Kitabı oxu: «Sátiras»

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BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 156


Asesores para la sección latina: JOSÉ JAVIER ISO y JOSÉ LUIS MORALEJO .

Según las normas de la B. C. G., esta obra ha sido revisada por OLGA ÁLVAREZ HUERTA .

© EDITORIAL GREDOS, S. A. U., 2008

López de Hoyos, 141, 28002 Madrid.

www.editorialgredos.com

REF. GEBO264

ISBN 9788424931933.

JUVENAL

SÁTIRAS

INTRODUCCIÓN GENERAL

I. LA SÁTIRA ROMANA COMO GÉNERO LITERARIO

Nombre, forma y contenido

Para determinar el origen, la forma y el contenido del género literario romano llamado sátira (en latín satura y accesoriamente satira) disponemos fundamentalmente de tres textos: el primero, del gramático Diomedes; el segundo, un breve comentario (o escolio) a un lugar de Horacio, comentario que coincide básicamente con el texto de Diomedes, pero con una discrepancia importante; en tercer lugar hay un texto de Tito Livio que parece caracterizar un tipo de satura no totalmente coincidente con el descrito por Diomedes 1 . El texto de éste último, cuya edición básica está en Grammatici Latini, debida a H. Keil, Leipzig, 1855-1923, I, pág. 485, traducido al castellano, reza así: «satura toma este nombre o bien de los sátiros, porque en esta forma de verso se recitan cosas cómicas y desvergonzadas tal como las que dicen o hacen los sátiros, o quizás satura proceda de una bandeja (lanx) que repleta de muchas y variadas ofrendas los antiguos ofrecían a los dioses en un rito sagrado, y se llamaba satura por lo lleno y abundante de material. También Virgilio hace mención de este tipo de bandeja en las Geórgicas cuando dice (II 194): “ofrecemos entrañas humeantes en redondas bandejas”, y también (ibidem): “hacemos ofrenda de bandejas de pasteles”. Pero satura podría también derivarse de una especie de salchicha que se rellenaba con muchos ingredientes, y que según Varrón se llamaba satura. Esto consta en el libro segundo de sus Cuestiones Plautinas, donde dice: “la satura se compone de uvas pasas, polenta y piñones, todo ello recubierto con hidromiel, a lo que algunos añaden los granos de una granada”. Otros opinan que satura procede de una ley compendiada, que incluía en sí diversidad de previsiones, argumentando que, en su forma de verso, satura combinaba muchos poemas breves entre sí. Lucilio menciona esta ley compendiada en su primer libro, cuando dice: “quien basándose en la ley compendiada puede absolver al edil electo”, y dice Salustio en su libro Jugurta (29, 5): “se acepta su rendición con unas previsiones precisas hechas como por ley compendiosa”».

El escolio a Horacio 2 dice en el prólogo al primer libro de sátiras: «la gente afirma que la sátira recibe su nombre de la bandeja (lanx) que, llena de diversos frutos de la tierra es ofrecida en el templo de Ceres; también por eso a esta poesía se la ha llamado satura, porque está llena de temas diversos para saciar a los oyentes...». En coincidencia casi exacta se lee en el prólogo de una colección de escolios de Juvenal: «se llama satira (aquí con esta grafía) a un tipo de bandeja (lanx) que se acostumbraba a ofrecer en los sacrificios a Ceres, llena de frutos diversos; a semejanza de esta bandeja, esta poesía se llama satira porque es una colección de muchos vicios».

