Kitabı oxu: «Epítome de las Historias filipícas de Pompeyo Trogo. Prólogos. Fragmentos.»

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EPÍTOME

DE LAS «HISTORIAS FILÍPICAS»

DE POMPEYO TROGO

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PRÓLOGOS

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FRAGMENTOS

BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 212

JUSTINO

EPÍTOME

DE LAS «HISTORIAS FILÍPICAS»

DE POMPEYO TROGO

•

PRÓLOGOS

•

POMPEYO TROGO

FRAGMENTOS

INTRODUCCIÓN, TRADUCCIÓN Y NOTAS DE

JOSÉ CASTRO SÁNCHEZ


EDITORIAL GREDOS, S. A.

Asesores para la sección latina: JOSÉ JAVIER ISO y JOSÉ LUIS MORALEJO .

Según las normas de la B. C. G., la traducción de este volumen ha sido revisada por EMILIO GARCÍA RUIZ .

© EDITORIAL GREDOS, S.A.U., 2008

López de Hoyos, 141, 28002 Madrid.

www.editorialgredos.com

REF. GEBO310

ISBN 9788424932398.

INTRODUCCIÓN

De las Historias Filípicas, obra del historiador romano Pompeyo Trogo no conservada en su redacción original, tenemos tres testimonios principales: el Epítome de Justino, los llamados Prólogos, de autor desconocido, y los Fragmentos citados por diversos autores.

MARCO JUNIANO JUSTINO
1. Biografía

De la vida de Marco Juniano (¿o Junianio?) Justino sólo sabemos con seguridad lo que él mismo escribe en la segunda mitad del prefacio del Epítome. Dice aquí que durante el tiempo que permaneció en Roma resumió la obra de Pompeyo Trogo, y que después envió el resumen a un personaje, cuyo nombre desconocemos, para que lo corrigiera 1 . Bien poca cosa. Del período en que vivió, de su país de origen, de su ambiente social sólo nos es posible aventurar hipótesis, recurriendo a criterios internos y haciendo un minucioso examen de algunos datos contenidos en el resumen, con la seguridad de que las cuestiones referidas a su persona, según Forni 2 , van a quedar sin resolver, pues chocamos con los problemas, hasta ahora no resueltos, de no saber qué textos del Epítome hay que remontar al original y, en segundo lugar, de cómo el original ha podido modificar el estilo del texto, escaso como veremos, que pudiera atribuirse a Justino.

Por tanto, no puede datarse con seguridad la obra de Justino, como más de una vez se ha pretendido, basándose en noticias contenidas en el Epítome –en XLI 1, 1 y en XLI 5, 8 para los términos ante quem y post quem respectivamente–, pues todavía se discute si hay que atribuir éstas a Justino o, como parece más seguro, al original troguiano. Tampoco puede datarse basándonos, como pretende L. Ferrero 3 , en rasgos de lengua y estilo, pues la lengua del Epítome es poco característica. El único dato externo y fiable de que disponemos es una cita de san Jerónimo, que vivió entre 345 y 419/20 4 ; por tanto, esta última fecha podría darnos un término ante quem solamente de su cronología, ya que no disponemos de ningún otro dato seguro que permita establecer el término post quem. Así pues, como dice Seel 5 , nada impide ni impone una datación temprana o tardía y añade que Justino puede ser situado después del 200 pero no después del 250 d. C., pues, si bien se atuvo a la división en libros de Trogo, no escribió en rollos sino en códices y esta técnica escritoria se empleó para textos literarios no cristianos sólo a partir del 200 d. C. Por su parte, L. Franga, como también Schmidt 6 , lo sitúa entre finales del s. I y comienzos del II d. C., basándose en la proximidad literaria entre Justino y Floro, también del s. II d. C. La opinión más generalizada es que vivió a comienzos del s. III d. C. En cuanto al lugar de su nacimiento, no puede aducirse, para reivindicar un origen galo, como algunos pretenden, la importancia concedida a los galos en el Epítome 7 , pues es muy probable que este tratamiento estuviera ya en el original troguiano. Menos fundamento aún tiene la pretensión de Steele 8 de atribuir a nuestro autor un origen africano a partir de determinados rasgos estilísticos de su lengua.

2. Obra

El Epítome de Justino.– Justino, al referirse a su obra en el prefacio, habla de lo que pretende con ella y de su método de trabajo: «seleccioné (cf. Prefacio: excerpsi) –dice– los hechos más dignos de conocimiento, después de omitir aquellos que ni era agradable conocer ni eran necesarios como ejemplo… para que quienes los habían conocido en griego tuvieran con qué recordarlos y quienes no los habían conocido con qué aprenderlos» 9 . Su propósito es deleitar e instruir, su técnica, la que Forni 10 llama excerptoria y su método de trabajo el epítome, distinto, según algunos, del breuiarium, pues mientras aquél omite partes de la narración y la resume sin refundirla, éste, por el contrario, abrevia la historia sin añadir ni suprimir nada.

La comparación del Epítome con los llamados Prólogos nos permite saber que el número de temas tratado por Justino es aproximadamente la mitad de los tratados por Trogo y conocer con bastante seguridad qué partes del original troguiano han sido omitidas por Justino en su resumen: omite sobre todo digresiones, referencias cronológicas y onomásticas, genealogías de monarcas, sobrenombres de reyes, topónimos de batallas; omite situs y origines de pueblos, aquellos que no interesaban a sus contemporáneos, según Alonso Núñez 11 ; y omite también partes importantes de la secuencia narrativa, con lo cual desaparece a menudo la causalidad histórica que, por lo que se dice en el prefacio 12 , suponemos en el original. Para unir los argumentos seleccionados, entre los que a menudo median numerosos sucesos, Justino utiliza con frecuencia expresiones-puente 13 , recurriendo también, a menudo, a la yuxtaposición de palabras o frases del original que permiten seguir la narración histórica.

El resultado de este método de trabajo es una obra en 44 libros, tantos como tenía el original, según el propio Justino, pero de menor extensión, un quinto del original según Forni, la décima parte según Seel 14 . Justino ha seleccionado los argumentos de cada uno de los libros en función de los intereses que animaban su proyecto y en consecuencia la extensión de éstos no es uniforme (en el Epítome hay libros con dieciséis capítulos junto a otros con dos solamente; caso del libro XL 15 ), como ocurría en la antigüedad, pues la extensión del libro venía a coincidir con la del rollo de papiro, el uolumen. El resultado de su método de trabajo es un resumen con una fisonomía distinta de la del original, un resumen desigual y desequilibrado, no sólo en lo que se refiere a los distintos libros, sino también en lo que atañe al conjunto de la obra, pues la segunda mitad ha quedado más reducida que la primera. Las intervenciones personales del epitomador, según se cree, bastante escasas, han producido una obra igualmente desequilibrada en el dominio de la gramática y la estilística, resultando un texto híbrido desde los puntos de vista léxico, sintáctico y estilístico. En efecto, la comparación del texto de Justino con los correspondientes prólogos así como con pasajes de autores de los que se tiene la seguridad o al menos la sospecha de que se remontan a Trogo, aunque sea indirectamente, pone de manifiesto que Justino en muchos pasajes reproduce el original con bastante fidelidad tanto en lo que se refiere al contenido como en lo que se refiere a la expresión y que su texto es bastante cercano y, a veces, idéntico al original troguiano 16 . Según O. Seel 17 se pueden observar en general en el Epítome rasgos de lengua postclásica y de estilo agudo, antitético y pretacitiano, en lo que sería el texto de Trogo. En estos casos la prosa de Justino, que, en opinión de Castiglioni 18 , tiene rasgos literarios sólo cuando se mantiene cerca de su modelo, es comparable a la de Salustio y Livio, como ya lo vieron los antiguos; pero junto a esto, cuando Justino une las partes del original que ha seleccionado tenemos un texto mediocre y pedestre, en una prosa con sombras de barbarismo, según O. Seel, y que, al parecer, debe atribuirse al autor del Epítome. Resultado de la técnica excerptoria y de las omisiones que impone es un texto, a veces oscuro y falto de coherencia, en ocasiones confuso y erróneo, y en algunos pasajes sumario. En efecto, al haberse eliminado el sobrenombre que en el original debía distinguir los nombres de los reyes de las distintas dinastías, resulta con frecuencia difícil distinguir a los distintos Antígonos, Alejandros, Pirros, Demetrios, Tolomeos, Seleucos, etc. del relato y, en consecuencia seguir la narración. Parece que también son atribuibles a Justino confusiones de importancia como la que se da entre Mitrídates II el Grande y Mitrídates III, al haber omitido los reyes que hubo entre ambos, o entre Amílcar y Aníbal, o entre Éumenes y Átalo II, tío de Átalo III, aunque podría pensarse también que estas confusiones se daban ya en el original 19 . Llaman nuestra atención errores tales como cuando se dice que Antípatro fue sitiado en Heraclea en lugar de Lamia o cuando se dice que Bizancio fue fundada por Pausanias y no por los megarenses, sus verdaderos fundadores 20 . A menudo la narración adopta un tono apresurado y sumario, fácilmente detectable en frecuentes y vagas referencias 21 . Se percibe una tendencia a abreviar sucesos y cambios políticos, descripciones de batallas y de personajes, mientras se observa lo contrario cuando se narran intrigas, horrores y crímenes. El autor se complace en reflexiones psicológicas, selecciona los argumentos de la narración desde una óptica moralizadora, se interesa más por lo significativo que por lo que es esencial. Se piensa que Justino no tenía formación de historiador y, en consecuencia, carecía de una concepción de la historia y de interés por la misma. Frente a esta creencia bastante general llama la atención la tesis de L. Franga 22 de que Justino –que elimina de la narración numerosos personajes para poder condensar el original– descubre un nuevo personaje a la muerte de Filipo: Roma, cuya historia pasaría a ser el eje fundamental de la narración de Justino. Esta pretendida aportación personal de Justino a la obra de Trogo en el plano ideológico, además de exagerada, parece de escaso fundamento, pues no se deduce esto del texto, además de que ante todo habría que saber, como ya hemos dicho, cuánto del epítome es de Trogo y cuánto corresponde a Justino. Se piensa hoy que las intervenciones personales de éste en la narración son escasas, de lo cual podemos felicitarnos, pues gracias a ello la fidelidad al original en grandes partes del texto está garantizada. Así pues la técnica de resumen empleada por Justino ha permitido, como dice Goodyear 23 , que un conjunto de excerpta, «fragmentos», de la obra de Trogo llegue a nosotros. Es muy probable que Justino siguiera, en general, el plan de la obra de Trogo y su narración y es además bastante seguro que sigue líneas del original troguiano cuando se refiere a pueblos bárbaros de la antigüedad como los escitas, o cuando muestra interés por la historia de Sicilia y de Grecia, que reflejan el filohelenismo de Trogo, o cuando pone fin al imperio macedónico con la derrota de Pidna, rasgos estos comunes a la historiografía helenística. En los seis primeros libros de la obra se narra la historia de asirios, medos, persas y griegos, pueblos que con el tiempo cayeron bajo el dominio de Macedonia; la historia de Macedonia se cuenta a lo largo de los libros VII a XXXIII, dedicándose seis de ellos a las res gestae de Filipo II y de su hijo Alejandro Magno; en los libros XXXIV a XL se cuenta la progresiva desaparición de las dinastías que salieron del imperio macedónico; los cuatro últimos libros se refieren a Roma y Partia, las dos potencias que en época del autor se repartían el mundo. El XLI y XLII se dedican al imperio de los partos, el XLIII a pueblos de Occidente como los itálicos, lígures, masaliotas y también a los romanos, a quienes se consagran sólo dos capítulos de los cinco que tiene el libro. El último libro se dedica a Hispania, cerrando la obra.

La lengua del Epítome , como hemos dicho, es en conjunto correcta, si bien llama la atención el abundante empleo del cum histórico, del infinitivo histórico, del indicativo por subjuntivo en oratio obliqua, de preposiciones y conjunciones en el ablativo absoluto. Su sintaxis, simple y sin ninguna variedad, origina continuas repeticiones. Desde el punto de vista del estilo, la lengua del Epítome recurre con profusión a artificios retóricos y efectos poéticos, incluso con ecos virgilianos, y en ella se observa un cierto cuidado en la construcción rítmica de los finales de frase.

En opinión de Franga 24 , Justino, como antes Veleyo Patérculo (s. I d. C.) y Floro (s. II d. C.), y después Aurelio Victor (s. IV ), da al epítome una cierta autonomía estética, al concentrar en él rasgos específicos. Justino se aparta del modelo-tipo de epítome del s. I a. C. y I d. C., cuyo fin, de naturaleza técnica, consiste en resumir la historia a lo esencial. Estos eran resúmenes cronológicos, que después volveremos a encontrar en Eutropio (s. IV d. C.). Justino, con Veleyo Patérculo y Floro, representa una primera etapa en la evolución de estructuras dentro del género. Y en cuanto al estilo, la expresión narrativa de Justino, lo mismo que la de Floro y Aurelio Victor, representa una forma de epítome más avanzado frente a autores posteriores como Eutropio (s. IV d. C.). También, según Franga, se da una íntima relación, en el nivel de la estructura profunda, entre el modelo literario de epítome de Justino y el de Veleyo Patérculo y Floro.

Valor histórico del Epítome.– Podemos decir, en principio, que el valor de la información que nos transmite Justino es tanto mayor cuanto más reducido es el número de fuentes a que podemos acudir para conocer esa información. Esto, en general, ocurre en la segunda parte del Epítome, pues las otras fuentes literarias para los sucesos aquí contados son lagunosas y discontinuas, mientras que Justino nos proporciona, a pesar de sus intervenciones personales, a menudo comprometedoras para el valor histórico de la obra de Trogo, un relato ininterrumpido y coherente. Existe, pues, la opinión de que Justino nos ha conservado un relato, en general, de gran valor histórico.

A pesar de encontrarse en otras fuentes literarias, es de gran interés la narración sobre el sueño y muerte de Cambises y el golpe de estado de los magos (I); la historia de los escitas y las distintas tradiciones sobre el origen de las amazonas, la historia antigua de Atenas, las hazañas de Temístocles en Maratón, la información sobre las fuerzas griegas, las razones de Milcíades para atacar a los persas (II). Menos importante es el relato sobre Pirro en Italia y en Sicilia (XVIII, XXIII, XXV); sobre Dionisio el Viejo (XX); sobre Dionisio el Joven (XXI). Es importante para las noticias sobre las relaciones entre Demetrio I y Orofernes de Capadocia (XXXV). Son de interés, por ser lagunosas las otras fuentes, las digresiones sobre el origen de Cirene (XIII); las noticias sobre India (XV); la historia de Heraclea (XVI); las vicisitudes de la guerra entre Lisímaco y Seleuco y la historia del Epiro (XVII). Digno de atención en lo referente a Agatocles (XXII y XXIII); a las leyendas sobre los orígenes de Roma (XLIII) y de la Península Ibérica (XLIV); a los sucesos referidos a Demetrio II, Átalo III y Aristonico; a la concesión de privilegios a los macedonios por parte de Alejandro (XI) y la digresión sobre los judíos (XXXVI). Es de mucho interés, dado que las otras fuentes contemporáneas se han perdido, para conocer la historia de Macedonia y la figura del rey Filipo II (VII, VIII, IX); la historia interna de Persia (X); la expedición de Alejandro el Moloso y los pueblos del sur de Italia (XI y XII); la historia de Cartago (XVIII y XIX). Es grande su importancia para reconstruir los hechos que se cuentan desde el XXXVI al XLII, en general, y en particular para el reino del Ponto y las vicisitudes del Bósforo, Cólquide, Paflagonia y Bitinia (XXXVII y XXXVIII). Notable por muchas razones el discurso de Mitrídates. Es la única narración continua para las luchas entre Seléucidas y Lágidas (XXXVIII y XL). Es también muy importante para el relato dedicado a los partos (XLI y XLII).

La información sobre Pirro (XVIII, XXIII y XXV) es confusa y caótica, pues no se han unificado las fuentes. Es de poca utilidad para la historia de Siracusa en tiempos de Agatocles (XXII), pues depende de fuentes muy favorables al tirano.

¿GNEO ? POMPEYO TROGO
1. Biografía

Sabemos más de Trogo que de Justino, quien en su resumen introduce algunos datos, pocos ciertamente, que nos permiten reconstruir algunos rasgos de la figura humana y literaria de aquél. En XLIII 5, 11 dice: «Al final del libro Trogo cuenta que sus antepasados toman su origen de los voconcios; que su abuelo Trogo Pompeyo había obtenido de Pompeyo la ciudadanía en la guerra contra Sertorio, que su tío paterno, a las órdenes del mismo Pompeyo, había mandado escuadrones de caballería en la guerra contra Mitridates; que también su padre había servido a las órdenes de Gayo César y que había tenido a su cargo la correspondencia y las embajadas al mismo tiempo que la custodia del anillo». Trogo era, pues, un voconcio. Los voconcios eran galos que habitaban en la Galia sudoriental y que en el 125 a. C. pasaron a formar parte de la Narbonense, la cual cuatro años más tarde se convertiría en provincia romana. La capital de los voconcios, Vasio (hoy Vaison la Romaine), estaba un poco al nordeste de Marsella, importantísima colonia griega, focea, del Mediterráneo occidental. Lo que Justino dice después del abuelo, del tío y del padre de Trogo nos permite suponer que la familia pertenecía a la elite provincial romanizada y nos ayuda a situar el momento de su nacimiento en torno al año 40 a. C., si tenemos en cuenta que la guerra sertoriana tiene lugar entre el 76 y el 72 a. C. y la campaña contra Mitrídates justamente diez años más tarde, esto es, entre el 66 y el 62 a. C. Más aún, el abuelo obtiene de Gneo Pompeyo Magno la ciudadanía romana, probablemente en pago de sus buenos servicios en la lucha contra Sertorio; y junto con la ciudadanía, y como era costumbre entre los romanos, su nomen, Pompeyo. En cuanto al praenomen , que no conocemos, es bastante probable, según Becker 25 , que fuera Gneo, también como el de Pompeyo. No tenemos testimonio de la existencia en la Galia del nombre Trogo. Nipperdey 26 se preguntaba si no podría verse en el padre de Trogo al intérprete entre Quinto Titurio Sabino, legado de César, y Ambiórix, jefe de los eburones, en el año 54 a. C. 27 . Finalmente hay un pequeño detalle en este breve pasaje que ha levantado las sospechas de algunos investigadores que han querido ver en el padre de nuestro autor un cierto olfato político. Se trata del oportuno cambio que se produce en la que podríamos llamar tradición familiar en la milicia; pues si bien su abuelo y su tío sirven con Pompeyo, su padre lo hace con César, bajo el cual llega a desempeñar cargos de gran confianza. No hay que olvidar la ambición política, siempre latente, de estas dos grandes figuras del final de la República, Pompeyo y César, y el permanente enfrentamiento, a veces reprimido, de sus posiciones ideológicas, que acabará resolviéndose a favor de César. Pompeyo Trogo era un hombre cultivado, un erudito, con una buena educación retórica, como se deduce del Epítome y de las palabras del propio Justino en el prefacio, quien nos dice de él que «era hombre de rancia elocuencia» 28 . Debía tener además un profundo conocimiento de la lengua y la cultura griegas, adquirido probablemente en la cercana colonia de Massalia, ya que de otra manera no habría podido leer las numerosas fuentes griegas que, se sabe, utilizó para su narración, que en su mayor parte se refiere al mundo griego o de su influencia. Plinio 29 , que no sólo conocía la obra científica de Trogo De animalibus, sino que debía de conocer también y con mayor razón, dada su importancia, la obra histórica, dice de él que era «autor de los más serios». Cabe pensar que debió ser un gran historiador, a juzgar por las alabanzas que Justino le dispensa en la primera mitad del prefacio del Epítome, por la crítica que, según éste, hace Trogo nada menos que a Salustio y Livio por su costumbre de insertar en su obra discursos en estilo directo 30 , y por la noticia de Vopisco 31 , uno de los autores de la Historia Augusta, que lo nombra junto a Salustio, Livio y Tácito.

2. Obra

Trogo desarrolló su actividad literaria en dos vertientes: histórica y científica. Conservamos el título de su obra científica De animalibus, «Sobre los animales», que debía ser bien conocida, según testimonio del gramático Carisio (s. IV ) 32 , por el que también sabemos que tenía al menos 10 libros. De ella quedan algunos vestigios en Plinio 33 , el cual lo cita expresamente como una de las fuentes por él consultadas. De la comparación de éstos con la obra de Aristóteles Perì tà zôa historíai, «Investigaciones sobre los animales», se puede concluir que debía tratarse de una compilación, sin originalidad, como en general lo era la literatura científica latina. En contra de lo que se ha pensado en algún momento 34 , no parece que nuestro autor escribiera también un tratado sobre botánica. Su obra importante son las Historias Filípicas, que, como más adelante veremos, probablemente empezó a dejar de circular ya en el s. v d. C., acabando por perderse, si bien puede conocerse por el resumen de Justino, del que ya hemos hablado, por los llamados Prólogos, por las citas de Prisciano 35 y Servio (Daniel) 36 y los pasajes de Servio y Jordanes 37 , y por otros autores, de todo lo cual hablaremos más adelante.

Las Historias Filípicas de Pompeyo Trogo.– No se sabe con certeza cuál era el título de la obra de Trogo. En una sola familia de manuscritos y en los Prólogos se conserva el de Liber historiarum Philippicarum et totius mundi origines et terrae situs, «Libro de las Historias Filípicas y orígenes de todo el mundo y descripción de la tierra». Según Santi Amantini 38 , este título no responde al contenido de la obra, que en su opinión debería llamarse Historiarum Philippicarum libri XLIV, «Cuarenta y cuatro libros de las Historias Filípicas», haciendo referencia a la materia más extensamente tratada: el imperio macedónico y las dinastías a que dio origen. Por su parte, O. Seel 39 , recordando las palabras que se encuentran al comienzo del prefacio, donde se dice Trogus Pompeius Graecas et totius orbis historias composuit, «Trogo Pompeyo escribió Historias griegas y de todo el orbe terrestre», y aludiendo a la costumbre de los antiguos de citar los libros por las palabras que se veían al comienzo del rollo de papiro, dice que el título podría ser Historiae Philippicae siue Graecae et totius orbis historiae, que sí se ajusta, según él, al contenido de la obra. El título Historias Filípicas se encuentra ya con anterioridad cinco veces en la historiografía griega, donde la ruina de la independencia y libertad de Grecia era presentada como consecuencia de la perfidia de Filipo y donde por tanto podía tener sentido. En opinión de A. Momigliano 40 Trogo debió de tomar el título de la historiografía griega, y más exactamente de una fuente helenística. Schanz-Hosius 41 , que se mueven en esta línea, pensaban que la fuente para el título había que buscarla en Timágenes, un griego llegado a Roma como prisionero de Gabinio en el 55 a. C. y que, después, rescatado por Fausto Sila, abrió en Roma una escuela de retórica. S. Mazzarino, como antes A. Klotz y O. Seel 42 , piensa que debió de tomarlo de Teopompo, historiador del s. IV a. C., del que sólo nos quedan fragmentos, el cual escribió una obra titulada Philippiká en 58 libros, que trataba de la época de Filipo desde su llegada al poder en el 359 a. C. hasta su muerte en el 336 a. C. Pero las empresas de Filipo, que inauguraba una nueva época, eran sólo el marco de una historia universal contemporánea con capítulos dedicados a persas, griegos y sicilianos, por lo que se ha pensado como probable que con el título Trogo tomara también de él el esquema de su obra y tal vez el núcleo principal de la misma. La historia de Trogo debió causar asombro a sus contemporáneos, no sólo por su contenido –una historia universal en la que Roma no era el centro, sobre todo cuando acababa de aparecer la historia romanocéntrica de Livio–, sino también por el título. El adjetivo filípico, aplicado a la historia de Trogo, según O. Seel 43 , podía traer a la memoria del lector contemporáneo recuerdos todavía no muy lejanos como las Filípicas de Cicerón, violentísimos ataques radactados entre el 43 y el 42 a. C. para levantar los ánimos de los romanos contra los proyectos de Marco Antonio de suceder a César, o la batalla de Filipos (42 a. C.), en la que cayeron los asesinos de César, perdiéndose con ellos la esperanza de salvar la república.

Según Momigliano, no había razón para que un romano escogiera para su historia semejante título. Pero entonces cabe preguntarse con Jal 44 , ¿por qué este título para una obra que comienza con Nino y termina con Augusto? Para un sector de la crítica la razón estaría en el antirromanismo de Trogo, cuyos sentimientos no filorromanos se manifiestan con frecuencia en su narración y de los que tal vez el ejemplo más significativo sea el de la cuestión pártica, en el que se ha querido ver la hostilidad de Trogo hacia los romanos y su simpatía hacia los partos. Para ellos, el Trogo historiador, como el Trogo científico, es un compilador de su modelo griego Timágenes, uno de los «griegos más superficiales, que promueven la gloria de los partos incluso en contra del pueblo romano», a los que atacaba Livio 45 . Aun aceptando la autonomía de nuestro autor respecto de su, o sus fuentes, no puede olvidarse, según estos investigadores, que Trogo eligió unos argumentos determinados y los desarrolló conforme a esquemas historiográficos e ideológicos no filorromanos. Puede argüirse que la rivalidad de los partos, con quienes Roma compartía el poder, era evidente para todo el mundo, pues los romanos habían tenido que esperar treinta y dos años, tras el desastre de Carras, para poder recuperar sus enseñas y los soldados romanos que habían caído prisioneros. Y era evidente también, como dice Th. Liebmann 46 , para otros autores, como Estrabón, Veleyo Patérculo, Plinio el Viejo, Tácito o Dión Casio, que sin embargo no fueron tachados de enemigos de Roma por su realismo. Por otra parte, junto a los pasajes en que se presenta elogiosamente la prosperidad de los partos como consecuencia de su uirtus, encontramos un retrato sombrío de este pueblo, cuando se habla de sus costumbres 47 . Seel insiste en que la alusión a la fortuna del pueblo romano es del ambiente de César y que Trogo habría elogiado el poder de los partos para que resultara más evidente la exaltación de Roma 48 y de Augusto, quien con sólo la grandeza de su nombre consiguió lo que sus enemigos habían alcanzado con el poder de las armas 49 : el tema del último libro de las Historias Filípicas es la historia de la Península Ibérica y el final de este último libro y de la obra es su pacificación por Augusto. Piensa Seel que sólo la autoridad de su modelo Teopompo, que debió de influir no sólo en el título de la obra de Trogo, sino también en lo que se refiere a su técnica narrativa, podría justificar la elección del título, cosa relativamente frecuente en la antigüedad, como sucede, por ejemplo, con las Filípicas de Cicerón, cuyo título, que nada tenía que ver con el contenido de sus diatribas, había sido tomado de Demóstenes. No habría, pues, que recurrir a posturas ideológicas partidistas, sin descartar que Trogo pudo prever las evocaciones que este título iba a despertar en el lector contemporáneo y a las que antes nos referíamos. Para E. Malaspina 50 , que no rechaza cierta intencionalidad en Trogo, el título tiene un valor paradigmático, ejemplo del resurgimiento, afirmación y decadencia de la uirtus y, como consecuencia, del imperio. En opinión de Jal 51 ni los Prólogos ni el Epítome revelan huellas de una polémica antiantoniana en esta época. La obra, según él, y como él un importante sector de la crítica, da pruebas de una total adhesión a la causa romana, representada por Augusto. Pero, como se pregunta Jal, ¿podría haber sido de otra forma? Resulta, además, difícil pensar que un historiador cuyo padre había desempeñado importantes funciones bajo César estuviera enfrentado a la política romana, que no era otra que la de Augusto, el hijo adoptivo de éste. Es muy probable que Trogo no tuviera unas miras políticas; en ese caso su obra sería inocua, aunque no estuviera alineada con la ideología oficial, y sus posiciones no incondicionalmente prorromanas en la cuestión pártica, lo que ocurría con los demás historiadores romanos, podrían explicarse por su condición de galo, que le permitía una visión objetiva e independiente de la historia de Roma. Es un historiador, según M. G. Angeli Bertinelli y M. Giacchero, de espíritu republicano y concepciones democráticas, enraizado en la cultura e ideología de su tiempo, ni detractor ni halagador de Roma, cuyo destino sitúa en la historia universal 52 .

Datación de la obra de Trogo. – No disponemos de ningún testimonio externo que nos permita establecer con seguridad la fecha de composición de esta obra. Radulfo de Diceto afirma que las Historias Filípicas llegan hasta el año 30 a. C. Por su parte, Mateo de Westminster 53 piensa que Pompeyo Trogo terminó su obra en el año 9 de nuestra era. Según A. Klotz 54 , Gayo Julio Higino, liberto de Augusto, que escribió sus Exempla: de uiris illustribus, «Ejemplos: sobre hombres ilustres», en el año 2 a. C., es el primer autor influenciado por la obra de Trogo, con lo cual esta fecha sería el término ante quem, mientras que O. Seel 55 , es de la opinión de que los primeros autores que recibieron la influencia de Trogo fueron Valerio Máximo y Veleyo Patérculo, con lo que dicho término se situaría en el año 30 d. C. Por otra parte, tampoco el análisis interno nos proporciona datos más fiables, pues siempre, como vimos, nos queda la duda de si la noticia en que se basa la datación es de Justino o por el contrario estaba en Trogo. Según A. Klotz, el suceso más reciente de los contados en la obra es el final de la conquista de Hispania (año 19 a. C.), fecha en la que habría que colocar el término post quem de su composición. Pero en el libro XLII 5, 11-12 se alude a hechos ocurridos en el año 10 a. C., como fue la devolución de los soldados romanos hechos prisioneros en Carras en el año 53 a. C. Esta fecha, pues, podría ser el término post quem , que algunos eruditos, como A. von Gutschmid, intentan adelantar al año 2 a. C, en nuestra opinión con escaso fundamento. En efecto, piensa que en XLII 4, 16, donde se dice que Fraates IV había asesinado a su padre Orodes, hecho ocurrido en el 38 a. C., indirectamente se hace referencia al asesinato de Fraates IV a manos de Fraataces, hijo suyo y de la esclava Musa, que tuvo lugar en el 2 a. C. Jal 56 , que a partir de estos datos, cree que las Historias Filípicas debieron componerse en época de Augusto, admite, sin embargo, que esta fecha puede adelantarse si se acepta la tesis de O. Seel de que lo narrado en XLI 5, 8, es obra de Trogo, aunque también, como hace Forni, se puede atribuir a Justino; la fecha de composición estaría entre los años 14 y 30 d. C. En cualquier caso no hay que olvidar que una obra tan extensa sería publicada por partes, como ocurrió con la historia de Livio. El silencio sobre un suceso tan importante como la batalla de Teutoburgo (9-11 de setiembre del 9 d. C.), en donde los germanos, al mando de Arminio, atacaron a traición y aniquilaron a las tropas romanas mandadas por Publio Quintilio Varo, que a continuación se quitó la vida, podría deberse o bien al plan historiográfico de Pompeyo Trogo o bien al hecho de que las fuentes de éste eran griegas y los griegos tuvieron poca relación con este pueblo.

