Kitabı oxu: «Del poder a la cárcel»

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Índice de contenido

1  Prólogo

2  Capítulo -1- El gran escape

3  Capítulo -2- La mexicaneada

4  Capítulo -3- El encuentro

5  Capítulo -4- La quinta del delito

6  Capítulo -5- Los documentos falsos

7  Capítulo -5 Bis- La misteriosa muerte de Néstor Kirchner

8  Capítulo -6- El robo del camión

9  Capítulo -7- La voladura del galpón

10  Capítulo -8- El robo a la financiera

11  Capítulo -9- El reparto del robo

12  Capítulo -10- Nisman desconfiaba del gobierno

13  Capítulo -11- El distribuidor

14  Capítulo -12- Preparando la redada

15  Capítulo -13- El asalto

16  Capítulo -14- Las órdenes de Cristina a sus hombres

17  Capítulo -15- El operativo antidroga en la villa

18  Capítulo -16- La compra del hotel

19  Capítulo -17- Nisman: Con esto me juego la vida

20  Capítulo -18- El triple crimen de Gral. Rodríguez

21  Capítulo -19- El miedo de Cristina, por el futuro de sus hijos

22  Capítulo -20- La maniobra, para quedarse con el hotel

23  Capítulo -21- El triple crimen: la investigación

24  Capítulo -22- Cristina. Los jueces y la corrupción

25  Capítulo -23- El negocio y el hacker

26  Capítulo -24- Néstor, Cristina y el caso AMIA

27  Capítulo -25- La emboscada

28  Capítulo -26- Cristina y su pensamiento sobre Boudou

29  Capítulo -27- Nisman: El comienzo, del final

30  Capítulo -28- Las últimas horas de Nisman

31  Capítulo -29- La muerte de Nisman: 1.° investigación

32  Capítulo -30- La muerte de Nisman: 2. investigación

33  Capítulo -31- La duda de J. C. sobre las investigaciones

34  Capítulo -32- El misterio del monasterio y los bolsos de José López

35  Capítulo -33- El poder corrompe

36  Capítulo -34- La conspiración para matar a Nisman

37  Capítulo -35- Conspiración y asesinato

38  Capítulo -36- Descubren el cadáver de Nisman

39  Capítulo -37- La SIDE, el Gobierno y el sicario

40  Conclusión

41  Biografía del autor

42  Sinopsis

Hitos

1 Índice de contenido

2  Portada

Juan Carlos Gruttulini
Del poder a la cárcel


Gruttulini, Juan Carlos

Del poder a la cárcel / Juan Carlos Gruttulini. - 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Autores de Argentina, 2021.

Libro digital, EPUB

Archivo Digital: descarga y online

ISBN 978-987-87-2135-4

1. Narrativa Argentina. 2. Novelas. I. Título.

CDD A863

EDITORIAL AUTORES DE ARGENTINA

www.autoresdeargentina.com info@autoresdeargentina.com

Diseño de portada: Justo Echeverría

Queda hecho el depósito que establece la LEY 11.723

Impreso en Argentina –Printed in Argentina

Este libro se lo dedico a toda la comunidad Judía,

que vive, trabaja y estudia en nuestro país

y a todas las víctimas de la AMIA , que todavía no tienen justicia.

Y principalmente se lo dedico a la familia

del doctor Alberto Nisman.

El hombre, que por descubrir y denunciar

a los verdaderos culpables de la voladura de la AMIA,

encontró la muerte en una forma misteriosa

y todavía la justicia sigue sin resolver el dilema.

Prólogo

Este libro está basado exclusivamente en grandes investigaciones periodísticas, con datos fidedignos, de todo lo que aconteció en estos últimos años en la República Argentina y ocasionaron que el país se derrumbe, tanto en forma moral, como económica y abarca desde 2003 hasta la actualidad.

Pero para que sea una historia más llevadera, está narrada en forma literaria,con un toque de ficción, con detalles que realzan los puntos más importantes, mostrando cómo se comportaban los protagonistas de esta historia, a los cuales, por ambiciones personales, no les importaba y no les importa, rozar los límites de la delincuencia y desafiar a la justicia.

Y a su vez, quiero hacerle a través de este libro, un homenaje a un visionario que nos legó una obra maestra, que atravesó y seguirá atravesando décadas y siempre seguirá vigente, como si hubiera sido escrita ayer y me refiero al gran escritor, director, músico y poeta Enrique Santos Discépolo, “Discepolín”. Él nos brindó este magnífico tango, con letra y música propia, llamado “Cambalache”, donde muestra la decadencia de una sociedad, donde los sinvergüenzas y aprovechadores se ríen de la población, que sale todos los días a trabajar y trata de sobrevivir con su salario, mientras ellos viven una vida de riquezas y libertinaje.

CAPÍTULO -1-
El gran escape

En una cárcel de alta seguridad, cuatro delincuentes sumamente peligrosos, estaban caminando tranquilamente por el patio de la prisión, mientras otros presos jugaban a la pelota o practicaban distintos deportes. Desde las torretas, los guardias vigilaban el perímetro, para evitar cualquier enfrentamiento entre los prisioneros de las distintas bandas.

Los cuatro se dirigieron a una de las gradas, que estaban ubicadas al costado del campo de deportes y se sentaron. Uno de ellos sacó un paquete de cigarrillos, extrajo uno, lo encendió y luego le convidó a los demás, mientras mirando el reloj pulsera decía:

—¡Llegó el momento! Prepárense para entrar en acción.

Uno de ellos, apodado el Ronco, le respondió:

—Quédate tranquilo, Chávez, que tanto Alberto, como el Flaco y yo, estamos preparados para jugarnos la vida, con tal de salir de este infierno y apoyarte en el golpe que planeaste.

Chávez volvió a mirar el reloj y con la tensión pintada en el rostro, les dijo a sus compañeros:

—¡Llegó el momento esperado! ¡Suerte, amigos! —Y comenzó a correr hacia el centro del enorme campo de deporte, seguido por los otros tres.

Para cualquiera de los guardias que los estuviera viendo, les hubiera parecido que los cuatro estaban corriendo una carrera, como un pasatiempo o por un simple desafío, a ver cuál de ellos ganaba.

Y sorpresivamente, desde la parte exterior de los altos muros que rodeaban la prisión, se elevaba un helicóptero de combate, fuertemente armado y con las puertas laterales abiertas, desde donde sobresalían hombres con ametralladoras listas para entrar en combate. Cuando el piloto sobrepasó los muros y ubicó a los cuatro delincuente, a los que venían a rescatar, dirigió el helicóptero hacia el punto de encuentro, mientras volaba a unos diez metros del suelo del campo de deporte; Dos hombres que estaban junto a los que operaban las ametralladoras, arrojaron dos escalas de sogas, de cada lado de las puertas del aparato, que casi llegaban al suelo.

Los guardias encargados de las torretas, saliendo del asombro que les causó la aparición del helicóptero, comenzaron a disparar contra este. Pero el piloto rápidamente comenzó a girar en el aire, mientras que con las ametralladoras ubicadas a cada lado del aparato, disparaba en forma indiscriminada hacia los guardias, apoyado por los dos delincuentes que estaban a cada lado de las puertas del aparato, disparando con sus ametralladoras a todos los guardias que veían, comenzando un combate intenso. Los guardias que estaban en el patio custodiando a los presos, se unieron al enfrentamiento, disparando hacia el helicóptero, mientras que los reclusos en medio de esa confusión, corrían hacia todos lados, para tratar de protegerse de las balas que surcaban el aire y hacían estragos.

Chávez seguido por el Ronco y los otros dos, corrió hacia donde estaban las escalas del helicóptero y rápidamente se prendieron a ellas. El fuerte aire de las paletas del aparato, hacía que las escalas se movieran hacia un lado y hacia otro, pero ellos se afirmaron con todas sus fuerzas. El piloto al ver que Chávez y los otros ya estaban en posición de escapar, sin dejar de disparar con las ametralladoras, comenzó a elevar el aparato rápidamente y girando en el aire, se alejó raudamente del lugar, dejando atrás un campo de batalla lleno de muertos y heridos, caídos por todos lados.

Capítulo -2-
La mexicaneada

En una larga y desértica ruta del sur del país, en un día muy caluroso, una lagartija cruzaba muy apurada la caliente cinta asfáltica. El rugir de un potente motor rompió el silencio del lugar, era de un camión tanque, que llevaba escrito en sus laterales la inscripción Aguas del Glaciar, que a gran velocidad estaba avanzando por la ruta, sin advertir, que casi pisa a la pequeña criatura.

El chofer miraba el tablero electrónico de su vehículo, observando el reloj luminoso y hablando en voz alta, se reprochaba a sí mismo. “¡Qué boludo que soy!… A esta hora ya tendría que estar descargando en el depósito y sacándome este problema de encima… Espero que el forro del encargado y los boludos que lo ayudan, me estén esperando… ¡Si no estoy cagado!”.

Con todos estos pensamientos dándole vueltas en la cabeza, no se percató de que cuatro motos de alta cilindrada, avanzaban a gran velocidad detrás de él y le daban alcance.

Cuando miró por el espejo retrovisor, se dio cuenta, de que ya casi tenía las motos a unos veinte metros del paragolpes trasero, pero lo que lo puso completamente nervioso y alerta, fue ver a los motoqueros con los rostros tapados con pasamontañas y darse cuenta de que algunos estaban armados con pistolas nueve milímetros y otros con ametralladoras, dispuestos a todo.

Percibiendo lo peor para él, aceleró a fondo y el motor de gran potencia, hizo que el vehículo saliera despedido a gran velocidad hacia adelante, dejando momentáneamente a los motociclistas a gran distancia del camión.

