Kitabı oxu: «El Seminario de Wilfred Bion en Paris»

Şrift:

Rafael E. López-Corvo y Lucía Morabito

(Editores)

El seminario de Wilfred Bion en París, julio de 1978


López-Corvo, Rafael E

El seminario de Wilfred Bion en París: julio de 1978 / Rafael E. López-Corvo; Lucía Morabito; compilado por Rafael E. López-Corvo; Lucía Morabito. - 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Biebel, 2018.

Libro digital, EPUB

Archivo Digital: descarga y online

ISBN 978-987-1678-93-8

1. Psicoanálisis. 2. Terapia Psicoanalítica. I. Morabito, Lucía II. López-Corvo, Rafael E., comp. III. Morabito, Lucía, comp. IV. Título.

CDD 150.195

© Francesca Bion (2000) de la transcripción del Seminario dictado por Bion en París

© Rafael E. López-Corvo

© Ediciones Biebel, Buenos Aires, 2018

Transcripción al español de la grabación realizada por

Francesca Bion y Salomón Resnik, 1999

Traducción al español realizada por

Anamilagros Pérez Morazzani, 2010

Ediciones BIEBEL

José Juan Biedma 1005, (1405)

Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina

Tel. (54-11) 4582-3878

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ISBN: 978-987-1678-92-1

Libro de edición argentina

Producido en la Argentina

No se permite la reproducción parcial o total, el almacenamiento, el alquiler, la transmisión o la transformación de este libro, en cualquier forma o por cualquier medio, sea electrónico o mecánico, mediante fotocopias, digitalización u otros métodos. Su infracción está penada por las leyes 11.723 y 25.446.

La ilustración de cubierta fue realizada por Anja Brandt (anjacbrandt@hotmail.com.ar) Realización de cubierta: Ramiro Pazo

Diagramación de páginas: Cálamus (contacto: calamus.doc@gmail.com)

Conversión a formato digital: Libresque

Contribuyentes
Rafael E. López-Corvo

Doctor en medicina, psiquiatra y psicoanalista en función didacta de la International Psychoanalytical Association, además de la Asociación Venezolana de Psicoanálisis, la Canadian Psychoanalytic Society y la American Psychoanalytic Association. Ha sido profesor asociado de las universidades de Ottawa y McGill en Canadá, así como director de la Unidad de Niños y Adolescentes en el hospital universitario Douglas en Montreal, Canadá. También fue miembro de cuerpo editorial del International Journal of Psychoanalysis. Ha sido autor de numerosos artículos y de varios libros, tales como Diccionario de la obra de Wilfred Bion, Wild Thoughts in Search of a Thinker, Estados traumatizado y no-traumatizado de la personalidad, entre otros. Ha sido también invitado para compartir sus ideas en varios lugares, entre ellos Roma, Nápoles, Buenos Aires, Caracas, Vermont, Los Ángeles, San Pablo, Ottawa, Montreal, Toronto, Miami y Ribeiro Preto.

Lucía Morabito

Psicóloga y psicoanalista, miembro titular en función didacta de la International Psychoanalytical Association y de la Asociación Venezolana de Psicoanálisis, de la cual ha sido su presidente. Dedicada al psicoanálisis de parejas, en el que aborda lo vincular desde la perspectiva bioniana, destacando su conceptualización de lo que ha denominado descompensación proyectiva, mecanismo mediante el cual luego de un cambio catastrófico, las funciones continente/contenido de la pareja se ven seriamente afectadas. Colaboró con la lectura de manuscritos y traducción de varios de los libros de López-Corvo, incluyendo el Diccionario de la obra de Wilfred Bion.

Thomas Ogden

Médico, psiquiatra y psicoanalista. Ha sido profesor asociado de la Clínica Tavistock en Londres y director del Centro para el estudio avanzado sobre las psicosis. Ha sido editor del International Journal of Psychoanalysis y del Psychoanalytic Dialogues. Sus premios incluyen el del International Journal of Psychoanalysis por el artículo más importante del año 2004; el premio Haskell Norman por sus impresionantes logros en psicoanálisis; además del Sigourney Award en el 2014 y el Hans Loewald por sus distinguidas contribuciones a la educación psicoanalítica. Es autor de doce libros sobre teoría y práctica del psicoanálisis, entre ellos Reclaiming Unlived Life; Creative Readings: Essays on Seminal Analytic Works; Rediscovering Psychoanalysis; This Art of Psychoanalysis; también dos novelas The Parts Left Out y The Hands of Gravity and Chance. Su obra ha sido publicada en más de veinte idiomas. Es docente y supervisor en San Francisco, California, donde ejerce su práctica privada como psicoanalista.

Antonino Ferro

Es médico, psiquiatra y psicoanalista de niños en función didáctica, miembro de la International Psychoanalytical Association y de la American Psychoanalytic Society, así como presidente de la Società Psicoanalitica Italiana. Ha supervisado y dado conferencias internacionalmente. Es un prolífico autor y ha publicado numerosos artículos y varios libros tales como Psychoanalysis and Storytelling. Mind Work, Avoiding Emotions, and Living Emotions, Seeds of Illness, Seeds of Recovery, así como muchos otros. En el 2007 recibió el Premio Mary Sigourney.

Giuseppe Civitarese

Psicoanalista en función didáctica, miembro de la International Psychoanalytical Association, de la American Psychoanalytic Society y de la Società Psicoanalitica Italiana. Vive en Pavia, Italia, donde ejerce su práctica privada, y ha sido además editor de la revista de la Società Psicoanalitica Italiana. Es internacionalmente conocido y ha sido frecuentemente invitado tanto en América como en Europa, por sus numerosas publicaciones sobre la obra de Wilfred Bion. Ha publicado numerosos artículos y libros tales como The Intimate Room, The Violence of Emotions: Bion and Post-Bionian Psychoanalysis, The Necessary Dreams, Loosing your Head y recientemente, Bion and Contemporary Psychoanalysis.

Alfonso Gisbert

Médico-cirujano de la Universidad Central de Venezuela, especializado en Psiquiatría. Psicoanalista en función didacta de la Asociación Venezolana de Psicoanálisis y de la International Psychoanalytical Association. Es autor de varios libros. Actualmente reside en Madrid, donde es miembro del Centro de Estudios y Aplicación del Psicoanálisis, y didacta de su Instituto de enseñanza.

Judy Eekhoff

Psicoanalista licenciada en Psicología Infantil (PhD FIPA). Miembro activo en función didacta de la International Psychoanalytical Association, Northwestern Psychoanalytic Society & Institute, así como del Northwest Family Development Center en Seattle, Washington, USA, donde enseña, dirige un grupo de observación de bebés y ejerce su práctica privada. Dr. Eekhoff pertenece además al cuerpo editorial de la American Journal of Psychoanalysis y es además clínica adjunta al departamento de Ciencias de la Conducta de la Universidad de Washington. Ha escrito sobre manifestaciones somáticas de experiencias pre-verbales observadas en la transferencia y en la contratransferencia. En la actualidad está por publicar un libro con Routledge titulado: Trauma y los estado primitivos de la mente, desde una perspectiva de las relaciones de objeto.

Leda Beolchi Spessoto

Médico Psiquiatra del Departamento de Psiquiatría de la Facultad de Ciencias Médicas de La Santa Casa de São Paulo. Miembro activo de la International Psychoanalytical Association y de la Sociedade Brasileira de Psicanálise de São Paulo, institución en donde es coordinadora de seminarios teóricos del Instituto de Psicoanálisis.

Alessandro Bruni

Nacido en Roma en 1951 y graduado en Biología en 1976, con una disertación de tesis “LSD y los estados alterados de conciencia”, junto al Profesor de Psicofarmacología y Premio Nobel, Daniel Bovet, en la Universidad La Sapienza en Roma. Es además psicoanalista en función didacta en la Socieà Psicoanalitica de Italia, miembro de la International Psychoanalytical Association y del Instituto Italiano de Psicoanálisis de Grupo, componente de la European Federation of Psychoanalytic Psychotherapy. Miembro también del Northwestern Psychoanalytic Society & Institute, en Seattle, USA y Miembro fundador del Synaptica, Body-Mind Research Study Group.

Jesús Fuenmayor

Médico cirujano de la Universidad Central de Venezuela. Psicoanalista titular en función didacta de la Asociación Venezolana de Psicoanálisis así como de la International Psychoanalytical Association y de la Federación Psicoanalítica de América Latina. Autor del libro Origen de la cordura y la locura, publicado por Biblioteca Nueva en Madrid (2011). Actualmente residenciado en Bogotá, Colombia.

Yubiza Zárate

Analista titular en función didacta, miembro de la Asociación Venezolana de Psicoanálisis, de la Federación Psicoanalítica de América Latina (Fepal) y de la International Psychoanalytical Association. Premio Sigmund Freud 1998, Premio Psicoanálisis de Niños y Adolescentes, 2004, otorgados por Fepal. Profesor Agregado de la Universidad Central de Venezuela. Magister en Filosofía.

Introducción

El propósito esencial de este libro consiste en la revisión del último seminario internacional de Bion realizada por varios reconocidos psicoanalistas, quienes en forma libre y particular han fijado su interés en diferentes vértices del discurso. Es esta diversidad de perspectivas lo que hace interesante este libro, el cual, diferente de otros seminarios de Bion que solo contienen lo expresado por él, introducen una substanciosa narrativa que descubre para el lector una variedad de elementos velados en el discurso.

El seminario ahora discutido fue presentado por Wilfred Bion en París el 10 de julio de 1978, constituyendo su último seminario internacional dictado casi 14 meses antes de su muerte. Fue organizado por Salomón Resnik, psicoanalista argentino quien en 1954 se aventuró a Europa y finalmente se residenció en Francia. El seminario no había sido publicado hasta ahora en español, aunque apareció en francés en 1986, en la Revue Psychotherapie Psychanalytique de Groupe y posteriormente fue traducido al inglés por Francesca Bion en mayo de 1997, en base a una grabación del seminario proporcionada por el buen amigo Luis Goyena1. Es esta misma traducción la que recientemente ha sido incluida en las obras completas de Wilfred Bion en inglés.

En una comunicación personal con Salomón Resnik, fallecido muy recientemente luego de una larga y fructífera vida, él expresó lo siguiente:

Este seminario, conducido en París por W. R. Bion en 1978, se ha hecho cada vez más importante en la medida que han transcurrido los años. Yo fui amigo, colega y alumno de W. R. Bion mientras él estuvo en Londres. Le conocí en 1955 y me fue posible asistir a sus seminarios así como tener supervisión hasta su partida para California. En esa época, también yo me ausenté de Londres al irme a París. Nuestras relaciones y mi gratitud para con él por todo lo que me enseñó, se ha mantenido siempre viva desde entonces.

