Kitabı oxu: «Zen cotidiano»

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COLECCIÓN CONOCIMIENTO PERSONAL

ZEN COTIDIANO

José Santos Nalda

3a Edición


Colección: Conocimiento personal

Director de colección: Dr. Francisco Lagardera

Dibujos: José Santos Nalda

Diseño cubierta: TSEDI, Teleservicios Editoriales, S.L.

© 2016, José Santos Nalda

Editorial Paidotribo

www.paidotribo.com paidotribo@paidotribo.com

6a reimpresión de la 3a edición ISBN: 978-84-8019-391-7 ISBN EPUB: 978-84-9910-149-1 BIC: WSTM

Fotocomposición: Editor Service, S.L.

Quedan rigurosamente prohibidas, sin la autorización escrita de los titulares del copyright, bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción parcial o total de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento informático y la distribución de ella mediante alquiler o préstamo públicos.

Índice

Agradecimientos

Presentación del Dr. Justes

Prólogo del Dr. Maestro

Prólogo del autor

Capítulo 1 HAY OTRO CAMINO

Capítulo 2 BREVE HISTORIA DEL ZEN

Capítulo 3 ¿QUÉ ES EL ZEN?

Capítulo 4 LA PRÁCTICA DEL ZAZEN

Capítulo 5 LA VÍA DEL ZEN

Capítulo 6 EL ÓCTUPLE SENDERO

Capítulo 7 UNIDAD CUERPO-MENTE

Capítulo 8 ¿QUIÉN SOY YO?

Capítulo 9 ZEN COTIDIANO

Capítulo 10 VIVIR EL ZEN

Capítulo 11 EFICACIA Y COMPETITIVIDAD

Capítulo 12 INTUICIÓN Y CREATIVIDAD

Capítulo 13 ZEN CONTRA ESTRÉS

Capítulo 14 EL NO-MIEDO

Capítulo 15 ÉTICA ZEN

Capítulo 16 RELIGIÓN Y ZEN

Capítulo 17 IGNORANCIA Y SUFRIMIENTO

Capítulo 18 AQUÍ Y AHORA

Capítulo 19 LA VÍA DEL NO-PROVECHO

Capítulo 20 SATORI. EL DESPERTAR

Dedicatoria

A mi esposa Ma Pilar,y a mis hijos Pablo y Natalia,que son mis más fuertes y queridos apegos.

AGRADECIMIENTOS

Quiero expresar mi agradecimiento

A mi buen amigo, el Dr. Arturo Justes López, especialista en rehabilitación y medicina del trabajo, que siempre ha sabido considerar en su justa medida el valor del Zen, y cuyos puntos de vista aprecio mucho.

Al Dr. Paulino Maestro, especialista en medicina del trabajo, entrañable amigo, por su valiosa ayuda para redactar el Capítulo VII, y por su acertado criterio en torno al Zen y a la vida cotidiana.

A Carolina Albiac y Guillermo Prat, siempre dispuestos a ayudarme.

A todos mis alumnos de Aikido con los que he compartido sesiones de Zazen.

A Pili, la secretaria del gimnasio Victoria por su ayuda.

Al Dojo del gimnasio Victoria de Zaragoza, y Gimnasio Almozara.

A todas las personas que de una manera u otra me han enseñado algo acerca del Zen.

A Paco Lagardera, por su confianza en mi modesta aportación al conocimiento del Zen

A los lectores que tengan la paciencia o la curiosidad de leer este libro.

¡Gracias!

PRESENTACIÓN Dr. Arturo Justes

Toda persona da como supuesta la unión entre el cuerpo y la mente. Sin embargo, no suele caer en la cuenta de que nuestro cuerpo exterioriza nuestro estado mental. Suele ignorar que nuestro desarrollo intelectual se realiza sobre una base física, de sensaciones corporales. Si fallan estas informaciones, perderemos la capacidad del desarrollo mental. Nuestro organismo ha desarrollado esta secuencia, y cuando nuestro estado mental está perturbado, precisa reorganizarse desde la base, desde la sensación corporal.

Todo el mundo puede percibir que estar nervioso o angustiado provoca una taquicardia, una sudoración, etc. Nuestro cuerpo se manifiesta para que podamos darnos cuenta. La solución no es tan sencilla como decir: «no debo estar nervioso, no debo estar angus-tiado». El primer paso es sentir, sentir a través de nuestro cuerpo. Nuestras necesidades en la sociedad han «intelectualizado» nuestras sensaciones, dejando nuestro cuerpo como un fardo que hay que soportar, o como soporte que es preciso cultivar para atraer la atención. El cuerpo ha ido perdiendo su papel. En el cuerpo hay una serie de automatismos primarios y reflejos que se pueden fundamentar en la postura y en la respiración.

El individuo tampoco siente su estado mental. La preocupación qué haré luego, cómo puedo conseguir… Ni siquiera vive su estado actual. De ahí la necesidad de comprender primero, y desarrollar después, la capacidad de concentración.

El Zen es un camino. Como tal no tiene en cuenta la raza, la religión, la edad, la cultura, etc. Sirve en cuanto unificador personal, armonizador; enseña a tomar consciencia del mundo. Aporta el no dejar atrás una vivencia necesaria para la vida. En consecuencia mejora la salud, entendida como una homeostasis (equilibrio) corporal y mental.

En mi consulta diaria se tratan numerosas dolencias que afectan al aparato locomotor. Son dolores de espalda, de hombro, una tensión en el cuello, no poder adoptar tal postura, levantarse dolorido, etc.

La tecnología diagnóstica visual es asombrosa; nos sirve para confirmar una hernia de disco, para diagnosticar un tumor, etc. El problema es que la mayor parte de las personas tienen un problema de funcionamiento, no tienen daño en su estructura, y ello no se puede diagnosticar con radiografías, escaner, resonancia, análisis, etc. Sin embargo, hay una clara relación entre la postura de una persona y sus padecimientos, en su bloqueo respiratorio con sus síntomas, en su tensión nerviosa y agotamiento-acortamiento muscular. Se puede actuar médicamente en estos desarreglos de funcionamiento, pero es fundamental combatir las causas que los mantienen. El Zen aporta un camino para vencer los factores que mantienen estos desarreglos funcionales. ésta es la vía que encontraremos y comprenderemos al leer esta obra.

He leído este libro.

Debo reflexionar.

Éste es el magnífico legado que mi buen amigo Santos Nalda ha plasmado para todas las personas abiertas al conocimiento, el que yo he sentido.

Una obra sencilla, amena, pero al mismo tiempo tremendamente profunda.

Desde el punto de vista médico, puedo indicar que la incidencia de los problemas por dolores de espalda se han multiplicado en los últimos años. Las causas afectan fundamentalmente a la postura, influida por la respiración. La respiración depende en gran parte del estado de ánimo. El estado de ánimo depende del entorno y del propio estado de consciencia.

¿Qué relación puede tener esto con el Zazen?

La respuesta la encontrarán los lectores en las próximas páginas.

Si comprendemos la profundidad de las pequeñas cosas que vivimos, y encontramos unos minutos diarios para conseguir un estado de consciencia diferente, nuestra visión de la vida habrá mejorado, así como nuestra conducta.

