Kitabı oxu: «Protocolo para la organización de actos oficiales y empresariales.»

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Protocolo para la organización de actos oficiales y empresariales

Juan de Dios Orozco López

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Protocolo para la organización de actos oficiales y empresariales

© Juan de Dios Orozco López

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1ª Edición

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ISBN: 978-84-16758-13-5

Nota de la editorial: IC Editorial pertenece a Innovación y Cualificación S. L.

A mi esposa Ana y a mis hijos Jesús y Kika, por soportarme.

Índice

Portada

Título

Copyright

Dedicatoria

Índice

Capítulo 1 Introducción al protocolo

1. Introducción

2. Los inicios del protocolo

3. Hacia una definición moderna de protocolo

4. ¿Para qué sirve el protocolo?

5. Tipología del protocolo

Capítulo 2 El equipo humano y su organización

1. Introducción

2. El jefe de protocolo

3. El equipo de protocolo

4. Los cometidos de las áreas del equipo de protocolo

Capítulo 3 La organización de un acto. Preparación

1. Introducción

2. La organización de un acto. Aproximación a la Preparación

3. Las preguntas iniciales

4. Líneas generales de preparación. Seguridad

5. Líneas generales de preparación. Prensa y comunicación

6. Líneas generales de preparación. Protocolo y organización

Capítulo 4 La organización de un acto. Ejecución y cierre

1. Introducción

2. El papel del anfitrión

3. El papel de los invitados

4. Códigos de indumentaria

5. La precedencia de los invitados

6. El cronograma

7. El ensayo

8. Incidencias y rupturas del protocolo

9. El cierre

Capítulo 5 Los actos especiales

1. Introducción

2. Contexto e imagen pública

3. Fotogenia y telegenia

4. Conferencias de prensa

5. Declaraciones y canutazos

6. Prensa, imagen y gestión de crisis

7. Presentaciones de productos

8. Primeras piedras, inauguraciones y visitas a obras

9. Funerales

Capítulo 6 Técnicas de distribución de personas

1. Introducción

2. Importancia de la ordenación espacial

3. La finalidad de las mesas

4. Las mesas redondas

5. Mesas rectangulares

6. Mesas cuadradas

7. Mesas ovaladas

8. Últimas consideraciones

Capítulo 7 Particularidades del protocolo oficial

1. Introducción

2. Entendiendo el protocolo oficial

3. La normativa protocolaria del Estado

4. Actos oficiales

5. Protocolo en las autonomías y los ayuntamientos

6. Protocolo y diplomacia. Particularidades

Epílogo

Glosario

Capítulo 1 Introducción al protocolo
1. Introducción

Para empezar a entender el protocolo es necesario remontarse a los momentos en que el ser humano necesitó organizar sus relaciones con otros de su misma especie para evitar conflictos. Siendo gregarios y debiendo distribuir espacios y recursos, en algún momento se debieron comenzar a establecer las normas que permitieran a algunos ocupar los lugares más seguros o hacerse con la comida más nutritiva, mientras que obligaban a otros a instalarse en espacios menos cómodos o a consumir lo que aquellos despreciaban.

Es evidente que esas normas siempre debieron ser exigidas por los que más fuertes eran y los que más capacidades tenían, imponiendo sus gustos o criterios para salir siempre beneficiados. Imagino, también, cómo con el paso del tiempo, asegurada la posición de los más altos jerarcas, estos decidieron establecer normas que evitaran conflictos sociales entre los que ya estaban debidamente controlados. La historia ha demostrado que siempre fueron los poderosos los que, sin contar con los que no lo eran, establecieron leyes que les permitieran destacar y conservar la ventaja adquirida.

De la situación en la que la Ley del Talión “Ojo por ojo, diente por diente” era la única forma de limitar las acciones humanas que rompían la convivencia, hemos pasado a establecer escalas de valores que premian los logros y las aportaciones sociales y a destacar a quien la mayoría quiere distinguir. Ahora premiamos el logro que es valorado por la mayoría y no por una minoría poderosa. Así ha nacido el protocolo, que es norma de convivencia y que ayuda al éxito de las relaciones humanas.

En este capítulo haremos un recorrido histórico en el que analizaremos cómo aparecieron las primeras normas sociales, la evolución de las mismas hasta nuestros días y lo que finalmente ha perdurado porque es válido en la actualidad. El fondo, las formas y las normas han evolucionado y pasado de ser impuestas por unos pocos, en beneficio de minorías, hasta ser decididas por la mayoría y en beneficio de todos.

Las sociedades necesitan del protocolo, que coloca a cada cual en el lugar que le corresponde y premia las conductas valiosas, de acuerdo con una escala de valores que cada sociedad y cultura ha elaborado, según sus necesidades. Así se hace protocolo y así, creo yo, se debe explicar.

2. Los inicios del protocolo

Comenzar por el principio siempre es bueno. Sobre los antecedentes del protocolo en el mundo, y particularmente en Europa, otros han escrito antes que yo y probablemente lo han hecho con más profundidad. Una extensa introducción histórica al protocolo no es imprescindible para completar este libro, pero sí es necesaria para alcanzar su propósito.

Dado que se pueden desconocer los antecedentes del protocolo, solo se mencionará que la ordenación de las personas de acuerdo con su importancia relativa y los buenos modos de actuar –que provocan la comodidad de los demás y la de quien los pone en práctica– ya se tenían en cuenta hace miles de años.

El Dr. Fernández y Vázquez[1] señala que “el primer manual de etiqueta data aproximadamente de 2.000 años antes que la propia Biblia. Su autor fue Ptahotep”. En lo que se refiere a ceremonial de Estado, el mismo autor cita a los egipcios como los primeros que desarrollaron normas sobre el protocolo de Estado 3.000 años a. C.

No hay más remedio que citar a Hammurabi, sexto rey de Babilonia (1792-1750 a. C.), que creó un gran imperio y estableció uno de los primeros códigos de leyes de la historia, conocido como Código de Hammurabi[2]. Este código fue encontrado a principios del s. XX y está escrito sobre una piedra de más de dos metros de altura cuyas réplicas debieron colocarse estratégicamente en diferentes lugares de las ciudades de manera que cualquier ciudadano de la época pudiese conocer cuáles eran las normas de actuación y las consecuencias que podría acarrearle no ponerlas en práctica.

La razón para que Hammurabi escribiese o mandase escribir este código debió ser, más que la satisfacción de los dioses y la determinación de normas protocolarias, la implementación de mandatos para la convivencia y el “bienestar de la gente”. El hecho de que esté tallado sobre piedra da al mismo un carácter y una intención inmutable y perdurable.

Aun cuando las introducciones de muchos libros de protocolo hacen mención a este código, afirmando que es el primer tratado en el que se determinan normas relacionadas con ceremonial y etiqueta, yo no he encontrado en el mismo más que menciones a un sistema de castas que algunos –equivocadamente creo yo– pretenden identificar con el establecimiento de las primeras precedencias escritas. Lo cierto es que en este código de 282 leyes[3], la inmensa mayoría de estas hace referencia a conductas punibles y al modo en que se castigan. Lo he leído incluso en inglés[4] intentando descifrar la razón en la que se basan algunas publicaciones que lo citan como paradigmático, pero no he logrado encontrar las razones a las que algunos autores hacen mención.

Para que usted pueda acercarse a la realidad de este código, cito textualmente alguna de esas leyes.

Ley 153: “Si la esposa de uno lo hace matar por causa de otro hombre, irá al patíbulo”.

Ley 192: “Si el hijo de un favorito o de una cortesana, dijo al padre que lo crio o la madre que lo crio: ‘tú no eres mi padre’, ‘tú no eres mi madre’, se le cortará la lengua”.

Hammurabi ordenó escribir su código desde la perspectiva del “ojo por ojo” o “ley del talión” y en él predominan los castigos impuestos por la comisión de determinadas faltas.

Lo único que podría tener relación, casi sin interés desde el punto de vista protocolario moderno, es la jerarquización social.

Así, se establecen tres grupos fundamentales:

 Los hombres libres o awilum.

 Los mushkenum o subalternos.

 Los esclavos o wardum.

Además, en el reglamento de Hammurabi se delimitan las responsabilidades de arquitectos, médicos y otras profesiones, pero no he encontrado nada relacionado con protocolo.

Otros autores mencionan a los faraones y al antiguo Egipto como los verdaderos promotores de las primeras normas protocolarias, remontándose incluso a cronologías anteriores a Hammurabi. Lo cierto es que este código no hace mención expresa a ordenación de personas –entiéndase establecimiento de precedencias– ni a la determinación de conductas premiables, sino a las que se consideran inapropiadas y, por tanto, merecedoras de castigo.

Dado que este libro no pretende profundizar en los antecedentes históricos del protocolo, no se hace mención a ellos salvo para el caso de las religiones, por la influencia ejercida sobre las sociedades, tanto en el pasado como en el momento presente.

Es innegable que los diferentes modelos sociales están influenciados notablemente por la religión. Resulta probable, entonces, que el futuro continúe viéndose afectado por la religión en muchos aspectos. Así que, para encontrar referencias escritas relacionadas clara y directamente con el protocolo, la cortesía o la etiqueta, hay que remontarse a los libros sagrados de las principales religiones: cristiana, musulmana y hebrea. A ellas se dedica el siguiente apartado.

2.1. Protocolo en los libros sagrados

En los diferentes libros sagrados de las religiones a los que he hecho mención con anterioridad, hay numerosas crónicas que hacen referencia al establecimiento de precedencias y a los modos de actuar correctos o inadecuados.

Como ya se ha mencionado, la inmensa mayoría de las reseñas están relacionadas con las actitudes sociales premiables o reprochables y los requerimientos de pulcritud que se consideran imprescindibles para ponerse en presencia de Dios o de los hombres más venerables. También hay numerosas alusiones a la correcta forma de desenvolverse en banquetes y actos sociales.

Juan José Feijó, en uno de sus artículos[5], cita varios pasajes bíblicos en los que se destacan “[…] pautas sobre la cortesía y el comportamiento en la mesa […] y referencias al papel del Anfitrión y la colocación de los invitados de honor, las preeminencias en el banquete, la cesión de puestos, la cortesía en la mesa o el ceremonial, entre otros aspectos protocolarios”.

Uno de esos pasajes pertenecientes al Libro de Samuel dice así: “El rey estaba sentado en su sitio, según su costumbre, junto a la pared”. En tan corta frase, hay tres referencias importantísimas a los modos protocolarios de conducirse. Estas son:

 El rey se sienta en un lugar diferenciado de los demás, “en su sitio”. Con esta expresión se admite que, en su calidad de rey, tiene derecho a la elección de lugar y, por tanto, establece de modo implícito una relación jerárquica entre los que participan en el banquete.Buscando un paralelismo entre la idea anterior y una situación real y reciente, podríamos mencionar el gesto que ejecutó S. M. el Rey Don Juan Carlos en el acto por el que abdicó la Corona. En este acto, los organizadores dispusieron todos los asientos alineados, en los que se habrían de sentar D. Juan Carlos, Doña Sofía, Don Felipe y Doña Letizia. Deliberadamente se dispuso uno de los asientos de altura y de tamaño mayor que el resto porque Don Juan Carlos estaba recuperándose de una dolencia en la cadera. Lo destacable de la situación es que, a su llegada, Don Juan Carlos ocupó el asiento más destacado, mientras que, una vez firmada la abdicación, el Rey emérito cedió el asiento al futuro Rey D. Felipe VI.

 El lugar que ocupa el Rey debe cumplir unas condiciones de seguridad, “junto a la pared”. Con ello, se evita que alguien pueda acercarse al monarca por su espalda sin ser visto. Una de las funciones que, desde siempre, ha cumplido el protocolo ha sido la de proporcionar seguridad a quienes disponían este tipo de normas. Así, hubo épocas en las que nunca un jerarca se sentó dando la espalda a una ventana por temor a que se atentara contra él. La costumbre actual según la cual el anfitrión se sienta de frente al acceso del servicio tiene sus raíces en la protección de las personas importantes.El Rey D. Juan Carlos ocupó la silla más destacada hasta el momento de la firma de su abdicación. (© Fotografía: www.hola.com/realeza/casa_espanola/galeria)

 La costumbre se convierte en ley cuando se trata de protocolo, aunque la norma no esté sancionada de forma explícita. Existen normas no escritas pero que siempre se han puesto en práctica en la organización de actos. Esto es precisamente lo que se determina en la frase del Libro de Samuel. Quien asiste al acto en el que el Rey está presente, sabe que “su costumbre” –la del Rey– es sentarse en la silla pegada en la pared y nadie se sienta en ella porque conoce lo que se ha venido haciendo en anteriores ocasiones.D. Felipe ocupó la silla más alta y el lugar preferente tras la abdicación de D. Juan Carlos. (© Fotografía: www.efe.com)

Estos tres parámetros dan idea de la finalidad real del protocolo en el pasado, que sigue teniendo vigencia en el presente. Establecer normas para procurar destacar la presencia de autoridades, preservar su seguridad y hacer respetar los modos que tradicionalmente han funcionado son objetivos vigentes en el presente cuando nos referimos a la organización de actos oficiales o empresariales.

Quizá una de los pasajes bíblicos más destacados y explícitos que ofrecen una visión práctica del protocolo está en la parábola de Jesucristo relatada por San Lucas[6]:

“En aquel tiempo, entró Jesús un sábado en casa de uno de los principales fariseos para comer, y ellos le estaban espiando. Notando cómo los invitados elegían los primeros puestos, les dijo una parábola: Cuando seas convidado por alguien a una boda, no te pongas en el primer puesto, no sea que haya sido convidado por él otro más distinguido que tú, y viniendo el que os convidó a ti y a él, te diga: ’Deja el sitio a este’, y entonces vayas a ocupar avergonzado el último puesto. Al contrario, cuando seas convidado, vete a sentarte en el último puesto, de manera que, cuando venga el que te convidó, te diga: ’Amigo, sube más arriba’. Y esto será un honor para ti delante de todos los que estén contigo a la mesa. Porque todo el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado”.

De este pasaje bíblico se pueden extraer algunas conclusiones protocolarias de gran actualidad.

El evangelio de San Lucas hace mención a la importancia del invitado, que está directamente relacionada con la cercanía al anfitrión. Esta es una de las más claras referencias de la Biblia, en la que se vincula directamente la mayor o menor distancia al anfitrión con la importancia del invitado. De esta forma, se pone de manifiesto que es más apreciado por el anfitrión quien ocupa los primeros puestos, mientras que, quien menos notable es, se sitúa más atrás, más alejado del anfitrión.

Confiere entonces, la distancia al anfitrión, jerarquía y honor y probablemente este es el pasaje más explícito que haga mención al establecimiento de precedencias como medida para destacar públicamente a unas personas sobre otras.

Hay también una intencionalidad manifiesta en la exigencia del respeto por las normas de conducta y una llamada clara a la modestia como valor de trascendencia social que, en caso de no ser incorporado a la conducta personal, será motivo de rechazo público. Se destaca la humildad como valor digno de consideración pública que, curiosamente, trasciende hasta nuestros días y es observada como mérito en la mayoría de las religiones.

