Kitabı oxu: «La vivacidad del Evangelio»

Şrift:

“Me encanta este libro porque su título libera. Ser capaces de explicar lo que el evangelio es, cómo funciona en nuestras vidas, y cómo debe ser compartido, es una combinación única y poderosa que no había visto antes. Jeff ha escrito un libro que permanecerá por largo tiempo, porque reforma el evangelismo de una manera fresca”.

Bob Roberts, pastor principal, Northwood Church; autor, Bold as Love [Valiente como el amor] y Lessons from the East [Lecciones del este]

“Jeff nos llama de vuelta al evangelio, no como una frase trillada para usarla en los círculos cristianos, sino como un lenguaje que cambia la vida, el cual hablamos con mayor fluidez mientras lo vamos utilizando en nuestra comunidad. La analogía de aprender un idioma extranjero nos ayuda a visualizar cómo podemos tener más fluidez en el evangelio, trabajando, comiendo, e incluso soñando mientras estamos inmersos en la buena noticia de Jesús, y cómo eso cambia todo. ¡Este es un libro extremadamente útil y práctico!”

Wendy Alsup, maestra; bloguera; autora, Is the Bible Good for Women? [¿La Biblia es buena para las mujeres?] y Practical Theology for Women [Teología práctica para mujeres]

“Es muy fácil olvidar cuán buena es la buena noticia del evangelio. Este libro práctico te ayudará a ver esa buena noticia, y a compartirla con otros”.

Russell Moore, presidente, Comisión de ética y libertad religiosa de la Southern Baptist Convention

“Aun el título de este libro: La vivacidad del evangelio, muestra un entendimiento correcto del evangelio: el mensaje de Dios que tiene que ser hablado. Nuestra comunicación del evangelio es más que un volcado de datos; es un mensaje que debemos compartir sin acento, como hablantes nativos que están inmersos en el conocimiento y el habla del evangelio vivo. El claro llamado de Jeff, a través de historias convincentes y fundamentos bíblicos, es conectar el evangelio con todas las áreas de la vida, y después hablarlo con fluidez para los creyentes y los no creyentes por igual”.

J. Mack Stiles, autor, Evangelismo: como toda la iglesia habla de Jesús y Marks of the Messenger [Marcas del mensajero]

“Jeff Vanderstelt tiene un don para aclarar y simplificar lo que en ocasiones es complejo y confuso. El libro de La vivacidad del evangelio no es la excepción. Aquí, Jeff invita a los creyentes, los no creyentes, los pastores, y a los líderes de la iglesia a pensar acerca de su fe con ojos frescos y con un lenguaje fresco. Él no nos invita a un sistema, a un eslogan, o a una moda pasajera, sino a una refrescante visión de Cristo nuestro Salvador y la vida que Él ofrece”.

Mike Cosper, pastor de artes y adoración, Sojourn Community Church, Louisville, Kentucky

“He conocido a Jeff por más de una década, y su corazón late por la iglesia, para que ésta sea todo lo que Dios la llamó a ser en Cristo. Él no es sólo un hombre con ideas; él tiene los pies sobre la tierra, ya que vive las verdades que puedes leer en este libro. A medida que la cultura cambia y el ministerio atrayente se desvanece, Jeff será un guía fiel para todos nosotros”.

Matt Chandler, pastor principal, The Village Church, Dallas, Texas; Presidente, Acts 29 Church Planting Network; autor, La unión de dos almas y El evangelio explícito

“Cuando los cristianos hablamos acerca del evangelio, éste debe sonar como nuestra lengua nativa. La vivacidad del evangelio nos ayuda a articular y vivir el evangelio que amamos. Nuestra ‘fluidez’ en el evangelio es necesaria para que seamos embajadores del Rey dador del evangelio. Necesitamos libros como La vivacidad del evangelio para cimentarnos en nuestra práctica del evangelio y para librarnos de vivir nuestras vidas diarias a la deriva cultural”.

Daniel Montgomery, pastor principal, Sojourn Community Church, Louisville, Kentucky; Fundador, Sojourn Network; coautor, Faithmapping [Mapeo de la fe], PROOF [PRUEBA], y Leadership Mosaic [Un mosaico del liderazgo]

“He esperado por mucho tiempo para tener un recurso de parte de Jeff acerca de este tema. Es tan, tan, tan necesario. Debido a que he trabajado con diferentes cristianos de muchas iglesias a lo largo de la ciudad de Chicago, he sido testigo de la falta de entendimiento del evangelio que se ha permeado en muchas iglesias ‘sólidas’. Yo personalmente voy a encargarme de entregar copias de este libro como si fueran folletos del evangelio”.

Jackie Hill Perry, poeta; escritora; artista de hip-hop

Publicado por:

Publicaciones Faro de Gracia

P.O. Box 1043

Graham, NC 27253

www.farodegracia.org

ISBN 978-1-629462-39-4

Originally published in English under the title, Gospel Fluency: Speaking the Truths of Jesus into the Everyday Stuff of Life © 2017 by Jeff Vanderstelt. Published by Crossway a publishing ministry of Godd News Publishers, 1300 Crescent Street, Wheaton, IL 68187 U.S.A. This edition published by arrangement with CROSSWAY. All rights reserved.

©2019 Publicaciones Faro de Gracia.

Traducción al español realizada por Victor Manuel Velasco; edición de texto y diseño de la portada y las páginas por Francisco Hernández Aceves. Todos los Derechos Reservados.

Ninguna parte de esta publicación puede ser reproducida, almacenada en un sistema de recuperación de datos o transmitida en cualquier forma o por cualquier medio—electrónico, mecánico, fotocopiado, grabación o cualquier otro—excepto por breves citas en revistas impresas, sin permiso previo del editor.

©Las citas bíblicas son tomadas de la Versión Reina-Valera ©1960, Sociedades Bíblicas en América Latina. © renovada 1988, Sociedades Bíblicas Unidas, a menos que sea notado como otra versión. Utilizado con permiso.

JEFF VANDERSTELT

prólogo por JACKIE HILL PERRY


Fluidez en el mundo pos-moderno


Para:

Jayne , mi amiga, esposa, y compañera de vida. Tu fe me inspira. Tu sabiduría me ayuda. Tu amor por Jesús me ha cambiado.

Haylee, Caleb, y Maggie. Ustedes me hacen sonreír, reír, llorar, y orar. Ustedes me están haciendo más como Jesús. Oro para que también ustedes sean más como Él.

Doxa Church.Gracias por recibir a los Vanderstelts como familia. Constantemente le agradezco a Dios por todos ustedes. Los guardo con afecto en mi corazón.

La familia de iglesias Soma.Ustedes han llegado a ser más de lo que siempre soñé y me han animado más de lo que se imaginan. Verdaderamente son una familia. Los amo.

Contenido

Prólogo

Agradecimientos

Parte 1 La vivacidad del evangelio

1 Todos somos incrédulos

2 Dales a Jesús

3 Fluidez

Parte 2 El evangelio

4 La verdadera historia

5 El poder para salvación

6 ¿Qué tiene que ver la fe con eso?

Parte 3 El evangelio en mí

7 La buena noticia para mí

8 La guerra de la mente

9 Del fruto hasta la raíz

Parte 4 El evangelio con nosotros

10 Comiendo para recordar

11 Él es el mejor…

12 El Héroe de nuestra historia

Parte 5 El evangelio para otros

13 Escucha y aprende

14 Demuestra y declara

15 Crece en amor y sabiduría

Conclusión

Otros títulos de Publicaciones Faro de Gracia

Prólogo

El libro que tienes en tus manos es muy importante. ¿Por qué? Porque tiene el potencial para salvar tu vida.

Cada ser humano en la tierra necesita la salvación, no sólo de la ira venidera, sino también de la teología endeble que se ha permeado en las comunidades cristianas. Eso puede sonar un poco extremo, pero en esencia es verdad. La buena noticia ha sido degradada a la posición de un sermón de domingo de Pascua y un llamado al altar, mientras que el pecado y el desánimo causan estragos en el funcionamiento interno de aquellos que se sientan en las bancas de iglesia.

Si le preguntaras a muchos cristianos qué es el evangelio, las respuestas cantarían una canción acerca de la vida, la muerte, la sepultura, y la resurrección de Cristo. La precisión de esas respuestas podría hacerte asumir que existe una aplicación, hasta que planteas otra pregunta, tal como: “¿Cómo aplicas el evangelio a tu vida cotidiana?” Las miradas en blanco y las palabras vacilantes te pueden revelar la desconexión que muchos cristianos tienen entre el evangelio y su poder, no sólo para salvar nuestras almas, sino también para cambiar nuestras vidas.

Yo creo que lo que tienes en tus manos puede ser el catalizador para ese cambio.

Aunque sus contenidos pueden traerte ideas frescas, te aseguro que no está enraizado en nada nuevo. Por el contrario, este libro sigue los pasos de los apóstoles, al entregarte lo que es de primera importancia (1 Corintios 15:3), es decir, la buena noticia de Jesucristo.

Personalmente, he sido impactada por el ministerio saturado del evangelio de Jeff Vanderstelt. Su énfasis en la fluidez del evangelio ha moldeado todo desde mi poesía hasta mi música e incluso la manera en la que disciplino a mi hija de un año. Ha habido muchas ocasiones en las que la he encontrado salpicando el jugo por toda la cocina como si fuera una versión miniatura de Jackson Pollock, y he pensado: “La manera en la que reaccione en este momento va a establecer las bases de la manera en la que ella entenderá la gracia y el evangelio”.

