Kitabı oxu: «De Friends a Fleabag»

Şrift:

Jorge Yebra Romero

De Friends a Fleabag

La evolución de la comedia

de ficción televisiva


Primera edición: abril 2021

© Jorge Yebra Romero

© de esta edición: Laertes S.L. de Ediciones, 2020

www.laertes.es / www.laertes.cat

Diseño cubierta: Nino Cabero / OX Estudio

Programación: JSM

ISBN: 978-84-18292-39-2

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A mis padres, a los que les debo todo.

A Elena, por ayudarme a creer que esto era posible.

A José Miguel Contreras, por su confianza.

A Conchi Cascajosa, por su apoyo e inspiración.

A Jacob Suárez, por aydudarme a hacerlo posible.

A Lucille Ball, Marta Kauffman y Phoebe Waller-Bridge, porque sin ellas esto no existiría.

A mis seres queridos y a todos los que en algún momento han creído en mí.

Prólogo

No sé la fecha exacta en la que la televisión llegó a casa de mis padres. Lo cierto es que casi no tengo viejos recuerdos en mi vida sin el televisor Vanguard presidiendo nuestra sala de estar. Tengo claro que debió ser a principio de los años sesenta. Cuando he tenido oportunidad de estudiar la historia de las series americanas, he podido comprobar que no hay prácticamente ninguna de las más importantes que no tenga grabada en mi memoria como asiduo espectador de TVE. A mediados de la década de los sesenta, un tercio de los hogares en España ya tenía un televisor. No sé cómo lo hicieron mis padres, pero seguro que en esa estadística estábamos nosotros, pese a que como la inmensa mayoría del país vivíamos con bastante humildad.

En mi casa, mis padres no nos impusieron a mi hermano y a mí ninguna limitación para ver la tele más allá de acostarnos a una hora razonable. Así que pasé innumerables sesiones delante del televisor, casi siempre sentado en el suelo frente a él. No cabe una posición más entregada frente al auténtico tótem de mi infancia. Recuerdo haber visto innumerables episodios de Te quiero Lucy, pese a que según la historia, dejó de producirse a finales de los cincuenta. No se me olvidará nunca El show de Dick Van Dyke, Los nuevos ricos o Los Munsters. En la sociedad española de los sesenta, estas series eran sin duda el único atisbo de alegría colectiva que podía encontrarse. La dictadura franquista supuso una manifiesta página negra de la historia de nuestro país. Su importancia política deja poco espacio para contar la enorme tristeza que dejó a quienes la padecimos en nuestra infancia y adolescencia. El franquismo fue cruel y autoritario. Pero, además, fue un coñazo supremo. Un coñazo en blanco y negro.

Hasta que los televisores en color no se extendieron a lo largo de los años setenta, todo era en blanco y negro. Míticas comedias de aquellos años, no he sabido que eran en preciosos colores hasta que no se han recuperado décadas después. Así ocurrió con Embrujada, Mi bella genio, Superagente 86 o Los Monkees. Todavía me tiemblan las piernas recordando aquel sábado por la mañana en el que pude acompañar a mi padre a recoger nuestro primer televisor en color que entró en nuestro hogar. Era un Phillips que posibilitaba ver hasta 16 canales. En el frontal, contaba con dos columnas horizontales de ocho canales. Al no haber aún mandos a distancia, había que levantarse para oprimir el botón correspondiente. Tras algunas deliberaciones en el hogar, tomamos la histórica decisión de programar del canal 1 al 8 con la emisión de TVE1. En la columna de abajo, decidimos programar entre el 9 y el 16, TVE 2. El proceso tenía su complicación, puesto que canal a canal había que mover una pequeña ruedecita hasta dar con la frecuencia deseada. Cuando lo encendimos y lo pusimos en marcha, aún recuerdo la primera emisión que apareció, era un capítulo de Heidi. Menuda locura. Allí empezaba una nueva vida en el hogar de los Contreras. Debió ser en 1974. El mundo se veía en casa en color. Todo un síntoma de esperanza. Poco después iba incluso a terminar el franquismo.

Cuando empecé a estudiar en la Universidad Complutense la carrera de periodismo, me sorprendió la escasa afición de mis compañeros por las series americanas. Casi estaba mal visto. Me empecé a mover por círculos progres de la época y había poco espacio para compartir mis auténticos gustos. Estados Unidos sería imperialista y colonialista, pero es que yo estaba locamente enamorado de la sonrisa de Mary Tyler Moore, la prota de La chica de la tele. No me perdía un episodio de MASH, ni de Taxi y se me hacía eterna la espera semanal para ver cada capítulo de Enredo (Soap). Gracias a mis primeros trabajos, no tuve duda de lo primero que iba a comprarme en la vida adulta: un vídeo Betamax de Sony. Podía grabar todo lo que me gustaba y verlo cuando quisiera. En realidad, yo pagué sólo la entrada y mis santos padres se hacían cargo de abonar los innumerables plazos que venían detrás. Ya había utilizado una técnica similar unos años antes para hacerme con mi primer tocadiscos estéreo.

En la década de los ochenta, viví la tele como espectador y como profesional del medio. Conseguí el sueño de empezar a trabajar en algunos programas y a investigar sobre los efectos de la televisión en la sociedad. Incluso comencé a dar clases sobre el mundo audiovisual en la universidad con 24 años. Sacaba siempre tiempo para seguir a Bill Cosby, a Las chicas de oro y me rompió la cabeza cuando llegó Cheers. Todo estaba en Cheers. El mundo se dividió entre los que disfrutaban viendo Cheers cada semana y la basura humana que completaba el resto de la sociedad cosmopolita. Seguro que hubo otros factores que ayudaron a la relación, pero mi posterior matrimonio nunca hubiera cobrado sentido sin la cantidad de horas que mi entonces novia y yo pasábamos en la cama... viendo una y otra vez episodios de Cheers grabados en vídeo.

A finales de los ochenta pasé a ocuparme de la sección de televisión de El País. No eran las páginas preferidas de la mayoría de los periodistas. Elegían siempre política, internacional, economía, sociedad, cultura o, incluso, deportes. A mí me parecía la página más importante del diario. Podía escribir de series habitualmente. Al tratarse de un medio de gran influencia, descubrí que cuando destacaba alguna serie que aún no había llegado a España, en TVE se decidían a comprarla. Llegué a tener una extraordinaria relación personal con la entonces directora general de RTVE, Pilar Miró, una mujer excepcional y admirable. Llegó un momento que me propuso un pacto. Me pidió que en lugar de reclamar desde las páginas del periódico las series americanas que debían comprar, se lo dijera a ella directamente. De esta forma, las adquirían y yo podría dar la magnífica noticia de su emisión en nuestro país. Llegaron títulos míticos como Alf, Juzgado de Guardia o Aquellos maravillosos años.