El texto de Tito Livio (VII 2, 4-10) dice traducido: «En el consulado de Gayo Sulpicio Pético y de Gayo Licinio Estolón (año 364 a. C.), en Roma hubo una pestilencia... Se dice que, entre otros medios para aplacar la ira celestial, se instituyeron unos juegos escénicos, una innovación para el belicoso pueblo romano, puesto que hasta aquel entonces sólo había tenido los juegos del Circo. Pero no se trató de gran cosa... y, por añadidura, fue importada de fuera. Sin ningún tipo de canto, sin acción que en cantos se representara mímicamente, unos juglares (ludiones) llamados de la Etruria, danzando con acompañamiento de flauta, ejecutan movimientos no exentos de gracia, al modo etrusco. Entonces la juventud romana comenzó a imitarles, añadiendo por su cuenta versos indecentes, con los que se lanzaban pullas recíprocamente; los movimientos se adecuaban a la voz. La cosa agradó y progresó con el uso. Los actores del país, puesto que actor en lengua etrusca se llama hister, se llamaron histriones; éstos ya no se tiraron mutuamente, como ocurría antes, aquellos versos indecentes y groseros, del tipo de los fescenninos, sino que se representaban saturae completas y llenas de metros diversos, con el canto escrito y fijado de acuerdo con la música del flautista y con los movimientos de la danza. Livio Andrónico después de algunos años se atrevió por primera vez a abandonar las saturae y a componer dramas con un argumento total y según la costumbre normal en la época, fue actor en sus propias piezas. Pero debido a sus muchas actuaciones se le estropeó la voz y obtuvo licencia para situar a un esclavo que cantara delante del flautista mientras que él representaba con más grande vigor de movimiento, puesto que ya no le estorbaba el deber usar la voz. De ahí que se instituyera la práctica para los actores de tener quien cantara las partes líricas, y que reservaran su voz sólo para el diálogo». El texto de Tito Livio continúa aún prolijamente indicando que puesto que con los actores profesionales desaparecieron de la escena la chanza y la indecencia, la juventud romana prosiguió con la costumbre de intercambiarse, fuera de la escena, versos indecentes, de los que surgió la pieza llamada en latín exodium, que significa sainete y también personaje de sainete, y de ahí se llegó a la más conocida farsa atelana.

Todo este material ha sido valorado de forma no coincidente por los diversos estudiosos. El primer tratadista del tema en época relativamente moderna es Knoche 3 , quien nota que las etimologías segunda, tercera y cuarta propuestas por Diomedes tienen en común que relacionan el término satura con el adjetivo latino satur, que significa «lleno» y también «harto». Este adjetivo, prosigue Knoche, es de una raíz indoeuropea muy productiva en latín; da, entre otros, los términos saturitas, saturare, satis, satietas... El nombre del dios Saturno es de la misma raíz, y, en el polo opuesto, el nombre grotesco Saturio, de personaje de comedia. La forma femenina del adjetivo, satura, acompañó específicamente a determinados sustantivos, ejerciendo su función genuina de adjetivo: lanx, patina, olla (bandeja, cazuela, olla), luego el sustantivo, por ser muy conocido y supuesto, cayó en desuso, y el contenido del plato o bandeja pasó a denominarse por medio del adjetivo sustantivado: satura. Paralelamente algo así ocurrió con el género literario: la que primero se llamó poesis satura o bien fabula satura en su denominación, perdió el sustantivo correspondiente y pasó a llamarse satura a secas. El primer poeta que compuso una obra de estas características fue Enio. Knoche subraya con mucho énfasis que satura no es en latín ningún extranjerismo.

Coffey hila más delgado y dice exactamente lo contrario, que sí lo es. Nota que las tres sílabas de la palabra latina satura son breves y que el latín desconoce una desinencia nominal femenina acabada en -ura con esta penúltima vocal breve, lo cual hace de satura automáticamente un extranjerismo 4 . Más adelante se tocará debidamente este punto.

Knoche no trata en detalle de la primera de las etimologías propuestas por Diomedes, que relaciona el término con los sátiros griegos y el tipo de poesía que en griego también se puede llamar satírica. Coffey sí lo hace 5 , y en ello sigue los pasos de Rostagni 6 , ampliándolos, por cuanto una coincidencia meramente exterior y accidental, una procacidad cierta en los sátiros griegos y supuesta en las primeras fases de una poesía satírica latina podría hacer pensar en una relación de dependencia del género latino a partir del griego, pero hay una diferencia de grafía que es decisiva. La palabra griega va con «y» griega, sátyros, lo cual jamás puede dar en latín satura, de manera que el conocido drama satírico griego y la poesía satírica griega (con un concepto de sátira muy afín al nuestro, que indica un estado de espíritu, no un género literario) no tienen en absoluto nada que ver con la satura latina. También el hecho de que la primera poesía romana satírica conocida, la de Enio, se caracterice por su serenidad y su tranquilidad es un argumento decisivo para rebatir una supuesta relación entre la satura latina y los autores griegos.

Coinciden Knoche 7 y Coffey 8 en señalar que la cuarta etimología propuesta por Diomedes no puede ser tenida en cuenta, porque lo que ella supone, una lex satura relacionada con una lex per saturam, que incluiría en sí diversos preceptos; en Roma no existió jamás, de modo que tal derivación es imposible.

