Kitabı oxu: «Órbitas librescas»

Şrift:


Órbitas librescas

Historia de una editorial técnica y científica

Primera edición, abril 2022

© 2022 Josep Maria Boixareu Vilaplana

© 2022 MARCOMBO, S. L.

Gran Vía de las Cortes Catalanas, 594

08007 Barcelona

www.marcombo.com

© Diseño y maquetación editorial: cuantofalta.es

© Fotografía y reproducciones: Jordi Boixareu Pallarès (salvo excepciones)

© Fotografía 21, página 153: Carlos Adampol Galindo

© Traducción: Xavier Timoneda Perarnau

Corrección: Anna Alberola Banasco

Directora de producción: M.ª Rosa Castillo Hidalgo

Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra

ISBN: 978-84-267-3464-8

Producción del ePub: booqlab


ÍNDICE DE CONTENIDOS

1. PRÓLOGO, DE MANUEL LLANAS

2. UNA BREVE INTRODUCCIÓN

3. ANTECEDENTES FAMILIARES

Una empresa familiar: los Boixareu, los Ginesta, los Vilaplana

Josep Maria Boixareu Ginesta

De Badalona a Valladolid, pasando por París

4. HACIA LA FUNDACIÓN DE MARCOMBO

La posguerra

Los primeros libros editados y publicados. Marcombo se pone en marcha

5. LA DÉCADA DE LOS CINCUENTA

Una nueva etapa empresarial. Nuevos socios y la compra de la Librería Hispano Americana

Marcombo sigue editando con copyright propio

Desarrollo y fin de las relaciones con los socios argentinos

6. LA FECUNDA DÉCADA DE LOS SESENTA

Nuevos proyectos

Cambios en el accionariado y nuevo empuje

7. LA LIBRERÍA HISPANO AMERICANA

Los primeros tiempos

Transformación y expansión

La revista Amenidades. Nuevas líneas de producto y sistemas de venta

Actos y festividades sociales con personal de la casa

Un salto en el tiempo. De 1937 al siglo XXI

8. LA INTENSA DÉCADA DE LOS SETENTA

La gestación de Editia

La incorporación definitiva de JMBV

Más y más libros

9. AMÉRICA, EL FUTURO

Josep M. Boixareu Ginesta

México

Argentina

Uruguay

Paraguay

Chile

Más viajes

Josep M. Boixareu Vilaplana

Estados Unidos

Cuba

Estados Unidos. Más

Venezuela

Colombia

Ecuador

Perú

Chile

Uruguay

Argentina

Paraguay

Brasil

América Central

10. MÉXICO, UN PUNTO Y APARTE

Primera estancia

1977-1979

Promoción con autor y primeras ferias

Publicaciones Marcombo. Feria Internacional del Libro de Guadalajara

11. LA DÉCADA DE LOS OCHENTA

Diversificación

Informática de lleno y más

Nuevas alianzas. CEP Communication

12. LIBRERÍAS Y DISTRIBUIDORES

Librerías

Distribuidores

Políticas comerciales. Algunas consideraciones

13. PERFILES BOIXAREU

Josep Maria Boixareu Ginesta

Relaciones profesionales y amistades

Más actividades profesionales y sociales

Honores y distinciones. Pérdida del fundador

Joaquim Boixareu Gimó

Josep Maria Boixareu Vilaplana

Infancia y juventud

Primeras etapas profesionales

Incorporación definitiva a Marcombo

Más vida profesional, social y familiar

14. EL DÍA DEL LIBRO

Orígenes en 1926

Celebración en la Librería Hispano Americana

Orígenes del Día Mundial del Libro Declaración de la UNESCO de 15 de noviembre de 1995

15. MARCOMBO EN LA DÉCADA DE LOS NOVENTA

Cambios en el sector editorial y en Marcombo

Nuevos hábitos de lectura y cambios en el mercado

Sobre el libro técnico y científico. Autores y editores

16. PUBLICACIÓN DE REVISTAS

Boixareu Editores, S. A. Publicación de revistas técnicas

Lanzamiento de las revistas y distribución

Creación de premios

La etapa Cetisa Boixareu Editores

El mundo de la prensa técnica

17. FERIAS Y CONGRESOS

Ferias españolas y locales

Ferias internacionales

Congresos de libreros

Congresos españoles de editores

Congresos internacionales de editores

18. EL SECTOR Y SUS INSTITUCIONES

San Jerónimo, patrón de libreros, editores y traductores

Libreros. Antecedentes, gremios, asociaciones...

Editores. Gremios, federaciones, cámaras, UIE, STM, CEDRO

19. SIGLO XXI, 2000-2004

Libros publicados. El euro

Una adversidad

20. NUEVA ÉPOCA, A PARTIR DE 2004

Entra la tercera generación

Perfil de Jeroni Boixareu Pallarès

Libros publicados y desarrollo de Marcombo

75.º aniversario y año de la pandemia, 2020

21. EPÍLOGO



PRÓLOGO, DE MANUEL LLANAS
Los Boixareu y Marcombo: continuidad de una tradición

Empezando por el hecho, más que notorio, de que las publicaciones promovidas por el monasterio de Montserrat se sitúan cronológicamente en el primer lugar del ranking mundial de las editoriales más antiguas todavía activas hoy —y con producción continuada en el tiempo—, la historia de la edición catalana ofrece un abanico variado de características que la singularizan. Es el caso, para empezar, de las asociaciones gremiales, que arrancan con la creación, en 1553, de la Cofradía de San Jerónimo de los Libreros, oficio que entonces implicaba también el de editor y que, a partir del último tercio del siglo XIX, se acaba diversificando en las diversas actividades de la producción y comercialización del libro (artes gráficas, editores, distribuidores y libreros). Un segundo aspecto remarcable lo constituyen, a partir del segundo decenio del siglo xx, las exportaciones de libros a la América hispanófona, base del negocio de empresas como por ejemplo Montaner y Simón, Maucci, Sopena, Salvat, Gustavo Gili u Océano; se trata del factor decisivo para la conversión de Barcelona en la capital líder de la edición en español, posición que sigue manteniendo actualmente. A todo esto se añade, en tercer lugar, la existencia de linajes de editores que, en algunos casos, perduran durante siglos enteros: del siglo XVII al XX, los Jolis-Pla y los Abadal; a caballo entre los siglos XIX y XX, los tres López (los dos primeros de la Librería Española y el tercero de la Llibreria Catalònia), Casals (inicialmente de la Tipografía Católica homónima) o Millà; o, ya en el siglo XX, los Sopena, los Salvat o los Gili.



Este volumen —una crónica completísima, profesional y familiar a la vez— patentiza cómo Boixareu y Marcombo participan de lleno en estas constantes históricas. El fundador, Josep Maria Boixareu Ginesta, compra la Librería Hispano Americana en 1949 y, como los López de la Librería Española y los Millà de la librería del mismo nombre, la vincula estrechamente con la producción editorial para que se refuercen mutuamente. Como titular del negocio, Boixareu Ginesta se integra activamente en el Gremio de Libreros de Barcelona, que preside de 1952 a 1966, y representa a sus homólogos españoles en la fundación de la Comunidad Internacional de Asociaciones de Librerías (CIAL). Al mismo tiempo, se incorpora al consejo de administración del Instituto Nacional del Libro Español. Por su parte, Josep Maria Boixareu Vilaplana se muestra activo en las asociaciones de editores; forma parte de la junta directiva del Gremio de Editores de Cataluña durante treinta años (1980-2010) —veinte de los cuales como vicepresidente—, de la junta de la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE) y de la junta del Centro Español de Derechos Reprográficos (CEDRO). Simultáneamente, se integra en la International Association of Scientific, Technical and Medical Publishers (STM). En esta línea de implicación en las corporaciones profesionales, Jeroni Boixareu, el actual consejero delegado, ha sido, hasta ahora, vicepresidente de los gremios de Editores y Libreros de Cataluña.

Por otro lado, la expansión y la implantación de Marcombo en América —en una docena de repúblicas, y especialmente en México— constituyen la clave esencial de su trayectoria; los documentados capítulos que este libro les dedica me excusan ahora de extenderme en ello. Y, en paralelo, sobresale la continuidad familiar al frente de la editorial y de la librería: al fundador, Boixareu Ginesta —que en 1967 se asocia con un primo hermano, Boixareu Gimó—, le sucede Boixareu Vilaplana; y hoy, setenta y cinco años después, la máxima función ejecutiva recae en el nieto del primero, Jeroni Boixareu Pallarès. Con un catálogo especializado en obras técnicas y científicas, Marcombo se inscribe, además, en una línea temática que, en Cataluña y contemporáneamente, inaugura la editorial Salvat y que han explotado —parcialmente o monográficamente— sellos como Labor, Manuel Marín, F. Susanna, Gustavo Gili, Reverté u Omega (de la familia Paricio).

Entre las valiosas contribuciones de esta historia de la empresa sobresalen con luz propia, por un lado, el reporte minucioso de la red de contactos y amistades establecida con profesionales del sector —editores, distribuidores, libreros— en España, Europa y América, sea por medio de alianzas comerciales o bien de relaciones personales, ambas tejidas en ferias y congresos y en organismos del mundo del libro; y, por otro lado, la profusión de documentos, textuales y —sobre todo— gráficos, testigos irrecusables del camino recorrido y de la proyección, local e internacional, de la casa. Todo ello no habría sido posible, primero, sin el gran esfuerzo del autor —que se ha consagrado a ello en cuerpo y alma durante tres años— y, segundo, sin una particularidad altamente meritoria de Marcombo: haber conservado un archivo. Este mérito se acentúa —y sé de qué hablo— por contraste con el montón de editoriales que, por diferentes motivos, han sufrido tal devastación documental que solo se pueden reconstruir sus características y su evolución de forma muy insuficiente o insatisfactoria.

En fin: los casi tres mil setecientos cincuenta títulos que Marcombo ha puesto en circulación a lo largo de sus setenta y cinco años de vida dan fe de una iniciativa sólida y prestigiosa que solo cabe desear que perdure muchos años más.

Manuel Llanas

Universidad de Vic



UNA BREVE INTRODUCCIÓN

Cuando el pulso ya me temblaba, los ojos se me cerraban y, sobre todo, la memoria se me estaba oxidando, se me ocurrió poner en orden mis vivencias y mis recuerdos sobre el mundo del libro; más concretamente, sobre la historia de Marcombo, que ha sido también mi historia durante todos estos años. Se me ocurrió cuando me di cuenta de que en el año 2020 Marcombo cumpliría setenta y cinco años de vida ininterrumpida. Fue durante una de mis estancias en el Santuario del Miracle, en el Solsonès, provincia de Lleida, concretamente el día 10 de marzo de 2018, cuando tecleé las primeras letras de este libro que ahora tiene usted delante.

Aquel era un buen lugar para reflexionar, para pensar por dónde tenía que empezar. Hice un primer índice y me puse a escribir, pero aún no tenía muy claro cuál debía ser el alcance de esta historia. ¿Debería ceñirme a los hechos ocurridos en la editorial o podría ir más allá y escribir la historia de Marcombo en paralelo a la historia del sector del libro durante esos años? Intenté poner los pies en el suelo, y hablar del sector del libro solo en los pasajes directamente relacionados con Marcombo o con alguno de los Boixareu que la han dirigido durante sus primeros setenta y cinco años. Entonces, ¿por dónde empezar?

Esta ha sido siempre una empresa familiar regentada por algún Boixareu, así que empecé a hurgar en los documentos de mi padre, que los dejó más ordenados que los que yo guardaba. Mi padre tenía documentos manuscritos y mecanografiados, fotografías, muchos informes, artículos, ponencias, discursos con notas manuscritas al margen y, sobre todo, libros, muchos libros. La mesa del comedor de Llerona me sirvió durante mucho tiempo de plataforma clasificadora y seleccionadora. Seguí una especie de proceso de selección darwinista, pero no por autoselección; era yo quien escogía lo que me parecía más interesante una y otra vez, después lo clasificaba cronológicamente y guardaba separados los documentos y las fotografías que se tendrían que reproducir. Con esta serie de clasificaciones iba actualizando el índice, del cual debo de haber hecho más de una decena de versiones. Entonces vino la clasificación de los materiales, los documentos originales y las reproducciones, por capítulos y subcapítulos del libro. Esta clasificación se tradujo en un montón de papeles para el texto por una parte y otro montón de fotografías y reproducciones por otra. No entro en más detalles para no aburrir al lector.

No he recurrido a ningún archivo ni biblioteca pública o privada; solo he recurrido a aquellos documentos que teníamos yo, mis hermanas o la editorial. Quizá por este motivo he encontrado materiales que no he considerado esenciales y, en cambio, he echado en falta otros que me hubiera gustado incluir en el libro. En consecuencia, el lector encontrará desequilibrios cuantitativos y cualitativos entre unas temáticas y otras, que se traducen en las diferencias de densidad entre capítulos. También he procurado distribuir esta historia geográficamente, ya que Marcombo, además de tener presencia en España, ha hecho llegar sus libros a Latinoamérica y más allá; pero, inevitablemente, cuanto más cerca, de más información he dispuesto. Ahora diríamos que el kilómetro 0 es Barcelona y también aquellas actividades o acciones en las que hemos participado más directamente los Boixareu.

Me ha parecido que, tratándose de una editorial familiar, tenía que ir a las raíces, y ahí es donde el lector encontrará también a mis abuelos. Insisto con cierto ahínco en los perfiles personales de los Boixareu que han llevado la editorial, especialmente mi padre, Josep Maria Boixareu Ginesta, que la timoneó desde el primer día y durante más de cincuenta años. Un pasaje que considero clave fue aquel en que mis padres se conocieron, sin el cual no habría existido Marcombo; en el interior del libro se explica por qué. Con ellos se juntaron escritura y pedagogía; en definitiva: cultura y amor por los libros.

También verá el lector una parte de la aventura de la guerra, el exilio y el reencuentro. Una historia verídica que a veces parece ficción. Cómo unos amigos hacen proyectos desde la lejanía hasta el kilómetro 0, cómo surge el proyecto definitivo de una editorial. Cómo, con unos recursos muy escasos, se gesta, se edita y se publica el primer libro y los que le seguirán. Cómo, desde muy pronto, se mira hacia América y cómo mi padre empieza la aventura americana, el futuro.

El lector interesado en el emprendimiento verá movimientos accionariales y alianzas de todo tipo, mientras el timón permanece siempre en manos de los Boixareu. Como en la inmensa mayoría de las empresas de larga vida, se viven dificultades que se van resolviendo. Marcombo se caracteriza por la apuesta por la calidad, y sigue una línea editorial paralela a la evolución tecnológica, desde la radio de galena y de válvulas hasta la inteligencia artificial, pasando por la electrónica, la electrotecnia, los semiconductores, los chips, la automática, la robótica o la informática, entre otros.

Desde el punto de vista estrictamente editorial, se ponen de relieve los autores como la materia prima creativa de la casa. Y desde ese punto de partida, sigue todo el proceso editorial hasta llegar al mercado, al lector (objetivo final), como servicio a millones de lectores que necesitan el libro técnico como una herramienta para su subsistencia o incluso para su ocio. Se destacan las colecciones, porque también forman familias temáticas dentro de la línea global. Se ven intentos de diversificación que muchas veces vuelven a la línea editorial tradicional, siempre actualizada, o incluso avanzada. Se remarcan los aniversarios porque suponen hitos en el tiempo de esta historia.

Hay un capítulo dedicado a la publicación de revistas técnicas afines a la línea de Marcombo; esta fue la aventura de las revistas. Se lanzaron en el marco de una sociedad hermana (Boixareu Editores, S. A.) que, durante muchos años, convivió con Marcombo bajo un mismo techo, optimizando los servicios comunes en ambas editoriales. Quizá fueron los tiempos más esplendorosos del conjunto de la actividad editorial hasta el presente.

En esta tarea tan vocacional como es la dedicación al libro no falta el papel de la Librería Hispano Americana que, pocos años después de la fundación de Marcombo, fue la actividad que colmó las ansias de libro que tenía mi padre y que tenemos quienes lo hemos seguido. En este sentido, también se narran aquí las actividades que las tres generaciones Boixareu que ha habido hasta ahora han desarrollado en organizaciones sectoriales a todos los niveles y en diversos ámbitos geográficos.

En este libro, lo que ha ocurrido en Marcombo desde el año 2005 hasta la actualidad lo he escrito al dictado de mi hijo Jeroni, que es quien ha llevado y lleva desde entonces las riendas de la editorial, la librería y las nuevas actividades adecuadas a los nuevos tiempos. Mi deseo es que esta historia de los setenta y cinco años de Marcombo sea solo la historia de los primeros setenta y cinco años.

