente a los Argonautas; fue compañero de Jasón por propia iniciativa.

24. Todos estos, ciertamente, fueron llamados Minias, bien porque las hijas de Minia habían engendrado a muchos de ellos, bien porque la madre de Jasón era hija de Clímene, 〈hija〉 de Minia. Pero no todos llegaron a la Cólquide ni regresaron a su patria.

25. En efecto, Hilas fue raptado en Misia por unas ninfas, cerca de Cío y del río Ascanio. Mientras Hércules y Polifemo lo buscaban, al ser arrastrada la nave por el viento, éstos fueron abandonados. Polifemo, dejado a su vez por Hércules, fundó una ciudad en Misia y pereció entre los cálibes 156 .

26. Tifis, por su parte, fue consumido por una enfermedad entre los mariandinos, en la Propóntide 157 , en la corte del rey Lico; en su lugar Anceo, hijo de Neptuno, dirigió la nave hasta la Cólquide. Por otra parte, Idmon, hijo de Apolo, allí mismo, en el palacio de Lico, cuando salió a recoger heno 158 , cayó abatido por un jabalí. El vengador de Idmon fue Idas, hijo de Afareo, que mató al jabalí.

27. Butes, hijo de Teleonte, aunque era atraído por los cantos y la cítara de Orfeo, sucumbió no obstante al encanto de las Sirenas, y se precipitó al mar para nadar hacia ellas. Arrastrado por las olas, Venus lo puso a salvo en Lilibeo 159 .

28. Éstos son los que no llegaron a la Cólquide. Por otra parte, en el viaje de regreso perecieron Euríbates, hijo de Teleonte 160 , y Canto, hijo de Cerionte 161 . Fueron asesinados en Libia por el pastor Cefalión, que era hermano de Nasamón e hijo de la ninfa Tritónide y de Anfítemis, cuyo ganado ellos habían atacado a golpes de cayado 162 .

29. También Mopso, hijo de Ámpico, murió en África por la picadura de una serpiente 163 . Éste se había agregado en el transcurso de la travesía como compañero de los Argonautas, una vez muerto su padre Ámpico.

30. Asimismo se agregaron desde la isla de Día los hijos de Frixo y de Calcíope, hermana de Medea: Argos, Melas, Fróntide y Cilindro, a los que otros suelen llamar Fronio, Demoleón, Autólico y Flogio 164 . Habiéndolos llevado Hércules para tenerlos como compañeros, cuando fue en busca del cinturón de las Amazonas, los abandonó aterrorizados por Dáscilo, hijo de Lico, el rey de los mariandinos.

31. Los Argonautas, por su parte, al salir hacia la Cólquide, quisieron designar como jefe a Hércules; éste se negó y dijo que convenía que fuera Jasón, gracias al cual todos participaban en la expedición. Así pues, Jasón gobernó como jefe.

32. El constructor fue Argos, hijo de Dánao; 〈Tifis fue el timonel〉, a cuya muerte pilotó la nave Anceo, hijo de Neptuno; como vigía actuó Linceo, hijo de Afareo, que tenía una visión muy aguda. Los jefes de los remeros 165 fueron Zetes y Calais, hijos de Aquilón, que tenían alas tanto en la cabeza como en los pies; a los remos de proa se sentaron Peleo y Telamón; en el puesto de los remos grandes tomaron asiento 166 Hércules e Idas; los demás conservaron sus puestos; la cadencia del ritmo la marcó Orfeo, hijo de Eagro. Después Hércules fue abandonado 167 por 〈los Argonautas〉, y en su banco se sentó Peleo, hijo de Éaco.

33. Ésta es la nave Argo que Minerva trasladó al círculo sideral 168 , porque —se decía— había sido construida por ella; y en cuanto esta nave fue botada al mar, apareció entre los astros desde el timón hasta la vela. Cicerón describe su forma y figura en los Fenómenos 169 , con los siguientes versos:

pero serpenteando hacia la cola del Can deslízase Argo ,

llevando por delante con su luz la popa girada;

no como otras naves, que suelen colocar en alta mar sus proas al frente,

hendiendo con los espolones las llanuras de Neptuno;

como cuando intentan tocar puertos resguardados,

los marineros hacen virar la nave con su gran peso,

y llevan la popa girada en sentido opuesto, rumbo a los añorados litorales;

así la vieja Argo, virada, se desliza sobre el éter.

Desde ahí el gobernalle, que se extiende desde la rápida popa,

toca las huellas de las patas postreras del brillante Can.