Arturo Justes Doctor en Medicina. Especialista en rehabilitación Medicina Manual.

PRÓLOGO Dr. Paulino Maestro

El mundo moderno de hoy en día y su característica forma de vida competitiva y, en muchos casos deshumanizadora, nos arrastra con frecuencia al padecimiento y al sufrimiento de innumerables alteraciones tanto físicas como psíquicas o emocionales.

Debemos aprender a levantar el pie del acelerador de nuestra vida y de nuestra mente, si no queremos acabar siendo las víctimas de la velocidad que nosotros mismos imponemos a nuestras propias vidas; víctimas de nuestros propios desatinos existenciales.

Si no queremos concluir siendo los protagonistas de estos padecimientos físicos y mentales, y, aún peor, si no queremos terminar siendo deshumanizados como consecuencia del incesante aluvión de vivencias perturbadoras y negativas que, procedentes tanto de la moderna vida social como del trabajo así como de las llamadas distracciones tales como la televisión o la publicidad, trastornan y alteran la verdadera escala de valores que debe regir la vida de todo ser humano, y de las que continuamente somos objeto de nuestra vida diaria, es preciso aprender a parar esta maquinaria (el vehículo de nuestra vida y de nuestra mente) que nos provoca inquietud y ansiedad. Para ello, podemos hacer uso de uno de los métodos existentes cuyo objetivo es aquietar nuestra mente y apaciguar nuestro espíritu; un método que todo él en sí es simplicidad y naturalidad: el método Zen.

El Zen no es ni una religión (pues no tiene un Dios al que rendir cuenta ni adorar, ni admite alma alguna; aunque no niega la existencia de Dios), ni una filosofía propiamente dicha (lo que pretende el Zen es tener la mente libre de toda idea filosófica que no conduce a ningún lugar; el Zen no desperdicia el tiempo en discusiones filosóficas, ya que su aprendizaje, eminentemente práctico, está mucho más cerca de la técnica que de la filosofía, de la práctica que de la teoría, del sentimiento que de la mente), ni un método de relajación, y sin embargo abarca todo esto y mucho más.

El Zen es una forma de vivir la vida, una norma de conducta, llegando a conocer sin pretender conocer, llegando a comprender sin pretender comprender, llegando a aprehender sin pretenderlo. El Zen se puede vivir, pero si se piensa todo el Zen ser pierde. Cada uno ha de andar su propio camino, nadie puede caminar por nosotros, aunque sí indicarnos el camino más propicio. Esto al final nos llevará a ese estado extraordinario de aquietamiento de la mente, de apaciguamiento del espíritu, frenando la charla interna de la mente y aportando tranquilidad y quietud; esto nos permitirá llegar a alcanzar un estado de conciencia más acorde al que corresponde a nuestra propia naturaleza, la Naturaleza Humana, que está destinada a permanecer en sintonía con todo el Universo. ésta al final será la que nos hará comprender cuáles son los auténticos valores sobre los que debe apoyarse todo pensamiento y toda acción en nuestra vida como Seres Humanos, en contraposición con los falsos y espúreos valores que la moderna vida social pretende imponernos para beneficio de unos pocos.

La práctica del Zen no sólo nos ayuda en la meditación, sino también, y sobre todo, en nuestra vida cotidiana, en la realización de nuestras tareas habituales, dándoles un punto de vista distinto, humanizando más nuestra vida y haciéndonos comprender que somos una parte integrante e imprescindible de un Gran Todo, la Naturaleza, y del propio Universo.

Estamos demasiado acostumbrados a vivir la vida diaria en un mundo de continuas superficialidades, vanidades, y banalidades sociales en donde las personas se recrean en su estúpido orgullo, arrogancia y engreimiento; el Zen nos enseñará a bucear y a encontrar en lo más profundo de nuestro ser los valores verdaderamente importantes de nuestra vida y de nuestro entorno, y aprender a disfrutar y a enseñar a los demás a disfrutar de las cosas aparentemente más sencillas y más nimias que nos proporciona la vida, pero que en realidad son las auténticamente importantes y trascendentes para poder llegar un día a encontrarnos y a reconocernos en nuestra propia naturaleza, en nuestra propia esencia, la Naturaleza Humana.

El Zen, pues, nos enseña a dar la espalda a todos estos aspectos superficiales de la vida, tan frecuentes en la realidad social que nos ha tocado vivir en la actualidad, y nos invita a descubrir en nosotros algo que ya somos desde siempre, desde el propio comienzo del Universo, pero algo de lo que todavía no somos conscientes y que necesitamos hacer aflorar y hacerlo manifiesto, es decir, llegar a descubrir que somos Seres Humanos, con todas las potencialidades que todo ello implica. El Zen nos dice: «aléjate de las decepciones del mundo, desconfía de los sentidos pues son falsos, pero dentro de ti busca al Hombre Eterno; y cuando lo hayas encontrado, mira en su interior: tú eres el Buda».

En el Zen encuentras la confirmación de lo que ya sabes, de lo que ya eres, quizá encuentres en él tu transformación, tu cambio profundo de mente y de corazón.

Así pues, el ser humano debería aproximarse a su estado natural, a su naturaleza originaria, que mejoraría la convivencia y dignificaría al ser humano, y mientras no lo haga, la humanidad entera continuará padeciendo las miserias y el sufrimiento que ella misma ha originado.

El Zen pretende llegar a lo más profundo del alma humana; pero no esperes en ningún momento que durante su aprendizaje aparezcan manifestaciones extraordinarias ni milagrosas que hagan cambiar de una forma repentina y radical toda tu vida, ni que te haga entender, con la velocidad de un relámpago, todos los misterios de la vida. En el Zen no se da nada de índole extraordinario o esotérico. Una vida apacible con confianza en sí mismo y franqueza, esto es la verdad del Zen.

En la práctica del Zen no esperes que aparezcan fenómenos especiales rodeando esta experiencia, no esperes evidencias físicas espectaculares que confirmen tu comunión con el espíritu; no hay fenómenos, no hay espectáculo externo, todo ocurre en el silencio de tu corazón que es donde suceden los grandes milagros. Mírate en él, en tu corazón, y verás cómo se ha instalado una paz que antes no tenías.

El aprendizaje del Zen no se hace por razonamiento sino por sentimiento, piensa que «el corazón tiene sus razones que la razón no alcanza».

Las doctrinas que se dan en el Zen proceden del propio interior de cada uno. Nosotros mismos somos nuestros maestros; el Zen sólo muestra el camino. La gran verdad del Zen se halla en posesión de cualquiera. Mira en tu propio ser y no lo busques a través de otros. Tu propio espíritu está más allá de toda forma, está libre y en silencio y se basta a sí mismo.

El Zen pretende llegar a la perpetua serenidad, al modo sereno de contemplar las cosas, y para esto debemos desprendernos del egoísmo y de la ambición. El Zen intenta llegar a conocer la verdad y a hacerse Uno con la verdad, pero para alcanzarla la mente debe dejar de perturbarse con los pensamientos (y en especial con los pensamientos negativos que nos desasosiegan y nos quitan la paz). La verdad reside en la simplicidad. De esta manera podremos llegar a la armonía y bañarnos en el manantial de la serenidad. Si llegas a ver la auténtica verdad de las cosas, sentirás como quien bebe un gran trago de agua y siente saciada su sed. Y, en consecuencia, si puedes prescindir de tus gustos y aversiones, todo se volverá perfectamente claro en ti.