Fuentes de Trogo. – En el resumen de Justino no aparece expresamente citada ninguna fuente, salvo para determinados momentos de la narración en que se alude a la opinión de «muchos autores» 57 ; de donde, según algunos, podría deducirse que tampoco las citaba Trogo. Sin embargo ésta no parece una deducción del todo rigurosa, si tenemos en cuenta las frecuentes omisiones de Justino, que muy bien pudo haber silenciado las citas de fuentes que pudieron darse en el original. Hay que identificar, pues, las fuentes de Trogo, y ello sólo podemos hacerlo a partir del texto que tenemos, estableciendo previamente cuál es texto de Trogo, labor difícil y aún por hacer, y en segundo lugar, comparando sus noticias con las fuentes que contienen dicha información, sin perder de vista, según Forni, referencias como la inspiración ideológica y las preferencias literarias y culturales. La investigación de fuentes se ha hecho hasta el momento referida sólo a períodos históricos determinados, distinguiéndose multitud de pasajes que tienen una fuente distinta. Quedan, pues, lagunas y se echa en falta una labor de conjunto. En opinión de Gutschmid 58 , Trogo habría reelaborado en latín una obra de Timágenes de Alejandría, uno de aquellos leuissimi ex Graecis a que antes aludíamos. Esta hipótesis no es compartida por Klotz 59 , quien cree poco probable que ésa fuera la única fuente de las Historias Filípicas y no una más, planteamiento este en el que abunda la crítica actual, según la cual Trogo ha seguido fuentes o grupos de fuentes que varían en función del período histórico contado, entre las que se encuentran siempre escritores del «ambiente», en palabras de Forni-Bertinelli 60 , esto es, próximos al objeto del relato.

Para la historia de Grecia utiliza Trogo fuentes muy buenas y muy antiguas: Éforo y Teopompo; se reconoce también a Heródoto, Tucídides, Filarco y, tal vez, a Jenofonte. Para la historia de los sucesos referidos a Alejandro se reconoce la tradición de Clitarco y además a Calístenes, que acompañó a Alejandro en su expedición para contar sus hazañas 61 . Para los diádocos, acude de nuevo a Clitarco, a Duris de Samos y, sobre todo, a Jerónimo de Cardia. En éste se inspira la historia de Pirro, pero también se recurre a Próxeno, historiador de la corte. Los sucesos del occidente mediterráneo se remontan a escritores griegos: a Timeo y, en menor medida, a Éforo, Teopompo, Antíoco y Filisto. Para los partos se recurre a Timágenes, Posidonio de Apamea y Apolodoro de Artemita. En la historia de la Magna Grecia se reconoce a Timeo, Éforo, Varrón y Fabio Pictor. Para la historia helenística y la historia de Oriente hasta la conquista romana se reconoce la influencia de la tradición de Jerónimo de Cardia y Timágenes. Esta información sería completada con los datos que por vía oral procederían de su familia, en el caso de la intervención de Pompeyo en Siria durante el reinado del último seléucida, o cuando narra la acogida que los albanos, habitantes del Cáucaso, dispensaron a los romanos 62 .

Importancia de la obra de Trogo. – Como se ha dicho más de una vez, en los últimos tiempos de la República, cuando todos los países ribereños del Mediterráneo se unifican bajo un solo estado, se constata la aparición de obras enciclopédicas, de carácter universal, tanto en la historiografía griega como en la latina. En esta época Diodoro de Sicilia escribió una Biblioteca Universal, en 40 libros, que abarcaba desde los tiempos más remotos hasta el año 36 a. C.; Nicolás de Damasco, además de la Vida de Augusto , escribió una Historia Universal, en 144 libros, que empezaba en Nino y llegaba hasta la muerte de Herodes el Grande, en el 4 a. C.; Estrabón, además de su Geografía en 17 libros (obra de carácter histórico a pesar de su título), escribió unos Comentarios Históricos en 43 libros, hoy perdidos, que probablemente continuaban a Polibio y llegaban hasta el año 27 a. C.; Dionisio de Halicarnaso en sus Antigüedades Romanas abarca desde la fundación de Roma hasta la primera guerra púnica. Por el mismo tiempo, en latín, Livio escribe su Historia de Roma en 142 libros, el ingens Liuius como lo llama Marcial 63 , que iba desde los orígenes hasta el año 9 a. C. También Trogo escribe, dentro de la tradición helenística, «Historias griegas y de todo el mundo…», y cuenta «las empresas de todos los tiempos, reyes, pueblos y naciones» (cf. Justino Pref. 1-2). Se trata, pues, de una historia en 44 libros, en la que se cuentan de forma continua y con atención a la cronología sucesos militares y políticos, la primera y única historia universal en latín escrita por un pagano, como se ha dicho. A comienzos del s. v d. C. aparecerá la Historia contra los paganos, otra historia universal en latín, obra del presbítero español Paulo Orosio, quien, como sabemos, se sirvió del Epítome de Justino, pero que tal vez pudo ver el original troguiano. Sin embargo, parece que no puede llamarse «universal» una historia en la que no se habla de los germanos, de la Gallia Comata, y en la que se excluye deliberadamente un relato completo de las res Romanae.

Las Historias Filípicas constituían una empresa singular y, como se ha dicho, casi revolucionaria por su concepción. Para Trogo la historia es una sucesión de imperios universales, a los que caracteriza su política expansionista, que se encuentran en un eje geográfico que va de este a oeste, que, partiendo de Oriente, de una Asiria legendaria y considerada cuna de la civilización, pasa a Media, y después a Persia, Egipto y Macedonia, hasta llegar a Roma y Partia. Esta concepción, que estaba ya en Heródoto (I 95, 130), en Ctesias, en Diodoro (II 1-34) y en Dionisio de Halicarnaso, contemporáneo de Trogo, aparece en latín en la obra perdida de Emilio Sura De los años del pueblo romano, quizá algo anterior. La novedad de Trogo, lo verdaderamente revolucionario por su realismo y objetividad, fue el colocar a Roma al final de la evolución histórica junto a Partia, con la que en ese momento compartía el dominio del mundo. En el sentido de esta evolución, es decir, de este a oeste, se van presentando los orígenes de pueblos concretos: Asia Menor (Eolia, Jonia), Grecia y regiones periféricas, Macedonia, Iliria, Peonia, Sicilia, Bizancio, Chipre, Creta. Curioso, según Alonso Núñez 64 , que mientras Estrabón, un oriental, partía de la Península Ibérica hacia el este, lo mismo que Hecateo de Mileto, un voconcio, un occidental partiera de Asia hacia el oeste. Trogo, practicando la técnica de la digresión, aprendida, según algunos, de Teopompo, y desde luego propia de la historiografía helenística, describe por primera vez la situación y origen de pueblos que para los romanos eran bárbaros: escitas, armenios, bastarnas, bactrianos, árabes, tartesios, etc., admitiendo también por primera vez tradiciones que daban a esos pueblos un origen glorioso, que en algunos casos incluso se remontaba hasta los mismos dioses 65 . Por primera vez Roma no estaba en el centro de la historia y por primera vez ésta era presentada desde una perspectiva no romana; los romanos no aparecen hasta la mitad de la obra, y entonces en referencias alusivas 66 , mientras que el protagonismo se otorga a pueblos extranjeros y desconocidos tenidos por los romanos como bárbaros, cuyas formas de vida se muestran como dignas de admiración, por lo que para algunos Trogo antes que un antirromano o un filorromano es un filobárbaro. Hasta la mitad del libro XLIII no se llega a la historia de Roma, pero ni siquiera entonces se cuenta su historia completa, sino sólo desde los comienzos hasta Tarquinio Prisco. La idea del pueblo romano como princeps populus , en palabras de Jal 67 , está bastante desdibujada en Trogo. Éste, según Della Corte 68 , admira y adopta un ideal de historia universal en el que los protagonistas no son Occidente y Oriente, sino la fortuna y la uirtus, que son la explicación última de los cambios políticos y con cuyo recurso Pompeyo Trogo desmitifica en cierto modo el nombre del pueblo romano, presentando un esquema según el cual Roma había sido mimada por la fortuna desde sus mismos comienzos; es la que ayuda a sobrevivir a Rómulo y Remo 69 , la que impulsa la victoria de los romanos sobre los macedonios en Cinoscéfalas 70 , la que acompaña a los romanos cuando inician la conquista de Oriente 71 y la que lleva a Roma a la cumbre y a la conquista del mundo. En cambio, la prosperidad de los partos, su dominio sobre pueblos a los que antes habían estado sometidos, se debe a la virtud-valor de sus gentes 72 .

El esquema geográfico de las Historias Filípicas es el de la época; presenta a los escitas al norte, al sur a los egipcios, al oeste a los hispanos y al este a los indios. El silencio sobre Britania y sobre Germania, salvo en XXXVIII 4, 5, donde se habla de los cimbrios, aparte posibles omisiones de Justino, podría explicarse por la dependencia de Trogo de sus fuentes griegas, que hablarían poco de estos pueblos con los que los griegos tuvieron poca relación. Por el examen de los Prólogos y del Epítome podemos concluir que Trogo daba los nombres de las batallas que narraba, los nombres de las ciudades a que aludía, el sobrenombre de los reyes que iban apareciendo en el relato y que, como antes hemos dicho, servían para distinguirlos entre sí, evitando la confusión que en el resumen de Justino hace a veces esos datos inservibles para el historiador. La historia de Trogo se interesaba por las costumbres, tradiciones y mitos de los distintos pueblos, por detalles de carácter topográfico y geográfico y por la cronología de los sucesos, estableciendo sincronismos con aquellos cuya fecha se conocía. En ocasiones recurría a observaciones etimológicas para explicar el origen de nombres de personas 73 , de símbolos de poder, de costumbres 74 , de nombres de regiones, ciudades y pueblos 75 . Trogo designa las instituciones militares y jurídicas, los órganos de poder y las magistraturas de los pueblos que aparecen en el relato con nombres propios de instituciones y magistraturas romanas análogas 76 , si bien recurre en ocasiones a la traducción 77 del término que las designaba en la lengua de origen o a la transcripción 78 . Trogo adopta una actitud de censura ante el expansionismo de los imperios y ante la tiranía 79 , y hace intervenir a divinidades y fuerzas sobrenaturales para castigar la traición, el asesinato, el sacrilegio.

Empresa gigantesca que, según dice Justino en el Prefacio, requería «una audacia propia de Hércules, ya que abarca el globo de la tierra, incluyendo en sus libros las vicisitudes de todos los tiempos, reyes, naciones y pueblos», y en la que confluyen una concepción enciclopédica de la historia, en la tradición de Varrón, Emilio Sura y, más tarde, Plinio el Viejo, una aspiración universalista, presente en Heródoto y que nuestro autor tomó, al parecer, de Teopompo, y una línea de un cierto pragmatismo pesimista, que aparece en Tucídides y que, a través de Salustio, llega hasta Tácito.

Pervivencia de la obra de Trogo. – Dado el valor no sólo histórico, sino también literario que se supone tenía la obra de Trogo, cabe preguntarse qué razón o razones pudieron intervenir en su desaparición. Hay que advertir ante todo que la pérdida de una obra literaria o histórica no tiene por qué ser necesaria consecuencia de su escaso valor; antes por el contrario, razones extrínsecas a la misma como las ideas políticas dominantes, la actuación de la censura, los gustos literarios, cambiantes de un momento a otro, pueden sin duda influir decisivamente en su transmisión manuscrita. En el caso de las Historias Filípicas, como en general en los demás casos, parece razonable pensar que la confluencia de circunstancias diversas, y no una sola razón, pudieron determinar su pérdida. Es muy probable que una de estas razones haya sido su gran extensión –cuarenta y cuatro libros– que, como en el caso de otras historias «monumentales», hacía difícil su consulta, dando origen a la redacción de resúmenes, menos costosos y sin duda más fáciles de manejar. Se puede objetar que de obras más extensas que la de Trogo se han conservado íntegras algunas partes, como ocurre con la historia de Livio en 142 libros, de la cual, además del resumen y unos fragmentos, se conservan íntegras la primera, tercera, cuarta y mitad de la quinta década, en total la cuarta parte: el hecho es que no se han conservado completas las grandes historias romanas, de Salustio, Livio o Tácito. Sin duda debían existir otras razones; lo mismo que la crítica actual no acierta a determinar la existencia de una ideología política en la narración de Trogo-Justino ni su tendencia, de manera que para unos Trogo era un antirromano mientras que para otros era un filorromano, es muy probable que la valoración de su obra por parte de sus contemporáneos tampoco fuera unánime, pues las Historias Filípicas, por referirse a todo aquello y sólo aquello que había tenido que ver con los griegos (y macedonios), esto es, a la mitad oriental del mundo mediterráneo, resultaban ser en palabras de san Agustín «una historia griega o mejor aún extranjera» 80 . Y si se perdió la mayor parte de la historia nacional, parece lógico que con mayor razón se perdiera la que hemos calificado, con palabras de san Agustín, de extranjera. La obra de Trogo debió de ser bastante conocida ya desde su aparición a juzgar por los numerosos testimonios y vestigios que de ella encontramos en autores posteriores y sobre los que volveremos más adelante. Después de Justino, Pompeyo Trogo es citado en Carisio, Vopisco, Servio, Prisciano, y también en san Jerónimo y san Agustín; estos dos últimos lo conocían por el epítome de Justino solamente. Pero sobre todo hay que insistir en la pervivencia de Trogo en Orosio, cuya Historia contra los paganos tan próxima es a las Historias Filípicas. El elevado número de manuscritos de Justino hoy conservados, más de doscientos en Europa, a los que habría que añadir una cifra indeterminada que no podemos comprobar, demuestra la importancia de Trogo-Justino en la Edad Media, en la que era más conocido que muchos autores famosos. En la Edad Moderna las Historias Filípicas formaban parte de las bibliotecas de los estudiosos de la historia y, en opinión de O. Seel, como Cicerón y Virgilio, pertenece a los presupuestos del humanismo europeo 81 . El gran número de ediciones, rondando las trescientas 82 , y las más de 50 traducciones a distintas lenguas modernas 83 pueden ser síntomas del interés de eruditos y estudiosos, ya que Justino no era un autor escolar 84 ; y en cualquier caso son datos siginificativos para conocer la historia del influjo de Trogo. Es a principios del siglo XIX cuando la obra de Trogo-Justino empieza a perder interés para los estudiosos, salvo raras excepciones, hasta casi nuestros días, en que, a raíz de las publicaciones de O. Seel los estudios sobre Trogo han experimentado un nuevo impulso.

Trogo-Justino en España. – En palabras de Robert Tate 85 , Trogo, a través de Justino, fue en España «una fuente básica de información durante la Edad Media…». La situación no debió de cambiar durante el Renacimiento, como puede deducirse por el gran número de manuscritos y ediciones de Justino conservados en nuestras bibliotecas, menor sólo que el de Cicerón, Horacio, Lucano, Ovidio, Plauto, Salustio, Séneca, Terencio, Virgilio y Valerio Máximo. Teniendo en cuenta las limitaciones propias de una introducción general, sólo haremos un esbozo de la situación, dejando para mejor ocasión un estudio exhaustivo sobre el tema. En la Biblioteca de El Escorial pueden verse dos manuscritos del s. XIV en pergamino, cuatro del s. xv en pergamino, uno del s. XV en papel y otro del s. xv en papel y pergamino. En la Biblioteca Nacional de Madrid hay dos del s. xv en pergamino y uno del mismo siglo en papel, que perteneció al cardenal Archinto. La Biblioteca Capitular de Toledo conserva entre sus fondos tres manuscritos de Justino que pertenecieron al cardenal Celada, dos del s. xv en pergamino y uno del XV-XVI en papel, que sólo contiene los dieciséis primeros libros. En el Archivo Capitular de El Burgo de Osma hay dos, uno en papel y otro en papel y pergamino, ambos del s. XV . Finalmente, en la Biblioteca Universitaria de Madrid, puede verse otro, procedente de Alcalá de Henares, en papel, también del s. XV .

En cuanto a las ediciones de Justino, si bien no conocemos ninguna impresa en España, sin embargo, son numerosas las que, impresas en distintas ciudades de Europa a lo largo de los siglos XV y XVI , se encuentran en bibliotecas españolas, sobre todo la Nacional de Madrid. Omitiendo el título, con frecuencia muy extenso, y citando sólo ciudad, impresor y año, algunas de ellas son: París, De Marnef, s. a. (Biblioteca Nacional de Madrid = BNM); París, Iohan Petit, s. a. (Biblioteca Pública = BP de Córdoba); Milán, Christophorus Valdalfer, 1 jun. 1476 (Biblioteca Universitaria = BU de Oviedo y Biblioteca Capitular de Pamplona); Venecia, Philippus Petri, 12 dic. 1479 (BU de Barcelona y Salamanca, Agustinos de Valladolid, San Carlos de Zaragoza); Venecia, Iohannes Rubeus Vercellensis, c. 1486 (BNM); Venecia, Iohannes Rubeus, c. 1489-90 (BU de Zaragoza); Venecia, Iohannnes Rubeus, c. 1494 (Real Academia de la Historia de Madrid y Seminario de Zamora); Venecia, Iohannes Rubeus, 4 abril 1494 (BU de Madrid, BP de Córdoba, Sevilla BCap [Colombina], BU); Venecia, Philippus Pincius, 8 novi. 1497 (BU de Valencia y Valladolid, BP de Córdoba y de Gerona); Venecia, Bartholomeus de Zanis de Portesio, 1503 (BNM y Archivo de la Corona de Aragón de Barcelona, donde hay además otra edición de 1503); Milán, Leonardus Vegius, 1510 (BNM); Venecia, Aldus [Manutius] et Andreas Asulanus, 1522 (BNM y BU de Valencia); Basilea, s. t. 1526 (Biblioteca Capitular de Córdoba); Lión, Melchior et Gaspar Trechsel, 1532 (BNM y BU de Salamanca); Basilea, Michael Isingrinius, 1539 (BNM); Amberes, Ioannes Steelsius, 1543 (BNM y BU de Granada), 1552 (BNM); Lión, Seb. Gryphius, 1546, 1548 (BU de Salamanca), 1551, 1555 (BNM); Venecia, Ioannes Gryphius, 1559 (BNM); Lión, Theobaldus Paganus, 1560 (BNM, BU de Barcelona y de Granada y Biblioteca General de Navarra); Lión, haered. Seb. Gryphii, 1562 (BNM); Colonia, haeredes Arnoldi Birckmann, 1563 (BP de Córdoba); Pesaro, Bartolomeus Cesanus, 1565 (BNM); Lión, Antonius Gryphius, 1573 (BNM); Colonia, Joannes Gynmeus, 1580 (Biblioteca Provincial de Lugo); Lión, Antonius Gryphius, 1580 (BU de Zaragoza); Amberes, Lucas Belleaur, 1581 (Biblioteca de Palacio, Madrid); París, Iacobus du Puys [Dionisius du Yal], 1581 (BU de Salamanca, Biblioteca Provincial de Toledo, Biblioteca General de Navarra); Lión, Gabriel Carterius, 1593, 1594 (BNM).

Sólo conocemos una traducción al castellano, la de Jorge de Bustamante, sobre la que volveremos más adelante y de la que existen en bibliotecas españolas, según nuestras noticias, las siguientes ediciones: Alcalá de Henares, Juan de Brocar, 1540 (BNM y Biblioteca Lázaro Galdiano de Madrid); Amberes, I. Steelsio, 1542 (BNM); Amberes, M. Nutio, 1586 (BNM y BP de Gerona). Amberes, Gaspar Bellero, 1609 (BNM).

LOS PRÓLOGOS

Los Prólogos son una especie de índices de los temas tratados en cada libro, cuya extensión oscila entre una línea y media de alguno y las dieciocho de algún otro en la edición de la Teubner, si bien en la mayoría de los casos la extensión varía entre siete y trece líneas. A pesar de su apariencia despreciable, nos proporcionan casi las líneas de toda la obra de Trogo, permitiéndonos seguir el hilo de la narración. De la comparación de los contenidos de los Prólogos y del Epítome podemos concluir que unos y otro derivan de la obra de Trogo directamente, pero de forma independiente. Esta comparación, además de darnos una idea de la relación que debió de existir entre el resumen de Justino y su original, nos sirve para completar, siquiera a modo de sinopsis, las numerosas lagunas que con relación a su original presenta el Epítome, pues no hay que olvidar, como hemos dicho más arriba, que el número de temas tratados en éste es la mitad que el de los tratados en los Prólogos.

Los Prólogos están escritos en una lengua pobre y llena de clisés. La misma fórmula se emplea en el comienzo de casi todos ellos («En el séptimo… décimo volumen se contienen…»), las mismas fórmulas en el cuerpo del mismo, tanto para referir una declaración de guerra o su desarrollo como para mencionar una digresión («En una digresión se cuenta…»). En su latín hay giros que manifiestan un uso tardío, no clásico, de la sintaxis como el empleo de indicativo con ut modal en interrogativas indirectas; es abundante el uso de abstractos en lugar de concretos, así como el uso de barbarismos, algunos muy repetidos, como prologus, «prólogo», en lugar de argumentum, in excessu, «en una digresión», en lugar de per digressionem 86 . A la vista de esto parece poco probable que los Prólogos sean, como algunos han pretendido, obra de Pompeyo Trogo, considerado en la antigüedad una de las estrellas del firmamento literario romano, junto a Salustio, Livio y Tácito, como ya vimos. Más bien habría que concluir que su autor debió vivir en una época no clásica, en la que la lengua ya habría sufrido importantes cambios.

La gran pobreza artística y la ausencia de pretensiones literarias de los Prólogos contribuyen a hacer muy difícil su datación. Para establecer el término ante quem de su redacción puede arrojar alguna luz la obra de Orosio, compuesta a principios del s. v. Los numerosos pasajes de su obra que proceden de las Historias Filípicas son tan próximos al resumen de Justino, que se puede pensar que fueron tomados de aquí y no de Trogo, lo que hace suponer que la obra de éste empezaba a ser de difícil consulta ya en esta época. Si admitimos además que los Prólogos derivan directamente de la obra de Trogo (hay una referencia constante al uolumen, rollo de papiro en que estaba escrito el original) debieron ser redactados antes de esta fecha. Por otra parte, el que los Prólogos sean ignorados por Justino y el que aparezcan sólo en dos de las cuatro clases de códices de su obra nos induce a pensar que debieron de ser escritos después de Justino, esto es, después de principios del siglo III .

Los Prólogos podrían ser un índice de temas de los que en la antigüedad se acostumbraba a colocar, a veces, al comienzo del rollo de papiro de varios metros, para facilitar cualquier consulta rápida; y en ello hace pensar la repetición al comienzo de todos ellos de la palabra uolumen , como antes decíamos. Se ha pensado que probablemente alguien pasó los Prólogos a un códice, pero no tuvo ánimos para seguir copiando la obra completa, tal vez porque ya circulaba el resumen de Justino. Si admitimos esta hipótesis, los Prólogos podrían ser obra de un copista. Por su parte, Lucidi 87 , apoyándose en su esquematismo y en la repetición de fórmulas, según él, eficaces medios para su memorización, piensa que podría tratarse más bien de la obra de un maestro de escuela, que los escribiría para facilitar su conocimiento a sus alumnos, según un procedimiento extendido en las escuelas del tardío Imperio, como las periochae o «sumarios» de Tito Livio.

Los FRAGMENTOS

Además del resumen de Justino y de los llamados Prólogos, en obras de autores posteriores se conservan algunos testimonios, fragmentos y vestigios de Pompeyo Trogo, tanto de las Historias Filípicas como de la obra científica Sobre los animales, lo que pone de manifiesto la estima de que disfrutó entre los gramáticos, que lo recogieron en ejemplos, y la influencia que ejerció en autores de la antigüedad.

La primera colección de fragmentos está recogida en la muy cuidada edición de Justino de Frotscher de 1827. Después A. Bielowski 88 incluirá en su obra, además de los fragmentos citados por autores antiguos, un gran número de textos de autores medievales que parecían poder remontarse a Trogo y pasajes de autores polacos atribuidos falsamente a nuestro autor. La crítica rechazó pronto los fragmentos de origen medieval 89 . La última edición de los fragmentos es la llevada a cabo por O. Seel en 1956 90 .

Seel recoge aquellos pasajes que atribuye a Trogo por cita directa o por razones internas, es decir, pasajes de autores que más o menos directamente derivarían de Trogo; pasajes paralelos de Justino, que iluminan, según Seel, el color Trogianus de éstos; finalmente, pasajes en griego y latín de autores anteriores a Trogo y que o le sirvieron de fuente o presentan similitud o discrepancia con los de Trogo.

Según Seel, a pesar de las dificultades que plantea la existencia de tan gran número de pasajes que podrían directa o indirectamente remontarse hasta Trogo, piensa, en la línea de A. von Gutschmid, H. Crohn, G. Gundermann, E. Assmann y A. Klotz 91 , que hay vestigios claros de Trogo en Valerio Máximo, Veleyo Patérculo, Quinto Curcio y Séneca padre, Frontino, Ampelio y Floro y en los escolios a Cicerón, Juvenal, y hasta Casiodoro, Jordanes y Juan Epífanes. Seel es de la opinión que también deben ser considerados fragmentos los Inéditos (Anecdota) de Rühl 92 , trozos históricos, escritos en latín tardío y bastante bárbaro, que remontan a la obra de Trogo. Su autor, según Rühl, tuvo delante la Historia Gótica de Casiodoro, que había visto la obra de Pompeyo Trogo y no el Epítome de Justino, y de aquél debió de tomar algunos pasajes que remontan al original troguiano.

No ha sido fácil decidir qué fragmentos de los recogidos en la edición de O. Seel debían ser traducidos en este volumen. Desechamos la idea de traducirlos todos porque, además de que hubiera sido otro volumen de la colección Biblioteca Clásica Gredos, creímos que no tenía sentido. Nos pareció un buen criterio traducir sólo aquellos fragmentos y vestigios en los que aparece expresamente citado el nombre de Pompeyo Trogo y en los que se le atribuye el pasaje en estilo directo o indirecto. Así lo hemos hecho, pero, para que el lector pueda hacerse una idea de la amplia presencia de Trogo en autores posteriores y para facilitarle la tarea en caso de consulta, a continuación de los fragmentos traducidos citamos, por el orden de la edición de O. Seel, los pasajes que se pueden remontar a Trogo directamente o a través de una fuente intermedia.

LA TRANSMISIÓN DEL TEXTO

Rühl enumera 200 códices de Justino, en parte íntegros y en parte mutilados; y establece cuatro clases, a las que Seel, cuya edición hemos seguido, asigna las siglas τ, π, ɩ, γ. Los códices a tener en cuenta son, ordenados según las clases aludidas, los siguientes:

Clase τ : comprende los códices A, G, M, V, Q, R.

A = Parisinus 4950 (Puteanus), pergamino, s. IX . Contiene los Prólogos y el Epítome completo.

G = Gissensis 79 (Weingartensis), pergamino, s. IX . Contiene los Prólogos y el Epítome completo. En opinión de Seel, el cambio de escritura en este códice podría deberse simplemente a un cambio de calamus.

M = Monacensis 601, pergamino, s. x. Contiene unos pocos libros del Epítome.

V = Vossianus L. Q. 32 (Floriacensis), pergamino, s. IX . Contiene los Prólogos y el Epítome completo. No deben despreciarse las correcciones de la segunda y tercera manos.

Q = Ashburnhamensis L 29 (Montepessulanus), pergamino, s. IX . Contiene los Prólogos y el Epítome completo.

R = Franequeranus 24 (Leeuwardensis), pergamino, s. x u XI . Contiene los Prólogos y el Epítome completo. Fue corregido por dos manos.

Clase π : comprende los códices Y, O, P, Z, X. Γ.

Y = Petropolitanus 422, pergamino, s. IX . Contiene los libros I-II del Epítome.

O = Palatino-Vaticanus 927, pergamino, copiado en 1181 en el Monasterio de la Santa Trinidad del Monte Oliveti, cerca de Verona. Contiene, entre otras cosas, el libro I, el II (hasta 5, 12) y el XLII (hasta 2, 10) del Epítome.

P = Mus. Britann. Additional 19.906, pergamino, s. XIV . Contiene, entre otras cosas, los Prólogos y el Epítome completo. Fue aumentado con escolios en el s. XIV o XV , además de corregido por una mano del xv.

Z = Harleianus 4822, pergamino, s. XIV . Contiene, además de una historia de los francos, los Prólogos y el Epítome completo. Fue corregido por una mano que utilizó un códice de la clase ɩ.

X = Laurentianus 66, 19, pergamino, s. XIV . Contiene los Prólogos, luego el Epítome. Tras el prefacio hay un texto ajeno a Justino y después la obra completa de éste.

Γ = Neapolitanus Bibl. Nat. IV C 43, pergamino, año 1279. Contiene el Epítome.

Clase ɩ: comprende los códices E, F, S, L.

E = Eusebianus CLXXVII, pergamino, s. x. Contiene la obra completa de Justino y un libro de astrología. Las correcciones, de varias manos, deben desestimarse.

F = Laurentianus 66, 20, pergamino, s. XI . Contiene a Justino sin los Prólogos.

S = Sessorianus 17, de la Biblioteca Vittorio Emmanuele, pergamino, s. XI . Contiene el Epítome desde XVIII 7, 12, pero falta desde XLI 3, 4 a XLII 4, 12. Contiene además Solino y los capítulos 1-28 de la Regla de san Benito.

L = Vossianus L. Q. 101, pergamino, s. XI . Contiene la obra completa de Justino.