Quedan, pues, las etimologías segunda y tercera de Diomedes, de las que Coffey hace un tratamiento más diferenciado. Precisamente partiendo del supuesto, cierto para él, de que la formación satura en latín fue un extranjerismo, admite que su uso como sustantivo para determinar el género literario es indiscutible, y que se debe a la supresión de un sustantivo al que el adjetivo satura calificó; de la determinación de este sustantivo dependerá fundamentalmente la precisión de lo que significa satura concretamente. Fue un caso singular en que la lengua actuó con enorme energía, empujada por un uso poco común.

El sentido fundamental del adjetivo satur se aplica a algo lleno de comida, repleto. La segunda explanación del término satura a partir de una ofrenda hecha a los dioses en una bandeja tendría la coincidencia del testimonio de Diomedes, con sus dos citas de Virgilio, y del de los escolios de Horacio y de Juvenal. Aquí lanx satura sería una ofrenda concreta y determinada, por lo que aún en esta expresión satura debería tomarse como sustantivo en aposición, y no como adjetivo; no se trataría de cualquier ofrenda de frutos hecha en cualquier bandeja; hay accesoriamente la idea de variedad y de plenitud. Que una poesía que mutatis mutandis ofrezca las mismas características pase a denominarse también satura no puede excluirse, pero los testimonios de Diomedes, por un lado, y de los escolios de Horacio y de Juvenal, por otro, no pueden sumar su fuerza probativa, porque Diomedes en su segunda cita de Virgilio dice expresamente que esta bandeja se ofrecía a Baco, el dios del vino, y debía contener vino, por consiguiente; de los sacrificios ofrecidos a Ceres se sabe que el vino quedaba rigurosamente excluido, de manera que el uso no es el mismo.

La etimología más probable es la tercera propuesta por Diomedes, apoyada precisamente por un lugar de Juvenal. Según ella el género literario satura tomó su nombre de una especie de relleno (farcimen, en latín) que debió caracterizar un embutido, concretamente una salchicha, y luego significó la salchicha misma. Trasladada al género literario, la referencia sería al continente más que al contenido, aunque no se pueda excluir que sea una referencia a una bandeja que contendría lo que en lenguaje muy moderno llamaríamos un plato combinado, con la idea adicional, siempre existente en cualquier caso, de variedad y plenitud. Esta hipótesis tiene dos soportes fuertes a su favor. En primer lugar, la palabra actual «farsa» referida al género teatral de la comedia (básicamente los farsantes son comediantes) es un vocablo italiano que originariamente denominaba un revoltijo que se comía en un solo plato. De manera que por tierras itálicas la transición de una denominación de una comida a que signifique un género literario no es inusual. Aceptando esta hipótesis, el sustantivo que se habría suprimido ante satura más que lanx habría sido patina (cazuela) u olla (olla).

Precisamente Juvenal en su lugar I 86 dice: «lo que ocupa a los hombres, el deseo, el temor, la ira, el placer, los goces, los discursos...», todo ello es nostri farrago libelli, «lo que se revuelve, el revoltijo de mi libro». Ahora bien: la palabra latina farrago indica muy específicamente comida, pero jamás humana, era una mezcla, una, digamos, comida compuesta que se suministraba a los gatos. Entonces la interpretación más común de la expresión nostri farrago libelli es «la mezcla de comidas de que consiste mi libro» pero, en buena sintaxis latina, no se puede excluir que nostri libelli sea un genitivo objetivo, en otras palabras, que indique el destinatario: se ha concebido al libro como a un animal que debe ser alimentado. De ser así Juvenal, con una metáfora desenvuelta y demoledora, aludiría despectivamente a lo que en su época debió de ser la teoría corriente acerca del origen de la sátira.

En cualquier caso fue éste un uso proverbial que Enio recogió cuando tituló Saturae (así, en plural) sus colecciones misceláneas de poemas. Cuando lo hizo disponía de la tradición paralela helenística del sor ó s (montón). En el s. III a. C. se editaban colecciones de poemas llamadas misceláneas (sýmmeikta). Un poeta griego contemporáneo de Enio, Demetrio, tituló una de sus compilaciones Sor ó s, y ello movería a Enio a dar a su obra miscelánea no un título genérico, sino uno concreto, y eligió el de saturae. Con ello es verdad lo que menos parece serlo, y al revés. Porque aquí, y sólo aquí, tenemos un género literario designado con un término genuinamente romano, que nunca se denominó como sus, de algún modo, paralelos griegos, pero algo paralelo en Grecia sí existe, no por el espíritu que anima al género, sino sólo por la materialidad simplemente formal de reunir elementos heterogéneos en un mismo libro.

