Kitabı oxu: «El hacktivismo una redefinición de la acción política»

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Sánchez Huertas, Luis Fernando

El hacktivismo : una redefinición de la acción política / Luis Fernando Sánchez Huertas ; prólogo Javier Torres Velasco. -- Bogotá : Universidad Externado de Colombia. 2021.

276 páginas : ilustraciones, fotografías ; 21 cm. (Tesis doctorales. Doctorado en Derecho ; 19)

Incluye referencias bibliográficas (páginas 267-276)

ISBN: 9789587907292 (impreso)

1. Internet -- Aspectos jurídicos 2. Resistencia civil -- Aspectos electrónicos 3. Redes sociales -- Aspectos políticos 4. Delitos por computador I. Torres Velasco, Javier, prologuista II. Universidad Externado de Colombia III. Título IV. Serie

340.0285 SCDD 15

Catalogación en la fuente -- Universidad Externado de Colombia. Biblioteca.

noviembre de 2021

ISBN 978-958-790-729-2

©2021, LUIS FERNANDO SÁNCHEZ HUERTAS

©2021, UNIVERSIDAD EXTERNADO DE COLOMBIA

Calle 12 n.° 1-17 Este, Bogotá

Teléfono (601) 342 0288

publicaciones@uexternado.edu.co

www.uexternado.edu.co

Primera edición: diciembre de 2021

Diseño de cubierta: Departamento de Publicaciones

Corrección de estilo: Santiago Perea Latorre

Composición: Marco Robayo

Impresión: Xpress Estudio Gráfico y Digital S. A. S. - Xpress Kimpres

Tiraje de 1 a 1.000 ejemplares

Prohibida la reproducción o cita impresa o electrónica total o parcial de esta obra sin autorización expresa y por escrito del Departamento de Publicaciones de la Universidad Externado de Colombia. Las opiniones expresadas en esta obra son responsabilidad del autor.

Diseño epub: Hipertexto – Netizen Digital Solutions

CONTENIDO

AGRADECIMIENTOS

PRÓLOGO

PREFACIO

INTRODUCCIÓN

I.DESCRIPCIÓN Y CONTEXTUALIZACIÓN DE LAS MOVILIZACIONES Y MANIFESTACIONES CONVOCADAS DESDE LA RED POR LOS HACKTIVISTAS

1.1.Quiénes son los hacktivistas y cuál es la relevancia del fenómeno político que impulsan

1.1.1.Indignados, inconformes y revolucionarios

1.1.2.La ontología de los hacktivistas como una multitud

1.1.3.Los hacktivistas vistos desde la perspectiva del derecho

1.1.4.Los hacktivistas desde los medios de comunicación

1.1.5.Los hacktivistas desde los estudios políticos

1.2.¿Qué acciones generan los hacktivistas y cómo estas podrían redefinir la acción política desde el acontecimiento?

1.2.1.La acción propiamente dicha de los hacktivistas-indignados

1.2.2.La acción política concreta de los hacktivistas

1.2.3.Acción “vista” como acontecimiento

II.EVIDENCIAS DEL HACKTIVISMO

2.1.Preguntas e hipótesis no resueltas sobre la ubicación del poder

2.1.1.Foucault

2.1.2.Sartori

2.1.3.Castells

2.1.4.Runciman

2.1.5.Cibergolem

2.2.Ejercicios de hacktivismo recreados y provocados en el trabajo

2.2.1.Evidencias en Facebook

2.2.2.Evidencias en Twitter

2.2.3.Evidencias en Instagram

2.3.Casos exitosos de hacktivismo

2.3.1.Evidencia-caso 1

2.3.2.Evidencia-caso 2

2.3.3.Evidencia-caso 3

2.4.El lugar real-virtual escenario de las acciones de los hacktivistas

2.4.1.Todo sujeto que realiza una acción (política) requiere un lugar

2.4.2.La ciudad y la plaza como lugar idóneo para la segunda fase

2.4.3.La plaza como el rescate de la tensión entre lo público y lo privado

2.4.4.La pantalla como plaza

2.5.A manera de cierre

III. APARATO CRÍTICO DE LAS TEORÍAS Y AUTORES QUE ENMARCAN EL ANÁLISIS DEL FENÓMENO DEL HACKTIVISMO POLÍTICO

3.1.Filtros o pantallas. Delimitación de la búsqueda de los referentes teóricos

3.1.1.Primer pantallazo o filtro de las perspectivas teóricas

3.1.2.Segundo pantallazo o el conocimiento político organizado por autores

3.2.Problemas de orden conceptual que se suscitan en torno al fenómeno del activismo político

3.2.1.Indagación sobre la realidad y la virtualidad del fenómeno estudiado y los efectos que este produce desde la perspectiva de Žižek y de Virilio

3.2.2.El uso del término multitud en Negri y Hardt ante el de indignados, okupas y juntos en los términos de Sennett

3.3.El hacktivismo revisado desde Arendt

IV.LA CIBERPOLÍTICA COMO NUEVA LÓGICA DE HACER POLÍTICA

4.1.Relevancia política del fenómeno del hacktivismo desde la perspectiva de la discusión entre el poder constituyente y el poder constituido

4.1.1.Poder constituyente

4.1.2.Poder constituido

4.1.3.Tensión entre ambos poderes y su capacidad de reforma constitucional

4.1.4.Relevancia del fenómeno del hacktivismo “constituyente”

4.2.Relevancia del fenómeno del hacktivismo desde la perspectiva del grupo de temas del derecho constitucional concerniente a derechos, garantías y libertades

4.3.Relevancia y pertinencia de la ciberdemocracia como una nueva perspectiva de análisis del derecho constitucional

4.3.1.Ciberdemocracia

V.LOS HACKTIVISTAS Y EL CONTROL Y LA VIGILANCIA DE LA RED

5.1.Control y gobernanza en la red

5.1.1.Desde la gobernanza

5.1.2.Desde la seguridad

5.1.3.Desde la libertad

5.2.El riesgo como argumento de gobierno y control en la red

5.2.1.El espionaje de las redes satelitales como ejercicio de corporate governance y de control

5.2.2.Dispositivos de vigilancia

5.2.3.Dispositivos de control

5.2.4.Los sistemas vigilados y los dispositivos vigilados

REFLEXIONES Y DESAFÍOS

LECTURAS RECOMENDADAS

REFERENCIAS

NOTAS AL PIE

AGRADECIMIENTOS

Una tesis doctoral es, en esencia, una prueba, y como tal constituye un aporte para las personas que leen, estudian o analizan distintos tipos de información y de afirmación. Esta tesis es la prueba de mi compromiso de la palabra empeñada con cada una de las personas importantes en mi vida.

A mis estudiantes esta tesis les prueba mi necesidad de seguir estudiando para plantear siempre nuevas preguntas. Este escrito nace de dudas e inquietudes surgidas en clase y que en su momento no supe resolver; quizás ahora tampoco lo haya logrado, pero este es un primer intento.

A mi esposa este escrito le prueba que fue bueno aceptarme ese primer café y los que vinieron y vendrán, para seguir conversando sobre todos los temas de la vida. Tenía el porqué y el para qué, pero me diste el cómo. Amor... ¡gracias!

A mis padres y mi hermana, la gratitud eterna por todos los abrazos y por el apoyo que siempre me han dado. Madre, en especial a ti, gracias: esta tesis te prueba que tenías razón, mi consejera.

A mis amigos y colegas, el presente trabajo les prueba que trato de tomar atenta nota de sus consejos y sus guías. Más de uno ha soportado y seguirá padeciendo la explicación confusa de mis premisas.

A mis maestros, esta tesis les prueba que me falta mucho por aprender y que necesariamente los seguiré molestando. Agradezco a Carlos Escobar por servirme de guía desde el primer día de pregrado, y al doctor Javier Torres por su invalorable apoyo y por la comprensión que me dispensó para que pudiera escribir cada página; eternas gracias, maestros.

A mi amigo y librero de cabecera, Alejandro Torres, gracias por servir para que la bibliografía presente en esta publicación llegara a mis manos en el momento adecuado. En un mundo académico como el nuestro, en donde los algoritmos nos insinúan los libros y artículos que debemos leer, y en el que debemos publicar, es necesario, para la cordura, contar con un ser humano amable y bondadoso que escuche nuestro tema de investigación y nos llene de emoción al conseguirnos un bello libro y entregárnoslo al calor de un buen café, bajo las hojas de un árbol de tinta.