Josep Maria Boixareu Vilaplana

A continuación, se desarrollan algunas de las siglas que se pueden encontrar durante la lectura del libro:

JMBG - Josep Maria Boixareu Ginesta

JBG - Joaquim Boixareu Gimó

JMBV - Josep Maria Boixareu Vilaplana

JBP - Jeroni Boixareu Pallarès

FIL - Feria Internacional del Libro (de Guadalajara, México)

FGEE - Federación de Gremios de Editores de España

INLE - Instituto Nacional del Libro Español

CEGAL - Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Librería

CEDRO - Centro Español de Derechos Reprográficos

LIBER - Salón Internacional del Libro Iberoamericano

CIAL - Confederación Internacional de Asociaciones Libreras

UIE - Unión Internacional de Editores

STM - International Group of Scientific, Technical and Medical Publishers

MCB - Marcombo



ANTECEDENTES FAMILIARES
Una empresa familiar: los Boixareu, los Ginesta, los Vilaplana

Josep Maria Boixareu Ginesta fundó Marcombo en el año 1945 junto con sus socios Manuel Marín y Carlos Comas. Fue él quien, desde los inicios, llevó las riendas de la editorial a nivel ejecutivo. El nombre comercial que adoptaron fue Marcombo, anagrama de las iniciales de Marín, Comas y Boixareu. La familia Boixareu es el linaje que ha regido la empresa hasta nuestros días. Iremos repasando su evolución a lo largo de este libro.

Josep Maria Boixareu Ginesta, mi padre, nació el 21 de agosto de 1909 en Sant Iscle de Vallalta, comarca del Maresme y provincia de Barcelona. Era hijo de Martí Boixareu Sorigué y de Rosa Ginesta Costa. El abuelo Martí nació en El Pont de Claverol, en el Pallars Jussà (provincia de Lleida), el 3 de enero de 1870, en una gran masía llamada El Molí de Palau1, hoy sumergida bajo las aguas del pantano de Sant Antoni, construido a principios del siglo xx en el cauce del río Noguera Pallaresa. Estudió magisterio en la Escuela Normal de Lleida, todavía en el siglo XIX. Para ir de La Pobla de Segur a Lleida bajaba en las balsas que, por aquel entonces, no solo transportaban por el río troncos de árboles y madera, sino también humanos y animales. Martí fue maestro rural y tuvo distintos destinos; en uno de ellos, Sant Iscle de Vallalta, nació mi padre. Después lo destinaron a Arenys de Munt, donde vivió la familia Boixareu Ginesta: el abuelo Martí, la abuela Rosa, mi padre y mi tío Joan. Allí, el maestro y abuelo Martí sufrió un ataque de apoplejía, que le incapacitó para ejercer su profesión. Los abuelos Martí y Rosa, a pesar de su precaria situación, tenían pequeños ahorros, y en el año 1935 compraron una casa con huerto en el Pla de Llerona (municipio de Les Franqueses del Vallès, provincia de Barcelona), donde vivieron durante los años de la Guerra Civil.


1. El Molí de Palau y su capilla, Socors.

El abuelo murió el 21 de mayo de 1943. Tengo pocos recuerdos suyos: dándome pasas que guardaba en un bote de hierro oxidado, yendo muy pronto por la mañana al huerto antes del desayuno para comerse una guindilla allí mismo, y el día en que se lo llevaron difunto hacia el cementerio de Llerona. A mí no me dejaron ir2.

La abuela Rosa Ginesta era natural de Arbúcies (comarca de la Selva, provincia de Girona). Allí, en la pastelería Cal Piconaire, su abuelo había inventado el pa de pessic*. Esto no se le puede discutir a nadie de Arbúcies, y mucho menos a los de Cal Piconaire. No sé cómo se conocieron mis abuelos, pero la Selva y el Maresme son comarcas vecinas. De la abuela Rosa sí tengo muchos recuerdos. Murió cuando yo tenía 13 años; dormíamos en la misma habitación, entonces en Barcelona, y yo avisé a mis padres de los gemidos que daba. Cuando llegó el médico, el doctor Montserrat, ella ya estaba muerta. Con la abuela dimos bastantes vueltas, sobre todo por sus lugares preferidos: Arbúcies, Joanet, Sant Hilari y, no digamos, por todos los bosques y las fuentes de Llerona. Recuerdo que íbamos a buscar setas a los bosques de Can Gorgs y de Can Guilla. La abuela, siempre con un pañuelo negro en la cabeza, llevaba aceite, sal, ajo y perejil en los bolsillos del delantal. Una vez cosechadas las setas, entre ella y mi padre, que llevaba encendedor porque fumaba mucho, las cocían a la piedra. ¡Qué delicia! ¡En mitad del bosque! La abuela Rosa tenía amigas en todo Llerona. Murió el día que cumplía 80 años y en su entierro —a este sí asistí— me emocioné al ver llorar a mi padre, que ya era editor y librero.


2. Enfrente de la casa de Llerona, 1942. De izquierda a derecha, abuelo Martí, abuela Rosa, padre Josep M. Boixareu Ginesta, madre Mercè Vilaplana, tío Joan, tía Josefina; los pequeños somos mi prima Genoveva y yo mismo. Debajo a la izquierda, el recordatorio del funeral y un texto sobre Cal Piconaire.

De mis abuelos maternos sé muy poca cosa. No los llegué a conocer. Murieron cuando mi madre era bastante joven; no recuerdo exactamente la edad, pero debía de tener entre catorce y dieciséis años. El abuelo, Ignasi Vilaplana Gomà, había nacido en una gran casa de payés de Sarroca de Lleida, Cal Quico3. La casa estaba situada justo en el centro del pueblo, y las tierras se extendían por todos los alrededores; era una gran extensión de almendros y olivos. Se casó con la abuela, Joaquima Jové, de Llardecans, a pocos kilómetros de Sarroca. El único documento que conservo del abuelo Ignasi es una copia manuscrita de su testamento, con fecha 3 de marzo de 1922, en el que reparte las tierras entre sus hijos vivos, porque los demás habían muerto durante la epidemia de gripe de 1918 (que se llevó a su primogénito, Mn. Josep Vilaplana, y a Pilar Vilaplana). En ese testamento nombra como heredero a su hijo Ignasi Vilaplana Jové. Y, en lo que respecta a mi madre, dice lo siguiente: «Lega a su hija Mercedes Vilaplana Jové, en primer lugar, las fincas que posee el testador en el término de Sarroca de Lérida y las partidas llamadas “Camí de Aytona”, “Camí de la Granja” y “Avellà” y, en segundo lugar, para cuando tome estado, dos camas, cuatro colchones y las demás ropas y muebles correspondientes, tal como fueron entregados a sus otras hermanas». Y añade: «Impone al heredero, que luego nombrará, la obligación de mantener a la hija del testador Mercedes Vilaplana Jové de todo lo necesario a la vida humana en la casa del heredero o fuera de ella, y de costearle la carrera que quiera seguir; todo hasta que tome estado o reciba el legado antes practicado a la misma, al cual se añadirá la cantidad de diez mil marcos».


3. Cal Quico de Sarroca.

Mi madre, Mercedes y Concepción Vilaplana Jové4, según consta en su certificado de nacimiento, nació en Sarroca de Lleida el día 14 de junio de 1904. Su padre, el abuelo Ignasi antes citado, tenía 45 años, y su madre, la abuela Joaquima, 40. Fue la menor de ocho o diez hermanos. Por este motivo, quedó bajo la tutela de su hermano Ignasi. Estudió interna en el Colegio Lestonnac de Lleida.

Al terminar, quiso estudiar Filosofía y Letras, pero su hermano-tutor se lo impidió alegando que no era una carrera para mujeres y que, como máximo, podría estudiar Magisterio; y eso tuvo que hacer. Estudió en Lleida y, una vez terminados los estudios y emancipada, pidió plaza en el lugar más alejado de su extutor. Le otorgaron plaza en Montanicell5, a hora y media de Organyà en burro. Al llegar allí, se encontró con una escuela cerrada en el edificio del Ayuntamiento. Contaba que, al principio, tenía que ir a recoger a las criaturas por las masías del municipio. Los padres solían resistirse a dejar ir a sus hijos a la escuela, argumentando que los necesitaban para trabajar en el campo o en casa. La nueva maestra los amenazó con denunciarlos a la Guardia Civil, pues la escolarización era obligatoria. Eran los años veinte.


4. Mercè Vilaplana Jové a la izquierda, con unas amigas en Lleida.


5. Tarjeta de la maestra Mercè Vilaplana, Montanicell.


6. Fotografía y certificado de trabajo de Mercè Vilaplana, 1937.

En Montanicell había una chica que apenas sabía escribir; y le pidió a la maestra del pueblo —mi madre— que le escribiera las cartas que dirigía a su prometido, que vivía en Rajadell (Bages). Resulta que en la estación de Rajadell trabajaba como factor Josep Maria Boixareu Ginesta, persona instruida, escritor, epicentro de esta historia y amigo del prometido de la chica de Montanicell. Este chico de Rajadell, viendo que su prometida de Montanicell le enviaba unas cartas de amor tan bien hechas, le pidió a su amigo factor que le contestara como merecía. Y así, se estuvieron intercambiando cartas durante un tiempo que desconozco.

Cuando se descubrió todo, resultó que los «negros», que eran quienes realmente se escribían las cartas, se habían enamorado por carta y sin conocerse. Quedaron para encontrarse un día en Lleida en un lugar que, de joven, una vez mi padre me enseñó: «Aquí nos conocimos con tu madre». Y aquella historia de amor epistolar acabó en boda. Hablaremos de ello más adelante.

Ahora seguiré explicando brevemente la historia de mi madre. Una vez casados, en el año 1932, mis padres se fueron a vivir a Badalona, donde mi madre ejerció de maestra en la Escola Catalana, como consta en el certificado de trabajo adjunto6 del año 1937 (véase una página de la revista Escola Catalana. 1926-1939, encabezada por el título «El parvulari de la senyoreta Mercè»7). Debo señalar que hablo de mi madre porque sin ella Marcombo no existiría, como veremos más adelante8.


7. Página de la revista Escola Catalana encabezada por el título «El parvulari de la senyoreta Mercè».


8. Abuelos, padres, tíos y hermana, 1934.

El 17 de abril de 1934, mis padres tuvieron una hija, Montserrat9, la hermanita que no llegué a conocer10. Mi madre guardaba una muestra de pelo, «las llaves del nicho de la niña», algunas fotografías como las adjuntas y su recordatorio11 con los poemas respectivos que mis padres le dedicaron12. Nuestra «germaneta del cel*», como la llamábamos los hermanos, murió el día 21 de diciembre de 1936, en vísperas de Navidad, como durante toda la vida recordaron mis padres. Y todavía les tenían que pasar muchas otras cosas.


9. El 21 de junio de 1932, mis padres tuvieron una hija, la Montserrat.


10. Mi madre paseando con la pequeña Montserrat.


11. Recordatorio de la «germaneta del cel».


12. Poemas que mis padres le dedicaron.

Josep Maria Boixareu Ginesta

Mi padre nació el 21 de agosto de 1909 en Sant Iscle de Vallalta (Maresme)13. Era hijo del maestro del pueblo, Martí Boixareu Sorigué, y de Rosa Ginesta Costa, de Cal Piconaire de Arbúcies. Cuando nació, hacía menos de un mes que había tenido lugar la Semana Trágica, principalmente en la ciudad de Barcelona, con la quema de numerosos conventos e iglesias. Hubo un número indeterminado de víctimas. En Sant Iscle había tranquilidad y alegría en casa del maestro. Unos dos años más tarde, nacía el hermano de Josep Maria, Joan, que fue maestro de profesión14. La familia vivía con la economía propia de un maestro de escuela de la época. Y el huertecito ayudaba. Pocos años después, lo trasladaron a Arenys de Munt, donde se instaló con toda la familia. Josep Maria estudiaba en la escuela de su padre, pero antes iba a hacer de monaguillo y allí le daban el desayuno. En el año 1921, el abuelo Martí sufrió un ataque de apoplejía y se quedó sin pensión. Josep Maria, para ayudar a la familia, ingresó como montador en la fábrica de género de punto Viuda de Manuel Riera, de Arenys de Mar. En 1924 entró de aprendiz en la imprenta del Sr. José Tatjer, de la misma localidad. Contaba que su tarea principal consistía en limpiar máquinas.

A los 13 años lo «metieron» en los Seráficos (Capuchinos) de Arenys de Mar, y rápidamente pasó a los de Igualada15. Parece que él no sentía mucha vocación por ser religioso; recuerdo que su hermano Joan, mi tío y padrino, nos contaba que cada vez que iban a verlo con sus padres le decía: «Manet, treu-me d’aquí*». Pero estuvo allí hasta los dieciséis años. El 16 de agosto de 1926 entró como alumno en la compañía de ferrocarriles MZA (Madrid-Zaragoza-Alicante)16.

Mi padre era una persona culta y siempre decía que, a pesar de todo, su primer empuje cultural se lo debía a los años de estancia en los Capuchinos, por quienes sintió siempre una gran admiración. Durante toda su vida, fue un gran lector y estudioso autodidacta. Como ferroviario pasó por casi todas las funciones de esta actividad17: desde alumno hasta inspector principal (cuando se jubiló), pasando por guardagujas, factor, telegrafista y jefe de estación. Hasta el estallido de la Guerra Civil fue un activista cultural y político. Escribió en numerosas publicaciones (como en La Publicitat, entre otras) sobre temas muy diversos. Militó en Acció Catalana Republicana.


13. Josep Maria Boixareu Ginesta.


14. Los hermanos Josep Maria y Joan Boixareu Ginesta. De derecha a izquierda.


15. Josep M. Boixareu Ginesta en los Seráficos de Igualada.


16. De telegrafista.


17. Ferroviarios. JMBG a la derecha.


18. Revista Mar bella.


19. Artículo «Ideologia dels joves» en la revista Mar bella.

Lo fueron trasladando a muchas estaciones de ferrocarril de la zona, como Arenys de Mar, Mataró, Rajadell, Hostalric o Badalona. Aprovechaba los largos ratos en que no pasaban trenes para leer y escribir. Hemos conservado algunos escritos suyos originales de la época. También algunas publicaciones, como el número 8 de la revista Mar bella de abril de 192818, de la cual debía de ser colaborador habitual; en el artículo titulado «Ideologia dels joves» revela su espíritu idealista19. Otros escritos suyos de la época aparecen reproducidos aquí20.


20. Otros escritos suyos de la época.


21. Cartilla militar de Media Filiación.

Mi padre fue llamado a filas en el año 1930 pero, por algunas razones —que se especifican en la Cartilla Militar de Media Filiación adjunta21—, fue declarado «no apto» para el servicio militar. A pesar de ello, tenía que presentarse periódicamente. A los 32 años alcanzó el grado de inspector comercial, y se convirtió así en el inspector más joven de la ya llamada RENFE.

Mis padres se casaron22 canónicamente el 12 de septiembre de 1932, en la Iglesia de la Merced de Barcelona; y civilmente el 9 de octubre de 1932, en Hostalric23. Entonces, se fueron a vivir a Badalona, donde el padre había sido trasladado como factor (en la estación del ferrocarril). Dos años antes, había terminado una obra de teatro titulada El culte a la sang, manuscrita y copiada a mano por él diversas veces; supongo que para repartir el texto a los actores24. Aquí podemos ver algunas reproducciones de la portada y alguna página que sorprende por su caligrafía exquisita —una buena letra que conservó toda su vida, incluso cuando el pulso ya le temblaba25—.


22. Foto de boda de los padres Josep Maria y Mercè.


23. Acta de matrimonio civil de Josep Maria Boixareu Ginesta y Mercè Vilaplana.


24. Cubierta de la obra de teatro El culte a la sang.


25. Última página de El culte a la sang.


26. Documentación de la UGT y los estatutos.


27. Autorización para circular del Comité de Orden Público y de Circulación de Badalona, 1936.

De Badalona a Valladolid, pasando por París

En el año 1935, mis abuelos, Martí y Rosa, se fueron a vivir a Llerona, porque el abuelo, maestro de escuela en Arenys de Mar, había sufrido un ataque de apoplejía y no había podido seguir trabajando. Sin embargo, con los ahorros que tenían se pudieron comprar una casita con huerto en este pueblo del municipio de Les Franqueses del Vallès (provincia de Barcelona). En el año 1934, mi padre se había afiliado a la UGT26. En julio del año 1936, al estallar la Guerra Civil iniciada con el levantamiento del general Franco, en Cataluña —como en otros lugares de España— se produjo un contralevantamiento de los republicanos, complicado por la reacción de diversos grupos antifascistas y anarquistas. Como todo el mundo sabe, sobre todo durante los primeros meses en el bando republicano hubo persecuciones y represiones contra gente de derechas, de iglesia o de cierta categoría social. A mi padre, en contra de su deseo, lo eligieron jefe del Comité de la Estación de Badalona. Era republicano y un intelectual progresista28.


28. Recortes de prensa y nota de la época.

La hermana de mi madre (Montserrat Vilaplana Jové), su marido (Manuel Marín Bonell) y algunos de sus hijos se habían ido a vivir con mis padres a Badalona. Mi tío Marín era un destacado ingeniero de Telefónica y un conocido católico practicante. Por este motivo, estaba amenazado de muerte por parte de algunos grupos de incontrolados que había en aquella época. Su mujer y mi madre acabaron convenciendo a mi padre de que le ayudara a huir a Francia, ya que él conocía muy bien cómo pasaban los trenes por la frontera. Mi padre, Josep M. Boixareu Ginesta, republicano de una pieza, no se pudo negar; se trataba de su cuñado. Así que, un buen día —he deducido que a inicios de 1937—, los dos cuñados se fueron hasta Portbou, protegidos por los carnés de mi padre27. Según nos contó él mismo, ferroviario republicano que conocía bien los rincones de los trenes de mercancías, se escondieron en una de las torretas de guardafrenos que tenían los vagones de carga, y así cruzaron la frontera por el túnel que va de Portbou a Cerbère, y de allí al campo de Rivesaltes, cerca de Perpiñán. No sé cómo llegaron a París, pero sí sé que tuvieron problemas con la gendarmería y la guardia republicana francesas.