Aunque ella es demasiado joven para entender ahora, el principio seguirá siendo muy pertinente. El evangelio debe impactarnos, no sólo teológicamente, sino también prácticamente. Desde nuestra predicación hasta la crianza de nuestros hijos, la buena noticia nos da los planos para saber cómo funcionar en estas esferas de una manera que glorifica a Cristo.

Yo creo que esa es la razón por la que la fluidez del evangelio debe primero enraizarse en nuestro corazón antes de que esperemos que florezca en nuestros respectivos ministerios. Ya sea que ese ministerio sea la maternidad o las misiones, me he dado cuenta de que, si no tengo la fluidez del evangelio en los pensamientos de mi vida, entonces tampoco la voy a tener al momento de hablar. Si no tengo fluidez al hablar del evangelio, entonces tampoco la tendré en mi evangelismo o en mi discipulado. Me he encontrado con muchos hombres y mujeres piadosos que están caminando a través de la vida con las personas de sus iglesias, enseñándoles cómo estudiar la Escritura, ayudándolos a entender las disciplinas espirituales, las finanzas, las relaciones interpersonales, y muchas otras cosas. Sin embargo, el punto ciego y engañoso de esas relaciones de discipulado es que, ellos discipulan a las personas para que aprendan cómo hacer todas esas cosas exitosamente, pero sin Cristo. ¡Oh, cuán fácil es crear una mujer y un hombre a nuestra imagen! Personas que viven de una manera moralmente correcta al mismo tiempo que son deficientes con respecto al evangelio. Les hacemos un gran daño a las personas que Dios nos ha llamado a discipular, cada vez que los discipulamos en cualquier otra cosa que no sea Cristo.

Cuando somos fluidos en el evangelio, inevitablemente nuestra manera de vivir es moldeada, y por consiguiente eso afecta la manera en la que nos relacionamos con el mundo a nuestro alrededor. Por esa razón este libro es tan profundamente necesario. Ya que, nos hará volver a los fundamentos básicos del cristianismo, en donde la buena noticia es buena noticia otra vez; donde el hermoso recordatorio de lo que Dios hizo por nosotros en Cristo puede romper el caos y llevarnos hacia el amor de Dios; donde el evangelio no es el apéndice del sermón, sino la montaña sobre la cual se sostiene la predicación; y donde podemos reconocer que el evangelio no sólo nos salva sino también nos guarda.

Jackie Hill Perry

Agradecimientos

En primer lugar, tengo que agradecerle a Justin Taylor por impulsarme continuamente a escribir La vivacidad del evangelio. Aunque Saturate [Saturar] fue mi primer libro, Justin me ha impulsado gentilmente a escribir este libro por muchos años. Él ha escrito en sus blogs acerca de mi entrenamiento sobre la fluidez del evangelio, envió incontables tuits, y constantemente me preguntaba si alguna vez lo imprimiría. Se aseguró de que eso pasara, así como se aseguró de que publicara este libro con Crossway. Y lo hizo así porque el creyó que esta obra puede servirles a muchos, y yo oro sinceramente para que así sea.

También tengo que reconocer cómo es que Josh McPherson y la familia de Grace Community Church en Wenatchee, WA, contribuyeron con esta obra. Hace años, Josh y la familia de GCC me proveyeron de lugares en los que podía apartarme para escribir, porque ellos creyeron que este libro podía servirle grandemente a la iglesia. Gracias Josh y GCC, por brindarme el espacio para realizar mis escritos, ya que finalmente eso me permitió terminar La vivacidad del evangelio.

Y, probablemente nunca hubiera empezado a escribir, si Sealy Yates, mi agente, no hubiera escuchado a dos de sus autores, los cuales le recomendaron que me siguiera. Gracias, Sealy, por animarme a enviar la propuesta inicial del libro a los editores y por contactarme con el equipo de Crossway, el cual ha sido una gran bendición para mí en este proceso.

Gracias, Greg Bailey, por editar tanto La vivacidad del evangelio como Saturate [Saturar]. Has mejorado mi trabajo.

Abe Meysenburg y Randy Sheets, junto con Jayne, ustedes son mis amigos fieles, quienes nunca dudan en proclamar el evangelio para mi incredulidad y edificarme con el evangelio en mis momentos de desesperanza. He podido crecer en Cristo inmensamente, porque ustedes me hablan del evangelio. Son unos amigos verdaderos.

También quiero agradecerle a Amy Lathrop, Rachel Northey, y Sara Parker, quienes leyeron muchas versiones de este libro mientras estaba siendo escrito, y me proveyeron de una gran retroalimentación al mismo tiempo que me animaron a no rendirme cuando tuve días malos.

Estoy profundamente en deuda con Tim Keller por la gran influencia que ha tenido en mi vida, mayormente a través de su predicación, su entrenamiento, y sus escritos. Estoy seguro de que no tendría fluidez en el evangelio si no hubiera aprendido tanto de Tim. Aparte de Jesucristo, la vida y la obra de Tim ha tenido más impacto sobre La vivacidad del evangelio que cualquier otra cosa.

Y por supuesto, con Quien tengo la mayor deuda por la eternidad es con mi Salvador y Señor, Jesús. Te amo, Jesús, y viviré por siempre para desplegar y declarar Tu gloria. Tú mereces más de lo que cualquiera de nosotros podría darte, y por esa razón, yo, junto con muchos otros, voy a pasar la eternidad cantando, proclamando, y desplegando Tu alabanza. Eres digno de toda la alabanza, gloria, y honor—mi Rey, mi Salvador, mi Señor, y mi Amigo.

Parte 1 La vivacidad del evangelio

1 Todos somos incrédulos

Yo soy un incrédulo. Tú también lo eres.

Y tal vez estás pensando: “¡Espera un momento!” “¿Qué haces escribiendo un libro acerca del evangelio de Jesucristo si tú eres un incrédulo? y, además, ¿qué es lo que tú sabes acerca de mí? ¿quién piensas que soy?”

Yo crecí creyendo que las personas se encontraban dentro de dos categorías: o eres creyente o eres incrédulo; o crees en Jesucristo y lo que Él ha hecho por nosotros o no lo crees. Pero ahora, después de más de 25 años siendo pastor, puedo ver que cada uno de nosotros es un incrédulo, incluyéndome a mí—al menos en algunas áreas de nuestras vidas.

No me malinterpreten. Yo sí creo que existen personas que son hijos de Dios regenerados y que hay otras personas que todavía no lo son. Hay quienes han recibido una vida nueva a través de la fe en Jesús. Ellos han sido hechos nuevas creaciones y han tenido un nuevo comienzo por causa de su fe en Jesucristo y en lo que Él ha hecho por ellos. Y también creo que hay otros que siguen muertos en sus pecados y no están verdaderamente vivos en Cristo (vea Juan 1:12–13; 2 Corintios 5:17; Efesios 2:1–10).

Cuando digo que todos somos incrédulos, me refiero a que seguimos teniendo cosas en nuestras vidas en los que no le creemos a Dios. Hay aspectos en donde no confiamos en Su Palabra y no creemos que lo que Él logró en Cristo es suficiente para lidiar con nuestro pasado, o con lo que estamos enfrentando en este momento, o en lo que está por venir.

No creemos que Su Palabra es verdad o que Su obra es suficiente.

No creemos. Somos incrédulos.

Yo lucho contra la incredulidad de manera cotidiana. Tengo una conversación con mi esposa, y cuando ella señala algo en lo que todavía tengo que mejorar, escucho la palabra fracaso en mi cabeza.

Intento dirigir una buena conversación acerca de la Biblia durante la cena con mis hijos, pero en lugar de que ellos estén al filo de sus asientos con mucho entusiasmo, los veo con sus cuerpos encorvados y con sus ojos en blanco. Mal padre.

Enseño acerca de ser un buen vecino, uno que conoce las historias de las personas que viven en tu calle, pero desde que me mudé al vecindario en el que vivimos actualmente, hace unos meses, la única historia que conozco es la de mis intentos fallidos por conocer a las personas. Hipócrita.

Incredulidad.

Me deslizo dentro y fuera al momento de creer en la Palabra de Dios acerca de mí y de Su obra por mí. Jesús dio Su vida para hacerme una nueva Creación. Él murió para perdonarme de mis pecados y cambiar mi identidad de pecador a santo, de fracasado a fiel, y de malo a bueno e incluso justo y santo. Pero olvido lo que Él ha dicho acerca de mí. Olvido lo que ha hecho por mí. Y a veces no es que se me olvide. A veces es sólo mera incredulidad. Yo sé estas cosas. Simplemente no las creo.

Soy un incrédulo. Por supuesto, no lo soy en todo momento. Pero sí tengo algunos momentos.

Y tú también. Estoy seguro de eso.

Todos luchamos con la incredulidad en Dios, porque el mensaje de Quién es Él y qué ha hecho por nosotros a veces puede sonar increíble. Todos tambaleamos de aquí para allá, en nuestra confianza de que lo que Él ha hecho por nosotros en Jesús es suficiente para nosotros hoy.

Es muy posible que, aunque estés familiarizado con Jesús, todavía no hayas creído en Él para tu vida. O tal vez has venido a la fe en Jesús, pero ésta no ha cambiado verdaderamente tu vida diaria o la manera en la que te involucras en tus actividades cotidianas.

El apóstol Pablo les dijo a los creyentes en Jesús de Galacia: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios [Jesús], el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2:20). Ellos habían comenzado con fe en Jesús, pero estaban poniendo su fe y su esperanza en algo más que los hiciera justos en lugar de Jesús. Pablo los llamó a tomar conciencia de que la buena noticia acerca de Jesús—el evangelio—es para toda la vida: es todo.

