Kitabı oxu: «Obras III»

BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 138

Asesor para la sección griega: CARLOS GARCÍA GUAL .
Según las normas de la B. C. G., la traducción de este volumen ha sido revisada por PILAR MARTÍNEZ LASSO .
© EDITORIAL GREDOS, S. A.
Sánchez Pacheco, 81, Madrid, 1996.
www.editorialgredos.com
REF. GEBO248
ISBN 9788424931773.
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SOBRE LA DIOSA SIRIA
Obra cuya atribución a Luciano plantea dudas, ya que se considera escrita posteriormente. En ella Luciano imita a Heródoto en lenguaje y estilo, aunque sin pretender hablar por otra persona y no por sí mismo. Describe el famoso santuario de Atargatis en Hierápolis de Siria con un respeto que no podríamos esperar en un simpatizante de Epicuro y de los cínicos. Utiliza tanto su propia observación como la información que le dan los sacerdotes. Durante mucho tiempo se consideró espuria porque parecía contradictoria con los puntos de vista religiosos de Luciano y su supuesta tendencia a despreciar todo lo que no fuera clásico. En las últimas décadas la opinión se ha inclinado a su favor, y la mención por Galeno de un Luciano que imitaba a otro escritor jónico, Heráclito, puede considerarse decisiva.
Cualquiera que sea la conclusión que esto implique sobre sus creencias religiosas, sí es un triunfo para su capacidad de observación y su independencia de sus ascendientes clásicos. Se ha observado hace tiempo que algunos de sus detalles fueron confirmados por otros testimonios literarios, como Plinio el Viejo y Eliano, pero la evidencia arqueológica ha añadido mucho más. La «Señal » que cita como situada entre las imágenes de «Hera» y de «Zeus» la conocemos ahora por algunas representaciones. Su descripción de un espléndido manto del Sumo Sacerdote y la tiara de oro han sido confirmados por el relieve de la propia Hierápolis. Cuando cuenta cómo se cortó el cabello y lo ofrendó en un vaso de metal precioso, parece describir el mismo ritual con el que un hombre de Citio en Chipre unos mil años antes se cortó el pelo y lo dedicó a Astarté en un vaso de arcilla.
Se mantiene el problema aparente de las contradicciones de Luciano en cuestiones de religión. Un recurso fácil es invocar la ironía y ver en su solemnidad una burla abierta o disimulada. Desde luego el humor está presente, y aunque parece principalmente dirigido al manierismo de Heródoto, afecta también al santuario, o más bien al narrador que toma tales cosas en serio: el efecto es completamente diferente cuando Arriano adopta el estilo de Heródoto para describir los espectáculos y la geografía de la India. Sin embargo, que ambos autores y algunos de los historiadores ridiculizados en el ensayo Cómo debe escribirse la historia pudieran imitar a Heródoto, sugiere que la burla no es el motivo principal de Luciano. Como un «asirio» culto, orgulloso de su ciudad nativa y de su origen étnico, contribuye tanto a impregnar el mayor santuario del norte de Siria con un aura herodotea como a llevarlo, como hizo Heródoto con las reliquias de Egipto, bajo el palio del helenismo y de la antigüedad.
El movimiento arcaizante de los siglos II y III tenía mucha relación con los cultos, y hombres eruditos investigaron las leyendas de las ciudades de la diáspora griega, tales como Egas en Cilicia. Luciano no pretende que el santuario de Atargatis sea otra cosa que bárbaro en su origen, pero explicando sus antigüedades a la manera de Heródoto fracasa en ello.
Luciano limita sus relatos únicamente a mitos, objetos y prácticas de culto, y los milagros menores a los que da crédito, como estatuas que sudan, la levitación y otros parecidos son únicamente una ligera concesión a las creencias populares.
