Kitabı oxu: «Soñar la realidad»

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Lía Pistiner de Cortiñas

Soñar la realidad Ensayos psicoanalíticos


Pistiner de Cortiñas, Lía

Soñar la realidad : ensayos psicoanalíticos / Lía Pistiner de Cortiñas. - 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Biebel, 2020.

Libro digital, EPUB

Archivo Digital: descarga

ISBN 978-987-8362-15-1

1. Teorías Psicoanalíticas. I. Título.

CDD 150.195

© Lia Pistiner de Cortiñas

© Ediciones Biebel, 2019, 2020

Edición en formato digital: septiembre de 2020

Ediciones BIEBEL

José Juan Biedma 1005, (1405)

Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina

Tel. (54-11) 4582-3878

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ISBN: 978-987-8362-15-1

La imagen de cubierta pertenece a Leo Ferreti

Armado de cubierta: Ramiro Pazo

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Libro de edición argentina

Producido en la Argentina

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Prólogo

Es este un libro que trabaja con originalidad las fuentes principales que la vida de una psicoanalista ha ido colectando, transformando el estudio minucioso y la gratitud en producción creativa.

De ese modo Bion y Liberman convergen en un marco implícito de proceso y campo psicoanalítico, recogiendo tanto el sutil empirismo inglés de aquel cuanto la símil formalización que son sus marcas indelebles, con la sagacidad clínica y el apego al movimiento concreto de los materiales del maestro argentino.

Lia Pistiner narra y teoriza dos movimientos clave en la transmisión, dejando que la originalidad posible de sus elaboraciones se trasunte entre las marcas de sus referencias predilectas.

Así ocurre con las precisiones referidas a la psicosomática, en un desarrollo ampliado que aúna claridad y utilidad, lo cual es clave para reconocer distintas estructuraciones en la clínica.

Sobre la base de una diferenciación organizadora entre procesos conversivos y psicosomáticos, en la medida que en estos últimos no se ha constituido una capacidad de digestión simbolizante frente a determinados apremios de la vida, quedan sometidos a opacidades dañinas detrás de fachadas sobreadaptadas.

Por su parte el soñar, como lecho originario y fuente perdurable de los procesos de simbolización, y por lo tanto imprescindible para sostenerse en la vida relacional y con el propio ser, corporal y fantasmático, constituye el eje heurístico asumido por nuestra autora.

Hay un implícito importante: el sujeto como sistema abierto, y con eventuales relictos no desplegados que pueden recuperarse, siempre que se tenga claridad respecto de su estructuración y los modos de incidencia en los vínculos y por ende de constituir transferencias.

Lo cual no supone un optimismo insensato sino algo que Lia Pistiner fundamenta de manera consistente y requiere, para decirlo con una expresión que habría resultado muy grata a los oídos de Laplanche: el (arduo) “trabajo del psicoanálisis”.

Desde esa disposición sistemática nos va mostrando la posibilidad de inteligir y encarar cuadros severos.

La complejidad de la concepción bioniana de la mente sirve como base para desarrollos instrumentales creativos, como la materialización en personajes, al modo teatral, de aspectos diversos del psiquismo.

Y desde lo concreto del trabajo clínico con pacientes difíciles, rescata lo de hacer consciente lo inconsciente diferenciándolo respecto de la otra aserción proverbial: donde el Ello era estará el Yo, vinculándola al sentido bioniano de “transformaciones en O”.

Es decir, se trata de rescatar el fuerte valor heurístico de aquellos enunciados que indican el ethos de un compromiso con transformaciones al límite, lo cual lleva con naturalidad a articularlo con la enunciación winnicottiana respecto a falso y verdadero Selves.

También radical y a menudo entendida de manera banal.

Todo lo cual supone una semiología fina del proceso analítico, en tanto aquel –el falso Self– podría no constituir una organización nacida del Eros de preservación, como lo postulaba Winnicott, sino una cobertura de escasa consistencia.

Las ideas que maneja la autora transitan en un espacio de confluencia de metáforas, conjeturas imaginativas y formalizaciones –las cuales son una marca de estilo bioniana– y son expuestas con claridad, teniendo presente siempre la perspectiva instrumental, el para qué sirven en el contexto psicoanalítico.

