Kitabı oxu: «Discursos I»

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BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 122


Asesor para la sección griega: CARLOS GARCÍA GUAL.

Según las normas de la B. C. G., la traducción de este volumen ha sido revisada por JUAN PEDRO OLIVER SEGURA.

© EDITORIAL GREDOS, S. A. U., 2008

López de Hoyos, 141, 28002 Madrid.

www.editorialgredos.com

REF. GEBO233

ISBN 9788424931629.

INTRODUCCIÓN GENERAL

I. VIDA DE LISIAS1

Lisias es uno de los pocos autores de la literatura griega que proporcionó directamente a sus biógrafos helenísticos, acostumbrados por lo demás a distorsionar las obras literarias para aprovecharlas biográficamente, datos reales de su vida y actividades. La mayor parte de los que conocemos, aunque no muy numerosos ni exentos de problemas, sí que son suficientes para darnos la segura sensación de que, por primera vez en la historia de la literatura griega, contamos con una biografía relativamente fiable. El mayor problema que plantean, como enseguida veremos, es su localización histórica absoluta y la posición relativa de algunos entre sí.

Las fuentes con las que contamos para conocer la vida de Lisias son varios discursos del propio orador, varios bosquejos biográficos que dependen, en último término, de la tradición biográfica helenística, probablemente peripatética, y algunas referencias sueltas en Platón y Ps.-Demóstenes. Entre los primeros hay que destacar el discurso XII, indudablemente lisíaco («lo pronunció el propio Lisias», como reza el título), en el que trata de conseguir la condena de Eratóstenes, uno de los Treinta, a quien acusa de ser el responsable2 de la muerte de su hermano Polemarco y en el que ofrece, como es lógico, datos biográficos incontestables. De gran importancia es un segundo discurso, el Defensa frente a Hipoterses, por una esclava, ya conocido por dos referencias de Harpocración3, pero cuyo contenido desconocíamos hasta la aparición de sustanciosos fragmentos en la colección de Papiros de Oxirrinco4. En ellos se confirman algunos datos, que se conocían por la tradición biográfica, referentes entre otras cosas a la fortuna del orador y su generosidad y fervor democrático. En cambio, los otros dos discursos «biográficos» que se atribuyen a Lisias (Contra Arquino y Sobre sus propios beneficios) son más problemáticos: no se conserva nada de ellos, se desconoce su cronología relativa e, incluso, se ha pensado que el último puede ser un título alternativo de alguno de los otros dos5, y el primero un ensayo escrito por el orador en su propia defensa6.

Lo que sí parece claro es que estos discursos, aunque no sabemos en qué medida cada uno, constituyen la fuente directa7 del caudal biográfico helenístico del que, a su vez, derivan los dos8 relatos biográficos más completos que tenemos, el de Ps.-Plutarco, en la Vidas de los diez oradores9, y la Introducción del tratado de Dionisio de Halicarnaso dedicado al orador10. El primero es más completo y terminante en alguno de los datos, sobre todo fechas; el de Dionisio es más breve, un poco más cauto y menos comprometido, como demuestra el que añada frases como «se podría conjeturar…» o «si se supone que su muerte…».

En fin, la tercera clase de datos que han utilizado los filólogos modernos son las alusiones que Platón y Ps.-Demóstenes hacen al orador. Platón alude a Lisias y su familia al comienzo de la República11 y, sobre todo, en el Fedro12, donde Sócrates emite, además, un juicio nada favorable a Lisias como orador. El autor del discurso Contra Neera, falsamente atribuido a Demóstenes, se refiere en un pasaje, que no parece interpolado13, a la relación de Lisias con la hetera Metanira, compañera de Neera. Tanto las alusiones de Platón como las de Ps.-Demóstenes se han utilizado, sobre todo, para rebajar la fecha de nacimiento del orador, situada en 459 por la tradición biográfica, que ya por otros indicios había parecido excesivamente alta. Pero su aportación no es nada segura, pues estas alusiones presentan problemas tan complicados como aquello que pretenden aclarar.