El tratamiento que da Luciano a los oráculos, aunque implicado en el que da a los dioses, tiene distinto fin y carácter. Por lo general su escepticismo sobre los dioses es silencioso y su humor a sus expensas es amistoso. En cambio, la existencia de los oráculos la adscribe a las debilidades humanas, obra de la picaresca o de la credulidad. Su antipatía a los oráculos es fundamental en una de sus obras maestras, el ataque contra Alejandro de Abonutico, pero también está presente en algunas otras obras.
Hay en Siria una ciudad no muy distante del río Éufrates [1] que se llama Sagrada, y está dedicada a la Hera de Asiria 1 ; en mi opinión, la ciudad no tuvo este nombre desde el principio con su fundación, sino que antiguamente era otro y, más tarde, cuando surgieron los grandes santuarios de la diosa, llegó a esta denominación. Pues bien, referente a esta ciudad, me propongo decir cuanto hay en ella; hablaré también de las costumbres que siguen en sus ritos, las fiestas que celebran y los sacrificios que llevan a cabo. Voy a referirme también a los relatos que cuentan sobre los que establecieron el lugar sagrado y cómo tuvo lugar la construcción del templo. Escribo esto siendo asirio 2 , y, de cuanto relato, una parte la vi personalmente y, en cuanto a la otra, recibí información de los sacerdotes, cuanto yo refiero anterior a mi propia época.
De cuantos hombres conocemos, los egipcios fueron [2] los primeros, según se dice, en tener el concepto de dioses, en crear santuarios y recintos consagrados y en establecer días festivos. Fueron los primeros que conocieron nombres sagrados y crearon relatos del mismo tipo. No mucho tiempo después los asirios oyeron a los egipcios relatos referidos a los dioses y levantaron santuarios y templos, en los que también colocaron imágenes y pusieron estatuas de madera 3 . Pero antiguamente, incluso entre los egipcios, los [3] templos carecían de estatuas, y hay en Siria templos casi tan antiguos como los egipcios, de los que he visto la mayor parte, y especialmente el de Heracles en Tiro, pero no del Heracles que los griegos celebran en sus cantos, sino que el que yo digo es mucho más antiguo y es el patrono de Tiro 4 .
[4] En Fenicia hay otro gran templo, que tienen los sidonios. Según ellos afirman, es de Astarté, y Astarté, en mi opinión, es la Luna 5 . Pero según me contó un sacerdote pertenece a Europa, hermana de Cadmo; me dijo que ésta era hija del rey Agenor y, cuando desapareció, los fenicios la honraron con un templo para su culto y contaban sobre ella un relato sagrado: debido a su hermosura Zeus la deseaba y, cambiando su aspecto por el de un toro, la raptó y con ella llegó a Creta. La misma historia se la oí también a otros fenicios, y la moneda que usan los sidonios tiene grabada a Europa sentada sobre el Toro Zeus, pero no reconocen que el templo sea de Europa 6 .
Los fenicios tienen también otro templo no asirio, sino [5] egipcio, que llegó a Fenicia desde Heliópolis. Yo no lo he visto, pero también éste es grande y antiguo 7 .
Vi también en Biblos un gran templo de Afrodita de [6] Biblos, en el que celebran ceremonias en honor de Adonis; también fui informado de estas ceremonias 8 . En efecto, ellos afirman que el suceso del jabalí referente a Adonis ocurrió en su propia tierra, y en recuerdo de esta desgracia cada año se dan golpes y se lamentan y celebran ceremonias y declaran grandes duelos en el país. Y cuando dejan de golpearse y de gemir, primero ofrecen sacrificios a Adonis como si hubiera muerto y luego, al día siguiente, cuentan que está vivo y lo sacan al aire y se afeitan las cabezas, como los egipcios cuando muere Apis 9 . Las mujeres que no quieren afeitarse, pagan la siguiente multa: en un día determinado se ofrecen para la venta de su belleza; el mercado sólo está abierto a los extranjeros, y el sueldo se convierte en ofrenda a Afrodita 10 .