Clase γ: comprende los códices C y D.

C = Laurentianus (Casinas) 66, 21, pergamino, s. XI . Contiene los libros XVI-XXVI 1, 8 y XXX 2, 8-XLIV 4, 3 del Epítome.

D = Vaticanus Lat. 1860, pergamino, s. XIV . En opinión de Seel, podemos prescindir en general del códice C (del cual deriva D), muy diferente del resto de los códices de Justino.

Sobre el conjunto de las cuatro clases de códices debe advertirse, ante todo, que la clase τ raramente está de acuerdo en los errores, alteraciones y glosas con las clases π, ɩ y γ. Parece ser que casi siempre reproduce las palabras genuinas de Justino, si bien a veces presenta errores y omisiones de los copistas.

La clase γ ha sido interpolada y glosada, y luego transmitida por un copista inepto.

La clase ɩ ocupa un lugar intermedio entre τ y γ, a las que mezcló hasta el punto de corregir el texto genuino de Justino (=τ), usando de las correcciones de la clase γ e interpolando también nuevas glosas.

La clase π media entre τ y γ más raras veces que ɩ. Pero también esta clase persigue corregir las formas inusitadas de la lengua de Justino.

Los testimonios de Pacato, Isidoro, Prisciano y Jordanes, en general, aprueban las lecturas de la clase τ, que está apoyada además por los de Amiano Marcelino y Agustín.

El testimonio de Orosio, en opinión de Seel, debe rechazarse a la hora de constituir el texto. Orosio, según él, en parte rehízo el texto de Justino de memoria, en parte lo acomodó a su estilo, y en parte lo corrigió y suplió a partir de las otras fuentes. Las huellas de estos cambios se encuentran en los códices de las clases ɩ y γ, y a veces de la clase π.

Por tanto, el texto de Justino debe restituirse, sobre todo, basándose en la clase τ. Si ésta se ve confirmada por una de las demás clases, debe pensarse en que se trata de la lectura genuina. Por otra parte, el códice D no debe menospreciarse, pues a veces, para probar las lecciones de τ frente a πι, es de cierta importancia. Cuando la clase τ sola se enfrenta a πιγ en ortografía y en errores sin importancia, conviene preferir πιγ; pero en lecturas que tocan al contenido o a la gramática debe considerarse mejor la clase τ.

Los códices de los Prólogos son los mismos que los de las clases τ y π de Justino, esto es, A G V Q R y P Z X, a los que Gutschmid, su primer editor, había llamado uetustiores y recentiores, respectivamente. Se añade el códice Ambrosianus L 82 sup., en pergamino, del s. XIV , que contiene, además de la obra de Justino y un librito sobre gemas, los Prólogos de IXXXIII; para Seel, que lo llama B, debe incluirse en la clase τ.

EDICIONES

La editio princeps apareció en Venecia y Roma en 1470. Según Rühl, en ese mismo año fueron publicadas otras dos. Además, hay que citar las de Florencia, 1525; París, 1581 (lacobus Bongarsius); Utrecht, 1668 (I. G. Graevius); Leiden 1719, 1760 (Abr. Gronovius).

Frotscher, en su edición en tres volúmenes (Leipzig, 1827 ss.) reunió el fruto de las precedentes, además de añadir las correcciones de Modius, Vossius y otros eruditos. Siguen luego las ediciones de: Dübner, Leipzig, 1831; I. Jeep, Leipzig, 1859 (editio minor, 1872); F. Rühl, Leipzig, 1886; M. Galdi, Turin, 1923 (Corpus Scriptorum Latinorum Paravianum); O. Seel, Leipzig, 1935 (Bibliotheca Teubneriana; 2a ed. Stuttgart, 1972); O. Seel, Pompei Trogi Fragmenta, Leipzig, 1956 (Bibliotheca Teubneriana).

TRADUCCIONES

Damos a continuación una sumaria noticia de las traducciones a las principales lenguas posteriores a 1800.

Al francés:

CH . NISARD , en Cornelius Nepos, Oeuvres complètes (incluye también Curcio Rufo, Valerio Máximo y Julio Obsecuente), París, Didot, 1841. Un texto latino poco seguro y sin aparato crítico sirve de soporte a esta traducción, la única francesa que hemos podido consultar. Es obra de un buen traductor, pero hay que censurarle sus frecuentes adaptaciones léxicas, morfológicas y de giros sintácticos, y el que en unos casos diga más de lo que dice el original y en otros menos.

J. PIERROT – E. BOITARD, Iustinus. Oeuvres complètes, París, 1862.

F. DE PARNAJON , París, 1873.

E. CHAMBRY - L. THÉLY -CHAMBRY , Abrégé des Histoires Philippiques de Trogue Pompée et Prologues de Trogue Pompée, París, 1936.

Al inglés:

J. S. WATSON , Londres, 1853.

Al alemán:

K. FR . L. KOLBE , Munich, 1824.

E. SCHAUMANN , Prenzlau, 1827-31.

CH . SCHWARZ , Stuttgart, 1834-37.

A. FORBIGER , Stuttgart, 1866.

O. SEEL , Pompeius Trogus. Weltgeschichte von den Anfängen bis Augustus im Auszug des Justin, Zúrich-Múnich, 1972. Sobre el texto latino por él establecido hace Seel una buena traducción, tanto en el plano estilístico como en el lingüístico, transmitiendo con bastante exactitud el mensaje del original. Sin embargo, nos sorprende, en los pasajes más conflictivos, su uso de adiciones, que indudablemente aclaran el sentido, pero que no están fundadas en el texto.

Al italiano:

Conocemos la existencia de dos traducciones a esta lengua realizadas en el siglo XVI: una editada en Venecia, en 1524, por Nicolo Zopino et. al. (Biblioteca Nacional de Madrid), y otra del Sig. Bartolomeo Zucchi da Monza, publicada en Venecia, en 1590, por Andrea Muschio (Biblioteca Universitaria de Zaragoza). Ya en época moderna tenemos:

P. E. CAMPI , Le Istorie di Trogo Pompeo compendiate da Giustino, Milán, A. Fontana, 1829.

F. ARNULF , Justini Historiarum Philippicarum libri XLIV, Venecia, 1856 (edición bilingüe).

L. CALORI , Delle Istorie di Giustino abbreviatore di Trogo Pompeo, Bolonia, 1880.

L. SANTI AMANTINI , Giustino. Storie Filippiche. Epitome da Pompeo Trogo, Milán, 1981. Es la única traducción italiana que hemos podido consultar. Parte de la edición de O. Seel antes reseñada. Abunda en adiciones, así como en adaptaciones de giros sintácticos. A nuestro parecer, no mantiene el tono del original latino y en bastantes ocasiones no consigue transmitirnos su mensaje. Un copioso aparato de notas aclara de manera más que suficiente las numerosas confusiones que la técnica de Justino, como ya vimos, produjo en el original.

TRADUCCIONES A LENGUAS PENINSULARES

Al catalán:

Sentimos no haber podido completar la referencia que de una versión catalana nos da Menéndez Pelayo 93 :

Justino en romanç: scrit en paper. Comensa: «q. en lo comensament del mon», et feneix: «ér retorná Spanya en forma de provincia». Biblioteca del Rey D. Martín, siglo XIV-XV .

Al castellano:

J. DE BUSTAMANTE , Justino Clarísimo Abreviador de la historia general del famoso y excellente historiador Trogo Pompeyo. En la cual se contienen todas las cosas notables y más dignas de memoria que hasta sus tiempos han sucedido en todo el mundo: agora nuevamente traduzida en Castellano y dirigida al Illustrisimo señor Don Pedro Hernandez de Velasco Condestable de Castilla. Con privilegio Imperial, 1540 (Dentro de un frontis que representa los trabajos de Hércules). Colofón: «Fue impresa y acabada la presente obra… en la florentisima Universidad de Alcalá de Henares en casa de Juan de Brocar: a ocho días del mes de abril del año M.D.X.L. La qual se imprimio con privilegio de su Magestad inscrita en el dicho Privilegio la tasación que los muy altos y muy poderosos señores del real consejo hicieron del dicho libro: es a saber cuatro maravedís cada pligo (sic) como más largamente se contiene en el mismo Privilegio».

A esta primera edición de Alcalá siguieron otras ediciones, como antes hemos visto. Según Cossío, esta traducción fue incluida en el índice expurgatorio de 1612 y nunca más fue reimpresa desde entonces.

El nombre del traductor sólo aparece en el siguiente acróstico, que debe leerse en sentido inverso, según indica una manecilla puesta al final y apuntando hacia arriba:

Si en cosas de historia, muy mucho deseas

O sabio lector estar resoluto,

Y en muy poco tiempo, sacar mucho fructo,

La obra presente, te ruego que leas.

Y quando en colloquio, con doctos te veas:

Sabras con prudencia, dar cuenta y razón:

En todas las cosas de gouernación:

De pazes o guerras, si en esto te empleas

Los hechos notables, que en siglos passados,

An sucedido, en todas naciones:

Reynos, ciudades, con sus fundaciones,

Veras en substancia por orden contados:

Tambien como, y quando los reynos, y estados,

A los principios, los tyranizaron:

Nino y su hijo, de quien heredaron:

El nombre, los otros, como ellos, maluados.

Trata del mundo, su vana mudança:

Narra de como, la ciega fortuna:

Aquellos que sube, apar de la luna:

Miseramente despues los alança.

A otros sacados, del carro y labrança:

Torna de nueuo, y suue en la cumbre:

Subidos, haziendo como es su costumbre:

Vn sueño les torna, su vana pujança.

Benigno lector, pues eres prudente:

Estos auisos, y exemplos loables:

Deprende y estudia, que son saludables:

En todos estados, a todo biuiente.

Goza de ver, que goza la gente:

Remota de sciencias, y lengua latina:

Obra en que puso, tan grande doctrina:

Iustino en historias, varon excellente.

Resulta difícil valorar esta traducción; primero, porque nuestro referente para dicha valoración es, sin duda, distinto del que pudo tener Jorge de Bustamante; y segundo, porque no conocemos el texto latino del que partió (si es que partió de un texto latino y no romance, como a veces se hacía en la época). A la vista de los textos latinos de que disponemos hoy, podríamos decir que más que de una traducción se trata de una interpretación, caracterizada, sobre todo, por extensas y abundantes adiciones, que constituyen verdaderas notas aclaratorias al texto dentro del texto. A pesar de ello, en los pasajes conflictivos, con frecuencia, el autor ha sabido transmitirnos el mensaje original.

NUESTRA TRADUCCIÓN

Nuestra traducción incluye, como suele ser habitual, el Epítome de Justino y los Prólogos. Sin embargo, teniendo en cuenta la pretensión de la colección Biblioteca Clásica Gredos de traducir la literatura latina íntegramente, ha parecido conveniente incluir en este volumen los fragmentos de Trogo, dado su reducido número y escasa extensión. Nuestra versión está basada en el texto establecido por O. Seel 94 . Sin embargo, en el Epítome de Justino –y sin contar algunas erratas evidentes (tripupudianti por tripudianti, XI 5, 10; incipero por incipere, XXI 2, 6; tyrrannidem por tyrannidem , XXI 2, 6)–, nos apartamos del mismo en los siguientes pasajes:


Para una mejor comprensión del resumen que precede a cada libro, hemos incluido, cuando nos ha parecido conveniente, algunas aclaraciones entre corchetes. Sin embargo, en el cuerpo de la traducción, y según la práctica habitual, se reservan los corchetes para los pasajes que, en opinión del editor, deben considerarse como interpolaciones, y los paréntesis angulares para las adiciones que se estiman necesarias para completar una laguna del texto.

Nuestra traducción, para la que hemos tenido presentes las de Bustamante, Nisard, Seel y Santi Amantini ya citadas, viene a llenar un importante vacío en la bibliografía clásica en castellano. En efecto, según hemos visto, la única traducción de la obra de Justino de que disponemos -la de Bustamante- remonta al año 1540. Entendiendo que la traducción debe reconocerse como tal, según F. W. Newman 95 , y no aspirar a ser un texto original, he pretendido en todo momento ser lo más fiel posible al texto latino. De acuerdo con este propósito, y salvo cuando ello hubiera resultado chocante en nuestra lengua, he mantenido siempre la correlación de tiempos del original, a menudo problemática en razón de la ambivalencia del llamado presente histórico, frecuente en el texto; he mantenido en general las repeticiones de nombres en contextos en los que el castellano, y probablemente un mejor latín, los habrían sobreentendido; he recogido igualmente la abundancia de conjunciones del texto de Justino, a menudo innecesaria y encaminada la mayoría de las veces, como ocurría en el latín de la época, a reforzar la expresión.

Ha resultado especialmente laboriosa la redacción de las notas al texto, tanto por el número como por la extensión y contenido, de acuerdo con las que entendemos que son exigencias de una traducción de las características de la presente, para lo que nos ha sido de gran utilidad la edición de L. Santi Amantini, anteriormente citada.

Quiero testimoniar mi agradecimiento a D. José Antonio Correa, y especialmente a D. Emilio García Ruiz, revisor del volumen, por sus minuciosas y precisas correcciones y por sus valiosas sugerencias. Tengo una deuda más antigua con D. Sebastián Mariner, que me confió esta traducción y a cuyo inolvidable magisterio debe mucho este trabajo. No hay que decir que cuantos errores, defectos y omisiones subsistan en este libro deben achacarse exclusivamente a la impericia de su autor.

_____________________

1 La identificación de este personaje como imperator Antonine según algunos manuscritos, es probablemente un añadido de algún copista, que además pone de manifiesto la confusión que existió entre el epitomador y san Justino, originario de Flavia Neápolis, en Palestina, martirizado alrededor del 165 d. C., que dedicó sus Apologías al emperador Antonino Pío. Jorge de Bustamante escribe al comienzo de su traducción castellana una «Carta nuncupatoria o prefacion del excelente clarissimo historiador Iustino: en la abreviación de Trogo Pompeyo. Dirigida al Emperador Antonio». Ya M. GALDI (cf. L’epitome nella letteratura latina , Nápoles, 1922) pensó que el estilo epistolar del prefacio o, por lo menos, la dedicatoria podría ser un lugar común literario. O. SEEL , por su parte (cf. Die Praefatio des Pompeius Trogus , Erlangen, 1955), reivindica para Trogo la forma epistolar del prefacio así como parte del mismo, lo que resulta un tanto chocante por las alabanzas hacia el propio Trogo en él contenidas.

2 G. FORNI , Valore storico e fonti di Pompeo Trogo. I: Per le guerre greco-persiane, Urbino. 1958, págs. 21-43.

3 L. FERRERO , Struttura e metodo dell’epitome di Giustino, Turín, 1957, pág. 139.

4 Commentarior. lib. in Danielem cum prol., Migne, Patr. Lat. 25, col. 494.

5 , O. SEEL , Pompeius Trogus: Weltgeschichte von den Anfängen bis Augustus im Auszug des Justin. Eingeleitet, übersetzt und erläutert von…, Zúrich-Múnich, Artemis Verlag 1972, pág. 20.

6 L. FRANGA , «À propos de l’épitomé de Justin», Latomus 47 (1988), 868-874. P. L. SCHMIDT , Iustinus, en Der Kleine Pauly, III, 1969, col. 23.

7 Cf. XII 13, 1; XXVIII 2, 1-3; XXXI 5, 9, y XXXVIII 4, 7-10.

8 R. B. STEELE , «Pompeius Trogus and Justinus», Amer. Journ. Philol. 42 (1917), 17-41.

9 Cf. Pref., 4.

10 G. FORNI , M. G. ANGELI BERTINELLI , «Pompeo Trogo come fonte di storia», en Aufstieg und Niedergang der Römischen Welt (ANRW) II 30, 2 (1982) págs. 1301 ss.

11 J. M. ALONSO NÚÑEZ , La Historia Universal de Pompeyo Trogo, Madrid, 1992, pág. 59.

12 Cf. Pref., 3. «…Pompeyo los distribuyó todos ellos por épocas y los ordenó según su sucesión…»

13 Tales como «entretanto», «mientras esto sucede», «mientras», «pasado un tiempo», «después de muchos reyes finalmente…», «por orden de sucesión en el reino…», «entre los muchos sucesos memorables considero…», «después de muchas batallas», «después llevó a cabo grandes empresas» etc. (cf. G. FORNI , «Pompeo Trogo…», pág. 1302).

14 O. SEEL ., Pompeius Trogus: Weltgeschichte…, pág. 11; G. FORNI , «Pompeo Trogo…», pág. 1299.

15 De la comparación con el prólogo correspondiente puede concluirse que Justino ha eliminado las guerras de Ciciceno con los hijos de Gripo, la sucesión de Tolomeo Latiro en Alejandría, la guerra entre los nietos de éste, Tolomeo y Cleopatra, la muerte de Pompeyo Magno, la guerra con César, las relaciones de Cleopatra con Marco Antonio y la derrota de Accio.

16 Compárense las frases Vltimum hoc certamen commilitonum Alexandri fuit (JUSTINO XVII 1,9) y ultimumque certamen commilitonum Alexandri fuit (Prólogo XVII).

17 O. SEEL , Pompeius Trogus: Weltgeschichte…, págs. 20 ss.

18 L. CASTIGLIONI , Studi intorno alle «Storie Filippiche di Giustino », Nápoles, 1925, pág. 29.

19 Cf. XLIV 4, 1; XIX 2, 7; XXXVI 4, 1.

20 Cf. XIII 5, 8; IX 1, 3;

21 Tales como «otras, duras, numerosas, muchas, o grandes guerras», «muchas, favorables, o peligrosas batallas», «muchos desastres», «grandes empresas», «muchas ciudades», «ciudades tomadas, o recuperadas», etc. (cf. G. FORNI , «Pompeo Trogo…», pág. 1308).

22 L. FRANGA , «À propos de…», 869.

23 F. R. D. GOODYEAR , «On the character and text of Justin’s compilation of Trogus», Proc. Afr. Class. Ass. 16 (1982), 1-24. El mismo Justino dice: «…hice, por así decir, un pequeño ramillete de flores…» (esto es, un florilegio) (cf. Pref. 4).

24 L. FRANGA , «À propos de…», 873.

25 J. BECKER , «Die Familie der Pompejer in Gallien (Zu Iustin. XLIII 5 extr.)», Philologus 7 (1852), 389-392.

26 K. NIPPERDEY . Philologus 2 (1847), 305.

27 Cf. CÉSAR , Guerra de las Galias V 36, 1.

28 Cf. Pref., 1.

29 PLINIO , Hist. Nat. XI 52, 274.

30 Cf. XXXVIII 3, 11.

31 Historia Augusta, Aureliano 2, 1 y Probo 2, 7.

32 CARISIO , I 102, 4 y 137, 9.

33 Cf. índices bibliográficos a los libros VII-XVIII y XXXI, si bien en los índices se incluyen obras no consultadas por Plinio. Pero sobre todo, ver las citas de Trogo en este mismo autor, VII 3, 33; X 33, 101; XI 39, 229; 52, 274; XVII 10, 58; XXXI 11, 131.

34 Conjetura de GUTSCHMID a partir de algunas citas de Trogo hechas por Plinio, en las que se habla de plantas (cf. O. SEEL , Fragmenta… págs. 16-17).

35 Prisciano fue un gramático latino de Cesarea, en Mauritania, que vivió entre los siglos V y VI d.C. Escribió un tratado de gramática latina. Institutio de arte grammatica, el más completo que nos ha legado la antigüedad.

36 Se recogen bajo este nombre las notas de algún erudito anterior a Macrobio (s. IV d. C.) que, por obra de otro erudito posterior a san Isidoro (s. VI/VII d. C.), se intercalaron en las de Servio y que fueron publicadas en 1600 por Daniel.

37 Se trata de Servio Honorato, gramático y escoliasta del fines del siglo IV d. C. Escribió varios opúsculos gramaticales y, sobre todo, un comentario sobre Virgilio, Commentarius in Virgilium ad Aeneidem. Jordanes fue un historiador latino, geta de origen, que vivió en el siglo VI d. C. Es autor del De origine actibusque Getarum, compendio de una obra perdida de Casiodoro, que constituye una fuente utilísima.

38 L. SANTI AMANTINI , Giustino, Storie Filippiche. Epitome da Pompeo Trogo, Milán, 1981, pág. 24. Cf. A. KLOTZ , «Pompeius Trogus», en PAULY -WISSOWA . Real Encyclopädie, XXI, 2, 1952, col. 2303.

39 O. SEEL , Pompeius Trogus: Weltgeschichte…, pág. 10.

40 A. MOMIGLIANO , «La valutazione di Filippo il Macedone in Giustino», Rendiconti Reale Istituto Lombardo di Scienze e Lettere, 66, fasc. 11-15 (1933), págs. 983-996. Reimpresión en Quarto contributo alla storia degli studi classici e del mondo antico, Roma, 1969, págs. 231, 236-237.

41 M. SCHANZ , C. HOSIUS , Geschichte der römischen Literatur II, Múnich, 1935, págs. 320-321, 323-324.

42 S. MAZZARINO , Il pensiero storico classico, Roma-Bari, II, 1, 19745 , pág. 485. A. KLOTZ , «Pompeius Trogus». en PAULY WISSOWA , Real Encyclopädie, XXI, 2, 1952, col. 2303. O. SEEL , Pompeius Trogus: Weltgeschichte…

43 O. SEEL , Die Praefatio des Pompeius Trogus, Erlanger Forschungen Reihe A, 3, Erlangen, 1955. págs. 27-31.

44 P. JAL , «À propos des Histoires Philippiques: quelques remarques», Rev. Ét. Lat. 65 (1987), 194-209.

45 Cf. LIVIO IX 18, 6.

46 TH. LIEBMANN -FRANKFORT , «L’histoire des Parthes dans le livre XLI de Trogue Pompée. Essai d’identification de ses sources», Latomus 28 (1969), 912.

47 Cf. XXXVI 1, 3; XXXVIII 9, 10; 10, 5; XXXIX 1, 3; XLI 3, 7, 10; XLII 4, 16.

48 Cf. XLII 5, 10-1; XLIV 5, 8.

49 O. SEEL , Die Praefatio… págs. 20, 58 ss.

50 E. MALASPINA , «Uno storico filobarbaro: Pompeo Trogo», Romanobarbarica I (1976), 135-158.

51 P. JAL , «À propos des Histoires…», 195.

52 M. G. ANGELI BERTINELLI , M. GIACCHERO , Atene e Sparta nella storiografia trogiana, Génova, 1974.

53 Radulfo de Diceto, muerto en 1202, escribió una obra titulada De uiris illustribus quo tempore scripserunt. Mateo de Westminster escribió entre 1310-1327 una obra con el título Flores sententiarum.

54 A. KLOTZ , «Pompeius Trogus», en PAULY -WISSOWA , Real Encyclopädie, 21 (1952), cols. 2301.

55 O. SEEL , Pompeius Trogus: Weltgeschichte von…, págs. 15-16 y 31.

56 P. JAL , «À propos des Histoires…», 194.

57 Cf. XLII 3, 7, donde se cuenta que Talestris buscó la unión con Alejandro. y XLIV 3, 1, donde se dice que en Lusitania las yeguas son fecundadas por el viento.

58 A. VON GUTSCHMID , «Trogus und Timagenes». Rheinisches Museum 46 (1882), 548 ss.

59 A. KLOTZ , «Pompeius Trogus», en PAULY -WISSOWA , Real Encyclopädie, 21 (1952), cols. 2305-2309.

60 G. FORNI , M. G. ANGELÍ BERTINELLI , «Pompeo Trogo…», pág. 1355.

61 XII 6, 17.

62 Cf. XL 2, 3; XLII 3, 4.

63 Cf XIV 190, 1.

64 J. M. ALONSO NÚÑEZ , «An Augustan World…», 70.

65 Cf. II 1-2, donde se habla extensamente de las costumbres de los escitas; XLII 2, 8; son numerosos los pasajes, 39 en total, en que se habla de ese pueblo.

66 Cf. XXIX 2; XXX 3, 2; XXXVII 1, 8; XLI 4, 1-3; XLII 2, 7-8.

67 P. JAL , «À propos des Histoires…», 208.

68 F. DELLA CORTE , «La Storiografia», en Introduzione allo Studio della Cultura Classica, vol. I, Milán, 1972, pág. 363.

69 Cf. XLIII 2, 5.

70 Cf. XXX 4, 16.

71 Cf. XXXIX 5, 3.

72 Cf. XLI 1, 6.

73 Cf. XLIII 1, 8, donde nos cuenta el origen del nombre Fatua, la esposa de Fauno.

74 Cf. I 4, 14; III 4, 7; IV 1, 7; XVII 3, 3; XVIII 3, 4; XLI 1, 2; XLIII 3, 3; 1, 7; 1, 8.

75 Cf. II 6, 9 (Ática); III 2, 1 (Trinacria): VII 1, 1 (Ematia); VII 1, 10 (Edesa Egeas); XV 4, 8 (Antioquía); XVII 1, 2 (Lisimaquia); XVIII 5, 9 (Birsa); XX 5, 9 (retos); XXIII 1, 12 (brutios); XXXII 3, 13 (histros); XXXVI 2, 2 (Damascena); XLII 3. 4 (albanos); XLIII 1, 5 (Saturnia); XLIV 1, 2 (Iberia, Hispania); etc.

76 Cf. dictadura y triunfo: XIX 1, 7; cónsul: XXXI 2, 6; pretor: XXII 2; XXXI 3, 3; ediles: XXI 5, 7; imperator: XXXII 1, 5; prefecto: I 3, 2, 6; V 11, 2; XII 1, 4; 2, 16; XVI 4, 7; XXXII 1, 9; Prólogos VI; X; XII; tribunado y prefecturas: XXX 2, 5; tribuno: XIII 4, 17; XXII 1, 10; XXX 2, 5; centurión: XXII 1, 10; centuriones: XIV 1, 7; gens: V 3, 6; guerra social: Pról. VI: munícipes: II 12, 14; plebe: II 7, 5; V 3, 5; XVI 4, 1; XXII 2, 14; XLIV 4, 13; senado: II 4, 1; 7, 5; 8, 9; V 3, 3, 5; XVI 4, 1; XXII 2, 12; XLIV 4, 13; ordo, clase: II 7, 5; III 3, 1; V 3, 3; XXII 4, 5; optimates: II 4, 1; V 3, 8; XLII 5, 2; Pról. X XIII; populares: XVII 2, 6; XXI 1, 4; XXVI 3, 4; XXXVIII 8, 5; XXXIX 1, 6; XLIII 1, 6; clientela y clientes: VII 4, 8: XVI 5, 13; auspicios: VII 2, 9; VIII 3, 2; seruos manumittere: III 5, 6; XVI 5, 2; manumittendi potestate: XLI 2, 5; captiui sub corona uenduntur: XI 4, 8, etc.

77 Cf. dux classis: V 3, 6; «cuatrocientos»: V 3, 7.

78 Cf. «argiráspides»: XII 7, 5; XIV, 2, 6; 3, 7; Pról. XIV; «epígonos»; XII 4, 11; «fáleras»: XII 7, 5; «cetro»: XLIII 3, 3; mezcla de transcripción y de asimilación: probulorum ordo: XLI 2, 2.

79 Cf, I 8, 13; II 3, 9-11; XVI 5, 5-18; XXI 5, 3-11; XXII 1.

80 SAN AGUSTÍN , La ciudad de Dios IV 6.

81 O. SEEL , Pompeius Trogus: Weltgeschichte…, pág. 14.

82 Christian Schwarz en su traducción alemana de 1835-37 dice: «Cuanto más ampliamente era leido este libro histórico, antes y, especialmente, después de la invención de la imprenta, tanto más se multiplicaban las copias y las ediciones impresas (Frotscher menciona más de 230 de éstas últimas)». Citado por O. SEEL , Pompeius Trogus: Weltgeschichte …, pág. 13.

83 Según cita de C. Schwarz en la Introducción a su traducción (Stuttgart, 1835-37).

84 W. S. TEUFFEL , Geschichte der römischen Literatur ., 4a ed. de Ludwig Schwabe, Leipzig, 1881, pág. 560, donde se dice: «En la Edad Media el resumen de Justino fue muy leido y copiado, sin pertenecer nunca a los libros escolares».

85 R. TATE , Ensayos sobre la Historiografía Peninsular del siglo XV , Madrid, 1970, pág. 173. Las huellas de Pompeyo Trogo-Justino pueden rastrearse más o menos intensamente en la historiografía española ya desde los tiempos de Isidoro, con el famoso elogio de Pompeyo Trogo empleado en las Laudes Hispaniae ; en la Primera Crónica General de Alfonso el Sabio, con la traducción de grandes porciones de Justino; en la Glosa al Regimiento de Príncipes de Egidio Romano , de Juan García de Castrojeriz; en el Mar de Historias de Fernán Pérez de Guzmán; en la Historia Gothica de Rodrigo Jiménez de Rada; en la Crónica de Carlos V de Juan Ginés de Sepúlveda; en el Vergel de Música de Martín de Tapia; en la Compendiosa Historia Hispanico y el Libellus de situ et descriptione Hispaniae et de regibus et regnorum ortu et successu ac de Clarioribus bellis et gestis in ea de Rodrigo Sánchez de Arévalo; en el Paralipomenon de Joan Margarit; en la Muestra de la Historia de las Antigüedades de España de Antonio de Nebrija, que registra en un importante catálogo de 36 autoridades nueve, que según Tate, «eran bastante bien conocidas como fuentes en la España del siglo xv», y entre las que se encuentra Justino en primer lugar; en la Crónica de Aragón de Gonzalo García de Santa María, etc. En el siglo XVI , en Italia, y en el XVII , en el resto de Europa, se produce una reacción general contra las tendencias artísticas del humanismo, también en el campo de la historiografía.

86 F. LUCIDI , «Nota ai Prologi delle Historiae Philippicae di Pompeo Trogo», Riv. Cult. Class. Med. 17 (1975), 187.

87 F. LUCIDI , «Nota ai Prologi delle…», 180.

88 A. BIELOWSKI , Pompei Trogi fragmenta, Lwow, 1853.

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90 O. SEEL , Pompei Trogi fragmenta, Leipzig, 1956 (cf. Introducción).