A la Universidad Externado de Colombia, y en concreto al Doctorado en Derecho y el Doctorado en Estudios Políticos, quiero agradecerles mi formación como investigador. En la Casa del Doctorado viví como estudiante una experiencia enriquecedora y plena de saberes y reflexiones. Soy el ejemplo de una verdadera experiencia de formación doctoral interdisciplinaria. En la actualidad tengo el honor de ser profesor en el doctorado en el que me formé, y ese, sin duda, es el mayor de los honores y reconocimientos que puede recibir un académico. Al doctor Édgar Cortés, infinitas gracias por su apoyo e impulso en los momentos en que perdí la concentración e incluso diluí el tema; a la doctora Julia Rodríguez, todo mi agradecimiento por su comprensión y por la benevolencia para con nosotros los estudiantes; y a la querida Jeanet, gracias por su atención y comprensión permanente.

A la Universidad de América, infinitas gracias por abrirme sus puertas y permitirme formar parte de esa maravillosa casa de estudios, y en concreto por hacer posible que tuviera el tiempo necesario para revisar el presente escrito y poder convertirlo en un producto de nuestro grupo de investigación “Nueva Politeia”, en el que los temas que acá se analizan y otros que estamos preparando se materialicen y representen un aporte a nuestro país.

A mi hijo, Francisco. Acá te escribo lo que te digo todas las noches desde que llegaste a nuestras vidas: me concentro en dejarte buenos recuerdos para que crezcas con la tranquilidad de una familia que respeta al otro y trabaja con la humildad del artesano.

A la vida siempre... ¡gracias!

PRÓLOGO

Al cerrar el siglo XX, el célebre politólogo italiano Giovanni Sartori (1988) publicó su obra Homo videns: la sociedad teledirigida. En ella describió la manera como las imágenes capturan a las personas, volviéndolas espectadores pasivos y con una limitadísima capacidad para comprender lo que observan. Esta situación, concluyó Sartori, erosiona la política y pone en riesgo la democracia.

Pero las promesas de la Internet modificaron rápidamente este diagnóstico. En vez de ciudadanos pasivos, las personas encontrarían en la red amplias oportunidades para interactuar, enriqueciendo la vida pública. Esta nueva era de activismo ciudadano prometía la transformación calificada de la actividad y el discurso políticos, así como el fortalecimiento de la democracia. La Internet no cambiará radicalmente la política, vaticinaron los profesores Kevin Hill y John Hughes (1998); en la medida en que más personas accedan y participen en los foros políticos disponibles en la red, la política y la sociedad cambiarán la Internet.

Sin embargo, esta previsión no se sostuvo. Desde la sociedad, tal como reza la Ética Hacker, el activismo en red, hacktivismo, se instauró como una forma radical o revolucionaria, fundada en la oposición a la autoridad y a favor del acceso equivalente, igualitario y libre en la red y a la información disponible. El autor de este libro, Luis Fernando Sánchez Huertas, discute esta forma constitutiva de utopía soberanista, representada no solo en el espacio-tiempo de la red, sino en la presencia material de la multitud en la plaza pública, una fuerza de ocupación irresistible enfrentada al poder.

En contraposición, se propuso la tesis distópica según la cual la Internet es un medio tecnológico engañoso que confunde los problemas de espacio, acceso e interacción, lo cual produce efectos de alienación y desintegración social (JONES, 2003). En este sentido, el aprovechamiento económico y político de los rastros informáticos que dejan los ciudadanos-en-red, los netizens, ha fraccionado la vida política en la medida en que diversos grupos compiten por influir sobre los contenidos comunicativos, una lucha por el control de la opinión y las preferencias en el terreno de los significados y las definiciones (DEL FRESNO GARCÍA y MANFREDI SÁNCHEZ, 2018[1]). “Mi crimen es juzgar a las personas por lo que dicen y piensan”, afirma el Manifiesto Hacker.

Marc Jones (2003) advierte claramente que es equivocado reducir el debate sobre la Internet a la confrontación de perspectivas utópicas y distópicas. Más bien, tanto el apoderamiento como el control operan según quien la utiliza y los objetivos que persigue. De acuerdo con Rebecca MacKinnon (2002): “Las gentes, los gobiernos y las empresas, así como todo tipo de grupos usan la Internet para alcanzar todo tipo de metas, incluyendo objetivos políticos [...] Batallas campales se desarrollan no solo entre quienes intentan controlar el futuro de la Internet, sino sobre su naturaleza, lo cual define quiénes se empoderan para el largo plazo y quiénes serán excluidos” (p. 27).

Las batallas aludidas son, en este sentido, unas sobre el poder y la justicia, y se escenifican en el terreno de la verdad. Dos ejemplos del tenor de la lucha pueden verse en los estudios sobre la vigilancia contrarrevolucionaria exitosa que desplegó el reino de Bahrein frente a los ciberactivistas entre 2012 y 2013 (JONES, 2003), o en la influencia de Julian Assange y WikiLeaks sobre el proceso independentista catalán de cara al referendo de octubre de 2017, conocido como el primer coup d’état posmoderno (DEL FRESNO GARCÍA y MANFREDI SÁNCHEZ, 2018). No cabe duda alguna de que los resultados de tales enfrentamientos son de interés para la democracia, pues la afectan de forma sustancial.

Francis Fukuyama, Barak Richman y Ashish Goel escribieron un artículo inquietante en el primer número de 2021 de la prestigiosa revista Foreign Affairs: “Cómo salvar la democracia de la tecnología”. Su preocupación radica en el dominio que ejercen las grandes plataformas de Internet: Amazon, Apple, Facebook, Google y Twitter, sobre “la diseminación de información y la coordinación de la movilización política”. Más allá de los esfuerzos legales por debilitar el poder económico de estas empresas, los autores consideran que, al convertirse en “porteros del contenido”, filtrando la información política que les llega a los ciudadanos, estos gigantes de las comunicaciones ponen en riesgo la democracia.

No se trata solamente de que estas plataformas se prestan para maniobras de “farsantes que difunden noticias falsas y de extremistas que impulsan teorías conspirativas”, sino que crean “burbujas de filtración”. Este fenómeno se produce, explican los autores, por la operación de algoritmos que exponen a los usuarios la información que confirma sus creencias, amplificando u ocultando opiniones particulares. Por ello, afirman, “el temor definitivo es que estas plataformas han acumulado tanto poder que podrían influenciar una elección de manera deliberada o inconsciente”.

Los riegos parecen evidentes. Para contrarrestarlos, Alemania expidió una ley que criminaliza la propagación de noticias falsas. La “portabilidad de data”, por su parte, ha sido la estrategia preferida por la Unión Europea; a través de las “Normas para la Protección General de la Data”, adoptadas en 2018, los países europeos ordenaron la adopción de formatos estandarizados y legibles por medios mecánicos (machine-readable) para la transferencia de datos personales. Otras estrategias de control incluyen la adopción de leyes de protección de la privacidad, mediante las cuales se limita el uso de la data de los consumidores solo al propósito para el que se obtuvo la información, salvo que el consumidor conceda permiso para su uso en otro sector.

En una entrevista al diario El Tiempo de Bogotá, Diego Santos Caballero, consultor digital y exdirector de noticias políticas en Twitter Colombia, explicó la “subjetividad” que rodea las decisiones de “expulsión” de una persona de la red, como sucedió con el expresidente de los Estados Unidos, Donald Trump. Dichas decisiones, afirmó, se “escalan a San Francisco [California] y allá [deciden] si cierran o no la cuenta de una persona”. Para las solicitudes equivalentes de países como Colombia, “el 100 % de los casos los [decide algún joven] de 25-30 años sin ningún conocimiento político, ni del mundo [...] Las propias redes sociales [...] no deberían ser quienes determinan qué se puede publicar y qué no” (RUEDA, 25 de enero de 2021, p. 1.4).

