Kitabı oxu: «Las cadenas fisiológicas (Tomo I)»

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Busquet

Las cadenas fisiológicas

Fundamentos del método

Tronco, columna cervical

y miembro superior

Léopold Busquet

Michèle Busquet-Vanderheyden

Las cadenas fisiológicas

Fundamentos del método

Tronco, columna cervical y miembro superior

TOMO I


Título original: Les chaînes physiologiques. Tome I. Fondamentaux de la méthode.

Tronc, colonne cervicale et membre supérieur

© 2014, Éditions Busquet

Autores: Léopold Busquet y Michèle Busquet-Vanderheyden

Revisión técnica: Gabriela Naranjo

Traducción: Beatriz Villena

Corrección del texto: Aurora Zafra y Martín Medrano

Dibujos: Cyrille Martinet, Raoùl Ayala, Jean-Paul Latour y Léopold Busquet

Diseño de la cubierta: David Carretero

Edición: Lluís Cugota

© 2016, Editorial Paidotribo

www.paidotribo.com

E-mail: paidotribo@paidotribo.com

Primera edición

ISBN: 978-84-9910-609-0

ISBN EPUB: 978-84-9910-688-5

BIC: MFG, VX

Índice

Introducción

Mi camino hacia el método de las cadenas

Objetivos del método de las cadenas

Los fundamentos del método

Presentación de las cadenas

I. La estática

I. 1. Pliego de condiciones de la cadena estática

El tejido óseo

El tejido muscular

El tejido conjuntivo

I. 2. Descripción de la cadena estática posterior

Objetivos de la cadena estática posterior (CEP)

Trayecto de la cadena estática posterior

Composición de la cadena estática posterior

Los apoyos anteriores hidroneumáticos

I. 3. Conclusiones sobre la estática

II. El equilibrio

II. 1. La función de reequilibrado

Reequilibrado en posición estática

Reequilibrado en movimiento

II. 2. El biomimetismo

Reequilibrado de la trayectoria de un cohete

Reequilibrado de una plataforma de perforación en alta mar

Reequilibrado de la trayectoria de un avión

II. 3. Conclusión

III. El movimiento

III. 1. La organización del movimiento

La sinusoide

Las unidades funcionales

Las cadenas del tronco

Las cadenas musculares del tronco

I. La cadena estática posterior

II. Las cadenas de flexión (CF)

II. 1. Trayecto de las cadenas de flexión del tronco

II. 2. Anatomía de las cadenas de flexión del tronco

II. 3. Análisis funcional de las cadenas de flexión

Influencias dinámicas de las cadenas de flexión

Influencias estáticas de una sobreprogramación de las cadenas de flexión

II. 4. Casos clínicos

III. Las cadenas de extensión (CE)

III. 1. Trayecto de las cadenas de extensión del tronco

III. 2. Anatomía de las cadenas de extensión del tronco

III. 3. Análisis funcional de las cadenas de extensión

Influencias dinámicas de las cadenas de extensión

Influencias estáticas de una sobreprogramación de las cadenas de extensión

IV. Síntesis de la sobreprogramación de las cadenas de flexión-extensión

IV. 1. A nivel vertebral

IV. 2. En el disco

IV. 3. En los tirantes

V. Sistema antigravitatorio y sistema de autocrecimiento

VI. Las cadenas cruzadas de cierre (CCC)

VI. 1. Trayecto de las cadenas cruzadas de cierre del tronco

VI. 2. Anatomía de las cadenas cruzadas de cierre del tronco

VI. 3. Análisis funcional de las cadenas cruzadas de cierre

VI. 4. Influencias estáticas de una sobreprogramación de las cadenas de cierre

VII. Las cadenas cruzadas de apertura (CCA)

VII. 1. Trayecto de las cadenas cruzadas de apertura del tronco

VII. 2. Anatomía de las cadenas cruzadas de apertura del tronco

VII. 3. Análisis funcional de las cadenas cruzadas de apertura

VII. 4. Influencias estáticas de una sobreprogramación de las cadenas de apertura

VII. 5. Casos clínicos que confirman la existencia de las cadenas cruzadas

VIII. Resumen de las cadenas del tronco

IX. Las cadenas y el movimiento

IX. 1. La diversidad de los movimientos

IX. 2. Síntesis de cadenas y movimientos

IX. 3. Tendencias comportamentales de las cadenas

IX. 4. Complementariedad de las cadenas

X. El diafragma

X. 1. Anatomía del diafragma

X. 2. Fisiología del diafragma

El hiato aórtico

El hiato esofágico

El hiato de la vena cava

La respiración

La digestión

La circulación

La inervación

Conclusión

Las compensaciones

I. Introducción

II. Las tres leyes

III. La relación «contenido-continente». La relación entre cadenas musculares y vísceras

III. 1. El despliegue visceral

III. 2. El repliegue visceral

III. 3. Relaciones «contenido-continente» en la caja torácica

Despliegue torácico

Repliegue torácico

III. 4. Relaciones «contenido-continente» en la cavidad abdominal

Despliegue abdominal

Repliegue abdominal

III. 5. Relaciones «contenido-continente» en la cavidad pélvica

Despliegue pelviano

Repliegue pelviano

III. 6. Síntesis de la pareja diafragma-transverso

IV. Lordosis, cifosis y rectitudes

IV. 1. La lordosis

IV. 2. La cifosis

IV. 3. Las rectitudes

IV. 4. Síntesis de la lordosis y la cifosis

V. La escoliosis

V. 1. La escoliosis neurológica, genética, endocrina y metabólica

V. 2. La escoliosis idiopática

Las tensiones internas musculoesqueléticas

Las tensiones internas craneales

Las tensiones internas viscerales

Escoliosis de despliegue

Escoliosis de repliegue

V. 3. Preguntas sobre la escoliosis

V. 4. Síntesis de la escoliosis

La curvatura principal

Las curvaturas secundarias

Influencias de la escoliosis en la estática global

V. 5. Conclusiones

La columna cervical

I. La cadena estática

I. 1. Trayecto de la cadena estática del cuello

I. 2. Anatomía de la cadena estática del cuello

I. 3. Análisis funcional de la cadena estática

II. Las cadenas de flexión

II. 1. Trayecto de las cadenas de flexión del cuello

II. 2. Anatomía de las cadenas de flexión del cuello

II. 3. Análisis funcional de las cadenas de flexión del cuello

El plano posterior prevertebral situado detrás del eje aerodigestivo

El plano anterior situado delante del eje aerodigestivo

III. Las cadenas de extensión

III. 1. Trayecto de las cadenas de extensión del cuello

III. 2. Anatomía de las cadenas de extensión del cuello

III. 3. Análisis funcional de las cadenas de extensión

IV. Las cadenas de apertura

IV. 1. Trayecto de las cadenas cruzadas anteriores del cuello

IV. 2. Anatomía de la cadena cruzada anterior derecha del cuello

IV. 3. Análisis funcional de la cadena cruzada anterior derecha del cuello

V. Las cadenas de cierre

V. 1. Trayecto de las cadenas cruzadas posteriores del cuello

V. 2. Anatomía de la cadena cruzada posterior derecha del cuello

V. 3. Análisis funcional de la cadena cruzada posterior derecha del cuello

VI. El hueso hioides

Los miembros superiores

I. La cadena estática

I. 1. Trayecto de la cadena estática del miembro superior

I. 2. Anatomía de la cadena estática del miembro superior

I. 3. Análisis funcional de la cadena estática

I. 4. Disfunción de la cadena estática

II. La cadena de flexión

II. 1. Trayecto de la cadena de flexión del miembro superior

II. 2. Anatomía de la cadena de flexión del miembro superior

II. 3. Análisis funcional de la cadena de flexión

En el hombro

En el codo

En la muñeca

En manos y dedos

III. La cadena de extensión

III. 1. Trayecto de la cadena de extensión del miembro superior

III. 2. Anatomía de la cadena de extensión del miembro superior

III. 3. Análisis funcional de la cadena de extensión

En el tronco

En los brazos

IV. La cadena de apertura (supinación)

IV. 1. Trayecto de la cadena de apertura del miembro superior

IV. 2. Anatomía de la cadena de apertura del miembro superior

IV. 3. Análisis funcional de la cadena de apertura

V. La cadena de cierre (pronación)

V. 1. Trayecto de la cadena de cierre del miembro superior

V. 2. Anatomía de la cadena de cierre del miembro superior

V. 3. Análisis funcional de la cadena de cierre

VI. Síntesis de la programación de las cadenas de los miembros superiores

Conclusión

Bibliografía

Introducción

Han pasado treinta años desde la primera aparición del tomo I de Las cadenas musculares. Hoy he decidido retomar la escritura de los primeros libros de esta serie. El camino recorrido desde entonces me ha permitido ver con perspectiva, enriquecer, precisar, simplificar y aportar una mayor coherencia a estos primeros escritos.

Las cadenas fisiológicas constituyen una lectura anatómica y fisiológica del cuerpo humano.

No es una teoría.

No es una filosofía.

Como fisioterapeuta desde 1968 y osteópata desde 1979, he impartido clases en el Colegio de Osteopatía Sutherland hasta 1994, cuando sentí la necesidad de dar un paso atrás, sintetizar todo lo que había aprendido, iniciar un trabajo de integración y dar coherencia a todos esos conocimientos. En ese momento, la idea de descodificar el cuerpo en un sistema de cadenas que funcionaran a todos los niveles se hizo evidente. En la práctica, este planteamiento se ha convertido en el hilo conductor de toda mi investigación.

El proyecto puede parecer anacrónico, lo sabemos, la medicina moderna evoluciona desde hace décadas hacia la especialización. Esta especialización ha permitido identificar mejor las diferentes patologías y no negaremos que puede ser una fuente de progreso, aunque presenta un problema importante: segmenta el cuerpo del paciente.

El método de las cadenas fisiológicas, al poner en evidencia las interrelaciones entre todas las partes del cuerpo, va en contra de esta lógica de la segmentación. Por el contrario, reconoce la unidad del cuerpo en su coherencia global y sustituye el examen analítico, que a veces ignora esta coherencia, por un enfoque sintético.

La clave es identificar las disfunciones que afectan el cuerpo del paciente, y son responsables de una mala dinámica que produce un deterioro del equilibrio general del organismo.

Su objetivo es tratar estas disfunciones con el fin de restablecer el equilibrio funcional del cuerpo necesario para volver a crear una dinámica sana.

Mi camino hacia el método de las cadenas

En 1964, comencé mi vida profesional como monitor en un gimnasio especializado en musculación para deportistas y, sobre todo, en clubs de rugbi. Esta experiencia me aportó un primer contacto con el cuerpo humano y permitió financiarme los estudios.

En 1968, me diplomé en fisioterapia. Al no estar satisfecho con las competencias adquiridas (la formación de la época no tenía la calidad de la actual), decidí completar mis conocimientos. Abrí una consulta de fisioterapia y ejercí en una ciudad en la que había un club de rugbi del que yo era miembro. De nuevo, me tuve que enfrentar al mundo del deporte, que exige diagnósticos precisos y resultados rápidos. Paralelamente, un amigo médico me pidió que me encargara de la preparación prenatal y postnatal en su clínica. Esta experiencia en el mundo obstétrico y neonatal, que duró más de quince años, me enseñó la importancia de la parte emocional de la futura mamá y de su bebé mediante la atención, la cooperación y la confianza. Las especificidades de la maternidad y el parto también me enseñaron el papel central de la relación fisiológica «contenido-continente», que es la base del desarrollo del método. En 1975, entré en el Colegio de Osteopatía Sutherland. Estos fueron mis primeros pasos en la osteopatía. En 1977, seguí la formación Mézières con Françoise Mézières y Philippe Souchard.

Cursé paralelamente estas dos formaciones —colegio de osteopatía y formación Mézières—, que en parte se complementaban, pero también confrontaban conceptos. Aunque los profesores de ambas disciplinas eran remarcables, no había convergencia entre sus propuestas. Por un lado, la señora Mézières daba prioridad absoluta al músculo; juzgaban, por el otro, los osteópatas las cuestiones musculares con condescendencia. No obstante, la ventaja de estas actitudes, hasta cierto punto sectarias, era su respectivo rigor: ambas formaciones intentaban ir hasta el fondo de una lógica y una práctica precisas. Sin embargo, en el método que yo propongo, se trata de superar lo que, a mi juicio, las limita.

No obstante, el método de las cadenas fisiológicas les debe ciertos descubrimientos, principalmente a Françoise Mézières, por sus aportaciones sobre la cadena posterior, y a Godelieve Struyf-Denys, en lo que respecta a las cadenas musculares y articulares.

La cadena posterior de Mézières

Históricamente, Françoise Mézières fue la primera fisioterapeuta que tuvo en cuenta el trabajo en cadena. Son varios los métodos posturales que surgieron de sus enseñanzas, que se basan en un enfoque global del paciente. Más precisamente, ha señalado la existencia de una cadena posterior que va de la base del cráneo a los pies. Esta cadena incluía los músculos de extensión. En cambio, en su descripción no tenía en cuenta al resto de los músculos. Sin embargo, en la práctica ha ido más allá de los límites de su propia teoría. Cuando la veíamos trabajar, podíamos constatar que, intuitivamente, iba mucho más lejos y también trataba los músculos del plano anterior.

Las cadenas musculares y articulares de Struyf-Denys

Posteriormente, una colega, Godelieve Struyf-Denys, propuso una organización más completa que incluía varias cadenas, que ella llamó cadenas musculares y articulares. Para identificar y seleccionar los músculos de sus cadenas, se basó en la clasificación de los meridianos de la medicina china tradicional. Este concepto tuvo el gran mérito de ampliar el análisis de las cadenas integrando, por primera vez, las cadenas posteriores y anteriores. Pero si se analiza con atención su propuesta, no puedo estar totalmente de acuerdo con sus ideas por razones de coherencia anatómica y fisiológica.