Quizá es también interesante destacar la figura del anfitrión frente a la del invitado. El anfitrión, en el ámbito de su actuación, tiene la potestad y el derecho de premiar o reprochar conductas que la convención social de la época entiende como malas o buenas.

2.2. Las normas en la Biblia y la diestra de Dios

Son numerosas, también, las referencias a la “diestra” que se hacen en la Biblia y, muy particularmente, a la importancia de la derecha sobre la izquierda. Este hecho, el que destaca la importancia de la derecha sobre la izquierda, ha perdurado hasta nuestros días y, en la mayoría de las culturas, la derecha es el lugar de máximo honor. Sirve entonces la derecha para enfatizar la precedencia del que en este lugar se sitúa frente al que se coloca a la izquierda.

Algunos pasajes de las Sagradas Escrituras hacen mención a la derecha como lugar destacado. Si importante es estar junto a Dios, más aún es ocupar su derecha, como queda explicitado en los siguientes pasajes:

Marcos 16:19

“Después de hablarles, el Señor Jesús fue llevado al cielo y se sentó a la derecha de Dios”.

Pedro 3:22

“Él se ha ido al cielo y está a la derecha de Dios, después de someter a los ángeles, a las dominaciones y las potestades”.

Éxodo 15:6

“Tu diestra, Yahvé, de tremendo poder, tu diestra, Yahvé, aplasta al enemigo”.

El Antiguo Testamento contiene, también, numerosas referencias a lo que ya se podría entender como los inicios de la primeras ordenaciones y establecimiento de precedencias, además de distribuciones de personas en alternancia cuando concurrían a actos sociales o religiosos.

En el siguiente pasaje del Génesis se coloca al hijo menor de José a la derecha, por decisión del anciano Israel, padre de José, indicando con su gesto la preferencia de aquel, lo que causa malestar en el primogénito.

Génesis 48:13-18

“Colocó José a Efraím a su derecha, quedando a la izquierda de Israel, y a Manasés a su izquierda, quedando a la derecha de su padre, y los acercó a él. Israel extendió su mano derecha y la puso sobre la cabeza de Efraím, que era el menor, y así, cruzando las manos, puso su izquierda sobre la cabeza de Manasés a pesar de que era el primogénito […]. Que lleguen a ser muy numerosos en esta tierra. José vio que su padre tenía puesta su mano derecha sobre la cabeza de Efraím, lo que le disgustó. Tomó, pues, la mano de su padre para cambiarla de la cabeza de Efraím a la de Manasés y le dijo: ’Así no, padre mío, porque éste es mi hijo mayor. Coloca tu mano derecha sobre su cabeza‘. Israel se negó y le dijo: ’Lo sé, hijo mío, lo sé. Él también se hará pueblo, también él llegará a ser grande, pero su hermano menor será más grande que él y su descendencia formará una familia de pueblos‘. Y los bendijo aquel día con estas palabras: ’A ustedes los tomarán como ejemplo cuando quieran bendecir a alguno en Israel, y dirán: Que Dios te haga semejante a Efraím y Manasés‘. Así puso a Efraím por delante de Manasés”.

He podido contar varias decenas de frases en la Biblia que se refieren a la derecha en su significado de habilidad, destreza y fortaleza, además de lugar privilegiado. Quizá esta preeminencia de la derecha sobre la izquierda sea resultado de la propia condición humana que, en su inmensa mayoría, utiliza la mano derecha para ejecutar casi la totalidad de las acciones manuales, mientras que la izquierda queda para quehaceres de menor envergadura.

Con independencia de los Diez Mandamientos que Moisés recibió directamente de manos de Yahvé, son también numerosas las referencias bíblicas al ceremonial para llevar a cabo determinadas actividades, las normas de relación entre los hombres y, como no podía ser de otra forma, los códigos morales de obligado cumplimiento que, con la escusa de agradar a Dios, no dejan de ser verdaderas y primitivas normas que facilitaban la convivencia y evitaban disputas y enfrentamientos.

Los libros del Deuteronomio y del Éxodo contienen numerosas referencias normativas sobre moralidad y que hoy podrían, con la debida actualización, estar incluidas en un tratado de normas de etiqueta y cortesía social aunque, desde luego, enunciadas de diferente forma.

2.3. Los 613 mandamientos o preceptos de la Torá

En este punto, quizá convendría citar los mandamientos o preceptos de la Torá, denominados Mitzva, y cuyo número asciende a 613.

Estos mandamientos no utilizan la forma condicional del Código de Hammurabi o el Antiguo Testamento de la Biblia, sino que son más tajantes y menos descriptivos. La mayoría de ellos comienzan negando una actividad impropia a la que no se impone castigo.

La lectura de la Torá requiere una especial dicción y entonación y, por lo tanto, es necesario conocer su protocolo. Parece que existe un significado y un mensaje paralingüístico en la lectura de este libro sagrado que suele ser leído por un profesional de la lectura denominado Jazan, aunque cualquier hombre judío mayor de edad tiene el derecho a hacerlo.

Algunos de los mandamientos recogen códigos de conducta que aún hoy tienen validez en determinados lugares. Muchos de los valores que hoy entendemos como necesarios para ser considerado como persona de “buena educación” son comunes a religiones y culturas. Prueba mínima del espacio común que comparten diferentes religiones son las Mitzva que le detallo a continuación:

 Verdad y sinceridad. Mitzva 236: no calumniar.

 Veneración por la ancianidad a la que se considera sabia, Mitzva 257: respetar a los ancianos.

 Norma de relación social. Mitzva 48: no comer ni beber glotonamente y sin modales.

 La religión hebrea valora sus normas frente a las de otras religiones o grupos sociales, lo que refuerza la idea de comunidad y mantiene la tradición y cultura propia. Mitzva 262: no conducirse según las costumbres y leyes específicas de las naciones.

2.4. El islam y el protocolo

Parece que el islam es la religión que más mandamientos tiene relacionados con los modales, la etiqueta y la cortesía.

Hay numerosos relatos en los escritos sagrados de esta religión que detallan extensísimos catálogos de normas para las relaciones sociales, además de especificar los rituales que deben seguirse antes, durante y después de las ceremonias.

La religión musulmana orienta a sus practicantes hacia la perfección espiritual y presencial. Todos los musulmanes deben cuidar su presencia y comportamiento público “distinguiéndose por su apariencia, vestimenta y comportamiento decente y buenas acciones, para que sea un buen ejemplo y un digno portador del grandioso mensaje que le transmite a las personas[7]”.

Para un buen musulmán, es inseparable la naturaleza interna de la persona de su apariencia, procurando un equilibrio entre las exigencias de cuerpo, mente y espíritu.

Menciono, a continuación, algunas de las normas de conducta que un buen musulmán debe cumplir:

 “Si alguno de vosotros quiere bostezar, que trate de evitarlo tanto como le sea posible[8]”. El bostezo es la muestra inequívoca de aburrimiento y, por lo tanto, pone de manifiesto que lo que acontece carece de interés.

 “Menciona el nombre de Allah, come con la mano derecha, y come de lo que está directamente delante de ti[9]”. La izquierda es una mano impura en el islam y por eso, tanto el saludo llevado a cabo por los hombres como cualquier otra acción pública se practican con la mano derecha. En cuanto a la obligación de comer “[…] de lo que está directamente delante de ti”, parece que es un requerimiento social para evitar entorpecer a los demás.

 “El creyente se lleva bien con las personas y ellas se sienten cómodas con él. No hay beneficio en el que no se lleva bien con las personas y con quien ellas no se sienten cómodo”[10]. La amabilidad y la benevolencia son condiciones exigibles para el buen musulmán.

 “El musulmán nunca se olvida que el islam lo anima a cuidar su apariencia y vestirse con ropa limpia cada vez que reza, y que también le advierte de no excederse en eso convirtiéndose en un esclavo de su apariencia”[11].

2.5. Conclusión

Como conclusión, cabría destacar el importante papel que las religiones han desempeñado en la regulación de las conductas públicas de sus practicantes y que, de modo determinante, han permitido la evitación de conflictos desde sus inicios hasta nuestros días. Evitar los problemas entre personas puede ser considerado uno de los principales objetivos del protocolo.

Muchas de las actuaciones consideradas buenas o malas son fruto de la normativa de edad milenaria derivada de la necesidad primitiva de establecer límites para la actuación humana y procurar una armónica convivencia.

El cristianismo, por ejemplo, además, estableció un sistema de valores punibles o premiables con el infierno o el cielo. Fríamente analizados, los códigos religiosos de comportamiento resultan un inteligente modo de prevenir acciones personales indeseables, además de crear una fórmula eficaz para atemorizar, con el dolor y el castigo eterno, a quienes no se comporten adecuadamente en su vida terrenal.

En esencia, el sistema actual de conducta pública es similar al que promovieron inicialmente las religiones. La diferencia, sin embargo, está ahora en que los premios o castigos no se retrasan hasta después de la muerte y que las sociedades se han dotado de mecanismos de prevención premiando las conductas apropiadas con el reconocimiento social, o mereciendo el castigo, rechazo y desprecio público.

3. Hacia una definición moderna de protocolo

En multitud de ocasiones me he visto obligado a explicar qué es protocolo. El primer comentario que oigo cuando digo que trabajo en protocolo es “ah ya, ya… Eso de cómo se come y lo de besar la mano a una señora... y lo de vestir con chaqué y corbata…”. Esta definición no es del todo falsa porque es una de tantas acepciones que tiene el término protocolo. Sin embargo, tampoco cubre en modo alguno la realidad protocolaria del siglo XXI. Dentro del concepto de protocolo se incluyen varias definiciones que están íntimamente ligadas entre sí y que aclararemos a continuación.

Por un lado, se puede contemplar el protocolo como un conjunto de técnicas orientadas a la finalización con éxito de la organización de actos, ya sean estos oficiales, empresariales o sociales. Definiciones relacionadas con la anterior, más o menos acertadas, existen tantas como autores. Merece la pena destacar a quienes disponen de gran experiencia en la materia y, entre ellos, cito a continuación a algunos:

 El Prof. Dr. Fernando Ramos Fernández[12] afirma que protocolo es la “Ciencia comunicativa al servicio de la excelencia en las manifestaciones públicas de la empresa y las instituciones en orden al interés de su imagen pública”.

 Felio A. Vilarrubias[13] asevera que protocolo “es la traducción escrita de los usos y tradiciones de un determinado país o territorio en fórmulas reglamentadas”.

 José Antonio de Urbina, al que cita Carmen Cuadro Esclápez[14], lo define como “aquella disciplina que con realismo, técnica y arte (pues tiene de las tres cosas) determina las estructuras o formas bajo las cuales se realiza una actividad humana pluripersonal e importante; con objeto de su eficaz realización y, en último lugar, de mejorar la convivencia”.

 José Daniel Barquero y Fernando Fernández[15] lo definen como “la normativa que es legislada o establecida por usos y costumbres donde se determina la precedencia y honores que deben tener las personas y símbolos, la solemnidad y desarrollo del ceremonial de los actos importantes donde se relacionan las personas para un fin determinado”.

Finalmente, todos los que nos dedicamos al protocolo hemos oído la tan manida frase, atribuida a Jordi Pujol, “Protocolo es la expresión plástica del poder”, que podría encajar muy especialmente en la definición de protocolo oficial.

De cada una de las definiciones anteriores he recogido alguna palabra significativa que sirva de guía para otra definición que usted mismo puede componer con las siguientes palabras.

 Fernando Ramos: excelencia.

 Felio A. Vilarrubias: usos y tradiciones.

 José Antonio de Urbina: técnica.

 José D. Barquero y Fernando Fernández: relacionan personas.

 Jordi Pujol: plástica y poder.

Protocolizar es, en sentido estricto, ordenar con lógica una actuación para ser eficaces y ofrecer excelencia. Hacer protocolo es, también, aplicar determinadas técnicas para que un encuentro de personas tenga éxito y para que invitados y anfitrión se encuentren cómodos.

De otra parte tendríamos el protocolo social, que estaría relacionado con la cortesía y la etiqueta. Este tipo de protocolo está influenciado decisivamente por la cultura y, por lo tanto, por los valores que en ella son premiables. Ser protocolario estaría cercano en significado a ser persona que conoce y acata las normas para las relaciones sociales eficaces.

Muy al contrario de lo que se suele pensar, la cortesía no está restringida a determinados y exigentes círculos sociales de la clase alta. Ciertamente, cuando nos referimos a un modo de actuar cortés, lo hacemos respecto a la demostración de respeto, atención o afecto hacia los demás. En cuanto al término etiqueta, queda restringido, de una parte, al especial modo de actuar en actos públicos solemnes y, de otra, a la indumentaria para asistir a esos actos solemnes.

En resumen, de forma genérica, podemos diferenciar dos tipos de protocolo: protocolo para la organización de actos y el protocolo social.

Este libro se dedica a describir el funcionamiento del protocolo para la organización de actos –en tanto que en ellos se relacionan personas– desde su concepción hasta el cierre de los mismos que, por cierto, va más allá de su finalización.

3.1. Dos definiciones para una misma palabra

Puede encontrar la definición de protocolo en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española[16]. De las cuatro definiciones, solo una se acerca al concepto que manejaremos en estas páginas y, aun así, el protocolo del que hablamos, en su mayoría, no se pondrá en práctica en palacios ni con ceremonial diplomático.


La proclamación de S. M. el Rey Felipe VI no se produjo ni en un Palacio Real ni en presencia del cuerpo diplomático acreditado en España. (© Fotografía: www.abogadoalcazar.es)

El Dr. Fernando Ramos[17] afirma que, por su finalidad, las normas de protocolo se dividen en normas de conducta y normas de organización porque “por un lado, regulan el comportamiento de los ciudadanos y los grupos, por otro, poseen un carácter instrumental, para regular los procesos técnicos de identificación y aplicación del conjunto de normas que regulan la convivencia de los ciudadanos”.

Es muy cierto que las reglas son muy importantes y que la costumbre es también elemento a tener en cuenta en la elaboración de una definición acertada. Así que, valorando lo anterior, a efectos esclarecedores, yo distingo dos tipos de protocolo. A saber:

 Protocolo para la organización de actos: es el que establece las normas de desarrollo de la organización de actos oficiales, empresariales o sociales.La persona que tiene la obligación de organizar actos en el ámbito oficial debe dominar la legislación que regula el régimen de precedencias[18] y las normas oficiales relacionadas con la simbología nacional[19], regional y local, entre otras.Debe conocer, también, las pautas de conducta establecidas en el protocolo social para hacer cómoda la estancia de las personas con las que trate.Para organizar actos se requiere ser profesional del mundo del Ceremonial y el Protocolo.