Bion murió el 28 de agosto de 1979 de leucemia mieloide aguda (LMA)2. En su amable misiva Resnik relata algunas de sus impresiones sobre la muerte de Bion, escritas como un post-scriptum a la conferencia de Bion en París, que él había organizado:

Mis contactos con el Dr. Bion se mantuvieron hasta pocos días antes de su muerte. Cuando supe que se encontraba muy enfermo, viajé a Londres, pero él se encontraba en Oxford. Hablé con Hanna Segal, quien me dijo que el Dr. Bion estaba cercano al final de su vida y que él estaba consciente de ello. Él parecía encontrarse viviendo una nueva experiencia en su vida. Oí que él había dicho que los últimos cinco minutos antes de morir era un momento de gran importancia en el tiempo.

Posteriormente asistí a un homenaje al Dr. Bion organizado por la Sociedad Británica de Psicoanálisis donde se suponía que yo dijese algunas palabras como su amigo y discípulo. Recuerdo a Francesca Bion y sus niños; creo que Parthénope también estaba, aunque no la conocía personalmente en esa época. Recuerdo que el Dr. Bion me había dicho que tenía una hija que estudiaba arte en Florencia. Creo que ella también estudiaba matemáticas y que estaba interesada en los conceptos de Matte-Blanco sobre el inconsciente. Desafortunadamente Parthénope ya no está más con nosotros,3 ella tenía algo de su padre. Yo pude luego apreciar su intuición y su humanidad como psicoanalista. Nos escribimos mutuamente, y me fue muy estresante cuando supe del accidente en que ella perdió la vida.

Quisiera que este seminario fuese además una vivida memoria de Wilfred y Parthénope Bion.

A comienzos del 2005, recibí como un regalo de Francesca Bion, dos cintas de grabación que contenían la conferencia de Wilfred Bion hasta ese momento inédita4, la cual había sido dictada en París el 10 de julio de 1978. Posteriormente recibí una carta donde ella5 gentilmente me cedía los derechos para la publicación de la conferencia tanto en español como en portugués, la cual he incluido, además de su traducción al español, al final de esta introducción.

Desafortunadamente, la publicación en español ha sido retardada hasta ahora, en virtud de numerosos inconvenientes, lo cual sería tedioso relatar, salvo quizás enunciar la triste y convulsiva situación en la cual ha sido sumida Venezuela. En la actualidad, la publicación en español del seminario ha sido factible gracias al interés de la distinguida Editorial Biebel de Buenos Aires.

Para esta publicación se ha utilizado, tal y como lo sugirió la Sra. Bion, la copia original en inglés editada por el Dr. Salomón Resnik, quien gentilmente nos la ha proporcionado. Existe una versión más extensa de esta Introducción, la cual fue publicada en las Obras completas de W. R. Bion, editadas por Chris Mawson y Francesca Bion y publicadas por Karnac Books en Londres. La traducción al español del seminario original en inglés ha sido realizada por Ana Milagros Pérez Morazzani.

Hemos también incluido una fotocopia de la carta enviada por Francesca Bion al Dr. Rafael López-Corvo donde ella gentilmente cede los derechos de publicación al español. Las traducciones a este idioma de todas las contribuciones proporcionadas por los diferentes autores, tanto en inglés como en italiano, han sido realizadas por Lucía Morabito, salvo el artículo de Thomas Ogden en el cual también participó Mery Soto.


1 Tengo una gran deuda de agradecimiento con José Luis Goyena, por haber generosamente traducido al francés todas las entradas de mi Diccionario sobre la obra de Wilfred Bion.

2 La leucemia mieloide aguda (LMA) o leucemia mielocítica aguda es un tipo de cáncer producido en las células de la línea mieloide de los leucocitos, caracterizado por la rápida proliferación de células anormales que se acumulan en la médula ósea e interfieren en la producción de glóbulos rojos normales. La LMA es el tipo de leucemia aguda más común en adultos y su incidencia aumenta con la edad.

3 Parthénope murió el 16 de julio de 1998, en un accidente automovilístico junto a su hija Patricia.

4 En la actualidad ha sido incluida en las Obras Completas de W. Bion recientemente publicadas.

5 La carta está incluida al final.

Traducción al español de la carta de Francesca Bion

Agosto 25, 2005

Apreciado Rafael,

Muchas gracias por tu carta – es un placer oír acerca de ti otra vez. Es obvio que has estado muy productivo durante los últimos dieciocho meses (desde la última vez que estuvimos en contacto). Lo próximo que pienso hacer es familiarizarme con tu [libro] ‘pensamientos salvajes en busca de un pensador’.

He escuchado buenas noticias sobre el Congreso de Río por parte de amigos y conocidos. ¿Tu papel de trabajo fue bien recibido? ¿Tienes una copia de los Seminarios de la Tavistock? Sé que Karnac estuvo haciendo gestiones para tener un puesto de venta de sus libros en el congreso.

El pasado mes de junio asistí en Londres a la conferencia de ‘Bion Hoy’; como me sucede cada vez que asisto a estos encuentros, escogiendo a cuál sesión asistir, siempre me siento que he debido haber escogido otra. Pero la impresión que tuve fue de haber sido un evento de mucho éxito – muchos miembros jóvenes y entusiastas así como otros de más edad, sabios de otras épocas.

En cuanto al seminario de 1978: mi transcripción fue publicada en 1986 en la Revue Psychotherapie Psychoanalytique, y subsecuentemente también en al Revue Française de Psychanalyse en el 2000. Pero está incompleta y debe desecharse. Sugiero que uses la versión completa de Salomón Resnik. Te enviaré una copia así como su versión la cual ya fue enviada al editor (Chris Mawson) de la Standard/Edición Completa de los trabajos de Bion que está por salir. (Posiblemente en el 2008?)

En el ínterin, pienso que el Dr. Resnik podría apreciar una solicitud de tu parte para ser usada en tus traducciones al español y al portugués; aunque yo tengo los derechos de autor, los seminarios existen en virtud de él.

Los mejores deseos para ti y tu esposa por seguir con buena salud y felicidad.

Afectuosamente,

(fdo.) Francesca B.

Agradecimientos

Estamos profundamente agradecidos con Francesca Bion por habernos cedido los derechos a la publicación en español del seminario de Bion en París; así como al Dr. Salomón Resnik por su amabilidad y sabios consejos sobre la forma de conducir esta publicación. También con todos los contribuyentes, por la versatilidad y gran riqueza de sus aportes, además de su paciencia en virtud de la espera, no prevista en un comienzo, de hacer factible la producción física de este libro. Finalmente, nuestra gratitud para con nuestra gentil y eficiente editora Norma Cerrudo de Ediciones Biebel.

CAPÍTULO I
Conferencia de Wilfred Bion realizada en París, el 10 de julio de 19786

Bion: Debo explicar por qué estoy hablando en inglés. Es parcialmente porque yo no hablo francés aunque lo aprendí o me fue enseñado tal como es hablado en las Escuelas Públicas Inglesas, pero no es el francés que ustedes entenderían. Hay otras razones que aparecerán a medida que avancemos en nuestra discusión.

Quisiera recordarles que ésta es una conferencia de trabajo en la cual éste es un problema al cual nos enfrentamos cada uno de nosotros. Por ejemplo, un joven de 25 años se queja de tener una vida de familia poco satisfactoria; no estoy seguro acerca de a cuál familia él se refiere y durante una conversación previa le pregunto su edad y él responde 42. ¿Cuarenta y dos? Sin embargo ahora le dije 25. A medida que lo miro más de cerca noto líneas en su cara y pienso que luce más como de 62, que de 42 o de 25. Bien, ¿cuál es su edad?

La primera pregunta que les hago es, ¿tomarían este paciente o no? No estoy sugiriendo lo que ustedes deberían decirle al paciente, a mí o a alguien más, pero sí ¿qué se dirían a ustedes mismos? Si ustedes quisieran escribir ahora su impresión inmediata, sería quizás interesante para ustedes hacer una nota diciendo ‘sí’ o ‘no’. Para responder esta pregunta yo propongo usar un procedimiento en el cual yo asumo un vértice desde donde podría formarme una impresión de si quiero ver a este paciente otra vez.

Supongamos que entraron en una tienda de libros, tomaron un libro, ojearon algunas páginas y leen lo que yo acabo de decir. ¿Pondrían el libro en el estante y escogerían algún otro? ¿O preferirían revisar más páginas antes de decidir si leer ese libro o no?

De manera que mi segunda pregunta es: ¿ustedes están interesados en esta historia; quieren leer algo más acerca de ella?

Yo trataré otra más: supongamos que estuvieron escuchando parte de una pieza musical. ¿Podría esta música interesarles? ¿Decidirían ir a un concierto y oír el resto de la pieza musical? ¿O decidirían que esta no es la clase de música que les gusta? Este es otro vértice. Por supuesto, en realidad no tenemos mucho tiempo, pero podemos jugar aquí este pequeño juego.

Cambiemos de vértice otra vez: supongamos que caminaban a través de un edificio y vieron sobre el piso un diseño de colores arrojado por la luz que atravesaba una ventana. Heredia, en el poema “Vitral”7, describe las esfinges en las tumbas: ellas no pueden ver ni oír, pero con sus ojos de piedra ellas pueden ver estos colores desplegados en el piso. En la medida que este paciente está hablándome y la luz cae sobre esta conversación, ¿qué colores ven ustedes? ¿Les gustan? ¿Les gustaría invertir más tiempo allí? ¿Les gustaría estudiar la ventana a través de la cual los rayos de sol penetran, para descubrir el tipo de diseño que se encuentra en el vidrio de esa ventana?

No voy a sugerir nada más, por cuanto me gustaría que piensen sobre los varios vértices que pueden emplear cuando se enfrentan no con un libro, no con una pintura o una ventana sino con una persona. ¿Qué suerte de sombra proyectará él en la mente de ustedes?

Volviendo a la situación analítica: ¿deberíamos decirle a este paciente que vuelva de nuevo? ¿Deberíamos, como si lo fuera, abrir otra página del libro, escuchar algunas otras partituras de música o deberíamos parar allí? Cada uno de nosotros deberá responder estas preguntas a solas. No les pido tomar un vértice psiquiátrico: es prematuro aún. Ustedes tienen pocas frases de conversación y solo unos pocos momentos en los cuales pudieron ver a este hombre. Se sienten inclinados a decir, “Bien, pienso que sería mejor vernos mañana”, o la próxima semana, o “Yo podría verle otra vez dentro de un mes”. Nadie puede decirles qué hacer porque nadie conoce qué clase de persona son ustedes ni de qué son capaces.