Fukuyama, Richman y Goel (2021) proponen el middleware como una posible solución regulada por el Estado. Este es un software que “se sobrepone a las plataformas existentes y tiene la capacidad para modificar la presentación de la data subyacente”. En tal sentido, los usuarios tendrían “la posibilidad de elegir los servicios de middleware que les permitan determinar la importancia y veracidad del contenido político disponible; las plataformas usarían tales decisiones para decantar lo que los usuarios ven”.

Este debate sobre el control de estas empresas poderosas pone el acento en el flujo de la información compartida en red, independientemente de su origen. En última instancia, es el flujo libre de la información a través de la Internet y el juicio de los ciudadanos en red, mediado o no por tecnologías portadoras de criterios de verdad, lo que definiría la suerte de la democracia. Pero la solución ofrecida es poco convincente.

El libro que se publica, de la autoría de Luis Fernando Sánchez Huertas, es una contribución importante que permite anclar este debate en la teoría política y el estudio de los esfuerzos de la comunidad de hacktivistas por influir en la vida pública, democratizándola radicalmente.

JAVIER TORRES VELASCO

Universidad Externado de Colombia

REFERENCIAS

BECK, U. (2016). The metamorphosis of the world: How climate change is transforming our concept of the world. Cambridge, Polity Press.

DEL FRESNO GARCÍA, M. y MANFREDI SÁNCHEZ, J. L. (2018). Politics, hackers and partisan networking. Misinformation, national utility and free election in the Catalan independence movement. El Profesional de la Información, 27(6), p. 1226.

FUKUYAMA, F., RICHMAN, B. y GOEL, A. (2021). How to save democracy from technology. Ending big tech’s information monopoly. Foreign Affairs. Recuperado de https://www.foreignaffairs.com/articles/united-states/2020-11-24/fukuyama-how-save-democracy-technology?utm_medium=newsletters&utm_source=twofa&utm_campaign=Defense%20In%20Depth&utm_content=20201127&utm_term=FA%20This%20Week%20-%20112017

HILL, K. A. y J. HUGHES. (1998). Cyberpolitics: Citizen activism in the age of the Internet. Lanham, MD: Rowman & Littlefield Publishers Inc.

JONES, M. O. (2003). Social media, surveillance and social control in the Bahrein Uprising. Westminster Papers in Communication and Culture. University of Westminster Press. Recuperado de https://ore.exeter.ac.uk/repository/handle/10871/23995

MACKINNON, R. (2002). Consent of the networked: the worldwide struggle for Internet freedom. Nueva York: Basic Books (Kindle).

RUEDA, M. I. (25 de enero de 2021). Quién puede resolver qué se puede publicar y qué no en redes sociales. El Tiempo, 1.4.

SARTORI, G. (1988). Homo videns. La sociedad teledirigida. Madrid: Taurus.

PREFACIO
I.

Estimado lector: quiero agradecer su disposición a leer este libro que nace de mi tesis doctoral defendida y aprobada con la máxima calificación (cum laude) y aprobada para publicación en septiembre de 2016, en el marco del Doctorado en Derecho de la Universidad Externado de Colombia. De esa fecha a la actual, varios de los argumentos que componen este trabajo se han consolidado y otros han sido rebatidos, como debe ocurrir en la academia y en la vida misma con respecto a nuestras intuiciones y nuestras certezas, si es que las tenemos. Esta situación no solo le ha ocurrido al escrito original, sino también a quien lo escribe, y por eso en este trabajo usted encontrará una especie de diálogo entre el autor de aquel entonces y el lector / autor del presente. Como todos sabemos, o espero que ya lo tengamos en nuestros haberes, la lectura es fundamental en nuestro trabajo como académicos, y más lo es la relectura.

Con respeto a la tesis original, titulada El hacktivismo: una redefinición de la acción política, debo hacer algunas precisiones a manera de advertencia al lector, y según lo veo, también a manera de consejo al estudiante doctoral que en este momento se debate entre la más importante experiencia de su vida académica y el sufrimiento de la famosa “soledad del tesista”, en la que el miedo a la ausencia de tema, la escasa escritura por su parte y la excesiva crítica de su director de tesis hacen que las noches estén llenas de oscuras reflexiones. Desde mi caso personal, y visto después de haberla defendido, hacer una tesis doctoral es ambas cosas a la vez: maravilloso y tortuoso.

La advertencia al lector es la siguiente. Partes del escrito original fueron modificadas y publicadas en la Revista de la Academia Colombiana de Jurisprudencia, en su número 269 de 2019; en la Cátedra Jean Monnet, con la Universidad Externado de Colombia de 2019, y en un libro de varios autores dedicado a los delitos en internet y a los retos que estos implican para el ejercicio del derecho, titulado Ciberespacio, ciberseguridad y ciberjusticia en la era digital (Editorial Ibáñez y Universidad del Rosario). Agradezco profundamente a los editores de tales publicaciones los permisos para hacer esta publicación íntegra de mi tesis doctoral con el objetivo de entregar al lector una reflexión completa sobre el fenómeno del hacktivismo. La referencia a cada una de las publicaciones mencionadas se encontrará en los respectivos capítulos, para poderlas identificar y referenciarlas, teniendo en cuenta que dichas publicaciones son colectivos y que allí se encontrarán trabajos de otros autores que podrán resultar de provecho. Gracias a que las mencionadas partes ya fueron publicadas, me fue posible agregar unas notas a pie de página para dar cuenta de las observaciones recibidas.

El consejo al estudiante tesista es el siguiente. Una vez defendida la tesis y con la tranquilidad de cerrar ese capítulo de la vida tan importante, se tienen básicamente dos opciones: buscar la publicación entera de la tesis, ya sea transformada en libro o en el formato original de tesis, o ir convirtiendo fragmentos de la tesis en escritos independientes para alimentar el debate con algunos de los elementos abordados en el trabajo doctoral. Esta última fue mi decisión, y por ello publiqué esos fragmentos adicionales con la idea de alejarme del escrito inicial para con posterioridad publicarlo y abrir nuevos campos de investigación. Y claro, con la intención de recibir la retroalimentación de colegas y estudiantes que leyeran esos trabajos.

II.

En concreto, en lo que respecta a esta publicación, si bien conserva la estructura de la tesis defendida en lo que concierne a su orden capitular y su integralidad, el lector encontrará algunas necesarias adiciones: 1) las antes mencionadas aclaraciones a pie de página de las publicaciones ya hechas con la respectiva referencia, y 2) una bibliografía anotada a manera de actualización bibliográfica, en la que se hace referencia, bajo el formato de breve reseña, a las nuevas publicaciones sobre los temas de cada capítulo, y que un investigador deberá tener en cuenta en este momento para profundizar en ellos. El formato de bibliografía anotada le permite al lector tener en cuenta lecturas que el autor considera pertinentes para complementar su escrito y para mantener el distanciamiento con respecto a este.

El lector natural de esta publicación es, en principio, el estudiante doctoral o de maestría. En este sentido, la colección de tesis doctorales busca poner al alcance de los estudiantes de doctorado las obras concluidas y defendidas de quienes hemos cursado el Doctorado en Derecho. A esa función primera de esta colección quiero agregar una segunda función que como profesor y director de trabajos de grado encuentro esencial: la tesis doctoral no es el final, es el comienzo. Si fuera el final, sería una especie de testamento, casi una obra póstuma de quien pretende dejarle una reflexión a la humanidad, y claramente ese no es el sentido de una tesis doctoral. Una tesis doctoral es el comienzo de la madurez de una vida académica, y por ello es un documento que debe dejar puertas sin abrir, apenas insinuadas, y que demanda de quien la escribe la obligación natural de asumir la defensa y aclaración de los límites y posturas que asumió en su construcción. Una lección clara de esto es que si bien se podría profundizar siempre más en los temas de la investigación, hay un momento clave en el que es preciso detenerse y dejar para otro momento la escritura de algo distinto.