La reeducación postural global (RPG) de Souchard

Por fin llegamos al método desarrollado en la misma época por Philippe Souchard con el objetivo de desmarcarse del método Mézières. La reeducación postural global (RPG), al igual que el resto de los métodos citados, resulta interesante, pero había que ir más lejos.

En 1979, me diplomé en osteopatía. Los directores del Colegio Sutherland me pidieron que me quedara a enseñar. Así que decidí impartir clases de:

– Organización y tratamiento de las cadenas musculares, que en un primer momento llamé ejes miotensivos.

– Organización y tratamiento del cráneo.

Esta elección sorprendió mucho al director pedagógico, ya que la relación entre los músculos y el cráneo no era evidente. Pero yo había llegado a una certeza: en nuestros tratamientos resultaba absurdo excluir al cráneo porque la dinámica de las cadenas afectaba e integraba íntimamente esta esfera cefálica. En 1979, todavía no estaba en posición de explicar cómo, pero estaba dispuesto a conseguirlo con los años, trabajando no solamente en la demostración de la organización muscular dentro de un sistema de cadenas, sino también en la demostración de la relación entre las cadenas musculares y el cráneo. Este fue el inicio de una bella y apasionante investigación.

En este punto, para comprender mi razonamiento, hay que tener en cuenta las observaciones siguientes. Tras mis años de formación, era más evidente que el funcionamiento del cuerpo humano estaba gestionado por un sistema de cadenas musculares. Pero, dado que no estaba del todo satisfecho con las propuestas existentes, no podía permanecer en una posición únicamente crítica, por lo que tenía que investigar y proponer otro modelo. Había llegado el temible momento de formular una respuesta convincente a los problemas que había descubierto. El proyecto era el siguiente: «Si las cadenas existen realmente, solamente podré demostrar su existencia mediante la lectura respetuosa de la anatomía».

Para descubrir las cadenas, me hacía falta encontrar una clave, un código de acceso, una brújula, para que no me perdiera. Y fue un libro el que me la dio: La coordinación motriz, de Suzanne Piret y Marie Madeleine Bézier, dos fisioterapeutas belgas. En este libro, las autoras hablan de una organización muscular a partir de «un sistema recto y un sistema cruzado». Inmediatamente, esa propuesta suscitó mi interés y, a continuación, intenté verificar si la organización muscular se inscribía de forma natural en estas líneas rectas (longitudinales) y oblicuas (cruzadas).


De hecho, después de numerosas observaciones, podía constatar que los músculos se encadenaban bien en dichos circuitos, en perfecta continuidad de dirección y plano. Era algo maravilloso. Los detalles, las peculiaridades de la anatomía encontraban al fin una justificación simple en el «encadenamiento funcional» de los músculos. De esta forma, ciertos músculos revelaban su verdadera función en la dinámica del conjunto. Para profundizar en este descubrimiento y preocupado por la posibilidad de caer en la abstracción, decidí «provocar a la anatomía» prolongando la dirección de las cadenas en las zonas que todavía no había analizado. Me decía: «Si existe el sistema de cadenas, la anatomía debe confirmar la continuidad del trayecto teniendo músculos que aseguren exactamente la prolongación». Y, cada vez, encontraba en la práctica una confirmación de esta hipótesis. De la cabeza a los pies, se verificaba. La brújula que me habían inspirado Suzanne Piret y Marie Madeleine Bézier parecía ser fiable más allá de mis expectativas. Incluso los músculos de los ojos y los músculos de las articulaciones temporomandibulares se integraban perfectamente en estos circuitos.

Una vez descifrada la anatomía de las cadenas, esto supuso una importante evolución en la práctica. El conocimiento de la anatomía de cada una de las cadenas me dictó diferentes maniobras mejor adaptadas. Instauré nuevas posturas que pueden parecer desconcertantes para un profesional acostumbrado a otras referencias, pero son coherentes y perfectamente naturales una vez que se integran en el método de las cadenas propuesto en este libro.

Durante este período de investigación, pude verificar la validez de mis descubrimientos en deportistas de alto nivel con traumatismos en los que los métodos tradicionales no conseguían mejoría. Obtuve resultados muy positivos aplicando mi método. Varios clubs italianos de fútbol empezaron a solicitar mis servicios. Todas estas experiencias me llevaron a escribir un libro dedicado a la pubalgia. Tras frecuentes contactos con los jugadores de grandes clubs europeos de fútbol, rugbi y baloncesto, terminé formando parte del equipo médico de la selección francesa de rugbi y del equipo del Stade Toulousain durante más de diez años.

Estos diferentes retos me obligaron a sumergirme todavía más en el análisis y el tratamiento de las cadenas. Quería, literalmente, «desmontar» los diferentes problemas que sufrían estos atletas. Mi consulta se convirtió en un auténtico laboratorio para poner a prueba mis ideas. Paralelamente, la preparación de los cursos me obligó a concretar todo lo aprendido, así que se instaló cierta sinergia constante entre la práctica de la consulta y la enseñanza, y ambas empezaron a nutrirse mutuamente. La enseñanza, lejos de desviarme de la investigación, me exigió ser lo más claro, justo y preciso posible; me esforzaba en apoyar mi curso en ideas que impusieran un rigor de construcción, práctica y escritura, lo que, a su vez, afianzaba mis conceptos. En la lógica de esta evolución, rápidamente se hizo necesario perpetuar estas ideas escribiendo libros con el fin de que las nuevas propuestas no se deformaran ni se volvieran incomprensibles. Escribir un libro supone una nueva etapa de verdad y honestidad. Exponemos todas las facetas de nuestra propuesta y las sometemos a la crítica de nuestros colegas. Es una etapa necesaria para probar la fuerza de estas ideas, para ver si son duraderas y fecundas.

En enero de 1980, aunque la profesión todavía no estaba legalmente reconocida en Francia, abrí mi propia consulta de osteopatía a tiempo completo. El esbozo de las cadenas musculares se me hacía cada vez más claro. Dos años después, publiqué mi primer libro sobre las cadenas musculares del tronco.

Sin embargo, en mi consulta, ciertos problemas seguían resistiéndose a mis teorías. Como si las cadenas se encontraran programadas de una forma aberrante, en los casos de escoliosis, deformaciones torácicas, actitudes antálgicas, periartritis escapulohumerales, desviaciones de rodilla, subluxaciones de rótula, pies rotados o, incluso, arcos plantares modificados, etc. ¿Dónde estaba la lógica de estas deformaciones? ¿Dónde estaba la lógica de esta aparente anarquía de tensiones musculares? ¿Había que contentarse solo con «quitar tensiones»? ¿Había que contentarse con enderezar deformaciones que a menudo se resistían? Los casos traumáticos eran fáciles de comprender, pero el resto, todos los casos crónicos, eran más oscuros.

De repente, me parecía absurdo querer enderezar a un paciente. No solo era autoritario, sino que también ignoraba la fisiología real que produce la deformación. Cuando se nos mete en la cabeza que hay que enderezar, la estrategia es «soltar» los músculos obligándolos a que se alarguen, a que se estiren. Pero antes de ponerse a estirar un músculo como un «dictador», es imperativo hacerse la pregunta más importante: «¿Por qué el sujeto no presenta de forma natural una buena estática?» Estas aparentes deformaciones, ¿son necesarias? ¿El cuerpo no tiene razones para ello? Es por esto que no podemos contentarnos con decir al paciente: «Le duele la columna vertebral porque tiene una mala postura. Voy a enderezarle». Un paciente que presenta una estática muy alterada en realidad ha adoptado la estática más ingeniosa e inteligente para compensar sus problemas internos. Me acuerdo de esta frase de mi amigo, el doctor Patrick Tépé: «Tenemos la estática que podemos, no la que queremos».

Pero faltaba una dimensión. Además de los ámbitos musculares y articulares, me parecía evidente que el plano visceral, intracavitario, desempeñaba un papel esencial, hasta el punto de que podría controlar cualquier cadena si se convertía en el asiento de las tensiones. Fue entonces cuando me decidí a trabajar para encontrar la relación entre las cadenas y la organización visceral; había que comprender, dentro de la fisiología general del cuerpo, cuál era la relación entre estos planos.

Esta nueva etapa me llevó a tener en cuenta las cavidades. En el transcurso de este estudio, descubrí la importancia de lo que he llamado la relación «contenido-continente». Este descubrimiento se ha convertido en la base sobre la que se ha desarrollado en profundidad el método de las cadenas como relación permanente entre el contenido visceral y el continente musculoesquelético. Por extensión, esta relación contenido-continente también se aplica a la relación psicosomática que tanto se cita pero que rara vez se explica, y que yo analizo como una relación «psico-víscero-somática». Las tensiones procedentes del nivel psicológico penetran en el cuerpo por el plano visceral para terminar reflejándose en el plano musculoesquelético. Pero no nos confundamos de proyecto y sigamos en nuestro ámbito de competencia. No se trata de sustituir el tratamiento psicológico o psiquiátrico. Si permanecemos en nuestro campo de especialización, es decir, en el ámbito del tratamiento manual de las tensiones somáticas, la relajación de las cadenas musculoesqueléticas y visceral tendrá, lógicamente, una repercusión sobre las tensiones psicológicas.

En 1986, hice un viaje de formación a los Estados Unidos de América en compañía de un grupo de osteópatas. Conocimos al Dr. Anthony Chila, en la Universidad de Athens, en Ohio, en su curso de fascioterapia, y al Dr. John Upledger, en Florida, en su formación de terapia craneosacra. De ahí extraje nuevas perspectivas para mi trabajo.

En 1986, al convertirme en el director del Colegio Sutherland, me di cuenta de la necesidad de enseñar las cadenas en otro marco, independiente de las teorías y de la filosofía tradicional osteopática. Fue entonces cuando decidí crear las condiciones necesarias para desarrollar el método. Invité a un amigo, Bernard Pionner, compañero de mi misma promoción del colegio de osteopatía que también había hecho la formación de Mézières, a que se uniera a mí. Tras conocer mi proyecto, y las evoluciones y novedades del método tal como quería defenderlas, las apoyó totalmente y se embarcó junto a mí en esta aventura, el primero de la cuarentena de profesores que se nos acabarían uniendo con el paso de los años.

A partir de 1990, la idea era instaurar la cadena visceral. Dado que las relaciones entre el aparato locomotor y el sistema visceral estaban bien definidas, había que estructurar la práctica visceral para inscribirla en la lógica del método de las cadenas. El mérito de este desarrollo primordial del método es de Michèle Busquet-Vanderheyden, quien, después de haber hecho un estudio detallado de las cavidades, definió la descripción, el examen y el tratamiento específico de esta cadena tan importante. Primero, se centró en las cavidades abdominopelvianas (tomo VI, 2004) y, a continuación, en las cavidades del tórax, garganta y boca (tomo VII, 2008).

Nuestros intercambios cotidianos, en el marco de nuestras consultas, nuestros cursos y nuestros libros, no han dejado de nutrir la evolución del método desde entonces.

En 1994, la integración íntima de la cadena visceral en el funcionamiento de las cadenas nos permite descubrir la «interfaz» de la mecánica musculoesquelética. La biomecánica articular se hace más comprensible en sus diferentes compensaciones una vez integradas las influencias determinantes de la cadena visceral. Los conceptos que se quedan en un plano de interpretación puramente articular a nivel de la pelvis, la columna vertebral y los miembros superiores o inferiores nos parecían obsoletos y tenían que ponerse en duda.

En 1999, se trataba de completar el cuadro, dado que el cuerpo también está formado por vasos y nervios, una comprensión profunda exige un último plano de análisis: la cadena neurovascular, la estructura neuromeníngea está siempre escoltada por la estructura vascular (paquete vasculonervioso). Esta se inscribe de forma natural en el concepto de las cadenas e implica exigencias funcionales propias

En 1995 descubrí los remarcables trabajos de un colega australiano, David Butler, que abordaban principalmente el tratamiento del sistema neuromeníngeo periférico, pero en los que no se habían desarrollado las partes principales de esta cadena: el neuromeníngeo intracavitario visceral y el neuromeníngeo central en el cráneo. Ahora bien, las evoluciones del método sobre la cadena visceral y el cráneo permitían abordar de forma pragmática estos niveles primordiales.

Quien habla del sistema neurovascular también debe reconducir el análisis craneal, cuya importancia yo ya conocía desde hacía tiempo. De hecho, las cadenas no se detienen en el cráneo, sino que continúan por trayectos anatómicos evidentes a nivel de la cavidad craneal. Tras haber publicado dos obras sobre el cráneo, La osteopatía craneal y Osteopatía y oftalmología, sentía que había que salir del ámbito puramente osteopático, para no encerrarme en un callejón sin salida, y romper en parte con el análisis y la práctica tradicionales propuestas por la osteopatía. Esta evolución no siempre ha sido comprendida por mis colegas más apegados a la tradición, pero en la lógica de mi investigación, se imponía. ¿No es un osteópata la persona mejor posicionada para, con total conocimiento de causa, realizar una autocrítica? ¿Hay que quedarse encerrado en nuestras tradiciones y hacer oídos sordos a las críticas argumentadas y a las incomprensiones? Es cierto que aquellos que proponen un replanteamiento atraen el sarcasmo de sus colegas «tradicionalistas». En los años setenta y ochenta del siglo pasado, varios osteópatas ingleses de renombre se negaron a enseñar la osteopatía craneal por considerarla poco creíble. Tras veinticinco años de práctica osteopática, tenía experiencia y perspectiva suficiente como para proponer evoluciones. En 2004, publiqué el tomo V de las cadenas fisiológicas sobre el «tratamiento del cráneo».