Una vida de vivir verdaderamente es una vida de fe en Jesús, una vida de creer en Jesús en las actividades cotidianas de la vida.

Yo sigo aprendiendo cómo vivir de esa manera. Pues sigo siendo incrédulo de muchas maneras. Sin embargo, no quiero permanecer en esa condición. Quiero que toda mi vida esté marcada por la fe en Jesús.

Dios tiene la intención de hacer que todo sea acerca de Jesús, porque a través de Él todas las cosas llegaron a existir, y en Él todas las cosas subsisten (Efesios 1:22–23; Colosenses 1:15–20).

Dios también quiere rescatarte de la incredulidad y santificarte para hacerte semejante a Jesús. La santificación sólo es una palabra grande que se refiere a comenzar a ser cada vez más como Jesús a través de la fe en Jesús. Te vuelves semejante a aquello en lo que crees. Así que, volvernos semejantes a Jesús requiere que creamos en Él cada vez más, en cada parte de nuestra vida. La santificación es pasar de la incredulidad con respecto a Jesús a la creencia en Él en las actividades cotidianas de la vida.

Todavía no has llegado a ese nivel ¿o sí? Yo tampoco. Seguimos siendo incrédulos que necesitan a Jesús más—en más formas y más aspectos.

Mientras escribo este libro, me doy cuenta de lo mucho que necesito a Jesús. A veces creo que mis escritos pueden cambiar una vida. Pero cuando un día de escritura no resultó ser tan provechoso, me sentí aplastado bajo el peso de esa responsabilidad. Y tuve la necesidad de creer una vez más que Dios es el que cambia las vidas, no yo.

Es verdad que Él obra a través de nosotros para cambiar a otros, pero Él no depende de qué tan bueno sea nuestro desempeño. Dios puede hablar a través de cualquier persona y cualquier cosa. De hecho, una vez Él habló a través de un burro, así que imagino que Él puede hablar a través de mí.

Al recordar esto, pasé de la incredulidad a la fe. “Jeff”, me dije a mí mismo (o algunos me lo dicen cuando se me olvida), “confía en la obra de Dios, no en la tuya. Cree en Sus palabras dichas sobre tu vida a través de Jesús, no en las tuyas”. Así que de esa manera puedo descansar una vez más y continuar escribiendo.

De manera que sigo escribiendo como fruto de mi fe en Jesús.

Esto no sólo me pasa cuando estoy escribiendo. Me doy cuenta de que necesito esto cuando tengo que levantarme temprano para ejercitarme; cuando considero cómo vamos a pagar nuestras cuentas; o cuando me encuentro estancado en la Interestatal 405, la cual llamamos autopista, pero que por lo regular no avanza cuando necesito llegar a un lugar y avanzar más rápido que todos los demás que están en el camino.

Necesito recordar eso porque lo olvido. Necesito creer porque no creo.

Afortunadamente, no estoy solo en esto. Tengo una comunidad de personas a mi alrededor que también son incrédulos profesos. Ellos creen en Jesús, pero no todo el tiempo para todas las cosas. Al menos no por el momento.

Estamos juntos en este viaje, avanzando de la incredulidad a la fe en Jesús más y más cada día—y a veces con menos intensidad en el día que sigue.

Por esa razón estoy escribiendo este libro. Yo sé que necesito este libro, así como tú.

Todos nosotros nos enfrentamos con luchas y batallas diarias, a veces de parte de enemigos que ni siquiera podemos ver. Escuchamos mentiras y acusaciones. Luchamos contra las tentaciones y a veces somos engañados. Escuchamos palabras que fueron dichas sobre nosotros cuando éramos más jóvenes, las cuales hacen eco en nuestros corazones de maneras que no dan vida a nuestras almas. Miramos nuestras situaciones presentes y deseamos que fueran mejores. Y muchos de nosotros enfrentamos futuros inciertos que, sin Dios, nos llevan a vivir con ansiedad, preocupación, y temor.

Todos nosotros necesitamos ayuda porque cada uno de nosotros puede encontrar bastantes razones para no creer, para no tener esperanza, y para no confiar en la Palabra de Dios y en Su obra por nosotros.

Necesitamos el evangelio y necesitamos convertirnos en personas que hablan el evangelio con fluidez. Necesitamos saber cómo creer y cómo hablar las verdades del evangelio—la buena noticia de Dios— en y dentro de las actividades cotidianas de la vida. En otras palabras, necesitamos saber cómo abordar las luchas de la fe en las actividades diarias en las que estamos involucrados, con lo que es verdad de Jesús: las verdades de lo que Él ha logrado a través de Su vida, Su muerte, y Su resurrección, y como resultado, lo que es verdad de nosotros cuando ponemos nuestra fe en Él. El evangelio tiene el poder para afectar todo en nuestras vidas.

Escribo este libro porque amo a los incrédulos y sé que Dios también. Él te ama y quiere salvarte de tu incredulidad.

Yo creo que la única esperanza para nosotros es el evangelio de Jesucristo y las comunidades que comparten su vida al mismo tiempo que proclaman el evangelio para las vidas cotidianas de otros: comunidades con fluidez en el evangelio.

Jesús dijo que tenemos que hacer discípulos que puedan hacer discípulos (vea: Mateo 28:18–20), y un discípulo de Jesús debe saber, creer, y ser capaz de hablar el evangelio. Él o ella debe ser capaz de llevar a otros a saber, creer, y hablar el evangelio.

Mi esperanza es que este libro, en primer lugar, pueda traer esperanza y sanidad para ti mientras comienzas a creer y aplicar las verdades del evangelio en tu vida. También espero que tú y otros a tu alrededor adquieran fluidez en el evangelio, para que juntos sean capaces de llevar a otros a encontrar esperanza y ayuda en Jesús, en cada parte de sus vidas.

Estoy más seguro que nunca de que si no creen en el evangelio, los pecadores sufrirán un castigo eterno, y los santos no podrán vivir sus vidas para darle gloria y honor a Jesucristo.

Así que, mi esperanza es que más pecadores sean salvos de la condenación y más santos sean liberados para vencer al pecado, al temor, y a la inseguridad de sus vidas diarias.

Espero que este libro te lleve de la incredulidad a creer más en el evangelio de Jesucristo, y que te equipe para ayudar a otros a hacer lo mismo.

2 Dales a Jesús

“¡Es un tonto! Me volvió a hacer lo mismo”, dijo Alisa.

¿Qué hizo?”, le preguntó uno de los miembros de nuestro grupo.

“Lo mismo que siempre hace—cancelar a última hora, cuando es su turno de recoger a las niñas para el fin de semana. Y cuando hablo con él acerca de eso, él me intimida e intenta amenazarme. Me asusta. Y constantemente estoy pensando cómo voy a salir adelante económicamente si él no nos apoya. La mitad del tiempo no quisiera que las niñas estén con Él, pero sé que ellas necesitan ver a su padre. Yo no quiero verlo ni hablar con él. ¡Es muy intimidante! No puedo continuar con esto. Constantemente estoy preocupada y me cuesta mucho trabajo dormir”.

El esposo de Alisa la engañó con su mejor amiga. Y debido a eso, el matrimonio había terminado en divorcio. Ninguno de los dos creía en Jesús. Además, poco después de que la engañara, la casa de Alisa fue destruida en un incendio, y ella perdió todo.

Alisa fue presentada a nuestra comunidad cuando Clay y Kristie, quienes eran nuevos cristianos y miembros de nuestra comunidad misional, preguntaron si estaríamos dispuestos a ayudarla. Ellos conocían a Alisa a través de un amigo en común, y nuestros hijos asistían a la misma escuela. Sin esposo y sin una casa, era evidente que Alisa necesitaba la ayuda de la familia de Dios.

Así que nos organizamos para comprar comida y proveerle de dinero para comprar ropa y otros artículos que eran necesarios. Por una temporada, ella y sus dos hijas vivieron con Clay y Kristie y sus dos hijos, Emma y Keagan. Con el tiempo, Alisa comenzó a salir con nuestra comunidad misional y comenzó a aprender acerca de Jesús con nosotros.

“No te preocupes”, dijo uno de los hombres de nuestro grupo. “¡Nosotros nos encargamos de él! No vamos a dejar que te trate de esa manera”.

Y alguien más intervino diciendo: “¡Alisa, no puedes soportar esto! Tienes que enfrentarte a él. Y si tú no lo haces, lo haremos nosotros. No nos vamos a quedar simplemente viendo qué es lo que te ocurre”.

La conversación continuó en el mismo tono durante algunos momentos, hasta que me di cuenta de lo que estaba pasando.

“¡Esperen un minuto, todos!” dije. “Eso no es lo que Alisa necesita en este momento. Ella no necesita que nosotros hagamos que el asunto gire en torno a su esposo más de lo que ya lo hace”.

Yo sabía que mucho de su problema tenía que ver con el hecho de que le había permitido a su esposo que tuviera mucha influencia sobre ella. Él había tomado un lugar central en su vida, hasta el punto en el que ella era controlada emocionalmente por cada una de las acciones de este hombre. En un sentido, él se había convertido en un dios para ella.

Y entonces yo dije: “Lo único que estamos haciendo es ratificarlo a él como el problema. Nos estamos enfocando en que él cambie. Y es verdad, lo que él hace está mal. Pero no podemos hacer que todo gire en torno a él. ¿Qué tal si él nunca cambia? Alisa seguirá estando esclavizada a su espíritu quebrantado. Nosotros no podemos cambiarlo. Alisa tampoco puede. Sólo Dios puede hacerlo”.