El texto refleja también, en su incursión por los fundamentos, la gran complejidad de la hominización, su carácter intrínsecamente relacional y el modo en que los patterns primarios perduran en los vínculos el resto de la vida.

Dando fundamento a una clínica que aspira a desarrollarse buscando aunar “dos mentes” en concordancia, permitiendo entonces (función desarrollada de continencia) dar cabida a segmentos primordiales desgajados del ordenamiento adaptativo.

Con modelos / metáforas que por otros caminos que los de Freud llegan también a zonas del conocimiento antropológico útiles para entender el funcionamiento efectivo de la mente y su lidiar constante con el dolor psíquico y el procesamiento de la verdad.

Las peculiaridades del autismo, en lo referente al uso de formas verbales pero incluidas en procesos simbólicamente deficitarios son trabajadas de manera profunda.

Lo cual resulta aleccionador más allá del contexto específico, en virtud de las múltiples formas de precarización de los procesos de simbolización, por razones de patología o culturales (o combinación de ambas).

Lia Pistiner, finalmente –y es grande su mérito al respecto– enseña con destreza el modo de usar la famosa “Tabla” de Bion, en esa zona tan familiar a los psicoanalistas entre el entender, el comprender, el teorizar y el conjeturar, lo cual es de suma utilidad tanto para expertos cuanto para quienes comienzan.

El sostén de la complejidad de los materiales atraviesa todo el texto, junto al optimismo mesurado de una instrumentalidad fundada, lo cual cobra singular importancia en el contexto cultural de banalización al cual el psicoanálisis no es inmune.

En síntesis, obra lograda, que rezuma el arduo trabajo que contiene y el generoso afán de claridad que la anima.

Rafael Paz

Introducción

Este libro contiene algunos ensayos que fueron escritos en distintas ocasiones para ser presentados en congresos psicoanalíticos, muchos inspirados en la obra de Bion y que son intentos de desarrollar no sólo las ideas de este autor sino también las mías. El primer congreso psicoanalítico sobre las ideas de Bion tuvo lugar en Turín, Italia, en el año 1987 y fue organizado por su hija Parthenope. Se cumplían 100 años del nacimiento de Bion. El siguiente congreso se realizó con mucho entusiasmo en Buenos Aires y a partir de entonces cada dos años tienen lugar estos congresos en distintas partes del mundo: los últimos fueron en Milán, Italia, y en Riberão Preto, Brasil. Estos Congresos-Bion suelen tener la particularidad de incluir, además de la presentación de trabajos, reuniones de discusión en pequeños grupos, que resultan muy interesantes y creativas.

Durante muchos años un grupo de cinco colegas, del cual yo era una de las participantes, comenzó a estudiar y a desarrollar pensamiento psicoanalítico con David Liberman; de esas reuniones, que se prolongaron por varios años nació el libro Del cuerpo al símbolo, sobreadaptación y enfermedad psicosomática, en el cual desarrollamos ideas psicoanalíticas, diferentes de las que hasta entonces se pensaba, acerca de las llamadas enfermedades psicosomáticas. Todavía hoy es frecuente hablar de “somatización” como si un conflicto psíquico se transformara en un síntoma somático, como ocurre en la histeria. Nosotros pensamos que en las mal llamadas enfermedades psicosomáticas las experiencias emocionales, potencialmente conflictivas, no habían llegado a desarrollarse a un nivel de funcionamiento psíquico, ni consciente ni inconsciente, debido a los trastornos de los procesos de simbolización sobre todo en lo que respecta a lo emocional; no se trataba de conflictos psíquicos negados y reprimidos, sino de experiencias emocionales que no habían logrado llegar al nivel de un funcionamiento psíquico.

El primer capítulo de este libro, “Del cuerpo al símbolo revisitado”, trata de un desarrollo de ideas posterior a la publicación de nuestro libro con D. Liberman y contiene ahora también ideas influenciadas por el pensamiento de Bion, pensamiento e influencia que también están presentes en los otros capítulos de este libro.

