Kitabı oxu: «Teatro Colegial Colonial de jesuitas de México a Chile»
TEATRO COLEGIAL COLONIAL DE JESUITAS DE MÉXICO A CHILE
TEXTOS PARNASEO
19
Colección dirigida por
José Luis Canet
Coordinación
Julio Alonso Asenjo
Rafael Beltrán
Marta Haro Cortés
Nel Diago Moncholí
Evangelina Rodríguez
Josep Lluís Sirera
TEATRO COLEGIAL COLONIAL DE JESUITAS DE MÉXICO A CHILE
Julio Alonso Asenjo

©
De esta edición:
Publicacions de la Universitat de València,
Julio Alonso Asenjo
Noviembre de 2012
I.S.B.N: 978-84-370-9222-5
Diseño de la cubierta:
Celso Hernández de la Figuera y J. L. Canet
Imagen Cubierta:
Adel Alonso
Maquetación:
José Luis Canet
Publicacions de la Universitat de València
http://puv.uv.es
publicacions@uv.es
Parnaseo
http://parnaseo.uv.es
Esta colección se incluye dentro del Proyecto de Investigación del Ministerio de Economía y Competitividad, referencia FFI2011-25429
Teatro colegial colonial de jesuitas de México a Chile / Julio Alonso Asenjo
Valencia : Publicacions de la Universitat de València, 2012
290 p. ; 17 × 23,5 cm. — (Parnaseo;19)
ISBN: 978-84-370-9222-5
Bibliografía
1. Teatre colonial - Mèxic - Història i crítica. 2. Teatre colonial - Xile - Història i crítica. I. Alonso Asenjo, Julio. II. Publicacions de la Universitat de València
821.134.2.09(7/8)-251”15/17”
ÍNDICE
MARCO GENERAL
JUAN CIGORONDO, COLLOQUIO A LO PASTORIL HECHO A LA ELECTIÓN DEL PADRE
PROUINÇIAL FRANCISCO BAES Y A LA DEL PADRE VISITADOR DEL PIRÚ, ESTEUAN
PÁEZ. CIUDAD DE MÉXICO, 1598
Estudio preliminar
Texto paleográfico-crítico anotado
ANÓNIMO, COLOQUIO DE LA CONCEPCIÓN. SANTIAGO DE CHILE, 1732
Estudio preliminar
Texto crítico anotado
BIBLIOGRAFÍA
MARCO GENERAL
No son muchas las muestras textuales conservadas del teatro de los centros docentes del periodo colonial hispánico. Aun así, no todas ellas están a disposición de los especialistas o lectores interesados1. Y posiblemente se deba a que no se había perfilado el concepto de teatro escolar o de colegio del Ultramar hispánico que las abarcara o abrazara en su conjunto (Alonso Asenjo TeatrEsco, 3, 2008-2009). De ahí que se procediera a hacerlas públicas no en virtud de su mérito sino por su mayor disponibilidad (por ejemplo, su impresión ya antigua), por la cronología de su invención, o a conveniencia de los intereses profesionales o editoriales. Podríamos añadir como criterio complementario el de que se han publicado aquellas más cercanas a dos campos de especialidad: la del teatro religioso público en general del período áureo y las más cercanas a géneros clásicos como églogas virgilianas. Frutos de estas vías o criterios son la publicación de la Tragedia del Triunfo de los Santos (México, 1578, ed. 1579 y varias posteriormente: F 872) y las de Espinosa Medrano Amar su propia muerte y El rapto de Proserpina y sueño de Endimión (Cuzco, c. 1650, F 2324. 2325), por una parte, y dos églogas del P. Bernardino de Llanos, jesuita (México, 1585 y 1589; F 870. 871) y la que precede a la anónima Vida de San Ignacio (México, 1628, F 2092), publicada por I. Osorio Romero 1979, 130-132.
Afortunadamente, el paso del tiempo suele respetar especialmente los textos más logrados, que, por otra parte, normalmente proceden de un espectáculo presentado en circunstancias de especial solemnidad y, por tanto, encargados al dramaturgo más reconocido en el momento, si es que no consiguió que conservaran en un códice sus mejores textos o que uno excelente se multiplicara en copias. A otras piezas les sonrió la suerte por su mínima entidad textual, que se une a un azar de su transmisión y a su calidad de muestras representativas de territorios concretos, especialmente si colocados entre los primeros balbuceos o muestras de una literatura nacional. De este modo se publican y estudian el Entremés de Llerena (Santo Domingo, 1588, F 2225) y la Láurea crítica del estudiante de los jesuitas Fernández de Valenzuela (Bogotá, 1629, F 2226), o se aprovechan como material literario no necesariamente teatral. Así la Loa de Zúñiga y Mera en una comedia del P. Bastidas en Quito (c. 1649, F 2329).
En 1948, el P. Rubén Vargas Ugarte, que lo había encontrado, publicó el Coloquio de la Concepción (Santiago, 1948, F 2331), y en 1953 apareció impresa la Comedia de San Francisco de Borja del P. Bocanegra (Arrom 1953). El resto de obras hasta hoy conocidas van ofreciéndose al público progresivamente desde el resurgir de los estudios del teatro colonial a fines de los años 70 del siglo XX. La muestra más significativa de esta nueva andadura es la obra dramática del P. Juan Cigorondo, a caballo de los siglos XVI y XVII, presentado por Othón Arróniz (1979, 191-238). A partir de ahí va editándose la obra dramática (y poética) de este fecundo jesuita, recogida en un Cartapacio curioso de algunas comedias del P. Juan de Cigorondo2. Ininterrumpidas investigaciones hasta hoy han documentado otras muestras textuales de algunas de sus obras conservadas fuera de ese meritorio códice, como las del Ms. 18155 de la BNE, la Tragedia intitulada Oçio (Alonso Asenjo 2006; F 856) y otra copia de una de las obras del Cartapacio3. Completan este panorama obras de otros dramaturgos del siglo XVII: las anónimas Vidas de San Ignacio (Padilla Zimbrón 1993 y 2004: F 950, 2301, 2082) y El esposo por enigma (México, 1646, F 2183). Pero, pese a la continuidad de los esfuerzos, aún queda manuscrita e inédita parte de la obra dramática de P. Cigorondo4.
En lo que acabamos de considerar, habrá podido observarse que nos movemos casi exclusivamente en el ámbito de los centros de enseñanza o colegios de jesuitas. Y esto sucede pese al temprano establecimiento de centros docentes de Gramática y superiores en distintos territorios del Nuevo Mundo, a los que brevemente queremos aludir. Los franciscanos crean en Santo Domingo escuelas de Gramática ya desde 1503 y, posteriormente, un Estudio de Teología; los dominicos tienen abierto el suyo desde 1510. Conquistada la ciudad de México en 1521, se enseña a españoles y criollos en los conventos. Los franciscanos crearon los primeros centros de enseñanza para indígenas, a modo de internados, el más importante de los cuales fue San José de los Naturales, 1527; posteriormente, en 1535, se fundó el Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco5. Tampoco tardaron en aparecer casas o centros docentes en Cuzco o en Lima, ciudad esta fundada en 1535. Hubo también aquí escuelas elementales para hijos de españoles y criollos y ya en 1536 un colegio para formar a los hijos de indios principales; en 1540 la Corona impone que junto a la iglesia de cada lugar haya una casa que funcione como escuela. Sabemos que colegios de enseñanza con aprendizaje de latín y retórica funcionaban por el Virreinato a mediados de siglo (Cuzco, Lima, Cali, Popayán, Trujillo...) y en 1568 los recién llegados jesuitas fundan en Lima el Colegio de San Pablo6.
Con medio siglo de diferencia o incluso menos respecto de las modernas universidades de la metrópoli (Valencia y Alcalá, 1499; Sevilla, 1504; Santiago de Compostela, 1505), se van fundando universidades en Ultramar. Primera, con aprobación pontificia pero no real, en Santo Domingo, la de Santo Tomás de Aquino por bula pontificia del 28 de octubre de 1538, por los dominicos; enseguida, 1540, el Colegio Gorjón, anterior escuela pública fundada por el obispo Ramírez de Fuenleal (antes de 1530), así llamada al ser dotada por el medinense Hernando de Gorjón7; pasó a llamarse Universidad de Santiago de la Paz en 1583. A estas dos universidades acudían estudiantes de las islas del Caribe y de la Tierra Firme de las actuales Venezuela y Colombia. Sigue la fundación de las universidades principales, aprobadas por el Consejo Real, en el Continente: en Lima, la de San Marcos (Real Provisión del 12 de mayo de 1551), primero bajo exclusiva responsabilidad de la Orden de Predicadores (1553), renovada y plural a partir de 1571 (ratificación de la Real Provisión por bula del 25 de julio de 1571); la Universidad de México (Real Cédula de 21 de septiembre de 1551, ratificada por bula del 7 de octubre de 1595), que inaugura sus cursos en junio de 1553.
Podríamos pensar que la falta de noticias y, sobre todo, de textos representados en las universidades coloniales podría diferenciarlas de las de la metrópoli, ya antiguas, como Salamanca, ya las modernas anteriormente señaladas. Pero, en el estado actual de nuestros conocimientos, tal diferenciación es dudosa, pues las noticias de las representaciones en estas son muy escasas hasta unos treinta años después de su fundación8. Y apenas tenemos textos de su primera época9. La explicación parece ser que el cumplimiento de la norma estatutaria o el respeto de la costumbre no es noticiable ni en la metrópoli ni en las colonias, y actas o crónicas dejan constancia escrita solo cuando se produce alguna alteración o novedad. Es lo que sucede cuando se pena la incuria de los profesores en Salamanca en 153010; o cuando un maestro solo accede a dirigir la representación bajo compensación, como en Santiago de Compostela 157711; o cuando los estudiantes, en la misma universidad, tienen que representar por fuerza en 1619 (F 2264) o bajo amenazas en 169112. Lo mismo sucede en la Universidad de Lima (con cátedras de Gramática, Retórica, por lo menos mientras se pudo conseguir dotación para ellas13), cuando, como resultado de la oposición a las representaciones escolares de gran parte del claustro en razón, decían, del alboroto y de muchas inasistencias a clase debido a la circunstancia de estos actos, se decide abolir la norma estatutaria que obliga a representar en latín y en romance dos veces por curso14; o cuando, en Santo Domingo, se produce el procesamiento de Cristóbal de Llerena por su Entremés en 158815. En cuanto a la situación en Estudios de Gramática municipales o privados, en los diocesanos o de Órdenes, en lo que toca a la conservación de textos, es más favorable la fortuna en España (Hércules Floro, Bachiller de la Pradilla, Sorio, Maldonado, Romañá)16.
La misma actividad que en España hubo de darse, a su debido tiempo, en la colonia, como nos consta por las noticias de dómines y bachilleres que enseñaban desde los años 40; así el bachiller Luis Sánchez en la ciudad de Cali, por el año de 1549, cuyos estudiantes indios y mestizos «representaban muchas comedias en latín muy elegantes» (García Quesada 1909, 443); o en 1556 en Trujillo, donde entonces daba clases de Gramática el maestro Diego del Canto Corne, parisino; representaciones hubo, unos años más tarde, en el Colegio- Seminario de Popayán, fundado en 155517. Finalmente, la actividad del maestro Diego del Canto Corne prosiguió, desde 1583, en calidad de catedrático de Prima en la Universidad de Lima, donde representó con sus alumnos al año siguiente unos «Coloquios» (F 911): es la única representación conocida en esa Universidad, como lo es la del Colegio Gorjón en Santo Domingo, 1588, que tuvo lugar en la catedral en la fiesta del Corpus, a cargo de los alumnos del catedrático Cristóbal de Llerena18.
Pero lo extraño aquí es que a la escasez de noticias de representaciones se una hasta el momento nuestro desconocimiento de texto alguno, salvo el del Entremés nombrado del auto o comedia del Corpus dominicano, fruto que debemos agradecer a la incursión del azar en una añeja costumbre de representaciones públicas por escolares19. Tal situación extraña todavía más en la Universidad de México, que muestra su fervor humanístico en la presencia y actividad en ella desde sus comienzos de Francisco Cervantes de Salazar, catedrático de Retórica en los cuatro primeros años de esa Universidad, con la impresión de la Exercitatio Linguae Latinae (1537) o Coloquios de Vives, prolongados y ampliados en 1554 (O’Gorman). Sin embargo, no hemos podido encontrar certificadas representaciones teatrales en el siglo XVI, más allá de las parateatrales actividades celebrativas de las tradicionales Conclusiones, de los vejámenes o de ciertos festejos.
Otra es la situación del teatro colegial o escolar en ambas capitales virreinales desde la llegada de los jesuitas20. Y decimos bien de la llegada, porque, por ejemplo, cuatro meses después de su entrada en Lima y aún acogidos en el convento de los dominicos mientras se les construía casa, iglesia y colegio, ya organizan con sus alumnos una representación en la iglesia de esa Orden de Predicadores, para celebrar la festividad del Corpus en 1568 (F 2356). Las representaciones (de que conservamos noticia, a veces detallada) continúan desde el momento en que empieza a funcionar su Colegio de San Pablo21.
Y la situación no fue muy diferente cuando los de la Compañía de Jesús llegaron a México cuatro años más tarde (1572), pues recortan su periodo de adaptación para, ya a los dos años de su llegada, al comienzo de 1574, representar en Pátzcuaro un Diálogo sobre la imagen de Nuestra Señora y reliquias de santos (F 875) y preparar otro espectáculo el mismo año en México (F 877). Con una tragicomedia representada ante Virrey, Cabildo e Inquisidores inauguran el curso de 1577 (F 880) en el Colegio de San Pedro y San Pablo e inundan toda la ciudad de espectáculos durante una octava por la llegada de reliquias (2 a 9 de noviembre de 1578). En este caso, afortunadamente, tenemos, con la noticia de los hechos, la certificación en textos como el principal y más logrado de la Tragedia del Triunfo de los Santos (Mariscal).
Es muy posible que tanto en Sevilla, puerto y puerta de las Indias, como en los dos destinos finales de las flotas y de su cargamento, México y Lima, esta actividad dramatúrgica, sin duda unida a un método activo y eficaz de su pedagogía, provocara problemas en la organización de la docencia: en Sevilla, para 1590, se muestra el recelo y la crítica de las viejas instituciones docentes (quizá el Estudio de Malara / Mal Lara) contra el forzado monopolio de la enseñanza de Gramática y Retórica, según se refleja en el Entretenimiento de «Hércules libertador de la Ciencia» de la Tragedia de San Hermenegildo (Alonso Asenjo 1995, t. 2); en México, la Universidad, que se estaba quedando sin alumnos en las cátedras de Gramática y Oratoria, llegó en primer lugar a un acuerdo de reconocimiento del título de estos estudios expedido en Colegios de la Compañía; posteriormente, se suprimen esas cátedras y los estudiantes pasan a cursar las mismas materias en el colegio de los jesuitas22. En Lima, cuya Universidad a punto estuvo de perecer en la competencia con los colegios de la Compañía, ya venía ocurriendo lo mismo desde 1582 (Vargas Ugarte 1966, 274).
Así, pues, ya tenemos explicación de la ausencia de noticias tempranas en las Universidades coloniales sobre representaciones escolares y de sus textos, sabiendo que, primero, moviéndose dentro de la normalidad académica no se anotaba su regularidad, salvo sucesos reseñables, como aquel de Santo Domingo del que emergió un pecio de sus textos hundido hasta hace poco en el Archivo de Indias; además, que, por considerarlas composiciones de circunstancias que se consumían en el momento de la representación, los textos no se conservaban. Finalmente, que de las cátedras de Gramática y Oratoria se hicieron cargo pronto los jesuitas.
De todos modos, tenemos noticias de representaciones a lo largo del siglo XVII que avalan lo expuesto. Las organizaron las Universidades en medio de solemnes celebraciones y espectáculos para honra, defensa y publicidad de la inmaculada Concepción. Fue una máscara en Lima, 1619 (F 958); comedia, máscara y sarao en México en el mismo año y con el mismo motivo (F 2361). Asimismo, conocemos fastos similares ya tradicionales en México, en los que participaron con sus textos Agustín Salazar y Torres con su Drama Virginal para la Universidad de México o Auto virginal de la destruición de Troya, 1670 (F 2353) y Alonso Ramírez de Vargas, en 1682, con El mayor triunfo de Diana (F 2352). En 1680 se montó La hidalga del valle de Calderón de la Barca (F 2224) y hubo otra comedia de la Purísima en 1675 (F 1025), y también otra para celebrar ante toda la ciudad la dedicación de la Catedral Metropolitana en 1656 (F 1023). Y, salvo en la representación del Drama virginal, de la que nada sabemos, actores de las representaciones fueron los estudiantes de la universidad, entrenados por los jesuitas en su anterior etapa formativa23.
En la metrópoli se dan actos semejantes, como fue la representación en la Universidad de Salamanca, en 1619, de La limpieza no manchada, Comedia de la Concepción Inmaculada de la Beatíssima Virgen María (F 823), cuyo texto se encargó a Lope de Vega, pero, curiosamente, la representación a la compañía profesional de Baltasar de Pinedo. Este dato se explica por la costumbre de contratar a compañías de actores profesionales para este tipo de celebraciones, y así nos consta desde 1606 / 1612 y en catorce ocasiones más de la Universidad de Santiago de Compostela (González Montañés 2008, 7 y la Base de datos de TeatrEsco, F 2273); y en la de Universidad de Salamanca, desde 1560, incluso para obras escolares, consta por primera vez la participación de representantes profesionales pagados por los propios maestros (Framiñán 2006, 121).
Al plantearnos el enriquecimiento del conocimiento del teatro escolar o colegial colonial, que siempre tendrá su máxima base en la edición autorizada de textos, seguimos algunos principios. El primero es obviar aquellos textos que ya hayan recibido una o varias ediciones suficientes o rigurosas, como son las de las obras señaladas más arriba, trátese del Entremés de Llerena, de la Láurea crítica de Fernández de Valenzuela, de la Tragedia del Triunfo de los Santos u otras del siglo XVII, además de las ya editadas de Juan Cigorondo. Segundo criterio es elegir obras de notable valía aún inéditas o que, aunque publicadas, bien merecen una edición crítica y rigurosa. En tercer lugar, que sean representativas de distintos territorios, géneros y épocas. Sería ideal poder elegir obras tanto de universidad como de colegios de jesuitas, pero, a falta de textos de la primera procedencia, hemos recurrido a las del segundo grupo. Por tanto, ofrecemos al lector dos obras de colegios de jesuitas.
La primera obra seleccionada es el Colloquio a lo pastoril hecho a la electión del Padre Prouinçial, Francisco Baes y a la del Padre Visitador del Pirú, Esteuan Páez del P. Cigorondo, representada en el Colegio o Seminario de San Ildefonso de México en 1598, excelente muestra no solo del género de la égloga, situada a la altura estética a que en el teatro colegial de los jesuitas había llegado por obra de los Padres Llanos, Barzana (a lo que sabemos) o el mismo P. Cigorondo. Representa perfectamente al P. Cigorondo, en verso castellano y latino, situada en el vértice de ambos siglos, si bien representa más bien el último período del siglo XVI, comparable con el momento anterior al Barroco.
Por otra parte, el Coloquio de la Concepción, de autor desconocido o no suficientemente acreditado, como texto representativo del Virreinato del Perú, de cuyo territorio, fuera de esta obra, solo conocemos los textos de varias decurias ya avanzado el siglo XVIII, que no tienen entidad teatral suficiente como para representar los mejores frutos del teatro colegial. En los márgenes quedan algunas obras, más que colegiales, «conventuales», como las de fray Juan de la Anunciación, ya en el siglo XVIII24, y la relacionada con los Oratorianos titulada Bonanzas de las danzas25. También se elige el Coloquio de la Concepción como representativo del periodo del Barroco, aunque no recoja de él las características de su mayor esplendor en estilo y situación, porque no se pensó para una celebración triunfal como sería la de una beatificación o canonización, sino de la circunstancia más bien familiar del recibimiento del padre y pastor por una comunidad docente y discente. Por otra parte, en la ideación de texto y espectáculo es posible que se quieran poner en práctica nuevos elementos de la preceptiva neoclásica que estaban empezando a proponerse a los más selectos de los creadores literarios. Tiene, además, la ventaja de representar a la Provincia chilena de la Compañía con las galas de lo autóctono, frente a las aportaciones que el P. Haymbhausen había realizado a esa Provincia de las obras musicales, azarzueladas a su modo, por el P. Franz Lang, que, llegadas en años posteriores a nuestro espectáculo, se representaran en tierras chilenas (Alonso Asenjo 2014, RILCE).
Por lo demás, el texto de este Coloquio de la Concepción está necesitado de una edición rigurosa y esmerada tras la primera, aunque meritísima, bastante elemental y desmañada. La segunda, en 2002, únicamente pudo aportar un texto más correcto y claro, pero sin el contraste con el manuscrito original que el autor, J. Promis, no pudo encontrar26. Un texto completo y crítico es el que queremos presentar con el necesario comento, a partir del cotejo con el texto del manuscrito reencontrado, tras situarlo en el marco correspondiente, que son la obras concepcionistas contemporáneas y, en particular, la Loa de la Concepción de Sor Juana Inés, que le sirve de marco y estructura, enriquecido, además, por varias composiciones de la misma musa, en particular secciones del Sainete segundo transmitido impreso con Los empeños de una casa, tributo de admiración y tácito homenaje de jesuitas a la monja jerónima.