Lo que Alisa necesitaba era que la dirigiéramos hacia Dios para que Él la ayudara. Ella necesitaba algo mucho mejor que ocupara el lugar central de su vida y de su atención— alguien que verdaderamente pudiera liberarla y cambiarla desde su interior. Así que, dije: “Necesitamos darle a Jesús, no nuestros esfuerzos por cambiar a su ex esposo. No estoy diciendo que no deberíamos tener una conversación con él acerca del mismo punto, o que no deberíamos hacer algo para protegerla. Sin embargo, tenemos que comenzar con Jesús en primer lugar”.

Y me dirigí a Alisa diciendo: “Necesitas a Jesús para que te ayude a vencer tu temor. Necesitas que Jesús sea tu fuente de seguridad y amor. De hecho, también necesitas a Jesús para que te ayude a perdonar y amar a tu ex esposo”.

Yo he visto que este patrón se repite muchas veces a lo largo de los años. Y yo mismo he sido culpable de eso. Las personas comparten sus problemas y, con muy buena intención, otros dan consejos y tratan de actuar para ser ellos mismos la solución. Las personas sí necesitan respuestas. Se encuentran necesitadas de ayuda. Pero nosotros fracasamos en nuestro intento de ayudarles si no les damos a Jesús. Él es la mejor respuesta y la ayuda más poderosa que ellos pueden recibir.

Habla la verdad

El apóstol Pablo, en su carta a la iglesia de Éfeso, dice: “Y El dio a algunos el ser apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas, a otros pastores y maestros, a fin de capacitar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo; hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento pleno del Hijo de Dios, a la condición de un hombre maduro, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; para que ya no seamos niños, sacudidos por las olas y llevados de aquí para allá por todo viento de doctrina, por la astucia de los hombres, por las artimañas engañosas del error; sino que hablando la verdad en amor, crezcamos en todos los aspectos en aquel que es la cabeza, es decir, Cristo” (Efesios 4:11–15 LBLA).

La intención de Dios es que cada persona que llegue a tener una relación con Él a través de Jesucristo finalmente crezca en madurez. Y la madurez luce como Jesús. Él es un humano perfecto, el cual nos provee de un ejemplo de lo que nosotros deberíamos ser. Un cristiano maduro es uno que se parece a Jesucristo en pensamiento, actitud, emoción, y comportamiento. Y uno de los caminos más significativos a través del cual crecemos en madurez, es por medio de hablar la verdad en amor unos a otros.

Muchos creen de manera errada que hablar la verdad en amor en realidad es sólo hablar palabras duras hacia otras personas, con corazones amorosos: “Tienes mal aliento, pero como te amo, tengo que decirte la verdad”. “Queremos que estés en nuestro grupo, pero no eres muy amable con otros, y como resultado, las personas no quieren estar a tu alrededor. Solo te estoy diciendo la verdad en amor”. Pero eso no es de lo que Pablo está hablando aquí. Es verdad, tenemos que hablar con sinceridad a cada persona y debemos hacerlo con amor, pero Pablo tiene algo más en mente.

Y necesitamos leer sólo unos cuantos versículos más para descubrir a qué se refiere. En el versículo 21, él aclara cuál verdad debemos hablar unos con otros, él declara “la verdad que está en Jesús”. “Hablar la verdad en amor”, para Pablo, es el equivalente a “hablar de lo que es verdad acerca de Jesús” unos con otros, es decir, hablar del evangelio unos con otros. Pablo sabe que, si las personas van a crecer en Cristo en todo sentido, ellos necesitan escuchar las verdades de Jesús (el evangelio) y aprender a hablarlas en todo.

Como le gusta decirlo a mis amigos Steve Timmis y Tim Chester: “¿Cuál es la pregunta? Jesús es la respuesta. ¿Cuál es el problema? Jesús es la solución”.

Muy a menudo, cuando les damos respuestas a las preguntas de las personas o les damos soluciones para sus problemas, les estamos dando algo que no es Jesús. Si están luchando con sus finanzas, les damos los mejores planes para la elaboración de presupuestos que conocemos. Si están pasando por discordias dentro de una relación, les enseñamos técnicas de comunicación. Si están luchando con la duda, los desafiamos a que sólo crean, prometiéndoles que todo va a mejorar si lo hacen.

Pero si no les damos a Jesús, entonces hemos fracasado.

En algunos casos, los animamos a leer sus Biblias o a orar, lo cual por supuesto es maravilloso. Sin embargo, si no les enseñamos a encontrarse con Jesús y a conocerlo a través de la lectura de la Biblia y la oración, corremos el peligro de alejarlos de Jesús a través de cosas muy buenas. Así es el corazón de la idolatría, toma cosas buenas y las convierte en “dioses”. Tomamos algo que Dios nos ha dado para dirigirnos a Él, pero amamos y dependemos más de ese algo que de Él. Y como resultado, no nos acercamos a Él a través de eso.

Perdiendo de vista a Jesús

Los líderes religiosos de los días de Jesús eran grandes eruditos de la Biblia y los que hacían las oraciones más religiosas. Sin embargo, habían perdido completamente de vista a Jesús. En una ocasión, Jesús les dijo: “Examináis las Escrituras porque vosotros pensáis que en ellas tenéis vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí; y no queréis venir a mí para que tengáis vida” (Juan 5:39–40 LBLA). Ellos amaban las Escrituras que apuntan hacia Jesús, pero ellos no amaban ni dependían de Jesús. ¡Ellos perdieron completamente de vista el punto central!

He conocido a muchas personas que aman sus Biblias y que no tienen una relación genuina con Jesucristo. En realidad, ellos no Lo conocen. Ellos no Lo aman verdaderamente. No Lo adoran de verdad. En lugar de eso, ellos adoran a sus Biblias. No están creciendo en madurez porque no están creciendo en Cristo.

Los estudios de la Biblia son maravillosos. La oración es asombrosa. Aplicar la sabiduría para planeaciones financieras, para la construcción de relaciones interpersonales, y para cualquier otra área de la vida es muy importante y necesario. Sin embargo, si fracasamos en darles a otros a Jesús, los estamos alejando de Él. Y de esa manera podemos crecer en conocimiento de la Biblia, pero no en amor por Jesús. Podemos convertirnos en las personas que oran de la manera más religiosa que otros y aun así podemos estar hablando del dios equivocado. Podemos tener nuestras finanzas en orden, al mismo tiempo que nuestros corazones están completamente desordenados, porque estamos haciendo todo por las razones incorrectas. Podemos ser excelentes en nuestra manera de comunicarnos y en la resolución de conflictos, pero si no estamos reconciliados con Dios a través de Jesucristo, entonces nuestras relaciones serán superficiales y temporales por naturaleza.

Piénsalo de esta manera: si hemos de ayudarnos unos a otros a crecer en Cristo en todas las áreas, necesitamos aprender cómo hablar las verdades de Cristo en todas las áreas—en cada aspecto de la vida, en cada situación que enfrentamos, y en cada problema que buscamos resolver.

¿Qué es lo que el evangelio de Jesucristo nos enseña acerca de nuestras finanzas? ¿Cómo debemos abordar las discordias que surgen en nuestras relaciones a la luz del evangelio? ¿Cómo es que lo que sabemos acerca de Jesús moldea la manera en la que lidiamos con la ansiedad y el temor? Si hablamos de las verdades de Jesús en medio de todos estos asuntos o situaciones, vamos a crecer juntos en cada área con Cristo, lo cual significa que también vamos a crecer en cada área en Cristo.

En otras palabras, si vamos a crecer en semejanza a Cristo, debemos crecer con las verdades de Jesús.

Sin embargo, si tratamos de instruir, aconsejar, o crecer unos con otros utilizando algo aparte de las verdades de Jesucristo, entonces cada área en la que hablemos algo que no sea las verdades de Cristo será un área en la que nos alejaremos de Él. Esta es la razón por la que muchas personas buscan a Jesús sólo para su vida después de la muerte; porque se les han dado las verdades de Jesús principalmente como la respuesta para ir al cielo después de la muerte. Pero ellos tienen poco conocimiento de cómo es que Jesús les da una mejor respuesta para saber qué hacer con su dinero, su sexualidad, su trabajo, o su familia. Jesús es la buena noticia para ellos después de la muerte, pero ellos erradamente creen que Él tiene poco o nada que ver con sus actividades cotidianas de la vida.

Pero Él tiene verdad que ofrecer—para todo. Él tiene una mejor verdad y Él es una mejor verdad.

Jesús es el verdadero y mejor humano, y todo en la vida es mejor si Jesús es parte de ello. Él ha hecho que todo sea mejor. Él puede hacer que todo sea mejor. Y las verdades acerca de Quién es Él y qué ha hecho por nosotros, cuando son aplicadas a nuestras vidas, siempre son una mejor respuesta que cualquier otra cosa. Hay una buena noticia y una gran ayuda para absolutamente todo en la vida, la persona, y la obra de Jesucristo.

Jesús y el sexo

Por ejemplo, consideremos ahora la sexualidad. Yo recuerdo que, cuando estaba creciendo, escuché personas que decían: “Debes esperar hasta que te cases para tener relaciones sexuales porque el sexo siempre es mejor si esperas”.

Bueno, en primer lugar, eso no es completamente cierto. Como hombre casado, me he dado cuenta de que el sexo es mejor cuando más lo practicas. En serio, eso es cierto.