El segundo capítulo contiene ideas sobre el desarrollo y uso del lenguaje verbal como objeto autista de sensación. Mi experiencia con pacientes autistas, ya sean niños o adultos, me posibilitó observar que aun cuando habían llegado al desarrollo del lenguaje verbal, su modo de usarlo (la proliferación de repeticiones), más que un uso a los fines de la comunicación, ya sea consigo mismo o con el otro, era un uso de la lengua y la boca a nivel sensorial para generar una ilusión de no separación, de no diferenciación.

El capítulo tres, “Soñar la realidad” es un intento de pensar la idea de que el análisis no sólo es una cura sino que implica desarrollar potencialidades de la personalidad y que tanto para la cura como para el desarrollo es necesario un proceso de simbolización que posibilite al mismo tiempo un contacto con la realidad externa para desenvolverse en ella, así como un contacto profundo con la realidad psíquica que refiere a lo que denomino en ese capítulo una “transformación onírica”.

Las diferentes clases de perturbaciones de los procesos de simbolización podrían pensarse como el hilo conductor de este libro. Como digo en ese capítulo, Freud pensaba que pacientes con trastornos en los procesos de simbolización no podían ser analizados, aunque recorriendo sus casos clínicos podemos considerar que tanto el “hombre de las ratas” como el “hombre de los lobos” tenían aspectos “no soñantes” que Freud en cierta medida pudo “soñar”.

El capítulo cuatro contiene ideas inspiradas en el “último Bion”; se refiere al desarrollo de pensamientos y a sus diferentes usos, que Bion formuló en La Tabla. Contiene también la diferenciación entre un lenguaje de logro y un lenguaje de sustitución, diferenciación que se hace cada vez más necesaria para el momento cultural que hace tiempo atravesamos, ya que el desarrollo tecnológico permite la difusión cada vez más extendida de lo que parecen pensamientos y que bajo esa forma –como si fueran pensamientos– son modos de inoculación de ideologías que no se realizan a los fines de estimular la capacidad de pensar, sino que son acciones más o menos sutiles de inoculación y adoctrinamiento.

El último capítulo contiene un comentario y reflexiones acerca de Una memoria del futuro.

CAPÍTULO 1
Del cuerpo al símbolo revisitado. Algunos desarrollos y en homenaje a David Liberman

David Liberman era un hombre que se adelantó a su tiempo con un pensamiento original, capaz siempre de mostrar una perspectiva inesperada y de formulaciones que estimulaban el pensar. Así, cuando hablábamos de la sobreadaptación de los pacientes con perturbaciones psicosomáticas, decía “estos pacientes padecen de cordura”.

A modo de homenaje quiero traer algunas de sus ideas centrales, que desarrollamos conjuntamente en el libro Del cuerpo al símbolo, sobreadaptación y enfermedad psicosomática. Estas ideas me evocan lo creativo de tener el privilegio de trabajar con él y este trabajo además contiene nuevos desarrollos, actuales, logrados a partir del trabajo junto a David.

A renglón seguido voy a referirme a esos términos y sus implicancias psicoanalíticas.

1) Sobreadaptación. Este término se generó en nuestro grupo y tuvo una amplia difusión en el medio psicoanalítico. En su momento lo concebimos como una excesiva adaptación a la realidad, no por respeto al principio de realidad sino por sometimiento a un Ideal del Yo tiránico. Hoy diría que se trata del funcionamiento del principio de realidad puesto al servicio de la parte psicótica de la personalidad. Es un uso del principio de realidad al servicio de la omnipotencia, la omnisciencia y los ideales, principio que muchas veces tiene una connotación de reparación maníaca con un Ideal del Yo que no toma en cuenta la relación entre necesidades, deseos y posibilidades.

Sobreadaptación equivale a generar una prótesis para la personalidad, un exoesqueleto. Esther Bick (1968) lo describiría como una “segunda piel”. Implica transformaciones de la experiencia emocional en las que se produce una escisión de lo emocional que, en lugar de ser digerido, queda relegado a los funcionamientos neurofisiológicos, protomentales (Bion, 1962). Es una adaptación a la realidad externa a costa de disociar las implicancias emocionales que, en lugar de ser elaboradas, permanecen sin la transformación necesaria para ser asimilados a la personalidad y se manifiestan a nivel de síntomas somáticos. Dicho en otros términos, lo que se enferma es el cuerpo.