Otra razón por la cual estoy hablando en inglés es la siguiente: me son familiares frases tales como, verde con envidia, amarillo con celos, negro con desesperación, rojo con ira. ¿Piensan ustedes de la misma manera? Y si así fuera, ¿qué colores ven en esta conversación? ¿De qué color pintarían esta conversación? Ustedes podrían decir que no son pintores, sin embargo es importante para ustedes saber quiénes son y qué hacen. Esta es la razón por la cual abogamos que la gente se psicoanalice y así se familiaricen y conozcan lo que ellos son en realidad. Es improbable que ustedes hayan descubierto esto aún. En tal forma que aunque su tendencia fuese decir que no son pintores, yo diría que sí lo son. Por tanto saquen sus colores; no escriban notas sobre esta historia, hagan algunas rayas sobre el papel. Usen colores simples como el azul, negro, amarillo, verde. Luego mírenlo; allí tendrán una idea de cómo el paciente les impactó. Si eres músico, ¿qué tipo de música escribirías? Si fueras escritor, ¿qué lenguaje escogerías? ¿Francés? ¿Francés de París, de Midi, o de Touraine?

Entonces, oigan la conversación de ustedes con sus pacientes, ¿qué lenguaje está siendo hablado, bien sea por él/ella, por usted o por ambos?

S. Resnik: Es interesante observar que en francés decimos que amarillo va con envidia en lugar de verde. Algunas veces verde es usado para ambos, envidia y celos.

Bion: Por eso es importante saber, no qué lenguaje se habla en Francia o Inglaterra –estos límites geográficos no son de importancia cuando la pregunta se relaciona con la mente, el carácter o la personalidad– sino tomar prestado del lenguaje de pintores, músicos, etcétera y utilizarlo en este tema extraordinario en el que estamos inmersos.

S. Resnik: ¿Cree usted que somos capaces de escoger el vértice?

Bion: Sí, y cuanto más saben de ustedes mismos, más sabrán el vértice a escoger para abordar el problema. Por ejemplo, mirando a este hombre, al cual tratamos de describir, ¿lo escogerían ustedes para ir a escalar montañas? ¿Lo escogerían como uno de su equipo en el Tour de Francia? Olvídense del psicoanálisis o la psiquiatría, por el momento. ¿Habría algo para lo cual ustedes lo escogerían? Sea que nos guste o no, la escogencia es arbitraria porque el análisis tiene que ser llevado a cabo por cada uno de nosotros en soledad –esta es una ocupación solitaria.

Nos hemos acostumbrado a la idea de que el psicoanálisis es un intento de aproximarnos científicamente a la personalidad humana. Esta es una perspectiva que le da gran importancia al hecho, a la verdad, a la cosa real. Si esto es así, hay cantidad de gente quienes son científicos sin esa categorización oficial. Un pintor, por ejemplo, puede creer que una pintura debería ser una verdad creíble, que debería mostrar algún aspecto de la realidad, el cual ustedes podrían no haber notado. Él no es un psicoanalista pero pinta un cuadro. Miren esta pintura y luego podrán ver cómo luce un árbol o una cara. Aunque un autor escriba acerca de caracteres imaginarios como Falstaff, Lear, Othello, Macbeth, éstos, sin embargo, nos recordarán personajes reales. ¿El último artículo científico que leyeron en la Revista Internacional de Psicoanálisis les recuerda personajes reales o no?

S. Resnik: ¿Está usted sugiriendo que la experiencia analítica podría ser en algún momento deshumanizante, si se transforma en una descripción científica fría, sin imaginación a su alrededor?

Bion: Pienso que hay gran peligro de que ello ocurra. Con frecuencia me encuentro con lo que se considera un psicoanálisis científico, pero esto no me recuerda nada, salvo fastidio.

La situación en el consultorio, es decir, la relación entre dos personas, podrían ser como las cenizas de un fuego. ¿Existe allí alguna chispa capaz de producir una llama? En este pequeño pedazo que he descrito, tendríamos que examinar, observar, proporcionar un cuidado devoto a los desechos mentales –pedazos de lo que nos han enseñado, pedazos de lo que hemos aprendido, pedazos de lo que el paciente ha enseñado. En el análisis vemos la totalidad de los desechos. ¿Qué ha sucedido con la cara de un hombre de 42 años? ¿Por qué luce como si tuviese 25 o 62? ¿Por qué dice que tiene 42? Todo es parte de despojos. ¿Podrán juntarse estos pedazos? ¿Será usted capaz de juntarlos en forma tal que tengan un sentido?

S. Resnik: ¿Cuando usted habla de desechos, está sugiriendo un derrumbe o fragmentación del aparato mental en fragmentos o pedazos? ¿Uno no tiene que estar realmente psicótico para de tanto en tanto tener alguna clase de experiencia psicótica?

Bion: La idea de una experiencia psicótica es algo muy cerebral. En análisis estamos preocupados con aquello que pueda ser últimamente expresado en términos cerebrales, pero esa no es la forma en que los hechos nos aparecen a los analistas practicantes. Esta es una razón por la cual tenemos que reconciliarnos con el hecho de que los pacientes no vienen a vernos con una etiqueta que dice ‘maníaco’, ‘depresivo’ o ‘maníaco-depresivo’ o ‘esquizofrénico’. Si viniesen con tales etiquetas los concebiríamos más como pedazos de desechos. No quiero decir, al llamarlos desechos, que no consideremos que merezcan atención; quiero decir más bien que es algo que debe ser observado y revisado con considerable cuidado, de otra forma usted podría estar botando lo necesario, la chispa vital. Uno no puede permitirse dejar de lado conjeturas imaginativas, basadas en el hecho de que no son científicas –en ese caso también podrían botar las semillas de una planta basándose en el hecho de que no son de roble o de lilas sino simple basura. Esto se aplica a todo lo que acontece en sus consultorios.

Sugiero que valdría la pena considerarlo no como su consultorio sino más bien como su taller. ¿Qué tipo de artista es usted? ¿Es usted ceramista? ¿Es usted pintor? ¿Un músico? ¿Un escritor? En mi experiencia, una gran mayoría de los analistas no saben en realidad qué tipo de artistas son.

S. Resnik: ¿Qué tal si no son artistas?

Bion: Entonces está en el trabajo errado. No sabría qué trabajo sería bueno para ellos porque aunque no fuesen psicoanalistas necesitarían ser artistas de la vida misma. Un matemático puede ver que una fórmula algebraica tiene belleza; un músico, leer una partitura la cual consiste en marcas negras sobre un papel blanco. Aun utilizando el lenguaje que más conozco, no podría decirle a usted que es un ‘artista’; preferiría que ustedes fuesen más allá de esa palabra y pudiesen ver lo que intento transmitirles mediante esta palabra inadecuada. Con certeza no es alguien capaz de engañar sus ojos, hacerles pensar que hay un árbol cuando no lo hay sino más bien alguien que les permita ver que en verdad hay allí un árbol con sus raíces, aun cuando éstas estén debajo de la tierra.

Estoy sugiriendo que detrás de este hombre de 42 años existe oculta una persona, y esa persona tiene raíces, un inconsciente, el cual, al igual que las raíces de un árbol, están ocultas a la vista. No solo existen ramas que están a su vez ramificadas y tienen venas sino que tienen raíces debajo de la superficie. Entonces cuando esta persona entra en su consultorio, ¿qué ve usted? No estoy simplemente preguntando lo que usted ve con sus ojos sino ante todo aquello que la intuición le permite a usted ver.

S. Resnik: ¿Cuando usted relaciona las raíces del árbol con el inconsciente, tiene usted la imagen de algo que pudiera ser concebido como raíces del inconsciente o el inconsciente como raíces?

Bion: No. El inconsciente es una de esas palabras inventadas por Freud en un intento de llamar la atención sobre algo que realmente existía. Pero comúnmente sucede que uno queda atrapado en la palabra, en esos interminables, desgastadores –por lo menos para mí– argumentos sobre la teoría kleiniana, sobre la teoría de Abraham, sobre todo tipo de teoría.

No puedo estar interesado en ellas porque oscurecen el hecho de que hay, hasta donde yo considero, cosas tales como la mente humana o la personalidad. No creo que alguien haya descubierto cómo describir el carácter humano o personalidad aunque un retratista realmente bueno puede pintar algo que muestre no el color de la piel o el perfil de la persona. Un artista de Inglaterra hizo un retrato de Winston Churchill. Su esposa lo odiaba tanto que lo destruyó. Sin embargo muchas personas pensaban que era un retrato bien logrado. El artista, Graham Sutherland, no era un psicoanalista, no en esa categoría, en ese compartimiento. ¿Pero era o no un buen analista? Similarmente, usted podría decirme ‘¡Ah! Sí, pero yo no soy Cézanne, no soy Sutherland’.

Yo no quiero halagarle, todo lo que quiero decir es ¿cómo saber que usted no lo es? ¿Ha estado usted en su atelier y descubierto qué tipo de artista es usted?

P (de alguien en el grupo): ¿Podría decir algo sobre lo que describe como cambio catastrófico?

Bion: La palabra ‘catástrofe’ tiene que ser comprendida a la luz de algo que va en dirección opuesta. Pienso en ello como un derrumbamiento [breaking down] lo cual está muy cercano a la metáfora de fragmentar [breaking up].

En una situación analítica, el analista está preocupado con el hacer consciente, intentando dar conciencia a algo que el paciente ha intentado mantener inconsciente toda su vida. Hay dos personas en el consultorio que se juntan el mismo tiempo, en el mismo espacio, pero la dirección en la cual están pensando es diferente. Podrían estar de acuerdo si el analista consiente en volverse muy perturbado y sufrir el mismo tipo de neurosis o psicosis que sufre el paciente, aunque se supone que el analista no debería perder su capacidad de estar consciente del mundo de la realidad, aun cuando éste podría estar lidiando con una realidad diferente. El ejemplo más simple que pudiese darles sería el siguiente: nos encontramos en un estado mental que generalmente conocemos como estar despiertos o conscientes de lo que está aconteciendo –bueno, eso pensamos–. Pero cuando estamos durmiendo nos encontramos en un estado mental diferente. Esta división entre el día y la noche no es muy esclarecedora, pero pienso que es útil si uno retiene la valiosa cualidad de ser capaz de poder dormir, además de la invalorable cualidad de ser capaz de estar despiertos. Este ‘matrimonio’ por lo general no parece armonioso. Por ejemplo, los pacientes podrían admitir que han tenido un sueño, el cual no toman en serio; no se sienten dispuestos de decirles a ustedes dónde soñaron y qué vieron. Dicen, ‘¡Oh, fue solo un sueño!’