De hecho, le digo a la mayoría de las parejas que vienen por consejería antes del matrimonio que su primera noche juntos probablemente será la peor relación sexual que tendrán, pero que mejorará con la práctica. No es que la noche de bodas vaya a ser mala. Involucrarte en un intercambio sexual con una persona a la cual te has comprometido de por vida es una experiencia increíblemente sagrada y agradable. Es un plan bueno y correcto de Dios que la intimidad sexual sea reservada para el matrimonio.

Sin embargo, el motivo de la abstinencia sexual no es porque las relaciones sexuales en el futuro son mejores. De hecho, esa motivación lleva hacia una experiencia opuesta. ¿Por qué? Bueno, porque si la razón principal para esperar a involucrarte en la intimidad sexual es tu propia satisfacción, entonces has socavado el propósito de la intimidad sexual. El propósito no es el cumplimiento de tus deseos egoístas. De hecho, la mayoría de los problemas matrimoniales que me encuentro cuando aconsejo a cónyuges tienen que ver con la mentalidad defectuosa de que el matrimonio se trata de ellos y del cumplimiento de sus propios deseos. Las parejas en los mejores matrimonios entienden que darse a sí mismo para agradarle a su pareja es algo que glorifica a Dios, satisface al otro, y también trae un gran gozo personal. Los grandes matrimonios buscan dar, en lugar de buscar ser servidos.

¿Cómo sé eso? Porque el sexo y el amor fueron creados por Dios, y Jesús nos mostró, en Su vida y en Su muerte, cuál es la mejor manera de amar.

Así que, ¿cuál es la razón que le vas a dar a las personas para que se abstengan de la actividad sexual antes del matrimonio?

Dales a Jesús.

Diles que la imagen que Dios nos ha dado de Su amor por Su pueblo es la imagen de un esposo en busca de su esposa. Dios amó a Su esposa de tal manera que la buscó fielmente durante cientos de años. Y finalmente, Dios Se hizo carne en forma de un bebé llamado Jesús, y vivió humildemente como humano por 33 años. El escritor de Hebreos dice que Jesús es capaz de compadecerse de nuestras debilidades porque fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado (Hebreos 4:15). Él nos entiende plenamente, a Su iglesia, Su esposa, porque se puso en sus zapatos. Por lo tanto, Él es capaz de vivir con Su esposa de una forma en la que la entiende, así como Pedro instruye a los esposos (1 Pedro 3:7). Jesús realmente conoce a Su esposa, así que Él es empático con ella. Él la entiende mejor de lo que cualquier hombre puede entender a una mujer.

Jesús amó a Su esposa lo suficiente para servirle y dar Su vida en rescate por ella. Ella le fue infiel. Ella se entregó a otros. Ella no lo esperó, sino que se llenó de impaciencia y fácilmente se unió a aquellos que no estaban comprometidos con la relación de pacto. Y, aun así, Él pagó el precio de Su esposa con Su propia vida para sacarla de su esclavitud adúltera. Su muerte en la cruz pagó la deuda de los pecados de ella y la limpió de todas sus inmundicias. Con Su propia vida, Él compró para ella un vestido de novia perfectamente puro. De hecho, el vestido que ella usa es Su justicia, la cual la cubre de la vergüenza de su pecado. Él murió para darle libertad, pureza, y amor eterno. Después, Él resucitó y fue a preparar un lugar para ella. Un día, Él vendrá por Su novia y la llevará a Su hogar en el que morará con Él por siempre. Y, aunque han sido más de dos mil años, Él está esperando pacientemente por el día en el cual Su novia estará preparada por completo, y Él consumará el matrimonio en la fiesta de bodas más grande de la eternidad. Todo este tiempo, Él ha estado esperando a su novia con paciencia. Habla acerca de un amante fiel, amoroso y paciente, el cual está dispuesto a esperar por el amor de Su vida.

La razón por la que debemos esperar a tener relaciones sexuales hasta que nos casemos es por causa de la fidelidad de Jesús hacia nosotros. Nosotros somos Su novia, y vivimos para contar la historia de Su amor por nosotros.

Jesús compró nuestras vidas para que nosotros podamos desplegar Su amor puro, santo, desinteresado, y perfecto para con nosotros. Y si fallamos— cuando fallamos—recordamos el amor de Dios por nosotros y corremos a la cruz en fe, confiando que Jesús murió por nosotros. Creemos que Su muerte pagó por nuestros pecados y nos limpió de toda injusticia; que ahora estamos vestidos con Su justicia; que hemos sido cambiados; que somos hechos nuevos; y que Dios nos ha declarado puros a través del amor puro de Jesucristo.

Esto no sólo cambia quienes somos. También cambia la manera en la que vivimos.

Por causa del amor puro de Jesús hacia nosotros, nosotros queremos contar la historia de Su amor, desplegándolo a través de nuestra propia pureza sexual. Queremos ser sexualmente puros no por motivos egoístas sino por razones piadosas: queremos que el mundo sepa que, aunque hemos traicionado al amor de nuestra vida, hemos sido perdonados y hechos nuevos, y Él no nos ha abandonado por causa de lo que hemos hecho. Queremos que las personas puedan ver eso en nuestra pureza sexual. También queremos que lo escuchen en Su perdón. Queremos que escuchen que, aunque hemos pecado—y ellos también—tenemos a Alguien que puede hacernos puros porque Él nunca pecó. Su pureza es nuestra y la nuestra es Suya.

¿Qué le debemos decir a las personas acerca de la pureza sexual y la inmoralidad sexual?

¡Les debemos dar a Jesús!

Somos el pueblo de Jesús, que habla las verdades de Jesús en las actividades cotidianas de la vida.

Habla de las verdades de Jesús para ordenar correctamente nuestros presupuestos. Habla de las verdades de Jesús para encontrar un cónyuge. Habla de las verdades de Jesús para saber cómo responder a nuestros empleadores y a nuestros empleados. Habla de las verdades de Jesús para saber cómo criar a nuestros hijos. Habla de las verdades de Jesús para todo.

Alisa necesitaba que las verdades de Jesús—el evangelio—fueran habladas hacia ella cuando estábamos reunidos en nuestro grupo.

“Alisa”, le dije, “Jesús es el único hombre que nunca te va a desamparar”. Todos los otros hombres te van a fallar, pero Él nunca. Dios quiere que dejes de mirar a tu ex esposo, o a cualquier otro hombre como si ellos pudieran ser para ti lo que sólo Jesús puede ser. Él quiere que Jesús sea el centro de tu corazón, de tus afectos, y de tu esperanza. Jesús quiere que sepas que Él te ama mucho y que quiere ser tu supremo protector y proveedor”.

“Pero ¿cómo puedo estar segura de que Él me va a cuidar?” ella preguntó.

“Bueno, Dios te amó tanto que Él envió a Su único Hijo para morir en la cruz por tus pecados. Siendo enemiga de Dios, Dios te amó lo suficiente para morir por ti, para que puedas ser perdonada. Y puedes tener la certeza de que Él puede proveerte. Si Él no escatimó a su único Hijo, puedes tener la certeza de que Él también te dará cada buena dádiva que necesites.

“Y no sólo te amó y quiere proveer para ti”, continué diciendo: “sino que Él quiere liberarte de tu pasado. Jesús sufrió por el pecado—el tuyo y el de otros—no sólo para que tú seas perdonada, sino también para que seas capaz de perdonar a otros y seas sanada de las heridas que has recibido por causa de los pecados cometidos en tu contra. Dios quiere que vayas a Él a través de la fe en Jesús para el perdón y la sanidad.

“Con el tiempo podemos hablar con tu ex esposo si así lo quieres, pero lo que es más importante es que te encuentres con Jesús, y empieces a entender Su amor por ti, y seas sanada por Él. Lo que es más importante es que Jesús se convierta en el centro de tu vida, en lugar de tu ex esposo o de cualquier otra cosa. Sólo Dios puede perdonarte y proveer lo que necesitas en realidad, y amarte por siempre a través de lo que Jesús ha hecho por ti” (vea: Juan 3:16; Romanos 5:8; 8:32).

Ese fue el inicio de muchas conversaciones similares con Alisa acerca de Jesús.

Así es como luce el hablar de las verdades de Jesús en las actividades cotidianas de la vida. Así luce el que las personas conozcan a Jesús en su vida cotidiana, no sólo después de la muerte.

Esa es la fluidez del evangelio.

Ahora, consideremos lo que se requiere para convertirnos en personas con fluidez en el evangelio.

3 Fluidez

¿Alguna vez has viajado a un lugar en el que no se habla tu lengua nativa? Cuando yo servía como pastor de jóvenes, a menudo llevábamos a los estudiantes a viajes misioneros en lugares en donde la gente habla español. Para que cada uno estuviera preparado, nuestro traductor nos enseñó un curso rápido de español básico. El equipo aprendió a decir cosas como “Mi nombre es…”; “Tengo hambre”; y “¿Dónde está el baño?” (lo cual es muy importante). También nos enseñaron algunas diferencias culturales básicas para que cada persona del equipo fuera muy cuidadosa y no ofendiera a nadie de manera innecesaria. Invertimos algunos meses antes de nuestros viajes practicando español con otros que no conocían el idioma (tal vez esa no fue la mejor manera de aprender, ya que eso es como cuando un ciego guía a otro ciego).

Mi esposa, Jayne, quien definitivamente es más divertida que yo, aprendió “espanglish”. En sus ocurrencias, ella tuvo un poco de mucha diversión durante el proceso. Ella ponía la palabra “el” al frente de las palabras y “o” al final y usaba un poco de español por aquí y por allá: “Where-o is el bathroom-o?” “Me llamo is Jayne and I am very hungry-o”; o “My husband is very guapo and I want to kiss-o el jefe!” Todos estábamos muy entretenidos con sus ocurrencias.