[7] Por otra parte, algunos hombres de Biblos afirman que Osiris el egipcio está enterrado entre ellos, y todos los duelos y las ceremonias se celebran en honor de Osiris y no de Adonis 11 . Voy a explicar el motivo por el que tienen estas creencias. Una cabeza llega cada año de Egipto a Biblos en una navegación de siete días y los vientos la llevan con gobernación divina. No tiene ninguna desviación, sino que arriba únicamente a Biblos; es todo maravilloso y ocurre cada año, como ocurrió estando yo presente en Biblos, y pude ver la cabeza de Biblos 12 .
[8] Todavía hay otra maravilla en la comarca de Biblos. Un río que se llama Adonis desemboca en el mar desde el monte Líbano. El río todos los años se pone rojo como la sangre y después de perder su color natural irrumpe en el mar y enrojece la mayor parte del litoral y señala el duelo a los de Biblos 13 . Cuentan que en estos mismos días Adonis es herido en el alto Líbano y su sangre al correr enrojece al río y da nombre a la corriente. Esto es lo que dice la mayoría. Pero a mí un hombre de Biblos, que parecía decir la verdad, me contó otra causa del suceso. Así me dijo: «El río Adonis, ¡oh, extranjero!, atraviesa el Líbano, y la tierra del Líbano es completamente rojiza; cuando se levantan en estos días vientos tempestuosos, arrastran hacia el río la tierra, que es como el bermellón, y la tierra lo hace sanguinolento. Y la causa de este suceso no es la sangre, como dicen, sino la tierra». Esto es lo que me dijo el de Biblos, y aunque sea cierto lo que contaba a mí me parece maravillosa la coyuntura del viento.
Subí también al Líbano desde Biblos en una jornada, [9] al enterarme de que allí había un antiguo santuario de Afrodita, que había mandado construir Cinires; vi el templo, y era antiguo 14 .
Estos son los santuarios antiguos y grandes de Siria, [10] pero aun siendo tantos yo creo que ninguno es mayor que los de la Ciudad Sagrada, ni hay otro templo más santo ni otro territorio más sagrado. Hay también en él obras muy valiosas, ofrendas antiguas, numerosas maravillas y esculturas de la diosa en madera magníficas. Además, la divinidad se manifiesta evidentemente entre ellos, pues las esculturas de madera sudan por sí solas, se mueven y profetizan y con frecuencia surgió un grito en el templo cuando el recinto estaba cerrado y muchos lo oyeron. Y en cuanto a riqueza es el primero de los que yo conozco, pues les llega mucho dinero de Arabia y de los fenicios y babilonios y mucho también de Capadocia, más el que traen los cilicios y también los asirios. Yo vi el que está oculto en el templo, muchas vestiduras y otras cosas que se seleccionan por su plata o por el oro. Y fiestas y solemnidades ninguna otra comunidad humana ha organizado tantísimas como éstos.
[11] Al preguntar yo cuántos años tiene el templo y qué diosa creen que es, contaban muchas historias, unas divinas, otras públicas, otras claramente fabulosas; unas eran de origen extranjero, otras coincidían con los griegos. Yo voy a contarlas todas, pero no acepto ninguna.
[12] La mayor parte afirma que Deucalión el escita 15 fundó el santuario, el mismo Deucalión en cuyos tiempos ocurrió el gran diluvio. Acerca de Deucalión oí un relato que los griegos cuentan en su memoria. El relato es el siguiente:
Esta generación, la de los hombres de ahora, no es la primera, sino que aquélla pereció entera y ésta es la segunda generación, que, procedente de Deucalión, se multiplicó. Y de los primeros hombres cuentan lo siguiente: eran muy malvados y cometían actos impíos, ya que no respetaban los juramentos ni acogían a los extranjeros, ni amparaban a los suplicantes, por lo que les llegó la gran tribulación: al punto la tierra envió muchísima agua, se produjeron enormes lluvias, los ríos desembocaron crecidos y el mar creció muchísimo, hasta que todo se convirtió en agua y todos perecieron, excepto Deucalión, único mortal que quedó para la segunda generación por su buen consejo y su piedad. Su salvación fue como sigue: en una gran arca que tenía hizo embarcar a sus hijos y a sus mujeres y embarcó él mismo; al embarcar le llegaron cerdos, caballos, leones, serpientes y cuantos animales habitan en la tierra, todos por parejas. Él los aceptó a todos, y no le hacían daño, sino que entre ellos surgió una gran amistad por gracia divina; en una sola arca navegaron todos, mientras el agua se impuso. Esto es lo que cuentan los griegos sobre Deucalión 16 .