Los motociclistas, al ver la maniobra del conductor, aceleraron a fondo y en un instante estuvieron nuevamente a poca distancia del paragolpes trasero, en ese momento se dividieron en dos grupos, unos por la derecha y otros por la izquierda del camión, aceleraron hasta estar a la altura de las puertas del conductor.

El motoquero, que por su forma de actuar parecía el jefe de la banda, apuntando con el arma al camionero, le gritó:

—¡Pará el camión o te pego un tiro!

El chofer, sin inmutarse por la amenaza, le dio más impulso al camión, llevándolo a una velocidad muy peligrosa para semejante vehículo.

El motoquero le volvió a gritar.

—¡Pará el camión o te bajo a tiros! —Y para que no quedaran dudas, disparó su arma contra el vehículo, haciendo saltar en pedazos el espejo retrovisor.

El chofer, viendo lo que había hecho el malhechor y dándose cuenta de que las cosas se ponían pesadas para él, furioso reaccionó dispuesto a vender cara su vida y tomando una decisión con todo el coraje, tomó con fuerza el volante y con determinación comenzó a maniobrar el vehículo, haciéndolo zigzaguear sobre el asfalto, obligando a los de las motos a tirarse a las banquinas del camino, para no ser atropellados.

—¡Qué hijo de puta! —Gritó el que dirigía al grupo—. Pero esta no se la va a llevar de arriba... ¡Vamos, muchachos! Pasemos al plan B.

Y dejando dos motos tiradas sobre el pasto, el jefe se subió detrás de un compañero que ya tenía la moto lista para salir y el otro delincuente hizo lo mismo, con el que manejaba la otra moto. Y salieron a gran velocidad detrás de su presa.

La moto donde iba el jefe, se dirigió por el lado izquierdo del camión y la otra moto tomó por el lado derecho, tanto el jefe como el que iba detrás del que manejaba la otra moto, se pusieron en cuclillas sobre los asientos, cuando se ubicaron a la par de la cabina del vehículo, los dos dando un salto, quedaron parados en los estribos del vehículo, agarrados con una mano de los soportes de los espejos y con la otra tratando de abrir las puertas del camión.

El chofer, tratando desesperadamente de evitar que los delincuentes ingresaran en la cabina, seguía haciendo zigzaguear al vehículo, tratando de tirar a los delincuentes, pero sin suerte.

El jefe de los delincuentes le gritaba, mientras lo amenazaba con el arma.

—¡Pará el camión ya mismo o te vas a arrepentir!

El camionero lo miraba, mientras le respondía a los gritos.

—Los que se van arrepentir son ustedes, si mi jefe se entera que quieren robarle el vehículo, no saben con quiénes se metieron… Van a rogar, no haber hecho, lo que están haciendo.

Al ver que el chofer no tenía ninguna intención de detenerse, el jefe levantó el arma y le pegó un golpe con todas sus fuerzas a la ventanilla, haciéndola saltar en pedazos, ante la sorpresa del chofer, que asustado se pegaba más al asiento, mientras que con un brazo se cubría el rostro, para que las astillas no lo lastimen.

El delincuente pasó la mano a través de la ventanilla rota y le sacó la traba a la puerta y la abrió, le puso el arma en la sien al pobre chofer, mientras le ordenaba que frene. Este, viendo que no podía hacer otra cosa más que obedecer, con resignación detuvo el vehículo, mientras decía.

—Llévense el camión y hagan con él lo que quieran, pero no me hagan nada a mí, que yo no tengo nada que ver… Soy solamente un pobre chofer.

—¡Bájate pelotudo! Ya nos diste demasiado trabajo, así que bájate rápido y quédate de espaldas al costado de la banquina.

El chofer bajó rápido del vehículo y como le pidieron, se dirigió al costado de la banquina y se puso de espaldas al asfalto.

El jefe de los delincuentes lo siguió, mientras le ordenaba:

—¡Ahora arrodíllate!

El chofer obedeció y se arrodilló, mientras inconscientemente comenzaba a rezar por su vida. El delincuente, sin ningún miramiento le pegó un terrible culatazo en la cabeza, produciéndole un corte profundo en el cuero cabelludo, del cual comenzó a brotar un hilo de sangre, dejándolo completamente inconsciente, tendido sobre el pasto.

El jefe se dirigió hacia el camión, mientras le indicaba al otro delincuente.

—¡Dale ruso! Subí de una vez al camión, que nos vamos de aquí. —Y dirigiéndose a los otros dos, que estaban sobre las motos, les indicó—: Ustedes adelántense, que nosotros enseguida los seguimos… Y sáquense los pasamontañas, que el trabajo está terminado y no tenemos que despertar sospechas, por las dudas que nos crucemos con alguna patrulla.

Él también se sacó el pasamontaña y subiéndose al vehículo lo puso en marcha y maniobrando sobre el asfalto, tomó el camino de regreso.

Capítulo -3-
El encuentro

Después de recorrer unos veinte kilómetros aproximadamente, desde que se alejó del centro de la ciudad, el piloto divisó desde el aire, el camino secundario que pasaba delante de los portones de entrada a la gran estancia. El casco principal estaba a un kilómetro de la ruta, hacia adentro y se comunicaba por medio de un camino asfaltado, con árboles de araucarias de ambos lados, dándole al lugar un aspecto acogedor.

El piloto dirigió el aparato hacia la parte trasera de la hermosa e imponente mansión de dos pisos, la cual estaba rodeada de enormes jardines, con una pileta olímpica en su parte posterior y una cancha de tenis más atrás. En la parte delantera del edificio, estaba ubicada una gran fuente de agua, adornada con tres angelitos y cada uno sostenía una vasija sobre el hombro derecho, de la cual vertían agua hacia su centro. La fuente estaba circundada por el camino de acceso a la mansión y todo el perímetro del lugar estaba rodeado por cinco filas de árboles frondosos, que impedían que el edificio pudiera ser visto por cualquier persona, desde la ruta.

El piloto ubicó el helipuerto marcado con un círculo rojo y dirigió el aparato hacia ese lugar, descendió suavemente hasta tocar tierra firme; Chávez bajó rápidamente del aparato, seguido de sus tres compañeros, cuando se alejaron unos diez metros, el piloto elevó el helicóptero y rápidamente se alejó, hasta perderse de vista.

El Ronco miró hacia todos lados y lanzando un silbido, comentó:

—¡Pavada de palacio tiene tu amigo!... ¡Qué lindo es vivir así!

Antes de que Chávez pudiera responderle, se acercó a ellos un señor alto, delgado, de cabellos canosos, perfectamente vestido con un traje negro, camisa blanca y moño negro y se presentó.

—Buenos días señores. El señor me indicó que los reciba y me ponga a disposición de ustedes.

—Gracias señor, mi nombre es Chávez, él es el Ronco, el Flaco y Alberto.

El hombre de negro se inclina saludando y extendiendo la mano respondió:

—Mi nombre es Pablo Baudín y soy el mayordomo, encargado de todo lo que sucede en la mansión y la mano derecha del señor… Y como él me indicó, los llevaré a sus habitaciones, donde ya tienen todo preparado, para que se higienicen y se cambien la vestimenta… Ahora si ustedes tienen la amabilidad de seguirme, les indicaré sus habitaciones.

Los cuatro siguieron al mayordomo hacia el edificio, cuando entraron se encontraron con un amplio salón, luego los guio por una gran escalera, con peldaños de mármol blanco y la baranda de madera, trabajada finamente en cedro, que los condujo al primer piso. Cuando llegaron delante del pasillo que comunicaba con las habitaciones, les dijo.

—Usted, señor Chávez, tiene asignada esta suite, en la que encontrará todo lo que necesite para su higiene personal y distintas prendas, además de los trajes que el señor mandó a pedir, de acuerdo a las medidas que usted le indicó… Cualquier otra cosa que necesite, no tiene más que pedírmelo. A usted señor —dirigiéndose al Ronco— Le corresponde esta suite, que está al lado de la del señor Chávez. —Y mirando al Flaco y a Alberto, les indicó—. A ustedes les corresponden estas dos suites, que están en frente y allí cada uno encontrará todo lo que necesiten, igual que le expliqué al señor Chávez. Dentro de una hora los vendré a buscar, para llevarlos donde está el señor esperándolos. Les repito que cualquier cosa que necesiten, no tienen más que llamarme por el teléfono interno, ahora los dejo para que ustedes se ubiquen.

Chávez le dio las gracias y el mayordomo se retiró, dejándolos solos.

—¡Bueno, muchachos! Vamos a cambiarnos y dentro de un rato nos reunimos.

—Tiene razón Chávez, saquémonos está mugre que tenemos puesta —respondió Alberto—. Pero también tiene razón el Ronco. ¡Qué lujo tiene tu amigo! Aquí se ve que hay plata.

Chávez, ignorando el comentario de Alberto, se introdujo en la habitación, cerró la puerta, observaba el lugar que estaba amueblado con el buen gusto de algún decorador, mira el placar que esta abierto y en él estaban colgados tres trajes de distintos colores, además de camisas, corbatas, medias y ropa interior prolijamente acomodada. Hizo un gesto de aprobación y se dirigió a la ventana, se quedó un instante mirando el hermoso paisaje que se apreciaba desde allí y su mente lo lleva volando de regreso a la prisión, que habían dejado apenas una hora atrás, vio las rejas, los altos muros, el tiroteo final, antes de salir de ese infierno y se prometió a sí mismo, en voz baja. “A ese lugar no vuelvo nunca más”. Se quedó pensativo otro minuto y reaccionando se sacó la ropa, quedando solamente con el calzoncillo, dobló la ropa sucia y la colocó sobre una silla, fue hacia el baño, se introdujo parado frente a la ducha, se sacó el calzoncillo, lo tiró a un costado, abrió la canilla y apoyó las manos contra la pared, dejó que el agua tibia recorriera su cuerpo. En esa posición estuvo largo rato, hasta que por fin decidió bañarse, mientras silbaba una vieja canción.