Se ha aludido antes al hecho de que la palabra italiana «farsa» remonta también a un plato confeccionado con diversos ingredientes, y que luego pasó a significar, por lo menos parcialmente, un género teatral. Ello nos lleva directamente a tratar de la satura dramática, de la que da cuenta Tito Livio. Según lo expuesto hasta ahora, la satura como género literario no sería anterior a Enio (239 a. C.-169 a. C.), pero el texto liviano presupone una satura dramática en pleno s. IV a. C.

No otro que el primer estudioso moderno de Juvenal, Carlos Federico Heinrich, ya en 1839 vio en el texto de Livio un documento auténtico que acreditaba para el s. IV a. C. la existencia de una satura dramática paralela más o menos al drama satírico griego, no originada por él: en su particularidad de que la satura latina es genuinamente romana coinciden todos los estudiosos de todas las épocas. Escribe Heinrich: «Pero los aficionados romanos echaron mano de semejante materia también fuera de la escena. Pues pronto surgió en un círculo distinto una satura escrita para lectores, entonces no todavía para recitales hechos a unos oyentes. Y si ya no lo era en la escena, tampoco fuera de ella la satura como forma artística fue algo determinado: más bien se quedó, por lo que respecta al contenido y a la forma, en una mezcla de prosa y verso, y, en cuanto a este último, de versos de distintos tipos 9 ».

Knoche cree 10 que el texto de Tito Livio contradice las afirmaciones de Diomedes, pero no le da crédito, o en todo caso no cree que ahí haya un antecedente de la satura tal como la cultivó Enio. Pero formula serios reparos a la credibilidad del texto de Tito Livio 11 , que más tarde vienen reproducidos por Coffey 12 . En resumen vienen a decir que el historiador romano, o su fuente, Varrón, no podían estar minuciosamente informados del desarrollo del teatro romano en el s. IV a. C., que generalizaron sobre cosas que sí sabían, y que indujeron abusivamente intentando un paralelo a lo griego, pero exclusivamente romano. Parece que estamos ante una combinación histórico-literaria; la satura dramática es una hipótesis necesaria como estadio intermedio entre unas primeras actuaciones que eran una simple danza acompañada de flauta y una formalización de un teatro como tal, el de los histriones; en el estadio intermedio los actores mezclarían, de ahí el nombre de satura, la danza y el canto. Pero Tito Livio y Varrón carecían de datos objetivos para justificar esta hipótesis, de ahí que la redacción de Tito Livio sea especialmente vaga: «después de algunos años Livio Andrónico...». El paso de una modalidad a otra aún dentro del mismo género literario no queda muy justificada.

Para ver el alcance de la cuestión hay que invertir los términos. Tito Livio quería llegar a una meta determinada, y se inventó el camino. Su procedimiento puede explicarse en parte. Esbozó el desarrollo tanto de las partes dialogadas como el de las partes líricas de la comedia. Pero tal como explicó el diálogo sin referirlo a modelos griegos, de manera igual, una lírica romana sin argumento fijo y adecuado a una trama le fue hipótesis necesaria para explicar las partes líricas. De ahí que introdujera los diálogos, entre jóvenes, de tema burlesco y obsceno, de los que, por traslación, surgiría la sátira redactada en verso, que se habría dado anteriormente a Ennio. Pero los datos históricos no abonan esta tesis 13 .

De modo que en su origen la satura fue un género literario poético no conectado con el drama, caracterizado porque en una composición mezclaba diversidad de temas. Ennio la compuso con estas características: Lucilio usó para ella, e impuso para sus sucesores, el hexámetro dactílico. Quintiliano (Institución oratoria X 1, 95) no dice de él que fuera el inventor, sino el que descolló. La existencia de la sátira como género literario ha llegado a ponerse en duda. Wilamowitz 14 llega a decir que no hay sátira latina, que lo único que hay es: Lucilio, Horacio, Persio y Juvenal. Naturalmente, ello es una exageración, pero tiene su punto de verdad: las sátiras que conocemos bien, las de Horacio, Persio y Juvenal, son tan poco parecidas entre sí tanto en temática como en talante que poco más pueden hacer que no sea apelar a su origen común.