Con la práctica del Zen no se trata de llegar a ninguna meta ni objetivo, no se busca el adquirir cosa alguna. Si no te adhieres a nada, si no esperas nada, si no persigues nada, si no quieres ni buscas nada, entonces eliminas el espíritu de apego, que es una de las causas que aliena la libertad humana.

Taisen Deshimaru nos dice «en el Zen y para obtener el Satori hay que abandonar el ego; para recibirlo todo hay que saber abrir las manos y dar». No esperes jamás nada a cambio de lo que tú des, esto es el espíritu del Zen.

En definitiva, de todo lo dicho hasta ahora podemos acabar recapitulando que el Zen no es vanidad, ni egoísmo, ni resentimiento, ni temor, ni ansiedad, ni inestabilidad, ni duda, ni apatía, ni envidia.

Pero concluyamos ya y no hablemos más de Zen, pues su esencia se encuentra en la virtud del silencio; y en el silencio se eleva el espíritu inmortal, y las palabras ahuyentan el vuelo de los pensamientos. Así que guardemos ya silencio, porque…

«Cuando estás silencioso, Ello habla.Cuando hablas, Ello está silencioso.»

PRÓLOGO del autor

La forma de vida actual constituye la causa de ese sentimiento de insatisfacción tan generalizado, que despierta la necesidad de un nuevo enfoque del modo de vivir más acorde con la realidad.

Pero… ¿quién o dónde se enseña a vivir en armonía consigo mismo, y con el resto del mundo?

Todo cambia sin cesar a un ritmo de vértigo, por eso resulta conveniente encontrar un tiempo para «sentarse en silencio», y dejar que se posen las impurezas y espejismos de todo aquello que nos afecta de modo directo, porque sólo así podremos reorientar día a día nuestra vida en la buena dirección.

Este libro ha sido pensado y escrito con la esperanza de hacer asequible a todas las personas el modo de vida Zen, de modo que pueda aplicarse a la cotidianeidad de cada cual. La redacción del texto ha pretendido ser clara y sencilla para permitir su lectura y comprensión de principio a fin, a cualquiera que desee iniciar este camino.

En principio, el Zazen puede practicarse de manera individual, en la propia casa, y a la hora que cada uno prefiera. Más adelante, tal vez el adepto busque el contacto con otras personas experimentadas, que puedan reorientar su camino o confirmarle en él.

Sin duda alguna, la práctica de las enseñanzas contenidas en este libro serán útiles a todos los que:

– Desean ayudar a otros.

– Desean vivir en armonía consigo mismos y con el entorno.

– Buscan sentido a su vida diaria.

Amigo lector, debes saber desde el principio que yo no soy un maestro Zen, ni he alcanzado el satori, simplemente trato de poner en práctica en mi vida diaria cuanto encontrarás en estas páginas.

Buda decía a cada uno de los que deseaban seguir su sendero que «el camino está bajo tus pies…». Creo que esta afirmación es absolutamente cierta, así que una vez conocidas las bases (postura, respiración, actitud, principios éticos, etc.) ¿por qué no comenzar su andadura?

El autor Zaragoza, 28 de octubre de 1997

Capítulo 1 HAY OTRO CAMINO

«No busquéis el camino enlos otros en un lugar lejano,el camino está bajo vuestros pies.»

Maestro Tozan (807-869)


Amigo lector… ¿qué andas buscando con tus desvelos, ilusiones, trabajo, estudio, luchas, sacrificios y deseos?

Sin duda alguna te habrás dado cuenta de que vivimos en una época en la que cada día se avanza más deprisa en el conocimiento físico del mundo que nos rodea. Pero, al mismo tiempo, este vertiginoso avance provoca que las personas nos veamos impelidas a seguir el ritmo de las formas sociales (trabajo, estudio, relaciones, etc.) y, por ello, dispongamos de menos tiempo y de menos oportunidades para reflexionar y descubrirnos.

Cada vez son más las voces de médicos, psicólogos, sociólogos, escritores y medios de comunicación que advierten, con sorprendente unanimidad, sobre los «caminos» o formas de vida errónea que han aparecido en las sociedades más ricas y avanzadas tecnológicamente.

De los análisis realizados por estos especialistas sobre los comportamientos actuales, de una gran mayoría de personas, se constatan, entre otras, las siguientes tendencias:

– Superficialidad en ideas, creencias, juicios.

– Permisividad más allá de lo conveniente y lo razonable, en muchos aspectos, mientras que en otros se da una intolerancia radical.

– Sentido exagerado de la utilidad inmediata. (Lo que no produce un beneficio, un provecho o una ventaja al minuto siguiente, no in-teresa.)

– Atrofia de la capacidad crítica, sin una escala de valores definida y estable, y como consecuencia personas fácilmente manipulables por los medios de comunicación.

– Necesidad de consumir, de tener, de disfrutar de todo, ahora ya, y rechazo de todo lo que supone esfuerzo o sacrificio.

– Búsqueda del éxito, el poder, la riqueza el prestigio social sin importar demasiada los medios empleados en conseguirlo.

– Afán de seguridad creciente, de poseer y retener, desde las cosas más necesarias, a las más superfluas.

¿Para qué seguir enumerando otras actitudes negativas, cuando las descritas muestran claramente los falsos caminos que podemos tomar, y que sólo llevan al desarraigo con uno mismo y a la insatisfacción íntima de vivir?


COMPETIR EN UN MUNDO SIN FRONTERAS

Según la opinión de especialistas en diferentes áreas del mundo del trabajo, del estudio, de los servicios y de las relaciones sociales, el futuro inmediato se hará cada vez más competitivo en todos los órdenes y exigirá de las personas:

– Mayor capacidad de rendimiento y eficacia en su tarea.

– Formación permanente.

– Capacidad de adaptación a las continuas innovaciones.

– Visión de futuro, intuición y creatividad para descubrir nuevas soluciones a viejos o actuales problemas.

– Aptitud para relacionarse con empatía.

– Madurez psíquica y equilibrio emocional.

– Responsabilidad sobre las propias acciones.

– Visión global de las circunstancias para tomar decisiones acertadas.

Tantas exigencias representan una carga a soportar día tras día, que muchas veces alcanza el límite de lo que cada uno puede dar de sí.

¿Hasta dónde o hasta cuándo podrá resistir la persona esta tensión agobiante, si no la neutraliza y equilibra mediante una actitud íntima de serenidad y armonía?

Caminamos con rumbo equivocado cuando la educación de los niños, de los adolescentes y de los adultos está basada en los valores de la nación, la historia, la religión o las costumbres del entorno y del país, lo cual genera actitudes de unilateralidad, incomprensión hacia los otros, exclusividad, prejuicios, intolerancia, discriminación, privilegios absurdos, etc., y todo porque se ignora o se menosprecia la formación de la persona en su globalidad como ser humano total e integral.