Capítulo -4-
La quinta del delito

El conductor del camión se desvió de la ruta, hacia un camino de tierra, por donde hizo quinientos metros dentro de un bosque de pinos, hasta llegar a la entrada de una quinta abandonada, cruzó la tranquera que estaba abierta y siguió el camino, hasta llegar al lugar que fue la casa principal, la cual estaba semidestruida por el paso del tiempo y el abandono del lugar. Los tres motoqueros que lo habían seguido todo el camino se adelantaron, yendo hacia dos enormes galpones, que en otros tiempos habrán sido utilizados para guardar las cosechas o las maquinarias agrícolas.

Los tres rápidamente dejaron las motos a un costado de uno de los galpones y abrieron los portones, dejando el camino libre, para que el cabecilla introduzca el camión dentro del lugar y con la misma rapidez cerraron el galpón.

El jefe del grupo se bajó del vehículo y dirigiéndose a sus hombres les gritó:

—¡Rápido! No perdamos tiempo, comencemos con el trabajo.

Los tres delincuentes, obedeciendo al jefe, rápidamente se subieron al camión tanque y comenzaron abrir las tapas de acceso, a los distintos compartimientos de la carga de agua.

El primero que consiguió abrir la tapa, correspondiente a la cola del tanque, gritó:

—¡Aquí solamente hay agua!

El segundo abrió la tapa del medio, miró dentro del tanque y también gritó:

—¡Aquí también hay agua!

-— ¡No puede ser! — Gritó el jefe—. ¡A ver vos, Facundo! Abrí de una vez esa tapa, a ver qué tenemos.

Facundo, luego de un esfuerzo para abrir la tapa, gritó:

—¡Aquí también hay agua!

El jefe, rascándose la cabeza mientras miraba desilusionado al camión, gritó:

—¡No puede ser!… Si el patrón me dio los datos exactos del vehículo, tiene que ser este… No creo que le hayan pasado mal el dato. —Mientras pensaba, comenzó a caminar alrededor del vehículo, de tanto en tanto se rascaba la cabeza como queriendo ordenar las ideas, cuando había completado la vuelta, se detuvo de golpe, como si una luz le iluminara el cerebro y gritó—: ¡Facundo, toma un palo largo y medí la profundidad del tanque!

Este rápidamente bajó del camión, corrió hacia un costado del galpón donde había un montón de maderas y tomando un palo largo, corrió nuevamente hacia el vehículo, se subió e introdujo la madera hasta tocar el fondo, la retiró y gritó:

—Tiene aproximadamente dos metros de profundidad.

El líder ordenó.

—¡Pásale el palo a Oscar!

Facundo le pasó el palo a su compañero y este repitió la operación y gritó entusiasmado.

—¡Aquí solamente entran unos cuarenta centímetros!

—¡Ya lo suponía, alguna trampa tenía que haber en este asunto!... Dale, José, toma el palo y hace lo mismo.

José introduce el palo en la boca del tanque y dice con tranquilidad: —En este también entró apenas cuarenta centímetros. ¿Cómo puede ser?

—Todo puede ser posible —responde Germán, que era el que dirigía a los otros delincuentes—. Saquen rápido el agua de esos dos depósitos y veremos qué tenemos allí —ordena con firmeza.

—¿Pero cómo sacamos el agua? —Pregunta Facundo, mirando a German.

German enfurecido le responde. —Con un tacho o un pedazo de manguera pelotudo… ¿Con que otra cosa queres sacar el agua?

Facundo y José rápidamente bajaron del camión, buscaron entre las cosas que estaban tiradas en el galpón y con un tacho cada uno de ellos en la mano, subieron nuevamente al vehículo, comenzando a extraer el agua de los tanques, luego de un buen rato haciendo esta tarea, los dos a la vez, gritan.

—Ya están vacíos, ¿Ahora qué hacemos?

—Metan las manos y fíjense cómo están agarrados esos depósitos.

Luego de tantear el interior de los tanques, Facundo mira a José y le pregunta:

—Este tiene en el fondo, dos pequeñas manijas, ¿Y el tuyo?

—El mío también. ¿Para qué serán?

Germán mira a los dos con bronca y les dice.

—Para sacar los tachos falsos, pedazos de pelotudos, ¿Para qué otra cosa van a ser?… Tomen las manijas y tiren hacia arriba, a ver si salen.

Los dos hombres se ponen en cuclillas, para poder hacer mejor la fuerza y luego de un momento de forcejeo, Facundo saca un tubo metálico del tamaño de la boca del tanque, con cuarenta centímetros de profundidad y a continuación, lo mismo hace José.

—¡Qué hijos de puta!… ¡Qué bien se la pensaron!… A quién se le iba a ocurrir revisar los compartimentos del tanque, si todos tenían agua… Suerte que le dieron bien la pista al patrón. A ver, ustedes dos, fíjense bien qué hay dentro del tanque.

Los dos meten la cabeza dentro de los compartimentos y luego de un instante se paran sobre el camión y José grita.

—¡No lo vas a creer, Germán!… ¡Está todo lleno de bolsitas de cocaína!

—Y este también —grita Facundo.

—¿Y qué se creían que veníamos a buscar?… ¿O acaso se pensaron que lo único que queríamos robar era el camión?… No, lo que nos ordenó el patrón era robar la carga de cocaína que venía disimulada en este vehículo ¡Bueno! Ahora a trabajar rápido, vos, Antonio —dirigiéndose al tercer delincuente—. Trae el vehículo que está oculto en el otro galpón.

Antonio se bajó del camión y se dirigió a la salida del galpón, mientras Germán le indicaba a Facundo que se meta dentro del compartimento.

—Vos, Facundo, metete en el tanque y anda pasándole las bolsas a José, así vamos ganando tiempo.

Obedeciendo a Germán, Facundo se mete dentro del tanque y comienza a pasarle las bolsas de cocaína a José y este las iba acomodando con cuidado en el techo del camión. En ese momento ingresa Antonio manejando una ambulancia, con la inscripción en el frente y en los laterales que decía “Unidad de alta complejidad”, maniobra el vehículo y lo pone de culata, casi a la mitad del camión tanque, dejándolo con una separación entre ellos de dos metros, desciende y abre las puertas traseras de la ambulancia, saca una plancha metálica de tres metros aproximadamente, con una pequeña baranda de cada lado, levanta uno de los lados y se la pasa a José, que la sostiene, mientras él pone la otra punta en el piso de la ambulancia. Mientras le indica a José:

¡Dale¡, Anda pasando la mercadería, así yo la voy acomodando aquí.

José, obedeciendo la orden, va poniendo las bolsas en la rampa y las hace deslizar hacia el piso de la ambulancia, donde las recibía Antonio, que prolijamente las acomodaba en el piso, de esa forma continua, fueron trabajando durante más de dos horas, hasta que Facundo grita. —Listo, ya no queda nada en ninguno de los dos compartimentos.

—Según la cuenta que llevé, hay tres mil quinientas bolsas, o sea, tres mil quinientos kilos —dice Germán.

—Suerte que le reforzaron los elásticos a este vehículo, si no estaría arrastrando la culata —comenta sonriente Antonio.

Facundo lo mira a Germán, mientras le dice con una sonrisa en los labios.

—¿Qué pasaría si nos quedamos con una bolsita para nosotros, total quién se va a dar cuenta?

Germán lo mira a los ojos, mientras le dice con bronca:

—¿Qué pasaría, pelotudo?… Te costaría la vida… ¿O te olvidas para quién estás trabajando?… Si por casualidad el patrón se da cuenta, de que de este cargamento falta algo, no va a tener ningún escrúpulo en mandarte a liquidar… No solo porque le robaste, sino para demostrarles a todos los demás que a él no le roba nadie… ¿Te das cuenta de lo que te digo, pelotudo de mierda?

Facundo baja la cabeza como arrepentido de su comentario y dice a media voz.

—No te enojes… Fue solamente un comentario en broma lo que dije.

Germán, ignorando la respuesta de Facundo, ordena en voz alta.

—Bueno, Antonio, saca la ambulancia fuera del galpón y ustedes dos metan las motos y pónganlas junto al camión. —Mientras Facundo y José ingresaban las motos y las ubicaban donde les había indicado, Germán se encargó de poner tres explosivos plásticos C. 4, en los laterales del camión.

Terminada la tarea, les indica a los otros dos:

—¡Listo! Larguémonos de aquí.

Cuando llegaron al lado de la ambulancia, se sacaron la ropa y se pusieron uniformes de enfermeros, color celeste. Germán subió al vehículo y se puso frente al volante, como el chofer, Antonio se ubicó al lado de él, mientras se colocaba un estetoscopio en el cuello, como si fuera un médico y José se instaló al lado, como si fuera el enfermero, mientras que Facundo se ubicaba dentro del furgón, para que nadie lo viera.

Cuando se habían alejado lo suficiente del galpón, German oprime el pulsador del control remoto, accionando los explosivos, los cuales producen una gran explosión, haciendo volar por los aires todo lo que había en el galpón y a este convertirlo en una maza de fuego.

Germán toma el celular, marca un número y cuando lo atienden, lo único que dice es.

—¡Listo patrón! Todo resultó como usted lo planeó.

—Te felicito, ahora, como habíamos hablado, lleva la carga al lugar que te indiqué y entrégasela a la persona que se hará cargo de la distribución… Luego de eso, nos pondremos en contacto nuevamente.

—Comprendido patrón haremos todo, como usted lo indicó.

Germán guardó el celular, aceleró el vehículo, salió de la quinta y cuando tomó la ruta, puso la sirena, mientras avanzaba a gran velocidad, hasta perderse de vista.