Los apartes ya publicados pretendían abrir discusiones en distintos auditorios y con otros autores de diferente enfoque sobre las reflexiones que continúo desarrollando sobre la intersección entre el activismo y el mundo digital. Uno de los apartados se publicó en una obra que desde el derecho penal analiza los retos que el mundo cibernético le plantea al derecho, y para entender esos retos era clave saber cuál es la diferencia entre un hacker y un hacktivista. En otro escrito acompañé las reflexiones que desde el derecho internacional se hacen en torno a la cooperación, y, claro, allí era importante señalar los retos que el mundo digital supone para la soberanía de los Estados y el concepto mismo de territorio. Un aparte último fue publicado como discurso en el acto de admisión a la Academia Colombiana de Jurisprudencia, y mi intención clara, tal y como lo mencione en aquella oportunidad, fue la de advertir los nuevos temas de investigación y de reflexión que se abren para la academia sobre el tema de mi tesis.

Publicar este trabajo de grado en su integridad sigue siendo útil para un estudiante de doctorado, pero –y acá apelo a la esperanza– desearía que fuera leído también por quien solo quiere entender un poco más de un tema tan maravilloso y vasto como las interacciones entre el mundo digital y el mundo real visto desde la teoría política. Al lector inadvertido y, en los términos de Aristóteles, pleno de vita contemplativa le agradezco el acto de leer este que es mi primer intento de entender estos temas para contribuir a la reflexión y, claro, a la reflexión.

III.

Hoy, después de cuatro años de haber defendido esta tesis, me reafirmo en la pertinencia del tema y en la necesidad de estudiarlo con mayor dedicación y empeño. En este tiempo he visto cómo, en pregrados, maestrías y doctorados, estudiantes dedicados y mucho más precisos que este servidor han iniciado interesantes investigaciones sobre los fenómenos sociales que se activan en lo que hoy con mayor claridad llamamos la cuarta revolución industrial. A lo largo de este tiempo los fenómenos se han incrementado en intensidad y en frecuencia, y de hecho ya se pueden analizar algunas de las consecuencias preliminares de esta nueva era de la humanidad.

He decidido, junto a mi editor, no convertir esta tesis en un libro en sentido estricto por dos razones fundamentales. La primera es que hacerlo implicaría postergar investigaciones actuales que son fruto de esta y que puntualizan en fenómenos que, producto de la mentada cuarta revolución industrial, hoy vulneran derechos fundamentales, y por supuesto es clave analizarlos y lanzar las debidas voces de alerta. La segunda razón es más profunda, y tal vez más crítica: hoy no estoy conforme con varios de los resultados que entregué en la sustentación; incluso soy crítico de varios de ellos, hasta el punto de pensar en atacarlos y negarlos uno por uno. A manera de ejemplo, se está ante el estruendoso fracaso de la Primavera Árabe y sus terribles consecuencias, que se miden en vidas humanas y conceptualmente en los declives de las democracias. Siendo así, me parece que lo más honesto es tomar distancia de este trabajo, entregarlo al lector para su lectura y reflexión, y dedicar mis esfuerzos a las diferentes perspectivas que hoy me acompañan.

Bogotá, septiembre de 2020

INTRODUCCIÓN

Sobre el Atlántico avanzaba un mínimo barométrico en dirección este, frente a un máximo estacionado sobre Rusia; de momento no mostraba tendencia a esquivarlo desplazándose hacia el norte. Las isotermas y las isóteras cumplían su deber. La temperatura del aire estaba en relación con la temperatura media anual, tanto con la del mes más caluroso como con la del mes más frío y con la oscilación mensual aperiódica. La salida y puesta del sol y de la luna, las fases de la luna, de Venus, del anillo de Saturno y muchos otros fenómenos importantes se sucedían conforme a los pronósticos de los anuarios astronómicos. El vapor de agua alcanzaba su mayor tensión y la humedad atmosférica era escasa. En pocas palabras, que describen fielmente la realidad, aunque estén algo pasadas de moda: era un hermoso día de agosto del año 1913.

MUSIL (2006)

EL HACKTIVISMO COMO PUNTO DE INFLEXIÓN DE LA POLÍTICA

La relación mano-cerebro ha sido estudiada y analizada por la mayoría de las civilizaciones de la humanidad. En Grecia, por ejemplo, a la hora de ordenar los oficios de los hombres para luego organizarlos socialmente, quienes usaban con mayor frecuencia las manos eran personas que obedecían instrucciones, y al hacerlo las ensuciaban, así como también otras partes de su cuerpo. Esta era considerada una acción innoble. Por ello dichas personas ocupaban un lugar inferior en la escala social. En cambio, quienes hacían menor uso de las manos eran aquellos que usaban más su cerebro, razón por la cual ocupaban una posición privilegiada en la sociedad. El concepto de areté presente en la lírica y la épica de la Odisea y en las tragedias de Esquilo, como también en la República de Platón y la Política de Aristóteles, a la hora de organizar los oficios de la sociedad helena es prueba de ello.

De la lectura de Aristóteles en lo referente a este punto, Hannah Arendt (2006a) toma los elementos de acción, trabajo y labor para discernir sobre estos, los cuales son imprescindibles para determinar la condición humana. El resultado de este profundo análisis de Arendt define las diferencias entre el animal laborans, el homo faber y el zoon politikón. Tales modelos de hombre no solo son distintos sino también distantes. Estas formas de vida reciben por Aristóteles una clasificación superior que las contiene: la vita activa y la vita contemplativa. Entre estas, la primera es innoble, mientras que la segunda está llena de areté.

Con base en lo anterior, en este libro se rescata la tensión entre la vita activa con labor y trabajo y la vita contemplativa con acción política. Aquí se afirma que los hacktivistas de la red, inmersos en el ocio y la contemplación propios de la vida contemplativa, en sus acciones crean una relación distinta entre la mano y el cerebro sobre la base de una conexión diferente que las potencia aún más: la relación entre lo real y lo virtual.

El estudio de las acciones de los hacktivistas como acontecimiento político y su relación post- y neo- con la “acción política” implica dos planos de acción, de investigación y de reflexión. Los planos, el real y el virtual, están hechos de distintos materiales, pero en principio el uno es espejo del otro, solo que posteriormente el segundo reclama independencia, cortando las cuerdas que lo atan al primero. Qué tantas cuerdas se cortan, cuáles subsisten o, incluso, cuáles se tensan para adaptarse a la pretendida separación son las preguntas de fondo que busco responder en este libro. Esto frente al fenómeno del hacktivismo entendido como acontecimiento. Para hacerlo, describo el punto de inflexión que los planos real y virtual intervenidos por el acontecimiento del hacktivismo generan en la pregunta por la política y sobre el destino actual de esta.

Hago uso, a manera de epígrafe, del párrafo introductorio de El hombre sin atributos de Musil (2006), que recrea de manera maravillosa la condición del hombre moderno heredero de una tradición cultural enorme, pero con la necesidad de traducirla en breves líneas en aras de la concreción. Esta circunstancia es muy cercana a la mía a la hora de analizar el fenómeno tan interesante y tan complejo de la ciberpolítica y el hacktivismo.

Con esto en mente, el tema principal del libro que aquí presento es el análisis y la comprensión del fenómeno del hacktivismo dentro de las ciberpolítica en la cibercultura. Desde varias esquinas de la ciencia política y la teoría política la pregunta recurrente es cuáles son los nuevos destinos y los nuevos rumbos de la política. En atención a esto, encontramos que los fenómenos ocurridos con ocasión de la Primavera Árabe, los indignados y los okupas desde 2007 hasta 2013, incluso hasta el presente, son el ejemplo de los aparentes nuevos espacios de lo político. En este trabajo se encuentra, por otra parte, que el acontecimiento del hacktivismo y la ciberpolítica es parte de un fenómeno que despierta un posible nuevo destino o nuevo espacio para la reflexión de lo político, lo cual da respuesta a la pregunta sobre la diferencia entre la política y lo político y sus nuevos destinos.

Ahora bien, teniendo en cuenta una perspectiva teórica, la apuesta de esta obra es la de la reflexión sobre un fenómeno político que deviene en acontecimiento político, y por ende redefine el ejercicio de la política y de la acción política concreta. De este modo, el objetivo del presente texto es analizar las acciones de los sujetos activistas para demostrar que el hacktivismo es una nueva forma de hacer política revolucionaria en los términos de Arendt2, y una verdaderamente nueva, en los términos de Buck-Morss3.

