Kitabı oxu: «Juegos multiculturales»

| JUEGOS MULTICULTURALES 225 Juegos tradicionales para un mundo global |
JAUME BANTULÀ JANOT
JOSEP MARIA MORA VERDENY

AUTORES
Jaume Bantulà Janot
Profesor del departamento de Didáctica de la Expresión Musical y Corporal
Universidad de Barcelona
Profesor de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte
Facultad de Psicología, Ciencias de la Educación y del Deporte
Blanquerna. Universidad Ramon Llull (URL)
Josep Maria Mora Verdeny
Profesor de Educación Física del IES Jaume Balmes. Barcelona
Licenciado en Ciencias de la Educación.
DIBUJANTE: Joan Carmona
DISEÑO CUBIERTA: David Carretero
© 2016, Editorial Paidotribo
http://www.paidotribo.com
E-mail: paidotribo@paidotribo.com
4ª reimpresión de la 2ª edición
ISBN: 978-84-8019-669-7
ISBN EPUB: 9788499107981
BIC: YNW
Maquetación: Editor Service, S.L.
Diagonal, 299 – 08013 Barcelona
ÍNDICE
INTRODUCCIÓN
ACERCA DEL JUEGO
LA CONFIGURACIÓN DEL REPERTORIO DE JUEGOS
Los criterios de selección de los juegos
El modelo de ficha y su configuración
EL PROPÓSITO DE LA OBRA
CAPÍTULO 1. JUEGOS DE ÁFRICA
ÍNDICE DE JUEGOS DEL CONTINENTE SEGÚN LOS PAÍSES
MAPA DEL CONTINENTE
FICHAS DE JUEGOS
CAPÍTULO 2. JUEGOS DE AMÉRICA
ÍNDICE DE JUEGOS DEL CONTINENTE SEGÚN LOS PAÍSES
MAPA DEL CONTINENTE
FICHAS DE JUEGOS
CAPÍTULO 3. JUEGOS DE ASIA
ÍNDICE DE JUEGOS DEL CONTINENTE SEGÚN LOS PAÍSES
MAPA DEL CONTINENTE
FICHAS DE JUEGOS
CAPÍTULO 4. JUEGOS DE EUROPA
ÍNDICE DE JUEGOS DEL CONTINENTE SEGÚN LOS PAÍSES
MAPA DEL CONTINENTE
FICHAS DE JUEGOS
CAPÍTULO 5. JUEGOS DE OCEANÍA
ÍNDICE DE JUEGOS DEL CONTINENTE SEGÚN LOS PAÍSES
MAPA DEL CONTINENTE
FICHAS DE JUEGOS
ANEXOS
ÍNDICE GENERAL DE JUEGOS
RELACIÓN DE JUEGOS CON OTRAS DENOMINACIONES
ASPECTOS DIDÁCTICOS BÁSICOS
BIBLIOGRAFÍA
El séptimo principio de la Declaración de los Derechos del Niño, aprobada por las Naciones Unidas el 20 de noviembre de 1959, puntualiza:
“El niño debe disfrutar plenamente de juegos y recreaciones, los cuales deberán estar orientados hacia los fines perseguidos por la educación; la sociedad y las autoridades públicas se esforzarán por promover el goce de este derecho”.
Durante el año 1998 se organizó la Marcha Mundial contra la explotación laboral de la infancia, denunciándose que más de 300 millones de niños y niñas en edades comprendidas entre 5 y 14 años de todo el mundo no pueden acceder a la escuela debido a su situación de explotación.
A tod@s aquell@s niñ@s del mundo que debido a la situación en la que viven no tienen garantizado el derecho a jugar y, lo que es peor, ni tan siquiera la posibilidad de disfrutar de una vida exenta de miseria, explotación, pobreza, guerra, hambre, prostitución, malos tratos, abusos y enfermedades.
Con la esperanza que algún día tod@s l@s niñ@s que integran los diferentes pueblos y culturas de la tierra puedan disfrutar con plenitud de estos juegos.
