Kitabı oxu: «Apuntes biograficos de escritores, oradores y hombres de estado de la Republica Argentina»

Şrift:

Juan María Gutiérrez

Apuntes biograficos de escritores, oradores y hombres de estado de la Republica Argentina


Publicado por Good Press, 2022

goodpress@okpublishing.info

EAN 4057664106001

Índice

ADIOS!

BIOGRAFIA DE D. BERNARDINO RIVADAVIA.

Breves apuntamientos para la biografia de D. JOSÉ ANTONIO MIRALLA.

D. HIPOLITO VIEITES.

D. JUAN IGNACIO GORRITI.

D. JULIAN NAVARRO.

D. FRANCISCO JAVIER ITURRI

D. PANTALEON RIVAROLA.

F. PANTALEON GARCIA.

D. RAMON DIAZ.

D. JOSÉ RIVERA INDARTE.

PATRICIO DE BASABILBASO.

F.ʳ GAYETANO JOSÉ RODRIGUEZ.

D. BERNARDO MONTEAGUDO.

D. MANUEL JOSÉ DE LABARDEN.

D. BERNARDO VERA Y PINTADO.

D. JULIAN LEIVA.

D. ANTONIO SAENZ.

D. MANUEL MORENO.

D. MIGUEL CALISTO DEL CORRO.

D. ESTEVAN LUCA Y PATRON.

D. FLORENCIO BALCARCE.

D. FRANCISCO AGUSTIN WRIGHT.

D. JUAN CRISOSTOMO LAFINUR.

Articulos Críticos y Literarios DEL DR. D. JUAN MARIA GUTIERREZ.

LA QUICHUA EN SANTIAGO.

A CONFEDERAÇAO DOS TAMOYOS, POEMA POR DOMINGO GONSALVES DE MAGALHAES

EL Dr. D. TEODORO M. VILARDEBÓ.

HONORES FUNEBRES.

Discurso Pronunciado por el Dr. D. Juan M. Gutierrez, en el sepulcro del Doctor Don Vicente Lopez.

FE DE ERRATAS.

NOTAS

ADIOS!

Índice

Con este tomo queda aplazada por ahora la publicacion de la Biblioteca Americana. Son bien notorios y conocidos los sucesos políticos que nos obligaron á suspenderla á mediados del próximo pasado Mayo, y no juzgamos necesario ni creemos oportuno entrar en este momento en el análisis de las diversas causas que nos impiden continuarla hoy; pero como muchos suscriptores han tenido la bondad de escribirnos, manifestándonos el deseo de que se publicase al menos el tomo anunciado y pendiente de los Apuntes biográficos del Dr. D. Juan M. Gutierrez, hemos hecho un arreglo con D. Cárlos Casaballe, á fin de complacer á dichos suscritores y complementar las Máximas y pensamientos de aquel distinguido escritor.

Al despedirnos, pues, de nuestros constantes favorecedores, solo nos resta rogarles admitan este último tomo, protegiendo asi el desinterés y buena voluntad con que el Sr. Casaballe ha querido imprimirlo por su cuenta y riesgo, contando principalmente con el crecido número de suscriptores que tenia la Biblioteca cuando se suspendió. Por nuestra parte nos darémos por muy satisfechos, si al alejarnos de Buenos Aires vinculamos nuestro recuerdo y ponemos punto á nuestras tareas literarias con la publicacion de este libro por tantos conceptos recomendable.

Desde Montevideo para donde partimos mañana hacemos ardientes votos por la felicidad de Buenos Aires y la union de la República Argentina, como la comprendieron sus ilustres fundadores, esperando que si no nos es dado mas adelante llevar á feliz término la obra emprendida, otros habrá mas capaces que, en época mas propicia, sabrán fecundizar la idea en jérmen que nosotros apesar de todos nuestros esfuerzos no hemos logrado ni lograremos tal vez desarrollar. Entre tanto como la esperanza es lo último que abandona al hombre, confiamos todavia, y estrechando la mano á nuestros amigos, les decimos unicamente: Adios!

Buenos Ayres, 2 de Enero de 1860.

A. Magariños Cervantes.

P. D.—Esto escribiamos hace tres meses: y recien en el dia de la fecha, 4 de Abril, llegan á nuestras manos las primeras pruebas del mencionado libro. En una estensa y afectuosa carta, nos esplica el Sr. Casaballe los motivos agenos á su voluntad, que han retardado la impresion, y como esta circunstancia, nacida principalmente del escesivo trabajo de que se vé amenudo recargada la imprenta de Mayo, ha dado márgen á diversas interpelaciones, trascribimos á continuacion la carta que al efecto publicamos en los periódicos de Montevideo.

Solo nos resta añadir respecto de dicha carta, que resueltos á llevar adelante los propósitos en ella consignados, bajo las condiciones y en la forma espresada, la reproducimos aqui con el doble objeto de que llegue á noticia de los suscritores que no la hayan leido, y como una promesa que si obstáculos insuperables no lo impiden, mes mas ó menos, ha de convertirse en realidad.

Dice asi:

Sres. Redactores de la Tribuna.

Buenos Aires.

Montevideo, Marzo 14 de 1860.

Muy señores mios.—Uno de mis amigos ha tenido la bondad de enviarme, dentro de una carta que he recibido con bastante retraso, por estar equivocada la direccion, un párrafo inserto en la Tribuna del 7 del corriente, en que ustedes tienen la bondad de dirigirme algunas preguntas á nombre de la literatura del Rio de la Plata.

“¿Por qué, dicen ustedes, hoy que la oliva de la paz dá sombra á estos pueblos, no continúa el señor Magariños Cervantes la publicacion de la Biblioteca Americana?

“Obras de esa naturaleza no deben cesar jamás, por su intrinseca importancia, cuanto por el estimulo que despiertan en la juventud etc.”

Agradeciendo cordialmente esta afectuosa indicacion, que ya me habian hecho otros periódicos y varios suscritores, les diré que al alejarme de Buenos Aires en Enero de este año, dejé á D. Cárlos Casaballe un tomo del Dr. D. Juan M. Gutierrez con un pequeño prólogo en el que me despedia de los suscritores y esplicaba las razones que me obligaron á suspender la Biblioteca un mes despues del pronunciamiento de los pueblos de la Confederacion.

Ignoro los motivos que habrán impedido al señor Casaballe cumplir la formal promesa que me hizo de imprimirlo: probablemente la escases de operarios será la causa. Yo creyendo que el referido tomo se publicaria mas pronto, juzgué inútil hacer ninguna advertencia al público, y por ese motivo he guardado silencio hasta ahora, en que la interpelacion de la Tribuna me pone en el deber de romperlo.

La favorable acojida que obtuvo esa publicacion, que al suspenderse por los sucesos de la guerra, contaba con novecientos suscritores en la República Oriental, Estado de Buenos Aires, Confederacion y Paraguay, segun consta de las listas publicadas al fin de cada tomo, me hizo creer en la posibilidad de que alcanzase larga vida, y mas de una vez he ideado diversas combinaciones para llegar á ese resultado.

Una de ellas era publicar un periódico político, comercial, judicial y literario, órgano de los intereses permanentes y generales de la República Oriental, titulado EL URUGUAY, y que por el fondo y por la forma justificase su título; y si lograba reunir una suscricion suficiente á costear los crecidos gastos que demanda, agrandarlo de manera que se pudiesen dar cabida en él mas adelante, á los tomos de la Biblioteca, de modo que los suscritores recibiesen cada mes el periódico y un libro intercalado en él por el mismo precio de otro cualquier diario.

La nueva situacion en que ha entrado el pais desde el 1ᵒ de Marzo y otras circunstancias que seria largo esponer, me han hecho volver á pensar en mi antiguo proyecto; pero al ir á ponerlo en planta, he tropezado con dificultades mas serias de lo que me imaginaba.

Y no vayan ustedes á creer que los obstáculos nacen de las autoridades ó cosa parecida: no: son por ahora puramente materiales. Nada temia ni temo del Gobierno ni de los partidos, porque el móvil, las tendencias, los principios que ese periódico sostendria, no pueden ser mas dignos y elevados.

Espondrelos aqui en breves palabras, para justificar lo que avanzo, copiando un párrafo del prospecto que tenia escrito desde el 2 de Marzo.

“EL URUGUAY, caso que se publique, no levantará ninguna bandera de partido: periódico nacional, en la noble espresion de la palabra, y consagrado únicamente á los intereses permanentes y generales del pais, buscará la solucion de nuestros problemas sociales, no en pequeñas y transitorias cuestiones que solo conducen á perpetuar, con mengua de todos, los odios que nos dividen, sino en el estudio práctico de la Constitucion: en la recta observancia de la ley; en el respeto á las autoridades emanadas de ella, en el mutuo y franco cumplimiento de los derechos y deberes que asigna é impone á Gobernantes y á gobernados; en la propaganda de los altos principios de la democracia; y finalmente en el análisis y difusion de las buenas doctrinas, aplicables á nuestras necesidades: esas doctrinas que abarcan los diversos ramos del saber humano, relacionados con los elementos que constituyen la vida política, económica, intelectual y moral de las naciones; y que valen la pena de que á su triunfo consagren sus esfuerzos todos los hombres de corazon é inteligensia, sin mas recompensa acaso que el aplauso y simpatia de los buenos.

“El jérmen de este pensamiento se encuentra en varias de mis publicaciones anteriores (véase el programa de la Revista española de ambos mundos y Biblioteca Americana t. 5ᵒ pag. 273) y desde que regresé de Europa se ajita en mi cabeza. ¿Habrá llegado el momento de realizarlo? Lo ignoro aun; pero de él forma parte la Biblioteca Americana, aunque no me sea posible continuarla inmediatamente; puesto que, prescindiendo de lo que dejo apuntado mas arriba, compromisos contraidos y las atenciones de mi estudio de abogado que no pienso ni quiero cerrar, no me permitirán consagrar al mismo periódico sino una parte de mi tiempo, como tantos otros letrados que han sido y son á la vez periodistas; ya que por desgracia todavía la vida de escritor público entre nosotros, si bien tiene mas importancia de lo que jeneralmente se crée, no es una profesion que recompense los disgustos y compromisos que ocasiona, ni dá al que la ejerce la consideracion que merece cuando se desempeña con altura y dignidad.”

Esta sencilla exposicion convencerá á ustedes que no he renunciado completamente á mis antiguos propósitos, y que la literatura del Rio de la Plata tiene en mi todavia un obrero aunque humilde, decidido y perseverante.

En fin, obras son amores, y concluyamos que esta carta ya se va haciendo muy estensa. Voy, pues, á trabajar con doble empeño para llevar á cabo mi idea, que necesariamente exije algun tiempo antes de poderla plantear como deseo; pero sino logro vencer las dificultades materiales, ó no veo condiciones favorables para el desarrollo del fin que me he propuesto, quedará aplazada la aparicion del URUGUAY, para tiempos mejores, y con él la continuacion de la Biblioteca. Entre tanto aprovecho la ocasion que ustedes me ofrecen para disculparme con los suscritores de aquella publicacion y darles las esplicaciones que anteceden. Por consiguiente agradeceria á ustedes lo mismo que á sus cólegas de Montevideo me hicieran el obsequio de reproducir esta carta, si la creen digna de ocupar un lugar en sus columnas; hay en ella algunas ideas que conviene popularizar, y me interesa que esos suscritores y mis amigos personales sepan al menos que no depende de mi buen deseo complacerles desde luego, sino de circunstancias superiores á mi voluntad.

