Kitabı oxu: «Los 3 secretos para hablar en público sin miedo»
Jenny Davaroff
Los 3 secretos para hablar en público sin miedo Oratoria en acción

Davaroff, Jenny
Los 3 secretos para hablar en público sin miedo : oratoria en acción / Jenny Davaroff. - 1a ed. revisada. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Temas Grupo Editorial, 2021.
Libro digital, Amazon Kindle
Archivo Digital: descarga
ISBN 978-987-8387-35-2
1. Oratoria. 2. Comunicación. I. Título.
CDD 808.51
© Jenny Davaroff, 2021
© TEMAS Grupo Editorial SRL, 2021.
Cerrito 136 Piso 3°A.
Ciudad Autónoma de Buenos Aires
C1010AAD. República Argentina
Teléfonos: (5411) 4381.1182 o 4383.6336
www.editorialtemas.com
ISBN 978-987-8387-35-2
1ra. edición, agosto de 2021
Comité TEMAS Grupo Editorial
Dirección : Jorge Scarfi
Supervisión general: Betiana Cabutti
Diagramación editorial: Caterina Tabbia
Diseño de cubierta: Franco Falconi
Imágenes de interior: freepik.es
Conversión a formato digital: Libresque
Queda hecho el depósito que previene la ley 11.723 Prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos de este libro en cualquier forma y medio sin previo permiso por escrito de los autores y/o titulares de Copyright.
A mis queridos padres, Alberto y Lely, que me dieron la vida y permitieron que me desarrollara en lo que me gustaba y que estarán siempre presentes en quien soy y lo que hago.
A mis queridas hermanas, Chiche y Mónica, con quienes he compartido y comparto mi vida.
A todos mis cuñados y sobrinos.
A mis hijos, Gastón y Michelle, que son la razón de mi vida.
A Giuliana, con todo mi amor y a Lina, el regalo más hermoso de la vida.
A mi querido esposo Ricky, compañero del alma, por su apoyo incondicional y por compartir cada momento de mi vida.
AGRADECIMIENTOS
Agradezco al hospital Mariano Castex que en el inicio de mi profesión me brindó un lugar de aprendizaje clínico invaluable.
A mis mentores, el Dr. Juan Carlos Arauz y a la Lic. Susana Naidich.
A mi querido maestro espiritual, Sri Brahamananda, que me enseñó el perdón y a conectarme con mi alma y mi ser.
Al Dr. Saúl Karol, que me acompañó siempre con tanta sabiduría en mi desarrollo personal y profesional.
A mi muy querida amiga, Paula Molinari, por su valiosa participación y apoyo para este libro.
A todos mis alumnos, pacientes y clientes que tanto me enseñaron y me permitieron entrar en sus vidas para desarrollarlos y ayudarlos.
A mis amigos y colegas de los cuales aprendí y sigo aprendiendo.
A Jorge Scarfi, que me acompañó en todo este proceso con muchísima sabiduría y me ayudó a hacer realidad mi sueño.
A Catalina Tovorovsky por contribuir al desarrollo de este proyecto con tanto amor y dedicación.
A Betiana Cabutti, por su paciencia y gran acompañamiento en todo este largo proceso.
INTRODUCCIÓN
Todo lo que vívidamente imaginamos,
ardientemente deseamos,
sinceramente creamos
y entusiastamente emprendemos,
inevitablemente, sucederá.
—Paul Meyer
Oratoria en acción: el método de los tres pasos
¿Te ha pasado que tienes miedo de comunicar tus ideas y conocimientos en público? Más del setenta por ciento de las personas lo tiene. Es debido a ese miedo que no consigues los resultados que deseas. Por eso he creado un método de entrenamiento llamado “los tres pasos”; para que puedas comunicar tus ideas y conocimientos. No es para todo el mundo. Es solo para aquellos que realmente quieran impactar.
Mi nombre es Jenny Davaroff. Este movimiento que estoy iniciando viene de mi experiencia personal como terapeuta vocal y corporal, entrenadora de actores y cantantes durante treinta años, coach internacional y formadora de líderes.
¿Para qué es importante que aprendas esta información? Te va a ayudar a comunicarte en todas las áreas de tu vida, en lo personal, familiar, profesional, social o laboral, no importa a qué te dediques. Además de impactar, este método de entrenamiento también te va a permitir manejar tus emociones.
¿Qué beneficios vas a obtener haciendo este entrenamiento? Podrás ser inspirador de otros, transmitir lo que sientes y quieres, podrás tener carisma, liderar, entretener, informar, enseñar, retener la atención de tu público, motivar, negociar, transmitir un mensaje con desenvoltura. Vas a mejorar tu autoestima y tu seguridad, vas a crear discursos profesionales que muevan al público a seguirte o comprarte. Vas a aprender cuáles son los pasos para resolver tu problema dándole una solución diferente y única. ¿Te interesaría, entonces, resolver este problema, tener mejor calidad de vida, impactar en la gente?