AGRADECIMIENTOS
En primer lugar, mostramos nuestra más sincera y cordial gratitud al alumnado que con enorme entusiasmo ha informado acerca de juegos pertenecientes a otras realidades culturales:
Gorai Ramjee, Julia y Lucía Giordano, Hugo Da Silva (CC Sant Felip Neri); Pau Barrena (IES Lluís Vives); Quaiser Paruaiz, Arzar Ahmed (CEIP Ruben Darío); Rashid Ashiq, Emilia Pico, Lilí Zhang, Mireia Gordi, Felipe Barreneche, Magda García, Leila Esfandiari, Daniel Rodríguez, Nabila Bouras y Júlia Mercader (IES Jaume Balmes).
Hay que hacer una mención especial al personal de los centros docentes de Barcelona que han participado de una manera u otra en posibilitar que este libro salga hoy a la luz: CC Vedruna, CEIP Colla-so i Gil, CEIP Drassanes, CEIP Mediterrania, CEIP Joan Miró, IES Miquel Tarradell y CC Sant Felip Neri.
De inestimable valor han sido las aportaciones y materiales facilitados por los cooperantes de las ONG de Intermón y Setem: Rosa Serra, Rosalía Riambau, Andrè Senghor, Akina Núria y Laia Mir, Floren Ramaya Koudoro, Georgina Florejachs y, muy especialmente, Jaume Plens, Martí Boneta y Montse Món.
Cómo no mencionar las colaboraciones puntuales de profesores de Educación Física: Carles Vallès, Ramon Pedret, Cristina García, Gemma Blanc, Robert Díez, Francisco Sánchez, Rosa Parra y Ferran Pujol.
Han sido de gran ayuda durante el desarrollo del proyecto las aportaciones y eruditos consejos de los profesores Jesús González,
del INEF-Barcelona y Pere Lavega, del INEF-Lleida. También nuestro reconocimiento más profundo al profesorado del Departamento de Didáctica de Expresión Musical y Corporal de la Universidad de Barcelona, al que nos unen lazos de una sincera amistad.
Debemos mucho a Carlos Velázquez, por el intercambio de materiales; a Marta Carranza, por conseguirnos bibliografía de otras latitudes; a Lluís Cuesta, Agregado cultural de la Embajada de España en Colombia, por idéntico motivo; a M. Regina Öfele, coordinadora de la Sede Sudamérica del Instituto para la Investigación y la Pedagogía del Juego, por el continuo y constante intercambio de información.
A Samir Saloum, Montse Escutia, Ignasi Navarra y Júlia Trullén, porque sin ellos, y debido a nuestras limitaciones idiomáticas, muchos de los juegos que conforman el repertorio dormirían aún en el baúl. Reconocer la paciente labor mostrada por Iolanda Merino en la revisión de la obra.
Y en último lugar, y no por ello de menor importancia, no olvidamos a Iolanda, Montse y a la pequeña Maria, por el tiempo robado.
INTRODUCCIÓN
ACERCA DEL JUEGO
Definir y analizar cada una de las palabras que componen el título del presente libro supone un arduo trabajo que se escapa a la finalidad de la obra. Sí, en cambio, es deseable transmitir su intencionalidad, nacida del entusiasmo que despierta esta manifestación lúdica de difusión universal que acompaña al hombre, desde el nacimiento hasta la vejez, y de la cual se han llegado a escribir infinidad de páginas a lo largo de los siglos, pero que aún hoy en día despierta una gran pasión, y su contenido encierra todavía toda la magia, magia que Duhamel, plasmó en esta bella expresión “jugar es como soñar con el cuerpo”.
Como ya es bien sabido, hablar del juego y sus excelencias no es nuevo. A lo largo de la historia de la humanidad han sido numerosas las personalidades que desde distintos campos del saber han abordado y reflexionado sobre el concepto de juego como parte fundamental del lenguaje universal y fuente de transmisión de conocimientos y valores socio-culturales.
Ya en los primeros yacimientos arqueológicos aparecen elementos referidos al juego y a los juguetes que se remontan a más de 4000 a. J.C. Hipócrates (300 a. J.C.) recomienda hacer rodar el aro en un tratado de medicina. También se menciona el juego en los textos religiosos, tal es el caso de las Confesiones de san Agustín (350-430), donde se indica que: “El juego es inminentemente educativo en el sentido de que es el resorte de nuestra curiosidad por el mundo y por la vida, el principio de todo descubrimiento y creación”. Filósofos como Heráclito, Heidegger, Sartre, Schiller, entre muchos otros, reflexionan sobre el juego en sus obras. Éste último escribió: “El hombre sólo es verdaderamente humano cuando juega”. Mientras que Platón en las Leyes afirma: “El juego es un factor determinante en la formación del ciudadano perfecto”.