Esperando que asi lo hagan, les doy las gracias de ante mano y me repito etc.

Alejandro Magariños Cervantes.

BIOGRAFIA DE D. BERNARDINO RIVADAVIA.

Índice

Los hombres notables de la revolucion argentina de quienes nos separan el tiempo y la muerte, soportan bajo sus humildes sepulcros el doble peso de la losa y de la indiferencia.

La vida de nuestro pueblo ha sido turbulenta, rápida como un torrente. Nos hemos derrumbado por sus aguas, sin hallar aquel reposo que exige la contemplacion de la historia para poder distinguir con claridad la fisonomia de los personajes que en ella se ilustraron.

Mientras tanto, los pueblos, como las familias se robustecen para las luchas en que la virtud sale triunfante, volviendo la vista en las horas de conflicto á las imágenes respetadas de los antepasados que conservó el arte ó perpetua la tradicion.

Quien, en los momentos de fragilidad, en las indecisiones de la conciencia, no ha hallado el buen camino á la luz de la mirada de su padre, aun arrojada desde la region de la muerte? Nos retraemos de una accion que nos reprobaria desde su tumba aquel á quien hemos amado y respetado en vida.

Y como el ciudadano es un hombre, y el pueblo es la coleccion de las familias, y la patria el hogar de una sociedad entera; ese mismo poder morijerador que ejerce sobre el individuo el recuerdo de sus antecesores, se ejerce tambien sobre las naciones por la memoria de los varones eminentes que son sus gloriosos projenitores.

El viento de nuestras querellas ha llevado en pedazos á nuestros viejos próceres. Es preciso buscar la huella de sus pasos en los caminos del destierro, en el pavimento de las cárceles, en la sombra triste á donde les confinó la injusticia ajena ó los propios desengaños.

Es necesario lavar de sobre ellos las manchas de lodo con que les salpicó el carro revolucionario, reparar sus mutilaciones, colocarles en dignos pedestales, á fin de que la juventud les venere y se estimule al bien para no ser bastarda de tan noble genealogia.

Son estas, sin duda, las consideraciones que han inspirado el pensamiento de formar la presente galeria de hombres célebres del pais, entre los cuales se coloca con justicia en primera línea á D. Bernardino Rivadavia.

Fueron sus padres, el abogado de la Real Audiencia D. Benito Gonzalez de Rivadavia y Da. Maria Josefa Rivadavia, y nació en esta ciudad de Buenos Aires el dia 20 de Mayo de 1780.

Era diez años menor que D. Manuel Belgrano y dos menor que D. José de San Martin, célebres generales de nuestra independencia: menor tres años que el Dr. D. Mariano Moreno, aquel que como un meteoro brillante cruzó el cielo de Mayo y se apagó en la inmensidad del oceano.

La profesion del padre y las tempranos propenciones del espíritu llevaron naturalmente al Sr. Rivadavia á la carrera de las letras.

Los reales estudios existian en Buenos Aires desde el año 1772, época en que se fundaron, con los bienes secuestrados á los jesuitas, bajo la direccion del digno y desgraciado santafesino Dr. D. Juan Baltazar Maciel.

El personal docente del establecimiento académico, como denomina el historiador Funes al primer colegio Bonaerense, se componia de dos preceptores de latinidad, de los cuales uno debia enseñar la retórica; de un maestro de filosofia y tres de teologia. Estas cátedras reunidas y aumentadas tal vez en número, pasaron á formar el colegio de San Cárlos en donde desde el año de 1785 se educaron los hijos de Buenos Aires que no querian ó no podian trasladarse á la antigua universidad de Córdoba.

La enseñanza de la lengua latina se mantuvo á la altura de las necesidades de la escolástica, hasta que la fortuna trajo al pais al presbitero D. Pedro Fernandez, literato imbuido en las bellezas de los clásicos latinos, á cuya difusion entre los jóvenes se consagró durante cinco años desde el de 1790.

Fué en la escuela de este hombre útil y modesto, en la que se inició el Sr. Rivadavia en los rudimentos del saber, segun la disciplina ordinaria. El mérito del maestro se mide por la gratitud que le conserva el discípulo.

“Mientras el Sr. Rivadavia tuvo influencia en los destinos de nuestro pais (dice el ilustrado editor del Triunfo Argentino) se hizo un deber en protejer al viejo presbítero que habia sido su maestro: razgo noble que le agradecemos en lo mas profundo de nuestra alma.”

El pobre anciano Fernandez, entendido en agricultura y aficionado á los campos, como Virgilio cuyas geórgicas y églogas sabia de memoria, aceptó con gusto la direccion de una colonia de estrangeros, establecida en la chacarita de los colegiales en donde el nombre del Rector Chorroarin debia salvarse del olvido segun las intenciones del decreto de 25 de Setiembre de 1826. Bastóle este delito para que pasada la Presidencia se le dejase morir en la oscuridad y en la miseria.

Muchos porteños distinguidos en las letras, en la magistratura y en la diplomacia, y que han prestado eminentes servicios á la patria fueron condiscípulos del Sr. Rivadavia.

Educáronse con él, el inspirado autor del himno nacional, fundador del Departamento Topográfico y creador de la estadística entre nosotros, Dr. D. Vicente Lopez: el que supo fundir cañones, dispararlos con valentia y coronarse con laureles tan inmortales como los del héroe, cantando la Libertad de Lima, D. Estevan de Luca: el elocuente orador en el púlpito y en la tribuna parlamentaria, Dr. D. Julian Segundo de Agüero: el que fué digno de arrancar con sus virtudes á la lira de D. Juan Cruz Varela una de las mas entonadas elejias de la musa argentina, Dr. D. Matias Patron......

Todos estos conocieron al Sr. Rivadavia en la íntima familiaridad de las aulas, sin que pudieran comprender entonces que la frente noble y desenvuelta, sombreada por abundante cabello renegrido, que el aspecto grave y la seriedad adulta de aquel jóven eran otras tantas promesas de las calidades de iniciador y de reformador que habia de desenvolver en alto grado cuando invistiese la autoridad para cuyo lustre habia nacido.

En la flor de la vida y en medio de la monotonia de la existencia colonial se encontraban aquellos jóvenes, cuando la inesperada agresion británica vino á sacudirles como con el golpe de una corriente galvánica.

El pueblo de Buenos Aires se alzó á manera de un solo hombre. Todos los habitantes fueron soldados. Uno de los condiscípulos ya mencionados del Sr. Rivadavia, recibió la insignia de doctor en leyes sobre el uniforme de capitan de Patricios. Con el mismo grado sirvió el Sr. Rivadavia en el batallon de gallegos, el cual se señaló en varios encuentros con el enemigo, muy especialmente en el lance de la desgraciada defensa de los pasos del Riachuelo contra las legiones del Mayor Crawfur.

El francés D. Santiago Liniers fué el héroe de la Defensa y de la Reconquista en los años de 1806 y 1807. Sus hechos meritorios despertaron los celos del Cabildo hasta el punto de empeñar esta corporacion todo su influjo para que la corte de España no le recompensase con el mando efectivo del vireinato, acéfalo por la fuga cobarde de Sobremonte y por las medidas tomadas contra este indigno mandatario por la Audiencia gobernadora.

Los adversarios del vencedor obraron en seguida mas abiertamente contra él y llegaron hasta los hechos. La primera revolucion armada que presenció Buenos Aires fué la que tuvo lugar el 1.ᵒ de Enero de 1809, especie de tumulto militar sofocado principalmente por la actitud decidida que los patricios tomaron unánimes en defensa de la autoridad de Liniers. “Cuando los españoles se divídieron entre Liniers y Alzaga (dice un escritor argentino) Rivadavia se puso del lado del primero porque la idea americana en ello ganaba, y su resolucion fué de gran peso para hacer inclinar la balanza en favor de Liniers.”

Los que están al cabo de las curiosas complicaciones de aquella época, aseguran que este no solo era el caudillo querido del pueblo por sus brillantes proezas, sino porque los sucesos le habian colocado, sin que él mismo lo percibiese, á la cabeza de los instintos patrios, despertados con el sentimiento del propio valor, en oposicion al prurito de superioridad y predominio del partido peninsular.

El jérmen de la revolucion habia llegado hasta nuestras playas, sin duda, con las ideas de la filosofia política de la Francia moderna; pero puede decirse tambien que la revolucion de 1810, tan favorable al desenvolvimiento del comercio inglés en estas regiones de América, fué avivada indirectamente con el toque de las generalas con que el tambor argentino, convocaba á la defensa contra los soldados de la Gran Bretaña.

La posicion en que la fuerza de las cosas habia colocado á Liniers, era ya de suyo una poderosa razon para que el Sr. Rivadavia se hubiese conducido para con él de la manera que hemos visto en el suceso del 1.ᵒ de Enero. Pero, militaba á mas una circunstancia personal que comprometia su gratitud para con el gefe bizarro de la defensa de Buenos Aires.

Liniers, para arrancar de manos de sus enemigos domésticos una arma terrible, dispuso que la jura de Fernando VII se verificase el dia 21 de agosto de 1808, inmediatamente despues que llegó á este puerto la noticia de la exaltacion de aquel monarca al desacreditado trono de sus padres. Aquella ceremonia debia tener lugar con el aparato y la pompa de que era capaz una ciudad rica y populosa, y ocupar en la fiesta un lugar señalado el Alferez real; empleado de cuenta cuya única incumbencía era pasear erguido el estandarte de la conquista.

El virey Liniers, nombró para desempeñar aquel cargo al capitan Rivadavia suscitándose con motivo de este nombramiento un conflicto de competencia de autoridad entre el virey y el cuerpo capitular del cual salió este triunfante, eligiendo en consecuencia otro alferez real mas de su amaño que el criollo Rivadavia.

“No era aquel tiempo de abrir al pueblo los secretos,” dice el mas sentencioso de nuestros escasos historiadores. Mal interpretaria las disposiciones del ánimo del Sr. Rivadavia, quien juzgare de ellas y de sus ideas de entonces, por el papel que se disponia á desempeñar en las festividades de la jura réjia. En medio de aquel concurso y de aquel júbilo popular, usando de las espresiones del mismo escritor, no dejaban de encontrarse algunos patriotas de fino tacto político, á cuya vista no se escapaban los primeros crepúsculos del dia que iba á nacer para la América, y cuya inclinacion nativa llevaba sus juramentos á la patria, como acreedora de mejor derecho.

La vida entera del Sr. Rivadavia nos autoriza para asegurar que era él del número de aquellos patriotas avisados que disimulaban ante la muchedumbre y preveian para todos la próxima aurora de una luz que ardia y brillaba en el interior de cabezas privilejiadas.

