Kitabı oxu: «Herramientas despatriarcales»
Herramientas despatriarcales
Insumos básicos para el abordaje en violencias de género
Liliana Carrasco
Carrasco, Liliana
Herramientas despatriarcales / Liliana Carrasco. - 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Tercero en Discordia, 2022.
Libro digital, EPUB
Archivo Digital: descarga
ISBN 978-987-8492-71-1
1. Estudios de Género. 2. Perspectiva de Género. I. Título.
CDD 305.42
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ISBN 978-987-8492-71-1
Queda hecho el depósito que marca la Ley 11.723.
Impreso en Argentina.
ÍNDICE
Prólogos
Introducción
Contexto social, masculinidades y violencia masculina
La pandemia y sus efectos en el campo de las violencias
Masculinidades
Violencia masculina - violencia misógina
El modelo integral de abordaje en violencia misógina
El proceso de intervención en violencia misógina
Administración del protocolo de evaluación de riesgo y potencial de letalidad
Aspectos procedimentales y estratégicos
Peculiaridades en la administración del protocolo según perfiles
Criterios de administración del protocolo
La evaluación de riesgo como insumo organizador
Riesgo bajo
Riesgo medio
Riesgo alto
Riesgo altísimo
La evaluación del potencial de letalidad
Potencial de letalidad bajo
Potencial de letalidad medio
Potencial de letalidad alto
Potencial de letalidad altísimo
La construcción de la demanda en los procesos de evaluación
Establecimiento de límites en el encuadre de trabajo
Redireccionamiento del foco atencional
Intervención en el dispositivo grupal
Visibilización de las violencias
Empatía con la víctima
Prioridad a la protección
Desnaturalización de las violencias
Búsqueda en los orígenes
Elaboración de eventos traumáticos
Experimentación de vivencias de cuidado
Construcción de recursos no violentos
Reconceptualización sobre las fases del ciclo de la violencia
Antecedentes sobre el ciclo de la violencia
Primera formulación del ciclo de la violencia
Segunda formulación del ciclo de la violencia
Tercera formulación del ciclo de la violencia
Estrategias en un campo de intervención integrado
Actualizaciones teóricas
La luna de miel y la importancia de la prevención
La acumulación de tensiones y el freno a la acomodación feminizada
La importancia del perfil del hombre que ejerce violencia misógina en el momento de ataque abusivo
La reconciliación, el amor romántico y la ilusión de poder
La externalización de la culpa, el reinicio del ciclo y la consolidación de la dinámica
Salir de la dinámica abusiva: en red o enredadxs otra vez
Caja de herramientas integradora
Los ritmos del carácter progresivo de la violencia
Consideraciones finales
Referencias bibliográficas
La autora
Prólogos
Mis primeros pasos en el área de violencia masculina estuvieron guiados por varixs profesionales. Dos son referentes en la temática, tanto en la dimensión preventiva como en la dimensión asistencial con hombres: la magíster Dora Pich —Dora García para el mundo del trabajo social— y el licenciado Mario Payarola.
De ella pude aprender muchas cosas, pero, en lo que se refiere al tema de este libro, resalto la relevancia de los procesos de prevención en las áreas de violencia, con fuerte anclaje comunitario, y sus estrategias cálidas y eficaces para que lentamente fueran aflorando temas complejos y abrazarlos, para tratarlos con el cuidado que su gravedad impone.
De él pude aprender cuestiones teóricas y técnicas sobre masculinidades y violencia de género, cuando se desempeñó como docente de la Especialización en Violencia Familiar de la UBA, allá por 2004; pero también comprendí los factores necesarios para la puesta en funcionamiento de los primeros pregrupos para HEVG (Hombres que Ejercen Violencia de Género) en la ObSBA (Obra Social de la Ciudad de Buenos Aires), cuando fue supervisor de nuestro equipo, nuevo y ávido de aprender. Su experiencia nos nutrió y acompañó en ese momento, y hoy continúa ese enriquecimiento a través del espacio que fundó en 2011, la Red de Equipos de Trabajo y Estudio en Masculinidades.
Con mucho agradecimiento, les pedí que prologuen este libro.
¡¡Gracias!!

La autora de este libro, Herramientas despatriarcales, la Dra. Liliana Carrasco, me invitó a escribir el prólogo. Nuestro vínculo, iniciado en la Universidad Nacional de Luján, se solidificó a lo largo de su proceso de formación docente y se mantiene aún hoy, a la distancia; se transformó en una relación profunda, colmada de afectos y sentires muy humanos.