En París, mi padre encontró trabajo como traductor en la editorial Hachette. No recuerdo si mi tío también encontró trabajo, pero sé que vivían juntos en el Barrio Latino, donde mi padre gozaba con la gran cantidad de librerías que había. Creo que fue allí donde le vino la vocación de editor y librero. Los dos cuñados estaban en contacto con sus esposas, que permanecían en Badalona. A pesar de las dificultades de comunicación de aquellos tiempos, fueron organizando el reencuentro. Mi madre, su hermana y los hijos obtuvieron un salvoconducto para coger un barco e ir hasta Marsella, gracias a las gestiones del director de la Escola Catalana, donde trabajaba mi madre. Entonces, quedaron en encontrarse en Valladolid. Ellas, los niños y el tío Marín no tendrían problemas para pasar desde Francia a la llamada «zona nacional»; aunque mi padre, con sus antecedentes, no lo tendría tan fácil. Incluso consideró la posibilidad de ir a Colombia.

Sé que mi padre entró por Hendaya-Fuenterrabía. Los documentos adjuntos muestran que llegó a Fuenterrabía el 1 de octubre de 193729 y que, al día siguiente, ya lo incorporaron al Batallón de Zapadores n.º 6 de Loyola30. No sé qué debió de pasar hasta que llegó a Valladolid. Por unos documentos que me enviaron por fax, cuando murió, de los archivos de RENFE, sé que se le incoó un expediente de depuración del cual quedó absuelto porque «en la zona roja aprovechaba sus amistades con los marxistas para proteger a gentes católicas y de derechas» (sic).

Estos documentos (de los cuales se ha borrado parte del texto porque están impresos en un télex primitivo) también citan que en París publicó un libro, que nunca he podido conseguir, titulado El miliciano contrito, bajo el pseudónimo de José Rivesaltes. Por una correspondencia que he encontrado del año 1938, José Rivesaltes (Josep M. Boixareu Ginesta) intentó publicar este libro en Valladolid pero, a pesar de que trataba de las maldades de la «zona roja», la censura le fue dando largas y no se llegó a publicar. He deducido que mi padre escribió aquel original para presentarlo como prueba de su arrepentimiento (contrito) y así poder entrar en la «zona nacional». Y le sirvió.


29. Tarjeta que demuestra haber pasado por Fuenterrabía (Hondarribia).


30. Batallón de Zapadores Minadores. «Evadido de la zona roja».

Una vez en Valladolid, mi padre fue designado representante de la compañía MZA en la Oficina Común de Material, y mi madre encontró trabajo dando clases. Siempre me dijeron que la gente los había tratado muy bien. Yo fui «encargado» allí, y nací ya en Barcelona. Siempre he sentido una simpatía especial por Valladolid; acogieron a mis padres. Mi padre —de paisano en la fotografía— fue readmitido en los ferrocarriles31. Allí conoció a dos personas que serían clave para la constitución de Marcombo: Carlos Comas Donat y Joan Plans32. Los señores Marín, Comas y Boixareu se reunían a menudo y hacían planes de futuro. Junto con el Sr. Plans fundaron la revista Radioelectricidad. Mi tío Marín33 llevaba la dirección porque era ingeniero de telecomunicaciones. Esta revista es uno de los orígenes de MarComBo. Si mi madre no hubiera sido hermana de la esposa de Manuel Marín, a quien mi padre ayudó a irse a Francia, Marcombo no existiría. El Sr. Plans fue el primer empleado de Radioelectricidad y, posteriormente, de Marcombo. Los cuatro eran como de la misma familia.


31. Mi padre, de paisano en la fotografía.


32. Joan Plans.


33. Manuel Marín Bonell.

Al finalizar la guerra, mis padres y los señores Comas y Plans se fueron a Barcelona, y mis tíos Marín-Vilaplana y sus hijos se instalaron en Madrid, donde él tenía un puesto en Telefónica. Mi padre tenía trabajo en los ferrocarriles, y mi madre estaba embarazada de mí. Sin embargo, antes pasaron por casa de los abuelos, en Llerona, como demuestra el recibo adjunto de Transportes Fontseré34.


34. Recibo de Transportes Fontseré.


35. El abuelo Martí Boixareu con sus discípulos y agarrando la sillita donde se sienta su hijo JMBG.

________

* Traducción: bizcocho.

* Traducción: «hermanita del cielo».

* Traducción: «Manito, sácame de aquí».


HACIA LA FUNDACIÓN DE MARCOMBO
La posguerra

Según una recopilación de La Vanguardia con motivo de su centenario (1981), en el año 1940 «España vive la guerra de su posguerra. Un mundo enfebrecido, bélico y loco sigue asolando los campos de la vieja Europa, en los que, momentáneamente, los alemanes marchan como vencedores, en una especie de paseo triunfal, que acaba en los Pirineos...». Aquel año, en Cataluña, nacimos 24 700 hombres y 22 971 mujeres. En España, nacieron 324 116 hombres y 303 641 mujeres. Cataluña tenía 2 890 974 de habitantes y España 25 877 971. Ese era el entorno en que yo nací, el 3 de enero de 1940, durante una noche de rayos y truenos en pleno invierno. Mi madre fue atendida por mi padre y por una enfermera que no había visto nunca un parto, en la Clínica de la Previsión Ferroviaria del barrio de Horta de Barcelona. Parece que la cosa fue complicada, pero aquí estoy.

El día 24 de aquel mismo mes desmovilizaron a mi padre1, tal como consta en el certificado que aparece en esta página. Aunque no se lea muy bien el nombre del titular, José María Boixareu Ginesta, adjunto también el carné de ferroviario de mi padre, para la curiosidad del lector. Tanto mi padre como el abuelo Martí eran grandes fumadores y en aquella época el tabaco estaba racionado, así que mi padre tuvo que espabilarse para conseguir la cédula personal de fumador para ambos2.


1. Certificado de desmovilización.


2. Carnet de ferroviario y carnets de fumadores de mi padre y del abuelo Martí.

Mi tío Manuel Marín, con motivo de su trabajo en la compañía Telefónica, venía a menudo a Barcelona. Seguía publicando la revista Radioelectricidad en Madrid3, y mi padre y el Sr. Comas llevaban la publicidad de Cataluña. En las reuniones que hacían no paraban de darle vueltas a la posibilidad de abrir algún otro negocio relacionado con la radio y la electricidad. Tanto es así que en un original del año 1943 está descrito un proyecto de constitución de una sociedad dedicada a la explotación de artículos radiofónicos4. En la memoria de este proyecto ya se habla de «editoriales o librerías dedicadas al sector médico, a sectores técnico-industriales o bien dedicadas exclusivamente al profesorado de 1.ª enseñanza». El objetivo concreto parece que era abrir una tienda en Barcelona, porque en dicha memoria, que es un estudio de mercado de la época, muy bien trabajado, ya se dice que «El local social debería estar situado en un punto céntrico de la ciudad...». No falta la cuenta de resultados provisionales, el cálculo del capital necesario (que era de 750 000 pesetas), ni el plan de publicidad. Tampoco falta un esquema a mano en el que se resumen los objetivos de la sociedad que, no sé por qué razones, finalmente no se llevó a cabo.


3. Cubierta de Radioelectricidad.


4. Proyecto de constitución de una sociedad dedicada a la explotación de artículos radiofónicos.


5. Constitución de una sociedad limitada destinada a la publicación de obras de divulgación radioeléctrica.

El paso siguiente ya fue el proyecto de constitución de una sociedad limitada destinada a la publicación de obras de divulgación radioeléctrica, firmado en 1944 (véase adjunta una página de este proyecto)5.

Entre los archivos de mi padre he encontrado una nota, de 12 de marzo de 1944, del escritor Josep Pla, en la que le pide que le libere de un artículo que le ha pedido. No sé para qué publicación debía de ser, y tampoco sé si mi padre era amigo de Pla.

Los primeros libros editados y publicados. Marcombo se pone en marcha

Según un curriculum vitae manuscrito de mi padre, Ediciones Técnicas Marcombo se fundó el 1 de noviembre de 1945. Ese mismo año se publica el primer libro, Memento Radio-19456, y es cuando se inicia efectivamente la actividad editorial de Marcombo. Se trataba de un libro de más de 300 páginas, profusamente ilustrado con esquemas de circuitos radioeléctricos, válvulas termoiónicas o amplificadoras, osciladores, bobinas, fuentes de alimentación, características de válvulas de recepción, etc. Tenía un precio de 25 pesetas. Mi padre me contó que para poder publicar este libro tuvo que pedir al impresor, que estaba en la calle Rosselló, que le fiara el importe de la primera edición. Este accedió, y se le fue devolviendo el dinero a medida que los ejemplares se vendían. Así se inició la actividad editorial que, al principio, estaba ubicada en una habitación del piso que el socio Carlos Comas tenía en la plaza Berenguer el Gran n.º 1 de Barcelona. Los tres socios tenían un acuerdo de palabra, pero la empresa iba a nombre de mi padre, Josep M. Boixareu Ginesta, que era su responsable y que compaginaba aquella actividad por las tardes con su trabajo en RENFE.


6. Con Memento Radio-1945 se inicia la actividad editorial de Marcombo.


7. El segundo título publicado fue Memento Radio-1946.

El segundo título publicado fue una segunda edición del primero, Memento Radio-1946, dedicado a los audio-amplificadores7. Este título fue todo un éxito y permitió el despegue de la editorial. En aquellos años se publicó Localizadores automáticos de válvulas, europeas y americanas, que permitía relacionar los distintos tipos de válvulas disponibles en el mercado y su compatibilidad con las bases donde debían ir conectadas con un sistema de discos de cartulina que rodaban dentro de una bolsa con ventanilla8. La sede de la editorial se trasladó a Vía Layetana n.º 21 en el año 1947 o 1948. El documento adjunto certifica que en el año 1949 ya se habían trasladado allí9.

En 1946 se publica, bajo el sello de la Editorial Médico-Quirúrgica, un libro del Dr. Francisco Arasa, titulado Esclerosis múltiple o ¿síndrome esclerótico polifocal?10. Este libro, según me contó mi padre, fue un fracaso y no se volvió a publicar nada sobre medicina, excepto obras relacionadas con la electromedicina o la instrumentación electrónica. El mismo año sale al mercado El cerebro del taller radioeléctrico, de J. de Ivana, pseudónimo de Manuel Marín (1945-1946).


8. Localizadores automáticos de válvulas, europeas y americanas.


9. El documento adjunto certifica que en el año 1949 ya se habían trasladado a Vía Layetana, 21.


10. Esclerosis múltiple o ¿síndrome esclerótico polifocal?

Ya con domicilio en Vía Layetana, Marcombo publica el Vademecum de válvulas universales-1948, de P. H. Brans, traducido de Éditions Techniques anc. P.H. Brans, de Amberes (Bélgica). Este libro era una reproducción de las tablas de características de las válvulas de la edición original belga. En 1948-1949 publica la primera edición de Elementos de radio reparación, de Marcus & Levy, traducción de un original de McGraw-Hill Book Co. de Nueva York. De los títulos que se conservan, este es el primer libro que incluye grabados directos (fotografías); es la época de la tipografía del plomo. El éxito de este libro fue notable; tanto que hicieron de él numerosas ediciones y reimpresiones. Empiezan entonces las traducciones del Sr. Luis Ibáñez Morlán, que dejará su huella en la casa con un estilo riguroso, tanto en las traducciones como en las revisiones11. Durante su época fueron contados los errores —de cualquier tipo— que se colaban en los libros de Marcombo. Fue un puntal de la editorial.

El despacho de Vía Layetana 21 —me parece que estaba en el piso 1.º 2.ª— lo compartían Marcombo y la agencia de aduanas de Carlos Comas. Yo era muy jovencito, pero recuerdo algunas cosas que allí se hacían. Además de las tareas propias de la actividad empresarial, allí íbamos a ver la procesión del Corpus desde unos balcones de piedra que me parece que todavía están. Había algunos empleados comunes a las dos empresas, muy pocos. Recuerdo a dos como si fuera ahora. El Sr. César y el Sr. Argimiro. Para mí eran señores, y así los trataba. Para el Sr. Comas, para mi padre y para otros adultos, eran César y Argimiro. Ambos eran personajes muy peculiares, pero muy buenos trabajadores. A César mi padre le trataba de vos. Era una persona ya mayor que tenía un mal genio que me impresionaba. Mientras trabajaba soltaba gritos y blasfemias de todo tipo, sobre todo contra el régimen. Argimiro era policía nacional, de «los grises», alto como un pino y fornido como un jugador de rugby. De carácter, era todo lo contrario de César; era un trozo de pan. Sin embargo, no recuerdo haberlos visto pelearse nunca. En aquella época, la segunda mitad de los años cuarenta, los folletos de publicidad se enviaban por correo postal. Se hacían diversas campañas a lo largo del año. Yo solía ir a ayudar a ensobrar y pegar sellos en unos sobres azules que no se engomaban, solo se ponía la solapa dentro. En esta tarea se ponía todo el mundo manos a la obra, también los señores Plans, Comas y mi padre. Los sobres se amontonaban en conjuntos de paquetes atados con un cordel y Argimiro era el encargado de llevarlos a Correos durante las horas en que no estaba de servicio con su uniforme gris. Naturalmente, los folletos eran propaganda de los libros que se publicaban. Esto era cosa de mi padre y del Sr. Ibáñez, que iba traduciendo y corrigiendo. No recuerdo que nadie llevara la contabilidad. Probablemente se las arreglaban entre el Sr. Comas y mi padre, con aquellas listas de cobros y pagos o entradas y salidas.


11. El Sr. Ibáñez, entre el Sr. Comas y mi padre.

En el año 1950 se publica la primera edición de Refrigeración electroautomática; su autor, José Alarcón Creus, era director del departamento de refrigeración de la entonces Sociedad Angloespañola de Electricidad. Cada vez que se agotaba una edición, presentaba las actualizaciones para la siguiente. Con el título Tratado de refrigeración automática se han publicado numerosas ediciones y reimpresiones hasta la actualidad.

Como curiosidad, se reproducen en estas páginas algunas hojas de contabilidad12 de abril de 1950.


12. Hojas de contabilidad de abril de 1950.


LA DÉCADA DE LOS CINCUENTA
Una nueva etapa empresarial. Nuevos socios y la compra de la Librería Hispano Americana

El 17 de marzo de 1950 se constituye una «sociedad irregular de carácter privado» para la explotación de un negocio comercial como es la Librería Hispano Americana, situada en la actual Gran Vía de las Cortes Catalanas, 594 (entonces llamada Avenida José Antonio Primo de Rivera). Este negocio giraría a nombre de Josep Maria Boixareu Ginesta. Mi padre compró la librería a don Espejo de Hinojosa que, al mismo tiempo, era el director de la Escuela de Comercio. La librería se dedicaba principalmente a la venta de los libros prescritos como texto en la Escuela de Comercio. En esta sociedad irregular, entraron unos nuevos socios de la editorial argentina HASA (Hispano Americana, S. A.), Eduardo Rolando Dubuisson y Alfredo Vacas, con quienes ya se habían mantenido relaciones de exportación e importación. El 17 de mayo de 1950 se constituyó, ante el abogado Antonio Miserachs Rigalt, un «contrato de sociedad mercantil, irregular, particular y privada» entre Josep M. Boixareu Ginesta, Manuel Marín Bonell, Carlos Comas Donat, Eduardo Rolando Dubuisson y Alfredo Vacas1. Se adjunta una reproducción2 de la información que proporcionó la editorial argentina HASA sobre sus actividades. El 31 de julio de 1950 se constituyó formalmente la sociedad anónima Marcombo, S. A.3, con un capital de 2 000 000 de pesetas (véase la reproducción de una acción)4. El negocio ya hacía cinco años que funcionaba.


1. Contrato de sociedad mercantil, irregular, particular y privada.


2. Información que proporcionó la editorial argentina HASA sobre sus actividades.


3. El 31 de julio de 1950 se constituyó formalmente la sociedad anónima Marcombo S. A.


4. Reproducción de una acción de Marcombo S. A.

Antes de tratar la evolución temprana de la Librería Hispano Americana, terminaré con la historia de los socios argentinos. Hasta el año 1959, se habían publicado una veintena de libros en coedición con HASA, de Buenos Aires. A veces el copyright era de Marcombo, y otras veces era de HASA, pero los libros siempre se imprimían en Barcelona. Posiblemente, los primeros que se publicaron en coedición con la editorial argentina fueron La radio en esquemas, de J. de Ivana, y Lecciones de electricidad, de J. Ney (traducción de un original de la editorial francesa Dunod Éditeur).

El copyright de estas dos ediciones era de Marcombo, y de ambos libros se hicieron muchas ediciones y reimpresiones. También se hicieron muchas del libro de Christian Gelert, Aprenda radio en 15 días, que fue pirateado poco después en México por la Compañía Editorial Continental (CECSA). Conservamos un ejemplar de esta edición pirata5.