De lo que ocurrió más tarde, hombres de la Ciudad [13] Sagrada cuentan un relato muy digno de admiración, cómo, en su territorio, se produjo una gran grieta que filtró toda el agua. Y Deucalión, cuando ocurrió esto, levantó altares y un templo sobre la grieta, consagrado a Hera 17 . Yo también vi la grieta, que está bajo el templo, y es muy pequeña. Ahora bien, no sé si antes era grande y ahora se quedó así, pero la que yo vi es pequeña.
Como recuerdo del acontecimiento hacen lo siguiente: dos veces al año llega agua del mar al templo; la traen, no sólo sacerdotes, sino toda Siria y Arabia y acuden al mar muchas personas de más allá del Éufrates, y todos traen agua; primero la vierten en el templo y luego va a caer en la grieta y ésta, aun siendo pequeña, admite una gran cantidad de agua. Hacen esto asegurando que Deucalión estableció esta costumbre en el santuario, para que fuera recuerdo de la tribulación y del beneficio 18 .
[14] Tal es el antiguo relato entre ellos relativo al templo. Otros, en cambio, creen que Semíramis de Babilonia, de la que hay muchas obras en Asia, fue la que mandó hacer esta fundación, y no para Hera, sino para su propia madre, de nombre Derceto 19 . Yo vi una imagen de Derceto en Fenicia, extraña maravilla. La mitad era mujer, pero lo que va de los muslos a las puntas de los pies se extiende como una cola de pez 20 . En cambio, la imagen que hay en la Ciudad Sagrada es toda ella mujer y para ellos las garantías del relato no son totalmente evidentes. Consideran como cosa sagrada a los peces y nunca los tocan; comen toda clase de pájaros, pero sólo a las palomas no las comen, sino que para ellos son sagradas 21 . Y hacen esto a causa de Derceto y Semíramis, la primera porque Derceto tiene forma de pez, y la otra porque al final Semíramis se convirtió en paloma 22 . En lo que a mí respecta, puedo aceptar que el templo sea obra de Semíramis, pero no puedo dejarme convencer de que esté consagrado a Derceto 23 , pues también algunos egipcios se abstienen de comer pescado y esto no lo hacen por agradar a Derceto 24 .
Hay otra historia sagrada que yo oí a un sabio, a saber, [15] que la diosa es Rea y el templo fue obra de Atis. Atis era lidio de estirpe y fue el primero que instruyó en las ceremonias a Rea-Cibeles; todos los ritos que celebran los frigios, los lidios y los samotracios, los aprendieron de Atis. Pues bien, cuando Rea lo castró, dejó de vivir como un hombre, se transformó en una mujer, vistió indumentaria femenina y recorría toda la tierra celebrando ritos y contando lo que le había sucedido, mientras dirigía a Rea sus cánticos de plegaria. En estas circunstancias llegó a Siria y como las gentes de más allá del Éufrates no lo aceptaban ni a él ni a sus ceremonias, fundó el santuario en este lugar. Y la prueba de ello es que la diosa es muy parecida a Rea, pues la transportan leones, tiene un tambor y lleva una torre en su cabeza, como los lidios representan a Rea. También hablaba de los galos que hay en el templo, diciendo que los galos no rinden culto a Hera, sino a Rea-Cibeles e imitan a Atis 25 .