El juego fue cosa de reyes. Se han encontrado tableros de juego en las sepulturas de los reyes de Ur, situadas en esta ciudad sumeria junto al cauce del bajo Éufrates. Del mismo modo está presente en diversas expresiones artísticas elaboradas durante las distintas dinastías de Egipto.
Fue practicado por grandes señores, nobles y cortesanos tanto en Asia, como en América, África y Europa. A destacar el caso del rey de Castilla Alfonso X “el Sabio” que en 1283 recopiló en Libro de los Juegos, el primer tratado de juegos de la literatura europea. Sin embargo, la gran mayoría de juegos han transcendido a las clases populares, siendo practicados en torno a actos religiosos, durante fiestas y celebraciones, en el ámbito laboral, etc. para encontrar acomodo, paulatinamente, en el corazón de la infancia.
Esta pasión por el juego ha sido reflejada en numerosísimas obras de arte: pintura, cerámica, grabado, escultura, etc. Basta mencionar a artistas como Brueghel con su óleo Juegos de niños (1560) en el que se muestran más de ochenta juegos tradicionales de la época; la no menor muestra que ofrece la colección de grabados de Stella (1657) en su obra Jeux et plaisirs de l’enfance; a Goya con sus tapices de La gallina ciega (1788) y de El Pelele (1792), o el lienzo La niña con el aro (1885) de Renoir, para constatar cómo ha sido plasmado plásticamente el universo del juego.
Con el despertar del interés por la infancia, pedagogos como Rousseau ven en el juego uno de los soportes básicos para la correcta educación de los niños y niñas. Freinet interpretaba que el juego para el niño debía tener un significado parecido al que representa el trabajo –actividad seria– para el adulto. Autores como Freud en el campo de la psicología dicen: “El juego supone el paso del fantasma al símbolo. Jugar es negar y superar el fantasma arcaico”, constatando nuevamente la importancia del fenómeno lúdico dentro del mundo infantil y evidenciado por Claparède (1951) al escribir: “Para el niño el juego es el trabajo, es el deber, es el ideal de la vida (...), el niño al jugar puede ser protagonista de sus eventos, cosa que la sociedad normalmente le impide”.
En referencia a las aportaciones de la antropología, autores como Batenson (1984) señalan que: “El juego es el mejor medio de comunicación entre especies diferentes, como también es el mejor medio de comunicación entre personas de generaciones, clases sociales o culturas diferentes”, mientras que Blanchard y Cheska (1986) llegan a la conclusión de que “si queremos comprender la humanidad, es indispensable que estudiemos este tipo excepcional del comportamiento humano”. Mientras, el historiador holandés Johan Huizinga marca uno de los puntos de inflexión en el estudio del juego otorgándole un protagonismo inusual en su obra Homo ludens (1938) cuando afirma: “La cultura nace del juego, aunque éste último la precede”. Posteriormente, el sociólogo Roger Callois evidencia la similitud entre la actitud lúdica y la actitud cultural al expresar “el juego es consubstancial a la cultura”.
En el campo de la literatura también se observa un mismo interés y sensibilidad en torno al juego, siendo varios los escritores que se refieren a él en sus obras literarias. En La Ilíada y La Odisea de Homero se alude a juegos similares a las tabas; François Rabelais ofrece en Gargantúa y Pantagruel (1532) un amplio repertorio de juegos practicados durante el Renacimiento; en Alicia en el país de las maravillas, su autor Lewis Carroll hace una bella descripción acerca del juego del críquet, de la misma manera que Julio Cortázar narra exquisitamente cómo jugar al infernáculo en su novela Rayuela (1963).
Y como ellos, un sinfín de personalidades han visto en el juego una de las manifestaciones culturales más entrañables que han acompañado al ser humano en su periplo por la historia, ya sea regulando contiendas, determinando mandatos u otorgando un sentido mágico-religioso a las creencias del hombre. El juego siempre ha estado ahí presente, transmitiendo todo el saber popular de generación en generación.