Algunos miembros del equipo trataban de hablar inglés muy lento, pensando que la lentitud iba a dar como resultado una mayor comprensión en sus oyentes. Cuando las personas seguían sin entender, ellos hablaban todavía más lento y fuerte, asumiendo que la falta de comprensión era causada por la velocidad y el volumen, pero no por alguna deficiencia del idioma. Afortunadamente, las personas a las que estuvimos sirviendo ya se esperaban eso y por lo general se divirtieron con nuestras ocurrencias. Nuestro problema era que sabíamos lo suficiente para sonar como si conociéramos un poco de español, pero nunca supimos lo suficiente como para tener una conversación real.

A veces hacemos lo mismo con nuestro entrenamiento del evangelio.

Estoy muy agradecido de poder decir que recientemente ha existido un interés mayor por recibir entrenamiento para aprender a hablar del evangelio, tanto unos a otros dentro de la iglesia como con las personas de afuera. Sin embargo, me temo que nuestra eficiencia a veces ha sido menor de lo que esperábamos. La mayor parte de nuestro entrenamiento refleja el enfoque y la efectividad que tuvimos en nuestro entrenamiento del idioma para nuestras misiones interculturales de corto plazo, y eso nos ha llevado a tener experiencias similares.

Evanglish

En las clases de la escuela dominical o en los cursos de la iglesia, les enseñamos a los creyentes a rociar un poco de las verdades del evangelio en sus conversaciones. O les damos presentaciones cortas para compartir o diagramas para dibujar, lo cual funciona muy bien si las personas tienen preguntas acerca de lo que se aborda en la presentación o en el diagrama. Sin embargo, en la mayoría de los casos, nosotros y las personas con las que hablamos somos como barcos que pasan de noche, porque podemos estarles dando respuestas a preguntas que ellos no están haciendo o podemos estar hablando un idioma que ninguno de nosotros entiende correctamente.

Así que cuando “predicamos” fragmentos del evangelio, pensamos que estamos hablando el evangelio para otros, pero lo que la gente escucha no es la buena noticia. Eso puede contener elementos del evangelio, pero ellos no lo escuchan como una buena noticia porque no están escuchando las verdades de Jesús aplicadas a sus vidas y situaciones. Lo único que ellos reciben es un conjunto de frases que no tienen sentido en su contexto, cultura, o idioma.

“¿Por qué es que alguien tiene que morir por mí? ¿Cómo es que la sangre perdona pecados? ¿Qué es el pecado? ¿Por qué es tan importante lo que he hecho? ¿Cómo es que un hombre que vivió y murió hace dos mil años puede ayudarme?”

Así que mucha de nuestra plática suena un poco como el espanglish de mi esposa.

Me he dado cuenta de que la mayoría de los cristianos no sabe realmente por qué necesitamos el evangelio, qué es el evangelio, por qué es una buena noticia, y qué es lo que en realidad hace el evangelio—al menos no lo suficiente como para aplicarlo a las actividades cotidianas de la vida. No es que no puedan conocerlo bien, sino que muchos no están siendo equipados para convertirse en personas con fluidez en el evangelio. La mayoría de los creyentes se han convertido en personas que hablan un evangelio fragmentado, y que utilizan frases evangélicas de moda. Están hablando evanglish, pero no están hablando verdaderamente el evangelio de una forma en la que las personas puedan escuchar y creer. Dicen: “Pues predicamos el evangelio, pero ellos lo rechazan. Las personas tienen corazones duros y oídos sordos”.

Algunos de estos creyentes se envuelven en debates y comienzan a hablar más fuerte, como nuestros estudiantes en los viajes misioneros, pero lo único que logran es crear mayores objeciones contra el evangelio. Después citan pasajes de la Biblia acerca de regocijarnos en el sufrimiento por causa del evangelio, cuando, de hecho, las personas están rechazando lo que ellos dicen porque en realidad no están hablando la buena noticia.

Sí, yo sé que la Biblia enseña que el evangelio es la buena noticia para aquellos que se salvan y que es locura para los que se pierden, y que, por lo tanto, no va a tener sentido para todas las personas. Y también sé que no podemos hacer que las personas escuchen y crean. Algunos no lo van a hacer. Es Dios el que salva, y es el Espíritu de Dios Quién capacita a las personas para oír y entender la buena noticia acerca de Jesucristo (1 Corintios 1:18; 2:14).

Sin embargo, no estoy seguro de que podamos excusarnos cuando predicamos lo que nosotros creemos que es la “buena noticia”. Puede que no sea una buena noticia para nuestros oyentes si no nos damos el tiempo para escuchar, entender, y después hablar el evangelio hacia el quebrantamiento y el deseo real de sus almas, de una forma que ellos puedan escuchar—una forma que suena como la buena noticia de Jesús para ellos y para su situación actual.

Tenemos que mejorar en esto.

Puede ser algo gracioso cuando hablamos espanglish. Pero no es nada gracioso el hablar acerca del evangelio de Jesucristo y de las vidas de personas reales, quebrantadas, perdidas, y separadas de Dios.

Necesitamos convertirnos en personas con vivacidad del evangelio.

¿Cómo adquirimos la fluidez?

Puedes adquirir fluidez en un idioma cuando pasas de meramente traducir un idioma desconocido a uno que es más familiar, para interpretar toda la vida a través de ese nuevo idioma. La fluidez ocurre cuando puedes pensar, sentir, y hablar en un idioma. En un sentido el nuevo idioma se convierte en el filtro a través del cual percibes el mundo y ayudas a otros a percibir tu mundo y el suyo.

Yo pasé el segundo semestre de mi último año de estudios universitarios estudiando en España, para cumplir con mi requisito de idiomas. Antes de dejar Míchigan, tomé un curso de español básico, en el que aprendí algunos principios básicos de gramática y frases comunes. Era similar a las preparaciones de nuestro equipo misionero. Sin embargo, yo no iba a ir sólo una semana a servir con un grupo de estudiantes de habla inglesa. Iba a tomar clases universitarias en España, en donde la mayoría de mis interacciones sería en español por más de cuatro meses.

Vivía en una casa en donde la madre anfitriona no hablaba nada de inglés. Algunos de mis profesores sólo hablaban español, y la mayoría de las personas de la ciudad en la que vivía no hablaban inglés en lo absoluto. Durante el primer mes, cada noche llegaba exhausto a mi cama. La comunicación era algo desgastante. Tenía que escuchar atentamente a las personas cuando hablaban español (que al principio lo hacían bastante rápido), tenía que procesar cada palabra y cada frase, traducir al inglés, pensar en inglés lo que quería decir, traducirlo al español en mi cabeza, y decirlo al mismo tiempo que trataba de recordar cómo maniobrar mi boca para decir cada palabra correctamente. ¡Era agotador! Así que, durante ese tiempo, aprendí a escuchar mucho y a hablar muy poco, porque hablar era simplemente muy cansado.

Después de algunos meses de estar inmerso constantemente en el español en toda clase de actividades—escuchándolo en cada lugar al que iba, leyéndolo en cada señalamiento, escuchando la radio y la televisión en español, y hablándolo la mayor parte del día—me desperté un día dándome cuenta de que había estado soñando en español. Algo había cambiado. Se volvió algo normativo para mí ver algo y describirlo en mi cabeza con palabras e ideas en español.

Gradualmente, dejé de traducir cada palabra y cada frase, porque comencé a pensar en español. Incluso recuerdo haberles llamado a mis padres en Míchigan y, sin pensarlo, hablarles en español hasta que ellos me interrumpieron para recordarme que ellos no entendían lo que estaba diciendo.

Me había vuelto fluido en el español.

Inmersión en el evangelio

Yo creo que ese es el tipo de fluidez que Dios quiere que Su pueblo experimente con el evangelio. Él quiere que ellos sean capaces de traducirle al mundo a su alrededor y al mundo que está dentro de ellos, a través de los lentes del evangelio—las verdades de Dios reveladas en la persona y la obra de Jesús. Las personas con fluidez en el evangelio piensan, sienten, y perciben todo a la luz de lo que ha sido cumplido en la persona y la obra de Jesucristo.

Ellos ven el mundo de una manera diferente. Piensan diferente. Sienten diferente.

Cuando ellos escuchan a las personas, ellos piensan: “¿Cómo es que eso se alinea con las verdades del evangelio? ¿Qué cosa acerca de Jesús y Su obra puede ser una buena noticia para esta persona hoy? ¿Cómo puedo llevar la esperanza del evangelio a esta vida o a esta situación, de manera que esa persona experimente la salvación y Jesús sea glorificado?”

Cuando ellos ven películas, ven los temas del evangelio, y también son capaces de identificar cuales temas representan un falso evangelio. Ellos comienzan a evaluar las narrativas de la cultura a su alrededor a la luz de la historia de los propósitos redentores de Dios en Cristo Jesús, y aprenden a percibir en dónde Dios puede ya estar obrando a su alrededor, preparando el suelo de una comunidad o de corazones individuales, para que las semillas del evangelio sean sembradas.

Pero lo más importante es que, aquellos que están creciendo en la fluidez del evangelio están experimentando una transformación continua en ellos mismos.

Ellos experimentan un cambio continuo a medida que las verdades del evangelio son traídas a sus pensamientos, creencias, emociones, y acciones, lo cual los lleva a una mayor semejanza a Cristo cada día.