Para vivir en armonía se precisa algo más que la formación científica, intelectual o tecnológica adquirida en el colegio, la universidad, la empresa o el taller. La persona necesita, sobre todo, encontrarse a sí misma como paso previo hacia su libertad interior, mediante la que podrá soslayar las innumerables ataduras con que las sociedades más avanzadas y liberales esclavizan a sus ciudadanos.


Pero… ¿acaso existe otro camino, otra forma de vivir que no tenga por únicos objetivos trabajar, poseer, dominar, consumir, disfrutar o sufrir?

Sí lo hay, y no solamente uno sino muchos, aunque en esencia, su estructura y finalidad son parecidas e incluso idénticas a veces.

Todos deberíamos saber que resulta más provechoso dirigir el curso de la propia vida, con equilibrio y acierto, si en la acción trepi-dante de cada día se intercalan períodos de reflexión o meditación acerca de la propia conducta, de los impulsos, deseos y proyectos, o simplemente empleando quince o veinte minutos de recogimiento en silencio, para hacer el vacío interior sin pensar en nada, permitiendo así que se produzca la unificación psicosomática. éste es el camino que, inspirado en la enseñanza Zen, le propongo al lector.

EL OTRO CAMINO

En el ámbito del Zen, todas las personas poseen una capacidad innata que les permite observarse a sí mismas y conocerse mejor, a condición de situarse en un estado de objetividad y desapego absoluto.

¿Cómo acceder a esa Vía? A través del Zazen, objeto de las páginas de este libro que se dirigen a todos los lectores sin distinción de sexo, edad, profesión, idea política o religiosa. Hacer asequible la práctica Zazen, un saber tan antiguo, no obedece al simple afán de ofrecer una novedad exótica –otro artículo de consumo–, sino que está de acuerdo con la intención de los maestros Zen de todos los tiempos, cuando enseñan que «el camino está bajo los pies de cada persona», y, por tanto, a ella le corresponde recorrerlo o no.


A este respecto creo oportuno recordar la anécdota del explorador de un territorio y un río salvaje.

Después de unos meses de azorosas aventuras y descubrimientos regresa a su casa con los suyos, y todos le preguntan llenos de curiosidad qué es lo que ha visto, qué peligros le han acechado y qué nuevas rutas, plantas o animales ha descubierto.

Los vecinos, los amigos y todos los que le conocen solicitan insistentemente explicaciones cada vez más minuciosas. El explorador, consciente de que no puede expresar sus vivencias con pala-bras, les recomienda: «si queréis conocer de verdad esa tierra y ese río, es mejor que vayáis allí y sigáis vuestro propio recorrido».

Entonces le ruegan que les indique la ruta a seguir, y nuestro hombre accede, trazando un dibujo muy detallado de la zona y el río salvaje.

Cada uno de ellos se hizo inmediatamente una copia de ese mapa, y si bien lo estudiaron sobre el papel hasta saciar su curiosidad, ninguno se decidió a viajar a ese territorio y a vivir la experiencia. Pero, al poco tiempo, cuando se reunían todos hablaban del río salvaje como si de verdad lo hubieran recorrido.

Leer un libro o ver un reportaje de vídeo y creer que ya se sabe todo acerca de aquello que se siente curiosidad en descubrir equivale a engañarse, lo mismo que se engañaron los amigos del explorador, porque sin la vivencia directa y personal, ¿qué clase de conocimiento se puede adquirir?

La práctica de la meditación Zen pertenece al ámbito de la experiencia directa y es del todo compatible con la vida ordinaria de cada persona, pues no consiste en hacer cosas o ritos extraños, ni hace falta hacerse monje, ni vestir al estilo japonés, ni apegarse a costumbres de otras culturas, etc., sino que basta con vivir de modo natural cada instante del día o de la noche.

En la antigüedad un discípulo le preguntó al maestro:

– Maestro, ¿qué es el Zen?– Cuando tengo hambre como, cuando tengo sueñoduermo –respondió el maestro.

Hacer un hueco para el Zazen en el quehacer cotidiano sólo requiere voluntad para encontrarse consigo mismo y un cojín (Zafú) o banqueta sobre la que reposar sentado, durante veinte minutos, respirando tranquilamente, sin pensar en nada. ¿Sin pensar en nada? Así es, amigo lector, y en los capítulos siguientes te explicaré cómo puedes llegar a conseguirlo.

Los maestros recomiendan dedicar todos los días este tiempo al Zazen, aunque al principio puede bastar la práctica en días alternos y, poco a poco, si hay constancia y regularidad, irá aflorando el «maestro interior» que te ayudará a:


– Liberarte de la rutina, el aburrimiento y la monotonía que pueda existir en tu vida.

– Adoptar una actitud serena y positiva en todas las situaciones.

– Romper las ataduras de los prejuicios, las fobias y las manías.

– Superar temores, miedos, preocupaciones y quimeras.

– Rendir al máximo sin caer en la trampa del estrés.

– Conocerte mejor y vivir en armonía contigo mismo (sosiego, equilibro, serenidad).

– Mejorar la autoconfianza, el autocontrol y la autoestima.

– Recuperar tu conciencia objetiva, lo que te permitirá ver las cosas como realmente son.

– Hacerte más útil para ayudar a los demás.

– Disfrutar más de todo, sin sentirte atado a nada, rompiendo las cadenas del utilitarismo.

En resumen, vivir una vida más natural, más satisfactoria y más en armonía contigo mismo y con todo lo que te rodea.

Tal vez te resulte difícil admitir que el Zen pueda proporcionarte tantos cambios positivos, pero los expertos aseguran que todos esosbeneficios se producen a condición de que tú te sientes en Zazen y adoptes las actitudes Zen sin intención de obtenerlos directamente.


Pero como ya ha quedado dicho más atrás, el Zen constituye ante todo una experiencia vital, y del mismo modo que no se puede aprender a nadar o a tocar la guitarra simplemente leyendo un libro, será imposible que descubras las pistas de este camino si no te decides a reconocerlo por ti mismo en tu vida ordinaria.

«Cuando camines, limítate acaminar. Cuando te sientes,limítate a sentarte y sobretodo no titubees» Maestro Ummon DO. (Kanji japonés que significa: Camino, Vía, Modo o Manera)


EJERCICIOS DEL CAPíTULO 1


El primer paso

¿Estás decidido a recorrer el camino? ¿Sí? Pues determina:

– Lugar dónde practicarás Zazen.

– Qué días de la semana (al menos tres) te será más fácil disponer de media hora.

– Hora del ejercicio.

Primer ejercicio

Siéntate en una silla, mantén la espalda y la cabeza en la misma vertical, apoya los pies en el suelo y las manos sobre los muslos.

Cierra los ojos y trata de percibir todos los músculos o zonas de tu cuerpo en los que haya tensión. Intenta aflojar todos los puntos que estén contraídos hasta que consigas una relajación de todo tu esquema corporal, sin abandonar la postura de verticalidad (duración: 5 minutos).

Segundo ejercicio

Una vez establecida la relajación del ejercicio nº 1 y conservando la misma postura, respira tranquilamente.

Hazlo por la nariz, lenta y profundamente, enviando el aire hacia el abdomen hasta llenar los pulmones.

Espira por la nariz de forma natural.

Repite el ciclo durante 5 minutos.


Capítulo 2 BREVE HISTORIA DEL ZEN

«Todas las aflicciones se originan enla mente. ¿Por qué buscar en otraparte liberarse de ellas?»

