Kitabı oxu: «Antología de Juan Calvino»

ANTOLOGÍA
DE
JUAN CALVINO
Legado y transcendencia.
Una visión antológica
Leopoldo Cervantes-Ortiz, ed.

| Editorial CLIE C/ Ferrocarril, 8 08232 VILADECAVALLS (Barcelona) ESPAÑA E-mail: clie@clie.es http://www.clie.es | © 2019 Leopoldo Cervantes-Ortiz «Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 917 021 970 / 932 720 447)». © 2019 por Editorial CLIE |
ANTOLOGÍA DE JUAN CALVINO
ISBN: 978-84-17131-56-2
eISBN: 978-84-17131-57-9
Cristianismo
CALVINISTA
SOBRE EL AUTOR
Leopoldo Cervantes-Ortiz (Oaxaca, México) es escritor y profesor. Maestro en Teología por la Universidad Bíblica Latinoamericana (Costa Rica) y pasante de la maestría en letras latinoamericanas (Universidad Nacional Autónoma de México). Director del Centro Basilea de Investigación y Apoyo, A.C. Ex miembro de la Comisión de Formación Ecuménica del Consejo Mundial de Iglesias y del comité editorial del Consejo Latinoamericano de Iglesias. Coordinador de la página permanente en español sobre Juan Calvino y miembro del consejo editorial de Casa Unida de Publicaciones. Ha publicado, entre otros, los siguientes libros: Lo sagrado y lo divino. Grandes poemas religiosos del siglo XX (2002), Series de sueños. La teología ludo-erótico-poética de Rubem Alves (2003, portugués: 2005), El salmo fugitivo. Antología de poesía religiosa latinoamericana (2004; CLIE, 2009), Juan Calvino. Su vida y obra a 500 años de su nacimiento (CLIE, 2009), Un Calvino latinoamericano para el siglo XXI. Notas personales (2010), Juan Amador, pionero del protestantismo mexicano (2015) y 100 Personajes de la Reforma Protestante (2017). Colabora en diversos medios impresos y virtuales.
CONTENIDO GENERAL
Nota introductoria
ASPECTOS INTRODUCTORIOS
Eberhard Busch: ¿Quién es y quién fue Calvino? Interpretaciones recientes
Salatiel Palomino López: Herencia reformada y búsqueda de raíces
Mariano Ávila Arteaga: Vigencia de la cosmovisión calvinista para la Iglesia y el mundo de hoy
Alexandre Ganoczy: Calvino y la opinión de los católicos de hoy
BIOGRAFÍA
Denis Crouzet: Ausencias
Alexandre Ganoczy: La vida de Calvino
Lucien Febvre: Una puntualización. Esbozo de un retrato de Juan Calvino
Émile Leonard: Calvino, fundador de una civilización
William J. Petersen: Un amor que parecía ser: el extraño romance de Juan Calvino e Idelette de Bure
Irena Backus: Mujeres alrededor de Calvino: Idelette de Bure y Marie Dentière
PANORAMAS GENERALES
Wilhelm Dilthey: Juan Calvino y la ‘Institución de la Religión Cristiana’
John H. Leith: Fe y tradición
José Luis L. Aranguren: Calvino y el calvinismo contemporáneo
Uta Ranke-Heinemann: El deseo de Calvino
Bernard Cottret: ¿Calvino fue calvinista?