A pesar de las excelsitudes y aportaciones que despierta el juego en el devenir de la humanidad, no han sido pocas las voces que por otra parte se han pronunciado en su contra, sobre todo en la cultura judeocristiana. Del juego se ha dicho que se trata de un modo de proceder sin consecuencia ni formalidad, de una actividad placentera sin más interés que la de jugar, sólo practicada por los más pequeños que no tienen nada que hacer, etc.
Algunas de sus prácticas fueron prohibidas y fuertemente perseguidas, dictándose leyes y ordenanzas en su contra en toda la Europa de finales de la Edad Media, por su supuesta perversión de la sociedad al creer que desvirtuaba a los hombres de buena voluntad. Si bien es cierto que esta persecución fue más propia de los juegos de mesa y azar, de mayor reglamentación, que de los juegos de calle practicados por los niños y niñas, de transmisión básicamente oral. Juegos a los cuales el mundo adulto, durante mucho tiempo, no ha prestado la más mínima atención.
El juego siempre ha tenido su espacio de manifestación y debate. Cientos de nombres, definiciones, teorías y clasificaciones para intentar comprender la acción de jugar. Jugar es jugar, y sólo de esta manera se puede entender.
Incluso a partir de la década de los años ochenta parece ser que el juego goza de un prestigio inédito en la historia. Scheines (1999) comenta al respecto: “A los chicos se les enseña jugando, los ejecutivos se capacitan jugando, toda la cultura se juega. Se previenen situaciones de crisis financiera a través de juegos de posibilidades y combinatorias. La guerra se proyecta y se proclama a partir de juegos de guerra. El juego adquiere una jerarquía insólita; pareciera que donde no se juega no se puede vivir”.
Lo cierto es que son numerosos los organismos oficiales y congresos realizados con la intención de recuperar esta manifestación lúdica como derecho fundamental de la infancia. Sirvan de ejemplo el Fondo Internacional para el Desarrollo de la Educación Física y el Deporte (FIDEPS) de la UNESCO, que tiene como objetivo proteger y desarrollar los juegos tradicionales; la fundación en 1974 de la Asociación para el estudio antropológico del juego (TAASP); la creación en 1981 de la Asociación Internacional por el Derecho del niño a Jugar; el Proyecto Belgrado-OMEP (1985) para la investigación y recopilación de juegos tradicionales infantiles en diversas partes del mundo; el Segundo Congreso del ISHPES (International Society for the history of physical) llevado a cabo en Berlín (1993) bajo un título tan sugerente como: Games of the World-The World of Games; el Primer Congreso Internacional de Luchas y Juegos Tradicionales, celebrado en las Islas Canarias en 1996.
Hay que referirse, cómo no, al Museo del Juego de Mechelen (Bélgica); al Museo de Juegos Tradicionales de Campo, inaugurado en
1998 (España), y al Instituto para la Investigación y Pedagogía del Juego, creado en 1991 en Austria, que cuenta en Latinoamérica con una sede en Buenos Aires.
En el entorno educativo, el juego pasa de manera incuestionable a constituirse como la herramienta más eficaz del aprendizaje de la infancia y la juventud, utilizado en la gran mayoría de áreas curriculares, siendo un recurso muy apreciado para abordar el tratamiento de los temas transversales. Desde esta perspectiva, viene entroncado con la educación intercultural entendida como la respuesta pedagógica a la exigencia de preparar a los futuros ciudadanos para desarrollarse en una sociedad prácticamente multicultural e idealmente democrática. Una educación pensada para todo el alumnado, para que adquiera una sólida competencia cultural basada en el respeto a la diversidad.
El actual compromiso intercultural ya fue abordado en la Conferencia de Educación Pública de Ginegra (1968) con la siguiente resolución: “La educación debería ayudar a los jóvenes a adquirir un mejor conocimiento del mundo y de sus habitantes y a formar actitudes que desarrollen en ellos un espíritu de aprecio y respeto mutuo para las otras culturas, razas y estilos de vida”, constituyendo en el despertar del nuevo milenio un reto que deben asumir los profesionales de la educación, tanto en el ámbito formal como en el no formal, para abordar con éxito los cambios sociales y flujos migratorios, que durante las últimas décadas han modificado profundamente el tejido social y la población escolar en toda Europa y, recientemente, en España.
