Kitabı oxu: «Discurso médico, parto y nacimiento»
DISCURSO MÉDICO, PARTO Y NACIMIENTO
Discurso médico, parto y nacimiento es un libro que recupera los discursos científicos y políticos que circularon en torno a la maternidad en la Buenos Aires de inicios del siglo XX. En especial, da cuenta de los sentidos y las significaciones que se construyeron sobre el embarazo y el parto en las publicaciones científicas de la época. En sus páginas, recorre la forma en que las instituciones médicas, en cruce con los cambios políticos, se configuraban como espacios centrales para la atención de la salud de las mujeres en una ciudad que crecía y se urbanizaba de forma acelerada. La medicalización del parto se vincula con otros procesos, como la aparición de la obstetricia como especialidad médica, el desplazamiento de las comadronas y parteras y la influencia de ideas como el higienismo y la eugenesia.
En un contexto de ideas regido por la noción de cultura científica y donde los problemas sociales son comprendidos en términos patológicos, la maternidad aparece en el discurso médico como hecho social-natural, como disciplina e institución médica, como espacio hospitalario y como valor y símbolo moral. De este modo, el libro nos invita a reflexionar sobre la manera en que a partir de esos años se va a configurar la relación entre médicos y mujeres embarazadas o parturientas. Es decir, la forma en que nuestra sociedad va a organizar el nacer y el parir.
Ianina Paula Lois. Comunicadora (UBA), doctora en Sociología (IDAES/UNSAM) y magíster en Política, Sociedad y Género (Flacso). Se especializa en temas de comunicación y salud, género y comunicación organizacional. En sus trabajos, se interesó sobre las políticas sociosanitarias y los temas relativos al discurso médico y científico. Es profesora e investigadora de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA y del Instituto de Ciencias de la Salud de la UNAJ. Coordina el Departamento de Comunicación del Centro Cultural de la Cooperación. En los últimos tiempos, además incursiona en la escritura literaria.
IANINA PAULA LOIS
DISCURSO MÉDICO, PARTO Y NACIMIENTO
Buenos Aires, inicios del siglo XX

Colección
CIUDADANÍA E INCLUSIÓN
dirigida por Carolina Biernat y Karina Ramacciotti
Índice
Cubierta
Acerca de este libro
Portada
Introducción
Capítulo 1. La cultura científica y el pensamiento médico La población en el centro de las preocupaciones La cuestión social Medicina e intervención en lo social
Capítulo 2. La maternidad como disciplina médica Adentro y afuera de la medicina La obstetricia como especialidad médica a cargo del parto y el nacimiento La Ley del Ejercicio de la Medicina y sus reglamentaciones La educación superior en la conformación de una identidad corporativa Prestigio y moral médica
Capítulo 3. Comadronas y parteras diplomadas: entre la persecución y la instrucción La institucionalización de la formación de parteras Las condiciones morales de las parteras Obstetricia mayor y obstetricia menor
Capítulo 4. La maternidad como institución médica Instituciones de la ciudad de Buenos Aires Políticas, reglamentaciones y normativas La maternidad como espacio médico
Capítulo 5. El embarazo y el parto en el discurso médico El embarazo El parto
Capítulo 6. La relación de los médicos con las parturientas El deber de la higiene en la mujer El dualismo cuerpo-persona resultante La mujer como subalterna, débil, inferior e irracional
Conclusiones
Fuentes y bibliografía Fuentes Libros, ensayos, tesis y otros documentos (conferencias, discursos, artículos de divulgación científica y materiales de formación médica) Referencias bibliográficas
Créditos
Introducción
A lo largo de la historia, pueblos, sociedades y culturas han interpretado, regulado y dado sentido a los momentos del embarazo, el parto y el puerperio, en cuanto situaciones clave de la maternidad. El parir-nacer es un proceso vital universal en el que se conjugan las características específicas de la reproducción humana, pero que se extiende mucho más allá, hacia prácticas y relaciones sociales no vinculadas con el cuerpo femenino, como son el cuidado, la atención y la socialización, las definiciones de salud y enfermedad, las políticas sobre prevención e higiene, el afecto y cariño, entre otros tópicos.