Mi hermano mayor, Alfonso, se había ido a realizar un máster de Salud Pública a Estados Unidos gracias a una beca Fullbright. Eso me permitía ir a visitarle a menudo. Vivía en mitad de una zona boscosa en los alrededores de la Universidad de North Carolina, en Chapel Hill. Me entusiasmaba encerrarme en su casa y ver horas y horas de series de televisión que grababa sin parar. Cuando volvía a España podía hablar de títulos que nadie conocía teniendo en cuenta la limitada oferta que programaba TVE. Tampoco existía Internet y las revistas especializadas tenían muy poca difusión. La vida, como una buena sitcom, me iba a deparar una buena sorpresa pocos años después.

Cuando las televisiones privadas se autorizan en España, en 1989, recibí la llamada que más había soñado. Me ofrecieron ser el primer director de Programación de Canal+. Acepté sin negociar absolutamente nada. Me bastó con que me dieran la dirección del piso donde había que ir a trabajar para preparar el lanzamiento de la cadena. Entre las funciones que tenía que desempeñar, se encontraba la de poder comprar series en el mercado internacional para traerlas a nuestro país. Mi primera adquisición fueron dos telecomedias, Padres forzosos y Primos lejanos. Tuve incluso que ponerles título para su emisión en España, porque ambas utilizaban expresiones de confusa traducción, Full House y Perfect Strangers.

Los años noventa fueron la cumbre de las sitcoms. Para mí, no hay otra época comparable: Mis preferidas de aquella época fueron Frasier, Todo el mundo quiere a Raymond, El show de Larry Sanders, Los Simpsons y, sobre todo, Friends y Seinfeld. Mi vida profesional ya nunca más saldría del mundo de la televisión. Estuve en Telemadrid donde emitimos títulos como Mr. Bean o Parker Lewis nunca pierde, entre los más destacados. Junto a mis amigos, montamos una productora, Globomedia, que se convirtió en la creadora del mayor número de series en España. De allí salieron comedias míticas como Siete Vidas o Aída. Incluso, pude producir mis propios programas dedicados al humor. Entre ellos, el que más éxito ha arrastrado durante casi 20 años ha sido El club de la comedia. Más adelante tuve la enorme fortuna de poder dirigir nuestra propia cadena de televisión, laSexta. Desde el primer momento, programábamos series como My name is Earl o animación como Family Guy. Incluso produjimos las primeras comedias sacadas del mundo de internet como ¡Qué vida más triste!

Aún hoy, cumplidos ya los sesenta, sigo siendo fanático de las comedias. El mundo de las plataformas de streaming nos ha cambiado la vida a todos los serieadictos. En estos años, me he visto todo lo que valía la pena. Particularmente, casi siempre tengo que pactar con mi mujer, Piedad, qué es lo que vemos. Por suerte tenemos gustos muy parecidos. Ella fue guionista y sabe mucho del tema. Ver series es nuestra mayor afición en la vida y le sacamos todo el partido que podemos. Nuestro ídolo, por encima de todos los demás, sigue siendo un clásico, Larry David. Pero hemos disfrutado sesiones inolvidables con personajes de lo más diverso en The Office, Master of None, Silicon Valley, Fleabag, La maravillosa Sra. Maisel, Paquita Salas, Catastrophe, Better Things, Mira lo que has hecho o Ted Lasso.

También me encanta leer todo lo que puedo sobre el asunto. Casi siempre, el mundo del drama suele atraer mucho más la atención que el de las comedias. Cuando se eligen las mejores series de la historia, los dramas suelen copar la lista. A mí, personalmente, me gustan ambos géneros indistintamente, aunque no puedo ocultar que, en caso de duda en la elección, siempre prefiero apostar por el humor. Así que, para mí es un honor recomendar este texto de Jorge Yebra que a continuación puedes empezar a leer. Conozco a Jorge desde hace años, cuando fue alumno en la Universidad Rey Juan Carlos. Tiene una enorme capacidad de esfuerzo y constancia poco habitual. Y, sobre todo, tiene dos grandes aficiones que compartimos al 100%, las series de comedia y el tenis. Pero esa es otra historia.

José Miguel Contreras, 2021

Introducción

Este libro divulgativo nació en un principio como Trabajo de Fin de Grado por parte del que escribe para la carrera de Comunicación Audiovisual. La investigación tenía por objetivo analizar la evolución de la comedia de ficción norteamericana en televisión, las series de humor para entendernos, y hacer una comparación entre el formato tradicional de la comedia de situación y las nuevas corrientes, centrándose en analizar las características principales de esta nueva comedia y sus diferencias de las comedias clásicas de la televisión.

El trabajo resultó tan satisfactorio que mi círculo cercano me animó a publicarlo, algo que en algún momento había pensado tras comprobar que había muy pocos libros en España sobre el tema, e hizo que definitivamente me decidiera. De esta forma, adapté, actualicé y amplié el texto para publicarlo como una obra divulgativa sobre el tema.

Este libro está compuesto por una primera parte en la que se hace un pequeño repaso a la ficción cómica televisiva anglosajona a lo largo de las décadas, y se explican los elementos claves de la industria televisiva. En el texto, se analizan las características de la comedia de situación y el porqué de su éxito, y, por otro lado, en la segunda parte se descubren los distintos tipos de series cómicas que se han estrenado en los últimos años que han roto las reglas de lo tradicional y que podemos englobar dentro de «la nueva comedia». Hablaremos de la razón de su irrupción, sus principales características y lo que la diferencia de la comedia clásica, ya sea desde el punto de vista de la producción, en el tipo de humor o en los temas que tratan mientras intentan hacer reír al espectador. El título de la obra se debe a que tanto Friends por un lado como Fleabag por el otro, son dos magníficos representantes de los formatos que vamos a analizar. Si a eso añadimos el período clave en el que se emitió cada una y la ruptura que se ha producido en los años que han transcurrido entre el final de la emisión de la primera y el estreno de la segunda, lo hacen aún más adecuado.

En definitiva, vamos a comparar los distintos tipos de formatos y analizar la evolución de la comedia de ficción, descubriendo cuáles son las claves de estas nuevas corrientes que están cambiando la ficción cómica televisiva tal y como la conocíamos. Expuesto en un tono divulgativo y accesible para cualquier aficionado o curioso de las series de televisión, que gracias a diversos fenómenos televisivos que contaré más adelante, se han puesto más de moda que nunca.

Este texto se va a centrar en las comedias producidas en Norteamérica, el lugar donde nació la comedia de situación y en donde principalmente se ha producido la revolución actual, junto a la ficción británica, una industria muy unida a la norteamericana. Sin embargo, como de otra manera se haría eterno e inabarcable, no analizaremos comedias de otros países ni tampoco tocaremos las maravillosas producciones de animación que se están haciendo, aunque puedan ser mencionadas en el texto en algún momento. Ojalá podamos hacerlo en futuras obras, quién sabe.

En algunos capítulos se incluyen citas de otros autores sobre el tema para aclarar y reforzar el discurso de lo que se está exponiendo. Toda la información sobre ellos constará en el apartado de Referencias.

Si llegados a este punto aún tienes ganas de seguir leyendo, para mí será un auténtico honor. Espero que esta pequeña obra te sirva para pasar un rato entretenido y conocer un poco más este maravilloso mundo de las series y disfrutar al menos una pequeña parte de lo que he disfrutado yo escribiéndola, que ya será mucho.