 Protocolo social: es la convención social que establece las reglas de comportamiento personal en relación con los demás y que determina la aceptación o el rechazo del grupo.Los valores y creencias de una sociedad establecen las normas de protocolo social y, por lo tanto, una persona puede ser considerada de exquisitos modales en Francia y comportarse como un completo maleducado en China. Por este motivo, es importantísimo conocer los usos y costumbres de países ajenos al nuestro si, por ejemplo, queremos establecer relaciones diplomáticas o empresariales eficaces con personas de culturas diferentes. El conocimiento de las particularidades culturales de otros países se está convirtiendo en una herramienta fundamental para negociar con éxito en un ambiente internacional.

Ambos tipos de protocolo nacen del respeto y aceptación de normas que, en el caso de la organización de actos oficiales, dictan las instituciones oficiales que tienen potestad para ello. Por ser normas oficiales, son de obligado cumplimiento y la no observancia de las mismas puede constituir falta o, en el peor de los casos, delito.

En lo que se refiere a protocolo social, la convención o acuerdo social se convierte en verdadera norma que establece peculiaridades y diferencias entre grupos humanos. La propia sociedad determina qué valores merecen el premio y la consideración del grupo o la repulsa del mismo. Incluso dentro de un mismo país hay diferentes reglas de comportamiento, dependiendo de la procedencia social o profesión que se ejerza, entre otras circunstancias. Por eso, la latitud y longitud terrestre determinan, también, las pautas de comportamiento. Una broma puede resultar simpática en Sevilla y totalmente inconveniente en Barcelona.

Desde mi punto de vista, todas las definiciones de protocolo que puedan encontrarse estarán supeditadas a las dos anteriores. El nexo común entre ambas es el respeto por la norma, sea sancionada o forme parte de un acuerdo social implícito o explícito.

De acuerdo con lo anterior, creo que una definición genérica y moderna de protocolo podría ser el conjunto de normas (y técnicas) que contribuyen al éxito de las relaciones oficiales, políticas, diplomáticas, comerciales y sociales.

Por encima de todo, el protocolo es norma. Y las normas delimitan el comportamiento humano para la convivencia.

Sabino Fernández Campo[20], que fue Jefe de la Casa de S. M. el Rey de España afirma: “De la ausencia de protocolo al imperio absoluto de la grosería no hay más que un paso”. Ser grosero va mucho más allá de la inobservancia del decoro y la urbanidad para destacar la falta de “arte y pericia” en la manera de hacer las cosas.


3.2. Los pilares sobre los que se asienta el protocolo

Hacer protocolo requiere cualidades personales, conocimientos, capacidades y habilidades que describiremos más adelante.

Debemos ahora preparar los cimientos sobre los que construir el esqueleto protocolario de la organización de actos oficiales o empresariales y la estructura que nos permita establecer sólidas relaciones sociales.

Mucha gente desprecia el protocolo porque lo relaciona con formas rígidas de proceder o, en el caso del protocolo oficial, porque entienden que el establecimiento de normas separa a las autoridades de la sociedad a la que estas se deben. Nada más lejos de la realidad. El protocolo, cualquiera que fuera su definición, tiene por objeto el acercamiento, como ya se dijo. Por ello, no solo es necesario el conocimiento de la técnica, sino la aplicación del sentido común. Ello implica un cierto grado de disposición personal a hacer bien las cosas y a agradar a las personas.

La sabiduría popular castellana transmitida de padres a hijos ha suplido en el pasado las formas de traspasar el conocimiento que ahora se imparte en los centros docentes, constituyéndose, los aforismos o proverbios, en las reglas consuetudinarias que han permitido hacer las cosas bien o, al menos, de un modo aceptable a los ojos de los demás.

Uno de los proverbios en lengua castellana más ampliamente difundido ha sido “Donde fueres, haz lo que vieres”. En esta corta frase se encierra mucha sabiduría popular y se pone en valor el respeto por las costumbres de personas ajenas a nuestro entorno social. El respeto a lo que sienten o dan por bueno otros es la base del éxito en las relaciones sociales.

Pero poner de manifiesto que se respeta la diferencia, que se observan y cumplen las normas de determinados grupos sociales y que se pone empeño en imitar comportamientos valorados como positivos por personas con cultura diferente a la nuestra, no hace más que manifestar nuestra amplitud de miras y nuestra capacidad de adaptación. Nada más importante para alguien que se dedica al protocolo que la adaptación al medio para no destacar y pasar desapercibido. El mejor protocolo es el que ni se ve ni se nota. De hecho, cuando se descubre una sobreactuación personal o una forma barroca o rebuscada en el desarrollo de un acto, se dice que no ha habido naturalidad y, por tanto, no ha existido protocolo.

Observar lo que hacen los demás –o la mayoría–, imitando su comportamiento y sus gestos, evita destacar o parecer diferente y, lo que es mejor, previene del rechazo de un grupo. Si un grupo entiende que una acción es digna de elogio, no queramos, por innovar, cambiar lo que ha funcionado antes de que llegáramos nosotros. El respeto por la costumbre y por lo que los demás entienden que está bien hecho, entonces, parece ser un pilar importante del protocolo. Es necesario, por lo tanto, la aplicación del sentido común en las formas de proceder para no resultar una nota discordante en una reunión de negocios, por ejemplo.

Por otro lado, la economía de medios se hace necesaria en nuestros días tanto en ambiente oficial como en el empresarial. No se entendería hoy un gasto excesivo en la organización de un acto que no tuviese un retorno de la inversión que superase al gasto ocasionado. La sencillez está íntimamente ligada a la economía de medios.

En la organización de cualquier acto, la cantidad económica invertida debe ser menor que la revertida en forma de publicity[21]. De ahí que, para conseguir ese rendimiento en aplicación de las técnicas de protocolo moderno, se huya del lujo y del boato para acercarse a la sencillez que, por cierto, requiere creatividad, elegancia y un especial sentido para diferenciar lo superfluo de lo absolutamente necesario.

Tanto en la organización de actos en ambiente oficial como en el empresarial, el protocolo debe destacar por la parquedad en el gasto. Ello no quiere significar que, por ahorrar, haya que caer en lo chabacano y simplista porque ello iría en detrimento de la organización y del propio objeto del protocolo. Es cierto que resultar barroco tanto en los planteamientos personales como en las actuaciones profesionales no conduce nada más que al más absoluto de los ridículos.

Pero ser sencillo no significa ser simple. La sencillez huye de la extravagancia, la aparatosidad y la exageración y exige posiciones personales y profesionales de naturalidad y sobriedad. No me atrevería a hablar de minimalismo y sí de detalle, exactitud, planeamiento, formas y minuciosidad.

Observe el siguiente gráfico, que resume cuáles son los pilares del protocolo.


3.3. Conocer las reglas para romperlas

Claro está que, para poder colocar esos dos pilares del sentido común y la sencillez sobre los que descansa el edificio protocolario, es necesario saber cómo hacerlo. El sentido común lo aporta la experiencia y el conocimiento, mientras que la sencillez –relacionada, en este caso, con el sentido de la estética– es cualidad innata, creo yo.

Hemos hablado antes del respeto en su sentido más amplio y, naturalmente, no se puede respetar lo que se desconoce. Por eso, para tomarse la libertad de contravenir alguna norma –excluyendo las legales– es necesario conocer qué pauta o patrón de comportamiento se deja de seguir. En este sentido, hago mía la frase de la actriz y cantante norteamericana Lea DeLaria: “First learn the rules. Then break them[22]”.

Es muy cierto que para romper las reglas, antes hay que conocerlas. De lo contrario, ni siquiera se tendrá la certeza de si realmente se rompe con algo. El desconocimiento de lo que se debe o puede hacer en un momento determinado, impide tener conciencia plena del alcance de nuestras acciones profesionales o personales. Conociendo cómo actuar se sabrá qué hacer, permitiéndonos evaluar la trascendencia y las consecuencias de nuestra supuesta actuación rompedora.

Actuar a ciegas no es propio del que se dedica al protocolo. Así que la información y la formación se declaran como un factor decisivo para actuar, con criterio, de forma profesional.

Hablaremos más delante de las rupturas del protocolo reales que se producen, bien por ignorancia de las reglas o conscientemente, con una finalidad comunicativa. Hay otras rupturas de protocolo que son ficticias o simplemente son inventadas para conseguir titulares por parte de la prensa.

Baltasar Gracián tenía mucha razón cuando afirmaba: “El primer paso de la ignorancia es presumir de saber, y muchos sabrían si no pensasen que saben”.

4. ¿Para qué sirve el protocolo?

En apartados anteriores he afirmado que el protocolo ha tenido diferentes funciones. Llega ahora el momento de justificar la práctica protocolaria en nuestros días y de dotar de contenido actualizado al protocolo.

Algunas de las misiones del protocolo en la historia de la humanidad podrían resumirse en:

 Evitar conductas consideradas inapropiadas.

 Proporcionar seguridad a quienes imponen la norma protocolaria.

 Cohesionar a un grupo social, premiando determinados valores y castigando conductas no deseadas.

 Elaborar procedimientos que la tradición ha validado.

Sin olvidar el sentido y el valor que históricamente se ha dado al protocolo, es necesario añadir otra función ineludible en una sociedad que cada día demanda más información y conocimiento. Me refiero a la comunicación, para la que la organización de actos se ha convertido en otra herramienta más que traslada a los diferentes públicos mensajes muy elaborados que tienen por finalidad influenciar o persuadir.

4.1. Protocolo en sociedades democráticas

En las sociedades avanzadas democráticamente, los límites que establecen las normas oficiales son suficientemente amplios y, tanto en la práctica organizativa como en la forma de relacionarnos con los demás, debemos considerar con flexibilidad la demarcación del protocolo.

En este tipo de sociedades, la inmensa mayoría respeta la ley por convencimiento. En ellas, el protocolo social es puesto en práctica para integrar a las personas en lugar de rechazarlas. El protocolo sirve para acercar, en lugar de alejar.

El protocolo oficial, por otro lado, se basa en normas democráticamente sancionadas y, de forma explícita, se dispone que quien más votos obtiene en las urnas es quien goza del privilegio de ocupar puestos preferentes. Los cargos elegidos en las urnas preceden a los cargos designados estableciendo, aunque a veces se afirme lo contrario, una verdadera jerarquía que ha sido determinada por la voluntad popular. El protocolo oficial, entonces, tiene como finalidad la de escenificar la responsabilidad ganada lícitamente en las urnas. Así, la posesión de un título nobiliario ya no es razón suficiente para disponer de lugar preferente en los actos oficiales, como ocurriera en otros tiempos en España, por ejemplo.

Del mismo modo, en el ámbito del protocolo social y en sociedades avanzadas, es el logro personal el que da acceso a determinados círculos sociales y no la pertenencia a una familia o grupo de poder concreto. Es aquí donde el protocolo social se convierte en verdadera herramienta de acercamiento entre personas, ayudándolas a sentirse cómodas y a ofrecer comodidad a los demás. El protocolo social no es norma impuesta como lo pueda ser la que determina el protocolo oficial, sino que es la persona la que goza de la libertad de elegir su modo de actuar y, como consecuencia, la libre elección del círculo social en el que quiere integrarse.

A la vista de lo anterior, la norma protocolaria democrática coloca a cada cual donde le corresponde, de acuerdo con la voluntad popular, el logro social o la propia intención. Con los argumentos anteriores se pueden revocar las afirmaciones de algunos políticos que, desconociendo el alcance, la validez y la vigencia de la actuación protocolaria en el ámbito oficial, se permiten afirmar “yo soy poco protocolario”, ignorando que están afirmando que ellos son poco democráticos o muy maleducados, según se refieran a protocolo para la organización de actos o al protocolo social.

El protocolo oficial democrático tiene por objeto acercar las instituciones oficiales y de gobierno a la sociedad con transparencia, rigor y afán comunicativo y de servicio.

El protocolo social en sociedades avanzadas tiene por objeto integrar a las personas y facilitar la socialización de las mismas, provocando su unión y proximidad, además de ofrecer la posibilidad de compartir valores.


4.2. Protocolo en sociedades dictatoriales

Por el contrario, en sociedades dictatoriales, en las que el estado ejerce una alta presión y mantiene bajo un férreo control las estructuras de poder y las sociales, el protocolo es rígido y se constituye por sí mismo en herramienta de represión y de manifestación explícita del poder y dominio de quienes detentan y ocupan los más altos niveles de riqueza y de decisión. El grado de indulgencia o el nivel de coacción que la oligarquía ejerce afecta también a la organización de sus actos oficiales y a la manera en la que los integrantes de estas sociedades se relacionan.

El protocolo oficial se convierte, en las sociedades de libertad limitada, en la herramienta que sirve para recordar al pueblo quiénes son los que llevan las riendas del destino de la nación. Es el protocolo, en estas sociedades, un elemento más de la maquinaria de represión, en el que normalmente se pone de manifiesto la megalomanía de sus responsables. En los actos públicos se hace especial énfasis en el poder de los altos jerarcas, colocándolos a veces en lugares reservados o que les identifiquen como verdaderos dioses omnipotentes.

El protocolo oficial que se pone en práctica en sociedades dictatoriales tiene una finalidad propagandística, aspira a actuar de elemento represor y pone de manifiesto el poder de unos pocos sobre la mayoría de la sociedad.

En la misma línea que el protocolo oficial, se utiliza el protocolo social, que exige el conocimiento de determinados modales, no ya para incluir, sino para excluir a determinadas personas de círculos privilegiados desde los que se pretende detentar, ostentar y conservar el poder a toda costa.

El protocolo social se transforma, en este caso, en un escudo con el que se resguardan determinados privilegios, aunque no se tenga derecho a ellos ni se haya aportado valor a la sociedad. En este tipo de sociedades, tanto el protocolo social como el oficial propugnan la separación, el establecimiento y la compartimentación de clases sociales, delimitándolas, distanciándolas y procurando su impermeabilidad.


4.3. La finalidad del protocolo

A la vista de lo anterior, es fácil afirmar que el protocolo es una potente herramienta para crear, mantener y reforzar relaciones institucionales y sociales, entre otras circunstancias.

La puesta en práctica de la técnica y el conocimiento de la norma protocolaria en la organización de actos contribuye a la visibilidad de representantes políticos, instituciones, empresas y personas explicitando la calidad y cualidad personal y la institucional.

Generar percepciones –más aún si se acercan a la realidad– es necesario para generar credibilidad. Por eso, cabe afirmar que no solo es necesario ser sino también parecer. La rectitud moral exigible a los responsables públicos hace actual la cita de “no basta que la mujer del César sea honesta; también tiene que parecerlo[23]”. El protocolo ayuda a trasladar la mejor cara de las instituciones a su público objetivo y busca hacer coherente la realidad institucional y la actuación personal de sus representantes.

Pero es importante destacar, también, que el protocolo debe ser un instrumento de las organizaciones y no un fin en sí mismo. Aplicar las normas de organización de actos o las exigidas en las relaciones sociales debe permitirnos ser eficientes y eficaces, minimizar errores y hacer rentable la actuación personal o de la institución, según sea el caso.