Esta nueva propuesta no era una traición, sino un acto constructivo. Aportaba un nuevo análisis y una nueva práctica de la esfera craneal. El contenido del libro fue objeto de varias conferencias en universidades médicas y odontológicas de Francia, Rusia y América. Estos congresos confirmaron que la nueva propuesta ya no generaba rechazo sino que, por el contrario, ofrecía una mejor comprensión de nuestros tratamientos y un auténtico interés como complementariedad terapéutica.

Con la visión de conjunto que empezábamos a tener, entre 2008 y 2012, nos pareció que el nombre del método, que hasta entonces llamábamos cadenas musculares, tenía que evolucionar. El término cadenas musculares era una formulación demasiado limitada para una descripción anatómica que comprendía, además de las cadenas dinámicas musculares, las cadenas estáticas, viscerales y neurovasculares. Por este motivo, optamos por la denominación de cadenas fisiológicas, que describe mejor la organización completa de las cadenas tal como la concebimos hoy en día.

Un método evolutivo no debe dispersarse, sino que debe profundizar en su propuesta con el objetivo de mejorar la integración de las ideas que propone. Las evoluciones tienen su lógica siempre que aporten una mejor síntesis: ese es nuestro motor constante.

El tratamiento del bebé confirma esta evolución del método.

La fisiología del bebé encaja a la perfección en el esbozo de las cadenas fisiológicas. Han hecho falta muchos años de maduración para poder abordar la pediatría. Este importante trabajo lo llevó a cabo Michèle Busquet-Vander-heyden. Se presentó en el tomo VIII: El bebé en tus manos. Método de las cadenas fisiológicas.

Los profesionales tuvieron así acceso a la lógica del tratamiento del bebé. En la medida en que este tratamiento implica una formación específica, Michèle Busquet-Vanderheyden ha creado una especialización en pediatría con la participación de una pediatra y una psicóloga. En los años posteriores, esta formación se convirtió en un motor de progreso en este ámbito.

A finales de 2013, tras tres años de trabajo, terminamos de escribir el tomo I de Las cadenas fisiológicas. Y así vuelvo al principio de mi trabajo. Se cierra el círculo. Es estupendo ver que los fundamentos del método siguen confirmándose. No han envejecido, y siguen siendo fecundos, coherentes y relevantes porque respetan la anatomía y la fisiología del cuerpo humano, destacando su ingeniosidad. Los fundamentos se escribieron en un período en el que acababa de empezar mi camino como investigador. En los dos primeros libros de las cadenas musculares daba pistas sobre la dirección de mi búsqueda. Treinta años después, me encuentro en condiciones de retomar estas bases con el respaldo de un análisis global, reforzado por los trabajos de Michèle. Estamos en 2014 y hoy tengo cincuenta años de práctica. ¿Debería parar aquí mi carrera? Es tan importante para mí como la práctica musical para los músicos. Si «el cuerpo es un instrumento que hay que saber afinar para tocar lo mejor posible y durante el mayor tiempo posible su partitura vital», la necesidad de comprender mejor es, para mí, un motor de vida y serenidad. Relacionar, religare, al hombre con la ingeniosidad de su cuerpo, su armonía natural con el mundo que le rodea, es un acto de fe cotidiano.

Objetivos del método de las cadenas

Tratar las disfunciones

Las disfunciones aparecen cuando el equilibrio funcional se ve perturbado por las tensiones. Estas tensiones se experimentan en una o varias cadenas y desequilibran el funcionamiento armonioso del cuerpo.

El tratamiento tiene el objetivo de relajar las tensiones de las diferentes cadenas con el fin de permitir al organismo que recupere la plenitud de su funcionamiento fisiológico.

La postura de relajación es el denominador común del método para tratar las diferentes cadenas. Su objetivo no es estirar. Los estudios científicos confirman que las posturas de estiramiento pueden tener efectos negativos. La postura de relajación modifica «el patrón neuromuscular» que guía nuestros movimientos habituales. Favorece el retrocontrol para modificar el umbral de reacción de los receptores propioceptivos. Dentro del parámetro que cada uno de nosotros instaura en función de sus actividades, de su ergonomía y de sus emociones, el músculo se activa como guardián para «limitar» nuestros movimientos. Fuera del perímetro de estos circuitos habituales, el movimiento genera incertidumbres propioceptivas que facilitan reacciones neuromusculares y neurovasculares mal ajustadas: contracturas, esguinces y mala troficidad.

De ahí la importancia de las posturas de relajación para devolver a las diferentes cadenas una regulación del «patrón neuromotor» que mejore la estática, la movilidad y la troficidad.

Este tratamiento respeta la fisiología de cada edad, del bebé al adulto, y de cada condición física, del sedentario al deportista de alto nivel.

El método de las cadenas trata las disfunciones. No trata las patologías. En caso de problemas hereditarios graves, de traumatismos importantes y de patologías, el método simplemente persigue el objetivo de aliviar y mejorar el funcionamiento del paciente dentro de los límites de su potencial.

Los tres ejes del método

1. El examen:

– una anamnesis,

– un examen postural,

– un examen funcional de cada cadena.

2. La síntesis entre:

– Los antecedentes.

– Los motivos de la consulta.

– El examen.

– La síntesis es uno de los puntos claves que permite la comprensión de los problemas. De ella deriva la lógica del tratamiento.

3. El tratamiento manual específico basado en:

– las posturas de relajación o distensión tisular,

– las posturas de realineación,

– las técnicas de dinamización,

– las técnicas de propioceptividad.

Los fundamentos del método

LAS CADENAS DINÁMICAS: MUSCULARES


Figura 1. Extensión.


Figura 2. Flexión.


Figura 3. Apertura.


Figura 4. Cierre.

LAS CADENAS ESTÁTICAS: CONJUNTIVAS


Figura 5. Musculoesquelética.


Figura 6. Neurovascular.


Figura 7. Visceral.

Presentación de las cadenas

Empecemos por el principio. El método de las cadenas se basa en una «descodificación» del funcionamiento fisiológico, en una cierta lectura operativa que permite comprender las funciones y disfunciones. Para poder descubrir juntos las cadenas, en primer lugar voy a exponer brevemente los resultados de esta descodificación y, a continuación, el camino que me ha conducido a ella.

El cuerpo es una organización genéticamente programada. Su programa se apoya en la anatomía y la fisiología. Las cadenas fisiológicas son autopistas anatómicas por las que circulan las fuerzas organizadoras del cuerpo. Estos circuitos anatómicos gestionan la estática, la dinámica y las compensaciones. Existen dos tipos de cadenas: las cadenas dinámicas y las cadenas estáticas.

Las cadenas dinámicas: musculares

– las cadenas musculares de extensión: CE

– las cadenas musculares de flexión: CF

– las cadenas musculares cruzadas de apertura: CCA

– las cadenas musculares cruzadas de cierre: CCC

Las cadenas estáticas: conjuntivas

– la cadena estática musculoesquelética: CEME

– la cadena estática neurovascular: CENV

– la cadena estática visceral: CEV

A partir de este boceto anatómico metódico, la organización se realiza mediante el programa de la fisiología que integra los sistemas de regulación y reequilibrado:

– la propioceptividad: Reequilibrado musculoesquelético,

– la homeostasis: Reequilibrado orgánico, neurovascular y neuroendo-crino.

El programa de base está genéticamente configurado para asegurar un buen funcionamiento, una buena salud.

Ahora abordemos el camino que me ha llevado progresivamente a esta descodificación. Lo importante en una investigación así no es pretender estar en posesión de la verdad, sino buscarla con total honestidad.

Voy a darle los criterios que he utilizado para averiguar los resultados de mi investigación. Estos mismos criterios pueden aplicarse de forma imparcial a todos los métodos basados en las cadenas musculares y hacer su propia selección.

Criterios que hay que respetar

Las cadenas musculares deben:

1. Presentar una continuidad anatómica y fisiológica de la cabeza a los pies.

2. Integrar todos los músculos de la cabeza a los pies.

3. Poder generar todos los movimientos de la cabeza a los pies.


Figura 8.

De esto deriva una serie de observaciones.

1. ¿Podemos hablar de un método global si tratamos a un sujeto decapitado?

El conjunto de los métodos relacionados con las cadenas musculares habla de un trabajo global de la cabeza a los pies. En realidad, el trabajo propuesto parte del occipucio a los dedos de los pies, pero no incluye un trabajo específico del interior del cráneo. Todo pasa como si estuviéramos ante un sujeto «decapitado».

También puede darse la situación contraria. Hay profesionales que dicen ser especialistas unicistas en el cráneo. Pero al limitar su práctica al cráneo, privan al paciente del tratamiento del conjunto del cuerpo. Este enfoque parcial es falaz y poco creíble.

2. ¿Podemos hablar de un método global si tratamos a un sujeto eviscerado?

En general, damos prioridad al tratamiento musculoesquelético. No le damos suficiente importancia al tratamiento de las cavidades. Sin embargo, las influencias profundas del plano visceral son determinantes para la organización de las cadenas musculares en las modificaciones de la estática (ver Las cadenas fisiológicas. Tomos II, V, VI y VII).

3. ¿Podemos hablar de un método global si no podemos tratar a recién nacidos, bebés y niños de menos de 8 años?

La mayoría de los métodos no pueden aplicarse al tratamiento de los recién nacidos. Las técnicas utilizadas no siempre se adaptan a los niños antes de los 8 o 10 años. Por lo tanto, hubo que retomar el estudio de la embriología, la neurología, la fisiología y la psicología del niño, así como su entorno parental para definir un enfoque y un tratamiento adaptado a los recién nacidos (ver Las cadenas fisiológicas. Tomo VIII). Está claro que no podemos esperar 8 o 10 años para empezar a tratar a los niños con problemas de estática, deformaciones o escoliosis. A esta edad, suele ser demasiado tarde para tener una acción preventiva, una acción profunda.

¿Acaso no podemos pretender mejorar desde el nacimiento las deformaciones del cráneo, la tortícolis, el estrabismo, las tensiones musculares vertebrales, las tensiones abdominales y torácicas, los problemas de succión, los problemas digestivos y los problemas de sueño?

Todas estas cuestiones convergen en una pregunta más global sobre la comprensión más general del cuerpo humano que debe hacerse el terapeuta. ¿Es el cuerpo humano el fruto de un big bang, el resultado del caos? O, por el contrario, ¿es la conclusión de un proyecto?

¿La forma de los huesos, las particularidades de cada músculo, de cada órgano, deben considerarse elementos yuxtapuestos o deben entenderse como un conjunto definido por el funcionamiento? Estas particularidades, ¿no son la firma de la ingeniosidad?

Estas son las preguntas que me hice en los años setenta. Mi deseo de comprender, de verlo más claro, a veces se enredaba en la complejidad aparente de la anatomía, de la fisiología. Pero tenía la convicción de que las actividades y las funciones del cuerpo humano son tan diversas e interdependientes que debería haber más arriba un programa al mismo tiempo metódico y riguroso que todavía estaba por descubrir. La informática permite crear un mundo virtual a partir de un sistema binario, un mundo en el que hacemos volar y probamos aviones que no existen todavía, pero que se configuran en un programa informático. ¿No habría un programa informático como ese para el hombre?

En un primer momento tuve que intentar definir el proyecto, el programa en torno al cual la construcción del cuerpo humano resultaba lógica y coherente. Me puse en la situación de un ingeniero aeroespacial al que le han pedido que haga un nuevo avión. Normalmente se les da un «pliego de condiciones» en el que se definen las cualidades del nuevo aparato.

El primer trabajo de los ingenieros es detectar los posibles problemas técnicos que pudieran surgir durante la fabricación de este nuevo avión. Una vez que se establecen claramente dichos problemas, la etapa siguiente resulta determinante: encontrar las soluciones. Si el problema está bien planteado, la búsqueda de la solución genera el progreso y las soluciones encontradas siempre son respuestas ingeniosas a los problemas detectados.

Si transponemos este planteamiento ingenioso a la construcción del cuerpo humano: ¿cuál es el «pliego de condiciones» para el hombre? De hecho, el hombre debe dotarse de una libertad de acción importante, asociada a una gran autonomía de funcionamiento.

¿Cuáles son los problemas que hay que resolver? ¿Las grandes cuestiones que determinan su salud? Por el momento, identificaré cuatro principales:

1. La estática.

2. El equilibrio.

3. Los movimientos.

4. Las compensaciones.

A diferencia de los ingenieros aeronáuticos, nosotros no tenemos que crear nada, ya que el «modelo hombre» existe desde hace miles de años y funciona perfectamente. Solo tenemos que observar y comprender la ingeiosidad de esta máquina humana.

I. La estática

I. 1. Pliego de condiciones de la cadena estática

En el «pliego de condiciones» de esta cadena existen dos prioridades que hay que respetar.

Primera prioridad: la economía. Evidentemente, consideramos que el hombre, fuera del período de sueño, debe asumir su verticalidad entre doce y dieciséis horas al día.

La función estática debe evitar el agotamiento que aniquila todo deseo de activarse, de comunicarse con el mundo exterior. Esta necesidad de economía es una prioridad constante en la fisiología humana.

Segunda prioridad: la comodidad. La solución adoptada debe ser cómoda para no sobrecargar las vías propioceptivas.

El hombre busca una estática económica y cómoda. Debemos tener presentes estos principios para poder comprender la lógica de las diferentes soluciones adoptadas por nuestros pacientes.

La construcción del cuerpo humano implica diferentes materiales básicos:

– el tejido óseo,

– el tejido muscular,

– el tejido conjuntivo.

¿Se adaptan estos materiales al pliego de condiciones de la función está-tica?

El tejido óseo

La selección de este material es indiscutible. El tejido óseo es el armazón de la «catedral» del cuerpo humano. Me gustaría que los arquitectos nos ayudaran a descifrar la ingeniosidad del esqueleto. Una vez más, la forma de los huesos y la arquitectura del esqueleto parecen el resultado de un gran ingenio.


Figura 9.