Sérias dificultades se presentaban á los hijos del pais para la eleccion de una carrera.

Aquellos mismos que habian nacido en el seno de familias acomodadas, si no éran abogados ó sacerdotes, no encontraban colocacion lucida en la sociedad sin grande pena y con sacrificio de mucho tiempo.

Las ciencias matemáticas no se han cultivado entre nosotros hasta mucho despues de 1801. La escuela de náutica, abierta por el distinguido ingeniero D. Pedro A. Cerviño, durante la administracion del virey D. Joaquin del Pino (1801 á 1804) no mereció sinó una fuerte reprobacion de la córte. Los ingenieros que median las propiedades rurales eran los pilotos mercantes que habian aprendido á cuartear la aguja náutica en las puertas de Cádiz ó del Ferrol.

La literatura, esta madre amorosa con que nos ha dotado la sociedad moderna, si daba fama escasa no proporcionaba, por cierto, medios sobrados de subsistencia. Las carreras, pues, eran reducidas en número, ó mas bien dicho, estaban limitadas á tres para los hijos del pais,—el foro, la iglesia, la oficina. El comercio, puede decirse con verdad que estaba reservado con todo el provecho y la respetabilidad que proporcionaba su ejércicio á los españoles europeos.

El cultivo general de la inteligencia no debia servir mas que para tormento de quienes le emprendian. La imprenta materialmente imperfecta y escasa, erizada de peligros y embarazada con las mil trabas de la legislacion, no presentaba estímulo para producir, ni facilitaba empleo de provecho al que se sentia capaz de escribir para el público.

“Es una pérdida para las letras americanas, dice el autor del Ensayo de la historia civil de Buenos Ayres, que por falta de imprenta quedasen ineditas las producciones del Dr. D. Juan Baltazar Maciel. Haria un gran servicio á la patria, añade, quien recogiera las que andan esparcidas en manos de muchos.” Por la misma falta de medios de publicidad han caido en el olvido mas profundo los trabajos literarios de otros compatriotas ilustrados que contrajeron su vida al estudio y escribieron cosas dignas de memoria. ¿Quien nos devolverá la história natural y política de Cuyo escrita por el abate mendocino D. Manuel Morales? ¿Quien la historia del Rio de la Plata, escrita por Iturri para rectificar los errores del español Muñoz? ¿Quien de entre los que vivimos, ha oido nombrar siquiera á los porteños D. José Perfecto de Salas y los Rospicllosis? ¿Quien al riojano Camacho y á los paraguayos Cañete y Barrientos?

Sin embargo, todos ellos son gloria de nuestra literatura antigua, y nos llenariamos de justo orgullo si llegásemos á poseer la coleccion de sus escritos.

La dificultad para tomar una posicion social, era aun ardua para aquel que como el Sr. Rivadavia se sentia llamado por vocacion á la vida pública. Bajo el réjimen colonial no era posible alcanzar sino una parte pasiva en la gestion de los negocios de gobierno, y esta situacion humilde no podia convenir á un hombre de ingenio y de luces. La iniciativa no partia de aqui.

Se pensaba en Madrid, y ese pensamiento, concebido en otro mundo, se ejecutaba en el nuevo, por los empleados reales, como se ejecuta una evolucion militar. Fué por esta razon que el Sr. Rivadavia permaneció perplejo por algun tiempo acerca de la carrera que deberia abrazar.

Se ensayó en el ejercicio de comerciante y tomó á su cargo negocios cuantiosos que no le dieron resultados satisfactorios.

Abrió estudio de abogado, pero no persistió mucho tiempo atado al potro en que las difusas cavilosidades de Parladorio de Farinacio ó Baldo colocaban al Togado, antes que los espositores modernos, el buen gusto introducido hasta en la jurisprudencia, y los nuevos códigos hubiesen cundido entre nosotros.

Tanto en el foro como en el comercio no dió mas que los primeros pasos, “afectando ser grande y sábio en todas las carreras,” como le dijo con intencion de censura, uno de sus ilustres contemporáneos, en una de aquellas ocasiones en que el celo por los intereses agenos que se patrocinan ante los tribunales, ofusca la imparcialidad de la razon mas recta. Aquel apóstrofe que nuestra historia escrita ha querido consignarnos, vale para llenar un vacio en esta noticia biográfica, y para deducir que dominaron en el Sr. Rivadavia desde su juventud, las altas inspiraciones que le han traido su merecida nombradia. Dedúcese tambien de aquellas mismas palabras que ya desde entonces, sus actos y su persona, se revestian del aire de dignidad y elevacion que son como el reflejo externo de la conciencia del valer individual.

La revolucion llamaba mientras tanto á nuestras puertas, trayendo consigo sobrada tarea y aplicacion para los talentos y las virtudes.

La Junta central que gobernaba en le Península, cuando la invasion francesa dominaba casi todo el territorio, acertó á herir al pueblo de Buenos Aires con la eleccion de los altos funcionarios que destinó al gobierno del Rio de la Plata. Hidalgo de Cisneros elevado al rango de virey, Elio al de sub-inspector general y Nieto al de gobernador de Montevideo, no podian ser por sus antecedentes sino instrumentos para abatir á los nativos del pais y para ensalzar una faccion de españoles intolerantes, ensoberbecidos con sus caudales y con los recientes triunfos sobre los ingleses que se atribuian como gloria exclusiva de ellos.

Conociendo Cisneros el estado del espíritu público en Buenos Aires, no quiso hacer la entrada oficial en esta ciudad sino despues de haber recibido el baston de manos de Liniers en la colonia del Sacramento. Las desconfianzas mútuas entre el nuevo gefe y los que habian de obedecerle, establecieron una frialdad que fué rápidamente tomando cuerpo hasta convertirse en una protesta de hecho por parte del mas poderoso que era el pueblo.

Buenos Aires habia medido sus fuerzas. Las revoluciones del Norte de América y de la Francia habian puesto en muchas manos la cartilla á la moda de los derechos del hombre, y la Rejencia misma, vencida por la corriente contemporánea, acababa de declarar á los americanos dignos de ser libres.

Al fin, un número reducido de porteños denodados, tomaron la resolucion de arrostrar el poder del virey, en cuya persona mal querida se disponian á mostrar la repugnancia que les causaba el gobierno de origen metropolitano. Contando con la simpatía de sus compatriotas, arrojan á Cisneros de su asiento y colocan en su lugar una junta de nueve individuos suficientemente autorizada para gobernar provisionalmente el vireinato hasta la reunion de un congreso general formado de los diputados de todas las provincias.

Este hecho que contamos como el primero en las glorias de nuestra carrera política, tuvo lugar el 25 de Mayo de 1810.

La revolucion de ese dia fué verdaderamente popular y sin derramamiento de sangre. Intervino en ella la razon, no la violencia. Las puertas del Cabildo habian permanecido abiertas muchas horas á la principal y mas sana parte de este vecindario, convocado con el fin de opinar acerca de las modificaciones que la situacion exijia en el gobierno. El Obispo, los Oidores, los generales de ejército, el Asesor, todos los empleados de nota, fueron escuchados y consignaron sus opiniones en un rejistro bajo sus firmas. El comandante del batallon de Patricios fué quien arrastró la opinion de la asamblea, y mereció el aplauso de la multitud reunida en la plaza, declarando en su voto que el pueblo era el único que podia conferir la autoridad y el mando. Al pié de este voto escribieron sus nombres, Moreno, Chiclana, Vieites, Passo, Belgrano, Castelli, Alberti, Larrea etc. etc., y D. Bernardino Rivadavia.

Desde ese instante, estos hombres audaces echaron sobre sus reputaciones una responsabilidad que se mantendrá llamada á juicio mientras exista la história. Terrible situacion, que es como el castigo de quienes se elevan tan alto que alcanzan á tocar la fama.

Uno de los primeros episodios de la cuestion nacional, obligó al Dr. D. Mariano Moreno á renunciar el cargo de secretario de la Junta gubernativa, á mediados de Diciembre de 1810. Aquel hombre de génio, á quien sus contemporáneos llamaron el Marcelo argentino, dejó un vacio dificil de llenar.

El secretario de la primera Junta habia impreso carácter y dado fisonomia democrática á la revolucion y echado al pueblo en la via del entusiasmo, con una elocuencia de que dan testimonio estas palabras memorables de uno de sus decretos: “un habitante de Buenos Aires, ni ébrio ni dormido debe tener inspiraciones contra la libertad de la patria.”

El puesto dejado por el Dr. Moreno debió ser ocupado necesariamente por una persona de su mismo temple, y capaz de dar comienzo á la reforma social y administrativa que exijian los nuevos fines del gobierno recien creado.

D. Bernardino Rivadavia fué señalado por la opinion pública para reemplazar á Moreno. La Junta ejecutiva instalada el 23 de Setiembre de 1844, que funcionó bajo la presidencia del honrado y enérjico Chiclana hasta Octubre de 1812, le nombró su secretario en los Departamentos de Gobierno y Relaciones Esteriores.

En el año que media entre aquellas dos fechas, se sucedieron como en torbellino los sucesos de todo género. Causa admiracion respetuosa la entereza de corazon y la claridad de juicio que supieron desplegar nuestros padres en situaciones tan dificiles.

Dos ejércitos improvisados en pocos meses obraban en el Perú y en la Banda Oriental, y era necesario proveer á la direccion y á las inmensas necesidades de uno y otro.

Las negociaciones con Vigodet y con el enviado del Principe Regente de Portugal para el arreglo de las complicadas cuestiones de la provincia oriental, exijia por si solas, una contraccion de todos los instantes y el empleo de una sagacidad que salvára con honra los peligros presentes sin comprometer los planes de la independencia que tenia trazados la autoridad que gobernaba aparentemente en nombre del rey de España. Nuestras costas eran teatro frecuente de impensadas invasiones de los marinos de Montevideo enseñoreados de las aguas de los rios. El gobierno patrio no contaba todavia con el valiente granadero que habia de escarmentarles en las barrancas de San Lorenzo.

A par de estos conflictos que pueden llamarse esteriores, asaltaban á la autoridad otros mas inmediatos y no menos premiosos. El rumor sordo de las conspiraciones se apercibia á veces como resultado de las parcialidades, tanto mas enconadas, cuanto que sus banderas en lugar de colores de principios mostraban letreros de nombres propios.

Esta situacion del espíritu público dió su fruto amargo el 7 de Diciembre de 1811. En aquel dia “cediendo á las intrigas y á las seducciones de los enemigos de la patria” segun el lenguaje oficial de entonces, una porcion de soldados del regimiento número 1.ᵒ de la guarnicion, desobedecieron al gobierno y consternaron al vecindario con una escena de sangre. La fuerza trajo á los rebeldes á la antigua subordinacion; pero antes que la ejercitase el gobierno, agotaron sus miembros todos los medios pacíficos, y hasta tuvieron el heroismo de presentarse ante los amotinados sin mas armadura que la persuacion.