En principio, sostengo que dedicarse a una tesis de doctorado sobre una temática tan actual como es la violencia misógina nos remite a escribir sobre una experiencia vivencial, auténtica, la cual amerita reflexionar articulando la práctica cotidiana con el marco teórico seleccionado y, finalmente, construye nuevos saberes apropiados para el debate científico.
Liliana, como muchas personas con capacidad para reflexionar sobre su propia vida, mostró su personalidad y tomó sus aprendizajes literalmente; como decía Enrique Pichón-Rivière: «Transformo mi realidad al mismo tiempo que me transformo».
Hoy, con su última tesis de doctorado (y digo «última», aunque no creo que vaya a frenar su proceso), viene visualizándose como una especialista muy formada en la temática, como profesora adjunta de Trabajo Social II, como jefa del Servicio de Violencia Familiar de la obra social del Sanatorio Julio Méndez para empleados de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires y como asesora de diferentes equipos de trabajo. En fin, su trayectoria, en tan pocos años, ha sido de un desarrollo académico sin miras a estancarse.
Hasta aquí intenté caracterizar a la autora conforme a mis conocimientos, por haber seguido su transitar familiar y académico. Continúo retomando el concepto de prólogo, como el escalón previo que permite mostrar algunas circunstancias y funciones básicas sobre la obra escrita. Además, dedicaré algunos párrafos interpretativos respecto del texto principal y argumentaré con persuasión para que los lectores sigan el escrito y el proceso metodológico de investigación, tan claramente descripto.
Solo observando el índice se puede tener una idea del desarrollo del libro y sus articulaciones teóricas, al mismo tiempo que se perfila una coherencia interna, pocas veces lograda antes. Comienza diferenciando la categoría de análisis masculinidades de violencia masculina. ¿En qué espacio social vislumbró estos temas? Justamente, en su propia práctica profesional multidimensional y transdisciplinaria en la obra social de empleados del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, ObSBA, más precisamente, en el SAIVG (Servicio de Abordaje Integral de Violencia de Género), un servicio que vi nacer en la obra social, en la cual ya había tenido mis dos partos. El abordaje del servicio estaba orientado a la asistencia, prevención, capacitación e investigación, planos que, a nivel hospitalario, abordé durante mi práctica profesional.
Liliana me había convocado algunas veces para compartir mi experiencia de aquel momento (año 1996 en adelante), cuando trabajaba en la ONG Sueños y Esperanzas, en la localidad de Bancalari (partido de Tigre), en un programa de prevención de violencia de género, con atención grupal de hombres que ejercían violencia. Al compartir los diferentes abordajes, tanto del equipo de atención como de mi ejercicio cognitivo, aprendíamos todos distintas estrategias e íbamos sentando precedentes firmes en una temática mundialmente grave para el cuerpo de las mujeres sobrevivientes.
La autora tiene, además, una capacidad especial para diagramar mapas conceptuales y cuadros sinópticos, donde plasma la teoría y cada práctica queda claramente explicitada, como el protocolo de evaluación de riesgo, el punto de la admisión o la construcción de la demanda. Ni que hablar de la intervención en el dispositivo grupal y el gráfico más actualizado del ciclo de la violencia.
Me parecieron muy pertinentes en el contenido los siguientes párrafos:
En el SAIVG se trabaja desde una perspectiva integral y holística de la salud. No se otorgan «altas», por cuanto entendemos que las personas en situación de violencia no están enfermas. Se aborda la violencia como un abuso de poder y no desde una «patología». Sin embargo, en el abordaje con hombres que ejercen violencia, muchas veces aparece el interrogante sobre el alta. En los casos que presentan características de conductas violentas, en conjunción con alguna patología clínica de base, de todas formas, persiste el criterio, ya que el alta solo puede ser indicada por la especialidad médica que sigue su proceder.
[…]
Luego, si se logró construir la demanda, la pertenencia al grupo y el trabajo de deconstrucción y construcción de otras formas de masculinidades posibles, pueden aparecer nuevamente esos interrogantes, ya no ligados a la resistencia al dispositivo, sino a no poder pensarse fuera de este.
Voy dejando abierta la puerta para que los lectores de estos temas hurguen en sus páginas y encuentren aquello que buscan para continuar aprendiendo. Y también que investiguen a la autora, Liliana Carrasco, que va a seguir llevando a cabo sus funciones y reflexionando creativamente para producir nuevas teorías articuladas con la práctica, como es su costumbre.
Gracias, Liliana, por permitirme recorrer estos párrafos, que han sido de muchísimo aprendizaje para mis «ochenta».