A modo de conclusión de este apartado, se puede afirmar que el protocolo oficial y el social se constituyen como verdaderas herramientas de comunicación y de marketing para las relaciones institucionales y personales.

La finalidad del protocolo es poner en valor a las instituciones, a las empresas y a las personas.

5. Tipología del protocolo

Hacer referencia al protocolo obliga necesariamente mencionar la norma como ya se ha comentado con anterioridad. Genéricamente, y a los efectos que persigue este libro, según el ámbito de aplicación de esa norma, se podrían distinguir tres tipos de protocolo.

 Protocolo oficial

 Protocolo empresarial

 Protocolo social

Aun cuando estas tres categorías gozan de peculiaridades suficientes como para ser diferentes, todas ellas se complementan y afectan entre sí.

Si nos referimos al protocolo como las normas que hacen cómoda la relación entre personas, parecería que el protocolo social debería ocupar la base de todo el protocolo. Sobre él se crea la estructura del protocolo oficial y del protocolo empresarial.

No obstante, parece que es el protocolo empresarial el que más utiliza y se nutre del conocimiento de las reglas sociales para convertirlas en herramientas que permiten a la empresa ofrecer excelencia en la atención a sus clientes, las relaciones públicas y relaciones institucionales. Además, el conocimiento de los usos y costumbres de otros países es absolutamente necesario para negociar con éxito con personas de otras culturas.

Dado que este libro tiene por objeto la organización de actos oficiales y empresariales, dejaremos las técnicas y habilidades relacionadas con el protocolo social para otra ocasión y nos centraremos en lo necesario para diseñar y llevar a cabo con éxito cualquier tipo de acto.

Sin embargo, parece obligado ofrecer una breve exposición de los aspectos relacionados con el protocolo social y las aplicaciones de este en el mundo de la empresa.

5.1. Las características del protocolo oficial, empresarial y social

La principal característica del protocolo oficial es su rigidez. El protocolo oficial se rige por normas legales que no pueden ser modificadas o interpretadas libremente. El protocolo oficial tiene por objeto poner orden entre los lugares que ocupan los cargos públicos en actos públicos, y esta circunstancia es inamovible. El protocolo oficial es, en este sentido, rígido.

En multitud de ocasiones he manifestado que en el protocolo oficial no existe, en mi opinión, la flexibilidad. Se puede ser flexible y creativo en la arquitectura de interiores, en la redacción de un discurso o en la elección y distribución de flores. Pero eso no es hacer protocolo oficial. Protocolo oficial es igual a determinación del “quién va antes de quién” o “quién va detrás de quién” a lo que se pueden sumar unos mínimos detalles contextuales que elaboren, orienten o refuercen un siempre predeterminado mensaje. La creatividad en protocolo oficial disminuye proporcionalmente con el grado de amplitud normativa que exista. A mayor detalle en la norma, mayor rigidez.

Poco se puede añadir con la imaginación de un responsable de protocolo a un acto oficial que no distorsione la verdadera misión del protocolo oficial: disponer las personas en el poder político tal y como la voluntad popular ha determinado y distribuir los símbolos conforme estipula la ley.

No puedo imaginar a ningún responsable de protocolo oficial que, en busca de la creatividad, coloque a un director general antes que a su ministro. Las precedencias son las que son y no admiten discusión o interpretación. Pero aun admitiendo que el protocolo oficial es rígido, en numerosas ocasiones se hace verdadera ingeniería para que, bordeando el límite de lo establecido por las precedencias oficiales, los que son más importantes en el momento ocupen los puestos más vistosos.

Por lo que respecta al protocolo de empresa, sí se puede ser absolutamente creativo, por la flexibilidad de todo orden que permite la organización de actos en este ámbito. Solo habría que decir que hoy preside el acto el director de marketing y mañana lo hará el subdirector de I+D, simplemente porque conviene así a los intereses empresariales.

A los empresarios no les interesa absolutamente nada lo que diga la norma oficial. Ellos entienden que el protocolo empresarial es la suma de “saber ser y estar”, técnicas de marketing y astucia en comunicación. Solo hablan de protocolo si ello es rentable en términos económicos, refuerza su imagen ante su público, posiciona su marca o aumenta sus posibilidades para hacer mejores negocios. Su pregunta recurrente es “¿Me sirve?”. Si la respuesta es “no”, ya se puede imaginar dónde irá a parar el protocolo.


Por la razón anterior es por la que muchos consultores se equivocan cuando pretenden hablar a un grupo de empresarios de ordenación de banderas y establecimiento de precedencias. Para la empresa, nada de esto es rentable. El protocolo, así explicado, para un empresario, no tiene ningún valor.

En lo que se refiere al protocolo social, cabe destacar que los modos de proceder públicos son fácilmente imitables, al menos en sus aspectos más visibles. Tener éxito en ambientes sociales exigentes o en culturas diferentes a la propia exige –además de un profundo conocimiento de usos y costumbres– respeto y adaptación a nuevas circunstancias y a diferentes formas de actuación pública. Aculturación y adaptación al cambio y a nuevas perspectivas culturales van de la mano.

Como conclusión, deberemos destacar que, por encima de espacios de aplicación y personas a las que puedan afectar, el protocolo es norma de obligado cumplimiento o de libre asunción pero, al fin y al cabo, norma.


5.2. Protocolo oficial

Cuando nos referimos al protocolo oficial, lo hacemos respecto a las normas escritas de obligado cumplimiento que regulan, entre otras cosas:

 Las precedencias u orden de prevalencia de los cargos públicos en los actos oficiales.

 Los himnos nacionales.

 El uso oficial de tratamientos de honor y cortesía.

 La concesión y uso de condecoraciones oficiales.

 El uso de la bandera.

 Los honores militares que corresponden a las autoridades.

Además de los anteriores, deben incluirse en la normativa que rige el protocolo oficial cuantas disposiciones legales afecten a la organización de actos, sus participantes, la seguridad de las personas e instalaciones o el uso de toda simbología oficial.

Cabría destacar aquí que la infracción de la norma jurídica puede ser constitutiva de sanción o pena en la que pueden incurrir quienes dirigen o son responsables de los actos oficiales y no cumplen con lo determinado por la ley. Por ello es imprescindible, para quienes se dedican al protocolo, el conocimiento de las normas jurídicas. La omisión o el desconocimiento no eximen de culpa. Lo anterior es extensible para los que tienen responsabilidad en la empresa.

Con independencia del dominio del conocimiento y la forma de aplicación de las leyes, siendo el protocolo oficial la “expresión plástica del poder”, es absolutamente necesario que el responsable de protocolo de una institución oficial sepa distribuir a las personas y los elementos simbólicos con una maestría y pericia que deben ir más allá del plano estético para generar mensajes conforme a la idea de que quien es más importante, en proporción al deseo popular expresado en las urnas, ocupe siempre los puestos más destacados y obtenga más visibilidad.

Aunque más adelante se expondrán cuáles son las técnicas que permiten generar mensajes, que pueden ser explícitos o implícitos, parece oportuno mencionar ahora algunos elementos que permiten al observador conocer la importancia relativa de las personas que participan en un acto oficial.

Los factores que determinan en protocolo la mayor o menor significación de las personas son:

1 Distancia al anfitrión y a los símbolos. A menor distancia, mayor importancia.

2 Altura respecto del anfitrión. A mayor igualdad de nivel, más importancia.

3 Color del lugar donde se realiza la actividad. El color del lugar más distinguido es diferente al que ocupan la mayoría de invitados. Por ejemplo, los invitados más destacados que asisten al lugar de una celebración suelen acceder al mismo por una alfombra roja.

4 Número de personas que ocupan un mismo espacio. A menor número de personas, mayor importancia de las personas.

5.3. Las precedencias

Las precedencias, en protocolo oficial, vienen a determinar “quién va delante de quién” entre las autoridades que concurren a un acto público.

Es evidente que un ministro debe preceder a un director general y que, incluso, determinados ministros precederán a otros por su importancia relativa. Esa “importancia” viene especificada en los reglamentos de precedencias o queda establecida explícita o implícitamente por la persona que tiene capacidad legal para establecer el orden de las personas dentro de un organismo oficial. En relación con este caso, podemos afirmar que, en términos generales, es el ministro el que, dentro de su ministerio, establece las precedencias de sus directores generales, de la misma forma que un alcalde determina lo propio entre sus concejales.

Algunas normas de precedencias de países democráticos como España dejan claro que el establecimiento de las precedencias no confiere “por sí, honor o jerarquía, ni implica, fuera de él, modificación del propio rango, competencia o funciones reconocidas o atribuidas por la Ley[24]”. Desde mi modesto punto de vista, estar cerca de alguien situado a la cabeza de una organización es siempre motivo de honor y, casi por definición, el que precede, precede porque jerárquicamente está más arriba del precedido.

Para justificar lo anterior, observe el siguiente listado de precedencias que se corresponde con parte del art. 10º del R. D. 2099/1983 de 4 de agosto, por el que se aprueba el Ordenamiento General de Precedencias en el Estado de España.

1 Rey o Reina.

2 Reina consorte o Consorte de la Reina.

3 Príncipe o Princesa de Asturias.

4 Infantes de España.

5 Presidente del Gobierno.

6 Presidente del Congreso de los Diputados.

7 Presidente del Senado.

8 Presidente del Tribunal Constitucional.

9 Presidente del Consejo General del Poder Judicial.

10 Vicepresidentes del Gobierno, según su orden.

11 Ministros del Gobierno, según su orden.

12 Decano del Cuerpo Diplomático y Embajadores extranjeros acreditados en España.

13 Ex Presidentes del Gobierno.

14 Presidentes de los Consejos de Gobierno de las Comunidades Autónomas, según su orden.

15 Jefe de la Oposición.

Quien más se acerca al n.º 1, que en este caso es el Rey o la Reina, tiene más responsabilidad, jerárquicamente tiene más subordinados y, desde luego, tendrá más honores que los que le siguen.

Así que me atrevo a afirmar que las precedencias, en el ámbito oficial, confieren honor, determinan jerarquías y están íntima y directamente relacionadas con las responsabilidades que una autoridad desempeña.

Lo que queda meridianamente claro en el establecimiento de precedencias oficiales es que cada país legisla conforme a sus necesidades y sus propias preferencias. En la ordenación de las personas que ocupan los cargos públicos se puede observar la condición democrática o dictatorial de un país, la división y separación de poderes y lo avanzado de su organización política.

En protocolo oficial, alterar el orden de precedencias es muy difícil y, en este sentido, se podría hablar de un tipo de protocolo rígido, como ya hemos dicho. La tradición, la costumbre y la norma legal establecen por periodos prolongados de tiempo qué se debe hacer, cuándo y cómo. El porqué solo afecta al inicio de la redacción de los reglamentos en los que se suele dar razón para el establecimiento de los mismos mediante una exposición de motivos que provocan la aprobación de la norma.

Legislar de nuevo o modificar una norma legal requiere a veces de complejos mecanismos y consenso político. Una legislación en la que se determine quién va delante de quién, por encima de ideologías y con idea de establecer una norma perdurable, requiere el consenso y la cesión de parcelas de poder que los políticos no siempre están dispuestos a transferir. Por citar un caso, desde 1983 hasta la fecha –finales de julio del año 2015– no se ha modificado o ampliado sustancialmente la normativa legal de precedencias en España, aun cuando está completamente obsoleta y su aplicación en determinados casos es arriesgada.

La ausencia de norma, por otro lado, permite al poder ejecutivo hacer y deshacer según su conveniencia dado que, al no estar determinada la preferencia en el lugar a ocupar, siempre se puede colocar al que más convenga según las “necesidades” del momento. En este caso, la vanidad, la preferencia personal o la ideología política de quien está en el poder podrían llegar a soslayar los más elementales principios democráticos.

5.4. Criterios para el establecimiento de la precedencia

Cuando existe norma establecida que determina la preferencia en el lugar, no debiera existir mayor problema para la ordenación, siempre que no asistan al mismo acto personas con igual rango. Los problemas, sin embargo, aparecen cuando varios responsables de la misma importancia aparecen en un acto. Estos problemas se incrementan progresivamente en razón del nivel de “ego” de los asistentes.

Claro está que la validez de un criterio de ordenación o distribución tendrá una relación directa con el tipo de acto –sea oficial, empresarial o social– que se lleve a cabo. En cualquier caso, dentro de las posibilidades del jefe de protocolo y de los límites de la normativa establecida, hay que atender a las preferencias del anfitrión, que es quien usualmente preside y hace frente a los gastos derivados de la organización de un acto, particularmente los que se celebran en el ámbito empresarial y en el social.

En el ámbito oficial y empresarial, a igualdad de rango, los criterios que suelen seguirse para la ordenación de cargos, salvo norma o tradición en contra, son:

1 El de mayor antigüedad en el empleo precede al de menor antigüedad. Ejemplo: un jefe de área que ocupó su puesto en el año 2010 precede a un jefe de área que lo ocupó en el año 2012.

2 El de mayor edad precede al más joven. Ejemplo: si dos jefes de área tomaron posesión de puesto de trabajo el mismo día, el que más edad tiene precede al más joven.

3 El que más arriba se encuentra en el orden alfabético de la inicial del primer apellido, precede al que tiene una inicial situada en lugar más baja. Ejemplo: si dos jefes de área tomaron posesión de su puesto de trabajo el mismo día y tienen la misma edad –ya es difícil esta situación–, el que tiene por primer apellido Álvarez precederá al que tenga por primer apellido Zurita.

Es muy importante destacar aquí que, tanto en el ámbito oficial como en el político, a la hora de establecer precedencias, no existe el género masculino o femenino, sino el nivel de responsabilidad directamente relacionado con el cargo que se ocupa. Sin embargo, la buena educación debe estar presente en cualquier acto, siempre que ello no provoque conflicto o malentendidos. Me refiero a que es de buena educación que un joven ceda el paso a una persona mayor, aunque aquel tenga más rango que este, o que un hombre ceda el paso a una mujer.

En lo que se refiere a la precedencia en el ámbito social, está claro que, aun cuando las normas sociales no serían de obligado cumplimiento en el ámbito oficial y empresarial, la precedencia se establece así:

1 Las damas preceden a los caballeros.

2 Los mayores preceden a los jóvenes.

3 Los casados a los solteros.

Pero las precedencias se establecen no solo entre personas, sino también para los símbolos como las banderas, colegios de personas o incluso entre naciones o entidades menores, como pueden ser regiones autónomas dentro de un país.

5.5. Los criterios de precedencias en organizaciones internacionales

Nos detenemos ahora a analizar la ordenación de representantes de países en las organizaciones internacionales como la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), la Unión Europea (UE), la Unión Africana (UA) o la Comunidad Caribeña (CARICOM).

La precedencia entre organizaciones internacionales la encabeza la ONU. Las razones para ello habría que buscarlas en su importante cometido y en el número de países que la integran.

Desde mi punto de vista, el criterio más importante para la ordenación entre organizaciones internacionales es precisamente el número de países que integran las mismas y no la importancia relativa de la propia organización, que sería imposible de medir y valorar con criterios objetivos salvo en el caso de la ONU.