Opening: Introducción a la sitcom

La comedia siempre ha sido uno de los géneros con más éxito de la historia de la televisión norteamericana. Dentro del género hemos podido ver diferentes tipos de humor, programas y formatos. Programas de variedades, de sketches, de monólogos o stand-ups, Late Shows (al estilo de los programas del cómico Buenafuente) y por supuesto, mucha ficción. Dentro del mundo de la ficción, la comedia ha sido representada de muchas formas, pero enseguida se impuso un formato que ha predominado en televisión hasta finales del siglo pasado y que sigue vigente en la actualidad: la comedia de situación.

Llamamos comedia de situación, o sitcom de forma abreviada, al formato de comedia de ficción con unas características determinadas: la obra se graba en plató con unos decorados fijos y con público, tiene una puesta en escena teatral, utiliza un sistema de grabación multicámara, una estructura narrativa de tres actos con tramas autoconclusivas y una duración aproximadamente de 22 minutos. En la sitcom los personajes que aparecen siempre son los mismos, su humor se desarrolla a través de los diálogos y algunos gags visuales y los temas que se tratan suelen ser situaciones cotidianas de corte familiar y doméstico. La mayoría de las primeras comedias de situación tienen su origen en los seriales radiofónicos y su formato se origina en las piezas teatrales que se representaban en televisión con público en directo. Como nos recuerda la experta Rosa Álvarez Berciano, «la comedia se hacía al principio en directo y desde Nueva York, pero enseguida pasó a filmarse en Hollywood, hecho al que algunos responsabilizan del carácter más formal que adquirió el género a partir de entonces» (Álvarez Berciano, 1999: 15). Son comedias de situación series conocidas como Cheers (NBC: 1982-1993), Las chicas de oro (The Golden Girls, NBC: 1985-1992), Frasier (NBC: 1993-2004), Friends (NBC: 1994-2004) y Dos hombres y medio (Two and a Half Men, CBS: 2005-2015).

La comedia de situación, siendo un producto industrial, empezó a imponerse gracias a la rentabilidad que proporcionaba a las cadenas por su escaso coste de producción. A pesar de haber habido diversos formatos de comedia a lo largo de la historia de la televisión norteamericana, a partir de la década de los sesenta la sitcom venció a la comedia de variedades (programas de humor que incluyen números musicales, bailes, magia o ventriloquía, entre otros), el otro gran formato que se realizaba por aquel entonces, y se estableció como el formato cómico predilecto para las cadenas network. Con networks nos referimos a las grandes cadenas en abierto que hay en la televisión estadounidense. Desde los años cincuenta hay tres grandes cadenas en abierto, la ABC, la CBS y la NBC. En 1986 apareció la cadena FOX, rompiendo el oligopolio que había por entonces en la televisión en abierto, y a mediados de los noventa aparecieron las cadenas WB y UPN, que en 2006 se fusionaron para sobrevivir ante las dificultades económicas, convirtiéndose en la cadena juvenil The CW.


Logos de las cinco cadenas network norteamericanas.

Las cadenas network se financian a través de publicidad, por ese motivo y con el objetivo de atraer al mayor número de público posible, se producen espacios dirigidos a todos los públicos o a los targets que más interesan a los anunciantes y es en estas cadenas, donde la sitcom se convirtió en el producto de comedia por antonomasia de la televisión norteamericana.

Por otro lado, la televisión norteamericana cuenta también con cadenas de cable, que se financian con la cuota de los abonados, y por lo tanto no dependen de los anunciantes, teniendo más libertad y pudiendo emitir productos dirigidos a un público más específico. Dentro del cable podemos distinguir dos grupos, las cadenas prémium, que no tienen nada de publicidad, y las cadenas de cable básico, que se financian de forma mixta, combinando publicidad con la cuota de los abonados. Son canales de cable prémium la HBO, Showtime y Starz, y son cadenas de cable básico otras como AMC, FX, TNT, USA Network, Freeform o la MTV. Es en las cadenas de cable donde a finales del siglo pasado y principios de este comenzaron a surgir las nuevas comedias que analizaremos más adelante.

A lo largo de cada década del siglo xx, desde que apareció la comedia televisiva hemos disfrutado de distintos tipos de comedias y humores, influidos por la situación social o de la industria en ese momento, obteniendo un estilo de humor distinto en cada década.

La comedia de los años cincuenta se suele definir como una comedia de comediantes, con Milton Berle, Sid Caesar y Eddie Cantor a la cabeza entre otras grandes estrellas. La clave fue el traslado progresivo de las producciones televisivas, que en un principio se hacían en Nueva York, dirección a Hollywood. Allí, a diferencia de en la Gran Manzana, dónde se imponían las comedias de variedades combinando sus shows humorísticos con actuaciones musicales, se apostó por las comedias de situación. El show de George Burns y Gracie Allen (The George Burns and Gracie Allen Show, CBS: 1950-1958), I Love Lucy (CBS: 1951-1957), The Honeymooners (CBS: 1955-1956), Papá lo sabe todo (Father Knows Best, CBS: 1954-1960), y Las aventuras de Ozzie and Harriet (The Adventures of Ozzie and Harriet, ABC: 1952-1966) son algunas de las grandes comedias de esta década.


Imagen de la comedia The Honeymooners, uno de los grandes éxitos de la década de los cincuenta.

Ante la situación convulsa que había en las calles en la década de los años sesenta, con la lucha por los derechos raciales o la guerra de Vietnam, la televisión norteamericana eligió no implicarse. Lo que hizo en su lugar fue optar por una televisión escapista y conservadora. La comedia televisiva se convierte en un lugar feliz para el espectador, catalogada en Estados Unidos como nice comedy, emitiendo series bien intencionadas y donde destaca la temática fantástica, mucho más que en cualquier otra década, con producciones como Embrujada (Bewitched, ABC: 1964-1972), La familia Monster (The Munsters, CBS: 1964-1966), Mister Ed (Mister Ed, CBS: 1961-196), La familia Addams (The Addams Family, ABC: 1964-1966), Mi marciano favorito (My Favorite Martian, CBS: 1963-1966), o La monja voladora (The Flying Nun, ABC: 1967-1970). También encontramos variantes escapistas como la comedia rural, también denominada Corncoms, con producciones como Los nuevos ricos (The Beverly Hillbillies, CBS: 1962-1971), o Granjero último modelo (Green Acres, CBS: 1965-1971), el subgénero paródico con Superagente 86 (Get Smart, NBC: 1965-1970), Yo, espía (I Spy, NBC: 1965-1968) o Jim West (The Wild Wild West, CBS: 1965-1969). Como curiosidad, casi todas estas series tienen en común haber sido adaptadas al cine durante la década de los noventa o principios del siguiente siglo, seguro que algunas de estas adaptaciones os suenan o incluso las habéis visto.

Por supuesto, tampoco hay que olvidar las comedias de corte familiar clásico que abundaban en esta década, como El show de Donna Reed (The Donna Reed Show, ABC: 1958-1966), Mis tres hijos (My Three Sons, CBS: 1960-1972), y las míticas El show de Dick van Dyke (The Dick Van Dyke Show, CBS: 1961-1966) o La isla de Gilligan (Gilligan’s Island, CBS: 1964-1967).