Mg. Dora Pich

Me es muy grato prologar este libro. Su lectura me resultó tan amena que no pude detenerme hasta leerlo por completo y comenzar a escribir estas líneas. Describe conceptos complejos de una manera tan clara que prontamente el lector también se verá atraído por los temas desarrollados.
Dada la originalidad de sus aportes, este libro constituirá uno de los más relevantes de la especialidad. Considero importante que en un futuro cercano se lo incorpore a la bibliografía obligatoria de los cursos de posgrado en violencia de género que se dicten en nuestras universidades.
Los aspectos que más me han impactado por su creatividad y relevancia dentro de un marco teórico son varios, pero solo destacaré algunos.
En principio, la distinción entre las masculinidades y la violencia masculina es un tema que está actualmente en debate, y las explicaciones de la autora son muy precisas respecto a la diferenciación entre ambos temas.
Otro aspecto novedoso es el protocolo elaborado para la evaluación de riesgo y potencial de letalidad, que eventualmente incluye la grafología dentro de las herramientas de trabajo, como parte del proceso diagnóstico.
Asimismo, ha podido relacionar con particular destreza dos variables: los niveles de riesgo y los perfiles que constituyen la tipología de los varones que ejercen violencia.
Finalmente, quiero expresar que este libro representa un paso importante en la construcción y el debate de conocimientos relativos a la especialidad, para elaborar nuevas alternativas de intervención.
No me queda más que felicitar y agradecer a la autora por la publicación de este libro. Como ella lo menciona, la conocí como alumna de posgrado y, en la actualidad, se destaca como una de las más reconocidas especialistas en nuestro medio.
Lic. Mario A. Payarola
Introducción
Este libro es el primero de autoría personal, aunque se trata de una producción que reúne conocimientos y experiencias de trabajo logrados en la tarea cotidiana junto a compañeras y compañeros de distintos espacios de trabajo. Principalmente a través de la tarea desarrollada en el Servicio de Abordaje Integral en Violencias de Género (en adelante, SAIVG), que pertenece a la obra social de empleadxs del Gobierno de la ciudad de Buenos Aires, ObSBA.
El SAIVG comienza a existir en el sistema nacional de salud en el año 2003. Al momento, mantiene la cualidad de constituirse como equipo de abordaje integral, multidimensional, transdisciplinario y orientado al abordaje en los planos de asistencia, prevención, capacitación e investigación.
En términos de tarea de asistencia, este libro también incluye la experiencia de trabajo desarrollada en otros espacios: primero, el Centro Diana Staubli, de Vicente López, entre los años 2009 a 2013, y luego el Programa integral para varones que ejercen violencia de género, de San Martín, entre los años 2015 a 2021.
Como integrante de la red RETEM (Red de Equipos de Trabajo y Estudio en Masculinidades), he tenido la posibilidad de construir una visión con carácter de complejidad sobre la problemática de la violencia hacia las mujeres, a partir de los múltiples y comprometidos espacios de intercambio que sabemos disfrutar. El aprendizaje colectivo nos facilita esa dinámica y la asumimos como forma de resistencia y lucha ante un sistema que dispone de estrategias de opresión en detrimento de las mujeres.
Este trabajo tiene un objetivo práctico: contribuir a generar herramientas de intervención adecuadas en el campo de la violencia misógina, cuya principal característica es que para ejecutarse se sostiene en la generación constante, invisible y cargada de naturalizaciones de la desigualdad (discriminación más jerarquización) por motivos de género.
Su contenido se desprende de otro trabajo de investigación, que dio lugar a la producción de mi tesis de posgrado para acceder al título de doctora en Ciencias Sociales y Humanas. Por ese motivo, la producción hará referencia reiterada al modelo de abordaje construido por el SAIVG.
La materialización del producto en un libro específico sobre herramientas de intervención tiene que ver con una necesidad, observada en múltiples equipos de trabajo, a veces convocados a iniciar una trayectoria para la cual no cuentan con la suficiente preparación que requiere el abordaje del tema; también puede ser de utilidad para equipos en funcionamiento, que quieran repensar sus prácticas y asumir formas transversales de intervención, que incluyan el autocuidado ante las consecuencias del desgaste profesional.
Herramientas despatriarcales supone la construcción de estrategias que intenten visibilizar, detectar y, de alguna manera, sortear las lógicas propias del patriarcado.
Es en sí mismo una herramienta de lucha, un caminar en sentido inverso a lo que se espera, porque lo que se espera es que sigamos respondiendo de manera complaciente. Es intervenir allí, en el núcleo de la complejidad, allí donde buscamos desarmar mucho más que «el caso» de violencia, sino, por su intermedio, desarmar las bases que lo volvieron indetectable por mucho tiempo.