¿Cuáles deben ser las cualidades principales del hueso? Lo primero que se nos viene a la cabeza es la solidez. Sin embargo, dado que la finalidad del cuerpo es el movimiento, hay que añadir una segunda cualidad esencial: la ligereza.

Pero la ligereza no funciona anatómicamente con la solidez, a no ser que añadamos una tercera cualidad del hueso: la plasticidad.

Solidez, ligereza y plasticidad son las tres cualidades esenciales del esqueleto. A la exigencia de ligereza responde la estructura alveolar o en «nido de abeja» del hueso, que presenta una funda periférica denominada periostio. De la resistencia de los huesos largos se encargan las trabéculas óseas, que son sinusoides de cadenas circulares que canalizan las tensiones y que actúan a modo de muelles o amortiguadores.

Veamos, por ejemplo, el fémur. Al andar, hemos observado, con ayuda de sensores, que la diáfisis se arquea durante el apoyo en el suelo y se expande en la fase siguiente de la marcha.

Por último, la plasticidad del hueso permite realizar durante la marcha un auténtico bombeo de la trama ósea. Este bombeo es indispensable para fijar el calcio y para la troficidad del hueso. Crea un «corazón periférico» para la circulación intraósea.

En ingravidez, esta dinámica ósea no existe. Esto explica los problemas óseos de los primeros cosmonautas: alargamiento del esqueleto, dolores óseos y desmineralización.

Si comparamos la construcción humana con la construcción automovilística, percibimos la adopción del mismo ingenio. Los coches de competición deben ser sólidos para proteger al piloto, pero también ligeros para ser rápidos. Para la carrocería, los ingenieros han optado por materiales plásticos en nido de abeja que, además de la coherencia que aportan al chasis, garantizan la deformabilidad necesaria para una mayor adherencia al suelo y una mejor protección del piloto en caso de choque. Podríamos aconsejar a las escuderías de fórmula 1 que añadieran el equivalente a las trabéculas óseas a la carrocería dándoles las direcciones teniendo en cuenta los diferentes tipos de choques posibles.

De la plasticidad del hueso se encarga otro factor nada despreciable: la temperatura de 37 °C del líquido que lo baña.

Cuando aprendemos anatomía, manipulamos huesos secos, totalmente rígidos y casi desmenuzables, que no reflejan la dimensión plástica y deformable de este material.

Observemos una rama de árbol agitada por el viento. Los movimientos de la rama confirman la flexibilidad de la madera cuando está viva, «vascularizada» por la savia. La misma rama, cortada y seca, se vuelve extremadamente rígida. Pasa lo mismo al comparar el hueso vivo sumergido en líquidos a 37 °C y el hueso seco que presenta una rigidez cadavérica.

Debemos tener presente este potencial plástico del hueso vivo cuando estudiemos la pelvis, el cráneo y las deformaciones óseas.

El tejido muscular

¿Vamos a activar los músculos para asumir la función estática? Nuestra respuesta espontánea sería SÍ.

Estos serían los argumentos que apoyarían esta respuesta. En los libros de fisiología, los músculos suelen clasificarse en dos categorías: los músculos estáticos, que se encargan del mantenimiento del cuerpo, y los músculos fásicos, que se ocupan del movimiento.

– Los músculos estáticos son rojos, tónicos y son capaces de ejercer contracciones sostenidas necesarias para la actividad postural. Son músculos monoarticulares que ejercen una acción proximal sobre las articulaciones.

– Los músculos fásicos son pálidos, actúan por etapas y son capaces de efectuar contracciones potentes, pero se fatigan más. Estos músculos poliarticulares son los motores del movimiento.

Siempre nos han dicho que «necesitamos buenos músculos para tener una buena estática». Esta evidencia está tan grabada a fuego en nosotros que incluso nos impide reflexionar. Por el contrario, a esta misma pregunta, ¿es el músculo un material adecuado para la función estática? Podríamos decir que NO.

Estos son algunos de los argumentos fisiológicos que hacen que el músculo no pueda asumir la función estática: en los libros de fisiología se demuestra que el trabajo muscular es de tipo alternativo, rítmico. Por lo tanto, la denominación «músculo de la estática» es totalmente contradictoria con la fisiología muscular. En el capítulo siguiente veremos su vocación real, que no es la estática.

Un trabajo estático es antifisiológico para un músculo. El modo continuo y permanente de un trabajo muscular de este tipo desemboca en un estado de tensión constante, de contractura y de atrofia programada. La alternancia de contracción-relajación es indispensable para la vascularización y la buena troficidad del músculo.


Figura 10. La programación estática de los músculos hace que la movilidad se ponga en huelga.

Observaciones

Cuando observamos un músculo atrofiado, tenemos que hacernos las preguntas siguientes:

– ¿Está atrofiado por falta de trabajo (inactividad o parálisis)?

– ¿Está atrofiado por exceso de trabajo constante?

En concreto, yo suelo pensar en:

– los músculos paravertebrales de las zonas rígidas, de contracturas,

– los cuádriceps, que, a pesar de una reeducación de calidad, pueden seguir presentando una atrofia de los vastos,

– los deltoides glúteos en caso de coxartrosis, en los músculos del periné…

Cuando el músculo está atrofiado y débil por un exceso de trabajo constante, la musculación y los ejercicios serían un contrasentido. La estrategia terapéutica debe ser diametralmente opuesta. La prioridad debe ser eliminar las tensiones que producen este trabajo estático.

Un músculo no está hecho para un trabajo estático prolongado. Por lo tanto, no puede ser el material de base para nuestra función estática.

Pero ¿puede realizarse la función estática sin el músculo? Condicionados por nuestra forma de pensar habitual, suponemos que sin músculo es imposible. Pero sigamos reflexionando sobre la estática y dejemos el músculo a un lado. Todo problema bien definido tiene una solución, así que busquémosla aquí sin ideas preconcebidas. Solo este replanteamiento nos permitirá descubrir la ingeniosidad de la anatomía.

El tejido conjuntivo

El tejido conjuntivo tiene la propiedad de ser económico. ¿Dónde se encuentra? En tres planos diferentes:

• Plano superficial. A nivel de la piel, sobre varias capas, forma la envoltura periférica del cuerpo.

• Plano medio musculoesquelético. A nivel subyacente, el tejido conjuntivo forma la envoltura de las estructuras musculoesqueléticas: ten-dones, vainas, conjuntivo intramuscular, tendones, periostio, cápsulas, ligamentos y aponeurosis.

• Plano profundo cavitario. El tejido conjuntivo se infiltra del nivel musculoesquelético al nivel cavitario. En cada cavidad pelviana, abdo-minal, torácica o craneal hay tejido conjuntivo que cubre la pared musculoesquelética y se continúa por el interior de la cavidad: peritoneo, pleura, pericardio y meninges.

Cada una de estas membranas presenta dos hojas:

– una hoja parietal, que se adhiere a la pared musculoesquelética,

– una hoja visceral, que se infiltra en la cavidad para unir el conjunto de los órganos.

Entre estas dos hojas hay secreciones que permiten simultáneamente la adherencia y el deslizamiento indispensables para la adaptación de las vísceras a los movimientos del tronco.

Para comprender bien la intimidad de estas dos hojas, imaginemos dos placas de cristal en contacto. Entre las dos introducimos una gota de agua. El contacto de las dos placas extiende el líquido. Esto facilita el deslizamiento de los dos cristales, pero si queremos despegar las dos placas, la adherencia íntima creada opondrá resistencia.

A nivel abdominal, la hoja parietal se transforma en meso, epiplón y ligamento para unir la envoltura de las vísceras (ver Las cadenas fisiológicas. Tomos VI y VII).


Figura 11. La continuidad en la cavidad abdominal.


Figura 12. La continuidad en la abdominal. cavidad torácica.


Figura 13. La continuidad entre el tórax y el cráneo.

A continuación, el tejido conjuntivo se infiltra en cada una de las vísceras para formar una trama conjuntiva. Al final, termina en la envoltura de cada célula. Así pues, de la periferia a las profundidades se forma un contínuum conjuntivo que supone, por su coherencia, un auténtico esqueleto conjuntivo.

Pero ¿estamos construidos como un muñeco hinchable? Eso es lo que vamos a descubrir. La ventaja de nuestra investigación es que no tenemos que inventar nada. Solo tenemos que descubrir la ingeniosidad que el cuerpo muestra cuando lo observamos detenidamente. Para esta lectura del cuerpo, tenemos que ejercer nuestro sentido común con libertad y liberar nuestra mente de todo prejuicio.

Observemos cómo asume el cuerpo su estática. La gran sorpresa es que, en el plano sagital, nuestra estática está construida sobre un desequilibrio anterior.

• En la cabeza. La línea de gravedad pasa frente al conducto auditivo. Dos tercios del peso de la cabeza están por delante de la línea de gravedad y determinan una tendencia al desequilibrio anterior.

• En los pies. La línea de gravedad cae por delante de la articulación del tobillo, lo que hace que también se den las condiciones de un desequilibrio anterior.

Esta primera constatación de una estática basada en un desequilibrio anterior resulta, de entrada, desconcertante y perturbadora. Pero, dado que el cuerpo ha demostrado un crédito de ingeniosidad importante, en vez de contrariarnos, podríamos preguntarnos cuál es el interés de construir su estática basada en un desequilibrio anterior.


Figura 14. La línea de gravedad

En realidad, una estática perfectamente equilibrada sería, de hecho, más peligrosa y más difícil de gestionar. Los riesgos de desequilibrio, que vienen de todas partes, se multiplicarían por 360°. Por el contrario, el hecho de construir su estática basada en un desequilibrio anterior presenta dos ventajas importantes:

• Mayor estabilidad. El desequilibrio anterior disminuye el potencial del desequilibrio lateral y, en gran medida, los riesgos de desequilibrio posterior, que son más difíciles de gestionar. El desequilibrio anterior se hace en dirección al centro del polígono de sustentación y puede ser controlado mejor por los pies y la vista.


Figura 15. Los riesgos de desequilibrio a 360°.


Figura 16. El desequilibrio anterior.

• Mejor gestión de la inercia de las masas. Al instalar nuestra estática en un desequilibrio anterior, se resuelve el problema de la inercia de las masas, que retardarían el inicio de cada uno de nuestros movimientos.

Con una estática semejante, basta con dejar que el desequilibrio vaya hacia delante para iniciar el movimiento con un gasto mínimo de energía. Observe a los velocistas. En la salida de los cien metros, tiran el peso del cuerpo hacia delante y, en las primeras zancadas cortas, buscan corregir la bajada del cuerpo. Una vez recuperados de este desequilibrio anterior, se incorporan rápidamente y sus zancadas se alargan.

En este punto, es imperativo comprender que cada vez que se propone un análisis del funcionamiento del cuerpo hay que confirmarlo con la anatomía. Si estas hipótesis de análisis son correctas:

– La estática se basa en un desequilibrio anterior.

– El tejido conjuntivo es el material elegido para la función estática.

¿Dónde deberíamos encontrar tejido conjuntivomuy estructurado para asegurar nuestra estática?Pues, al ser el desequilibrio anterior a nivel deltronco, la estructura conjuntiva para estabilizarnos debe ser opuesta, es decir, debe encontrarseen la línea posteromedial.

Dado que la estática del cuerpo debe asegurarsede la cabeza a los pies, la anatomía confirma nuestro análisis por la presencia de estructuras conjuntivas más importantes en el plano posterior.A este nivel, los elementos conjuntivos se armonizan y se organizan en continuidad, en cadena de la cabeza a los pies. Se trata de la cadenaestática, que es únicamente conjuntiva.


Figura 17.

I. 2. Descripción de la cadena estática posterior

Objetivos de la cadena estática posterior (CEP)

La cadena estática posterior debe responder a la función estática de forma económica, integrando un desequilibrio anterior. Solo debe estar compuesta por estructuras conjuntivas.

La fisiología de la función estática impone, a nivel del tronco, un desdoblamiento entre la cadena estática posterior (conjuntiva) y las cadenas de extensión (musculares).

Trayecto de la cadena estática posterior

Parte de la cabeza y baja hasta los pies, y está compuesta por los elementos siguientes:

• El ligamento nucal o septum nucal. Parte de la protuberancia occipital externa, sigue por una cresta vertical de la escama del occipital y termina en las apófisis espinosas de las vértebras cervicales.

• La fascia nucal. Apuntala a cada lado el ligamento nucal, y es la continuidad de la lámina prevertebral.

• La fascia cervical superficial. Forma la aponeurosis del trapecio.


Figura 18.

• La aponeurosis dorsal. Los anatomistas la describen como espesa, densa y nacarada. Se trata de una aponeurosis potente que se encuentra mirando a la cifosis dorsal.

• La aponeurosis lumbar y la aponeurosis del cuadrado lumbar. Toman el relevo de la aponeurosis dorsal y se encuentran mirando a la lordosis lumbar. La primera está en el plano superficial, y la segunda, en el plano profundo. Terminan en las crestas ilíacas y se confunden con el periostio de la cara posterior del sacro.

La continuidad anatómica entre la aponeurosis dorsal y la aponeurosis lumbar es tan clara que los anatomistas de la nueva nomenclatura las fusionan y la denominan fascia toracolumbar. Esta fascia continúa a nivel de la pelvis hasta llegar al periné, donde se relaciona con la cadena estática visceral.


Figura 19.

Por el momento, la lectura del cuerpo confirma nuestro análisis con una respuesta coherente: Hay una cadena conjuntiva que une anatómicamente el occipucio al sacro y al periné.

Los resultados de nuestra investigación son alentadores, pero todavía es necesario confirmarlos a través de una continuidad en los miembros inferiores con el fin de conseguir el apoyo en el suelo. Ahora bien, aquí parece esperarnos una decepción, dado que, a primera vista, la anatomía no confirma esta continuidad. En la cara posterior del muslo se encuentran los músculos semimembranoso y semitendinoso. Como su propio nombre indica, son mitad musculares y mitad conjuntivos.