INSTITUCIÓN DE LA RELIGIÓN CRISTIANA, TEOLOGÍA Y EXÉGESIS
B. Foster Stockwell: Historia literaria de la ‘Institución’
Uta Ranke-Heinemann: La doble predestinación de Calvino
Alberto F. Roldán: El libre albedrío en la interpretación de Juan Calvino
Alfredo Tepox Varela: Calvino, el exegeta de la Reforma
LA ÉTICA CALVINISTA
Jürgen Moltmann: La ética del calvinismo
André Biéler: El dinero y la propiedad
Karl Barth: El gobierno y la política
Michael Walzer: El calvinismo
Marta García Alonso: La teología política de Calvino
SERVET Y LAS REFORMAS RADICALES
Esperanza Plata García: Calvino y el caso Servet
Ángel Alcalá: Introducción a ‘Treinta cartas para Calvino’ (fragmentos)
George Williams: Calvino y la reforma radical
ÁMBITOS DE INFLUENCIA
Aristómeno Porras: Calvino y la cultura occidental
J.C. Coetzee: Calvino y la educación
Leo Kofler: La función social del calvinismo
Rosa Regàs: La religión: la ciudad de Calvino
Roger Bastide: Calvinismo y racismo
OTROS CONTEXTOS
Gabriel Vahanian: Calvino y la muerte de Dios
Francis Fukuyama: El manifiesto calvinista
Alfonso López Michelsen: Nuevo prólogo a ‘La estirpe calvinista de nuestras instituciones políticas’
Allan L. Farris: Antecedentes de una teología de liberación en la herencia calvinista
Rubén Rosario Rodríguez: Calvino o el calvinismo: reclamando la tradición reformada para América Latina
EPÍLOGO
Omar Pérez Santiago: El Evangelio según San Borges
PROCEDENCIA DE LOS TEXTOS
Nota introductoria
El 500º aniversario del natalicio del reformador francés Juan Calvino marcó una fecha importantísima en el devenir de la cristiandad mundial. El impacto del pensamiento calviniano sigue apreciándose en muchas áreas del quehacer humano, con todo y que la tradición reformada presenta muchas y muy variadas manifestaciones por todas partes. No obstante esta influencia tan reconocida, en el mundo de habla hispana es muy escaso el número de obras sobre Calvino y las que hay no encuentran suficiente difusión en las instituciones de educación teológica. Asimismo, resulta lamentable el abismo existente entre éstas y las comunidades, motivo por el cual, en buena parte de las iglesias que reivindican su legado se desconocen los alcances sociales y culturales de su obra. La actividad que desarrolló en Ginebra, la ciudad que lo acogió y en donde pudo desarrollar sus ideas sobre la Iglesia y la sociedad, no se conoce suficientemente, lo que ocasiona que se acepten, en general, muchas de las caricaturas y deformaciones de que es objeto.
En algunos sectores protestantes latinoamericanos todavía se asocia la figura de Calvino a una serie de ideologías ligadas al conservadurismo eclesiástico y teológico. La imagen transmitida por ciertas tendencias misioneras de antaño hicieron que se perdiera de vista su perfil ecuménico y de diálogo con las demás tradiciones cristianas. De ese modo, tienen mucha difusión los debates acerca de la muerte de Miguel Servet y la influencia de Calvino en el surgimiento del llamado “espíritu capitalista”, entre otros aspectos, lo que contribuye a que, al interior mismo de las iglesias se le vea como una persona intolerante, fanática y autoritaria. Esto no excluye que, en efecto, se analicen también con objetividad histórica sus errores y excesos. Algunos investigadores ajenos a la experiencia eclesial han demostrado la validez y trascendencia de Calvino y la tradición reformada en la conformación de instituciones y mentalidades vigentes hasta la actualidad. En el terreno político, por ejemplo, es muy relevante enfatizar la relación entre esta tradición teológica y el surgimiento del concepto moderno de democracia.
La presente antología de textos sobre la vida y obra de Juan Calvino es el resultado de varios años de investigación personal y colectiva. Procede, en lo fundamental, de los cursos de Teología Reformada ofrecidos entre 1989 y 1997 en una institución presbiteriana de la Ciudad de México. Ante cada nueva oportunidad de exponer frente a un grupo las bases históricas, culturales y religiosas del pensamiento calviniano, aparecían textos críticos en los lugares más inesperados. El criterio general de selección de estos capítulos de libros, artículos, ensayos, reseñas y notas sueltas es la seriedad en el análisis y su pertinencia para el debate actual en nuestro continente. Se incluyen varios textos escritos originalmente en castellano, pero no se ignoran las aportaciones procedentes de otros idiomas que se han establecido sólidamente con el paso del tiempo, especialmente las que representan horizontes críticos amplios.