L. C.
Contexto social, masculinidades y violencia masculina
La pandemia y sus efectos en el campo de las violencias
Los tiempos que vivimos están en un punto de complejidad que desconocíamos. La pandemia de COVID-19 ha puesto todos los esquemas institucionales en jaque, y fue necesario reordenar criterios de intervención teniendo claro que el bien cuya protección debe garantizarse es la vida. Desde allí las distintas urgencias sociales fueron teniendo respuestas con niveles de prioridad diferencial.
En el área de las violencias, pronto se pudo observar que la pandemia tenía impacto directo en las víctimas. El aislamiento sumado al abuso de poder dio lugar a dos dimensiones específicas: la falta de acceso al pedido de protección y el aumento significativo de la crueldad de las acciones de violencia tenían a la población más vulnerable en estado de altísimo riesgo.
Los equipos prontamente fuimos reorganizando la atención, discutiendo cuáles serían las vías de atención disponibles, intentando que estas no se constituyeran en un nuevo factor de riesgo: tener una entrevista telefónica y no poder garantizar que quien ejerce violencia se encontrara allí, al lado, como mínimo controlando la escena y lo dicho.
Se priorizó la atención a las víctimas, y algunos equipos detuvimos la atención en los Hombres que Ejercen Violencias de Género (en adelante, HEVG). Los riesgos también podían afectar a los equipos; las entrevistas podían grabarse y utilizarse luego a nivel judicial, se sabe que quienes ejercen violencia también pueden desplegarla hacia quienes los asisten.
Para el mes de mayo de 2020, el escenario era bien distinto al de marzo. Desde RETEM, y habiendo puesto en consideración todas las experiencias de trabajo, aprendiendo de cada compañerx y su particular contexto, comenzamos a garantizar la atención de los HEVG por medios virtuales.
Una observación fue llamativa en los primeros meses de 2020: mientras la demanda de atención a mujeres disminuyó, la demanda de atención a hombres aumentó exponencialmente.
Entonces, es necesario hacer una lectura del contexto social e institucional en el cual operan estas dinámicas, con vistas a evitar-desactivar intervenciones iatrogénicas.
Algunos años atrás, un discurso se escuchaba con fuerza instituyente: si hay pocos recursos, que se usen para las víctimas. Así, entonces, se configuraban distintos espacios para su atención, que cubrían una necesidad imperiosa, pero no exclusiva. La fragmentación del problema invisibiliza su complejidad y responsabiliza a las mujeres, que deben encontrar, ahora con las ayudas institucionales, la solución a «sus problemas familiares». Ese discurso, objetivado en políticas públicas, daba lugar al corrimiento absoluto de los varones del campo problemático.
Con los enormes avances en materia de género y diversidades, y en materia de violencia contra las mujeres, también se han gestionado nuevas respuestas de afrontamiento, seguramente con las mejores buenas intenciones y con el horizonte de escuchar, algún día, la estruendosa caída del patriarcado.
Pero el sistema es eficaz, es fuerte. En palabras de Adriana Guzmán: «Una cosa es el machismo y otra es el patriarcado. [Hace falta] entender al patriarcado como EL sistema [...] de todas las opresiones, todas las discriminaciones y todas las violencias que vive la humanidad y la naturaleza, construido históricamente sobre el cuerpo de las mujeres. [...] La humanidad ha aprendido la explotación en el cuerpo de las mujeres, y allí se sostiene el capitalismo».
Por esto, es fundamental distinguir las nuevas formas que el patriarcado asume para invisibilizar sus lógicas de reproducción. No todas las respuestas a las violencias son adecuadas, mucho menos eficaces. Pensar desde una lógica contrahegemónica implica visualizar cuándo las respuestas no solo no son eficaces, sino que además nutren sólidamente a aquello que dicen querer desactivar. El trabajo con los HEVG es específico, está orientado a una parte de la población, que requiere de la intervención del Estado como garante de la protección de la parte de la población que se encuentra subordinada a la primera. Luego, podemos debatir acerca de los niveles de subordinación y sobre las estrategias superadoras de tales dinámicas y, fundamentalmente, sobre aquello que concierne al campo de intervención en violencias; para empezar, las cosas por su nombre.