Esta nave tiene cuatro estrellas en la popa, cinco en el timón derecho, cuatro en el izquierdo, todas parecidas entre sí, en total trece 170 .

XV. LAS LEMNÍADES

1. En la isla de Lemnos, las mujeres durante algunos años no habían ofrecido sacrificios en honor de Venus; debido a la ira de ésta, sus maridos tomaron por esposas a mujeres tracias y despreciaron a las primeras 171 . Pero las lemníades, conjuradas por instigación de la misma Venus, acabaron con todo el linaje de hombres que allí había, excepto Hipsípila, que escondió en una nave a su padre Toante, a quien una tempestad arrastró hasta la isla Táurica 172 .

2. Entretanto, los Argonautas se acercaron a Lemnos en el curso de su navegación. Cuando los vio Ifínoe, guardiana de la puerta, se lo anunció a la reina Hipsípila, a quien Polixo 173 , mujer de avanzada edad, le aconsejó que los ligara a sus hospitalarias mansiones.

3. Hipsípila procreó de Jasón dos hijos, Euneo y Deípilo 174 .

4. Tras ser retenidos allí muchos días, partieron reprendidos por Hércules.

5. Pero las lemníades, después de enterarse de que Hipsípila había salvado a su padre, intentaron matarla; ella se dio a la fuga. Unos bandidos la capturaron, la deportaron a Tebas y la vendieron al rey Lico 175 como esclava.

6. Por otra parte, todas las lemníades que habían concebido hijos de los Argonautas, les impusieron los nombres de éstos 176 .

XVI. CÍZICO

1. Cízico, hijo de Eusoro, rey en una isla de la Propóntide acogió a los Argonautas con generosa hospitalidad. Éstos, habiéndose alejado de él y navegado durante todo un día, tras haberse desencadenado una tempestad durante la noche, fueron llevados sin saberlo ellos a la misma isla 177 .

2. Cízico, creyendo que eran enemigos pelasgos, entabló con ellos combate en la oscuridad de la noche en la playa, y fue muerto por Jasón. Al día siguiente, al acercarse Jasón a la costa y comprobar que había matado al rey, le dio sepultura y entregó el reino a sus hijos 178 .

XVII. ÁMICO

Ámico, hijo de Neptuno y de Melie, era rey de Bebricia 179 . A quien llegaba a su reino le obligaba a luchar con él con guantes de pugilato y hacía perecer a los vencidos. Cuando éste provocó a los Argonautas a la lucha, Pólux contendió con él y lo mató 180 .

XVIII. LICO

Lico, rey de una isla de la Propóntide 181 , recibió a los Argonautas de forma hospitalaria en agradecimiento porque habían matado a Ámico, que lo hostigaba con frecuencia 182 . Durante la estancia en la corte de Lico, los Argonautas salieron a recoger heno, e Idmon, hijo de Apolo, pereció abatido por un jabalí. En el largo tiempo que les llevó darle sepultura murió Tifis, hijo de Forbante. Entonces los Argonautas entregaron el pilotaje de la nave Argo a Anceo, hijo de Neptuno.

XIX. FINEO

1. Fineo, hijo de Agénor, tracio, tuvo de Cleopatra dos hijos. A éstos su padre los había cegado por una acusación de la madrastra 183 .

2. También se dice que Apolo concedió a este Fineo el don de augurar. Éste, por desvelar los designios de los dioses, fue cegado por Júpiter, y le colocó a su lado a las Harpías, que se dice que son «perras de Júpiter» 184 , para que le arrebataran el alimento de su boca.

3. Tras haber llegado los Argonautas a su presencia y haberle pedido que les indicara el camino, dijo que se lo enseñaría si lo libraban de su castigo. Entonces Zetes y Calais, hijos del viento Aquilón y de Oritía, de quienes se dice que tenían alas en la cabeza y en los pies, ahuyentaron a las Harpías hasta las islas Estrófades y liberaron a Fineo de su castigo.

4. Éste les enseñó cómo podrían pasar las Simplégades. Les dijo que soltaran una paloma una vez que estas rocas se hubieran separado tras haber chocado entre sí 〈…〉 185 ellos debían retroceder. Gracias a Fineo los Argonautas cruzaron las Simplégades.

XX. LAS ESTINFÁLIDES

Cuando los Argonautas llegaron a la isla de Día, unas aves comenzaron a herirlos con sus plumas como si fueran flechas. Al no poder hacer frente a tan gran cantidad de aves, siguiendo la advertencia de Fineo, tomaron los escudos y lanzas 〈y〉 las ahuyentaron con gran estrépito, a la manera de los Curetes 186 .

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