[16] Pero, en mi opinión, todo esto tiene muy buena apariencia, pero no es verdadero, pues oí también otro motivo de la castración mucho más digno de crédito. Me gusta lo que cuentan acerca del santuario, que está muy de acuerdo con los griegos, en la creencia de que la diosa es Hera y el santuario obra de Dioniso, hijo de Sémele. Porque, sin duda, Dioniso llegó a Siria en el viaje que le llevó a Etiopía y hay en el templo muchas pruebas de su fundación por Dioniso, entre ellas vestiduras bárbaras, piedras preciosas de la India y colmillos de elefantes, que Dioniso trajo de Etiopía; hay en los propileos dos falos enormes en los que está inscrito lo siguiente: «Yo, Dioniso, ofrecí estos falos a mi madrastra Hera» 26 . En lo que a mí se refiere esto es suficiente, pero voy a decir también otra cosa que hay en el templo como ceremonial de Dioniso. Los griegos, en el culto a Dioniso, levantan falos, que sustentan sobre ellos hombres pequeños hechos de madera, con grandes vergas, y los llaman marionetas 27 ; también hay de éstos en el templo; a la derecha del recinto está sentado un hombre pequeño de bronce con un gran miembro.
[17] Esto es lo que cuentan sobre los fundadores del santuario. Ahora voy a hablar sobre la situación del templo, cómo tuvo lugar y quién lo mandó hacer. Dicen que el templo actual no es el que se había construido primero, sino que éste se derrumbó posteriormente y el que ahora existe fue obra de Estratonice, mujer del rey de los asirios 28 .
Yo creo que es la misma Estratonice de la que se enamoró su hijastro, al que delató el ingenio de su médico. En efecto, cuando le sobrevino el enamoramiento, perplejo por un mal que le parecía vergonzoso sufría calladamente, yacía sin tener ningún dolor, el color de su piel se le alteró por completo y su cuerpo día a día se debilitaba. El médico, cuando vio que no tenía ninguna enfermedad notoria, se dio cuenta de que estaba enfermo de amor; son muchos los síntomas de un amor secreto: mirada desvaída, la voz, el color de la piel, las lágrimas. Cuando lo comprendió hizo lo siguiente: con la mano derecha palpaba el corazón del jovencillo mientras hacía llamar a todos los de la casa; el muchacho se mantuvo muy tranquilo mientras entraban todos los demás, pero al llegar su madrastra se le mudó el color de la piel, empezó a sudar, le entraron temblores y el corazón le daba saltos. Lo ocurrido puso en evidencia para el médico el enamoramiento del muchacho y lo curó de la siguiente manera: mandó [18] llamar al padre del chico, que estaba completamente asustado y le dijo: «El mal por el que está debilitado el muchacho, no es una enfermedad, sino un pecado , pues no sufre dolores, pero padece de mal de amor y de demencia. Desea lo que nunca alcanzará porque ama a mi mujer, a la que no pienso renunciar.» Así mentía el médico con astucia. Y el otro al punto le suplicaba: «Por tu sabiduría médica, no me destruyas a mi hijo, pues no incurrió en esta desgracia por su voluntad, sino que su enfermedad es involuntaria. Por ello no causes por despecho un sufrimiento a todo el reino ni asesines a la medicina siendo médico». Así suplicaba el Rey en su ignorancia. Y el médico le contestó: «Tratas de forzar una injusticia al intentar destruir mi matrimonio y extorsionar a un médico. ¿Qué hubieras hecho tú mismo si el muchacho deseara a tu esposa, y yo te hiciera la misma petición?». Y él a esto replicó que tampoco escatimaría a su mujer ni regatearía la salvación de su hijo, aunque estuviera enamorado de su madrastra, pues no era igual desgracia perder a la esposa que al hijo 29 . Cuando oyó esto el médico le dijo: «¿Qué me estás suplicando? Porque el muchacho desea a tu esposa, y lo que yo te dije era todo mentira». El Rey se dejó convencer por estas palabras y le dejó a su hijo la mujer y el reino, y él se dirigió al país de Babilonia, y fundó junto al Éufrates una ciudad a la que dio su propio nombre, donde también le sobrevino la muerte 30 . Así diagnosticó el médico el amor y lo curó.