En efecto, el mayor problema biográfico, o al menos al que más atención se ha prestado, de la vida de Lisias es el de su cronología absoluta. Tanto Ps.-Plutarco («nació en Atenas en el arcontado de Filocles», 459)14, como Dionisio («se presentó en Atenas en el arcontado de Calias, 412, cuando tenía 47 años»)15, dan por supuesto su nacimiento, como veíamos, en el 459 a. C. y recogen de los biógrafos helenísticos que vivió entre 76 y 83 años, por lo que Dionisio, tomando la media, deduce que su muerte debió de ser en el 379 o 378 a. C.: «suponiendo que Lisias muriera a los ochenta años en el arcontado de Nicón o Nausinico…»16. Aunque hay filólogos como Rademacher17 que respetan esta fecha de nacimiento, desde el siglo pasado empezó a ponerse en tela de juicio, sobre todo por algunas conclusiones extrañas a las que esta fecha puede conducir: a) en primer lugar, dado que las fechas extremas de sus discursos se sitúan entre el 403 y el 380, resulta cuando menos extraño que Lisias no comenzara a escribir discursos forenses hasta los 57 años y, luego, en veinte años escribiera los 233 que, en el peor de los casos, le reconocen sus críticos de la Antigüedad18; b) si la alusión a Lisias en el Contra Neera no es una interpolación y si Neera era todavía relativamente atractiva, como mantiene Dover19, Lisias debió de tener relaciones amorosas con la hetera Metanira hacia el 380, es decir, al final mismo de su vida. Bien es verdad que se puede objetar, con respecto a a), que los años inmediatamente posteriores a la restauración democrática fueron especialmente propicios para toda clase de causas, tanto públicas como privadas, y que Lisias se vio obligado a intensificar su profesión de logógrafo al ser privado de su patrimonio. Con respecto a b), se puede alegar que la cronología de los hechos del discurso 59 pseudodemosténico, y del mismo discurso, es ya demasiado oscura como para utilizarla para aclarar la de Lisias. Sin embargo, ya Hermann20 y Susemihl21 rebajaron la fecha al 444 y 446, respectivamente, y Dover, aunque no adopta una posición definida, se inclina a rebajarla al 440 e, incluso, añade: «bien podríamos desear rebajarla un poco más»22. En todo caso, como concluye Blass23, éste sigue siendo un problema «en el que no se puede alcanzar un resultado más seguro», por lo que pasamos al resto de los datos.

En XII 4, Lisias mismo nos informa de que su padre Céfalo vino a instalarse en Atenas por invitación de Pericles, aunque Ps.-Plutarco, o su fuente (tomándolo quizá de Timeo de Tauromenio), añade que «fue expulsado de Siracusa durante la tiranía de Gelón»24. Esta invitación de Pericles sin duda tiene que ver con un dato que nos ofrece Ps.-Plutarco en el mismo pasaje: el hecho de que Céfalo era «sobresaliente por su riqueza», algo que sabemos también por la República de Platón25 y por el Defensa frente a Hipoterses26, que, refiriéndose a la fortuna del propio Lisias, la calcula en 70 talentos («el más rico de los metecos»). Esta fortuna, que Céfalo había acumulado sobre la de su padre hasta igualarla con la de su abuelo, según su propia confesión en República27, consistía, aparte de los «bienes invisibles» (dinero, bienes mueble, etc.) imposibles de calcular, al menos en tres casas y en una fábrica de armas, sita en el Pireo, en la que trabajaban 120 esclavos28.