En cuanto fenómeno del orden cultural, cuyas dimensiones materiales y simbólicas –objetivas y subjetivas– se encuentran en constante interpenetración, las ideas, los valores y los sentimientos emergentes en torno de la reproducción biológica y de las relaciones sociales originadas alrededor de la maternidad operan en las prácticas que, a su vez, encuadran el espectro simbólico posible. Estas prácticas y los discursos a los que dan lugar se relacionan de manera estrecha con la estructura económica, política, social y cultural de cada época, principalmente con los modelos de sociedad y sociabilidad que se tienen por deseables, los marcos de sentido vigentes sobre el cuerpo y su relación con el entorno, la posición social de las mujeres y la disponibilidad de conocimientos y medios para intervenir en la gestación y el nacimiento.
Las características, disposiciones, actitudes e interpretaciones que se van a desplegar sobre el embarazo, el parto y el puerperio se configuran históricamente. Así, desde fines del siglo XIX, en Occidente se aceleran y acoplan una serie de procesos que van a transformar en poco más de dos décadas la forma en que se va a parir y nacer. Estos procesos tienen su expresión en la ciudad de Buenos Aires.
En sintonía con los cambios en los escenarios sociopolíticos nacionales y mundiales, en esos años se transforman los modelos sociodemográficos del país. Buenos Aires es una ciudad que se urbaniza aceleradamente y que cuenta con un gran crecimiento poblacional. En este escenario, en el período que va desde los inicios del siglo XX hasta fines de la década de 1920, se conforman gran parte de las instituciones médicas argentinas. Puntualmente, la obstetricia adquiere entidad propia y comienza su especialización dentro de la medicina, campo donde se desarrolla un proceso de delimitación de las competencias entre los profesionales médicos.
Es un momento de modificaciones en el plano de la organización y administración de los hospitales y demás instituciones de salud, que generan una serie de conflictos en el seno de las elites estatales por los contornos y sentidos de la administración sanitaria pública; específicamente, se desarrollan fuertes confrontaciones entre quienes tienen a su cargo la beneficencia oficial y ciertos voceros de la corporación médica nacional (Belmartino, 2005; González Leandri, 2000).
Aparecen en la agenda pública las discusiones sobre la necesidad de implementar políticas sociales dirigidas a las madres y los niños (Nari, 2004). Es una agenda política básicamente reformista que busca el reordenamiento social, la mejora de las condiciones de vida de los sectores populares y la vigilancia y moralización de la población. Las ideas de intervencionismo estatal logran plasmarse en estructuras gubernamentales y representan una modificación profunda de las relaciones Estado-sociedad.
Paralelamente, la ciencia se configura como proveedora de legitimidad de discursos, a la vez que se desarrolla el traslado de sus categorías al análisis de diversos aspectos de la realidad social. Este proceso se sostiene en la tendencia, que aparece desde fines del siglo XIX, en el ideario argentino –que Oscar Terán (2000) denomina la cultura científica–, en el cual convergen diversas influencias y conviven conceptos como progreso, evolución, raza, lucha por la vida, selección natural, organismo y enfermedad social, leyes, estadios humanos inferiores y superiores, determinación biológica, entre otros, que son usados para dar cuenta de fenómenos sociales, políticos, culturales y económicos.
Por su parte, como señala la historiografía feminista, en estos años se intensifica el proceso de maternalización de las mujeres (Barrancos, 1999; Guy, 1994; Nari, 2004), cuyo fin es ajustar las supuestas funciones naturales con ciertos imperativos sociales. Se termina de configurar un modelo social saludable de género: padre proveedor y madre paridora y cuidadora de la reserva potencial de la especie. De esta forma, en unas pocas décadas, la experiencia de parir y de nacer se modifica velozmente en simultáneo con la intervención médica sobre los cuerpos de las mujeres, en cuanto objetos de estudio y de políticas sociales considerados a partir de la racionalidad científica (Segato, 2013).