La última visión importante de conjunto que se ha dado del tema modifica poco este estado de cosas. Kenney y Clausen 15 parecen más bien aceptar la existencia de la sátira dramática postulada por Tito Livio, pero en todo caso no la relacionan con la obra de Ennio. La conocida expresión de Quintiliano satira quidem tota nostra est (X 1, 93) puede significar, alternativamente, o que es absolutamente superior a la griega, o bien, como es más admitido corrientemente, que el origen de la sátira es exclusivamente romano.

II. BIOGRAFÍA DE JUVENAL

1. Fecha, lugar y familia de nacimiento 16

Es indudable que en vida de Juvenal su sátira interesó, pues de lo contrario no se habría conservado de manera suficiente para pasar a la posteridad. Pero no es menos seguro que inmediatamente después de su muerte dejó de interesar 17 . Marcial le menciona tres veces, como tendremos ocasión de ver, pero no como escritor, sino como amigo, y excepción hecha de él, no hay autores o contemporáneos o inmediatamente posteriores que le mencionen. Hay que esperar al cristiano Lactancio para encontrar una primera cita del satírico; si pensamos que la muerte de éste debe ponerse después del año 127, pero no mucho más allá, y que Lactancio le cita en sus Instituciones divinas hacia el año 310, han pasado no menos de ciento ochenta y siete años para esta primera emergencia de su figura. Con todo, no será hasta casi cien años más tarde cuando surja un grande y apasionado interés por su producción escrita, y es por obra de Niceo, un discípulo de Servio, el comentarista canónico de Virgilio, quien ya cita con mucha frecuencia a Juvenal en su comentario virgiliano; Niceo hacia el año 400 redacta un comentario a Juvenal. Unos diez años antes Amiano Marcelino hace una pesimista descripción de la vida de la aristocracia de su tiempo, y dice que debería dedicarse a tareas más nobles, pero que pierden el tiempo leyendo a Juvenal 18 . Un cierto recuerdo de la obra del satírico no se había perdido, pues Tertuliano hace de seguro dos citas implícitas de él, de los lugares III, 21, y VI, 1 19 . De modo que una noticia mortecina de Juvenal quedó siempre; San Jerónimo, sin citarlo, lo usa numerosas veces 20 ; San Agustín, en cambio, lo cita una sola vez, pero por su nombre, añadiendo «el satírico» 21 .

En estas condiciones, en parte por la injuria del tiempo y en parte por un innegable interés de Juvenal en esconderse detrás de su obra, de su vida sabemos realmente poco. Esta ignorancia afectó ya a los primeros comentaristas de Juvenal. Para establecer su biografía nos hemos de valer de una serie de breves Vidas, que en realidad son variaciones, confusas casi siempre, sobre dos o tres puntos capitales de ella, de un par de noticias extraídas de la obra del propio satírico (I, 15; III, 319), de tres epigramas de Marcial, y de una crítica interna ejercida con más o menos acuidad. Estas Vitae, editadas por J. Dürr 22 y que encabezan la edición crítica que Jahn hizo del texto latino de las sátiras 23 , no se escribieron con anterioridad a los finales del S . IV . Se compusieron con las pobres tradiciones que entonces corrían sobre la persona del satírico, y parecen proceder todas de una única fuente, probablemente la Vita que una mano posterior añadió al Códice Piteano 24 ; en todo caso es la mejor de que disponemos.

Juvenal mismo insinúa que nació en Aquino (III, 318):

Siempre que Roma te devuelva... a tu Aquino natal

le dice Umbricio al propio poeta, y a mayor abundamiento, en el s. XVIII se descubrieron cerca de la iglesia de San Pedro, en Aquino, dos inscripciones contiguas que, afortunadamente, fueron transcritas a tiempo, porque consta que en el año 1846 ya se habían perdido 25 . El nombre de Juvenal aparece en la primera, y aunque no lo hace en la segunda, ésta se refiere claramente al personaje que mandó labrar la primera; la segunda 26 , la dedica la municipalidad de Aquino a su bienhechor, y la primera, este bienhechor a Ceres Helvina, seguramente en demanda de protección y ayuda para una carrera militar y política que entonces está empezando. Podemos dar por sentado que estas inscripciones se refieren a Juvenal, quien, de acuerdo con su misma indicación en la sátira III, nació, pues, en Aquino.