No sabemos, porque no lo dicen ni Lisias ni sus biógrafos, en qué año se instaló Céfalo en Atenas, pero el orador, desde luego, nació ya en esta ciudad, donde, como correspondía al hijo de una familia acaudalada, «se educó con los más sobresalientes» (toîs epiphanestátois). A los quince años, exactamente el año de la fundación de Turios (444, arcontado de Praxíteles) y cuando su padre ya había muerto, Lisias marcha con sus dos hermanos, Polemarco y Eutidemo29, «para tomar parte en la colonia» (Dionisio) o «en un lote de tierra» (Ps.-Plutarco) y allí permanece durante treinta y dos años como ciudadano de esta ciudad. Allí, si hemos de creer a Ps.-Plutarco, estudia con los rétores Tisias y Nicias30. Con motivo de la derrota de Atenas en Sicilia el 415, se produjo un movimiento antiateniense en las ciudades de Sicilia e Italia que obligó a Lisias, junto con otros trescientos ciudadanos acusados de favorecer los intereses de Atenas (attikídsein), a exilarse.

Fue el 412, año del arcontado de Calias en que se está preparando la revolución oligárquica de los Cuatrocientos, cuando Lisias se instaló como meteco en esta ciudad que ya no abandonará hasta su muerte, salvo durante el breve paréntesis de la tiranía de los Treinta (404-3). Durante todo este período vive confortablemente en el Pireo junto a su fábrica de armas y, quizá, durante ese espacio de siete años entre las dos tiranías, regentó una escuela de retórica con no mucho éxito debido a la competencia de Teodoro de Bizancio, el más célebre teórico de la época a juzgar por las citas de Platón en el Fedro31. Según Cicerón32, que se basa en un testimonio perdido de Aristóteles, Lisias vivió, primero, «del arte retórica, mas como Teodoro fuera más sutil en el arte, pero poco activo en escribir discursos, Lisias abandonó el arte y se dedicó a escribir discursos para otros». Quizá pertenecen también a esta época los discursos de aparato que sus biógrafos aseguran que escribió; y, desde luego, el Lisias del Fedro platónico, que parece corresponder a esta época, es más un maestro de retórica y escritor de discursos epidícticos y eróticos que un logógrafo de los tribunales33.

El final de la guerra del Peloponeso (404) y la instalación del breve pero dramático régimen de los Treinta (403) acabaron con la plácida situación de este acaudalado sofista. Según su propia confesión, los Treinta, aparte de perseguir a los ciudadanos más señalados que se oponían a su régimen, decidieron llenar las arcas del Estado, a la sazón agotadas por la guerra, confiscando las propiedades de los más ricos metecos de Atenas —y matándolos eventualmente—. Lisias fue detenido en el Pireo, y su fábrica y esclavos confiscados, pero logró huir a Mégara sobornando a sus aprehensores y burlando la vigilancia de los ayudantes; su hermano Polemarco, en cambio, fue detenido en las calles de Atenas por Eratóstenes y obligado a beber la cicuta sin que se le concediera la oportunidad de defenderse.

Comienza ahora para Lisias un año decisivo cuyos rasgos generales, aunque no algunos pormenores importantes, conocemos bien: una vez que ha huido de Atenas, el orador trabaja incansablemente por los demócratas que en ese momento se encontraban en la fortaleza de File, en la frontera del Ática con Beocia, dirigidos por Trasíbulo. Lisias no estuvo en File, contra lo que afirma Ps.-Plutarco34, pero sí colaboró aportando dos mil dracmas, doscientos escudos y trescientos mercenarios, y persuadiendo a su amigo y huésped, Trasideo de Elea, para que aportara dos talentos35. En cambio, sí que estuvo en el Pireo y es probable que luchara personalmente en la batalla de Muniquia contra los Treinta. Cuando, derribado el régimen de éstos, se hicieron los pactos del Pireo entre demócratas y oligarcas, Trasibulo consiguió que la Asamblea aprobara un decreto concediendo la ciudadanía ateniense a cuantos con él habían regresado del Pireo —no sólo a favor de Lisias, como parece malentender Ps.-Plutarco a quien sigue Focio36—. En virtud de este decreto, por consiguiente, durante unas semanas al menos Lisias fue ciudadano ateniense. Sin embargo, Arquino, hombre tan decisivo en la política de aquellos días como Trasibulo lo fue en el campo de batalla, ejerció contra dicho decreto una acción de ilegalidad (graphḕ paranómōn) basándose en que no había pasado por la deliberación previa (proboúleuma) del Consejo —lo que era cierto por la sencilla razón de que éste no se había constituido aún—. La intención de Arquino —como demostró luego con otras medidas37— era que no quedara desequilibrado en exceso el cuerpo ciudadano de Atenas, que habría sufrido una notable transformación con la huida, o la muerte, de numerosos oligarcas y la incorporación de la turba de metecos y esclavos que habían regresado del Pireo. Pero ello hizo, en todo caso, que Lisias volviera a su estado de meteco.