Debo expresar mi más profunda gratitud a quienes me iniciaron en la pasión por la Reforma y Calvino y a quienes contribuyeron después con nuevos insumos y perspectivas. Sus nombres son: Ángel Reynoso, Mariano Ávila, Salatiel Palomino, Samuel Trujillo (†), Abel Clemente, José Luis Velazco y Eliseo Pérez-Álvarez. Su amistad y simpatía incondicionales han acompañado el fervor y la dedicación a este tema. En años recientes, los amigos Odair Pedroso Mateus, Germán Zijlstra, Eduardo Galasso Faria, Zwinglio M. Dias, Gonzalo Balderas, Alicia Mayer y Rubén Arjona, además de una nueva generación de estudiantes entusiastas, han expresado su interés en el trabajo llevado a cabo. Odair, en particular, desde la Alianza Reformada Mundial, y Germán desde la Alianza de Iglesias Presbiterianas y Reformadas de América Latina (AIPRAL). Desde España, Ignacio Simal (Lupa Protestante y Ateneo Teológico) ha sido el cómplice ideal para estas y otras aventuras teológicas y editoriales, y Pedro Tarquis, quien abrió su espacio periodístico (Protestante Digital) para promover todo lo relacionado con Calvino. Este recuento de gratitudes estaría incompleto si no se mencionara a Lukas Vischer (†) y Serge Fornerod, de la Federación de Iglesias Protestantes Suizas, quienes estimularon la participación en las actividades internacionales de celebración del Jubileo de Calvino.
Leopoldo Cervantes-Ortiz
ASPECTOS INTRODUCTORIOS
¿Quién es y quién fue Calvino? Interpretaciones recientes
Eberhard Busch
I. Interpretaciones anteriores
Cuando miramos atrás en cuanto a las interpretaciones de Calvino de 100 años para acá, encontramos una amplia variedad de puntos de vista, si bien han definido durante décadas la apreciación de este reformador. Según Albrecht Ritschl, Calvino confundió y combinó la diferenciación luterana entre la Iglesia como agente de gracia y el Estado como agente de la “ley y el orden”. Así, Calvino pudo haber dicho algo impensable para los luteranos alemanes, esto es, que cada persona es igual ante la ley y que el derrocamiento de los tiranos por parte del pueblo es legítimo.1 Más recientemente, en 1940, Dietrich Bonhoeffer repitió esta afirmación en su Ética.2 En contraste, Jacob Burckhardt, el historiador de la cultura, en Basilea, señaló: “La tiranía de un solo hombre nunca fue promovida mejor que por Calvino, quien no sólo hizo de sus convicciones privadas una ley general y oprimió o confinó las demás opiniones sino que también insultó a todos constantemente considerando los asuntos más inocentes de prueba (taste)”.3 Siguiendo esta línea, el poeta Stefan Zweig utilizó, en 1937, esta caracterización de Calvino para acusar a Adolfo Hitler de ser un hombre satánico.4 Incluso Karl Barth escribió que, al considerar a Calvino vienen a la mente palabras como tiranía y fariseísmo. “A ninguno de nosotros... le gustaría haber vivido en esta santa ciudad [Ginebra]”.5
Las tesis ampliamente difundidas de Max Weber acerca de que Calvino fue uno de los pilares del capitalismo fue repudiada por Ernst Troeltsch antes de que lo hiciera André Biéler.6 Según Troeltsch, fue más bien el caso del “socialismo religioso”, a comienzos del siglo XX, que surgió dentro de la tradición reformada, siguiendo los pasos de Calvino, muy diferente del luteranismo conservador y antidemocrático.7 En contraste con Troeltsch, Charles Hodge en Princeton, vio a Calvino como un representante de la doctrina luterana de “los dos reinos”. Pensaba que la Iglesia como tal no tenía nada que ver con asuntos seculares. Esto fue verdad incluso si, continúa Hodge, los políticos no silencian a los representantes de la Iglesia, cuando ellos dan testimonio de la verdad y la ley de Dios.8 De la misma manera, el holandés Abraham Kuyper declaró que por un lado el calvinismo distinguió fuertemente entre la Iglesia y el Estado, incluso en la cultura, pero por otro lado afirmó que ambos están directamente sujetos al gobierno divino.9 Lo que es verdad en la mayoría de estas interpretaciones es que todas hablan más generalmente del llamado calvinismo que de Calvino como tal o, como señaló Stanford Reid en 1991, hablan frecuentemente de Calvino, “sin tomarse la molestia de observar qué dijo él realmente”.10
II. El núcleo de su teología