En cuanto a la fecha de su nacimiento podemos establecer alguna aproximación 27 . Marcial publicó su libro VII de epigramas en el año 92, y ello da una buena pista para inducir la edad de Juvenal en aquel momento. Es importante señalar que Marcial le saluda como amigo, no como escritor. Por otro lado, tenemos motivos para pensar que Juvenal se dedicó a la poesía satírica no en su juventud, sino en una madurez quizás incipiente. Si cuando Marcial le dedicó sus poemas Juvenal hubiera sido un poeta conocido, no hubiera dejado de hacerlo notar. En consecuencia, hacia el año 92 Juvenal llevaba ya en Roma tiempo suficiente como para haber entablado una relación amistosa con Marcial (y con algunos círculos literarios), pero aún no había empezado su carrera poética, que empezó, dice expresamente su anónimo biógrafo, «hacia la mitad de su vida» 28 . Pongamos, pues, que hacia el año 92 Juvenal contara de veinticinco a treinta años; ello nos lleva a fijar su nacimiento en el quinquenio 62-67.

Si insistimos aún en el impreciso dato que nos ofrece la Vita, de que Juvenal «hacia la mitad de su vida» se dedicó a la sátira, y tenemos en cuenta el lugar, de indudable resonancia virgiliana, I 24:

... cuando con sus riquezas provoca a todos los patricios un hombre que cuando yo era joven hacía crujir mi ya molesta barba,

vemos que cuando escribió esta primera sátira, la cual supone seguramente varios ensayos previos, y, además, quizás no fuera la primera que redactó de las cinco que componen el primer libro, se refiere como a un tiempo más bien remoto a la época en que éste, que ahora es un ricachón, era un barbero que le hacía crujir la barba cuando le rasuraba. Pero los romanos empezaban a cuidarse la barba a los cuarenta años, no antes, de modo que al empezar su dedicación a las sátiras Juvenal tenía como mínimo cuarenta años; si cita este tiempo como ya lejano, cuando escribe el lugar I 24, estaría entre los cuarenta y cinco y los cincuenta. Hay buenas razones para pensar que el poeta publicó su primer libro de sátiras hacia el año 110, o en todo caso muy poco después 29 , lo cual, suponiendo para él la edad indicada de los cuarenta y cinco o los cincuenta, nos coloca en una fecha de nacimiento para el poeta hacia el año 65, quizás uno o dos años después.

Quizás se pueda precisar algo más. Juvenal publicó su último libro de sátiras (XIII-XVI) después del año 127, pero antes del 131. En efecto, la sátira XV tiene una referencia precisa al año 127 (XV 27):

... más yo voy a explicaros un suceso increíble, pero ocurrido no ha mucho, durante el consulado de Junco,

y Emilio Junco fue cónsul en el año 127, de manera que su libro V fue publicado por Juvenal después, pero muy poco, del año 127, lo cual se confirma porque en el lugar XIV 96-106, Juvenal declara que algunos romanos siguen el perverso ejemplo que les dan sus padres, que se han convertido al judaísmo; ellos hacen lo mismo y se mandan circuncidar. Ahora bien, en el año 130 el emperador Adriano prohibió la circuncisión en todo el Imperio, incluida la Judea, lo cual suscitó en ella una sublevación formidable en el año 131. Resulta poco verosímil una alusión de Juvenal a este uso luego de tal prohibición y sublevación judía, por lo que la publicación de este libro V debe colocarse precisamente en el bienio 128-130.

Y en el lugar XIII 16-17, el satírico dice a su interlocutor Calvino que ha sido víctima de una estafa:

¿Y esto llena de estupor a un hombre que tiene ya sesenta años, pues nació en el consulado de Fonteyo?

Fonteyo Capitón fue cónsul en el año 67; si la sátira XIII fue compuesta por Juvenal cuando Calvino tenía sesenta años, se redactó en el 127 o en el 128. Pero la obra de Juvenal se interrumpe, por su muerte, casi inmediatamente después, tras la brevísima e incompleta sátira XIII. Todo hace pensar que Juvenal muere en el año 130 o muy poco después. Y le ha hablado a Calvino como a un coetáneo, o quizás como a persona de edad algo menor, de unos cinco años menos. Podemos pensar, pues, que en el bienio 128-130 el satírico rondaría los sesenta y cinco años, o algo más, lo cual nos remite, para fijar la fecha de su nacimiento, otra vez hacia el año 65.