EL ACONTECIMIENTO DEL HACKTIVISMO EN LA CIBERPOLÍTICA

La recepción de neologismos en las ciencias y en la academia es lenta y, si se quiere, odiosa. Se castiga por inercia el uso de nuevos vocablos con el juicio de que eso ya existía y que un término clásico lo resume mejor. Aún más subvalorados son los prefijos, pues para muchos en la academia solo pretenden plantear problemas donde no los hay. Luce como ejemplo de lo primero el juego de palabras entre lo global, internacional, mundial, y lo local, que deviene en lo glocal; y como ejemplo de lo segundo, la trans- y la post- modernidad, sin resolver aún el caos conceptual de la modernidad.

A lo anterior, y sobre la base de la actitud frente a los neologismos, hay que agregar la permanente tensión por la verificación de la claridad de los conceptos para evitar, en palabras de Sartori (2011), “estiramientos conceptuales”, y, en palabras de Berlin (2013), errores de categorías y conceptos, preocupación esta que el propio Aristóteles advertía al definir la política y lo político.

Ahora bien: el plano teórico de este libro se ubica en la intersección de esta recepción y esta tensión. A sabiendas de la hostilidad hacia los neologismos y los prefijos, propongo el estudio del hacktivismo, que en una primera definición etimológica es un neologismo del activismo generado mediante el prefijo hack-; y frente a la tensión en cuanto a la claridad conceptual, pongo sobre la mesa el término acontecimiento redefinido por Lazzarato (2006) y Žižek (2014).

El hacktivismo frente a la recepción y el acontecimiento frente a la tensión sientan las bases de una discusión ulterior: la referida a la llamada ciberpolítica. La ciberpolítica, como neologismo surgido de un prefijo antepuesto a un concepto clásico, para los efectos de este texto –y en ello descansa mi hipótesis teórica de fondo– redefine el concepto mismo de política a través del fenómeno del acontecimiento. En otras palabras, recordando la tensión del origen del conocimiento en Nietzsche: la ciberpolítica no tiene un Erfindung sino un Ursprung, es decir, no es ni una versión mejorada de la política ni una nueva política, es una ciberpolítica en sí misma.

LA PREGUNTA POR LA POLÍTICA

En el marco de los estudios políticos, la pregunta por la política, y más puntualmente por sus nuevos rumbos y destinos, es hasta la fecha una pregunta sin respuesta o con cientos de respuestas que no convencen. Solo para contextualizar, Arendt (2004), Sartori (2005), Crick (2001) y Berlin (2013) –y en ellos reúno con un alto grado de consenso a los autores cercanos a nuestro tiempo, quienes desde distintas esquinas son referentes de estudio tanto para la ciencia política como para los estudios políticos, la filosofía política y la teoría política– plantean la necesidad de hallar los nuevos terrenos de la política ante una aparente pérdida de esta debida a una confusión conceptual entre la política y lo político (politeia y politiké).

En la construcción del estado del arte de este trabajo, a las elaboraciones de estos autores se suman las de Lévy (2007), Buck-Morss (2011), Virno (2011a), Žižek (2014), Castells (2010), Runciman (2014) y otros (con “otros” no dejo abierta la enumeración, sino que me refiero al Cibergolem por ser un colectivo). Estos autores formulan la pregunta por la política en los tiempos actuales, mediados por un comercio y una tecnología transversales al mundo. En este trabajo se pone a dialogar a tales autores y otros de la talla de Sassen y Sennett para responder a la pregunta por el destino actual de la política, y este no es otro que la red.

EL PLAN DEL TRABAJO

De la misma manera que los planos real y virtual entran en tensión en los temas estudiados en este trabajo, en el esquema seguido para la consecución de este primer resultado hay dos planos tanto en las fuentes consultadas como en los hallazgos de las acciones de los hacktivistas.

Los libros y textos de autores de ciencia política y sociología que sirven de base teórica de este documento se agrupan en tres líneas básicas de pensamiento: teoría política, comunicación política y cibercultura. En el caso particular de los textos de esta última –que, de paso sea dicho, son el grueso tanto del estado del arte como de la bibliografía general–, ha sido motivo de reflexión –y para varios autores, de costosa ironía– el hecho de ser libros en físico y no documentos electrónicos. Esta circunstancia sin duda debe cambiar. Digitalizar libros contribuye abiertamente a la ciberpolítica, y en ello trabajan cientos de hacktivistas en el mundo entero. Gracias, en este punto, a Libripedia.com, Es.slideshare.net, Holismoplanetario.com, Narino.info, Educatorstechnology.com, entre otros, ya disponibles en ios y otros programas. Con respecto a las fuentes primarias y secundarias electrónicas, cada una de ellas cumple con las disposiciones del Manifiesto hacker y la nética en lo referente a la “transformación colectiva del conocimiento” (WARK, 2014) y al digital engagement (PENTLAND, 2014). La idea de un conocimiento no solo colectivo sino de propiedad de la humanidad es en esencia, además de transgresora, hacktivista; en esto es clave el texto Who owns the Future? de Jaron Lanier.

Respecto a la metodología de investigación, he buscado guardar coherencia con el tema y los problemas propios de la cibercultura, los cuales también se explican en dos planos. El primero está dirigido a las fuentes bibliográficas, en estricto sentido la hermenéutica de texto, y a la hora de poner en discusión a los autores referentes al tema se emplea el análisis comparativo en los términos de Sartori. El segundo se centra en el análisis de las fuentes digitales y de las acciones propiamente dichas de los hacktivistas; en este punto, en principio, propongo un análisis de caso que deviene en una “especie” de etnografía, pero en este caso una etnografía virtual.

El primer capítulo está centrado en la descripción del fenómeno hacktivista y su tipología. Hago uso de una etnografía en la red para destacar las acciones con mayor contenido político y para analizarlas inicialmente como un caso. Para llegar a la escogencia de las acciones y los hacktivistas más destacados, utilicé principalmente dos vías: en los motores de búsqueda, bajo la modalidad de búsqueda especializada, con los comandos hacktivismo, hacktivista y ciberpolítica construí una matriz de análisis desde agosto de 2010 hasta julio de 2015. Producto de esta matriz, analicé 1.257 archivos de noticias, enlaces de acciones y blogs. En la matriz destaqué hacktivistas, lugares físicos, si era el caso, y hechos puntuales. Mes a mes contrastaba estas acciones con informaciones en diarios y portales de noticias, y luego con redes de hacktivistas conocidos. En esto conté con el apoyo del Observatorio para la Cibersociedad (OCS) del que honrosamente soy miembro desde 2009.

En el segundo capítulo analizo, desde la perspectiva de un análisis de caso, las evidencias de activismos destacadas en publicaciones y con la perspectiva de la etnografía virtual, en particular las de los hacktivistas convocados por medio de redes sociales a debates en línea sobre temas propuestos. Estas evidencias se hacen visibles en el formato de tres de las redes sociales más populares en la actualidad: Facebook, Twitter e Instagram. Ambas clases de evidencias las ubico en el lugar real-virtual y las contrasto con el uso de la plaza pública en relación con la pantalla.

En el tercer capítulo, nuevamente, los planos real y virtual entran en discusión, para lo cual me sirvo de Žižek, Negri, Virilio y Rheingold, con la discusión de las multitudes inteligentes en el plano de la realidad y de la virtualidad. Cierra esta parte del trabajo con una reflexión sobre el nivel revolucionario de los hacktivistas desde la perspectiva de Arendt. Mediante la hermenéutica del texto, este capítulo desarrolla la teoría.

El cuarto capítulo reúne unas reflexiones de índole política, que se enmarcan tanto en el derecho constitucional como en la teoría constitucional, lo cual conduce al análisis del producto conceptual más importante del hacktivismo: el Manifiesto hacker, documento que contrasto con el Manifiesto digital y la Ética hacker.

Finalmente, el capítulo quinto afirma la hipótesis de una nueva versión de la política que, dada su novedad, deja abierta la posibilidad de una segunda forma de análisis del fenómeno del hacktivismo, desde la perspectiva de los dispositivos de control de Deleuze (1999) y Agamben (2007).