Figura 20.

Conclusión

La cadena estática posterior no tiene continuidad en la cara posterior de los muslos.

Entonces se nos presenta una disyuntiva:

– O nuestro razonamiento sobre la estática es incorrecto.

– O el problema estático se resuelve de forma diferente en el tronco y en los miembros inferiores.

La pregunta que se plantea entonces es la siguiente: ¿Cuál es la diferencia entre el tronco y los miembros inferiores? La respuesta a esa pregunta es básica: «Tenemos un tronco y dos miembros inferiores».

En consecuencia:

– En el tronco, el desequilibrio que hay que gestionar es anteromedial.

– En los miembros inferiores, es necesario que la función estática se adapte al apoyo bipodal, pero también al monopodal.

En apoyo monopodal, el desequilibrio anterior se completa con un desequilibrio medial:

– en la cadera,

– en la rodilla (valgo fisiológico),

– en la bóveda plantar.

La resultante del desequilibrio en el miembro inferior es anteromedial. Esto es algo realmente ingenioso:

– Para la estática. El desequilibrio se canaliza así de forma más segura hacia el centro del polígono de sustentación.

– Para la marcha. El desequilibrio anteromedial se utiliza para dinamizar la marcha dirigiendo la transferencia de peso de un pie al otro.


Figura 21.

La arquitectura del esqueleto corrobora esta lectura anatómica.

– Los cuellos de los fémures tienen una orientación anteromedial que converge hacia la línea de gravedad.


Figura 22.

– Las rodillas, aunque tienen una situación diferente, tienen un denominador común con las caderas: la dirección de los valgos fisiológicos converge hacia la línea de gravedad.


Figura 23.

– Los cuellos de los astrágalos también convergen, con la misma lógica arquitectónica, hacia la vertical de la línea de gravedad.


Figura 24.


Figura 25.

– De hecho, el desequilibrio de las tres articulaciones se canaliza bien en el sentido de la marcha, en el sentido del desequilibrio anteromedial metódicamente organizado.

Pero volvamos a la descodificación de la cadena estática y hagámonos la siguiente pregunta: «Si el desequilibrio del miembro inferior es anteromedial, ¿la anatomía debe confirmar este análisis colocando el tejido conjuntivo en el lado opuesto del desequilibrio, en el lado posterolateral?»

Siguiendo esta orientación, la lectura anatómica de esta cadena sigue y se confirma:

• La aponeurosis del glúteo mayor. Es la continuidad perfecta de las terminaciones precedentes de la fascia toracolumbar. Parte de la cresta ilíaca, del borde lateral del sacro y del cóccix, y termina en el desdoblamiento del borde posterior del tracto iliotibial.

• El tracto iliotibial. Refuerza la fascia lata. Es la estructura estática principal de los muslos para responder al desequilibrio anteromedial. El tracto termina en el tubérculo infracondíleo.


Figuras 26 y 27. Trayecto lateral.

Por último, la cadena, para gestionar mejor la estática de la pierna, se desdobla en dos trayectos:

• Trayecto lateral. La continuación de la cadena pasa por la cavidad de los peroneos.

– El peroné, que es un hueso membranoso cuya vocación principal es la suspensión de la bóveda plantar.

– El tabique intermuscular lateral.

– Los tabiques intermusculares mediales.

– Las vainas de los peroneos.

– La aponeurosis plantar.

• Trayecto posterior

– La membrana interósea de la pierna.

– La arcada fibrosa, que sale del tubérculo infracondíleo. Forma un puente sobre el paquete vasculonervioso (nervio peroneo común) y une la cresta oblicua del sóleo con la parte superior de la tibia. La dirección medial y descendente de esta cresta se inscribe en la dirección de las tensiones vehiculizadas por esta cadena.

– La lámina y la vaina del sóleo.

– El tendón calcáneo, que sigue el recorrido uniendo el calcáneo al circuito posterior adjunto.

– La aponeurosis plantar.

Ya hemos puesto en evidencia la cadena estática (plano posterior) que vincula el occipucio con los pies.

No obstante, esta demostración no está completa. Por el momento, hemos excluido el cráneo al partir del exterior de la escama del occipital. Para respetar los criterios anatómicos de una cadena, debe ir de la cavidad craneal a los pies.


Figura 28.

• La aponeurosis epicraneal. La propuesta sigue siendo extracraneal. Falta el circuito intracraneal. Para verificar si la cadena estática sigue en el cráneo, sigamos la dirección del ligamento nucal. Y la sorpresa es que, como si se tratara de un juego de construcción, nos encontramos con:

• La hoz del cerebelo y la hoz del cerebro. Las hoces se insertan en la cara interna de la escama del occipital, en concreto:

– en la cresta y la protuberancia occipital interna, en perfecta continuidad con las inserciones del ligamento nucal;

– en la cresta y la protuberancia occipital externa.


Figura 29. Trayecto intracraneal de la cadena estática.

¿Las protuberancias y las crestas de la escama no concretan la resultante de las fuerzas que se ejercen fuera y dentro del occipucio, y que circulan en esta cadena estática desde la cavidad craneal hasta la pelvis y los pies?

La extremidad superior de la cadena estática llega hasta la crista galli. El etmoides está asociado a las fosas nasales, las órbitas, la arquitectura de la cara y de la oclusión (ver Las cadenas fisiológicas. Tomo V). Por lo tanto, no sería de extrañar que la anosmia, la sinusitis, los problemas de visión y la cefalea pudieran estar relacionados con las tensiones a distancia vehiculizadas por esta cadena estática.

En el cráneo, la cadena estática posterior se entrelaza con la cadena estática neurovascular y la cadena estática visceral.

Observación

En África, existe una tribu que se ha adaptado al entorno durmiendo de pie. La región donde viven está formada por tierras áridas, con una flora y una fauna agresivas.

Cuando salen de su poblado, para buscar alimentos para su ganado, duermen sobre un solo pie. Esta postura responde a un terreno pedregoso e incómodo, y permite vigilar mejor durante el sueño. Al ser una postura menos vulnerable que la posición tumbada, pueden defenderse más deprisa con el bastón.

La tradición ancestral de esta tribu hace que este modo de funcionamiento esté «genéticamente» programado en ellos. Al analizar su posición, nos damos cuenta de que el pie contrario bloquea el desequilibrio anteromedial de la rodilla de apoyo mediante un empuje posterolateral y de que el bastón completa la estabilidad del tronco delante.


Figura 30. Estática monopodal.

Esta postura tan particular confirma la existencia de la cadena estática posterior que acabamos de describir.

Téngase en cuenta que esta cadena estática solo se puso de manifiesto tras haber observado que la fisiología muscular no podía responder a una función estática. Con los músculos descartados, era necesario encontrar otra solución. Es la lectura perspicaz del cuerpo que puso en evidencia esta cadena. ¿Cuántos años aún tendrán que pasar para que dejemos de someter la estática a la fuerza muscular? Debe haber algún virus en nuestros análisis que resulta muy difícil de eliminar y que enturbia nuestro razonamiento. La rutina es más cómoda que plantearse buenas preguntas.

Composición de la cadena estática posterior

CRÁNEO

1 Aponeurosis epicraneal

2 Hoz del cerebro

3 Hoz del cerebelo

4 Ligamento nucal


COLUMNA CERVICAL

4 Ligamento nucal

5 Fascia nucal

6 Fascia cervical


Figuras 31a-b y 32. 4

TRONCO

Fascia toracolumbar

7 Aponeurosis dorsal

8 Aponeurosis lumbar

9 Aponeurosis del cuadrado lumbar


Figuras 33 y 34.

10 Ligamento iliolumbar

11 Ligamento sacroilíaco posterior

12 Ligamento sacroilíaco ventral

13 Ligamento sacrotuberoso

14 Ligamento sacroespinoso

15 Fascia del piriforme

16 Fascia de los obturadores

17 Fascia endopelviana

18 Fascia del periné

19 Ligamento anococcígeo

20 Centro tendinoso del periné


Figuras 35, 36, 37 y 38.

MIEMBRO INFERIOR

21 Aponeurosis del glúteo mayor

22 Tracto iliotibial

23 Fascia lata

Trayecto lateral

24 Tabique intermuscular lateral

25 Fascia de los peroneos

26 Aponeurosis plantar


Figuras 39 y 40.

Trayecto posterior

27 Membrana interósea de la pierna

28 Arcada tendinosa del sóleo

29 Lámina del sóleo

30 Tendón calcáneo

26 Aponeurosis plantar


Figura 41.

La cadena conjuntiva que acabamos de describir tiene un papel preponderante para la estática, pero a este nivel de demostración nos damos cuenta de que nuestro sujeto no puede tenerse realmente en pie. De hecho, el esqueleto del tronco solo puede desplomarse y derrumbarse hacia delante. En consecuencia, hay que buscar apoyos anteriores para nuestro modelo estático.

Podríamos considerar un esternón que bajara hasta el pubis… Esta solución, en los casos de escoliosis, la aportan los corsés, pero supone una amputación demasiado importante de la movilidad como para que se pueda generalizar. No se nos debe olvidar que estamos intentando construir un hombre de pie que, en un segundo momento, debe poder moverse con una libertad gestual importante.


Figura 42.

Los apoyos anteriores hidroneumáticos

El apoyo anterior que buscamos debe ser plástico para adaptarse a los movimientos. Parece que la solución de un apoyo hidroneumático es la respuesta a nuestro problema.

La cavidad abdominal aporta un apoyo hidráulico, y la cavidad torácica, un apoyo neumático.

Pero ¿estamos construidos como un «muñeco hinchable»?

Tengamos en cuenta que, por prioridades respiratorias, los apoyos neumáticos solo pueden utilizarse de forma intermitente, como, por ejemplo, cuando levantamos una carga importante. En un proyecto de este tipo, nuestra estática aprovecha los apoyos del abdomen.


Figura 42 bis.

En consecuencia, si decidimos utilizar los apoyos viscerales, necesitaremos encontrar una solución para los problemas que implican esta elección, que son:

– los problemas de ptosis,

– los problemas de fugas.

Tenga en cuenta la lógica que nos guía para descubrir la ingeniosidad oculta de la anatomía.

Los problemas de ptosis

El peritoneo es una primera respuesta para este problema de ptosis. En el interior del saco peritoneal, la convivencia de las vísceras ofrece cierta coherencia. Todos los órganos no son intraperitoneales. ¿Por qué?:

– Los órganos cuya fisiología depende de las variaciones de las presiones internas debido a los movimientos del diafragma y el tronco son intraperitoneales. El peritoneo capitaliza y distribuye estas variaciones de presión en el interior del saco peritoneal.


Figura 43.

– Los órganos que no deben sufrir los caprichos de las variaciones de presión son extraperitoneales. Están en las zonas protegidas.

La vejiga, el útero, las trompas, los ovarios, la próstata y el recto están en la cavidad pélvica, que es «una cámara de descompresión». La cavidad pélvica no es adecuada para los riñones, ya que, durante el parto, podrían ser arrastrados y dañados en la fase de expulsión.

La cavidad renal, que se encuentra detrás del saco peritoneal, contra la pared parietal posterior, cerca de los pilares del diafragma, en una zona protegida, se adapta muy bien a las exigencias fisiológicas del riñón. En esta cavidad conjuntiva posterior, la influencia de los movimientos del diafragma es moderada y los riñones se estabilizan gracias a la grasa.

Téngase en cuenta que los órganos pesados, como el hígado, el estómago, el páncreas y el bazo, se encuentran en la parte alta de la cavidad abdominal. ¿No sería lógico pensar que la gravedad los llevaría a la parte baja de la cavidad abdominal con las sacudidas de nuestras diferentes actividades cotidianas, como correr o saltar?

¿Cómo previene el cuerpo este problema? ¿Es quizá, mediante los ligamentos? Reflexionemos un momento. Un ligamento no está anatómicamente hecho para «sujetar» una víscera o una articulación (ver Las cadenas fisiológicas. Tomo II). Un ligamento está compuesto por una estructura conjuntiva que no tiene ni la capacidad de resistir mucho tiempo ni la calidad para contraerse a modo de defensa. No puede oponerse a una fuerza externa, solo puede sufrir, distenderse hasta que se rompe. De hecho, un ligamento siempre está conectado al «circuito muscular» al que se dedica. Y ahí es donde está la ingeniosidad de la organización de las cadenas.

La función de un ligamento es únicamente propioceptiva. Informa de que está sometido a tensiones. Este mensaje, por arco reflejo, desencadena una reacción apropiada de los elementos contráctiles de la pared abdominal, en particular el transverso. Una tensión excesiva de un ligamento del abdomen puede provocar un dolor al que comúnmente se le conoce como flato o puntada de costado.

Entonces, si el ligamento no está hecho para «sujetar», ¿para qué sirve exactamente? La anatomía nos muestra que los órganos pesados infradiafragmáticos están unidos al diafragma mediante ligamentos:

– ligamento coronario,


Figura 44.


Figura 45.


Figura 46.


Figura 47.

– ligamento falciforme,

– ligamento frenogástrico,

– ligamento frenoesplénico.

Téngase en cuenta que si estos órganos estuvieran realmente suspendidos del diafragma mediante estos ligamentos, el propio diafragma se hundiría bajo el efecto del peso de los órganos. No podría ascender y sería imposible respirar de forma natural.

Cuando se realizan exámenes radiológicos, vemos que las vísceras infradiafragmáticas se movilizan de forma natural por los movimientos respiratorios. Estos desplazamientos no pueden ser anárquicos. Así pues, las vísceras se deslizan unas respecto a otras cuando se mueve el diafragma, pero también cuando se mueve el tronco, por ejemplo, durante una torsión.