Aquí debe añadirse aún que Juvenal nació en una familia provinciana, pero extraordinariamente rica. El simple hecho de poder ofrendar una inscripción votiva a Ceres ya indica una muy alta posición económica, pero es que además, la carrera militar que iniciaba, testificada por la primera inscripción, y la segunda, ofrecida a su memoria por la municipalidad de Aquino en gracia a un beneficio no común, dan fe, también, no ya de una economía desahogada, sino de un rango financiero verdaderamente descollante 30 . Hay que excluir, sin embargo, que perteneciera por linaje a la nobleza.

2. La formación de Juvenal. Su carrera oratoria

Al principio mismo de las sátiras, Juvenal declara:

¡Ea! También mi mano esquivó la palmeta, también yo aconsejé a Sila que renunciara a sus cargos públicos y que durmiera como un tronco.

Con ello declara 31 que asistió a la escuela primaria, donde el castigo de los palmetazos debía de ser habitual; cuando dice que aconsejó a Sila que renunciara a sus cargos públicos, es decir, a la política, para echarse a dormir tranquilamente, con ello indica que asistió a la escuela de retórica, más probablemente en Roma que en la rústica Aquino. En uno de los epigramas que Marcial le dedica (VII 91) le califica de «elocuente», seguramente por su dedicación entonces actual. Parece que fue discípulo de Quintiliano 32 , quien dio por concluida su docencia en Roma hacia el año 90 33 , con lo que si Juvenal asistió a su escuela debió de vivir ya en Roma como mínimo unos tres años antes, antes de cumplir los veinticinco. Que Juvenal fuera discípulo de Quintiliano parece muy probable por las veces que el satírico le nombra con alto aprecio, y porque, además, su sátira tiene un pathos retórico indudable que él asimiló en alguna escuela, ya que tal artificio no puede en modo alguno ser algo natural.

Además, que se dedicó a la retórica se puede deducir por exclusión. En el lugar XIII 120-122, dice a su amigo Calvino:

Ahora atiende al consuelo que, por el contrario, puede brindarte uno que ni lee a los cínicos ni los dogmas de los estoicos, los cuales difieren de los cínicos sólo porque usan túnica, y jamás contempla a Epicuro satisfecho por las legumbres de su huertecillo 34 ,

que es una confesión expresa de desinterés por la filosofía. Pero en aquella época para un joven que quisiera efectuar estudios superiores sólo había esta alternativa, de manera que también por aquí hay que concluir que Juvenal asistió a la escuela de retórica.

¿Para qué? A ciencia cierta no podemos decirlo. La retórica tenía tres ramas principales 35 , la judicial (pero el poeta no compone, evidentemente, para argüir ante tribunales), la deliberativa, que es, ciertamente, mencionada alguna vez por el satírico, pero la verdad es que en su obra no la ejerce. Sí, en cambio, la demostrativa, que se ocupaba ampliamente de elogiar y de vituperar. En realidad, hay que entender «retórica» en un sentido amplio, de manera que incluya todos los aspectos de la sátira juvenaliana: su hipérbole casi salvaje, su obscenidad, su paradoja. Aunque Rudd extraiga de ello una conclusión sorprendente e inaceptable: dice que básicamente la sátira de Juvenal no pretende ni atacar ni predicar, pretende simplemente entretener.

Lo cierto es que Juvenal en Roma no debió tener problemas económicos hasta bien entrado en la madurez, cuando seguramente Marcial le describe como un cliente (XII 18), y él mismo en la sátira V parece insinuarlo, vv. 20 y sigs.:

De modo que si le plugo admitir a un cliente tras un olvido de dos meses, para que no quede libre el tercer cojín de un diván: «hoy cenaremos juntos», te dice. ¡El colmo de tu ambición! ¿Podrías pedir más? Trebio ya tiene suficiente para interrumpir su sueño, y ni siquiera se anuda los cordones de los zapatos, preocupado de que todas las turbas de clientes hayan ya concluido su ronda cuando aún titilan las estrellas, o en la hora en que el perezoso Boyero hace describir un círculo todavía a su helado carro.

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