Kitabı oxu: «Introducción a la clínica lacaniana»
© Jacques-Alain Miller, 2006.
© de esta edición digital: RBA Libros, S.A., 2018.
Diagonal, 189 - 08018 Barcelona.
www.rbalibros.com
REF.: GEBO513
ISBN: 9788424938260
Composición digital: Newcomlab, S.L.L.
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Índice
RELACIÓN DE SIGLAS
PRESENTACIÓN, por Vicente Palomera
¿CÓMO EMPEZÓ TODO?, por Anna Aromí
1. DOS DIMENSIONES DE LA EXPERIENCIA ANALÍTICA: SÍNTOMA Y FANTASMA (1982)
2. A PROPÓSITO DE LA PSICOSIS: SÍNTOMA Y FANTASMA (1983)
3. EL GENIO DEL PSICOANÁLISIS (1984)
4. LOS PREGUNTONES (1984)
5. LA PASIÓN DEL NEURÓTICO (1986)
6. CÓMO SE INVENTAN NUEVOS CONCEPTOS EN PSICOANÁLISIS (1987)
7. INSIGNIA (1987)
8. SALUD MENTAL Y ORDEN PÚBLICO (1988).
9. OBSERVACIONES SOBRE PADRES Y CAUSAS (1988)
10. LA ÉTICA DEL PSICOANÁLISIS (1988)
11. MÁS ALLÁ DE LAS CONDICIONES DE AMOR (1989)
12. LA CONTRIBUCIÓN DEL OBSESIVO AL DESCUBRIMIENTO DEL INCONSCIENTE (1989)
13. DEL SABER INCONSCIENTE A LA CAUSA FREUDIANA I (1989)
14. DEL SABER INCONSCIENTE A LA CAUSA FREUDIANA II (1989)
15. EL TRIUNFO DE JACQUES LACAN (1990)
16. LA ESCUELA Y SU PSICOANALISTA (1990)
17 MODALIDADES DE RECHAZO (1991)
18. CLÍNICA DE LA POSICIÓN FEMENINA (1992)
19. SOBRE FENÓMENOS DE AMOR Y ODIO EN PSICOANÁLISIS (1992)
20. LÓGICA DE LA CURA Y POSICIÓN FEMENINA (1993)
21. COSAS DE FAMILIA EN EL INCONSCIENTE (1993)
22. LO VERDADERO, LO FALSO Y EL RESTO (1994)
23. SOBRE LA FUGA DE SENTIDO (1994)
24. LA IMAGEN DEL CUERPO EN PSICOANÁLISIS (1995)
25. EL INCONSCIENTE INTÉRPRETE (1995)
26. LAS PATOLOGÍAS DEL YO EN EL ANÁLISIS (1995)
27. LA PONENCIA DEL VENTRÍLOCUO (1996)
28. SEMINARIO SOBRE LAS VÍAS DE FORMACIÓN DE LOS SÍNTOMAS (1996)
29. LACAN CON JOYCE (1996)
30. SÍNTOMA, SABER, SENTIDO Y REAL (1997)
31. EL TIEMPO Y EL SÍNTOMA (1997)
32. EL DESBROCE DE LA FORMACIÓN ANALÍTICA (2001)
Notas
RELACIÓN DE SIGLAS
| Analista de la Escuela | (AE) |
| Analista Miembro de la Escuela | (AME) |
| Asociación Americana de Psicoanálisis | (APA) |
| Escuela de la Causa Freudiana | (ECF) |
| Escuela Lacaniana de Psicoanálisis | (ELP) |
| Escuela Europea de Psicoanálisis | (EEP) |
| Escuela Freudiana de París | (EFP) |
| International Psychoanalytic Association | (IPA) |
| Sociedad Francesa de Psicoanálisis | (SFP) |
| Sociedad Psicoanalítica de París | (SPP) |
PRESENTACIÓN
Este libro reúne las conferencias y seminarios de Jacques-Alain Miller, en España, desde 1982 hasta las Primeras jornadas de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis, en 2001. Abarca pues un período de dos décadas de enseñanza en nuestro país, en el que una generación de psicoanalistas se formó dentro de lo que se conoce como «la orientación lacaniana».