Probablemente, para el debate ante la Asamblea de esta graphḗ de Arquino escribió Lisias, y quizá pronunció, personalmente, su discurso Sobre el decreto (o Contra Arquino) del que nada conservamos. Desde luego, de Ps.-Plutarco parece deducirse que lo pronunció el propio Lisias y ésta es la razón, según Sauppe, de que relacione a éste con el XII38. Sin embargo, se ha negado la posibilidad de que Lisias lo haya pronunciado, porque ello no parece «oportuno» en un proceso en que estaba en juego precisamente su ciudadanía39. Por ello, Loening40 sugiere que el orador pudo escribirlo «para un ciudadano prominente, quizá Trasibulo mismo». En todo caso, Trasibulo perdió el proceso —fue condenado a una módica multa— y Lisias la ciudadanía. En un decreto posterior, que conservamos aunque con importantes lagunas (Inscr. Gr. II2, 10), el propio Arquino concedía la ciudadanía a los metecos que habían estado en File, y la isotéleia41 y, quizá, otros privilegios a cuantos habían regresado del Pireo y combatido en Muniquia —caso en el que estaba Lisias—. No sabemos si el orador consiguió entonces la isotéleia o ya la tenía42. También se discute si la isotéleia iba unida a la capacidad de poseer tierras o casas (énktēsis) y si Lisias y su familia tenían una y/o la otra antes del «Decreto de File». Es un problema complejo y debatido, aunque últimamente Loening43 sostiene que en el decreto de File se concedía también a los que habían regresado del Pireo el derecho a actuar en los tribunales (didónai díkas kaì lambánein), lo que explicaría que tanto XII como los dos Contra Nicérato de POxy. 2537 pudieran ser pronunciados por el propio Lisias. Pero ello, así como la cronología que establece este autor para los discursos «autobiográficos», es una conjetura con base escasa: de hecho, la frase en que, según Loening, se le concedería a Lisias este derecho estaría, precisamente, en una laguna de la inscripción.

Lo que es dudoso es que el orador recuperara la fortuna que le habían confiscado los Treinta: en el Defensa frente a Hipoterses lo vemos luchando por recuperar parte de ella con pocas probabilidades de éxito. Tampoco parece que tuviera éxito contra Eratóstenes en el proceso de su rendimiento de cuentas donde pretendía, al menos, cobrarse venganza del culpable de su infortunio personal y familiar. Con ello Atenas perdía un meteco acaudalado y un mediocre sofista, escritor de discursos de aparato, pero ganaba un logógrafo brillante, porque es probable que tuviera que dedicarse a este menester para ganarse la vida. En efecto, el discurso que pronunció contra Eratóstenes es un brillante comienzo para su actividad ulterior como asesor jurídico y escritor de discursos para otros. Él mismo asegura (§ 3) que hasta ese momento no había actuado ni para sí mismo ni para otros y, aunque es un tópico común en los exordios, no hay razones para dudar de ello, sobre todo porque, al menos entre los discursos conservados, no hay ninguno anterior al año 403: el último de los conservados es, probablemente, el XXVI, que corresponde a los años 382/38144.