El deslizamiento de las vísceras permite que el contenido se adapte a la nueva forma de la cavidad. Los ligamentos funcionan como la «correa de un perro» y ¡normalmente no paseamos al perro suspendido de su correa! El ligamento, como la correa, concede cierta libertad de desplazamiento a la víscera, con un radio y un centro, sin tener que tirar de él. De hecho, no puede ir más allá a riesgo de crear una tensión excesiva (lo que generaría el famoso flato). En realidad, al volver de los diferentes movimientos, los ligamentos «dirigen» las vísceras para que recuperen su posición de referencia.

Ya hemos definido mejor la función de los ligamentos, pero todavía nos queda aportar una solución en cuanto al riesgo de ptosis de los órganos infradiafragmáticos pesados. Por lo tanto, hay que buscar una solución ingeniosa que permita absorber las fuerzas descendentes, los empujes del diafragma al correr, saltar y levantar peso, y que también absorba las fuerzas inversas, ascendentes, como por ejemplo durante el embarazo, sin que se derrumbe tras dar a luz.

Solución: una hamaca formada por el mesocolon transverso.


Figura 48.

Del peritoneo parietal posterior parte un pliegue de dos hojas: el meso. Se dirige hacia delante para unirse al peritoneo visceral del colon transverso. El colon transverso se extiende del ángulo cólico derecho, unido a la 9.a y 10.a costillas, al ángulo cólico izquierdo, que es un poco más alto y está situado a la altura de la 8.a y 9.a costillas. El mesocolon transverso forma así una especie de hamaca que recibe los órganos supramesocólicos.

Por ello, al inspirar:

– El diafragma baja, generando un empuje hacia abajo, en concreto sobre los órganos infradiafragmáticos.

– Las costillas se separan.

– El mesocolon transverso se tensiona transversalmente. De esta forma, amortigua el empuje descendente del diafragma generando una contrafuerza.

El resultado es una estabilización de los órganos pesados infradiafragmáticos, que se completa con un efecto positivo de bombeo sobre estas vísceras. Durante la inspiración, el empuje del diafragma y la contrafuerza del mesocolon transverso crean un aumento de las presiones del nivel supramesocólico y condicionan así la redondez de las costillas inferiores (tórax abdominal).


Figura 49.

El tórax consta de dos partes:

• Tórax superior pulmonar. Durante la inspiración, la redondez de las costillas es la resultante de la acción de los músculos inspiratorios que se completa desde el interior por el aumento de las presiones pulmonares.

• Tórax inferior abdominal. Las vísceras abdominales ocupan la mitad inferior del tórax. Suben hasta el 4.o espacio intercostal a la derecha y al 5.o, a la izquierda. Durante la inspiración, la mitad inferior del tórax no se expande por el despliegue pulmonar, sino por el aumento de las presiones del nivel supramesocólico, como acabamos de ver. Estas presiones internas centrífugas son indispensables para la forma del tórax infradiafragmático. Veremos después cómo la disminución de estas presiones internas viscerales son el origen de deformaciones torácicas como los alerones torácicos o los hundimientos del esternón.

Los antiguos libros de anatomía describían en la cavidad abdominal un nivel superior, medio e inferior. El nivel superior corresponde al mesocolon transverso. Los términos «hamaca» y «nivel» definen bien la calidad de suspensión aportada por este sistema.


Figura 50. Los delantales.

En conclusión, esta organización abdominal garantiza la estática del ser humano aprovechando los apoyos anteriores hidroneumáticos y preservando al mismo tiempo la estabilidad visceral.

Debe observarse que el centro frénico del diafragma es una superficie amplia conjuntiva que se continúa con el peritoneo. Su estructura conjuntiva le permite cooperar con la función estática. El centro frénico, sea cual sea el tiempo respiratorio, debe conservar un apoyo permanente en el abdomen. Durante la espiración, la tos o el estornudo, el centro frénico no se despega jamás de los apoyos viscerales.

Considerando el peso de las vísceras infradiafragmáticas y su relación anatómica con el diafragma, este no puede ascender por sí solo, y si ese fuera el caso, con la subida brusca del centro frénico, los ligamentos se estirarían y alargarían, y ese mecanismo provocaría el descenso progresivo de los órganos.

En realidad, la subida del centro frénico no se debe al diafragma. Es el músculo transverso el que, aprovechando las presiones intrabdominales, provoca el empuje de las vísceras que genera el ascenso del diafragma y produce la espiración, la tos o el estornudo en función de la intensidad de la contracción del transverso.

Las vísceras condicionan la libertad o las restricciones de la movilidad diafragmática.

Las vísceras condicionan la posición y la movilidad de las cúpulas diafragmáticas.

Integremos este análisis de forma concreta en el examen de nuestros pacientes.

Caso clínico 1

La paciente acude a la consulta por una lumbociática crónica, dorsalgia y cervicalgia. Tiene 39 años y trabaja en una empresa de limpieza. El examen de la paciente muestra una estática alterada a diferentes niveles.


Figura 51.

¿Es lógica esta estática? Esta es la pregunta más importante que deberíamos hacernos en primer lugar. La respuesta debe ser aportada por la síntesis de nuestro examen, de cuya precisión depende la calidad del tratamiento.

La radiografía (figura 52) señala modificaciones importantes de la estática lumbar y de la cintura escapular por encima de las articulaciones coxofemorales y por encima de una pelvis relativamente bien equilibrada.

Lo más reseñable de la radiografía es el hundimiento del ángulo cólico derecho. Toda la estática de esta paciente es consecuencia del hundimiento de este apoyo anterior derecho.

El examen radiológico orienta nuestra anamnesis:

—¿Suele tener flato?

—Sí, desde la infancia —responde la paciente. Comentario: Antes de hundirse, en el ángulo cólico se producen tensiones, sobre todo al correr. Estas tensiones aumentan al crecer cuando hay, por ejemplo, tensiones tisulares centrípetas en la fosa ilíaca derecha.


Figura 52.

—¿Padece estreñimiento?

—Sí —responde la paciente.

Comentario: Las angulaciones del trayecto intestinal generados por el hundimiento del ángulo cólico favorecen la ralentización del tránsito. La higiene alimentaria debe vigilarse especialmente.

Pregunte si la paciente tiene hijos:

—¿Ha sentido alguna mejoría durante los embarazos?

—Sí, claramente. Durante esos períodos, estuve muy bien de la columna vertebral y el tránsito intestinal era normal —responde la paciente.

Comentario: El desarrollo del útero hacia arriba sube el ángulo cólico, lo que hace que se normalice el tránsito y que se devuelvan los apoyos anteriores al centro frénico. De esta forma, la musculatura paravertebral se activa menos, lo que hace que la posición de la columna resulte más cómoda.

—¿Tiene en estos momentos contracturas dorsolumbares en el lado izquierdo?

—Sí, en cuanto paso mucho tiempo de pie —responde la paciente. Comentario: Los apoyos anteriores fallan en la hemicúpula derecha. Esto produce la inclinación lumbar hacia la derecha. El sujeto debe compensar a nivel dorsolumbar trasladando los apoyos de forma diametralmente opuesta hacia atrás y hacia la izquierda. La musculatura paravertebral izquierda debe paliar el déficit de apoyos estáticos anteriores, y programa en consecuencia un trabajo constante que provoca lógicamente contracturas musculares dorsolumbares en el lado izquierdo con compresiones y fatiga. Al fallar los apoyos anteriores a la derecha, el tórax derecho queda bajo, el hombro derecho baja, el brazo derecho se queda pegado, el hombro izquierdo queda más alto y el brazo izquierdo se separa. Todo eso es coherente, igual que el reequilibrado de la cabeza inclinada hacia la izquierda.

Caso clínico 2


Figura 53.

Esta joven paciente (figura 53) presenta un hundimiento del ángulo cólico derecho. Esta falta de apoyo del diafragma a la derecha da lugar a compensaciones vertebrales que producen una escoliosis.

Observación. Parece que el «descolgamiento» del ángulo cólico suele producirse principalmente en el lado derecho.

Podemos anticipar las siguientes explicaciones posibles:

– Por encima, el peso de la glándula hepática.

– Por debajo, las tensiones centrípetas más frecuentes que proceden de la fosa ilíaca derecha, donde la parte inferior de la raíz del mesenterio se desdobla para formar el peritoneo visceral del ciego: unión ileocecal, cicatriz adherente de apendicitis…

En los casos de tensiones centrípetas a nivel de la fosa ilíaca derecha, el tratamiento del método de las cadenas propone una estrategia preventiva eficaz.

Frente al hundimiento del ángulo cólico, la solución parece depender de la cirugía. Este problema específico del ángulo cólico, al que no se le ha dado suficiente importancia, todavía no tiene un protocolo operatorio específico. Sin embargo, un gastroenterólogo español publicó estadísticas que indican un número importante de hundimientos del ángulo cólico derecho en los casos de estreñimiento crónico. Ha desarrollado una técnica quirúrgica que consiste en reinsertar el ángulo cólico extirpando el peritoneo. Tras sus intervenciones, ha registrado mejoras muy netas del tránsito intestinal. Estaría bien que los cirujanos se interesaran por esta técnica quirúrgica, y así pudiéramos verificar la evolución de la estática vertebral tras la intervención.

En caso de desinserción de ese ángulo, parece claro que el tratamiento con el método de las cadenas no puede resolver la causa. Su objetivo sería simplemente equilibrar las tensiones de las cadenas y de la cavidad abdominal. El paciente obtiene un beneficio de comodidad, pero es necesario retomar el tratamiento con regularidad dado que no es posible adquirir una estabilidad en los resultados mientras persista un fallo en la inserción de este ángulo cólico.

No hay que olvidar que, durante la inspiración, las fuerzas descendentes generadas por el empuje del diafragma son amortiguadas por el sistema de suspensión en hamaca del mesocolon transverso. Este factor es capital para estabilizar las vísceras infradiafragmáticas y así evitar los problemas de ptosis.

Si el cuerpo ha optado por una función estática que reposa sobre apoyos viscerales, también tendremos que gestionar los riesgos de incontinencia.

Los problemas de fugas

¿Se ha dado cuenta de que todo en la organización anatómica está hecho para que las variaciones de presión ejercidas en la cavidad abdominal no repercutan directamente en la cavidad pélvica ni en el periné?

Mientras que la cavidad abdominal capitaliza las variaciones de presión, la cavidad pélvica está organizada como una «cámara de descompresión». ¿Cuáles son los elementos que confirman este análisis?

1. Durante la inspiración, el empuje del diafragma trata de evitar la cavidad pélvica

Las inserciones anteriores del diafragma a la altura del apéndice xifoides están más altas que las inserciones posteriores D12-L13.

Por este motivo, durante la inspiración, el empuje del diafragma se dirige hacia abajo y hacia delante, hacia la parte infraumbilical del abdomen, y es absorbido por la aponeurosis del transverso del abdomen entre el ombligo y el pubis. Tengamos en cuenta que, a este nivel, el transverso pasa por delante del recto del abdomen. El empuje del diafragma es paralelo al estrecho superior de la pelvis.


Figura 54.


Figuras 55 y 56. Empuje del diafragma desplazado hacia abajo y hacia la izquierda.


Figura 57. Extirpación de las cuatro últimas costillas.

Este paciente acude a la consulta por una debilidad abdominal izquierda. Dos años antes, fue operado de un tumor fibromatoso con extirpación de las cuatro últimas costillas izquierdas. El diafragma había sido reinsertado más arriba a la izquierda, entonces el empuje del diafragma, en vez de dirigirse hacia delante y hacia abajo, entre el ombligo y el pubis, se desplaza hacia la izquierda. Así, este paciente confirma el análisis que acabamos de hacer sobre la dirección del empuje diafragmático.

2. La forma de las alas ilíacas

La forma de la pelvis canaliza las presiones descendentes hacia delante y hacia la línea media. Las fosas ilíacas representan de cada lado un «tobogán» que controla las fuerzas descendentes a todo lo largo de la línea innominada, hacia el recto del abdomen. La arquitectura de la pelvis gestiona las presiones, a través del estrecho superior, para que no desciendan hasta la pelvis menor.


Figura 58.


Figura 59.

3. Durante la espiración, las presiones abdominales se canalizan

Tomemos, por ejemplo, el estornudo. La contracción brusca del abdomen ciñe el saco peritoneal que se adapta con el aumento de su diámetro vertical:

• Hacia arriba. El empuje del saco peritoneal provoca el ascenso rápidodel diafragma y dispara el estornudo.

• Hacia abajo. Un empuje equivalente hacia abajo solo generaría compresiones nada favorables para la vejiga y el recto. En realidad, la forma de las alas ilíacas en «tobogán» canaliza las fuerzas que vuelven de la espiración brusca hacia arriba, preservando así una vez más el estrecho superior. Los cambios de presión no pasan a la cavidad pélvica. Las membranas obturatrices y el diafragma pélvico son elementos complementarios que pueden amortiguar, si fuese necesario, todos los cambios de presión excesivos.


Figura 60. Inspiración = diafragma.


Figura 61. Espiración = transverso.


Figura 62. Protección de la cavidad


Figura 63. Canalización de las presiones

4. El diafragma no es un pistón en el abdomen

Durante mucho tiempo hemos considerado que el empuje del diafragma baja verticalmente, del tórax al abdomen, a la pelvis, a través del periné, como un pistón en un cilindro. Para que el diafragma funcionara como un pistón, sería necesario un alineamiento de las cavidades torácica, abdominal y pélvica. El alineamiento de las tres cavidades impone la cifosis de la columna dorsolumbar y la retroversión de la pelvis. Durante las fases de la micción, defecación y parto, esta posición cifótica asegura la eficacia del objetivo con el alineamiento del empuje del diafragma hacia el centro del estrecho superior. Con la excepción de esta posición tan específica, todo está dispuesto para que el diafragma no cumpla la función de pistón cuando estamos de pie en actividad dinámica.


Figura 64. Cifosis de la columna = empuje en pistón = fugas esfinferianas.