No sé por qué ellos dicen ‘fue solo un sueño’. Si la bellota dijese, ‘Oh, fue solo una raíz’, ¿Qué podría uno pensar? Hasta la bellota de un roble le debe algo a las raíces. ¿Qué hacer con un paciente que piensa que ‘fue solo un sueño’? Freud consideraba que los sueños debían ser tratados con respeto. Yo pienso que es la parte más importante de su trabajo, aunque no creo que hemos estado cerca de cosechar las consecuencias de tratar los sueños con respeto.

S. Resnik: Los términos breaking down, breaking up son muy del idioma inglés, sin embargo la idea de breaking como experiencia catastrófica es universal.

Bion: ¿Qué le dice el paciente a uno cuando él piensa que se está enloqueciendo?

Usted tiene que descubrir desde el paciente lo que él quiere decir. Cuando él dice que está derrumbándose [breaking down], presumiblemente así es como luce y suena un derrumbamiento. Usted no tiene por qué creer que el diagnóstico del paciente es correcto, sin embargo usted puede por sí mismo mirar el cuadro de lo que él llama derrumbamiento. Usted tiene el chance de usar sus sentidos que le dicen a usted lo que esta palabra significa y también que lenguaje habla el paciente. No es bueno decir que el paciente está hablando francés o inglés: eso es inadecuado.

S. Resnik: ¿Es la especificidad de la experiencia de rompimiento [breaking] la que cuenta en la medida que se desarrolla en la transferencia, durante el ‘taller’ analítico?

Bion: Sí, y también la especificidad de lo que el analista hace. Las pinturas de Cézanne de la Montaña de Santa Victoria no serían iguales a las que yo podría hacer si le tomo fotografías. ¿Cuál es la diferencia? Usted deberá mirar las pinturas para encontrarla; ellas son el único lenguaje que Cézanne pudo hablar para transmitirme lo que yo debo ser capaz de ver si yo miro esa montaña.

Sus pacientes no son en realidad muy buenos artistas, sin embargo ellos generalmente saben cómo se siente el sentir los sentimientos que ellos sienten. Cuando ellos tratan de hablarle a usted, ellos no tienen mucho vocabulario. Así que oyendo lo que ellos dicen y mirando lo que ellos son, comparen ambos y luego formen sus propias conclusiones acerca de si ellos están –usando inglés como lenguaje– fragmentándose [breaking up], derrumbándose [breaking down] o avanzando [breaking through].

El paciente usualmente describe algo lo cual estoy seguro existe: dolor mental.

Cuando ello es físico usted puede preguntar, ‘¿Qué clase de dolor es ese?’

Con la clase de paciente que tenemos, nosotros necesitamos ser capaces de reconocer los diferentes nombres que ellos le dan al dolor: ansioso, atemorizado, aterrorizado, apenado, avergonzado y otros. Son todas variedades de dolor. Si tratara de pintarlos usted tendría que usar diferentes tonalidades de color, pero los psicoanalistas deben de inventar el lenguaje. Nuestro material no es visible ni palpable.

A veces un paciente no parece ser capaz de comunicarse y quiere sostener su mano, tener un método de comunicación físico. La mayoría de los analistas se restringen a la comunicación verbal, pero esto es solo un método de comunicación recién descubierto; no muy buen método, pero es lo mejor que conocemos.

S. Resnik: Recientemente tuve un paciente quien no sentía necesario hablar para comunicarse conmigo. Su lenguaje corporal y el clima en la transferencia eran de por sí maneras de hablar, de decirme cómo se sentía, lo cual no podía expresar de otra manera. Todo ello es útil para la construcción del “taller” psicoanalítico.

Bion: Tales pacientes no entienden realmente las posibilidades de la comunicación verbal. Ellos entienden las posibilidades de evacuar su orina, sus heces y hasta su aliento. De manera que al hablar, ellos están conscientes de la actividad muscular de expulsión, no de la cualidad mental del pensamiento.

S. Resnik: Esto confirma mi experiencia con este paciente. Una vez él estaba muy asustado acerca de un amigo llamado Pierre (que quiere decir “piedra” en francés). El paciente estaba inconscientemente proyectando o evacuando sus duros aspectos y sentimientos “petrificados”, buscando evitar sufrimiento y dolor. A veces él se transformaba en “pierre” por reintroyección y podía lanzarme piedras-sentimientos y piedras-palabras. Reincorporar estas proyecciones asustaba al paciente: hacerse cargo de sus propias tendencias destructivas.

Bion: Es muy difícil hacerse la idea a menos que usted esté con el paciente. Una posibilidad es lo impresionado que él está del movimiento muscular. De esta manera él estaría temeroso de perder parte de su personalidad si habla o de que podría herir al analista con estas piedras; podría decir cosas que serían hirientes, cosas rudas, insultos. Aun, una conjetura razonable podría ser que él teme que si fuese espontáneo o natural estaría diciendo cosas insultantes, las cuales disgustarían mucho al analista.

Cuando este paciente habla al analista, ¿qué aspecto de él mismo se está expresando? ¿Estará él consiente del crecimiento de cálculo renal [piedras] mucho antes que aparezca en rayos X o al ser palpado? Además de las ideas apropiadas de nuestra respuesta a la libre asociación del paciente, también pueden existir estas complicaciones: un síntoma corporal, un síntoma químico, la formación de un cálculo, podrían aparecer muy temprano en la mente antes de hacerlo de otra manera. La pregunta sería ¿qué le dice usted al paciente?

Cómo usted transforma sus pensamientos, sentimientos, ideas sobre lo que él presenta de sí mismo, a un lenguaje verbal que el paciente pueda entender y que sería el correcto. Esto es un problema complicado y yo no veo la manera de responder a esto salvo que usted esté en su consultorio.

S. Resnik: Me pregunto si esto pasa en nuestro contacto psicoanalítico con niños como también con el aspecto infantil en nosotros, el cual está reprimido algunas veces. Si nosotros como analistas somos capaces de conseguir contactarnos con nuestro propio aspecto infantil y responder a lo infantil en la transferencia.

Bion: Es difícil saber dónde está el origen del dolor. Los niños hoy en día son agudamente sensitivos a lo que está pasando; saben mucho sobre sus escuelas, sus maestros, el pueblo o ciudad o país donde viven. Pero no es igual a lo que nosotros sabemos como adultos. Así que cuando le dicen algo, usted puede estar razonablemente seguro de que su información es muy aguda pero su experiencia no es muy grande; no han vivido lo suficiente para comprender lo que su conocimiento o sus sentidos le dicen. Podría ser perfectamente normal para un niño ser leal con sus contemporáneos y por lo tanto no querer compartir información con alguien de una generación diferente. Por lo tanto hay una división que no es simple entre el inconsciente y la conciencia aunque esto es similar a eso; es una división entre lo que el niño le recuerda a usted acerca de lo que una vez usted fue y lo que usted sabe que usted es hoy día.

Usted puede haber olvidado que el niño que usted fue era leal a otros niños y niñas y no decía a sus padres cosas que usted sabía y que no consideraba peligrosas, porque usted no tenía suficiente experiencia para saber que ellas eran peligrosas.

Así que usted tiene este problema el cual en parte tiene que ver con usted mismo, y en parte tiene que ver con el niño real que viene a verle a usted, pero también está relacionado a lo que describo como ‘en boga’ [the vogue]. No estoy hablando acerca de la moda, que es una manifestación pasajera de lo que está en boga sino de la boga en sí misma, que es una fuerza que existe, siempre existe y es muy poderosa.

Siento que nos hemos alejado un rato largo de la entrevista con el hombre de 42 años. Aquí podemos discutir el problema todo el tiempo que queramos más no así en el consultorio. La pregunta es, ¿por qué me recuerda él a un joven de 25? Y ¿por qué al mirarlo me recuerda a un hombre de 62? En este punto me pregunto si tiene algunos niños. ¿Podrían estos hacerle lucir más joven o mayor? Pienso que me gustaría verle otro día; podría averiguar entonces si es casado o no, o si él y su novia han producido hijos.

He usado la idea del conflicto mental, sin embargo ¿hay conflictos físicos? ¿Puede una persona lucir de 25 y 62 a la vez, mas no de 42? ¿Qué músculos corporales están siendo usados? Algunos de ellos son las cuerdas vocales, ¿pero cuáles otros? ¿Qué hay acerca de su piel? ¿Qué acerca de las líneas o carencia de ellas en su rostro? ¿Cómo ha sido esto? ¿Como psicoanalistas, tenemos que estar alertas tanto del conflicto físico como del mental?

Recuerdo a un paciente quien siempre era muy colaborador y luego de un tiempo –temo que quizás después de mucho tiempo– se hizo claro para mí que éste era el único paciente a quien no le perturbaba la presencia del diván; cuando él se iba era como si nadie se hubiese acostado en él. Entonces se me ocurrió que él se acostaba en exactamente el mismo lugar cada vez que venía. Esto me hizo pensar que era una especie de catalepsia, de catalepsia mental.

Honestamente no podría decir que él tuvo algún sueño; honestamente no puedo decir que él estaba despierto; él estaba entre los dos. Él no estaba inconsciente; él no estaba consciente. ¿Cómo vivía él en tal exacto estado mental? Físicamente él podía acostarse en exactamente una posición en el diván: ahora resulta claro que él estaba haciendo lo mismo mentalmente.

P (un comentario de alguien del grupo): Hay dos puntos que me gustaría introducir. Primero, acá en París existen quejas de que no se discute la escogencia de pacientes. Segundo, me han dicho muchas veces que hay pacientes que quisieran terminar su análisis pero los analistas no le permiten destetarse.

Bion: Echaría mano de una expresión que siento útil, tomando prestado un término de un matemático: ‘iniciativa absoluta’. Por ‘absoluto’ quiero decir en cualquier dirección –iniciativa para regresar; iniciativa para avanzar–. Lo importante es la iniciativa y no la dirección. Pienso que esto es algo fundamental y básico, aun físicamente, casi como las funciones o los impulsos que surgen cuando las adrenales se vuelven activas haciendo posible la pelea o la fuga, correr hacia el peligro o escapar de él. Digo ‘iniciativa’ para darle ese lugar neutral entre las dos. ¿Quién da a luz a un niño? ¿La madre o el feto a término? ¿Será que el feto a término en alguna forma indica que ya tuvo suficiente de estar dentro de la madre? ¿Es la madre quien indica que ya fue suficiente de cargar un peso en ella? Esto es una forma de ponerlo en términos pictóricos. Comencemos nuevamente.