Probablemente sea cierto que cada época influye en los resultados de la investigación a la hora de formular preguntas. Pero uno debe decir, también, que los estudiosos de décadas anteriores “han hecho grandes esfuerzos” para escuchar cuidadosamente “lo que realmente dijo Calvino” dentro del horizonte de la Reforma, inicialmente en Francia y Ginebra. Esto ha tenido como resultado una mayor comprensión del hecho de que la Reforma de la Iglesia no debe medirse solamente por la figura de Lutero, como se hacía antes, sobre todo en Alemania. Ha quedado cada vez más claro que la formulación de la doctrina de la justificación no es la única diferencia decisiva entre la Reforma Protestante y el catolicismo romano. Esto debe afirmarse aun cuando Calvino ciertamente enseñó la justificación por la gracia sola, mientras, para estar seguro, insistió más que el luteranismo de su época en que la justificación y la santificación son inseparables. Al hacer eso, enfatizaba lo escrito en I Corintios 1.30: “Cristo Jesús nos es hecho sabiduría, justicia, santificación y redención”. Demostró, además, qué tan pura era su exposición de la doctrina de la justificación en 1547 en que fue la primera, en el ámbito protestante, que se diferenció de la doctrina propuesta por el Concilio de Trento, la cual era en sí misma una declaración sustantiva. Sus comentarios no se publicaron en el momento, aunque él estaba bien informado no sólo sobre el texto del Concilio sino también acerca de la discusiones conciliares. Este material no apareció en traducción alemana hasta la edición de estudio de Calvino en 1999. Como ha mostrado Anthony Lane, Calvino participó en la preparación del Concilio de Trento, especialmente en la reunión de Regensburg entre teólogos protestantes y católicos, cuya primera sesión estuvo dedicada al tema de la justificación.11 Y las discusiones van más allá entre los intérpretes de Calvino acerca de los alcances de esta participación en términos del entendimiento común posible entre ambas confesiones en cuanto a la afirmación paulina de Gálatas 2.6, según la cual la fe justifica sin las obras y Gálatas 5.6, sobre las obras de la fe mediante el amor.
En cualquier caso, Calvino establece su doctrina de la justificación sobre la base de la Reforma Protestante. No obstante, la diferencia decisiva con Roma se encontraba, para él, en otro aspecto. Bernard Cottret escribe en su biografía de Calvino, publicada en 1995 en París, que el llamado episodio de los panfletos (placards) a fines de 1534 en París representó para Calvino el punto de ruptura. Estos panfletos, colocados en varios lugares, dirigían una fuerte crítica a la misa católica basándose en la carta a los Hebreos: Cristo es el único mediador y el único sacerdote; mediante su sacrificio único transforma en ilusoria la dignidad sacerdotal de los oficiales eclesiásticos humanos, algo central para el pensamiento católico.12 Este contraste fundamental fue grabado en la mente de Calvino cuando el rey Francisco I preparó una procesión a lo largo de París, y al mismo tiempo eran “sacrificados” algunos “herejes”, es decir, fueron asesinados por oponerse a la doctrina del sacrificio.13 Al procesar todo esto, Calvino no optó por el servicio de predicación medieval como hizo Zwinglio, ni la liturgia dejó de tener importancia para él. Asimismo, como ha mostrado recientemente Christian Grosse, comenzó a desarrollar una liturgia siguiendo el modelo de la iglesia antigua.14 Como su centro es el Espíritu Santo “nos” comunica en la Cena del Señor la reconciliación con Dios mediada por Cristo, y en gratitud por ello, “nosotros” testificamos en el mismo evento que somos su comunidad. Calvino, el cuestionado soberano todopoderoso de Ginebra, no fue capaz, sin embargo, de persuadir al gobierno de la ciudad para que, según su profunda convicción, la Cena del Señor se realizase en cada servicio divino, acompañada por oraciones públicas (esto es, el Salterio) y la interpretación de la Sagrada Escritura (no como varias perícopas seleccionadas de la Biblia, sino como lectio continua, exposición de todos los libros de la Biblia).15
El volumen de discusión dedicada a la correcta comprensión de la eucaristía en la primera edición de la Institutio Christianae Religionis de 1536 muestra que este fue, en ese momento, el punto más importante de controversia con la iglesia católica. En la última edición de la Institutio en 1559, la cual creció bastante, la crítica se amplía a la disputa sobre la comprensión de la Iglesia, y de ella se ocupa en una tercera parte de toda la obra. Uno podría decir que este es el tema de la segunda generación de reformadores. Incluso si Wilhelm Neuser está en lo cierto cuando afirma que la composición y estructura de las cuatro partes en la edición de 1559 es confusa en el detalle,16 es muy claro, en mi opinión, que Calvino en las tres primeras partes desea hablar de Dios el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo y que en la extensa cuarta parte se ocupa de la Iglesia, la cual es parte de los medios externos mediante los cuales Dios nos introduce a la fraternidad con él y con los demás. En esta parte de su libro Calvino discute ampliamente la doctrina católico-romana de la Iglesia. Resulta excitante que él trabaje el mismo material usado por su contraparte, aunque interpreta el material de manera distinta en los aspectos formales y sustantivos. Aborda aquí la sustancia de la doctrina católica sobre la Iglesia, para demostrar que esta doctrina ya no puede justificar el sistema papal de organización.17 No me parece que podamos encontrar una contribución sustantiva a este problema en el luteranismo de esa época. Para Calvino, éste era un asunto fundamental.