Esta serie de conferencias y seminarios generó a lo largo de estos veinte años una comunidad epistémica y una transferencia de trabajo que tuvo consecuencias teóricas, políticas y clínicas decisivas, entre ellas la creación, en España, en mayo de 2000, de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis.
Nacido en 1944, Jacques-Alain Miller es psicoanalista y dirige el Departamento de Psicoanálisis de la Universidad de París VIII. Antes de encontrarse, en 1964, con Jacques Lacan, había sido discípulo de Louis Althusser, Roland Barthes, Georges Canguilhem, Jacques Derrida y Michel Foucault. En 1966, creó la prestigiosa revista de epistemología Cahiers pour l’analyse.
Con la publicación, en 1973, del Seminario sobre Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Jacques Lacan vio en Jacques-Alain Miller alguien en quien confiar la tarea de asumir el establecimiento de la totalidad de sus seminarios.
En enero de 1975, creó Ornicar?, publicación periódica del Campo freudiano que muy pronto iba a constituirse en un referente para todos los lectores de Lacan, más allá del ámbito de la École Freudienne de París.
Desde 1981, Jacques-Alain Miller comenzó a practicar el psicoanálisis, a dedicarse a la clínica, a la enseñanza y al Campo freudiano. Los efectos de transferencia generados por esta ingente actividad le llevarían, en 1992, a la fundación de la Asociación Mundial de Psicoanálisis, contando con el apoyo y la concurrencia entusiasta de varios cientos de analistas de Europa y América.
Este libro es un foco de luz sobre la compleja enseñanza de Jacques Lacan, se trata de una introducción entusiasta, amena y de gran valor didáctico no sólo de los principales conceptos que rigen la práctica clínica, sino de las claves del psicoanálisis y del quehacer psicoanalítico en su más amplio sentido. Recientemente, alguien me comentaba que la claridad expositiva que encontramos en Jacques-Alain Miller a la hora de explicar la complejidad de la enseñanza de Jacques Lacan, le recordaba la inquietud que animaba a Richard Feynman a la hora de explicar los conceptos de la física contemporánea.
La facilidad de Jacques-Alain Miller para transmitir con sencillez lo complejo, y la habilidad para dirigirse al auditorio puede, a veces, producir en los oyentes aquel efecto que Calderón plasmó en unos versos y que podemos aplicar a todo aquello que parece imposible o dificultoso hasta que alguien demuestra que no lo es:
Las grandes dificultades,
hasta sabidas, lo son;
que, sabido, todo es fácil.
LA DAMA DUENDE
(Acto 2.o, escena 3.a)
El título de este libro ilustra lo que es común a cada conferencia y el espíritu que lo anima apunta a que sólo lo nuevo tiene una posibilidad de ser verdadero.
El lector podrá apreciar que Jacques-Alain Miller está siempre atento a las características y modulaciones de su auditorio. Cada conferencia es una especie de work in progress, una obra que va construyendo junto con un auditorio sometido a un sapere aude.
A medida que se avanza en la lectura, descubrimos que lo lacaniano es esencialmente un modo de plantear las preguntas a partir de la idea de que lo «irracional» en el ser humano no tiene una causalidad biológica, sino que responde a otra clase de razón o lógica. Lo lacaniano es, fundamentalmente, un racionalismo que admite el inconsciente y el goce, términos aparentemente difíciles de integrar bajo el concepto común de razón.
Los escritos de Jacques Lacan tienen fama de ser difíciles, de ser accesibles para muy pocos, de ser comprendidos aun por menos. Sin embargo Jacques-Alain Miller nos enseña en estas conferencias a darnos nuestro propio tiempo para comprender, nos incita a no arredrarnos ante la tarea de poner algo de nuestra parte.