[19] Pues bien, esta Estratonice, cuando aún cohabitaba con su primer marido, tuvo un sueño en el que Hera le ordenó levantarle un templo en la Ciudad Sagrada y la amenazaba con grandes desgracias si desobedecía. Ella al principio no se tomaba ningún interés, pero más tarde le sobrevino una grave enfermedad, le contó el sueño a su marido y trata de conciliarse con Hera, prometiendo levantarle el templo. Y al punto recobró la salud y el marido la envió a la Ciudad Sagrada, y con ella un gran tesoro y un numeroso ejército, lo uno para construir y lo otro por razones de seguridad. Mandó llamar también a uno de sus amigos, un joven bellísimo que se llamaba Combabo 31 , a quien dijo: «Eres el amigo a quien más aprecio, por tu nobleza, y te elogio muchísimo por tu sabiduría y tu benevolencia hacia nosotros, que desde luego demostraste. Ahora necesito una persona de gran fidelidad y por ello quiero que acompañes a mi mujer para llevar a cabo una obra en mi nombre, ofrecer sacrificios y mandar el ejército. A tu regreso, tendrás una gran recompensa por nuestra parte».
Pero ante estas palabras, Combabo al punto le suplicaba con mucha insistencia que no lo enviara, ni le confiara el tesoro, que era demasiado para él, ni la mujer, ni la fundación sagrada. Combabo temía que sintiera posteriormente celos hacia él a causa de Estratonice, a la que iba a acompañar él solo. Pero como (el Rey) no se dejaba convencer, [20] le suplicó por segunda vez que le diera un plazo de siete días y que luego lo enviara, una vez que hubiera llevado a cabo algo de mucha necesidad. Cuando obtuvo el plazo sin esfuerzo, se dirigió a su casa y cayendo al suelo de rodillas se lamentaba con las siguientes palabras: «¡Desgraciado de mí! ¿Qué me importa esta confianza? ¿Qué me importa el viaje, cuyo desenlace ya presiento? Soy joven y voy a acompañar a una mujer hermosa, lo que para mí será una gran desgracia, a no ser que yo mismo elimine toda causa de daño; por ello tengo que llevar a cabo una gran acción, que me curará de todo miedo».
Después de pronunciar estas palabras, se castró: tras cortarse los órganos genitales, los puso en un pequeño vaso, con mirra, miel y otros perfumes; luego lo precintó con un sello que solía llevar y se curó la herida. A continuación, cuando creyó oportuno salir, se dirigió al Rey en presencia de muchos testigos, y al tiempo que le daba el vaso le dijo: «Señor, yo tenía este gran tesoro entre mis propiedades y lo estimaba muchísimo; ahora, en vista de que voy a hacer un gran viaje lo depositaré en tu poder; mantenlo seguro, pues para mí es más valioso que el oro y equivale a mi propia vida. Cuando regrese, lo recuperaré de nuevo intacto». El Rey lo aceptó, le puso otro sello y lo mandó guardar a sus tesoreros.
[21] Combabo a continuación hizo el viaje sin problemas; al llegar a la Ciudad Sagrada se pusieron a construir el templo presurosamente y se les pasaron tres años con la obra, en los que ocurrió lo que Combabo temía, pues Estratonice al convivir mucho tiempo empezó a desearle y después se volvió completamente loca por él. Cuentan los de la Ciudad Sagrada que Hera fue la causante voluntaria de este suceso, que por una parte no ignoraba en absoluto que Combabo era un hombre honesto y por otra castigaba a Estratonice porque no había ofrecido el templo de buen grado.