De este modo, si no lo más válido de la Provincia de Chile (que no podemos afirmar por faltarnos términos para la comparación), ofrecemos la muestra más representativa del teatro de colegio de América del Sur con el Coloquio de la Concepción, que, por lo dicho, tiene, además, la ventaja de trasladarnos a la América del Norte, al otro Virreinato, mediante el aprovechamiento de obras allá nacidas. Repite así, de otro modo, el hermanamiento entre ambos Virreinatos mostrado por la realidad – ficción del Coloquio a lo pastoril de Cigorondo, con ese exigente viaje de los pastores peruanos a las verdes praderas tenochtitlanas, para allí recabar mayorales que cuiden de sus rebaños.
También, si en la primera de estas dos piezas se ofrece la producción de los jesuitas de fines del siglo XVI, en la fase manierista del humanismo o clasicismo antes de la eclosión del Barroco, en la segunda se presiente la disolución del Barroco, en la antesala del Neoclásico.
Ambas obras, que presentan un teatro de la palabra (no de la gran escenografía y aparato del Barroco) de 1598 a 1732, representan los 135 años centrales de la producción del teatro colegial colonial. Un poco más allá, en México, nos encontramos con el Barroco de esplendor que lució en las canonizaciones de Ignacio y Javier en México y Puebla (por más que no conservemos los textos de las representaciones) y, tras el Coloquio de la Concepción, en América del Sur, con el teatro musical de F. Lang trasladado de Baviera a Santiago o las zarzuelas desarrolladas en las misiones jesuíticas de chiquitos, moxos y guaraníes.
Aparece así el carácter de este teatro que da fe de la realidad colonial, juntando en Cigorondo a alguien que, nacido en España, se educa en la colonia, lo mismo que esta realidad compleja asoma, si no en el autor del Coloquio de la Concepción, a través de los implicados en el espectáculo, director, actores y público. En el arzobispo honrado no solo se cifran su Huánuco natal y la Lima de su actividad, con el lugar de procedencia como pastor, la Córdoba de Tucumán, sino que en él resuenan también sus antepasados vizcaínos, representados por alguien sin duda comprometido con el espectáculo, el P. Joaquín Villarreal. También en eso quedan hermanados ambos coloquios, pues soplan en el Coloquio a lo pastoril los mismos aires marinos de la Vizcaya ancestral, ya que, en la amplia colonia de vizcaínos asentados en la Cádiz marinera había nacido su autor, Juan Cigorondo (Garmendia Arruebarrena).
1.– Ahora pueden verse recogidas por Julio Alonso Asenjo en el «Catálogo del Antiguo Teatro Escolar Hispánico – Base de datos de la revista digital TeatrEsco», en línea: <http://parnaseo.uv.es/Ars/teatresco/BaseDatos/Bases_teatro_Escolar.htm.
2.– Hasta hoy van publicadas las siguientes obras dramáticas del P. Cigorondo: Encomio quinto de los Encomios al felicíssimo Nasçimiento de la Virgen en la colocaçión de la ymagen; Égloga Pastoril al Nacimiento del Niño Jesús; Colloquio al Santísimo Sacramento en metáfora de grado de dotor; Coloquio al Santísimo Sacramento; Comedia a la gloriosa Magdalena (o Trofeos del Amor Divino en la Magdalena); Juego entre quatro niños a la venida del Pe. Prouinçial y sus compañeros; Tragedia intitulada Oçio.
3.– Comedia a la Gloriosa Magdalena del cartapacio llamada ahora Trofeos del Amor Divino en la Magdalena o Coloquio de la Magdalena. Trofeo de el divino amor y Colloquio (P. O.) de la Magdalena y Trofeo de el Divino Amor.
4.– De algunas se han publicado secciones o partes. Pero dado que varias obras de Cigorondo son complejas y presentan varias, además de las Églogas del engaño o Comedia del hombre, F 860, aún están sin editar: la Egloga seu Pastorum lusus cuius subiectum Maria Magdalena est, F 864; Ecloga del Nascimiento F 865; varios (7) Encomios al felicíssimo Nasçimiento de la Virgen en la colocaçión de la ymagen, F 858 y el Coloquio a lo pastoril que aquí se ofrece.
5.– Primera institución de educación superior de América, aunque jamás obtuvo el título de Universidad. Fue destinada a la aculturación europea de los hijos de nobles indígenas. Bernabé Bartolomé Martínez, Historia de la educación en España y América: La educación en la España moderna (Siglos XVI-XVIII). Madrid: Fundación Santa María - Ediciones SM, 1993, 385.
6.– R. Vargas Ugarte, Historia General del Perú, 1966, II, 58ss, recuerda, entre otros, los nombres de preceptores de Gramática: Lic. Juan de Cuéllar, en Cuzco; Enrique Garcés en Lima; Diego del Canto Corne, en Trujillo; Vargas Ugarte, Historia de la Iglesia en el Perú, I, 1953 y II, 1959, passim; Clementino Pastor Migueláñez, Cultura y humanismo en la América colonial española. LibrosEnRed, 2011, vol. 1, p 293s. Alonso Asenjo, TeatrEsco, 2008-09 et infra.
7.– Por Real cédula de 23 de febrero de 1558, quedó erigida oficialmente la universidad. Cf. Bernabé Bartolomé Martínez, 1993, 385.
8.– Curiosamente por los años en que se crean las universidades del Nuevo Mundo.
9.– No conservamos ninguno de la antigua Universidad de Salamanca de por estas fechas (Celestina y Auto de repelón son «otro cantar»; cf. F 2379, 2380 y Alonso Asenjo, 2010, p. 51s), ni de la de Sevilla; los del Bachiller de la Pradilla surgen el marco de un Estudio diocesano; los de Valencia se compusieron al parecer en el ámbito de la Sena renacentista (Partenio Tovar: Alonso Asenjo, ibid.); algunos dudan incluso de la existencia textual de la Loa de Santiago (1508; cf. González Montañés) y no conservamos sino algunos datos de la representación de Pedro de Lerma en Alcalá (1508). Las fechas de las siguientes representaciones o, en su caso, de las primeras documentadas, son Valencia, 1527; Alcalá, c. 1537, y 1530 en Salamanca, pero aquí para decirnos que se multó a los profesores por no cumplir con su deber de preparar las normativas representaciones. Los textos de la primera mitad del siglo XVI, salvo unos pocos de Alcalá (Petreyo) y Valencia (González y Decio) están perdidos.
10.– No se representaron «como lo manda el Estatuto»; o: «conforme al Estatuto», o simplemente «no se representó la comedia» en los cursos de Gramática de mayores o de medianos, por lo que se multó a los referidos profesores. Así lo recoge M.ª Jesús Framiñán de Miguel, «Actividad dramática en el Estudio salmantino del Renacimiento: Plauto y Terencio», 2002, vol. III, 1187-1200, en p. 1196.
11.– El Mº Juan Martínez intentaba negarse a componer y representar la obra alegando sus muchas ocupaciones, pero el rector le apercibe de multa y en compensación le exime de la asistencia a la Cátedra nombrando un sustituto (J. I. González Montañés, en F 2240)
12.– Los estudiantes se negaron a representar, porque suponía renunciar a la fiesta, pero hubieron de hacerlo amenazados con suspensos y expulsión en 1691 (J. I. González Montañés en F 2244).
13.– R. Vargas Ugarte, Historia de la Iglesia en el Perú (1511-1568). Lima, Imprenta Santa María, 1953, t. I, libr. 2, p. 339.
14.– Véase la documentación a que remite G. Lohmann Villena, El arte dramático en Lima durante el Virreinato. Madrid, 1945, p. 53, n. 69. Consta, además, en las Constituciones de la Universidad de San Marcos de Lima, en la Cédula Real de su fundación: «Que el Catedrático de Prima de Latinidad tenga dos comedias o coloquios cada año en latín, o en latín y romance, y los demás, uno. Y se les dé ayuda de costa (Título VI, constitución LXIII; ed. 1735, en Rubio, 1933, p. 118).
15.– El suceso venía a repetir el que tuvo lugar unos años antes (1574) en México en un contexto semejante, al recibimiento del arzobispo Contreras Mayo.
16.– Hércules Floro en Perpiñán, y Bachiller de la Pradilla en Santo Domingo de la Calzada- Calahorra desde 1499; fray Baltasar Sorio O. P., 1513, en San Mateo del Maestrazgo; en Valencia, Partenio Tovar, c. 1503; en Santiago, Pedro de Vitoria y otros bachilleres, 1508. Cf. Alonso Asenjo, 2010. Siguen a escasa distancia temporal Maldonado, Petreyo, Romañá... Cf. Alonso Asenjo, «CATEH- Base de datos».
17.– Por lo demás, en 1561 ya había una escuela de Gramática de la Catedral de Lima, donde Gonzalo de Trejo adiestraba a los niños de coro. Y Pedro Sarmiento era preceptor de Gramática y enseñaba latinidad por encargo de la de Cuzco en 1566 (R. Vargas Ugarte, Historia de la Iglesia del Perú. Lima, Imprenta de Santa María, 1953, t. I, libro 2, pp. 332 y 334).
18.– G. Lohmann Villena, El arte dramático en Lima durante el Virreinato. Madrid, 1945, p. 53, n. 69. F 911. R. Vargas Ugarte, Historia General del Perú. Lima, Carlos Milla Batres, 1966, p. 59.
19.– Su conservación se debe a la apertura de un proceso contra el autor, en el que el texto figuraba como prueba. Encontrado por Icaza en el Archivo de Indias; cf. Arrom-Rivas Sacconi, 1959 y F 2226. Sobre la Loa a Santiago, F 2287, cf. J. I. González Montañés, p. 3. Sobre esas representaciones públicas del Corpus con participación de los estudiantes del Estudio local, cf. J. Alonso Asenjo, 2007, y en Salamanca, Framiñán de Miguel, o. c. Ver F 608. 2184.
20.– También aquí se va a dar la circunstancia de un decenio después en Sevilla, donde a la tradicional actividad del humanista Malara o Mal Lara, formado en Salamanca y entrenado en estas actividades teatrales en los años ‘40, que continuó en su patria hispalense, sigue la irrupción de los jesuitas a partir de la fundación del Colegio de San Hermenegildo y especialmente con la presencia actuante del padre P. P. de Acevedo (1561-1571). Cf. Alonso Asenjo, 1995, vol. I y II.
21.– Desde 1569, cf. F 912. 922. 923. 2375; 1570, F 914; 1572, F 1097; 1573, F. 2388; etc.
22.– Un texto de Rubio Mañé precisa estas circunstancias: «De los jesuitas se informa por el cronista Plaza que en 1602 se consideró en la Universidad que era tan competente la enseñanza de esos religiosos en la cátedra de Gramática en sus colegios, que se había de suprimir la que mantenía la Universidad. Así se hizo en el rectorado del doctor Quesada y Figueroa, en ese año de 1602» (El Virreinato, IV, 257).
23.– Que también fuera posible la participación de actores y compañías profesionales en centros escolares de Ultramar se deduce de la noticia sobre el hecho de no haber podido contratarlos para una representación relacionada con los jesuitas en México en 1623, aunque en este caso no se trate de un acto escolar (cf. Base de datos cit., F. 2180). Y nos consta que se contrató a un actor o compañía profesional en uno de esos centros: en el Seminario Conciliar de Santiago de Chile, 1612 (F 2342) para la representación del Coloquio del Ángel de la Guarda, en la que participó un actor llamado Morales (E. Pereira Salas, Historia del teatro en Chile desde sus orígenes hasta la muerte de Juan Casacuberta, Santiago de Chile, 1849 (ed. 2.ª ed. por la Universidad de Chile, 1974), p. 22s.
24.– Germán Viveros, 2005. Una presentación esencial de las mismas en la Base de datos de TeatrEsco, F 921. 959. 960. 2076. 2078. 2350. 2359. 2360. 2362-2369.
25.– San Miguel el Grande, México, 1752: F 2227.
26.– José Promis: La Literatura del reino de Chile, Valparaíso, Universidad de Playa Ancha, Editorial Puntángeles, 2002.
JUAN CIGORONDO, COLLOQUIO A LO PASTORIL HECHO A LA ELECTIÓN DEL PADRE PROUINÇIAL FRANCISCO BAES Y A LA DEL PADRE VISITADOR DEL PIRÚ, ESTEUAN PÁEZ.
CIUDAD DE MÉXICO, 1598
Estudio preliminar1
Autor
Compuso este Colloquio a lo pastoril (CP) Juan Cigorondo (también escrito Cigorrondo, Ciguerondo, Cigerondo y de otros modos), jesuita de la Nueva España, nacido en Cádiz, en 15602. Además de su oficio de predicador, confesor, profesor y funciones de gobierno en la Compañía como rector, consejero o socio de provinciales, etc., fue poeta y dramaturgo. Murió en la Ciudad de México en 16113.
Cigorondo había llegado a México de niño con unos ocho años, acompañando a su padre en su paso a las Indias, que lo hizo por encargo real para asegurar los intereses de la Corona, averiguando asuntos relacionados con la conspiración o movimiento de rebeldía encabezado en 1566 por el hijo del Marqués del Valle, Martín Cortés (Arróniz 1979, 175s)4.
Cuando los jesuitas, llegados a México en 1572, abren en 1574 su primer colegio, el de S. Pedro y S. Pablo, Juan Cigorondo tenía unos 14 años. Por tanto, habría cursado estudios de Gramática (ya en Cádiz). Pudo continuarlos y aun quizá algo de Humanidades en alguno de los centros de enseñanza que funcionaban en la Ciudad de México, como, en especial, su Universidad, fundada en 15535. Los mismos seminaristas de los jesuitas del Colegio de San Pedro y San Pablo, que funcionaba desde enero de 1574, asistían a clases de la universidad, hasta la apertura del colegio con todos los permisos para enseñar Gramática el 18 de octubre de ese año (Osorio 1979, 21). Del tenor de la nota sobre su ingreso en la Compañía el 27 —otros 25— de octubre 1576 (Zambrano V, 180), puede aventurarse que Cigorondo fuera uno de los cinco novicios que habían estudiado Humanidades y Lógica «apud nostros», es decir, en una institución de la Compañía: el Colegio de San Pedro y San Pablo6. Cigorondo «studuit humanioribus litteris felici progressu»7. Y, conocida su producción posterior, es posible que él mismo fuera también quien «antes de ser recibido [en la Compañía], fue uno de los poetas laureados en nuestro templo y premiado por el Ayuntamiento»8. Comoquiera que fuese, cumplidos los dos años de noviciado en 1578, estudiaba Física, que se daba en el segundo curso de Filosofía o Artes, en 15809. Los estudios de Teología duraban cuatro años y Cigorondo en el curso 1582-1583 es «scholasticus theologus 2i anni» (Zambrano, IV, 596). Terminó sus estudios en el curso 1584-1585.
Nueva etapa en la vida de Juan Cigorondo, cuando «ahora [1585] enseña Gramática» en Puebla (MM, II, 754; Arróniz 1979, 176s) o «Gramática y Retórica» (Zambrano V, p. 180, por Ayuso). Es el año en que compone y representa la Tragedia intitulada Oçio, primera obra dramática suya que podemos datar con seguridad: 29 de setiembre de 1586 (Alonso Asenjo 2006). Para el curso 1586- 87 vuelve a la Ciudad de México y enseña Gramática y Retórica en el colegio de San Ildefonso (Frost, 23; Zambrano, de donde Arróniz, 1979, 177; Alonso Asenjo, 2006, lvi). Pudo ser Rector de ese centro ya en 1590 (Palomera, 37), y en 1592 (Ayuso, en Zambrano, V, 181, aunque Zambrano no halla fuentes para ello); seguro que fue profesor de Retórica varios años y rector quizá en los últimos (Alonso Asenjo 2006, lvi). Desde fines de 1594 hasta fines de 1597 (Palomera, 37) o en 1595 (Arróniz, 178, siguiendo a Ayuso y Zambrano, V, 181), pasó como rector a Guadalajara por un trienio, y también fue profesor de Gramática y Retórica. Allí enseñaba Retórica en el curso 1596-1597 (Osorio Romero 1979, 287). De esta etapa nos quedan ocho Encomios al Nasçimiento de la Virgen en la colocaçión de la ymagen (F 858), de los cuales solo se ha publicado uno (Maldonado Macías, 1993).
Por una carta del P. General sabemos que el nuevo Provincial, P. Francisco Váez o Báez, eligió al P. Cigorondo como socio10. Y así, está de nuevo en la Ciudad de México desde fines de 1597 (según Palomera, 37) o en 1598, otra vez Rector del Colegio Seminario de San Ildefonso (Zambrano, V, 181; Arróniz, 1979, 178). Este es el año de la composición de nuestro Coloquio a lo pastoril en las circunstancias que expone el título11.
Realmente, fuera de los tres casos señalados (Tragedia intitulada Oçio, 1586; Encomios, 1596, y Colloquio a lo pastoril..., 1598, no sabemos exactamente cuando ni donde compuso el resto de sus obras dramáticas (no nos ocupamos aquí de su extensa obra poética)12. Pero anteriores o contemporáneas a la Tragedia intitulada Oçio (1586) pudieran ser las Églogas del códice BN ms. 18155: Egloga seu Pastorum lusus quorum subiectum Maria Magdalena est (fol. 1-11; F 864, inédita); Ecloga del Nascimiento (fol. 12r-35v; F 865, inédita) y el Juego entre quatro niños (fol. 57r-69v; F 868; impresa)13. Parece haber razones para pensar en esa cronología al menos en el Juego entre quatro niños: en su texto se insiste en la llegada del Padre Antonio de Mendoza con la flota en 158414. Ulteriores estudios podrán situar la composición de la Comedia a la gloriosa Magdalena, también denominada Trofeo o Trofeos del Divino Amor en Magdalena o Colloquio de el Amor Divino en la Magdalena15 y los dos Coloquios del Santísimo Sacramento16. Descartada una por su carácter lírico17, son once las obras dramáticas conocidas de Cigorondo18. De este modo, si repasamos el conjunto de sus obras dramáticas cuyo texto conocemos, veremos que constituyen más de la mitad de todas las escolares conocidas de los jesuitas de México, que son dieciocho19.
El Colloquio a lo pastoril a la electión del Padre prouinçial Francisco Baes y a la del Padre Visitador del Pirú, Estevan Páez
La biografía misma del P. Cigorondo explica perfectamente las circunstancias del Colloquio a lo pastoril hecho a la electión del Padre prouinçial Francisco Baes... El gaditano había tenido estrechas relaciones con los PP. Páez y Váez20 (Báez o Baes). Había sido socio del primero, Páez (enero 1594-1598), y lo será de su sucesor en el cargo, P. Francisco Váez. Este era salmantino21. Propuesto Provincial en carta del 6 de octubre de 1597, con patente enviada el 10 de octubre de 1597 (MM, VI, doc. 102, pp. 314, 316; Zambrano, V, 181), fue Provincial hasta 160222. La representación del Coloquio se haría, por tanto, con ocasión de su toma de posesión como Provincial en 159823. Este hecho va ligado necesariamente, como consta en carta del P. General, al relevo del Provincial saliente, P. Esteban Páez. Por tanto, supone para él la despedida, ya que parte para su función de Visitador del Perú. El P. General comunica a 2 de marzo de 1599, que sabe que está camino del Perú. Nosotros, que llegó al Callao el 31 de julio de 1599.
Pero a efectos de comprensión del valor del Coloquio como construcción dramático-literaria debemos precisar más la fecha y las circunstancias de este relevo. Sucede este cuando el campo está en flor («vere novo, dum floret ager» –v. 349), dato que estaríamos tentados de tomar como tópico bucólico (v. 901ss) y al que la cita de Andrea Navagero añade carácter simbólico. Y sin embargo parece que respondía también a un hecho real.
En este acto y como prueba de solidaridad y generosidad de la Provincia Mexicana, ya responsable de las actividades en Filipinas, se funden realidad y fábula; mejor aun, se disfraza la realidad como fábula, como es propio de la égloga, desde las Bucólicas de Virgilio, que se imita en la literatura pastoril del Renacimiento24.
La representación presenta la llegada de pastores peruanos a México, con el fin de arrancar de los pastores mexicanos la cesión del mayoral Alexis (Páez) para el gobierno de pastores y rebaños en los «peruensia arva», ahora que los tenuxtlitanos ya disfrutan del amado Dafnis (Váez), como nuevo mayoral25. Esta es la manera de ver puesta en escena la decisión del Padre General C. Acquaviva de enviar a Esteban Páez:
Será necesario que demos successor al padre Estevan Páez en el govierno de esa provincia (…) por la necesidad que yo tengo de su persona para otro empleo (carta, 6 de octubre de 1597: MM, doc. 167, p. 346).
Se necesita un hombre inteligente y experimentado que examine la situación de la amplísima provincia del Perú, con problemas de funcionamiento, y proponga soluciones, como fue la de cerrar la casa de Asunción en la Paraquaria y dejar la atención de esa circunscripción a Brasil, para su mejor funcionamiento. Fue una de las propuestas de Páez, aunque no se le aceptó. Por lo mismo, constituir la Provincia del Nuevo Reino de Granada, con Quito o sin Quito, y, además, crear la Provincia de Chile. Estas medidas no se encauzarán definitivamente ni siquiera cuando el P. Páez resulte elegido Provincial del Perú, que lo fue de 1604-1609. Así, pues, son los pastores peruanos quienes necesitan y solicitan un mayoral competente que los gobierne. Pero hay más.