No fué este el único ni el mayor peligro de que triunfó aquella administracion. En los primeros dias del mes de Julio de 1812 hubo de estallar una conspiracion contra-revolucionaria, de la cual habrian sido los miembros de la Junta las primeras víctimas si por suerte de la buena causa no hubiera abortado el terrible plan que los conspiradores habian tramado. La habilidad é incontrastable firmeza de D. Bernardino Rivadavia, dice un escritor argentino, contribuyeron á descubrir y á vencer la vasta y poderosa conspiracion de Alzaga, amago el mas serio entre cuantos han podido poner en peligro la independencia del Rio de la Plata.

La administracion de la Junta fué tan laboriosa como las circunstancias lo exijia. Apenas habian transcurrido seis meses despues de su instalacion cuando ya habia dotado al “ejército de la patria,” como entonces se decia, de un Estado Jeneral para su uniformidad y disciplina y de un plan metódico para la reforma de los abusos introducidos en él. Se habian establecido fábricas de fundicion de armas y de pólvora en la capital y en Tucuman. Las famosas baterias del Rosario fueron construidas entonces para facilitar la navegacion y el comercio con el Paraguay. Fué tambien entonces que se creó el regimiento de Granaderos á caballo tan dignamente mandado por San Martin y Lavalle en épocas distintas. Se creó una cámara de apelaciones en sustitucion de la audiencia. Los ejércitos del Perú y de la Banda Oriental fueron socorridos con mas de ochenta mil pesos en dinero efectivo. Se convocó á los caciques de la pampa á un gran parlamento á fin de asegurar las comunicaciones con Patagones y levantar poblaciones en Salinas y en otros puntos adecuados del desierto. Por último, y dejando de enumerar cien disposiciones mas, todas importantes, el gobierno de la Junta estableció la libertad de imprenta y la seguridad individual, bajo la éjida de los estatutos constitucionales, cuyos bienes eran desconocidos en estos paises desde el tiempo de su descubrimiento y conquista. Asi se espresa un documento de aquellos tiempos.

El gobierno de la Junta se ocupó del presente preparando el porvenir. Fué práctico y ejecutivo sin materializarse, no sacrificándolo todo á las urgentes realidades del momento. Se apoyó tanto en las fuerzas morales de la opinion como en la fuerza efectiva de los ejércitos. Supo fundir cañones á la Gomer; pero tambien fué hábil para exitar el patriotismo hasta en el bello sexo. Las damas mas distinguidas de Buenos Aires contribuyeron con una suscripcion crecida para cubrir el valor de un brillante armamento que el Estado no podia pagar por la penuria de su tesoro. Al dar cuenta estas damas del obsequio que hacian al gobierno, y de la poética idea de inscribir sus nombres en las armas adquiridas y distribuidas por ellas, decian en un documento digno de recordarse: “Cuando el alborozo público lleve hasta el seno de nuestras familias la nueva de una victoria, podremos decir en la exaltacion del entusiasmo: yo armé el brazo de ese valiente que aseguró su gloria y nuestra libertad.”

Las reuniones y fiestas públicas comenzaron desde aquel tiempo, con las armonias de los himnos patrios escuchados por la concurrencia puesta en pié y las cabezas descubiertas. El aniversario de Mayo de 1812 fué una especie de palenque noble y pacífico, abierto al mérito y á las virtudes, premiadas ante la muchedumbre para inspirarla una emulacion fecunda. Las sumas de dinero que en los años anteriores se habian consagrado á vulgares y dispendiosas diversiones, se aplicaron en 1812 á socorrer las viudas, hermanas é hijas de los soldados muertos al servicio de la causa comun, á dotar doncellas pobres y á libertar esclavos. Fomentóse la poblacion; se honraron las letras dando á un afamado literato la comision oficial de redactar nuestros anales, y se buscaron en Europa sábios y profesores para derramar en el pais los conocimientos útiles. Las trabas del comercio se alijeraron, á la enseñanza se le dió ensanche y proteccion. Un vasto establecimiento “en donde debia formarse el químico, el naturalista, el jeometra etc.,” bajo la direccion de maestros afamados del viejo mundo, es concebido por la Junta, y se abren suscriciones en la capital y en las provincias del estenso vireinato, para llevar á cabo una idea de tan feliz inspiracion. “Nada importaria, decia con este motivo un aviso oficial, que nuestro fértil suelo encerrase tesoros inapreciables en los tres reinos de la naturaleza, si privados del auxilio de las ciencias naturales, ignorásemos lo mismo que poseemos.” A medio siglo seria oportuno repetir estas mismas palabras, porque ahora, como entonces, esperimentamos la necesidad de dar á nuestros estudios un caracter mas exacto y mas aplicable al aprovechamiento de la naturaleza del suelo argentino, en el sentido de la industria.

La Europa no podia ser indiferente á los notables sucesos de que la parte española de América era teatro desde 1810. La España hacia esfuerzos de todo jénero para mantener su predominio y para robustecer la defensa de sus derechos, no solo por medio de las armas sino tambien de las influencias de los gabinetes europeos, casi todos devotos á ella ó cuando menos al principio lejitimista que representaba.

Llevamos adelante una revolucion que habia de dar forzosamente un nuevo mundo al réjimen republicano, y las monarquias no podian menos que oponerse á la realizacion de este hecho. La España tenia de su parte á todos los gobiernos absolutos del viejo mundo, y acababa de despertar las simpatias de la Inglaterra, aliada suya en la heróica resistencia contra la invasion de los franceses. Los peligros que de esta situacion podian resultar para la revolucion americana se presentaron de bulto con la vuelta de Fernando VII al trono de sus mayores. Casi al mismo tiempo que llegaba á Buenos Aires la noticia de este suceso y de la caida de Napoleon, llegaron avisos fidedignos de la espedicion poderosa que el gobierno español preparaba para avasallar al Rio de la Plata. Espedicion para la cual no contaba únicamente con sus recursos propios, sino tambien con el buen éxito de las negociaciones entabladas para sacar auxilios de provisiones y de fuerzas de los puertos del vasto litoral brasilero, sujeto á las influencias de la casa de Braganza. Esta influencia podia estenderse á toda la costa oriental del Rio de la Plata, que en 1817 fué ocupada realmente por los portugueses so pretesto de sofocar la anarquia.

La politica del Ministerio británico añadia nuevas dificultades á la marcha de la independencia. Cuando los borbones de la Península se restablecieron de las usurpaciones del Corso, Lord Stranffordt exijia mas bien que aconsejaba en nombre de su gobierno, la adopcion por el de las Provincias Unidas “de una conducta politica cual convenia al nuevo órden de cosas” de la España.

Fué entonces y en mérito de tan complicada situacion, que se acordó por el gobierno la mision diplomática de los Sres. Rivadavia y Belgrano cerca de los gabinetes de Madrid, Paris y Londres. En 1814 debieron partir estos señores del Rio de la Plata, y no seria sin emocion que al llegar á la linea que separa al globo en dos hemisferios, tocaron con el inmenso sepulcro de su predecesor y nuestro primer plenipotenciario en el estrangero.

El titulo diplomático de aquellos señores era el de Diputados del gobierno de las Provincias Unidas, y los objetos de su mision de la mayor importancia, pues, usando de las palabras de un distinguido actor en los sucesos argentinos de aquella época, “se dirijian á ganar tiempo y prevenir los resultados de una invasion; objetos, añade, que se hallan especificados en las actas del Consejo de Estado, despues de aprobadas por la soberana Asamblea Jeneral Constituyente.”

Esta aseveracion está de perfecto acuerdo con el testo de una nota oficial del Sr. Rivadavia, datada en Perpiñan á 19 de Agosto de 1816, en la cual dice á su gobierno: “En mi propartida de la córte de Madrid recibí el diploma de 19 de Febrero último, por el que V. E. se ha dignado nombrarme por Diputado de esas provincias cerca de la Corte de Paris con estension á otras potencias.... Recibí igualmente la instruccion á que se refiere, y tengo la satisfaccion de asegurar á V. E. que todas mis operaciones han prevenido el punto principal á que se contrae, que es el de neutralizar todo proyecto de espedicion de la Península con direccion á esas playas.”

A 21 de Diciembre de 1815, el ministro español D. Pedro Cevallos dirijió desde Madrid al Sr. Rivadavia una nota, haciéndole saber que era voluntad de S. M. que en vista de aquella real órden que le comunicaba con mucha gusto por los informes que tenia de sus apreciables cualidades, se pusiese en camino para aquella corte y se presentase á tratar del objeto de su mision, que seria atendido por S. M. en todo lo que fuese compatible con su dignidad y su decoro.

El Sr. Rivadavia no entró á Madrid hasta el 20 de Mayo de 1816, y al siguiente dia fué recibido por el primer ministro á quien en esa ocasion presentó su credencial. Alojaba nuestro Diputado en la calle del Desengaño, casa número 4, cuarto segundo.

Tenemos á la vista algunas notas originales del mencionado ministro de Estado, Cevallos, pasadas al diputado argentino. Se vé en ellas que desde las primeras conferencias en que el rey se prestó á oir las espresiones de sumision y vasallaje de los que se dicen diputados del llamado gobierno de Buenos Aires, comenzó la diplomacia peninsular á apercibirse de que bajo aquellas formas respetuosas habia la intencion formada de una completa emancipacion. No era estraño. Las conferencias comenzaban en Junio de 1816, es decir, un mes antes que el congreso de Tucuman dijese al mundo que era voluntad unánime é indubitable de las Provincias Unídas en Sud-América romper los violentos vinculos que las ligaban á los reyes de España.

El ministro Cevallos halló que el documento que acreditaba el carácter público del Sr. Rivadavia era informal y á tal punto desnudo de autenticidad que daba motivos para sospechar de su lejitimidad. Estas cavilosidades de Cevallos eran alimentada por los informes personalmente interesados que le comunicaba D. Manuel Sarratea, quien segun el mismo ministro tambien se decia diputado. Sarratea aseguraba que los poderes del Sr. Rivadavia estaban revocados. Las pasiones de la lucha intestina habian atravesado el océano y se ejercitaban en mengua del crédito del pais y de su causa, en el seno mismo de los gabinetes de Europa.

El Sr. Rivadavia tenia instrucciones precisas para arreglar á ellas su conducta, pero acabamos de ver que no eran de naturaleza para manifestarse á las cancillerias de Fernando VII. Cuando el ministro preguntó al diputado que si las tenia, contestóle éste que ni la llevaba ni las habia pedido á sus comitentes, dando por razon, que habiendo en la Junta de Buenos Aires algunas cabezas exaltadas le había parecido preferible no llevar instrucciones á llevarlas tales que pudiese irritar el ánimo de S. M.

El Sr. Rivadavia deseando obtener algo de importancia para la causa de su pais, á pesar del mal sezgo que tomaba la negociacion invocó por medio del director de la compañia de Filipinas D. Juan Manuel de Gondasegui, no sabemos que capitulo de sus instrucciones.