Este libro no es un mero manual. Nos damos cuenta de ello porque no nos podemos sustraer al hecho de que detrás de lo dicho en cada conferencia hay un decir, porque descubrimos que las resonancias de la enunciación de Jacques-Alain Miller producen un eco particular, una significación personal en cada oyente.
Organicé esta compilación en común tarea con Lidia López Schavelzon (Barcelona). Recibí la ayuda de Eugenio Castro (Vigo), Adolfo Jiménez (Granada), Mónica Marín (Bilbao), José Antonio Naranjo (Málaga), Juan Carlos Tajedzian (Valencia) e Iñaki Viar (Bilbao), todos ellos colegas y amigos entrañables que buscaron y hallaron algunas de las conferencias inéditas publicadas en este libro. Las demás conferencias y seminarios fueron publicadas en las diferentes revistas del Campo freudiano en España: El analiticón (fue la primera publicación del Campo freudiano en España), Uno por uno (Publicación de la AMP), Cuadernos andaluces de psicoanálisis (Andalucía), Freudiana (Cataluña), Finisterre freudiano (Galicia), Pliegos (Madrid), Cuadernos europeos de psicoanálisis (País Vasco), Lapsus y El manuscrito alemán (Comunidad de Valencia).
Conté finalmente con la ayuda valiosa y decisiva de Anna Aromí y del magnífico equipo que ella supo reunir a su alrededor. Hay que agradecer la devoción y eficacia con la que ellos asumieron el proyecto.
VICENTE PALOMERA
¿CÓMO EMPEZÓ TODO?
Todo llegó con una carpeta amarilla. Era grande, pero apenas alcanzaba para abrazar los pliegos, tantos había.
Vicente Palomera la puso en mis manos. El plan parecía sencillo: convertir todas esas fotocopias, que recogían dos décadas de intervenciones de Jacques-Alain Miller en España, en un libro. La treintena larga de papeles provenía de publicaciones del Campo freudiano, unas actuales, otras que dejaron de editarse hace años; también habían desgrabaciones, conferencias inéditas.
La sola existencia de la carpeta amarilla ya era un capítulo de la historia sin escribir de las publicaciones lacanianas en España.
Un equipo eficaz y entusiasta me acompañó en la tarea. Sus nombres son: Francisco Amella, Gloria Bladé, Soledad Bertrán, Nicanor Mestres, Iván Ruiz y Carolina Tarrida. De cada uno conocía su participación en la Sección Clínica de Barcelona, lo que no sabía y aprendí con ellos es que a la vez que establecíamos textos dirigidos a un amplio público, incluidas las generaciones de psicoanalistas por venir, nosotros mismos seríamos transformados por estos textos. Es lo que llamamos efectos de formación.
La historia de la carpeta consistió en perder lo que tenía que perderse y recuperar el esplendor que el desuso hubiera amortiguado.
Establecidos años ha, algunos textos perpetraban galicismos, argentinismos y lacanismos varios, huellas de que cada generación de analistas necesita inventarse una lengua para apropiarse del saber que –literalmente– le hace falta. Pero el libro, como Miller, le habla al futuro, al lector del 2006 en adelante. Por eso, y advertidos de que los estilos de redacción tienen que ver con las modalidades de goce imperantes –hoy, felizmente, no se lee igual que hace veinte años–, intentamos que cada artículo encontrara una forma correcta en castellano.
Por tratarse de intervenciones en público, tenían que caer también diálogos y referencias al contexto. Difícil decisión, cuando implicaba renunciar a la referencia de un viaje de Lacan a Valencia, suspendido a causa de la disolución de la École Freudienne de París, o a la presentación de Jacques-Alain Miller en la Alhambra –dignus est intrare– como psicoanalista. Ahí nos permitimos un zurcido de artesanía, introduciendo estas intervenciones más sustanciosas en la trama del texto.
Hay también lo que no se ha añadido. No ha habido trabajo de montaje, en el sentido cinematográfico del término. Texto a texto, como una perla, el cuerpo de una letra se ha colocado al lado de la siguiente, pulidas, a la espera de la lectura que las hilvane.