En este escenario, es posible hacerse las siguientes preguntas: ¿cuáles son y qué características adquieren las relaciones entre el sistema hospitalario –su forma de organización y sus prácticas– y las mujeres embarazadas, parturientas y puérperas en la Buenos Aires de esos años?, ¿qué tipo de controversias se presentan en función de las diferentes evidencias científicas disponibles, y las explicaciones morales, cognitivas, políticas y económicas desplegadas ante las decisiones organizacionales, burocráticas, sanitarias y clínicas frente al embarazo, parto y puerperio?, ¿bajo qué argumentos los grupos médicos logran configurarse como una disciplina legítima de saber-poder fundada en ciertas regulaciones, procesos y tecnologías, con potestad para establecer parámetros morales en torno al parir-nacer?, ¿cuál es el impacto de la conformación de la obstetricia en las políticas públicas relacionadas con salud materna?, ¿qué modelos de mujer y madre se consolidan en esos años?, y ¿qué pasa con la corporalidad de esas mujeres en cuanto objetos de investigación e intervención?
Estas son las preguntas que motivan el interés en este tema y guían la propuesta de este libro, cuyo principal objetivo es identificar, describir y analizar los discursos y las imágenes acerca de la maternidad –específicamente sobre las intervenciones ante el embarazo, parto y puerperio– por parte de los grupos médicos en el marco de las configuraciones sociales que le dieron sentido en la ciudad de Buenos Aires de 1900 a 1920.
En esta línea, el libro repone, reconstruye e interpreta los discursos y las imágenes que circularon en torno a la maternidad en las instituciones y publicaciones médicas: como hecho social-natural, como disciplina médica, como espacio hospitalario y como valor-símbolo-arquetipo social y moral, a fin de establecer su incidencia en lo que concierne a la producción de disposiciones en torno al nacer-parir, a las formas de corporalidad que impulsan, a las prácticas clínicas que organizan y a la relación entre médicos y mujeres embarazadas o parturientas que se arraigan por esos años.
Este recorrido se apoya en una serie de supuestos:
El campo de disciplinas científicas se delimita a través del manejo de ciertos marcos conceptuales y enfoques metodológicos que señalan y caracterizan la “realidad” de los fenómenos que demarcan el objeto de estudio. Se concibe y categoriza al individuo y las prácticas reproductivas como fenómenos naturales a ser regulados por las instituciones médicas, y desde una episteme que recorta su campo de estudio disciplinario y de intervención profesional disociada del contexto histórico y social.
En Occidente, la configuración de la modernidad-colonialidad tuvo como eje predominante el pensamiento médico para la comprensión y el tratamiento del fenómeno de la salud a través de un enfoque asistencialista y disciplinario, que incluyó en su matriz formas peculiares de dominación, discriminación y subalternización, desde una perspectiva de interseccionalidad clase/género/raza/etnia/sexo.
La reproducción y la maternidad son fenómenos multidimensionales; en este sentido, no se opondrán unidades y dimensiones de análisis, sino que se establecerán niveles que impliquen la búsqueda de una articulación entre las dimensiones micro y macrosociales.
La conformación del campo de la obstetricia es un proceso histórico-social dependiente de las condiciones de trabajo y de vida de una sociedad determinada, y se encuentra articulada con los procesos políticos, ideológicos e institucionales que, en las sociedades modernas, presentan correspondencias con el modelo de Estado y con los modelos de acumulación. En forma análoga, con el desarrollo del capitalismo y la emergencia de las profesiones modernas y de las instituciones vinculadas al Estado y sus articulaciones con el complejo médico-asistencial, las políticas de salud materna y reproductiva contribuyen significativamente a la construcción de hegemonía y legitimación del orden social.