Por las fechas del relevo de Provinciales, siendo aún el P. Páez provincial de México, respondiendo a los ruegos de don Bartolomé Lobo Guerrero, nombrado arzobispo de Bogotá el 12 de agosto de 1596 (según Cheney), amigo y protector de la Compañía de Jesús («tiene este prelado grande amor a nuestra Compañía» –Alegre, II, IV, p. 492), y «muy estimado por sus muchas letras y prudencia y gran exemplo de vida» (ib. 529), anteriormente inquisidor apostólico de la Nueva España, se decidió mandar dos Padres jesuitas al Nuevo Reino de Granada (hoy Colombia y Venezuela), en el Virreinato del Perú y parte de esa Provincia de la Compañía: «peruensia arva». Los jesuitas destinados, los de mayor agrado del arzobispo Lobo, que lo acompañaron en su desplazamiento, fueron los PP. Alonso de Medrano y Francisco de Figueroa26. Zarparon de Veracruz para el Nuevo Reino el 30 de abril de 1598 (Alegre, 529 y otras fuentes), adonde, después de muchas y alguna significativa peripecia, vía La Habana, llegaron a Cartagena el 5 de octubre (Medina 2004).
Es verosímil que, con ocasión de esta partida, en honor del amigo inquisidor Lobo Guerrero y emulando la representación en 1589 del Diálogo In adventu Inquisitorum del P. Llanos, así como en paralelo también con el nuevo obsequio de unas empresas del P. Llanos el 24 de agosto de 1597 hechas a su consagración (Osorio Romero 1979, 89-92), Cigorondo, rector de San Ildefonso, lugar de aquellas representaciones y actos, quisiera honrar al arzobispo de Santa Fe de Bogotá y a sus conmilitones, fundiendo los dos hechos en una trama y en la representación de este Colloquio a lo pastoril, y dando mayor fuerza al menos al motivo de la necesidad de mano de obra misionera en el territorio peruano. Es hipótesis que habremos de razonar.
En primer lugar, la comitiva del arzobispo Lobo Guerrero y su familia y séquito con los PP. jesuitas que zarparon de Veracruz en 30 de abril de 1598, habrían salido de México al menos 15 días antes27. Pongamos que, de haber habido festejo de despedida en la Compañía, parece lógico que se hubiera organizado hacia principios de abril.
Para ver si pudieron coincidir estos festejos (lo que no es necesario, si atendemos al título del Coloquio) con los que celebraron la toma de posesión del nuevo Provincial, Váez, y la despedida del P. Visitador del Perú, Páez, conviene establecer, hasta donde sea posible, la fecha de ese evento. Pues juzga Apolo que a los varones que a México llegaron para dar nuevo lustre al nuevo suelo (vv. 667-678):
alzarles han los tiempos
mármoles de loor, estatuas de oro,
que no las gasten tiempos,
y las hermanas nueve de mi coro
cantarán en el suelo
los nombres que antes escribió en su cielo.
Y tú, Váez, que de ellos fuiste
y entre ellos tienes su afición por tuya,
cuanto siempre tuviste
tu afición hecha al corte de la suya
y, como todos te aman,
así al gobierno pastoral te llaman.
(vv. 685-697, actualizados)
Y al P. Visitador, Páez, le dirán:
Y tú, que te traspones
al antártico mar (¡oh, cómo veo
lo que de industria pones
en ceñir tu corona a tu trofeo!)
va, pues, y, a mano y rienda,
consuela, alienta, alarga, acorta, enmienda,
que corona que admira
en sí acostumbra el cielo a trasladarla
y una acordada lira
el mismo cielo es próvido en tocarla,
dando, para sus sones,
la selva Orfeos, la ribera Anfiones
(vv. 925-936, modernizados).
He ahí la metáfora de la representación «a lo pastoril» de nuestro Coloquio. ¿Cuándo tuvo lugar el relevo del Provincial? No resulta fácil precisarlo, pues, o faltan los documentos esperados, o la consignación del hecho en los que se supone habrían de hacerlo28. Así, pues, intentaremos establecerlo a partir de sucesivas aproximaciones29.
El día 6 de octubre de 1597, el Padre General de la Compañía de Jesús, Claudio Acquaviva, desde Roma, designa Provincial al Francisco Váez, comunicándole que ha tomado la decisión de que ocupe el lugar del Provincial, P. Páez:
Será necessario que demos successor al padre Estevan Páez en el govierno de esa provincia, ansí por lo que en ella ha trabajado, como por la necesidad que yo tengo de su persona para otro empleo. Y después de haverlo encomendado al Señor y considerádolo y consultado con estos padres, nos ha parecido que V. R. [Vuestra Reverencia] tome el oficio del dicho padre; pues siendo aý tan amado, con el zelo que Dios le ha dado de ayudar esa gente, y con la mucha noticia que tiene de la tierra, espero que Dios nuestro Señor sea muy bien servido y los nuestros muy ayudados y consolados. (M.M, VI, 781, doc. 101, p. 312)
El 10 octubre de 1597 sucede el envío de patente desde Roma al P. Páez, Provincial saliente, para el P. Váez, nuevo Provincial30:
Envío a V. R., también, patente para que el Padre Francisco Váez quede por provincial de esa Provincia, pues V. R. juzga que es el que más conviene. (M M, VI, doc. 102, p. 314-316)
El 7 de noviembre de 1597 se firma en Ciudad de México el Catálogo del año 1597 (MM, VI, doc. 108). En p. 342, aparece todavía como Provincial el P. Esteban Páez: «Stephanus Paez, provincialis». El mismo Catálogo señala al P. Váez como maestro de novicios y prefecto de cosas espirituales (MM, VI, doc. 108)31. En p. 345 se lee: «Seminarium Sancti Ildephonsi Mexicanum: P. Ioannes de Cigorondo».
El 7 de diciembre de 1597, el P. Esteban Páez, desde Veracruz y en calidad de Provincial, escribe al P. General sobre la situación en Japón y Filipinas, pidiéndole operarios (MM, VI, doc. 106, 321-323).
En febrero de 1598, desde México, el P. Gregorio López, escribe al P. General para rogarle que mantenga a Páez como provincial. Lo sabemos por la respuesta del P. General al mismo, desde Roma, el 2 de marzo de 1599:
«Avísame V. R. en la de hebrero del 9832 quán bueno fuera prorrogar el gobierno al padre Estevan Páez33; y dice muy bien; pero supuesto que le hemos menester para el Perú, espero que el padre Francisco Váez34 suplirá su ausencia con tanta satisfactión y ayuda desa provincia, que no heche [sic] menos otro alguno» (Zubillaga, MM, VI, De Acquaviva al P. Gregorio López, doc. 181, p. 542)
Este documento precisa bastante las fechas del relevo del Provincial: en el mes de febrero de 1598 todavía no se ha producido. Por otra parte, esta oposición del P. López a la conocida intención del P. General queda personificada en el Colloquio en la oposición de los pastores mexicanos a ceder al P. Páez o Alexis.
Hay, además, otra carta del P. General al P. Váez, desde Roma, de 10 de junio de 1598, por la que sabemos que él supone que el P. Váez ya es provincial de México, cediendo ante la orden [envío de patente] que le había dado el día 10 de octubre de 1597:
Dos de V. R. he recebido: la una escrita en México [Nota del ed.: Carta perdida. Cf. doc. 54m]; la otra en la Puebla [Nota del ed.: Carta perdida. Cf. doc. 58e], de donde le havrá ya sacado el orden que el otubre pasado le embié. Bien creo yo que V. R. holgara más estar en aquel rincón de la Puebla ayudando los novicios; pero, pues Dios le quiere para más, ofrézcase a cuyo es... (Doc. 101, § 1).
Desgraciadamente, las cartas que tanto el Provincial saliente como el entrante enviaron al P. General a Roma para comunicarle la nueva situación de cada uno (respectivamente como Visitador del Perú y como Provincial), se perdieron35. Aun así, han dejado rastro útil, pues a ellas (entre otras) se refiere el P. General Acquaviva en su respuesta a los interlocutores, P. Páez, Visitador, y Váez, nuevo Provincial, desde Roma, a 2 de marzo de 1599. La respuesta al P. Váez lleva la inscripción en fol. 195v (MM, VI, 200, 561-68)36: Al P. Francisco Váez, provincial de la Compañía de Jesús en la Nueva España. (En el margen inferior: Al P. Provincial de México):
Pax Christi etc. (…) He recibido seis [cartas] del P. Estevan Páez: las dos de 2537 y 26 de febrero38; dos de 13 de abril39 y otras dos de 1040 y 16 de junio41.
De V. R. he recibido otras tres, escritas en marzo42, mayo43 y junio44, todas del 98; a las cuales responderé en la presente, començando con decirle que esperaba la buena45 nueva que ambos me dan por las suyas de estar V. R. con el cargo de esa provincia, y el P. Esteuan Páez, de camino para la del Perú...
(MM, VI, doc. 200, fol. 168-169v, 561-568, en p. 562).
De todo lo cual, podemos deducir lo siguiente: según carta del P. Gregorio López, en febrero de 1598 todavía no se ha producido el relevo del provincial en México. El 10 de junio de 1598 el P. General supone que ya es un hecho, pero no le consta hasta que le llega la noticia por parte de los actores implicados, Páez y Váez, que le comunican la «buena nueva» en alguna de las cartas perdidas de Páez de 25 y 26 de febrero o en las del 13 de abril de 1598; o en las perdidas de Váez de marzo y de mayo, todas de 1598. A efectos del cálculo de la fecha del relevo, parece excesivamente optimista y hasta desesperada la idea del P. Gregorio López de que su carta de febrero de 1598 había de llegar al General para parar su decisión de relevar al P. Páez antes de dos meses, con el consiguiente periodo para recibir la respuesta, que en este caso llegó algo más de un año después. Por otra parte, hemos de suponer que los actores del drama (es decir, Colloquio) se apresurarían a comunicar la noticia de los cambios de estado al P. General, siempre que hubiera correo. Las misivas de 1598, con las nuevas de los acontecimientos cuyas fechas conocemos, partieron de México para Roma, ya en marzo (la de Váez) o por el 13 de abril (fecha de las cartas 3.ª y 4.ª de Páez)46. Y nos fijamos en estas, porque cabe la posibilidad de que los eventos sucedieran antes de que el arzobispo Lobo Guerrero y, a estos efectos, los PP. Medrano y Figueroa salieran rumbo al Nuevo Reino de Granada, lo que debió suceder a fines de marzo o primeros de abril. Estos padres, cedidos al arzobispo para su dedicación en la Provincia del Perú, podrían haber asistido (mera posibilidad) al relevo del Provincial y a la presentación oficial del Visitador del Perú, cuando, tópicamente, «floret ager»47.
En todo caso, ambos, Páez y Váez, asisten a la representación del Colloquio en su honor. Pero no están solos, sino arropados por la plana mayor de la Compañía de Jesús en México. Presente estaría el P. Pedro Sánchez, columna de la Provincia Mexicana de la Compañía (vv. 913-924), entonces superior, predicador y confesor en la casa profesa48. Sentida ausencia fue la del P. Antonio de Mendoza, ya fallecido (vv. 770-772)49. Por la encomiástica mención que de él se hace en los vv. 743-766, deducimos que asistió a la representación el P. Pedro de Morales, pues desde 1594 estaba en el Colegio Máximo de San Pedro y San Pablo en la Ciudad de México (Mariscal 2000, p. XLVI). Extraña que no se nombre al P. Bernardino de Llanos50.
Corrigiendo anteriores lecturas (Alonso Asenjo 2006, lix), ninguno de los Padres mencionados, P. Sánchez, P. Morales ni los Provinciales (saliente o entrante) hablan en la representación. Pero, como ocurría en el teatro cortesano, en el que público y escena no siempre se distinguían, Váez y Páez participan en la acción de la obra (en su culminación), pues en su honor se representa, al recibir como simbólico agasajo, el P. Visitador una corona otorgada por Apolo al pastor Alfesibeo, peruano (vv. 1005-1010); una cítara, el P. Provincial, del pastor Sileno, mexicano (vv. 1011-1016).
No nos consta el lugar de representación del Colloquio. Realizado el relevo en la Casa Profesa, el mismo día u otro, la representación pudo ser en el Colegio de San Ildefonso, Seminario de la Compañía, del que Cigorondo era entonces Rector, un centro en el que se habían representado los famosos diálogos en forma de églogas del P. Bernardino de Llanos, renovador y teórico de la enseñanza en Nueva España, poeta neolatino y profesor de Retórica a lo largo de 40 años. El primero de estos diálogos, Pro Patris Antonii de Mendoza adventu [PP], se representó en 1585, para celebrar la visita al Colegio del Provincial. El segundo, Dialogus in adventu inquisitorum [DInq], en 1589. Pero Osorio Romero, quien recoge meticulosamente datos de representaciones y espectáculos en ese colegio de San Ildefonso, solo nos ofrece, para el 25 de noviembre de 1597, la representación de «un drama en versos españoles y latinos en honor de Santa Catarina mártir». Del curso 1598-1599, conocemos la «oración latina muy grave y elegante ante la Audiencia Real y la nobleza de la ciudad» (Osorio 1979, 92, que lo recoge de la Carta anual de 1598, del 23 set. 1599: MM, VI, 1976, Doc. 219). En esta carta, sin embargo, p. 604, nº. 22, además de hablarse de ese comienzo de los estudios con oración latina, se recuerdan los certámenes para las honras del rey difunto Felipe II, así como ejercicios literarios y conclusiones de Teología, como ya se señaló. Pero para nada se menciona la posible representación allí del Colloquio a lo pastoril de Cigorondo. No sabemos si este silencio deja abierta la posibilidad de que el acto se diera en otro lugar, como el Colegio Máximo de San Pedro y San Pablo, lo que tampoco se consigna.
Cigorondo no había sido alumno de Llanos; ya estaba en su último curso de Teología cuando Llanos llegó a México a fines de 158451: eran, pues, coetáneos (Llanos nació en 1559). Cigorondo pudo leer e incluso ver representados los mencionados diálogos de Llanos: cuando se representó el primero, en junio de 1585, él terminaba sus estudios de Teología; cuando el segundo, 1589, era profesor de Gramática o Retórica en el mismo centro en que se representó.
El primer Dialogus de Llanos52 y este Coloquio de Cigorondo comparten elementos y estructuras. Ante todo, comparten expresiones características de la bucólica. Los elementos formales, por lo demás universales en este tipo de teatro, son comunes en ambas obras: bucólica virgiliana, hexámetros, uso de epítetos. Coinciden también en el recurso y cita de los mismos versos de los Lusus de Navagero o Naugerius, como se podrá ver en la anotación del texto (PP, vv. 36. 152-156 / CP, vv. 269. 348-354). Significativa igualmente es la casi coincidencia en número y nombres de los pastores protagonistas (Thirsis, Palemon, Alphesiboeus, Mopsus, Tityrus, Menalcas, Lycidas, Damon; Cigorondo sustituye a Thirsis con Corydon y añade Meliboeus, y resultan nueve). Y en el uso de estribillos con función de énfasis y realce del discurso. Con uno de ellos, «donec adesse velis... ergo ades...», que ciñe los lamentos pastoriles o «questus» por la ausencia de Dafnis, abre Llanos su PP (vv. 1-49);53 con otro («huc ades, o ovium pastorum et gloria, Alexi...»), también construido sobre el elemento «ades» (‘ven’ –PP, v. 30 s),54 ciñe Cigorondo una amplia sección, con cierre, de su Colloquio (vv. 62-82 y 113s), y sobre el concepto de la ausencia, destacada por Llanos, expresa Cigorondo la afanosa y angustiosa búsqueda del «exoptatus, quaesitus...» Alexis (vv. 43. 47. 50) de los pastores peruanos en toda la égloga 1.ª, y aun en la 3.ª (de las cinco que estructuran la obra). Además de eso, Cigorondo montará su Colloquio sobre otros conceptos fundamentales que presenta Llanos: el de la llegada vivificante de Dafnis (v. 105ss) y el de los pastores gemelos (vv. 59s. 331): «ductores ovium geminos» (v. 366), pues, realmente gemelos y pares en mérito y virtudes, en cargos y hasta en el nombre son Páez y Báez / Váez en el Colloquio. A todo lo cual se añade la circunstancia del homenaje a un Provincial en la Égloga (PP) de Llanos; a dos, en el Colloquio de Cigorondo. Demasiados elementos compartidos como para que se deban a mera coincidencia por el uso del mismo género, en ese cultivo, desde 1574, de la égloga en México, que a unos parecía excesivo,55 y característica, para otros, del teatro escolar de los jesuitas en Nueva España.56 Cigorondo asistió de seguro al estreno del Diálogo (DInq) de Llanos en 158957, y aun pudo leerlo posteriormente: la cercanía del Colloquio a ese Dialogus es muy notable. De él aprovecha Cigorondo los vv. 51s. 55: CP, vv. 61. 65. 79. En lugar de la lucha de los pastores (v. 135ss) y de sus juegos (v. 169ss) en la representación de Llanos, en Cigorondo, como guiño, encontramos el relato de lo que suelen ser tales entretenimientos (CP, vv. 345-354). Es lógico que Cigorondo innove, como hace, poniendo a sus pastores a tejer guirnaldas y coronas y a cazar pájaros, como regalos para Alexis («Pulchrum tibi munus, Alexi» –v. 208). Pero es aún más llamativa aquí la coincidencia en las circunstancias de celebración. En ese Diálogo de Llanos, se festeja a tres inquisidores, dos de ellos relacionados con el Perú: sirve de despedida y homenaje, por su promoción, a uno de ellos, Alonso Hernández (o Fernández) de Bonilla, fiscal mayor del Tribunal de la Inquisición de México, que partía como Visitador al Perú. Y en Lima murió58. Justamente como el P. Páez, que, también Visitador del Perú, pasará a Provincial de Perú (1604-1609) y morirá en Lima como Rector del Colegio de San Pablo (1613). El lugar de aquel inquisidor de Llanos lo ocupará Bartolomé Lobo Guerrero, Rector de la Universidad de Sevilla en 1580, que, después de ser arzobispo de Bogotá, lo fue de Lima hasta su muerte en 162259. Estas circunstancias de los Diálogos de Llanos (honra a Provincial, función de Visitador, sucesión en cargo dejado vacante), junto a las que él tenía ante sus ojos, como el envío de conmilitones de la Nueva España al Virreinato del Perú, que ya señalamos, sirven a Cigorondo para elaborar el esquema de su Colloquio a la elección del P. Provincial, Francisco Váez, promoción debida al nombramiento de Páez para el honroso cargo de Visitador del Perú. Así, tendremos dos modélicos mayorales, Alexis y Dafnis, nombres enaltecedores por su prestigiada ascendencia literaria desde Teócrito, en especial el de Dafnis.
Ya solo por eso Cigorondo va más allá de Llanos y quizá hasta podría decirse que quiere competir con él, compañero de ilusiones y fatigas docentes, pero que recibía y hasta ahora ha recibido mayor reconocimiento por las tareas profesionales-literarias y especialmente en su cultivo de la égloga60. Competirán como lo hacen los pastores de las églogas, sus pastores; demostrarán su competencia en un círculo de expertos y degustadores de la bucólica.
El fondo de Llanos y Cigorondo es inevitablemente virgiliano: de las Bucólicas, pero no menos de la obra completa del mantuano. Y, junto a él, como en Llanos, en Cigorondo está también Ovidio. Pero Cigorondo quiere mostrarse más exquisito en fuentes, modelos, géneros. Imita el esquema de las diez églogas de Virgilio y de los diez idilios de Teócrito, demediándolos. Y, además, la galanura pastoril no acabó en Virgilio: están los modernos, como el humanista Navagero, o Naugerius, con sus elegantes Lusus pastorales, que (con Llanos) aprovechará Cigorondo: ocho versos, y quizá también el personaje de Iolas. Y destaca, sobre todo y por todo, el recurso exclusivo de Cigorondo a Petrarca, cabeza de la modernidad, el Petrarca exquisito del Bucolicum Carmen y de las Epístolas. Son no menos de 35 los versos (frente a unos 21 de Virgilio) que le adeuda Cigorondo, convirtiéndolo en su estrella. Estos modernos y su estilo dan tono, novedad y elegancia a las églogas de Cigorondo.
Tanto Llanos como Cigorondo, se formaron en un clima de auténtica culto a la égloga que, a partir del movimiento humanista y desde hacía más de un siglo embebecía a los círculos del poder (corte, nobleza, Iglesia y sus instituciones, especialmente las educativas) en los tres géneros (lírico, dramático y narrativo), tanto en latín como en lenguas modernas. La corriente pastoril crece de Petrarca a Antonio Geraldini, que compone otro Carmen Bucolicum en España (aunque lo imprima en Roma, 1485), con Encina, que dedica la traducción de las Bucólicas virgilianas a los RR. CC. y al malogrado Príncipe, y Sannazaro que inspira a Garcilaso. La obra de este no solo merece imitaciones sino comentarios como Virgilio desde la medianía de ese siglo (el Brocense, Herrera), como se ofrecen exquisitos los libros de pastores, con su sucesión de Dianas y Galateas, con Balbuena y Cervantes, de modo que hasta Don Quijote quiere convertirse en el pastor Quijotiz junto a Pancino (Quijote 2, 67), pocos años después del Colloquio a lo pastoril. Y el teatro pastoril viene de lejos, desde Gómez Manrique y representaciones en catedrales, como la de Toledo, a la Corte, con la Égloga de Francisco de Madrid (c. 1495), la Interlocutoria (1502-1504), o la Égloga de unos pastores que descubre por las riberas de Henares Martín de Herrera (1510-1511), como Encina los sometía a transhumancia del Tormes al Tíber. Y tales pastores, desde Virgilio, siguen decorando cortes y encubriendo bajo su disfraz realidades superiores, como en la de Valencia, del Duque de Calabria, los pastores alegóricos de la Egloga in Nativite Christi de J. B. de Anyés (1527), o apenas disimulando pasiones de cortesanos no menos en obras dramáticas, como Los amores de Albanio e Ismenia de Lope de Vega, que en narrativa pastoril u obras de pastores61.