91 A. VON GUTSCHMID , «Über die Fragmente des Pompeius… 177-282. H. CROHN , De Trogi Pompei apud antiquos auctoritate, Estrasburgo, 1882 (Diss. Argent. VII 1). G. GUNDERMANN , Iuli Frontini Strategematon libri quattuor , Leipzig, 1888. E. ASSMANN , Luci Ampelii liber memorialis, Leipzig, 1935 y Philologus 94 (1941). A. KLOTZ , «Studien zu Valerius Maximus und den Exempla», Sitzungsber. der Bayer. Ak., Philos.-hist. Abt., 1942, 5.

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93 M. MENÉNDEZ Y PELAYO , Bibliografía hispano-latina clásica, Santander, 1951, pág. 23.

94 O. SEEL , M. Iuniani Iustini. Epitoma Historiarum Philippicarum Pompei Trogi, Stuttgart, 1972; Pompei Trogi fragmenta, Leipzig, 1956.

95 Citado por V. GARCÍA YEBRA , Teoría y práctica de la traducción, Madrid, Gredos. 1982, pág. 41.

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MARCO JUNIANO JUSTINO

PREFACIO

Puesto que muchos entre los romanos, ostentando incluso la dignidad consular 1 , habían redactado la historia romana en griego y por tanto en lengua extranjera, Trogo Pompeyo, hombre de rancia elocuencia, seducido, bien por el deseo de igualar su gloria, bien por la novedad y variedad de la obra, escribió en latín la historia de Grecia y de todo el orbe, para que las empresas de los griegos pudieran leerse también en nuestra lengua, ya que las nuestras podían leerse en griego, acometiendo en verdad una empresa que exigía gran capacidad intelectual y física. Y, puesto que a la mayoría de los autores que escriben la historia [2] de los distintos reyes o pueblos les parece que su obra exige un arduo esfuerzo, ¿no debe parecernos Pompeyo de una audacia propia de Hércules 2 cuando abarca el globo de la tierra, incluyendo en sus libros las vicisitudes de todos los tiempos, reyes, [3] naciones y pueblos? Y aquellos hechos que los historiadores griegos recogieron por separado, según el relato era del agrado de cada uno, después de pasar por alto los que no eran de provecho, Pompeyo Trogo los trató todos ellos disponiéndolos [4] por épocas y los ordenó encadenadamente. En los momentos de ocio que disfrutábamos en la ciudad, seleccioné los hechos más dignos de conocimiento de estos cuarenta y cuatro libros (pues publicó otros tantos) y, después de desechar aquellos que ni era grato conocer ni eran necesarios como ejemplo, hice, por así decir, un pequeño florilegio, para que quienes los habían conocido en griego tuvieran con qué recordarlos y quienes [5] no los habían conocido con qué aprenderlos. Te lo he enviado no tanto para que lo conozcas cuanto para que lo corrijas, al tiempo que también tengas ante tu vista una justificación de mi ocio 3 , del que también, según Catón, hay que presentar un resultado. [6] Pues por el momento me basta tu juicio, ya que entre las generaciones futuras tendré el reconocimiento de mi labor, una vez haya cedido la envidiosa maledicencia.

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1 Se llamaba consulares uiri a los excónsules. Se refiere aquí Justino a Quinto Fabio Píctor, senador al principio de la segunda guerra púnica (218-202 a. C.); Lucio Cincio Alimento (pretor en 210 a. C., escritor de anales entre 190-180 a. C.); Aulo Postumio Albino (cónsul en 151 a. C.); Gayo Acilio (senador alrededor del 150 a. C.) y Publio Cornelio Escipión Africano (hijo del vencedor de Zama).

2 Hércules, hijo de Zeus y Alcmena, sostuvo el mundo sobre sus hombros en uno de los doce «trabajos» que, por voluntad de su padre, le impuso el rey de Micenas, Euristeo, para que expiara el asesinato de los hijos que había tenido de Mégara.

3 Cicerón entendía el otium, «ocio», como el tiempo no consagrado a la actividad política; toda otra actividad se considera ocio y no se justifica nada más que si sirve a la comunidad. Para Salustio es también el tiempo no consagrado a la política; es un camino elegido libremente que mantiene lazos con la cosa pública. Séneca, por el contrario, entendía el «ocio» como el tiempo dedicado a la filosofía, actividad que, para él, está por encima de la política. La referencia a Marco Porcio Catón (censor en 184 a. C.), autor de la primera historia romana en latín (Origines), está recogida en CIC . Planc. 66: (Cato) in principio scripsit Originum suarum… clarorum uirorum atque magnorum non minus otii quam negotii rationem exstare oportere: «Catón, al principio de sus Orígenes escribe… que los hombres ilustres y grandes deben rendir cuentas no menos de su tiempo libre que de sus tareas públicas».

LIBRO I
SINOPSIS

El imperio asirio desde Nino a Semíramis (1). Engrandecimiento de los asirios bajo la reina Semíramis, que es matada por su hijo Ninias. Reinado de Ninias (2). Reinado de Sardanápalo y comienzos del reinado de Arbacto [Árbaces], prefecto de los medos, con lo que el imperio pasó de los asirios a los medos (3). Reinado de Astíages, que casa a su hija con el persa Cambises. Astíages pretende deshacerse de su nieto por medio de Hárpago, pero éste lo entrega a un pastor del rey (4). Ciro llega a conocer los intentos asesinos de su abuelo (5), y se levanta contra él, con lo que el imperio pasa de los medos a los persas (6). Las ciudades tributarias de Persia se rebelan, pero Ciro somete a los babilonios y derrota a Creso, rey de los lidios (7). Ciro lleva la guerra contra los escitas, pero es vencido por ellos y muerto (8). Reinado de Cambises, que se anexiona Egipto. A su muerte, su hermano Mergis [Bardiya], que debía sucederle, es matado por el mago Cometes, que coloca en el trono a su hermano Oropasta. Los nobles conspiran contra los magos y matan a Oropasta (9). Darío recibe el reino de Persia y casa con la hija de Ciro. Los asirios se sublevan contra Persia, pero son sometidos. Darío dirige la guerra contra los escitas (10) .

[1 ] En los comienzos de la historia, el poder sobre los pueblos y las naciones estaba en manos de los reyes, a quienes elevaba a la cima de este honor no su solicitación del favor popular, [2] sino su moderación, conocida entre los hombres de bien. El pueblo no era gobernado por ninguna ley y el lugar de ésta lo [3] ocupaba la voluntad de los nobles. Era costumbre defender las fronteras de la soberanía más que ampliarlas. El poder de cada [4] rey tenía sus límites dentro de su propia patria. Fue Nino 4 , rey de los asirios, el primero que cambió esa antigua y casi ancestral costumbre de los pueblos por una desconocida ambición [5] de poder. Fue el primero que hizo la guerra a sus vecinos y que sometió a los pueblos, todavía inexpertos en la resistencia, [6] hasta las fronteras de Libia 5 . Hubo sin duda otros anteriores en el tiempo, el egipcio Vezosis 6 y Tánao 7 , rey de Escitia 8 , de los que uno llegó hasta el Ponto 9 y el otro hasta Egipto. Pero [7] hacían guerras no en territorios fronterizos, sino en países lejanos, y no buscaban poder para sí, sino gloria para sus pueblos y, satisfechos con la victoria, renunciaban a su dominio. Nino consolidó con una posesión duradera la grandeza del poder conquistado. Así pues, dominadas las naciones vecinas, pasaba [8] a otras fortalecido por el aumento de sus fuerzas, y la última victoria era siempre el medio para la siguiente, sometiendo a todos los pueblos del Oriente. La última guerra la sostuvo [9] con el rey de los bactrianos, Zoroastres 10 , que fue el primero, se dice, en descubrir las artes mágicas y examinar con la mayor atención el origen del mundo y el movimiento de las estrellas. Tras haber dado muerte a éste, murió el propio Nino, [10] dejando un hijo todavía impúber, Ninias, y a su esposa Samíramis 11 .

Ésta, no atreviéndose a entregar el poder al muchacho, demasiado [2 ] joven, ni a ejercerlo ella abiertamente, pues tantos y tan grandes pueblos, los cuales apenas habían obedecido con resignación a su esposo Nino, menos aún obedecerían a una mujer, finge que es el hijo de Nino en vez de su esposa, un muchacho en vez de una mujer. Pues la estatura de ambos era mediana, [2] su voz igualmente delicada y parecida la naturaleza de [3] las facciones en madre e hijo. Entonces cubre sus brazos y sus piernas con prendas ceñidas y su cabeza con una tiara 12 . Y para que no pareciera que con su nueva indumentaria ocultaba algo, manda que el pueblo se vista de esta misma forma, costumbre [4] que desde entonces todo el mundo tiene. Así se creyó desde el principio, al ocultar su sexo, que era un muchacho. [5] Después llevó a cabo grandes empresas y, cuando considera que la fama de éstas ha vencido a la envidia, confiesa quién es [6] y por quién se había hecho pasar. Y esto no la privó de su dignidad real, sino que aumentó la admiración hacia ella, puesto que, siendo mujer, no sólo había superado en valor a las mujeres, [7] sino también a los hombres. Fundó Babilonia 13 y rodeó la ciudad con una muralla de ladrillos, unidos, en vez de arena, con betún, material que se encuentra en aquellos lugares por [8] todas partes procedente de la tierra recalentada. Otras muchas fueron las empresas famosas de esta reina, puesto que, no contenta con defender las fronteras del reino conseguido por su [9] marido, añadió también Etiopía a su dominio. Pero además llevó la guerra a los indios, en cuyos territorios nadie entró, [10] salvo ella y Alejandro Magno. Finalmente, cuando pretendía compartir lecho con su hijo, fue matada por éste, tras haber reinado [11] durante treinta y dos años después de Nino 14 . Su hijo Ninias 15 , contentándose con el imperio conseguido por sus padres, abandonó esta pasión por la guerra y, como si hubiese cambiado el sexo con su madre, rara vez se dejó ver por hombres, muriendo de viejo en medio de un grupo de mujeres. También sus descendientes, siguiendo este ejemplo, daban sus [12] órdenes a los pueblos a través de intermediarios. Los asirios, [13] que después fueron llamados sirios, conservaron el imperio mil trescientos años.

Finalmente entre ellos reinó Sardanápalo 16 , hombre más [3 ] corrupto que una mujer. Arbacto 17 , prefecto suyo puesto al [2] frente de los medos, después de haber conseguido a duras penas con gran empeño ser admitido a su presencia (cosa que a nadie antes había sido permitida), lo encontró en medio de un rebaño de rameras, mientras hilaba púrpura con la rueca y mientras vestido de mujer, aventajando a todas las mujeres por la molicie de su cuerpo y por la lascivia de sus ojos, repartía entre las doncellas la lana para hilar. Cuando vio esto, indignándose [3] de que tantos hombres estuvieran sujetos a semejante mujerzuela y de que quienes tenían espadas y armas obedecieran a quien tejía la lana, se dirige a sus compañeros y les refiere lo que ha visto; dice que no puede obedecer a uno que prefiere [4] ser mujer a ser hombre. Por tanto se produce una conjura y se declara la guerra a Sardanápalo. Éste, al enterarse, no se dispuso a defender su reino como un hombre, sino que primero, como suelen hacer las mujeres por miedo a la muerte, busca a su alrededor un escondite y después marcha a la guerra [5] con un puñado de hombres en desorden. Vencido, se refugió en palacio, en donde levantó una pira y, después de prenderle fuego, con sus riquezas se arroja a las llamas, imitando a un [6] hombre en esto sólo. Tras él fue designado rey el autor de su muerte, Arbacto, que había sido prefecto de los medos. Éste transfiere el poder de los asirios a los medos.

[4 ] Tras muchos reyes después de él, por orden de sucesión el [2] reino llega a manos de Astíages 18 . Éste vio en sueños que de los órganos genitales de su hija, la única que tenía, había nacido una vid, bajo cuyos pámpanos se cubría de sombra toda [3] Asia. Consultados los adivinos, respondieron que de esta hija tendría un nieto, cuya grandeza se vaticinaba, y que para él se [4] presagiaba la pérdida del reino. Aterrado por esta respuesta, no casó a su hija ni con un hombre ilustre ni con un conciudadano, no fuera que la nobleza de su padre y de su madre despertara la ambición de su nieto, sino con un hombre modesto, [5] Cambises 19 , de los persas, pueblo entonces desconocido. Y no viéndose libre, ni siquiera así, del temor que le había inspirado el sueño, llamó a su lado a su hija cuando estaba embarazada, para que ante todo el fruto de su parto fuera asesinado a [6] la vista del abuelo. El recién nacido es entregado a Hárpago 20 , que compartía los secretos del rey, para que lo mate. Éste, temiendo que la hija, si el poder pasaba a ella a la muerte [7] del rey, dado que Astíages no había engendrado ningún descendiente varón, tomara venganza de su ministro por la muerte de su hijo, ya que no podía tomarla de su padre, entrega el niño a un pastor del rebaño del rey para que lo expusiera. Por casualidad, justo al mismo tiempo también le había nacido [8] un hijo al pastor. Por tanto su esposa, tras conocer el [9] abandono de la regia criatura, suplica insistentemente que le lleve al niño y se lo muestre. El pastor, cansado de sus ruegos, [10] vuelve al bosque y encuentra junto al recién nacido una perra que ofrecía sus ubres al pequeño y lo defendía de las fieras y de las aves de rapiña 21 . Movido también él por la compasión [11] por la que había visto que se había movido incluso la perra, se lleva al niño a los establos, mientras la misma perra le sigue de cerca agitándose. Tan pronto como la mujer lo acogió en [12] sus brazos, el niño jugueteó como si la conociera y en él apareció tan gran vivacidad y una tan dulce sonrisa de criatura zalamera, que la esposa del pastor pidió incluso que expusiera a su propio hijo en lugar de aquél y le permitiera criar al niño para su propia fortuna o bien para esperanza de ellos dos. Y [13] cambiada así la suerte de los niños, el uno es criado como hijo del pastor y el otro es abandonado como nieto del rey. A la [14] nodriza se le dio después el nombre de Espargo, porque los persas llaman así al perro 22 .

[5 ] Luego, el muchacho recibió el nombre de Ciro 23 , pues se [2] comportaba con autoridad entre los pastores. Al poco tiempo, elegido a suerte rey entre los niños cuando jugaban, como hubiera azotado a los renuentes por su travesura, los padres de éstos presentaron su queja ante el rey, indignándose de que un siervo del rey hubiera azotado como siervos a hombres libres. [3] Éste, después de llamar a su presencia al muchacho e interrogarlo, al contestarle sin alterar su rostro que había obrado como rey, admirando su firmeza, recuerda el sueño y la respuesta [4] de los adivinos. Siendo así que además coincidían la semejanza de su rostro, el tiempo de su abandono y la confesión [5] del pastor, reconoció a su nieto. Y puesto que el sueño le parecía cumplido al ejercitar éste el poder real entre los pastores, se [6] limitó a ablandar en él su espíritu hostil. Mas, resentido con su amigo Hárpago, en venganza por haber salvado a su nieto, mató a su hijo y lo ofreció al padre para que se lo comiera 24 . [7] Pero Hárpago, disimulando su dolor por el momento, aplazó su [8] odio al rey para la ocasión de la venganza. Después de algún tiempo, cuando Ciro había crecido, Hárpago, aconsejado por el dolor de la pérdida, le escribió diciendo cómo fue apartado por su abuelo a los persas, cómo el abuelo ordenó matar al pequeño, cómo se salvó gracias a él, cómo ofendió con ello al rey y [9] cómo perdió a su hijo. Le exhorta a preparar un ejército y emprender el camino, que sería fácil, hacia el trono, prometiéndole [10] que los medos se pasarían a él. Puesto que la carta no podía ser llevada abiertamente ya que los guardianes del rey bloqueaban todas las entradas, la mete en una liebre, después de destriparla, y se la confía a un siervo leal para que la llevara a Persia, a Ciro; se le dieron además redes, para que, bajo la apariencia de cazador, el engaño quedara oculto.

Ciro, después de leer la carta, recibió en un sueño el mandato [6 ] de intentar esto mismo, mas se le advirtió que tomara como compañero de su empresa a quien primero se encontrara al día siguiente. Así que al alba, cuando tomaba el camino del [2] campo, se encontró con un siervo llamado Sibares, que procedía del ergástulo 25 de un medo. Después de preguntarle por su [3] origen, tan pronto como oyó que había nacido en Persia, quitándole las cadenas y tomándolo como compañero, regresa a Persépolis 26 . Allí, convocando al pueblo, ordena que todos se [4] presenten con hachas y corten los árboles que bordeaban el camino. Habiendo cumplido la orden con diligencia, al día siguiente [5] los invita a un festín que había preparado; después, [6] cuando vio que se habían puesto bastante alegres por el convite, les pregunta qué tipo de vida elegirían, si se les diera la oportunidad, la del trabajo de la víspera o la del presente banquete. Cuando todos gritaron ‘la del presente banquete’, les dijo que pasarían toda su vida trabajando como la víspera mientras siguieran sometidos a los medos, en banquetes diarios si lo seguían a él. Contentos todos, lleva la guerra a los medos. [7] Astíages, olvidándose del delito que había cometido con Hárpago, [8] le confía la dirección de la guerra. Éste, rindiéndose inmediatamente, [9] entregó a Ciro el ejército que había recibido y venga la crueldad del rey con la deslealtad de su traición. Cuando Astíages se enteró de esto, reclutando tropas auxiliares [10] de todas partes, marcha en persona contra los persas y, reanudando la lucha con más fuerza, pone detrás de los suyos, mientras [11] combatían, una parte del ejército, ordenándole lanzar con las armas contra el enemigo a quienes se dieran la vuelta y advierte a los suyos que si no vencían, encontrarían detrás unos hombres no menos fuertes que por delante; que por tanto vean [12] si deben romper esta línea huyendo o aquélla luchando. Ante [13] la necesidad de luchar, un gran coraje animó a su ejército. Y cuando las líneas persas, al ser rechazadas, empezaban a ceder, las madres y las esposas corren a su encuentro y les piden que [14] vuelvan a la lucha; cuando vacilaban, ellas se levantan el vestido y les muestran las partes obscenas de su cuerpo, preguntándoles si querían refugiarse en el seno de sus madres y de sus [15] esposas. Frenados por este reproche, vuelven a la lucha y, atacando, [16] obligan a huir a aquellos de quienes ellos huían. En aquella batalla 27 es hecho prisionero Astíages, a quien Ciro nada quitó, salvo su reino, y se portó con él más como un nieto que como un vencedor y le confió el gobierno del mayor pueblo de los hircanos 28 . De hecho, el mismo Astíages no quiso [17] volver a Media. Y este fue el final del imperio de los medos. Reinaron trescientos cincuenta años 29 .

[7 ] Al principio de su reinado, Ciro colocó al frente de los persas a Sibares, compañero de sus comienzos, a quien, conforme a la visión tenida durante la noche, había librado del ergástulo y había tenido como camarada en todas sus acciones, y le dio [2] en matrimonio a su hermana. Pero los pueblos que habían sido tributarios de los medos, pensando que al cambiar el dominio también había cambiado su condición, se rebelaron contra Ciro, lo que fue para él origen y causa de numerosas guerras. Sometidos después la mayor parte de ellos, cuando hacía la [3] guerra contra los babilonios, Creso 30 , rey de los lidios 31 , cuya riqueza y poder eran entonces famosos, fue en ayuda de los babilonios; y, vencido e inquieto por su persona, se refugió pronto en su reino. Ciro, además de poner orden en el gobierno de [4] Babilonia, tras su victoria traslada la guerra a Lidia. Allí derrotó [5] sin ningún esfuerzo al ejército de Creso, abatido ya por la suerte de la anterior batalla; el propio Creso es hecho prisionero. Pero cuanto menor es el peligro en la guerra, tanto más benévola [6] es la victoria: a Creso se le concedió la vida, parte de su [7] patrimonio y la ciudad de Béroe, en la que llevara si no una vida de rey, sí lo más parecida a la majestad real 32 . Esta clemencia [8] fue provechosa no menos al vencedor que al vencido, puesto que de toda Grecia, al conocerse la guerra que se había [9] hecho contra Creso, llegaban refuerzos como para sofocar un incendio común: ¡Tan grande era el amor a Creso en todas las [10] ciudades! Y si Ciro hubiera adoptado contra Creso una resolución más cruel, habría debido soportar una dura guerra de parte [11] de Grecia. Después de algún tiempo, mientras Ciro estaba [12] ocupado en otras guerras 33 , se sublevaron los lidios; después de haber sido vencidos por segunda vez, se les quitaron armas y caballos y se les ordenó dedicarse a taberneros y a los espectáculos [13] y al lenocinio. Y así un pueblo en otro tiempo poderoso por su laboriosidad y esforzado en la lucha, afeminándose a causa de la molicie y del desenfreno, perdió su antiguo valor y, a quienes antes de Ciro las guerras revelaron como invencibles, habiéndose entregado a los excesos, los vencieron el ocio [14] y la desidia. Antes de Creso los lidios tuvieron muchos reyes memorables por diversas vicisitudes, mas ninguno con una [15] suerte comparable a la de Candaules. Éste, locamente enamorado de su esposa por su belleza, solía elogiarla delante de todos, no contento con el secreto conocimiento de sus placeres si además no publicaba las cosas que deben callarse del matrimonio, [16-17] justamente como si el silencio ultrajara su belleza. Finalmente, para dar testimonio de su afirmación, la mostró desnuda [18] a su camarada Giges. Con esto, por una parte convirtió a un amigo en enemigo, al haberlo atraído al adulterio con su esposa, y por otra parte se enajenó a ésta, por haber, por así decir, [19] entregado su amor a otro. En efecto, pronto el asesinato de Candaules fue el regalo de su boda y la esposa, llevando como dote la sangre de su marido, se entregó a sí misma al adúltero a la vez que el reino de su esposo.

[8 ] Ciro, sometida Asia 34 y reducido a su poder todo el Oriente, [2] dirige la guerra contra los escitas. En aquel tiempo Támiris 35 era reina de los escitas; ésta, no temiendo la llegada de los enemigos como una mujer, aun cuando podía impedirles el paso del río Araxes 36 , les permitió pasarlo, convencida de que, por una parte, para ella la lucha sería más fácil dentro de sus fronteras, y por otra, para los enemigos la huida sería más difícil por el obstáculo del río. Y así Ciro, habiendo ordenado pasar [3] las tropas al otro lado, tras avanzar un poco dentro de Escitia, instaló su campamento. Después, al día siguiente, fingió [4] miedo y, como si hubiese huido abandonando el campamento, dejó gran cantidad de vino y otras cosas necesarias para los banquetes. Cuando esto se anunció a la reina, envía a su [5] hijo 37 , muy joven, a perseguirlo con un tercio de sus tropas. Después de llegar al campamento de Ciro, el joven, desconocedor [6] de las tácticas militares, como si hubiese llegado a un festín y no a una batalla, olvidándose de sus enemigos, permite que los bárbaros, no acostumbrados al vino, se emborrachen y [7] los escitas son vencidos por su embriaguez antes que por la guerra. Pues Ciro, conocida la noticia, volviendo por la noche, [8] aplasta a los escitas borrachos, y los mata a todos, incluido el hijo de la reina. Aun habiendo perdido tan gran ejército y, lo [9] que fue más doloroso, a su único hijo, Támiris no descargó en sus lágrimas el dolor de la pérdida, sino que lo dirigió al consuelo de la venganza y con una emboscada parecida sorprendió a los enemigos, exultantes por la reciente victoria; puesto que, [10] fingiendo inseguridad por la derrota sufrida, se retiró y atrajo a Ciro hasta un desfiladero; allí, después de preparar una emboscada [11] en las montañas, mató a doscientos mil persas junto con [12] su rey. En esta victoria fue también memorable que no sobrevivió [13] ni siquiera un mensajero de tan gran desastre. Después de cortarle la cabeza a Ciro, la reina manda meterla en un odre lleno de sangre humana con este reproche a su crueldad: ‘sáciate. decía, de la sangre que ansiaste y de la que siempre fuiste [14] insaciable’. Ciro reinó treinta años, extraordinariamente distinguido no sólo por el comienzo de su reino, sino también por el continuo éxito de toda su vida.

[9 ] Le sucedió su hijo Cambises 38 , que añadió Egipto al imperio [2] de su padre, pero irritado con las supersticiones de los egipcios, manda destruir los templos de Apis 39 y de las demás divinidades. [3] También envía a tomar el famosísimo templo de Hamón 40 a un ejército que pereció abatido por el mal tiempo y [4] las dunas de arena. Después de esto vio en sueños que su hermano [5] Mergis reinaría 41 . Aterrado por este sueño, no dudó en [6] cometer incluso un parricidio además de los sacrilegios. Pues era difícil que perdonara a los suyos quien con menosprecio de [7] la religión había ido contra los dioses. Para este cometido tan cruel escogió de entre sus amigos a un mago, llamado Cometes 42 . [8] Entretanto él mismo, herido gravemente en el muslo al salirse la espada ella sola de su vaina, murió y pagó sus penas, ya por el parricidio que había ordenado, ya por el sacrilegio que había cometido 43 . Recibida la noticia, el mago apresura su [9] crimen adelantándose al rumor de la muerte del rey, y, matando a Mergis, a quien correspondía el reino, puso en su lugar a su propio hermano Oropasta 44 . Eran, en electo, muy parecidos [10] en las facciones de su rostro y en su cuerpo y, no sospechando nadie que había engaño, Oropasta es proclamado rey como si fuera Mergis. Este hecho permaneció más fácilmente en secreto, [11] porque entre los persas la persona del rey se oculta por respeto a su majestad. Así pues los magos, para ganarse el favor [12] del pueblo, conceden exención de tributos y dispensa del servicio militar por tres años, tratando de consolidar con la concesión [13] de esta gracia el reino que habían conseguido con el fraude. El primero que tuvo sospechas de esto fue Hostanes 45 , [14] hombre ilustre y muy sagaz en sus conjeturas. Por esto, sirviéndose [15] de unos intermediarios, pregunta a su hija, que era una de las concubinas del rey, si éste era hijo de Ciro. Ella responde [16] que no lo sabe y que no puede averiguarlo por ninguna otra, ya que estaban recluidas una a una por separado. Entonces [17] le manda que le toque la cabeza mientras duerme, pues Cambises había mandado cortar las orejas al mago. Después, [18] enterado por su hija de que el rey no tenía orejas, descubre la verdad a los nobles persas y, tras haberlos empujado a matar al falso rey, los obliga con el compromiso sagrado del juramento [19] Sólo fueron siete los cómplices de esta conjura y enseguida, para que ninguno contara el plan al tener tiempo de arrepentirse, se encaminan a palacio con la espada escondida bajo el [20] vestido. Allí, después de matar a quienes les habían salido al encuentro, llegan ante los magos, a los que tampoco faltó coraje [21] para defenderse, puesto que, desenvainando la espada, matan [22] a dos conjurados. Sin embargo son reducidos por éstos, que eran más; Gobrias 46 , que tenía abrazado por la cintura a uno de los dos, ante el temor de sus compañeros a matarlo a él en lugar del mago, dado que los hechos sucedían en un lugar oscuro, mandó que dirigieran la espada contra el mago, incluso [23] a través de su cuerpo. Sin embargo, por los designios de la fortuna, el mago es matado quedando él sano y salvo.

[10 ] Después de la muerte de los magos la gloria de los nobles por haber recuperado el reino fue sin duda grande, pero fue mucho mayor porque pudieron llegar a un acuerdo cuando discutían [2] por la realeza. Eran, en efecto, tan iguales en valor y nobleza, que la igualdad hacía difícil al pueblo la elección entre [3] ellos. Por consiguiente, encontraron ellos mismos una vía para [4] confiar el juicio sobre su persona a la religión y a la fortuna, y pactaron entre sí que un día determinado, al amanecer, todos llevarían sus caballos ante palacio y que sería rey aquél cuyo caballo durante la salida del sol hubiese dado el primer relincho. [5] Pues creen los persas que el sol es el único dios y precisamente [6] a este dios consideran consagrados los caballos 47 . También estaba entre los conjurados Darío, hijo de Histaspes, a quien el guarda de su caballo, al verlo inquieto por la realeza, dijo que si era aquello lo que detenía su victoria, no quedaba ningún obstáculo. Después, la víspera del día fijado, por la noche, [7] lleva el caballo al mismo lugar y allí lo aparea con una yegua, persuadido de que, por el placer del instinto, sucedería lo que realmente pasó. Y así al día siguiente, habiéndose reunido [8] todos a la hora establecida, el caballo de Darío, reconociendo el lugar, al instante dejó escapar un relincho por el deseo de la hembra y, mientras los otros permanecían quietos, fue el primero en dar el auspicio afortunado para su dueño. Tan grande [9] fue la moderación de los demás que, al oír el auspicio, enseguida desmontaron de los caballos y saludaron a Darío como rey 48 . También el pueblo todo, siguiendo el parecer de los nobles, [10] lo designó igualmente rey. De este modo, el reino de los [11] persas, reconquistado por el valor de siete hombres nobilísimos, se confió a uno solo por una circunstancia tan frívola. Es [12] de todo punto increíble que ellos hubieran obrado con tan gran resignación en aquello por lo que no rechazaron morir para quitárselo a los magos. Con todo, Darío, además de su belleza [13] y valor, digno de este poder, tenía también un lazo de parentesco con antiguos reyes. Al principio de su reinado, pues, tomó [14] en matrimonio a la hija de Ciro, para consolidar su reino con un matrimonio real, de manera que pareciese que este poder no tanto había pasado a un extraño como que había vuelto a la familia de Ciro. Después de algún tiempo, como los asirios se [15] hubieran sublevado y apoderado de Babilonia y fuera difícil tomar la ciudad, mientras el rey estaba en un duro aprieto, Zópiro 49 , uno de los que habían matado a los magos, se hace azotar todo el cuerpo en su propia casa, ordena que se le hagan cortes en la nariz, orejas y labios, y de este modo se presenta [16] inesperadamente al rey. Ante el asombro y las preguntas de Darío sobre las causas y el autor de tan horribles heridas, en secreto le manifiesta con qué propósito lo ha hecho y, habiendo elaborado un plan para el futuro, se dirige a Babilonia declarándose [17] desertor. Allí muestra al pueblo su cuerpo torturado, se queja de la crueldad del rey, que lo había vencido en su pretensión al reino no por su valor sino por los auspicios, no por el juicio de los hombres, sino por el relincho de un caballo; [18] les recomienda que tomen de los amigos ejemplo sobre qué [19] deben evitar los enemigos; les exhorta a que confíen no más en las murallas que en las armas, y a que permitan que él, siendo [20] su ira más reciente, dirija una guerra común. Era conocida de todos la nobleza del varón al igual que su valor y no desconfiaban de su palabra, de la que tenían como garantía las heridas [21] de su cuerpo, señales del injusto castigo. Por tanto con la aprobación de todos es designado jefe y, después de recibir un pequeño ejército, hace la guerra con éxito dos veces, puesto que [22] los persas, según lo acordado, se retiraban. Y finalmente entrega a Darío todo el ejército, que se le había confiado, y somete [23] igualmente la ciudad a su poder. Después de esto Darío lleva la guerra contra los escitas, lo que se relata en el libro siguiente.