[22] Ella al principio se mostraba sensata y ocultaba su pasión, pero cuando el mal superó su tranquilidad de ánimo, se la veía consumida, andaba llorando todo el día, gritaba el nombre de Combabo y éste lo era todo para ella. Por último, no pudiendo soportar su desgracia, trataba de encontrar una proposición con buena apariencia; se resistía a reconocer a otro su enamoramiento y a ella misma le daba vergüenza intentarlo. Entonces se le ocurrió la idea siguiente, emborracharse con vino y entablar una conversación con él. La franqueza entra con el vino y la desgracia ya no es totalmente vergonzosa, sino que todo lo que ocurre se olvida.
Tal como lo pensó, lo hizo. Cuando acabaron de cenar, ella acudió a las habitaciones en las que se alojaba Combabo, le suplicó abrazada a sus rodillas, y le confesó su amor. Pero él acogió sus palabras con aspereza, rechazó sus proposiciones y le reprochó su borrachera. Como ella le amenazara con hacerse un gran daño, Combabo temiéndolo todo le contó la historia, refirió toda su desgracia y puso en evidencia lo ocurrido. Al ver Estratonice lo que nunca hubiera esperado, desistió de su locura pero no olvidaba su amor, sino que acompañándole siempre, tenía este consuelo de su amor imposible. Este amor pervive todavía en la Ciudad Sagrada y aún ahora se celebra. Las mujeres desean a los galos y los galos se vuelven locos por las mujeres, pero nadie tiene celos, sino que creen que el asunto es completamente divino.
Pues bien, lo que ocurría en la Ciudad Sagrada en [23] relación con Estratonice no pasó en absoluto desapercibido al Rey, sino que muchos que venían acusaban y contaban lo sucedido. Muy afligido por estos hechos mandó llamar a Combabo desde la obra inconclusa. Otros cuentan un relato que no es cierto, que Estratonice, una vez que fracasó en su requerimiento, ella misma escribió a su marido acusando a Combabo de atentar contra ella, y lo que los griegos dicen sobre Estenebea y Fedra de Cnoso, eso es lo que los asirios cuentan respecto a Estratonice 32 . Yo no creo que Estenebea hiciera tales cosas, ni Fedra tampoco, si de veras deseaba a Hipólito. Pero dejemos que las cosas queden como están 33 .
[24] Y cuando la noticia llegó a la Ciudad Sagrada, y Combabo se enteró de la acusación, acudió confiado, porque su defensa había quedado en casa, y nada más llegar el Rey mandó encadenarlo y encerrarlo en prisión. A continuación, y en presencia de los amigos que había cuando envió a Combabo, le hizo comparecer y le acusó de adulterio y libertinaje; con gran dolor se lamentaba echándole en cara su confianza y su amistad, afirmando que era tres veces culpable, por ser un adúltero, quebrantar su lealtad y ser impío con la diosa en cuyo santuario había cometido su delito. Y muchos de los presentes le censuraban porque los habían visto juntos públicamente. Por último, todos opinaron que Combabo debía morir inmediatamente, porque había cometido acciones merecedoras de muerte.
[25] En todo este tiempo, él se había mantenido en silencio. Pero cuando ya era conducido a la muerte habló y pidió su tesoro, afirmando que el Rey no lo hacía matar ni por la ofensa ni por el adulterio sino porque quería poseer lo que le había dejado al marcharse. Ante esto, el Rey mandó llamar al tesorero y le ordenó traer lo que le había dado para que lo guardara. Cuando lo trajo, Combabo rompió el sello, mostró lo que había allí y lo que a él mismo le había pasado, y dijo: «Señor, temiendo que me ocurriera esto, cuando me enviaste a este viaje yo fui contra mi voluntad y como me vi muy obligado por ti, hice esto, noble para mi Rey pero desgraciado para mí. Aun encontrándome en tal situación, se me acusa de un pecado viril».