Capítulo -5-
Los documentos falsos

Una hora después, cuando los cuatro estaban charlando en la suite que le habían otorgado a Chávez, se presentó el mayordomo y muy cortésmente les dice:

—El señor los está aguardando en el jardín, para que lo acompañen a tomar un aperitivo… Si ustedes están listos, los llevare con él.

En forma amistosa, Chávez le responde:

—¡Vamos Pablo, te seguimos!

Llegaron al jardín, donde los esperaba el dueño de casa, un hombre delgado, de estatura mediana, apodado la Morsa, por su gran bigote caído sobre los labios y era como él quería que lo llamen. Era un hombre de carácter fuerte y violento; Sus colegas lo respetaban y sus enemigos le temían. Al verlos, se levanta rápidamente y extendiéndole la mano a Chávez, le dice emocionado.

—¡Por fin nos volvemos a ver!

Chávez le apreta la mano con fuerza, mientras girando la cabeza en dirección a sus compañeros. Les dice:

—¡Señores!, tengo el honor de presentarles al señor Morsa, que además de ser un buen amigo, es un gran senador de la nación.

La Morsa los saluda a todos con un apretón de mano, mientras los invita a sentarse y dirigiéndose a Pablo, le indica:

—Serviles a los señores lo que ellos prefieran y luego quédate sentado cerca de nosotros, que con ellos voy a hablar de negocios.

Luego de servirle a cada uno lo que pidieron, Pablo se ubica en una silla, a dos metros de su patrón.

Chávez mirando de reojo a Pablo, le pregunta en voz baja a la Morsa.

—¿Y él es de suficiente confianza, como para que escuche la conversación que vamos a entablar?

La Morsa sonríe, mientras le responde:

—Te puedo garantizar, que él es de mi absoluta confianza, por eso es mi mayordomo, mi mano derecha y a su vez, es parte de mi seguridad personal.

—Ahora me quedo más tranquilo.

La Morsa, dirigiéndose nuevamente a Chávez, le dice con una sonrisa en los labios:

—No sabes la alegría que tengo, que la fuga haya salido perfectamente como la planeamos con anticipación, ahora comenzarás tu nueva vida, una completamente diferente a la que tuviste, pero para ello, antes tendremos que hacer un trabajo que nos abrirá las puertas de nuestra futura empresa. —Mira a los otros tres y poniéndose momentáneamente serio les dice—: A ustedes no los conozco, pero me guiaré por lo que él me dijo, que son personas confiables y que cuando hay que jugársela, ustedes se juegan la vida por el compañero. Les quiero decir, que acá somos más que una familia, que los cuidaremos y los protegeremos… Si se portan bien y hacen todo lo que yo les indique, con el tiempo tendrán su propia fortuna, igual que todos… Pero les quiero advertir, que si alguno de ustedes me traiciona, tanto a mí, como a la organización, eso acá se paga con la vida y les advierto nuevamente, que de eso sí que se van a lamentar… Ahora si lo que les dije les parece correcto y están dispuestos a integrarse al grupo, les doy la bienvenida al lugar.

Los tres aceptaron, inclinando la cabeza, por lo cual La Morsa les estrecha la mano, cerrando el acuerdo.

—¡Bien! Como te decía Chávez, a partir de hoy ya sos otra persona. —Le hace una seña a Pablo y este automáticamente le alcanza un sobre, lo toma y saca el contenido—. Aquí está tu nuevo DNI, tu pasaporte de Estados Unidos, con los sellos de entrada al país y la visa… Todo lo que avala tu nueva identidad.

Chávez toma los documentos, los mira con curiosidad y se queda pensativo, sin decir nada.

Lo mismo tengo para ustedes, a partir de hoy, ustedes también tienen nuevas identidades, ingresando al país en el mismo vuelo y del mismo lugar.

—¿Te puedo hacer una pregunta?

—¡Sí!, Cómo no vas a poder preguntar ¿Qué pasa?

—Disculpa que te pregunte, pero decime, ¿Cómo voy a tener un pasaporte de Estados Unidos, si yo no sé hablar inglés?

—Esos son detalles insignificantes… Ustedes nacieron y se criaron en Miami y son de la zona latina y todos sus negocios inmobiliarios los hicieron en esa zona, donde tuvieron la suerte de progresar y ahora vienen a la Argentina a invertir, para seguir creciendo comercialmente… Y quédense tranquilos, que todos estos documentos son legítimos, aprobados y sellados por la oficina de Migración… Para eso tenemos amigos en el gobierno y en todas las reparticiones, para que nos resuelvan casos como estos.

—Y sácame de una duda Morsa, ¿Esta organización la manejas vos solo o hay más socios? Disculpa que te lo pregunte, pero es para saber cómo nos vamos a manejar y a quién tengo que responder por mis actos.

—Todos respondíamos a un genio de las finanzas, a un verdadero estratega, a un ideólogo, al que creó la mayor organización para defraudar desde el Estado, poniendo en todos los puestos importantes a sus más fieles amigos, sabiendo que no lo iban a defraudar y que se someterían a su gran plan… Y desde ese puesto tan importante, comenzó a manipular los ministerios de obras públicas, los de transporte, los de seguridad, la justicia, donde también nombró a jueces amigos, que le liberaban los caminos. También cedió el juego y las drogas y lo más inteligente de su plan era, que todos tenían que reembolsarle el treinta por ciento, de todo lo que recaudaran

Chávez sorprendido por el relato, pregunta:

—¿Pero quién era esta persona tan inteligente y qué le pasó para que hables en tiempo pasado?

—Esa persona tan maravillosa y la que nos dio la libertad, de que cada uno trabaje independientemente, a pesar de que todos nos debíamos a él, se llamaba Néstor, él era un visionario.

—¡Sí! ¿Pero qué le sucedió a él? —vuelve a preguntar ansioso Chávez.

Capítulo -5 Bis-
La misteriosa muerte de Néstor Kirchner

La Morsa se pone serio y en su rostro se notó, que el recuerdo lo entristeció.

—Desgraciadamente, en el mejor momento de su vida, falleció sorpresivamente y a su vez, en forma misteriosa.

Chávez, cada vez más sorprendido, vuelve a preguntar.

—¿Cómo, que murió en forma misteriosa?

—¡Sí!, Aunque no lo creas, su muerte fue para mucha gente e incluso para mí, un misterio… A él lo declaran muerto el 27 de octubre de 2010 a las 9.15 de la mañana, de un infarto al corazón. Lo curioso del caso es que hasta el día antes de su muerte, él andaba paseando tranquilamente con su esposa, subiendo y bajando montañas en la zona del sur, donde tenían su residencia, a pesar de que tenía prescripción médica, de que él no podía realizar ciertos esfuerzos, por sus dolencias de corazón.

—¿Y qué hay de misterioso, que él haya muerto del corazón, si él sufría del corazón? La verdad es que no lo entiendo.

—Lo misterioso es que, si una persona muere del corazón y más siendo un presidente, ¿Porqué lo velaron con el cajón herméticamente cerrado? Cuando es costumbre para todos los presidentes velarlos en la Casa de Gobierno, con el cajón abierto, para que todo el pueblo le rinda los honores correspondientes… Y a él no le dejaron ni una ventanita a la altura del rostro, para que la gente lo identifique y le diera su último adiós… Esa es la versión que dio la familia Kirchner a la prensa y a todo el país, sobre la muerte de Néstor... Pero hubo otra historia contada por un médico del Calafate, el doctor Raúl Vizcaíno, DNI: 10.083.432, que dio otra explicación sobre la muerte del ex presidente… Según cuenta él, estaba de guardia en el centro asistencial donde trabajaba, cuando traen a Néstor Kirchner gravemente herido y comenzó a relatar lo que sucedió.

El 27 de octubre de 2010 a las 7.34 de la mañana, fui testigo de un magnicidio... El ex presidente arribó al hospital con una herida de bala en el pómulo izquierdo, como punto de entrada y el lóbulo derecho como el punto de salida, lo que le provocó la muerte instantáneamente. Asumiendo que había sido un atentado, cuando pude hablar con los miembros de la seguridad presidencial, para interesarme por lo que había ocurrido, uno de los agentes me comentó, que Néstor estaba solo con la señora presidenta en una de las habitaciones, hubo una discusión fuerte entre ellos, además de gritos e insultos, que duró largo rato y luego se escuchó el disparo. A lo que asumí que fue ella la que le disparó. Asumí que todo esto se iba a saber y que la consternación nacional sería, como después lo fue, pero con otros argumentos. Desde ese día, vivo huyendo y escondiéndome, trabajando en negro en panaderías, talleres, o lo que sea que encuentre. Conseguí un documento falso para poder dar a mis empleadores. Mi pareja falleció en un confuso accidente, a los dos días de la muerte del ex presidente, cuando se encontraba realizando un trámite en Río Gallegos. Yo tuve que escapar de El Calafate, al ver que a una de mis enfermeras del hospital la amenazaron de muerte, si comentaba algo de lo que había visto. Un mes más tarde, fue removido el director del hospital de El Calafate, Dr. Marcelo Bravo, diciendo que renunciaba y se anunció la construcción de un nuevo y más completo hospital, en otra zona de la ciudad… Desde ese día, no se supo nada más del Dr. Raúl Vizcaíno.

—¿Entonces ese fue el motivo, por el que velaron al ex presidente a cajón cerrado? ¿Para qué no se le vea el agujero de bala en el rostro? —pregunta interesado Chávez.

—Ese podría ser uno de los motivos, pero hay otro misterio en la muerte de Néstor... Él era un hombre muy alto, pero cuando llevan el féretro a la casa de Gobierno, para rendirle los honores de acuerdo a su investidura y que el pueblo pudiera homenajearlo en su despedida espiritual, todos se quedaban sorprendidos, pero sin pronunciar ninguna palabra en el velatorio, porque el féretro no coincidía con la altura de Néstor, era un tamaño más chico, como para una persona más baja que él.