Aparte de su conocida labor de logógrafo, no volvemos a saber más de su vida en la etapa posterior a la restauración democrática. El único dato, más bien anecdótico, es su pretendida relación con la hetera Metanira que, en todo caso, se produce en el umbral de la vejez del escritor. Intentar deducir de sus propios escritos algún detalle más es un esfuerzo estéril, dado que la propia autoría de algunos, por parte de Lisias, es más que dudosa como veremos enseguida.

II. OBRAS DE LISIAS

1. Catálogo

Ofrecemos a continuación un catálogo completo de las obras de Lisias, tanto de las que se nos han conservado como de las que conocemos sólo por el título. Ofrecemos una numeración corrida y las referencias ulteriores a los discursos siempre coincidirán con ésta, aunque en números romanos cuando se trate de las primeras de la lista, que coinciden con aquellas que se conservan en el manuscrito Palatino X y que figuran en todas las ediciones. Del resto se conservan sólo fragmentos o el título. Establecemos también una división entre aquellos que en la Antigüedad eran ya sospechosos y los que o no lo eran o no nos consta que lo fueran. Dentro de las secciones a) y b) de IV, seguimos el orden de los discursos establecidos por Blass: primero por géneros judiciales, cuando es posible decidirlo, y cuando no, por orden alfabético.

DISCURSOS FORENSES

I. LA COLECCIÓN DEL «PALATINO X»:

1. Discurso de defensa por el asesinato de Eratóstenes.

2. Discurso fúnebre en honor de los aliados corintios.

3. Discurso de defensa frente a* Simón.

4. Sobre una herida con premeditación.

5. En favor de Calias. Discurso de defensa por sacrilegio.

6. Contra Andócides, por impiedad.

7. Areopagítico. Discurso de defensa sobre el tocón de un olivo sagrado.

8. Discurso de acusación contra los socios por injurias.

9. En favor del soldado.

10 y 11. Contra Teomnesto (I) y (II).

12. Discurso contra Eratóstenes, uno que fue de los Treinta. Lo pronunció el propio Lisias.

13. Contra Agorato.

14 y 15. Contra Alcibíades (I) y (II).

16. Discurso de defensa para Mantiteo examinado en el Consejo.

17. Por delitos públicos.

18. Sobre la confiscación de los bienes del hermano de Nicias. Epílogo.

19. Sobre los dineros de Aristófanes: Defensa frente al Tesoro.

20. En favor de Polístrato.

21. Discurso de defensa anónimo, por corrupción.

22. Contra los vendedores de trigo.

23. Contra Pancleón. Que no es de Platea.

24. En favor del inválido.

25. Discurso de defensa por intentos de destruir la democracia.

26. Sobre el examen de Evandro.

27. Contra Epícrates.

28. Contra Ergocles. Epílogo.

29. Contra Filócrates.

30. Contra Nicómaco.

31. Contra Filón en proceso de examen.

II. DISCURSOS CONSERVADOS EN PARTE O EN SU TOTALIDAD (por Dionisio de Halicarnaso y Platón e incluidos en todas las ediciones de Lisias):

32. Contra Diogitón.

33. Discurso Olímpico.

34. Sobre no destruir la constitución del país.

35. Discurso amatorio.

III. DISCURSOS ATESTIGUADOS POR LOS PAPIROS (con fragmentos o sólo el título y, eventualmente, parte del argumento):

36. Defensa frente a Hipoterses, por una esclava (POxy. 1606).

37. Defensa frente a Teozótides (PHibeh. I, n. 14).

38. Contra Teomnesto (III) (título no seguro, POxy. 1306).

39. Defensa frente a …ylios (POxy. 1606).

40. Defensa frente a Filostéfano.

41. Defensa frente a Hipómaco.

42. Defensa en favor de Arquéstrato frente a Diógenes.

43 y 44. Defensa frente a Nicérato (I) y (II).

45 y 46. Defensa en favor de Eutino frente a Nicias (I) y (II).

47. Discurso trapezítico (atribuido a Isócrates).

48. … Nicóstrato… (40-48 en POxy. 2537).