Pero ya en los comienzos del siglo XVI representaban estudiantes a pastores junto al Turia con Partenio Tovar, que los trajo de Sena (Italia), y por el alto Ebro enseñaba a sus alumnos Fernando de Prado, Bachiller de la Pradilla (F 2418), con églogas en honor de su obispo calagurritano (1499, F 2416) u honrando a Felipe el Hermoso a su paso por Vitoria (1502, F 2417), que pertenecía a su diócesis. Y más adelante, tras las églogas de Mal Lara en Salamanca y en Sevilla, empieza la demostración de los jesuitas en Córdoba y Sevilla, P. P. de Acevedo y otros desde 155562. No habrá que buscar en otra parte, sino ver en esta práctica hispánica que respondía a un movimiento global, la explicación de la floración de la égloga en Nueva España, que Arróniz y otros quieren rasgo propio de los jesuitas de México (Arróniz 1979, 179). Pero lo propio de ese cultivo de la égloga entre los jesuitas novohispanos es la proporción de las obras dramáticas de este género conservadas, fruto, más que de la suerte, de las copias de Llanos y Cigorondo, de su logro artístico y del aprecio del género en todos los Estudios.
Practica Cigorondo en su teatro varios géneros dramáticos, como lo hacían sus coetáneos, de los que no nos quedan muestras, pero sí noticias, con temas bíblicos, hagiográficos, eglógicos o senequistas en forma de tragedias (por ejemplo la intitulada Oçio), comedias líricas con sus trofeos, églogas del Navidad como la Égloga pastoril al Nacimiento del Niño Jesús (F 859)63 y la Écloga del Nascimiento (F 865), que echan mano del esquema del teatro religioso tradicional hasta en la lengua usada. Del mismo modo, atavía autos sacramentales como ceremonias de grado, incluido el vejamen, en el Coloquio del Santísimo en metáfora de grado de doctor (F 864); estructura una comedia hagiográfica en disputa teológica en el ámbito pastoril de los Pastorum lusus cuius subiectum Maria Magdalena est, o presenta situaciones educativas como Églogas del engaño o Comedia del hombre (F 860) con pastorcillos y en un Juego de cuatro niños. Y en todo ofrece, más que otra cosa, coloquios, que otorgan libertad para la mezcla de géneros, flexibilizando esquemas demasiado rígidos; acudiendo a coloquios como conjunto de églogas, en las que si no busca fomentar la devoción, pretende el elogio o panegírico de personas distinguidas, tan propia de la égloga, tejiendo la guirnalda de su apoteosis, como en el Colloquio a lo pastoril a la electión...., que estamos presentando.
Como otras obras de Cigorondo, la estructura del Colloquio a lo pastoril es compleja. La Comedia a la gloriosa Magdalena está organizada en tres «Trofeos», cada uno de ellos con tres «Elogios». La Comedia del hombre, también llamada Égloga o Églogas del Engaño, está articulada (en lo que se nos conserva, pues está incompleta), en cuatro «Bucólicas», cada una de las cuales contiene tres «Églogas». Pero, si atendemos a su argumento, podemos deducir que la obra constaba de cinco «Bucólicas», cada una de ellas de tres «Églogas». El Coloquio al Santíssimo en metáfora de doctor resulta una serie de laudationes por un cuádruple doctorado, Jesús-el Santísimo, más vejamen. Nuestro Coloquio se enmarca en esa línea de complejidad y, comparado con las composiciones de Llanos que conocemos (más sencillas y tradicionales, menos dramáticas), este Colloquio es un espectáculo complejo y rico en cualquiera de sus niveles. Se trata de un Coloquio, que, por tanto, también podría llamarse diálogo. Pero, siendo coloquio a lo pastoril, también Égloga(s), pues contiene, según articula el autor el texto, no menos de cinco. Pero también va más allá, hacia la comedia, pues en el espectáculo se potencia el enredo y el drama, y recibe elementos de las representaciones regulares (comedia y tragedia), abriéndose con un argumento y cerrándose, aunque no se acote, con un epílogo y resultando sus églogas a modo de actos: cinco actos o tres, según veamos. Tras el Argumento, como en la tragedia, hay coros con diversas funciones (hasta siete explicitan las acotaciones, dos más se anuncian en el texto recitado). La acción, a pesar de su articulación externa en cinco églogas y el oráculo o sentencia de Apolo, puede verse (también) articulada en dos partes muy marcadas (por vehículo lingüístico, duración, personajes…). Forman la primera las cinco églogas latinas: 494 versos del total de 1058: el 48,5% de la obra. La segunda parte va en variedad de metros castellanos: sextetos-liras, romance, letras o letrillas con sus estribillos. Esta parte o vertiente se articula en un coro a modo de obertura para la entrada (que exige otro a su salida) de Apolo con séquito de diosas: Flora y Pomona. Apolo, con su oráculo (vv. 13, 636, 736, 944), sentencia el pleito («litem», v. 572; «discordia» -v. 590; «contienda», v. 634), planteado en la primera parte, para lograr la «concordia» (v. 732) de los pastores de México y del Perú.
Pero no hay que exagerar el corte por uso de distinta lengua entre las supuestas primera y segunda parte. No debe olvidarse que el Colloquio se abre con un soneto en castellano con función de Argumento, y las églogas o escenas latinas llevan antepuesto o pospuesto en los cuatro primeros casos un sumario o meditación lírica sobre la acción en verso castellano en forma de coros cantados. Tampoco, que, dada la presencia de Argumento (como, al final, Epílogo o despedida), el autor demuestra que tiene en la mente una estructura dramática en tres, cuatro o cinco unidades de acción (actos), que todas ellas, por modernidad o clasicismo, podía utilizar Cigorondo (la Tragedia intitulada Oçio, de 1586, tiene tres actos – Alonso Asenjo 2006, lxxxvi y ss). Esta exigente organización de la acción, frente a las laxas estructuras de la égloga, responde también a la preceptiva dramática, con planteamiento, nudo y desenlace, o, siguiendo a Escalígero, protasis, epitasis, catastasis y catastrophe (más el anteacto).
Aclaremos la cuestión: destaca un prolongado debate y gran tensión dramática en la égloga 5.ª, que, en dos casos (tres o cinco actos), constituiría el nudo; en el otro (con cuatro) correspondería a la catastasis, o clímax, a la que seguiría la cuarta unidad de acción, llamada desenlace (caso de tres actos), o catastrophe (si cuatro). Si a la sentencia de Apolo, muy extensa, se le concede rango de acto, la concordia de los pastores constituiría otro, por lo que, de rebote, las cuatro primeras églogas formarían también dos; uno solo, si pensamos en tres unidades: planteamiento, nudo y desenlace.
Optando por los tres actos, en el primero tenemos el planteamiento de la acción (cuatro primeras églogas o escenas), que sucede de camino o en el campo: en la 1.ª, comentan los pastores peruanos, entrando en Puebla, «madidae Tlaxcalidos arva» (‘los húmedos campos tlaxcaltecas’: v. 36), los trabajos y pesares sufridos en su ya largo peregrinaje para conseguir al mayoral Alexis (v. 33ss); 2.ª: afán de los pastores mexicanos por tener regalos dignos de su afecto y agradecimiento hacia Alexis: «parantur Alexi» (v. 137); 3.ª: los pastores poblanos, ya en territorio de México («Habes Tenuxtlitania rura» –v. 249), animan a los del Perú: lograrán sus deseos, pues harán ver a los mexicanos que, teniendo al ínclito Dafnis, al que ya conocen, inteligente y virtuoso, de atento oído y buen juicio, cuidadoso, experto, lo tienen todo (vv. 422-430), nada tienen que temer («quid deinde timendum est?» –vv. 443. 447) y pueden ceder a Alexis: «nec pro tali Daphnide detur Alexis?» (vv. 473. 478. 491. 516); en la 4.ª escena ya tienen los mexicanos el regalo completo, con los pájaros. Pero alguien se llevó las coronas entretejidas. Afortunadamente, dejó unas cítaras en su lugar.
En el segundo acto, o nudo, los nueve pastores están reunidos en la Ciudad de México. Falla la estrategia de los mancomunados del sur frente a los mexicanos, que por nada del mundo cederán a Alexis, ni siquiera por Dafnis, quien —les dicen los peruanos— es como la primavera. Pero este no hace menos necesario para los mexicanos a Alexis, por quien sienten indecible afecto:
...e nostris pateremur cedere silvis
illum, cuius amor pastorum e pectore cedet,
fixa movebuntur propriis dum sedibus astra
mellis apes studium linquent, nidosque columbae,
coniugium turtur, praedam lupus, arbuta caprae?
(vv. 433-437; idem v. 461ss)
Trad.: ...¿Podremos soportar que salga de nuestros bosques aquél cuyo amor solo saldría del pecho de los pastores, si las estrellas fijas pudieran moverse de su punto, si las abejas pudieran dejar su trabajo con la miel y el nido las palomas, las tórtolas separarse, dejar el lobo su presa, las cabras los madroños?
Nada lo suple (vv. 492-500). Su ausencia acarreará graves inconvenientes (vv. 467s; 540ss. 550ss. 560ss). Por eso, amor, piedad y mérito reclaman resistir a las exigencias de los peruanos: «Tendere in adversum, vestrisque obsistere votis / suadet amor, pietasque iubet, meritumque reposcit» (vv. 479ss). Alexis es también dispensador imprescindible de bienes y escudo y garantía frente a males. Para todos está claro que el pleito necesita un juez o árbitro, que entre pastores no puede ser sino Apolo: «Omnibus una salus atque omnibus unus Apollo est»64.
En el acto tercero, acude solícito y solemne el invocado Apolo y dicta sentencia, que acatarán, satisfechas, todas las partes.
Los actos son breves, aunque prolongaba el espectáculo la intervención de los coros, una quinta parte al menos de los versos (204 versos) y mayor el tiempo invertido en su ejecución musical: alrededor del 20% del tiempo.
Curioso resulta el sin duda buscado artificio del número 3 o sus múltiplos: 9 son los pastores, los coros también fueron 9, pues las diosas Flora y Pomona, que, según la acotación explícita «Canta el choro lo que las diosas an dicho», habían oído cantar su primera intervención (vv. 703-726), ellas mismas invitan a repetir a coro sus otras dos intervenciones (vv. 795ss con 80ss, y 879ss con 889ss), como por tres veces tres parejas mixtas de pastores del Perú y de México subrayan como en un estribillo, las tres primeras secciones del oráculo de Apolo (vv. 727ss; 809ss; 891ss, como los corean cada vez Flora y Pomona y, finalmente, un coro (vv. 949-968). Y después de este último coro (desde el v. 969), dos veces intervienen en el mismo orden cada uno de los pastores del Perú y de México (salvo la intromisión extra chorum de Palemón en vv. 1001-1004, rubricando la sentencia de Apolo), enmarcados por la intervención de obertura y la de cierre de los poblanos. Menalcas, uno de ellos, propone el Epílogo.
Parecería que la acción de la égloga 4.ª carece de Coro. Pero, si no lo tiene introductorio, lo tiene meditativo de reflexiones sobre la acción vista. Y esto porque, pese a su brevedad textual (24 versos de breve réplica o compartidos) y movida acción de valor entrañable y risueño, a la manera de juego para los muchachos actores y entretenimiento para el público. Refuerza este carácter el espesor verbal de las églogas 3.ª (139 versos) y 5.ª (176 versos), pues entre ambas queda encerrada esta. (Son 82 y 83 los versos de las escenas 1.ª y 2.ª respectivamente.) La Égloga 4.ª tiene, además, una función muy importante, no solo como contrapunto del elogio de Dafnis en la Égloga 3.ª, que ahora encuentra Alexis, para quien, desde la Égloga 2.ª, tenían preparada la corona y guirnalda, a la que se había de añadir el hermoso regalo de un pájaro, sino porque se produce el todavía involuntario y, por tanto, anticipatorio intercambio entre pastores mexicanos y peruanos a través del símbolo de la corona (triunfo del esfuerzo y la perseverancia) y de la cítara, que es acuerdo o concordia (vv. 1023-1028).
Tal es la elaborada estructura, que muestra la maestría dramatúrgica de su autor, con elementos y materiales de gran variedad, contraste y colorido. Gemidos y entusiasmos, ansiedades y esperanzas en el marco de una naturaleza exuberante y tropical, entre poesía, relación de poemas y músicas de coros, con referencia a la riqueza de los territorios (v. 819ss) y esperanzas de futuro (vv. 837-842).
Lograda resulta, pese a los estereotipos que pueblan las Arcadias, la caracterización de los pastores. Menos se destacan los pastores en sus rasgos individuales, aunque a modo de portavoces se presentan respectivamente Alfesibeo, Palemón y Sileno. A Alfesibeo quiere Palemón imponer la corona o guirnalda (v. 359). Destacan los dos últimos, diputados para ofrecer los símbolos a los honrados, corona y cítara (v. 1010 s). Palemón, además, pronuncia un elocuente monólogo de la Égloga 3.ª (vv. 250-287), clama al cielo para que intervenga en la interminable contienda («O coeli sidera...», v. 574ss) y tiene una determinante y aceptada intervención en vv. 1001-1004.
Los tres grupos, de peruanos (Lícidas, Coridón y Alfesibeo), poblanos (Palemón, Menalcas y Melibeo) y mexicanos (Sileno, Mopso, Títiro), tienen destacada personalidad, pues notable es la variedad, riqueza y contraste de acción, actitudes y sentimientos. Ahí está el cansancio y desesperanza de los peruanos, su «anxia cura»:
Quod si fata viam nobis utcumque negarint
sive diu optatum spes tarda negarit Alexin,
stat, Meliboee, mori (vv. 242-244).
Trad.: Si los hados nos negasen una salida o si la esperanza perezosa nos negase al deseado Alexis, solo nos queda, Melibeo, la muerte.
Mirados como grupo, los mexicanos son duros e irreductibles negociadores: «Auxilii spei nulla mei» (‘No esperéis mi ayuda’: Mopso, v. 418): ceder a Alexis es imposible; así que es perder el tiempo seguir con la exigencia (Mopso, v. 523). Palemón, poblano, es la voz de la sabiduría y la prudencia; Melibeo es el artista sensible a la poesía, a la música... Coronas y también liras o cítaras, aportadas por mexicanos y peruanos desde la égloga 2.ª, intercambiadas como por olvido (ca. vv. 187, 208 y v. 345ss) y símbolo de un acto propiciatorio de la fortuna para el triunfo de la causa de los mancomunados: «victricia signa / serta ferant; o sic di nostra incepta secundent» (‘Ojalá que estas guirnaldas / símbolo sean de triunfos. Ojalá los dioses favorezcan lo iniciado’: v. 364ss, 381ss), muestran al fin su simbolismo en su entrega trocada a los dos mayorales homenajeados (v. 1005ss). Viveza y acción trepidante muestran los pastorcicos mexicanos; sosiego y calmo razonar, los poblanos. Fuerte contraste igualmente se da entre pastores y divinidades, entre pastores y los mayorales Alexis y Dafnis, que asisten pasivamente a la asamblea en que se les rinde homenaje. Es deliciosa la escena de los pastores mexicanos, enseñándose los pájaros cazados: el ruiseñor y un vistoso papagayo, que se ponen a amaestrar para que pueda repetir el nombre de Alexis:
Silenus: Miraris achantida pictam.
Tityrus: Psitace, quando meum cantabis Alexin? Alexin! (v. 379s).
Trad.: Silenus: ¿No te parece encantador mi papagayo?
Tityrus: Lorito, ¿cuándo llamarás cantando a mi querido Alexis?
Canta: ¡Alexis!.
Tenso, dramático y vibrante es el debate o pelea por Alexis; solemne y pomposa, la aparición y discursos de Apolo. Ritual, la entrega de regalos a los mayorales.
Y todo está en función de la exaltación de los pastores: de todos los pastores presentes entre el público o ya ausentes; de los que representan a los auténticos pastores del Perú, Puebla y México, que, si posible, nos resulta difícil individualizar, por más que los que más destacados quedan son los mayorales, Páez y Váez. Dafnis por Váez, nuevo Provincial de la de Nueva España de la Compañía de Jesús; y Alexis, por Páez, Provincial saliente, nombrado Visitador del Perú. Ya su mismo disfraz pastoril de Dafnis y Alexis proclama su exaltación, su apoteosis, de tal manera que este Colloquio a lo pastoril tal podría denominarse y, desde luego, como tal recibirse. Naturalmente, porque «apoteosis» no es ‘deificación’, sino «ensalzamiento de una persona con grandes honores o alabanzas» (DRAE). En este Colloquio tenemos el de dos personas, bajo disfraz bucólico.
¿Y qué mejor apoteosis que un logrado espectáculo en honor de los protagonistas? ¿Qué mejor loor que el alarde de la mejor poesía a su mayor honra? Pero los procedimientos panegíricos se multiplican para ofrecer una apoteosis a varones estimados y estimados ejemplares, porque, teniendo en cuenta para quién mayoritariamente se representa, escolares, «el idioma más persuasivo es el ejemplo» (dicho). Ejemplo que se realza, por acumulación de varios procedimientos.
1. Elogio de otros como peana. Aunque resulte un procedimiento poco visible, por indirecto, se sublima la valía de alguien cuando se dice que supera la de otros. Peana de los honrados parece ser la mención del P. Morales, procurador que fue en Roma, donde procuró un cúmulo de reliquias, razón de aquella memorable semana de festejos, marco de la Tragedia del Triunfo de los Santos (1578), en cuya composición tuvo él considerable responsabilidad. Su nueva procura de más reliquias se enfoca como servicio a Alexis / Páez: «Procurote el que en Roma / las causas procuró...» (v. 743). La mención de Antonio de Mendoza es más compleja: sirve de peana a Dafnis / Váez, nuevo Provincial, en cuanto antecesor en el cargo; con él volvió a México, habiendo sido también procurador en Roma: pastores geminos. El Provincial Antonio de Mendoza, ya muerto (Roma, 1596), recibe el tributo del recuerdo y admiración de Cigorondo (vv. 770-774). Base más sólida para el elogio es la imagen del relevo, que representa el fundador del Colegio de San Pedro y San Pablo en la Ciudad de México, P. Pedro Sánchez, primer Provincial de México, a quien se apostrofa en dos estrofas, como nuevo Pedro, sobre cuya piedra, como la Iglesia cristiana sobre Pedro (Mat. 16, 18), pueden coronar el edificio Páez y Váez (vv. 913-924)65.
2. El relato biográfico, que no hagiografía, deviene panegírico de los protagonistas, Alexis y Dafnis, dictados dechados para la «loçana juventud» (vv. 837- 842). Lo que se hace mediante la exposición de su trayectoria vital y actividades, con mucho tropo y a todo trapo, transparente para el público espectador, pero con zonas opacas para nosotros.
De Esteban Páez, Alexis, cuenta Sileno sus dos viajes a Nueva España (vv. 195-197) y cuenta Apolo (vv. 637-654) sus estudios y docencia en Alcalá y en Roma-Nápoles; su paso a las Indias como socio de Visitador, entonces P. Avellaneda, con estancia de 1590-1592, y su definitiva vuelta como Provincial (vv. 737-742). Ahora se le propone iniciar nueva corona de méritos por el mar del sur, en el Perú (vv. 761-866; 813-842), donde, efectivamente, después de su visita, largos desplazamientos y propuestas con resultados positivos, fue Provincial y rector hasta su muerte.
De Francisco Váez, Dafnis, se hacen lenguas, en la égloga 3.ª, los poblanos uno tras otro: su actividad lo hizo famoso (v. 288s; quizá como profesor, v. 292: no está clara la alegoría de su actividad); aunque ahora cultiva una pequeña parcela (maestro de novicios –v. 260-265), de la que lo sacan para entregarle el gobierno (v. 302ss). Relata Apolo su nacimiento en Salamanca, su paso por Valladolid (España); su viaje desde el Betis a la nueva Menfis con «asiento / en aguas situado / del nuevo ymperio por Cortés hallado» (vv. 670-672). Fue, después, del Tíber al Betis a juntarse a aquel tropel de gente decidida (vv. 655-694) con Antonio de Mendoza y Bernardino de Llanos (v. 767) y: «como todos te aman», ahora «al govierno pastoral te llaman» (vv. 695 s y 773-778).
3. Y, de lo externo, al carácter y cualidades de los elogiados. Es Alexis infatigable y valeroso, aseguran los tres pastores mexicanos (vv. 164-174). De ahí la seguridad que proporciona, como, según el pastor Mopso, su mismo nombre pregona66: Páez, de paz: «pacem fronte refert, dulce fert nomine pacem» (‘paz en su frente anuncia, en su mismo nombre porta la paz’: vv. 174-177). Y premio merece su virtud: «puniceis humilis quantum saliunca rosetis, / ille rosas vario vincit virtutis odore» (‘Cuanto la humilde saliunca a los purpúreos rosales, / aquel vence a las rosas por el olor de su virtud’: v. 178s).
De Dafnis dice Menalcas:
Quantus honos, quantumque decus, quamque ynclita virtus
quanta viri pietas, et rerum industria quanta,
et labor et studium, carum pastoribus illum
et fecere gregi, et fama super aethera notum (vv. 474-477).