Si eres empresario, padre o madre de familia, emprendedor, docente o vendedor, esto te va a servir para que puedas vender tus ideas y tus productos. Voy a compartir contigo, técnicas y estrategias de oratoria que van a ayudarte en esta tarea. Tú eres un orador y el conjunto de técnicas y estrategias de oratoria en acción “los tres pasos”, te ayudará a que puedas liberar a tu comunicador interno. Tú tienes un mensaje para dar y es único, porque tú eres único y tú vas a convertirte en un orador de éxito, comunicando un mensaje auténtico y utilizando tus fortalezas. Voy a compartir contigo los tres secretos para que puedas hablar bien en público. Porque hablar en público es una habilidad aprendida que se puede desarrollar a través de un adecuado entrenamiento.
Mi objetivo es ayudarte a desarrollar todo tu potencial y poder personal para que puedas alcanzar el éxito en todo lo que te propongas. Quiero enseñarte a que sepas grabar un mensaje en la mente y en el corazón de las personas. Mi pasión es ayudarte. Me comprometo a que crees algo que antes no existía en ti. Esta es mi filosofía:
Creo en el valor de las personas
Creo en la acción para cambiar
Creo en el poder de la palabra
Creo en la transformación por la palabra
Creo en el valor de la lectura
Creo en el autoaprendizaje
Creo en la educación continua
Creo en cambiar nuestras creencias limitantes
Creo en dejar un legado digital que perdure
a través del tiempo y que ayude a la gente a cambiar
Creo que tu éxito comienza fuera de tu zona de confort
Creo en comprometerme a que logres tus sueños
El único lugar donde tus sueños
son imposibles es en tu pensamiento.
—Robert H. Schuller
Tus creencias se convierten en tu destino: la historia de mi transformación
A los veintiún años, me recibí de fonoaudióloga y comencé a trabajar en el Servicio de fonoaudiología del Hospital Mariano Castex. Un día fui seleccionada para exponer. ¡Estaba tan entusiasmada! El tema iba a ser sobre un paciente con traumatismo severo de cráneo, que le dejó como consecuencia un trastorno del habla. Iba a hablar sobre un tratamiento nuevo. Preparé mi charla. Quería mostrar todos los avances que estábamos haciendo.
Esa noche no pude dormir pensando en todo lo que iba a decir. A la mañana siguiente, nos reunimos en la sala donde presentábamos los casos. Había llevado mis anotaciones y me preparé para exponer. Después de unos quince minutos donde me sentí muy bien hablando, entraron, de pronto, el jefe del servicio acompañado del director general del hospital.
No sé qué me pasó… vi a mi jefe con una cara terrible, con un gesto de desaprobación muy grande frente a lo que yo estaba contando. A medida que avanzaba exponiendo el caso, notaba más y más su desagrado. ¡Entré en pánico! Vi todo blanco. No me salían las palabras. Empecé a transpirar mucho. Me temblaba el cuerpo. No podía hablar. Una de mis colegas me acercó los apuntes y un vaso de agua. A duras penas pude concluir mi exposición, leyéndola. Al finalizar la charla, levanté mis apuntes y me alejé. ¡Estaba terriblemente avergonzada! Ese día, me prometí que esto no iba a ocurrirme nunca más.
Me anoté en un curso donde encontré a quien sería mi primera mentora. Se trataba de un taller sobre la voz. Ahí entrené y aprendí a manejar mi voz y mi comunicación a la perfección. Entendí que había técnicas que se podían aprender y que requerían de entrenamiento. Lo que me había pasado durante la exposición del caso en el hospital, era mucho más común de lo que pensaba. Me volví una experta en todas estas áreas.
Durante mucho tiempo, atendí a personas con problemas en sus cuerdas vocales. Problemas que les impedían hablar correctamente. Personas que manifestaban que después de un rato de hablar, la voz se les fatigaba, quedaban casi mudos, con un hilito de voz. Que debían realizar una fuerza descomunal en la garganta para poder terminar las frases. Otros referían que no se los escuchaba bien, que les faltaba el aire, que tenían sensaciones desagradables al hablar. Otros no sabían proyectar bien sus voces o no podían cantar. Actores, políticos, conferenciantes, oradores, maestros, locutores, telemarketers, martilleros, cantantes… di muchísimos talleres en forma muy activa en asociaciones y congresos aquí y en el exterior.
Durante años, fui profesora titular de la Universidad de Actores (U.N.A.) en la asignatura Educación de la Voz. Allí enseñé y ayudé a los alumnos en los entrenamientos vocales para que pudieran trabajar en sus funciones, se los escuchara bien y fueran orgánicos, creíbles. Atendí, curé y entrené miles de personas. Durante este tiempo, me sucedió muchas veces que entablé vínculos muy personales con mis pacientes, que se abrían mucho y me contaban cosas muy íntimas, se sentían muy escuchados. ¡Incluso algunos me dijeron que querían dejar sus terapias para venir a trabajar conmigo! Yo no sabía qué contestar. Me sentía abrumada con tanta responsabilidad.
Entonces, decidí volver a estudiar y comencé, hace dieciséis años ya, mi carrera de coach ontológico. Un nuevo mundo se abrió ante mí: el del acompañamiento a las personas para resolver sus bloqueos, sus miedos, para desarrollar su potencial, su liderazgo.