Masculinidades
Cuando nos referimos a masculinidades, estamos reconociendo un constructo sociocultural surgido en un contexto de producción patriarcal, como sistema de opresión que discrimina y jerarquiza según la variable género, en detrimento de toda posición de género, pero garantizando un rango superior al polo relacionado con lo masculino. Esa construcción atraviesa las visiones, representaciones, creencias, prácticas y subjetividades de toda interacción humana. Las masculinidades están directamente asociadas a la concepción tradicional y hegemónica, cuya principal fuente de diferenciación consiste en definir de manera binaria y contrapuesta a toda significación asociada a lo femenino. Las feminidades tradicionales y hegemónicas son el polo opuesto y segregado, pero no hablamos de nuevas femineidades ni de femineidades deconstruidas. Aún no hemos podido resolver de manera eficaz el riesgo de las mujeres por haber nacido mujer; aún las mujeres necesitan de la protección del Estado y sus agentes para sobrevivir a las violencias; aún sabemos que la violencia misógina genera víctimas; todavía no tenemos la oportunidad de autodenominarnos por el horizonte que debemos recorrer: ni nuevas ni buenas femineidades…
Allí los feminismos están presentes, problematizando prácticas y proponiendo nuevas luchas de sentidos.
Las masculinidades surgidas con intención de deconstrucción en un contexto patriarcal de base no pueden ser otra cosa que las mismas masculinidades con un aprendizaje eficaz de textos y contextos, con nombres que intentan describir / definir /asegurar que el proceso de «caída» del patriarcado está en marcha.
Las masculinidades serán deconstruidas cuando las prerrogativas de género no se encuentren disponibles para su invisible uso, y cuando los «deconstruidos» puedan dejar de lado sus particulares intereses a cambio de lograr estándares adecuados de justicia de género.
El nivel de prevención sobre el cual se interviene en la temática de masculinidades abarca tanto la prevención inespecífica como la primaria. Es decir, cuando aún los daños derivados de abuso de poder en el marco de las relaciones con violencia no se objetivan en la vida cotidiana de las mujeres.
Desde la prevención inespecífica, se espera que se programen acciones con toda la población (objeto de intervención), tendientes a desarrollar habilidades comunicacionales asertivas; a poner en tensión las estructuras de crianza de los niñxs y los mandatos respecto a las maternidades y a las crianzas, y a la ruptura de los pactos generados dentro del sistema denominado consenso implícito rígido, cuya principal estrategia es garantizar el uso impune y diferencial del poder en las relaciones interpersonales generales.
Violencia masculina - violencia misógina
Cuando nos referimos a la violencia masculina, estamos ubicando nuestro objeto de estudio en la población que ya ha cometido acciones de abuso de poder, a través de cualquiera de los tipos de violencia especificados en la Ley 26.485, con una dinámica que permita definir un diagnóstico diferencial en torno a la situación de violencia de género.
No son todos los hombres violentos. No son todas las mujeres víctimas.
La violencia masculina sostiene indefectiblemente una dirección porque se apoya y nutre de las prerrogativas de género no cuestionadas desde la dimensión social y se expresa en el marco de determinadas relaciones sexoafectivas como base sobre la cual se cimienta el abuso. Hablamos, entonces, de daños en las víctimas y, por lo tanto, de estrategias de intervención que propicien el acceso al núcleo duro de la violencia: lo que sucede en el ámbito doméstico, lo oculto, lo minimizado, lo indecible.
El nivel de prevención sobre el cual se opera en violencia masculina es secundario, es decir, con daño ocurrido y latente de volver a ocurrir. Eventualmente, también se interviene en el nivel de prevención terciaria, allí donde los daños se tornan irreversibles, incluyendo el feminicidio como máxima consecuencia, atendiendo a la necesidad de asistencia a las familias de las víctimas.
Entonces, se vuelve necesario definir con qué herramientas el Estado va a promover intervenciones para cada grupo; es fundamental la coherencia interna entre la definición del problema que se va a abordar y los medios para lograr eficazmente un resultado, que se objetive en lo que la Ley Nacional 26 485 propone: la prevención, sanción y erradicación de todas las formas de violencia contra la mujer.
Respecto a la nominación del problema, queremos hacer especial énfasis en la cuestión de la performatividad del lenguaje: tal vez la similitud entre masculinidad y violencia masculina no habilite la comprensión de las dos dimensiones y se olvide que en el segundo término la palabra que antecede el constructo es violencia; nombrar un problema social es parte de su construcción.
La misoginia remite a la actitud y comportamiento de odio y aversión por parte de un individuo hacia las mujeres. Por eso, se propone nombrar el problema, en adelante, como violencia misógina1, resaltando que no todas las masculinidades se configuran desde el uso abusivo, selectivo y jerarquizado del poder en las relaciones intrafamiliares-sexoafectivas primarias.
1 De origen griego, el vocablo se compone de miseo, ‘odio’; gyne, ‘mujer’; ia, ‘acción’.
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