Muchos dudaron de que Néstor estuviera en ese cajón, pero Cristina lloró en ese velatorio, tirando por tierra cualquier duda... Pero el verdadero velatorio fue en El Calafate, donde la familia Kirchner veló al ex presidente en forma privada, donde estuvieron los más íntimos; Cristina, los hijos, el Dr. Buonomo, el presidente Hugo Chávez, que vino urgente de Venezuela ni bien le avisaron, Alicia Kirchner y dos o tres personas muy allegadas a ellos, no permitiendo que se acerque ningún periodista a menos de 200 metros del lugar y el misterio es que, a pesar de que a él le correspondía un féretro presidencial Serenella, el cual es el más caro y en ese momento tenía un valor de $50.000, la cochería Ilhero, que es la referente de El Calafate, no tenía ninguno, por lo que tuvo que pedirlo a otra cochería, pero cuando se lo enviaron, no era del tamaño adecuado, por lo que al tener que ubicar el cadáver, no entraba. El Dr. Buonomo, que era el médico de familia y además cirujano, le pidió a Cristina y a la familia, que se retire del lugar y lo dejen solo con el muerto, en ese momento sabiendo lo que tenía que hacer, tomó a Néstor de la cintura y de un golpe lo quebró y de esa forma lo pudo ubicar en el ataúd, para poder velarlo.

—¡Qué bárbaro! Parece una película —dice asombrado Chávez.

—Y eso no es nada, comparado con lo que piensa mucha gente de este caso tan curioso.

—¡Bueno! Ahora no me dejes con la duda, ¿Qué es lo que piensa la gente, de este caso?

Morsa se rasca la pera antes de responder, como meditando la respuesta y luego de unos instantes responde a media voz.

—Lo que piensa mucha gente, pero que no se animan a decir, por miedo a las represalias, ya es un mito popular, que fue creciendo con el tiempo… Y es que Néstor hizo el viejo truco, del gran Yabrán.

—Pero vos me querés volver loco, con los enigmas que me estás largando. ¿Qué hizo, como vos decís, él gran Yabrán, para compararlo con Néstor?

—Lo que hizo el gran Yabrán fue desaparecer de la faz de la tierra sin dejar rastros y sin saber nadie, si el que fue enterrado era él o no… Ya que antes de que lo encuentren, se pegó un escopetazo en el rostro, quedando completamente desfigurado… ¿Entendés ahora, lo que estoy diciendo o lo que trato de hacerte entender?

—Si llegara a ser cierto, eso que vos estas insinuando, Néstor sería verdaderamente un genio, como vos dijiste y sinceramente me alegraría, de que así fuera… Pero ahora me queda una última pregunta para hacerte, siempre que me la quieras contestar.

—Ya que estamos, pregunta lo que te falta saber, así terminamos con este tema.

—Si Néstor murió y él era el que manejaba esta gran organización. ¿Ahora quién la dirige?

La Morsa se sonríe, mientras responde tranquilamente.

—La sucesora es su esposa, la viuda negra, como la llamamos entre nosotros, sin que ella lo sepa, lógicamente. Pero su nombre es Cristina, ella heredó el imperio, pero no tiene el don que tenía él para los negocios, por ese motivo y su gran orgullo, el negocio se va derrumbando poco a poco y eso la enfurece cada vez más, a pesar de las grandes fortunas que se recaudan mensualmente… ¡Bueno! Pero eso dejémoslo por el momento y vayamos a lo que verdaderamente nos importa.

—Tenés razón, vayamos directamente a los negocios que nos competen y por lo que estamos aquí. Te escuchamos.

—¡Bueno! Les quiero informar que tengo los datos precisos de una financiera que está ubicada en la zona céntrica, a la cual le va a ingresar una fuerte suma de dólares, el día viernes, al mediodía, proveniente de la zona del sur, este dinero llegara por una aerolínea particular y será transportada directamente a esta financiera para su contabilidad y quedará en dicha oficina hasta el lunes, donde por algún sistema lo volverán a ingresar al mercado bursátil. Lo que tenemos que hacer nosotros, es ingresar el viernes por la tarde a esa financiera, que está ubicada en un cuarto piso y apoderarnos del dinero y desaparecer.

Chávez lo mira fijo y le dice:

—Vos lo explicas de una forma muy sencilla, pero no creo que sea un golpe tan fácil de realizar, como lo estás proponiendo.

La Morsa mira a los cuatro y lanza una carcajada, mientras dice.

—Claro que no va a ser un golpe sencillo… ¿Pero ustedes, y principalmente vos Chávez, se creen que yo soy un improvisado, que no sé cómo realizar un plan?… ¡No, queridos! Esto está perfectamente planeado con anticipación y con todas las garantías, de que va a salir al pie de la letra; Por empezar tenemos un informante dentro de la financiera, que es el que nos pasó el dato y será el que colaborará con nosotros, por un porcentaje del botín.

—Eso cambia la situación —responde Chávez, con una sonrisa en la cara.

—¡Bien! Ahora presten atención, que les voy a explicar todo el plan.

Capítulo -6-
El robo del camión

El fiscal iba conduciendo su vehículo hacia la escena del asalto, a medida que se acercaba, divisó el camión de la policía científica sobre un costado de la ruta, se fijó que ya el área estaba vallada y que tres vehículos de la policía estaban estacionados sobre el pasto, a un costado del camino, también observó que unos diez efectivos estaban custodiando el lugar. Cuando llegó, se estacionó cerca del lugar sobre la banquina, descendió del auto y se dirigió hacia un sargento que estaba charlando con un agente.

—¡Disculpe, sargento! ¿Me podría informar quién está a cargo del operativo?

El suboficial, al reconocerlo, le hace la venia y le responde:

—Sí señor, el que está a cargo de la investigación es el inspector J. C. Grutner. —Mira hacia todos lados y le indica—. Mire, allá está arrodillado, junto al cuerpo de la persona caída.

El fiscal se dirige hacia donde estaba el inspector y cuando llega lo saluda.

—Hola, J. C. ¿Qué novedades tenemos por aquí?

Grutner, un hombre de unos cincuenta años, de un metro setenta de altura, vestido con un traje gris claro, camisa celeste y corbata gris a rayas, al reconocer al fiscal, se levanta y extendiendo la mano, responde con una sonrisa en el rostro.

—¿Qué tal, Nisman? ¿Qué haces por estos lados?

—Qué te puedo decir, cayó este caso en mi juzgado y me tocó a mí la investigación del hecho, por parte de la fiscalía. —Mira el cuerpo de la persona caída y pregunta—. ¿Qué sabes, respecto a este asesinato?

—Mira, lo que sabemos hasta ahora, es que hubo un llamado por parte de un camionero que pasaba por esta ruta y que vio el cuerpo tirado en el pasto, lo que le pareció extraño y por eso paró, según cuenta él. Se bajó del vehículo y al comprobar que esta persona estaba muerta, decidió llamar al novecientos once.

—¿Y se sabe qué le sucedió? —Pregunta Nisman, mientras se agacha, para ver más de cerca el rostro de la víctima.

—Por los documentos que tenía encima este señor, pude averiguar que se llamaba Jorge Vásquez, tenía cincuenta años y era de un pueblo que está a cincuenta kilómetros de aquí, de profesión camionero y que falleció debido a un golpe recibido en el parietal derecho, que le produjo un corte profundo en el cuero cabelludo y aparentemente le fracturó el cráneo. Digo aparentemente, porque después lo sabremos con exactitud, cuando le hagan la autopsia... Otra cosa que observé es que esta persona venía manejando un vehículo pesado y por las huellas que se ven en el asfalto tuvo que realizar maniobras zigzagueantes, para eludir un posible robo de piratas del asfalto, hasta que los ladrones lograron hacer que el chofer detenga el camión.Después lo habrán obligado a bajar y lo golpearon sin piedad, dejándolo gravemente herido hasta que falleció y se llevaron el camión. Al costado del camino se observan las huellas de dos motos, que deben ser con las que se trasladaban los delincuentes, de eso me di cuenta, porque son distintas huellas de neumáticos.

—¿Se sabe qué tiempo tiene de fallecido el occiso?

—Según el perito forense, calcula que el deceso se produjo hace aproximadamente seis o siete horas.

—Y decime J. C., ¿Pudiste averiguar si el camión era propio o de alguna empresa?

—¡Sí! Por las boletas y remitos que tenía en los bolsillos, pudimos averiguar que este señor trabajaba para la empresa Aguas del Glacial, una empresa que se dedica al embotellamiento de dicho producto y en el camión transportan el agua de manantiales, a las distintas plantas embotelladoras que tiene la empresa.

—¿Y te pudiste comunicar con la empresa, para ver si ellos saben algo?

—¡Sí! Recién terminé de comunicarme con ellos y sorpréndete con lo que me respondieron.

Nisman lo mira extrañado, por el tono de J. C. y le pregunta.

—¿Qué te respondieron?

—Me respondieron que ayer, cuando el chofer había salido de la planta, con una carga de agua, hacia una planta embotelladora, a mitad del recorrido, les informó que el camión tenía una falla mecánica y que no iba a poder completar el recorrido, por lo que la empresa le dijo que se desvíe y lo lleve al taller mecánico, donde hacen todas las reparaciones para la empresa. Luego volvió a llamar, avisándoles que el camión tenía que quedarse en ese lugar por dos días, hasta que lo reparen, por lo que le dijeron al chofer que se tome esos dos días de descanso, hasta que vaya a retirar el vehículo y completara el viaje a la planta… Por lo que el camión, supuestamente tendría que estar en el taller hoy y hasta mañana, que lo fuera a retirar… ¿No te parece extraño?

—Lo que me parece extraño, es que maten a este pobre tipo por un cargamento de agua… Salvo que sea para desarmar el vehículo y venderlo por autopartes, pero igualmente me parece raro.