5. Aprenda radio en 15 días, a la izquierda; a la derecha, la versión pirata.

En esta época se publicó la segunda edición y las sucesivas del libro de José Alarcón Creus ahora titulado Tratado práctico de refrigeración automática6.


6. Tratado práctico de refrigeración automática, segunda edición.

En 1951 se publicó la primera edición en castellano de The Radio Handbook, traducción de la duodécima edición americana de Editors and Engineers. No recuerdo exactamente cuál es el título que cuenta con más ediciones en Marcombo pero, sin duda, The Radio Handbook7 está entre los primeros. En 1952 se publicó en dos volúmenes el Manual del ingeniero electricista8, de Harold Pender y William A. del Mar, traducción de la edición americana de John Wiley & Sons. Esta traducción al castellano la llevó a cabo un equipo de técnicos dirigido por el ingeniero Roberto Fuchs, de origen alemán, que por aquel entonces vivía en Argentina y que posteriormente se trasladó a Barcelona, donde colaboró en diversas publicaciones de Marcombo (sobre todo de libros alemanes). El Manual del ingeniero electricista constaba de dos volúmenes que, en conjunto, contenían más de 2000 páginas. Se imprimió en papel biblia.

En 1953 se publica Fundamentos de mecánica aplicada, de Ch. C. Dull e Ira G. Newlin, traducción de la edición americana del Departamento de Guerra y Oficina de Educación de los EE. UU. También ve la luz Matemáticas elementales para radio y electricidad, de G. F. Maedel. En 1954 se publica la obra hermana de la de Pender y Del Mar; se trata del Manual de comunicaciones y electrónica9, de Harold Pender y Knox McIlwain, traducida por Luis Ibáñez a partir de la edición americana de John Wiley & Sons, y dirigida por Manuel Marín. La obra, en dos volúmenes, suma un total de 1890 páginas. Probablemente sea el primer libro en el que aparece el término «electrónica», ya que hasta entonces todo era radio y electricidad. Marcombo fue la editorial pionera en este campo en español.


7 y 8. The Radio Handbook y Manual del ingeniero electricista.


9, 10 y 11. Manual de comunicaciones y electrónica, Electromedicina y Receptores de televisión.

Hasta 1959 se publican, en coedición con HASA, títulos como los siguientes: Análisis de tensiones mecánicas, de Mark B. Moore; Relojes eléctricos, de Ludwig Lahotzky; Manual de antenas, de Woodrow Smith; Localizadores electrónicos de metales, de Harold S. Remo; Técnica y práctica de la modulación de frecuencia, de Manuel Marín; Vademecum del bobinador, de Manlio Mazzocchi, traducción de un original de Hoepli (Milán); Medidas eléctricas, de Isaac F. Kinnard; Magnetófonos, de Manuel Marín; Pequeños motores eléctricos, de R. Bevaert; Ascensores y montacargas, de G. Texier; Conservación preventiva de motores eléctricos, de Charles I. Hubert.

Marcombo sigue editando con copyright propio

Paralelamente a las coediciones con HASA, Marcombo sigue editando libros con copyright propio. Algunos ejemplos son los siguientes títulos: El oscilógrafo de rayos catódicos (1954), Construcción de amplificadores (1955), Instalaciones megafónicas (1955) y la 3.ª edición de Transformadores, de Singer (1955); todos estos títulos son traducciones de la editorial americana Gernsback Library. También hay que destacar la publicación de Receptores de televisión, de W. Buchsbaum.

Durante estos años, se inició la colección en español de la serie de libros de automóviles Crouse, cuyos primeros títulos fueron Equipo eléctrico del automóvil y Mecánica del automóvil. Se publicaron más de una docena de títulos, traducidos de la editorial americana McGraw-Hill. Tuvieron mucho éxito durante varios años, sobre todo en Latinoamérica. También se publicaron, entre otros, los siguientes títulos: Objetos dirigidos por radio (1955), Electromedicina10, de F. Moral (1956); Receptores de televisión11, de W.H. Buchsbaum (1956); Formulario de electricidad práctica, de A. Alastrué (1957); Localizadores electrónicos de metales, de H. S. Renne (1958); Radio y televisión. Curso preuniversitario, de M. Marín y E. Cubero (1958-1959); y El oscilografo en servicio, de F. Haas (1959).

Desarrollo y fin de las relaciones con los socios argentinos

Aparte de los contactos editoriales con los tres socios, con los señores Dubuisson12 —Don Eduardo y Doña María Luisa— existía una relación personal. Recuerdo que, todos los veranos, los Dubuisson venían con un Cadillac blanco que era la admiración de todo el mundo. Pasaban tres meses viajando por España y Europa. Traían regalos, se alojaban en el hotel Avenida Palace de la Gran Vía y las propinas que repartían por todas partes eran sonadas. Me permito contar una anécdota. Dubuisson tenía también relaciones con las editoriales Omega y Reverté y, a veces, iban a cenar todos juntos: los señores Paricio de Omega, Reverté, Dubuisson, Comas, Marín y Boixareu, con las respectivas esposas. Una noche fueron a cenar a un restaurante que había en un altillo del mercado de la Boquería, que tenía muy buena fama. El caso es que debió de fallar alguien, porque eran trece y Doña María Luisa, que era muy supersticiosa, se plantó y dijo que ella no cenaba en una mesa de trece personas. Solución de mi padre: llamarme a mí, que debía de tener trece o catorce años, para decirme que tomara un taxi y fuera hacia allí enseguida. Creo que fue la primera vez en mi vida que participé en una «cena de negocios». Además, en aquella época tampoco se salía mucho a cenar fuera de casa.


12. Los Sres. Dubuisson a la derecha.

Hacia 1957 o 1958, no sé muy bien por qué, las relaciones con los socios argentinos se fueron deteriorando. Había algo extraño, que más tarde se descubriría. Existe la copia de una carta, de 14 de abril de 1959, de algún abogado o intermediario, dirigida a mi tío Marín (véase la primera página)13, en la que se pone en evidencia una situación de ruptura inminente de las relaciones empresariales. Algunas de las frases más significativas son las siguientes: «No sé si sabe V. que Boixareu quiso poner en antecedentes de lo que ocurría a Paricio, amigo de Reverté, para informarlo bien del caso, puesto que nos constaba que Vacas le había hablado ya de ello (...). Paricio vio el asunto claro, y hoy, este nos ha visitado para decirnos que Vacas le hacía intervenir en busca de una solución que pudiera abarcar también una separación de los dos socios de nuestras empresas, ya que dicho señor comprende que, a partir de este incidente, nuestras relaciones amistosas con los de allá no podrán seguir con la simpatía de hasta ahora...». Yo no sé, o no recuerdo, cuál fue el incidente citado, pero más adelante dice: «Puesto que entendemos, tanto Boixareu como yo, que tiene más lucidez que nosotros, le rogamos que vaya analizando esto y reflexionemos estos puntos: 1.- Nos interesa la desaparición de estos Sres. de las dos empresas...».

Con fecha de septiembre de 1959 (en la copia no consta el día), aparece la segunda página del borrador de contrato de separación con anotaciones manuscritas de mi padre en los márgenes. La separación se consumó antes de que acabara el año. El acuerdo consistió en pagar, por la participación de los socios Dubuisson y Vacas, la cantidad de un millón de pesetas y parte de los ejemplares que quedaban en el almacén de los libros publicados conjuntamente. Recuerdo cómo cargaban esos libros para llevárselos hacia Argentina y al Sr. Vacas controlando la operación.

A los Dubuisson no se les vio nunca más el pelo. Don Eduardo no dejaba de despertar ciertos interrogantes. Era un editor, y no de los más importantes de Argentina, y no se acababa de entender su tren de vida —sabiendo, además, que los tres socios de Marcombo, sobre todo mi padre, conocían el negocio—. El misterio se desveló al cabo de un tiempo, cuando mi padre recibió una citación de la Unidad de Delitos Monetarios del IEME (Instituto Español de Moneda Extranjera)14, en la cual se le requería que se presentara en Madrid. Afortunadamente, el director general del IEME era un excatedrático de Economía de la Universidad de Barcelona que conocía muy bien a mi padre porque había colaborado con Marcombo. Este señor —cuyo nombre creo que debo guardar— le contó que habían detectado un ingreso en una cuenta suya (de mi padre) de una cantidad de dinero —no recuerdo si eran pesetas o divisas—, realizado por un tal Eduardo Dubuisson, de nacionalidad extranjera, que estaba buscado internacionalmente por ser traficante de divisas. A mi padre se le cayó el mundo encima, pero también empezó a comprender muchas cosas. Aquel ingreso lo hacía el señor Dubuisson cada vez que venía a Barcelona a nombre de mi padre porque no lo podía hacer a su nombre, y le servía para ir cubriendo sus gastos mientras viajaba a todo tren por Europa. Gracias a la confianza que el director del IEME tenía en mi padre, aquello acabó en una multa simbólica15.


13. Copia de una carta de algún abogado o intermediario dirigida a mi tío Marín.


14. Citación de la Unidad de Delitos Monetarios del IEME.


15. Gracias a la confianza en mi padre, todo acabó en una multa simbólica.


LA FECUNDA DÉCADA DE LOS SESENTA
Nuevos proyectos

Los años sesenta empiezan con una cierta tranquilidad societaria que permite poner en marcha nuevos proyectos y alianzas. En el año 1963, Marcombo vive el pico de producción e inversión más importante desde la fundación de la editorial. En la figura adjunta1 —un gráfico hecho a mano sobre papel cuadriculado, como todos los de la época— se ve la evolución de la producción desde el año 1957 hasta mediados de 1964. Desde finales de los años cincuenta, Marcombo había empezado a publicar libros de profesores de la que entonces era la Escuela de Comercio de Barcelona, situada en la calle Balmes, no muy lejos de la Librería Hispano Americana (que, como ya hemos contado, mi padre había comprado en el año 1949). La librería estaba especializada en los libros de texto que se recomendaban en la Escuela de Comercio. A raíz de esta relación, Marcombo publicó libros de algunos de sus profesores, como José López Urquía o Antonio Goxens. Del primero se publicó un texto, Estadística, y más adelante se publicaron algunos textos de Antonio Goxens sobre contabilidad. En la figura adjunta pueden verse algunos catálogos y listas de precios de esa época2.


1. El año 1963 se consigue la punta de producción e inversión más importante desde la fundación de la editorial.


2. Catálogos y listas de precios de esta época.

En 1960 se publica la primera edición de La regla de cálculo, de Dudin, de la cual se harán numerosas ediciones y reimpresiones. Aquel mismo año aparece el primer libro sobre aire acondicionado, Aire acondicionado en verano y en invierno, de Holmes; en el futuro este será uno de los temas que Marcombo tratará de forma más constante (además de los temas vertebrales de la editorial, como la radio, la electricidad, la electrónica, la automática, la informática, la mecánica y la economía, entre otros).

En 1961 se inicia una colección de gran éxito y duración, llamada ¡Pero si es muy fácil!, cuyo primer título es ¿Las matemáticas? ¡Pero si son muy fáciles!, de Fred Klinger. En el año 1962 se edita y se publica el primer libro sobre la energía nuclear; se trata de Radioisótopos para la industria, de Rochlin y Schultz, primera obra publicada en español sobre la materia y que yo mismo traduje del inglés al castellano. Dentro de este campo se añadirá, más adelante, la obra ¿El átomo? ¡Pero si es muy fácil!, también de Fred Klinger3, que formará parte de la colección citada anteriormente.

Uno de los grandes éxitos de la época fue ¿La radio? ¡Pero si es muy fácil!, de E. Aisberg, considerado uno de los grandes expertos europeos en la tecnología sobre la radio y, más adelante, también sobre la televisión. El mismo autor vino en 1962 a Barcelona a presentarlo. El día 6 de octubre dio una conferencia en la Escola del Treball de Barcelona4, y llenó la sala al completo. Mi padre y los señores Comas y Marín establecieron con Aisberg cierta amistad, más allá de las relaciones editoriales. Aquel célebre escritor, francés de origen ruso, solía venir acompañado de su hija, a quien paseaba con orgullo. Iba muy bien arregladita y los tres socios de Marcombo la llamaban «el bomboncito», haciendo broma. De todos sus libros se hicieron numerosas ediciones y reimpresiones.


3. Algunos libros publicados entre 1960 y 1961.


4. Conferencia de E. Aisberg en la Escola del Treball de Barcelona.

Una obra excepcional, por su singularidad, en el catálogo de Marcombo —pero también por el éxito que tuvo— fue Técnica de la proyección cinematográfica, del ingeniero Santiago Camós Says. Ya en la segunda edición, fue premiada en la Bienal de Venecia de 1966 con la placa de plata León de San Marcos como mejor obra sobre técnica cinematográfica.

En esta época se inicia una fecunda colaboración con la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales de Barcelona (ETSEIB) y también con el Dr. Gabriel Ferraté, especialista en automática que trabajaba en el llamado Laboratorio del Cerebro Electrónico. El Dr. Ferraté nos hizo conocer los libros del profesor Naslin. A raíz de esta colaboración, Marcombo publicó en español el libro del profesor francés Principios de las calculadoras numéricas automáticas. El mismo Dr. Ferraté tradujo Tecnología y cálculo práctico de los servosistemas, de Naslin, que también editó y publicó la editorial. Comenzaba la era de la automática, y el cerebro electrónico era el «embrión» de la futura informática.

En la misma época, a través de la Librería Hispano Americana, se inicia la distribución de las colecciones Electrónica Básica (6 volúmenes) y Electricidad Básica (5 volúmenes), de los autores-editores Van Valkemburgh, Nooger y Neville. Más adelante, estas colecciones serán traducidas y editadas directamente por Marcombo, con gran éxito. Se publican dos títulos, entre muchos otros, sobre bobinados eléctricos: uno sobre bobinados en general, Vademecum del bobinador, de Mazzochi5; y otro titulado Bobinado de máquinas eléctricas, de Raskop.


En el año 1962 aparece el primer libro de una colección sobre técnica del automóvil, que años después tendrá un gran éxito, sobre todo en Latinoamérica. Se trata de una serie de títulos publicados en español en exclusiva, traducidos a partir de originales de la editorial McGraw-Hill, que tenían como título Crouse. El primer volumen fue Equipo eléctrico del automóvil, y el segundo fue Mecánica del automóvil6. Casi simultáneamente se inicia otra colección sobre automóviles, esta de origen francés, con textos del autor Dhermy. Esta colección tuvo mucha repercusión, sobre todo en España y Portugal.


El primer título de esta serie fue Tecnología del automóvil. Eran dos colecciones para dos tipos de automóviles: el americano y el europeo.

En el año 1963, además de diversas reediciones y reimpresiones —como la cuarta edición del Tratado práctico de refrigeración automática, de Alarcón; o la quinta de Elementos de radio reparación, de Marcus y Levy—, se lanza la colección de economía Óbolo7, dirigida por el catedrático de Teoría Económica de la Universidad de Barcelona, el doctor Huberto Villar. Los dos primeros títulos publicados fueron Dinámica económica, de Baumol, e Introducción a las ecuaciones en diferencias finitas, de Goldberg. Les seguirán, como mínimo, otros seis o siete títulos de prestigiosos economistas internacionales. Del autor original Enric Fonoll se publica Instrumentos eléctricos de medida y Semiconductores. Dentro de la colección ¡Pero si es muy fácil! se publica La contabilidad, de Goxens.

El año 1964 también fue un año prolífico en novedades. Destaca la publicación de Iluminación e instalaciones eléctricas, de Leblanc. Se lanza también la colección Televisión básica (5 volúmenes), de Schure, y se publica Introducción a la mecánica de fluidos y transferencias de calor, de Kay, en el marco de la colaboración con el ETSEIB, con traducción del catedrático de Física de esa escuela, el doctor Víctor de Buen. Se publica Curso de dibujo industrial (2 volúmenes), de Marcheret, y Radio Handbok-1964, que ya consta de 880 páginas. Merece una atención especial la publicación de la segunda edición de La publicidad en 10 lecciones, de Marcellin, que fue traducida por Josep M. Boixareu Ginesta, fundador de la editorial, que había trabajado, entre otros oficios, como agente de publicidad de la revista Radioelectricidad. De este mismo año, cabe citar finalmente la publicación de la segunda edición del libro apaisado Localización de averías de TV por la mira electrónica, que tuvo un gran éxito de mercado a lo largo de los años.


7. Dinámica económica, primer libro de la colección Óbolo.

En 1965 se intensifica la colaboración con Miniwatt-Copresa y se publica, entre otros, Transistores. Teoría y aplicaciones. En 1966 se termina una edición complicada para la época, Prontuario de la técnica mecánica, de Luis Jiménez Balboa, un manual de 1284 páginas, repleto de tablas, cuadros y esquemas, muy difícil de componer. Solo podía hacerlo una imprenta como Grijelmo, de Bilbao, que tenía una máquina monotype que permitía componer e imprimir aquella cantidad de fórmulas y tablas. En 1966, esa obra obtuvo un premio de la Feria Internacional de Muestras de Barcelona por su excelente impresión. En 1966 también se publica, entre otros, Iniciación a la electrónica, de Faure, de la que se harán ediciones sucesivas8.