Imagen de la terroríficamente divertida familia de La familia Monster.

En los setenta, la televisión se olvida un poco de ese escapismo y llega una comedia más realista y social. El humor se aleja del público rural y vuelve a centrarse en los urbanitas, el tono ya no es tan idealizado y se comienza a hablar de temas más escabrosos en ese momento, como el racismo, el feminismo o la lucha de clases.

El gran exponente de todo esto fue la comedia de Norman Lear —uno de los grandes productores de sitcoms de esa década—, destacando por encima de todas su Todo en familia (All in the Family, CBS: 1971-1979), en el que se trataban todos los conflictos que preocupaban a la sociedad de la época. La comedia, que nació como una adaptación de la británica Till Death Us Do Part (BBC: 1965-1975), presentaba a Archie Bunker, un obrero de clase baja (un precedente en carne y hueso de los Homer Simpson y Peter Griffin del futuro) y excombatiente de la Segunda Guerra Mundial. El personaje destacaba por tener una ideología y unos valores muy conservadores, y siempre acababa chocando con el resto de su familia, especialmente con Mike, el marido de su hija, con una mentalidad basada en la contracultura hippie de la década anterior y unas ideas mucho más modernas. Aunque el protagonista no dejaba títere con cabeza en su sarta de improperios sobre cualquier tema social o político, Lear le utilizaba para ridiculizar y dar una lección a ese tipo de personas con mentalidad cavernícola, que aún a día de hoy existen.


El elenco principal de Todo en familia.

La serie fue un auténtico éxito, siendo líder de audiencia durante cinco años de forma consecutiva, considerada una de las mejores comedias de la historia y llegando a estrenarse siete sitcoms derivadas de ella, muchas con bastante éxito. Curiosamente, mientras en la cultura anglosajona es todo un clásico, en nuestro país es apenas conocida debido a la censura tardofranquista, que consideraba su mensaje demasiado peligroso; se estrenó finalmente años más tarde y apenas tuvo repercusión.

Otras comedias de tono reivindicativo de esos años fueron La chica de la tele (Mary Tyler Moore, CBS: 1970-1977), Mash (CBS: 1972-1983) o Maude (CBS: 1972-1978), uno de los spin off de All in the Family, de las que hablaremos más adelante.

Pero no podemos cerrar los setenta sin al menos nombrar otras comedias exitosas como La tribu de los Brady (The Brady Bunch, ABC: 1970-1977), Enredo (Soap, ABC: 1977-1981), Happy Days (ABC: 1974-1984), Mork y Mindy (Mork & Mindy, ABC: 1978-1982) o Apartamento para tres (Three’s Company, ABC: 1977-1984).

En los años ochenta, tras una década en la que por primera vez se vieron diversas reivindicaciones en televisión, nos encontramos con una comedia más blanca y contenida. De repente, a diferencia de la realidad social que se vivía, la comedia da un paso atrás y se vuelve más conservadora, representando los valores americanos ideales, incluyendo un tono moralista. El género cómico no se complica y vuelve a utilizar lo que le ha funcionado tradicionalmente, lo que también provoca que la comedia sufra un declive frente al drama en la ficción televisiva.

Otro de los elementos que podemos destacar en esta década es el crecimiento de la comedia afroamericana como producto generalista. Y por supuesto, la comedia familiar sigue siendo el tema predominante. Enredos de familia (Family Ties, NBC: 1982-1989), Cheers (NBC: 1982-1993), La hora de Bill Cosby (The Cosby Show, NBC: 1984-1992), Las chicas de oro (The Golden Girls, NBC: 1985-1992), Los problemas crecen (Growing Pains, ABC: 1985-1992), Alf (NBC: 1986-1990), Punky Brewster (NBC: 1984-1988) o Primos lejanos (Perfect Strangers, ABC: 1986-1993) son series destacables de la época y grandes representantes de la comedia de esos años.


Imagen de la adorable Punky Brewster con su padre adoptivo Henry.

En los noventa la sitcom vive una edad dorada. La ficción cómica ha madurado lo suficiente para funcionar con los ojos cerrados y crear productos de éxito de gran calidad. La parrilla televisiva comienza otra vez a ser dominada por este formato, que tiene al público ganado y obtiene grandes audiencias tanto en sus emisiones de estreno como en las reposiciones en las distintas cadenas locales.

Así, se producen series como la irreverente Matrimonio con hijos (Married... with Children, FOX: 1987-1997), la azucarada Padres forzosos (Full House, ABC: 1987-1995), las luchadoras Rosseane (ABC: 1988-1997 y 2018) y Murphy Brown (CBS: 1988-1998, 2018), la genial Seinfeld (NBC: 1989-1998), la alocada Un chapuzas en casa (Home Improvement, ABC: 1991-1999), la elegante Frasier (un spin-off de Cheers), la exitosa Friends o la premiada Todo el mundo quiere a Raymond (Everybody Loves Raymond, CBS: 1996-2005), representando todas ellas una década llena de calidad y popularidad de la comedia de situación.


Imagen del elenco protagonista de Friends.

A partir del nuevo siglo, el formato sufre un estancamiento. La sitcom sigue viviendo de éxitos del pasado y pierde importancia frente a los emergentes grandes dramas. Su terreno ahora es más pequeño, y aunque sigue siendo uno de los productos preferidos de las cadenas en abierto, la sitcom ha dejado de estar en los rankings de series más vistas salvo excepciones, y cada vez se producen muchas menos series hechas de este modo. Frente a esto, empiezan a aparecer comedias distintas que abandonan las reglas del formato clásico y optan por la libertad creativa tanto en el aspecto técnico como en el artístico. Son comedias que han dejado de lado lo tradicional para juguetear con las normas del formato y renovar las temáticas que se habían tratado hasta ese momento. No son ni mejores ni peores, son diferentes, pero lo que también está claro es que, al dejar de agarrarse a unas reglas encorsetadas, estas nuevas producciones tienen más libertad para hacer humor de otra forma y poder contarnos cosas distintas. A continuación, abordaremos las grandes diferencias que tienen estas nuevas comedias en fondo y forma frente a las sitcoms tradicionales, y que ha supuesto todo esto para la televisión cómica.

Diferencias entre la comedia clásica televisiva y la nueva comedia
El cambio en la producción

Cuando nacieron las primeras comedias televisivas en Estados Unidos, había distintos métodos de realizar esas series, pero con el paso de los años, el formato sitcom comenzó a imponerse y desde entonces ha sido la forma en la que se han producido la mayoría de las comedias televisivas, hasta hace poco. El factor principal por el que la sitcom triunfó es el mismo por el que desgraciadamente se mueve este mundo: el dinero. Y es que las ventajas competitivas que otorgaba este formato con respecto a otras opciones eran más que evidentes. Aparte de su duración, que ya hace de por sí que los costes sean menores en muchos aspectos, su sencilla y barata producción —se necesita apenas un pequeño set de televisión compuesto por un simple decorado y un equipo de cámaras—, hacía que todo fuera mucho más sencillo. El resto lo ponían un pequeño elenco de actores con tablas y unos guiones eficientes. La mayoría de tramas sucederían en los hogares de los protagonistas, principalmente en el salón, la cocina y el dormitorio. Las situaciones que viviríamos en estas comedias serían cotidianas, apoyadas básicamente en el diálogo y en pequeños puntos de comedia física o slapstick. Todo esto devenía en un presupuesto reducido, convirtiéndose en uno de los géneros televisivos más baratos en su proceso de producción (sin contar con los sueldos de los protagonistas, el factor que ha elevado en muchas ocasiones su presupuesto de forma exponencial).