Enseñanza Rinzai Zen


…ASÍ COMIENZA LA HISTORIA

El Zen tiene su origen en el budismo fundado por Siddharta Gautama, personaje mítico, de cuya existencia no hay referencias históricas fiables, puesto que no se escribió nada sobre él hasta casi mil años después de su muerte.

La leyenda y la tradición afirman que Siddharta nació el año 624 antes de Cristo, en los jardines de Lumbini, del reino de Kapilavastu, en la región del Nepal (India).

Su padre fue el rey Suddhodana y su madre la reina Maha Maya, que murió a los pocos días de dar a luz a este niño.

El príncipe Siddharta se casó, cuando tenía dieciséis años, con su prima la princesa Yasodhara, de la que tuvo un hijo, al que llamaron Rahula.

El rey Suddhodana quería que Siddharta viviera feliz y durante muchos años hizo todo lo que pudo para ocultarle las miserias y realidades de la vida.

¿Qué podría haber más allá del placentero recinto en el que ya había celebrado su 29 cumpleaños?

Intrigado por esta cuestión, Siddharta decidió salir de su palacio protector, y cruzar por primera vez las murallas que lo separaban del mundo exterior para contemplar la vida real de los otros seres.

Durante su corto paseo pronto descubrió, con asombro y tristeza, la impresionante realidad que ignoró tantos años, encarnada en otras personas, víctimas de la miseria, la enfermedad, la vejez y la muerte.

Este descubrimiento le causó una impresión tan profunda, que durante muchos días quedó absorto en la misma reflexión acerca del sentido de la vida.


Obsesionado por hallar una respuesta a cuestiones tan vitales, abandonó palacio y familia, y empezó una existencia de asceta, siempre en busca de la causa del sufrimiento humano.

Tras muchos años de ayunos, meditaciones, sacrificios, pruebas y una determinación firme de llegar hasta el final, alcanzó el despertar (la iluminación), que le permitió ver con toda claridad el origen de todos los males que afligen a las personas, y el modo de liberarse de ellos.

A partir de este acontecimiento, que su espíritu compasivo le impulsó a comunicar a sus semejantes, Siddharta fue conocido como BUDDHA, palabra sánscrita que significa: «El hombre que sabe», y también «El hombre que ha despertado», el iluminado…

DIFUSIÓN DEL BUDISMO

Las enseñanzas de Buda (Buddha), escritas por sus discípulos cientos de años después de su muerte, se extendieron siglos más tarde por Asia Central.

En el siglo I después de Cristo, y de la mano de los peregrinos o mercaderes que venían de la India por el Camino de la Seda, el budismo llegó a China.

Según la tradición, el Zen nació cuando el monje hindú Bodhidharma (vigésimo patriarca descendiente de Buda) llegó a China el año 520 después de Cristo, y tras entrar en contacto con los portadores de las ideas taoístas, pasó nueve años en una gruta meditando de cara a la pared.


El asceta que había venido a propagar la doctrina de Buda no pudo librarse de la influencia del taoísmo, y estableció las primeras formas de meditar conocidas bajo el nombre de Ch’an. La enseñanza y la experiencia vital de la meditación se transmitían de maestro a discípulo, según la costumbre establecida por Siddharta Gautama, el Buddha.

El Ch’an comienza a conocerse en Japón hacia el año 1191 después de Cristo (época Kamakura), de la mano del monje japonés Eisai (1141-1215), que había viajado a China para conocer mejor el budismo. A él se debe la existencia de la rama Lin-Chi (Rinzai).

En el país del Sol Naciente la práctica de esta meditación recibió el nombre de Zen.

El año 1244, el maestro Doghen (1200-1252), abandonó la rama Rinzai-Zen, y se decantó con preferencia por la rama Soto-Zen, que constituye la raíz y el origen del tipo de Zazen que ha llegado hasta nosotros, desprovisto de cualquier tinte político o religioso.

Aunque algunos viajeros y estudiosos pudieron descubrirlo mucho antes, se estima que fue en la década de los años 40, cuando la existencia del Zen empezó a conocerse en Europa, a través de libros divulgativos, escritos por autores tan conocidos como: Robert Linssen, D.T. Suzuki, Taisen Deshimaru, Enomiya Lasalle, Eugen Herrigel, Alan W. Wats, Nancy Wilson Ros, Philippe Kapleau o Paul Arnold.


A finales de los años 60 comenzó a llegar esporádicamente algún maestro Zen japonés, para dar a conocer la práctica de este modo de vida.

En la actualidad, esta vía ha alcanzado una notable difusión en la mayoría de los países, y pueden encontrarse grupos de personas que practican Zazen en casi todas las ciudades.

Sin bien el requisito fundamental del Zen nos recuerda que la práctica ha de realizarse sin ánimo de obtener nada, la ley de causa-efecto a la que nadie escapa produce cambios psicosomáticos beneficiosos en aquellos que lo practican, por lo que no cabe duda que día a día crecerá el número de personas que le harán un sitio en sus vidas.

Capítulo 3 ¿QUÉ ES EL ZEN?


«Antes de conocer el Zen, lasmontañas son montañas parala persona y los ríos son ríos;cuando ha penetrado en elámbito del Zen, las montañasdejan de ser montañas, y losríos no se ven como ríos; perocuando esa persona alcanza eldespertar, las montañas vuelvena ser montañas, y los ríosvuelven a ser ríos.»

Ching Yuan


LA VÍA DE LAS PARADOJAS

Me atrevería a decir que el título de este capítulo se identifica plenamente con la natural curiosidad del lector por conocer el camino que se le propone seguir.

Estamos acostumbrados a preguntar: ¿Qué es tal cosa? y ¿tal otra?, esperando recibir una respuesta verbal que más o menos aclare nuestras dudas. Pues bien, en este sendero tal respuesta no existe, aunque paradójicamente se han escrito muchos libros para explicar qué es y qué no es el Zen.

Los maestros más afamados dicen que la naturaleza de esta Vía no puede explicarse con palabras, y para reforzar tal afirmación añaden: «los que hablan no saben, y los que saben no hablan…».

¿Cómo atreverse a escribir algo en este sentido, después de conocer semejante advertencia? ¿Cómo dar una respuesta satisfactoria al inquieto lector sin salirse del cauce establecido por la experiencia y la tradición Zen?

En nuestros días se da tal preponderancia al conocimiento intelectual, que hemos llegado a convencernos de que cualquier materia o área del saber y del hacer sólo puede ser comprendida a través del raciocinio de la mente.

Pero el Zen constituye una experiencia tan vital, que su conocimiento sólo es posible mediante la práctica de la meditación Zazen, por la misma razón que sólo puede conocerse el sabor de una almendra amarga después de haberla masticado.

Ante la insistencia lógica de todas las personas que se acercan a esta Vía, deseando saber qué es los expertos acceden a decir lo que el Zen no es:

– Una religión (ni budista, ni hindú, ni cristiana, etc.).

– Un dogma o una doctrina mística, o exótica.

– Una moral perteneciente a una religión.

– Una Vía propia de los monjes budistas, cargada de sentencias y ritos orientales.

– Un método original para realizarse.