En ese momento le suena el celular a J. C. y atiende.

—¡Sí!, sí, sí, habla con el inspector Grutner. ¡Ajá!… Sí… ¿Pero está seguro de lo que me informa?… Bueno, déjelo en mis manos, que yo me encargo y gracias por llamar. —Mira a Nisman y le informa—. Esto parece que se complica… Me terminan de llamar de la empresa, que el chofer nunca llevó el camión al taller y que ellos no tienen idea de lo que hizo desde ayer con el vehículo.

Nisman se rasca instintivamente la barbilla con la mano, mientras responde como meditando.

—Qué cosa curiosa, ¿Matar por un camión que transporta agua?... Te juro que no lo entiendo.

Grutner seguía mirando las huellas de los vehículos y calculando cómo pudieron desarrollarse los acontecimientos, cuando le vuelve a sonar el celular, se detiene, saca el aparato de su bolsillo y contesta.

—¡Sí! ¿Quién es?... ¡Sí! Soy el inspector Grutner y ¿Usted quién es?… ¿Está seguro de lo que me está informando?… Está bien, ya salgo para allá… Gracias por el llamado… En un rato nos vemos.

—¿Algún llamado importante? —pregunta Nisman.

—Más que importante… Me terminan de informar que encontraron un camión con las mismas características, incendiado dentro de un galpón abandonado, al que hicieron volar en pedazos, produciendo un incendio, al cual acudieron los bomberos y ellos informaron a la policía local del hallazgo… Puede ser una coincidencia, pero no hay que descartar las posibilidades… Así que dejo este caso momentáneamente en manos de mi subordinado y me voy a investigar la otra pista posible… Mientras tanto, vos seguí con tu investigación en este lugar.

—¡No, señor! Aquí ya vi lo que tenía que ver y ya saqué mis conclusiones… Ahora te sigo a vos, para ver con qué sorpresa nos encontramos al llegar al lugar que te indicaron.

Cada uno sube en su vehículo y parten raudamente por la ruta, hacia el destino indicado.

Capítulo -7-
La voladura del galpón

Después de recorrer los veinte kilómetros que los separaban de un punto al otro, llegaron al destino indicado, ingresaron a la chacra y se encontraron con un panorama, que parecía un campo de batalla. Los bomberos estaban sofocando los restos del incendio y dos policías estaban tratando de ayudar en la remoción de los escombros; Grutner y Nisman bajaron de sus vehículos y se acercaron a los oficiales, los cuales al reconocerlos le hicieron la venia.

J. C. les dice:

—¿Cómo están, muchachos? Explíquenme, aparte de los daños materiales, ¿Hay algún herido o fallecido en el lugar?

—No, señor —respondió el que estaba más cerca—. Por lo que nos informaron los bomberos, después de sofocar el incendio, era que no había ninguna víctima en el lugar… Y por lo que nosotros observamos, después de recorrer un poco el perímetro, es que este sitio está abandonado desde hace mucho tiempo.

—¿Y saben cómo comenzó el siniestro? —pregunta Nisman.

—Después de una pequeña inspección ocular, los bomberos dijeron que como quedó todo el lugar e incluso, en la forma en que voló por el aire el camión, como todo lo que estaba dentro de este galpón, para ellos, es que colocaron explosivos.

Nisman se introdujo dentro de los restos del galpón, recorrió un poco los lugares, que todavía estaban humeantes,miró los restos del camión, como partes de las motos, mezcladas con otros escombros y se dirige a J.C.

—Por lo que estoy observando superficialmente, esto me da la pauta, de que los que intervinieron en este episodio, no son ningunos novatos… Se ve a simple vista que son profesionales y con un armamento bien moderno y poderoso.

—Vos sabes, Nisman, que tengo la misma impresión y que detrás de este episodio se oculta algo más siniestro y pesado… Y tenés razón en tu apreciación en cuanto al armamento, los que manejaron estos explosivos son profesionales… Ahora lo que voy a hacer, es llamar en forma urgente, que venga la gente de laboratorio, para que verifique y analicen todo lo que puedan descubrir dentro del tanque del camión.

—¿Tenés alguna sospecha?

—Más que una sospecha, lo que tengo es una corazonada… Toma el celular y hace la llamada, pidiéndole urgencia sobre el tema, a la persona que lo atendió.

—¿Qué te respondieron? —Pregunta Nisman—. Porque si tardan mucho, llamo al juzgado.

—Quédate tranquilo que el encargado del laboratorio me dijo que ya mandaba el camión con todo el personal correspondiente, en media hora estarán aquí.

Media hora después estaba el camión en el lugar. J.C. los pone al tanto de los acontecimientos y los expertos se ponen a trabajar. Dos de ellos, vestidos con el equipo antivirus blanco y el casco correspondiente con mascarilla, se introducen a través de las tapas de acceso al tanque y comienzan a buscar elementos que les sean sospechosos, los cuales introducían en las bolsitas de plástico transparente, que llevaban para esa tarea.

Dos horas después y ante la ansiedad, tanto de Grutner como de Nisman, el encargado del laboratorio móvil les informa.

—Inspector, le quiero confirmar que lo que se encontró en unos de los compartimientos del camión cisterna, son residuos de cocaína.Lo que quiere decir, es que este vehículo transportaba este elemento oculto en ese sitio… Lo que no le puedo confirmar es la cantidad que podría estar oculta en ese lugar.

—Igualmente les agradezco la rapidez con que nos dieron el informe, para nosotros era necesario saber de qué se trataba, de esa forma sabemos contra quiénes vamos a enfrentarnos.

—¡Bueno! Lo dejo, cualquier otro problema que tenga, no tiene más que llamarme y trataré de resolvérselo.

Grutner, dirigiéndose a Nisman, le dice:

—¡Bien! Con esto, tenemos resuelto cuál era el motivo del robo del camión y a su vez, cuál era el verdadero trabajo del chofer…, Lo cual deja en evidencia de que era un traficante de drogas.

—¡Sí! Pero todo esto nos abre dos nuevas investigaciones, una, averiguar de dónde procedía la cocaína del camión y la otra es ver quiénes son los piratas del asfalto y dónde llevaron la carga.

—De eso no queda ninguna duda, además te puedo asegurar que las personas que prepararon esta operación, son personas que están bien organizadas y cuentan con todos los recursos necesarios para llevarla a cabo… Con lo que te quiero explicar, que son profesionales del delito.

—¿En qué te basas para esta conclusión? —pregunta Nisman.

Grutner camina unos pasos, observa el camino de tierra, se agacha para mirar más de cerca una huella y poniéndose de pie nuevamente le responde, mientras saca una pipa del bolsillo del saco y la sostiene en la mano derecha.

—Analizando todos los hechos hasta este momento, es por lo siguiente… Primero, por la forma en que realizaron el asalto, con una frialdad y precisión, que demuestra que tenían todos los datos del camión y la hora justa en la que iba a transitar esa ruta… Segundo, ya tenían un lugar destinado para esconder el vehículo y poder extraer la droga sin ser vistos… Y tercero y lo que evidencia que es una banda bien organizada, es que ya tenían otro vehículo pesado para poder trasladar la droga y poder pasar desapercibidos.

—¿Y cómo es, que llegaste a esta última conclusión?

—¡Son detalles que se observan en la escena del crimen, si les prestas la debida atención!… Fíjate, estas huellas de vehículo que están marcadas sobre el piso sucio, se trata de las huellas de un vehículo pesado, de eso te das cuenta por las ruedas duales traseras y que en ese momento estaba sin carga y las mismas huellas te dan la pauta de que maniobraron para acercarse al camión tanque… Luego de eso le cargaron la droga y por la profundidad que dejaron las ruedas traseras sobre el camino de tierra, a fuera del galpón, me indica que la carga debió ser muy pesada… Por lo que te puedo asegurar que se trataban de varios cientos de kilos… No sé exactamente cuántos, pero son muchos y muy valiosos.

Nisman, sorprendido por el poder de observación de J. C., le pregunta.

—¿Y ahora qué vas a hacer?

—Ahora me voy de vuelta a la escena del crimen, a ver si quedó algún detalle sin analizar y después me voy a la oficina a preparar el informe… Después veremos cómo sigue esta investigación.

—Vamos, que yo también me quiero cerciorar de no dejar ningún cabo suelto y después me voy para la fiscalía, para ver si ya hay alguna pista… Pero antes que nos separemos, te quiero hacer una propuesta, que creo que nos beneficiará a los dos en este tema. —Mira a J. C. a la cara, para ver la reacción de él y le pregunta—. ¿Qué te parece si en esta investigación, que por lo que deduzco va a ser muy complicada y peligrosa, nos unimos para trabajar juntos e intercambiar información, para llegar más rápido al desenlace del problema?

Grutner, con una sonrisa en el rostro, mira a Nisman a la cara y le responde.

—Para mí, va a ser un honor trabajar con una persona tan importante como vos. —Y estrechándose las manos, sellaron un pacto de amistad y trabajo.

Capítulo -8-
El robo a la financiera

Los cuatro llegaron al exclusivo barrio de Puerto Madero, a las cinco de la tarde, como estaba estipulado en el plan, estacionaron en la puerta del moderno edificio y bajaron tranquilamente del vehículo de alta gama. Las personas que circulaban por el lugar, podrían deducir por sus elegantes trajes de color oscuro, los zapatos brillantes, sus barbas tipo candado y sus modernos lentes de sol, que estas personas podrían ser importantes empresarios o gente de negocios… Lo que menos podrían pensar es que ellos venían a perpetrar un robo.

Chávez, que iba adelante, se dirigió directamente a la puerta de entrada, seguido por los otros tres; Alberto que era el último en la fila, llevaba en la mano un bolso de tamaño mediano.