8. Algunos libros publicados entre 1963 y 1966.

Cambios en el accionariado y nuevo empuje

En el año 1967, además de publicar La TV práctica. Fundamentos y reparación, de Bernard Grob, y de lanzar la colección de pequeño formato Iníciese en..., con el título de Bradley V. Smith Iníciese en electricidad, aparecen otros treinta libros. El hito más significativo de este año son los cambios en el accionariado de la sociedad. A raíz de las diferencias de opinión sobre la estrategia editorial a seguir entre Carlos Comas y Manuel Marín por una parte y Josep M. Boixareu Ginesta (JMBG) por la otra, se llega a un acuerdo mediante el cual los dos primeros venden sus acciones a JMBG y a su primo, Joaquim Boixareu Gimó. A partir de entonces, estos dos últimos serán los socios únicos de la sociedad. Joaquim Boixareu era un empresario del sector del acero inoxidable que, como mi padre, había ido subiendo desde abajo. Josep M. y Joaquim eran primos, pero se entendían como amigos9. Ambas familias celebrábamos juntas muchas fiestas. Recuerdo cuando venían Joaquim y su esposa Cristina a celebrar la fiesta de la Mercè, santo de mi madre, en Llerona, con sus hijos Joaquim y Felip.

La entrada de Joaquim Boixareu Gimó a Marcombo representó un gran apoyo para mi padre en todos los sentidos. En la actualidad, a los dos primos hermanos los hemos sucedido sus respectivos hijos. Por la parte de Joaquim, sus hijos Joaquim y Felip Boixareu Antolí, y por la parte de mi padre, yo mismo y mi hijo, Jeroni Boixareu Pallarès. De todos ellos hablaremos más adelante.


9. Joaquim Boixareu Gimó, a la izquierda, y Josep M. Boixareu Ginesta.

Con este accionariado renovado se emprende una nueva etapa llena de ilusiones y proyectos. Con Josep M. Boixareu Ginesta dedicado al cien por cien a la editorial y a la librería desde 1964, cuando se jubiló de RENFE, se retoma la edición de grandes obras que irán dando frutos en los próximos años. En 1968 se publican algunas obras que ya estaban en preparación, como Concepción lógica de automatismos industriales, de Delhaye, o Programación lineal, de Llewellyn, perteneciente a la colección de economía. Ese mismo año hay que destacar el inicio de las tareas de traducción y edición de la que sería una de las grandes obras de Marcombo, el Manual de aire acondicionado, de Carrier, con licencia de McGraw-Hill.

Haciendo un pequeño paréntesis, cabe decir que en noviembre del año 1968, a pesar de que aún no me había incorporado definitivamente a Marcombo, participé en la primera misión comercial española a la Cuba de Fidel Castro. La editorial exportaba allí libros desde hacía años, y esa misión se organizó con motivo de la Feria del Libro de La Habana. Fue una experiencia singular, que compartí con mi esposa Montserrat. Los editores españoles solíamos tener una sesión de trabajo por la mañana con compradores del Instituto Cubano del Libro, y por las tardes nos organizaban actividades diversas. Quizá la más destacada fue la reunión que tuvimos con el presidente Fidel Castro durante la media parte del partido de baloncesto al que fuimos invitados y en el que jugaba el mismo comandante. Muchas cosas para explicar, y de todos los colores. En la reunión con Fidel Castro, este nos aseguró a los editores presentes que, a partir de entonces, Cuba ya no piratearía ningún libro publicado en España. Curiosamente, fue a partir de ese momento cuando se empezaron a piratear nuestros títulos y los de los demás editores a gran escala, y también cuando empezaron a bajar las exportaciones a aquel país.

En 1969 se confecciona un nuevo catálogo de Marcombo, donde figura por primera vez el logotipo de Boixareu Editores10, pues toda la empresa era de capital Boixareu, como lo sigue siendo en 2020 —año en que se ha celebrado el 75.º aniversario de la editorial—.


10. Primer logotipo de Boixareu Editores.

En el año 1969 se incorporan nuevos autores y se emprenden nuevas ediciones y proyectos. Se empiezan a publicar los libros del profesor Enric Ras Teoría de circuitos y Transformadores, en las ediciones española y portuguesa. El profesor Ras, que seguiría publicando títulos en Marcombo, fue un autor muy especial para la editorial y también para el autor de este libro. En aquella época, los autores presentaban los originales mecanografiados; algunos incluso manuscritos. El profesor Ras era el summum de la perfección. Ya lo decía el señor Ibáñez, el cuidadoso corrector y revisor de la editorial en aquellos tiempos: «A este señor no se le puede corregir nada». Aun así, el profesor Ras insistía en que Ibáñez le corrigiera los originales. Los buenos autores son los que piensan que su original no es perfecto. También hay quien considera justo lo contrario. Añado que el Sr. Enric Ras fue profesor mío de Electrotecnia en la Escuela de Ingenieros Industriales y, más adelante, compañero en el Consejo Social de la UPC. A su personalidad se sumaban una sencillez y un humanismo destacables.

En 1969 se publicaron obras muy diversas. Entre otras, se completó la colección de Zbar y Schildkraut «Prácticas de: electricidad, electrónica, radio y radio reparación, TV y TV reparación, electrónica industrial y medición con instrumentos electrónicos»; cada uno de estos títulos en un libro. También se completó la colección en tres volúmenes de Jean Pichoir Curso de electrotecnia11.


11. Libros publicados entre 1967 y 1969.

Es a finales de la década de los sesenta cuando se toman decisiones de carácter distinto. Una es la participación en la fundación del Grupo Editia, del cual hablaremos más adelante, y otra es la decisión de publicar el Gran diccionario de términos científicos y técnicos. De esta decisión me gusta recordar su primer hito. Un buen día, se presentó en la editorial el director de Derechos Extranjeros (Foreing Rights) de la multinacional de la edición técnica y científica norteamericana McGraw-Hill, después de haber pedido cita y de que mi padre me hubiera invitado a estar presente. Mr. William P. Orr nos propuso la compra de los derechos en lengua española y para todo el mundo de su Dictionary of scientific and technical terms, que incluía más de 100 000 entradas con la definición correspondiente. Comprendía todas las especialidades técnicas y científicas, incluyendo las que nunca habían sido materia de Marcombo, como la biología o la medicina. Mi padre y yo nos miramos; estuvimos mucho rato los tres dándole vueltas a la posibilidad de ser nosotros los editores de esa gran obra en lengua castellana. Hablamos del trabajo: ¡años!; y de la inversión: no estaba a nuestro alcance. Mr. Orr insistía en que McGraw-Hill quería que esta obra la publicara Marcombo. Yo —debo ser franco— estaba asustado. En un momento determinado, mi padre me miró; yo no sabía qué decir. Se dirigió a Mr. Orr y le soltó: «¡Adelante!». Lo recuerdo como si fuera ahora. Estaba decidido. Mi padre y yo nos llevábamos treinta años. Yo era un joven de 29 años, se suponía que emprendedor, pero mi padre fue más atrevido; y acertó. Empezaba a forjarse el proyecto editorial más importante de Marcombo de todos los tiempos hasta ahora.



LA LIBRERÍA HISPANO AMERICANA
Los primeros tiempos

Según anotaciones hechas por él mismo, el 20 de julio de 1949, Josep M. Boixareu Ginesta compra la Librería Hispano Americana a Don Ricardo Espejo de Hinojosa, entonces director de la Escuela de Comercio de Barcelona. La librería se dedicaba casi exclusivamente al libro de comercio y tenía la exclusiva de los libros de texto cuyos autores eran los profesores de la misma escuela. Ese era el negocio que mi padre fue transformando a lo largo de los años con el objetivo de convertirlo en una librería técnica que pudiera establecer sinergias con la línea de la editorial. A mi padre le gustaba la actividad librera y le gustaba el nombre de aquella librería. Marcombo había empezado a establecer relaciones con Hispanoamérica, Iberoamérica, Latinoamérica, o como lo quieran llamar, porque todas estas formas son válidas para designar el conjunto de aquellos países americanos que hablan sobre todo español, pero también portugués (lenguas latinas, en definitiva).

El hecho de que la librería estuviera dedicada al libro de texto hacía que cada inicio de curso, en aquel entonces el 2 de octubre, fuera una locura. Recuerdo que nos pasábamos todos los fines de semana, incluyendo los domingos, clasificando y haciendo paquetes de los libros que la semana siguiente serían repartidos en escuelas y academias. Este fue mi primer trabajo; en pantalón corto, ya ayudaba a hacer paquetes. Los días laborables del mes de octubre, a partir de media tarde, cuando los alumnos salían de la escuela, en la librería no se cabía. Tenía unos 120 metros cuadrados. En la entrada, antes de la puerta, había escaparates interiores a ambos lados. Entonces se despachaba detrás de unos mostradores de madera bajo los cuales había una provisión de los libros más pedidos. Al fondo se encontraba el despacho de mi padre y un espacio repleto de ficheros, libros especiales y un montón de cosas. (En aquel embrollo de papeles, un día encontré un impreso de la Librería Hispano Americana, del año 1937, con dirección postal en la calle Craywinckel. Por lo tanto, es posible que la fundación de la LHA fuese más antigua que aquella fecha y que estuviera situada en otro lugar de la ciudad). Mi padre, entre la tienda y el despacho, se hizo instalar una puerta de cristal que le permitía ver qué ocurría en la tienda sin ser visto. Los paquetes los hacíamos en un patio interior, como podíamos.

Era un negocio exageradamente estacional. Por este motivo, y pensando en que algún día se acabarían las exclusivas de los libros de texto, se fueron diversificando las materias ofrecidas, comenzando con la introducción de libros técnicos afines a las especialidades de Marcombo, pero también de cualquier otra editorial. La exclusiva del libro adoptado, sin embargo, aún duró varios años. Incluso después, Marcombo publicó algunos de estos libros, que en principio editaban los propios autores. Al terminar el primer trimestre, cuando ya se habían hecho las liquidaciones correspondientes, los autores iban pasando a cobrar lo que se llamaba «derechos de adopción». Estos pagos se hacían dentro, en el despacho de mi padre.

Cuando Josep M. Boixareu Ginesta compró la librería, el encargado era el Sr. Sorribes; el dependiente, el Sr. Lloret, que se quedó unos cuantos años más; y el aprendiz, el Sr. Manuel Galli, que aún llevaba pantalón corto, pero que trabajó allí hasta que se jubiló. Manuel Galli hizo historia en la librería y, en aquel tiempo, fue uno de los mejores libreros de Barcelona y se convirtió en un icono durante más de cuarenta años. Estudió Profesorado Mercantil y dominaba perfectamente los libros y los autores que se vendían durante la primera época. Antes de la informatización era un catálogo viviente de libros de cualquier especialidad técnica o científica. Era conocido y apreciado por muchísimos clientes por su amabilidad extraordinaria. Vivió dos transformaciones físicas de la LHA. Más adelante aparecerá en diversas fotografías de este libro, la primera de las cuales, de 1964, es la que se muestra en esta página. En ella, Manuel Galli se sitúa a la izquierda de la imagen, acompañado de Fina Marín, Maite Arias y yo mismo detrás de un mostrador, ya de cristal1.

Al principio, durante unos pocos años, las dependencias de la librería y de la editorial estaban separadas en locales distintos: la librería, en la Avenida José Antonio, 594; y la editorial, en Vía Layetana, 21. Al lado de la librería, y en la misma finca, había una agencia de viajes llamada Viajes Lugar. Un buen día, a mediados de los años cincuenta, mi padre se enteró de que aquel negocio se vendía y no paró hasta que consiguió que se lo traspasaran. Tenía buena pinta para ambas actividades y, así, mi padre no tendría que ir de un lado a otro —sobre todo teniendo en cuenta que hasta el año 1964 compaginó los dos trabajos con su cargo en la RENFE; ¡una locura!—.


1. Manuel Galli a la izquierda de la imagen, acompañado de Fina Marín, Maite Arias y yo mismo detrás de un mostrador, 1964.

Transformación y expansión

La librería y la editorial estaban una al lado de otra y se acabaron conectando por detrás cuando desapareció la portería, y por el subterráneo cuando se hicieron obras de rehabilitación y modernización en la finca. Marcombo y la LHA compraron los bajos y, al cabo de los años, fueron adquiriendo los pisos superiores. Con el tiempo se comprobó que esas operaciones fueron acertadas.

Josep M. Boixareu Ginesta no solo transformó y dio un gran empuje a la librería, sino que también participó muy activamente en la promoción y la relevancia de esta actividad en el ámbito colectivo. Más adelante hablaremos de ello detalladamente. Como librero, editor y amante del libro, promovió intensamente la celebración del Día del Libro, el 23 de abril, Sant Jordi, que desde su creación en el año 1926 no había dejado nunca de celebrarse en Cataluña. Comenzó instalando una pequeña parada en el vestíbulo de la librería y una gran parada en el exterior, en mitad de la Gran Vía2.

Del año 1962 tenemos un testimonio gráfico de la pequeña parada montada en el vestíbulo de la librería, en la cual aparecen la dependienta Maite Arias y mi hermana Rosa Maria, que en un día como aquel fue a reforzar el personal, como hacíamos las familias Boixareu y Comas3. También participábamos en el concurso de paradas en la calle que organizaba el Gremio de Libreros de Barcelona. Del Día del Libro de aquel año conservamos un recorte de prensa del diario La Vanguardia, de 5 de mayo, en el cual se cuenta que, a causa del mal tiempo que había hecho el sábado 23 de abril, la fiesta se había prorrogado al 4 de mayo4. También se hace constar que la Librería Hispano Americana obtuvo el primer premio de paradas en la calle.


2. Parada en el exterior, en medio de la Gran Vía, durante el Día del Libro, 1950.

En mayo de 1963, la LHA publica un catálogo5 con su fondo de libros técnicos, un total que supera los 2000 títulos de 80 temáticas distintas, siempre dentro de la ciencia y la técnica y de todas las editoriales españolas de estas especialidades. Estos catálogos se enviaban por correo postal a las direcciones que se iban registrando en el archivo general de clientes, que contenía más de 100 000 fichas de cartulina y que llevaba el Sr. Sugrañes, un jubilado de la RENFE. Mi padre había colocado, entre la librería y la editorial, a unos cuantos ferroviarios; algunos a media jornada, otros a tiempo completo. Igual que en los inicios de Marcombo, cuando había una campaña de publicidad todo el mundo se ponía a ensobrar y a pegar sellos. El archivo general de clientes, común a la editorial y a la librería, ocupaba los cajones deslizantes de un mueble metálico voluminoso, clasificado alfabéticamente y por especialidades. Aquello era una base de datos tan respetable y útil como las informatizadas que existen en la actualidad.


3. Testimonio gráfico de la parada montada en el vestíbulo de la librería, con mi hermana Rosa Maria y Maite Arias.


4. Recorte de prensa del periódico La Vanguardia.


5. Catálogo con el fondo de libros técnicos.


6. Programa de la asignatura de Economía y Estadística.

Se trabajaba para las escuelas de comercio de Barcelona y Sabadell. Es testimonio de ello el programa de la asignatura de Economía y Estadística6, que lleva el pie de la Librería Hispano Americana que se usaba en esa época. Algunos libros de texto, como he citado antes, los publicaba Marcombo.

La revista Amenidades. Nuevas líneas de producto y sistemas de venta

Josep M. Boixareu Ginesta, inquieto por promocionar la librería y los libros que ofrecía, creó diversos sistemas de publicidad. Posiblemente, el de más entidad fue el lanzamiento de una revista de divulgación científica y técnica cuyo nombre de cabecera era Amenidades. En 1959 se concedió la marca8 y, durante un tiempo, la revista fue el folleto de publicidad de la librería; hasta que las autoridades que controlaban la prensa de la época nos obligaron a inscribirla como revista —solicitud que hizo mi padre en 1968, tal como consta en el BOE de 16 de marzo de aquel año7—.


7. BOE, 16-III-1959.


8. Concesión de la marca Amenidades.

Entonces, las revistas de cualquier tipo exigían que hubiera un director periodista. El director elegido fue Jaume Castell, que trabajaba en la sección cultural de La Vanguardia. Se publicaban artículos originales y traducciones de revistas extranjeras. No puedo dejar de recordar que en Amenidades empecé a hacer mis primeros ensayos como articulista. Evidentemente, hacía reseñas de libros técnicos, sobre todo de los publicados por Marcombo, además de publicidad de estos últimos. El diseño era muy adecuado al público al cual se dirigía, y el formato era de bolsillo, con la idea de que se pudiera leer en el tranvía. Era mensual y se distribuía gratuitamente. Duró unos cuantos años y fue un medio de promoción extraordinario hasta que, por razones de sostenibilidad económica, dejó de publicarse en mayo de 19709.


9. Muestra del diseño de cubierta de Amenidades.

Paralelamente a todas estas actividades, mi padre decidió que la librería tenía que ofrecer también libros extranjeros, tanto los publicados en español en Latinoamérica como los publicados en otras lenguas —como el francés, el inglés y, en menor medida, el alemán—. Por este motivo, se tuvo que solicitar la inscripción en el registro de importadores10; se hizo el 5 de junio de 1966, tal como consta en el documento adjunto. Con esta decisión, la LHA empezó a importar libros técnicos de las editoriales argentinas, mexicanas, norteamericanas, inglesas, francesas, alemanas o italianas más acreditadas. De esta forma, podía ofrecer los mejores títulos del mundo prácticamente en cualquier lengua.