Según el punto de vista común católico y calvinista, Cristo es el mediador entre Dios y la humanidad mediante un triple oficio, esto es, sacerdote, rey y profeta. Pero, a diferencia del punto de vista católico, Calvino subraya que Cristo está vivo y, por ende, él no ha cedido ninguno de sus oficios a las instituciones eclesiales ni intenta hacerlo. Su relación con la Iglesia es como la de la cabeza con el cuerpo y no existen cabezas sustitutas. Sólo él gobierna la Iglesia y ésta es una comunidad de hermanos y hermanas, conectados todos con él y entre sí con un mutuo intercambio, tal como lo expresa el Catecismo de Ginebra de 1545.18 Cada miembro participa de la cabeza, pero como un miembro más de su cuerpo. Todos los cristianos participan sin la mediacón de sacerdotes humanos, directamente por la fe en Cristo, como declara la Segunda Confesión Helvética (1566).19 De esta manera, todos los creyentes participan en los tres oficios de Cristo por la fe,20 y muestran esto en su actividad confesante, como dice Zwinglio en su Declaración de Fe de 1530.21 Los líderes humanos de la comunidad eclesiástica son solamente miembros del cuerpo de Cristo, también, y no cabezas de la Iglesia. Muestran esto, además, en que los tres oficios bajo su liderazgo son distribuidos en diferentes personas que dirigen colectivamente a la Iglesia. Así, esos oficios, que son ejercidos por el gobierno de la Iglesia, reciben un nuevo sentido en contraste con la iglesia católico-romana. Los pastores corresponden a la enseñanza profética de Cristo y ellos no son todos sacerdotes, en lo que quizá es la divergencia más profunda con la perspectiva católica. Los ancianos corresponden al oficio real de Cristo, pues tienen la tarea de dirigir la comunión y llevar a cabo la cura de almas, pero no son los soberanos de la Iglesia. Y el servicio de los diáconos hacia los pobres corresponde al oficio sacerdotal, el cual Cristo cumplió de una vez por todas en la cruz.
Pero la investigación actual sobre Calvino escasamente trabaja la cuestión en la que el reformador encontró la principal diferencia con el catolicismo de su época, aunque pienso que su punto de vista es todavía muy importante hoy, cuando los pastores reformados parecen desempeñar el papel de sacerdotes, mientras que los luteranos están un poco en aprietos debido a que su concepto de justificación ya no se encuentra separado del católico. No estoy diciendo con ello que la doctrina sobre la Iglesia fue el centro de la teología de Calvino. Preferiría describir el centro de su teología con la tesis que expone en su comentario a Jeremías: Ubi cognoscitur Deus, etiam colitur humanitas, es decir, “Adonde Dios es tomado en serio, allí hay una preocupación por la humanidad”.22 Esta afirmación muestra puntualmente la preocupación de Calvino contra la tendencia de la teología luterana de olvidar la diferenciación entre la deidad de Dios y nuestra humanidad, a causa de la deidad y humanidad de Cristo, en vez de colocar esta diferencia en preeminencia.