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4 Según otra tradición, que a través de Varrón llega a SAN AGUSTÍN (La ciudad de Dios XVIII 2), antes de Nino reinó su padre Belo, asimilado después a Cronos. OROSIO (VII 2, 13), sitúa a Nino poco antes del nacimiento de Abraham. La figura de Nino, que no existe en las fuentes orientales, probablemente fue inventada como epónimo de la ciudad de Nínive, capital de Asiria, en la orilla izquierda del Tigris, en Iraq. Los asirios, que habitaban al nordeste del Tigris (hoy norte de Iraq) y cuya historia se extiende del 2500 al 612 a. C., comenzaron su expansión en el siglo XIII a. C.

5 Región del África septentrional, entre el Mediterráneo, al norte, el Gébel tripolitano, al noroeste, el Gébel cirenaico, al nordeste, y el macizo de Tibesti al sur.

6 Vezosis es deformación de Sesosis (griego Sésōstris), forma latina por Sesostris. Este nombre fue llevado por tres faraones de la dinastía XII (entre 1971 y 1839 a. C.). Los nombres propios relativos a la historia oriental adoptan a menudo una forma insólita, debido a la doble transcripción de los mismos, primero al griego de las fuentes de Trogo, y luego al latín.

7 Del rey Tánao, conocido sólo por esta cita y por fuentes tardías, derivaría el nombre del río Tanais (actual Don, cf. n. 411).

8 Según HERÓDOTO (IV 19), la Escitia ocupaba la zona entre el Danubio y el Don. En la tradición clásica, la Escitia se extiende al norte del mar Negro.

9 Propiamente el mar Negro (Ponto Euxino de los griegos) y, por metonimia, el territorio en torno al mismo, ya sea sobre la costa del Asia Menor, entre Bitinia y Armenia, ya sea sobre la costa ucrania que da al mar Negro y al mar de Azov, territorio éste ocupado por los escitas.

10 Se trata, según otras fuentes, de Oxiartes o Exaortes. La referencia a los estudios mágicos y astronómicos podría llevarnos a identificarlo con el legendario legislador religioso iranio Zoroastro o Zaratustra (700-630 o 600 a. C.). Los bactrianos (cf. II 1, 3 y 3, 6) habitaban una región del antiguo Irán, Bactriana o Bactria (hoy Turquestán afgano), comprendida entre Paropamiso (hoy Hindukush) y el río Oxos (hoy Amu-Daria).

11 Samíramis o Semíramis, según una tradición, fue reina de Asiria y de Babilonia. Era hija de un mortal y de la diosa semítica Derceto, también llamada Atargatis, semejante a la fenicia Astarté-Afrodita.

12 Llamada kídaris por los persas, era un sombrero en forma de cono de tejido y piel, que entre los pueblos orientales simbolizaba la soberanía.

13 Babilonia, llamada también Babel («Puerta o Torre de Dios»), estaba situada a orillas del Eufrates. Llegó a ser capital de un gran imperio con Hammurabi (1953-1913? a. C.). En torno al 689 a. C. fue destruida por el asirio Sennaquerib y reconstruida por su hijo Asaradón (680-669 a. C.).

14 Según la versión de DIODORO (II 20, 1-2), Semíramis desapareció de forma misteriosa, después de haber dejado el reino a su hijo Ninias, que había intentado conspirar contra ella. Según el mito, transformada en paloma, fue venerada como diosa. Su reino habría durado 42 años y no 32.

15 La figura legendaria de Ninias debe corresponder a la histórica de Adad-nirari III (805-782 a. C.).

16 Justino omite la serie de reyes que median entre Ninias y Sardanápalo. Este último es el nombre griego del histórico Asurbanipal (668-629? a. C.), hijo y sucesor de Asaradón. Con su muerte empieza el declive del imperio asirio, coincidiendo con el desarrollo del poder de los medos y la amenaza de los escitas al norte.

17 Se trata de Árbaces (cf. Prólogo), gobernador de Media, región al noroeste de Irán, entre Armenia, Mesopotamia, el mar Caspio, Persia y la Susiana. Estuvo sometida a los asirios hasta finales del s. IX a. C., en que Deyoces constituyó su propio estado con capital en Ecbatana. A Árbaces le sucedió su hijo Fraortes (674/646-653/625 a. C.); éste se rebeló contra los asirios, bajo cuyo dominio se encontraba Media desde antes de Árbaces, y fue muerto por ellos. Después reinó Ciáxares (625-585 a. C.) y después Astíages (584-550 a.

18 Astíages, hijo de Ciáxares, fue el último rey de los medos.

19 Según las inscripciones, Cambises, hijo de Ciro I, fue rey de Anzán, antigua ciudad del Elam, al este del Tigris (600-559 a. C.). Fue vasallo de los medos Ciáxares y Astíages y casó con la hija de este último, Mandana, y de esta unión nació Ciro el Grande.

20 Hárpago era pariente de Astíages. Después de su alianza con Ciro, recibiría el gobierno de Lidia.

21 La exposición de niños con destino destacado (Moisés, Edipo, Rómulo) es una constante en muchas leyendas, en las que aparece, a veces, como rasgo común el amamantamiento de los mismos por parte de animales; recordemos a Rómulo y Remo (cf. XLIII 2, 5) y a Habis (cf. XLIV 4, 3).

22 Según HERÓDOTO (I 110), la mujer se llamaba Kynṓ (en griego) y Spakṓ (en la lengua de los medos). Éstos llamaban a la perra Spaka. También dice que el hijo de Espargo y del pastor, llamado Mitridates, nació muerto.

23 Juego de palabras que relaciona el nombre de Ciro (Kŷros en griego) y el término griego kýrios, «señor, dueño».

24 Rasgo mítico recurrente (cf. Tiestes y Atreo, Tántalo y Pélope, etc., y XXXVIII 8, 13).

25 Lugar donde se encerraba a los esclavos. La palabra está relacionada con el griego ergázomai, «trabajar».

26 Persépolis, al nordeste de la actual Shiraz (Irán), más tarde capital del imperio persa aqueménida, fue construida por Darío I a finales del s. VI a. C. y ampliada por su hijo Jerjes y por Artajerjes I. En el 331 a. C. Alejandro Magno ordenó incendiarla.

27 Se trata de la batalla de Pasárgadas, al norte de Persépolis (cf. n. anterior). Era ésta la capital del imperio persa antes de Persépolis. Fue engrandecida por Ciro el Grande en 556 a. C.

28 Son los habitantes de Hircania, al sudeste del mar Caspio, entre Margiana y Media. Perteneció a los persas, a los macedonios y a los partos sucesivamente.

29 El reino de los medos fue destruido por Ciro II el Grande hacia el 559 a. C.

30 Creso, último rey de Lidia (560-546 a. C.), sometió las ciudades griegas del Asia Menor. Apoyó la colaboración con los griegos, cuya cultura admiraba. Ante la amenaza persa que surgía al este de Lidia y animado por el oráculo de Delfos y por sus aliados, Egipto, Babilonia y Esparta, Creso invadió Capadocia (546? a. C.), enfrentándose con Ciro, que lo venció en Pteria (actual Boğazköy).

31 Lidia, región de Asia Menor entre Misia y Caria, está limitada al oeste por el mar Egeo y al sur por el río Meandro. A los legendarios reyes Atis y Lido, sucedieron los Heraclidas, (s. XIII-VIII a. C.), cuyo último rey fue Candaules, y los Mérmnadas: Giges. Sadiates, Aliates y Creso (687-546 a. C.), con el que, tras la derrota de Pteria (cf. n. 30), desapareció el reino de Lidia.

32 Creso murió en el 526? a. C. en Barene, junto a Ecbatana, capital de Media.

33 Se refiere a las guerras que sostuvo contra bactrianos y babilonios.

34 Ciro II el Grande era hijo de Cambises I y de Mandana, hija de Astíages. Rey de Anzán. se rebeló contra su abuelo Astíages (555 a. C.) y tomó el título de rey de los medos y de los persas. Tomó Babilonia (539 a. C.) y llevó la guerra a las colonias griegas del Asia Menor y a numerosos pueblos situados entre el Caspio y la India. En 528 a. C. fue vencido por Támiris, reina de los maságetas. En la antigüedad se entendía Asia como Asia Menor.

35 Támiris era propiamente reina de los maságetas (530-528 a. C.). antiguo pueblo de Escitia, situado al norte del mar Caspio, a quienes Justino llama escitas. Contra ellos dirigieron campañas tanto Ciro como Darío, siendo dominados más larde por Alejandro Magno.

36 Río del Asia occidental, hoy Araks. En nota al texto SANTI AMANTINI dice que se trata de otro nombre dado al antiguo río Oxos (hoy Amu-Daria).

37 Llamado Espargapises (cf. HERÓDOTO I 211, 2).

38 Cambises II (528-522 a. C.) derrotó a Psamético III, rey de Egipto, en la batalla de Pelusio (525 a. C.) y fundó la XXVII dinastía.

39 Apis era un dios solar egipcio que se adoraba en Menfis bajo la forma de buey. Era representado por un buey blanco y negro, que trás su muerte se convertía en un Osiris-Apis. Según HERÓDOTO (III 29), Cambises lo mató con sus propias manos.

40 Hamón, o Amón, identificado con Zeus por los griegos, es una antigua divinidad egipcia originaria de Tebas. Más tarde se fundió con Ra, dios solar de Heliópolis, en Hamón-Ra. Su encarnación visible era el sol, si bien en Nubia se le adoró en forma de carnero.

41 Mergis se corresponde con el griego Smérdis o Mérdis, transcripción del original Bardiya, hermano menor de Cambises II.

42 Corresponde este nombre griego al original Gaumata.

43 Cambises II murió en el 522 a. C., en Siria, cuando, al enterarse de que le había sido usurpado el trono, regresaba de su expedición a Egipto, no se sabe si por accidente o quitándose la vida.

44 HERÓDOTO (III 30; 61-66). identifica al falso Esmerdis con Gaumata, mientras que Trogo-Justino lo identifican con Oropasta. Los magos, miembros de la casta sacerdotal, poseían el saber teológico y científico y se distinguían por sus conocimientos de astrología y magia.

45 Llamado Otanes en HERÓDOTO (III 68-84).

46 Gobrias había sido gobernador de Gucio (entre el Tigris y su afluente el Diala), bajo Ciro, y en 539 a. C. había conquistado Babilonia por encargo del rey. Casó con una hermana de Darío, quien a su vez, se casó con una hija de aquél. El atentado contra los magos, en el que, según HERÓDOTO (III 78), murieron los conspiradores Aspatines e Intafrenes, tuvo lugar en 522-521 a. C.

47 La relación del caballo con el culto solar es un elemento presente entre pueblos indoeuropeos, como griegos, celtas y maságetas.

48 Darío I el Grande (522-486 a. C.), como hijo de Histaspes, pertenecía a la dinastía aqueménida. De su unión con Atosa nació Jerjes. En torno al 518 a. C. dio forma casi definitiva al estado persa, cuyo territorio se dividió, con fines fiscales, en veinte satrapías, mandadas por sátrapas, especie de virreyes que gozaban de una independencia casi total.

49 Zópiro era hijo de Megabazo, otro de los conjurados contra el falso Esmerdis. Justino confunde al hijo con el padre. La sublevación, al frente de la cual se encontraba Nebukadnezar, fue sofocada probablemente en 522 o 521 a. C.

LIBRO II
SINOPSIS

Orígenes y antigüedad de los escitas (1). Situación de Escitia y costumbres de sus gentes (2). Los escitas, mientras permanecen invictos, fundan los imperios bactriano y parto y someten Asia, que les fue tributaria hasta Nino (3). Origen de las amazonas y hazañas de sus reinas Martesia y Lámpeto. Oritía, Antíope y Pentesilea, hasta llegar a Minitía, última reina de las amazonas (4). Los escitas regresan de Asia a su patria, donde tienen que luchar contra sus esclavos que se habían sublevado. Darío invade Escitia, pero es derrotado; entonces somete Asia, Macedonia y a los jonios y prepara la guerra contra los atenienses (5). Orígenes de Atenas y reinado de Cécrope, Cárano, Anfictiónides, Erecteo, Egeo, Teseo, Demofoonte y Codro, quien, arrostrando la muerte, consigue alejar a los dorios (6). Solón y la constitución ateniense. Reconquista de Salamina a los megarenses (7). Éstos son vencidos nuevamente por Pisístrato, que comienza un período de tiranía (8). Su hijo Hipias es expulsado de Atenas, refugiándose junto a Darío que entonces preparaba la guerra contra Atenas. Los atenienses vencen a los persas en Maratón (9). Muerte de Darío y subida al trono de Jerjes. Éste prepara la guerra contra Grecia, pero Demarato, rey espartano desterrado entre los persas, revela los planes de Jerjes a Leónidas, rey de los espartanos (10). Batalla de las Termópilas (11). Derrota de los persas en Salamina (12). Huida de Jerjes a Asia, dejando sus tropas en Grecia al mando de Mardonio (13), quien es vencido en Beocia (14). Reconstrucción de Atenas, que había sido incendiada por Jerjes. Los griegos llevan la guerra contra Persia, a las órdenes del espartano Pausanias. Éste intenta traicionar a los griegos y entregarlos a Jerjes, pero es impedido por el general ateniense Arístides. Los griegos, entoces al mando del ateniense Cimón. vencen a los persas [Eurimedonte] (15) .

[1 ] En el relato de la historia de los escitas, que fue bastante importante [2] y gloriosa, hay que remontarse a los orígenes. Pues sus comienzos fueron tan ilustres como su imperio y fueron famosos tanto por el valor de sus hombres como de sus mujeres, [3] puesto que aquéllos fundaron el reino de los partos 50 y el de los [4] bactrianos, mientras sus mujeres el de las amazonas, de suerte que quienes examinan las acciones de sus hombres y de sus mujeres no saben cuál de los dos sexos fue más glorioso entre ellos. [5] El pueblo de los escitas fue siempre considerado como el más antiguo, aunque entre escitas y egipcios existió durante mucho [6] tiempo una disputa sobre la antigüedad de su linaje. Los egipcios explicaban que al principio de las cosas, cuando unas tierras ardían por el excesivo calor del sol y otras estaban heladas por el rigor del frío, de manera que no sólo no podían ser las primeras en engendrar hombres, sino que no podían acoger y proteger ni siquiera a los forasteros, antes de que se inventaran los vestidos contra el calor o el frío o pudieran suavizarse con remedios [7] artificiales las deficiencias locales, Egipto siempre había sido tan templado que ni los fríos invernales ni los rigores del sol estival agobiaban a sus habitantes, y su suelo era tan rico que [8] ninguna tierra fue más feraz en alimentos necesarios al hombre. Con razón, pues, parecía que primero debieron nacer hombres [9] allí donde podían fácilmente alimentarse. Por su parte los escitas [10] pensaban que un clima moderado no era prueba de antigüedad, pues tan pronto como la naturaleza diferenció las regiones [11] por el aumento de calor o frío, enseguida también engendró seres vivos capaces de tolerar cada lugar, y además distintos tipos [12] de árboles y frutos apropiados a las condiciones de la región. [13] Y los escitas tienen un cuerpo y un carácter tanto más fuertes que los egipcios cuanto más duro es su clima. Por lo demás, decían, [14] si lo que ahora son partes del mundo fue alguna vez una unidad, sea que una inundación al principio tuviera cubiertas las tierras, sea que el fuego, que también engendró el mundo, lo ocupara todo, en uno y otro origen están primero los escitas. Porque, si el fuego fue lo primero que tuvieron las cosas y se extinguió [15] poco a poco, dejando sitio a la tierra, ninguna parte se había separado del fuego a causa del rigor del invierno antes que la septentrional, hasta el punto que también ahora ninguna parte está más helada por los fríos; Egipto, por el contrario, y todo el [16] Oriente, había moderado su temperatura muy lentamente, puesto que todavía hoy se abrasa por el ardiente calor del sol. Y si en [17] un tiempo todas las tierras estuvieron sumergidas en las profundidades, sin duda, al retirarse las aguas, quedaron al descubierto primero las partes más altas, mientras esa misma agua quedó estancada mucho tiempo en las partes más bajas; y cuanto antes se [18] secaba una parte de las tierras antes empezaba a engendrar seres vivos. Pues bien, Escitia es la más elevada de todas las tierras, [19] hasta el punto que todos los ríos que nacen allí corren al lago Meotis y de aquí al mar Póntico y al mar Egipcio 51 . Por el contrario, [20] dicen, Egipto, que ha sido protegido por el cuidado y el gasto de tantos reyes y de tantas generaciones, provisto de tan grandes diques contra la fuerza de las aguas que corren hacia él, surcado por tantos canales que recogen las aguas que aquellos rechazan, con todo eso no pudo ser habitado, salvo cuando el Nilo fue contenido, ni puede parecer la primera por la antigüedad de sus hombres la que parece la más reciente de las tierras por los diques levantados por los reyes o formados con el limo [21] arrastrado por el Nilo. En consecuencia, vencidos los egipcios por estos argumentos, los escitas siempre parecieron más antiguos.

[2 ] Escitia, pues, se extiende hacia el Oriente y está limitada de una parte por el Ponto, de otra por los montes Rifeos 52 , a la [2] espalda por Asia y por el río Fasis 53 . Se extiende mucho a lo largo y a lo ancho. Sus hombres no tienen entre sí ninguna linde. [3] Pues ni trabajan el campo, ni tienen casa, techo o morada, acostumbrados a vagar por yermos desiertos, apacentando [4] siempre manadas de vacas y rebaños de ovejas. Transportan consigo a sus mujeres e hijos en carros, que, cubiertos con cueros para protegerse de las lluvias y del frío, usan como casa. [5] La justicia es observada por la condición de sus gentes y no [6] por las leyes. Ningún delito entre ellos es más grave que el robo, pues sin la protección de un techo, a los que tienen manadas de vacas y rebaños de ovejas ¿qué les quedaría en medio de los bosques 54 , si se permitiera robar? No desean el oro o la [7] plata como los demás mortales. Se alimentan de leche y miel. [8] Desconocen el uso de la lana y de los vestidos y, aunque se [9] queman por los fríos continuos, sin embargo usan pieles de animales salvajes y de armiño. Esta continencia dio origen a la [10] justicia también de sus costumbres, no deseando nada ajeno, pues el deseo de riqueza está precisamente allí donde está su uso. Y ojalá los demás mortales tuvieran una moderación y [11] una abstención de lo ajeno parecidas; en verdad no se sucederían [12] una tras otra tantas guerras a través de todos los siglos y en todas las tierras, y las armas y el hierro no arrebatarían más [13] hombres que la natural condición de los hados; de hecho, parece [14] admirable que la naturaleza les dé lo que los griegos no pueden conseguir con la dilatada enseñanza de sus sabios y con los preceptos de sus filósofos, y que las costumbres cultivadas sean superadas al compararlas con la inculta barbarie. Tanto más aprovecha en ellos el desconocimiento de los vicios [15] que en éstos el conocimiento de la virtud.

Tres veces conquistaron el dominio de Asia; ellos siempre [3 ] permanecieron invictos o libres del poder extranjero. A Darío, [2] rey de los persas 55 lo hicieron salir de Escitia en vergonzosa huida; a Ciro lo destrozaron con todo su ejército 56 ; a Zopirión 57 , [3-4] general de Alejandro Magno, lo aniquilaron de la misma [5] manera con todas sus tropas. Oyeron hablar de las armas [6] romanas, pero no las experimentaron. Además fueron los fundadores [7] del imperio parto y del bactriano. Pueblo aguerrido por las fatigas y las guerras, de enorme fuerza física, nada se procuran que teman perder, nada desean con la victoria, salvo [8] la gloria. Vezosis, rey de Egipto, fue el primero que declaró la guerra a los escitas, no sin antes enviar una embajada que [9] transmitiera a los enemigos la orden de obedecerle. Pero los escitas, informados ya antes por sus vecinos de la llegada del [10] rey, contestan a los embajadores que el caudillo de un pueblo tan rico era un insensato al adelantarse a hacer contra un pueblo pobre una guerra que tenía que temer más en su patria, [11] puesto que el riesgo de la guerra es dudoso, la recompensa de [12] la victoria nula y los perjuicios manifiestos. Por tanto los escitas no van a esperar a que se les ataque y, puesto que tienen tanto más botín que desear en el enemigo, van a tomar la iniciativa [13] de salir en busca de ese botín. Y los hechos no fueron a la zaga de las palabras. Cuando el rey se enteró de que se acercaban con tan gran rapidez, se da a la fuga y, dejando al ejército con toda su impedimenta, aterrorizado, se retiró a su reino. [14-15] A los escitas los pantanos los mantuvieron lejos de Egipto. Al volver de allí, sometieron a toda Asia a su dominio, imponiéndole un pequeño tributo más a título de soberanía que como recompensa [16] por la victoria. Después de haberse detenido quince años en la pacificación de Asia, son reclamados por los ruegos de sus esposas, quienes por medio de unos mensajeros les anunciaban que, si no regresaban, ellas buscarían descendencia de sus vecinos y que no iban a permitir que por culpa de las mujeres la raza de los escitas se extinguiera para la posteridad. Así pues, durante mil quinientos años Asia les fue tributaria. [17] Fue Nino, rey de los asirios, quien puso fin al pago del tributo. [18]

Pero mientras tanto, entre los escitas, dos jóvenes de sangre [4 ] real, Plino y Escolopito, arrojados de su patria por una facción de la nobleza, arrastraron consigo a un gran número de jóvenes; se detuvieron en las costas de Capadocia, junto al río [2] Termodonte, y, conquistando los llanos de Temiscira, los ocuparon 58 . Allí, tras haberse dedicado por espacio de muchos [3] años a saquear a sus vecinos, son matados a traición por la conjura de estos pueblos. Cuando sus mujeres vieron que al [4] destierro se había añadido la viudez, toman las armas y defienden su territorio, primero rechazando los ataques, después haciendo también la guerra. Además desecharon la idea de casarse [5] con sus vecinos, por considerarlo servidumbre y no matrimonio. Y ejemplo único en todos los siglos: se atrevieron a [6] agrandar su estado sin hombres e incluso lo defienden con menosprecio de los hombres. Y para que unas no parecieran más [7] felices que las otras, matan a los hombres que habían quedado en la patria. Con la destrucción de los vecinos consiguen también [8] la venganza por la muerte de sus maridos. Después, ganada [9] la paz con las armas, para que su raza no desapareciera, comparten el lecho con sus vecinos 59 . Si nacían niños, los mataban. [10] Ejercitaban a las doncellas en sus mismas costumbres, [11] no en el ocio ni en el trabajo de la lana, sino en las armas, los caballos y la cacería, después de quemarles, de niñas, la mama derecha, para que no les impidiera el lanzamiento de las flechas; [12] por lo que se llamaron amazonas 60 . Tuvieron dos reinas, Martesia y Lámpeto, las cuales, famosas ya por su poder, tras haber dividido su ejército en dos partes, hacían las guerras por turnos, defendiendo alternativamente las fronteras de su territorio, [13] y para añadir prestigio a sus éxitos se proclamaban hijas [14] de Marte. Y así, sometida la mayor parte de Europa, ocuparon [15] también algunos estados de Asia. Allí, después de fundar Éfeso y otras muchas ciudades 61 , envían a su patria a parte del [16] ejército con un enorme botín. Las restantes, que habían quedado para defender sus dominios de Asia, junto con su reina [17] Martesia son aniquiladas por el ataque de los bárbaros. En su lugar le sucedió en el reino su hija Oritía, quien, además de tener un singular conocimiento de la guerra, gozó de una extraordinaria admiración por la virginidad que observó toda su [18] vida. Con su valor aumentaron tanto la gloria y la fama de las amazonas, que el rey 62 al que Hércules debía doce servicios ordenó a éste algo casi imposible: que le llevara las armas de [19] la reina de las amazonas. Por tanto, habiendo partido a esta empresa con nueve naves de guerra en compañía de los jóvenes vástagos de los príncipes de Grecia, las ataca de improviso. Entonces eran dos hermanas quienes gobernaban el reino [20] de las amazonas: Antíope y Oritía; pero Oritía hacía la guerra en el exterior. Por eso, cuando Hércules arribó a las costas de [21] las amazonas, había una pequeña comitiva con la reina Antíope, que no temía ninguna hostilidad. Esto hizo que éstas pocas [22] tomaran las armas, y, provocadas por el repentino ataque, dieran al enemigo una fácil victoria. Así que muchas fueron matadas [23] y muchas hechas prisioneras, entre ellas, dos hermanas de Antíope, Menalipe por Hércules e Hipólita por Teseo 63 . Mas [24] Teseo, conservando como recompensa a la prisionera, la tomó en matrimonio y de ella engendró a Hipólito 64 . Hércules, tras [25] la victoria, devolvió a la prisionera Menalipe a su hermana y recibió como pago las armas de la reina. Y de este modo, cumplida la orden, vuelve a presencia del rey. Pero Oritía, cuando [26] descubrió que se había hecho la guerra a sus hermanas y que el raptor era el príncipe de los atenienses, exhorta a sus compañeras a la venganza y les dice que ha sido inútil someter el golfo del Ponto y Asia si están expuestos no tanto a las guerras cuanto a la rapiña de los griegos. Después pide ayuda a Sagilo, rey [27] de Escitia: le revela su origen escita, la matanza de sus maridos y la obligación imperiosa de ir a las armas, y las causas de la guerra; ellas con su valor, añade, habían conseguido que no pareciera que los escitas tenían mujeres más cobardes que sus [28] hombres. Movido por la gloria de su pueblo, envía en su ayuda [29] a su hijo Panaságoro con una poderosa caballería. Y, abandonadas por las tropas auxiliares al surgir una disputa antes de la [30] batalla, son vencidas por los atenienses. Sin embargo encontraron refugio en el campamento de los aliados, con cuya ayuda [31] vuelven a su reino sin ser atacadas por otros pueblos. Tras Oritía se hizo con el reino Pentesilea 65 , de la que se tuvieron grandes pruebas de valor en la guerra de Troya, cuando, en medio de hombres muy aguerridos, prestaba ayuda contra los [32] griegos. Luego, matada Pentesilea y aniquilado su ejército, las pocas que habían permanecido en el reino, defendiéndose a duras penas de sus vecinos, resistieron hasta los tiempos de [33] Alejandro Magno. De ellas, la reina Minitía o Talestris consiguió compartir el lecho con Alejandro durante trece días para engendrar descendencia de él 66 ; después de regresar a su reino, al poco tiempo muere y con ella el pueblo todo de las amazonas.

[5 ] Los escitas, por su parte, habiendo estado ocho años separados de sus esposas e hijos por causa de una tercera expedición a Asia, son recibidos en la patria por una guerra con sus [2] esclavos. Pues las esposas, cansadas de esperar largo tiempo a sus maridos y convencidas de que ya no estaban retenidos por la guerra, sino que habían sido aniquilados, se casaron con los [3] siervos que habían quedado para cuidar los rebaños, los cuales, armados, tratan de alejar de su territorio, como si fueran extranjeros, a los amos que volvían victoriosos. Como su victoria [4] había sido indecisa, los escitas se ven obligados a cambiar el tipo de lucha, recordando que no tenían que luchar con enemigos, sino con siervos y que tenían que vencerlos no con la ley de las armas, sino con su condición de señores; que tenían que llevar a la batalla látigos y no flechas y que, dejando las armas, debían preparar varas y correas y los demás instrumentos que inspiran miedo a los siervos. Aprobada la decisión, preparados [5] todos como se había acordado, después de acercarse al enemigo, levantaron los látigos contra ellos cogiéndolos desprevenidos; y hasta tal punto los perturbaron, que por el temor a los azotes vencieron a quienes no podían vencer con las armas; éstos emprendían la huida no como enemigos derrotados, sino como siervos fugitivos. Cuantos pudieron ser capturados pagaron [6] con la cruz su castigo. Además, las mujeres, que se sentían [7] culpables, pusieron fin a su vida, unas con la espada, otras ahorcándose. Después de esto hubo paz entre los escitas hasta [8] los tiempos del rey Jantiro. Darío, rey de los persas, como se [9] dijo antes, ya que no había conseguido las bodas con su hija, le hizo la guerra e invadió Escitia con setecientos mil hombres [10] armados 67 ; al no darle los enemigos la ocasión de luchar, temiendo que, cortado el puente sobre el Histro 68 , se le cerrase la retirada, después de perder ochenta mil hombres, huyó aterrorizado; esta pérdida, dada la abundancia de sus tropas, no se [11] contabilizó como un perjuicio. Después Darío sometió Asia y [12] Macedonia 69 y también venció a los jonios en una batalla naval 70 . [13] Luego, enterándose de que los atenienses habían llevado a los jonios ayuda contra él, vuelve contra aquellos toda la fuerza de la guerra 71 .