2) Estructura caracterológica y su relación con el Ideal del Yo patológico. Esta sobreadaptación va acompañada de una estructura caracterológica peculiar relacionada con un Ideal del Yo patológico que distorsiona la interpretación de la realidad: es una distorsión semántica (Liberman, 1970). Tomando como modelo la lingüística, Liberman diferencia las patologías como: a) una distorsión sintáctica, en caso de las neurosis; b) una distorsión semántica: el problema radica en una distorsión de la interpretación de la realidad; y c) una distorsión pragmática, como en las psicopatías, que opera directamente para distorsionar la realidad.

3) Símbolo fachada a diferencia de la simbolización auténtica. Los trastornos de los procesos de simbolización en el paciente sobreadaptado que somatiza implican que se ha desarrollado una simbolización por copia e imitación y no a partir de la transformación de las experiencias emocionales en elementos aptos para ser digeridos, es decir pensados soñados. Las experiencias emocionales permanecen como “bocados no digeridos” y no pueden ser asimilados a la personalidad. Las experiencias emocionales digeridas pueden articularse y desarticularse abriéndose a una evolución a partir de experiencias nuevas. La digestión de las experiencias emocionales posibilita transformarlas a un nivel de simbolización auténtico, digestión enraizada en las experiencias emocionales y da lugar al crecimiento mental. La no digestión implica evacuación hacia canales neurofisiológicos, protomentales, talámicos o subtalámicos o transformaciones en alucinosis (Bion, 1965). En el paciente sobreadaptado que somatiza, las experiencias emocionales son escindidas. La escisión puede pensarse con el modelo de una casa a la que se le hubieran cortado sus recursos más evolucionados: agua corriente, gas, etcétera, y tiene a su disposición los recursos más primitivos. (Hay procesos biológicos como la apoptosis1, que están al servicio de controlar el desarrollo y crecimiento mientras que se dan otros procesos biológicos que implican patologías somáticas: enferma el órgano).

4) Transformación en síntoma somático. En la sobreadaptación lo emocional escindido aparece como síntoma somático; las emociones no han llegado a inscribirse en el psiquismo. El síntoma somático aparece como lo más auténtico del funcionamiento de esa personalidad y equivale a la señal de angustia que el paciente no puede tener, dando la posibilidad de una transformación hacia un nacimiento psíquico de la experiencia emocional. Considerarlo así es brindar una posibilidad de lectura que hasta ese momento el paciente era incapaz de hacer, precisamente por la escisión. Lo que parece más enfermo equivale a una señal de que el paciente no puede seguir así pues el riesgo es enfermarse más y mejor.

5) El trastorno de los procesos de simbolización. Es lo que llamamos “símbolo fachada”, significa que ese símbolo carece de un proceso auténtico de transformación de la experiencia emocional. Lo que parece un símbolo es una fachada que carece de interioridad y de significado emocional. Es una simbolización al servicio de la adaptación al mundo externo, escindiendo las emociones que quedan relegadas a nivel protomental o prenatal, en el sentido de su nacimiento psíquico. El contacto con la realidad en ese sentido está a un nivel predominantemente fáctico, prescindiendo del significado emocional, que es escindido y queda relegado al funcionamiento somático.

Para el abordaje técnico de esta problemática consideramos necesario el desarrollo de una auténtica simbolización como una herramienta necesaria para establecer contacto con la realidad externa, pero sobre todo con el mundo interno, de un modo no sólo pragmático.