Trad. : ‘Tan gran honor y tanta honra, tan ínclita virtud, tan grande piedad en varón y tanta capacidad de gestión, empeño y estudio, lo hicieron caro a los pastores y al rebaño, y conocido por su fama más allá del cielo’.
Todos reconocen su virtud (espec. vv. 319-322), y loa Apolo «el trato suave con mescla de entereça» (v. 697ss) y ese desvivirse por los demás, implícito quizá en el consejo que le brinda:
Mira, pues, lo que puedes,
que no es govierno de un rebaño solo,
y quien tras tantos corre
el bien les cargue, lo demás ahorre (vv. 775-778),
que podría responder a algo tan poco práctico como querer contentar a todos, que le achacaba la autoridad romana (MM, VI, p. 562).
4. Súmese a ello, más allá de los honrosos nombres de la tradición literaria pastoril (Alexis, Dafnis), el concentrado olor de los epítetos que merecen, herencia del género pastoril. Alexis, el anhelado: «exoptatus Alexis» (vv. 38, 44), «quaesitum Alexin» (v. 47), «optatum ducem... votisque petitum» (v. 51), «Magistrum» (v. 69); amado de las ovejas (v. 72); «ovium [pecudum], pastorum et gloria» (vv. 66, 71, 81,113); «ruris, Alexi, [amor, honos,] decus; spes unica ruris» (vv. 60. 62, 113s). Es un rompedor de corazones:
Nil animum mulcent, nec clementissimus aer
allicit, at solus mihi, pectora solus Alexis
allicit, hic mira reficit dulcedine mentem. (vv. 498-500)
Trad.: Nada calma el ánimo ni atrae al moderadísimo aire, como arrastra mi pecho solamente el señero Alexis; él restaura con admirable dulzura mi mente.
Y del parangonable Dafnis se dice:
Nil movet, at solus Daphnis mihi, pectora Daphnis
leniit, et curas quoties sua lumina praesens
obtulit et vox viva meas pervasit in aures
invasitque animum (vv. 509-512).
(Trad.: ‘Solo alivia mi pecho el señero Alexis cada vez que ofrece a mi vista sus ojos y su voz viva penetra en mis oídos e invade mi alma’.)
que lo tiene seducido (vv. 510-515). Dafnis es «noster amor» (v. 260), «dis genitus» (‘ese amado de los dioses’: v. 276), «pastorum iubar et laus optima...» (v. 424 ss), a quien, según Melibeo, un reconocido trovador pindáricamente había cantado (vv. 299-310).
5. Pastores gemelos. Querido, requerido y hasta más disputado (égloga 5.ª) es Alexis, por quien resuena machaconamente el «huc ades!» (‘ven’) de los pastores peruanos. Se quiere agradecer su dedicación con flores y pájaros (égl. 2.ª y 4.ª). Todos cifran en él sus expectativas, pastores peruanos y mexicanos, pastores y dioses. El mismo Apolo las deposita en él (vv. 813-842), y le confía el futuro del dilatado Perú:
Y tú que te traspones al
antártico mar (¡Ô, cómo veo
lo que de yndustria pones
en ceñir tu corona a tu tropheo!),
va, pues, y, a mano y rienda,
consuela, alienta, alarga, acorta, enmienda
(vv. 925-930).
No menos se espera de Dafnis-Váez en México:
Y tú del mexicano
fértil suelo el aveto, el cipro, el nardo
cultiva de tu manos... (vv. 843-854).
Apolo de estos mayorales dice que son:
Ambos de mi cabeça
y de mi mano música, ornamento,
corona de entereça,
grata afabilidad para instrumento. (vv. 779-782)
Y, al despedirse, recomienda cooperación con ambos a los «cuydosos pastores» (vv. 937-942). Alexis y Dafnis son los «pastores geminos, qui ut coeli lumina fulgent» (PP. v. 331), como los que Llanos celebró en su visita al colegio de S. Ildefonso, el Provincial Mendoza acompañado de Váez, procurador (Osorio 1979, 54). La transposición resultaba fácil: Páez será Alexis, y Váez, nuevo Provincial, Dafnis, que sucede a aquel Dafnis memorable. Como Lícidas o Mopso son portavoces de Llanos, aquellos mismos nueve pastores serán quienes, junto a Apolo, Flora y Pomona, canten encomiásticamente a Alexis y al nuevo Dafnis.
Inseparables, imprescindibles y gemelos sienten los pastores mexicanos a Alexis y a Dafnis. Imprescindibles, como muestra el apego a ambos de los mexicanos, que se resisten a perder a Alexis (égloga 5.ª: «vestrisque obsistere votis», v. 479). Gemelos los reconoce el poblano Palemón, por lo que, si se tiene uno, bien se puede ceder al otro (vv. 473, 478, 491, 516) y por qué temer si uno de ellos se va, pues queda el otro: «adest alter, quid deinde timendum est?» (vv. 443, 447). Son gemelos, en cuya presencia todo florece67, o en cuya ausencia todo fenece. Lo primero sucederá en el Perú con la presencia de Alexis (vv. 483-485, Lícidas, peruano), o en México, según los pastores poblanos y peruanos, con Dafnis (vv. 486-490, 501-522): es como si estallara la primavera (vv. 531-539), efectos que se describen tras la fórmula anafórica: Ut cum vere novo gaudet:
Ut cum vere novo gaudet pulcherrimus annus
flos viget, herba viret nitidos fons excitat haustus
induitur frondes, et pomis affluit arbos
laetus arat, laetusque cupit, serere arva colonus,
omnia sic vobis fausto dabit omine Daphnis. (vv. 545-549)
Trad.: ‘Como cuando, en primavera, ríe hermosísimo el tiempo, brota la flor, verdea la hierba, la fuente borbota límpidos sorbos, se visten las frondas y el árbol rebosa de frutas, contento ara y contento desea sembrar los campos el labrador, así Dafnis os dará todo con presagio favorable.
Y, de modo semejante, en vv. 555-559; 565-569.
Pero en México la ausencia de Alexis acarreará desgracias sin cuento, según Títiro:
Fronde reor silvas carituras, arbore fontes
ac me praesidio, et carae dulcedine vitae
si et mihi, si et silvis, si et montibus absit Alexis. (vv. 467-469)
Trad. : ‘¡Creo que los bosques perderán su fronda; las fuentes, árboles; y yo me veré privado de la fuerza y la dulzura de la estimada vida, si a mí, si a los bosques, si a los montes falta Alexis!’.
Sin Alexis, sucederá como cuando recrudece el invierno (fórmula anafórica: Ut cum saevit hiems):
Ut cum saevit hiems atris comitata procellis
flos cadit, herba aret, nitidos fons abnegat haustus
exuitur frondes, et pomis deficit arbos,
moestus arat, moestusque timet, serere arva colonus,
omnia sic nobis si carus desit Alexis. (vv. 540-544)
Trad.: ‘Como cuando recrudece el invierno, acompañado de negras tormentas, cae la flor, se seca la hierba y la fuente niega límpidos sorbos de desnudan las frondas y el árbol pierde sus frutas, y el labrador ara entristecido y triste teme sembrar los campos, así resultará todo para nosotros, si falta el caro Alexis.
Y, de modo semejante, en vv. 550-554. 560-564. La estrategia de peruanos y mexicanos resulta la base de los mayores elogios de ambos. Los peruanos tienen que exaltar al máximo a Dafnis para que les cedan a Alexis. Los mexicanos tienen que hacer imprescindible a Alexis para retenerlo. Los campos peruanos perecen sin mayoral. Temen los mexicanos que les suceda lo mismo si prescinden de quien hasta ahora los guiaba. Y no les vale que les digan que, en premio a su generosidad, les venga del cielo la bendición. El requerido milagro del acuerdo, del desempate, solo podrá obrarlo un dios, es decir, Apolo (v. 570ss), que aparecerá literalmente como deus ex machina, según describe la acotación tras el v. 588 y de inmediato anuncia el coro: «...Apolo acordará vuestra discordia».
6. Loores son que realza el ornato retórico. Ante los jóvenes estudiantes que representan y escuchan (a ellos, con ruptura de la ilusión escénica podría dirigirse Mopsus en v. 578: «vos iuvenum quam sit discordia concors dicite»), Cigorondo debe ofrecer dechados de virtud como el de estos varones ejemplares. También debe enseñar a proponerlos como tales de manera atractiva y, como maestro, envueltos en el manto de la Retórica. Es posible advertir en este Colloquio los tres géneros que Aristóteles proponía en su Retórica (I, 1358a-b): el deliberativo del consejo, el judicial del triunfo en asunto disputado y el apodíctico, que incluye panegírico o sátira. Muestras del género deliberativo se dan en la exposición de los comportamientos modélicos de los mayorales loados y mencionados y en los discursos de Apolo. Pero también, dado el prestigio de lo alegórico, en los coros 3.º (vv. 210-241, tempus fugit) y 4.º (vv. 395-412: la inconsciencia infantil); también en otros: en el 1.º, prólogo que busca disponer al público para el espectáculo; o en el 2.º, que revela al público el sentido de la acción (vv. 115-126). Ejemplo de género judicial es el pleito propuesto en la égloga 5.ª y, después, la sentencia oracular de Apolo como corona.
No obstante, en este Colloquio celebrativo y encomiástico, el género predominante naturalmente es el panegírico o apoteosis, que pone de relieve las cualidades personales, mediante una acción y una elocución en un discurso pleno de ornato: tropos y metáfora como el símbolo de los pastores o de los niños pastores. De este modo, se propone un ejemplo de virtud letrada, con el género pastoril, de tan encarecido reconocimiento como la égloga clásica, vivificada por los humanistas (Petrarca, Navagero...) y trasplantada a las letras renacentistas, igualmente apreciada bajo forma de églogas (recitables o representables) o libros de pastores, por reconocidos escritores tanto de España como de Ultramar, Cervantes o Balbuena. Por lo demás, ya desde Virgilio sirvió la égloga para el panegírico o apoteosis y resultaba una joya de gran precio con su juego de alegorías y símbolos, como bien sabía Juan del Encina. Dentro de este género cabe la yuxtaposición y mezcla de la mejor poesía latina y castellana, el uso de discursos, monólogos, relatos o el diálogo ágil, más que por los versos compartidos, que son pocos, por la ausencia de monólogos extensos: incluso el largo oráculo de Apolo se interrumpe dos veces con intervención de sus acólitas, el coro y la breve intervención de tres pares de pastores. Las réplicas son normalmente breves, en latín: las de uno y dos versos son tantas como el conjunto de las más extensas y, entre estas, la mayoría son de 3 a 5 versos. En verso castellano, salvo Apolo, que se extiende, tras una introducción de 16 sextetos-lira en tres momentos más, cada uno de ellos de 9 sextetos-lira y de las diosas por tres veces en sendas coplas con estribillo de 12 versos cada una. Los pastores, normalmente no recitan más de un sexteto-lira o estrofa alirada en cada intervención y en algún caso lo comparten (vv. 993-1004). Para el Argumento basta un soneto. El debate da viveza y emoción a la expresión. Es notable el colorido de la naturaleza en flor y vistosa la presencia de un pájaro. Y, además, está la música de los coros, que organiza las unidades, al mismo tiempo que instruye, persuade o sosiega.
No hay en el Coloquio bailes ni danzas, que formaban parte del teatro jesuítico como herencia del teatro religioso medieval y en el teatro novohispano recibieron el impulso de la afición que los indígenas tenían a danzas y música, expresadas en formas de espectáculo anteriores a la conquista en areitos o mitotes, que tuvieron excelente acogida en manifestaciones teatrales de los jesuitas. Es un teatro con predominio casi absoluto de la palabra, pues la escenografía es muy sencilla, como característica de las églogas: en un momento se hace uso de la cortina que, al descorrerse, muestra a Apolo en su trono. Nada que no pudiera ofrecer el Salón de Actos del Colegio de San Ildefonso, que ya se había utilizado en espectáculos semejantes, como los del P. Llanos.
No ha necesitado el autor de la comicidad, ni de los juegos de niños, que Cigorondo suele prodigar en sus obras. Al soplillo juegan los niños en el V Encomio publicado por H. Maldonado; al trompo, al toro de las coces, a pares y nones en las Églogas del Engaño; manifestaciones lúdicas donde los niños imitan los juegos de mayores (cortesanos) como los torneos (Comedia de la gloriosa Magdalena, Elogio 3.º, desde el fol. 70v), correr una sortija, tela o torneo (Egloga seu Pastorum lusus, desde fol. 9r, col. b), o erudita «questión» en la misma pieza sobre el poder del amor o de la fe de la Magdalena (fol. 6r, col. b). Los juegos aparecen en el título de dos de sus obras: en la Egloga seu Pastorum lusus (‘juego de pastores’) y en el Juego entre quatro niños. Una situación de este tipo es la imposición de las coronas en la égloga 3.ª, v. 359ss. En nuestro Coloquio la competencia es de tipo dialéctico.
Un teatro de la palabra, pero esencialmente poética, como se ha destacado, aunque sin alardes espectaculares. La grandeza poética se muestra en los 494 hexámetros característicos de la Bucólica virgiliana, eso sí, mejorada si cabe con las mejores aportaciones del humanismo, de Petrarca a Navagero. Fuera del soneto inicial, que concreta el argumento, destaca el uso del sexteto-lira o estrofa alirada (aBaBcC), utilizada con frecuencia por fray Luis de León en las traducciones de Horacio. Cigorondo se encuentra entre sus continuadores en lírica y teatro (Navarro Tomás, 1974, 207. 256). Es la forma favorita en este Colloquio, que utilizan los Coros 1.º, 2.º, 5.º; también Apolo en su extenso oráculo (258 versos), y aparece en boca de los pastores en el acuerdo final (90 versos). De este modo, en este coloquio, sus 396 versos representan el 70% del total de todos los versos en castellano, que son 564. Una a modo de prolongación de esta estrofa son las dos estancias seguidas de 9 versos que forman el coro 4.º: abCabCcdD (vv. 395-412). El coro 3.º está en ocho cuartetas de romance en á-o: Cigorondo aprovecha una composición poética propia, que se lee también en el Cartapacio curioso, aunque en este Coloquio está aligerada de nueve estrofas.
Las intervenciones de las diosas Flora y Pomona se hacen en forma de letrilla con estribillo de dos versos asonantes ó-o de 4 y 11 sílabas, seguido de dos cuartetas que en la primera aparición siguen el asonante del estribillo en los pares, de modo que el último verso se convierte en enlace con el estribillo que se repite. En las otras dos intervenciones de las diosas el asonante en las mudanzas se da únicamente en el verso de enlace. Se eligió la forma para que sirviera de base al canto por el coro posterior a su recitación68. En su intervención tras las diosas, tres pares de pastores recitan por tres veces un mismo estribillo que concuerda en metro y rima con los de las diosas. Finalmente, una letrilla distinta es la del coro 6.º / 9.º, vv. 949-968, formada por cinco coplas hexasílabas con asonante ó-e en los pares y un estribilllo en los versos tercero y cuarto con ligeras variantes en cada estrofa. En todo ello muestra Cigorondo su versatilidad y facilidad para todo tipo de versificación.
Muestra también Cigorondo a los escolares su maestría en la invención y disposición de la fábula, recogiendo lo mejor de sus modelos preferidos (de Virgilio a Llanos), en una estructura formalmente compleja, aunque, en el fondo, sencilla, las ansias finalmente satisfechas de unos pastores que buscaban el mejor mayoral posible. Sobre esta base, pone acción bien trabada, emoción y goce estético, para satisfacción de todos, en la acción y en la representación. En aquella, al final, todos se sienten victoriosos (desde v. 993): Mopso, mexicano: «Victoriosos quedamos». Lícidas, peruano: «Pues ¿qué será los que nos coronamos?». Coridón, peruano, remata, diciendo: «Con tal don, hecho un Creso / me voy». También ahora Títiro, mexicano y convencido: «Con tal don yo, hecho un Craso». Palemón, de los poblanos, olvidándose de Apolo, dirá:
Este feliz succeso
a nosotros se deve, pues, al paso
de nuestra diligençia
salió a gusto de todos la sentençia. (v. 1001s)
Todos satisfechos. También, de la representación, el autor, que humildemente y no sin gracia (que la sembró en su obra), solicita, en el último verso, la del aplauso: «si reciviendo el don nos dan las manos».
Sobre el texto
Ofrecemos el texto completo crítico y anotado, y parcialmente paleográfico, con traducción de sus partes latinas, siguiendo el único manuscrito conocido de la obra que guarda el Cartapacio curioso de algunas comedias del P. Cigorondo, de la Compañía del nombre de Jesús, BNE, Mss 17286, fol. 95r.-229r.
Se presenta el texto castellano modernizado en puntuación, acentuación y mayúsculas. Igualmente, se transcriben u y v de acuerdo con su valor vocálico o consonántico y se resuelven las abreviaturas. También, puesto que varias veces aparece n por ñ, y c por ç, en estos casos se ponen entre corchetes respectivamente [ñ] y [ç]. Acentuamos á del verbo haber por distinguirla de a preposición. En lo demás, se ofrecen las grafías originales, por tratarse de la primera edición. Variantes raras y autorrecciones del amanuense se señalan en nota.
El texto latino, sin embargo, se ofrece según los usos y estándares de la hodierna filología latina. Por lo cual, resolvemos las abreviaturas (q: = que; �= us, ...ť– ...tur; è por ex o est; sd por sed y escribimos u y v, según el valor vocálico o consonántico del latín posclásico. Además, ę se transcribe ae, ij por ii; ç por c; æ en fælix y en sus formas derivadas y en las que se dan en el perfecto de facio se transcriben con e; penas por poenas, etc., y se corrigen ocasionales erratas como Dapnin por Daphnin. Las erratas o transcripciones incorrectas debidas a la lengua o fonética del amanuense se recogen en nota a pie de página. La traducción es propia, pero se sometió a la revisión de D. Manuel Sánchez Molina, Catedrático de Filología Latina de la Universidad de Granada, director de uno de los proyectos de investigación que amparan este ensayo, colega y, sin embargo, amigo.
Tratamos de aclarar el texto con notas de crítica textual y explicaciones de tipo histórico-filológico que den razón de usos y costumbres del medio en que se desarrolla la acción, tratando igualmente de enmarcarlo en el medio cultural clásico y neolatino. Asimismo, enriquecemos con textos semejantes del mismo autor y con la remisión o cita de pasajes iluminadores del mismo texto, antiguos y modernos, y de los textos en los que se inspira el autor o que hace suyos.
Abreviaturas
M - es la referencia al manuscrito correspondiente al Coloquio a lo pastoril a la electión..., en el Cartapacio curioso de algunas comedias del P. Juan de Cigorondo, de la Compañía de Jesús.
CP - Cigorondo, Coloquio a lo pastoril a la electión...
DInq - Llanos, Dialogus in adventu Inquisitorum, 1989.
MM - Zubillaga, Monumenta Mexicana, en MHSI, tomo VI, 1976.
PP - Llanos, [Dialogus] Pro Patris Antonii de Mendoza adventu [factus].
1.– Esta presentación del Coloquio a lo pastoril del P. Cigorondo recoge, con actualizaciones, adaptaciones, y ampliaciones, la ponencia al Coloquio Internacional en la Pontificia Universidad de Lima. Se publicó en El teatro en la Hispanoamérica colonial. I. Arellano y J. A. Rodríguez Garrido (eds.). Fránc- fort-Madrid, Universidad de Navarra-Vervuert-Iberoamericana, 2008, como: «Apoteosis de varones ejemplares en México y Perú: el Coloquio a lo pastoril del P. Cigorondo», 9-34.
2.– Según el Catálogo trienal de 1585, tiene 25 años y lleva entonces 10 en la Compañía. Por lo tanto habría ingresado en ella como novicio en 1576, como afirman otras fuentes. En 1609, cuando parte como superior de la Residencia de Zacatecas: «Tiene entonces 49 años» (Arróniz 1979, 178, n. 21): son datos coherentes con otros igualmente fiables que presentan los estudiosos (Zambrano, V, 179). Por ello, parecen fruto de error los que ofrece la transcripción del Catálogo de 1600 que se reproducen en Zubillaga, MM, VI, p. 22: «P. Ioannes Cigorondo. Gaditanus, Annorum 44. Firmae [se refiere a «vires», ‘fuerzas’]. Anno [de ingreso en la Compañía] 1570, Philos. 3, Theol. 4. Rectoris. Socii Provincialis, concionatoris, confessarii, lectoris Rhetoricae. Professus 4 votorum».
3.– A. y A. De Backer, Bibliothèque des Écrivains de la Compagnie de Jésus, Lovaina, Collège Philosophique et Théologique, 1869-1876, s. v. «Cigorondo, Jean de».
4.– Se desconoce la relación que pudo tener este Juan de Cigorondo, padre del jesuita, con un homónimo de ambos, que figura como arquitecto de la catedral de Puebla desde 1575, junto a Francisco Becerra. Amplio tratamiento de estas cuestiones bio-bibliográficas relativas al P. Juan Cigorondo en Alonso Asenjo, 2006.
5.– En 1531 ya se enseñaba Gramática, es decir Latinidad, en el Convento de Santo Domingo de la Ciudad de México. Aparte de los centros para naturales o indigenas, funcionaba el Estudio episcopal en el que podían estudiar españoles y naturales, y bachilleres titulados enseñaban Gramática, al menos en casas, pero sabemos muy poco de ellos.