– Una psicoterapia o un remedio para todo.

Entonces, ¿qué es el Zen? La respuesta de los maestros nos advierte una vez más: «Si afirmáis que el Zen es esto o aquello os equivocáis, pero si negáis, el Zen no es esto ni lo otros, igualmente habréis errado…».

¿Cómo salir de este laberinto? ¿Cómo describir lo que no se puede explicar en palabras?

La palabra japonesa Zen es una abreviatura de Zenna, que proviene del vocablo chino Ch’an y éste a su vez del palí Jhana y del sánscrito Dhyana, y todas ellas se refieren a la acción de: concentrarse profundamente y meditar sobre una verdad filosófica o religiosa hasta comprenderla.


Zen significa también: «a solas con la noticia, libre de todo apego, idea o deseo…» aunque en este tipo de meditación no se reflexiona sobre nada en concreto.

Ya es algo, ¿no, amigo lector?, pero seguro que no te basta, que quieres saber más… Para complacerte vamos a tener que entrar en el terreno de la paradoja, y explicar lo que no puede ser expresado con palabras.

En la antigüedad un discípulo le pidió al maestro Tchao-Tchu:

– Maestro, por favor, explíqueme con claridad, qué es el Zen. – ¿Has desayunado ya? –preguntó a su vez el maestro.

– Sí.

– Pues anda y lava tu escudilla.

La interpretación dada por los expertos respecto al significado de este encuentro entre maestro y discípulo resulta del todo orienta-dora, al revelarnos que:

– El Zen se encuentra en todos los actos cotidianos de nuestra vida.

– Necesitamos dejar de buscar conceptos con la pretensión de explicar la realidad mediante ideas o palabras.

– Esta vía resulta asequible a todas las personas de cualquier cultura, sexo, religión o ideología.

– Las actitudes Zen presiden todos los instantes de la vida ordinaria, de modo que «tu vida se convierta en la Vía, y la Vía no es otra cosa que la vida normal», tal como llega día a día, e instante a instante, y ello significa: reír, llorar, comer dormir, trabajar, fatigarse, descansar, amar, alegrarse, enfermar, etc.

Sí, pero… ¿qué es el Zen? Tienes razón en insistir, amigo lector, porque después de tanto rodeo, aún no hemos encontrado una respuesta clara. Veamos qué dicen los maestros al respecto:

«Aprender Zen es conocernos a nosotros mismos.Conocernos es olvidarnos, olvidarnos es desvelar lanaturaleza de Buda, nuestra naturaleza original.»

Maestro Dogen

«El secreto del Zen consiste en sentarse simplementesin ningún fin, ni espíritu de provecho, adoptando unapostura de gran concentración.»


Maestro T. Deshimaru

«La esencia del Zen es la iluminación (el despertar).»

E. Lasalle

«El Zen es conciencia no estructurada por formas osistemas particulares; no se opone a ellas ni deja deoponerse. No las niega ni las afirma, no las odia nilas ama, no las rechaza ni las desea.»

Thomas Merton

«La plenitud de la vida tal como se vive en realidad,es lo que el Zen trata de aprehender…»

D. T. Suzuki

En general, todos coinciden al definir el Zen como el medio que indica el camino a seguir a través de la práctica del Zazen, vivida sin buscar directamente ningún provecho o beneficio.

Ciertamente, el Zen se revela como una forma de educación universal, al alcance de todas las personas, mediante la cual podrán descubrir su verdadera naturaleza; pues la realización plena y auténtica consiste sencillamente en cumplir lo mejor posible las tareas cotidianas, con naturalidad, sin forzar nada, estando presente en el presente (en lo que se hace), en un continuo aquí y ahora.

Llegados a este punto el lector, que aún ve las cosas bajo el prisma de utilidad, de obtener, de conseguir, etc., se preguntará: ¿Qué me ofrece de particular el Zen, para que yo le dé cabida y tiempo en mi vida?


Otra vez debemos recordar que estamos en el terreno de las paradojas, pues aceptar el Zen, para obtener directa o indirectamente algo significa caminar en dirección contraria a sus enseñanzas. Sin embargo, cuando te inicies comenzarás a:

– Lograr concentrarte profundamente.

– Saber vivir el aquí y ahora, cada minuto de cada día.

– Liberarte poco a poco de los lazos y trampas de tu gran ego.

– Vivir con mayor libertad y menos apegos.

– Ver las cosas objetivamente.

– Establecer la armonía cuerpo-mente.

¿Te parece poco?

EJERCICIO DE PERCEPCIóN DEL ENTORNO (entrenamiento de la atención consciente)


Busca un lugar en el exterior, jardín, parque, campo, etc., en el que los ruidos del tráfico o los transeúntes no te molesten.

Siéntate en el suelo (o en un banco) adoptando una postura recta pero cómoda.

Fija tu atención (hacerse consciente) en todo lo que perciben tus ojos sin mover la cabeza.

Haz lo mismo con todos los sonidos que percibes a través de tus oídos (naturaleza del sonido, intensidad, procedencia, etc.).

A continuación toma consciencia, de lo que percibes a través de todas las partes de tu cuerpo (calor, frío, viento, sol, molestias musculares, etc.).

No te olvides de los olores que llegan hasta tu nariz, percibe, siente, distingue, etc.

Después de haber pasado de un sentido a otro, establece un ritmo de respiración tranquilo y natural, y procura, sin fijar tu atención en nada concreto, concienciarte de todas las percepciones que tu cuerpo recibe al mismo tiempo, sin generar ninguna reacción física o mental. Limítate a percibir, a hacerte uno con todo lo que te rodea y te influye.

Capítulo 4 LA PRÁCTICA DEL ZAZEN


«Si una persona practicaZazen aunque sólo seadurante media hora al día,genera una influencia nosólo para sí misma, sinotambién para el universoentero.»

Bendowa. Maestro Dogen


ZAZEN

Es una palabra japonesa que significa sentarse en una postura correcta para meditar. Meditar, ¿en qué? En nada, prescindiendo para ello del proceso razonador de la mente.

Se dice que el Zazen constituye el pilar fundamental del Zen, hasta el punto de que todo aquél que quiera seguir esta Vía necesita dedicar 20 ó 30 minutos diarios a esta práctica como si fuera una actividad cotidiana natural.

El ejercicio regular y constante del Zazen proporciona ciertos beneficios psicosomáticos, y ayuda a ver con mayor objetividad todos los acontecimientos diarios, de modo que la persona se ve menos afectada o vapuleada por los problemas y las dificultades.

Actitudes frente al Zazen

Lector paciente, si ya has decidido practicar Zazen te aconsejo que lo hagas sin espíritu de provecho, sin buscar nada, sin esperar nada, simplemente sentarse y respirar. Como ves no hay forma de escapar de lo paradójico, porque si piensas que esta actividad no sirve para nada también te equivocarás.

En el ámbito del Zen se distinguen muy bien ciertas actitudes erróneas propias de los que comienzan; veamos las más frecuentes:

– Gaki Zen. El Zen de la avidez; la persona busca servirse del Zen para obtener algo, ya sea calma, creatividad, cambio de hábitos o salud.

– Shomon Zen. Aquel que espera comprender el Zen sólo por la lectura de libros sin practicar.