Varias veces me he preguntado por nuestro propio hilván, por lo que causaba nuestra transferencia de trabajo. Un trabajo alegre, cansado a veces, pero contagiado de una alegría milleriana –«el saber no tiene porqué ser triste», dice en este libro–. ¿De dónde vendría esta alegría, si no de la transmisión de un sentimiento de triunfo? Es el triunfo de la enseñanza de Jacques Lacan, que vuelve transmisibles los secretos del psicoanálisis, la doctrina de su práctica, y no admite para los psicoanalistas refugio en la marginalidad o el conformismo.
Lo que queda entonces es el empeño de transmisión a los otros: «sólo hay verdadera transmisión cuando una experiencia puede transferirse a otros sin la complicidad que da el hecho de compartirla», dice el autor. Así se pueden perder los recuerdos de lo vivido. Porque el lector no necesariamente estaba allí cuando estos discursos fueron pronunciados, no escuchó por ejemplo el silencio atronador que Miller produjo para que reverberara en él su exclamación: «¡Todos somos ventrílocuos!». El auditorio quedó atónito.
El objeto perdido, que este libro conmemora, es esa voz. Es un objeto perdido para los que no han tenido la oportunidad de recibir su impacto, pero también para los que estuvimos allí, porque eso ya pasó. Y ahora se trata de que siga pasando. En el libro está esa enunciación –por eso la perla–, se puede entrever en lo que se lee.
Si después de introducirnos en la lectura de Lacan, Miller sigue enseñándonos a hablar la lengua del psicoanálisis, es porque ella no es un argot sino una modalidad de satisfacción, un modo efectivo de captar y de dejarse captar por el siglo. Y esa alegría –como decía Lacan– se puede compartir.
Que lo pasen bien.
ANNA AROMÍ
1
Conferencia pronunciada el 27 de noviembre de 1982 en la
Facultad de Filosofía y Ciencias de la Educación de la
Universidad de Barcelona, como clausura del ciclo de
conferencias y debates «Freud en la Universidad».
Transcripción de A. Torres
Inédita.
Síntoma y fantasma: es importante distinguir estas dos dimensiones clínicas, ya que sobre ellas descansa el conocido axioma de Lacan: el del inconsciente estructurado como un lenguaje. Mis problemas actuales se refieren a ese tema, que me preocupa teórica y prácticamente, es decir, en mi propia práctica psicoanalítica y al mismo tiempo en mi curso de la Sección Clínica del Departamento de Psicoanálisis de la Universidad de París VIII.
Podría pensarse que el axioma lacaniano del inconsciente estructurado como un lenguaje es una matriz para unificar el campo de la experiencia analítica. Y es así, en general, como fue entendida su enseñanza: como un privilegio dado unilateralmente al lenguaje, al significante, al deseo.
Mi esfuerzo actual se dirige a demostrar que eso no es verdad, que eso no es lo único que enseña Lacan. Durante dos años mi tema general ha sido el otro Lacan, el que no fue percibido durante veinte años; otro Lacan que aquel vulgarizado como el pensador del significante en la experiencia psicoanalítica. Este año intento demostrarlo a partir de lo que llamo «las dos dimensiones de la experiencia analítica»: la dimensión del síntoma y la dimensión del fantasma. Mi hipótesis es que la matriz de la enseñanza de Lacan durante treinta años fue esa vinculación, precisamente los problemas de esa vinculación.
EL FUNCIONAMIENTO DE NUESTRA CLÍNICA PSICOANALÍTICA
Por una parte tenemos ese fenómeno del que solemos decir que pertenece a un primer nivel, a la fenomenología de la experiencia analítica, es decir, lo que se puede ver, oír, en el paciente. Éste habla mucho de su síntoma. Habla para lamentarse de él, y es el síntoma lo que lo mueve a ir al analista.