Ahora bien, para hacer frente a esta problemática, los educadores requieren de instrumentos eficaces para desarrollar planteamientos educativos capaces de garantizar la adquisición de competencias en materia de educación intercultural. Es desde esta determinada óptica, y ciñéndose a la utilización del juego como eficaz contenido y recurso de aprendizaje, que se detecta la falta de materiales elaborados con este propósito. Tras una prospección por el mercado editorial nacional e internacional, se llega a la conclusión de que son prácticamente inexistentes las publicaciones que recojan en un mismo volumen manifestaciones lúdicas de distintas culturas, tratadas todas ellas en un plano de igualdad.
En las dos últimas décadas, y en mayor medida, desde los años noventa, en el Estado español ha proliferado la bibliografía relacionada con el tratamiento de los juegos tradicionales y populares. En este sentido, sí es cierto que existen varias monografías sobre determinados juegos, destacando algunas de ellas por su gran aportación al estudio del fenómeno del juego, como es el caso de la tesis doctoral realizada por Lavega (1995). Del joc a l’esport. El joc de bitlles al Pla d’Urgell (Lleida), siendo más frecuentes los estudios locales de carácter etnográfico en los cuales se registra el acervo cultural de una determinada zona.
Desde esta línea etnográfica de aproximación al juego, muchos de los trabajos se distinguen por su rigor y seriedad en la búsqueda y tratamiento de los juegos extraídos de la memoria colectiva de un pue-blo, destacando: Trigo (1994) con su investigación en torno al juego en Galicia a través del testimonio de tres generaciones, en Aplicación del Juego tradicional en el Currículum de Educación Física; Maestro (1994) con su laborioso y paciente trabajo de campo en el Aragón rural, recogido en Del Tajo a la replaceta, o el repertorio de juegos leoneses que ofrecen Rosa Sánchez y del Río Mateos (1997) con Juegos tradicionales infantiles en León. Pero quizá se podría destacar de manera especial la aportación tanto cualitativa como cuantitativa que ofrece el Grupo Etniker (1993) en sus Juegos Infantiles en Vasconia, que forman parte de la voluminosa obra Atlas Etnográfico de Vasconia, que fue dirigida hasta su muerte por José Manuel de Barandiarán.
En menor medida se destinan esfuerzos a recuperar los juegos siguiendo su evolución, no sólo rastreando su pasado más reciente, sino dilucidando su devenir histórico, como hizo en el pasado de manera brillante Rodrigo Caro en Días geniales o lúdicos. En esta dirección cabe citar con énfasis el minucioso y erudito trabajo de investigación que aborda Pelegrín (1998) en su obra Repertorio de Antiguos Juegos Infantiles, en la cual, valiéndose de un pliego de cordel del siglo XVII valenciano, le sirve para enlazar la tradición antigua con la moderna, aportando como soporte abundantes referencias de la literatura española del Siglo de Oro y de otras fuentes literarias hispanoamericanas, del mismo modo que acude a interesantes fuentes iconográficas.
Sin embargo, el panorama es más sombrío respecto a aquellas producciones que pretenden abarcar juegos de diversos países y culturas. Son un referente los trabajos realizados en el extranjero: Arnold (1975), The world book of children’s games; Grunfeld (1978), Juegos de todo el mundo; Botermans (1989), The world of games, y más recientemente, el libro de los norteamericanos Sierra y Kaminsky (1995), Children’s Traditional Games, pero se desconoce que hasta el momento se haya abordado el tema en este país. Por ello, ante esta necesidad, sirva la presente obra como una modesta contribución más, para ampliar el conocimiento y difusión de una parte del patrimonio lúdico de la humanidad.
LA CONFIGURACIÓN DEL REPERTORIO DE JUEGOS
Para estructurar este compendio de juegos multiculturales se establece como criterio organizativo el hecho de agruparlos en función de la división territorial o geográfica a la cual han sido circunscritos.
El primer nivel de agrupación a considerar es el del continente en el cual han sido localizados. Por este motivo, el libro se divide en cinco capítulos, uno para cada uno de ellos, ordenados éstos por orden alfabético: África, América, Asia, Europa y Oceanía.