Los cambios en la forma de concebir la maternidad coinciden cronológicamente con los esfuerzos por medicalizar la reproducción biológica. Progresivamente se configura la identificación de la subjetividad femenina con la condición materna, proceso en el cual la medicina forma parte activa al definir la reproducción humana como uno de sus objetos privilegiados. La importancia social de la función materna justifica los esfuerzos por medicalizar el embarazo y el parto; así, bajo el nombre de obstetricia, se formulan y reformulan un conjunto de saberes y prácticas preexistentes.
En Buenos Aires, las vertiginosas transformaciones demográficas impulsadas por el descenso de la mortalidad y de la fecundidad, de la mano de la urbanización y la inmigración masiva, junto con los cambios en el mercado de trabajo, las ideologías poblacionistas y la reciente organización del Estado con su potencial educativo y sanitario, conforman el contexto para entender este proceso.
En este escenario, las mujeres son convocadas a no abandonar sus funciones naturales y a respetar la división que reserva el espacio público para los varones y el privado para ellas (Felitti, 2011). Desde sus roles domésticos de esposas y madres van a ser interpeladas como agentes de moralización social y piezas clave para la construcción de la nacionalidad. Las representaciones acerca de lo socialmente aceptado, legitimado y naturalizado en torno a la maternidad y lo materno aceptan su inscripción en la naturaleza femenina, en los cuerpos y la biología. La maternalización de las mujeres, su progresiva confusión entre mujer y madre, entre femineidad y maternidad, se construye y extiende gradualmente en diferentes ámbitos y planos de la vida social, de las ideas y prácticas científicas y políticas. Así, y dado que se justifica en la naturaleza, tiene pretensiones universales y abarca a todas las mujeres sin distinción.
La legitimación y justificación pretendidamente irrefutable de la maternalización de las mujeres por parte de la ciencia médica no es un fenómeno local. Por el contrario, se trata de un proceso que abarca al mundo occidental entre fines del siglo XVIII y principios del XX (Nari, 2004). Forma parte de un conjunto de transformaciones sociales, económicas y políticas clave que tienen lugar en las sociedades capitalistas y se vinculan a los cambios poblacionales, al valor otorgado a la población y al lugar dado a la familia en la conformación de la sociedad y la política.
Este libro va a presentar diversos planos y dimensiones. Esta simultaneidad de procesos, que en ocasiones se potencian y retroalimentan y en otras se tensionan y contraponen, tomará formas diversas. A veces parecerá una madeja (más o menos enredada), otras va a representar una matriz o una red con puntos fijos fácilmente identificables, y en muchos momentos su imagen se acercará más a la de una nebulosa que, de forma difusa, tamizará relaciones y prácticas aportando la característica del ambiente.
En este sentido, la conformación del campo médico de la obstetricia, por un lado, y la reproducción y la maternidad, por otro, son problemáticas multidimensionales que refieren a procesos sociales complejos donde convergen tópicos diversos que han sido abordados desde distintas disciplinas de las ciencias sociales. Por ello, se abreva en diferentes vertientes teóricas.
Uno de los grandes sostenes conceptuales es el concepto de configuración de Norbert Elias (1993), dado que resulta muy productivo para expresar la dialéctica entre los fenómenos individuales y los fenómenos sociales. Según el autor, las expresiones individuales solo pueden ser aprehendidas en su relación con las configuraciones sociales, entendidas como entramado peculiar atravesado por relaciones de poder cambiantes. Así, la noción de configuraciones sociales permite no caer en una mirada exclusiva de los individuos, percibidos como independientes y por fuera de estructuras o marcos sociales, pero tampoco abonar a un estudio de sociedades sin individuos o de sistemas independientes de los sujetos que los conforman. La construcción social de la realidad no opera en un vacío social, sino que está sometida a coacciones estructurales en las cuales los individuos constituyen configuraciones de diverso tipo.