Me encontré con gerentes de mandos medios, que no eran escuchados en sus empresas y que no sabían cómo manejar su comunicación. Directores con serios problemas a la hora de hablar y expresar sus decisiones, personas que querían cambiar de trabajo y no encontraban cómo reconvertirse. Problemas en equipos de trabajo por miedo, por no saber hacerse escuchar, no poder poner límites a jefes abusivos, no poder manejar sus emociones en forma correcta. Líderes que hablaban en forma monótona, sin ningún tipo de carisma, con voces muy chiquitas que no transmitían nada de pasión. Que les costaba muchísimo poder motivar a su equipo. Otros, que esperaban un ascenso y que cuando se producía la vacante no eran tenidos en cuenta. ¡Y todo esto por problemas en su comunicación!
Comprendí que podía ser de muchísima ayuda. Pude integrar el poder de la voz, la palabra y la comunicación con mi pasión por ayudar a la gente. En este momento, estoy buscando dejar una huella de mi paso por el mundo. Un nuevo mentor ha aparecido en mi vida. Es quien hoy me está ayudando a que toda esta experiencia no se pierda y quede plasmada digitalmente para que pueda ser utilizada por muchísima más gente que la que tuve el honor de atender y ayudar hasta ahora.
Hoy me dedico a la voz, la oratoria, el canto, el desarrollo de líderes y el acompañamiento de personas para que puedan resolver obstáculos y miedos y así poder lograr todo lo que quieran en su vida, tal como pude hacerlo yo.
PASO 1
LENGUAJE
NO VERBAL
Compromiso es lo que transforma
una promesa en realidad.
—Shearson Lehman
Comunicando confianza
¿Sabías que, del cien por ciento del lenguaje, un cincuenta por ciento corresponde al lenguaje no verbal o corporal, un treinta y ocho por ciento al lenguaje paraverbal y solo el doce por ciento al verbal? Todo tu cuerpo comunica. Casi el noventa por ciento de la comunicación la expresa tu cuerpo. Saber manejarlo te dará mejores negociaciones, más confiabilidad para conectar con otras personas y mejorará tu nivel de persuasión.
Para conectar con otra persona, tienes que aprender a comunicar confianza, aprender a ser un comunicador consciente, un orador en acción.
Todos tenemos un cierto grado de seducción de acuerdo con nuestra historia, experiencia, edad, contexto, género. Las mujeres y los hombres no se comunican corporalmente de la misma manera.
Tu cuerpo no puede dejar de mostrar las emociones que sentís. Si estás nervioso se va a notar, si estás sobreactuando también. Tu cuerpo se va a mostrar tenso. Frente a las distintas situaciones, podemos adoptar diferentes posturas.
El poder de la postura
Si quiero generar confianza, no debo estar con los brazos muy apretados contra el cuerpo ni las manos deben estar unidas. Hay que separar los codos del cuerpo, que los brazos se hagan más flexibles. La sensación que voy a generar es la de estar abriéndome a contactarme con otro ser humano.

Importa también la manera en que caminas, cómo te sientas y la proximidad con otras personas.
Si estoy parado en una fila, con los brazos cruzados en el pecho, muestra que estoy cuidando mi espacio personal.
Si estoy triste, el cuerpo se inclina un poquito hacia la derecha, denota poca energía, los ojos están sin brillo, con poca actividad, mirando hacia abajo.
Si estoy contento, hablo con energía, mi marcha es decidida, miro al frente. Se nota que estoy decidido, que mi energía se eleva. Mi emocionalidad es buena y se vuelve contagiosa.
Cuando un niño pide algo con mucha vehemencia, gira la cabeza hacia un lado, mira a los ojos, lo pide de tal manera que al adulto le cuesta mucho decirle que no.
Con brazos y piernas cruzados estoy cerrado al diálogo. Si quiero vender algo a una persona y se encuentra de brazos cruzados, no lo voy a lograr. Primero, tendré que hacer que se abra.
Si caminas con la mirada hacia abajo, estás pensando. Cuando lo haces, estás en tu diálogo interno.

Otras veces estás melancólico o ansioso y tu cuerpo también lo muestra.
La postura tiene poder. Si está erguida, abierta y equilibrada proyecta seguridad, persuasión y confianza.
Aprendamos, por lo tanto, a proyectar posturas que generen autoridad.

También es muy importante tener en cuenta la distancia corporal mínima, si no nos conocemos con el otro.

En su estudio sobre cómo conocer a las personas por su lenguaje corporal, Leonardo Ferrari identifica distintas distancias corporales por zonas. Según el radio de la burbuja alrededor de una persona, pueden señalarse cuatro distancias zonales bien claras:
Una zona íntima (de 15 a45 cm): es la más importante y es la que una persona cuida como su propiedad. Solo se permite la entrada a los que están muy cerca de la persona en forma emocional, como el amante, padres, hijos, amigos íntimos y parientes.
Una zona personal (entre 46 cm y 1,22 metros): es la distancia que separa a las personas en una reunión social, o de oficina, y en las fiestas.
Una zona social (entre 1,22 y 3,6 metros): esa es la distancia que nos separa de los extraños, del plomero, del que hace reparaciones en la casa, de los proveedores, de la gente que no conocemos bien.