III. Ediciones
Pese a todas las apariencias, la investigación actual sobre Calvino no está trabajando tales cuestiones fundamentales. Para decirlo positivamente: la investigación está comprometida fuertemente con la intención de descubrir un Calvino nuevo, y uno podría decir que lo está haciendo en múltiples pasos pequeños. Lo primero y fundamental, e incluso estrechamente relacionado con esto, es publicar todos los textos de Calvino, incluso los inéditos, y hacerlos accesibles a todos. Es verdad que textos no muy importantes no han sido impresos desde el siglo XVI, o que los divulgados desde Leiden en el siglo XVII no han sido reeditados, o nunca se imprimieron del todo. Aparte de la Institutio, disponible en diversas ediciones, existen muchos textos que fueron publicados en los siglos XIX y XX en el idioma original o en tradu-cciones: comentarios bíblicos, cartas y también docmentos polémicos. La publicación más importante y voluminosa es la Calvini Opera, iniciada en 1887, en 59 volúmenes, en su idioma original. Después apareció la edicion pequeña, Calvini Opera Selecta, editada por Peter Barth y Wilhelm Niesel, entre 1929 y 1936. Pero en las ediciones más viejas había a veces lagunas, mientras que algunas ediciones tenían deficiencias científicas, como la de comentarios bíblicos en latín de August Tholuck, de mediados del siglo XIX. Están apareciendo nuevas ediciones que intentan, por un lado, ofrecer textos científicamente bien hechos y, por otro lado, llenar lagunas. Para el seguimiento de las nuevas ediciones es indispensable el libro de Michael Bihary, Bibliographia Calviniana. Calvins Werke und ihre Übersetzungen. Praga, 2000.
Una ausencia notable ha sido cubierta desde 1961 por la colección titulada Supplementa Calviniana. Sermons inédits. Dicha colección planea presentar 600 sermones inéditos, pues, de hecho, Calvino predicó alrededor de 2400 sermones.23 Esta edición comprenderá aproximadamente 15 volúmenes. Cada sermón ocupa 10 páginas escritas en francés antiguo, y demuestra cómo trabajó Calvino la interpretación de las Escrituras en la Cristiandad antigua, en la iglesia medieval y en la exégesis judía.24 En cuanto a sus comentarios bíblicos en el idioma original, aún dependemos de la Calvini Opera, con más de un siglo de antigüedad, la cual está siendo reeditada: los textos básicos son la última edición de cada obra impresa en vida de Calvino o la última vesión examinada por él. La Ioannis Calvini Opera Omnia, publicada en la Librarie Droz de Ginebra, editada por ocho prestigiados calvinólogos, fue enriquecida con referencias literarias y notas. Hasta ahora han aparecido ocho volúmenes. Contiene también la edición del Comentario a los Romanos del investigador inglés Thomas C.H. Parker. Se trata del comentario que elaboró Calvino con sumo cuidado en Estrasburgo en 1539, que revisó en 1551 en Ginebra: es decir, su primer comentario bíblico.
En vista de la dificultad que tiene mucha gente para comprender los idiomas clásicos, no sólo el francés antiguo, pero más aún el latín en que Calvino escribió tan brillantemente, la accesibilidad de sus textos en sus idiomas originales es muy reducida, incluso para estudiosos bien entrenados. El resultado es que esos textos son accesibles sólo para un limitado círculo de expertos. Sería necesario estar muy familiarizados con los idiomas que Calvino dominó para entender su “rico estilo y su refinada argumentación teológica”. Pero esto significa que “quienquiera que desee dejar hablar a Calvino tiene que traducirlo”, como afirma Christian Link en el prefacio a Calvin-Studienausgabe, el cual ha editado junto con otros desde 1994. En esta edición, algunas piezas diferentes y representativas de la teología de Calvino, que no habían sido traducidas antes, aparecen en dos idiomas, el original y en alemán. Han aparecido cuatro volúmenes y se espera pronto el Comentario a los Romanos. Parece que en el futuro tales traducciones serán más y más necesarias debido al escaso conocmiento de las lenguas clásicas. Las traducciones al inglés están surgiendo también.