¿Es el paciente quien quiere ver al analista, o es el analista quien quiere ver al paciente? Creo que la situación cataléptica no representa un formato de refugio; tampoco ustedes lo hacen.

El otro día escuché un recuento interesante de un paciente que parecía mencionar el 14 de Julio. Aparentemente decía muchísimo, pero no decía nada de la toma de la Bastilla o de la gente bailando en las calles celebrando el día de fiesta. Esto se asemeja ha estar mirando unos rayos X en el cual se ven los pulmones, ¿por qué está velada esta parte? ¿Por qué no puedo ver las costillas claramente? ¿Qué pasa con esta historia? Mientras miramos estos desechos, como los llamo, tendrá usted que estar consiente de aquello que no es correcto en la historia que le han contado. ¿Qué falta? Usted sólo ha escuchado el comienzo y con certeza tendrá que ver al paciente otra vez. Pero cuando usted hace eso, usted también está iniciando el análisis y podría descubrir que no quiere continuar con ese paciente pero que ese paciente sí quiere continuar con usted. En todo momento usted tiene que estar consciente de esa posibilidad. Lo mismo se aplica para su taller: usted podría no haber decidido qué tipo de artista quiere ser, pero usted puede ver en qué área es usted verdaderamente capaz, que usted puede hacer ‘lo mejor de un mal trabajo’, como decimos, y decidir descubrir lo que usted logra hacer con lo que tiene en su taller.

Es muy importante estar consciente de que usted nunca podría estar satisfecho con su carrera analítica si siente que se encuentra restringido a lo que estrechamente se llama un acercamiento ‘científico’. Necesita tener una oportunidad de sentir que la interpretación que proporciona es hermosa o que obtiene una respuesta hermosa de su paciente. Este elemento estético de la belleza hace que una situación difícil sea tolerable. Es extremadamente importante atreverse a pensar o sentir aquello que usted piensa o siente sin importar cuán poco científico esto sea.

Vitrail8

Cette verrière a vu dames et hauts barons

Étincelants d’azur, d’or, de flamme et de nacre,

Incliner, sous la dextre auguste qui consacre,

L’orgueil de leurs cimiers et de leurs chaperons;

Lorsqu’ils allaient, au bruit du cor ou des clairons,

Ayant le glaive au poing, le gerfaut ou le sacre,

Vers la plaine ou le bois, Byzance ou Saint-Jean d’Acre,

Partir pour la croisade ou le vol des hérons.

Aujourd’hui, les seigneurs auprès des châtelaines,

Avec le lévrier à leurs longues poulaines,

S’allongent aux carreaux de marbre blanc et noir;

Ils gisent là sans voix, sans geste et sans ouïe,

Et de leurs yeux de pierre ils regardent sans voir

La rose du vitrail toujours épanouie.

Vitral

Estos vitrales han visto damas y barones importantes

Relumbrantes de azul, de oro, de llama y de nácar

Inclinar, bajo la dextra augusta que consagra,

El orgullo de sus yelmos y caperuzas

Cuando marchaban al sonido de la trompa o de los clarines

Tener la espada en el puño, el gerifalte o la coronación,

Hacia la planicie o el bosque, Bizancio o San Juan d’Acre,

Partir para la cruzada o para el vuelo de las garzas

Hoy, los señores al lado de las castellanas

Con el lebrel junto a sus largas polainas

Se extienden en baldosas de mármol blanco y negro

Yacen allí, sin voz, sin gesto y sin oído,

Y de sus ojos de piedra, miran sin ver

La rosa del vitral siempre abierta.

6 Copyright © 2000 Francesca Bion. Transcripción al español de la grabación realizada por Francesca Bion y Salomón Resnik (septiembre de 1999). Traducción al español realizada por Anamilagros Pérez Morazzani (Toronto, agosto del 2010).

7 Reproducido al final de la transcripción, p. 42.

8 [Nota de la traductora al español]: Existieron dos poetas con el mismo nombre de José María Heredia, ambos cubanos y primos entre ellos, mas no contemporáneos. Uno murió en México (1803-1839) y el otro en París (1842-1905). A este último, conocido como José María de Heredia, pertenece el poema Vitrail desafortunadamente no traducido aún al español.


José María de Heredia

(1842-1905)

CAPÍTULO II
El at-one-ment o la fusión con la verdad

Rafael E. López-Corvo

En una sesión terapéutica, dos personas, por lo general desconocidas entre sí, intentan un diálogo: uno utilizando un sistema científico deductivo similar a una lógica geocéntrica: obvia pero falsa; el Otro, utilizando un sistema científico opuesto o heliocéntrico: verdadero pero no obvio. Uno atrincherado en sus fantasmas, sus resistencias, compulsiones repetitivas, viejas defensas, las mentiras de la mente, proyecciones; el otro obstinado en la búsqueda incorruptible de la verdad a todo costo. En consecuencia, una comunicación paralela o “reversión de la perspectiva”, podría ser un inconveniente frecuente. La verdad tiene sus consecuencias, sus violencias; en lenguaje de Bion: “turbulencias”, “cambios catastróficos”, “cesuras”, muerte de esperanzas y logros tristes.

Anteriormente había expresado sobre este aspecto lo siguiente:

Bion mantuvo siempre una sospecha sobre el lenguaje coloquial, con sus vocablos manoseados en el tiempo, contaminados de significados y saturados de antiguos deseos que impugnaban sus orígenes. Qué diferencia con los elementos matemáticos, con los números, por ejemplo, que permanecen incólumes, como recipientes vacíos siempre prontos para ser llenados de cualquier cosa sin perder jamás su identidad: dos tigres, diez monedas, cinco flechas, cinco computadoras... ¡Si uno pudiese decir ‘buenas tardes’ usando elementos matemáticos! Exclama Bion en algún momento. (López-Corvo, 2002)

At-one-ment no es una palabra que existe en inglés, tampoco en español, aunque podría traducirse “en unión con”. Originalmente en inglés se usaba atone y atonement, las cuales significan: “corregir para mejorar” o “reparación de una ofensa”. La última tiene además un significado religioso pues describe la reconciliación con Dios a través de la muerte de Cristo. Tales experiencias no son diferentes de lo que Bion describió como at-one-ment, no tanto desde el significado religioso, como muchos lo han mal interpretado, pero sí desde el punto de vista humano.

Me estoy refiriendo a at-one-ment, por cuanto pienso que al inicio de la conferencia, Bion estaba reseñando la forma como debe realizarse la escucha analítica, no diferente a como respondemos internamente (contratransferencia) frente a un libro que abrimos por primera vez, una película que comenzamos a ver, la exhibición de un pintor o el concierto de un músico desconocido.

A lo largo de la conferencia el psicoanalista Salomón Resnik interroga a Bion. En su rol pareciera emular al coro en la tragedia griega, que intentaba resolver los escollos o resistencias que la audiencia podría experimentar al intentar seguir las complejidades que el drama buscaba expresar.

¿Qué hace que la verdadera edad de su paciente induzca tanto interés en Bion? ¿Qué edad tiene, 25, 42 o 62 años? Luego Bion pregunta acerca del vértice desde el cual uno pueda decidir si desea o no seguir viendo a este paciente: “En forma similar pienso que también podríamos preguntarnos: ¿cuántos años tiene esta conferencia, 36 años o dos días? ¿Cuando comenzamos a oírla –o leerla–, deseamos continuar o la detenemos? ¿De qué color la pintamos?”

Bion emula a Tiresias cuando invita a mirar los colores reflejados por el vitral de Heredia, utilizando los ojos de piedra de las estatuas que vigilan las tumbas, al igual que Tiresias, el visionario ciego de los griegos, quien veía el futuro, entendía el canto de los pájaros y leía en los desechos de las cenizas no consumidas por el fuego. En este sentido Bion exalta las bondades de la intuición y critica el peligro de la deshumanización y de la “cientificación” del psicoanálisis. Así dice:

Con frecuencia me encuentro con lo que se considera un psicoanálisis científico, pero esto no me recuerda nada, salvo fastidio.

La relación entre dos personas en el consultorio podría generar una chispa capaz de producir un fuego. Y luego, ¿qué resultaría de este encuentro? Habría que, siguiendo a Tiresias, examinar los despojos, las cenizas a ver si se encuentra un sentido al porqué este hombre tiene tres edades diferentes. Bion rechaza la necesidad de etiquetar al paciente con un diagnóstico, como observamos en psiquiatría. Tales etiquetas, dice, son parte de los despojos que habrían de ser examinados con gran cuidado para encontrar la verdad.

Bion añade:

Pero no sugeriré nada más porque me gustaría que ustedes pensaran en los varios vértices que pueden utilizar cuando confrontan no un libro o una pintura o un vitral, sino una persona. ¿Qué tipo de sombra producirá en su mente?

El lenguaje es esencial en este proceso de escucha, aunque con frecuencia puede ser también una limitación, con sus modismos y giros locales particulares, quizás sería más acertado utilizar el lenguaje de los artistas, considerar al consultorio como un atelier, y preguntarse qué tipo de artista somos, “¿ceramista?, ¿pintor?, ¿músico?, ¿escritor?”

Bion dice:

Un pintor, por ejemplo, podría creer que una pintura debería ser la verdad de la verdad, que debería mostrar algún aspecto de la realidad que de otra manera podríamos no notar. No es un psicoanalista pero puede pintar un cuadro. Miramos al cuadro y vemos cómo luce un árbol o una cara... El último artículo científico que leyeron en el International Journal of Psychoanalysis, ¿les recuerda personajes reales o no?

Imposible no ser un artista, asegura Bion, porque en última instancia, al igual como lo aseguran los maestros del Zen, ¡somos artistas de la vida! La intención en Bion es lograr la comunicación más cercana y más pura posible para captar la verdad, o sea, no comprenderla sino volvernos ella intuyéndola: “la realidad solo se capta cuando el entendimiento renuncia a ella”, ha dicho Suzuki (1981).

Siguiendo a San Juan de la Cruz, Bion en 1965 expresó que la capacidad para la escucha psicoanalítica que indaga la “verdad o realidad última”, se encuentra obstaculizada por lo menos por tres resistencias: a) lograr contener el momento doloroso que implica alcanzar un estado de total inocencia, necesario para asociar o definir lo que se escucha (pp. 158-9). Lo que se teme en ese momento es a la ignorancia, el no saber, lo cual impide poder escuchar en total ingenuidad, con la mente limpia de todo deseo, memoria o comprensión. b) La segunda forma de resistencia; o siguiendo a San Juan de la Cruz: “la noche oscura para los sentidos del hombre”, lo representa la obstrucción de la capacidad intuitiva, por cuanto la fe es utilizada para investigar historia en lugar de recoger lo que se intuye. c) La tercera noche oscura, es lo que Bion llama la resistencia a lograr una “Transformación en O”, de convertirse en O, de ser O; lo cual resulta impedido por la necesidad de utilizar la interpretación para “saber de algo” (K) en lugar de “devenir en algo” (O). La supremacía del conocimiento (K) sobre la intuición (O) en el momento de la escucha psicoanalítica, puede promover, según Bion, el peligro de la megalomanía9.