El Rey, asombrado ante estas palabras, le abrazó y llorando le dijo: «Combabo, ¿cómo te infligiste tan gran daño? ¿Por qué te hiciste a ti mismo algo tan vergonzoso y que nadie hizo? Yo de ningún modo lo apruebo. ¡Desdichado! que tuviste valor para hacer lo que ojalá no hubieras sufrido ni yo lo hubiera visto, porque yo no necesitaba esta defensa; pero puesto que un dios así lo quiso, en primer lugar conseguirás de mí una venganza, la muerte de los propios delatores, y después te llegará una gran recompensa, abundante oro, una cantidad inmensa de plata, vestiduras asirias y caballos regios. Podrás comparecer ante mí sin que nadie te anuncie, ni te apartará nadie de mi presencia, aunque esté acostado con mi mujer» 34 .
Tal como dijo, así lo hizo; aquéllos fueron llevados a la muerte y a él se le ofrecieron regalos y la amistad se iba haciendo mayor. Parecía que ningún asirio se podía comparar con Combabo en sabiduría y felicidad.
Y a continuación, al solicitar que se le permitiera terminar [26] las obras que faltaban en el templo —ya que lo había dejado incompleto— de nuevo fue enviado, acabó el templo y quedó allí en lo sucesivo. El Rey le concedió por su virtud y buena actuación que su imagen en bronce se instalara en el santuario. Y aún ahora en su honor hay un Combabo de bronce en el templo, obra de Hermocles de Rodas, con forma de mujer, pero con indumentaria varonil 35 .
Se cuenta que sus mejores amigos, para consolarle de su desgracia se solidarizaron con su mutilación, se castraron y llevaban la misma vida que él. Otros mezclan a los dioses en el asunto, afirmando que Hera por amor a Combabo dio a muchos esta idea de la mutilación, para que [27] no sufriera él solo por su falta de virilidad. Lo cierto es que una vez que se estableció esta costumbre, aún hoy se mantiene y cada año son muchos los que se castran en el templo y se hacen como mujeres, ya sea para consolar a Combabo o para ser gratos a Hera. Desde luego se castran, pero ya no llevan indumentaria masculina sino que suelen vestirse con ropas femeninas y desempeñan actividades femeninas. Según oí decir, también la causa de ello se atribuye a Combabo, pues le ocurrió lo siguiente: una mujer extranjera acudió en peregrinación y al ver su hermosura, cuando todavía llevaba indumentaria masculina, sintió un gran amor, pero al saber posteriormente que estaba castrado, se mató. Ante ello, Combabo, desmoralizado por su fracaso en amor, se puso indumentaria femenina, para que ninguna otra mujer sufriera la misma decepción. Ésta es la razón de la indumentaria femenina de los galos 36 .
Ya he hablado bastante de Combabo. Mencionaré de nuevo a los galos en otro relato posterior 37 , hablando de la forma en que se castran y de la clase de enterramiento que emplean y por qué razón no entran en el templo. Pero primero deseo hablar de la situación del templo y su tamaño, y ya voy a hacerlo.
El lugar mismo en el que está consagrado el templo [28] es una colina; se encuentra aproximadamente en el centro de la ciudad y está rodeado de doble muro; uno de los muros es antiguo y el otro no muy anterior a nuestro tiempo. El atrio del templo está orientado al Norte y tiene una extensión como de cien brazas. En él también están los falos que colocó Dioniso, y éstos tienen una altura de trescientas brazas 38 . A uno de estos falos sube un hombre dos veces cada año y permanece en lo alto del falo siete días. El motivo de su ascensión se dice que es el siguiente: la mayoría cree que en la altura conversa con los dioses y pide bienes para toda Siria, y ellos desde cerca oyen sus plegarias 39 . Otros, en cambio, creen que esto se hace por Deucalión, como recuerdo de aquella calamidad, cuando los hombres subieron a los montes y a los árboles más altos, aterrorizados por el gran diluvio. A mí esto no me parece convincente; opino que también esto lo hacen por Dioniso y mis conjeturas se basan en lo siguiente: en los falos que levantan para Dioniso ponen hombres de madera, pero no voy a decir por qué razón 40 . Sin embargo, me parece que también este individuo sube al falo imitando al hombre de madera.