IV. Nuevas interpretaciones
Aparte de la gran tarea de publicación de los textos de la que se ocupará la nueva investigación, por otro lado está la producción de una amplia gama de estudios individuales. Peter de Klerk ha hecho una lista de lo publicado desde 1971 en la bibliografía calviniana del Calvin Theological Journal. Es sorprendente que mucho de la investigación reciente la mitad de los textos sean notas a pie de página, las cuales con frecuencia se refieren a un gran número de trabajos que no están al alcance del lector. Además, no faltan estudios con tesis específicas que no pueden sostenerse más que como hipótesis. Tres eruditos han presentado un trabajo en el que reclaman que, debido a la falta de documentos su esfuerzo no es más que “un experimento que no responde muchas preguntas”.25 Existen también muchos textos que prueban con dificultad lo ya conocido. Como sucede en otras ciencias, parece que también aquí, más allá del mencionado problema lingüístico, están aumentando los tópicos especializados reservados sólo a grupos muy reducidos de expertos, mientras que el número de quienes ignoran estas materias aumenta incluso en círculos teológicos medios. No tengo solución para estos problemas, sólo una pregunta que los expertos deben responderse a sí mismos: ¿a quién sirven con su duro esfuerzo? En mi opinión, esto puede ser respondido de manera relevante cuando en su celo por entender a Calvino, ellos se dejan “contaminar” por él, al grado de que piensan, con Calvino, esto es, que comprenden a este falible mensajero que Dios ha colocado ante él y nosotros. Calvinus Praeceptor Ecclesiae (Calvino, preceptor de la Iglesia) es el título de la reunión de ponencias de uno de los últimos simposios de calvinólogos. Pero, ¿Calvino fue realmente reconocido y tomado en serio como maestro de la Iglesia?
Pero no resulta agradable interrogar críticamente a la nueva generación de investigadores. Por otro lado, uno tiene que reconocer, respetuosamente, que de este modo, en muchas direcciones y formas, incluso escondidas, Calvino y su mundo son iluminados con una especie de luz distintiva y brillante. Y así es como ese mundo llega hasta nosotros. Vemos a Calvino en sus relaciones con Martín Bucero,26 Bernardo de Clairvaux,27 Melanchthon,28 Lasco29 y sus colegas de Ginebra,30 Agustín,31 Pighius,32 o el rey Segismundo Augusto von Polen,33 y muchos más. Lo vemos también como un joven,34 en sus relaciones con las mujeres,35 los niños y los jóvenes,36 los bautistas37 o con la filosofía griega.38 Obviamente, nos es presentado especialmente como un teólogo y como alguien ocupado con asuntos teológicos tales como la hermenéutica,39 la antropología,40 la doctrina de la predestinación,41 la mediación de la salvación,42 la escatología,43 la doctrina44 y la oración.45
No tenemos que completar la enorme lista de contribuciones. De hecho, todos estos estudios no están completamente de acuerdo con los demás y tampoco se refieren el uno al otro. Sin embargo, podríamos ponerlos juntos como un rompecabezas y así no tendríamos un poco del reformador ginebrino y su trabajo ante nosotros.
Más iluminador que resaltar la literatura sobre Calvino es ahora el hecho de que su imagen y su teología han comenzado a cambiar con la reciente disponibilidad de sus sermones y comentarios bíblicos. Para decirlo de otra manera: mientras que en otras épocas Calvino era visto a la luz de la Institutio y en el contexto de estos escritos polémicos, hoy los investigadores comienzan a leerlo principalmente en sus sermones e interpretaciones bíblicas. No tanto el maestro de dogmática, sino el exegeta es quien se está acercando a nosotros. Con todo, no es la Institutio sino las interpretaciones bíblicas las que fueron el sujeto de sus conferencias teológicas, rescatadas por amanuenses oficiales, que se publicaron después. La instrucción teológica significaba, para él, exposición de la Sagrada Escritura. Pero lo mismo sucedía con los sermones. Él la presenta como doctrina, la cual, según Victor d’Assonville, significa comunicación encargada por Dios, para distinguirla del dogma como enseñanza humana.46 El sermón y la conferencia no son lo mismo, aunque para Calvino no eran diferentes en principio. Las conferencias eran breves preparaciones para los sermones, en los cuales se expresaba lo mismo pero con más detalle, más ilustraciones, mayormente dirigido todo a los oyentes. Ambos, el sermón y la conferencia se correspondían, según la doctrina de Calvino acerca del oficio profético en la iglesia. Y son justamente estos textos los que recientemente apelan más fuertemente que antes para la comprensión de la teología calviniana. Debido a ello, su enseñanza se presenta a sí misma quizá no de una manera diferente sino de una nueva luz, en una hábil interacción, por un lado, de observaciones que se enfocan precisamente sobre el texto en cuestión y, por otra, en afirmaciones que hablan concretamente a sus oyentes o lectores concretos.
© 2019 Leopoldo Cervantes-Ortiz «Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 917 021 970 / 932 720 447)». © 2019 por Editorial CLIE