Bion sugiere que el paciente es una persona quien, similar a las raíces de un árbol, que no se ven, tiene un inconsciente también oculto, el cual requiere –insiste Bion– que se vea no con los ojos, sino que se mire con los ojos ciegos de la intuición. Al respecto, Resnik interroga:

Cuando usted relaciona las raíces de un árbol con el inconsciente, ¿tiene usted una imagen de algo que pueda experimentarse como raíces del inconsciente o del inconsciente como una raíz?

Bion aclara:

No. El inconsciente es una de esas palabras inventadas por Freud en un intento de llamar la atención sobre algo que realmente existía. Pero comúnmente sucede que uno queda atrapado en la palabra, en esos interminables y desgastadores –por lo menos para mí– argumentos sobre la teoría kleiniana, sobre la teoría de Abraham, sobre todo tipo de teorías.

A este nivel de la conferencia, alguien pregunta sobre “cambio catastrófico” y Bion responde utilizando un vértice diferente al que originalmente él ya había esgrimido, de cómo ciertos cambios experimentados por un equilibrio mental pueden hacerse catastróficos. Posiblemente ahora Bion intentaba mantenerse dentro del tema del seminario, es decir, buscaba evitar un cambio catastrófico producido por la introducción de la pregunta. En este sentido dice:

La palabra “catástrofe” tiene que ser entendida a la luz de algo que va en dirección opuesta [...] Hay dos personas en el consultorio que se juntan al mismo tiempo y en el mismo lugar, pero las direcciones de sus pensamientos son diferentes.

Bion parece referirse al dilema o discrepancia que con frecuencia existe entre el paciente y el analista en cuanto a la verdad, por cuanto el primero –digo yo– quien estuvo allí (testigo presencial de su historia) no desea recordar, mientras el analista, que desea recordar, ¡no estuvo allí! Bion produce otro ejemplo: “las cualidades invalorables” de poder dormirse y poder despertarse, la forma a como un estado implica un cambio catastrófico para el otro. Cuando estamos despiertos podemos pensar conscientemente y cuando estamos dormidos soñamos; sin embargo, el ser humano aún no da a los sueños la importancia que tienen y que le adjudicó Freud; sería similar a como un fruto llegase a despreciar las raíces del árbol por el solo hecho de estar ocultas.

El lenguaje con el cual el paciente se expresa es también significativo, diferente de la pintura que siempre es igual en todos los idiomas. En inglés, por ejemplo, uno se puede “romper” en diferentes formas: si es solo break significaría “romperse con violencia”, pero si es hacia abajo (break down) significaría “colapsar” y si es hacia arriba (break up), entonces sería “dispersarse” o “disolverse”; en cambio, romperse hacia afuera (break out), significaría “emerger” o “erupcionar”, aunque si se usa off en lugar de out (ambas palabras, off y out, significan “afuera”) significaría “detenerse abruptamente” mientras hacia adentro (break in) implicaría “intrusión”; por último, romperse alejándose (break away) implicaría “separarse” y romperse a través (break through), significaría “penetrar” o “avanzar”. Bion explica que en este sentido, resulta muy importante:

Los pacientes casi siempre no son buenos artistas, aunque sí saben lo que significa sentir sus sentimientos. Cuando tratan de decirte algo, pueden tener un vocabulario escaso. Entonces debe escucharse lo que dicen y mirar lo que son, comparar ambos y luego sacar tus propias conclusiones para ver si están colapsando (breaking down) o disolviéndose (breaking up) o avanzando (breaking through).

¿Cómo lograr romper esas barreras que se interponen entre lo que el paciente realmente siente y lo que el analista cree comprender? ¿Cómo alcanzar esa condición de at-one-ment o de intimidad con la verdad interior de un paciente? Es fácil, por ejemplo, saber a qué se refiere un paciente cuando habla de un dolor físico, pero no resulta lo mismo con el dolor mental, al cual de entrada todo paciente se refiere con diferentes nombres: ansiedad, miedo, terror, vergüenza, embarazo, fastidio, etcétera. Si uno tratara de pintarlos, dice Bion, “utilizaría diferentes variedades de colores, el psicoanalista debe inventar su propio lenguaje. Nuestro material no es visible, no es palpable”. Además, un paciente podría no desear decir nada, sino ser tocado, acariciado; o utiliza el lenguaje como una forma de evacuación, como si las palabras fueran orina o heces. Existen patologías psicosomáticas relacionadas con este mecanismo, como la “colitis ulcerativa”, donde el ano se convierte en un órgano de fonación. “Estos pacientes, cuando hablan”, dice Bion, “están más conscientes de la actividad muscular de expulsión que de la cualidad mental del pensamiento [...] además, no resulta fácil para el analista escoger el lenguaje que ha de utilizar para distinguir entre un trastorno somático y otro mental”.

Resnik interroga acerca de la posibilidad del analista de utilizar, en estos casos, aspectos infantiles de la contratransferencia para comprender e interpretar el material del paciente. Bion, por otra parte, alerta sobre las limitaciones del pensamiento infantil, por cuanto a pesar de que los niños tienen una gran sensibilidad para captar lo que sucede a su alrededor y pueden por lo tanto estar bien informados, al mismo tiempo carecen de la experiencia que posee un adulto. Podría ser muy natural, por ejemplo, que un niño, por lealtad a sus compañeros no pasase información sobre un asunto peligroso para él, a una persona mayor. Tal situación representa una forma de fragmentación, no solamente entre algo consciente e inconsciente, sino ante todo entre el recuerdo de lo que una vez fuiste cuando niño y todo lo que sabes sobre ti hoy en día.

Bion pareciera alertar sobre el uso de aspectos infantiles por parte del analista, los cuales podrían representar lo que él ha llamado una “moda” (vogue), lo cual no se refiere a la moda en sí, sino a la presión que el “grupo” ejerce sobre el individuo, induciéndole, con frecuencia inconscientemente, a un tipo de comportamiento en particular que forjaría, según él, un sentimiento de pertenencia al grupo, a la cultura o a su generación.

Bion regresa nuevamente a su paciente de la edad incierta y se pregunta, aunque parece no tener respuesta, sobre las posibles condiciones físicas que pudiesen determinar tales diferencias: ¿son los músculos de la cara?, ¿la forma como habla?, ¿la piel? El recuerdo de otro paciente viene al rescate, alguien que le había tomado tiempo en darse cuenta que no dejaba huellas sobre el diván:

cuando se marchaba era como que nadie se hubiese acostado en él y se me ocurrió que se acostaba siempre en la misma posición, como una especie de catalepsia mental. Nunca trajo un sueño, no estaba despierto ni dormido, ni consciente ni inconsciente. ¿Como podía vivir en ese exacto estado mental? Físicamente podía estar en el diván siempre en la misma posición, luego se hizo claro que también hacía lo mismo mentalmente.

Una voz anónima en la audiencia, que parece no estar interesada en las asociaciones de Bion, interrumpe con una pregunta: “en Francia los analistas no permiten a sus pacientes discontinuar su tratamiento”. Nuevamente pareciera que el hilo clínico pudiese perderse, sin embargo, Bion audazmente logra una síntesis entre la pregunta inoportuna y el tema: “Lo importante es la iniciativa, no la dirección... «¿Quién da a luz a quién?»”, pregunta Bion, “la madre al bebé a término, o el bebé a la madre? ¿Quién quiere ver a quién, el paciente al analista, o el analista al paciente?” “Pareciera”, concluye, “que la situación cataléptica representa un tipo de refugio, en realidad usted no efectúa ninguna de las dos”.

Bion busca reanudar el camino con la ayuda de otro paciente, quien hablaba prolijamente sobre el 14 de julio en Francia pero no mencionaba la caída de la Bastilla ni de las personas celebrando por las calles; algo falta en la historia y usted quisiera seguir oyendo y en esta forma el análisis comienza, y luego usted siente que no quiere seguir viendo al paciente, pero él sí a usted, al final hay que intentar “hacer lo mejor de un mal trabajo”. Finalmente, Bion alerta sobre la tendencia obsesiva de muchos a sentirse defraudados por las restricciones e imprecisión del psicoanálisis, por la falta de cientificismo, y como salida frente a la desilusión recurre a la estética:

Usted puede tener la oportunidad de sentir que la interpretación que proporciona es hermosa o que obtiene una bella respuesta de su paciente. El elemento estético de la belleza hace que una situación difícil se haga tolerable. Es importante atreverse a pensar o sentir lo que sea, sin importar cuán poco científico esto sea.

Conclusiones

Durante los inicios de sus investigaciones sobre el inconsciente, Freud intentó librar la metodología psicoanalítica de posibles sospechas esotéricas, lo cual observamos por ejemplo en su ambivalencia frente al riesgo de presentar y publicar investigaciones relacionadas con el tema de “la transferencia del pensamiento”, por cuanto Freud pensaba, según Strachey, que “la posición científica del psicoanálisis estaría en peligro” si la verdad sobre estas observaciones fuese establecida. A pesar de esta observación, Freud estableció en 1921 lo siguiente:

Los acontecimientos pueden explicarse completamente si estamos dispuestos a asumir que el pensamiento puede trasmitirse [...] mediante algún método desconocido y diferente de aquellos que nos son familiares. Es decir, debemos inferir que la transferencia del pensamiento existe [...] aquello que ha sido comunicado mediante un tipo de inducción entre una y otra persona no equivale meramente a una porción indiferente de conocimiento. Muestra que un deseo extraordinario y poderoso contenido por una persona y que mantiene una relación especial con su consciencia, ha podido, con la ayuda de una segunda persona, lograr un expresión consciente aunque en una forma ligeramente velada.10 [pp. 184-5].

Es indudable que Freud entonces intuía lo que posteriormente Melanie Klein (1946), desde una época y una perspectiva diferente, pudo resolver, al ubicar las “transferencias del pensamiento” dentro de la teoría de las “proyecciones”, a la vez que añadía a la descripción original la noción de identificación y en esta forma estructuraba la fenomenología de lo que hoy conocemos como “identificaciones proyectivas e introyectivas”. Ha sido un descubrimiento trascendental –que no consideramos esotérico aunque a muchos todavía les cuesta seguir– que ha proporcionado a la clínica psicoanalítica una profundidad indiscutible y una mayor comprensión de los mecanismos de la comunicación.