IV. DISCURSOS CONOCIDOS SÓLO POR EL TÍTULO ([a veces con fragmentos] transmitidos por lexicógrafos y gramáticos):

a) considerados auténticos (o no falsos):

49. Sobre el decreto (probablemente es el Contra Arquino).

50. Defensa frente a Diocles sobre la ley contra los oradores.

51. Contra Esquines sobre la confiscación de los bienes de Aristófanes.

52. En defensa de la muerte de Aquilides (título ambiguo).

53. En defensa de la muerte de Bátraco.

54. Defensa frente a Filón de la muerte de Teoclides.

55. Contra Autócrates, por adulterio.

56. Contra Aristón, por negligencia.

57. Sobre la contribución.

58. Contra Eutídico 〈¿por violencias?〉.

59. Contra Calias por una denuncia (éndeixis).

60. Contra Teopompo por malos tratos.

61. Contra Isócrates por malos tratos.

62. Contra Calias por violencias.

63. Contra Tisispor malos tratos o violencias〉.

64. Contra Querémenespor malos tratos〉.

65. Sobre las violencias contra un muchacho libre.

66. Contra Ctesifonte.

67. Defensa frente a Glaucón sobre la herencia de Diceógenes.

68. Sobre la herencia de Diógenes.

69. Sobre el testamento de Epígenes.

70. Sobre la herencia de Hegesandro.

71. Sobre la herencia de Teopompo.

72. Sobre la mitad de la herencia de los bienes de Macártato.

73. Sobre la herencia de Polieno.

74. Defensa frente a Timónides.

75. En defensa de Ferénico sobre la herencia de Androclides.

76. Sobre la hija de Antifonte.

77. Sobre la hija de Onomacles.

78. Defensa frente a los tutores de los hijos de Boón.

79. Defensa frente a Diógenes, sobre una finca.

80. Defensa frente a Teopites por una tutela. Epílogo.

81. Defensa frente a los hijos de Hipócrates.

82. Defensa ante la denuncia de la hacienda de un huérfano.

83. Defensa frente a Esquines el socrático por deudas.

84. Defensa frente a Arquebíades.

85. Defensa frente a Lácrates.

86. Defensa frente a Filócrates, por un contrato.

87. Defensa frente a Alcibíades (I).

88. Defensa frente a Asopodoro, por una casa.

89. Defensa fente a Eutias sobre los bienes confiscados.

90. Defensa frente a Diofanto sobre una finca.

91. Defensa frente a Esquines por daños.

92. Defensa frente a Eutidemo sobre el muchacho que perdió un ojo.

93. Defensa frente a Nausias sobre la estatua.

94. Contra Eucles en un proceso de expulsión de una finca.

95. Contra Estratocles, por expulsión.

96. Defensa frente a Medonte, por perjurio.

97. Protesta testifical (diamartyría) frente a Clinias.

98. En favor de Dexio, por deserción.

99. Defensa frente a Alcibio.

100. En favor del fabricante de escudos.

101. Defensa frente a Cleóstrato.

102. Defensa frente a Nicodemo y Critobulo.

103. En favor de Nicómaca.

104. Contra Androción.

105. Contra Apolodoro.

106. Defensa frente a Aresandro.

107. Contra Diódoto.

108. Defensa frente a Dión.

109. Contra Epícrates.

110. En favor de Eutino.

111. Defensa frente a Eupites.

112. Contra Eufemo.

113. Defensa frente a Isodemo.

114. En defensa de Calescro.

115. En favor de Calias.

116. Defensa frente a Calicles.

117. Defensa frente a Calípides.

118. Contra Califonte.

119. Defensa frente a Cinesias (I).

120. Defensa frente a Cinesias (II).

121. Defensa frente a Critodemo.

122. En favor de Ctesiarco.

123. Defensa ante Leptines.

124. Contra Mancias.

125. Defensa frente a Mnesímaco.

126. Contra Mnesitólemo.

127. Contra Mosco.

128. En favor de Nesocles.

129. Defensa frente a Jenofonte (o Jenócrates).

130. Contra Pantaleonte.

131. Contra Posidipo.

132. Defensa frente a Sófocles.

133. Defensa frente a Timón.

134. Defensa frente a Tlepólemo.

135. Defensa frente a Queréstrato.

136. Defensa frente a Quitrino.

137. Sobre sus propios servicios.

b) considerados falsos o dudosos (suelen llevar la frase «si es auténtico»):