Cuando ingresaron al amplio hall, Chávez observó que no había personas caminando por el lugar, ni esperando los ascensores, el único que estaba detrás del mostrador del recibidor, era el conserje, se dirigió hacia él.

El hombre, al verlos acercarse, les dice con voz amable.

—Lo siento, señores, pero las oficinas ya están cerradas y todo el personal ya se retiró.Lamento que llegaran tarde, recién abren el lunes a partir de las ocho de la mañana, en ese horario podrán encontrar a la persona que buscan.

—¿Me podrías decir, cuál es tu nombre? —le pregunta Chávez.

El conserje lo mira extrañado por la pregunta y responde, poniéndose serio.

—Mi nombre es Omar González… Pero ya les dije que están todas las oficinas cerradas, para lo que tengan que hacer aquí, van a tener que regresar el lunes, a partir de las ocho… Ahora, si les puedo ser útil para otra cosa, estoy a disposición de ustedes.

Chávez se sonríe, mientras saca una pistola, calibre nueve milímetros, lo apunta al conserje, mientras le dice amenazadoramente.

—Claro que nos vas a ser útil, primero decime, ¿Dónde está la máquina, que graba las filmaciones de las cámaras de seguridad del edificio? Y segundo, si te portas bien y haces todo lo que nosotros te decimos, no te va a pasar nada, pero si nos das problemas o te querés hacer el héroe, lamentablemente lo pagarás con tu vida… ¡Vos escoge lo que más te convenga!

Omar, asustado al verse apuntado por semejante arma, tartamudeando responde:

—Qué Qué… Qué… Quédense tranquilos, que yo no voy a decir ni mu… Haré todo lo que ustedes me indiquen, pero por favor no me apunte, a ver si se le escapa un tiro sin querer.

—¡Bueno! Responde la pregunta que te hice. ¿Dónde está la máquina, que registra las cámaras de seguridad?

—Acá, adentro de la conserjería, detrás de una puertita disimulada en la pared, allí está la máquina que buscan.

—Muy bien, viste qué fácil es colaborar… Ahora decime, ¿Cuántas personas hay en la financiera del cuarto piso?

—En la financiera del cuarto piso, hay cinco personas en este momento, pero está cerrada al público, porque están de balance, según me informaron esta mañana.

—¡Bien! Ahora vamos a ir al quinto piso y vos vas a hacer todo lo que yo te diga, si lo haces bien, no te vamos a lastimar y todavía cuando vuelvas a la conserjería, quizás tengas un premio… Pero si cometes un error o te pasas de listo, lamentablemente lo lamentarás… Ahora cerrá la puerta de entrada con llave y dejá la llave puesta en la cerradura y volvé aquí.

El conserje, siguiendo las indicaciones, cierra la puerta con llave y deja la llave puesta en la cerradura y vuelve donde están los delincuentes.

—Listo, muchachos, vamos a hacer lo que vinimos a hacer. —Y dirigiéndose a Omar le indica—: Vamos al quinto piso y acordate todo lo que te dije. —Y con el arma lo empuja hacia adelante.

Los cinco subieron en el ascensor hasta el quinto piso, cuando llegaron, bajaron un piso por la escalera, cuando llegaron al cuarto, Chávez le pregunta a Omar:

—¿Por cuál de las dos puertas te atienden, siempre que venís a traer algo?

—Aunque las dos tienen cámaras de seguridad, que ellos observan desde adentro, siempre me atienden por la primera puerta, la otra es para los clientes.

—¡Bien! Como ya acordamos, nosotros nos pondremos contra la pared y vos toca el timbre y actúa normalmente como te expliqué, cuando abran, nosotros nos encargamos.

Omar toca el timbre y la persona que estaba en el interior se fija en la pantalla y a través del intercomunicador le pregunta:

—¡Sí! ¿Qué necesita?

—Vengo a traerles una encomienda. —Y muestra el bolso que había traído Alberto y que se lo dieron a él, para que lo muestre como una carnada.

Una voz proveniente de la otra oficina pregunta.

—¿Quién es Rossi, el que tocó timbre?

—Es el conserje, viene a traer una encomienda ¿Qué hago? ¿Lo dejo pasar o no?

—¡Sí! Déjalo pasar, recibí la encomienda y que se vaya rápido, que tenemos mucho trabajo que hacer.

Cuando abre la puerta, Chávez empuja con fuerza a Omar y lo tira dentro de la oficina, llevando por delante al desprevenido Rossi, que trastabilla por el impacto y la sorpresa de ver entrar a Chávez y sus compañeros armados e instintivamente levanta las manos, en señal de rendición.

—¿Dónde están los otros? —Pregunta Chávez, mientras lo amenaza con la pistola.

—Están en la otra oficina —Responde Rossi, mientras indica con el dedo índice el lugar.

—Ocúpate de estos dos —Le indica a Alberto a media voz—. Ustedes vengan conmigo. —Y decidido se dirige a la otra oficina, abre con fuerza la puerta y mientras grita—. ¡Quédense quietos! ¡Esto es un asalto!

Los cuatro, que en ese momento estaban contando la montaña de dólares que estaba sobre una mesa y en la que también había una máquina de contar dinero, sorprendidos por la inesperada aparición de los delincuentes, automáticamente levantan las manos y se ponen de pie.

—¿Quién está a cargo del lugar? —Pregunta Chávez, mientras que con el arma va apuntando a todos.

—¡Yo estoy a cargo! —Contesta el que le estaba poniendo las fajas a los billetes contados—. ¿Y ustedes quiénes son?

Chávez lo mira fijo, mientras lo apunta y le pregunta:

—¿Cuál es tu nombre?

—Mi nombre es Martín.

—Bien, Martín, si ustedes colaboran no tendrán ningún problema. —Y levantando la voz, para que lo escuchen de la otra oficina, grita—. ¡Alberto, trae a esas personas para aquí! —Cuando ingresan Rossi y Omar, les indica que se coloquen al lado de los demás, mientras pregunta—. ¿Dónde está el baño?

Martín sorprendido por la pregunta, responde:

—Allá en el fondo.

Dirigiéndose a sus cómplices les dice:

—Pónganles los precintos y enciérrenlos en el baño, así trabajamos tranquilos… Les repito, si se portan bien, no lastimaremos a nadie.

Cuando les estaban poniendo los precintos, con las manos por detrás, Rossi que estaba al lado de Chávez, comienza a gritar:

—¡A mí no me van a atar como ganad…!

No terminó la frase, cuando rápidamente Chávez le pega con una cachiporra en la nuca, haciendo que caiga tan largo era, por lo que dirigiéndose a los demás les dijo:

—Les advertí que si se portaban bien no iba a haber problemas, pero ahora ven que no mentía. Vamos muchachos, enciérrenlos y terminemos lo que vinimos hacer.

Cuando ya estaban todos amontonados, dentro del pequeño baño, Chaves le indica a Alberto.

—Saca las bolsas del bolso de mano y a trabajar. —Mirando a Rossi que seguía tirado en el piso, le pega con la punta del zapato, mientras le dice—. ¡Dale, levántate! Que ya están todos encerrados.

Rossi se incorpora, mira a Chávez y lo increpa:

—Decime, boludo, ¿Era necesario que me pegues tan fuerte? Mira el chichón que me hiciste. —Mientras se señala la zona afectada.

Chávez, largando una carcajada, le responde:

—¡Boludo sos vos! Al pegarte el cachiporrazo delante de ellos y dejarte un hermoso chichón, quedas fuera de cualquier sospecha… Es la coartada perfecta y para ellos sos el héroe que se enfrentó a los asaltantes… ¿Ahora comprendes, boludo?

Rossi, dándose cuenta de lo que le explicaba Chávez, le responde:

—Tenés razón. Disculpa.

Cuando Alberto hizo lo indicado, comenzaron a llenar los cuatro bolsos, con todos los dólares que estaban sobre la mesa, hasta no dejar ninguno, cerraron los bolsos y se prepararon para partir.

Chávez se dirige a Rossi y le indica.

—Cuando nosotros nos vayamos, dejá pasar una hora y los liberas ¡Decime! ¿Dónde está la máquina, que registra lo que graban las cámaras de este lugar?

—Está sobre ese estante en la pared —señala Rossi.

Chávez va hasta la máquina y le retira la memoria, mientras dice:

—¡Bueno! Nos vamos… Pero antes sácame de una duda… ¿De cuánto es el monto que llevamos?

Rossi, bajando la voz lo más posible, le dice:

—Son veinte millones de dólares.

Chávez lanza un silbido de admiración y a continuación le indica.

—¡Nos vamos! Aférrate al plan y pronto nos volveremos a ver, ¡Chau!

Tomaron el ascensor hasta la planta baja, entraron a la conserjería, sacaron la memoria de la máquina, fueron a la puerta de salida, abrieron y se dirigieron hacia donde estaba estacionado el vehículo, colocaron los bolsos en el baúl, subieron tranquilamente y partieron a baja velocidad. Cuando se alejaron doscientos metros del lugar, Chávez oprime un botón debajo del tablero y las dos patentes giran, cambiando de numeración y dirigiéndose a sus compañeros les dice con una gran sonrisa en el rostro:

—¡Gracias a Dios! Todo salió perfecto, sin tener que tirar, ni un solo tiro y sin tener la necesidad de lastimar a nadie… Ahora saquémonos estas barbas ridículas, que ya me está molestando. —Y de un tirón se la arrancó; Acelerando y tomando la autopista, se alejó con rumbo desconocido.

Pasada una hora como lo habían planeado, Rossi abre la puerta del baño y mientras se acaricia el chichón, dice en voz alta:

—Ya pueden salir, cuando me desperté, ya no estaban los delincuentes.

Martín le pregunta preocupado.

—¿Se fueron los hijos de puta?... ¿Te lastimaron mucho? ¿Te duele?