“Es muy posible que en el Occidente las personas estén sintiendo cada vez más la necesidad de otra alternativa diferente a la visión de un mundo absolutamente científico”, ha expresado Armstrong (1993, p. 212); una visión que coincide completamente con un planteamiento hecho por Bion en esta conferencia al expresar que:

Con frecuencia me encuentro con lo que se considera un psicoanálisis científico, pero esto no me recuerda nada, salvo fastidio.

Bion (1992) ha descrito la existencia de tres espacios mentales diferentes: “beta” (β), “alfa” (α) y “sigma” (σ). El primero corresponde a los ‘elementos beta’ o ‘pensamientos no pensados’, los cuales permanecen a la espera de una mente capaz de proporcionarles un significado. El espacio alfa se refiere a la realidad, tal y como es percibida por los sentidos, con su espectro de lo ‘ultra’ y lo ‘infra-real’. Sigma representa el espacio de lo intuitivo, el cual Bion (1992) ha definido en la siguiente forma:

Estoy suponiendo la existencia de un dominio psico-analítico con su propia realidad incuestionable, constante, sujeto a cambios únicamente de acuerdo con sus reglas particulares aun cuando estas reglas no sean conocidas. Tales realidades son ‘intuibles’ solamente si existe el aparato adecuado y las condiciones necesarias para su funcionamiento [...] Las condiciones en que la intuición opera (intuye) son transparentes y opacas. Ya he indicado que desde el punto de vista de quien intuye, se le pueden adjudicar nombres a tales opacidades. Corresponden a la memoria, al deseo y a la comprensión. Todas son opacidades que obstruyen la intuición. [p. 315]

El descubrimiento del inconsciente tiene ya algo más de cien años, lo cual ha permitido a Bion realizar un giro hacia la izquierda, hacia la “sinistra”, sin que con ello se alarmen los cientificistas. Bion ha utilizado experiencias del budismo Zen, como son la intuición, la ausencia de deseo y memoria o la noción de “O”; y también del cristianismo, tales como las experiencias de San Juan de la Cruz –a las cuales ya me he referido al comienzo– así como las de Meister Eckhart (López-Corvo, 2002, 2006). En virtud de esta inclinación hacia ese mundo misterioso de lo impreciso, a Bion se le ha considerado como un místico. Según el Shiur Qomah, un texto sagrado hebreo del siglo V, toda experiencia mística requiere esencialmente de dos ingredientes: imaginación y el uso de lo inefable, dos cualidades que podemos encontrar en la teoría de Bion, ante todo en su concepto de “O” como la verdad última. “O” es lo inefable, lo desconocido que puede conocerse pero cuando se conoce ya no es más O; pero es este conocimiento el que permite al analista, según Bion, saber de qué en realidad está hablando el paciente cuando le escucha sin compromiso, en un estado libre de memoria y deseo y presta atención sobre todo aquello que imagina en ese momento y recoge lo imaginado con un acto fe. Es este estado de encarnación o de at-one-ment, lo que permite la coalición con O, equivalente a la alianza con Dios en los místicos cristianos o al nirvana en los budistas.

En resumen, at-one-ment representa, durante la sesión analítica, una encarnación con O, con la cosa-en-si-misma o la verdad ultima, diferente al tipo de at-one-ment observado en la pareja que se ama, por cuanto ésta está basada en una fusión dominada por la memoria y el deseo y determinada por el principio del placer.

9 Ahora se me ocurre que el llamado “corte” de los lacanianos, podría representar un buen ejemplo de este peligro.

10 El énfasis es mío.

CAPÍTULO III
Elementos de estilo analítico: seminarios clínicos de Bion11

Thomas H. Ogden

Desde hace ya varios años, he tenido la impresión de que aspectos importantes de mi manera de practicar el psicoanálisis se describen mejor como un estilo analítico que como una técnica analítica. Aunque la técnica y el estilo son inseparables, en la presente discusión usaré el término técnica analítica para referirme a una forma de practicar el análisis que ha sido desarrollada, en gran medida, por una rama o un grupo de ramas de la propia ascendencia analítica, en lugar de ser una creación propia. Por el contrario, el estilo analítico no es un grupo de principios sobre la práctica, sino un proceso vivo que tiene su origen en la personalidad y en la experiencia del analista.

El término estilo analítico, tal como yo lo uso, pone el mismo énfasis tanto en la palabra analítica como en la palabra estilo. No es analítico todo estilo que un analista pueda adoptar, y no todas las maneras de practicar el psicoanálisis resisten la marca única del “estilo” del analista. La idea del estilo analítico tiene mayor énfasis que el concepto de técnica analítica en base al rol que juegan: (1) el uso que el analista le da y la capacidad que tiene el analista para hablar desde las cualidades únicas de su personalidad; (2) el uso que el analista le dé a la propia experiencia que ha tenido como analista, analizado, padre, hijo, esposo, maestro, estudiante, amigo, etcétera; (3) la habilidad que tenga el analista para pensar de una manera que se inspire en pero que sea independiente de, la teoría y la técnica clínica de su analista, supervisores, colegas, ancestros analíticos. El analista debe haber aprendido la teoría y la técnica analítica de una forma tan minuciosa como para algún día poder olvidarlas (Ogden, 2005); (4) la responsabilidad que tenga el analista para inventar un nuevo psicoanálisis con cada paciente (Ogden, 2004).

El estilo del analista es una manera viva y cambiante de estar consigo mismo y con el paciente. La totalidad del estilo del analista se presenta en cada sesión, con cada paciente; y aun así ciertos elementos particulares de su estilo pueden jugar un rol más importante con un determinado paciente en alguna sesión. El estilo analítico tiñe la forma específica en la que el analista se conduce a sí mismo en el análisis. El estilo moldea y colorea el método y el método es el medio a través del cual el estilo cobra vida.

Mi forma de pensar acerca del estilo analítico ha sido poderosamente influenciada por el trabajo de Bion. De todas las contribuciones publicadas por Bion, los Seminarios clínicos (1987) son, a mi juicio, los que nos proveen el acceso más rico y extenso a Bion el clínico. En el presente trabajo ofreceré una lectura detallada de tres de sus seminarios clínicos. Describiré lo que considero es el estilo analítico único de Bion y al hacerlo, ilustraré lo que quiero decir con la idea del estilo analítico.

En la década entre la publicación de su trabajo psicoanalítico más importante Atención e interpretación (1970) y su muerte en 1979, Bion dirigió dos series de seminarios clínicos: 24 en Brasilia en 1975 y 28 en San Pablo en 1978. En estos seminarios, además del analista que presentó el caso a Bion, había 6 o 7 miembros más del seminario, así como también un traductor. Los seminarios fueron grabados, pero no fue sino hasta 1987 que la versión recolectada, transcrita y editada fue publicada. Yo creo que a pesar de que en efecto en los seminarios Bion es el supervisor y el líder del grupo, los Seminarios clínicos, sin embargo, ofrecen al lector la rara oportunidad de ver a Bion, el clínico, trabajando. Como veremos, aunque Bion no es el analista de los pacientes presentados, él es el analista del paciente que está siendo “soñado” en el seminario clínico. (He comentado previamente la idea de que el paciente presentado en supervisión analítica es “una ficción”, un paciente imaginario soñado por analista y supervisor, diferente de la persona real con quien el analista conversa en su consulta. (Ogden, 2005a, 2006). Adicionalmente, en los seminarios clínicos, Bion realiza un trabajo analítico tanto con el presentador como con el grupo del seminario.

Tres seminarios clínicos
I. Un paciente que temía lo que el analista pudiese hacer (Brasilia, 1975, seminario n. 1)

El seminario comienza con el siguiente intercambio:

Presentador: Me gustaría discutir una sesión que tuve hoy con una mujer de 30 años. Entró al consultorio y se sentó. Ella nunca usa el diván. Sonrió y dijo: “Hoy no seré capaz de mantenerme sentada aquí”. Le pregunté qué quería decir. Contestó que estaba muy agitada. Le pregunté qué era para ella estar muy agitada. Sonrió nuevamente y dijo: “Mi cabeza está mareada”. Dijo que sus pensamientos estaban huyendo, unos arrollando a los otros. Yo sugerí que cuando ella se sentía de esa manera también sentía que perdía el control de su cuerpo. Ella sonrió y dijo: “Tal vez; luce como si eso fuese cierto”. Cuando continué, sugiriendo que cuando su mente huía de esa manera su cuerpo debía seguir los movimientos de su mente, ella me interrumpió diciendo: “Ahora no trate usted de mantenerme quieta”.

Bion: ¿Por qué tendría esta paciente que pensar que el analista hará algo? Usted no puede impedir que venga, tampoco despedirla. Ella es una adulta y presumiblemente libre de venir a verlo si así lo desea. Si no quisiera, es libre de irse. ¿Por qué dice ella que usted tratará de evitar que haga algo? Yo no estoy realmente esperando una respuesta a esta pregunta –aunque me encantaría escuchar cualquier respuesta que usted tenga– sino simplemente dando un ejemplo de cuál sería mi reacción ante esta historia (pp. 3-4).12

Bion se pregunta: “¿Por qué esta paciente piensa que el analista hará algo?” Esta pregunta al presentador es, para mí, algo sorprendente y un poco más que rara. De los innumerables aspectos del material clínico presentado, ¿por qué Bion está preguntando por qué la paciente pensaría que el analista actuaría? Sólo tras una considerable reflexión se me ocurrió que Bion está sugiriendo que el presentador se pregunte a sí mismo: ¿a qué tipo de pensamiento se está dedicando la paciente? ¿Por qué está pensando ella de esta forma en particular? Bion está llamando la atención sobre el hecho de que la paciente se está dedicando a un tipo de pensamiento muy limitado en el cual los elementos de la experiencia que pueden (bajo otras circunstancias) ser transformados en pensamientos y sentimientos, en este caso están siendo experimentados y expresados a través de la acción. Los pensamientos del analista están siendo tratados como acciones (fuerzas activas que emana del analista) que tienen el poder de hacer que el paciente haga (no piense) algo. De modo que la pregunta, “¿Por qué tendría el paciente que pensar que el analista haría algo?” es, esencialmente, una pregunta concerniente a la forma en que el paciente está intentando lidiar con el problema emocional del momento y, tal vez, con la sesión completa: su miedo a estar perdiendo la razón.