En este marco, se dirá que las posiciones individuales de los médicos de la época –lo que dicen, lo que escriben y el lugar desde donde lo hacen– solo podrán ser aprehendidas en su relación con las configuraciones sociales entendidas como un entramado peculiar atravesado por relaciones de poder cambiantes. Los rasgos de un grupo social que conforma una posición específica o peculiar solo pueden comprenderse a partir del tejido de imbricaciones sociales en el cual están insertos. Esta perspectiva ayuda a no caer en una imagen incompleta y distorsionada (Elias, 1993) de las relaciones históricas, cosa que suele suceder cuando las investigaciones se detienen en buscar la respuesta a estas preguntas a partir de la individualidad de las personas; por ejemplo, el caso de ciertas miradas organizadas en torno a las gestas de médicos grandiosos.
A partir de la pregunta de Elias respecto de la comprensión de comportamientos sociales distintos de los que nos son familiares, es posible decir que se trata de profundizar en la comprensión del surgimiento y la consolidación, en un momento dado, de una forma de parir-nacer peculiar. Una forma –unas prácticas significadas de manera específica– que con certeza sonará habitual y cotidiana a los tiempos en los que se escribe este libro pero que, de ningún modo, puede presuponerse como la transformación natural o racional de la forma que las personas llegan al mundo y en que las mujeres transitan los diferentes momentos de la reproducción de la vida humana.
Es decir, se trata de un intento por recorrer uno de los momentos de gran arraigo del proceso de configuración del ethos médico occidental, en una de sus especificaciones, y dar cuenta de la forma en que se acoplan, articulan y sincronizan matrices en apariencia incompatibles, discordantes e incongruentes. Acceder a ese mundo para comprender y describir lo que para los actores mismos –médicos, parteras y mujeres embarazadas, parturientas y/o puérperas– tiene sentido y resultaba relevante. Esto incluye dar cuenta de un tipo de sensibilidad, no en el sentido de ser sensible ante algo, sino en términos de qué sentimientos, valores y actitudes se disponen ante la situación reproductiva.
A la hora de trabajar en la reconstrucción del proceso por el cual el saber del obstetra se instituye como un capital político, me apoyo en los trabajos que refieren a la conformación de la cultura científica a partir del cambio de siglo, con énfasis en aquellos que realizan contribuciones con relación al análisis de las tecnologías de salud materna desplegadas y generalizadas en esos años en articulación con las ideas positivistas y evolucionistas (Terán, 1983; Altamirano, 2004; Suriano, 2000; Bruno, 2011).
Para la identificación y caracterización de las articulaciones entre la organización del campo de la obstetricia en la Argentina con los procesos políticos, ideológicos e institucionales de la época se toman los aportes de aquellos autores que trabajaron sobre la consolidación del campo de la salud en un contexto marcado por la expansión del capitalismo y la emergencia de las instituciones del Estado moderno. En este sentido se recuperan los trabajos de Graciela Biagini (1992, 1996), Karina Ramacciotti (2008), Susana Novik (1992) y Susana Belmartino (1995, 2005), entre otros. Al mismo tiempo, se toma en consideración la caracterización que realiza Diego Armus (2001, 2007) sobre los diferentes enfoques para narrar la salud y la enfermedad en el pasado.
Asimismo, se han incorporado algunos de los aportes de la sociología de las profesiones (González Leandri, 2000; Souza, 2008) y junto con ellos, la mirada sobre los procesos de urbanización de inicios del siglo XX de la Escuela de Sociología de Chicago resulta un aporte interesante para pensar cómo las situaciones de desorganización, que son asociadas a problemáticas sociales y concebidas en términos patológicos, impulsan la implementación de políticas estatales de corte racional.
También, se hace referencia a los estudios recientes en torno a la historia de la ciencia y la medicina, comprendiendo que la tarea de historizar las prácticas del pasado que tuvieron al ser humano como objeto de estudio y manipulación es tarea doblemente sensible. En ellas se reproducen los interrogantes epistémicos propios de las prácticas cognitivas con posibilidades de experimentación, pero además amplifican jerarquías, relaciones de poder y estrategias de cosificación del otro en cuanto objeto de reflexión y manipulación. En este sentido, se adscribe al planteo de Diego Hurtado (2003) con relación a que en toda narración que tiene por objeto la referencia al pasado de la ciencia subyace implícita o explícita una concepción de la actividad científica y otra de la historia, junto con las propias nociones de objetividad y verdad, las cuales ejercen determinaciones mutuas.