Esto ha cambiado bastante en los últimos años. Sin haber desaparecido del panorama televisivo, muchas producciones cómicas han abandonado el formato sitcom y han apostado por otras opciones.

Uno de los cambios más destacables a primera vista ha sido el de dejar de grabar en formato multicámara para pasar a hacerlo con una sola cámara, como se hace por norma general en las producciones dramáticas y en las cinematográficas en general (aclarar que esto nunca se ha dejado de hacer en las comedias televisivas, pero durante muchos años los ejemplos eran muy pocos). En el aspecto de la realización, estas nuevas series han sido influidas cada vez más por el cine y los dramas que ya se hacían en televisión, con una puesta en escena más cuidada y con recursos audiovisuales más complejos como el trávelin, el uso de grúas, el steadycam, etc. A esto hay que sumar que, en general, se ha pasado a grabar con cámaras digitales, agilizando así también los procesos de producción.


Imagen del plató de grabación de The Big Bang Theory.

Otro cambio destacado es cómo estas producciones se han alejado de los 3-4 escenarios clásicos formados por decorados y han apostado por una variedad más amplia, llegando incluso a rodar en exteriores, sin limitación de espacio. El hogar o el lugar de trabajo del protagonista ha dejado de ser el centro del universo para ahora poder movernos por donde queramos. Esto ha hecho que la iluminación y la fotografía de estas producciones sea mucho más compleja, pasando de una luz muy general para que todo el plató estuviera iluminado y no hubiera diferencia entre las distintas cámaras que estaban grabando a la vez, a tener un aspecto visual mucho más cuidado.

Todos conocemos las famosas risas enlatadas que están incrustadas en la banda sonora. El origen de este recurso se sitúa en los inicios de la comedia en televisión, cuando las series comenzaron a rodarse con público en directo en el estudio, y se grababan las risas que producían los gags del episodio que se estaba rodando. Es un método que proviene de los shows de la radio, dónde en ese momento ya se grababan los programas humorísticos con público en el estudio. Se dice que la idea inicial de grabar las risas ocurrió en 1932 en un programa radiofónico que protagonizaba el cómico Eddie Cantor. Aunque el público que asistía a la grabación del programa en el estudio debía permanecer por entonces en silencio, una broma del humorista provocó que los asistentes no pudieran contener las carcajadas. Cuando los productores del programa descubrieron que, tras esto, las audiencias del programa habían aumentado, decidieron incorporarlo de forma permanente, y el resto de programas fueron adoptando la misma idea. The Hank McCune Show (NBC: 1950) es uno de los primeros shows televisivos en utilizar las risas del público. Sus reacciones en el estudio valían también para comprobar si los chistes funcionaban o no. Como en muchas ocasiones ocurría que las risas del público no eran las esperadas para un determinado chiste, duraban poco o, al contrario, duraban demasiado, Charley Douglass, un ingeniero de sonido de la CBS, decidió entonces solucionar este problema editando las risas del público en posproducción. Y así es como nacieron las risas enlatadas, un recurso utilizado prácticamente durante toda la existencia de la sitcom. Aunque a algunas personas les pueda molestar esta técnica, sobre todo en la actualidad, los productores tenían comprobado que dejar o añadir risas incitaba al público a que los chistes les hicieran más gracia. También se dice que sirven para que el espectador se sienta acompañado y se atreva a reírse en casa. Las risas del público no son sólo un recurso que se pone de añadido, es un elemento más dentro del ritmo y la comicidad de la serie. Por ese motivo, los actores realizan expresamente determinados gestos para provocar las carcajadas o esperan un tiempo prudente entre la frase de su compañero y la suya para no ser tapados por ellas. También hay que aclarar que en Estados Unidos se suelen utilizar las risas originales que se producen en el propio estudio en ese momento, pero en España, al tener en muchas ocasiones las voces de los actores y las risas en el mismo canal de audio, para la versión doblada muchas veces hay que tirar de risas ya grabadas, y por eso puede sonar algo más artificial.


Público asistiendo a la grabación de un episodio de la comedia Madres forzosas.

Aunque se sigue conservando en la mayoría de sitcoms al uso, es un recurso que al público cada vez le parece más anticuado e incluso a veces está algo mal visto (aunque desde aquí lo reivindicamos por las razones que antes hemos explicado), pero al final su uso se puede justificar de la misma manera que se hace con los efectos de la banda sonora musical en una ficción dramática. Con la llegada de estas «nuevas series», que no se graban en estudio y se utilizan más exteriores, este recurso ha ido desapareciendo de muchas producciones.

Por otro lado, el elenco de personajes ha aumentado y variado, ahora no sólo tenemos los cuatro o cinco personajes fijos que aparecen en cada capítulo. Ahora muchas veces tanto los personajes principales como los secundarios o la figuración que se necesita son muchos más que antes, requiriendo de un casting mucho mayor.

La duración de los capítulos también ha variado, si lo habitual de cualquier sitcom de una cadena en abierto eran los 20-22 minutos con pausas publicitarias, nos encontramos en la actualidad con series en cadenas de cable que llegan hasta los 30 minutos sin cortes. Y cuando la serie mezcla géneros, o se trata de géneros híbridos, la duración del capítulo puede llegar hasta los 40 minutos. Y ya si hablamos de las series de plataformas en streaming, al no tener que lidiar con pausas publicitarias o rellenar huecos en una parrilla televisiva, pueden permitirse durar el tiempo que vean necesario, pudiendo incluso variar la duración entre un capítulo y otro. Esto también hace que el número de escenas aumente, como es normal, produciendo más gasto y aumentando el presupuesto por capítulo.

Decíamos antes que muchas veces el gasto más elevado de la comedia de situación es el sueldo del reparto actoral. Y es que muchos protagonistas de las sitcoms se han convertido en verdaderas estrellas, provocando que sus actores exijan un mayor sueldo y convirtiéndose muchas veces en los actores mejor pagados de la televisión. Esto no es algo del todo nuevo, pero las cantidades de dinero de los sueldos sí han aumentado mucho más en los últimos tiempos respecto a otras épocas. Ejemplos de esto son el elenco de la serie Friends a principios de este siglo, llegando a conseguir cobrar cada uno de los actores principales un millón de dólares por episodio en sus últimas temporadas. Otros ejemplos, años más tarde, serían el del protagonista de Dos hombres y medio, Charlie Sheen, o el reparto de la serie The Big Bang Theory (CBS: 2007-2019), que siguieron una estrategia similar a la de los protagonistas de Friends, poniéndose todos de acuerdo y reclamando un sueldo más alto para todos. En la nueva comedia, se ha producido un camino inverso, si antes ocurría que, tras hacerse un nombre en la televisión, los actores se pasaban al cine (Melissa McCarthy, Kevin James, Jennifer Aniston, Steve Carell o James Franco son ejemplos de ello), ahora estas producciones se pueden permitir fichar directamente a actores reputados de Hollywood como Alec Baldwin, Aston Kutcher, Drew Barrymore, Kathy Bates, Emma Stone y Jonah Hill o Michael Douglas (y si habláramos de series dramáticas, la lista de estrellas de cine que últimamene han dado el paso de trabajar en la pequeña pantalla es innumerable), con sueldos no precisamente reducidos.