Esta contradiccion, entre no tener guia escrita de su conducta y apelar á ella al mismo tiempo, aumentó las sospechas del ministro contra la buena fé con que obraba el diputado, y dictóle los siguientes párrafos de un oficio fecha 21 de Junio que creemos deber consignar al pié de la letra. Dicen así: “Las sospechas crecieron con la noticia de que los corsarios de Buenos Aires se habian apostado á las cercanias de Cádiz para hostilizar nuestro comercio; y esta noticia unida al retardo de la venida de V. dieron á las sospechas un grado de evidencia de que los designios de Buenos Aires no eran otros que los de ganar tiempo y adormedecer las providencias reclamadas por la justicia y por el decoro del gobierno.

“Despues que este ha puesto en práctica todas las medidas reclamadas por la clemencia, y por el deseo de poner fin á una discordia intestina que hace la desolacion de unos pueblos hasta ahora felices, asi por su aventajado clima como por la prudencia y suavidad de las leyes que los regian; es preciso que acordándose de su decoro, corte el hilo de unas conferencias destituidas por parte de V. del candor, buena fé y sincero arrepentimiento que debian animarlas singularmente cuando se entablaron bajo de la autoridad de un soberano que ha querido que el atributo de padre de sus pueblos resalte sobre los demas de su soberania.

“En consecuencia ha determinado S. M. que V. se retire de España para donde guste, bajo la salvaguardia de su real garantia; pues como quiera que esta se concedió á un sujeto que se creyó adornado de las calidades que inspiran la confianza, y despues de las conferencias á otro muy distinto á los ojos de la ley, sin embargo, el rey se desentiende de sus derechos y solo se acuerda de lo que se debe á si mismo. Lo participo á V. de real órden para su inteligencia y puntual cumplimiento.”

El diputado debió hacer al ministerio español una esposicion siete dias despues de la nota que acaba de transcribirse, sincerándose de los cargos que en ella se hacian á su persona y carácter, exposicion que fué tachada por Cevallos de inexacta, y considerada indigna de toda atencion. Sin embargo, el ministro no pudo menos que establecer oficialmente una diferencia entre la persona del Sr. Rivadavia y el gobierno de que emanaban sus poderes, sentando que sus observaciones sobre la falta de candor y buena fé no recaen sobre el diputado, sino sobre la comision que desempeñaba, pero sin embargo, le repetia que el decoro del rey no permitia por mas tiempo la prolongacion de su permanencia en la Península. En consecuencia salió el Sr. Rivadavia de Madrid el dia 15 de Julio de 1816, llevando consigo el convencimiento de que la córte de España estaba irrevocablemente decidida á no entrar por partido alguno “racional, ni á aquietarse sino con el estremo de dominacion que produce una conquista que ensangrienta el resentimiento y el furor en las guerras civiles.”

En comunicaciones de 8 y 18 de Enero de 1816 dió cuenta el Sr. Rivadavia á su gobierno de los incidentes de esta negociacion y del éxito de ella. Asi se infiere de una nota datada en París á 10 de Setiembre del mismo año, dirijida tambien á su gobierno. En esta misma nota se lée lo siguiente: “Es de mi deber participar á V. E. que cuando salí de España se activaban por toda ella las providencias para embarcar en Cádiz una espedicion contra esa capital y dependencias al mando del conde de Labisbal: su número no era aun conocido del público, pues ya se decia de siete, de diez y aun de diez y ocho mil hombres de tropa de línea de toda arma.

Tambien juzgo de mi obligacion avisar á V. E. que era persuacion universal en la córte de Madrid y en toda España, que dichas fuerzas operarian contra ese pais aliadas con las de S. M. el rey de Portugal y Brasil.”

Con respecto á su conducta en la negociacion, el diputado Rivadavia se espresa asi al final de esta comunicacion: “Yo eseguro á V. E. que he llenado todas las instrucciones de mi comision, y que no he omitido medio para persuadir á la córte de Madrid de las buenas disposiciones de esos pueblos, asi como para demostrar la justicia y los derechos no solo de ese pais, sino de todas las poblaciones de América á quienes considero en un caso absolutamente idéntico.”

En la diplomacia como en la guerra, el pueblo argentino no fué jamás egoista. Su sangre y su pensamiento concurrieron jenerosamente á la obra de la independencia, emprendida casi á un mismo tiempo por toda la América de orijen español. El carácter del Sr. Rivadavia se prestaba naturalmente á la idea jeneralizadora que fué como la base de la doctrina política del gobierno creado por la revolucion de Mayo.

Estos antecedentes auténticos dan gran peso á las siguientes palabras que transcribimos del libro titulado Rosas y sus opositores, cuyo autor se hallaba bien informado por relaciones que habia oído de la boca misma de testigos y contemporáneos del Sr. Rivadavia. Tuvo la valentia (dice el autor de aquel libro refiriéndose al diputado argentino) tuvo la valentia de decir rostro á rostro á Fernando VII que la independencia americana era ya una necesidad. El ministro Soler que entró con él en una discucion sobre este punto, salió de ella convencido, y la córte de Madrid alarmada del proselitismo que hacia el americano Rivadavia, ordenó que saliese de los dominios españoles.

Era pues, con mucha verdad que decia á su amigo Chiclana desde Paris en carta confidencial fechada á 14 de octubre de 1816..... «Yo he trabajado cuanto podía y acaso mas de lo que debia: no puedo referirle aun cuanto he hecho, cuanto me he espuesto y los lances que he tenido por conseguir la libertad y bien posible de nuestra compasible patria.....»

A dar crédito á los escritos sueltos que en justificacion propia han dado en 1820 algunos altos funcionarios, debieran obrar en nuestros archivos los documentos suficientes para probar que, si por un abuso de facultades hubo quien en nombre de las Provincias Unidas negociase con la córte de España por conducto del conde de Cabarrus, el establecimiento del infante D. Francisco de Paula en el Gobierno de este pais, no faltó tampoco quien en representacion de los intereses verdaderos de la revolucion se opusiese, en el teatro mismo de aquellas desacordadas negociaciones, á la realizacion de un plan que contrariaba el deseo manifiesto de estos pueblos. La gratitud que este servicio debe despertar en nosotros, recae de justicia sobre la memoria del Sr. Rivadavia, quien descubrió y deshizo, segun toda probabilidad, aquellos errores hijos tal vez de la debilidad del espíritu mas que de la falta de probidad patriótica.

El Jeneral D. Manuel Belgrano partió de Londres para el Rio del Plata el 15 de noviembre de 1815, y desde entonces; los graves negocios de la mision de que hacia parte, quedaron al cuidado esclusivo del Sr. Rivadavia.

La situacion personal de este era embarazosa, no solo por el recargo de quehaceres y responsabilidad, sino tambien por la escasez de medios pecuniarios para atender á los gastos ocasionados por repetidos viajes, por una estensa correspondencia (llevada por él solo, pues no tenia ni secretario ni escribiente) «estando para nada menos aparejado que para pendalista,» como el mismo lo aseguraba á un amigo, y por la necesidad de sostener el decoro de la posicion que ocupaba. Todo el caudal de que había podido disponer desde la separacion de su amigo el Jeneral Belgrano hasta principios de febrero de 1818, estuvo reducido á trescientas sesenta libras esterlinas, que distribuidas en veinte y siete meses que median entre ambas fechas, corresponden á sesenta pesos mensuales. El crédito pecuniario de nuestros supremos Directores no debia ser muy grande entonces en las plazas estrangeras, pues nos consta por documentos fidedignos que la casa de los señores Hallet de Lóndres, no honraron la libranza de diez mil fuertes que á favor del diputado habia librado el Jeneral D. Ignacio Alvarez, encargado provisoriamente del ejecutivo nacional.

A mediados de octubre recibió en Paris el Sr. Rivadavia la noticia semi-oficial de la declaracion de la independencia proclamada por el congreso. «Rindo á V. E., decia al Director con este motivo, las mas sinceras felicitaciones y le protesto los mas vivos votos por su felicidad y acierto.» El dia 12 de Diciembre siguiente, llegó á sus manos un oficio del gobierno de las Provincias-Unidas; comunicándole en forma aquella misma noticia acompañada de «copias certificadas de la declaracion de la Independencia» y advertiéndole del riesgo que corria su persona si aun se hallase en la córte de Madrid, y de la necesidad de retirarse de ella.

Con motivo de esta comunicacion tuvo oportunidad el Sr. Rivadavia de manifestar nuevamente el patriotismo de sus sentimientos, espresándose asi en contestacion. «Me lisongeo de haber anticipado mis felicitaciones por tan plausible é importante suceso. Las repito con una plenitud de gozo que me hace en parte olvidar que esta sancion aunque tan justa y necesaria, no debe mirarse en la actualidad por todos los que tenemos el honor de pertenecer á ese pais, sino como nueva obligacion que nos impone el sacrificio de nuestras pasiones, la dedicacion de nuestros talentos y la concentracion de nuestras fuerzas, para realizarla con la celeridad que exije la situacion urgente de esos pueblos.»

A fines de Diciembre de 1816 fué instruido el Sr. Rivadavia de que en la isla Antigua habia sido capturada por la corbeta Branes de S. M. B., una fragata de guerra con pabellon argentino comandada por el coronel D. Guillermo Brown. La captura tenia por pretesto la falta de los papeles que el derecho de las naciones requiere para ejercitar el corso, y la noticia de este suceso llegaba al conocimiento del Diputado con colores poco favorables á la probidad tantas veces acreditada del que fué despues nuestro glorioso almirante. En este acontecimiento de suma trascendencía en aquella época, procedió el Sr. Rivadavia con actividad y acierto. Su primer paso fué autorizar á los Sres. Hallet hermanos y compañia de Londres, para que procedieran judicialmente á reclamar el buque de guerra y las presas de su convoy, en nombre y representacion del gobierno de las Provincias Unidas.

Apenas el coronel Brown se vió envuelto en aquellas dificultades se dirigió á los Diputados de Buenos Aires en Europa, dándoles cuenta de las circunstancias en que se hallaba. Y como fuese el Sr. Rivadavia el único representante del gobierno de las Provincias Unidas del Rio de la Plata que á la sazon se hallase allí, se creyó en el deber y con el derecho de contestarle asegurándole que desde luego se hubiera dirijido al Lord Vizconde Castlereaght en los términos exijidos por los intereses y derechos de su gobierno, si no hubiese visto con placer que el coronel Brown le aseguraba de que dentro de pocos dias seria declarada libre la fragata de su mando: que en tal concepto creia mas prudente reservar todo paso oficial hasta recibir noticias auténticas y pormenores del suceso.

El Sr. Rivadavia no perdió esta ocasion para levantar el espíritu del prisionero comunicándole la reciente declaracion de la independencia y los sucesos prósperos de los corsarios de Buenos Aires sobre las costas españolas del Oceano y el Mediterráneo. Y como el bravo coronel pidiese en su comunicacion reglas acertadas para dirijir su conducta, no quedó corto el Sr. Rivadavia en satisfacer aquel deseo, haciéndolo con tanto peso que seria una usurpacion á su fama el no consignar aqui aquellas reglas, ya que la casualidad las ha traido á nuestro conocimiento. “Como V. S. tiene la bondad, le decia con fecha 3 de Enero de 1817, de pedir consejos amistosos, yo opino que el interés del Estado, de V. S. y su honor mismo exigen con urgente preferencia que asi que se halle V. S. en disposicion, retorne con toda brevedad á Buenos Aires, participándome en todo caso su determinacion y cuanto sea digno de una noticia oficial.”