Con relación al análisis de las regulaciones desplegadas sobre las prácticas socioculturales de la población por parte de los grupos y las sociedades médicas, parte del apoyo surge de los trabajos que dan cuenta de las influencias que las ideas del higienismo y la eugenesia tuvieron sobre estos grupos cuando buscaron contribuir con la construcción de hegemonía y legitimación del orden social (Miranda y Vallejo, 2005; Belmartino, 2005; Checa, 2009; Di Liscia, 2005).
Por su parte, para dar cuenta de las formas que adquieren los espacios del parir-nacer y lo que hace a las relaciones cotidianas entre las personas que allí van a interactuar, como en las disposiciones corporales que esta espacialidad reorganiza, se tomaron los aportes de la sociología de Erving Goffman, en particular lo que refiere al ajuste de la mirada a la dimensión práctica de lo cotidiano. Puntualmente, las nociones de orden de interacción y marcos de referencia resultan profundamente valiosas.
Asimismo, se toman las contribuciones del proceso de construcción de un modelo de organización de los roles de género, donde la maternidad aparece como el único destino socialmente consensuado para la mujer, y que la coloca en condición de subordinación respecto del esposo u otros varones de la sociedad (Barrancos, 2002). Estos aportes refieren a cómo se desarrollaron las ideas sobre la naturaleza maternal femenina en sintonía con la supuesta inferioridad de las mujeres, y cómo en un modelo capitalista esto implicó la producción de la mujer/madre ideal, recluida en el espacio privado, y la consiguiente invisibilización del trabajo doméstico (Correa, 2000; Gil Lozano, Pita e Ini, 2000; Lobato, 2000; Ramaciotti y Valobra, 2011; Valobra, 2005, entre otros).
Dentro del variado universo de trabajos que forman parte de la historia de las mujeres en la Argentina, se recupera especialmente la obra de Marcela Nari (2004), que inicia el análisis histórico de la construcción del discurso y de las prácticas que forjaron el ideal de la maternidad en la Argentina desde fines del siglo XIX. También se consideran algunos estudios que dan cuenta de las formas de agencia configuradas ante cada coyuntura y las diversas coaliciones conformadas entre las mujeres, las agrupaciones feministas y otros actores sociales (Barrancos, 2008).
Para dar cuenta de la complejidad del proceso de medicalización, se incluyen otros abordajes que revisan las relaciones entre las instituciones médicas y las mujeres de los sectores populares, poniendo el foco en la clínica como espacio de negociación y disputa, en un marco más amplio de consolidación del proyecto político de transformar la medicina científica en la única alternativa curativa frente a las enfermedades (Checa, 2009; Pita, 2008).
Respecto de la mirada sobre el pasado, en la historiografía contemporánea, particularmente la de América Latina y la Argentina, se observa una producción historiográfica heterogénea con gran variedad de enfoques y temas que da cuenta de lo dinámico del campo. A partir de lecturas como las de Aníbal Quijano (2000) y Karina Bidaseca (2010) se buscó tomar distancia de las perspectivas binaristas que recorren gran parte de los estudios históricos de la región, presentando una historia donde la racionalidad, el positivismo y el cientificismo organizan los argumentos sobre las formas en que la población transita la relación entre las enfermedades, la medicina y su propia corporalidad. Esto me permitió observar críticamente tanto la pretensión de objetividad y universalidad de las formas de conocimiento institucionalizadas en América Latina (Lander, 2000; Quijano, 2000; Segato, 2013) como la exigencia de homogeneizar las formas básicas de existencia social de las poblaciones entre las que se encuentran las prácticas en torno al nacer y parir.