Y una zona pública (a más de 3,6 metros): es la distancia cómoda para dirigirnos a un grupo de personas. Si bien toleramos intrusos en la zona personal y social, la intromisión de un extraño en la zona íntima ocasiona cambios fisiológicos en nuestros cuerpos. Por eso, rodear con el brazo los hombros de alguien que uno acaba de conocer, aunque sea de manera muy amistosa puede hacer que la persona tome una actitud negativa hacia nosotros.
La cara y las microexpresiones
La cara es la parte del cuerpo que más comunica. Es importante ver nuestro rostro y cómo nuestras microexpresiones pueden generar empatía en los demás.
La cara es el punto focal de nuestro cuerpo. Es la parte en que nos fijarnos primeramente cuando nos encontramos con una persona por primera vez, y los rasgos que grabamos en nuestra memoria para reconocer a esa persona si nos encontramos con ella.
Está comprobado que tener un rostro amplio y despejado equivale varios puntos a nuestro favor en el impacto que provocamos a los demás al proyectar nuestra personalidad, pero como todos no tenemos esta ventaja, hay ciertos gestos que nos serán de ayuda para no intimidar a los demás.
Evita parpadear constantemente. Hacerlo denota vacilación e inseguridad.
En todo momento, trata de que tu mirada sea directa, establece contacto visual con los ojos de su interlocutor, manteniéndolos siempre fijos. Esto revela decisión sinceridad y valentía.
No te muerdas los labios ni te los humedezcas con la lengua. Son muestras de timidez, inseguridad, titubeo e indecisión.
Mantén la boca cerrada, con ambos labios unidos mientras escuchas a tu interlocutor. Esto denota calma y seguridad en ti mismo. La boca abierta y la mandíbula caída sugieren en cambio, nerviosismo, prisa, asombro y sorpresa.
Por lo tanto, si recibo un estímulo que no me gusta, mi rostro generará una determinada una expresión facial.

La alegría, la tristeza, la ira, el miedo, el asco, el desprecio y la sorpresa son lo que, en su teoría psicológica sobre las emociones, Paul Ekman denomina emociones básicas. Es muy importante saber leerlas. Si, por ejemplo, en una reunión de trabajo, pregunto si se comprendió algo que dije, y las personas responden que sí, pero sus caras dicen que no, tendré que volver a explicarlo, hasta que las microexpresiones de sus caras coincidan con sus afirmaciones. Solo así podré construir confianza.
Si sonríes, la boca se estira hacia las comisuras. Sonreír es muy importante, muestra nuestro estado interno. Una sonrisa ligera, de esas que apenas se notan, expresa inseguridad, duda y falta de confianza. En cambio, una sonrisa sencilla pero intensa, es decir, cuando no hay una carcajada, pero las comisuras de los labios se levantan mucho y se pueden observar los dientes de arriba, da a entender confianza.
Si estás triste, se caen los músculos faciales, la mirada acompaña hacia abajo.
Si estás enojado o molesto frunces tu cara y sobre todo el ceño de tu frente.
Con la cara de asco, frunces la nariz y la boca.
Rascarse la nariz es señal de que la persona miente o está molesta. Rascarse el cuello, generalmente ocurre cuando no estamos seguros de lo que estamos diciendo.
Apoyar la barbilla sobre las manos, con la palma abierta transmite sensación de que la persona está aburrida. Con la palma cerrada, transmite que está evaluando atentamente lo que se le está diciendo en ese momento.
La cabeza alta y la barbilla hacia delante expresan agresión y poder.
Es preferible una expresión entre neutral y feliz en el rostro, amigable si se quiere. Eso transmitirá tranquilidad. Según Leonardo Ferrari, la gente evita iniciar conversaciones con aquellos que tienen expresiones cansadas, molestas, poco felices, desdeñosas, faltas de interés, increíblemente aburridos. No porque les disguste una persona que está pasando por un momento de estas características, sino porque los hace sentir incómodos la idea de que tendrán que escuchar sus problemas y probablemente no sabrán qué decir, o terminarán en una situación incómoda.
Es muy importante, mostrar tranquilidad y suavidad en los gestos. La cabeza siempre erguida, mirando hacia delante, con la espalda derecha y los hombros rectos, mirando el panorama delante. Los maestros de meditación Zen dicen que debemos llevar la cabeza como si nos estuvieran tirando desde un pelo de la coronilla. Si la cabeza está en posición correcta, es muy probable que el resto del cuerpo la siga.
En una entrevista laboral, en el enamoramiento, en las relaciones de amistad… lo más importante es que sientas mucha confianza en ti. Si estoy con miedo, lo voy a transmitir. Ser consciente de cómo me expreso, me ayudará a transmitir mejor lo que quiero. O confías o no confías. Pero si no crees en ti, si no confías en ti, nunca lograrás conexión con otra persona. Debes sentirte como si estuvieses ganando la partida. No lo programamos, pero cuando empiezas a ser consciente, puedes cambiarlo. Para poder transmitir paz, serenidad y confianza, importa el primer nivel de relaciones en la vida, que es la relación que tenemos con nosotros mismos: si tu no crees en ti y no confías en ti, ¿quién va a confiar en ti?