6.– «Anno vero 1576 Societati Mexici nomen dederunt fratres Joannes Cigerondo, Augustinus Cano… [hasta 7]; ex his sex in eodem Societatis tyrocinio [noviciado] versabantur; quinque antea liberalium artium logicaeque studio apud nostros vacabant…» (Carta anual del 1 de enero de 1577, en Zambrano, IV, 596).
7.– Parece oportuno señalar que los colegios de la Compañía de Jesús, aunque desde muy pronto tuvieron fama de excelentes centros educativos, no siempre la situación les permitía dar lo mejor de sí. Tal parece ser el caso de los colegios de México hasta la llegada del Provincial P. Antonio de Mendoza (septiembre de 1584), junto con profesores de la talla de Bernardino de Llanos y otros. La reorganización de la docencia, ampliación y dotación de los centros supuso para la enseñanza de la juventud mexicana un impulso decisivo de mejora y consolidación, que produjo frutos opimos (Osorio 1979, 50ss. 127ss). En este momento de renovación de la educación es cuando Cigorondo inicia su función de educador.
8.– Carta anual de 1576, en Zambrano, II, 542s.
9.– Studuit humanioribus litteris felici progressu, nunc physicae. Ordinatus: dioecesis gaditanae. Officium: scholasticus philosophiae. Sanitas bona. Ingenii et judicii mediocre. Talentum: bonae spei (Catálogo de 1580, MM, I, 215).
10.– El General, a 10 junio [en Zambrano, v, 181, 18 abril] de 1598, aconseja a Váez elegir consejeros y, de dos sugeridos, uno es el P. Cigorondo (MM, VI, doc. 142, p. 488). Más adelante, el P. General felicita al Provincial, Váez, por su elección: «Tenga el compañero que dice tan suficiente y tan a su gusto» (MM, VI, doc. 7, p. 11, n. 12). En reacción a una carta recibida (y perdida) del P. Provincial, Francisco Váez, el general Cl. Acquaviva escribe (doc. 2, del 12 de diciembre de 1599) al P. Ciguerondo (sic) para felicitarlo porque el P. Váez lo haya elegido «tan buen compañero» (p. 3). Al mismo tiempo, le pide que «tenga muy grande charidad y diligencia en ayudar al padre Francisco Váez» (p. 4).
11.– Cigorondo estará de Rector del Colegio del Espíritu Santo de Puebla de 1602 a 1606 y en este último año aparece como «operario de la casa profesa de México» (…). En 1609 se traslada como superior a Zacatecas (P. General Aquaviva, en carta desde Roma del 30 de junio de 1609 al P. Visitador Cabredo, en Arch. Prov. Mex. Isl. Coll. [1935]. Cartas manuscritas de los Generales, p. 408s).
12.– De ella se viene ocupando Jaime J. Martínez Martín, «Aproximación a la obra poética de un jesuita novohispano: Juan de Cigorondo», en Herencia cultural de España en América: poetas y cronistas andaluces en el Nuevo Mundo, Siglo XVI: actas del I Encuentro de Literatura Hispanoamericana Colonial, coord. por Trinidad Barrera López, 2007, págs. 141-158.
13.– Por M. Frenk Alatorre, «El Juego de quatro niños ¿de Juan de Cigorondo?: Literatura Mexicana, 1 (1994), 529-554 y Alonso Asenjo, 2006, p. lii.
14.– Cf. «este año», que se lee en el texto: «Los huéspedes basta ver / que an oy de España venido» (fol. 61v).
15.– Estudiada en tesis y publicada digitalmente por Alejandro Arteaga Martínez, Comedia a la gloriosa Magdalena: edición digital de su tesis de licenciatura (UNAM, 1998): Comedia a la gloriosa Magdalena de Juan Cigorondo (1560-¿1609?): <http://us.share.geocities.com/aarteagaa/Cigorondo/CGMagdala.htm>.
16.– Ed. digital de Alonso Asenjo, en TeatrEsco, 2002. Del segundo Coloquio está en prensa una edición impresa por el mismo autor en «‘¡Vaya de baile y de fiesta!’ Teatro breve colonial iberoamericano».
17.– Es la Égloga del Santíssimo Sacramento entre Daminthas y Silvano, segador (F 863), conservada en la biblioteca de la RAH, sign. 9-2573 (392), fol. 56v-57r, volumen que también custodia desgajada la primera sección de la Egloga seu pastorum lusus, quorum subiectum Maria Magdalena est del ms. 18155 de la BNE.
18.– Vid. Alonso Asenjo 2006, donde en p. liii, lín. 3 la fecha de 1594, según consta ya en p. lix. § 2.º, con las precisiones que añadiremos infra.
19.– Las siete son: Morales-Sánchez Baquero-Lanuchi Tragedia del Triunfo de los santos (1578, F 872); dos églogas del P. Llanos ([Dialogus] Pro Patris Antonii de Mendoza adventu [factus] in collegio Divi Ildephonsi, 1585, F 870 y Dialogus in adventu inquisitorum factus in collegio Divi Ildephonsi, 1589, F 781); las dos comedias de la Vida de San Ignacio, 1628, F 2301, 950; la Comedia de San Francisco de Borja del P. Bocanegra, 1640, F 874 y, posiblemente del mismo Bocanegra, El esposo por enigma, 1646; F 2183. En la duda, prescindimos en el cómputo de las Bonanzas de las danzas de Antonio Ramos de Castilla Velasco y Altamirano, 1752 (San Miguel el Grande / de Allende, 1752; F 2227).
20.– De acuerdo con la colección de MM, preferimos la forma Váez.
21.– Sic, contra la errata de 2006, p. lix, y siguiendo el texto mismo del Coloquio, vv. 655-657.
22.– No coinciden los estudiosos en cuanto al inicio del provincialato del P. Francisco Váez. El Inventario del ARSI pone como fecha del nombramiento del P. Esteban Páez como Visitador la fecha del 4 de agosto de 1599, que corresponde con las de O’Neill-Domínguez para su provincialato en México: 1595-1599; e inmediatamente después, escuetamente, ofrecen la de «1599» para el Provincial entrante, P. Francisco Váez. En otros documentos se lee para el inicio del provincialato de este la fecha de 1597, que parece depender de varios factores: la decisión tomada en Roma por el Padre General, es decir, su designación, el envío de la patente, la recepción de esta propuesta en México, que no queda reflejada el Catálogo de 1597 y la de su efectiva toma de posesión, que no consta.
23.– En Alonso, 2006, p. liii, por confusión, se pone la fecha de 1594. Aún no hemos podido dar con la concreta de la representación en este año de 1598, a la elección del P. Váez como Provincial. Tampoco nos consta cuándo partió para el Perú el P. Páez, del que el 02 de marzo de 1599 ya saben en Roma que está «de camino para la [Provincia] del Perú» (M. M, VI, p. 562). Nos consta que llegó a Lima el 31 de julio de ese año. Comoquiera que un viaje de la Ciudad de México a Acapulco duraba unos 20 días y, de Acapulco a El Callao, en el Perú, en circunstancias normales, no menos de seis meses, el P. Páez pudo salir de México a fines de otoño de 1598.
24.– Égloga de Torino, Églogas de Garcilaso, la Diana de Montemayor y otros libros de pastores que siguen sus pasos, Los amores de Albano e Ismenia de Lope de Vega y otras comedias pastoriles y hasta el mismo Quijote.
25.– En opinión del P. General, Cl. Acquaviva, ambos, Páez y Váez, son personas muy capaces. Así se expresa en carta al P. Martín Fernández: «Buena ayuda han tenido hasta ahora en el P. Estevan Páez y buena la ternán en el P. Francisco Váez, que es tan prático en todo lo que para promover la provincia se requiere» (Roma, a 2 marzo 1599, MM, VI, doc. 177, § 2, p. 538).
26.– No permanecerían siempre en la misma consideración. Cf. carta de Váez al P. General, reproducida en Alegre, Historia, toma II, libro V, Méx. 17 febr. 1601: «...que siendo Provincial el Padre Estevan Páez, los padres Alonso de Medrano y Francisco de Figueroa, dos subiectos muy importantes, fueron al Nuevo Reino, con el señor arzobispo dél y padecieron en el camino grandes trabajos. Y en este tiempo tuvimos noticia y algunos rastros de que no estavan tan en gracia del obispo» [al contrario que del Presidente] (...) y es de parecer que vuelvan a la Nueva España».
27.– El recorrido de México a Veracruz por el llamado Camino real llevaba entonces no menos de 15 días.
28.– Por ejemplo, en la Carta anual correspondiente al año 1598, enviada desde México el 23 de setiembre de 1599, tanto en su versión latina como en la castellana, firmadas por Francisco Vázquez (MM, VI, 1976, doc. 219, pp. 594ss). En esta carta, sin embargo, p. 604, nº. 22, además de hablarse del comienzo de los estudios con una oración latina muy grave y elegante que hizo un padre de los nuestros y de los Certámenes para las honras del rey difunto, Felipe II, se mencionan ejercicios literarios y conclusiones de Teología y se concede gran relieve (nos. 24-32) a la misión de dos PP. al Nuevo Reino de Granada, a ruegos del arzobispo Lobo Guerrero, etc.
29.– La situación se complica si los editores de MM, VI, que pueden partir del principio de que Váez accede al Provincialato a partir del envío de la patente en Roma, le atribuyen las cartas del P. General que van destinadas, sin nombre, al «Provincial de México». También cuando, por los mismos días, se envían (o asignan) cartas de Roma a uno u otro de los provinciales por los mismos días. Esto constatamos al menos en cuatro documentos del P. Acquaviva en Roma: Doc. 111. p. 450, a Esteban Páez, Provincial, 14 abril 1598. Doc. 113. p. 453, a Esteban Páez, Provincial, 15 abril 1598. Doc. 115. p. 456, a Francisco Váez, Provincial, 18 abril 1598. Doc. 116, p. 458, a Esteban Páez, Provincial, 20 abril 1598. La carta del 30 de junio de 1598, dirigida «Al provincial de la Compañía de Jesús en la provincia de México» no es seguro que se enviara al P. Páez, como reza el encabezamiento añadido por los editores: «El padre Claudio Acquaviva al padre Esteban Páez Prov.», en MM, vi, doc. 169, pp. 524-526). Sin duda no es ajena a esta confusión la semejanza de sus nombres: Paez, Baez, Baes, Vaez.
30.– Por eso los estudiosos dan esta fecha como inicio del provincialato de Váez. Así Zubillaga, en MM, VI, doc. 181, p. 542; Palomera, 37, que supone que Cigorondo, con esta ocasión, deja el cargo de Rector de Guadalajara, para asumir de nuevo el rectorado de San Ildefonso, pues el P. Provincial, que lo ha elegido como socio, lo requiere junto a sí.
31.– En 1596 el padre Váez estaba en el colegio mexicano, es decir, el de San Pedro y San Pablo (nota del editor).
32.– El editor, Zubillaga, en nota 1: Carta perdida, Doc. 108ac.
33.– El editor, Zubillaga, en nota 2: El padre Esteban Páez, provincial, 1594-1597.
34.– El editor, Zubillaga, en nota 3: El padre Francisco Váez, provincial, 1597-1602.
35.– El P. Medina, en comunicación personal en Roma el 22 de junio de 2012, me explicó que la pérdida se debió a la decisión de destruirlas del nuevo P. General, Mucio Vitelleschi.
36.– Nota del Archivo Histórico de la Provincia de México: «Esta se recibió a los primeros de set. de 1599».
37.– [n. 1. Carta perdida. doc. 108x: El padre Esteban Páez, prov. Al padre Claudio Acquaviva, gen 25 de febrero 1598. doc. 200 n.2]
38.– [n. 2: doc. 108y: El padre Esteban Páez, prov. Al padre Claudio Acquaviva, gen 26 de febrero 1598. doc. 200 n.2]
39.– [n. 3. Cartas perdidas doc. 110 d: Dos cartas del padre Esteban Páez, prov. Al padre Claudio Acquaviva, gen 13 de abril 1598, Doc. 200 n.2]
40.– [n. 4. Doc. 165a: El padre Esteban Páez, prov. Al padre Claudio Acquaviva, gen 2 de junio, Doc. 200 n. 4]
41.– [n. 5: Doc 165b: El padre Esteban Páez, prov. Al padre Claudio Acquaviva, gen 2 de junio, Doc. 200 n. 5]
42.– [n. 6, Doc. 110c: El padre Francisco Váez, prov. Al padre Claudio Acquaviva, gen marzo 1598, Doc. 200, n. 6: perdida, 110, n. 6]
43.– [n.7, Doc. 118o: El padre Francisco Váez, prov. Al padre Claudio Acquaviva, gen mayo 1598, Doc. 200, n. 6: perdida, 110 n. 7;]
44.– [n. 8, Doc. 169c: El padre Francisco Váez, prov. Al padre Claudio Acquaviva, gen junio 1598, Doc. 200, n.8: perdida, 110 n. 6],
45.– MM, VI, 562 omite «buena» y después «Esteuan», que restituimos a partir del cotejo del manuscrito original digitalizado.
46.– Parece que las fechadas en febrero no podían portar la buena noticia, si tenemos en cuenta la carta del P. Martín Fernández.
47.– El texto del Colloquio no los menciona, por más que su decisión de trasladarse al Nuevo Reino de Granada y Quito con el arzobispo Lobo también pueda contemplarse, como ya se dijo, como justificación de las llamadas a la solidaridad de los necesitados pastores peruanos.
48.– Cf. P. Florencia, Historia, a partir del c. 3, p. 74 y especialmente en el Libro 7.º, cc. I-VII, p. 362-384; O’Neill – Domínguez, p. 3492; y más adelante en la sección de «procedimientos panegíricos» § 1, y en la anotación a los versos referidos.
49.– P. Antonio de Mendoza murió en Roma el 24 de mayo de 1596. Dice el P. Provincial al P. Morales, que acaba de hablar: «Y tú que visitaste/ una vez ya de Roma el fausto antiguo/ [cuando fue a recoger las reliquias] y a México tornaste/ numeroso de gente/ con el vivo/ que llora hoy muerto/ y el cielo goza de su vida cierto» (fol. 116r). Una acotación al margen izquierdo de estos versos dice [se trata del] «Pe. Antonio de Mendoça».
50.– Bernardino de Llanos (Ocaña, 1559- México, 1639), estudió en el colegio de su pueblo, Filosofía en Alcalá, Teología en Salamanca. Llegó a México 1585 con el P. Mendoza y otros 22 compañeros, entre ellos Francisco Váez. Dedicó toda su vida a la enseñanza de la Gramática y Retórica en diversos colegios de la Compañía, coincidiendo a veces en el mismo con Cigorondo y fue el segundo organizador de los estudios de latinidad en México, después de Lanuchi. Teórico de la pedagogía, compuso numerosas obras dramáticas de algunas de las cuales nos han llegado noticias (F 855, 895, 1005, 20081) y el texto de dos diálogos a modo de églogas, que se irán comentando a lo largo de este trabajo como precedente del Colloquio a lo pastoril de Cigorondo.
51.– Había zarpado de España en septiembre de 1584.
52.– Tuvo lugar antes del primer destino de Cigorondo, aún hermano, como profesor de Gramática en Puebla en el curso 1585-86.
53.– Reaparece la idea en B. de Llanos, Dial. in adventu Inquisitorum, v. 51ss, en Quiñones, 1982.
54.– B. de Llanos, Dialogus in adventu Inquisitorum: «Ergo ades, ergo veni...» (v. 80ss, en Quiñones, 1982).
55.– «...singulis hebdomadis, singulosque etiam mensibus tam dialogis soluta oratione componendis, quam etiam in eglogis condensis [‘elegantes’] diligentissimam navant operam» (Annua de 1574, en Monumenta Mexicana, I, p. 257s. Reacciona Roma: demasiado teatro (Osorio 1979, p. 26s).
56.– Osorio 1981, 131s. Nosotros precisaríamos: de parte del conservado.
57.– «At cum sacrarum quaesitores causarum... scholas invisere benevolentiae causa voluerunt, recitatus est dialogus venustus et gravis» [‘se representó un diálogo precioso y grave’] (Annua de 1590 : MM, III, 504s, en Osorio, 1979, p. 64).
58.– Quiñones, 1982, p. LIIIS; 1992, p. 28 y 134-135. Confirmado por Alberto Tauro, Ensayos de cultura bibliotecaria, p. 28: <http://cervantesvirtual.com>. El tercer inquisidor era Santos García, es decir, Francisco Santos García de Ontiveros, quien, mejorado lo que afirma Quiñones (1982, p. LIV; 1992, pp. 28 y 135), solo fue elegido obispo de Guadalajara (Jalisco), el 22 de mayo de 1592.
59.– Sus restos mortales, como señala una inscripción, descansan en la cripta de la catedral de Lima; su retrato figura en la galería de retratos de los arzobispos de Lima en el museo de la misma y su estatua, en posición de orante, obra de Martín Alonso de Mesa (1622), que antes embellecía su monumento funerario, se conserva en la capilla de las Ánimas del Purgatorio, penúltima de la nave de la derecha de la misma catedral.
60.– Además de las dos representadas, conocemos de Llanos otra composición bucólica: Egloga de felicissimo Beati Patris Azebedi et Sociorum Martyrio (Quiñones, 1982, pp. 27s).
61.– Viñas Piquer, 2007, 119. Cf. Alonso Asenjo, «‘Optimates laetificare’. La Egloga in Nativitate Christi...», 1996, 323ss (accesible digitalmente). Ricardo Senabre Sempere, «La novela pastoril», en María Cruz Buitrago Gómez y Ricardo Senabre Sempere, coord., La ficción novelesca en los siglos de oro y la Literatura Europea, Ministerio de Educación, 2005, 73-89.
62.– Así P. P. Acevedo, Diálogo del Nacimiento e In honorem diuae Catherinae. Egloga; H. de Ávila, Coloquio de Moisés. Además, Ad Gallum; In adventu Andreae Pacieci, Episcopi Segoviensis.
63.– De este modo, por abreviar, remitimos a J. Alonso Asenjo, Catálogo del Antiguo Teatro Escolar Hispánico (CATEH) – Base de datos de TeatrEsco (2002-2011). En línea: <http://parnaseo.uv.es/Ars/teatresco/BaseDatos/Bases_teatro_Escolar.htm>.
64.– Así Luis Peña, desconocido poeta de Nueva España cuyas obras se recogen en el códice Ms. 1631 de la BN de México, fol. 19, junto a las de Llanos y otros. Vid. Osorio, 1979, 60s.
65.– Véase la anotación a estos versos.
66.– Llanos, en 1589, también había jugado en los epigramas expuestos para la fiesta con que se recibió a los inquisidores con los nombres de estos: si Bonilla, porque bueno; Santos, como alejado de vicio; García por lleno de gracia (Epigrammata in adventu eorumdem inquisitorum, en Quiñones, 1975, 19-26).
67.– Como a la llegada de Dafnis (B. de Llanos, DInq, v. 80ss, en Quiñones, 1982).
68.– No computamos esta repetición en el número total de versos transcritos. De haberlo hecho, el número total de los del Coloquio sería de 1106 versos cantados o recitados.
Texto crítico
del
Colloquio a lo pastoril
hecho a la electión del padre Prouinçial, Francisco Baes, y a la del padre Visitador del Pirú, Esteuan Páez
[fol. 95r]
Colloquio a lo pastoril
hecho a la electión del padre Prouinçial, Francisco Baes,
y a la del padre Visitador del Pirú, Esteuan Páez
ARGUMENTO
| Tres partorçicos del Pirú salieron | ||
| cudisiosos del bien de sus ganados, | ||
| y estos, con otros de la Puebla hallados, | ||
| de su venida el fin les propusieron. | ||
| Ellos a darles medio le1 ofrecieron, | 5 | |
| pues tienen un pastor hecho a cuydados, | ||
| de que queden en México pagados | ||
| y ellos lleven pastor qual le pidieron. | ||
| En los llanos de México hallaron | ||
| guilnardas2 mil a su pastor texidas, | 10 | |
| que ellos canbiaron por sus instrumentos. | ||
| Sobre la causa en México altercaron, | ||
| mas de Apolo el oráculo, atendidas | ||
| ambas las partes, los dexó contentos. |
[fol. 95v]
CHORUS
| Sola esta ves quisiera, | 15 | |
| dulçe instrumento mío, me ayudaras, | ||
| no por ser la postrera, | ||
| mas porque conmigo lo3 acordaras | ||
| y viesen los presentes | ||
| cómo al punto que siento es lo que sientes. | 20 | |
| Publica el alegría | ||
| que bulle en nuestro rostros,4 y abrás hecho | ||
| prueva de tu armonía, | ||
| pues, como el rostro acuerda con el pecho, | ||
| así tus vozes claras | 25 | |
| harán el son conforme a nuestras caras. | ||
| De aqueste día mira | ||
| las nuevas luzes que le hazen claro. | ||
| Suena, pues, tú, mi lira, | ||
| con un asento así meloso y claro, | 30 | |
| y harás con tus primores | ||
| callar, porque se escuchen tus pastores.5 |
[fol. 96r]
ECLOGA 1
Alphesiboeus, Lycidas6, Corydon del Pirú
| ALPHESIB.— | Quam dudum, o Lycida, peruensia liquimus arva, | |
| dilectos patriae fines7 nemorumque recessus. | ||
| LYCIDAS.— | Hesperidum nova rura, novae telluris et orbis | 35 |
| longum iter emensi, madidae Tlaxcalidos arva | ||
| ingredimur. | ||
| CORYDON.— | Felix gressum fortuna secundet | |
| nec sero ocurrat dudum exoptatus Alexis. | ||
| LYCIDAS.— | Quod superest gratas ad sidera tollite mentes, | |
| si quae sacra procul positas exquirere terras | 40 | |
| imperiis egere suis oracula divum | ||
| dulce aliquid dictare velint et vota secundent | ||
| neu sero ocurrat dudum exoptatus Alexis. | ||
| ALPHESIB.— | Vos, o ruricolae, silvestria numina, Fauni,8 | |
| quae colitis virides Tenuxtitlanidis undas, | 45 | |
| Pan, felix ovium custos, Satyrique Bicornes, | ||
| vos dudum o mihi quaesitum concedite Alexim. | ||
| Faune Pater, si saepe tuas ornavimus aras, | ||
| [fol. 96v] | si tibi iure sacra suspendi cornua pinu,9 | |
| si mea rite tuos modulata est fistula honores, | 50 | |
| da optatum reperire ducem votisque petitum. | ||
| LYCIDAS.— | Colles, intonsi colles, et mollia prata | |
| et qui vos placido percurrit murmure rivus, | ||
| vos monstrate viam quaeque aut spatietur10 in oris | ||
| dicite. Tu, vacuis habitas quae in vallibus, echo11, | 55 | |
| responde; spes fida gregis quaenam arva pererrat?12 |
[TRAD.]