– Engaku Zen. Práctica del Zazen en solitario, con la ayuda de libros, pero sin la dirección de un maestro, ni la compañía de otros practicantes. Existe el riesgo de convertirse en una actividad idea-lista, pero no altruista.

– Bompu Zen. Es el recurso al Zazen de manera inconstante, superficial, sin querer comprometerse de veras en vivir según la esencia del Zen, que no da cabida a ninguna intención egoísta, ni siquiera el deseo, o a los esfuerzos por ser mejor, si se realizan únicamente para colocarse por encima de los otros. Taisen Deshimaru equipara el Zen a una corriente de amor universal que circula por un cauce de profunda sabiduría, al que se accede mediante la práctica del Zazen.

¿Por qué se ha de practicar Zazen?

En general, no es lo que aprendemos lo que hace mejorar nuestra vida, sino aquello que ponemos en práctica de lo que hemos aprendido. En el Zen se aprende y se descubre a través de la propia experiencia.

La práctica de la posición sentada es fundamental, porque ese breve tiempo de parada, en medio o después de las actividades cotidianas permite:

– Reunificar el cuerpo y la mente en el silencio y la calma interior reequilibrando el intelecto, el instinto y la intuición cuyo resultado es una visión más objetiva, imparcial y acertada de las cosas.

– Soltar presa, liberándose de los apegos desmedidos que nos atan a personas, lugares y objetos.

Pero el camino no se limita al Zazen, y anima al adepto a realizar todas las actividades de cada día con la misma disposición, como si se convirtiera en un testigo imparcial, entre su ego y la realidad exterior.

¿Cuánto tiempo o cuántos días se ha de practicar el Zazen? Al principio bastará con una sesión de 20 minutos en días alternos; más adelante cada uno decidirá la frecuencia a seguir.


Recuerda, lector, que vas a recorrer una Vía cuyos indicadores son las paradojas más desconcertantes; por tanto, si decides practicar Zazen te conviene hacerlo:

– Sin aferrarte a la forma.

– Sin buscar ningún provecho o beneficio directo.

La estructura del Zazen

El ejercicio consiste en sentarse adoptando la postura del loto, o del despertar, sin fin ni objeto, abandonando todo pensamiento y concentrándose en la respiración.

La práctica queda estructurada en torno a:

– La postura corporal.

– La respiración.

– La actitud mental.

Como todas las cosas, el Zazen se aprende mejor bajo la orientación directa y personal de un experto, pero a falta de éste un buen libro con instrucciones acertadas puede ser útil para comenzar.

Siendo éste probablemente el caso del lector, debo recomendarle que se asegure de leer e interpretar correctamente todas las instrucciones, sin menospreciar ninguna, porque no tendrá a nadie que le corrija, si hace algo mal. Asimismo, siempre que pueda, no estará de más que se reúna con otros adeptos en un Dojo, porque las sesiones colectivas ayudan a reorientarse.

El lugar para la práctica

1. Escoge un lugar, tranquilo, ordenado y limpio, en el que no haya corrientes de aire, ni humedad, pero que esté bien ventilado.

2. Los sonidos naturales no molestan, pero se evitarán en lo posible los que procedan de emisoras de radio, TV., tráfico, etc. Los cassettes de música autodenominada Zen o Relajación no son en absoluto necesarios.

3. El lugar de la práctica no estará demasiado iluminado, ni tampoco a oscuras, lo ideal es una semipenumbra.

4. La temperatura óptima de la habitación, ya sea invierno o vera-no, oscilará entre 20 y 22 °C, para que ni el frío ni el calor sean motivos de distracción.

5. Usar prendas de ropa amplia y cómoda, por ejemplo, un chándal o un kimono.

6. La mejor hora para el Zazen puede encontrarse por la mañana, antes de acudir al trabajo, o por la tarde antes de la cena. Evitar la práctica inmediatamente después de las comidas o en plena digestión.

7. Sentarse de cara a la pared, a un metro y medio de la misma, evitando situarse frente a una ventana porque será motivo de distracción.

8. Permanecer sentado por un tiempo de 20 ó 30 minutos.

9. Conectar la alarma del reloj para que avise al final del tiempo previsto, a fin de no estropear la sesión al estar pendientes de los minutos que faltan.


La postura corporal

– Kekka-za es el nombre japonés que se da a la postura del loto o postura del despertar. La experiencia de muchos siglos, y generaciones de maestros Zen la confirman como la más idónea para facilitar la reunificación cuerpo-mente, la concentración y el retorno al estado natural del ser.

– Proveerse de una manta, doblarla en cuatro cuartos, y extenderla en el suelo colocando sobre ella el cojín (Zafú) en el que nos sentaremos. El Zafú es un cojín redondo, de unos 35 cm de diámetro y 20 cm de altura, relleno de algún material consistente y blando al mismo tiempo. Al terminar la sesión se recoge y se guarda; nunca hay que apartarlo con el pie, ni tirarlo, porque se le considera como el asiento de Buda.

– Siéntate sobre el Zafú y cruza las piernas, coloca el pie derecho sobre el muslo izquierdo y luego el pie izquierdo sobre el muslo derecho, de modo que las rodillas queden apoyadas sobre la manta; el peso del cuerpo gravita sobre éstas y los glúteos.

– Mantén el tronco y la cabeza bien derechos, de forma que la nariz y el ombligo se encuentren en la misma vertical, la barbilla recogida, el vientre distendido, como si quisieras empujar la tierra con las rodillas, y el cielo con la cabeza.

– Cierra suavemente ambas manos encerrando el pulgar en su interior y apóyalas, con los dedos hacia arriba, sobre los muslos, cerca de las rodillas.

– Comienza a balancear el cuerpo de izquierda a derecha cinco o seis veces –sin perder la postura–, en oscilaciones de amplitud decreciente, hasta inmovilizarte en la vertical, eliminando toda tensión muscular.

– Toma aire por la nariz, junta las palmas de las manos a la altura del esternón e inclina ligeramente la cabeza y el tronco, manteniendo los antebrazos horizontales para saludar (Gassho) mien-tras espiras suavemente.

– ¿Saludar a quién? Al lugar, al acto que vas a realizar y a ti mismo, como expresión de respeto hacia todas las cosas.

– Recupera la vertical inspirando imperceptiblemente, y sin alterar la postura del cuerpo, junta las manos delante de la pelvis, la derecha se apoya en el muslo derecho, con la palma hacia arriba y el meñique en contacto con el abdomen. El dorso de la mano izquierda se apoya dentro de la palma derecha. Las yemas de los pulgares se tocan ligeramente, sin formar montaña, ni valle.

– Los hombros y los brazos relajados caen naturalmente hacia abajo, como queriendo formar una figura redondeada, y un poco separados del tronco, como si hubieras de sujetar un pajarillo bajo cada axila, si aprietas mucho se asfixiará, si dejas mucha separación se escapará.


– Mantén los ojos entreabiertos de manera natural, y dirige la mirada, hacia adelante y al suelo en un ángulo de 45° en un punto de la pared, pero sin fijar la atención en ningún detalle, viendo sin ver. El Zazen se practica con los ojos abiertos.

– Cierra con naturalidad los labios y dientes, la lengua queda en contacto con el paladar, relaja los músculos de las mandíbulas y respira por la nariz.