El exitoso elenco de la comedia de situación The Big Bang Theory.

Por último, el tiempo dedicado a la posproducción en las nuevas comedias es mucho mayor que el de una comedia de situación al uso, debido al sistema de grabación con una sola cámara y a los distintos efectos de todo tipo que ahora pueden tener (si hablamos de una comedia de fantasía o de toques absurdos, los elementos pueden ser ilimitados).

En resumen, la apuesta por rodajes con una sola cámara, el uso de más escenarios y exteriores, la utilización de más actores y figuración, una iluminación y fotografía más cuidadas y los altos sueldos de estrellas de cine han provocado que la producción de las nuevas series sea completamente distinta y los presupuestos hayan aumentado considerablemente. Las nuevas comedias son divertidas, pero también son caras.

La llegada de la ficción de cable y de las plataformas de VOD

A finales de los noventa nace «La tercera edad dorada de las series de televisión». Se ha llamado así a este período debido a un regreso del interés por las ficciones televisivas por parte tanto del público generalista como de la crítica especializada, y por motivos tan destacados como la apuesta de los canales por una ficción de alto nivel sustentada en generosos presupuestos, la figura del showrunner y la libertad creativa, o el atrevimiento para tratar temas que nunca antes se habían tocado en la pequeña pantalla y en ocasiones tampoco en el cine.

Si hay un primer culpable de todo esto sin duda es la cadena HBO, canal de cable prémium que nace a mediados de los setenta y que durante mucho tiempo fue conocido por sus retransmisiones deportivas de pago (también conocido como el pay per view) y su cine de estreno, pero que en los noventa decide cambiar el panorama de las series de ficción. Y sí, también el de las comedias. Con la llegada de la competencia, que comenzó a luchar también por el mercado de los estrenos de cine, HBO necesita reinventarse. Tras un tiempo sin saber qué hacer, se les ocurre que, en vez de sólo comprar productos de las distribuidoras, podrían fabricar sus propias producciones originales, consiguiendo así completar la programación, fidelizar al espectador con contenidos exclusivos y crear una imagen de marca. Su primera serie sería Sigue soñando (Dream On, HBO: 1990-1996), que sin llegar a revolucionar todavía nada, funciona gracias a su particular estilo de comedia que destacaba entre otras cosas por tener como gags, fragmentos de películas clásicas en blanco y negro. Como curiosidad, más tarde su equipo de creadores, formado por Marta Kauffman y David Crane, llevarían a la televisión en abierto la sitcom Friends, una de las comedias más importantes de la televisión y que incluimos en el título del libro.


Logo de HBO.

En 1992 la cadena estrenó una de las grandes pioneras de las comedias del cable: El show de Larry Sanders (The Larry Sanders Show, HBO: 1992-1998). Creada por el cómico Garry Shandling (quien ya había protagonizado años antes su propia sitcom en una cadena network), la serie se adentra en el mundo que se esconde detrás de un Late Show americano, y en la vida de su presentador. El show de Larry Sanders no se grababa en multicámara, no tenía risas enlatadas ni público en directo y los chistes eran aparentemente casuales y no estaban preparados para forzar la risa en el momento justo. Este planteamiento, a principios de los noventa, era toda una innovación. La producción influyó en otras comedias como Rockefeller Plaza (30 Rock, NBC: 2006-2013) o Episodes (Showtime y BBC Two: 2011-2017).

Una comedia de la HBO que sin duda revolucionó el panorama fue Sexo en Nueva York (Sex in The City, HBO: 1998-2004). Creada por Darren Star, es una comedia sobre mujeres que hablan de cualquier tema sin tapujos, que rechazan esa posición de segundo plato que habían tenido hasta ese momento en televisión, para acabar convirtiéndose en ejemplos a imitar e iconos de la moda.

Otras comedias de la cadena a destacar son Larry David (Curb your Enthusiasm, HBO: 2000-), creada por el cómico Larry David, que anteriormente ya había hecho la venerada comedia Seinfeld, Girls (HBO: 2012-2017), creada por Lena Dunham, una tragicomedia protagonizada por un grupo de veinteañeras que viven en Nueva York y tratada desde un punto de vista hasta entonces inédito en televisión, Veep (HBO: 2012-2019), creada por Armando Iannuci, una sátira política que ha sido una de las ganadoras de los últimos grandes premios de televisión, o Silicon Valley (HBO: 2014-2019), creada por Mike Judge, sobre un grupo de amigos que intenta triunfar en la cuna de la creación de proyectos tecnológicos.

A su vez, otras cadenas de cable también se sumaban a crear contenido de ficción de calidad con comedias irreverentes y diferentes a lo visto hasta ese momento en las cadenas en abierto. El canal norteamericano Showtime, otra de las cadenas de cable prémium junto a HBO, ha destacado como una de las marcas televisivas más influyentes y transgresoras gracias a sus dramas, pero también a sus comedias. A partir del año 2009 sacó una hornada de series cómicas interesantes protagonizadas por mujeres. Así destacan productos como Weeds (Showtime: 2005-2012), creada por Jenji Kohan, dónde una madre de familia vende marihuana a sus vecinos para poder seguir viviendo bien con sus hijos, United States of Tara (Showtime: 2009-2011), creada por Diablo Cody, guionista de la premiada película Juno (2007), donde la protagonista es una madre bipolar, o Nurse Jackie (Nurse Jackie, Showtime: 2009-2015), creada por Liz Brixius, Linda Wallem y Evan Dunsky, con una madre de familia y enfermera muy transgresora. Su comedia estandarte en los últimos años es Shameless (Showtime: 2011-2021), creada por Paul Abott, nueva versión de una serie británica que narra las aventuras de una familia desestructurada y con problemas en un suburbio de Chicago, donde la comedia acaba mezclándose con el drama.


Logo de Showtime.

Algunas de las últimas comedias más interesantes que ha estrenado la cadena han sido Smilf (Showtime: 2017-2019), una comedia indie que nos muestra la vida de Bridgette, una veinteañera de Boston cuyas inquietudes en lo que se refiere al sexo, las relaciones y su carrera profesional chocan con la realidad diaria de ser madre soltera, Kidding (Showtime: 2018-2020) una comedia de la mano de Michel Gondry y Jim Carrey, un dúo autor en su día del fantástico largometraje Olvídate de mí (Eternal Sunshine of the Spotless Mind, 2004) sobre la vida de una estrella de la televisión infantil en el momento que vive una crisis existencial tras la pérdida de un ser querido, Work in Progress (Showtime: 2019-), protagonizada por la cómica Abby McEnany, en la que, en una historia pseudobiográfica, se muestra la vida de una mujer obesa y homosexual de 45 años, Black Monday (Showtime: 2019-) o Llegar a ser Dios en Florida (Becoming God in a Central Florida, Showtime: 2019-), sobre el ascenso de una mujer en una empresa de esquema piramidal en los años noventa.