La mirada
De la cara, los ojos y la boca son los que más comunican y además proyectan nuestras emociones. Si queremos ser agradables, tenemos que sentir que queremos serlo, no actuarlo. La posición de los ojos traduce qué es lo que nos sucede. Nuestra mirada conecta siempre con lo que recordamos o estamos creando.
Es muy importante mantener el contacto visual todo el tiempo, con todas las personas, tanto como sea posible. La mirada debe ser matizada, no debemos abusar de una mirada “clavada”, porque será tomada como síntoma de desequilibrio mental y pondrá en guardia a quien la reciba.
En PNL, cuando miras adelante es que tratas de visualizar imágenes. Cuando miras hacia arriba, haces conexiones construidas visualmente, estás creando, no recordando.
Los creadores de PNL, Richard Bandler y John Grinder, descubrieron los patrones oculares observando el movimiento de los ojos. Para buscar imágenes recordadas, la mayoría de la gente mueve los ojos hacia arriba a la izquierda. Para crear imágenes nuevas que no han vivido, mueven sus ojos hacia arriba a la derecha. Si lo que buscan son sonidos, mueven los ojos hacia el oído izquierdo cuando son recuerdos y hacia el derecho cuando son imaginados.

Dirigir la mirada al techo o al suelo, en lugar de fijarla en el interlocutor o en el público, transmite inseguridad y también puede transmitir desconfianza, pues parece que el interlocutor estuviese mintiendo.
A su vez, si una persona mira muy fijamente a los ojos de su interlocutor, puede además de transmitir seguridad y confianza, desafío.
Si miras hacia el otro lado, puedes estar recordando sonidos reales que están en tu memoria, por ejemplo: si recuerdas el timbre de tu casa, tus ojos automáticamente van a mirar hacia tus orejas.
Si hay sorpresa, abres más los ojos.
Con el miedo, también se abren los ojos, pero de distinta manera.
La mirada hacia arriba puede significar pesadez, hartazgo.
La mirada tiene que estar tranquila para generar confianza.
Los gestos deben ser congruentes con las palabras para que la comunicación sea perfecta. Cuando los gestos son incongruentes con las palabras, se cree a los gestos.
Si analizas las señales que emites y trabajas para mejorarlas, tu imagen y tu impacto sobre los demás también mejorarán.
Si estudias las señales del lenguaje corporal de los demás y aumentas tu percepción visual, te será más fácil identificar las emociones y los pensamientos que se esconden detrás las palabras.
Las palabras, el tono de voz y los gestos van al unísono. Transmiten el mismo mensaje y se complementan. Cuando esto ocurre, se transmite una imagen honesta y genuina de que hablas totalmente en serio.
Los gestos de las manos
Las manos son la segunda parte del cuerpo que más información comunica.
Si, por ejemplo, hablara con los brazos tomados detrás de la espalda, aunque quisiera expresarme con los gestos de la cara y la postura, incluso si me acercase al otro, necesitaría mis manos para poder expresarme mejor.
Cuando sabemos que no nos observan, somos muy naturales y movemos las manos inconscientemente. En cambio, cuando nos colocan una cámara enfrente o tenemos un público, no sabemos qué hacer con las manos: hay que quitar el mal hábito de querer ocultar las manos cuando hablamos en público o con otras personas. Quien oculta las manos, proyecta menos confianza, menos apertura y menos seguridad personal.
Por lo tanto, mueve más tus manos, que no queden quietas. De lo contrario, los discursos van a salir sin fuerza. Necesitas transmitir tu fuerza y pasión. Por ejemplo, si digo nombres como María, Eugenia o Silvina y me tocó la cabeza, la cara, el hombro o el ojo, demuestro duda y falta de confianza. Si me sueno la nariz, no voy a terminar de construir bien, en la mente del público, aquello que quiero transmitir, no voy a ser creíble y voy a generar desconfianza e inseguridad.
Si vas a subir a un escenario, tus manos tienen que estar libres. Hablar con una birome en la mano y pasarla de un lado para el otro, es muy mala idea. Ponerle y sacarle la tapa, lo mismo. Tironearse los dedos, hacerlos sonar, jugar con las manos, apretarlas, estrujarlas con un pañuelo, suelen ser movimientos inconscientes que transmiten mucha inseguridad.
Taparse la boca con una mano expresa sorpresa o preocupación.
Rascarse la cabeza o la nuca implica duda o acción de pensar.
Mostrar el dedo índice extendido transmite enojo o reprimenda.
Una persona que se apoya el dedo sobre la boca quiere decir algo y debes preguntárselo.

El saludo
Según Leonardo Ferrari, estrecharse las manos es un vestigio que queda del hombre de las cavernas. Cuando dos cavernícolas se encontraban, levantaban los brazos con las palmas a la vista para demostrar que no escondían ningún arma.
En el transcurso de los siglos, ese gesto de exhibición de las palmas fue transformándose en otros como el de la palma levantada para el saludo, la palma sobre el corazón y muchos otros.
La forma moderna de ese ancestral gesto de saludo es estrecharse las palmas y sacudirlas. En Occidente, se practica ese saludo al encontrarse y al despedirse y suelen hacerse varias sacudidas.
Ahora bien, quien ofrece la mano, lidera. Los pulgares se tienen que entrelazar y en ese momento generar dos sacudidas.