PARRESÍA DEL AUTOR

Este trabajo es el producto de una inquietud de varios años, que de manera paralela al crecimiento de Internet y sus lenguajes propios, en este momento constituye una preocupación 2.0 a una velocidad de sus problemas en 4G, con la necesidad de operarla en velocidades 3G.

Mi trabajo de grado para la obtención del título de pregrado analizaba el fenómeno de las comunidades virtuales desde la perspectiva de Huizinga, con los conceptos de juego y homo ludens. Hoy ya no hablamos de “comunidades virtuales” porque existen las redes sociales, cosa impensada en 2002. Y es que, sin duda, la velocidad de los cambios de la tecnología es no solo una de sus virtudes sino su esencia misma.

Por desgracia, si la velocidad del fenómeno que estudio se mide en gigas de información por segundo, la mía personal es lo más parecido a la de aquella figura empolvada del monje de scriptorium que, encorvado, hace hermenéutica del texto a la luz de una lámpara incandescente. Probablemente, y en esto acudo a Negroponte en una conferencia Ted (otra cosa impensable hace solo 20 años y tristemente desconocida por muchos en la actualidad), “lo que debemos hacer con la tecnología de Internet es asumir que en 30 años para la transmisión del conocimiento no debamos usar la vista tal y como la ha usado Occidente en dos eras, sino el gusto hasta ahora inexplorado para estos menesteres” (NEGROPONTE, 2014).

El suscrito, que aún se debate entre leer un libro impreso en hojas de papel de arroz y con cubierta en cuero debidamente ubicado en una biblioteca de madera o, por el contrario, por una décima parte del costo, leer un escrito elaborado ayer mismo por un profesor investigador a millas de distancia, haciéndolo en el iPad, el cual puede guardar miles de archivos en un espacio físico equivalente al de un cuaderno de notas, se pregunta: la digitalización de contenidos impresos, que se asimila a lo que en su momento era la impresión de libros (hasta entonces copiados a mano para no perder lo originalmente escrito siglos atrás o quizá solamente narrado), ¿es una simple mejora en la transmisión y reproducción del conocimiento o en nuestro cerebro activa rincones hasta ahora en blanco? Nuestros hijos hoy ven por primera vez un cuadro con múltiples colores y sonidos, pero sin percepción de profundidad, por ahora, y esto sin duda les presenta una realidad distinta a la nuestra; por ende, ellos son distintos a nosotros y su cerebro pensará cosas que nosotros no vemos.

La ciberpolítica, hecha por hacktivistas para influir en inteligencias colectivas a través de dispositivos electrónicos que no podemos comprender por la brecha tecnológica que nos separa, es un concepto que supera la política como hasta ahora la hemos problematizado, puesto que la atraviesa por la variable del tiempo prospectivo. Si bien las implicaciones del fenómeno hacktivista demandan ser analizadas tanto desde el tiempo como desde el espacio, este trabajo se enfoca en la variable tiempo como elemento resignificante de la política.

LOS HACKTIVISTAS

439. Cultura y casta. Una cultura superior únicamente puede surgir allí donde hay dos castas diferentes en la sociedad: la de los trabajadores y la de los ociosos, capacitados para el verdadero ocio; o en términos más categóricos: la casta del trabajo forzado y la casta del trabajo libre. El punto de vista del reparto de la felicidad no es esencial cuando se trata de la generación de una cultura superior; pero, en todo caso, la casta de los ociosos es la más capaz de sufrimiento, la que más sufre: su disfrute de la existencia es menor, su tarea mayor. Ahora bien, si se da un intercambio entre ambas castas, de modo que las familias e individuos más obtusos, menos espirituales, son degradados de la casta superior a la inferior y a su vez las personas más libres de ésta reclaman el acceso a la superior, se llega entonces a una situación más allá de la cual ya no se ve más que el mar abierto de deseos indeterminados. Así nos habla la voz expirante de los tiempos antiguos; pero, ¿dónde quedan oídos para oírla?

NIETZSCHE (2001)

449. Los aparentes hacedores del tiempo de la política. Así como el pueblo supone tácitamente en quien entiende el tiempo y lo predice con un día de antelación que él hace el tiempo, hasta los cultos y eruditos atribuyen con gran derroche de fe supersticiosa a grandes hombres de Estado todos los cambios y coyunturas que se producen durante su gobierno como su obra más propia solo con que sea evidente que sabían algo de ello antes que los demás y que hicieron su cálculo en consonancia: se les toma en consecuencia igualmente por hacedores del tiempo; y esta creencia no es el instrumento más fútil de su poder.

NIETZSCHE (2001)

I. DESCRIPCIÓN Y CONTEXTUALIZACIÓN DE LAS MOVILIZACIONES Y MANIFESTACIONES CONVOCADAS DESDE LA RED POR LOS HACKTIVISTAS 4

Si no se gana la batalla de crear un nuevo sentido común, de nada sirve que asaltes el palacio de invierno.

GRAMSCI

Entremos... Ya sabéis: los dedos en los labios, os lo ruego. El mundo está fuera de juicio5... ¡Suerte maldita! Que haya tenido que nacer yo para enderezarlo. Ea, venid conmigo, vayamos.

SHAKESPEARE (Hamlet, acto I, escena V)

Las manifestaciones globales protagonizadas por personas indignadas, ocurridas en cientos de ciudades desde marzo de 2011, tienen, como todas las actuaciones de los hombres, múltiples formas de ser leídas e interpretadas. Es posible leerlas desde la comunicación y la comunicación política, desde la perspectiva del estudio de los movimientos sociales o desde la economía; en fin, desde varias perspectivas. El presente libro distingue en ellas dos distintos planos que identifican estas manifestaciones: el plano de las redes sociales desplegadas en el mundo virtual de la red y el de la reflexión de lo político, en las plazas y en las calles. Se busca, entonces, tanto plantear un análisis de su relevancia política y jurídica como enunciar las posibilidades teóricas que tienen estas manifestaciones de incentivar un cambio de lógicas en la comprensión de lo político, y cómo esta nueva lógica puede concretarse en una versión 2.0 de la política y de la democracia.

En el lenguaje de la cibercultura, la expresión 2.0 se usa para afirmar que un nuevo programa supera su versión anterior, tanto corrigiendo sus defectos como aumentando su velocidad y su conectividad, así como ofreciendo nuevas opciones para el usuario. En gracia de discusión, una versión 2.0 de la democracia haría lo propio para autores como Sloterdijk (2005): “La sociedad hiperpolítica es una sociedad de apuestas, que en el futuro jugará también a mejorar el mundo; lo que tiene que aprender es un procedimiento para obtener sus ganancias de modo que, después de ella, también puedan darse ganadores” (p. 29); o Negri y Hardt (2006): “La democracia requiere una innovación radical y una nueva ciencia. Necesitamos concebir formas diferentes de representación, o tal vez nuevas formas de democracia que superen el paradigma de la representación. Cuando la multitud es por fin capaz de regirse a sí misma, la democracia es posible” (p. 27). Los hacktivistas centran sus esfuerzos en reflexionar sobre la necesidad de distintas formas de lo político, identificándose en ello con estos y otros autores también citados en este libro.

Este trabajo describe, analiza y resalta desde la filosofía política y el derecho constitucional los aspectos más importantes de las acciones de los activistas por medio de la red, sus nuevas y revolucionarias formas de participar en la política y, más allá de la forma, la sustancia cooperativa de su acción política.

En el periodo comprendido entre 2008 y 2013, manifestaciones como la que se muestra en la figura 1 se generaron en varias ciudades en Europa, Asia, América y África, en países disímiles entre sí, pero con problemáticas denunciadas por estos manifestantes en principio comunes. Los manifestantes hicieron sus denuncias visibles, bien sea por las mismas redes sociales o por los medios de comunicación. Barcelona, Madrid, Atenas, El Cairo, Lisboa, Moscú, Nueva York y otras tantas ciudades en momentos distintos sirvieron de escenario para las manifestaciones de personas en su mayoría inconformes. Las imágenes que registraron estas manifestaciones llegaban por múltiples vías, y por ende suscitaban, y aún lo hacen, múltiples interpretaciones en la también amplia gama de las protestas, desde las contra-sistémicas hasta algunas pro-sistema. De la misma manera que son distintas las ciudades donde se dieron estas manifestaciones, son distintas las manifestaciones, y en ello radica una de las complejidades a la hora de interpretarlas y analizarlas. Sus proclamas, consignas o reclamos a primera vista no son consistentes y carecen de un contenido político a priori. Se las tacha de carentes de proyecto y de propuesta política, cargo del que desde la perspectiva de la teoría tradicional de la movilización y la participación políticas muy seguramente son culpables.