138. En favor de Nicias.

139. En favor de Sócrates contra Polícrates.

140. Contra Trasibulo.

141. Discurso de defensa en favor de Ifícrates, por traición.

142. Defensa frente a Harmodio sobre los regalos de Ifícrates.

143. Defensa frente a Calífanes, por apropiación de ciudadanía.

144. En defensa de Fanias por ilegalidad.

145. Contra Antígenes, por aborto.

146. Contra Micines, por homicidio.

147. Contra Nicias, por homicidio.

148. Contra Lisiteo, por heridas con premeditación.

149. Contra Telamónpor impiedad〉.

150. Contra Nícides, por negligencia.

151. Defensa frente a la denuncia (graphḗ) de Mixidemo.

152. Contra Aristágoras en un caso de denuncia (éndeixis).

153. Contra Sóstrato, por violencias.

154. Contra Filónides, por violencias.

155. Sobre la hija de Frínico.

156. Contra Demóstenes en un caso de tutela.

157. Defensa frente a Diógenes, por el alquiler de un casa.

158. Contra Filipo, en un caso de tutela.

159. Defensa frente a Aristócrates, sobre la fianza de una aportación.

160. Defensa frente a Eteocles, sobre unos dineros.

161. Acerca de los regalos de esponsales.

162. Defensa frente a Alcibíades, sobre una casa (II).

163. Defensa frente a Alexidemo.

164. Discurso de defensa sobre el perro.

165. Defensa frente a Axión por el robo de unos libros.

166. Sobre el pedestal.

167. Defensa frente a Celón sobre el trípode de oro.

168. Protesta testifical frente a la denuncia de Aristodemo.

169. Protesta testifical en favor de Éucrito.

170. Defensa frente a Andócides, por abandono de patrón.

171. Discurso de defensa frente a Pitodemo, por abandono de patrón.

172. En favor de Baquias y Pitágoras.

173. Contra Autocles.

174. Defensa frente a Boyón.

175. Contra Dexipo.

176. Defensa frente a Diócares.

177. Defensa frente a Lais.

178. Defensa frente a Menéstrato.

179. Defensa frente a Nicarco el flautista.

OTRAS OBRAS: CARTAS Y DISCURSOS ERÓTICOS

180. Carta a Polícrates contra Empedo.

181. A Metanira.

182. A Asíbaro.

183-185. Otras cartas.

Discurso amatorio (en PLATÓN, Fedro 230e-234c) (= 35).

2. La actividad de logógrafo

Como señalábamos antes, Lisias probablemente tuvo que hacer frente a la pérdida de sus bienes dedicándose a escribir discursos para otros. La actividad de logógrafo45 era por entonces en Atenas una profesión oficialmente delictiva y socialmente vista con ojeriza, pero en la práctica se trataba de una actividad necesaria, dada la ordenación jurídica del Estado, y ciertamente provechosa desde el punto de vista económico. Como se puede deducir de las palabras de Polieno en IX 5, el logógrafo actuaba no sólo como «escritor de lógoi», sino también como asesor jurídico en sentido amplio. Dover ha sido el primero en analizar esta figura con una cierta imaginación, y de su análisis de las lógicas relaciones entre «cliente» y «asesor» deduce una serie de interesantes conclusiones —aunque no seguras, dada la escasez de datos debido al difícil y hasta vergonzante status del logógrafo— en lo que se refiere a la autoría de los discursos. Según Dover, el asesor podía limitarse a aconsejar jurídicamente a su cliente sobre la legislación relativa al caso y las líneas generales de argumentación en acusación o defensa; o bien escribir ciertas partes del discurso o el discurso completo según la habilidad de su cliente con la palabra. Ello «explicaría», desde luego, ciertas anomalías en la estructura de algunos discursos, como la llamada «acefalia»46 cuando comienza in medias res o la existencia de sólo el epílogo47. Pero sobre esto insistiremos más adelante.