Si la mano del que saludo queda encima de la tuya, eso demuestra que a esa persona le gusta dirigir. Debes dejarlo, darle, en ese instante, el poder que te pide.
Si pasa lo contrario, a esa persona le gusta ayudar. Puedes pedirle que te lo va a conceder, es una persona que se dejará guiar.
Si coloca la mano hacia abajo, significa que quiere el poder.
Si una mujer saluda tipo princesa, no le servirá si lo que quiere es mostrar liderazgo.

La manera en que nos sentamos
Si nos sentamos en una silla al revés, o sea con el pecho sobre el respaldo, transmitimos que queremos controlar la situación.

Sentados hacia atrás, con el cuerpo relajado y las manos encima de la cabeza mostramos despreocupación y superioridad respecto del interlocutor.
Brazos y piernas cruzados transmiten frustración e incomodidad.
La postura de las piernas
¿Sabías que tus acciones en público son inconscientes? Una de cada siete personas tiene buena postura y sabe lo que está haciendo.
Puedes entrar a dar tu conferencia como si estuvieras saltando sobre tus pies, como si el piso quemara y no pudieras dejar de moverte. O arrastrando tus pies, como si estuvieras agotado. O tal vez, con un pie sobre el otro, como lo hacen muchas mujeres, demostrando timidez, proyectando poca preparación. Incluso podrías entrar a dar tu conferencia caminando de modo que pareciera que quisieses que no te escucharan o como si estuvieses escondiendo algo.
Ahora bien, si quieres generar confianza, entra con naturalidad corporal, proyectando paz y tranquilidad, demostrando que eres un experto, apoyando el talón, la planta y la punta del pie al caminar. Busca el centro de la sala o acércate a tu atril, mira a la derecha, luego a la izquierda, por último, al centro. Mira al frente y comienza.
Puedes también no usar el atril y así tendrás más libertad de movimientos para tus manos y piernas.
Los micrófonos que se pueden usar dependerán de dónde estés y qué tipo de conferencia estés dando. Vincha con micrófono o micrófono solapero son muy buenos porque nos permiten la libertad de movimientos. El micrófono fijo nos limita más.
Antes de ir a una conferencia, debemos conocer bien los recursos técnicos con los que contaremos y el espacio donde estaremos hablando. Debemos ir siempre antes de hacer nuestra presentación para conocer bien el lugar y no tener sorpresas de último momento.
Cómo transmitir una buena imagen a través del lenguaje corporal
Hemos analizado, punto por punto, todos los elementos del lenguaje no verbal que confluyen a la hora de comunicarnos.
Aquí te sugiero varios consejos que te serán de utilidad para transmitir una muy buena imagen desde lo corporal cuando quieras comunicarte:
Céntrate en tus objetivos antes de hablar. Así se motivará y conseguirá que tus palabras suenen veraces. Esto hará que tus gestos parezcan genuinos, en lugar de ensayados.
Véndete el mensaje a ti mismo antes de empezar. Si crees en lo que dices, sincronizarás el lenguaje corporal con tus palabras.
Evita exagerar cuando intentes ser convincente. Si insistes mucho, es muy probable que los gestos no te sigan.
Controla tu respiración y relaja el cuerpo antes de hablar. Cuando los músculos acumulan tensión, es imposible que el lenguaje corporal parezca natural. Espira lentamente para relajar el cuerpo y sacude con suavidad las manos y los pies, para distender la musculatura de los brazos y de las piernas. Si acumulas tensión en los hombros, el resto del cuerpo también estará tenso. Rótalos hacia atrás y hacia abajo y estira el cuello hacia arriba; así desbloquearás la postura.
Los gestos genuinos preceden a las palabras en una fracción de segundo. Si notas que te cuesta añadir un gesto que avale lo que acabas de decir, olvídalo y haz otra cosa con las manos.
Practica frente a un espejo de cuerpo entero. Si no estás acostumbrado a hablar con el cuerpo, es posible que te sientas algo incómodo cuando empiece a validar tus palabras con gestos. Si practicas un poco todos los días, conseguirás sentirte, y parecer, más seguro de ti mismo.
Visualízate hablando y gesticulando. La imaginación es una herramienta muy potente, y dedicar algunos minutos a la práctica visual es casi tan útil como hacerlo frente al espejo.
Evita imitar a otras personas. Aunque todos aprendemos por imitación, se puede ser demasiado obvio a la hora de tomar prestado el gesto característico de otra persona. Se trata de “acciones absorbidas” que a las otras personas les quedan bien, pero es posible que a ti te sienten artificiales.
Si tu trabajo te obliga a hablar en público, grábate en video mientras hablas en contextos sociales y profesionales.
Evita la técnica de la cara de póquer. Quedándote inmóvil no lograrás nunca que los otros crean que eres más sincero, porque se preguntarán qué intentas esconder. Hacer pequeños movimientos genuinos es mejor que parecer una estatua.