[6 ] Ahora, puesto que se ha llegado a las guerras de los atenienses, que sobrepasaron no sólo la esperanza de su ejecución, sino también la confianza en los resultados, y puesto que los progresos de los atenienses fueron por sus consecuencias más importantes de lo que habían deseado, en pocas palabras [2] debemos referirnos al origen de la ciudad; además, porque no se encumbraron a lo más alto partiendo, como otros pueblos, [3] de un comienzo oscuro. De hecho, sólo ellos se glorían, además [4] de su engrandecimiento, de su origen; pues no dieron origen a la ciudad ni extranjeros ni desechos de un pueblo reunidos de todas partes, sino que nacieron en el mismo suelo que [5] habitan y su patria es también su origen. Fueron los primeros en enseñar a hacer uso de la lana, del aceite y del vino. Enseñaron también a arar y a sembrar el trigo a quienes se alimentaban [6] de bellotas. Sin duda, las letras y la elocuencia y el actual ordenamiento de la organización civil tienen en Atenas [7] por así decir su templo. Antes de los tiempos de Deucalión 72 tuvieron por rey a Cécrope 73 , al que, dado que toda antigüedad es pura fábula, presentan como biforme, ya que fue el primero en unir en matrimonio un varón y una hembra. Le sucedió Cránao 74 , [8] cuya hija Atis dio nombre a la región. Tras él reinó Anfictiónides 75 , [9] que fue el primero en consagrar la ciudad a Minerva 76 y le dio el nombre de Atenas. En su tiempo una [10] inundación cubrió la mayor parte de los pueblos de Grecia. Sobrevivieron [11] aquellos a quienes dieron cobijo los refugios de los montes o quienes escaparon en naves a la corte de Deucalión, rey de Tesalia, por lo que se dice de él que fundó el linaje humano. Después, siguiendo el orden de sucesión, el reino llegó [12] a Erecteo 77 , en cuyo reinado Triptólemo 78 descubrió en Eleusis 79 la siembra del trigo, y en honor de este regalo se dedicaron [13] las sagradas noches de los misterios. También reinó en [14] Atenas Egeo, padre de Teseo, de quien se divorció Medea, porque su hijastro había llegado a la edad adulta, y se retiró a Cólquide [15] con Medo, el hijo tenido de Egeo 80 . Después de Egeo ocupó el trono Teseo y después su hijo Demofoonte 81 , que [16] prestó ayuda a los griegos contra los troyanos. Entre atenienses y dorios 82 había enemistades antiguas a consecuencia de su rivalidad y los dorios, dispuestos a vengarlas con la guerra, consultaron [17] los oráculos sobre el resultado de una contienda. La respuesta fue que vencerían si no mataban al rey de los ate [18] nienses. Cuando se llegó a la guerra, se ordena a los soldados [19] ante todo proteger al rey. En aquella época era rey de los atenienses Codro 83 , quien, conociendo la respuesta del oráculo y también las instrucciones de sus enemigos, cambiando su indumentaria de rey, entra en el campamento enemigo cubierto de [20] harapos, llevando sarmientos en su hombro; allí en medio de un tropel, que le asediaba, es matado por un soldado a quien había herido astutamente con su hoz. Los dorios, tras reconocer el cuerpo del rey, se retiran sin combatir. De este modo los [21] atenienses se libran de una guerra gracias al valor de su general, que se ofreció a la muerte por la salvación de la patria.

Después de Codro no reinó nadie en Atenas, como tributo a [7 ] la memoria de su nombre. La administración del estado se confió [2] cada año a unos magistrados 84 . Pero entonces la ciudad no [3] tenía ley alguna, puesto que se consideraba ley el capricho de los reyes. Por lo tanto es elegido Solón 85 , hombre de reconocida [4] justicia, para que fundara como una nueva ciudad, a la que diera leyes 86 . Éste actuó con tanta moderación en medio de los [5] intereses de la plebe y del senado 87 (puesto que parecía que, si algo hacía en beneficio de un estamento, desagradaría al otro), [6] que recibió igual reconocimiento de parte de ambos. Entre las muchas acciones ilustres de este hombre, fue memorable ésta: [7] entre atenienses y megarenses 88 se había luchado casi hasta el [8] exterminio por la posesión de la isla de Salamina 89 . Después de muchas derrotas llegó a ser un crimen capital en Atenas presentar [9] una ley sobre la reivindicación de la isla. Por tanto Solón, angustiado de ver que con su silencio no velaba bastante por la república, ni por sí mismo si opinaba, finge una repentina locura al amparo de la cual se proponía no sólo hablar de [10] cosas prohibidas, sino también hacerlas. Con aspecto desaliñado [11] corre en público como un loco y, cuando la gente se aglomeró a su alrededor, para mejor disimular su propósito, en verso, en contra de su costumbre, comenzó a aconsejar al pueblo [12] lo que estaba prohibido, y hasta tal punto conquistó el ánimo de todos que enseguida se decretó la guerra contra los megarenses, y la isla, vencidos los enemigos, pasó a poder de los atenienses.

[8 ] Entretanto 90 los megarenses, acordándose de la guerra que habían emprendido contra los atenienses y que habían abandonado, para que no pareciera que habían empuñado las armas en vano, embarcan con la intención de caer de noche sobre las matronas de los atenienses durante los cultos de Eleusis. Conocido [2] su propósito, Pisístrato 91 , general de los atenienses, dispone a la juventud para una emboscada y ordena a las matronas celebrar los ritos sagrados con los acostumbrados gritos y con estrépito, incluso a la llegada de los enemigos, no sea que éstos se den cuenta de que han sido descubiertos; y, cuando los [3] megarenses habían desembarcado, atacándoles de improviso, los aniquiló y, apresada enseguida la flota, mezcladas las mujeres (con los soldados) 92 para dar la impresión de que las matronas habían sido hechas prisioneras, se dirigió a Mégara. Cuando los habitantes reconocieron la forma de sus naves y el [4] botín que habían ido a buscar, corren al puerto a su encuentro, y, después de matarlos, faltó poco para que Pisístrato tomara la ciudad. Los dorios con sus propios engaños dieron así la victoria [5] al enemigo. Pero Pisístrato, como si hubiera conseguido la [6] victoria para su propio provecho y no de la patria, con engaño se convierte en un tirano. Pues, haciéndose azotar en su propia [7] casa voluntariamente, se presenta en público con el cuerpo destrozado y, convocando una asamblea, muestra al pueblo sus [8] heridas, se lamenta de la crueldad de los nobles, de quienes fingía haber recibido estas heridas; añade lágrimas a las palabras [9] y la multitud, crédula, se inflama con su discurso lleno de odio; finge ser odioso al senado por su afecto a la plebe. Consigue [10] para la protección de su persona una escolta de guardaespaldas y, usurpando el poder absoluto por medio de éstos, reinó treinta y tres años.

[9 ] Después de su muerte Diocles 93 , uno de sus dos hijos, que había forzado a una doncella, es matado por el hermano de la [2] muchacha. El otro, llamado Hipias, que tenía el poder del padre, [3] manda apresar al asesino de su hermano, el cual, obligado con torturas a dar los nombres de los cómplices de su crimen, [4] nombró a todos los amigos del tirano; una vez matados éstos, al preguntarle el tirano si todavía quedaban algunos cómplices, contesta que no quedaba nadie cuya muerte deseara más que [5] la del propio tirano. Con estas palabras quedó también vencedor del tirano, además de haber vengado la honra de su hermana. [6] Como el pueblo hubiera recordado su libertad gracias al valor de éste, al fin Hipias es arrojado de su reino al exilio 94 ; [7] marcha junto a los persas y se ofrece como general contra su patria a Darío, que hacía la guerra a los atenienses, como antes [8] se señaló 95 . Así pues los atenienses, habiéndose enterado de la llegada de Darío, pidieron ayuda a los lacedemonios, entonces [9] estado aliado 96 ; cuando vieron que éstos eran retenidos por motivos religiosos durante cuatro días 97 , sin esperar la ayuda, armando a diez mil ciudadanos y a mil auxiliares plateenses, salen a luchar en la llanura de Maratón contra seiscientos mil enemigos 98 . Milcíades era no sólo el general en jefe de esta [10] guerra sino también el responsable de que no se hubieran esperado los refuerzos; tan gran confianza se había apoderado de él, que consideraba que había mejor defensa en la rapidez que en los aliados. Así pues fue grande la presencia de ánimo en [11] aquellos que marcharon a la lucha, hasta el punto que, aunque un frente distaba del otro mil pasos 99 , llegaron ante el enemigo en rápida carrera antes de que lanzaran flechas. Y el éxito acompañó a su audacia, pues se luchó con tanto valor que podía [12] pensarse que de una parte había hombres y de la otra corderos. Los persas, vencidos, huyeron a sus naves, de las que [13] muchas fueron hundidas y muchas apresadas. En esta batalla [14] fue tan grande el valor de cada uno que parecía difícil juzgar de quién era el mérito mayor. Sin embargo entre los demás [15] destacó la gloria del joven Temístocles 100 , en quien ya entonces apareció su disposición para la dignidad de general que llegaría [16] a tener. También fue celebrada con grandes alabanzas por los historiadores la gloria de Cinegiro, soldado ateniense que, después de dar muerte a muchos en la batalla, persiguiendo al [17] enemigo en su huida hacia las naves, con su mano derecha retuvo una nave cargada y no la soltó hasta perder la mano; también [18] entonces, perdida la mano derecha, agarró la nave con su izquierda y, después de haberla perdido igualmente, finalmente retuvo la nave con los dientes. Tan grande fue su valor, que, no [19] fatigado por tantas muertes ni vencido por la pérdida de sus dos manos, reducido finalmente al tronco, y como una fiera [20] rabiosa, luchó con los dientes. En esta batalla y luego en el [21] naufragio los persas perdieron doscientos mil. Hipias, tirano ateniense, responsable e instigador de esta guerra, cayó también pagando su culpa a los dioses vengadores de la patria.

[10 ] Entretanto también Darío, cuando intentaba reanudar la guerra, murió 101 en los preparativos de la misma, dejando [2] muchos hijos tenidos durante su reinado y antes de reinar. De éstos, Ariámenes 102 , el mayor, reclamaba para sí el reino por el privilegio de la edad, derecho que el orden de nacimiento y [3] también la naturaleza dio a los pueblos. De otra parte, Jerjes centraba el litigio no en el orden de nacimiento, sino en la fortuna [4] del mismo; pues Ariámenes había sido sin duda el primer hijo de Darío, pero cuando era un particular, en cambio él era [5] el primer hijo de Darío rey 103 . Por tanto sus hermanos, que habían sido engendrados antes que él, podían reclamar para sí el patrimonio privado que Darío tuviera entonces y no el reino; él era el primero a quien su padre, ya rey y en su reino, había [6] reconocido como hijo. A esto se añadía que Ariámenes había sido engendrado no sólo de padre, sino también de madre de condición hasta entonces privada, además del abuelo [7] materno, que era un particular; él, en cambio, decía, había nacido de madre reina y no había conocido a su padre sino como rey y además había tenido por abuelo materno al rey Ciro, [8] fundador, no heredero, de tan gran reino. Así, aunque el padre hubiese dejado a ambos hermanos con igual derecho, él, sin embargo, estaba delante por derecho de madre y de abuelo. [9] De mutuo acuerdo llevan la discusión, como a un juez de la familia, a su tío paterno Artafernes 104 , quien, después de haber [10] conocido la causa en familia, puso por delante a Jerjes. La disputa fue tan fraternal que ni el vencedor se portó con insolencia ni el vencido se sintió dolido, y justo en el tiempo del litigio se enviaron regalos; además se dieron uno a otro convites, llenos de alegría y no sólo de confianza, y el mismo juicio tuvo lugar sin testigos y sin reproches. Tanta más moderación [11] tenían entonces los hermanos para repartirse los más grandes reinos que ahora para dividirse un pequeño patrimonio. Así [12] pues, Jerjes prosiguió durante cinco años los preparativos de la guerra que su padre había iniciado contra Grecia 105 . Tan [13] pronto como tuvo conocimiento de esto Demarato 106 , rey de los lacedemonios, que estaba desterrado en la corte de Jerjes, más vinculado a la patria después de su huida que al rey después de los favores recibidos, informa a los magistrados espartanos, para que no fueran aplastados por una guerra inesperada, escribiendo todo esto en unas tablillas de madera; las [14] hace ilegibles cubriéndolas con cera, no fuera a ser que el escrito sin esta cobertura lo delatara, o bien la cera reciente dejara al descubierto el engaño, y después las entrega a un siervo leal para que las lleve, con la orden de entregarlas a los magistrados de los espartanos. Una vez llevadas las tablas, se [15] discutió mucho tiempo en Lacedemonia el hecho, puesto que no veían nada escrito y sospechaban que no habían sido enviadas sin razón y pensaban que su contenido sería tanto más [16] importante cuanto más oculto. Mientras los hombres estaban paralizados en conjeturas, la hermana del rey Leónidas 107 [17] descubre la intención de quien lo había escrito. Entonces, quitada la cera, quedan al descubierto los proyectos de guerra. [18] Jerjes había armado ya a setecientos mil hombres de su reino [19] y a trescientos mil aliados, hasta el punto de que se nos ha transmitido no sin razón que su ejército desecó los ríos y que [20] toda Grecia apenas pudo acoger a su ejército. Se dice también que tenía mil doscientas naves de guerra y tres mil de carga 108 . [21] A tan gran ejército le faltó un general. Por lo demás, si se mirara al rey, se alabarían no sus dotes de general, sino sus [22] riquezas, de las que había en su reino tal abundancia que, aun cuando los ríos fueran agotados por aquella multitud, con todo [23] quedaría la opulencia del rey. Por su parte, él fue visto siempre el primero en la huida y el último en la lucha, temeroso en los peligros y fanfarrón cuando no había motivo de temor; [24] en fin, confiando en sus fuerzas antes de probarlas en la guerra, como señor de la misma naturaleza allanaba las montañas, rellenaba los valles, tendía puentes sobre algunos mares y algunos los derivaba por medio de canales para facilidad de la navegación 109 .

[11 ] Su entrada en Grecia fue tan terrible como vergonzosa e ignominiosa [2] su retirada. Pues, habiendo ocupado Leónidas, rey de los espartanos, el desfiladero de las Termópilas 110 con cuatro mil soldados, Jerjes, con desprecio de su escaso número, ordena que emprendan la lucha aquellos cuyos parientes habían caído en la batalla de Maratón. Éstos, mientras quieren [3] vengar a los suyos, fueron las primeras víctimas del desastre; al reemplazarlos después una turba de ineptos, se produce una carnicería mayor. Durante tres días se luchó allí con dolor e indignación [4] de los persas. Al cuarto día, cuando se anunció a [5] Leónidas que la cima estaba ocupada por veinte mil soldados enemigos, exhorta entonces a los aliados a retirarse y a reservarse para momentos mejores de la patria; él con los espartanos tiene que probar suerte, él debe más a la patria que a la [6] vida, pero los demás deben reservarse para la defensa de Grecia. Oída la orden del rey, los otros se retiraron y únicamente [7] se quedaron los lacedemonios. Cuando, al comienzo de esta [8] guerra, habían consultado al oráculo de Delfos, se les había respondido que tenía que caer o el rey de los espartanos o la ciudad. Y por esto el rey Leónidas, en el momento de partir a [9] la guerra, había confortado a los suyos de tal manera, que sabían que marchaba con ánimo dispuesto a morir, y por eso había [10] ocupado el desfiladero, para con unos pocos, o bien vencer con mayor gloria, o bien caer con el menor daño para la república. Así pues, despedidos los aliados, exhortó a los espartanos [11] a recordar que, de cualquier forma que lucharan, debían morir; que evitaran dar la impresión de haber tenido más valor para quedarse que para luchar; no debían esperar a ser rodeados [12] por el enemigo, sino que, mientras la noche ofreciera la oportunidad, debían arrojarse sobre los que estaban seguros y [13] contentos; en ningún lugar, decía, iban ellos a morir como vencedores [14] con más gloria que en el campamento enemigo. No era difícil persuadir de cualquier cosa a quienes ya estaban persuadidos [15] de morir. Enseguida toman las armas y seiscientos hombres irrumpen en un campamento de quinientos mil y al punto se dirigen a la tienda del rey dispuestos a morir con él o, si [16] eran vencidos, justo en su mismo puesto. Se produce un tumulto en todo el campamento. Los espartanos, al no haber encontrado al rey, vagan victoriosos por todo el campamento. Lo destrozan y arrasan todo, como quienes saben que luchan no [17] con la esperanza de la victoria, sino para vengar su muerte. La batalla se prolongó desde el principio de la noche hasta la mayor [18] parte del día. Al final, no vencidos, sino cansados de victoria, cayeron en medio de una gran masa de enemigos abatidos. [19] Jerjes, tras sufrir dos reveses en la lucha por tierra, decidió probar suerte en el mar 111 .

[12 ] Pero Temístocles 112 , general de los atenienses, habiendo advertido que los jonios, por los que ellos habían iniciado la guerra con los persas, habían venido con una escuadra en ayuda [2] del rey, decidió inclinarlos de su parte y, como no tuviera posibilidad de hablar con ellos, manda poner señales adonde iban a acercarse, y escribir sobre unas rocas: «¿qué locura se ha [3] apoderado de vosotros, jonios? ¿qué crimen intentáis? ¿pensáis hacer la guerra a vuestros antiguos fundadores y hace poco también defensores? ¿O es que fundamos vuestras murallas [4] para que hubiera quien destruyera las nuestras? ¿Qué motivo [5] de guerra tendrían con nosotros Darío antes y ahora Jerjes sino éste, que no os abandonamos cuando os rebelasteis? ¿Por qué [6] no pasáis de ese asedio a este campamento vuestro? o, si esto [7] es poco seguro, entablada la lucha, retroceded, ciad y apartaos de la batalla». Antes de la batalla naval Jerjes había enviado [8] cuatro mil soldados a Delfos para saquear el templo de Apolo, justo como si hiciera la guerra no sólo con los griegos, sino [9] también con los dioses inmortales. Este ejército fue destruido [10] en su totalidad por las lluvias y los rayos, para que comprendiera cuán inútiles eran las fuerzas de los hombres contra los dioses. Después incendió Tespias 113 , Platea y Atenas, abandonadas [11] por sus habitantes y, puesto que no podía atacar con las armas a los hombres, incendia sus casas. Pues los atenienses, [12] después de la batalla de Maratón, tras advertirles Temístocles que aquella victoria sobre los persas no sería el final de la guerra, sino motivo de una guerra más encarnizada, construyeron doscientas naves 114 . Así pues, a la llegada de Jerjes, consultaron [13] el oráculo de Delfos, el cual contestó que protegieran su vida con murallas de madera. Convencido Temístocles de que [14] se había referido a la protección en las naves, convence a todos de que la patria son los habitantes y no las murallas, y que el estado se asienta no sobre edificios, sino sobre ciudadanos; [15] que, en consecuencia, sería mejor confiar la salvación a las naves que a la ciudad 115 ; que incluso el dios salía fiador de este [16] parecer. Aprobado el plan, abandonando la ciudad, envían a unas islas apartadas a sus esposas e hijos junto con los objetos [17] de más valor; los hombres embarcan armados. También otras [18] ciudades imitaron el ejemplo de los atenienses. Pues bien, cuando se les había unido toda la flota de los aliados y se habían dispuesto para la batalla naval y habían ocupado el estrecho de Salamina, para que la gran cantidad de enemigos no pudiera cercarlos, entonces surge la discordia entre los jefes de las distintas ciudades. Como querían abandonar la guerra y [19] dispersarse para defender sus intereses, temeroso Temístocles de que sus fuerzas se debilitaran con la retirada de los aliados, comunica a Jerjes por medio de un esclavo fiel que con suma facilidad podía apoderarse de Grecia, reunida en un solo lugar. [20] Y si las ciudades se dispersaban, como ya querían, tendría que [21] perseguirlas una a una con mayor esfuerzo. Con este engaño incita al rey a dar la señal de ataque. También los griegos, sorprendidos por la llegada de los enemigos, reunidos sus efectivos, [22] emprenden la batalla 116 . Entretanto el rey, como un espectador de la lucha, se queda en la playa con parte de las naves. [23] En cambio Artemisia, reina de Halicarnaso 117 , que había llegado en ayuda de Jerjes, luchaba valientemente entre los primeros generales; pues así como en el varón podía verse un temor [24] mujeril, así en esta mujer podía verse una audacia varonil. Cuando la lucha estaba indecisa, los jonios, siguiendo los consejos [25] de Temístocles, comenzaron a retirarse poco a poco de la batalla y su defección debilitó los ánimos de los otros. En consecuencia, [26] los persas, mientras acechan la ocasión de huir, son rechazados e inmediatamente, vencidos en la batalla, se dan a la fuga. En tal desorden son capturadas muchas naves, muchas [27] hundidas; sin embargo, temiendo los más la crueldad del rey no menos que al enemigo, se retiran cada uno a su patria.

Cuando Jerjes estaba debilitado por este desastre y sin saber [13 ] qué decisión adoptar, se presenta Mardonio 118 . Le aconseja que [2] se retire a su reino, para evitar que la noticia de la derrota y su exageración, como suele ocurrir, provocara algún levantamiento; que le deje trescientos mil soldados escogidos de todas las [3] tropas, diciéndole que con este ejército él o sometería a Grecia para gloria del rey o, si el resultado era otro, se retiraría ante el enemigo sin su infamia. Aprobado el plan de Mardonio, se le [4] entrega el ejército; el resto de las tropas, el rey se dispone a llevarlas él en persona a su reino. Pero los griegos, cuando conocieron [5] la retirada del rey, toman la decisión de cortar el puente que éste, como vencedor del mar, había construido en Abido, para que, al cerrarle la retirada, o bien fuera aniquilado con su ejército o bien, ante una situación desesperada, vencido se viera obligado a pedir la paz. Pero Temístocles, temiendo que los [6] enemigos, al cerrárseles la retirada, cambiaran su desesperación en valor y a fuerza de espada dejaran libre el camino que de otra forma les estaba cerrado (repitiendo que en Grecia quedaban bastantes enemigos; que no convenía aumentar su número [7] reteniendo a los otros), puesto que no podía convencer a los demás con sus argumentos, envía ante Jerjes al mismo siervo, le informa del proyecto y le aconseja que apresure la retirada y [8] ocupe antes el paso. Éste, conmocionado por la noticia, confía el ejército a sus generales para que lo conduzcan a su destino; [9] él por su parte se dirige con unos pocos a Abido. Allí, habiendo encontrado el puente roto por los temporales del invierno, temblando [10] de miedo, pasó al otro lado en una barca de pesca. Era algo digno de verse y apropiado para apreciar el destino humano ver, por un asombroso cambio de las cosas, escondido en una pequeña barca a quien poco antes apenas podía contener todo el mar, desprovisto incluso de toda ayuda de sus siervos, a aquél cuyos ejércitos, por su magnitud, eran demasiado pesados [11] para la tierra. Tampoco las tropas de a pie, que había confiado a sus generales, tuvieron una marcha más afortunada, puesto que a la fatiga diaria (en efecto, no hay descanso alguno para quienes [12] tienen miedo) se había añadido también el hambre. Después, la escasez de muchos días había provocado también la peste y morían de manera tan horrible, que los caminos se cubrían de cadáveres, y aves de presa y animales salvajes, atraídos por el aliciente de la comida, seguían al ejército.

[14 ] [2] Entretanto Mardonio en Grecia toma Olinto 119 . Incita además a los atenienses a esperar en la paz y en la amistad del rey, prometiéndoles reconstruir aún más grande su ciudad incendiada. [3] Después de ver que para ellos la libertad no se vende a ningún precio, incendió lo que había empezado a construir y traslada [4] sus tropas a Beocia. Allá también le siguió el ejército de los griegos, que era de cien mil hombres, y allí se entabló batalla 120 . Pero la fortuna del rey no cambió con el cambio de general; [5] pues Mardonio, vencido, huyó con unos pocos como de un naufragio 121 . El campamento, rebosante de la real opulencia, [6] fue tomado; se repartieron el oro de los persas, apoderándose de los griegos por primera vez desde entonces el deseo desmedido de riquezas. Casualmente el mismo día en que las [7] tropas de Mardonio fueron destruidas, se luchó también contra los persas en una batalla naval, en Asia, al pie del monte Mícale 122 . Antes de entrar allí en combate, cuando las flotas estaban [8] una frente a otra, llegó a uno y otro ejército la noticia de que los griegos habían vencido y que las tropas de Mardonio habían sido aniquiladas. Se dice que fue tan grande la velocidad [9] de la noticia que, habiéndose entablado combate en Beocia al amanecer, a mediodía, en tan corto espacio de tiempo, a través de tantos mares y tan gran distancia llegó a Asia la noticia de la victoria 123 . Concluida la guerra, cuando se trataba de las [10] recompensas a los pueblos, por unanimidad se antepuso a los demás el valor de los atenienses. Entre los generales también [11] Temístocles, considerado el primero por el testimonio de las ciudades, aumentó la gloria de su patria 124 .

[15] Entonces los atenienses, crecidos por las recompensas de la guerra y por la gloria, se emplean en levantar de nuevo su [2] ciudad. Habiendo trazado un perímetro mayor para las murallas, comenzaron a levantar sospechas entre los lacedemonios, que consideraban cuánto poder daría la fortificación de la ciudad a quienes tanto había dado la destrucción de la misma. [3] Por tanto envían embajadores para advertirles que no construyan bastiones y refugios para los enemigos en una futura [4] guerra. Cuando Temístocles vio que envidiaban las expectativas de su ciudad, pensando que no había que obrar bruscamente, respondió a los embajadores que irían a Lacedemonia [5] quienes deliberaran junto con ellos sobre aquel asunto. Despedidos de esta forma los espartanos, exhorta a los suyos a [6] que aceleren la obra. Después de algún tiempo marcha él mismo en la embajada y, unas veces fingiendo una enfermedad durante el viaje, otras acusando la lentitud de sus colegas, sin los que no podía hacerse nada conforme a derecho, aplazaba la embajada día tras día y buscaba tiempo para terminar la [7] obra; entretanto, se anuncia a los espartanos que la obra en Atenas se acelera, por lo que de nuevo envían embajadores [8] para verificar la noticia. Entonces Temístocles a través de un siervo escribe a los magistrados de los atenienses que encadenen a los embajadores y que los retengan como rehenes, para [9] que no se tome con él una decisión demasiado dura. Después llega a la asamblea de los lacedemonios, manifiesta que Atenas está bien fortificada y que puede ya resistir un ataque no [10] sólo con las armas sino también con las murallas; si por esto decidían sobre su persona algo demasiado cruel, para el caso sus embajadores estaban retenidos en Atenas como rehenes. [11] Después les reprochó duramente que buscasen el poder no por medio de su valor, sino por medio de la debilidad de sus [12] aliados. Después de haberle dejado partir así, es recibido por sus conciudadanos como si hubiese vencido a los espartanos. Después de esto los espartanos, para que sus fuerzas no se debilitaran [13] por el ocio y para vengar la guerra llevada dos veces por los persas contra Grecia, toman la iniciativa de devastar el territorio de éstos. Como general de su ejército y del de sus [14] aliados eligen a Pausanias, quien, aspirando al reino de Grecia en vez del cargo de general, pacta con Jerjes, como recompensa a su traición, las bodas con la hija de éste, tras haberle devuelto los prisioneros para vincular la palabra del rey con algún favor. Escribe además a Jerjes diciéndole que matara [15] a todos los embajadores que le enviara, para que la cosa no fuera descubierta por la locuacidad de los hombres. Pero [16] Aristides, general de los atenienses y aliado en la guerra, obstaculizando los intentos de su colega, al tiempo que tomaba sabias medidas sobre el asunto, rompió los planes de traición. No mucho después, Pausanias es acusado y condenado 125 . Así pues, viendo Jerjes que se había hecho público el intento [17] de traición, de nuevo emprende la guerra. Por su parte los [18] griegos nombran general a Cimón el ateniense, hijo de aquel Milcíades 126 a cuyas órdenes se luchó en Maratón, joven cuya futura grandeza revelaron sus muestras de piedad filial; pues cuando su padre, que había sido encarcelado por una [19] acusación de malversación, murió en la cárcel, asumiendo la prisión en su lugar, lo rescató para que recibiera sepultura. Y [20] no traicionó en la guerra la opinión de los que le habían escogido, pues no inferior en valor a su padre, obligó a Jerjes a retirarse asustado a su reino, tras haberlo vencido en una guerra por tierra y por mar 127 .

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50 Los partos se establecieron al sudeste del mar Caspio (Partia), entre Hircania, Margiana, Drangiana, Media y Carmania. Partia formó parte del imperio persa desde el 540 a. C., fue conquistada por Alejandro en el 331 a. C. y hacia el 250 a. C. se convirtió en un reino independiente con Ársaces, jefe de una de sus tribus nómadas. La capital de Partia fue Dara, y más tarde Hecatómpilos, «La ciudad de las cien puertas» (cf. XLI y XLII).

51 El lago Meotis es el mar de Azov. Para «mar Póntico» cf. n. 9. El mar Egipcio es el Mediterráneo oriental.

52 Es difícil identificarlos, ya que los griegos daban este nombre a distintas montañas de Europa (Pirineos, Alpes). Desde el s. I d. C. designaban una cadena montañosa al norte de la Sarmacia europea (llanura entre la Germania y el Caspio), paralelamente a la costa del mar Suébico (Báltico) y habitada por los legendarios Hiperbóreos. Tal vez podría identificarse con los Urales.

53 Río de la Cólquide (región en la costa oriental del mar Negro) que, bajando del Cáucaso, desembocaba en el mar Negro. Era considerado por los antiguos el límite entre Asia y Europa. No sabemos con qué río podría identificarse hoy. El mito cuenta que Fasis, habiendo sorprendido a su madre en adulterio, la mató y que después, puesto que las Erinias lo perseguían, se arrojó al río Arturo, desde entonces llamado Fasis. Dio nombre al «faisán», porque de allí proceden estas aves.

54 Según HERÓDOTO (IV 19), el territorio de los escitas no tenía árboles, salvo la región llamada Hilea («boscosa»), situada al norte de Escitia propiamente dicha.

55 En 514-513 a. C., Darío I atraviesa el Bósforo, penetra en Tracia, remonta el Danubio y, sin encontrar resistencia, persigue a los escitas. Pero éstos infligieron grandes pérdidas al ejército de Darío, que tuvo que retirarse por falta de provisiones (cf. II 5, 9-12).

56 Se invierte el orden cronológico. Se trata de la expedición de Ciro el Grande contra los maságetas en el 530-529 a. C., anterior, pues, a las pérdidas que infligieron a Darío I.

57 Lugarteniente de Alejandro Magno en Tracia. En 325 a. C. remontó el Danubio hasta el Dniéper con treinta mil hombres, pero encontró la muerte en la empresa (cf. XII 2, 16 y XXXVII 3, 2).

58 Capadocia era una extensa región del Asia Menor, entre Cilicia, Frigia y el Ponto, con capital en Mazaca, la Cesarea de los romanos (hoy Kayseri). Aquí se refiere a Capadocia Póntica, esto es, la parte de la costa sur del mar Negro, al este del promontorio de Sinope. El río Termodonte (hoy el Terme) desemboca en el mar Negro; casi en su desembocadura está situada la ciudad de Temiscira.