Ellos siguen creciendo en Cristo en cada aspecto, porque están aprendiendo a escuchar y hablar las verdades de Jesucristo en todo.

Están adquiriendo fluidez en el evangelio.

El evangelio se está volviendo su lengua nativa, porque fue a través del evangelio que ellos nacieron de nuevo. Es por medio del evangelio que ellos se encuentran creciendo en Cristo. Y ellos están convencidos de que el evangelio los va a sostener hasta el final y los va a perfeccionar en la verdadera imagen de Cristo.

Para usar lenguaje teológico, el evangelio se está volviendo su lengua nativa porque ha provocado su regeneración, justificación, y adopción; y está provocando su santificación; y en última instancia provocará su glorificación. El evangelio es el inicio, la mitad, y el final de su nueva vida en Cristo.

El evangelio es todo para ellos.

Pero la fluidez del evangelio no se adquiere sólo en el salón de clases de las reuniones del domingo por la mañana. En otras palabras, las personas no adquieren fluidez a través de clases o a través de escuchar de manera pasiva las predicaciones—ni tampoco leyendo un libro.

Sino que adquieren esa fluidez por medio de la inmersión en la cultura de hablar el evangelio.

Necesitas recibir un entrenamiento formal en los fundamentos del evangelio, así como aprender un idioma requiere de conocer las bases de la gramática, el vocabulario, y las estructuras de las oraciones. Por esa razón, le dedico la siguiente sección de este libro al “evangelio”, para establecer los principios básicos de éste. Necesitas conocer los fundamentos del evangelio en el orden correcto para que adquieras fluidez en el evangelio.

Sin embargo, el entrenamiento formal por sí mismo no hace que te vuelvas fluido. Eso sólo ocurre a través de la inmersión en una cultura en la que se habla el evangelio, y a través de la práctica constante. Tienes que conocerlo, escucharlo constantemente, y practicar la manera de proclamarlo. Por eso, las tres secciones finales tienen los títulos: “El evangelio en mí”, “El evangelio con nosotros”, y “El evangelio para otros”.

La fluidez del evangelio empieza en ti, después se ejercita con una comunidad, y finalmente se expresa al mundo que necesita escuchar acerca de Jesús.

Tu desarrollo constante en el evangelio ocurre de la mejor manera a través de involucrarte en una iglesia que proclama el evangelio—un grupo de personas que se reúnen constantemente para escuchar la buena noticia de Jesús hablada. Por favor, si quieres crecer en la fluidez del evangelio, reúnete con una iglesia que constantemente predica la buena noticia de Jesucristo. También estoy convencido de que las personas necesitan participar a lo largo de la semana en una comunidad evangélica o una misión, o en una comunidad misional,1 donde los miembros consistentemente lleven el evangelio y lo compartan unos con otros en sus propias vidas y en las vidas de aquellos que todavía no creen en Jesús.

Cada vez que inicio una nueva comunidad misional, comienzo por pedirle a las personas que compartan sus historias. Las animo a que escuchen con “oídos de evangelio” lo que la gente cree que los ha salvado y los está salvando. También los animo a escuchar en busca de quién o qué es el héroe de cada historia.2 y paso varias semanas estableciendo los fundamentos del evangelio, asegurándome que las personas entiendan el evangelio, qué es lo que hace, y cómo es que se aplican las verdades de Jesús en las actividades cotidianas de la vida. Al igual que mi curso básico de español mientras estaba en la universidad, si las personas han de adquirir fluidez al momento de hablar del evangelio, tengo que establecer en ellas los fundamentos del evangelio.

Después animo a los miembros del grupo a que nunca se conformen con tener un tiempo juntos en el que no escuchen bien y no busquen oportunidades para hablar de Jesús en las conversaciones que tienen o en las situaciones que están enfrentando. No es una buena noche de comunidad cristiana si Cristo no está presente en nuestros pensamientos y conversaciones. Necesitamos tener conversaciones acerca de Jesús cada vez que nos reunimos. Él es la única razón por la cual existimos y funcionamos en este mundo.

La fluidez en un idioma requiere de una inmersión en una comunidad de personas que hablan esa lengua constantemente. La fluidez en el evangelio requiere de una inmersión en una comunidad de personas que estén tan saturadas del evangelio de Jesucristo que no puedan evitar hablar de las verdades de Jesús, sin importar a dónde vayan o en qué situación se encuentren.

Hablando de Jesús siempre

Hace muchos años, una joven estuvo durante el verano con nosotros para cumplir un requisito de su internado en la universidad. Al final del verano, nuestro equipo de liderazgo le organizó una fiesta de despedida. Durante la fiesta, le dimos un momento para que reflexionara acerca del tiempo que pasó con nosotros. Uno de nuestros líderes le preguntó qué había sido diferente a lo que ella esperaba.

Ella se detuvo por un momento y después dijo: “Bueno, esto puede sonar un poco extraño, pero lo que más me sorprendió fue lo mucho que hablan de Jesús. Es decir, ya sé que creemos en Jesús y que se supone que todo se debe tratar de Jesús, pero ustedes hablan de Él todo el tiempo. Cada día, en cada reunión, en cada situación— siempre están hablando de Jesús.

“Al principio yo creí que eran extraños. Después, comencé a pensar que tal vez se trataba de algo mal en mí—que no conocía y amaba realmente a Jesús. La iglesia de donde vengo habla acerca de Jesús aquí y allá—especialmente cuando tenemos un domingo evangelístico. Sin embargo, la mayoría de la enseñanza se trata de nosotros—de lo que tenemos que hacer y cómo necesitamos cambiar. Puede ser que escuchemos tres ideas clave acerca de cómo administrar mejor nuestro tiempo, o cinco principios para involucrarnos en el servicio. Pero no escuchamos a Jesús siendo predicado cada semana a través de cada texto de la Biblia, y en realidad no hablamos de Jesús cada vez que estamos juntos.

“Para ser honesta, cuando estuve con ustedes, comencé a cuestionar si verdaderamente era salva. Y, bueno, no estoy segura de cómo decir esto, pero creo que finalmente comencé a conocer y a amar a Jesús durante este verano con ustedes. ¡Simplemente era imposible escaparse de escuchar entre ustedes cuán grande es Jesús!”

Nos animó mucho el escuchar eso.

La fluidez del evangelio se desarrolla al estar inmersos en una comunidad que está saturada de Jesús. Una comunidad saturada de Jesús conoce y habla del evangelio cada día en cada situación, de manera que todas las partes de nuestra vida crecen en Cristo, y con el tiempo son transformados plenamente por la sumisión a Jesucristo, Quien es todo para nosotros (Efesios 1:22–23; 4:15; Colosenses 1:15–20).

Así es como se adquiere la fluidez del evangelio, pero comencemos con lo que es el evangelio.

¿Qué es el evangelio?

Parte 2 El evangelio

4 La verdadera historia

Cuando aprendes un nuevo idioma, estudias vocabulario (palabras y sus significados), gramática (cómo estructurar las palabras para construir oraciones significativas), y cultura (qué es lo que las palabras significan dependiendo del contexto). Cuando eres niño, aprendes el idioma oralmente en la cultura en la que vives, y esa cultura tiene un papel muy importante en la manera en la que entiendes y hablas ese idioma. De hecho, algunas definiciones del diccionario no siempre concuerdan con los significados culturales de esas palabras, porque el contexto cultural les da un nuevo significado.

Por ejemplo, el diccionario de la lengua española define a un gato como: “Mamífero carnívoro de la familia de los félidos, digitígrado, doméstico, de unos 50 cm de largo desde la cabeza hasta el arranque de la cola, que por sí sola mide unos 20 cm, de cabeza redonda, lengua muy áspera, patas cortas y pelaje espeso, suave, de color blanco, gris, pardo, rojizo o negro, que se empleaba en algunos lugares para cazar ratones.”3 Por otra parte, yo crecí creyendo que los gatos eran demonios que buscaban matar a los niños pequeños, si les era posible, y al mismo tiempo eran animales que me causaban problemas respiratorios fuertes, por causa de mis reacciones alérgicas a ellos—lo cual, por supuesto, yo lo entiendo como la forma en la que Dios quiso protegerme de los malos espíritus.

Yo sé que eso suena un poco extremo, pero creo que ya entendieron el punto.

Después, conviviendo con algunos amigos afroamericanos, aprendí que un gato es un hombre adulto que tiene alguna habilidad muy particular—tal como dones musicales, habilidades para hablar, para los deportes, o para predicar. “¡Escucha a ese gato! ¡Es hierba!” (y obviamente no se refieren a algo que se puede fumar).

De manera que, la cultura moldea el lenguaje.

De la misma forma, el lenguaje moldea la cultura. ¿Quieres cambiar la cultura? Cambia o redefine el lenguaje. Nosotros cambiamos o redefinimos el lenguaje a través de la historia. Si quieres un lenguaje nuevo o redefinido, cuenta una historia nueva.

Las historias le dan significado al lenguaje. Cada palabra que conocemos tiene un significado por causa de alguna historia en la que esa palabra fue definida.

Si yo digo: “Aslan”, algunos de ustedes piensan en un rey león que se parece a Cristo. Y cuando leen las palabras El Rey León, algunos de ustedes piensan en Simba y empiezan a cantar: “¡Yo quisiera ya ser el rey!” Algunos de ustedes no saben de qué estoy hablando porque no leyeron El león, la bruja, y el ropero de C. S. Lewis ni tampoco vieron la película animada de Disney acerca del cobarde león joven que se convirtió en el valiente Rey de la selva. Y probablemente, después de haber leído estas oraciones juntas, algunos de ustedes ahora están buscando paralelos o diferencias entre esos temas mientras comparan ambas historias.