FX es el canal de cable de la empresa FOX. Centrado en emitir sitcoms clásicas y eventos deportivos, a principios del presente siglo se decidió por apostar también por la ficción propia, tanto en dramas como en comedias. Su primer éxito humorístico fue Colgados en Filadelfia (It’s Always Sunny in Philadelphia, FX: 2005-), una serie muy modesta pero que enseguida se hizo un nombre por su humor negro y alocadas tramas, hasta convertirse en una de las ficciones más veteranas de la televisión. Pero tras varias comedias sin mucho éxito, su gran pelotazo fue la serie Louie (FX: 2010-2015), escrita y protagonizada por el cómico y escritor Louis C. K., en la que combina su material de stand-up con escenas representativas de su vida cotidiana. Tras la pérdida de los derechos de la Liga de Fútbol Americano, y tras el éxito de algunas de sus series cómicas, la FOX decide cerrar el canal de cable de deportes y crear FXX, un canal especializado sólo en comedias, reforzando su apuesta por la ficción humorística. Más tarde llegarían series como Eres lo peor (You’re the Worst, FX: 2014-2015, FXX: 2015-2019) y las destacadas Better Things (FX: 2016-), de la mano de Pamela Adlon y Louis C. K, y Atlanta (FX: 2016-), de la que es creador el actor, guionista y músico Donald Glover. Algunas de las adquisiciones más recientes de la FOX han sido la sobrenatural Lo que hacemos en las sombras (What We Do in the Shadows, FX: 2019-), adaptación de la película —antes también mediometraje— del mismo nombre que llevaron a cabo con gran éxito los neozelandeses Taika Waititi y Jemaine Clement en la que se exhibe la vida de tres vampiros que comparten piso de Nueva York, o Bendita paciencia (Breeders, FX y Sky One: 2020-) que trata de los problemas de la paternidad en los tiempos modernos. De muchas de ellas hablaremos más tarde.


Logo de FX.

Otras cadenas de cable han aprovechado también el momento para apostar por ficción original y por comedias distintas de las que te puedes encontrar en la programación de las cadenas en abierto, como es el caso del canal Comedy Central y de su serie Broad City (2014-2019), de MTV con Sweet/Vicious (2016-2017), de TruTV con I’m Sorry (2017-2019), de Audience Network con You Me Her (2016-2019, Crave: 2020), USA Network con Playing House (2014-2017), Freeform con Alone Together (2018), ViceLand con What Would Diplo Do? (2017), de IFC con Brockmire (2017-2020), TBS con Angie Tribeca (2016-2019) y Search Party (2016-), POP con Hot Date (2017-), BET con Twenties (2020-) o hasta una cadena tradicionalmente dirigida a un público de la tercera edad como TV Land, ha apostado por comedias más juveniles como Impastor (2015-2016) o Younger (2015-), que más tarde pasaría a Paramount Newtork.

Como hemos visto, la apuesta de las cadenas de cable por una ficción diferente y en general de bastante calidad, ha sido una de las claves de la evolución de las series cómicas; pero en el mundo de la ficción seriada ha habido otra revolución y esta ha venido de la mano de los servicios OTT y las plataformas VOD. Con OTT (over the top) nos referimos a empresas que prestan servicios de audio o vídeo a través de internet. Una OTT puede ser un servicio de música como Spotify, uno de videollamadas como Skype o uno como Netflix, el caso que nos interesa en este caso. Dentro de las OTT estarían las VOD (video on demand), plataformas de streaming o vídeo bajo demanda, que ofertan un catálogo de productos audiovisuales visibles por suscripción o a través de publicidad. Estos servicios han cambiado el negocio de la ficción televisiva por completo en el momento que decidieron entrar en el terreno de la producción propia. Pero empecemos por el principio.

Netflix es una de las plataformas de streaming actualmente más conocidas, que ofrece los contenidos de su catálogo a través de cualquier dispositivo conectado a internet. Netflix nació como una alternativa a los videoclubs tradicionales, un mercado controlado por aquel entonces por la cadena de videoclubs Blockbuster, que tras ser comprada en 1994 por la compañía Viacom por 7.700 millones de dólares, llegó a poseer el 25% del alquiler mundial de largometrajes de cine y contar con más de 9.000 establecimientos alrededor del mundo.


Logo de NETFLIX.

En 1997, Netflix se presenta como una alternativa al videoclub gracias a un sistema de entrega de películas por correo; además, más tarde, estableció la tarifa de suscripción que permitía alquilar todas las películas que se quisiera a un precio fijo; la iniciativa tuvo una buena acogida. En ese momento, Blockbuster tuvo la oportunidad de comprar Netflix por algo más de 50 millones de dólares, pero sus directivos no lo vieron necesario porque confiaban en su sistema de establecimientos y pensaban que siempre podrían crear su propia distribución. El avance tecnológico permitió a Netflix utilizar su web no sólo para formalizar suscripciones y pedidos de alquiler, sino también distribuir todos esos films a través de internet y verlos directamente en la nube. El impacto fue tan grande que en 2010 ya tenían 20 millones de suscriptores. La cadena Blockbuster se declaró ese mismo año en bancarrota.

Tras ese éxito, los estudios cinematográficos comienzan a mirar de reojo a Netflix; una parte demasiado grande del pastel se la está llevando una empresa distribuidora. En respuesta, suben los precios de distribución y crean nuevas plataformas de vídeo bajo demanda. La plataforma Netflix, como hizo HBO en su día, comienza a producir sus propias series. Además, decide producir al completo las temporadas de sus series y estrenarlas de una tacada para que la gente las vea cómo y cuándo quiera. Puede hacerlo porque la emisión no depende de un canal de televisión ni está ligada a horarios de programación. Esta es una fórmula enfrentada al modelo de programación semanal tradicional, muy debatida últimamente (desde aquí apoyamos una emisión más pausada y fragmentada en lugar de los atracones, ya que ayuda a saborear más los episodios y hace que su vida útil —en los medios y en las redes sociales— sea más larga).

Tras el estreno de House of Cards (2013-2018), la primera comedia propia que estrenó Netflix fue Orange Is the New Black (2013-2019), en el verano de 2013. Creada por Jenji Kohan, que antes ya había hecho Weeds, la serie cuenta la entrada de una joven en una cárcel de mujeres y sus vivencias allí. En marzo de 2015 estrenó Unbreakable Kimmy Schmidt (2015-2020), una sitcom en formato moderno creada por la cómica Tina Fey y Robert Carlock (aunque en principio estaba pensada para emitirse en la cadena en abierto NBC), sobre una joven que, tras vivir durante quince años en una secta, debe enfrentarse a la vida adulta y a un mundo totalmente desconocido tras ser liberada.