Como logógrafo y asesor, Lisias tiene toda clase de clientes —ricos y pobres, demócratas y oligarcas—, aunque obviamente predominan los ricos, o al menos acomodados, y demócratas48. La variedad de éstos se explica, en cualquier caso, no tanto por su desencanto frente a un régimen que no fue capaz de recompensar su entrega, como por el complejo entramado de relaciones entre las familias y grupos sociales atenienses y el cambio de influencias entre ellas49.

En cualquier caso, su actividad como logógrafo, en estos años posteriores a la guerra del Peloponeso y la restauración democrática, es sumamente intensa. En la Antigüedad, según Ps.-Plutarco50, se le atribuían cuatrocientos veinticinco discursos, que suponen más de los que se conservan y atribuyen a todos los demás oradores de los siglos V y IV juntos. Probablemente este número coincide con la totalidad de sus obras catalogadas en Alejandría por Calímaco y, sin duda, también en Pérgamo. Porque ni en Alejandría ni en Pérgamo nadie puso en duda la autoría de Lisias para ninguno de los discursos a él atribuidos. Tampoco, que sepamos, ningún peripatético estudió con espíritu crítico a los oradores en particular, aunque sí la Oratoria como género: Aristóteles mismo no cita nunca el nombre de Lisias (aunque sí dos pasajes de XII y del Epitafio) y Teofrasto le atribuye sin dudarlo un discurso como el En favor de Nicias, que suscitó las dudas de Dionisio de Halicarnaso51. Tampoco los grandes filólogos alejandrinos se ocuparon de los oradores. Fue, precisamente, entre los aticistas de la época de Augusto cuando, pasado el esplendor de la oratoria, el interés por emular a Lisias y Demóstenes encaminó la crítica literaria hacia este género. Cecilio de Caleacte, que erigió a Lisias en el más perfecto y puro representante del aticismo, hizo una primera recensión de este autor eliminando casi la mitad de las atribuciones. Aunque desconocemos el alcance de su purga y los criterios en que se basaba para la misma, no pudo ser muy diferente de la realizada por su continuador Dionisio de Halicarnaso, a quien conocemos bien. Éste nos expone52 los criterios por él utilizados para reducir el número de los discursos de Lisias y que no difieren gran cosa de los empleados hasta hace poco. El primero es de índole cronológica: de esta forma Dionisio rechaza los dos de Ifícrates porque pertenecen a una época posterior a la muerte de Lisias. El otro criterio, más lábil, se basa en el instinto crítico del propio Dionisio para detectar aquello que no es «lisíaco» en un discurso dado. El problema es que este último procedimiento descansa en un razonamiento circular, como afirma Dover53, y que consiste en deducir lo «lisíaco» de sus discursos y volverlo hacia ellos mismos como criterio de autenticidad.

Sea como fuere, lo cierto es que, según sus propias palabras y aplicando estos criterios, a Lisias pertenecerían solamente doscientos treinta y tres del conjunto a él atribuido en su época. De Dionisio sólo conocemos el juicio, positivo o negativo, sobre un puñado de discursos, pero su actividad total se refleja en otro autor, al que debemos nuestro conocimiento de la mayoría de los títulos (y fragmentos) que conservamos. Me refiero a Harpocración54. En su Léxico de los oradores áticos, Harpocración añade, en ocasiones, a los discursos que cita la expresión «si es auténtico» (ei gnḗsios); como es probable que las dudas sobre la autenticidad no pertenezcan al propio Harpocración, se supone que hace referencia a la labor crítica de Dionisio o de Cecilio.

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