ÉGLOGA 1
Alphesibæus, Licydas, Corydon del Pirú
| ALF.— | Cuánto tiempo hace, Lícida, que dejamos los campos peruanos, | |
| los amados confines de la patria y el sosiego de sus bosques. | ||
| LYC.— | Tras un largo recorrido, por los nuevos territorios occidentales | 35 |
| de las nuevas tierras y nuevo mundo, entramos en los húmedos | ||
| campos tlaxcaltecas. | ||
| COR.— | Que la fortuna propicia favorezca nuestros pasos | |
| y no tarde ya el deseado Alexis. | ||
| LYC.— | Solo queda que elevéis a los astros las mentes agradecidas | |
| para que a quienes buscan lejanas tierras los sacros oráculos | 40 | |
| sientan sus necesarias ordenanzas: | ||
| ojalá los dioses ordenen lo favorable y favorezcan nuestros deseos. | ||
| y no tarde ya el anhelado Alexis. | ||
| ALF.— | Vosotras deidades silvestres, faunos que cuidáis los campos, | |
| los que protegéis las verdes hondonadas de Tenuxtitlán, | 45 | |
| Pan, propicio guardián de las ovejas, y vosotros Sátiros bicornes, | ||
| entregadme ya el deseado Alexis. | ||
| Padre Fauno, ya que a menudo adornamos tus aras, | ||
| y que en sus cuernos colgamos sagrado pino; | ||
| ya que toqué la flauta debidamente en tu honor, | 50 | |
| haz que demos con el deseado guía, objeto de nuestras preces. | ||
| LYC.— | Oteros, frondosos oteros y mullidos prados | |
| y el arroyo que os recorre con plácido murmullo, | ||
| enseñadnos el camino y decidnos qué riberas huellan sus pasos. | ||
| Tú, Eco, que moras en los desiertos valles, | 55 | |
| responde: ¿qué campo recorre esa cierta esperanza del rebaño? | ||
| ALPHESIB.— | Fontes, irrigui fontes, tlaxcalia Tempe,13 | |
| dulcior sis silvis et gramine dulcior omni, | ||
| gratior et ripis, et gratior amne sonoro, | ||
| ruris Alexis honos, spes unica ruris Alexis, | 60 | |
| fontes, irrigui fontes, quaenam arva pererrat? | ||
| CORYDON.— | Ruris Alexis amor, si grata reliquimus ultro | |
| pascua, longinquo positos sub sidere campos, | ||
| si te nostra sibi dudum magalia poscunt, | ||
| si et fragiles coryli cupiunt humilesque myricae,14 | 65 | |
| huc ades, o ovium, pastorum et gloria Alexis.15 | ||
| ALPHES.— | Dulcia si quotquot peruensi gramine carpunt | |
| pabula, te pecudes exoptavere Magistrum | ||
| [fol. 97r] | teque duces pecudum, te rura, et pascua, et amnes.16 | |
| Tamne diu mora longa gravet procul usque sequentes? | 70 | |
| Huc ades, o ovium pastorum et gloria Alexis. | ||
| LYCIDAS.— | Huc ades, o dilecte ovibus. Te pascua et amnes | |
| et specus et gelidi fontes, et roscida Tempe | ||
| expectant; tibi iam pastores florea texerunt | ||
| serta, tuo adventu meditantur gaudia nymphae | 75 | |
| moliturque novos peruensis campus honores. | ||
| CORYDON.— | Nunc mihi nec fontes, nec prata, nec arva, nec aura | |
| visa placet, culti iam sordent numina ruris. | ||
| Huc ades, et fontes, et pascua, et arva placebunt,17 | ||
| auraque nec fuerit quicquam mihi dulcius agris. | 80 | |
| Huc ades, o ovium, pastorum et gloria Alexis. | ||
| LYCIDAS.— | Tu pecori dulces saltus, tu gramina laeta; | |
| tu nemori frondes, et pratis pabula reddes; | ||
| tu fecunda novis decorabis frugibus arva | ||
| et tibi odoratos submittet terra colores.18 | 85 | |
| CORYDON.— | Tu si tristis ovem scabris aut frigidus imber | |
| laeserit aut artus invaserit arida febris; | ||
| ALF.— | ¡Fuentes, frescas fuentes!: tlaxcalteca Tempe, | |
| seas más amena que los bosques, más que las praderas, | ||
| más agradable que las riberas, más que la sonorosa corriente, | ||
| Alexis, honor del campo, del campo única esperanza. | 60 | |
| ¡Ay, fuentes, frescas fuentes!: ¿qué campos recorre? | ||
| COR.— | Alexis, amor del campo, si allá dejamos | |
| los gratos pastos y los campos abiertos a la lejana noche; | ||
| si te reclaman ya nuestras cabañas; | ||
| si hasta los frágiles avellanos te ansían y los humildes tamariscos: | 65 | |
| ven ya, Alexis, gloria de ovejas y pastores. | ||
| ALF.— | Si todo lo que pace dulce sustento en peruanas | |
| praderas; si los rebaños te exigieron por maestro | ||
| y también los mayorales, los campos, pastos y ríos, | ||
| ¿cuánto hará sufrir tan prolongada tardanza y tan lejos a tus seguidores? | 70 | |
| Ven ya, Alexis, gloria de ovejas y pastores. | ||
| LYC.— | Ven, amado de las ovejas. Te esperan pastos y ríos | |
| y cuevas y frías fuentes y la fresca Tempe; | ||
| para ti ya han tejido los pastores guirnaldas de flores; | ||
| las ninfas piensan en el gozo de tu venida | 75 | |
| y el llano peruano prepara sorprendentes honras. | ||
| COR.— | Ahora ni fuentes, ni prados, ni campos, ni el aire | |
| me agrada ver; nada me dice la divina majestuosidad del campo. | ||
| Ven, y fuentes y pastos y campos me serán placenteros, | ||
| y el aire, y nada habrá más dulce para mí que los campos: | 80 | |
| ven, pues, oh Alexis, gloria de ovejas y pastores. | ||
| LYC. — | Tú devolverás al rebaño los amenos sotos; tú, las alegres praderas; | |
| tú, las guirnaldas al bosque y la hierba a los prados; | ||
| tú adornarás los campos fecundos con nuevos frutos | ||
| y la tierra hará florecer perfumadas flores. | 85 | |
| COR.— | Tú, cuando la triste lluvia, áspera y fría, al ganado | |
| daña o una fiebre seca invade los miembros; | ||
| tu novus adduces sacras epidaurius1 herbas, | ||
| [fol. 97v] | quas famosa salus medicos invenit in usus. | |
| CORYDON.— | Aera per liquidum vitalibus aura favoni | 90 |
| dulce fremen<s>2 Zephyris, laetos per roscida prata | ||
| fundet humi flores. Divum felicia dona, | ||
| arva dabunt aurum, vulgo feret omnia tellus, | ||
| argentumque feret reseratis prodiga venis | ||
| hesperias onerabit divite puppes. | 95 | |
| LYCIDAS.— | Aurea per flavos late vaga flumina campos | |
| uberiora fluent, ipsique a limine fontes | ||
| florea maiores fundent per gramina rivos; | ||
| lucidus ille aries fulvo cui tergus amictu | ||
| cui geminum cornu coelo scintillat ab alto | 100 | |
| hactenus intonso feret aurea vellera dorso. | ||
| CORYDON.— | Iam video oblitis trepidum dare terga pharetris | |
| Mavortem, Ameriae, et Scythicis3 sese abdere silvis ; | ||
| non illum fugientem hiemes, non invia montis | ||
| fragmina, non rupti fontes non flumina sistent. | 105 | |
| Tendet in occultas per inhospita lustra latebras. | ||
| ALPHESIB.— | Americos ut agros, peruanaque regna reserves, | |
| [fol. 98r] | nunc voti compos te redde petentibus ipsum, | |
| quo duce cana fides peruenses signa per oras | ||
| trans pontum attollet, trans divitis arva Potosi | 110 | |
| auctaque per populos caput altius efferet indos.4 | ||
| Ergo ades, o prosper nec te sors ulla retardet. | ||
| CORYDON.— | Huc ades, o pecudum, pastorum et gloria, Alexi. | |
| LYCIDAS.— | Ruris Alexi decus; spes unica ruris, Alexi.5 | |
| tú, nuevo Esculapio, encontrarás milagrosas hierbas | ||
| que la aclamada salud encontró en las prácticas médicas. | ||
| COR.— | Por el cielo límpido, la brisa del favonio dulcemente | 90 |
| soplando, junto a vivificantes céfiros, por los prados cubiertos | ||
| de rocío esparcirá alegres flores. Dichosos dones divinos, | ||
| así el oro, darán los campos; por doquier, pródiga la tierra, | ||
| abriendo sus venas, dará la plata, | ||
| cargará con rico regalo las popas de occidente. | 95 | |
| LYC.— | Amplias olas doradas por los dilatados campos | |
| fluirán fecundas y las mismas fuentes desde su ojo | ||
| prodigarán por sus arroyos más caudalosos floridas praderas | ||
| y el brillante Aries, con lomos envueltos en vestidos leonados, | ||
| cargado vendrá de vellones dorados sobre su dorso frondoso. | 100 | |
| COR.— | Ya veo, olvidadas sus aljabas, dar la espalda al inquieto | |
| Marte, a Ameria y esconderse en las florestas de Escitia; | ||
| ni fríos invernales lo detendrán en su huida, ni los inaccesibles y fragosos | ||
| montes, ni los borbotones de las fuentes, ni ríos caudalosos. | 105 | |
| Multiplicará los refugios por lugares inhóspitos. | ||
| ALF.— | Para resguardo de los campos américos y preservación de los dominios peruanos | |
| ahora, fiel a tus promesas, muéstrate a quienes te solicitan. | ||
| Bajo tu guía, la venerable fidelidad llevará las enseñas de las playas | ||
| peruanas allende el mar, allende los campos del rico Potosí, | 110 | |
| y, acrecentada, levantará la cana cabeza por encima de las poblaciones de Indias. | ||
| Ven, pues, dichoso; que ningún contratiempo te retrase. | ||
| COR.— | Ven ya, oh Alexis, gloria de ovejas y pastores. | |
| LYC. — | Alexis, honra del campo, del campo única esperanza. |
2us. CHORUS
| Tres pastores conformes | 115 | |
| texen a su pastor y a su govierno | ||
| guirnaldas disconformes | ||
| mas no de su valor y pecho tierno, | ||
| que le tiene ofreçida | ||
| con las guirnaldas alma, sangre y vida.6 | 120 | |
| O, si agora brotasen | ||
| claveles, rosas y asuçenas bellas | ||
| y tanta flor hallasen | ||
| quantas de noche muestra el cielo estrellas7, | ||
| y perlas y esmeraldas | 125 | |
| diesen los ríos para las guirnaldas. |
[fol. 98v]
ECLOGA 2ª
Silenus, Tityrus, Mopsus, de México
| MOPSUS.— | Vos mecum, o socii, bene olentes carpite flores, | |
| carpite nec roseis ignavi parcite campis. | ||
| SILENUS.— | Florea tempus adest decorent ut munera Alexin, | |
| illi quandoquidem iam tertia praeterit aestas | 130 | |
| occiduas ut curat oves oviumque magistros.8 | ||
| MOPSUS.— | Carpite odoratos9 flores, date florea serta. | |
| SILENUS.— | Tityre, necte rosis frondes et frondibus herbas, | |
| necte, puer, mirtum mirtoque intersere laurum. |

[TRAD.]
ÉGLOGA 2ª
Silenus, Tityrus, Mopsus, de México
| MOP.— | Uníos a mí, compañeros, coged olorosas flores; | |
| coged, no respetéis, indolentes, los campos rosados. | ||
| SIL.— | Guirnaldas (es el momento) honren como regalos a Alexis; | |
| que ya lleva tres veranos cuidando el rebaño | 130 | |
| en tierras de occidente y a sus mayorales | . | |
| MOP.— | Coged flores olorosas, formad guirnaldas de flores. | |
| SIL.— | Títiro, enlaza rosas con frondas, y a las frondas, hierbas; | |
| enlaza, muchacho, arrayán, y con el mirto entrelaza laurel. | ||
| TITYRUS.— | Et vos, o lauri, carpam et te proxima mirte,10 | 135 |
| hac positis ratione, viden qui aspectus honosque, | ||
| quale decus veniat? Tibi iure parantur Alexi. | ||
| SILENUS.— | Diffusos hedera iungam pallente corymbos,11 | |
| purpureo intextos amarantho, et cypride fronde. | ||
| TITYRUS.— | Balsama ego et bacas semper frondentis acanthi.12 | 140 |
| MOPSUS.— | Nos suaves violas casiamque crocumque rubentem,13 | |
| nectat odoratis ut Alexis tempora donis. | [fol. 99r] | |
| TITYRUS.— | Sed quos de viridi mater mihi texit hibisco | |
| hos calathos implebo prius florentibus herbis. | ||
| SILENUS.— | Nos ut carus amat, nostros ut diligit agros | 145 |
| felix ille hominum divumque interpres Alexis14 | ||
| montibus et silvis felici sidere nostris | ||
| vixerit, huic solitos quidni meditemur15 honores. | ||
| MOPSUS.— | Ergo sollicitas prata inter florea dexter | |
| exercebo manus. | ||
| TITYRUS.— | O mi bene olentia serta | 150 |
| quisque paret. | ||
| MOPSUS.— | Donumque paret leve, pignus amoris | |
| non leve. | ||
| TITYRUS.— | Quid? Noster sic flore et fronde refertus, | |
| Mopse, viret calathus, numero ut comprehendere non sit? | ||
| En tiliae molles, en murice pictus adonis,16 | ||
| oebalii flores et mirtus, et innuba laurus17 | 155 | |
| TIT.— | Sí, a vosotros, laureles, os tomaré y a ti, mirto, junto a ellos, | 135 |
| puestos no sin razón. ¿No ves qué realce y qué honor, | ||
| y qué honra granjeará? Para ti se preparan, Alexis. | ||
| SIL.— | Dispersos racimos de verdosa hiedra uniré, | |
| entretejiéndolos con purpúreo amaranto y con rosas. | ||
| TIT.— | Yo, los bálsamos y las bayas de la acacia de follaje perenne. | 140 |
| MOP.— | Yo, las blandas violetas, las adelfas y el rojizo azafrán, | |
| para que Alexis ciña sus sienes con olorosos dones. | ||
| TIT.— | Y los canastos de malvavisco que mi madre me tejió | |
| antes que nada llenaré con plantas de flores. | ||
| SIL.— | ¡Cómo nos quiere el carillo, cómo ama nuestros campos! | 145 |
| ¡Dichoso Alexis, mediador entre hombres y deidades! | ||
| Ojalá feliz estrella lo traiga a vivir en nuestros montes y bosques; | ||
| vayamos disponiendo, pues, las honras tradicionales. | ||
| MOP.— | Así que por los prados floridos moveré ágilmente | |
| las manos. | ||
| TIT.— | Que cada uno para mí prepare | 150 |
| guirnaldas olorosas. | ||
| MOP.— | Prepare por don un detalle, pero | |
| auténtica prenda de amor. | ||
| TIT.— | ¿Por qué nuestro canasto, así colmado de flores y fronda, | |
| verdea, Mopso, incapaz de contener tantas? | ||
| Aquí están los blandos tilos; aquí, los adonis purpúreos, | ||
| flores y mirtos ebalios y laurel virginal, | 155 | |
| lilia cum casiis et olentis vimen acanthi.18 | ||
| Nec desunt violae, narcissus oliva, genista | ||
| nectat odoratis ut Alexis tempora donis. | ||
| SILENUS.— | Ille caput flavum mirto cytherei devinctus | |
| pastorum aeternos alet ac servabit amores. | 160 | |
| MOPSUS.— | Ille triumphali redimitus tempora lauro19 | |
| pierios vincet meritorum pondere cantus. | [fol. 99v] | |
| TITYRUS.— | Laurus tristis hiems, laurum nec fulmina terrent. | |
| SILENUS.— | Invictus sic Mopse greges dum servat Alexis, | |
| frangere non illum duri potuere labores. | 165 | |
| MOPSUS.— | Quamquam imber totoque fremens ruat aethere grando20 | |
| Ethnaque flammiferos eructet faucibus aestus. | ||
| TITYRUS.— | Quamquam nocturnus timido lupus instet ovili | |
| antraque pervigiles circumstent ditia fures.21 | ||
| SILENUS.— | Impia sors quamquam terris, quamquam impia coelo22 | 170 |
| sidera stent contra, non illi intercidet una | ||
| cura gregis, rurisque labor, studiumque peculi. | ||
| TITYRUS.— | Illi ergo meritos dat victrix laurus honores. | |
| MOPSUS.— | Lenta salix quantum pallenti cedit olivae,23 | |
| cedit oliva tibi sub nomine pacis Alexi.24 | 175 | |
| Illo silva fuit semper sub praeside tuta, | ||
| pacem fronte refert, dulcem fert nomine pacem. | ||
| SILENUS.— | Puniceis humilis quantum saliunca rosetis25 | |
| ille rosas vario vincit virtutis odore. | ||
| TITYRUS.— | Huc, o adoni, ades, huc ades, o mihi pulcher adoni, | 180 |
| sic dabis haud unquam moritura insignia laudis. | ||
| SILENUS.— | Et tibi, Alexi, comas hyacintus odorifer ornet | |
| [fol. 100r] | immortale decus nunc et post fata daturus. | |
| MOPSUS.— | Et vos frondentem circumdate cana hyacinthum | |
| lirios con adelfas y mimbre de oloroso acanto, | ||
| sin que falten violetas, narcisos, flor de olivo, retama, | ||
| para que Alexis ciña sus sienes con olorosos dones. | ||
| SIL.— | Él, ceñida su rubia melena con mirto citereo, | |
| fomentará y mantendrá los eternos amores de los pastores. | 160 | |
| MOP.— | Él, ceñidas las sienes de laurel triunfante | |
| merecerá el homenaje canoro de las musas con el peso de sus méritos. | ||
| TIT.— | No espanta a los laureles el triste invierno, ni los amedrentan rayos. | |
| SIL.— | Así, Mopso, mientras el infatigable Alexis guarda los rebaños, | |
| nunca pudo debilitarlo la dureza de los trabajos. | 165 | |
| MOP.— | Aunque lluvia y granizo resonando cubran todo el cielo | |
| y el Etna vomite llamaradas ardientes de sus fauces. | ||
| TIT.— | Aunque lobo nocturno amenace al tímido rebaño | |
| y ladrones en vela ronden cuevas opulentas. | ||
| SIL.— | Aunque en la tierra la suerte impía, y en el cielo | 170 |
| sacrílegos astros se enfrenten a él, no interrumpirá el sagrado | ||
| cuidado de la grey, ni el trabajo del campo, ni el desvelo por la hacienda. | ||
| TIT.— | Así que el lauro vencedor le concede los merecidos honores. | |
| MOP.— | Como el sauce flexible cede al verdoso olivo | |
| cede ante ti, Alexis, el olivo como símbolo de la paz. | 175 | |
| La floresta siempre estuvo segura bajo tan excelente jefe | ||
| paz en su frente anuncia, en su mismo nombre porta la paz. | ||
| SIL.— | Como la humilde saliunca a los purpúreos rosales, | |
| aquél vence a las rosas por el olor de su virtud. | ||
| TIT.— | Aquí estás, adonis; aquí estás, mi hermoso adonis, | 180 |
| para conceder insignias de inmortales alabanzas. | ||
| SIL.— | Y a ti, Alexis, el oloroso jacinto te adorne la cabellera, | |
| con honra inmortal para ahora y para siempre. | ||
| MOP.— | Y vosotros rodead los ramos de jacintos, | |
| lilia formosi signum ostensura pudoris. | 185 | |
| TITYRUS.— | Captus amore sui, periit Narcissus in undis, | |
| vivet at ille tuam dum nectet Alexi coronam. |
(Dexa la corona y vase Títiro.)
| SILENUS.— | Flores, Mopse, alios funemque impone corollae, | |
| interea nemus umbrosum nidosque revisam | ||
| pretensosque avibus laqueos et retia damis. | 190 | |
| O utinam insidias tentaret plurima nostras | ||
| et caperetur avis. | ||
| MOPSUS.— | Quidni quae serta parari | |
| coepta fuere, aliis decoremus floribus ambo | ||
| ambo tibi meritam nectamus, Alexi, coronam? | ||
| SILENUS.— | Tu simul ad fines veniens iterumque revertens | 195 |
| occiduos, nostro dum commoda quaeris ovili | ||
| per mare, per terras, patriis e finibus exul,26 | ||
| efficis emenso feliciter orbe coronam.27 | ||
| MOPSUS.— | Gratia quando tuis debetur prima trophaeis | |
| te rosa quidni etiam florum regina coronet? | 200 | |
| SILENUS.— | Quantus in excelso splendescat pectore candor | |
| [fol. 100v] | candidane nivibus cessura ligustra docebunt? | |
| MOPSUS.— | Quin et purpurei conspectum solis amantis | |
| ostentent violae quo te amplexemur amore. | ||
| SILENUS.— | Sole cadente cadunt violae, rosae et alba ligustra.28 | 205 |
| Id parat aeternum tibi flos amaranthus honorem. |
(Sale Títiro y dice:) O avium quot, Mopse, greges sors prospera nostros compulit in laqueos!