En segundo lugar, y siguiendo con la propuesta de ubicación espacial, dentro de cada continente, se estima oportuno que los juegos aparezcan reunidos según sea su país de procedencia.
Es obvio que los juegos podrían estar clasificados según otras propuestas. La opción, equivocada o no, para catalogar los juegos es la de emplazarlos en una nación precisa. Se advierte al respecto que no es propósito de los autores ahondar en taxonomías.
La cantidad de juegos descritos para cada país es variable. Quizá sea insuficiente su número en aquellos casos en los cuales únicamente se inscribe un juego en un determinado país. Esto puede deberse a que no ha sido hallado un mayor número, o bien que los hallazgos eran un aporte de escaso valor en aras de enriquecer el catálogo. Para mantener un equilibrio entre los países, tampoco ha parecido propicio abusar de la situación contraria, es decir, aumentar considerablemente el volumen de juegos en aquellos países de los cuales sí se tiene información, tanto cuantitativa como cualitativa. En este caso se opta por ofrecer una limitada muestra.
Al iniciarse cada uno de los capítulos se ofrece, en primera instancia, una lista de países, conjuntamente con el nombre del juego, ambos registrados por orden alfabético, y al lado de cada juego aparece el número de página en la cual pueden ser consultados.
Se incorpora un mapa del continente para visualizar con comodidad aquellos países de los cuales puede hallarse consignado algún juego, y para situar éstos dentro de las coordenadas espaciales del globo terráqueo.
De inmediato se describen la totalidad de juegos que aparecen enmarcados dentro de un continente.
Anexados a los cinco capítulos que hacen referencia a los juegos según la distribución continental, se adjuntan diversos cuadros generales que tienen la pretensión de agilizar la consulta y brindan, al mismo tiempo, información adicional que quizá pueda ser de utilidad.
Se ofrece un índice que incluye la totalidad de juegos que forman parte del repertorio, ordenados según criterio alfabético y con referencia del continente, país y página de localización.
Se adjunta también una tabla que pretende ilustrar con algunos ejemplos cómo la mayoría de los juegos, debido a su extensa popularidad y tradición en muchas de las zonas geográficas de la tierra, son conocidos con un sinfín de nombres. El inventario de todos ellos es una tarea no sólo inabarcable sino imposible. Basta con mencionar el hecho de que un mismo juego recibe nombres muy dispares en localidades muy cercanas de un mismo territorio.
En otros cuadros se pretende recoger aspectos básicos de índole metodológica o didáctica, que pueden ser considerados en el momento de proceder a su aplicación. En ellos se hace constar el nombre, la edad recomendable, la duración aproximada del juego, el grado de intensidad del mismo y el espacio propicio para su ejecución.
En último lugar aparece la bibliografía consultada para obtener la información. Ésta se agrupa según su tipología de procedencia, ya sean fuentes bibliográficas y documentales, orales o de carácter electrónico.
Antes de pasar a la descripción de los juegos es preciso hacer todavía algunas matizaciones importantes sobre dos aspectos significativos: por una parte, los criterios de selección de los juegos, y por otra, el modelo de ficha y su configuración.
Los criterios de selección de los juegos
Ante el intento de proceder al registro de juegos que pertenecen a la herencia cultural que el género humano ha ido transmitiendo a través del relevo generacional, cabe la posibilidad, dado el tamaño de semejante empresa, de no poder abarcar el fenómeno en toda su extensión y magnitud. Por ello conviene acotar desde un inicio las delimitaciones del campo de estudio.
El problema se hace más acuciante cuando el interés se centra en profundizar no en una determinada zona o localidad, en un exclusivo juego o tipología de juegos o en un período histórico concreto, sino que se ansía internarse por paisajes muy dispares. Quizá sea pretencioso inscribir la investigación en el ámbito de la etnología o de la antropología cultural. Sí pretende, no obstante, traspasar el umbral etnográfico, máxime cuando aspira a reunir en una misma casa, la casa del hombre, la cultura y el saber, manifestaciones lúdicas de pueblos, culturas y civilizaciones dispares, tanto en el tiempo como en el espacio.