59 Según algunos, las amazonas se unían una vez al año con los gargarenos, pueblo escita del Cáucaso nororiental. Según Trogo, los vecinos a quienes se unían las amazonas ocasionalmente eran los albanos (cf. XLII 3, 7).

60 El término amazonas vendría del griego a-mazós «sin mama» o «de seno robusto», según se entienda a- como privativa o intensiva respectivamente. Hay quienes lo relacionan con el término caucásico maza «luna», por lo que amazonas significaría «sacerdotisas de la luna». Algunas fuentes hacen descender a las amazonas de Ares (Marte) y la ninfa Harmonía (cf. 4, 13). Se ha pensado también que se trata de una población pregriega con una sociedad matriarcal.

61 Según el mito, fundaron también Cime, Esmirna (ciudades de Asia Menor, en la Eólide) y Mitilene (en la isla de Lesbos).

62 Se trata de Euristeo, rey de Tirinto, Micenas y Midea, quien impuso a Hércules doce «trabajos», uno de los cuales es el aquí referido (cf. Pref. 2, n. 2). En cuanto a Martesia sólo conocemos el nombre. Oritía, llamada Sinope en OROSIO (I 15, 6), era hermana de Hipólita, Antíope y Melanipe (cf. 4, 23).

63 Es el héroe del Ática por antonomasia. Según una tradición, Teseo había nacido de la unión de Egeo (rey de Atenas) y de Etra, hija del rey de Trecén, pero, en realidad, era hijo de Posidón, quien había violado a Etra la misma noche en que se unió a Egeo. Llevó a cabo la unificación política (sinecismo) del Ática, dividió la sociedad en tres clases: nobles, artesanos y agricultores, reorganizó los Juegos Ístmicos en honor de Posidón. y creó el Areópago.

64 Hipólito, que había heredado de su madre Hipólita la pasión por la caza, veneraba a Ártemis y despreciaba a Afrodita, quien se vengó suscitando en Fedra, madrastra de Hipólito, una viva pasión por el joven. Éste rechazó el incesto con su madrastra, quien lo calumnió ante Teseo y por ello fue maldito por su padre y murió.

65 Pentesilea, hija de Ares y Otrere (la Oritía de Justino), a la muerte de Héctor, acudió en ayuda de Príamo, enfrentándose a Aquiles, que la hirió mortalmente. De los reyes Sagilo y Panaságoro sólo conocemos el nombre.

66 Este encuentro tuvo lugar en el 330 a. C. (cf. XII 3, 5-7). OROSIO (III 18, 5) habla de Halestris y Minotea.

67 La expedición de Darío tuvo lugar en el 514-513 a. C. Para Jantiro cf. HERÓDOTO IV 76, 120, 126, donde aparece como Idantirso.

68 Hoy Danubio.

69 Se alude aquí a la campaña que en el 512 a. C., y por orden de Darío, lleva a cabo Megabazo, conquistando la costa meridional de Tracia y sometiendo a Amintas I, rey de Macedonia. Asia estaba ya bajo el dominio persa.

70 Parece que se trata de la batalla naval de Lade (494 a. C.), que puso fin a la rebelión de Jonia, iniciada por Aristágoras, tirano de Mileto.

71 Atenas y Eretria participaron en el ataque a Sardes en el año 499 a. C.

72 Deucalión, hijo de Prometeo, y su esposa Pirra fueron los únicos que se salvaron del diluvio que Zeus envió contra los hombres del bronce. Recibieron el mandato de repoblar la tierra arrojando a su espalda piedras («los huesos de su madre», según el oráculo). De las que arrojó Deucalión nacieron hombres y de las que arrojó Pirra nacieron mujeres.

73 Es el primero de los reyes míticos de Ática y nació de su mismo suelo, que desde entonces se llamó Cecropea. Cécrope tenía una doble naturaleza: la parte superior de hombre y la inferior de serpiente. Fue un rey pacífico y, a veces, se le atribuye la invención de la escritura.

74 Reinó después de Cécrope. En su reinado Atenas se llamó Cránae y después al país se le llamó Ática, del nombre de su hija Atis. Fue arrojado de su tierra por su yerno Anfictión, uno de los hijos de Deucalión.

75 Anfictión (en el texto Anfictiónides), tras diez años de reinado, fue expulsado por Erictonio. Se le considera el introductor del culto de Dioniso en Ática y, a veces, se le atribuye la fundación de la Anfictionía (asociación religiosa que reunía periódicamente enviados de todas las ciudades griegas).

76 Nombre romano de Atenea.

77 Según la leyenda más antigua, Erecteo/Erictonio era hijo de Hefesto y Atis. Expulsó a Anfictión, que reinaba en Atenas, y se le atribuye la institución de los misterios de Eleusis.

78 Triptólemo es el héroe eleusino por excelencia. En recompensa por la hospitalidad que sus padres habían ofrecido a Deméter en Eleusis, la diosa le dio un carro tirado por dragones para que fuera por toda la tierra sembrando el trigo. Se le atribuía la institución de las Tesmoforias (fiestas en honor de Deméter).

79 Eleusis/Eleusino es el héroe epónimo de la ciudad de Eleusis. Según algunas tradiciones, era hijo de Hermes y de Daíra y estuvo casado con Cotona, de la que nació Triptólemo. La ciudad de Eleusis era un suburbio del Ática, no lejos de Atenas. Los misterios eleusinos eran unas ceremonias religiosas que daban a los iniciados la certeza en una vida mejor después de la muerte. Las divinidades titulares de los misterios eran Deméter y su hija Perséfone.

80 Según la tradición mítica, después de su unión con Etra, de la que nació Teseo (cf. n. 63), Egeo casó con Medea, hija de Eetes. rey de la Cólquide, y de esta unión nació Medo. Cuando Teseo marchó a Atenas para que Egeo lo reconociera como hijo, Medea quiso deshacerse de él, engañando a Egeo, pero éste lo reconoció como tal y Medea tuvo que huir a Cólquide con su hijo Medo. Más tarde Egeo se arrojó al mar (llamado desde entonces Egeo), creyendo que había perdido a su hijo Teseo en su expedición contra el Minotauro.

81 Demofoonte, según la leyenda, era hijo de Teseo y tomó parte en la guerra de Troya (1194? a 1184? a. C.) para liberar a su abuela Etra, esclava de Hélena.

82 Los dorios, a quienes la tradición hacía descedientes de Doro, hijo de Héleno, constituyeron el más importante movimiento de penetración en Grecia procedente del norte. Se extendieron desde el Parnaso (Grecia Central) e invadieron Argólide, Laconia y Mesenia, donde se había asentado la cultura micenia, que con esta invasión comenzó su declive.

83 Según la tradición más extendida, Codro, hijo de Melanto de Pilos, fue el último rey de Atenas (s. XI a. C.). La lista de los reyes atenienses, seguida por Trogo, y reducida por Justino, puede ser: Cécrope, Cránao, Anfictión, Erictonio, Pandión, Egeo, Teseo, Demofoonte, Melanto y Codro.

84 Al rey sucedió una serie de siete arcontes (del griego árkhōn, «jefe», magistrados que ejercían el gobierno de la ciudad) elegidos primero (1038-753 a. C.) vitaliciamente y después (752-682 a. C) por diez años. A partir del 682 a. C. se instituye un colegio anual de nueve arcontes, se nombra un polemarco. que asumía el mando militar, se crea el Consejo del Areópago, que vigilaba la elección de los arcontes y se crea la comisión de los Tesmotetes, que vigilarán las leyes (cf. ARISTÓTELES , Constitución de los atenienses 3). Las reformas de Solón (principios del s. vi a. C.) convirtieron el arcontado en un privilegio de los más ricos y en el 477 a. C. Arístides lo hizo accesible a todos.

85 Solón, hijo de Execéstides. nacido alrededor del 630 a. C., es considerado el padre de la democracia ateniense, ya que con sus reformas hasta los más pobres pudieron tener participación en la vida pública. Fue elegido arconte para el año 594-593 a. C., como árbitro en las disensiones entre pueblo y nobleza y para reordenar la constitución del estado. Anuló las hipotecas sobre la persona de los ciudadanos, abolió la esclavitud por deudas y favoreció la parcelación del suelo; distribuyó a los ciudadanos, según sus ingresos, en cinco clases, obligadas a prestaciones fiscales y militares y con derecho a ser elegidos para las magistraturas. Creó tribunales populares, de los que podían formar parte todos los ciudadanos. Creó la ekklēsía. asamblea que controlaba el ejercicio del poder por parte de los magistrados, y un Consejo de cuatrocientos miembros de entre los más ricos, que en parte asumió funciones del Areópago.

86 El primer código legal, fundamentalmente penal, es anterior a Solón y fue obra de Dracón, nombrado hacia el 624 a. C. legislador extraordinario para la revisión de la constitución y las leyes, con el fin de alejar intentos de tiranía como el de Cinón en el 630 a. C. Su código fue famoso por su severidad y desde entonces es proverbial la expresión «leyes draconianas» para aludir a leyes excesivamente severas.

87 El epitomador utiliza a lo largo de toda la obra nombres romanos para instituciones griegas y de otros pueblos. Aquí se refiere a la boulḗ «consejo de los cuatrocientos».

88 Mégara está situada al oeste de Atenas sobre una colina del istmo que une Ática y el Peloponeso. Probablemente perteneció al Ática, de la que fue separada a consecuencia de la invasión doria.

89 Isla situada en el golfo de Egina, al oeste de El Pireo. Hacia el 600 a. C. Salamina había pasado a los megarenses. Parece que en el 565 a. C. los atenienses, en una empresa dirigida por Pisístrato, la reconquistaron definitivamente.

90 La acción de Solón sobre Salamina tuvo lugar en el 612 a. C. y la intervención de Pisístrato en el 565 a. C. El «entretanto» del comienzo sólo es uno de esos elementos de unión de que hablábamos en la Introducción (cf. n. 13).

91 Pisístrato (600-527 a. C.), gobernó en Atenas, con uno o tal vez dos paréntesis de destierro, desde el 561 al 528 a. C. Mantuvo lo esencial de las reformas de Solón, con algunas novedades: nombró los altos cargos, desarmó a los ciudadanos y estableció la imposición fiscal directa. Supo aprovecharse de las disensiones entre sus enemigos. Bajo su tiranía se creó la primera biblioteca pública y Atenas conoció una etapa de esplendor.

92 El texto marcado entre paréntesis angulares es una adición de KLOTZ .

93 Se trata de un error de Justino, ya que el hijo menor de Pisístrato, al que aquí se alude, se llamaba Hiparco. Éste fue asesinado por venganza en el 514/3 a. C. por dos jóvenes nobles: Harmodio y Aristogitón.

94 Hipias en el 511-10 a. C. pidió ayuda a los espartanos para sostener su tiranía, pero fueron precisamente éstos quienes precipitaron su caída, ya que perseguían una política antitiránica y filooligárquica.

95 Cf. II 5, 13.

96 La expedición persa (primavera del 490 a. C.). estaba mandada no por Darío I, sino por Datis y por Artafernes (Tisafernes en el Prólogo ). En agosto-septiembre de ese año. a unos 42 km. al nordeste de Atenas, en la bahía de Maratón, los persas fueron derrotados por los atenienses mandados por el polemarco Calimaco y por Milcíades. Un año antes Atenas se había aliado a Esparta por iniciativa del estratego Milcíades.

97 Ya que querían empezar la expedición al final del plenilunio.

98 La cifra de seiscientos mil persas carece de valor histórico. Las fuentes coinciden en que en campo de batalla hubo diez mil griegos, de los que mil eran aliados plateenses.

99 Esto es, 1.472 metros.

100 Temístocles había sido ya arconte en el 493/2 a. C.

101 En el 486 a. C.

102 Que cayó combatiendo en Salamina.

103 Darío I empezó a reinar en el 522 a. C. y Jerjes. el mayor de los cuatro hijos que había tenido de Atosa, debió nacer hacia el 519 a. C.

104 Artafernes, sátrapa de Sardes, era hermano de Darío I y padre del Artafernes visto al frente de la primera expedición contra Grecia (cf. 9). Jerjes reinó del 486 al 465/4 a. C.

105 Según HERÓDOTO (V 20), desde la primavera del 484 a la primavera del 480 a. C.

106 Rey de Esparta desde el 515 a. C. hasta el 491 a. C., en que fue destronado por su colega Cleómenes I. Se refugió en Pérgamo y disuadió a Jerjes de su campaña contra Grecia (Segunda Guerra Médica), que resultó desgraciada (cf. HERÓDOTO VII, 239).

107 HERÓDOTO habla de Gorgo, mujer del rey Leónidas, el cual en el 488 a. C. había sucedido a su cuñado Cleómenes I y que moriría en las Termópilas en agosto del año 480 a. C.

108 Los manuscritos dan decies centum milium «un millón», corregido por RÜHL basándose en OROSIO (II 9, 2) y aceptado por SEEL .

109 Jerjes hizo construir dos puentes sobre el Helesponto o mar de Hele (hoy estrecho de los Dardanelos), que une el Egeo y la Propóntide (hoy mar de Mármara). Abrió también un canal en el istmo del monte Atos.

110 El paso de Tesalia a la Grecia Central, entre el monte Eta y el golfo de Malia, se llamaba Termópilas, en griego «puertas calientes», por los manantiales termales de sus proximidades. Los espartanos, que esperaban allí a los persas, fueron sorprendidos por la retaguardia, pero resistieron hasta el fin, como recuerda una inscripción en aquel lugar: «Caminante, ve a decir a Esparta que hemos muerto aquí por obedecer sus leyes».

111 Casi al mismo tiempo que se libraba la batalla de las Termópilas (480 a. C.) la flota griega que defendía el estrecho entre la isla de Eubea y el continente y que estaba mandada por Euribíades y Temístocles se enfrentaba a los persas, a las órdenes de Jerjes, no lejos del cabo Artemisio, al norte de la isla.

112 Temístocles (525?-460? a. C.), que se había destacado en la batalla de Maratón (490 a. C.), era partidario de una política de expansión por mar (cf. HERÓDOTO VII 114; ARISTÓTELES , Constitución de los atenienses 22, 7). En el 480 a. C., Temístocles consiguió aglutinar a todos los helenos contra la invasión de Jerjes. Temístocles se hizo odioso por su fasto y sus exacciones en el Egeo. Fue condenado al ostracismo en 472/1 a. C. Después de Argos y Corcira, recabó finalmente la protección de Artajerjes, que le concedió Magnesia, Lámpsaco y Miunte.

113 En el texto latino tenemos Thespiades, en lugar de Thespias. Tespias y Platea son ciudades de Beocia, en la Grecia central.

114 En el 480 a. C. Atenas fue evacuada y sus mujeres, niños, esclavos y bienes muebles fueron trasladados a Salamina, o a Egina (isla en el golfo Sarónico), o a Trecén, ciudad de la Argólida. Los hombres válidos para la lucha fueron embarcados en naves de guerra. La noticia de los preparativos persas había llevado a Temístocles a acelerar la construcción de una flota, ya iniciada al reanudarse la lucha con Egina.

115 El oráculo de Delfos (cf. HERÓDOTO VII 141) debía referirse a la empalizada que rodeaba la Acrópolis. Temístocles debió forzar la interpretación del vaticinio.

116 El espartano Euribíades acabó aceptando el plan de Temístocles. La batalla tuvo lugar, como éste quería, en el estrecho de Salamina (480 a. C.), entre la costa ática del monte Egáleo, el islote de Psitalea y la península de Cinosura.

117 Artemisia I, hija de Lígdamo de Halicarnaso, asumió la soberanía de Halicarnaso como regente de su hijo Pisindelis.

118 Hijo de Gobrias y yerno de Darío (cf. I 9, 22), sucedió a Artafernes en Sardes (492 a. C.) y restableció la democracia en las ciudades de Jonia. Atacó a los griegos de Europa, pero fue derrotado cerca del monte Atos. En el 479 a. C. ocupó Beocia y Ática, pero la intervención de los espartanos lo obligó a retirarse a Beocia.

119 Ciudad de Calcídica, que, según HERÓDOTO (VIII 127), fue conquistada por Artabazo, cuando éste marchaba a reunirse con Mardonio.

120 La batalla tuvo lugar en Platea, en agosto del 479 a. C. Las cifras que nos dan las fuentes parecen exageradas.

121 Según todas las fuentes, salvo CTESIAS (Pérsicas 25), Mardonio murió en el campo de batalla y fue Artabazo quien huyó a Asia herido.

122 Es conjetura de BONGARS . Es un promontorio del Asia Menor, frente a la isla de Samos.

123 En el texto se omite que, después, la escuadra griega, dirigiéndose hacia los Dardanelos, ocupó la ciudad de Sesto (primavera del 478 a. C.), con lo que se considera concluido el período de la guerra persa.

124 Las fuentes discrepan al respecto: HERÓDOTO (VIII 93 y 123-124) y PLUTARCO (Vida de Temístocles 17) dicen que la primacía se otorgó a Egina. También HERÓDOTO (VIII 123) dice que todos los jefes se colocaron a sí mismos en el primer puesto y a Temístocles en el segundo. Según ÉFORO y DIODORO , el primer puesto fue para Aminias, hermano de Esquilo.

125 Pausanias era hijo de Cleómbroto, de la familia de los Ágidas. En el 477 a. C., al frente de la flota aliada, ocupó Chipre y Bizancio, estableciéndose como tirano de esta última ciudad, de donde Atenas logró expulsarlo. Reclamado por los éforos, regresó a Esparta, donde, convicto de haber pactado con los persas, fue emparedado. Le sucedió el navarco espartano Dorcis.

126 Su padre Milcíades había sido condenado a una multa por el fracaso de su expedición contra Paros (489 a. C.). Murió a consecuencia de unas heridas recibidas en la expedición.

127 En el 477 a. C. los atenienses habían constituido una liga con centro en Delos, una de las islas Cícladas. A ella se adhirieron la mayor parte de las ciudades costeras del Asia Menor, de las Cícladas, de Eubea y de Calcídica. Cimón, que había asumido el mando de la flota en calidad de estratego en el 476 a. C., obtuvo una gran victoria contra los persas en Eurimedonte, en el 468 a. C.

LIBRO III
SINOPSIS

Muerte de Jerjes a manos de Artábano. Artajerjes, engañado, venga la muerte de su padre en su hermano Darío. Luego la vengará en el asesino Artábano (1). División de Grecia en dos bloques liderados por Esparta y Atenas (2). Licurgo y la constitución espartana (3). Primera guerra mesénica. Los Partenias, mandados por Falanto, buscan una patria, que encuentran en Tarento (4). Segunda guerra mesénica (5). Tercera guerra mesénica. Primera y segunda guerras del Peloponeso (6). Tras quince años de paz, surgen nuevos enfrentamientos entre espartanos y atenienses (7) .

Jerjes, rey de los persas, antes terror de los pueblos, después [1 ] del desafortunado final de la guerra de Grecia comenzó a recibir el menosprecio incluso de los suyos. De hecho, Artábano, prefecto [2] suyo, puesto que de día en día disminuía la majestad del rey, concibió la esperanza de reinar; una tarde entró con sus siete hijos, jóvenes muy robustos, en palacio (pues por razones de amistad siempre tenía las puertas abiertas), mata al rey y se vale del engaño contra los hijos de éste, que eran un impedimento a sus deseos. Más seguro de Artajerjes, todavía un niño, le hace [3] creer que Darío 128 , que era un joven, había matado al rey para apoderarse del reino cuanto antes; incita a Artajerjes a vengar el [4] parricidio con un parricidio 129 . Al llegar a casa de Darío, lo encontraron durmiendo, pero lo matan como si estuviera fingiendo [5] que dormía. Después, viendo Artábano que uno de los hijos del rey sobrevivía a su crimen y temiendo la disputa por el trono entre los nobles, hace a Bacabaso cómplice de su proyecto, [6] el cual, contento por su situación en ese momento, descubre la verdad a Artajerjes: cómo había sido matado su padre, cómo había sido abatido su hermano por una falsa sospecha de parricidio, cómo, en fin, se preparaban asechanzas contra él mismo. [7] Sabido esto, Artajerjes, temiendo al número de hijos de Artábano, ordena que el ejército forme armado al día siguiente, para revisar el número de soldados y la habilidad de cada uno en las [8] armas. Así pues, mientras también Artábano formaba armado entre los demás, el rey finge tener una coraza demasiado corta, ordena a Artábano que la cambie con él y, cuando, despojándose de ella, había quedado desprotegido, lo atraviesa con la espada [9] y al mismo tiempo ordena apresar a sus hijos. Y de este modo el insigne joven vengó el asesinato de su padre y la muerte de su hermano y se libró de las asechanzas de Artábano.

[2 ] Mientras esto sucede entre los persas 130 , entretanto toda Grecia, dividida en dos facciones bajo la dirección de los lacedemonios y de los atenienses, vuelve sus armas de las guerras extranjeras como contra sus propias entrañas 131 . Así que de un [2] solo pueblo se hacen dos cuerpos y los hombres de un mismo campamento se dividen en dos ejércitos enemigos. De una parte, [3] los lacedemonios arrastraban a su poder militar a las tropas auxiliares proporcionadas por las ciudades y que un día habían sido comunes; de otra, los atenienses, ilustres tanto por la antigüedad de su linaje como por sus hazañas, confiaban en su propio poder. Y así los dos pueblos más poderosos de Grecia, [4] parecidos por las leyes que les habían dado Solón y Licurgo 132 , se precipitaban a la guerra por rivalidades de poder. Pues Licurgo, aunque había sucedido a su hermano Polidectes, [5] rey de los espartanos, y había podido reclamar para sí el reino, con la mayor lealtad lo entregó a Carilo 133 , hijo póstumo de éste, cuando llegó a la edad adulta, para que todos comprendieran [6] cuánto más valiosos son entre los hombres de bien los deberes del respeto a la familia que cualquier poder. Y entretanto, [7] mientras el pequeño crece y él ejerce su tutela, dio leyes a los espartanos, que no las tenían, haciéndose famoso no más por la invención de tales leyes que por su ejemplo, puesto que [8] no prescribió a los demás por ley alguna nada de lo que él mismo el primero no diera testimonio en su persona. Al pueblo lo [9] animó a la obediencia a los nobles y a los nobles a la justicia [10] en sus órdenes. A todos inculcó la austeridad, pensando que las fatigas de la milicia serían más llevaderas por el continuo [11] hábito de la frugalidad. Mandó que todo se adquiriera no con [12] dinero, sino con el cambio de mercancías. Suprimió el uso del oro y la plata como fuente de todos los crímenes.

[3 ] Repartió la administración del Estado entre las clases de [2] los ciudadanos 134 : a los reyes 135 encomendó el mando en la guerra, a los magistrados y a sus sucesores anuales los juicios 136 , al senado la custodia de las leyes 137 , al pueblo el poder de elegir y renovar el senado y nombrar los magistrados [3] que quisiera 138 . Distribuyó las fincas de todos entre todos por igual, para que, al estar igualado el patrimonio, ninguno fuera más poderoso que otro 139 . Mandó que todos comieran juntos [4] en lugares públicos 140 para que no quedasen ocultos ni las riquezas ni el despilfarro de ninguno. A los jóvenes no se les [5] permitió usar más de un vestido en todo el año y a ninguno andar en público más elegantemente vestido que otro, ni ser más opulento en sus comidas, para que la imitación no diera lugar al despilfarro. Ordenó que los jóvenes, en la pubertad, fueran [6] llevados al campo y no al foro, para que pasaran los primeros años no en la molicie, sino en el trabajo y en el esfuerzo. Dispuso [7] que para dormir no extendieran nada debajo y que no se alimentaran con carne guisada y que no volvieran a la ciudad antes de hacerse hombres 141 . Mandó que las doncellas se casaran [8] sin dote, para que se eligieran esposas y no patrimonios y para que los maridos sometieran a sus esposas con más severidad, al no estar sujetos a los frenos de la dote. Quiso que el [9] mayor honor estuviera reservado no a los ricos y poderosos, sino a los ancianos, según su edad, y, en verdad, en ningún lugar de la tierra la vejez tiene una consideración mayor. Y como [10] veía que estas leyes al principio eran duras a causa de la precedente relajación de costumbres, hizo creer que su autor era Apolo Délfico y que después él las había promulgado por mandato del dios, para que el temor religioso venciera el rechazo [11] a adaptarse. Después, para dar duración eterna a sus leyes, obliga a los ciudadanos con el juramento de no cambiar nada de sus leyes antes de que volviera y hace creer que se marcha al oráculo de Delfos para consultar qué convenía añadir [12] o cambiar de las leyes. Sin embargo marcha a Creta y allí se exilió para siempre y al morir dispuso que sus huesos fueran arrojados al mar, para que, devueltos a Lacedemonia, los espartanos no pensaran que estaban libres del compromiso sagrado de su juramento sobre la abolición de las leyes 142 .

[4 ] Así pues gracias a estas costumbres el estado se fortaleció en poco tiempo, hasta el punto que, habiendo declarado la guerra a los mesenios por haber violado a las doncellas espartanas durante un sacrificio solemne en Mesenia, se comprometieron con el más severo juramento a no volver hasta haber tomado esta ciudad 143 ; ¡tanto se prometían de sus fuerzas y de su fortuna! [2] Esto fue el comienzo de la división de Grecia y la causa [3] y principio de una guerra civil. Y así, como en contra de lo esperado fueran retenidos durante diez años en el sitio de la ciudad y fueran reclamados por sus esposas, que se lamentaban de [4] tan larga ausencia, por esta prolongación de la guerra tuvieron miedo de causarse un daño más importante a sí que a los mesenios. Pues éstos, gracias a la fecundidad de sus mujeres reemplazaban a cuantos jóvenes caían en la guerra; ellos, por el contrario, tenían pérdidas continuas por la guerra y la fecundidad de sus esposas era nula a causa de la ausencia de los maridos 144 ; en consecuencia, escogen jóvenes de entre aquel grupo [5] de soldados que después del juramento habían llegado como refuerzo, a los cuales enviaron a Esparta y les permitieron compartir el lecho promiscuamente con todas las mujeres, convencidos [6] de que sería más rápida la fecundación, si cada mujer la intentaba por medio de varios hombres. Los hijos nacidos de [7] ellas fueron llamados Partenias 145 , por la mancha de la honestidad de sus madres. Éstos, cuando llegaron a los treinta años, [8] por temor a la indigencia (pues no tenían padre, cuyo patrimonio esperaran heredar), toman como jefe a Falanto, hijo de Arato el que había aconsejado a los espartanos enviar a los jóvenes a la patria para engendrar hijos, de manera que así como [9] hacía tiempo habían considerado al padre responsable de su nacimiento, así también consideraban al hijo responsable de su esperanza y dignidad. Y así, sin despedirse de sus madres, de [10] cuyo adulterio creían haber recibido su deshonor, parten en busca de una patria; empujados durante mucho tiempo a través [11] de distintas vicisitudes, al fin llegan a Italia, y, ocupando la ciudadela de los tarentinos, después de vencer a sus antiguos habitantes, se asientan allí 146 . Pero pasados muchos años, su [12] caudillo Falanto, expulsado al exilio por una sedición, se retiró a Brindis 147 , donde los antiguos tarentinos se habían refugiado [13] después de haber sido expulsados de su patria. En el momento de su muerte, les persuade a reducir a polvo sus huesos y sus últimos restos y hacerlos esparcir en secreto en el foro de Tarento 148 , [14] pues Apolo Délfico, decía, había vaticinado que de [15] este modo podían recuperar su patria. Pensando ellos que les había revelado los hados de sus conciudadanos para vengarse, [16] obedecieron su mandato. Pero el sentido del oráculo había sido distinto; pues con este hecho había prometido la posesión perpetua [17] de la ciudad y no su pérdida. Así, por consejo de su jefe exiliado y por obra de sus enemigos, la posesión de Tarento se [18] había asegurado a los Partenias para siempre; por el recuerdo de su favor decretaron divinos honores a Falanto.

[5 ] Entretanto los mesenios, no pudiendo ser vencidos por el [2] valor, lo son por el engaño. Después, como hubiesen soportado durante ochenta años los dolorosos azotes de la esclavitud y con frecuencia la cárcel y demás males propios de un pueblo tomado, tras prolongados sufrimientos y penalidades, de nuevo [3] reanudan la guerra 149 . También los lacedemonios se dirigen a las armas con tanta más unanimidad cuanto que suponían que [4] iban a luchar contra esclavos. Así pues, como de este lado la sinrazón y de aquél la indignación estimularan los ánimos, los lacedemonios, una vez consultado el oráculo de Delfos acerca del resultado de la guerra, reciben el mandato de pedir a los atenienses un general para la guerra. Por su parte, los atenienses, [5] tras conocer la respuesta del oráculo, les envían, para menosprecio de los espartanos, al poeta Tirteo 150 , que era cojo, el [6] cual, derrotado en tres batallas, llevó a los espartanos a tal grado de desesperación que liberaban a sus siervos para completar su ejército y les prometían las esposas de los caídos, de manera [7] que sustituían a los ciudadanos perdidos no sólo en el número sino también en la dignidad. Pero los reyes de los lacedemonios, [8] para no derramar mayores perjuicios sobre la ciudad combatiendo contra la suerte, quisieron hacer volver al ejército, si no hubiese intervenido Tirteo, quien compuso unos versos [9] que recitó ante el ejército en asamblea y en los que había incluido exhortaciones al valor, consuelo en las desgracias y consejos para la guerra. Y así infundió tanto ardor a los soldados [10] que, preocupados no por su salvación sino por su enterramiento, ataban a su brazo derecho unas placas en las que estaban escritos su nombre y el de sus padres, para que, si un [11] resultado adverso en la guerra acababa con todos y resultaban confusos los rasgos de su cuerpo a causa del tiempo, pudieran ser enterrados según la indicación de las inscripciones. Los reyes, [12] viendo al ejército animado de este modo, procuran que la noticia llegue a los enemigos; pero el hecho no infundió temor [13] a los mesenios, sino una mutua rivalidad. En consecuencia se [14] luchó con tanta valentía que rara vez hubo una batalla más sangrienta. Sin embargo la victoria finalmente fue de los lacedemonios. [15]

[6 ] Transcurrido un tiempo, los mesenios reanudaron la guerra [2] todavía por tercera vez; los lacedemonios llamaron en su ayuda, [3] entre otros aliados, también a los atenienses; como sospecharan de su lealtad, los licenciaron, pretextando que eran innecesarios [4] para la guerra 151 . Los atenienses, reaccionando ante esto con desagrado, trasladan de Delos a Atenas el dinero que se había reunido por toda Grecia como contribución a la guerra pérsica 152 , para que no sirviera de botín y rapiña a los lacedemonios, [5] si abandonaban la lealtad a la alianza. Pero tampoco los lacedemonios se estuvieron quietos y, como estaban ocupados en la guerra con los mesenios, lanzaron a los habitantes del [6] Peloponeso a hacer la guerra a los atenienses. Éstos, al haber enviado su flota a Egipto, tenían en aquella época pocas fuerzas. En consecuencia, son vencidos fácilmente en una batalla [7] naval. Los atenienses, después de un tiempo, habiendo aumentado el poder de su flota y de su infantería tras el regreso de los [8] suyos, reanudan la guerra. También entonces los lacedemonios, habiendo abandonado a los mesenios, habían vuelto sus armas contra los atenienses. La victoria estuvo indecisa mucho [9] tiempo; finalmente unos y otros se retiran ni vencedores ni [10] vencidos. Los lacedemonios, reclamados de allí a la guerra contra los mesenios, para no dejar a los atenienses ningún intervalo de reposo, pactan con los tebanos restituirles el dominio de Beocia, que habían perdido en tiempos de la guerra pérsica, a condición de que emprendieran la guerra contra los atenienses. Tan grande era la animosidad de los espartanos que, [11] aun estando implicados en dos guerras, no rehusaron emprender una tercera, con tal de conseguir enemigos para sus adversarios 153 . Por tanto los atenienses, para hacer frente a tan gran [12] tormenta bélica, eligen a dos generales: Pericles 154 . hombre de reconocido valor, y Sófocles 155 , autor trágico, los cuales, después [13] de dividir su ejército, devastaron los campos de los espartanos y sometieron al poder de los atenienses a muchos pueblos de Asia 156 .