Los técnicos, los profesores y los estudiantes empezaban a leer en idiomas extranjeros —algo poco frecuente hasta entonces—, y ahora podrían disponer de la mejor bibliografía técnica internacional. Esto también suponía para la editorial una información valiosa para saber qué materias o autores extranjeros tenían más demanda y aplicarla a su estrategia editorial —una buena sinergia entre la LHA y Marcombo—. En el año 1969, la librería, que hasta entonces estaba a nombre de mi padre, pasó a formar parte de la sociedad anónima Marcombo.

En 1972 se lleva a cabo la primera reforma física de la librería. Se suprimen los mostradores de madera por otros con vitrina superior y una moderna caja detrás de la cual luce un cuadro del artista Ramón Noé11. El 27 de abril de 1973, Josep M. Boixareu Ginesta publica en el Diario de Barcelona un artículo sobre la librería especializada, al mismo tiempo que se celebra su aniversario, aunque no se sabe exactamente la fecha de su fundación. Según diferentes datos documentales, podría haber sido antes de 1937, o en la Gran Vía en 1941.

Una sección que puso en marcha mi padre y que fue muy provechosa fue la de venta a plazos y por cuenta corriente. Para encargarse de ella, contrató al Sr. Pradel, a quien ayudaba un hijo suyo. No hace falta explicar cómo funciona el tipo de venta a plazos; muchas editoriales se crearon y crecieron gracias a esta modalidad, hasta que pasó a mejor vida y esas editoriales tuvieron que renovarse, diversificarse o cerrar. Otra cosa es la venta por cuenta corriente. El cliente abría una cuenta corriente y pagaba una cuota mensual. Esto le permitía ir comprando libros hasta que tuviera un saldo acreedor del doble de la cuota. Para el cliente, suponía una especie de compra a plazos con una cuota fija —comprar libros por más de lo que había pagado—, y para la librería era una forma de fidelizar a los clientes. El Sr. Pradel visitaba escuelas, bibliotecas, empresas y particulares que compraban mediante una de estas modalidades, lo que comportaba una notable complejidad administrativa.

Otra modalidad de venta, tanto para la librería como para la editorial, era la venta contra reembolso, sistema que alcanzaba los picos más importantes como consecuencia de las campañas de publicidad antes citadas. También suponía una gran labor administrativa y logística, tanto en el almacén como en lo referente al transporte, sobre todo en Correos. No recuerdo si era cada semana o cada quince días cuando el cartero traía un cheque por el valor de las ventas que se habían hecho mediante este procedimiento. En todas estas modalidades había morosos a los que había que gestionar administrativamente. Todo con papeles a mano o escritos con máquina de escribir. Y sin informática.


11. Librería Hispano Americana.

Actos y festividades sociales con personal de la casa

Mi padre era una persona muy abierta y le gustaban las celebraciones con el personal de la casa. No se han conservado imágenes de las celebraciones de Navidad, Fin de Año o San José, pero estas fiestas se repetían año tras año. San José se celebraba no solo porque mi padre se llamaba así, sino también porque en «la casa» (se entiende que en la editorial y en la librería) había varios. Que yo recuerde, Josep Deckler, Fina Marín, José Berruezo, Josep Costa, Josep Martínez, José Romero, Josep Mompín, Josep Marimon, José Marchal, yo mismo, mi padre, y seguro que me dejo alguno —que ya me perdonará, pero la memoria traiciona los recuerdos—. En cuanto a históricos de la casa, además de los citados y para hacer una selección muy fina, en estos momentos me vienen a la mente Joan Plans, el más histórico de todos y ya citado en la etapa temprana; el Sr. Ibáñez, a quien ya hemos hecho referencia; el Sr. Solé; los hermanos Martínez, el más veterano de los cuales era Jordi; Víctor Calvo y otros a quienes ya he nombrado o nombraré más adelante cuando toque, o al hablar de las revistas.Las seis fotografías que se adjuntan a continuación corresponden a algunos de los actos o encuentros12-17.


12. Día de campo en Llerona. En el centro, el gran jefe y anfitrión, Josep M. Boixareu Ginesta; a la derecha, Manuel Galli; saliendo por encima y a la derecha de mi padre, Josep Deckler. De los demás, recuerdo las caras, pero no los nombres.


13. Boda de Manuel Galli y Dolors (Lolita). JMBG hablando con los novios.


14. Cena de libreros. De derecha a izquierda: matrimonio Galli, matrimonio JMBV-Montserrat Pallarès, y hermanas Juandó, de la librería Argos.


15. Sant Julià de Vilatorta. En primer término el matrimonio Galli, y en segundo término el matrimonio Boixareu-Vilaplana, mis padres.


16. A la salida de alguna celebración. A ambos lados, mis padres; en medio, Maite Arias; a su derecha, yo mismo; del chico a la izquierda de Maite no recuerdo el nombre.


17. Boda de Ana María Barón (librería) y Miguel Mulero (logística). Los novios en medio y, a ambos lados, mis padres, yo y Montse, mi esposa.

Un salto en el tiempo. De 1937 al siglo XXI

Aparte del documento encontrado de 1937, en un momento determinado alguien nos dijo que la Librería Hispano Americana se había instalado en la Gran Vía, 594, de Barcelona, en el año 1941 (cosa bastante probable). Así que en el año 1991 celebramos el cincuenta aniversario18, motivo por el que se creó el cartel con el logo antiguo y el nuevo.

Precisamente, en el año 1991, se llevó a cabo la segunda reforma física de la librería, con una inauguración presidida por el consejero de Comercio de la Generalitat de Cataluña, Hble. Sr. Lluís Alegre; el rector de la Universidad de Barcelona, Excmo. Sr. Josep M. Bricall; el escritor Ignasi Riera, que hizo un panegírico del libro; y los socios de la empresa, los señores Boixareu Gimó y Boixareu Ginesta19.

La nueva librería ocupaba ya la totalidad de la planta baja del inmueble de la Gran Vía. Habían desaparecido los mostradores cara al público, que fueron sustituidos por mesas en el centro de la tienda. Las estanterías, situadas alrededor, llegaban a una altura que permitía que los clientes pudieran coger los libros ellos mismos. El resultado de esta ampliación y reforma comportó un crecimiento significativo de las ventas. También fue la época en que se empezaron a hacer compraventas con tarjeta de crédito. A continuación, vino la informatización, con las ventajas y los inconvenientes que todos hemos experimentado.

Con la nueva librería, los nuevos espacios creados permitieron celebrar actos de distinto tipo, como presentaciones de libros, charlas y mesas redondas. En las dos imágenes adjuntas se pueden ver algunos momentos de estos actos20.


18. Cartel con el logo antiguo y el nuevo.


19. Inauguración presidida por el consejero de Comercio de la Generalitat de Cataluña, Hble. Sr. Lluís Alegre; el rector de la Universidad de Barcelona, Excm. Sr. Josep M. Bricall; el escritor Ignasi Riera, y los señores Boixareu Gimó y Boixareu Ginesta.


20. Con la nueva librería, los nuevos espacios creados permitieron celebrar actos de distinto tipo, como presentaciones de libros, charlas y mesas redondas.

A inicios de este siglo, Manuel Galli se jubiló y, como encargado, fue sustituido con el tiempo por Carmen Matilla, Ana María Barón (también una gran profesional jubilada recientemente), y Araceli Clares, que aún está.

La profesión de librero —me gusta más llamarla «oficio»— es para personas con vocación, ya sean empleados o propietarios. Con la excepción de las grandes superficies, donde también he conocido a muy buenos profesionales, los libreros y libreras de librerías pequeñas o medias deben amar el libro y no el dinero. Si quieres ganar dinero, no te dediques a este oficio, no es un buen negocio, ya que es solo para ir tirando. Pero si quieres ser feliz, puedes encontrar en él la felicidad. Por la Librería Hispano Americana han pasado buenos libreros y libreras, empezando por mi padre, Manuel Galli o Ana María. Todos hemos pasado allí buenas y malas épocas, pero el recuerdo de este oficio ayuda a vivir para siempre sin soltar el libro de las manos.

Ahora deberemos dar un salto hasta el siglo XXI. Más adelante, continuaré contando cosas pasadas y otras que aún habían de llegar. Empezamos este siglo con muchos problemas, que volverán a aparecer cuando siga hablando de la editorial. Entre los años 2001 y 2003 lo pasamos mal; conseguimos salir adelante, pero a costa de muchos sacrificios de todo tipo. La empresa y yo mismo tuvimos la suerte de que mi hijo Jeroni Boixareu Pallarès le tomara gusto al oficio de librero. Compartimos el timón de la empresa durante algún tiempo, como mi padre había hecho conmigo, y en el año 2005 me pude jubilar oficialmente.

La librería, como el negocio del libro en general, empezó a cambiar de forma progresiva pero significativa. En gran parte, pero no del todo, las responsables de esto fueron las nuevas tecnologías de la edición, la distribución y la venta. Tanto la LHA como Marcombo se habían modernizado y se habían adaptado a las llamadas «tecnologías de la información». Pero el cambio era cada vez más acelerado, y también era peligroso adelantarse a él, porque muchos pioneros han sucumbido en la aventura de ir demasiado hacia adelante sin saber exactamente hacia dónde los llevaría el cambio de rumbo ni a qué velocidad.

Desde 2005 hasta la actualidad (2020-2021), han pasado muchas cosas en la sociedad, en el mundo de la economía y en el del libro. Ya he dicho que las nuevas tecnologías no son las responsables de todo. Sí lo son los cambios sociales y los hábitos de lectura.


LA INTENSA DÉCADA DE LOS SETENTA
La gestación de Editia

Durante la década de los sesenta, un grupo de editores de libro técnico había ido gestando la constitución de una entidad para exportar conjuntamente a Latinoamérica. La idea consistía en hacer catálogos conjuntos, envíos agrupados e, incluso, crear filiales comerciales en aquellos países. Inicialmente se pensó en México, Perú, Uruguay, Brasil, Venezuela y América Central (véase una ilustración en la cual aparecen algunas cartas y actos sobre estos prolegómenos)1. Si no recuerdo mal, las primeras distribuidoras que empezaron a funcionar fueron las de Perú y México que, finalmente, fueron las que cuajaron, junto con la de Uruguay. Puesto que la idea era constituir sociedades mixtas en cada país, el nombre que se pensó para el grupo fue Editia (Editores Técnicos Ibero-Americanos). Las primeras editoriales que formaron parte del proyecto fueron Aedos, Alhambra (Madrid), CEAC, Editores Técnicos Asociados (ETA), Hispano-Europea, Marcombo, Oikos-Tau, Sagitario y Sintes.


1. EDITIA. Años 1969-1970.


2. Carta delatando una estafa.

En América Central se contactó con Lehman, de Costa Rica, y con Zurita, de Caracas (Venezuela). En Perú se contactó con el Sr. Nicanor Domínguez, que era socio de una distribuidora y que fue nombrado gerente de Editia Peruana. A través del Sr. Eric Ruiz, de Alhambra, en México, se entró en contacto con el Sr. Antonio Martínez Romero, que dirigía la distribuidora NORO y que fue nombrado gerente de Editia Mexicana. En Uruguay se creó Editia Uruguaya con un socio-gerente que se llamaba Ernesto Sanginés.

La historia de las Editias es muy larga y complicada. En próximos capítulos irán apareciendo referencias en la medida en que afectaban a Marcombo. Del grupo español fueron desapareciendo Alhambra, CEAC y Sagitario, por diferentes razones. De América, la primera en desaparecer fue Editia Uruguaya. En cuanto a Editia Peruana, un buen día quien desapareció fue el gerente, Nicanor Domínguez... Desapareció él, la secretaria y la caja2.

El grupo Editia envió a Lima a una persona de confianza; tenía que ser alguien de aquí. Pero esa persona, al cabo de poco tiempo de hacerse cargo de Editia Peruana, hizo lo mismo que su predecesor. Entonces, mi padre, que conocía al director de la librería Studium de Lima, D. Andrés Carbone, también gerente de la Universidad Católica, le propuso asociarse, en nombre del grupo, y que él mismo nombrara a un gerente de su confianza. La persona elegida fue el Sr. Justo Blanco, que sí respondió. Continuaremos hablando de ello.

La incorporación definitiva de JMBV

Aquel 1970, me incorporé definitivamente a Marcombo. Era la segunda generación Boixareu que entraba en la empresa. Pasamos unos años de feliz transición con mi padre, que ya antes me había hecho de maestro editor y librero y que, sobre todo, me había contagiado el amor por el libro que aún conservo. Yo tenía mis ideas y mi padre las respetó y me dio apoyo. Se trataba de diversificar la actividad entrando en la edición de revistas técnicas afines a la línea de Marcombo. De esta actividad hablaré en el capítulo dedicado a Boixareu Editores, S. A. y a las revistas.

A inicios de la década, en el año 1971, se celebró el Año Internacional del Libro y Marcombo publicó un catálogo especial para la ocasión, que puede verse reproducido en la figura adjunta3. Aquel catálogo llamaba la atención y demostraba que ya éramos una editorial madura, con autores y obras de gran envergadura dentro de la edición técnico-científica, y con una amplia variedad de especialidades. Entre las obras que se habían publicado, se encontraba el Manual de aire acondicionado, conocido como «el Carrier». Como muestra del reconocimiento por parte de grandes empresas multinacionales, el 23 de abril de 1970, la compañía Westinghouse pidió a Marcombo que se encargara de toda su documentación técnica. Pero éramos una editorial de libros y no un packager, así que tuvimos que rechazar la oferta.

Entre 1970 y 1971 se publicó la obra en dos volúmenes de Roy, Mecánica4. En 1971, entre otros, se publicaron dos títulos de gran éxito: El amplificador operacional y sus aplicaciones, de Marchais5, y Electrónica, de Bolgert6.


3. Catálogo especial para celebrar el Año Internacional del Libro, 1971.


4. Entre 1970 y 1971 se publicó la obra en dos volúmenes de Roy, Mecánica.


5. El amplificador operacional y sus aplicaciones, de Marchais.


6. Electrónica, de Bolgert.

En el año 1971 Marcombo entró a formar parte del International Group of Scientific, Technical and Medical Publishers, conocido como STM, y del cual formaban parte las editoriales científicas, técnicas y médicas más importantes del mundo. Las únicas editoriales españolas que en aquellos momentos participaban eran Salvat y Aguilar.

Marcombo entró en contacto con el STM a raíz de un seminario de marketing que dicho grupo organizó en Barcelona, en la sede de Salvat Editores, y en el cual mi padre, JMBG, ofreció la ponencia «Comercio interior del libro técnico y científico».

Años más tarde, yo mismo —representando a Marcombo en el STM— presenté, en un seminario que también tuvo lugar en Barcelona, una ponencia similar, titulada «Mercado español para libros y revistas científicos, técnicos y médicos»7. Más adelante volveremos a hablar del STM.


Más y más libros

En el año 1972 se publica el primer libro de arquitectura bajo el sello de Marcombo. Se trata de la obra Acondicionamiento natural y arquitectura, de los autores de origen uruguayo Ernesto y Giorgio Puppo, padre e hijo, ambos arquitectos y muy cuidadosos en la elaboración del contenido y el diseño del libro. Fue una de las primeras obras de esa especialidad que intentó compatibilizar la arquitectura y el medio ambiente. Entre las obras destacables de aquel año está la titulada Circuitos binarios, del profesor Francisco Company.

En 1973 se editó y se lanzó una obra de electrónica, cuyo título espantó a algunos expertos de la casa, Circuitos electrónicos, discretos e integrados. «¿Cómo se puede vender un libro con ese título?», decían. El libro, de Schillig y Belove, tuvo un gran éxito y se hicieron diversas ediciones y reimpresiones. Un autor ecuatoriano, el ingeniero Salazar, publicó en Marcombo el libro Ingeniería eléctrica experimental. Salazar era una persona de gran prestigio en Ecuador; tuvimos ocasión de comprobarlo —tanto mi padre como yo— en nuestros viajes a aquel país andino.

Quizá el libro que aquel año marcó un hito fue Sistemas electrónicos digitales, del joven y prometedor ingeniero Enrique Mandado. Era el primer libro que publicaba, y también el primero que se publicaba en español sobre la especialidad. Enrique Mandado, hombre arrebatado que destilaba y destila inteligencia, con conocimientos avanzados sobre este tema y una gran capacidad de esfuerzo, trabajó muy íntimamente con nuestro puntal editorial, el Sr. Ibáñez Morlán, ya citado. El resultado fue un libro del cual se han hecho innumerables ediciones. Cuando termina una edición, Mandado ya prepara la actualización de la siguiente. Esto hace que en la actualidad, después de 47 años, el libro pase de las mil páginas y se haga difícil manejarlo en un solo volumen. Enrique Mandado, que se convirtió en un buen amigo, es uno de aquellos autores que terminan mandando más que el editor —más allá del contenido del libro, que es excelente—. Con Enrique, de raíces gallegas y formado en Barcelona, hicimos una gira para presentar sus libros en México, sobre todo en universidades y politécnicos, con la ayuda de Jöel Juárez, un promotor cualificado de la entonces Editia Mexicana. Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey fueron el eje geográfico de estas presentaciones, que dieron buenos frutos.