Una viñeta clínica para ejemplificar esto: a una paciente de alrededor de 50 años, muy exitosa profesionalmente pero con un serio fracaso matrimonial, que siempre me decía que ella se cuidaba, de repente le diagnostican un cáncer y tiene que ser operada de urgencia. Se trataba de una persona con la cual era muy fácil tener un diálogo convencional pero con la cual era muy difícil hablar de sus vivencias emocionales. Llegó al análisis debido a su fracaso matrimonial, pero cuando yo intentaba aproximarme a alguna cuestión relacionada con lo afectivo se ponía violenta y me llevó bastante tiempo poder confrontarla con hechos evidentes, puesto que la irritación violenta constituía una especie de barrera que parecía infranqueable. Había una contradicción manifiesta entre su exitosa adaptación al mundo externo, su éxito profesional y el fracaso de su vida emocional. Casi era una cuestión caracterológica el hecho de transitar sólo por caminos seguros. Pero el crecimiento emocional no puede aprenderse en los libros y es necesario poder aprender de los errores, ese no era un camino seguro y por eso era evitado. Ahora, cómo se hace para evitar la cuestión de las emociones en un análisis, salvo con la complicidad de la analista, cosa que no iba a ocurrir. Los silencios prolongados en los que a veces transcurrían las sesiones eran matizados con irritaciones violentas cada vez que yo intentaba alguna descripción de esa problemática. La paciente se había aislado mucho en todo lo referente a su vida emocional y con el tiempo se encontró cada vez más sola; si bien tenía un sufrimiento por su soledad, tampoco dejaba mucho que en el análisis pudiéramos aproximarnos a las cuestiones de los estados emocionales y tampoco podía, debido a la misma problemática, curar del todo las heridas que había dejado su fracaso matrimonial. Correspondía, en cuanto a ciertos rasgos de la personalidad, a lo que describimos en relación a estos pacientes con D. Liberman: muy cumplidores en lo formal, –por ejemplo en cuanto a horarios y honorarios– pero al mismo tiempo con una violencia apenas contenida cuando yo intentaba aproximarme al campo emocional. Al cabo de unos años apareció el cáncer con una indicación urgente de cirugía. No puedo decir que el cáncer –una enfermedad inmunológica, cuyas causas no se conocen hasta hoy en día– haya tenido como causa su disociación de lo emocional, pero sí que esta disociación no le permitía un crecimiento mental en cuanto a los vínculos emocionales. Tengo sí la impresión de que esta disociación de lo emocional puede haber sido un factor que podría haber incidido en la aparición de una enfermedad somática tan grave. El conflicto, que lamentablemente no puede llegar a manifestarse como conflicto, entre la sobreadaptación “eficiente” a la realidad externa y el rechazo, a veces muy activo, hacia todo lo referente a lo emocional, es el núcleo central en este análisis, puesto que si no podemos encarar esta cuestión no hay manera de crecer auténticamente en lo referente al crecimiento mental-emocional.

Después de esta breve digresión por el campo de una ilustración clínica voy a continuar refiriéndome a ciertas características del análisis con estos pacientes sobreadaptados que somatizan. Dentro del contexto de la situación analítica, nuestra caracterización de la problemática clínica nos llevó a una diferente concepción de la alteración del encuadre, cuando esto ocurre con estos pacientes. Pensamos que en el caso de estos pacientes que suelen ser “tan cumplidores”, cuando se da alguna alteración del encuadre como por ejemplo una llegada tarde, esto equivale a una señal de que el proceso analítico ha llevado a una ruptura o quiebre de la rígida estructura caracterológica. Estas llegadas tarde son casi el equivalente de un acto fallido, que como sabemos requiere un alto grado de simbolización de lo emocional y un mínimo de control defensivo. Podríamos considerarlo como un cambio en la relación continente-contenido: como si ese continente de sobreadaptación ya no diera para más en relación a los contenidos emocionales. La ruptura del encuadre puede entenderse desde un vértice psicoanalítico como un contenido a la búsqueda de un continente diferente.

Desde esta perspectiva, nuestro trabajo clínico con pacientes psicosomáticos trata de cómo construir o ampliar un continente diferente para contenidos en evolución. Este es un modelo para pensar el problema de cómo generar un espacio para dar cabida a la realidad psíquica. El paciente sobreadaptado que somatiza suele vivir en un mundo fáctico, en un mundo de datos opuesto al mundo de significados, sobre todo de significados emocionales. A un sueño, a una asociación, a un poema, a un mito se le puede encontrar un significado emocional. A un hecho fáctico no: es “una realidad”, “una cosa en sí”. Nuestra mente y nuestro desarrollo emocional se nutren de significados.