Pongamos un ejemplo de ordenación entre organizaciones internacionales. Si en una reunión internacional coincidieran OTAN, CARICOM, ONU, UE y UA, la posible ordenación entre las mismas quedaría así:

1 ONU: 193 países.

2 UA: 54 países.

3 OTAN: 28 países y fecha de creación 1949.

4 UE: 28 países y fecha creación 1993.

5 CARICOM: 15 países.

Los responsables oficiales de cada una de las anteriores organizaciones, así como los símbolos que respaldan su actividad política, económica o institucional, podrían quedar ordenados conforme a la forma que se ha establecido más arriba:

1 Secretario general de la ONU.

2 Secretario general de la UA.

3 Secretario general de la OTAN.

4 Representante de la UE.

5 Secretario general del CARICOM.

O teniendo en cuenta la antigüedad en el cargo de cada uno de los máximos representantes de las organizaciones según necesidades organizativas. La elección de una u otra forma de establecer las precedencias estará fuertemente influenciada por la costumbre de lo que se haya venido haciendo en anteriores ocasiones.

Por encima del criterio anterior está la prevalencia del que preside –que suele ser anfitrión– frente a los que asisten como invitados. Pero este tema lo trataremos con más profundidad en el apartado reservado a la presidencia.

Pongámonos ahora en el caso de la ordenación de países dentro de las organizaciones internacionales de las que venimos hablando. Como no podía ser de otra manera, no existe un criterio común y único para el establecimiento de precedencias en las organizaciones internacionales por muchas razones.

Llegado a este punto debería considerarse, como el mejor criterio de ordenación, el orden alfabético del nombre de los países. Si lo que se pretende es mantener a los países en el mismo plano de importancia, en busca de un equilibrio entre los mismos, ni la posición económica, ni la capacidad de influencia internacional parecen razones acertadas para establecer precedencias. De hecho, la mayoría de organizaciones internacionales ordena a las naciones integrantes conforme al orden alfabético del nombre oficial del país en el idioma inglés. Este es el caso, de la ONU y la OTAN.

La Unión Europea es un caso peculiar de ordenación alfabética dado que la precedencia se establece por el orden alfabético del nombre del país en su idioma oficial. Así, Alemania no es Germany sino Deutschland y Grecia es Hellasy no Greece, por ejemplo.

A los efectos anteriores, parece que la ISO 3166-1 alfa-3[25] podría ser la norma aceptada para la ordenación internacional de los países tomada alfabéticamente.

Finalizaremos este apartado afirmando que la precedencia en los actos oficiales sitúa espacialmente a cada cual donde le corresponde, por encima de gustos y vanidades personales, procedencia social o género. No hay práctica más democrática y que explicite mejor sus valores que el establecimiento de precedencias por cuanto, siendo todos iguales, la precedencia solo indica preferencia en el lugar en razón de responsabilidades concedidas en las urnas.

Para el buen orden y funcionamiento de cualquier acto y la presentación de la actividad política o empresarial a la sociedad, es absolutamente necesario el establecimiento de normas protocolarias y, por lo tanto, de la determinación de precedencias.

5.6. Los himnos nacionales

El himno nacional es uno de los elementos simbólicos más destacados en el protocolo oficial. La mayoría de las naciones comienzan sus actos oficiales al son de las notas musicales de su himno, que vienen a resumir e identificar el sentimiento común de una nación.

La interpretación del himno nacional[26] de cualquier nación merece ser oída con el máximo respeto y en posición personal de decoro, que tanto en hombres como en mujeres suele caracterizarse por situarse en pie, tener los pies reunidos y los brazos naturalmente caídos a los costados. En algunos países, cuando se interpreta el himno, los nacionales se llevan la mano derecha al corazón en señal de respeto.

La mayoría de los himnos tienen, no solo música, sino una letra que viene a destacar los valores nacionales. Así, por ejemplo, ocurre con el himno nacional mexicano, también denominado Mexicanos al grito de guerra, o con el himno de los Estados Unidos de América, The Star-Spangled Banner. En España, por ejemplo, el himno nacional no tiene letra oficial.

Los himnos nacionales se utilizan, en muchos casos, para rendir honores. La duración de su interpretación viene a determinar la importancia de la persona en cuyo honor se interpreta. Así, poniendo por ejemplo al Reino Unido, se recibe a la Reina con la totalidad del himno británico God Save the King, mientras que al Príncipe de Gales solo con sus seis primeros compases. Algo parecido ocurre con el himno de España, que se interpreta en su versión completa cuando se rinden honores a S. M. el Rey, y en versión breve, por ejemplo, cuando se trata del presidente del Gobierno.

Son varios los factores que deben tenerse en cuenta en la interpretación de los himnos nacionales. El más importante es, obviamente, que el himno sea el legalmente vigente.


El Presidente y Vicepresidente de EE. UU., junto a sus esposas, escuchan la interpretación del himno nacional de forma respetuosa en la Casa Blanca. (© Fotografía: www.efe.com)

Han sido sonoros –nunca mejor aplicado el calificativo– los casos en que los miembros de una nación son recibidos con himnos del pasado, que no son los oficiales de su país, o con otros que pertenecen a terceros países. Ello es debido bien a que los himnos son reproducidos mecánicamente a través de la megafonía sin comprobar su vigencia y, además, sin consultar a un músico profesional o partituras legales, o bien a la poca profesionalidad del organizador, que se limita a reproducir lo que en las búsquedas en la web se le presenta.

Lo más sencillo y efectivo para evitar errores colosales es solicitar a la embajada del país en la nación anfitriona que proporcione el himno oficial en formato digital. Aun así, es necesario asegurarse de que el técnico de sonido no se equivoca. Las consecuencias de la interpretación errónea de un himno nacional pueden colocar al borde del abismo al responsable de protocolo o, en el mejor de los casos, poner en evidencia su falta de profesionalidad.

Sirva como ejemplo de equivocaciones, con consecuencias absolutamente negativas para los organizadores, los dos casos que se detallan a continuación.

El día 26 de julio del año 2009 se entregaba, en Los Campos Elíseos de París, el trofeo de ganador del Tour de Francia al ciclista español Alberto Contador. Un fallo del técnico de sonido hizo sonar el himno nacional de Dinamarca en lugar del himno nacional de España. Los programas informáticos ordenan alfabéticamente los nombres de los ficheros y, en francés, Dinamarca y España están muy cerca, con lo que el técnico de sonido se equivocó, por unos pocos milímetros, y seleccionó el himno equivocado, con el consiguiente ridículo para la organización y sorpresa del ganador que, aun escuchando un himno diferente al suyo, mantuvo el respeto y la compostura debidos. Para compensar el desaguisado, la desastrosa organización puso el himno nacional de España cuando se entregaba un premio a un equipo de Kazajistán. Los titulares de los periódicos se cebaron al día siguiente por la “cutre organización[27]”.

Otro sonoro caso, con consecuencias de protesta diplomática, ocurrió, también, en la final de la Copa Davis que se celebraba en Australia en noviembre de 2003 y en la que participaba España. En la ceremonia de inauguración sonó el himno español de Riego, que había sido cambiado hacía décadas y es considerado un himno republicano, cuando España era y es una Monarquía Constitucional. Las consecuencias en aquel momento fueron la protesta formal del Secretario de Estado de Deporte Español y la consecuente disculpa de las autoridades australianas. Las palabras textuales del secretario de Estado español fueron: “La delegación española ha sido objeto de una ofensa y también la nación española. La protesta irá más allá de lo que es la competición deportiva y exigiremos a la Federación Internacional que abra una investigación oficial para saber cómo se ha llegado a esta situación, una ofensa intolerable en una final de tanta trascendencia deportiva[28]”. Lo anterior da idea de la importancia que tienen para los nacionales la correcta interpretación de su himno nacional y las graves consecuencias que implica no mantener bajo control hasta el más mínimo detalle de la organización de un acto.

Por último, el orden en la interpretación de los himnos cuando a un acto concurren varios países es también muy importante. Cabe destacar que el orden que normalmente se establece es el que se constituye para los países participantes, si se trata de una organización multinacional.

Para el caso de que una nación reciba oficialmente a un Jefe de Estado de otro país –en lo que se denominan formalmente Visitas de Estado–, el primer himno que debe sonar es el del país visitante, interpretándose, a continuación, el de la nación anfitriona. Para la despedida se interpretarán los himnos al contrario. Es decir, en primer lugar sonará el himno de la nación anfitriona, al que seguirá el himno del país visitante.

5.7. El uso de tratamientos de honor y cortesía

El uso de tratamientos ha sido una herramienta utilizada en el pasado por la nobleza, la diplomacia y la oligarquía para diferenciarse y distanciarse del resto de la sociedad. La utilización de un tratamiento marcaba una distancia que se convertía en barrera infranqueable y que aislaba al que tenía derecho a tratamiento respecto del que no podía utilizarlo. Eran, entonces, los tratamientos, una forma de advertir quién tenía más poder.

En nuestros días, el uso de tratamientos honor se concede a los que por méritos o sus altas responsabilidades son merecedores de los mismos. Ello les distingue y les honra porque se premia su contribución personal a la sociedad. Es el caso de los Diputados y Senadores españoles quienes, por tener esta condición ganada en las urnas, utilizan el tratamiento de Excelentísimo Señor aunque en el escaño se traten de Señoría.

Los tratamientos se utilizan con dos funciones fundamentales:

 Cortesía. Son tratamientos que facilitan la relación personal y que demuestran la consideración del que los menciona, bien por escrito, bien de forma verbal.El tratamiento de cortesía que se expresa verbalmente explicita respeto y aprecio público a una persona. El que se expresa por escrito tiene la misma significación pero obviamente la estima deja de ser pública para ceñirse al ámbito privado.Hablar a una persona de usted, aun cuando esté bajo nuestra responsabilidad y ofreciéndonos un servicio, es obligado en nuestros días. Los tratamientos de cortesía se utilizan, desde mi punto de vista, por respeto y son potestativos, es decir, se utilizan o no, con criterios personales. Sin embargo, la omisión de los mismos, en especial cuando se utilizan en público, puede constituir una falta de urbanidad gravísima y de consecuencias significativas, muy especialmente si se lleva a cabo en países en los que el tratamiento de cortesía es una exigencia para el éxito social o cuyo uso se entiende como un mérito alcanzado.En la mayoría de los idiomas existen fórmulas gramaticales y estructuras sintácticas especialmente utilizadas para demostrar cortesía. En castellano, la palabra “usted” es la más utilizada como tratamiento de cortesía cotidiano.

 Honor. La diferencia esencial entre tratamientos de honor y cortesía estriba, precisamente, en el ámbito de utilización del propio tratamiento. Los tratamientos de honor son concedidos para hacer ver a los demás los méritos que ha contraído el que hace uso de los mismos.En especial, en toda Iberoamérica son considerados tratamientos de honor el título correspondiente a las metas académicas alcanzadas. Así, se debe tratar de Licenciado, Arquitecto o Ingeniero seguido del nombre y primer apellido a quienes hayan alcanzado estas cotas académicas. Veamos un ejemplo. Si, hablando con otra persona, quiero referirme a una tercera que es licenciado lo haré diciendo: “El Licenciado Felipe Rodríguez me indicó…”. Obvio mencionar la obligación de referirse a su grado académico si la persona a la que nos dirigimos es Doctor (PhD).Otros tratamientos de honor son utilizados como consecuencia de la concesión del mismo por una persona o institución que tiene derecho y potestad para ello. Son tratamientos de honor, por ejemplo, los que van anejos a la concesión de determinadas condecoraciones que otorga un Estado. Sirva para corroborar lo anterior que la concesión del collar de la Orden española de Carlos III lleva incorporado el derecho al uso del tratamiento de Excelentísimo[29].Collar de la Orden de Carlos III (© Fotografía: Heralder Vía Web - CC BY-SA 3.0)Al contrario de los tratamientos de cortesía que, como hemos dicho anteriormente, son potestativos, el uso de tratamientos de honor es de obligado cumplimiento por cuanto normalmente están ligados a disposiciones legales que regulan su uso.

Francisco López Nieto y Mayo[30] distingue dos tipos de tratamientos honoríficos: los tratamientos tradicionales, referidos a los cargos públicos, y los de carácter especial, que son de aplicación a los miembros de las familias reales y a los del orden eclesiástico.

Para facilitarle la comprensión sobre el uso de los mismos, indicamos los tratamientos más utilizados en la actualidad en lengua castellana.

Los usos y costumbres han simplificado enormemente los tratamientos oficiales con el paso del tiempo. Independientemente de los reservados a la monarquía y la iglesia, podríamos reducir los tratamientos en orden jerárquico, a tres: Excelentísimo/a Señor/a, Ilustrísimo/a Señor/a y Señor/a Don/Doña.

No obstante, para ayudarle, se relacionan a continuación los tratamientos que llevan asociados algunos cargos políticos, judiciales, diplomáticos, de la nobleza o eclesiásticos. Algunos están respaldados por la legalidad vigente, mientras que otros están sustentados en la costumbre:

1 Tratamientos a la monarquía y la nobleza.Emperador: Majestad Imperial (M. I.). Vuestra/Su Majestad Imperial (V. M. I./S. M. I.)Rey o Reina: Majestad. Vuestra/Su Majestad (V. M./S. M.). Señor (En España)Príncipes/Infantes: Alteza Real. Vuestra/Su Alteza Real (S. A. R.)Grandes de España: Excelencia. Vuestra/Su Excelencia (V. E.)Duques: Egregio y Excelentísimo Señor.Marqueses y Condes: Excelencia. Excelentísimo Señor.Vizconde y Barón: Ilustrísimo. Ilustrísimo Señor.Señor (Título Nobiliario): Señoría.

2 Tratamientos a autoridades[31] del Gobierno y diplomáticas[32].Jefe de Estado o Gobierno: Excelencia. Excelentísimo Señor.Ministros: Excelencia. Excelentísimo Señor.Presidente de cámaras parlamentarias: Excelencia. Excelentísimo Señor.Tribunal Constitucional: Excelencia. Excelentísimo Señor.Secretarios de Estado: Excelencia. Excelentísimo Señor.Subsecretarios, secretarios generales y directores generales: Señoría ilustrísima. Ilustrísimo Señor.Embajadores, jefes de misión diplomática y ministros plenipotenciarios de 1ª y 2ª clase: Excelencia. Excelentísimo Señor.Ministros plenipotenciarios de 3ª clase y Consejeros: Señoría Ilustrísima.Secretarios de Embajada de primera y segunda clase: de Señoría.