Y por último, presta atención a tus puntos de fuga no verbales, es decir, a que tus palabras señalen una cosa pero los pequeños gestos delaten algo completamente distinto. Descubre cuáles son tus tics o “adaptadores”. Los adaptadores son esos pequeños gestos que utilizamos para tranquilizarnos cuando estamos nerviosos o nos sentimos inseguros. ¿Te tocas el pelo o jugueteas con tus anillos? ¿Te recolocas las gafas más veces de las necesarias? Encuentra otra ocupación para tus manos, porque pueden delatarte mientras hablas.
Si tu objeto es transmitir simpatía, las herramientas de lenguaje corporal que te serán de utilidad son:
Sonreír
Asentir
Dar un apretón de manos afectuoso
Contacto visual dulcificado
Mirar de frente a tu interlocutor
Si tu objetivo es transmitir prestigio o liderazgo:
Mantén tus manos dentro de la zona de congruencia (entre los hombros y la cintura)
Cuanto más eleves las manos, menos congruente parecerás
Apretón de manos firme
Buen contacto visual
Postura erguida
Sentarte en el centro o adelante
No mover las manos ni agitarte en la silla
Gestos fluidos que transmitan empatía
Si tu objetivo es transmitir seguridad en ti mismo, las herramientas de lenguaje corporal son:
Contacto visual firme
Postura erguida
Gestos abiertos
Expresión facial relajada
Sonrisa
Si tu objetivo es transmitir tranquilidad, las herramientas de lenguaje corporal son:
Respiración pausada
Movimientos corporales fluidos y sincronizados
Hombros relajados, ni tensos ni encorvados
No jugar con los dedos
Recostarte en la silla
Codos en los brazos de la silla
Manos entrelazadas suavemente
PASO 2
LENGUAJE
PARAVERBAL O comunicación paralingüística
La mente que se abre a una nueva idea
jamás volverá a su tamaño original.
—Albert Einstein
La importancia del cómo
La comunicación paraverbal se refiere a todos los aspectos relacionados con el lenguaje pero que no forman parte de las palabras. Se relaciona con el empleo de la voz, las variaciones del tono, el volumen, la velocidad del discurso, las pausas y los silencios.
El lenguaje paraverbal se refiere, entonces, a cómo se dicen las cosas en lugar del qué se dice. Decir todo lo que uno sabe puede estimular mucho cansancio en el oyente. A veces se mencionan temas de consideración muy importantes, pero si no se expresan bien, el resultado de la comunicación es muy pobre. Un discurso bien elaborado puede quedar arruinado si no se sabe poner en escena adecuadamente, y en esta puesta en escena, la voz desempeña un papel fundamental.
Un buen comunicador debe ser como un actor que interpreta un determinado papel, sin llegar a perder la naturalidad. De esta manera, de acuerdo con cómo integremos las palabras, vamos a tener la misma frase expresada con distintos tonos de voz. O bien, si destacamos determinadas palabras, podremos expresar mensajes muy diferentes, como sucede en la ironía o el sarcasmo.
En esta sección trataremos principalmente el estudio de la voz. Intentaremos ofrecer las claves sobre el uso adecuado de la misma. Nuestro objetivo será sacarle el máximo partido a la voz con el propósito de convertirla en nuestra aliada a la hora de comunicar.
Palabras que impactan
Hay palabras que tienen mucho poder e influencia. Por ejemplo: “a ti, que me estás escuchando, hoy te estoy entregando una serie de palabras para que puedas vencer tus miedos al hablar en público. Tengo la certeza irrefutable de que te van a ayudar, te garantizo y tengo la seguridad de que juntos lo lograremos. Yo quiero ser tu mentora y vas a tomar esta decisión porque está en tu poder liberar los dones y talentos que tienes”.
Ahora, si te digo: “a lo mejor, si aplicas estos consejos que te doy, quizás podría ser que finalmente te saques el miedo”, no es una frase que convenza. Tiene que ver con dudas. Palabras como “quizás”, “a lo mejor”, son palabras que no van a envolver el mensaje de manera creíble. Todo lo contrario, van a invitar a la audiencia a no creer.
Hay palabras que impactan, que son persuasivas y que se pueden grabar en tu mente y ayudarte a que tu marca personal crezca, a que puedas lograr tus objetivos. Las ideas fuertes definen el contenido del discurso. Es muy importante leer y analizar frase por frase del contenido de aquello que se va a decir para advertir qué líneas o palabras deben decirse con más fuerza. Muchas veces, la repetición de vocablos o la enunciación de ciertos párrafos con vehemencia significarán verdaderos apoyos a los objetivos del conferenciante.
La imaginación, el registro, la adaptación son los procedimientos básicos para el conferenciante. Pero deben ir acompañados de la relajación. Un conferenciante tenso no registra, no reacciona, no observa.
La voz
Componentes
La voz es una herramienta importantísima de nuestra comunicación Seduce, persuade, impacta. Genera estados emocionales.
Objetivos que conseguimos a través del buen uso de la voz:
Determinar ideas importantes a través de la articulación.
Destacar lo que nos interesa decir a través de la entonación.
Emplear palabras y silencios para obtener determinados efectos en el auditorio.
Vamos a aprender, entonces, a proyectar posturas que demuestran autoridad y también a manejar nuestra voz para que sea seductora, fascinante, que hipnotice.