5. La lordosis lumbar permite disociar la cavidad abdominal de la cavidad pélvica

– La lordosis lumbar en la parte superior conlleva la elevación del tórax. El enderezamiento torácico eleva las inserciones anteriores del diafragma, que son más altas que las inserciones posteriores. Por eso, el empuje del diafragma se vuelve más oblicuo hacia delante y hacia abajo.

– La lordosis lumbar en la parte inferior provoca la anteversión de la pelvis. La cavidad pélvica se encuentra así hacia atrás, protegida por la verticalidad del promontorio sacro.


Figuras 65 y 66.

6. El mesocolon transverso es un amortiguador que frena los empujes descendentes

7. El intestino delgado y su mesenterio funcionan como un cojín líquido que completa este sistema de amortiguación

En conclusión, la cavidad pélvica está particularmente protegida contra los cambios de presión procedentes del nivel abdominal.

Sin embargo, veamos cómo se adapta la cavidad pélvica si la vejiga o el recto están llenos, en caso de congestiones cíclicas. De forma inconsciente, pero programada, la cadena de extensión organiza el aumento de la lordosis lumbosacra con el fin de liberar aún más la pelvis menor hacia atrás. La musculatura lumbar aumenta su tonicidad generando secundariamente un aumento de las compresiones discales posteriores.


Figura 67. Congestión pélvica y anteversión de la pelvis.


Figura 68.

Cuando esta compensación «contenido-continente» dura varios días, notamos la aparición frecuente de lumbalgias, por ejemplo, en los días anteriores a la menstruación. Estas lumbalgias cíclicas regresan espontáneamente durante el flujo, con la descongestión. Este tipo de lumbalgia también puede ser sensible a los períodos de ovulación.

En conclusión, la lordosis lumbar puede verse condicionada por los órganos pélvicos. En el examen de los adolescentes con lordosis lumbosacra con anteversión de la pelvis, rodillas en recurvatum y bóvedas plantares descendidas, se debe tener en cuenta este componente visceral con el fin de no hacer una valoración errónea de hiperlaxitud de la que se derivaría un proyecto de refuerzo muscular.

Siguiendo la misma lógica, debe tenerse en cuenta cualquier posible retroversión de la pelvis. Supone una traición de la fisiología. Es una dis-función. No puede ser considerado algo anecdótico; hace falta una razón profunda para no respetar la ingeniosidad programada. El sujeto que adopta una retroversión de la pelvis se instala en una lógica, en un plazo más o menos largo, de tensiones pélvicas que pueden generar problemas de estabilidad visceral y de los esfínteres.

El paciente no se da cuenta directamente de esta alteración estática. Por el contrario, en cuestiones de moda, la mujer se desanima cuando tiene que elegir un pantalón, sobre todo unos vaqueros, porque no le quedan especialmente bien. Ya no tiene formas en los glúteos como resultado de la retroversión de la pelvis.

Es imperativo que la curvatura fisiológica de la columna lumbar, la lordosis, se restablezca lo antes posible con el tratamiento de las cadenas de flexión y de la cadena visceral, que son la causa de este tipo de figura. La lordosis lumbar es una curvatura fisiológica que hay que saber recuperar cuando desaparece.

Subrayemos que el mejor tratamiento preventivo para evitar las ptosis y las incontinencias es respetar una buena fisiología.

I. 3. Conclusiones sobre la estática

La observación muestra que en realidad tenemos tres columnas:

1. Una columna vertebral con finalidad rítmica: discovertebral.

2. Una columna visceral, base de los apoyos de la estática: hidroneumática.

3. Una columna cerebroespinal, para la suspensión y protección neurovascular.


Figura 69.

Por delante de la columna vertebral se fija una segunda columna anterior: la columna visceral. La columna vertebral encuentra en la columna visceral apoyos anteriores y presiones internas de expansión. Estas fuerzas centrífugas son necesarias para amortiguar las fuerzas gravitatorias y descargar la columna vertebral para que sea una columna propioceptiva, disponible para el movimiento.

Y siempre la misma pregunta: ¿estamos construidos como un muñeco hinchable? El «muñeco hinchable» está estructurado a partir de un esqueleto conjuntivo. En el interior de una envoltura periférica, la piel, el tejido conjuntivo, separa las cavidades hidroneumáticas que rodean cada estructura visceral, neurovascular, y, al final, cada célula. De esta forma, la columna visceral permite la solución del «muñeco hinchable».

La estática depende del tejido conjuntivo y de las presiones internas. Es la relación «continente-contenido».

Comprendemos mejor este sistema ingenioso si pensamos en una persona que adelgaza demasiado deprisa, que parece desinflarse. En efecto, las primeras grasas perdidas son las que rodean y protegen los órganos. En este caso, el descenso de las presiones internas, el hundimiento de los apoyos anteriores, deben compensarse activando de forma permanente los músculos paravertebrales. Dado que los músculos no están hechos para una función estática, la persona que adelgaza demasiado rápido siente un agotamiento constante con contracturas, dolores en los músculos paravertebrales, tendinitis y periostitis. Los discos y las vértebras, bajo el efecto perverso de estas contracturas, se sobrecargan anormalmente.


Figura 70.

Por lo tanto, hay que aconsejar al sujeto que ralentice el proceso de pérdida de peso para dar tiempo a las envolturas, a los «continentes», a que se adapten a la disminución del «contenido».

Las envolturas periféricas, que se agrandan considerablemente al perder peso, se ajustan progresivamente al nuevo volumen del contenido. Cuando se encuentra un buen equilibrio en el «contenido-continente», elcontinente puede volver a apoyarse en el contenido. Al recuperar unos buenos apoyos anteriores, la musculatura paravertebral puede relajarse. Al estar libre de tensiones musculares, la columna vertebral recupera progresivamente su actividad rítmica y fisiológica. Los dolores se atenúan y desaparecen. La movilidad es más amplia de forma natural.

Para acelerar los resultados, la prioridad es desfragmentar las tensiones paravertebrales. La palabra desfragmentar podría sorprender al lector. De hecho, consiste en eliminar las tensiones parásitas de los músculos paravertebrales que no forman parte de la función estática con el objetivo de optimizar su funcionamiento.

El ser humano está programado para la verticalidad. Los niños pequeños la adquieren rápidamente. Si no experimenta tensiones internas que frenen esta verticalidad, que la desvíen, su cuerpo se expande verticalmente, de forma espontánea, como un muñeco que se infla. En este caso, el sujeto presenta una estática desarrollada y fácil.

Por el contrario, si se ve sometido a tensiones internas centrípetas o tensiones musculares, su estática se altera, se desploma y se desvía. Para corregirla, será necesario realizar un esfuerzo muscular voluntario. Al tratarse de un esfuerzo exigente que aumenta la carga, solo puede ser episódico, ya que solicita demasiada energía.

La estática no se corrige por la fuerza de los músculos. La estática se libera de las tensiones internas.

Dejemos de hablar de fortalecimiento muscular. Es un contrasentido que denota la falta de comprensión de la fisiología. El resultado automático de los ejercicios de fortalecimiento es el aplastamiento y el agotamiento de la columna vertebral. En semejantes condiciones de tensión, preparamos de forma solapada la instalación de la discartrosis, que será la consecuencia lógica años más tarde.

La finalidad de la columna vertebral no es formar un mástil rígido por la acción de los músculos.


Figura 71. ¿La columna vertebral es un mástil?

Nada más lejos de la realidad. Su finalidad vertebral es el movimiento, la sinusoide. La columna debe poder comportarse como una serpiente. ¿Y no es la serpiente el símbolo de nuestras profesiones? El movimiento sinusoidal u ondulatorio de la columna vertebral es la dínamo de la energía vital indispensable para el buen funcionamiento musculoesquelético, visceral, neurovascular, neurovegetativo y neuroendocrino. No petrifiquemos la columna.


Figura 71 bis.

La movilidad rítmica y propioceptiva de la columna vertebral es indispensable para aprovechar los deslizamientos, la vascularización y la buena troficidad de la columna neurovascular en suspensión a la altura del canal medular. La complementariedad de la columna anterior visceral y de la columna vertebral permite a esta última no tener que gestionar sola los efectos de la gravedad, que la paralizan y la destruyen.

La función estática no es una función propia de los músculos.

A mí me ha llevado tiempo admitir esta evidencia influido por los prejuicios habituales sobre la cuestión: el objetivo de nuestra estática no es convertirnos en estatuas.

Aunque la solución del «muñeco hinchable» sea positiva para la estática, debemos tener en cuenta que el esqueleto también debe adaptarse a la locomoción, a los movimientos. Por este motivo, el esqueleto se fragmenta en varias articulaciones a nivel de los miembros y la columna, que está claro que no pueden ser un mástil. Esta fragmentación articular induce una inestabilidad permanente que debe ser gestionada por un sistema intermedio entre la estática y el movimiento: la función de reequilibrado.

En consecuencia, debemos asociar estrechamente la estática a una función de reequilibrado.

II. El equilibrio

II. 1. La función de reequilibrado

El equilibrio perfecto no es la finalidad de esta función, ya que equivaldría a una posición determinada, fija y estática.

La función de equilibrio debe llamarse función de reequilibrado. Las oscilaciones generadas por la necesidad de reequilibrados permanentes determinan una situación de vigilancia propioceptiva que prepara el movimiento y evita la inercia estática.

La función de reequilibrado se consagra a los músculos falsamente llamados músculos de la estática, que en realidad habría que llamar músculos del reequilibrado.

Reequilibrado en posición estática

Cuando colocamos a un sujeto en una plataforma con sensores, aunque crea estar inmóvil, se registran oscilaciones anteroposteriores (cadenas de flexión-extensión) y oscilaciones giratorias (cadenas cruzadas).

La vigilancia propioceptiva, por circuitos reflejos rápidos, hace intervenir a los músculos del reequilibrado. El tiempo de activación debe ser corto para poder corregir el equilibrio antes de que se produzca un desplazamiento de masa importante. La fisiología no exige que estos músculos profundos sean potentes. Cuando los reflejos se ralentizan, observamos una estática ebria.

Reequilibrado en movimiento

Los músculos del reequilibrado también intervienen en el movimiento. Su objetivo no es generar el movimiento, sino gestionarlo. Cuando los músculos de la dinámica (poliarticulares) inician el movimiento, los músculos del reequilibrado (monoarticulares) gestionan el reequilibrado en cada articulación para que el movimiento global sea coordinado y estable. Aseguran el equilibrio durante el movimiento. Como consecuencia, cada cadena asocia músculos de la dinámica y músculos del reequilibrado.

En 1974, un equipo de investigadores integrado por E. Viel, M. Lida, T. Iwasaki, H. Ito y K.Yazaki realizó un estudio electromiográfico de los músculos paravertebrales. Estos trabajos científicos se recogieron cuatro años más tarde en los Annales de kinésiothérapie. Aunque este estudio científico tiene ya unos cuantos años, parece que seguimos sin tenerlo en cuenta y nos dejamos llevar por la inercia de nuestras costumbres; sin embargo, merece la pena recordar los objetivos y el resultado de este trabajo.

Objetivos de la investigación. «Nuestro objetivo era controlar la eficacia de una serie de ejercicios propuestos para reforzar los músculos profundos de la columna vertebral.»

Resultados de la experiencia. «Cuando se produce un autocrecimiento con disminución de las curvaturas, los resultados obtenidos son, para nosotros, los más extraños, ya que la actividad de los músculos superficiales es muy clara, mientras que la actividad de los músculos profundos no es demasiado intensa.»

Durante los ejercicios de autocrecimiento, la señal electromagnética solo indica un trabajo inconstante, por ráfagas, a diferentes niveles de la columna sin que haya el más mínimo trabajo colectivo de los músculos paravertebrales. Intentemos comprender este trabajo por ráfagas intermitentes que confirma la vocación propioceptiva de estos músculos.

II. 2. El biomimetismo

El biomimetismo nos permite comparar las soluciones adoptadas por el reequilibrado vertebral con:

– el reequilibrado de la trayectoria de un cohete,

– el reequilibrado de una plataforma de perforación en alta mar,

– el reequilibrado de la trayectoria de un avión.

Reequilibrado de la trayectoria de un cohete

Primer problema que hay que resolver

El cohete debe permanecer estable sobre la rampa de lanzamiento durante varios días. Dado que debe transportar satélites de varias toneladas, es necesario que la carlinga del cohete soporte este peso sin deformarse. ¿Cuál es la solución propuesta por los ingenieros para que el cohete sea sólido y se evite un peso excesivo que pudiera perjudicar la fase de despegue?

El cohete tiene paredes dobles entre las que los ingenieros inyectan bajo presión el carburante en polvo. La solución del cohete, que se «infla» de esta forma, permite asegurar una buena estática de las paredes, tanto durante el tiempo que pase sobre la rampa de lanzamiento como durante el vuelo. Cuando el cohete toma altura, paralelamente, la presión del carburante disminuye entre las paredes, la presión atmosférica baja y la resistencia de la estructura es suficiente.

Segundo problema

Durante el despegue, el objetivo de la potencia de los motores principales es propulsar el cohete. Los motores auxiliares, menos potentes, más pequeños y más débiles, se mantienen a la espera y no intervienen en la propulsión. Si la trayectoria del cohete se desvía, estos motores auxiliares se activan el tiempo necesario para reequilibrar el cohete. Así pues, su acción secuencial funciona por bocanadas. Así:

– Los motores auxiliares cumplen la función de los músculos paravertebrales y se encargan del reequilibrado.

– Los motores principales cumplen la función de los músculos poliarticulares y se encargan del movimiento.


Figuras 72 y 73.

Reequilibrado de una plataforma de perforación en alta mar

La plataforma debe quedar centrada sobre la línea de perforación, al igual que la vértebra debe estar centrada sobre la línea de gravedad. Las primeras generaciones de plataformas se posaban sobre el fondo marino. El objetivo de los ingenieros era realizar estructuras sólidas, estables y estáticas.