(Dexa Mopso la corona y vase diziendo:) Pulchrum tibi munus, Alexi, Multa paratur avis.
(Haze lo propio Sileno y dize:) Feret haec quoque munera Alexis.29
| blancos lirios, para mostrar señal de hermoso respeto. | 185 | |
| TIT.— | Víctima del amor de sí mismo, pereció Narciso en las aguas, | |
| pero aquél vivirá mientras teja tu corona, Alexis. |
(Dexa la corona y vase Títiro.)
| SIL.— | Añade otras flores, Mopso, a la corona y sujétalas con una cuerda | |
| mientras vuelvo a mirar el umbroso bosque, los nidos | ||
| y los lazos tendidos a los pájaros y las redes a los gamos. | 190 | |
| Ojalá a muchos pájaros dieran en nuestras trampas | ||
| y en ellas cayeran. | ||
| MOP.— | ¿Por qué las guirnaldas que hemos preparado | |
| no las adornamos ambos con flores | ||
| y ambos, Alexis, te tejemos una merecida corona? | ||
| SIL.— | Tú que viniste a los confines occidentales y de nuevo volviste, | 195 |
| buscando el provecho de nuestro rebaño, | ||
| por mares y tierras, alejado de las tierra donde naciste, | ||
| formas una corona, rodeando dichosamente el orbe. | ||
| MOP.— | Puesto que tu encanto se merece trofeos, | |
| ¿por qué no ha de coronarte también la rosa, reina de las flores? | 200 | |
| SIL.— | El inmenso candor que resplandece en tu noble pecho | |
| ¿no habrán de mostrar ligustros más blancos que la nieve? | ||
| MOP.— | Y que, reflejando la cara del purpúreo y amante sol, | |
| muestren las violetas cuánto amor te tenemos. | ||
| SIL.— | Al caer el sol, caen las violetas, las rosa y los albos ligustros, | 205 |
| pero a ti la flor de amaranto te concede eterno honor. |
(Sale TÍTIRO y dice:) ¡Oh, qué bandadas de pájaros, Mopso, la suerte propicia los empuja hacia nuestro lazos!
(Dexa MOPSO la corona y vase diziendo:) Hermoso regalo para ti, Alexis.
Habrá cantidad de pájaros. (Haze lo propio SILENO y dize:) También estos regalos serán para Alexis.
CHORUS
| Sepa el que ve las coronas30 | 210 | |
| que son la flor de los años, | ||
| años y flor que se van | ||
| a sus dueños de las manos | ||
| Por tanto, atienda a la hora, | ||
| madre de los desenga[ñ]os | 215 | |
| [fol. 101r] | que torna en canos ynbiernos | |
| los más floridos veranos, | ||
| quando igualando las rosas | ||
| con los abatidos cardos, | ||
| el tiempo al paso del buey | 220 | |
| las lleva con el arado. | ||
| Y no socorre la tierra | ||
| a los que al naçer dio amparo, | ||
| contenta con recebirlas, | ||
| como madre, en su regaço. | 225 | |
| Y, señalado el jasmín | ||
| por el pulgar de la mano, | ||
| se le corta como dueño | ||
| de su huerto el hortelano. | ||
| Engáñase el que ymagina | 230 | |
| que hay flor eterna en los campos, | ||
| que, como mueren las rosas, | ||
| así muere el amaranto. | ||
| Colorado es el clavel | ||
| [fol. 101v] | y algunos lirios ay blancos | 235 |
| y todos, a pocas tardes, | ||
| no quedan para mirados. | ||
| Y, contentos con la flor, | ||
| dexamos pasar los años, | ||
| que antes de pasar son buenos | 240 | |
| y no se enmiendan pasados. |

Colloquio a lo pastoril, de Juan Cigorondo, fol. 95r.
ECLOGA 3ª.
Lycidas, Coridon, Alphesiboeus, del Pirú con tres cítaras; y de la Puebla, Palemon, Meliboeus, Menalcas.
| CORIDON.— | Quod si fata viam nobis utcumque negarint | |
| sive diu optatum spes tarda negarit Alexin, | ||
| stat, Meliboee, mori. | ||
| MENALC.— | Tamne anxia cura fatigat? | |
| ALPHESIB.— | Seu pavidi fatis agimur, si Mexicus illum | 245 |
| esse velit pecorique suo ducibusque magistrum | ||
| et promissa neget peruensi munera campo. | ||
| LYCIDAS.— | Tu socius, tibi fas animum tentare precando. | |
| [fol. 102r] | Perge, sequamur. | |
| MELIB.— | Habes tenuxtitlania rura. | |
| LYCIDAS.— | Prospera fata ferant. | |
| PALEMON.— | Nunc qua ratione modisve | 250 |
| id fieri possit paucis adverte docebo. | ||
| Hic qua sulphureis calidus fornacibus ardet | ||
| vulcanus, iugaque alta vagos extendit in agros, | ||
| est locus et circum late planissima campi | ||
| area fecerunt viridem quam graminis herbae; | 255 | |
| hanc proles viruega31 tenet genus ab Iove sumo, |
[TRAD.]
ÉGLOGA 3ª.
Licydas, Coridon, Alphesibeus, del Pirú con tres cítaras; y de la Puebla, Palemon, Melibæus, Menalcas.
| COR.— | Si los hados nos negasen una salida | |
| o si la esperanza perezosa nos negase al deseado Alexis, | ||
| solo nos queda, Melibeo, la muerte. | ||
| MEN.— | ¿Tanto agota un cuidado angustioso? | |
| ALF.— | Sí, y los hados nos dejarían anonadados, si resulta que México | 245 |
| lo quiere consigo por guía de sus rebaños y jefe de rabadanes, | ||
| y atrás se vuelve de la promesa del regalo al campo peruano. | ||
| LYC.— | Hermano, trata de recobrar los ánimos rezando. | |
| Anda, sigamos adelante. | ||
| MEL.— | Ya estamos en campos de Tenuxtitlán. | |
| LYC.— | Que los hados se muestren propicios. | |
| PAL.— | Ahora, por qué razón y vías | 250 |
| tal podrá suceder, te diré en pocas palabras. | ||
| Aquí, donde el ardiente Vulcano crepita en hornos | ||
| de azufre y sus elevadas cumbres extiende por el territorio, | ||
| hay un lugar y a la redonda una vastísima | ||
| llanura que mantiene verde un manto de hierbas; | 255 | |
| la habita población biruega, hijos del sumo Júpiter; | ||
| hanc seu fama canit pastrana ex gente profecti, | ||
| hic nemore in denso placidus qua allabitur amnis | ||
| arboreas inter frondes, tutosque recessus32 | ||
| Daphnis noster amor nemori celeberrimus omni | 260 | |
| ille diu clarus silvis, perque omnia notus33 | ||
| pascua, tranquillo solus sibi conditus antro | ||
| et gregis et ruris cupidus contemnere curas,34 | ||
| postquam pertaesum est nemoris, longique laboris35 | ||
| sedulus exigui factus modo cultor agelli | 265 | |
| pauper inopsque, licet memorabile, transigit evum, | ||
| auratam et citharam dum pectine pulsat eburno | ||
| dulciaque ad septem fundit discrimina vocum;36 | ||
| [fol. 102v] | carmina multisono resonant nemora avia cantu;37 | |
| huic nymphae, huic amnes, huic fons, huic aura canenti | 270 | |
| plaudit, et arentes responsant undique cautes38 | ||
| mirantur pecudes et agrestia numina Panes; | ||
| mirantur silvae, miror quod horrida nondum | ||
| ésta también, según es fama, desciende de gente pastrana; | ||
| aquí en un bosque tupido corre un plácido río | ||
| entre frondas de árboles y seguras soledades. | ||
| Dafnis, nuestro dilecto, el más célebre de todo el bosque, | 260 | |
| durante mucho tiempo ilustre en la floresta y conocido por todos | ||
| los pastizales, solo en su buscado refugio tranquilo | ||
| dedicado al rebaño y al campo y desechando cualquier cuidado. | ||
| Cansado después del bosque y del prolongado trabajo, | ||
| cultiva ahora una exigua parcela; | 265 | |
| pobre y sin recursos, pasa la vida digna de recuerdo; | ||
| y tocando la cítara de oro con púa de marfil, | ||
| funde en suave armonía las siete notas del canto. | ||
| La floresta lejana resuena con cantos de variada melodía: | ||
| aplauden al cantor las ninfas, lo aplauden los ríos, las fuentes, los aires, | 270 | |
| y los áridos peñascos por todas partes responden; | ||
| se embelesa el ganado y las deidades silvestres; | ||
| se embelesan las selvas y me admiro de que todavía no | ||
| lustra, nec agris certantur currere montes,39 | ||
| umbra loco deerat, qua postquam parte recedit40 | 275 | |
| dis genitus Daphnis, movitque sonantia fila | ||
| umbra loco venit, non plurima defuit arbor | ||
| nec nemus Heliadum, fecundo viscere tellus | ||
| fudit humi varias leto cum baccare frondes | ||
| et moles tilias41 et amantem littora mirtum | 280 | |
| advinctumque rosis florem candore nitentem, | ||
| liliaque et violas, et purpureos hyacinthos42 | ||
| frondentesque oleas, buxum laurosque comantes, | ||
| vos quoque flexibiles, hederae venistis et una43 | ||
| arbutus et lentae victoris praemia palmae | 285 | |
| et succincta comas, hirsutaque vertice pinus | ||
| pampineae vites, et amictae vitibus ulmi. | ||
| CORIDON.— | Certe equitem audieram!44 | |
| MENALC.— | Tenuxtlitania tecta | |
| illum habuere olim pecudesque ducesque regentem, | ||
| [fol. 103r] | dumque canit pecori legesque magistris | 290 |
| assuetum et carmen specula modulatur ab alta | ||
| multosque ad studium moremque format agrestem. | ||
| Saepe45 quidem nemini captas dulcedini,46 ramos | ||
| linquere et attonitas hinc hinc spectare capellas, | ||
| spernere apes cytisum mutas aestate cicadas.47 | 295 | |
| MELIB.— | Ille, ille haud dubium, quem vobis nuper Iollas48 | |
| compitan en la carrera las rudas guaridas y los montes con los campos. | ||
| Se había ido la sombra, por lo que de allí se apartó | 275 | |
| Dafnis, ese amado de los dioses, y mueve las cuerdas sonantes. | ||
| Volvió al lugar la sombra. No faltaron árboles | ||
| ni el bosque de álamos; la tierra de entrañas fecundas | ||
| derramó por el suelo variado follaje con olorosas raíces, | ||
| y flores de blandos tilos y el mirto ansioso de riberas | 280 | |
| y la brillante flor cándida entretejida con rosas; | ||
| lirios y violetas y jacintos purpúreos | ||
| y olivos frondosos, boj y talludos laureles, | ||
| vosotras también flexibles hiedras y, al tiempo, | ||
| madroños y cimbreantes palmeras, premios del vencedor, | 285 | |
| y el pino de corta cabellera y de erizada cima, | ||
| vides cubiertas de pámpanos y olmos envueltos en vides. | ||
| COR.— | ¡Así habla un caballero! | |
| MEN.— | Los techos de Tenuxtitlán | |
| otrora lo tuvieron como guía de rebaños y rabadanes | ||
| y, mientras canta para el rebaño y normas da a los mayorales, | 290 | |
| toca una canción tradicional desde un alto risco | ||
| y forma a muchos para el estudio y la conducta agreste. | ||
| Aun así sucede a menudo que, sin dulzura alguna, seduce | ||
| y deja atónitas a las cabritas, que sueltan las ramas mirando aquí y allá, | ||
| como desprecian las abejas el codeso y callan en verano las cigarras. | 295 | |
| MEL.— | Él, aquel famoso Iolas que sin duda tenéis en vuestra memoria, | |
| et meministis erum, dum commendaret, eburnae | ||
| fila movens citharae sic dulci gutture cantus | ||
| edidit: «O nostrae decus admirabile gentis, | ||
| salve ingens pietate heros, dis aemule salve, | 300 | |
| limina qui nitidi reseras argentea coeli. | ||
| O quae, magne heros, O quae felicia surgent | ||
| tempora, cum tu iterum faustis dare iura vocatus | ||
| advenias, oeacidum49 ducibus tunc nostra canoris | ||
| fistula complebit resonas concentibus aures, | 305 | |
| dum canet, ut cunctos laeto amplexabere amore | ||
| ut fecunda ceres te praeside onusta recludet | ||
| horrea, ut immensas laudabit messor aristas, | ||
| utque salutiferas nais tibi colliget herbas, | ||
| salve ingens pietate heros, diis aemule salve».50 | 310 | |
| [fol. 103v] | ||
| ALPHESIB.— | Quorsum nota diu, quamtumvis digna refertis | |
| Daphnidis egregiae nimium praeconia laudis | ||
| iam iam fama volans tantarum nuntia rerum51 | ||
| plurima in Arctoas de Daphnide sparserat oras. | ||
| PALEMON.— | Nec mirabor enim ut pro Daphnide dedetur Alexis. | 315 |
| CORIDON.— | Siccine Daphnin amant tenuxtitlanidis arva?52 | |
| MELIB.— | Quidni Daphnin53 ament? Quidni pro Daphnide magnis | |
| quidquid erit rebus pretiosum sponte rependant? | ||
| LYCIDAS.— | Hunc reor omnis ager pastorum et coetus adorat, | |
| hunc pecudes, silvaeque canunt, hunc solis ab ortu | 320 | |
| solis ad occasum (nec nos quae fama vagatur | ||
| nuntia decepit) no<t>um54 facit ynclita virtus. | ||
| CORIDON.— | Ille hic quem toties Dryades sensere carentem, | |
| quem toties Pan est toties miratus Apollo | ||
| vicinos docta dum mulcet arundine montes. | 325 | |
| PALEMON.— | Si nunc ille dari pro caro possit Alexi. | |
| aquel amo al que recordáis siempre al frente, | ||
| rasgando las cuerdas de la cítara de marfil, con voz suave, | ||
| así cantaba: «Oh, gloria admirable de nuestro pueblo; | ||
| salve, hombre piadosísimo; salve, émulo de los dioses, | 300 | |
| que abres los umbrales del nítido cielo. | ||
| Oh, qué feliz, gran héroe, qué próspero se adivina | ||
| el futuro, cuando tú, llamado a juzgar a los faustos generales | ||
| de los eácidas, vengas de nuevo: entonces nuestra flauta | ||
| llenará los oídos de acordes melodiosos, | 305 | |
| mientras cante para abrazar a todos con intenso amor, | ||
| para que Ceres fecunda, siendo tú guía, abra sus ricos | ||
| graneros, para que el segador alabe larguísimas espigas | ||
| y para que una náyade te recoja hierbas curativas. | ||
| Salve, héroe piadosísimo, émulo de los dioses, salve». | 310 | |
| ALF.— | Esos dignos elogios que referís, tiempo ha conocidos | |
| en alabanza exquisita de Dafnis | ||
| ya la alada Fama, habitual mensajera de cosas | ||
| importantes, los había esparcido por las costas de septentrión. | ||
| PAL.— | Así que no me extrañaré si se cede a Alexis a cambio de Dafnis. | 315 |
| COR.— | ¿Tanto quieren los campos de Tenuxtitlán a Dafnis? | |
| MEL.— | ¿Por qué no han de amar a Dafnis? ¿Por qué no pagarle generosos | |
| con algo precioso por sus proezas? | ||
| LYC.— | Creo que lo adora todo el territorio y la población de pastores; | |
| le cantan rebaños y bosques; y, desde la salida | 320 | |
| del sol hasta el ocaso (si la fama esparcida no | ||
| nos engaña), su ínclita virtud lo hace famoso. | ||
| COR.— | Él es a quien tantas veces las dríades echaron en falta, | |
| a quien tantas veces admiró Pan y tantas Apolo, | ||
| mientras calma con su enseñado caramillo los cercanos montes. | 325 | |
| PAL.— | Así que podrían cederlo a cambio del caro Alexis. | |
| ALPHESIB.— | Este duces, o si qua via est remque ordine tali | |
| dirigite ut vestro pro Daphnide detur Alexis. | ||
| MELIB.— | Nostrum erit istud opus. | |
| ALPHESIB.— | Numquam huius gratia facti | |
| excidet ex animo memori si vellera nobis | 330 | |
| mollia, sunt citharae pretium vel55 grande licebit | ||
| [fol. 104r] | ipsae rei tantae statuas parabimus ultro.56 | |
| PALEMON.— | Si labor ullus erit, si, Alphesiboee, rependi | |
| hac ratione lubet, sed amico foedere dextrae. | ||
| LYCIDAS.— | Munere pro tali vos pascua semper amicos | 335 |
| nostra canent vestrisque ovibus communia nostra | ||
| semper erunt, erimusque aeterno foedere iuncti. | ||
| MENALC.— | Ah, coelum fortunet iter. | |
| MELIB.— | Quamquam ardua factu | |
| aggredimur. | ||
| ALPHESIB.— | Sed vos, si fert ita corde voluntas, | |
| hoc superate iugum,57 et facili nos ducite clivo. | 340 | |
| PALEMON.— | En vitrei socii fontes, umbraeque salubres, | |
| en virides silvae violisque nitentia prata. | ||
| LYCIDAS.— | Hic ubi fronde latens viridante ulvaque palustri | |
| Mexicus e gelidis assurgit leniter undis. | ||
| MENALC.— | Quid tamen hic vario compostas flore coronas | 345 |
| aspicio? Quae cura rosis et frondibus, arva | ||
| sparsit odoratis, et serta intexuit herbis? | ||
| MELIB.— | Ductores pecudum saepe hic rurisque coloni58 | |
| vere novo dum floret ager, dum germinat arbos, | ||
| dum vario resonant volucrum nemora avia cantu | 350 | |
| annua festivis celebrant convivia ludis | ||
| contendunt iaculo et rapidi certamine cursus | ||
| [fol. 104v] | horridaque agresti denudant membra palaestra59 | |
| ALF.— | Guiadnos por el camino que haya y llevad el asunto | |
| de tal manera, que, en lugar de vuestro Dafnis, se dé a Alexis. | ||
| MEL.— | De eso nos encargamos nosotros. | |
| ALF.— | Nunca este favor | |
| olvidaremos y, si tenemos blandos vellones, | 330 | |
| el precio de la cítara, aunque alto, podría pagarse; | ||
| de buen grado erigiremos estatuas de tan gran acontecimiento. | ||
| PAL.— | Si costase algún trabajo, si, Alfesibeo, se quiere pagar de este modo, | |
| aun así, juntemos nuestras manos en un acuerdo amistoso. | ||
| LIC.— | Por tamaño regalo, nuestros pastos siempre cantarán | 335 |
| a los amigos y todo lo nuestro será igualmente siempre | ||
| para vuestras ovejas, y estaremos unidos por eterna alianza. | ||
| MEN.— | Que el Cielo favorezca nuestro viaje. | |
| MEL.— | Aunque sea cosa difícil, | |
| adelante. | ||
| ALF.— | Pero vosotros, si así lo deseáis, | |
| franquead esta colina, y llevadnos por una fácil pendiente | 340 | |
| PAL.— | ¡Oh, qué amistosas fuentes cristalinas, qué saludables sombras; | |
| qué verdes florestas y prados con cuántas violetas! | ||
| LYC.— | Aquí, escondido en verdeante fronda y ovas palustres, | |
| México suavemente se levanta de las gélidas aguas. | ||
| MEN.— | ¿Pero qué son estas coronas hechas de variadas flores? | 345 |
| ¿Qué esparció por los campos estas rosas | ||
| y frondas perfumadas, quién tejió guirnaldas con verdura? | ||
| MEL.— | Serán los mayorales y los colonos del campo, que suelen, | |
| mientras florece el agro al tornar la primavera, mientras el árbol germina, | ||
| mientras resuena la dilatada floresta con el canto variado de las aves | 350 | |
| celebrar anuales convites con juegos festivos, | ||
| competir con la barra y enfrentarse en la carrera rápida, | ||
| desnudando en agreste palestra sus ásperos miembros, | ||
| ipse pecu et lauro victor donatur ovanti. | ||
| MENALC.— | Ne dubita. Hic etenim vidi ni fallor agrestes | 355 |
| dulcia iucundis ineuntes proelia ludis. | ||
| ALPHESIB.— | Haec ego serta reor gratae texere sorores | |
| officii memores, vestri memoresque laboris. |
(Toman las coronas los del Pirú y dexan las cítharas.)
Pulsuz fraqment bitdi.