Un subalterno de aquella espedicion se había dirigido tambien á los Diputados, y segun parece, con espíritu poco favorable al gefe á quien estaba subordinado. Al contestarle el Sr. Rivadavia en la misma fecha que lo hacia al coronel Brown, lo hace con palabras que tampoco deben condenarse al olvido. Si las que hemos copiado honran la prevision del diplomático, las siguientes demuestran el culto que prestaba el ciudadano, en toda ocasion, al principio de autoridad que mas tarde se esforzó en radicar en su patria. “Creo tan de mi deber como del interés de Vd., escribia al mencionado oficial, el prevenirle á nombre de nuestro gobierno que por ningun motivo se separe V; ni consiguientemente su tropa de la espedicion, hasta que esta regrese á Buenos Aires, ó que otros resultados que imposibiliten este caso le faculten á Vd. á hacerlo; y aun entonces no lo deberá ejecutar sin órden espresa de su gefe. El contesto de su oficio me obliga á recordarle que un oficial de verdadero mérito, cuantos mas conocimientos posea, aun sobre sus gefes, tantos mayores deberes le ligan á la observancia de la disciplina. Yo me lisongeo de que Vd. conocerá bien la importancia de este principio, y toda la trascendencia de cualquiera infraccion de él. Asi espero, que, tan celoso de los intereses de su patria como exacto en el cumplimiento de sus obligaciones, sabrá continuar todos los sacrificios que estas le demanden, proporcionando á nuestro gobierno la satisfaccion de premiar á un oficial que ha sabido completar su mérito....”

Las esperanzas del coronel Brown fueron burladas. La “Hércules,” que asi se llamaba la fragata de su mando, fué declarada buena presa por los tribunales de Antigua, como lo fué mas tarde por el almirantazgo de Lóndres. Para ventilar sus derechos ante los magistrados que componian esta córte militar, se trasladó el coronel Brown á aquella capital, desde donde se puso en correspondencia con el Sr. Rivadavia. El coronel Brown comunicó al Diputado argentino los antecedentes necesarios para que éste formase juicio de aquel suceso ruidoso y para vindicarse de los cargos que la opinion hacia recaer sobre él, no sin algunos visos de bien fundados. Pretendia tambien el coronel que el Diputado se trasladase á Lóndres y tomase parte personalmente en el proceso que bajo la direccion de letrados ingleses habia entablado contra las autoridades de la Antigua.

El Sr. Rivadavia dió contestacion á la nota de Brown desde Paris, con fecha 27 de Junio de 1817, observando que si á él le tocaba “la defensa de nuestros derechos y el honor de nuestro pabellon, no era aquel el campo en donde debieran defenderse, porque ni el caballero Stirling, ni el subdelegado de la marina Antigua, ni la misma córte del almirantazgo habian atacado el honor y la propiedad del supremo gobierno de las Provincias Unidas del Rio de la Plata, sino el ministerio de S. M. Británica.... A este, pues, corresponde esclusivamente la subsanacion de todos los daños y perjuicios irrogados á dicho gobierno, y un enviado no puede ni debe exijirlas de otra autoridad de esa nacion.” Esta determinacion de no presentarse en la capital de Inglaterra, sino en caso absolutamente necesario, tenia por verdadero motivo evitar el hacerse el blanco inmediato de desaires que preveia por el silencio del gabinete y por el curso parcial de la subsanacion del negocio, en el cual habia tomado parte el Cónsul de España desde su iniciacion ante los tribunales. Mas no por esto dejó el Sr. Rivadavia de atender los intereses argentinos. Con la misma fecha de la nota el coronel Brown dirijió una detenida comunicacion á los señores Hallet hermanos y compañia, dándoles bases y razones en que se fundaron para reclamar del ministerio de Relaciones Esteriores del gobierno inglés la satisfaccion que el proceder del Comandante Stirling y la córte del almirantazgo de la Antigua le ponian en el deber de dar.

Como el Sr. Rivadavia tenia á la vista una copia legalizada del espediente obrado en la citada isla, puede considerarse como un estracto de él la relacion que hace de los hechos, los cuales nos parecen interesantes para la historia, por lo tanto oportuna la transcripcion siguiente de algunos párrafos de la nota dirijida á la casa de Hallet.—“Partiendo del principio de la absoluta neutralidad” (dice la nota) que en la guerra de España con las provincias del Rio de la Plata ha proclamado y protestado el gobierno inglés, enunciaré los datos y hechos mas esenciales. La fragata “Hércules” era bajo todo respectos un buque de guerra del Gobierno de Buenos Aires: la comision y el destino son los que dan este carácter segun las convenciones y prácticas que forman el derecho marítimo.

El que la propiedad del buque sea de un particular nada altera esta calidad, y la nacion inglesa es la que puede suministrar mas pruebas de esto. El comandante de dicho buque D. Guillermo Brown es un oficial de las provincias del Rio de la Plata: él es de origen inglés; mas en el momento que admitió el primer despacho del supremo gobierno de dichas provincias, revistió todas las calidades que les autorizaban á obrar como oficial de honor en una guerra contra aquel pais. Los vasallos de S. M. B. han tenido hasta ahora la facultad de hecho y de derecho para consagrar sus servicios á cualquiera nacion, como no sea contra la suya. Y sobre todo, el caballero Brown hacia sobrado tiempo que servia al gobierno de Buenos Aires, para que el de la Gran Bretaña pudiera haberlo sabido y reclamado, si juzgaba que los servicios de él contrariaban sus intereses ó su política.

«En la espedicion de que era parte la citada «Hércules» no intervino la mas mínima propiedad inglesa.» El armamento, pertrechos y habilitacion misma eran de la propiedad y costo inmediato del gobierno de Buenos Aires, como consta de los documentos que obran en el espediente.

El casco y aparejo del buque que formaban toda la propiedad del oficial Brown, no puede calificarse por ningun sólido principio de propiedad inglesa: ella pertenecia antes al mencionado gobierno que habia comprado dicho buque para su servicio, del que hizo donacion á uno de sus oficiales premiando al mérito y animando la emulacion de los que le servian.

«El arribo de la fragata «Hércules» á la Barbada, considerado como buque de guerra no ha contravenido á ninguna ley marítima de comercio ó colonial que autorice á su aprehension y confiscacion, y aun cuando se le gradue de buque mercante, habiendo arribado por necesidad, y no probándole hecho ni intencion de hacer alguna introduccion clandestina, como lo comprueba el proceso, por los tratados y leyes coloniales de España misma, no puede negársele en tal caso el auxilio que su necesidad demanda ni menos detenerlo....»

Hemos dicho que sobre la conducta del coronel Brown pesaban algunas sombras; él bien lo conocia, pues ofreció al Sr. Rivadavia una plena satisfaccion prestándose á darla personalmente en Paris mismo si asi se lo exijiese el Diputado de su gobierno.

El Sr. Rivadavia con la imparcialidad que correspondia en negocios tan graves, no quiso disimularle ni la naturaleza ni la fuerza, tal vez aparente, de los actos que empañaban la fama del buen marino; pero tomando en cuenta la instancia que este hacia para lavarse de toda mancha, tuvo la discrecion el Sr. Rivadavia de tranquilizar el espíritu de quien podia aun prestar á la causa de la independencia servicios de consideracion. En la nota mencionada del 27 de Junio le decia: «Pasando á lo que toca á su honor personal, aseguro á V. S. con la franqueza que me pide; que mi opinion del benemérito coronel Brown es siempre la misma que he tenido la satisfaccion de manifestar en toda oportunidad, y le protesto que me lisongeara mucho poder obrar siempre conforme á ella. Persuádase V. S. que conozco sobradamente los enemigos que forman el mérito y la desgracia, mayormente si los accidentes prestan la decoracion del celo á la calumnia. En caso semejante, donde hay un mérito bien fundado y un talento que hacer valer no falta mas que el carácter, y yo me congratulo de entreveer este en su persona.»

La nobleza de este lenguaje, los principios de derecho público y los pormenores históricos que encierran las dos notas que en parte dejamos copiadas, las dan una importancia que hace que tengamos á dicha la conservacion de tan preciosos documentos. Por cierto que de la lectura de ellos no podría traslucirse la situacion personal del autor, ni los motivos de desaliento que en el instante de firmarlos debian obrar sobre su ánimo. Dejaremos que él mismo pinte esa situacion en el siguiente párrafo de su comunicacion de 24 de Mayo de 1817, al Director Puyrredon, que dice asi: «Acabo de recibir un oficio de V. E. datado en esa capital á 3 de Enero del corriente año .... en que me íntima que no apareciendo motivo de conveniencia que pueda fundar mi residencia en Europa para lo sucesívo, regrese á ese pais .... Yo obedezco á la órden de V. S. y desde luego no promederia un momento entre la obediencia y la ejecucion si no me retuvieran motivos insuperables por el presente. En los puertos de Francia no será fácil encontrar buque que haga viaje directo á esa por lo que probablemente me veré obligado á pasar á Inglaterra. Mas no tengo recurso alguno para hacer frente á los gastos precisos de mi transporte. Y sobre todo, no hace honor á ese gobierno ni á mi persona el salir de esta capital sin cubrir lo que debo en ella, mayormente cuando se me ha anticipado bajo la sola garantia de mi persona.»

El 10 de Diciembre de aquel mismo año recibió nuevos plenos poderes para constituirse en órgano del gobierno de las Provincias Unidas de Sud-América cerca de los soberanos de Europa, con el objeto de conquistar la estima de estos á favor de aquel gobierno, el cual estaba seguro de granjeársela por la bondad de su conducta, segun la espresion oficial de los respectivos documentos diplomáticos.

Por los antecedentes que tenemos á la vista venimos en conocimiento de la importancia de los trabajos del Sr. Rivadavia en Europa; pero no podemos trazar una historia de ellos por lo incompleto de aquellos mismos antecedentes.

El Diputado argentino no dejó de negociar un solo momento, á fin de inclinar al gabinete francés á protejer con su fuerza moral la independencia de esta parte de América, conato principal de nuestra política esterior. El Sr. Rivadavia habia conseguido captarse la amistad de escritores y personajes influyentes capaces de obrar sobre la opinion del pueblo francés y sobre la política de su gabinete. Monseñor Deprat puso su pluma calorosa al servicio de la gran causa americana, y los sentimientos democráticos del noble general Laffayette, no permanecieron inoficiosos ante las hábiles instancias del Sr. Rivadavia cuyo elevado carácter supo apreciar aquel hombre tan simpático para los amigos de la libertad.