En 1974 se publicó uno de aquellos libros que permitían probar la informática desde la vertiente del hardware, que ya habían empezado a oler los técnicos que miraban hacia el futuro. Se trataba de Cómo funcionan los ordenadores, de Wehring. Ahora es el momento de hablar de la colección de libros, ya puesta en marcha, que pretendía hacer entretenidas las matemáticas, o entretenerse con las matemáticas. El creador y autor de esos pequeños libros de bolsillo para leer en el tranvía fue el físico Mariano Mataix que, a la vez, era el director de la central nuclear de Vandellòs I.

Era un hombre genial que sabía escribir, con el objetivo de entretener, sobre aquellos temas que a algunos se les atragantaban. Algunos de sus títulos se explican por sí mismos: Cajón de sastre matemático; Divertimentos lógicos y matemáticos; Fácil, menos fácil y difícil; Problemas para no dormir; Droga matemática; El discreto encanto de las matemáticas; La manzana de la discordia o En busca de la solución. Fue también el autor del Diccionario de electrónica, informática y centrales nucleares8.

En 1975, Marcombo publicó una de aquellas materias que le son poco afines, aunque también es técnica. Se trata de Diseño y cálculo de estructuras pretensadas, del autor venezolano de origen sueco J. Johannson. A mi padre le gustaba publicar obras de autores latinoamericanos y, en este caso, fui yo quien la presentó en Caracas. En plena línea de Marcombo, ese año se publica Introducción al control de procesos por ordenador, del profesor Joaquim Coromines, en colaboración con la entonces Universidad Politécnica de Barcelona. También se publica una nueva obra del profesor Enric Ras, en dos volúmenes, Teoría de líneas eléctricas.


8. Libros publicados entre 1972 y 1974.

Adjunto puede verse el catálogo de 1976, cuyo diseño de portada cambiaba cada año9. Entre los libros publicados aquel año hay un título, Del microprocesador al microordenador, del autor francés Lilen —de quien se tradujeron varios libros más—, que tuvo una acogida notable por parte de los lectores técnicos en español. También se publicó el tercer volumen de la obra Fundamentos de metrología eléctrica, del profesor Karcz, del Politécnico de Barquisimeto (Venezuela), que yo también presenté en su momento en aquella ciudad.


De los libros publicados en 1977 podemos escoger un par: Electrónica industrial avanzada, de Morris, y otro de la serie Mundo electrónico, Transductores y medidores electrónicos10. De 1978, Cálculo óptimo de transformadores, del profesor Juan Corrales, de la UPB. De 1979, hay que destacar las obras de dos grandes autores de la casa: el profesor Enric Ras, con una obra trabajada, Análisis de Fourier y cálculo operacional aplicados a la electrotecnia; y el libro de Enrique Mandado, que ya era profesor de la Escuela de Ingenieros Industriales de Vigo, titulado Procesadores programables. El microprocesador. De autores propios se publica Electrónica y automática industriales, de la serie Mundo electrónico. De las traducciones, hay que destacar el libro Instalaciones frigoríficas, de Rapin11.


10. Libros publicados entre 1975 y 1977.

Aunque aquí no hablamos de ellas directamente, a lo largo de los años setenta y ochenta Marcombo y Boixareu Editores publican diversas colecciones de fascículos siempre relacionadas con la electrónica y la radio. La mayoría eran coordinadas desde la editorial por Josep Mompín Poblet, que era el director de la revista Mundo electrónico. Todas eran de autores originales, excepto una, que era traducida del italiano. Como muestra, se adjunta la portada del número 0 de la serie Aplicaciones de la electrónica. Enciclopedia teórico-práctica en 60 lecciones12.

Como conclusión de este capítulo se reproduce una fotografía, hecha con motivo de un acto de celebración de los cincuenta años de Marcombo, en la cual se puede ver a tres de los grandes autores de la casa acompañando a mi padre. De izquierda a derecha: Enrique Mandado, José Alarcón, Josep M. Boixareu Ginesta y Enric Ras, de quienes he ido citando algunas obras. Los autores siempre han sido la joya de Marcombo13.


11. Libros publicados entre 1978 y 1979.


12. Número 0 de la serie Aplicaciones de la electrónica. Enciclopedia teórico-práctica en 60 lecciones.


13. JMBG con los autores Mandado, Alarcón y Ras con motivo de los 50 años.


AMÉRICA, EL FUTURO
Josep M. Boixareu Ginesta
México

Mi padre quedó enamorado de América desde el momento en que puso los pies allí por primera vez. Después de los pioneros del siglo XIX e inicios del XX, fue uno de aquellos editores que, cartera en mano llena de catálogos y maleta llena de libros, recorrió Latinoamérica de arriba abajo, desde Río Grande hasta los confines de la Patagonia. Y no viajaba saltando de aeropuerto en aeropuerto; hacía ese inmenso recorrido por tierra. Sí, en «colectivos», aquellos autobuses de los años cuarenta, estropeados, llenos hasta la baca, que tardaban horas y horas en hacer trayectos cortos. A esta realidad se añadían otras, como el estado de las carreteras, la meteorología y los guerrilleros o soldados regulares. Mi padre prefería estas incomodidades a coger un avión; ya tenía suficiente con los vuelos transoceánicos que hacía con aviones de hélice, aunque durante las catorce horas de vuelo no se movía del asiento. Suerte para él que se podía fumar.

Ya hemos visto que compró la Librería Hispano Americana, entre otras razones, por su nombre. América era todo un atractivo. Además, muchos editores decían que el futuro del libro español estaba en América. Mi padre también lo creía y muchos editores hemos pensado lo mismo en algún momento. Digo «en algún momento» porque quizá en otras ocasiones nos hemos arrepentido. De todas formas, quien más quien menos, todos seguimos trabajando en América con una fórmula u otra. Me parece que Marcombo las ha practicado todas: el viaje para vender o para cobrar, para contratar a distribuidores, para asociarse con personas del país y poner editorial; más adelante, para ceder derechos con el objetivo de poder imprimir allí, etc.

Si la memoria y los archivos no me fallan, Josep M. Boixareu Ginesta pisó suelo americano por primera vez en octubre de 1963 con motivo de una exposición de productos españoles que se organizó en la capital mexicana1. México fue, pues, su puerta de entrada. Y, si hemos de juzgar por los documentos encontrados, aprovechó el viaje en todos los sentidos. Se dio un atracón de escribir sobre México, la exposición, los ferrocarriles que tanto le atraían, la cultura mexicana y la resonancia de la cultura española en aquellas latitudes. Aún no había relaciones diplomáticas entre el Estado español y México, y aquel era el primer encuentro oficial entre los dos países. Véanse muestras de una página original manuscrita, «¿Dónde está el Atlántico?»2, unos recortes de los artículos que le publicó el diario Ya3, y el original mecanografiado de una página de un artículo sobre los ferrocarriles mexicanos4.


1. Primera exposición de productos españoles en México, 1963.


2. «¿Dónde está el Atlántico?».


3. Collage de artículos de Josep M. Boixareu Ginesta. Diario Ya.

De México nos queda la portada del diario Excelsior de 25 de octubre de 1963, que hace referencia a la exposición de productos españoles5, y la portada de los números 4 y 5 de Diálogo de las Españas6, una de cuyas páginas está dedicada a la poesía española de ese momento7.


4. Artículo original sobre los FFCC mexicanos.


5. Diario Excelsior, 25-X-1963.

Allí conoció personalmente a un gran personaje del exilio catalán, que fue durante un tiempo representante de Marcombo en México a través de la Editorial Reverté, el Sr. Abelard Fàbrega8. El Sr. Abelard —o Don Abelardo, como le llamaban en México— fundó Publicaciones Cultural, desde donde hizo una gran tarea pedagógica y cultural, no solo en México sino en toda América Latina. En el año 1982 fue galardonado con el prestigioso premio Juan Pablos, destinado a figuras destacadas de la edición mexicana. El boletín México Editor, de donde está extraído el recorte de prensa anterior, dice textualmente: «El veterano editor catalán impartió en estas consideraciones una sabia cátedra sobre las experiencias que, durante muchos años, lo han llevado a ser uno de los personajes más respetados del ámbito de los libros en México».

Abelard Fàbrega introdujo a mi padre en el ambiente del libro mexicano y también del exilio español y catalán. Lo llevó al Orfeó Català de la capital mexicana, de donde conservaba algunos recuerdos, como algunos ejemplares del Butlletí de aquel orfeón. En la figura que aparece en la siguiente página10 se puede ver el sumario del número de noviembre de 1962, donde destacan las informaciones sobre la muerte del Papa Juan XXIII y un reportaje sobre la presentación en México de la soprano catalana Montserrat Caballé. En otra ilustración9 se muestra la portada del Butlletí de junio de 1963. El Sr. Abelard y mi padre llegaron a establecer una gran relación profesional y personal que yo continué hasta que murió, poco antes de cumplir los cien años. Lo conocí en 1964 en Perpiñán, y me impresionó su aspecto físico de persona respetable, con canas, afable y añorado de Cataluña, adonde todavía no podía —o no quería— entrar. No lo hizo hasta que murió Franco. No llegué a saber si era una cuestión de prohibición o de principios propios.


6. Diálogo de las Españas, México.


7. Balcón a la poesía española.


8. Abelard Fàbrega. Un catalán patriarca de los editores mexicanos.


9. Boletín del Orfeó Català de México.


10. Orfeó Català.

Insisto en el hecho de que, en su primer viaje a América, en México, mi padre escribió mucho, también a la familia. Como muestra se reproduce una postal de Xochimilco, uno de los lugares típicos de las afueras de Ciudad de México11.


11. Postal enviada por JMBG.

En 1970 se constituyó la sociedad Editia Mexicana con un capital de 336 000 pesos mexicanos y unos estatutos cuya primera página se muestra en la figura adjunta12. El primer administrador único de la sociedad fue el Sr. Antonio Martínez Romero, a quien sucedió el ingeniero Enrique Reyes Morfín, que lo fue hasta que se vendió la sociedad a Alfaomega Grupo Editor, en los años noventa. En la figura siguiente se puede ver un catálogo de Editia Mexicana de los años 1971-197213.


12. Estatutos de la constitución de Editia Mexicana.


13. Catálogo de Editia Mexicana.

Dado que la legislación mexicana exigió que para poder importar libros se tenía que justificar la producción de cierta cantidad de libros en México, en 1978 se proyectó constituir una sociedad editora llamada Publicaciones Editia, S. A. También, según las leyes mexicanas, estas sociedades mixtas tenían que tener como mínimo un 60 % de capital mexicano, y un 40 % de capital extranjero como máximo. En cuanto a las sociedades mixtas mexicano-españolas, esto fue posible gracias a la reanudación de las relaciones diplomáticas entre ambos países (véase la nota de prensa del diario El Universal)14. Este proyecto preveía que los socios por parte mexicana serían Jorge Flores como presidente, M. Mercedes Ferrer, Baltazar Feregrino y Enrique Reyes. Por parte española, lo serían los representantes de las editoriales Editores Técnicos Asociados, Aedos, Hispano Europea, Jims, Vicens Vives y Marcombo. Bien es cierto que no sé si este proyecto se llevó a la práctica ni si se llegó a crear formalmente la sociedad proyectada. Algo se hizo para poder exportar libros a México, pero no recuerdo la fórmula.

A principios de los años ochenta se produce una gran crisis económica en América Latina, que fue denominada «efecto tequila» porque empezó precisamente en México, en febrero de 1982, con una devaluación brutal del peso, y siguió hacia el sur sin que ningún país se librara de ella. En México tuvo una incidencia especial y todos los editores españoles que exportaban allí quedaron sensiblemente afectados. La deuda total se calculó en unos 30 000 millones de pesetas de la época. A pesar de las muchas gestiones que se hicieron desde las instituciones del sector editorial (en las cuales yo mismo participé), no se obtuvo ninguna ayuda del gobierno español. Marcombo también quedó muy afectada, como todos los exportadores. Esta crisis coincidió con la entrada del Estado español en el Mercado Común Europeo, con la consiguiente pérdida de muchas ventajas fiscales y financieras, como por ejemplo la supresión del llamado crédito a la exportación y la desgravación fiscal a la exportación.

No exageraba el gerente de Editia Mexicana, Enrique Reyes Morfín, en la carta que dirigió a mi padre el 31 de marzo de 198215, cuando le decía que aquel año en México había una previsión de inflación de entre el 50 y el 60 % y que si las cosas no mejoraban significativamente preveía una quiebra técnica de Editia en 1984.


14. Noticia sobre el acuerdo de coinversión.


15. Editia Mexicana. Carta de Enrique Reyes Morfín a JMBG. Marzo de 1982.


16. Carta del Sr. Abelard Fàbrega a JMBG.

Cuando las cosas van mal, la gente se pone nerviosa, y las relaciones entre la dirección de Editia Mexicana y los socios españoles se resintieron. La deuda acumulada con los proveedores se hacía impagable y las pocas ediciones que se hacían en México no permitían sobrevivir a la empresa mexicana. Mi padre, que siempre había sido un buen componedor, había escrito una carta a Enrique Reyes en la cual le decía que la empresa en México tenía un cariz más romántico que empresarial. El término «romántico» no le gustó al Sr. Reyes, que respondió con un escrito un poco airado. Al final, tuvo que intervenir el Sr. Abelard Fàbrega, amigo de ambos, con una correspondencia conciliadora, de la cual es una muestra la carta manuscrita adjunta16, que reflexiona sobre el término «romanticismo» y la delicada situación en México.

Lo cierto es que, a pesar de todo, Marcombo era la editorial española que tenía mejores relaciones con Editia Mexicana. Mi padre quería mantener aquel pie en México y yo estaba de acuerdo, quizá también por aquello de que «el futuro del libro español está en América». A pesar de las discusiones personales que también había tenido con Enrique Reyes, llegó a cuajar el proyecto de hacer una empresa editorial mixta en México: Publicaciones Marcombo, S. A.

Antes de concretar los términos del acuerdo hubo un intercambio de correspondencia y llamadas telefónicas entre Enrique Reyes y yo mismo. Cronológicamente, existe una carta mía de 22 de octubre de 1979 dirigida a Enrique Reyes Morfín de la cual extraigo algunos párrafos: «Los tres Boixareu que componen Marcombo hemos cambiado impresiones y después del asesoramiento de un destacado profesional hemos acordado aceptar vuestra proposición de cedernos un 40 % de participación, todo ello con el fin de someternos a la legalidad y fiscalidad de México. (...) He de patentizarte que tenemos plena confianza en los socios que nos has propuesto...». Adjuntas a la carta había algunas consideraciones por parte de Marcombo, como las siguientes: «PRIMERA. La Sociedad se denominará Publicaciones Marcombo, S. A., estando el uso de la misma condicionado a lo que se determina en la SUGERENCIA A», que decía: «Ediciones Técnicas Marcombo, S. A., conocida también en el mercado internacional con el apelativo de Boixareu Editores, por ser su fundador D. José M.ª Boixareu Ginesta, aporta generosamente su denominación, sello o marca, con el reconocimiento expreso de que los programas o planes editoriales de Publicaciones Marcombo, S. A. y su valoración serán elaborados por un comité paritario de ambas sociedades...».

Los párrafos más significativos de la respuesta que me dirigió Enrique Reyes con fecha 13 de noviembre de 1979 decían lo siguiente: «Querido José M.ª: Acuso recibo de tu atenta del 22.10.1979. La parte mexicana (60 %) de Publicaciones Marcombo, S. A. quedará integrada en partes iguales por: Jorge H. Flores (presidente), Rafael Giménez Navarro, Alfonso Noriega M., Rafael Tejeda, Baltazar Feregrino y Enrique Reyes. (...) Hemos solicitado formalmente a la Secretaría de Relaciones Exteriores permiso para constituir una sociedad con el nombre de Publicaciones Marcombo, S. A., y les rogamos los nombres de los socios catalanes con sus generales...». En el original de esta carta figura manuscrito de la mano de mi padre el número de teléfono del Sr. Jorge H. Flores y la diferencia horaria de 7 horas17. El 30 de noviembre de 1979, me dirijo a Jorge H. Flores cumpliendo la formalidad y empezando en los términos siguientes: «Mi estimado amigo: Acabamos de recibir la carta del Ing. Enrique Reyes Morfín en la que nos comunica que el grupo mexicano le ha designado como presidente de la proyectada editorial Publicaciones Marcombo, S. A. Nosotros, hablo en nombre de D. Joaquín Boixareu Gimó y de mi padre, nos congratulamos de la elección, ya que las referencias que mi padre tiene de Vd. le acreditan como persona idónea para el mismo dada su experiencia y ecuanimidad…».


17. Carta de Enrique Reyes, 13-XI-1979.


18. Invitación del Instituto Mexicano del Libro, 1964.

El último viaje de mi padre, Josep M. Boixareu Ginesta, a América fue en febrero de 1980, precisamente para formalizar la constitución de esta empresa en México. Fue el único viaje que hicimos juntos a América. También vinieron el primo y socio de mi padre, Joaquim Boixareu Gimó, y su hijo Joaquim Boixareu Antolí. Era un hito para Marcombo tener una editorial en México. Por la parte mexicana estuvieron, definitivamente: Jorge Flores —que fue el presidente—, Alfonso Noriega, Baltazar Feregrino y Enrique Reyes. El gerente también fue Enrique Reyes Morfín y la sede se instaló en un edificio de la Colonia Nativitas, que con el terremoto de septiembre de 1985 se derrumbó y solo quedaron los escombros.