La evacuación de los pensamientos impensables de la paciente (el miedo de volverse loca), ha precipitado una grieta con la realidad externa en la forma de la idea delirante de que el analista está tratando de hacerle algo, por ejemplo: “tratar de mantenerme quieta”. Si al analista le asusta tomar en serio la declaración de la paciente de que ella cree de una manera muy concreta que él está tratando de hacerle algo, agravará el problema de la paciente, fallando al pensar/soñar (con el que hacer un trabajo psicológico consciente e inconsciente) la experiencia delirante de la paciente (Bion, 1962).

Cuando Bion dice “simplemente estoy dando un ejemplo de cuál sería mi reacción ante esta historia”, le está dando una discreta interpretación al presentador. Este presentador ofreció verbalmente al paciente un pensamiento simbólico con el que esperó poder ayudarla con su propia experiencia: “Yo le sugerí que cuando se sintió de esta manera [que sus pensamientos estaban arrollándose unos a otros], también sintió que estaba perdiendo el control de su cuerpo”. La paciente respondió sonriendo y diciendo: “Tal vez; luce como si eso fuese cierto”. Su sonrisa (cuya mención tiene un efecto refrescante en mí) va seguida por una declaración que parece ofrecer un consentimiento cualificado (“Quizás”). Pero las palabras, “luce como si eso fuese cierto”, en combinación con su sonrisa, me parece que transmiten la idea de que el analista ve sólo lo que parece ser la verdad, y no lo que en efecto es verdadero a lo que la paciente está experimentando.

El analista ignoró la respuesta de la paciente y repitió su interpretación. La paciente interrumpió la repetición de la interpretación del analista, diciendo: “Ahora, no trate usted de mantenerme quieta”. Ella también podría haber dicho, “Deje de hacerme eso. No trate de convertirme en usted colocando sus ideas en mi cabeza y de esa forma controlar mis acciones (mantenerme quieta). Si eso ocurre, no seré capaz de mover mi propia mente en absoluto”. Yo creo que Bion al preguntar, ¿por qué la paciente piensa que el analista hará algo?, está tratando de ayudar al presentador a comprender este aspecto del pensamiento psicótico de la paciente.

El presentador respondió la pregunta de Bion en un nivel superficial (“¿Por qué esta paciente piensa que el analista hará algo?”), diciendo:

Yo estaba interesado en saber por qué ella había dicho: “No trate de mantenerme quieta”. Ella respondió que no tenía la respuesta a esa pregunta, entonces le sugerí que estaba preocupada por mi postura callada, quieta. Ella dijo que no me percibía como si estuviese quieto, sino como dominando mis movimientos, mi mente controlando mi cuerpo. (p. 4)

Pienso que la incapacidad del presentador para aprovechar la pregunta/interpretación de Bion, reflejó su miedo a reconocer (pensar) el alcance de la psicosis de su paciente. Debido a que la paciente no puede diferenciar la mente de su cuerpo (y diferenciarse ella misma de su analista), al decir que ella experimentaba la mente del analista dominando su cuerpo, creo que equivalió a decir que ella experimentaba la mente del analista dominando su propio cuerpo y su mente. En otras palabras él estaba siendo implacable en su esfuerzo por entrar en la mente de ella y hacerla hacer cosas (“mantenerme quieta, mental y físicamente”).

Bion dijo al seminario:

Me gustaría adivinar aquí lo que yo le diría a esta paciente –no en la primera sesión sino posteriormente. Nosotros tenemos aquí estas sillas y este diván, porque usted podría querer usar alguna de ellas; usted podría querer sentarse en esta silla, o quizás recostarse en el diván en caso de que sienta que no aguanta estar sentada allá –como dijo hoy. Esa es la razón por la que este diván estaba aquí cuando usted vino por primera vez. Me pregunto, ¿qué le hizo descubrir esto hoy? ¿Por qué será que justo hoy usted ha encontrado que pueda no ser capaz de sentarse en esa silla, que pueda recostarse o irse? Todo eso sería mucho más apropiado si ella lo hubiese descubierto en la primera sesión, pero estaba demasiado asustada para descubrirlo.

En principio, esto que dijo parecería algo extraño. Pero yo lo veo como una reflexión sobre estilo analítico de Bion. Sólo Bion podría haber dicho esto. Si alguien más lo hiciera, estaría imitando a Bion. De modo que, ¿qué es lo que Bion está haciendo aquí?, o, para ponerlo en otros términos, ¿cómo está Bion aquí siendo Bion, el analista? Él está tratando este encuentro como si fuera el primero entre él y la paciente. Reconoce que la paciente está predominantemente psicótica y le habla desde esta posición de ventaja (por tanto reconociendo quien es ella en ese momento). Para Bion (1957), el aspecto psicótico de la personalidad es una parte del self que no es capaz de pensar, de aprender de la experiencia ni de realizar trabajo psicológico.

Hablándole a “la parte no psicótica de la personalidad de la paciente” (Bion, 1957), a la parte capaz de pensar y de hacer trabajo psicológico, Bion comienza nombrando en los términos más sencillos y literales, los objetos que se encuentran en el consultorio (los cuales son como remolinos de significados no controlados por la paciente pues ella está asustada y es incapaz de pensar): “Tenemos aquí estas sillas y este diván, porque usted podría querer usar alguno de ellos”. De esta manera, Bion no solo le dice a la paciente qué son los objetos –como objetos externos–, sino que implícitamente también le dice que están allí para que ella los use como objetos analíticos, objetos que pueden ser usados en la ensoñación de un análisis, si ella lo desea (con la ayuda del analista). Luego continúa diciendo: “Usted podría querer sentarse en esta silla, o quizás recostarse en el diván en caso de que sienta que no aguanta estar sentada allá –como dijo hoy. Aquí Bion le dice a la paciente que él piensa que pudiera asustarle usar la silla hoy. Creo que Bion implícitamente está especulando imaginativamente que la silla, para la paciente, es un espacio psicológico que alguna vez tuvo poderes mágicos para protegerla de lo que teme que pueda pasar si ella estuviera “realmente” en análisis. La silla, por alguna razón, ha perdido su poder. Ella quizás querría usar el diván (por ejemplo, ella podría querer tratar de ser la paciente analítica que había deseado ser cuando vino por primera vez a ver al analista). Bion no está tratando de hacer nada por ella ni llevarla a hacer algo –como por ejemplo a usar la silla o el diván–, él está tratando de ayudarla a “soñarse a sí misma en la existencia” (Ogden, 2004) como paciente y a soñarlo a él como analista, capaz de ayudarla a pensar. “Esa es la razón por la que este diván estaba aquí cuando usted vino por primera vez”.

En los Seminarios clínicos, y de una manera que es muy característica suya, Bion enmarca su indagación a la manera de una pregunta: “Me pregunto, ¿qué le hizo descubrir esto hoy?” es decir, ¿cómo ha descubierto usted que este es el problema emocional más importante a resolver en la sesión de hoy? Implícitamente le está añadiendo que él no tiene una solución para el problema, pero que ella sí podría tenerla, y que él es capaz de ayudarla a entender algo del problema que la está perturbando y aún no es capaz de pensar. Más aún, lo que Bion está diciendo implícitamente podría expresarse de la siguiente manera: “Cuando usted dice ‘hoy no seré capaz de mantenerme sentada aquí’, me está diciendo que teme que no podrá seguir recibiendo ayuda en este espacio; usted tiene miedo de haberse vuelto tan loca (“mareada”), que ha perdido la esperanza de ser capaz de convertirse en un paciente que pueda usarme como su analista”.

Bion continua preguntándose en voz alta: “¿Por qué será que justo hoy usted ha encontrado que pueda no ser capaz de sentarse en esa silla, que pueda recostarse o irse?” La interpretación de Bion (ostensiblemente a la paciente) es quizás más una interpretación para el presentador: el presentador no ha reconocido ni le ha hablado a la paciente acerca de su temor a no sentirse capaz de ser una paciente en análisis, un miedo que ella expresó tanto en su manifestada incapacidad para usar la silla o el diván como al decir que el analista era capaz de percibir sólo lo que “parecía como si” fuese verdad. Veo ahora más claro por qué percibí la sonrisa de la paciente como escalofriante: denota la enorme desconexión emocional que la paciente estaba experimentando entre la magnitud de su angustia emocional y su muy limitada habilidad para pensarlo/soñarlo, y entre ella misma y el analista.

Poco después de haber hecho esta interpretación a la paciente (y también al presentador), Bion dice: “Como analista, uno espera ir mejorando –tanto como el paciente… Si yo supiese todas las respuestas, no tendría nada que aprender, no tendría chance de aprender nada… Lo que uno desea es tener espacio para vivir como un ser humano que comete errores” (p. 6). Este también es un elemento fundamental del estilo de Bion en los Seminarios clínicos. Sin embargo, una y otra vez Bion sorprende al presentador y al lector con su asombrosa capacidad para percibir la importancia de elementos insignificantes, y de hacer uso de ellos para comprender lo que acontece en una sesión analítica. No menos frecuentemente expresa, sin falsa humildad, que un analista debe “tener espacio para vivir como un ser humano que comete errores”. Solo en este estado mental es uno capaz de aprender de la experiencia: “Si usted hubiera practicado análisis tanto como lo he hecho yo, no se preocuparía por una interpretación inadecuada; nunca he dado alguna que no lo haya sido. Esta es la vida real, no una ficción psicoanalítica” (p. 49).

Antes de pasar al siguiente seminario, hay un elemento implícito en el estilo clínico de Bion en este seminario y en muchos otros, que me parece valioso que el lector tome en cuenta, porque constituye un elemento importante en el “método” de Bion, el cual está iluminado por su estilo. La pregunta que Bion le hace al analista presentador, mucho más frecuentemente que cualquier otra pregunta, es: “¿Por qué el paciente viene a análisis?” (véanse, por ejemplo, las páginas 20, 41, 47, 76, 102, 143, 168, 183, 200, 225 y 234). Me parece que cada vez que Bion formula esta pregunta implícitamente le está pidiendo al presentador que piense en el paciente como en alguien que inconscientemente está trayendo a cada sesión un problema emocional para el cual no ha sido capaz de encontrar “solución” (p. 100); por ejemplo un problema con el cual no ha sido capaz de hacer trabajo psicológico. El paciente inconscientemente está pidiéndole al analista que lo ayude a pensar los pensamientos y sentimientos inquietantes que él no ha sido capaz de pensar y sentir por sí mismo. Aunque en el seminario que acabamos de discutir Bion no le pregunta explícitamente al presentador por qué el paciente está asistiendo al análisis, me parece que Bion implícitamente lo pregunta muchas veces. La primera vez ocurre en el seminario casi inmediatamente cuando dice: “Ella es una adulta y presumiblemente libre de venir a verlo si así lo desea. Si no quisiera, es libre de irse.”

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