FIGURA 1.

LEMA POLÍTICO “SOMOS EL 99%” DE OCCUPY WALL STREET6


Fuente: El Ciudadano (citado en Pressenza, 2013).

En la figura 2 se muestra una imagen del movimiento 15-M, que se constituyó en una multitud inteligente en los términos de Rheingold (2004): “Los miembros de estos grupos cooperan de modos inconcebibles en otras épocas porque emplean sistemas informáticos y de telecomunicaciones muy novedosos que les permiten conectarse con otros sistemas del entorno, así como con los teléfonos de otras personas” (p. 18). Frente a la crisis de 2010, salieron a las calles a protestar con este tipo de pancartas. Sobre ellas se podría afirmar que el hecho de exigir una democracia real ya no devela su contenido político, más allá de su malestar con el Estado.

FIGURA 2.

MOVIMIENTO DEL 15-M


Fuente: Carrasco y Ballesteros (2011).

Las preguntas con respeto a la seriedad, importancia y relevancia de estas manifestaciones provienen de múltiples lados; sin embargo, para efectos de exposición es posible limitarlos a tres: uno reactivo, necesariamente; otro reactivo crítico, y otro proactivo expectante. El primer lado está compuesto tanto por los miembros de los Estados objeto de las protestas como por las personas que los apoyan, y son, por ende, necesariamente reactivos, incluso negacionistas, por la coherente razón de ser solidarios con el gobierno que apoyan o al que pertenecen. El segundo lado está integrado por los académicos y el sector de la opinión, que son reactivos críticos porque no encuentran en estas manifestaciones argumentos distintos a los de otras marchas y protestas que no resultaron en nada, o a lo sumo solo generaron órdenes de captura y negociaciones sindicales parciales con los marchantes, y luego todos de vuelta a su normalidad. El tercer lado corresponde a la actitud proactiva expectante que, al igual que el segundo, teme que estas manifestaciones no conduzcan a nada, pero guarda alguna esperanza de que estas acciones y manifestaciones sí desemboquen en un cambio en las actuales condiciones tanto económicas como políticas y éticas. Respecto de esta última es necesario distinguir entre la percepción de quienes están por fuera de este tipo de usos de la tecnología y la opinión de aquellos informados sobre el tema.

Las respuestas a estas lecturas o posiciones están limitadas en todo momento por las preguntas de estas. No tener en cuenta la proveniencia de la pregunta nos arriesga a lo que la lógica formal describe como una falacia recurrente, esto es, aquella que consiste en formular una pregunta compleja que sugiere una respuesta. Si, en gracia de discusión, las manifestaciones arriba descritas prima facie carecen de carácter y de fuerza política y de un proyecto político claro, también en gracia de discusión estas aparentes falencias serían otras o quizá no existirían si las preguntas fueran otras. Si analizamos estas manifestaciones desde otras perspectivas, si recocemos que estas ofrecen una nueva lógica de los acontecimientos políticos, tal vez podamos descubrir lo revolucionario7 del fenómeno descrito. No se trata de desconocer dos de las tres actitudes arriba descritas, sino de argumentar a favor de la necesidad de formular otras preguntas con un criterio más abierto, preguntas conducentes a responder la pregunta central sobre la nueva ubicación de la política conservando las tres posturas, pero aceptando la hipótesis previa de estar en frente de un fenómeno político distinto, y por ende de estar ante la necesidad de esperar efectos distintos a los esperados normalmente ante una manifestación.

¿Quién o quiénes? El singular o el plural de la pregunta es sumamente relevante para la caracterización de aquellos que se tomaron las plazas, calles, redes sociales8 y las pantallas de nuestros televisores y computadores; las preguntas también versan sobre la homogeneidad o heterogeneidad9 de quienes generan estas acciones desde la red. En la segunda parte de este trabajo abordaré las razones políticas de estas acciones.

Esta primera parte se sirve de una imagen por dos razones básicas: una proveniente de aquella frase siempre cierta de “una imagen vale más que mil palabras”, y la segunda, más elaborada, porque es a través de imágenes –la mayoría de nuestros actuales saberes y la historia misma de Occidente han privilegiado la vista sobre los otros sentidos10– como hemos tenido contacto con el fenómeno de los indignados del mundo. Sobre el valor y el impacto de esta clase de imágenes ya hay varios estudios de expertos que los analizan. Tomo la imagen como intro de este trabajo para formular algunas preguntas, e intento dar respuestas desde la perspectiva de los estudios políticos y el derecho, haciendo uso de la relación entre lo imaginario y lo real simbólico de Lacan –que explicaré con mayor detenimiento en el segundo capítulo, a propósito de la diferencia entre lo real y lo virtual–.

Las imágenes que le dan la vuelta al mundo, y que nos llegan tanto por medios de comunicación como por las redes sociales, nos muestran cómo un número importante de personas11 se toman las calles –y más puntualmente las plazas importantes de las ciudades–, y de qué forma estas personas reclaman cambios políticos, económicos y éticos, tanto de fondo como de forma, expresados en reformas constitucionales, cambios de regímenes o elecciones y cambios legislativos. Es decir, sus reclamos y peticiones corresponden a varios niveles y sus objetivos trascienden lo disciplinar.

¿Quiénes son? Esta pregunta está matizada por quien pregunta, según se trate de un policía que debe controlarlos / enfrentarlos, de un comerciante que debe sufrirlos / apoyarlos, de un reportero que debe mostrarlos al mundo y acompañarlos visualmente, etc. Habrá cientos de matices en esta pregunta, dependiendo del oficio o profesión de quien la elabore. Cada quien le otorgará los grados de importancia que considere, en función de sus intereses personales y de sus intereses colectivos12, incluso si la pregunta se le formula a quien ya forma parte del fenómeno.

A manera de ejemplo, y de acuerdo con una de las disciplinas que informan este trabajo, para el derecho y su perspectiva normativa estas personas activistas-inconformes pueden clasificarse desde dos enfoques: 1) por el uso que hacen de un derecho de rango constitucional de movilizarse políticamente y expresar sus opiniones, y 2) en la medida en que trastoquen el orden público –y es muy difícil no hacerlo– se convierten en infractores de la norma en varios niveles policivos y penales. En el primer caso, las voces de apoyo son varias; en el segundo, las voces de reclamo de medidas restrictivas también lo son. Por ahora la perspectiva que prima sobre el tema es la segunda, pues los casos más sonados de acciones desde la red son los de WikiLeaks; por ejemplo, y para la fecha de elaboración de este trabajo, su principal líder se encuentra en calidad de refugiado en la embajada de Ecuador en el Reino Unido. Las denuncias hechas por WikiLeaks, si bien expusieron todo un mundo de espionaje satelital de algunos gobiernos sobre otros y sobre particulares, hasta el momento no han arrojado la consolidación de nuevos derechos y acciones para protegerlos, y en cambio sí han comportado acciones penales y policivas en contra de quienes hicieron las denuncias. Analizar a los quiénes es complejo en varios niveles, tanto en función de quien los mire y estudie, admire o sufra, como de la frecuencia de sus acciones.

Afirmo que estos indignados –el nombre cambia dependiendo de quien los analice– no son una coyuntura y los acontecimientos por ellos desplegados ya constituyen una repetición de un proceso histórico, en términos de Hegel –citado por Žižek–, desde sus primeros brotes en 2008 en Grecia y España hasta los actuales en Brasil, la misma Colombia y Turquía y la tercera tanda (primavera, otoño y segunda primavera) en Egipto en 2013.

La repetición, según Hegel, tiene un papel crucial en la historia: cuando algo sucede solo una vez puede ser descartado como un accidente, algo que podría haberse evitado si la situación se hubiera manejado de manera diferente; pero cuando el mismo evento se repite, se trata de una señal de que un proceso histórico más profundo se está desarrollando. (ZIŽEK, 2012, p. 199).