Aparecieron ciertos problemas al darse cuenta de que era imposible perforar en aguas profundas y, sobre todo, vieron que las estructuras eran frágiles porque su rigidez estática se acomodaba mal a los movimientos incesantes de las mareas y el viento.


Figura 74.


Figuras 75 y 76. Recentrado de una plataforma flotante..

Como respuesta a varios naufragios, apareció una nueva generación de plataformas «flotantes». Estas nuevas estructuras inestables ya no se oponen a las fuerzas de la naturaleza, sino que las gestionan. Con ayuda de un programa informático, capta toda la información de desplazamiento y ordena, mediante circuitos electrónicos rápidos (arcos reflejos), a pequeños motores sumergidos que corrijan las oscilaciones con el fin de reajustar la estructura al eje de perforación, que es su «línea de gravedad».

Si observáramos el trabajo de los pequeños motores bajo el agua, seguramente nos sentiríamos desconcertados porque solo veríamos un trabajo por bocanadas episódicas sin coherencia aparente, no para reajustar, sino para reequilibrar la plataforma. ¡Pero es que ese es precisamente el objetivo perseguido! Y la solución encontrada es comparable a lo que pasa a nivel de la plataforma vertebral.

Reequilibrado de la trayectoria de un avión

Durante un vuelo a Milán, el piloto me invitó a viajar en la cabina del Airbus. Algunos de sus comentarios resultan sugerentes para nuestra investigación:

– En los años sesenta —me comentó— se fabricaban aviones con dos prioridades: la solidez y la estabilidad. Pero con el uso, nos dimos cuenta de que la rigidez de las estructuras no era garantía de una solidez prolongada en el tiempo. Por aquella época, la estabilidad buscada duranteel vuelo daba lugar a aviones pesados, difíciles de maniobrar durante las fases de despegue y aterrizaje.

Tras varios accidentes durante estas dos fases, la construcción aeronáutica adoptó otros principios: ligereza, plasticidad y maniobrabilidad.

– La ligereza asociada a la plasticidad evita la fragilidad del aparato. Debido a la arquitectura de los materiales, esta plasticidad se convierte en fuente de una mayor resistencia en cuanto a la duración. Las carlingas de los aviones modernos pueden aceptar, durante turbulencias importantes, balanceos de entre 10 y 15 metros en los extremos de las alas gracias a los materiales modernos. Al ser la ligereza más económica, la nueva generación de aviones da prioridad a los materiales compuestos.

– La maniobrabilidad de los aviones de última generación se debe a su gran inestabilidad. De hecho, esta última es analizada y gestionada constantemente por la informática. El ordenador de a bordo activa (de forma refleja) el reequilibrado utilizando pequeños flaps implantados en las alas. Estos flaps se mueven con ayuda de pequeños motores que no necesitan ser potentes ni rápidos. Basta con aumentar la resistencia al aire con un trabajo mínimo, mediante bocanadas episódicas, para modificar y corregir la trayectoria del avión. Es el equivalente a nuestra propioceptividad con el trabajo por bocanadas de nuestros músculos paravertebrales.


Figura 77.

Escuchando al piloto, tuve la confirmación de que las soluciones adoptadas por el cuerpo, cuando se descodifican correctamente, pueden transponerse a otros dominios tecnológicos. El biomimetismo pone en evidencia el denominador común: la ingeniosidad.

II. 3. Conclusión

Los músculos monoarticulares, que funcionan por bocanadas, tienen una vocación de reequilibrado propioceptivo. Actúan como ligamentos activos para gestionar el equilibrio capsuloligamentario de cada una de las articulaciones.

El trabajo propioceptivo sobre un balón para la columna vertebral o sobre una plataforma para los miembros inferiores mejora su función, su buena troficidad.


Figura 78. Escuela de la espalda Mail 14-André Petit.


Figura 79. Trabajo propioceptivo adaptado al baloncesto.

La finalidad de los músculos paravertebrales no es el enderezamiento. No cumplen esa función. La estrategia correcta de nuestros tratamientos depende de ello. El enderezamiento forma parte de otro proyecto, el movimiento, que se centra en los músculos poliarticulares del plano más superficial.

III. El movimiento

El movimiento lo programa y gestiona la organización de las cadenas musculares.

Antes de entrar a analizar los movimientos, busquemos la idea maestra que precede a esta función. Para la estática, hemos identificado la lógica de la economía. Para el movimiento, ¿cuál debe ser la cualidad principal? Pues la libertad. Cuando hay libertad gestual, el movimiento gana en precisión, coordinación y variedad. Si la actividad dinámica no está limitada, genera el ajuste de la fuerza muscular necesaria de forma natural.

El movimiento desplaza las diferentes partes del cuerpo de forma importante y variada, por lo que es necesario que las cadenas musculares asuman, además de la coordinación global, el reequilibrado de las masas en torno a la línea de gravedad.

Para lograr este proyecto tan complejo, se necesita una organización metódica, matemática y, para seguir con la metáfora de la programación, informatizable.

III. 1. La organización del movimiento

El proyecto del movimiento se articula en torno a dos puntos clave:

• La sinusoide. Es la firma del movimiento.

– A nivel esquelético. Observamos una alternancia de cifosis y lordosis.

– A nivel de las cadenas musculares. Sus trayectos dibujan un 8 en el plano frontal y sagital.

– A nivel molecular. Encontramos esta firma en la arquitectura del ADN.


Figura 80. Lordosis y cifosis.


Figura 81. Cadenas cruzadas.


Figura 82. ADN.

• Las unidades funcionales. La coordinación global incluye, de formano contradictoria:

– La división del cuerpo en varias unidades funcionales, cada una de las cuales tiene independencia para gestionar los problemas locales.

– La centralización, la jerarquización. Un estado se estructura a partir de un modelo idéntico: con regiones que tienen autonomía de funcionamiento y un poder central que gestiona los problemas nacionales. Esta organización es parecida a la de la gestión del movimiento.

La sinusoide

Observemos la figura 80 y advirtamos cuánto se adapta el esqueleto y, en concreto, la columna vertebral, concebida a partir de una sinusoide, al proyecto del hombre de pie en movimiento.

Una columna vertebral recta no podría armonizar las tensiones del movimiento. Constituiría una zona de colisión entre las fuerzas descendentes y las fuerzas ascendentes. La adopción de la sinusoide es una respuesta arquitectónica adecuada. El esqueleto articulado permite aliar estática, amortiguación y movilidad rítmica.

Hay una alternancia de cifosis y lordosis de la cabeza a los pies:

– cifosis craneal,

– lordosis cervical,

– cifosis dorsal,

– lordosis lumbar,

– cifosis sacra,

– lordosis de la rodilla,

– cifosis del talón,

– lordosis del arco del pie.

¿Cuáles son las predisposiciones de la cifosis y la lordosis en este proyecto de movimiento?

Las cifosis

¿Son las cifosis curvaturas que favorecen el movimiento? La respuesta es no. La prioridad de la cifosis no es favorecer el movimiento, sino que se basa en la protección.

Delante de cada cifosis, hay una estructura ósea compacta que delimita una cavidad:

– Delante de la cifosis occipital, se encuentra la cavidad craneal.

– Delante de la cifosis dorsal, se encuentra la cavidad torácica.

– Delante de la cifosis sacra, se encuentra la cavidad pélvica.

La función de la cifosis es la protección:

– La cavidad craneal protege el cerebro.

– La cavidad torácica protege los pulmones, el corazón y los grandes ejes neurovasculares.

– La cavidad pélvica protege los órganos de la pelvis menor y los órganos reproductores.

¿No sería lógico pensar que una cifosis que aumenta y se estructura es una curvatura que debe, ante todo, proteger los órganos que le son confiados? Por ejemplo, la cifosis dorsal, en casos de asma, bronquitis crónica o cardiopatía. La cifosis también se ve influida por las tensiones emocionales, como la timidez, la tristeza o la angustia.

Una cifosis acentuada rara vez indica un problema estrictamente musculoesquelético.

Se trata de un problema de «contenido-continente».

Considerar las cifosis curvaturas de protección parece interesante, pero una cifosis acaba generando secundariamente zonas de movilidad reducida en las cavidades que derivan en una ralentización hemodinámica, que podría tener consecuencias para órganos tales como el cerebro, los pulmones, el corazón, los vasos y los órganos reproductores.


Figura 83. Tres cavidades, tres diafragmas.

En resumen, las cifosis de las cavidades craneal, torácica y pélvica ofrecen protección, pero no ayudan a la vascularización, a menos que instaláramos bombas vasculares en cada una de ellas:

– Un diafragma pélvico, que dinamiza la cavidad pélvica: el periné.

– Un diafragma torácico, que dinamiza las cavidades abdominal y torácica y la garganta.

– Un diafragma craneal, que dinamiza la cavidad craneal: la hoz del cerebro y la tienda del cerebelo.

A estos tres diafragmas hay que añadir el orificio superior del tórax, que funciona como un diafragma enlace entre el diafragma torácico y el craneal. Completa sus acciones a nivel del tórax superior, la columna cervical, la garganta, la boca y la base del cráneo.

En nuestros tratamientos debemos verificar la buena movilidad de estos cuatro diafragmas y restituirla si fuese necesario. Su función dinámica es primordial. ¡Atención: todas las cadenas se cruzan en cada uno de los diafragmas! Solo podemos restituir la movilidad de los diafragmas si se liberan las diferentes cadenas de todas las tensiones y, en concreto, la cadena visceral, a la que están conectados los diafragmas.

Las observaciones anatómicas anteriores indican que una solución ingeniosa adoptada en una determinada parte del cuerpo suele poder utilizarse en otras partes en las que se den problemas similares. Por lo tanto, se pueden establecer analogías entre las tres cavidades:

• Primera analogía. Cada una de estas cavidades tiene un orificio de entrada:

– Para la pelvis = el estrecho superior de la pelvis: base del sacro-líneas innominadas-pubis.

– Para el tórax = el orificio superior: T1-1.a costilla-manubrio del esternón.

– Para el cráneo = el agujero magno: basilar-occipitalmasas lateralesescama.

• Segunda analogía. Cada cavidad tiene un diafragma que cumple la función de bomba hemodinámica.

• Tercera analogía. Cada cavidad presenta una articulación en bisagrade acomodación.

El cóccix es indispensable para soportar una divergencia de tensiones entre un periné que se contrae y un sacro que se horizontaliza. El cóccix cumple la función de bisagra. Basta con caerse sobre el cóccix para darse cuenta de la frecuencia de sus demandas.

En cada una de las cavidades, también observamos un sistema bisagra de acomodación:

– La pelvis cuenta con el sacro y el cóccix.

– El tórax cuenta con el esternón y la apófisis xifoides.

– El cráneo cuenta con el occipital y un hueso wormiano. Este último, que es inconstante, está situado en la sutura lambdoidea. Presentes o no, las suturas en la unión de los parietales y del occipital son lisas y facilitan la adaptación plástica.

• Cuarta analogía. Cada cavidad presenta dos miembros que permitendinamizarla:

– Para la pelvis = dos miembros inferiores: ilíacoscoxofemorales-fémures.

– Para el tórax = dos miembros superiores: omóplatos-glenohumeraleshúmeros.


Figura 84.

– Para el cráneo = dos miembros cefálicos: temporales-ATM-mandíbula.

Las dos mitades de la mandíbula con la rama ascendente (gonión) y la rama horizontal pueden considerarse dos miembros cefálicos que se unen para la succión, la masticación y la fonación.

Tenga en cuenta que los niños poseen diez dientes deciduales mandibulares. ¿Tendríamos que relacionar los diez dientes de leche con los diez dedos de las manos y los diez dedos de los pies?

Considerar la mandíbula como un miembro cefálico permite percatarnos de la gran importancia de la actividad mandibular en la dinámica de la esfera craneal (ver Las cadenas fisiológicas. Tomo V).

Tras analizar los niveles cifóticos, debemos admitir que el movimiento no puede expresarse plenamente en la cifosis. En realidad, estas zonas de menor movilidad son necesarias como áreas de fijación relativa de los músculos que se insertan en ellas con el fin de poder construir los movimientos en las lordosis sub y suprayacentes.Siguiendo esta lógica, observamos quelas cervicalgias más dolorosas están relacionadas con contracturas muscularesderivadas de conflictos en la cifosis dorsalalta o en la charnela suboccipital,y que las lumbalgias más dolorosas están rela-HIOIDEScionadas con conflictos en la cifosis dorsal baja o en la charnela lumbosacra.


Figura 85.

Las lordosis

La función principal de las lordosis cervical, lumbar, de la rodilla y de la bóveda plantar es favorecer el movimiento.

Delante de la lordosis lumbar y cervical, las paredes del abdomen y de lagarganta son flexibles.

Encontramos analogías en la organización de las diferentes lordosis.

• Primera analogía

– Delante de la L3 se encuentra el ombligo.

– Delante de la C3 se encuentra el hueso hioides.

– Delante de la interlínea de la rodilla se encuentra la rótula.

• Segunda analogía

– El ombligo es la intersección en la que se cruzan las cadenas del abdomen.

– El hueso hioides es la intersección en la que se cruzan las cadenas de la garganta.

– La rótula es la intersección en la que se cruzan las cadenas del miembro inferior.

• Tercera analogía

– C3-L3 y la interlínea de la rodilla deben estar horizontales en posición ortostática.

– Estos niveles son plataformas en torno a las cuales se organizan los movimientos.

Estos parámetros fundamentales, en el ápice de la lordosis, tienen que verificarse mediante el examen de los pacientes:

– Horizontalidad de la interlínea de la rodilla respecto a la rótula.

– Horizontalidad de L3 respecto al ombligo.

– Horizontalidad de C3 respecto al hueso hioides.

– La horizontalidad de estos niveles es uno de los fundamentos de la biomecánica humana.

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