Los componentes de la voz son:
Intensidad o sonoridad
Altura o frecuencia
Timbre
Otros elementos que también tenemos que considerar son:
Fluidez verbal
Velocidad
Dicción
Duración
Pausas y silencios
1. Intensidad o sonoridad
Es la intensidad con la que hablamos.
Es la percepción sonora que el ser humano tiene de la potencia de un sonido, la intensidad auditiva con que se proyecta un sonido.
Se debe adecuar al espacio donde estemos hablando, a la acústica del mismo, a los instrumentos de amplificación presentes o no y a la cantidad de personas con las que intercambiemos.
La función más básica de la intensidad es hacer que nuestro mensaje sea oído. Además, puede transmitir información acerca de nuestra personalidad y estado de ánimo. Un volumen bajo puede señalar sumisión y tristeza, mientras que uno más alto puede indicar seguridad o dominio. Un volumen moderado indica agrado, actividad, alegría.
El orador deberá ejercitar muy bien sus posibilidades de volumen pues el hacerlo en forma muy abrupta o demasiado fuerte puede poner en riesgo sus cuerdas vocales, generando posibles patologías.
Una vez que identificamos nuestro volumen, lo podemos cambiar a voluntad como si tuviéramos una radio con un dial numerado del 1 al 10, que iremos girando de acuerdo con la necesidad que tengamos de elevar o no el volumen. El 1 indicará el volumen más bajo. El 5 el volumen de la voz conversacional. El 7 el de la voz para presentaciones orales (debe ser un poco más alto que tu tono normal para que la voz se pueda proyectar bien). El 8 y el 9 sirven para hacer llamados a alguien que se encuentra a distancia. El 10 es el volumen del grito.
En general, en el marco de una comunicación, tampoco usamos el susurro, ya que implica mucho esfuerzo para las cuerdas vocales y no se escucha ni proyecta.
2. Altura o frecuencia
Cada persona tiene una nota dentro de su registro individual que se produce con menos esfuerzo y naturalidad, se denomina frecuencia fundamental (FO).
Cuando queremos entrenar una voz partimos de esa nota y en forma ascendente y descendente, trabajamos dentro de un rango de aproximadamente ocho notas (una octava de extensión) del habla de cada persona. Incluimos en esa octava de voz, las técnicas para el llamado y el grito, de manera que se realicen sin ningún tipo de esfuerzo.
La entonación es la variación en que vamos emitiendo distintos tonos de la voz que acompaña la intención y el significado de lo que emitimos. Es la línea melódica que la voz describe y constituye el significado del discurso cuando pronunciamos frases y palabras.
La regla de oro para tener una buena entonación, sin ninguna duda, es realizarla utilizando muchos cambios de tonos, es decir variándola constantemente. El tono actúa directamente sobre los mecanismos nerviosos, despertando en el oyente una amplia gama de emociones respecto de lo que lo rodea. Los tonos altos e intensos tienden a producir una emoción de alarma, de peligro, de excitación general, mientras que los tonos bajos y suaves son calmantes, tranquilizadores y hasta pueden hacernos dormir.
Todos conocimos profesores muy sabios, que nos hacían dormir porque entonaban con cero variedad, eran monótonos: la voz puede utilizarse para captar la atención de nuestro público. El empleo del tono y las inflexiones de la voz también sirven para comunicar sentimientos y emociones.
Dice el Dr. James Mursell, especialista británico en educación musical, que la experiencia acústica está estrechamente ligada a las reacciones emocionales e instintivas en todo el medio animal. Es el gran medio por el cual manifiestan los anuncios, los estímulos, halagos y las provocaciones. Nosotros, como seres humanos, compartimos la herencia.
Los tonos más profundamente conmovedores son los que produce el instrumento vocal humano.
Veamos, a modo de ejemplo, el poema Tema para una farsa, de Paul Eldridge:
De noche…
una vieja está sentada a la ventana…
sueña.
De repente,
en voz baja,
dicen su nombre…
“¡Florencia… Florencia… Florencia!”
Se estremece…
se levanta…
se inclina…
se abre una ventana vecina
y una voz suave musita…
“Sí, querido… ven aquí…estoy sola…”
Una vieja está parada junto a la ventana
y sueña…
Si leemos este poema entero con un tono parejo y monocorde, casi no tendrá sentido. Luego, si lo hacemos con los cambios de tono que sugieren descriptivamente los distintos objetos, posturas y acciones indicados, veremos que la noche no es abierta como el día, es cerrada y así debe interpretarse. La vieja es una mujer frágil y cansada y el tono con que se la debe nombrar habrá de sugerirlo. El soñar es tranquilo, pausado. Y luego sobreviene un cambio súbito; el sonido que llega a los oídos en forma inesperada es un murmullo, algo que deberá decirse en voz baja.
Es el nombre de la vieja lo que se escucha desde afuera. Ella se inclina un poco hacia la ventana para oírse llamar. Tiembla, se levanta, se inclina. Todas estas acciones deben ser descritas dramáticamente a través de los movimientos de la voz del narrador. Las palabras que oye la vieja se dirigen a alguien que está abajo. Hay una breve pausa. Una vez más, la vieja se retrae, con la ayuda del tono, y se recoge en sí misma y en sus sueños.
Pulsuz fraqment bitdi.