Parece que esta forma de proceder enlace con los anhelos de los nuevos tiempos en los que se aspira a construir una organización humana en el planeta caracterizada por la globalización. Ello es cierto sólo en la medida en que el acercamiento de unos y otros, ya sea entre sociedades distantes, como dentro de las múltiples culturas que conforman una sociedad concreta, sea resistente a los peligros de homogenización y uniformidad, y sea capaz de optar, con un talante democrático y tolerante, por una opción netamente basada en el interculturalismo.
Por tanto, teniendo presentes estas premisas de índole general, el primer criterio tomado es el de circunscribir la selección de juegos al ámbito de la conducta motriz y el movimiento. Se recogen aquellos juegos que en un sincretismo lúdico recrean desde la corporeidad, y al unísono, el gesto, la acción y el texto. Así pues, el acento para la recogida y posterior selección de los juegos descritos se fundamenta en su destacado componente motriz, aportando un amplio mosaico de juegos que permitan mostrar, como en un calidoscopio, una visión completa y variada, para captar en definitiva la esencia misma del juego.
Si es la acción motriz una de las variables utilizadas para elaborar este compendio, y la diversidad y riqueza de ésta una de las características que se trata de reflejar, es obvio que no se incluyan en el presente estudio tipologías de juegos que tengan poco en cuenta esta condición, como es el caso de los juegos de mesa o de aquellos juegos en los que el lenguaje es la tónica dominante.
Sin embargo, ha sido preciso limitar también el repertorio, y se descartan todos los juegos relacionados con los primeros años de la infancia (juegos de dedos, de manos, de batir palmas, de imitar el trote, etc.), del mismo modo que tampoco se escogen juegos cantados y rítmicos, o procedimientos previos al inicio del juego (fórmulas electivas o de sorteo, canciones eliminatorias). Quizás en otra ocasión pueda subsanarse esta carencia.
De manera expresa se omiten los juegos con animales, de igual modo que deliberadamente no se incluyen juegos violentos o que signifiquen infligir castigos corporales o bromas de mal gusto a los jugadores.
También se excluyen aquellos juegos que, dada su enorme popularidad y larga tradición, son ampliamente conocidos incluso por los practicantes más noveles, porque gozan de una extraordinaria salud y vitalidad, y está garantizada su transmisión intergeneracional.
Otro criterio es el de considerar la estructura interna del juego. Es necesario recurrir a una muestra heterogénea, eligiendo juegos dispares, para garantizar que pueda constatarse la riqueza de dicha estructura.
Para analizar con cierta profundidad la estructura interna del juego, se deben valorar todas y cada una de las variables que la integran: espacio, tiempo, material de juego y relación entre jugadores en base a su reglamentación.
En cuanto al espacio, se procura mostrar acciones en diversidad de terrenos, tanto en el interior como en el exterior. En algunas, el espacio o los subespacios condicionan la acción del jugador; en otras, el juego se regula al margen de la libre disposición de los jugadores.
El tiempo señala a veces la durabilidad del juego, y en otras, pueden más las ganas de jugarlo o de dejar de hacerlo. En algunas ocasiones se regula antes del desarrollo de la práctica lúdica; en la mayoría no tiene la mayor importancia. En los casos en que el tanteo es abierto, es decir, no es preciso llegar a un determinado número de puntos, es el control del tiempo el que marca el fin del juego. Pero como siempre que se juega no es para ganar o perder, sino simplemente por el placer de jugar; la medida del tiempo o el cálculo de puntos es básicamente útil para los amantes del reloj y de la competición.
Al referirse al material se opta por mostrar juegos que permitan un uso variado, acomodándose en muchas ocasiones a la facilidad con que los jugadores puedan disponer de él en su medio más cercano e inmediato.
Por lo que respecta a la reglamentación, hay que distinguir, por ejemplo, que, a pesar de etiquetarlos a todos bajo la denominación de juego, se pueden diferenciar las formas jugadas de los juegos propiamente dichos.
Las formas jugadas presentan estructuras sencillas de juego, con pocas codificaciones. En ellas se acostumbra encontrar reflejadas las capacidades condicionales: fuerza, resistencia, velocidad, flexibilidad y algunas habilidades básicas; por lo general, el grado de intensidad de actividad es elevado.
Bajo el paraguas de juegos, se entiende todo juego que tiene una codificación más compleja, pudiendo ser éstos espontáneos o dirigidos, según la presencia o no de un adulto o de una persona ajena al grupo de participantes.