3 Tratamientos académicos[33].Rectores: Magnífico/a Rector/a.Decanos y demás cargos: Señor/a.

4 Fuerzas Armadas:Generales: Excelentísimo/a Señora/a.Coroneles: Ilustrísimo. Ilustrísimo Señor.

5 Tratamientos religiosos de las principales religiones.Iglesia católica:Papa: Su Santidad. Beatísimo Padre.Cardenales: Eminencia, Reverendísimo, Eminentísimo y Reverendísimo Sr.Arzobispos: Excelentísimo y Reverendísimo.Obispos y Abades Mitrados: Ilustrísimo y Reverendísimo.Canónigos: Señoría.Párrocos: Reverencia o Reverendo Señor.Iglesia Anglicana:Arzobispo de Canterbury y York: Su Gracia.Obispos: Lord.Canónigos: Sir.Sacerdotes: Reverendo.Iglesia Judía:Gran Rabino: Excelencia.Rabino: Reverendo Señor.Religión musulmana:Líderes religiosos: Imán.Iglesia OrtodoxaPatriarca: Su Beatitud.Pope: Reverendo y Monseñor.

Ni que decir tiene que, ante la duda, es preferible excederse y usar el tratamiento de mayor categoría que quedarse corto y utilizar el de menor nivel.

Me permito, finalmente, hacer mención al Código del Buen Gobierno[34] del año 2005, promovido por el Gobierno de España que presidia José Luís Rodríguez Zapatero. En él se determinaba, entre otras, “[…] que los poderes públicos ofrezcan a los ciudadanos el compromiso de que todos los altos cargos en el ejercicio de sus funciones han de cumplir no solo las obligaciones previstas en las leyes, sino que, además, su actuación ha de inspirarse y guiarse por principios éticos de conducta […]”. Pues bien, para alcanzar esa meta, se establecía en el art. 3.8 de dicho código que “El tratamiento oficial de carácter protocolario de los miembros del Gobierno y de los altos cargos será el de señor/señora, seguido de la denominación del cargo, empleo o rango correspondiente”. Esta ridícula normativa, desde mi punto de vista, hizo que, por ejemplo, con ocasión de la visita de un Jefe de Estado a España el tratamiento del mismo fuera de “Excelentísimo Sr. Presidente” mientras que el de su homólogo español era “Señor Presidente”. Se dio la paradoja, también, que el Ministro de Defensa tenía como tratamiento el de “Señor Ministro de Defensa” mientras que el de cualquier General, sometido a las órdenes de aquel, era por determinación legal, “Excelentísimo Señor…”.

Este Código del Buen Gobierno trajo numerosos problemas a los organizadores de actos cuando, por ejemplo, en una mesa presidencial concurrían miembros que tenían derecho al uso de tratamiento en razón de cargo o mérito y algún alto responsable del Gobierno que pretendía quitar a los demás el tratamiento que les correspondía legalmente. La vanidad personal de estos se enfrentaba frontalmente al derecho de aquellos y todo salpicaba –como siempre– al jefe de protocolo que, como en mi caso, aplicaba la norma legal para los dos. Es necesario recurrir, para aumentar la comprensión de lo anterior, a la famosa cita “Al cesar, lo que es del Cesar y a Dios, lo que es de Dios”, para comprender que es un error mayúsculo anular los tratamientos en democracia, dado que el que puede hacer uso de ellos lo hace por méritos adquiridos ante la sociedad que los concede.

5.8. La concesión y uso de condecoraciones oficiales

Es imposible describir y resumir los reglamentos, la concesión y el uso de las condecoraciones que los Estados, sus entidades subordinadas y los poderes legislativo y judicial han creado para premiar los méritos y hechos destacados de manera individual o colectiva

Una aproximación a lo que se viene denominando Derecho Premial nos lleva, en primer lugar, a definir qué es una condecoración. El Diccionario de la Real Academia de la Lengua define condecoración como “Cruz, venera u otra insignia semejante de honor y distinción”. De la definición se deduce claramente que no existe condecoración sin que el que la concede tenga clara intención de premiar, dar honor y distinguir a quien es merecedor de la misma. Estar en posesión de una condecoración implica mérito contraído y responsabilidad asumida, y en ello radica, precisamente, la razón de ser de la misma. Las condecoraciones son creadas para premiar actitudes, virtudes y valías personales, profesionales o institucionales.

Las condecoraciones son concedidas conforme a los estatutos de una Orden o “instituto civil o militar creado para premiar por medio de condecoraciones a las personas beneméritas[35]”.

Así pues, la condecoración es el premio, mientras que la Orden es un grupo humano que se agrupa bajo un marco normativo –los estatutos de la Orden– aceptados por sus miembros. Las órdenes pueden ser civiles o militares, según dependan del ministerio de Defensa o del resto de los ministerios.


Placa, miniatura, pasador e insignia de solapa de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo. Esta condecoración llevaba aparejada el tratamiento de “Señoría”.

Dentro de las órdenes existen categorías o grados de condecoraciones y, si están concedidas por los Estados soberanos o autoridades competentes, pueden llevar anejas el uso de un tratamiento de honor específico, como ya se indicó con anterioridad. Veamos algunos ejemplos.

En Chile, la Orden al Mérito, que fue creada para premiar a miembros de ejércitos extranjeros, tiene en la actualidad seis grados:

1 Collar

2 Gran Cruz

3 Gran Oficial

4 Comendador

5 Oficial

6 Caballero

Los grados de la mayoría de las condecoraciones están asociados normalmente al rango de las personas a quienes les son concedidas.

En Argentina, la Orden del Libertador San Martín premia a los funcionarios civiles o militares extranjeros en el ejercicio de sus funciones y tiene, también, seis grados con igual denominación que los especificados para la Orden al Mérito de Chile.

Nos detendremos un poco más a analizar la más importante Orden civil en España, la Orden de Carlos III[36], para hacer un estudio más pormenorizado de cada uno de los grados. Estos son:

1 Collar. Se concede fundamentalmente a los miembros de la Familia Real española y Jefes de Estado y Gobierno. Lleva aparejado el tratamiento de excelentísimo. Los herederos de los que hayan sido premiados con el Collar, deben devolverlo al Estado español tras la muerte del titular.

2 Gran Cruz. Reservada a los presidentes del Congreso y Senado, presidentes del Tribunales Constitucional y Supremo y ministros, entre otros. El tratamiento de quienes estén en posesión de la Gran Cruz es, también, de excelentísimo. El número de grandes cruces está limitado a 100, con alguna excepción.

3 Encomienda de número. Se concede a quienes hayan prestado notables servicios a España y, además, tengan la Encomienda con una antigüedad de más de tres años. El tratamiento es de ilustrísimo y el número de personas vivas a las que puede estar concedida es de 200.

4 Encomienda. Se concede a quienes hayan prestado notables servicios a España y, además, tengan la Cruz con una antigüedad de más de tres años. No tiene limitación de número ni tratamiento de honor asociado.

5 Cruz. El acceso a la orden se produce con esta condecoración, que no tiene límite de concesiones.


Anverso y reverso de la Cruz de Carlos III (© Fotografía: media.liveauctiongroup.net)

Dependiendo del grado de la condecoración, su colocación varía. Así, el collar se lleva por encima de todas las prendas, sobre los hombros. En España, la banda se lleva desde el hombro derecho al costado izquierdo. La encomienda se lleva en el cuello, la cruz en el lado izquierdo del pecho, sobre el bolsillo, y la placa sobre el bolsillo izquierdo de la chaqueta. La distribución de condecoraciones sobre la indumentaria se puede observar más adelante.

5.9. Los casos del Toisón de Oro y la Orden de la Jarretera

Tanto la Insigne orden del Toisón de Oro (España) como la Orden de la Jarretera (Reino Unido) –“The Most Noble Order of the Garter”– son órdenes de familia o dinásticas y no condecoraciones de Estado. La consecuencia legal de ello es que, mientras las condecoraciones oficiales las otorgan los gobiernos, las órdenes de familia a que hacemos mención son concedidas por sus Grandes Maestres o Soberanos, que las asignan según su criterio. En el caso del Toisón de Oro, el Gran Maestre es S. M. el Rey de España. La Soberana de la Orden de la Jarretera es la Reina de Inglaterra.

Estas dos órdenes son quizá las más importantes y prestigiosas en el mundo. Los factores que hacen a estas órdenes las más apreciadas del orbe son las personas –reyes– que las conceden, la antigüedad de las mismas, así como el número limitado de concesiones.

Para el caso de la Orden de la Jarretera, el número máximo de miembros es de veinticuatro (24). El tratamiento de honor para los hombres es el de Compañeros Caballeros, mientras que para las damas es el de Señoras Compañeras. Fuera de la limitación de número anterior se encuentran los miembros supernumerarios, denominados Caballeros y Damas Reales, que son tratamientos de honor reservados a la Familia Real Británica. A ellos se suman los Caballeros y Damas Extranjeros, títulos reservados a los monarcas de otros países.

La Orden del Toisón se creó con posterioridad a la Orden de la Jarretera y se inspiró en esta. Felipe III de Borgoña la creó en 1429. En principio tenía, también, un número limitado de caballeros, que se amplió con el paso del tiempo. Para pertenecer a la misma había que profesar la fe católica. De hecho, Fernando VII solicitó el permiso papal para conceder esta distinción al duque de Wellington, primer no católico que la recibió.

Lo curioso de esta Orden es que existen dos ramas de la misma, el Toisón de Oro de España y el Toisón de Oro de Austria, que se escindieron. En la actualidad, el Gran Maestre de la rama española es Felipe VI, mientras que el de la rama austríaca es el archiduque Otto de Habsburgo, Jefe de la antigua Casa Imperial de Austria.


Insignia de Gran Maestre de la Orden del Toisón de Oro (© Fotografía: Alexeinikolayevichromanov Vía Web - CC BY-SA 4.0)

5.10. El uso de la bandera nacional

Las banderas oficiales representan e identifican a las naciones. La ciencia que estudia las mismas se conoce como vexilología.

Dejaremos de un lado definiciones más o menos sentimentales y patrióticas para centrarnos en su tipología y la forma en que deben ser utilizadas.

Dada su importancia simbólica, su significado y lo que representan, las banderas preceden incluso a los Jefes de Estado y merecen tanto el máximo respeto como los máximos honores militares y civiles. Su lugar de colocación debe ser destacado y, cuando se encuentren con otras banderas, deben ser agrupadas respecto de sólidos criterios de prelación que permitan evitar que alguna de ellas destaque sobre otra cuando el rango es el mismo.

Por ejemplo, cuando se encuentran dos o más banderas nacionales, un criterio muy común de ordenación es la ordenación alfabética. Ni el tamaño, ni la altura a la que están colocadas deben diferenciar a unas banderas de otras, de manera que todas ellas reciban el mismo tratamiento y respeto, cuando tienen el mismo rango.

Es muy importante advertir que nunca deben ser modificados los colores, los escudos oficiales que contienen ni las proporciones de las mismas, que están reguladas por Ley[37]. Mucho menos se deben incluir elementos no determinados por la legalidad.

Las partes de una bandera son muy importantes por cuanto tienen diferentes empleos.

1 Paño: es la tela con la que está confeccionada la bandera.

2 Mástil: soporte de la bandera.

3 Moharra: es la punta con forma de lanza que tienen los mástiles de banderas de interior, en su extremo superior, además de las banderas que son portadas por miembros de unidades militares. Los mástiles de banderas exteriores no tienen moharra. Es sobre la moharra sobre la que se colocan lazos negros o corbatas en señal de luto. Nunca sobre el paño.

4 Regatón: es una terminación metálica para apoyar el mástil de la bandera, en su parte inferior, que es portada por miembros de unidades militares o que tienen las banderas de interior.

5 Corbata: es un lazo que se coloca en la base de la moharra y que normalmente representa una condecoración otorgada o, en el caso de ser un lazo negro, la representación del luto declarado oficialmente.

6 Tahalí-Cuja: es donde se apoya el regatón cuando la bandera es trasladada por miembros de unidades militares.

En cuanto a su forma y función, se pueden destacar dos tipos fundamentales de banderas:

 Banderas de driza[38]: son las que se atan a una cuerda que, a su vez, está sujeta a un mástil, de manera que puedan ser arriadas e izadas conforme aparezca o desaparezca el sol.Esta circunstancia del izado y arriado, que se ejecuta respectivamente cuando sale y se pone el sol, tiene especial significado porque, una vez arriada la bandera, en el ocaso del día, no se rinden honores militares. Merece la pena destacar que la bandera nacional debe ser izada con rapidez y arriada con lentitud.Bandera de España para driza, izada.

 Banderas de enastar: las banderas de enastar son las banderas que son portadas por personas –normalmente oficiales de los ejércitos– o utilizadas en el interior de edificios. En lugar de ser atadas a una cuerda, se sujetan a un mástil directamente, lo que permite manejarlas.Bandera de España de enastar para interior

Mención aparte merecen los estandartes que son insignias que usa la caballería. Al contrario que las banderas –que suelen ser rectangulares–, los estandartes son cuadrados. Su significado, valor y el respeto que se debe mostrar por ellos es el mismo que el que le corresponde a la bandera.

Se denomina también estandarte a las banderas que son izadas en barcos o los lugares en los que están presentes los Jefes de Estado. Estos estandartes contienen las armas o blasones heráldicos que corresponden al Jefe de Estado. Su función es meramente localizadora de la autoridad.


Estandarte de S. M. el Rey D. Felipe VI 39(© Fotografía: Heralder Vía Web - CC BY-SA 3.0)

Los estandartes, en forma de banderín, se llevan también, en los vehículos de autoridades para distinguirlos.


En primer término, el estandarte de S. M. el Rey, en forma de banderín, sobre el vehículo de representación que les traslada al Parlamento para su proclamación como rey. (© Fotografía: www.casareal.es / Casa de S.M. el Rey / Borja Fotógrafos)

No entraremos aquí a describir los saludos militares a la bandera, como puedan ser los saludos a la voz o al cañón, que trataremos más adelante. No obstante, sí es necesario conocer que los honores a la bandera nacional son siempre los máximos. En España los custodios de la bandera nacional son las Fuerzas Armadas y a ellas corresponde rendir honores a la misma. Dichos honores quedan reflejados en el Real Decreto 684/2010, de 20 de mayo, por el que se aprueba el Reglamento de Honores Militares, en el que también están especificados los honores militares que se han de rendir a las altas autoridades del Estado nacionales y extranjeras.

Los militares conocen perfectamente qué se debe hacer para recibir y despedir la bandera. No ocurre lo mismo con el público en general. En lo que se refiere a personas no uniformadas, lo más importante que se debe conocer respecto al saludo a la bandera nacional de cualquier país es lo siguiente:

1 Todos los actos en los que la bandera nacional es escoltada por miembros de las Fuerzas Armadas o uniformadas deben ser considerados solemnes. Se requiere, por ello, un especial código de indumentaria, tanto para uniformados como para los que no lo son.

2 La bandera nacional es recibida por el público en pie y en silencio desde el momento en que suenen los acordes del himno nacional.

3 Si la bandera nacional, en su movimiento, pasase por delante de los espectadores, sea cual fuere su condición, se inclinará la cabeza tres metros antes de su paso por el frente y se mantendrá inclinada hasta tres metros después de que la bandera hubiese sobrepasado el frente del espectador.