7 Quebrantados los lacedemonios por estos desastres, concluyeron una paz para treinta años, pero su hostilidad no soportó [2] tan larga inacción 157 . Y así, rompiendo el tratado después de quince años con desprecio hacia los dioses y hacia los [3] hombres, devastan el territorio de Ática, y para no parecer que habían buscado el botín más que la lucha, provocan a sus enemigos [4] al combate 158 . Pero los atenienses, por consejo de su general Pericles, aplazan la ofensa por la devastación para la ocasión de una venganza, considerando innecesario luchar [5] cuando podían vengarse del enemigo sin peligro. Pocos días después embarcan y, sin que los lacedemonios se dieran cuenta de nada, devastan toda Esparta y se llevan mucho más de lo [6] que habían perdido, hasta el punto que, comparando los daños, [7] la venganza fue mucho mayor que la ofensa 159 . Esta expedición de Pericles fue considerada sin duda gloriosa, pero mucho más glorioso fue su desprecio del patrimonio privado. Los enemigos [8] habían dejado intactos los campos cultivados de Pericles mientras devastaban los de los demás, con la esperanza de poder atraer sobre él, o bien el peligro por la envidia, o bien el deshonor por la sospecha de traición. Pericles, previendo esto, [9] había advertido al pueblo lo que sucedería y había donado a la república sus propios campos, para alejar los ataques de la envidia; y así encontró la mayor gloria allí, donde se había buscado [10] un peligro. Algunos días después de esto, se luchó en una [11] batalla naval; los lacedemonios, vencidos, huyeron. Después, [12] unos y otros no cesaron de causarse bajas mutuamente, luchando con resultado variable en la tierra y en el mar. Al fin, cansados [13] de tantos desastres, concluyeron una paz para cincuenta años, que no observaron sino seis años 160 ; pues la tregua que [14] en nombre propio había establecido, la rompía por medio de sus aliados, como si cometieran un perjurio menor si prestaban [15] ayuda a sus aliados que si luchaban en guerra abierta. De aquí, [16] la guerra se trasladó a Sicilia, pero antes de narrarla, debo decir algunas cosas sobre la situación de Sicilia.

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128 Artajerjes I (465-424 a. C.), apodado por los griegos Makrókheir, «longímano», era hijo de Jerjes y de Amestris. En el 449 a. C. concluyó con los griegos la paz de Calias, por la que se fijaba en Licia la frontera entre las dos naciones. Según CTESIAS y DIODORO (XI 69, 2), era el mayor de los tres hijos de Jerjes.

129 Respetamos el término latino parricidium de significado más amplio que el español parricidio, y que aquí, como en otros muchos pasajes, se utiliza para referirise al fratricidio.

130 Alusión a la rebelión de Egipto encabezada por Amirteo, (460? a. C.), a la represión de la revuelta y a la paz de Calias, a que antes nos referimos (cf. Prólogo ).

131 Se habla aquí de las rivalidades entre la liga delio-ática y la liga peloponesia, esto es, entre Atenas y Esparta.

132 Legislador mítico de la antigua Esparta, que habría vivido entre los ss. XI y IX a. C. Se le hace inventor de un código de rhḗtrai «pacto, sentencia», sobre la igualdad y la división entre espartanos y periecos.

133 Carilo (en algunas fuentes llamado Carilao), rey de Esparta, pertenecía a la familia de los Euripóntidas, que desde la primera mitad del siglo VI y hasta el siglo III a. C. reinaba junto con la de los Ágidas. Según SOSIBIO (250-150 a. C.), reinó desde el 874 al 811 a. C. y, según otras fuentes, en el s. VII a. C. Combatió a los argivos y a los tegeos, que lo hicieron prisionero.

134 En Esparta, los ciudadanos se dividían en tres clases: espartiatas (ciudadanos de pleno derecho), periecos, «moran en torno a la ciudad» (miembros del estado, pero privados de derechos políticos), e hilotas (la población sometida, privada de todos los derechos, que trabajaba los campos de los espartiatas).

135 Los reyes, dos, como hemos visto en n. 133, tenían funciones sacerdotales y judiciales, el derecho de declarar la guerra y de concluir la paz (hasta el fin del s. VI a. C) y, sobre todo, el mando del ejército, colegiado hasta el 506 a. C. y a partir de entonces confiado a uno solo.

136 Se refiere a los éforos, magistrados cuya existencia parece remontarse a finales del s. VIII a. C. Era una magistratura colegiada, formada por cinco miembros. Eran elegidos por la gerousía, «senado», ya que su elección por la asamblea popular era puramente formal. Su presidente daba nombre al año. Tenían competencia en la jurisdicción civil y en parte de la penal, competencia ésta de la gerousía. Su poder, no controlado, aumentó gracias a los conflictos frecuentes entre las dos dinastías. Tenían la misión de interpretar las leyes, lo que de hecho les confería poder legislativo. Vigilaban a los reyes, a quienes podían encarcelar. A partir del s. v a. C. este colegio ejerció una auténtica tiranía.

137 La gerousía, que los romanos traducen por senatus, «senado», estaba compuesta de treinta miembros. Veintiocho de ellos, mayores de sesenta años, eran elegidos de por vida entre la asamblea popular, los dos restantes eran los reyes, que además la presidían. Tenía competencias en la jurisdicción penal y preparaba los proyectos de ley a someter a la asamblea del pueblo.

138 La asamblea del pueblo, apellá, la formaban todos los espartiatas mayores de treinta años. Elegía a los éforos y a los miembros de la gerousía, «senado» y aprobaba los proyectos de ley. No podían reunirse por propia iniciativa.

139 Los lotes de tierra, en griego klêroi, eran repartidos entre los espartiatas y eran inalienables. Podían ser heredados sólo por el primogénito, y si no había herederos, pasaban de nuevo al estado.

140 Estas comidas en común, llamadas syssítia, eran proverbialmente austeras y una costumbre tradicional entre los dorios.

141 Esta rígida educación, en griego agōgḗ, encaminada a hacer de los jóvenes fuertes guerreros y fieles servidores del estado, se llevaba a cabo colectivamente, a expensas del propio estado y a partir de los siete años. A los doce años vivían sólo en comunidad. A los dieciséis años, debían aprender la técnica llamada krypteía, consistente en expediciones nocturnas a la caza de hilotas, como una parte más de su adiestramiento militar.

142 También Solón se exilió después de haber impuesto a sus conciudadanos el cumplimiento de las leyes. Se trata, pues, de un lugar común en lo que respecta a los legisladores arcaicos (cf. II 7).

143 Mesenia era una región del Peloponeso, situada al oeste de Laconia y separada de ella por la cadena de montañas llamada Taigeto. La primera guerra contra los mesenios, entre el 743 y el 724 a. C., condujo a la conquista de la parte meridional de Mesenia. Esparta mantuvo a los periecos en la costa, al este del Pamiso. Los mesenios, tratados como hilotas por los espartanos, fueron sublevados por Aristómenes.

144 En II 5, 1, se describe una situación parecida entre los escitas.

145 Parthénos en griego significa «virgen». Dado que no tenían un padre legal y que habían nacido de mujeres no desposadas, se les llamó Partenias. «hijos de doncellas».

146 Históricamente parece seguro que Tarento tuvo su origen en Laconia. Su fundación tendría lugar, según Eusebio, en el 706/5 a. C. El relato, que sigue a Éforo, omite la conjura de los Partenias y algunos hilotas, quienes, al ser descubiertos, fueron obligados a emigrar y fundar una colonia. Es discutida la historicidad de Falanto.

147 Ciudad del sudeste de Italia, en la Apulia, a orillas del mar Adriático. Fue eslabón entre el mundo oriental y el mundo romano.

148 Según Estrabón, fue sepultado en Brindis.

149 Alrededor del 650 a. C. Aristómenes. con la ayuda del rey de Orcómeno, Aristócrates, y de Pisa, Pantaleón, sublevó a los mesenios, tratados como hilotas. La traición posterior de Aristócrates puso fin a la segunda guerra mesénica con la conquista de Ira (fortificación en los confines de Arcadia y Mesenia). Se recuerdan dos grandes batallas en esta guerra: la de Esteniclaros, en el curso medio del río Pamiso, y la de la Gran Fosa. La fuente más importante sobre esta guerra es el poeta Tirteo.

150 Poeta elegíaco que floreció alrededor del 640/35 a. C. Según la tradición, era un maestro ateniense o milesio enviado a Esparta para, en cumplimiento del oráculo, dar moral a los espartanos. Los fragmentos de sus poemas, en los que se combinan exhortaciones al valor y a la autodisciplina con recuerdos de pasadas victorias, sugieren que el poeta era nativo de Esparta.

151 La tercera guerra mesénica tuvo lugar en el 464 a. C., aprovechando un seísmo en Esparta. Contra los mesenios, atrincherados en el monte Itome, los espartanos pidieron ayuda a sus aliados y temporalmente (primavera-otoño de 462 a. C.) a los atenienses. La intervención de Cimón con cuatro mil hoplitas no tuvo éxito, por lo que los espartanos los despidieron, temiendo además que propagaran por el Peloponeso su ideas democráticas. Por este motivo los atenienses denunciaron su alianza con Esparta. La guerra terminó en el 460 a. C.

152 Se trata del tesoro de la liga delio-ática. Su traslado a Atenas estaba relacionado con la renovación de las actividades persas en el Egeo y no con el temor a un ataque de Esparta.

153 En estos años de la llamada primera guerra del Peloponeso la situación era como sigue: Atenas, después de denunciar la alianza con los espartanos, se alía con la liga Tesalia, con Argos y con Mégara. Entra en guerra con Corinto, aliada de Esparta, interviniendo en su defensa Egina, también aliada. Entretanto los espartanos intervenían en la Grecia Central en ayuda de la Dórida y contra los focenses. De regreso, aliándose con los tebanos, vencieron a los atenienses en Tanagra en el 457 a. C. Dos meses después los atenienses vencerían a los beocios en Enofita. Esparta no estaba en condiciones de luchar contra Atenas, por lo que promueve una tregua.

154 Pericles, hijo de Jantipo y Agariste, nació en el 495 a. C. Sucedió a Efialtes como jefe del partido democrático. Guió la política ateniense hasta su muerte. Después de la paz de Calias con los persas (449 a. C.) y de la de Treinta Años con Esparta (446 a. C.), trató de imponer la hegemonía de Atenas a los independientes. Durante el llamado «siglo de Pericles», Atenas alcanzó su apogeo, como lo evidencian los nombres de Fidias, Sófocles, Eurípides, Sócrates, Aspasia etc. Eliminada la oposición del aristócrata Tucídides, Pericles hizo de Atenas un modelo de democracia. Sus enemigos consiguieron que se le condenara por no poder dar cuenta de los fondos secretos que le habían sido confiados, pero los atenienses le volvieron a elegir estratego en la primavera del 429 a. C., y en el otoño de ese mismo año murió a causa de la peste que se había declarado en Atenas.

155 Sófocles, célebre poeta trágico, vivió entre el 496/5 y el 406 a. C. Se sabe muy poco de su actividad política, sólo que fue hellēnotamías (tesorero de la liga delio-ática) y estratego con Pericles en 441-39 a. C., participando en la expedición contra Samos. Fue estratego por segunda vez en el 428-427 a. C. y próboulos (del Consejo de los Diez) en el 413-411 a. C. Mantuvo estrechas relaciones con Pericles y con Heródoto.

156 Probablemente se haga referencia a la expedición dirigida por Cimón contra Chipre y contra los persas (450/49 a. C.). Cimón murió enfermo en el curso de esta expedición, pero los atenienses alcanzaron una importante victoria en Salamina de Chipre. Después de esto, los persas quedaron excluidos del Egeo y las ciudades griegas del Asia Menor gozaron de paz.

157 En el 446/5 a. C. Atenas firmó con Esparta una paz para treinta años, por la que renunciaba a Mégara y retiraba sus guarniciones de los pueblos costeros del Peloponeso. A ello la decidieron dos sucesos importantes: la derrota de Coronea en el 447 a. C., por la que perdió la Fócide y Mégara, y la revuelta de Eubea del 446 a. C.

158 En el 431 a. C. los tebanos, aliados de Esparta, atacan Platea, aliada de Atenas, dando comienzo a la llamada segunda guerra del Peloponeso. Pero la guerra comienza efectivamente con la invasión del Ática unos meses después por parte del rey espartano Arquidamo.

159 En el 431 a. C. una primera expedición con cien naves atenienses recorrió las costas del Peloponeso. desembarcando en Metona, en la Megáride y en la Elide. Ese mismo año partieron treinta naves más a la Lócride. Al año siguiente, el 430 a. C., el mismo Pericles con cien naves saqueó el territorio de Epidauro, Hermión. Trecén y Prasias.

160 La primera fase de la segunda guerra del Peloponeso, llamada «arquidámica», concluyó en el 421 a. C. con la llamada paz de Nicias. A Pericles, tras su muerte, le sucedieron los radicales Cleón e Hipérbolo. Después de la muerte de Cleón y Brásidas (general espartano), se firmó una paz para cincuenta años, pero las hostilidades se reanudaron en el 415 a. C. con la expedición ateniense a Sicilia. Sin embargo, ya había habido enfrentamientos entre los aliados de las dos ciudades: argivos y atenienses fueron batidos en Mantinea en el 418 a. C. por los espartanos y arcadios, y en el 416 a. C. tiene lugar el ataque de los atenienses a la isla de Milo, aliada de Esparta.

LIBRO IV
SINOPSIS

Orígenes de Sicilia (1). Reinado de Cócalo y propagación de las tiranías en toda la isla (2). Los atenienses, mandados por Lamponio, intervienen en Sicilia a petición de los catanienses en contra de los siracusanos (3). Tras una paz entre ellos, se producen nuevos enfrentamientos entre catanienses y siracusanos; los primeros son ayudados por los atenienses al mando de Nicias, Alcibíades y Lámaco; los siracusanos, en cambio, son ayudados por los espartanos mandados por Gilipo (4). Las luchas entre ambos bandos terminan con la victoria de los siracusanos y sus aliados (5) .

Se cuenta que Sicilia en otro tiempo estuvo unida a Italia [1 ] por un estrecho istmo y que fue separada como de su cuerpo por la mayor violencia del mar Superior 161 que choca allí con todo el peso de sus aguas. Y su misma tierra es ligera y quebradiza [2] y está atravesada por cavernas y conductos, hasta el punto que casi toda ella está abierta al soplo de los vientos; además, la composición natural del mismo suelo es adecuada [3] [4] para producir y alimentar fuegos. Pues se dice que por dentro hay esparcido azufre y betún, lo que hace que, al entrar en colisión el aire con el fuego en el interior de la tierra, muy a menudo y en muchos lugares ésta vomite unas veces llamas, otras [5] vapores y otras humo. De ahí, en fin, que dure ya tantos siglos [6] el fuego del monte Etna 162 . Y cuando un viento más violento se introduce a través de los respiraderos de sus cavernosidades, [7] hace salir gran cantidad de arena. El promontorio más cercano en Italia se llama Regio, porque así se designa en griego a los [8] lugares escarpados 163 . Y no es de extrañar si está llena de fábulas la historia antigua de este lugar en el que se reunieron [9] tantas maravillas. Ante todo, porque en ninguna otra parte hay un brazo de mar tan violento y de una impetuosidad no sólo rápida sino incluso furiosa, terrible no sólo para los que lo experimentan, [10] sino también para quienes lo ven desde lejos. Además, es tan violento el encuentro de las olas que se entrechocan, que a unas se las puede ver asentarse en el fondo, como quien huye, y a otras, como quien vence, levantarse hasta lo alto; y oír, ya aquí el rugido del hirviente oleaje, ya allí el gemido [11] del oleaje que se hunde en el abismo. Añádese el fuego próximo y permanente del monte Etna y de las islas Eólidas 164 , como si el incendio se alimentara con las aguas mismas; [12] y, en efecto, tan gran fuego no habría podido durar tantos siglos en tan estrecho espacio de otra manera, salvo que fuera [13] alimentado por combustibles húmedos. De aquí, pues, las fábulas hicieron nacer a Escila y Caribdis 165 , de aquí el oír ladridos, de aquí la creencia en formas monstruosas, pues los navegantes, aterrados por los grandes remolinos del oleaje, imaginan oír que ladran las olas al entrechocar en la vorágine de un mar agitado que las engulle. La misma causa produce también [14] el perenne fuego del monte Etna. En efecto, tal arremolinamiento [15] de aguas arrastra consigo el aire a las profundidades y allí lo mantiene ahogado mucho tiempo, hasta que expandido a través de los respiraderos de la tierra prende las materias combustibles. Ya la misma proximidad de Italia y de Sicilia es tal y [16] la altura misma de los promontorios tan parecida que inspira tanta admiración ahora cuanto terror a los antiguos, quienes creían que al reunirse los promontorios y separarse de nuevo, eran arrebatadas y engullidas las sólidas embarcaciones. Y esto [17] no fue imaginado por los antiguos para dar lugar a una bella fábula, sino por el temor y asombro de los viajeros. Tal es, en [18] efecto, la naturaleza del lugar para quienes lo contemplan desde lejos, que podría pensarse que es un golfo y no un estrecho, y cuando uno se acerca allí, se podría creer que se separan y se disgregan los promontorios que antes habían estado unidos.

El primer nombre de Sicilia fue Trinacria, después se llamó [2 ] Sicania 166 . Ésta fue desde el comienzo la patria de los Ciclopes 167 [2] y, después de su desaparición, Cócalo se apoderó del [3] reino de la isla. Después de él cada una de las ciudades se sometieron al poder de los tiranos 168 , en los que ningún país fue [4] más fecundo. De entre éstos, Anaxilao 169 con su sentido de la justicia luchaba contra la crueldad de los otros y su moderación [5] produjo no poco fruto. En efecto, habiendo dejado a su muerte sus hijos pequeños y habiendo confiado su tutela a Mícalo 170 , siervo de probada fidelidad, tan grande fue el amor que su recuerdo despertaba entre todos, que preferían obedecer al siervo a abandonar a los hijos del rey, y los nobles de la ciudad, olvidándose de su propia dignidad, aceptaban que la majestad del [6] reino fuera administrada por un esclavo. También los cartagineses intentaron conseguir el dominio de Sicilia y lucharon largo [7] tiempo con los tiranos con resultado indeciso. Finalmente, vencidos, después de haber perdido a su general Amílcar y a su ejército, permanecieron en paz algún tiempo 171 .

[3 ] Entretanto, cuando los habitantes de Regio se desgastaban en desavenencias y la ciudad estaba dividida en dos bandos por las disensiones, una de las partes llamó en su ayuda a los veteranos de Hímera 172 ; éstos, después de expulsar de la ciudad a aquellos contra los que habían sido llamados y después de matar a aquellos a quienes habían prestado ayuda, se apoderaron de la ciudad, de las esposas y de los hijos de sus aliados, atreviéndose [2] a un crimen no comparable con el de ningún tirano, como que para los habitantes de Regio habría sido mejor ser vencidos que vencer. Pues habrían servido a los vencedores por [3] derecho de cautividad o habrían tenido que exiliarse después de haber perdido su patria, pero no habrían sido asesinados entre las aras y los lares familiares 173 , dejando como botín a cruelísimos tiranos su patria con sus mujeres e hijos. Cuando [4] también los catanienses soportaban la opresión de los siracusanos, desconfiando de sus propias fuerzas pidieron ayuda a los atenienses; éstos, sea por su deseo de un más vasto dominio, ya [5] que habían ocupado completamente Asia y Grecia, sea por temor a que la flota construida hacía tiempo por los siracusanos fuera a engrosar las fuerzas de los lacedemonios, enviaron a Sicilia al general Lamponio con una flota, para que, so pretexto de llevar ayuda a los catanienses, tratara de conseguir el dominio de Sicilia. Y, puesto que los comienzos habían sido favorables, [6] al haber derrotado con frecuencia a los enemigos, de nuevo se dirigieron a Sicilia con una flota mayor y con un ejército más fuerte a las órdenes de Laques y Caríades; pero los catanienses, [7] ya por miedo a los atenienses, ya por el cansancio de la guerra, habían concluido la paz con los siracusanos después de haber licenciado a las tropas auxiliares de los atenienses 174 .

[4 ] Después de algún tiempo, como los siracusanos no observaran la paz con fidelidad, los de Catania de nuevo envían embajadores a Atenas, los cuales se presentan ante la asamblea desfigurados, en vestidos repugnantes, con el cabello y la barba largos, adoptando por completo el aspecto del luto para mover [2] a compasión; acompañan sus ruegos de lágrimas y con súplicas mueven al pueblo a la misericordia, hasta el punto que se condenó a los generales que habían retirado los refuerzos de [3] Catania. Por tanto se decide equipar una enorme flota; se nombran jefes a Nicias, Alcibíades y Lámaco 175 , y de nuevo se dirigen a Sicilia con unos efectivos tan grandes que sembraban el terror en aquellos mismos en cuya ayuda eran enviados 176 . [4] Poco tiempo después, llamado Alcibíades a juicio, Nicias y Lámaco sostienen dos combates en tierra con resultado favorable; [5] después, habiendo rodeado a los enemigos con fortificaciones y teniéndolos encerrados en la ciudad, les impiden el [6] aprovisionamiento también por mar. Debilitados los siracusanos [7] por todo ello, piden ayuda a los lacedemonios. Éstos les envían sólo a Gilipo 177 , pero éste valía por todos los ejércitos auxiliares. Después de oír de camino que el estado de la guerra [8] se había inclinado ya, reunidos refuerzos parte en Grecia y parte en Sicilia, ocupa unas posiciones adecuadas para la guerra. Vencido después en dos batallas, entabló una tercera, en la que, [9] muerto Lámaco, Gilipo puso en fuga a los enemigos y libró a sus aliados del asedio. Pero como los atenienses se hubiesen [10] pasado de la guerra en tierra a la guerra en el mar, Gilipo hizo venir desde Lacedemonia una flota con refuerzos. Sabido esto, [11] también los mismos atenienses envían en lugar del general muerto a Demóstenes 178 y a Eurimedonte con refuerzos. También [12] los habitantes del Peloponeso, por decisión común de los estados, enviaron a los siracusanos gran cantidad de tropas auxiliares y, como si la guerra se hubiese trasladado de Grecia a Sicilia, por ambas partes se luchaba con todas las fuerzas.

Así pues los atenienses son vencidos en el primer encuentro [5 ] naval; también pierden su campamento con todo el dinero público y privado. Como, encima de estas desgracias, hubieran [2] sido vencidos también en una batalla por tierra, Demóstenes entonces empezó a ser de la opinión de marcharse de Sicilia, mientras la situación, si bien lamentable, sin embargo no estaba perdida del todo. No debía insistirse más, decía, en una guerra [3] con malos auspicios; en la patria había guerras más graves y tal vez más desafortunadas, para las que convenía guardar los preparativos que la ciudad había hecho. Nicias, sea por la [4] vergüenza de haber fracasado en la empresa, sea por el temor de haber frustrado las esperanzas de los ciudadanos, sea porque le empujaban los hados, lucha por que se queden. Se inicia, [5] pues, de nuevo la guerra por mar y los ánimos se vuelven de los desastres de la pasada fortuna a la esperanza de la lucha; [6] pero por la impericia de sus capitanes, que atacaron a los siracusanos mientras éstos se defendían en medio del estrecho, son [7] vencidos fácilmente 179 . El general Eurimedonte 180 cae el primero, luchando valerosamente en la primera línea, y son incendiadas [8] las treinta naves que tenía bajo su mando. Demóstenes y Nicias, también igualmente vencidos, hacen desembarcar [9] las tropas, considerando más segura la huida por tierra. Gilipo abordó las ciento treinta naves abandonadas por éstos y después [10] los persigue a ellos mismos; a parte los captura mientras huían, a parte los mata 181 . Demóstenes, después de perder su ejército, se libra del cautiverio dándose muerte voluntariamente [11] con la espada, pero Nicias, no inducido a mirar por su honor ni siquiera por el ejemplo de Demóstenes, aumentó el desastre de los suyos con la ignominia de su cautiverio 182 .

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161 Son los mares Adriático y Jónico. El Tirreno es el mar Inferior.

162 Macizo volcánico en la costa nordeste de Sicilia.

163 Se trata de Reggio di Calabria, Rhḗgion, probablemente de la misma raíz que rhḗgnymi, «romper», y que rhêxis, «rotura».

164 Archipiélago del mar Tirreno, al norte de Sicilia, consideradas por los antiguos dominio del dios de los vientos Eolo, de donde les viene su nombre.

165 OVIDIO (Met. XIII 906) cuenta cómo Glauco, enamorado de Escila, hija de Forcis (o Trieno) y de Cratéis, rehusó el amor de Circe, quien quiso vengarse echando hierbas mágicas en la fuente donde Escila se bañaba. Inmediatamente en su parte inferior le nacieron seis feroces perros. Habitaba en una cueva en el extremo de Calabria. Al otro lado del estrecho de Mesina vivía Caribdis, hija de la Tierra y Posidón. a la que Zeus, como castigo por haber robado a Hércules seis de los bueyes de Gerión, precipitó en el mar, donde se convirtió en un monstruo marino, que tres veces al día absorbía una gran cantidad de agua del mar, tragándose todo lo que flotaba.

166 Trinacria por las tres cimas con los tres cabos: Lilibeo al oeste, Peloro al nordeste y Paquino al sudoeste. El nombre de Sicania le viene de los sicanos, que habitaron aquí en el neolítico. Más tarde, a fines del 2000 a. C., llegaron los sículos.

167 Los Ciclopes, los compañeros de Polifemo que aparecen en la Odisea, son gigantes con un solo ojo en la frente. Cócalo era rey de Camico (hoy Agrigento).

168 Týrannos significa en griego «soberano absoluto». El primer tirano de Sicilia fue Fálaris, en Agrigento, entre el 570-554 a. C.

169 Del 494 al 476/5 fue tirano de Regio y de Zancle, que, debido al asentamiento de colonos de Mesenia en sus tierras, se llamó Mesina (en griego y latín Messāna).

170 Llamado en las fuentes griegas Míkythos, ejerció la tiranía entre el 476/5 y 467 a. C.

171 Amílcar, hijo de Magón, fue llamado por Terilo, tirano de Hímera, y por Anaxilao, tirano de Regio, contra Terón, tirano de Agrigento (540/30 a 472 a. C.), y Gelón, tirano de Siracusa (485 a 478 a. C.). Ante Hímera Gelón de Siracusa deshizo la ofensiva cartaginesa el mismo año de la victoria de los griegos sobre los persas en Salamina (480 a. C.). Amílcar se suicidó y se firmó una tregua de setenta años entre los cartagineses y las ciudades de Sicilia.

172 En torno al 460 a. C.

173 Los dioses que entre los romanos custodiaban la casa se llamaban Lares.

174 En el 427 a. C. los leontinos, aliados de los catanienses, pidieron ayuda a su aliada Atenas contra los siracusanos. En el 424 a. C. se concluyó en Gela la paz entre siracusanos y catanienses.

175 Nicias (470-413 a. C.) era el jefe del partido aristócrata contra Cleón y fue estratego en numerosas ocasiones. En el 421 a. C. negoció la llamada paz de Nicias (cf. III 7, 13). Alcibíades (450-404 a. C.), discípulo y amigo de Sócrates, en el 415 a. C. arrastró a los atenienses a la guerra con Sicilia, en la que fueron derrotados. Acusado de sacrilegio ante el tribunal de Atenas, Alcibíades huyó primero a Esparta, y después junto a los persas, a quienes aconsejó una política de desgaste de los griegos, apoyando alternativamente a Esparta y a Atenas. Tras las victorias obtenidas sobre los lacedemonios en Cinosema (411 a. C.) y en Cícico (410 a. C.), se le responsabilizó del fracaso de su lugarteniente Antíoco (407 a. C.), por lo que se retiró a Tracia, donde fue asesinado (cf. V 1. 3 ss.). Lámaco (470-413 a. C.) estuvo al mando de una escuadra durante la expedición ateniense al Ponto Euxino (437 a. C.). Murió en el ataque a Siracusa.

176 En el 415 a. C. se envía una gran expedición a Sicilia con el verdadero objetivo de atacar Siracusa. Ésta era una colonia corintia fundada en el 733 a. C., en la costa oriental, junto a la desembocadura del río Anapo.

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