Debiendo respetar el punto político de partida del monarca francés de aquella época, el Sr. Rivadavia declaró que el gobierno que representaba habia seguido una conducta conforme con las doctrinas conservadoras proclamadas por el Congreso de Viena de 9 de Junio de 1815. Que aquel creia, por consiguiente, cumplir con sus deberes, perseverando en la línea de conducta que habia seguido, empleando con respecto del Rey de España todos los medios de conciliacion que estuvieran á su alcance, aumentando y fortificando los medios de defensa, al mismo tiempo que se esforzaba por mejorar y perfeccionar sus instituciones. Hacia esta declaracion con motivo del Congreso de soberanos que debia tener lugar en Aix-Lachapelle, y en el cual, segun los cálculos del Sr. Rivadavia, deberia tratarse la gran cuestion americana á instancias del gabinete peninsular. Los esfuerzos de nuestro diplomático se contrajeron por tanto á presentar la causa y el crédito del gobierno de las Provincias Unidas bajo puntos de vista favorables, demostrando en laboriosas memorias que redactó al efecto, el progreso creciente del comercio, de la riqueza y de la civilizacion del Rio de la Plata, asi como de los demas Estados que tenian un propósito comun con nuestras Provincias.—“La existencia politica, la organizacion interior y las relaciones esteriores de la parte mas vasta, hermosa y fértil de la América, (decia el Sr. Rivadavia en 15 de Octubre de 1818, en nota confidencial escrita en frances al Jeneral Dessales, ministro de Relaciones Esteriores) no es negocio que pertenezca esclusivamente á la España: es del interés de todo el mundo civilizado. Las dos potencias americanas reconocidas por la Europa, se encuentran comprometidas en las numerosas complicaciones que acarrea la prolongacion de una lucha desoladora, sostenida en el nuevo mundo durante casi nueve años; lucha cuyas consecuencias son perniciosas para todas las naciones mercantes. Ha ya muchos años que las Provincias Unidas de Sud América y recientemente Chile, han conquistado cuanto título puede exijirse á un pais nuevo para merecer una constitucion nacional.... .... Hasta hoy no se ha presentado á la América la ocasion de hacerse oir y de esplicar de una manera adecuada la gravedad é importancia de sus intereses .... Yo me hallo en situacion de dar á este respecto todas las esplicaciones que se creyeren necesarias.”

Nuestra diplomácia en Europa no perdió de vista, ni por un solo instante, un peligro cuya gravedad debia disimularse y en prevision del cual era prudente captarse simpatías en los gabinetes de primer órden. Consistia ese peligro en una espedicion preparada en Cádiz, cuyo número de soldados montaba á 18 ó 20,000 hombres, segun los Bandos que en tinta colorada imprimia y hacia colocar el gobierno de Buenos Aires en las esquinas de esta ciudad, y ante cuyo buen éxito probable trepidaban aquellos gabinetes para decidirse al reconocimiento de nuestra independencia. “La España, decia con este motivo el Sr. Rivadavia al ya mencionado ministro de relaciones esteriores de Francia, podrá causar una sorpresa á la buena fé de la Europa; pero no está en su poder el alucinar á la América.... No nos és indiferente, por cierto, que esa espedicion parta ó no, puesto que en las Provincias Unidas de Sud-América, la vida y la fortuna de cada ciudadano están identificadas con las de todos los demas; pero el señor Ministro me permitirá asentar aquí dos verdades que sobradamente se justificarán con el tiempo. La primera es que ni el gobierno ni el plenipotenciario de aquellas provincias consentirán jamás en desviarse un solo paso del camino que llevan, ni cederán un punto de la justa solicitud de que se impida á la espedicion militar el zarpar de los puertos de la península. La segunda es, que si la espedicion llegase á realizarse, entonces cesarán todas las consideraciones y miramientos, y la fuerza se encargará de hacernos justicia.”

Fácil es de comprender que la política francesa era dilatoria tanto como indecisa. El Diputado que usaba tanta firmeza en sus comunicaciones no tenia acceso fácil para hacerse escuchar de viva voz como deseaba.

Para conseguirlo, ocurrió á la influencia de sus respetables amigos, y especialmente á la del Jeneral Laffayette, quien levantándose mas alto que los consejeros del Borbon restaurado, comprendia cuanto ganaria el prestigio un tanto débil de la Francia, si se decidia á favor del Sur de la América en los términos que lo habia hecho en otro tiempo con respecto al Norte.

El noble Jeneral que conocia todo el poder de conviccion en que abundaba la palabra del diplomático argentino y que se interesaba en su causa, tenia particular empeño en acercarlo al Ministro de relaciones esteriores. Dirijióle con este fin una memoria sobre el estado general de los negocios de la América meridional, en la cual comenzaba por disculparse de su injerencia en materias de tan alta política, recordando que estaba suficientemente justificado por la que habia tomado en la causa de los norte-americanos cuarenta y dos años antes, y añadia: “La emancipacion de la América española, inspirada por la revolucion de los Estados Unidos, ha sido acelerada por la revolucion europea. Cualquiera género de oposicion á ella no puede conducir sino á aflijir la humanidad sin dañar en lo mas minimo á esa misma independencia. ¿Qué hará hoy la Francia? Al instinto despótico de Bonaparte repugnaba la política generosa.... Ha llegado el momento en que el gobierno constitucional procure su apoyo en la opinion del pais, y sus alianzas en la simpatia liberal de los demas pueblos. Me guardaré de hacer al rey la injusticia de creer que quiera comprometer nuestros intereses y sus deberes por atender á cortesanias de familia. En otro tiempo éramos dueños en gran parte del comercio de la América española, llevando alli nuestros productos al través de la España y por intervencion de las casas francesas establecidas en Cádiz. De aquella ventaja real solo nos ha quedado la conocida preferencia que aun dan aquellos pueblos á nuestras mercaderias; preferencia que los ingleses se empeñan en que caiga en olvido.... Para indemnizar á la Francia de la pérdida de la consideracion política debemos ponernos francamente como en 1778, sin que ahora existan los peligros de entonces, á la cabeza de la independencia americana, para asegurar provechos que no tardarán otros en arrebatarnos... Por lo demas mi mision se reduce á presentar á V. E. en la noche de hoy al Sr. Rivadavia, quien no solo está autorizado para hablar en nombre del pais de su nacimiento, sino tambien de Chile, en donde las armas argentinas han sido tan felices como lo serán pronto en el Perú.”

En la noche del 19 de Enero de 1819 el marqués de Laffayette y el Diputado de Buenos Aires descendieron de un mismo carruaje á la puerta del ministro de relaciones exteriores de Francia. En aquella ocasion debieron tratarse los importantes negocios que las transcripciones que dejamos hechas dan á conocer en defecto de documentos mas esplícitos que no han llegado á nuestras manos.

El Sr. Rivadavia tuvo órden de su gobierno de pasar á Lóndres, reemplazándole en el carácter de Diputado cerca del gobierno frances el Dr. D. Valentin Gomez. Las instrucciones dadas á este último están firmadas por el ministro D. Gregorio Tagle á 21 de Octubre de 1818, y de esta misma fecha es la órden dada al Sr. Rivadavia para trasladarse á la córte de Inglaterra, segun el tenor del artículo 4.ᵒ de dichas instrucciones.

En una nota datada en Paris á 18 de Junio de 1819, dió cuenta el nuevo Diputado de su primera conferencia tenida con el ministro de relaciones exteriores el dia 1.ᵒ de aquel mismo mes, en la cual le habia declarado que en concepto del gabinete frances dependia la suerte de la independencia americana de la aceptacion de la forma monárquica constitucional, y que partiendo de esta persuacion, manifestada con franqueza, le habia propuesto para el gobierno de esta parte de América, al principe europeo, heredero del reino de Etruria, entroncado por línea materna con la dinastía de los Borbones. La manera como el congreso miró aquella proposicion que el Sr. Gomez comunicó con una circunspeccion que le honra, fué el motivo que mas de cerca decidió de la suerte funesta que cupo al cuerpo nacional que habia declarado nuestra independencia en el acta memorable del 9 de Julio de 1816. Cayó envuelto en un famoso proceso y los tiros que le derribaron tuvieron alcance para herir á los Diputados que representaban en paises estrangeros al gobierno de las Provincias Unidas. Estos diputados eran tres en aquel momento. D. Manuel José Garcia, D. Valentin Gomez y D. Bernardino Rivadavia. Una nota de idéntico tenor, en cuya lacónica redaccion se advierte el intencional olvido de toda forma y de todo comedimiento, les anunció que quedaban sin valor sus poderes y que en consecuencia regresaren sin demora á esta capital. El Sr. Rivadavia recibió esta íntimacion el 2 de Julio de 1820.

Disueltas las autoridades nacionales, cayeron las provincias antes unidas en una especie de aislamiento oscuro y estéril. En todos los puntos del vasto territorio argentino dejó de existir el gobierno fundado en la razon y en la ley. Las calles y plazas de la capital misma se convirtieron en teatro de una desgreñada guerra civil, y sobre la superficie social aparecieron esas influencias de baja estraccion que cobran albedrio pernicioso cuando las riendas gubernativas pasan á cada instante de una mano á otra mano por falta de alguna bien intencionada que las rija con energia y tino.

Forzoso era de en medio de este caos hacer brotar la luz; evocar el órden del seno de la anarquia, y construir el poder administrativo con los escombros de la autoridad derribada por la demagogia. Esta fué la obra dificil que el pueblo de Buenos Aires; en un momento feliz de reposo, encomendó á la persona de un guerrero de la independencia.

Todos los amigos del órden se asilaron al rededor de la silla del gobernador D. Martin Rodriguez. La campaña, reducida á una frontera estrecha y mal defendida, trajo tambien su continjente de fuerza en apoyo del nuevo magistrado en quien confiaba para dar mas ámbito á su pingüe industria especial y para garantir las propiedades rurales contra la rapacidad de los bárbaros. La esperanza pintábase en todos los semblantes. La masa del pueblo dotada de esa adivinacion de lo futuro que está negada al individuo, preveia que comenzaba una época nueva, y que las promesas de la revolucion iban á tener en los hechos mas realidad que en las columnas gárrulas de las gacetas. Fatigados estaban los ciudadanos de glorias militares y de venganzas domésticas; ansiaban por el reposo de la paz y por la dulce satisfaccion de poder amarse como hermanos.

Bajo el influjo de esta disposicion de los ánimos, nada recomienda tanto el mérito y el carácter del Sr. Rivadavia como el nombramiento que invocando “el voto público de sus conciudadanos;” hizo en él el gobernador Rodriguez para desempeñar el Ministerio de gobierno, por decreto del 19 de Julio de 1821. “La importancia de sus servicios y la estension de sus luces,” eran otras tantas calidades, que segun el mismo gobernador le señalaban para ser llamado á aquel importante destino.

Los antiguos, ha dicho el mas afamado de los políticos prácticos, inventaron el rio del olvido, al contacto de cuya corriente se desvanecian en las almas los recuerdos de la vida. Pero el verdadero Leteo despues de una revolucion se forma de cuanto puede abrir al hombre las sendas de la esperanza. Este ingenioso pensamiento, bajo formas mas graves sin duda dominaba el ánimo del nuevo ministerio. Esplicándose con alta y generosa filosofia los errores de todos, (de los cuales él mismo no se consideraba exento) como consecuencia de la marcha torrentosa de la conquista de la independencia, se propuso curar esos errores, “cerrando para siempre el periodo de la revolucion, no acordándose mas ni de las debilidades ni de las ingratitudes.” Nueve dias despues de su aceptacion del ministerio, y la primera vez que en este carácter se presentó en la Sala de Representantes, fué para pronunciar la siguiente declaracion que establece un programa tan lacónico como bello. “El gobierno quiere constituirse en protector de todas las seguridades y en un conservador de todas las garantias.”