Las historias de nuestras vidas son especialmente poderosas para moldear la manera en la que entendemos e interpretamos el lenguaje. Para algunos, la palabra padre es un término maravilloso que revive toda clase de emociones tiernas—amor, cariño, y sentimientos de provisión y protección. Cuando otros escuchan la palabra padre, sienten abandono, rompimiento emocional, rechazo, y temor.

La cultura moldea el lenguaje. El lenguaje moldea la cultura. Y las historias tienen el poder para redefinir o crear un nuevo lenguaje. Nuestras palabras tienen significado por causa de las historias en las que son usadas. Y nosotros entendemos nuestras palabras a partir de la historia en la que nos encontramos.

Así que, ¿cómo nos convertimos en una cultura centrada en el evangelio que esté llena de personas con fluidez en el evangelio? Necesitamos un lenguaje del evangelio que esté correctamente moldeado por la historia del evangelio.

Todos nosotros estamos viviendo nuestras vidas bajo la influencia de una historia dominante. Percibimos el mundo y las interacciones humanas a través de historias que conocemos y creemos. Para muchos de nosotros, esa es nuestra historia de origen, nuestra historia familiar. Esa es una historia más pequeña dentro de una historia más grande, y a veces eso nos lleva a tener percepciones equivocadas de Dios, de nosotros mismos, de otros y del mundo a nuestro alrededor. En algunos casos, creemos mentiras muy grandes.

Pero existe una historia verdadera. Y esa es la historia de Dios que encontramos en la Biblia. Es la historia que redime, sana, y completa nuestras historias personales—las pequeñas historias que están dentro de la verdadera historia.

Así que, hablaremos de la composición del evangelio (similar al vocabulario) y cómo es que tiene significado en nuestras vidas (similar a la gramática), pero primero necesitamos tener la historia general, porque esa es la verdadera historia que le da la esencia al significado del evangelio.

Otros autores han dedicado libros enteros4 a la verdadera historia, y esos libros son herramientas muy útiles5 que pueden guiar a un grupo en conjunto a través de esta historia, pero por causa de los propósitos de este libro, yo sólo voy a caminar a través del resumen de la narrativa de la verdadera historia, utilizando cuatro momentos clave: La Creación, la caída, la redención, y la nueva Creación.

La Creación

“En el principio (…)Dios”. (Génesis 1:1).

Así es como empieza la historia—con Dios.

Dios ha existido eternamente en comunidad—Dios el Padre, Dios el Hijo, y Dios el Espíritu Santo—un Dios en tres personas, existiendo en perfecta unidad. No existía nada más.

En el principio, Dios creó por Su Palabra. Él creó los cielos y la tierra de la nada. Él habló y todo llegó a ser.

La Palabra de Dios dio origen a la obra de Dios.

Dios designó un hermoso lugar lleno de todo lo necesario para la vida, en el que los humanos podían vivir.6 Después Él creó al hombre y a la mujer a Su imagen y semejanza. El Dios invisible creó a los humanos para que fueran una demostración visible— un retrato—de cómo es Él. Después de crear, Dios dijo que todo era bueno en gran manera, y luego descansó de la obra de Creación. Esencialmente Dios estaba diciendo: “Hice un gran trabajo, estoy satisfecho con lo que hice. Esto es justo”. Dios quería que el hombre y la mujer supieran que Él los había declarado buenos—Él los declaró justos.

La Palabra de Dios es poderosa y verdadera. Su obra es buena en gran manera. Descansa en ello.

¿Por qué eso es tan importante?

Bueno, si todo llegó a existir a través de la Palabra de Dios, y si todo lo que llegó a existir a través de la Palabra de Dios es bueno, entonces debemos confiar y depender completamente de la Palabra y la obra de Dios. Tenemos nuestra existencia a través de Su Palabra y su obra. Por lo tanto, nuestra identidad, propósito, y verdad tienen que ser encontrados en la Palabra de Dios y en la obra de Dios.

No sólo al principio—siempre.

Las preguntas: “¿quién soy?” y “¿por qué estoy aquí?” no tienen por qué ser respondidas fuera de lo que Dios dice y lo que Dios hace.

Y antes de que vayamos más lejos, pregúntate a ti mismo: “¿En quién confío o de qué dependo para determinar mi propio valor?

Dios también creó un trabajo para el hombre cuando formó un huerto para que él lo cuidara. Él le mandó al hombre, diciendo: “De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás” (Génesis 2:16–17). Dios llamó al hombre para que lo mirara a Él, no a la Creación ni a su trabajo, para conocer su identidad. Él llamó al hombre para que lo mirara a Él para encontrar propósito y verdad. Comer de ese árbol sería esencialmente darle la espalda para ir en busca de otra fuente de identidad, propósito, y verdad.

Dios llamó al hombre a que confiara en Él y lo obedeciera: “Cree lo que te digo que eres. Confía en lo que Yo he hecho para que seas quién eres. Y como resultado, haz lo que te mando”.

Hasta este punto de la historia, el hombre seguía solo. Todavía no tenía una ayuda idónea. Estaba sin amigos, sin compañeros, sin pareja—sólo tenía a los animales. Y Dios dijo que no era bueno que el hombre estuviera solo (esto es un buen recordatorio de que el perro no es el mejor amigo del hombre).

Así que Dios hizo una ayuda idónea para el hombre. Él puso a dormir al hombre y tomó una costilla de su cuerpo. La primera cirugía de la historia del mundo trajo la primera mujer, hecha de un hombre. Cuando el hombre despertó de su sueño, vio la belleza frente a él y exclamó: “Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada Varona, porque del varón fue tomada” (Génesis 2:23).

La mujer fue hecha del hombre. Y juntos, eran una imagen de la unidad y la comunidad de Dios. Dios les mandó: “Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread” (Génesis 1:28). Fueron llamados a someterse a Dios, gobernar la tierra en representación de Dios, y llenar la tierra con más portadores de Su imagen que hicieran lo mismo.

Un mandato para amar, trabajar, y gobernar de una manera en la que fuera demostrado a toda la Creación cómo es Dios.

Un huerto bueno y hermoso.

Un hombre y una mujer viviendo en amor armonioso y puro, desnudos y sin vergüenza, disfrutando diariamente el uno del otro, trabajando y gobernando la Creación, e interactuando con Dios en medio de ellos.

¡Todo eso era muy bueno! Pero estaba a punto de cambiar.

La caída

Ellos no creyeron. No confiaron en la Palabra de Dios ni en Su obra.

El problema fue la incredulidad. La acción fue el pecado. El resultado fue la muerte.

La Serpiente, el Diablo, convenció a la mujer de que la Palabra de Dios era mentira y que Su Obra no era buena: “Dios sabe que ustedes no son tan buenos como podrían ser. Él sabe que si ustedes toman el control de sus acciones en sus manos entonces serán mucho mejores. Ustedes pueden ser como Dios si tan solo comen del fruto que Él les dijo que no comieran”.7

Ella creyó la mentira y comió del fruto, después le dio a su esposo, y él también comió.

Dios les había dicho que ellos eran en gran manera buenos— estaban hechos a Su imagen y semejanza. Pero ellos no lo creyeron. En lugar de eso, le creyeron al Diablo, el padre de mentira. Dios les había dicho que ciertamente morirían si comían del fruto. Pero ellos no lo creyeron. En lugar de eso, ellos creyeron la mentira del Diablo, que ellos no morirían. Y como resultado de su rebelión, el pecado entro al mundo, y eso trajo muerte y destrucción.

Cuando compartí Romanos 6:23 con nuestra comunidad misional hace poco, una nueva creyente del grupo preguntó: “Si la paga del pecado es muerte, y si Dios le prometió a Adán y Eva que ciertamente morirían si comían del fruto, ¿por qué no murieron?”

“Bueno, sí murieron”, respondí.

“Pero ¿por qué no murieron inmediatamente?” ella replicó.

Parecía que ella entendía la severidad de la rebelión y se preguntaba por qué Dios no los había aniquilado en ese mismo momento.

Yo respondí: “La muerte a la que Dios se refería no era únicamente una muerte física. Era una muerte espiritual, relacional, y física. Además, si los hubiera destruido ahí mismo, ese hubiera sido el fin de la humanidad. Y Dios no quería destruir a la humanidad. Él los amó y quiso salvarlos. Quiso rescatarlos de las consecuencias de su pecado”.

Después expliqué a qué me refería con muerte espiritual, relacional, y física.

Adán y Eva se rebelaron en contra de Dios por buscar en otro lugar su identidad, su propósito, y su verdad. Ellos se apartaron del dador y sustentador de la vida para ir con aquel que, por el contrario, está comprometido con tomar y destruir la vida.8 Esto los llevó a la muerte espiritual, o el rompimiento de su relación con Dios. Cambiaron el someterse y creer en Dios por el confiar y someterse a Satanás.

En ese momento, Adán y Eva le entregaron a Satanás la autoridad que Dios les había dado sobre el mundo. Se suponía que ellos tenían que gobernar al mundo en representación de Dios. Pero ellos le dieron esa autoridad al Diablo, quien ahora es conocido como “el dios de este siglo” (2 Corintios 4:4; cf. Juan 12:31).

Pulsuz fraqment bitdi.

16,09 ₼
Yaş həddi:
0+
Həcm:
222 səh. 4 illustrasiyalar
ISBN:
9781629462394
Müəllif hüququ sahibi:
Bookwire
Yükləmə formatı:

Oxşar kitablar