Respecto del fantasma, la situación es otra. El paciente no va al analista a lamentarse de su fantasma. Bien al contrario, ya que el sujeto obtiene placer a través de él. Es algo que puede constatar cada analista. Esta observación es suficiente para colocar fantasma y síntoma en dos vertientes diferentes: la del placer y la del displacer.
De esta manera funciona nuestra clínica psicoanalista. Podemos decir que el sujeto, el paciente, recurre al fantasma en contra de su síntoma. El fantasma tiene una función de consolación. Esta función es una observación de Freud y así es como introduce el fantasma en el psicoanálisis, como una producción imaginaria que el sujeto tiene a su disposición en ciertas ocasiones, más o menos frecuentes, y a la que en ese momento llama «ensueño diurno». Esta es la primera forma en la que el fantasma irrumpe en el discurso analítico, como ensoñación diurna. Puede encontrarse esta vinculación entre fantasma y función de consolación en los Estudios sobre la histeria, de Freud y Breuer, cuando la famosa Ana O. habla de su teatro privado. Podría decirse que es la consolación filosófica por excelencia, la consolación de masturbación. Cuando leemos Pegan a un niño, paradigma analítico del fantasma, vemos que Freud abre ese texto con la vinculación entre el fantasma y esa satisfacción masturbatoria, precisamente, como goce. Un goce que podemos llamar goce fálico, si con esta expresión pensamos, como Lacan, en una satisfacción tanto para los hombres como para las mujeres, en un goce distinto del goce del Otro.
De este modo, el fantasma le produce placer al sujeto mientras que el síntoma le produce displacer. Además, un hecho constante en la experiencia cotidiana es que el sujeto habla con abundancia de sus síntomas, pero tiene muchas reticencias sobre sus fantasmas. Puede ser una paradoja, decía Freud, que el sujeto sea tan prolijo sobre sus sueños, pueda gustar de sus propios lapsus o del witz, pero del fantasma motus –como se dice en francés o en latín–, ni palabra, nada de nada. Sin embargo, en la fenomenología misma de la experiencia analítica se produce una inversión entre síntoma y fantasma.
Es interesante observar, cuando se trata del sujeto obsesivo, que sobre el tema de sus inhibiciones no es inhibido. En cambio –también es una observación de Freud–, el fantasma del sujeto obsesivo es una de las cosas más escondidas del mundo. En una pequeña conferencia titulada «Der Dichter und das Phantasieren», un pequeño texto de diciembre de 1907, Freud lo dice claramente: el fantasma parece como el tesoro del sujeto, su propiedad más íntima. No es el caso del síntoma.
¿Cómo entender, articular, teorizar esta diferencia clínica tan aguda? Podemos hablar de la vergüenza del fantasma. Es cierto, existe una vergüenza del fantasma porque generalmente éste se presenta en relación con los valores morales, con los valores éticos del sujeto. En el neurótico, el fantasma se manifiesta como tomado del discurso de la perversión. De una manera muy general, los fantasmas del neurótico son fantasmas perversos, lo que no quiere decir que el neurótico sea un perverso, al contrario. Pero su fantasma es tomado del discurso de la perversión, es decir, es tomado del campo de un goce que no es el goce propio del obsesivo. Esto explica también la vergüenza del fantasma. No es infrecuente en psicoanálisis encontrar a una mujer feminista que tiene un fantasma masoquista ni encontrar, tal vez, a un hombre humanista cuyos fantasmas sean peculiarmente agresivos.
Hay una contraposición entre lo que llamamos posiciones éticas del sujeto y el elemento fantasmático, elemento que no está en armonía con el resto de la neurosis. Freud lo dice al finalizar la segunda parte del texto que llamamos el paradigma analítico del fantasma: por lo general el fantasma permanece aparte del resto del contenido de la neurosis. Es precisamente de este tipo de observación de lo que un analista no suele desear acordarse. Mi idea es que esta es una manera de decir que el fantasma está en otro lugar que el resto de los síntomas del sujeto, que es distinto. El fantasma incomoda al sujeto, lo inhibe, aunque en general él sabe qué hacer con su fantasma: obtener placer de él.