Estas ideas están inspiradas en mi práctica clínica y son un intento de enfrentar algunas de las dificultades con las que me he encontrado. En ese sentido intento el desarrollo de algunas ideas que me han sido útiles para pensar la clínica y que voy a presentar a continuación.

1) La revolucionaría idea de Bion de que los pensamientos son anteriores al pensar y que estimulan el desarrollo de funciones para pensarlos fue la base de muchas evoluciones. Una idea muy fecunda es la postulación de aspectos prenatales de la mente. En este capítulo propongo ampliar la conjetura imaginativa de aspectos prenatales de la mente y esta extensión tiene el sentido de ampliar la investigación psicoanalítica desde la concepción de cura hacia el vértice del crecimiento mental.

La hipótesis de aspectos prenatales de la mente conlleva la idea de una mente embrionaria con potencialidades de desarrollo. Es una concepción de la mente como un universo en expansión, concepción que es central para relacionar pasado, presente y futuro. A diferencia de otras especies, el ser humano no nace con un equipo innato con todo lo que tiene que saber encriptado en su ADN para sobrevivir. Lo que trae innato se complementa con lo que recibe de su entorno familiar y su cultura –y esto requiere, como sabemos, de muchos años en vínculos amorosos y protectores para desarrollar sus potencialidades.2

Esta concepción es la que intento desarrollar aquí a través de la conjetura de aspectos prenatales de la mente, que podemos concebir como pensamientos embrionarios y/o pensamientos sin pensador, que necesitan intersectar con un pensador, es decir intersectar con funciones capaces de usar los pensamientos3 para pensar y poder así evolucionar. En ese sentido, no concibo el nacimiento psíquico como un punto de origen sino como un punto de intersección. Una idea prenatal sería, en este modelo, el equivalente de un embrión que evoluciona hacia un futuro bebé, que contiene potencialidades desconocidas y por lo tanto demanda una ruptura, una desarticulación de lo estructurado previamente que necesita ser recibido y transformado. Es una condición para el desarrollo de un continente para lo nuevo; como somos seres animados que habitamos en un mundo, en un cuerpo y una mente cambiantes, necesitamos poder desarrollar un continente para los cambios.

Como psicoanalistas esta idea nos lleva por su parte a la noción de encuadre, concebido como marco protector y continente para dar lugar al desarrollo de los cambios que la persona necesita para crecer. Podemos complementar la hipótesis de la evolución de la personalidad con la de cambio catastrófico, no en el sentido de una catástrofe, sino de algún cambio, el que asu vez no es producido por una evolución continua en el tiempo, sino por un movimiento brusco, por ejemplo el surgimiento de los Andes, los cambios de la adolescencia, algún suceso traumático, etcétera.

2) Me parece central la idea de sobreadaptación y la contrasto con el desarrollo de lo prenatal. La sobreadaptación lleva a que el desarrollo de una personalidad sienta sus bases en prótesis o exoesqueletos. Es lo que muchas veces denominamos falso Self no en el sentido winnicotiano de protector del auténtico Self, sino en el sentido de construir una personalidad sobre bases endebles y falsas, esquivando los conflictos inherentes al crecimiento mental. La idea de un at-one-ment (Bion, 1970) de un devenirse sí mismo, o uno consigo mismo también me parece central por contraste con la construcción de una personalidad sobre la base de la sobreadaptación.

Esta idea de devenirse sí mismo no descarta la idea de hacer consciente lo inconsciente pero va más allá –quizás está más cerca del enunciado freudiano de donde estaba el Ello el Yo debe advenir– pero diría que más que Ello, en la sobreadaptación se trata de un Superyó perfeccionista y/o de aspectos no auténticos del Yo. Tampoco el devenirse sí mismo equivale a la hipótesis kleiniana de la integración que se desarrolla en la posición depresiva, aunque también la incluye. En la idea de devenirse sí mismo está implícito el cambio y presupone un conflicto entre lo ya establecido en la personalidad, el conflicto entre el establishment de la personalidad, entre lo ya institucionalizado de la personalidad y lo nuevo que está evolucionando. En mi opinión es necesario –en un análisis– poder abrir un diálogo entre las distintas partes o aspectos de la personalidad, diálogo que puede ser fecundo en sus acuerdos y desacuerdos. Me refiero a un diálogo entre los aspectos ya instituidos de la personalidad –que incluso a veces surge a través de frases que trasuntan un aspecto caracterológico, como “yo soy así”– y los cambios que necesariamente debe afrontar una persona en la vida. Es evidente que el análisis conlleva cambios y que una de las cuestiones de la situación analítica es la elaboración de esos cambios.