– Una vez conseguida la postura perfecta, en cuanto a verticalidad, equilibrio y distensión muscular, permanece inmóvil, y dispónte a iniciar la sesión de Zazen.


En el caso de que te resulte difícil adoptar la postura descrita (postura del loto), puedes practicar adoptando alguna de las que se citan a continuación:



HANKA-ZA (postura de medio loto)

Sentarse sobre el Zafú y cruzar las piernas, colocando el pie izquierdo sobre el muslo derecho, mientras el pie derecho queda bajo el muslo izquierdo lo más cerca posible de los glúteos, de modo que, en lo posible, las rodillas se apoyen en el suelo.

El resto del cuerpo adopta la misma postura siguiendo idénticas pautas que para la posición del loto.

Si sobreviene cansancio, o adormecimiento de piernas, se puede cambiar la postura de las mismas, es decir, se apoya el pie derecho sobre el muslo izquierdo y el izquierdo reposa en el suelo.

SEIZA(Suwari)

Arrodillarse y apoyar los glúteos sobre las piernas y los talones, los pies quedan uno junto al otro, con las plantas hacia arriba.

El tronco y la cabeza en la vertical, las manos y el resto del cuerpo adoptan la misma posición que en la postura del loto.

POSTURA BIRMANA

Sentarse sobre el Zafú, cruzar las piernas por delante del cuerpo, recogiendo los pies cerca de la pelvis, uno delante del otro y ambos apoyados en el suelo. La verticalidad del cuerpo y la posición de las manos igual a la postura del loto.


BANQUETA

Arrodillado en el suelo apoyar los glúteos sobre una banqueta de unos 20 cm de altura y unos 25 cm de ancho, introduciendo los pies bajo la misma.

SILLA

Sentado sobre una silla normal, pero sin apoyar la espalda en el respaldo de la misma. Apoyar los pies en el suelo, y mantener la verticalidad del cuerpo, colocando las manos igual que en la postura del loto.

Dificultades en la postura

Es posible que el principiante experimente alguna de estas molestias:

– Le es muy costoso o imposible adoptar la postura del loto.

– Necesita forzar ciertas zonas musculares para mantener la verticalidad.

– Le resulta difícil permanecer inmóvil.

– Se le adormecen las piernas y llega a no sentirlas.

– Siente dolor muscular en alguna zona de la espalda, a causa de su mala postura.

– No sabe si tragar o no la saliva.

– Le cuesta mantener la mirada en un punto y los ojos abiertos.

– Puede caer en el amodorramiento.

No hay que olvidar que, en general, la postura es un fiel reflejo del estado del espíritu.

Todas las molestias citadas inducen al neófito a moverse, rascarse, cambiar de postura, etc., pero existen algunos recursos para sobreponerse a ellas.

1. Sentir esas sensaciones como de lejos, a distancia, igual que si perteneciesen a otro cuerpo, sin oponerse directamente a las mismas, pero sin dejar que entren en nosotros.

2. Penetrar en el dolor (la molestia) mediante la respiración. Al final de la espiración detenerse, relajarse y visualizar la zona dolorosa, llevando hasta ella el alivio necesario mediante la energía vital contenida en el aliento.

La respiración

La respiración natural se produce y regula por sí misma, sin necesidad de que intervenga la voluntad consciente, aunque siempre en estrecha relación con la postura del cuerpo, el estado del mismo y el de la mente.

Toda perturbación fisiológica, o anímica, altera el proceso natural de la respiración, es decir, cuando la atención consciente establece un ritmo justo, contribuye a normalizar la frecuencia cardíaca, recuperando a la vez la calma física y mental.

Durante el Zazen, el control de la respiración constituye un valioso medio para lograr la concentración y apaciguar la actividad de la mente discursiva.

Adoptada ya la postura correcta, se da comienzo con una larga espiración por la boca –lo más silenciosa posible–, a la que siguen dos o tres respiraciones por la nariz, completas, profundas y tranquilas con el fin de establecer un ritmo natural, equivalente en frecuencia y amplitud al del estado de reposo y calma.

Durante todo el tiempo del Zazen se inspira y se espira por la nariz, sin encoger ni ahuecar el abdomen, acentuando ligeramente la fase de espirar, dado que el Zen se equipara al acto de soltar, dejar o distender.

Se recomienda concentrarse en las inspiraciones cuando se está excitado, y en las espiraciones si aparece sueño no modorra.

Concentrarse en la respiración ayuda a detener en cierto modo la avalancha de pensamientos o imágenes que pasan por la mente, y a tal fin se fija la atención en contar las espiraciones hasta diez, volviendo a empezar una y otra vez. Este recurso es conocido con el nombre de SUSOKUKAN. Contar no impide percibir cuanto sucede alrededor, pero ayuda a no atarse ni detenerse en esas percepciones, y las ideas y pensamientos que generan.


Otra ayuda es la llamada ZUISOKUKAN (seguir el aliento) en la que tanto al inspirar como al espirar nos concentramos en el acto de tomar o devolver el aire respirado.

La actitud mental durante el Zazen

«Siéntate en Zazen, en silencio e inmóvil como unamontaña, y piensa el no-pensar. ¿Qué es el nopensar…?Es no pensar… manténte tranquilo yabandona toda preocupación, no pienses ni bienni mal…»

Maestro Dogen

¿Se puede permanecer en estado de vigilia constante sin pensar en nada? Sí, pero cuando se intenta aparece la dificultad para detener la mente o evadirse de ella.

Aunque se define el Zen como una forma o ejercicio de meditación, la paradoja surge otra vez. ¿Cómo entender el hecho de sentarse, sin pensar, sin discurrir, imaginar o reflexionar sobre materia alguna?

La actitud mental idónea resulta de la ausencia de todo pensamiento, idea, emoción o deseo; por tanto, amigo lector, durante tu sentada meditativa dejarás de:

– Seguir ningún pensamiento.

– Alimentar preocupaciones.

– Aprovechar la ocasión para hacer planes o proyectos.

– Apuntar o recordar idea o deseo alguno.

– Angustiarte por temores o quimeras.

– Enfadarte porque te has descubierto pensando.

– Alimentar las manifestaciones del ego.

Pero a pesar de tu buena disposición, los pensamientos y las ideas acudirán a tu mente. ¿Qué hacer? ¿Cómo librarse de ellos?


La experiencia Zen, dice al respecto: «Deja que lleguen los pensamientos, no luches contra ellos, deja que pasen como nubes en el cielo, no les des importancia, no los rechaces, no los sigas, obsérvalos como algo extraño a ti, y vuelve a concentrarte en la respiración, y así cada vez que te descubras aferrado a una idea, imagen o pensamiento…»

Como conclusión, creo oportuno transcribir el consejo del maestro Bankei, porque resulta notablemente revelador:

«Si tratas de rechazar o detener los pensamientos, tu mente queda dividida en dos, la mente que piensa, y la mente que quiere detener a la que piensa.»

Cómo levantarse al final del Zazen

Es posible que al término de la sesión las piernas se encuentren algo entumecidas o dormidas a causa de la inmovilidad y del peso del cuerpo, por lo que es preciso deshacer la postura con lentitud y suavidad.

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