La última carta que envié, a posteriori, a Enrique Reyes sobre la fundación de Publicaciones Marcombo de México también trataba sobre temas de Editia. En cuanto a la nueva editorial mexicana, decía: «Ante todo te rogamos transmitas a todos nuestros socios y amigos la expresión más cordial de afecto por parte de todos los Boixareu que tuvieron la agradable oportunidad de compartir aquella mesa del Círculo de Industriales, en la que se combinaron, como en el coctel perfecto, la ilusión, la gastronomía, la realidad de los negocios y, sobre todo, la amistad nueva o renovada, según los casos. Fue un buen augurio para el futuro de esta gran y común empresa mexicana que tiene que ser Publicaciones Marcombo, S. A.». Se iniciaba así una nueva etapa de Marcombo en México que duraría diez años18.

Todavía queda algo que decir sobre los periplos de Josep M. Boixareu Ginesta por Latinoamérica.

Argentina

No sé si mi padre había estado antes en Argentina. La primera referencia documental que tengo es una carta que le envié a Buenos Aires el 18 de noviembre de 1970, dirigida a la Editorial Bell, que entonces era la distribuidora de Marcombo en aquel país. Él y el Sr. Jordi García Bosch, de Oikos-Tau, hacían un viaje por toda América en representación del Grupo Editia. Cada uno tenía una manera de viajar distinta. El Sr. García Bosch iba por vía aérea y, como ya he dicho más arriba, mi padre viajaba por tierra haciendo la misma ruta; y se reencontraban después en cada capital. He ido siguiendo el recorrido y, salvo que me equivoque, empezaron en Lima, donde mi padre convenció a Andrés Carbone de entrar en Editia Peruana. De Buenos Aires fueron a Brasil, donde no encontraron ningún distribuidor adecuado para montar una Editia. En aquella época, Brasil compraba muchos libros españoles porque todavía no se había desarrollado una industria editorial propia y la producción portuguesa era muy limitada. Desde Barcelona, el resto de los socios de Editia les pidieron que antes de ir a Caracas volvieran a pasar por Lima, puesto que los documentos necesarios para formalizar la entrada del Sr. Andrés Carbone en Editia Peruana ya estaban listos. El viaje, pasando por Caracas, acabó en México. De la correspondencia se deduce que todo eran satisfacciones por la tarea de los señores García y Boixareu en Latinoamérica. Es evidente que, además de intentar montar distribuidoras, iban gestionando pedidos y tratando de cobrar servicios anteriores para todo el grupo.

Josep M. Boixareu Ginesta viajó muchas veces a todo el cono sur: Argentina, Chile, Uruguay y Paraguay. En el año 1973 hizo un viaje muy especial a Argentina con motivo de haber sido invitado al Congreso de la Federación Argentina de Librerías, Papelerías y Actividades Afines, que tenía lugar en San Carlos de Bariloche (Patagonia) entre los días 10 y 14 de octubre de 1973. Volvió del Congreso con un pergamino orlado que siempre lució en la pared de su despacho, y que ahora yo me honro en mantener19.


19. Bariloche. Dedicatoria de los congresistas.

Está la firma de todos los congresistas y, al pie, sus palabras de despedida que, entre otras cosas, dicen: «Con este poncho salteño agradezco a todas las cámaras del libro argentinas y en especial a las de Bahía Blanca y Rosario que me invitó a través del amigo Crisi...». Se recrea en una descripción de los paisajes de los cuales ha disfrutado y se despide con estas palabras: «A todos vosotros que habéis sabido conjugar la grandeza de vuestra naturaleza con el servicio al libro y a la hermandad profesional os envío un fuerte abrazo de despedida y os digo, desde lo más profundo de mi corazón, muchas gracias». Estas palabras de despedida fueron publicadas en el diario Informaciones con una fotografía del acto20. En este Congreso mi padre presentó su Decálogo del Librero21.

En noviembre de 1976 participó en una misión de la Unidad Sectorial BMV, que reunía a las editoriales Verbo Divino, Marcombo, Acervo, Ebro, Martínez Roca, Partenón, Salvat, Gustavo Gili, Vicens-Vives y Desclée de Brower, y que era presidida por Domingo de Santiago (INLE), por Uruguay, Paraguay, Argentina y Chile, de la cual hizo un informe cumplido y completo. En él me baso para recoger las impresiones de los países mencionados en cuanto al comercio del libro con España. Durante su estancia en Buenos Aires asistió a varias reuniones y recepciones, donde fue halagado por sus colegas argentinos, como se puede ver en las dedicatorias adjuntas22. En Buenos Aires firmó en el libro de honor de la Cámara de Comercio Española23, y el 26 de julio de 1976 lo invitaron a la celebración del Bicentenario (1776-1976) de la creación del virreinato del Río de la Plata. La celebración debía de tener una faceta lúdica y mi padre, cuando las circunstancias lo requerían, sabía estar a la altura24.


20. Congreso de Bariloche, Argentina. JMBG a la izquierda.


21. Decálogo del Librero.


22. Dedicatorias de colegas argentinos.


23. Cámara española de comercio de Buenos Aires, 1976.


24. Cuando las circunstancias lo requerían, sabía estar a la altura.

Uruguay

A su paso por Montevideo mantuvieron varias reuniones oficiales, entre las cuales estaba la reunión con la Cámara Oficial Española de Comercio, Industria y Navegación, donde se previó una importación de libros de España de 1 200 000 $USA para el año 1976. En Uruguay, el libro español competía fuertemente con el libro argentino, especialmente en el ámbito científico y técnico25. El día 8 de noviembre de aquel año, la misión española agasajó al ministro de Educación y Cultura uruguayo, el Dr. Daniel Darracq. Por parte de Marcombo, o sea de manos de mi padre, se le ofreció el primer ejemplar de la novedad Sol y diseño, del arquitecto y profesor Ernesto Puppo, residente en Uruguay desde 1945. Se aprovechó la ocasión para presentar oficialmente este libro, como se puede ver en la fotografía adjunta26, en la que JMBG hace su parlamento y el autor, Ernesto Puppo, escucha entre dos personas a izquierda y derecha. La recepción la ofreció Editia Uruguaya.

En su edición de 10 de noviembre de 1976, el diario local El Día hizo referencia a dicho acto citando las palabras de JMBG: «“Como editor me siento sumamente satisfecho al lanzar una obra que, como Sol y diseño, constituye un estudio serio y científico de las condiciones térmicas en las construcciones.


25. Reunión en la Cámara Oficial Española de Comercio, 1976.

»Somos conscientes de la existencia en estos países de habla hispana de cerebros especialmente dotados y cuyas obras merecen ser difundidas. En este sentido sepan Vds. que trabajan en España muchos editores dispuestos a impedir que estas realizaciones permanezcan desconocidas; en lo que me es particular espero que a esta primera se sumen otras contribuciones de este tan hermoso como hospitalario país”, expresó el Sr. José M.ª Boixareu, presidente de la editora barcelonesa Marcombo, S. A., en la recepción que, con motivo de la presentación del libro mencionado, ofrecieron conjuntamente con su representante, Editia Uruguaya».


26. Montevideo. Presentación Sol y diseño, 1976. Segundo por la derecha, el autor Ernesto Puppo.

Paraguay

En el informe de la citada misión de editores españoles, que tuvo lugar en 1976, el autor dice: «El día 12 de noviembre algunos miembros de la misión fueron recibidos por el ministro de Industria y Comercio, Dr. Delfín Ugarte Centurión, quien les hizo una detallada exposición sobre la problemática cultural del país y las perspectivas que ofrece al desarrollo del mismo la construcción en marcha, sobre el río Paraguay y en la frontera con Brasil, de la presa hidroeléctrica más grande del mundo para el suministro de energía a Argentina, Brasil y Paraguay.


27. JMBG haciendo amigos en Paraguay.

»Al serle exhibido un catálogo de libros técnicos mostró su sorpresa ante algunos títulos que, según manifestó, eran completamente desconocidos en el mercado. Se mostró interesado en la adquisición de libros técnicos, especialmente agropecuarios». En este informe se recoge la cifra de exportaciones españolas de libros a Paraguay del año 1975: 240 000 $USA. Sobre las librerías, señala: «En Asunción existen unas veinte librerías propiamente dichas, de las cuales tres o cuatro cultivan el libro especializado... Su solvencia suele ser limitada».

No era la primera vez ni la última que mi padre visitaba Paraguay. Lo demuestra la fotografía que aparece en estas páginas, cuya fecha no me consta27.

Chile

A pesar de que no tengo constancia escrita, Josep M. Boixareu Ginesta estuvo varias veces en este país, donde también hizo buenas amistades. La referencia concreta que tengo proviene del informe de la misión de editores de 1976, a pesar de que la visita a Chile se hizo con carácter privado. Recordamos que este informe lo redactó él mismo. Resumo algunos párrafos:

«Al tener noticias de este desplazamiento, los miembros de la Cámara Chilena del Libro nos invitaron a celebrar una reunión informal con el fin de cambiar impresiones a nivel colectivo y exponernos su preocupación por la inminente aplicación, si alguna gestión oficiosa desde España o desde nuestra embajada en Chile no la neutraliza, del IVA (Impuesto sobre el Valor Agregado) anunciado por el Ministro de Hacienda en un discurso pronunciado el día 29 de junio pasado».

Resulta que el IVA chileno era del 20 %, y hasta entonces el libro estaba exento. Además, se tendría que satisfacer al retirar las expediciones de la aduana con el pago por adelantado, con todo lo que esto representaba para los importadores, que no sabían cuándo se venderían los libros. Tenían presente que en los países en los que se aplica el IVA el pago se hace una vez se ha vendido el libro. Continúa: «De prosperar este impuesto el valor de nuestros libros quedaría técnicamente aumentado en un 80 % o más... Según expusieron los importadores la repercusión es indeterminable dada la frecuencia de las devaluaciones. Actualmente, estas se rigen desde el 1 de junio hasta noviembre por una escala diaria con un tope máximo del 6.5 % mensual, desconociéndose el criterio y la proporción que se adoptará a partir de noviembre».

Los importadores también plantearon la conveniencia de hacer los envíos por carga aérea, incluso con más énfasis que en otros países. La aplicación de coeficientes multiplicadores elevados sobre el precio de compra para prever las devaluaciones continuas hacía que los precios de los libros españoles, en Chile, fueran entre 4 y 8 veces más elevados que en España. Además, los libros saldados de origen argentino restringían la importación de libros nuevos.

En cuanto a las librerías, dice el informe: «Tradicionalmente las librerías gozan de gran prestigio y están regidas por personal competente. En la actualidad carecen de novedades de libros españoles, y los canales de venta clásicos, o sea los libreros, se están deteriorando debido a que el escaso poder adquisitivo obliga a promover la venta a crédito por canales distintos».

Más viajes

Aquí acaba el relato del viaje del año 1976. Mi padre, sin embargo, había hecho muchos más viajes a estos y otros países de América Latina. La correspondencia que manteníamos cuando yo ya trabajaba definitivamente en la editorial era constante en ambos sentidos. Se pueden ver adjuntas algunas muestras de esta correspondencia, en este caso desde Perú (1970) y Venezuela (1973)28. Las conversaciones telefónicas tenían el inconveniente de que, hasta años posteriores, las conferencias se tenían que pedir anticipadamente y hacían perder muchas horas de visitas a distribuidores y libreros, si no te la daban a la hora que de entrada te habían dicho. Era normal; a mí también me había pasado que, mientras esperaba la conferencia en la habitación del hotel, estuviera preparando las visitas del día y buscando nuevas direcciones de libreros en la misma guía de teléfonos de la habitación. Esto lo saben muy bien todos los editores de la época. Los de ahora, con el PC y el móvil, tienen este aspecto resuelto.

Para dar más testimonios de su correspondencia figura al margen una composición muy reveladora de cartas de 1973 desde Colombia, Venezuela (en el interior del país) y desde Perú (Piura), con informaciones sobre Ecuador (Guayaquil)29. Si se pudieran leer con detalle las cartas se vería cómo informa sobre todos los clientes reales o potenciales visitados, y cómo me da instrucciones sobre lo que tengo que hacer con cada uno de ellos. A veces dice que se trata de un cliente nuevo y que lo fichemos y le enviemos catálogos; otras, que le han hecho el pedido que adjunta y que se lo enviemos por un medio determinado; otras, que ha cobrado una deuda, o a la inversa, que tal cliente no pagará y que hagamos constar en su ficha: «No servir pedidos».


28. Algunas muestras de correspondencia, en este caso desde Perú (1970) y Venezuela (1973).


29. Cartas de 1973 desde Colombia, Venezuela (en el interior del país) y desde Perú (Piura).

Como muestra de que viajaba por todos los países de arriba abajo, es decir, capitales e interior, en una foto de 1973 se le ve en una especie de postal de Cuzco30, pero con la cartera seguramente llena de catálogos y folletos de novedades. Para acabar con la América de mi padre —que no se acabaría nunca—, se puede ver una postal-pedido de la Librería Cultural Panameña, naturalmente de Panamá, de 11 de enero de 1992, en que los directores han escrito unas líneas a mano que dicen: «Muchas felicidades a D. José M.ª Boixareu G., un bibliófilo que honra el mundo hispánico»31. Se podría añadir: «Y que lo ama».


30. Josep Maria Boixareu en Cuzco.


31. Postal-pedido de la Librería Cultural Panameña.

Josep M. Boixareu Vilaplana
Estados Unidos

La primera vez que pisé tierra americana fue en 1963 en Montreal (Quebec, Canadá), con motivo del viaje de fin de carrera; el objetivo eran los Estados Unidos. Yo todavía no trabajaba oficialmente en Marcombo, pero en este viaje visité por primera y única vez la antigua sede de la editorial McGraw-Hill, de la cual Marcombo traducía muchos libros. Mi padre ya había puesto en antecedentes de mi visita a Mr. Vara, director de Derechos Extranjeros de la gran multinacional de la edición. Aquel año, la sede de McGraw-Hill todavía estaba en la calle 42 de Nueva York, en un edificio muy original: un rascacielos de color verde oscuro cuya arquitectura representaba un montón de libros, más ancho en las primeras plantas y más estrecho a medida que se elevaba; era una especie de pirámide de libros de más de treinta pisos. Si tenía 34 pisos, Mr. Vara me invitó a comer en el 34, donde estaba el comedor para empleados y visitantes. Tenía el despacho en uno de los pisos más bajos y, al acabar de comer, cogimos el ascensor haciendo dos o tres paradas por el camino. Cuando llegamos a su planta, yo estaba muy mareado por los arranques y las frenadas bruscas que hacía aquel tipo de máquina voladora.

Cuando les dije que iría a visitar la McGraw-Hill, los profesores que nos acompañaban en aquel viaje me dijeron si podía preguntar a Mr. Vara si nos recibiría otro día a unos cuantos de la expedición. Eran, nada más y nada menos, que los profesores Enric Ras y Víctor de Buen, buenos conocedores de los libros técnicos de aquella editorial y futuros colaboradores de Marcombo (en especial Enric Ras, que sería uno de los grandes autores de la editorial). Mr. Vara accedió muy amablemente, y unos días después hicimos la vista a la editorial con los profesores mencionados y algunos —pocos— de los compañeros de viaje más aplicados. Tengo un buen recuerdo de esa visita. No conservo ningún testimonio gráfico, pero sí guardo en la memoria la imagen de la visita y, sobre todo, la de aquel edificio tan emblemático que fue derribado pocos años después. McGraw-Hill pasó a ocupar uno de los edificios del Rockefeller Center, adonde volví en repetidas ocasiones para visitar a los sucesores de Mr. Vara al frente del Departamento de Derechos Extranjeros.

Más fría y sorprendente fue la visita que hice a la editorial Gernsback Library, de la cual Marcombo traducía una colección de libros sobre radio que se vendían muy bien. Me recibió el editor y propietario de la empresa, Mr. Gernsback, en un gran despacho. Cuando entramos en materia y yo me interesé por las últimas novedades sobre radio, hizo una media sonrisa de suficiencia y me dijo que aquello de la radio ya no daba dinero y que ahora los libros que se vendían eran «estos», y me alargó un par de libretos pornográficos o eróticos —yo no sabía distinguir entre ambos géneros—. Le dije que aquella no era nuestra línea editorial y me despedí lo más educadamente que fui capaz. Entonces, yo tenía 23 años.

Como anécdota, recuerdo que en Washington asistimos a una recepción en la embajada española a la cual acudí con zapatillas deportivas y vestido con americana y corbata, como ahora van algunos «progres», pero entonces chocaba bastante. Lo mejor de aquella recepción fue la tortilla de patatas.

Pulsuz fraqment bitdi.

30,26 ₼

Janr və etiketlər

Yaş həddi:
0+
Litresdə buraxılış tarixi:
11 mart 2025
Həcm:
800 səh. 718 illustrasiyalar
ISBN:
9788426734648
Naşir:
Müəllif hüququ sahibi:
Bookwire
Yükləmə formatı:

Oxşar kitablar