Dentro de los recursos técnicos que yo utilizo –y que abren una perspectiva, a veces con humor, para desarrollar estos cambios– está la personificación: suelo personificar algunos aspectos o funcionamientos de la personalidad y también de emociones para poder dar lugar a un diálogo entre los aspectos escindidos con la ventaja de la creación de un espacio tercero, de modo que el paciente, desde su rol de espectador, logra una distancia de observador del funcionamiento de su personalidad. Puedo entonces construir un escenario: sentar en una silla a Doña Celos o a Don Miedo y proponerles entablar un diálogo con otros aspectos de la personalidad, como la nena o nene buenos, “orgullo de sus padres y maestros”. Este distanciamiento, que contiene algo de humor, facilita al paciente, en mi experiencia, el darse cuenta de ciertos funcionamientos mentales que hasta ese entonces eran egosintónicos.

La idea de exoesqueletos o prótesis va al encuentro de lo que a mi entender nos topamos cada vez con más frecuencia en la clínica: con personalidades que no han crecido ni crecen sobre bases firmes y auténticas, sino que se arman o se adhieren entre si sobre bases precarias, con la sobreadaptación como una segunda piel (Bick, E., 1968) y al precio de dejar escindidas las experiencias emocionales.

Pienso que en la cultura y la sociedad occidental un factor a investigar es el empuje hacia una socialización cada vez más prematura, que prioriza el aprendizaje de datos de información y la eficacia por sobre el desarrollo y la madurez emocional. La tecnología actúa, con su velocidad de comunicación, contribuye a saltear distancias y diferenciaciones con el otro. Hoy en día tenemos entre nosotros y en muchas partes del mundo, el problema de la banalización y de la creciente pobreza que priva a muchos niños de su infancia. Si miramos la cara y la mirada de un “chico de la calle” veremos la mayoría de las veces la expresión y la mirada de un viejo. Otro problema propio de la cultura occidental (por lo menos de clase media) es la prematurez, la exaltación de la prematurez intelectual dejando de lado la madurez emocional, tal como se trasunta en la búsqueda de diplomas o que desde el jardín de infantes se enseñen idiomas, habilidades, etcétera. Muchas veces esas búsquedas ocupan el lugar del desarrollo de una capacidad de juego.

Esto nos lleva a cuestiones técnicas de abordaje. ¿Cómo abordamos lo que hemos llamado el exoesqueleto, la sobreadaptación y la adhesión a lo fáctico? ¿Cómo nos aproximamos a que el paciente pueda desarrollar una capacidad de “jugar”?

3) Sobreadaptación y sueños. La sobreadaptación es lo opuesto al soñar (en sentido amplio4). Cuando Freud descubrió la realidad de la realidad psíquica e investigó con profundidad el fenómeno onírico abrió el camino a comprender la realidad de la “ficción”, la realidad de la realidad psíquica. Él consideró que la fantasía no era sólo una huida de la realidad, sino también una reserva ecológica de la que se nutrían los artistas. También pensó que los escritores y artistas creativos habían sido niños que habían jugado mucho. M. Klein siguió ese camino con la introducción de la técnica de juego y con la idea de la personificación de los objetos de la realidad psíquica y su concepción de un mundo interno como escenario de distintas dramáticas.

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Yaş həddi:
0+
Litresdə buraxılış tarixi:
22 oktyabr 2025
Həcm:
152 səh. 5 illustrasiyalar
ISBN:
9789878362151
Müəllif hüququ sahibi:
Bookwire
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