Aunque también apostaron por comedias clásicas que se ajustaban a las reglas de la sitcom como The Ranch (2016-2020), una versión femenina de la comedia familiar clásica de los noventa Padres forzosos, ahora titulada Madres forzosas (Fuller House, 2016-2020) o Día a día (One Day At a Time, 2017-2109, POP: 2020-), adaptación de otra comedia de los años setenta, también enriquecieron la oferta de la plataforma comedias novedosas como Master of None (2015-), cocreada y protagonizada por el cómico Aziz Ansari, conocido gracias a sus monólogos y a la comedia Parks and Recreation (NBC, 2009-2015) —las viviencias de un actor indio en Nueva York en la que los personajes, los puntos de vista y los temas son muy diferentes a los que aparecen en la comedia tradicional—, o Love (2016-2018), de Judd Apatow, creador y productor de grandes comedias en cine y televisión como Freaks and Geeks (NBC: 1999-2000) o Virgen a los 40 (2005); en la serie, el planteamiento de las relaciones sentimentales entre jóvenes es distinto al habitual, son relaciones menos fantasiosas y más modernas y realistas, protagonizadas por personajes poco comunes en la pantalla pero que al espectador les suenan familiares. En los últimos tiempos, también podemos destacar comedias de temática adolescente como The End of the F***ing World (2017-2019), Todo es una mierda (Everything Sucks, 2018), Sex Education (2019-) o Esta mierda me supera (I Am Not Okay with This, 2020).


Logo de HULU.

Cuando hablaba de compañías que pretendían hacer frente a Netflix, me refería a plataformas como Hulu, de Disney-ABC, Fox Entertainment, NBCUniversal y TBS (sí, menudo jaleo), nacida en 2007 y una de las primeras en competir en el mercado y aun así una de las más desconocidas en España debido a que sólo actúa en Estados Unidos y Japón. Gracias a su estrategia de emitir televisión en directo y subir el contenido que echan las cadenas sólo unas horas después de su emisión, además de llegar a varios acuerdos con grandes empresas para tener sus productos en el catálogo, se convirtió en un potente rival. Como el resto de empresas de las que he hablado, Hulu también apostó no sólo por tener en su plataforma un catálogo atractivo, sino también por crear una marca y fidelizar a sus clientes con series propias. Su primera serie fue precisamente una comedia llamada Battleground (2012), que contaba en formato de falso documental el día a día de un equipo que trabaja en la campaña política de un candidato a senador de Estados Unidos. A partir de 2015, las comedias de Hulu pasaron a ser series destacables y de producción continua. La primera de ellas fue la creada por Julie Klausner, Difficult People (2015-2017), sobre dos grandes amigos de Nueva York que viven situaciones de lo más rocambolescas. Un mes más tarde se estrenó, Casual (2015-2018), creada por Zander Lehmann, una comedia de tono indie sobre una familia disfuncional cuyos miembros sólo miran por sí mismos, y Future Man (2017-2020), una comedia muy loca y gamberra protagonizada por un joven conserje enganchado a un videojuego que descubre que este es en realidad una prueba de acceso para viajar a través del tiempo y combatir con sus personajes del juego. Algunas de sus comedias más recientes son la sobrenatural y gamberra Deadbeat (2014-2016), la adolescente PEN15 (2019-), la adaptación televisiva en clave femenina de la novela y también película Alta fidelidad (High Fidelity, 2020), la diversa Ramy (2019-), las feministas Shrill (2019-) y Dollface (2019-) o la pseudohistórica The Great (2020-).

Un gigante como Amazon, que se ha metido en todos los sitios donde ha visto negocio, decidió también entrar de lleno en el mercado del streaming con su propia plataforma, Amazon Prime Video. Siguiendo el ejemplo de Netflix, se trataba de crearse un nombre en el mercado y atraer al público y para ello necesitaba tener sus propias series de ficción y que sólo pudieras verlas en su plataforma. Para ello, en el año 2012 encargó ocho episodios pilotos de posibles series de comedia, con la particularidad de que solamente tendrían luz verde las ficciones que se lo ganaran a través de los votos de los clientes de su plataforma, llamada en ese momento Amazon Instant Video. De estos ocho pilotos finalmente consiguieron luz verde dos: Alpha House (2013-2014) y Betas (2013-2014), que nunca llegaron a tener mucha repercusión.


Logo de PRIME VIDEO.

En el año 2014, Amazon encarga una nueva remesa de pilotos, siguiendo la misma estrategia de colgarlos en la web y ver la respuesta de los clientes. Entre éstas destacan dos series que esta vez sí, serían estandartes para la ficción de Amazon y con las que empezarían a llamar la atención. La primera es Transparent (2014-2017), el proyecto más modesto de todos los que encargó en ese momento pero que mejor recepción y críticas tuvo. De la mano de Jill Solloway y basada en las vivencias personales de la creadora con su padre, la serie sigue a los Pfefferman, una familia judía de Los Ángeles en la que el padre, Mort, les confiesa un día a sus tres hijos adultos que él, en realidad, se siente una mujer y que va a vivir su vida así desde ese momento. El cambio de Mort a Maura lleva a que sus hijos se vean a sí mismos de otra manera, y que sientan su pasado familiar de otro modo. Junto a Transparent vendría Mozart in the Jungle (2014-2017), creada por Roman Coppola, Jason Schwartzman, Alex Timbers y Paul Weitz, y protagonizada por el actor Gael García Bernal, que interpreta a un director de música clásica histriónico con el que tendrá que lidiar una oboísta que acaba de empezar en el mundo de la música profesional. La serie consiguió el Globo de Oro a la Mejor Comedia en 2015.

El gran bombazo de Amazon fue cuando anunció que un director de cine de la talla de Woody Allen haría una miniserie de televisión con ellos. Era Crisis en seis escenas (Crisis in Six Scenes, 2016), una comedia interesante y divertida, al igual que toda la cinematografía del director, pero que finalmente no tendría la repercusión esperada.

Después llegarían comedias como One Mississippi (2015-2017), producida por Louis C.K. y creada, escrita y protagonizada por Tig Notaro, La garrapata (The Tick, 2016-2019), creada por Ben Edlund, una adaptación de un cómic que ya tuvo dos adaptaciones anteriores en televisión (una en animación en 1994 y otra en acción real en 2001), I Love Dick (2016-2017), creada por Jill Soloway y Sarah Gubbins, en la que la vida de un matrimonio intelectual se trastoca con la aparición de un misterioso artista llamado Dick, interpretado por Kevin Bacon, y Jean-Claude Van Johnson (2016-2017), dónde el actor de cine de acción Jean-Claude Van Damme se parodia a sí mismo y se reinventa como un supuesto agente secreto encubierto. Su último gran éxito en clave de comedia ha sido La maravillosa Sra. Maisel (The Marvelous Mrs. Maisel, Amazon: 2017-), que cuenta la vida de una mujer que se convierte en comediante tras ser abandonada por su marido en la década de los 50.

Pulsuz fraqment bitdi.

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Yaş həddi:
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Litresdə buraxılış tarixi:
22 oktyabr 2025
Həcm:
252 səh. 88 illustrasiyalar
ISBN:
9788418292392
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Müəllif hüququ sahibi:
Bookwire
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