4 Si la bandera nacional permaneciese inmóvil y los espectadores tuvieren que pasar delante de la misma, pararán a su altura, le darán frente y la saludarán con una inclinación de cabeza. Finalizado el gesto, continuarán su camino.

5 La bandera es despedida de la misma forma en que es recibida, es decir, en pie y en silencio.

Finalmente, merece la pena señalar que hay naciones que tienen regulados absolutamente todos los aspectos relacionados con el uso de la bandera y sus himnos nacionales y que contemplan gran variedad de la casuística que rodea el uso de la simbología nacional.

Entre las naciones que han desarrollado normas completas para el uso de las banderas nacionales es obligado destacar a los EE. UU., que llegan a regular desde el modo en que se ha de plegar la bandera hasta el lugar donde se colocan las miniaturas que la representan en la indumentaria de hombres y mujeres. Así, sus normas establecen, por ejemplo, que las insignias que representen a la bandera pueden llevarse en la solapa, al ser consideradas réplicas, “cerca del corazón40”. Además, se prohíbe expresamente poner sobre la bandera marcas, insignias, letras, palabras, números, figuras o dibujos. El ceremonial para su plegado y custodia, así como los lugares donde se puede colocar e incluso la forma de destruirla, quedan reflejados en “The United States Flag Code”, contenido en Capítulo 1 del Título 4 de su Código Civil, y que es muy recomendable leer por lo explícito y detallado de su redacción.

5.11. El protocolo oficial y su aplicación en la empresa

Hay un aspecto del protocolo de empresa que es obligado destacar y que tuve el honor de defender en el Foro Profesional para el estudio del R. D. 2099/83, de 4 de agosto, que regula las precedencias en España. La Federación Española de Municipios y Provincias de España nos convocó a ese encuentro a profesionales del protocolo oficial y empresarial con la finalidad de intentar enriquecer la normativa existente o promover otra nueva. Yo defendí el derecho que tiene la empresa a ordenar a sus cargos y a sus invitados –sean cargos públicos o no– como a su derecho convenga y sin tener en cuenta la norma oficial. Basé mis argumentos en la propia norma oficial española, que establece las precedencias solo para actos oficiales, no para los actos de empresa o sociales.

En España, el Real Decreto 2099/83 de precedencias –en vigor en el momento de la publicación de este libro– especifica en su art. 1º: “El presente Ordenamiento general establece el régimen de precedencias de los cargos y entes públicos en los actos oficiales”. No da lugar, entonces, a que una empresa tenga la obligación legal de ordenar a sus invitados conforme establece una norma de cuyo ámbito de aplicación la empresa está, desde el principio y por indicación de la propia norma, excluida.

Aun cuando no cabe la menor duda de que en España la norma oficial de precedencias no es de aplicación en la empresa, la mayoría de las empresas la asumen y lo más usual es que se respete la precedencia entre cargos públicos cuando asisten a actos no oficiales.

Lo mismo ocurre en Argentina, en cuyo Decreto 2072/1993 se establece que el ámbito de aplicación de la lista de precedencias lo es en “[…] todos los actos, recepciones y ceremonias de carácter público y oficial“, quedando excluidos, por lo tanto, los actos de carácter empresarial o los sociales.

Caso diferente es, por ejemplo, el orden de precedencias que se establece en los Estados Unidos de Norteamérica41, en cuya norma se dispone que el orden de los cargos lo es también para los actos sociales.

Desde mi punto de vista, dando por sentado que la precedencia solo debería indicar preferencia en el lugar, son dos las ventajas destacables de la lista de precedencias de los EE. UU.:

1 La elaboración de la lista de precedencias es competencia del Presidente de los EE. UU. Por lo tanto, en cada legislatura puede ser modificada y, en su caso, mejorada y enriquecida tantas veces como sea necesario. El Presidente siempre tiene en su mano la posibilidad de adelantar o retrasar en el ordenamiento a los responsables políticos e incluso a los de determinadas instituciones no oficiales.A priori, esta posibilidad de cambiar precedencias según preferencias del Jefe del Estado parecería difícil de digerir desde el punto de vista democrático pero la legitimidad la dan las urnas y al cargo de Presidente de los EE. UU. se llega, precisamente, por medio de ellas.

2 Su aplicación es universal. Es decir, allá donde se encuentren dos o más componentes de la lista de precedencias, deben ser ordenados conforme a lo especificado en la misma. En EE. UU., las precedencias afectan a los miembros civiles del gobierno, a los militares y a algunas figuras que nada tienen que ver con las estructuras de poder ejecutivo. La norma de precedencias se aplica tanto en actos oficiales y empresariales como en los sociales y, además, no solo tienen validez interna, sino que se ponen en práctica fuera de la nación, también.

5.12. Protocolo empresarial

Caso diferente del protocolo oficial es el del protocolo empresarial. Mientras que aquel tiene por finalidad la de escenificar y trasladar la imagen institucional pública a la sociedad, el protocolo empresarial está asociado al principal objetivo empresarial: ganar dinero. Es por ello que toda acción pública debe estar supeditada a la consecución de este fin y, con las limitaciones de la ética profesional y lo establecido por la legislación vigente, la flexibilidad de procedimientos y modos de actuación debe marcar el rumbo de la puesta en escena de cualquier acto empresarial y la actuación de sus profesionales.

Tan flexible es el protocolo empresarial que la mayoría de las grandes empresas no han llegado a determinar o establecer precedencias empresariales y procedimientos, de forma explícita, para la organización de sus actos. Es sencillo entender este modo de proceder porque lo que hoy es muy importante para la empresa, mañana deja de serlo. Frente a la rigidez del protocolo oficial, el empresarial es absolutamente flexible.

La movilidad y el refresco constante de personas y estructuras orgánicas, entre otros factores, hacen que el establecimiento de precedencias sea objeto difícil de alcanzar, con independencia del escaso rendimiento económico y lo absurdo que resulta, a veces, establecer precedencias empresariales.

No obstante, algunas corporaciones han observado la necesidad de unificar criterios en materia de organización de actos de forma que la acción comunicativa siga una misma dirección y sentido de actuación. Se tiende ahora al establecimiento de procedimientos válidos para todos los departamentos de manera que cualquier acción mediática que se produzca lleve, hasta el posible cliente, los mensajes clave que a la empresa importan, con independencia del área de la misma que los organice.

Lo realmente importante para una empresa es proyectar su imagen adecuadamente para comunicar las bondades de sus productos y ampliar sus mercados.

Por otro lado, parece que el conocimiento de las normas sociales y su protocolo de actuación son necesarios para satisfacer las necesidades de clientes y negociar con éxito con personas de otras culturas. Al razonamiento anterior se añade la internacionalización empresarial y los procesos de globalización, que han hecho que la mayoría de las medianas y grandes empresas incluyan en sus programas formativos materias como la organización de actos empresariales y el estudio de las conductas de éxito en relación con otras culturas que ayuden al éxito de los negocios.

Cabe destacar que las grandes empresas actúan, en lo que a protocolo se refiere, de una forma compartimentada. Las direcciones generales y las secretarías generales siempre cuentan, en sus estructuras operativas, con empleados especializados en la organización de actos que operan de forma descentralizada e independiente. Tanto es así, que los jefes de protocolo lo son de los consejeros delegados o presidentes y no tienen, en general, potestad para coordinar, dirigir o siquiera aconsejar en los actos que organizan otros departamentos diferentes y quizá subordinados al suyo.

Es en lo más alto de la pirámide empresarial donde se exige una mayor formación, experiencia y, por tanto, especialización en materia de protocolo.

En la mayoría de los casos, las empresas no disponen de gabinetes especializados en protocolo, sino que los empleados competentes en la técnica protocolaria pertenecen a los gabinetes de prensa, relaciones públicas, relaciones institucionales o marketing. El protocolo comparte objetivos con estas cuatro importantes áreas de la organización empresarial y el responsable de alguna de ellas suele ser, también, el jefe de protocolo.

Al protocolo empresarial, por tanto, le afectan:

 La normativa relacionada con el protocolo oficial. Los políticos atraen prensa y la organización de actos empresariales con la presencia de responsables políticos es una de las formas de minimizar gastos en actos promocionales.

 Las técnicas de organización de actos que utiliza el protocolo oficial. Si la misión del protocolo oficial es presentar de modo adecuado el poder político a la sociedad, en el protocolo empresarial la organización de actos tiene por objeto vender su imagen y sus productos, así como mejorar la percepción de clientes y atraer a futuros compradores.

 La comunicación empresarial. La colaboración con los responsables de comunicación de la empresa debe ser estrecha para sumar fuerzas que actúen en el mismo sentido.

 Las relaciones públicas y las relaciones institucionales, así como la atención a clientes estratégicos.

5.13. Protocolo social

El protocolo social, después de muchos años en los que ha sido despreciado, ha comenzado a ocupar un papel importantísimo como herramienta para el éxito en las relaciones entre personas. Es tan importante que hasta los que lo desprecian, sin darse cuenta, establecen las reglas “protocolarias” que rigen sus propias relaciones sociales. La convención social de determinados grupos –el acuerdo no escrito relacionado con determinados comportamientos– ha establecido las pautas de actuación social de los que se relacionan a través de las redes sociales y fuera de ellas, por ejemplo. Cada sociedad, cada grupo humano que comparte intereses, establece unas formas de proceder que refuerzan la cohesión y el sentimiento de pertenencia al grupo.

Con anterioridad he afirmado que el protocolo es una herramienta para el éxito en cualquier tipo de relación. No cabe la menor duda de que, en mayor o menor medida, la cercanía personal demostrada en los primeros momentos de la relación –lo que se denomina primera impresión– deja huella y refuerza positiva o negativamente los vínculos iniciales que se establecen y que permitirán alcanzar el triunfo o estrellarse inmediatamente después del primer saludo.

Desde luego, son muchos los directivos y ejecutivos empresariales que desean y necesitan formarse en protocolo social e intercultural. Valoran muy especialmente las herramientas que les permiten adaptarse a otras culturas y establecer relaciones eficaces, fuertes y duraderas. Numerosos son, también, los políticos que ven como el protocolo social es un potente instrumento que fortalece la imagen pública de los candidatos o es capaz de sumar adeptos y votantes.

Así pues, tanto en el ámbito empresarial como en el institucional público, para emprender relaciones sociales ventajosas, se hace imprescindible la adaptación al contexto cultural y, por lo tanto, es indispensable un profundo conocimiento de las pautas culturales ajenas, así como la aceptación de las mismas por encima de gustos y apetencias personales.

[1] Jorge J. Fernández y Vázquez. “Antecedentes históricos del protocolo y su influencia a través de la historia en los Estados, en la sociedad y en la política en España y Europa”. Anuario Jurídico y Económico Escurialense. XLV (2012) 737-754 /ISSN:1133-3677

[2] http://www.historiaclasica.com/2007/05/el-cdigo-de-hammurabi.html

[3] http://www.historiaclasica.com/2007/06/el-cdigo-de-hammurabi-leyes-101-150.html

[4] Hammurabi’s Code of Laws Traducción de L. W. King

[5] “La Biblia: Primer Manual de Usos y Costumbres en la mesa” http://www.protocolo.org/social/ la_mesa/la_biblia_el_primer_manual_de_usos_y_costumbres_en_la_mesa.html.

[6] Lucas 14,1. 7-11

[7] http://nurelislam.com

[8] Transmitido por Al Bujâri y Muslim

[9] Transmitido por Al Bujâri y Muslim

[10] Transmitido por Ahmad y Al Bazzâr.

[11] http://nurelislam.com/Su-Cuerpo#_ftn1

[12] Barquero, Daniel; Ramos, Fernando; Medina Manuel. Protocolo y relaciones Públicas en la sociedad pluralista, Ed. Furtwangen, 2013.

[13] Felio A. Vilarrubias. Tratado de Protocolo de Estado e Internacional, Ed. Nobel, 2000.

[14] Carmen Cuadrado Esclapez. Protocolo y Comunicación en la empresa y los negocios 3ª Ed. 2003.

[15] José Daniel Barquero; Fernando Fernández. Los secretos del protocolo, las relaciones públicas y la publicidad. Ed. Lex Nova, 2007.

[16] Diccionario RAE Protocolo: “Regla ceremonial diplomática o palatina establecida por decreto o por costumbre”.

[17] “Carácter y eficacia jurídica de las normas de Protocolo”. Curso de Verano de la UNED 2014. “Adecuación del protocolo a la realidad social: normas, usos y costumbres”.

[18] En España, por ejemplo, las precedencias oficiales están reguladas por Real Decreto 2099/1983, de 4 de agosto, por el que se aprueba el Ordenamiento General en el Estado.

[19] En México, el uso de símbolos patrios está reglamentado en la Ley sobre el Escudo, la Bandera y el Himno Nacionales. Última Reforma DOF 16-04-2014.

[20] Sabino Fernández Campo. Prólogo al Tratado de Protocolo de Estado e Internacional, Ed. Nobel, 2000.

[21] Información transmitida por una institución pública o privada, con la finalidad de crear un clima favorable a sus objetivos, que es dada a conocer total o parcialmente por un medio de comunicación sin que esta acción implique gasto directo en publicidad.

[22] “Primero aprende las reglas. Luego rómpelas”. Traducción del autor.

[23] Vidas Paralelas. Mestrio Plutarco (c 50-c 120).

[24] Art. 1.2 Real Decreto 2099/1983, de 4 de agosto, por el que se aprueba el Ordenamiento General de Precedencias en el Estado en España.

[25] http://countrycodes.co/country-codes/iso-3166-1-alpha-3/

[26] En España, la interpretación del Himno Nacional está regulada por el Real Decreto 1560/1997, de 10 de octubre.

[27] http://www.marca.com/2009/07/26/ciclismo/tour_francia/1248625187.html

[28] http://deportes.elpais.com/deportes/2003/11/28/actualidad/1070007714_850215.html

[29] Art. 13 Real Decreto 1051/2002 de 11 de octubre, por el que se aprueba el Reglamento de la Real y Distinguida Orden Española de Carlos III.

[30] Francisco López Nieto y Mayo. Manual de Protocolo. 2ª Edición. Ed. Ariel. Barcelona.

[31] Por tradición y costumbre, cuando uno de los cargos oficiales o militares deja de serlo, conserva el tratamiento para sí y para su esposa.

[32] Art 33. del Decreto de 15 de julio de 1955 por el que se aprueba el Reglamento Orgánico de la Carrera Diplomática en España.

[33] Referidos exclusivamente a España. Ley Orgánica 4/2007, de 12 de abril, por la que se modifica la Ley Orgánica 6/2001, de 21 de diciembre, de Universidades.

[34] Orden APU/516/2005, de 3 de marzo, por la que se dispone la publicación del Acuerdo del Consejo de Ministros de 18 de febrero de 2005, por el que se aprueba el Código de Gobierno y de los altos cargos de la Administración Pública.

[35] http://lema.rae.es/drae/?val=orden

[36] El reglamento de la Real y Militar Orden Española de Carlos III fue aprobado por Real Decreto 1051/2002, de 11 de octubre.