Rossi simulando el dolor de cabeza, responde:

—Sinceramente, lo que más me duele es que nos hayan robado todo el dinero.

—No te preocupes, esos boludos no saben que se metieron con la gente equivocada, ya lo van a lamentar.

Omar observa la cabeza de Rossi y le dice:

—Flor de chichón, ese bulto le va a durar unos cuantos días.

Rossi sonriendo le contesta:

—No te preocupes, para taparlo, me compro un sombrero de Panamá.

—¡Bueno! Yo los dejo, me voy a la conserjería y desde allí llamaré a la policía.

Martín rápidamente lo detiene, para decirle.

—¡No! No llames a la policía, nosotros nos haremos cargo de todo lo que pasó aquí, vos despreocúpate y hace como que no ocurrió nada ¿Entendiste?, Aquí no ocurrió nada.

Omar asombrado por lo que le estaban pidiendo, se encogió de hombros y contestó:

—Como ustedes quieran, a mí me da igual, aparte del susto que me llevé, yo no pierdo nada y ahora me voy para la conserjería. Espero que por hoy, no tenga otro susto. —Abre la puerta y se va a tomar el ascensor, cuando llega a la planta baja, mira hacia todos lados, por las dudas de que estuvieran todavía los delincuentes en el edificio, pero al no ver a nadie, se dirige tranquilo a la conserjería, allí también se fija que no haya ninguna persona escondida, mira la máquina y se da cuenta de que le falta la memoria, entonces se preocupa por lo que le iban a decir cuando se dieran cuenta y por último, fija la vista en un sobre blanco que estaba al lado de la máquina y piensa, esto no estaba anteriormente aquí, ¿Qué será? Lo toma y ve una inscripción que decía en letra de imprenta: “Para Omar”. Este premio es por portarte bien con nosotros. Sorprendido abre el sobre y casi se le salen los ojos de las órbitas, al ver en el interior un fajo de diez mil dólares, que Chávez le había dejado en recompensa; Mira hacia todos lados y rápidamente lo oculta dentro de su camisa y comienza a silbar, como si allí no hubiera pasado nada.

Capítulo -9-
El reparto del robo

Cuando llegan a la mansión, estacionan frente a la fuente de agua. Pablo, que los estaba esperando, les ayuda a bajar los bolsos.

Chávez le pregunta:

—¿Dónde está La Morsa?

—El señor los espera en la biblioteca.

Ingresan al edificio y van al lugar indicado, La Morsa, que estaba sentado revisando unos papeles en su escritorio, al verlos llegar deja todo y poniéndose de pie, les pregunta.

—¿Algún problema, muchachos?

Chávez sonriendo le responde.

—¡Ningún problema! Todo salió de acuerdo a lo planeado… Sin tener que usar la violencia para el asalto, ni tuvimos problema al salir del lugar… Diría, un golpe perfecto.

—¿Y la plata, dónde la dejaron? —Pregunta, al no ver los bolsos.

—Pablo se encargó de llevar los bolsos a tu oficina.

La Morsa mira a los otros tres y les dice.

—¿Qué les parece a ustedes si se van a poner cómodos, mientras nosotros vamos a mi oficina a charlar y servirnos un trago?

Alberto, haciéndole un gesto a los otros dos, le responde:

—Lo que usted diga, jefe. —Y se retiraron hacia sus habitaciones, para cambiarse la ropa.

Cuando ya estaban cómodamente sentados en la oficina y con una copa de whisky con hielo en la mano, La Morsa le dice:

—Te felicito por el éxito de la operación, ahora contame los detalles.

Chávez le hace un relato de todo lo sucedido en la financiera, incluido el cachiporrazo a Rossi y lo dejado como premio a Omar.

La Morsa, entusiasmado por el relato, aplaude mientras le dice:

—¡Te felicito! Salió mejor de lo que yo me imaginé.

—¡Sí! Pero hay que ver cómo reacciona esta gente, a la que le sacamos el botín. No creo que se queden tan tranquilos, seguro que harán la denuncia y la policía comenzará a rastrear los billetes.

—De eso quédate absolutamente tranquilo, esta es una cueva financiera, donde hacen lavado de dinero en negro y esta plata no está declarada en ningún lado, por lo que nunca van a hacer una denuncia policial, porque al tener que dar cuenta de dónde provenía el dinero, la agencia de recaudaciones del Estado los llevaría presos a ellos, por malversación de fondos y lavado de dinero.

—Con razón estabas tan tranquilo y te tomaste todo el tiempo para planear el golpe.

—¡Sí! Tuve que planearlo muy bien y esperar el momento oportuno, de acuerdo a la información que me iba otorgando Rossi; Cuando ya estaba seguro de que el golpe valía la pena, por el volumen de dólares que iban a mover, fue cuando te indiqué que era el momento esperado… Y gracias al Señor, todo salió a pedir de boca.

—¿Y ahora qué vamos hacer con tanto dinero?

—Lo primero que tenemos que hacer con este dinero es pagar a los informantes… El primero es Rossi, por habernos dado el dato de la financiera y colaborar para que se realice el robo.

—¿Y quién es el segundo? —pregunta Chávez, intrigado por saber cuántas personas participaron en la operación.

—El segundo, pero no menos importante, es un valijero de apellido Fariña, él es el que nos pasó el dato del dinero que iba a transportar desde el sur del país, en un avión privado del empresario Lázaro Báez y a donde tenía que llevarlo, una vez que llegara a Buenos Aires… Con todos esos detalles, nos pusimos en contacto con Rossi para proponerle el negocio y él aceptó.

—¿Y cuánto le toca a cada uno?

—¡Bueno! Con Fariña negociamos, que por su información le íbamos a pagar, siempre y cuando se realizara la operación, quinientos mil dólares… Y a Rossi, por habernos facilitado los datos de la financiera y participar del plan para realizar la operación, llegamos a un acuerdo de la misma cantidad de dólares. Ahora, respecto a tus hombres, a ellos les toca un porcentaje de las ganancias que el dinero nos proporcione, de acuerdo a la inversión que vamos a realizar… En cuanto a nosotros, todo lo que logremos de acuerdo a nuestro trato, será todo al cincuenta por ciento, como lo habíamos hablado… ¿Estás de acuerdo?

—Perfectamente de acuerdo, yo soy de palabra y sé que vos también, por lo tanto no hace falta firmar ningún papel, para avalar lo que estamos tratando… Ahora respecto al negocio que vamos a emprender, ¿Tenés alguna información al respecto?

—Ya tengo en trato, un hermoso hotel casino, donde podremos seguir haciendo negocios y a la vez, lavado de dinero, con el juego y el alquiler de las habitaciones… Que por lógica, nunca van a estar ocupadas, salvo en los libros, así justificaremos las ganancias.

—Pensaste en todo.

—Cuando uno se mueve con gente que sabe cómo vaciar empresas y defraudar al fisco, a la larga se aprende el oficio y gracias a Dios, al lado de ellos aprendí todo lo que sé… Ahora coloquemos los bolsos en la caja fuerte y luego vamos a tomar un trago y prepararnos para la cena. ¿Qué te parece?

—Excelente idea.

La Morsa abre una caja fuerte, de un tamaño considerable y coloca los bolsos en su interior, cierra la puerta y gira la combinación, toma el vaso de whisky e invita a Chávez para ir a la planta baja.

Pablo estaba en la sala de planta baja, acomodando unos libros en una repisa, cuando bajan Alberto y sus dos compañeros, vestidos con camisas y pantalones informales, se dan cuenta de que Pablo, al estar concentrado en lo que estaba haciendo, no notó la presencia de ellos. Alberto les indica que se acerquen y les dice casi susurrando:

—Vamos a darle una sorpresa al mucamo, vamos a hacer que lo asaltamos. ¿Qué les parece?

Los otros levantan los pulgares en señal de aprobación y silenciosamente se acercan al distraído Baudín, que seguía con lo suyo. Alberto rápidamente le hace una llave candado con el brazo, alrededor del cuello, mientras disimulando la voz le grita:

—¡Quédate quieto, esto es un asalto!

Inesperadamente, Pablo pasa su mano derecha por detrás del cuello de Alberto, al mismo tiempo que se impulsa hacia arriba con las piernas, haciendo que su cuerpo, por el mismo peso de la gravedad, caiga hacia adelante, produciendo que Alberto salga volando hacia adelante y se estrelle contra la pared, quedando atontado por el golpe. El Flaco y el Ronco, al ver que el ataque de su compañero falló, fueron en su defensa, pero Pablo, ya prevenido, tira una patada voladora, que impacta contra el pecho del Ronco, haciéndolo doblar en dos y quedar tirado en el piso, momento que aprovechó el Flaco, para tirarle una trompada dirigida a la cara, pero Pablo la esquiva y le toma el brazo y con el mismo impulso de su rival, le hace una toma, haciéndolo volar por el aire y caer sobre una mesita de vidrio, la cual estalló por el golpe

—Espero que esto les sirva de lección, ¿Señores ladrones? —les dice mientras les hace una reverencia, al estilo oriental.

Alberto poniéndose de pie, mientras se acomodaba la ropa le dice:

—Disculpa Pablo, solamente te quisimos hacer una broma.

Pablo sonriendo le contesta, mientras se frotaba los puños.

—Yo también les hice una broma… Si esto hubiera sido un asalto de verdad, ustedes a esta hora estarían muertos.

La Morsa, que en ese momento bajaba acompañado por Chávez y había escuchado la conversación, dice.

—Esta vez tuvieron suerte, señores, lo que les dijo Pablo es verdad, él les perdonó la vida… Pablo es cinturón negro, en lucha libre y campeón invicto en su categoría. Por algo es mi guardaespaldas personal, así que lo menos que pueden hacer, es pedirle disculpas.

—¡No hace falta! Sé que otra vez no van a cometer la misma torpeza.

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ISBN:
9789878721354
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