Esta posición implica adherir a una narrativa de la historia que se separe de las visiones lineales teleológicas y evolucionistas del tiempo histórico ya desacreditadas por pensadores como Walter Benjamin. Es decir, comprender el tiempo histórico a partir de temporalidades superpuestas y en conflicto, en el marco de un espacio geográfico y una cultura material.
Así, otro de los puntos de apoyo es la perspectiva del Grupo de Estudios Subalternos que me permitió cuestionar los estatutos asumidos por la historiografía occidental clásica –sus omisiones y sus perspectivas– como parte del paradigma de la modernidad que se expresa en prácticas científicas y discursivas alrededor de una razón universal, dentro del cual la medicina forma parte del conjunto de los macrorrelatos que han legitimado una visión del mundo a partir de las relaciones de dominación económica, cultural y política (Guha, 2002). También están presentes los ejes centrales de la microhistoria italiana que, como su nombre lo indica, implica una apuesta por el nivel microhistórico frente a los modelos globales, pero sin abandonar el nivel de los procesos macrohistóricos. Es decir, sin subsumirse totalmente en el espacio micro sino, por el contrario, penetrar en él para recrear otro modo de asumir tanto lo macro como lo micro en la historia, redefiniendo también de un modo nuevo su compleja dialéctica (Ginzburg, 1994).
Por último, para el abordaje de las controversias científicas, sociales y morales sobre salud y maternidad se toman algunos de los desarrollos de Bruno Latour (1979) y su sociología de la ciencia. En este sentido, los conceptos de controversia y ensamblado ocupan un lugar central, al momento de reponer la historia de la producción de las institucionalidades médicas.
Respecto de la dimensión metodológica, se desarrolló una estrategia cualitativa, con enfoque historiográfico, que permitió el abordaje del objeto de estudio en sus múltiples dimensiones en función de los objetivos propuestos. Como inicio de la investigación, se llevó adelante una revisión bibliográfica exhaustiva a fin de construir el estado de la cuestión y el marco teórico. Avanzado este punto, se realizó la búsqueda y selección de las fuentes. Para ello, se concurrió en varias oportunidades a la Biblioteca Nacional y a la biblioteca de la Academia Nacional de Medicina ubicadas en la ciudad de Buenos Aires a pocas cuadras de distancia. En estos dos lugares se obtuvo la mayor parte de los documentos –publicaciones científicas periódicas, tesis de medicina, memorias de encuentros de las sociedades científicas, proyectos de normativas y resoluciones institucionales, programas y textos para la formación de médicos y parteras, entre otros– incluidos como fuentes. También se concurrió al Museo Histórico que funcionaba en el Hospital Rivadavia, llamado originalmente Hospital de Mujeres, donde fue posible obtener algunas otras fuentes inéditas.
Aunque no es la única, una de las fuentes más relevantes y productivas resultó la publicación llamada La Semana Médica, “la más alta tribuna de la producción médica nacional”, según sus propias palabras. Para el período analizado, La Semana Médica publicó dos voluminosos ejemplares por año, con entre 700 y 800 páginas. Cada uno de estos números contiene diversos artículos que abordan cuestiones obstétricas, específicamente sobre la reproducción humana y la intervención de la medicina durante el momento del embarazo, parto y puerperio. También, se incluyen textos que presentan descripciones detalladas sobre los resultados obtenidos ante la implementación de maniobras durante partos complicados o el uso de medicamentos para el tratamiento de patologías gestacionales. Hay artículos que exhiben un mayor énfasis argumentativo, y donde se discuten asuntos que van desde la definición de parto natural y parto artificial a la enumeración de las características de lo que llaman la maternidad moderna. Asimismo, desde el marco de la obstetricia, se publican informes estadísticos de los hospitales que cuentan con sala y servicio de maternidad de la ciudad de Buenos Aires, junto con transcripciones de conferencias nacionales e internacionales pronunciadas en ámbitos académicos sobre higiene, demografía o herencia en términos genéticos.