[37] En España, el uso de la bandera está regulado por la Ley 39/1981, de 28 de octubre.

[38] Estas banderas son conocidas comúnmente como banderas de “endrizar”.

[39] El estandarte de S. M. el Rey D. Felipe VI fue creado por Real Decreto 527/2014, de 20 de junio.

[40] Sic: “Flag lapel pins may also be worn (they are considered replicas) and are worn near the heart”.

[41] U. S. Department of State Foreign Affairs Manual Volume 2-General. “Precedence lists establish the order or ranking of a country’s government, military, and, in some cases, civic leaders for diplomatic, ceremonial, and social events, at home and abroad” http://www.state.gov/documents/ organization/84407.pdf

Capítulo 2 El equipo humano y su organización
1. Introducción

Hablar de protocolo es hablar de personas. Hay profesiones que se pueden llevar a cabo en la soledad de un despacho y otras que requieren el aislamiento de los que las practican. Hay otras, como la profesión protocolaria, que necesita de personas para existir.

Todas las acciones que se llevan a cabo relacionadas con el protocolo, tienen en común las relaciones humanas. Abordaremos este capítulo distinguiendo las cualidades personales que debería tener un jefe de protocolo para describir más adelante qué tipo de personas sirven para la función protocolaria y cuáles son sus especiales atributos personales.

Si la pregunta fuera, ¿se necesitan especiales cualidades personales, además de conocimientos, para ejercer la función protocolaria?, la respuesta sería, desde mi punto de vista, un sí rotundo. No todo el mundo vale para trabajar en protocolo.

Por otro lado, en este capítulo, intentaremos ofrecer también una visión genérica de la organización de un departamento de protocolo a sabiendas que lo que aquí describimos responde a una perspectiva idealizada y que, salvo en las más altas instancias del Estado o Gobierno de una nación, es imposible alcanzar una orgánica protocolaria óptima.

2. El jefe de protocolo

A simple vista, desarrollar el rol de jefe de protocolo parece una actividad profesional atractiva y apasionante, pero antes de que se aventure a tomar la decisión de dedicarse al ejercicio de esta apasionante profesión, merece la pena sopesar todos sus inconvenientes y sus ventajas, “porque muchos son los llamados, pero pocos los escogidos[1]”.

Para comenzar, hay que dejar meridianamente claro que un jefe de protocolo no se dedica a organizar convenciones de médicos, promocionar coches o preparar pases de modelos. A esto último yo lo denomino, con todo respeto, eventos y lo diferencio de lo que es ceremonia o acto institucional. La diferencia entre un evento y un acto o ceremonia reside en la formalidad de actuación, en la solemnidad de la misma, en la masiva presencia de autoridades que asisten a los actos, en la exigencia de códigos formales de indumentaria y conducta y en la presencia de normas legales y pertenecientes a la tradición.

Mientras que los actos se mueven con la exigencia de formalidades, los eventos encuentran su espacio en el sector denominado MICE[2], difuminando y relativizando todo lo que caracteriza a un acto institucional.

En el plano económico, no conozco a un solo jefe de protocolo que sea rico por ejercer como tal. Los mejores pagados se encuentran en las cercanías de altas autoridades políticas o empresariales y sus emolumentos no sobrepasan a los de un funcionario de máxima categoría o un cuadro directivo medio.

La verdad es que se encuentra más satisfacción en la responsabilidad de trabajar en cercanía de los más altos responsables del estado y la empresa que en el salario que se ingresa a final de mes.

Además, todo el que conoce la realidad protocolaria sabe que son muy pocas las instituciones, empresas y órganos oficiales existentes con suficiente entidad como para disponer de un departamento de protocolo que necesite de una persona que lo dirija. Las jefaturas de estado, presidencias de gobierno, ministerios, presidencias de autonomías, diputaciones provinciales y algunas grandes localidades tienen entidad suficiente como para que un jefe de protocolo exista en la orgánica de estas organizaciones.

Las demás instituciones cuentan con funcionarios o personal contratado que han seguido cursos de postgrado o especialización y compatibilizan su actividad funcionarial con la dirección de gabinetes de protocolo. Un ejemplo claro de lo anterior es el que se da, por ejemplo, en las universidades, donde los profesores, además de su labor docente, ejercen labores de responsabilidad en los departamentos de protocolo.

Tan importante es la aportación de un jefe de protocolo a la imagen de las instituciones públicas y a sus responsables que, en la mayoría de ellas, el que desempeña esta función es de la plena confianza de quien las representa institucionalmente y al más alto nivel. No en vano, la presencia de un cargo ante el público se lleva a término con la mediación e intervención del jefe de protocolo, que es uno de los profesionales que le asesora sobre la oportunidad y la manera de llevar a cabo sus comparecencias.

En lo que se refiere a la empresa, mentiría si afirmara que la figura de un jefe de protocolo es imprescindible. Retornamos al mismo razonamiento que se hace para las entidades públicas: son muy pocas las empresas que necesitan un jefe de protocolo y, salvo las que tienen directivos que deben prodigarse públicamente –y facturan como mínimo varios cientos de millones de euros–, la figura del jefe de protocolo no tiene sentido. Apenas un par de docenas de empresas en España tienen jefes de protocolo con dedicación exclusiva y estos desempeñan su función como jefes de protocolo de la presidencia y no de la totalidad de la empresa. Es lo que ocurre con bancos y empresas de ingeniería, construcción o eléctricas. Así me lo dice la propia experiencia.

Dicho lo anterior, parecería que estuviera arrojando piedras a mi propio tejado, pero nada más lejos de mi intención. Está claro que, en la actualidad, hay una tremenda avalancha de jóvenes que aspiran a este tipo de puesto de trabajo, que permite cambiar de actividad a diario, encontrar retos profesionales cada media hora, disfrutar de la responsabilidad de dirigir equipos multidisciplinares, tener el lujo de orientar a una personalidad pública en sus modos de actuación y la capacidad de ser un administrador de vanidades, tal y como define Bernardo de Lizaur[3] la función de un jefe de protocolo. Pero precisamente, por ser una verdadera avalancha, muchos de ellos verán frustradas sus legítimas aspiraciones.

Quizá sea interesante finalizar el apartado afirmando que la cercanía de un jefe de protocolo a personas con altísimas responsabilidades ha rodeado la práctica protocolaria de una aureola de misterio que provoca el interés de muchos. Sin embargo, hay mucha exageración alrededor de algunos responsables de protocolo que pretenden arrogarse un interés solo reservado a su asesorado. No hay ninguna circunstancia que –por supuesto– esté por encima de lo humano en la figura del jefe de protocolo y quien pretenda crear alrededor de su persona o actividad una halo de superioridad no solo no lo hace bien sino que está destinado al fracaso en su función, además de atentar contra los principios fundamentales que sustentan esta profesión. Cuando la discreción y el segundo plano se anteponen a cualquier intento de destacar, se desarrolla con honestidad y eficacia la función de responsable protocolario.

2.1. Los cometidos del jefe de protocolo

La figura de jefe de protocolo tiene razón de ser por su cercanía a personas con altas responsabilidades y porque de los cometidos que se desempeñen depende en gran medida la imagen o aceptación pública de la persona a quien se asesora. Así pues, las tareas y responsabilidades de un jefe de protocolo tienen una doble vertiente:

 Hacia la persona objeto de asesoramiento.

 En relación con la dirección del equipo de protocolo que le auxilia en sus cometidos.

Son muchos los documentos que están al alcance de cualquiera y que definen las responsabilidades del jefe de protocolo. Por citar alguno que encierra de modo genérico toda la responsabilidad que recae en este, hago mención a la misión que la web oficial de la Casa de S. M. el Rey D. Felipe VI reserva para la Unidad de Protocolo:

“Prepara y dirige el protocolo de las actividades oficiales de la Familia Real, tanto en territorio nacional como en el extranjero”.

Ello viene a significar que la responsabilidad de la presencia pública de un miembro de la Familia Real es del jefe de protocolo. Fiscalizar cualquier detalle de la actividad oficial es responsabilidad de él. Utilizando este ejemplo de la Casa de S. M. el Rey, podríamos hacernos una idea de la dimensión de las responsabilidades protocolarias si tenemos en cuenta que, por ejemplo, pueden ser varios miembros de la familia real los que simultáneamente asistan a un acto oficial y en diferentes lugares del mundo.

Detallaremos, a continuación, cuáles son los cometidos a que nos venimos refiriendo.

Lo más difícil para un responsable de protocolo es la habilidad de estar sin ser visto. El afán de protagonismo es mal consejero y, para este caso profesional, resulta deshonesto restar protagonismo, aunque fuere mínimo, al principal personaje del acto, que es nuestro señorito[4]. No solo se trata de no producir merma en nuestro asesorado, sino de no ser visto indicando a nuestro asesorado qué debe hacer. Por lo tanto, si surgiera la necesidad de indicar en público una forma correcta de actuar, los gestos del jefe de protocolo deben ser tan sumamente sutiles que jamás deben ser percibidos por un observador que no sea experto.

Alrededor de esta idea –estar sin ser visto– se determinan los cometidos relacionados con el jefe de protocolo y su asesorado.

Para empezar, es necesario dejar claro que cualquier comparecencia pública se hace bajo la supervisión del responsable de protocolo, lo que viene a indicar, de forma exagerada, que solo cuando el asesorado se encuentra en su despacho o en su domicilio particular, se libera de la acción protocolaria. De acuerdo con lo anterior, tanto en la empresa como en instituciones públicas, es responsabilidad del jefe de protocolo:

 La planificación, organización y dirección de viajes en todos sus aspectos.

 La interpretación y correcta ejecución de la normativa protocolaria vigente de aplicación en el ámbito de sus competencias.

 El asesoramiento en imagen pública a los más altos representantes de su institución.

 Diseñar estrategias y dirigir cuantas acciones sean necesarias para promover, incrementar y fortalecer la imagen de la institución.

 La planificación, organización y dirección de actos institucionales.

 Proponer pautas de comportamiento, indumentaria, cortesía y etiqueta, en especial cuando se establecen relaciones políticas, diplomáticas o empresariales con personas de otros países o culturas.

 Favorecer el establecimiento de la seguridad de las autoridades institucionales y sus invitados en sus comparecencias públicas.

 Apoyar con su acción las actividades de comunicación, relaciones públicas, relaciones institucionales y marketing institucional o empresarial.

 Colaborar con jefes de protocolo de otras instituciones públicas o privadas en relación con la actividad pública de su asesorado y la institución que representa.

 Cooperar con otros departamentos de la institución o empresa para alcanzar los logros comunes.

 La elaboración de los programas de actos públicos en los que participe su asesorado, tanto como anfitrión como invitado, que pertenezcan al ámbito de su competencia.

 La confección de todo tipo de informes relacionados con la imagen pública, la comunicación y el protocolo que afecten a la institución o sus representantes legales.

 Preservar e impulsar, en el ámbito de sus competencias, las tradiciones y conservar las costumbres como factores culturales de cohesión social.

 Establecer, mantener y reforzar las relaciones externas que de acuerdo con sus cometidos les sean encomendadas.

Me gustaría destacar aquí que, en numerosas ocasiones, he oído afirmar a expertos en la materia que los jefes de protocolo sirven a la institución y no a la persona que la encabeza. Se olvidan, los que así piensan, que la imagen de la institución, su prestigio y su capacidad de influenciar depende en gran medida de las personas que más altas responsabilidades tienen en ella y que, por tanto, la representan. Cuidando de la imagen de los más altos responsables empresariales o políticos, se cuida, por extensión, de la propia institución y, en este sentido, debería quedar claro que servir al que representa no excluye servir con igual o mayor determinación y esmero a la institución representada.

Es quizá un error de concepto afirmar que un jefe de protocolo lo es de la institución y no de las personas, cuando en realidad lo es de las dos y para las dos.

Circunstancia diferente es que un jefe de protocolo en un organismo oficial modifique su forma de actuar conforme a la ideología del partido en el poder, porque el protocolo debiera ser cuestión no discutible ni dependiente de unas elecciones. Si, de verdad, el protocolo defiende las instituciones y estas deben permanecer inmunes a los vaivenes políticos, no es comprensible que la acción de un jefe de protocolo dependa del signo político ganador de unos comicios, sea cual fuere el ámbito territorial al que afecten. De acuerdo con lo anterior, si hablásemos de la administración central de un Estado, parece que el protocolo, en tanto que disciplina que preserva la imagen pública institucional, debería ser materia de consenso, como la educación, la defensa o la seguridad.

Dicho lo anterior, y para resumir, el jefe de protocolo se convierte en la sombra de su asesorado, a quien se adelanta en todas y cada una de sus actuaciones para evitar que su imagen o la de la institución que representa se vean menoscabadas. Es también la sombra de su señorito, porque lo que los demás perciban de aquel será, en gran medida, reflejo de la calidad del trabajo de este.

La otra vertiente de responsabilidades del jefe de protocolo está relacionada con sus subordinados. Mientras que las funciones relacionadas con el señorito son de asesor y consejero, las que afectan a su equipo son de puro liderazgo, dirección de personas y gestión económica y de recursos.

La función de un jefe de protocolo en este aspecto no varía sustancialmente de la labor que lleva a cabo cualquier responsable de un equipo humano.

Liderar es la palabra clave y sus objetivos derivados son:

 Elaborar un plan de actuación anual conforme a las necesidades de la institución.

 Confeccionar los presupuestos de su departamento.

 Coordinar, dirigir y supervisar la actividad del personal de su dirección.

 Cumplir y hacer cumplir la normativa particular y oficial relacionada con la actividad protocolaria.

 Seleccionar o participar en la selección de los integrantes de su equipo.

 Distribuir cometidos conforme al nivel de preparación técnica, grado de experiencia y habilidades de sus subordinados.

 Mantener la cohesión y motivación del grupo.

Del trabajo que lleva a cabo un jefe de protocolo, sea en relación con su señorito o con los miembros de su equipo, se puede deducir fácilmente que, en esta profesión, se sabe a la hora que se comienza a trabajar pero se desconoce la hora en que se va a finalizar la tarea. Si usted quiere ser jefe de protocolo debe tener en cuenta que deberá comenzar su jornada laboral antes que nadie para supervisar que todo está en orden, finalizando la actividad el último, para comprobar que lo que supervisará al día siguiente estará conforme conviene a la persona que asesora. Cerrar el círculo es la única forma de asegurarse de que todo va a ir conforme a lo programado. Aun así, nunca será suficiente.

Para finalizar este apartado, me gustaría destacar uno de los cometidos principales del jefe de protocolo, que es el de mantener bajo su control todos y cada uno de los múltiples detalles que afectan a su actividad. “Estar sin ser visto” puede ser una habilidad que unos poseen y otros no. Sin embargo, la capacidad de control es una exigencia sine qua non para desarrollar eficazmente el papel de jefe de protocolo. El gusto por el detalle y una marcada vocación por la perfección son cualidades que deben presidir la actividad tanto del jefe de protocolo como de su equipo.

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