La Providencia vinole en auxilio para que pudiera dar cumplimiento á los votos de su política conciliadora. El ministro sabia aprovechar los instantes oportunos, y sabia tambien que cuando la generosidad no es simulada tiene eco inmediatamente en el corazon argentino.

En la noche del 26 de Setiembre llegó á Buenos Aires la noticia de un gran triunfo obtenido por nuestras armas coaligadas con las chilenas. El Jeneral San Martin habia entrado victorioso á la ciudad de los Reyes, á la resistente capital del Perú, asiento del poder peninsular en aquel rico é inmenso pais.

Segun la espresion de nuestro gobierno quedaban colmadas con aquel acontecimiento las nobles aspiraciones concebidas en 25 de Mayo de 1810. Los pueblos del continente gozaban ya de independencia; que fuesen libres y dichosos debia ser la única ambicion que cupiese para en adelante á la provincia de Buenos Aires.

Tan grata nueva y tan hermosos sentimientos fueron llevados al seno de la Sala de Representantes el dia siguiente, con la mayor solemnidad, por los tres secretarios de Estado, al mismo tiempo que el proyecto de ley de olvido que fué el primer paso con que el Sr. Rivadavia abrió la série de sus trabajos políticos. Tendia esta medida á tranquilizar y consolar los ánimos, á avivar la fé en la libertad civil ahogada en la grita de los partidos apasionados, y á conquistar entre las parcialidades en que el pais se encontraba dividido, las capacidades y las influencias que pudieran concurrir á la reforma jeneral que se disponia á emprender la administracion. Estas miras eran tas vastas é imparciales que alcanzaron hasta á los antiguos vecinos españoles de esta ciudad, á quienes las exijencias de la época negaban desde 1817 el inocente derecho de unir su sangre en lejítimo matrimonio á las mugeres argentinas. La justicia política fué pues absoluta para todos los habitantes de la provincia de Buenos Aires.

Para apreciar bien el mérito de los trabajos que distingen á la administracion que rijió al pais desde mediados de 1821 hasta el 9 de Mayo de 1824, seria preciso trazar un cuadro detenido de la situacion de las cosas, del estado de la cultura pública y de las propensiones generales de la opinion, anteriores á aquel brillante periodo. Dice con propiedad un escritor inglés, testigo de aquellos trabajos, que nada es tan capaz de hacer el elojio cumplido de los talentos del primer ministro del General Rodriguez como la comparacion del estado del pais entre las fechas en que se encierran los tres años durante los cuales desempeñó aquel empleo el Sr. Rivadavia. A pesar de la dócil voluntad que se sentia en la poblacion para obedecer á un buen gobierno, existia una fuerza secreta que desviaba y detenia su accion; fuerza formada principalmente por las aspiraciones envidiosas apoyadas en hábitos rancios y en preocupaciones que una prensa sin doctrina social habia irritado sin correjir.

Comprendió el Sr. Rivadavia que en situacion semejante debia el gobierno administrar y doctrinar á un tiempo, y que la autoridad, á la cual levanta siempre los ojos el pueblo, debia presentarse como modelo de los que la obedecian. Comprendia tambien que en una república, mas que bajo cualquiera otra forma de gobierno, necesita la autoridad revestirse de la fuerza moral que nace de las virtudes cívicas y de la conciencia de los deberes, y adquirir respeto y prestigio, no por la popularidad que se compra á precio de concesiones y debilidades que acaban por suprimir á la autoridad misma, sino por la bondad de sus medidas, por la razon y el acierto de ellas y por la valiente constancia para sostenerlas á pesar á veces de la opínion pública cuando se pervierte ó estravia.

El ministro del General Rodriguez no confió en si solo: mas que en él y en sus hábiles compañeros puso su confianza en la verdad del sistema representativo que francamente habia aceptado y acababa de estudiar al natural en las instituciones de la Inglaterra.

En primer lugar exijió de la administracion de justicia, ese gran poder del Estado, toda la imparcialidad y todo el saber que constituyen sus principales elementos, elevando á la magistratura los letrados mas íntegros é inteligentes. Y como el sistema democrático es una burla cuando los representantes del pueblo no son mas que la significacion de un partido ó de las veleidades del aura popular de una mañana de elecciones, ejerció su influencia para que en los bancos de la legislatura se sentasen los mas dignos, los mas entendidos y respetados entre los vecinos de la Provincia. Sus atrevidas reformas habrian hecho fracazar al gobierno, si sus proyectos no se hubiesen convertido en ley por el voto de los ciudadanos á quienes acataba toda lo sociedad. En una palabra, el Sr. Rivadavia que no temia ni envidiaba la superiodidad de nadie, y que se consideraba en un puesto merecido, por el testimonio de su propia conciencia, trató de que los poderes públicos se colocasen á la altura de sus miras, y las personas que los componian al nivel de su ilustracion y de su altísima moralidad.

El Sr. Rivadavia, usando de dos voces de su predileccion, era «eminentemente gubernamental.» Y, añadiremos, uno de los argentinos mas demócrata, tomando esta palabra en su hermoso y jenuino significado.

El brazo de este hombre de estado no manejó sino los verdaderos resortes de los gobiernos libres. Los hilos secretos é ingeniosos con que se traman las redes políticas, son demasiados ténues para que no se rompiesen en sus manos de hércules. La libertad, la publicidad, el respeto por la dignidad de las personas, la consistencia de las relaciones sociales por medio de la instruccion y de la mejora moral de los individuos, y, segun su bella espresion, la confianza en el imperio del bien.... tales eran aquellos resortes.

No somos nosotros los que lo aseguramos á título de biógrafos panegiristas: son deducciones de sus propios actos administrativos. El Sr. Rivadavia nos ha legado un precioso cuerpo de doctrina social y gubernativa en los considerandos de los decretos que firmó, en los mensages del Ejecutivo á las Cámaras. Queria ser obedecido mas que por la fuerza del mandato por la del convencimiento obrado por el raciocinio que precedia á sus disposiciones.

Traigamos á la memoria algunas de sus máximas:

«La publicidad es la mejor garantia de la buena fé de los actos, mayormente en aquellos cuya desicion está sugeta á una arbitrariedad necesaria.

«No hay instituciones que contribuyan tanto á la civilizacion de un pueblo, como las que inducen entre los individuos respeto recíproco en maneras y en espresiones.

«No hay medio ni secreto para dar permanencia á todas las relaciones políticas y sociales como el de ilustrar y perfeccionar tanto á los hombres como á las mugeres, á los individuos como á los pueblos.

«La ilustracion pública es la base de todo sistema social bien reglado, y cuando la ignorancia cubre á los habitantes de un pais, ni las autoridades pueden con suceso promover su prosperidad, ni ellos mismos proporcionarse las ventajas reales que esparce el imperio de las leyes.

«Todo premio adjudicado al verdadero mérito, sino es un tributo de rigorosa justicia, es seguramente un resorte de los que mas ventajosamente promueven la perfeccion moral.

«Es cierto que la opinion pública, especialmente en paises inespertos, se estravia de suyo, es á veces sorprendida y frecuentemente resiste á la accion del poder; pero en todos esos casos sosteniéndose esta sobre la masa de los intereses ú obrando al frente de la corriente por medio de la instruccion, de la libertad y de la publicidad, el triunfo es tanto mas cierto y glorioso cuanto que se reviste el imperio del bien.»

Cerraremos esta incompleta página de un verdadero libro de oro con un pensamiento que muestra toda la liberalidad de las miras de aquel exelente estadista:

«Es preciso, decia, que los pueblos se acostumbren á ser celosos de sus prerogativas.»

En el momento mismo en que desde la altura del mando emitia este principio, ponia en manos del pueblo los medios para que conociese la estension y la naturaleza de esa prerogativa, encargando la traduccion del libro de su amigo M. Daunau, «de las garantias individuales» á uno de nuestros mas sérios literatos de aquella época.

Esta traduccion, publicada en crecido número de ejemplares, ha sido uno de los libros en que hemos aprendido á leer y á pensar muchos hombres hoy maduros, ó mas bíen dicho, una jeneracion entera.

Consiste, pues, la principal gloria del Sr. Rivadavia haber colocado la moral en la region del poder como base de su fuerza y permanencia, y en comprender que la educacion del pueblo es el elemento primordial de la felicidad y engrandecimiento. Sobre estas columnas fundó una administracion que todavia no conoce rival en estos paises, y parte de cuyas creaciones, como puntos luminosos, han lucido hasta en las negras horas del gobierno bárbaro que por tantas años mantuvo detenido el carro del progreso argentino.

Apenas ocupó el puesto de ministro, erigió la Universidad mayor de Buenos Aires con fuero y jurisdiccion académica, como estaba acordado por reales cédulas desde el año 1778. Fué este su primer paso en la tarea de fundar establecimientos de enseñanza alta y primaria, bajo un sistema general, oportuno para desarrollar la educacion pública al abrigo del sosiego y del nuevo órden que sucedia á la anarquia.

Inmediatamente despues fundó las escuelas gratuitas bajo el sistema rápido y económico de Lancaster, no solo en los barrios de esta ciudad sino en los mas apartados pueblos de campaña, confiando la inspeccion general de todas ellas á un sacerdote recomendable por su ilustracion y conocido por su jenerosa filantropía. El premio dado por el Sr. Rivadavia al difundidor del benéfico preservativo de Jenner, fué el encargarlo de dirijir el espíritu de aquellos mismos niños cuya salud corporal habia salvado.

Pero su pensamiento orijinal, y mas fecundo fué el de apoderarse, á favor del bien público, de las hermosas cualidades del corazon femenino. Sabia el Sr. Rivadavia—son palabras suyas—que la naturaleza al dar á la mujer distintos destinos y medios de prestar servicios, dió tambien á su corazon y á su espíritu calidades que no posee el hombre, quien, por mas que se esfuerze en perfeccionar las suyas se alejará de la civilizacion si no asocia á sus ideas y sentimientos la mitad preciosa de su especie. La Sociedad de Beneficencia se ha defendido en épocas de retroceso social por la propia importancia de sus tareas, y ha podido educar dos jeneraciones de madres morales é instruidas que han dado entre caricias los primeros consejos y las primeras lecciones á centenares de ciudadanos. La Sociedad de Beneficencia es una escuela normal donde se forman exelentes y dignas matronas que se sucederán unas á otras practicando el bien y ejerciendo la insigne majistratura de la mejora de sexo, mientras exista esta ciudad que la respeta y ama. La anciana moribunda les dirije las últimas bendiciones desde el lecho de la misericordia, y la tierna niña en el albor y fuerza de la vida, desde el banco de sus labores, eleva tambien sus puros agradecimientos á esas segundas madres que les dió la patria por la mano venerable de Rivadavia.

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