Para 2013, el fenómeno de los indignados y su accionar en la red, como su segundo movimiento ya en la toma de plazas públicas, no es un asunto coyuntural y que ha cobrado vida como un hecho social que requiere ser estudiado y analizado desde las ciencias sociales sin el esquema del análisis de coyuntura13.

Propongo estas respuestas por el quién, advirtiendo con Sartori (2010), con respecto al lenguaje14, que las arengas, pancartas y mensajes masivos en la red se formulan con un lenguaje común, pero con finalidades políticas que tienen debilidades conceptuales similares a las de los medios de comunicación tradicionales, aunque con la posibilidad de superarlas a través de las fortalezas de las inteligencias colectivas.

1.1. QUIÉNES SON LOS HACKTIVISTAS Y CUÁL ES LA RELEVANCIA DEL FENÓMENO POLÍTICO QUE IMPULSAN

Las posibles respuestas a estas primeras preguntas van desde lo que ve un transeúnte hasta lo que advierte un científico social15. Por ende, pueden ser confusas. En gracia de discusión, señalo las siguientes. Los hacktivistas son: 1) personas inconformes, la mayoría jóvenes desempleados, que se toman las plazas y que se apoyan de sus computadores16 para marchar y tomar una plaza17; 2) son individuos singulares en su pluralidad, y excluyendo incluyen, pues son homogéneos en su heterogeneidad (respuesta desde el lenguaje y la propuesta de Negri y Hardt), es decir, son individuos que al actuar como colectivo lo hacen sin perder su individualidad; 3) constituyen formas de participación política ocupando vías y plazas públicas (respuesta desde el derecho; sin incluir los casos de los que aprovechan estas manifestaciones para realizar actos vandálicos y son merecidamente detenidos y judicializados); 4) son el producto de la comunicación masiva (respuesta desde la comunicación), y 5) son nuevas formas de movilización y participación política, una multitud distinta a la masa, y ese es quizás su reto conceptual (respuesta desde la ciencia política). Dada la ambigüedad de estas prematuras respuestas, vayamos por partes en cada una de ellas.

1.1.1. Indignados, inconformes y revolucionarios

La topología respecto a los protagonistas de las manifestaciones gestadas desde la red es aún difusa, al igual que el fenómeno mismo. Existen múltiples formas para referirse a quienes desde la lógica de la movilización política realizan marchas de protesta con fines políticos. Por otro lado, desde la tipología de la informática o de la cibercultura se abre otra amplia lista de nombres con especificidades técnicas. Dado que este trabajo opera como una especie de nodo de la tecnología y la política, los tipos o nombres de quienes representan estas acciones son particulares.

Las manifestaciones de los indignados, como 11-M u Occupy Wall Street y otros tantos que en principio fueron gestadas por jóvenes a través de sus computadores, también se manifestaron en otro nivel de acción en las plazas públicas. En ellas las personas que normalmente solo observan los ayudaron, y en algunos casos los protegieron, identificándose con sus demandas.

En la figura 3 se observa cómo un mesero de un restaurante en España protege a los manifestantes de la acción de la policía. Esta imagen se convirtió en trending topic18 y demostró que muchas de las personas que no marchaban ni ocupaban las plazas se solidarizaban con los manifestantes; para el caso particular de la imagen, el mesero afirma “que independientemente de pertenecer al partido de gobierno no podía permitir esa injusticia” (Casillas, entrevistado por GONZÁLEZ, 2012). Este testimonio fortalece dos valores de este fenómeno: la solidaridad y la heterogeneidad del fenómeno. La amplitud de la solidaridad aumenta, y como prueba de ello se tienen las redes de restaurantes que en las acampadas proveían a los manifestantes de comida y algunos víveres.

FIGURA 3.

MESERO QUE SE ENFRENTÓ A LA POLICÍA EN EL 25-S


Fuente: González (2012).

Siendo por mucho estos los rasgos más interesantes de las acciones de los indignados en el mundo, han logrado la sintonía y el favor de los que comúnmente ven en estos ejercicios formas de irrespeto a la ley o acciones de sectores que no les incumben. En el caso colombiano, por ejemplo, se han organizado dos marchas con la ayuda de las redes sociales en 2008; sin embargo, en ambas marchas se presentaron disturbios y enfrentamientos, sobre todo en la del 6 de marzo, organizada en contra de los paramilitares, lo cual prueba que ya estamos frente a estos ejercicios, más allá de sus primeros resultados. Para el momento de redacción de este escrito, y como constatación de la relevancia de su estudio, se están presentando marchas y cacerolazos en Colombia apoyados e impulsados desde las redes sociales; falta ver cuáles son sus consecuencias mediatas e inmediatas para poder evaluarlas. En Grecia, en 2013, también se presentaron disturbios entre anarquistas y ultraderechistas. Esta reacción fortalece más la idea de estar frente a un fenómeno político complejo, pues para muchos autores, entre ellos Žižek, estos movimientos representan el resurgimiento de las ideologías que se creían extintas.

Así como en muchas ciudades se suman adeptos19 a este tipo de manifestaciones, también es cierto que las resistencias a ellas son igualmente numerosas. Los casos de Egipto –que en un año encumbró a Mursi de la mano de los Hermanos Musulmanes y al cabo del mismo lo derrocó con la ayuda del corrupto ejército que antes los había atacado– o de Atenas –que en las movilizaciones ha sido escenario de enfrentamientos entre los movimientos de anarquía y los de ultraderecha– confirman la complejidad del fenómeno y en las múltiples posibilidades de encausamiento de sus demandas.

En las mismas redes sociales, y eso forma parte de su riqueza política, la discusión es abierta y aireada. Los críticos de este tipo de herramientas tecnológicas cuestionan en todo momento que uno de los problemas más serios de las redes sociales como generadores de opinión política y de movilización de personas radica en que a la hora de subir o compartir imágenes o escritos con contenido político se están conectando rápidamente las vísceras con los dedos al digitar. Pudiendo ser cierto esto, también es importante destacar que genera discusión en muchos niveles, y les permite a muchas personas que en principio están alejadas del debate político recibir más y más información. Sin duda el problema será qué filtros poner a esa información.

En la actual sociedad de la información ya no es un problema acceder a esta20; de hecho, recursos como open source, copy left21, WikiLeaks y los escándalos de espionaje develados por exagentes de la CIA y los informes de la red Echelon22 claramente nos han demostrado que la información es abierta o puede ser abierta con nuestro consentimiento o sin él. Esto se refiere a todo tipo de información.

A manera de ejemplo de lo anterior, y puntualmente en el ámbito académico, las bases de datos y los textos relevantes de discusión pueden conseguirse gratis sin necesidad de ser un experto en sistemas. Basta recordar el caso del hacktivista Aaron Swartz, quien se hizo famoso por subir a la red material de J Store, que era pago, para compartirlo en la red, argumentando, como muchos, que el conocimiento es patrimonio de la humanidad y que Internet es una herramienta para compartirlo. Al margen de lo anterior, las razones de su muerte para muchos están relacionadas con esta y otras acciones que iban en contra de poderes económicos, pero sobre esto no hay ni habrá certeza, o por lo menos certeza real, porque la certeza virtual está más que probada. Como este hay innumerables casos y ejemplos de personas y acciones que han convertido a la red en un universo paralelo al mundo real, en el que las personas encuentran lo que siempre habían deseado, por lo menos en lo que al saber atañe.

Tenemos entonces, en principio, la posibilidad franca y llana23 de recibir información (imágenes) en todo momento, de cualquier lugar del mundo, y de esta manera estar enterados-informados de cientos de procesos sociales, incluso de apoyarlos con un clic y solidarizarnos con ellos desde la red. Recalco esto de la información (imágenes) porque en esencia la información está encapsulada-adornada-magnificada-alterada por la imagen, y ese es otro de los problemas que afectan al observador del común. Su saber se construye sobre una imagen-foto que no es panorámica (podría serlo) y no está debidamente contextualizada.

Habría que recordar el caso del fotógrafo Kevin Carter, quien ganó el Premio Pulitzer en 1994 con una foto de un niño muriendo de hambre y un buitre al lado acechándolo. Tiempo después se supo que el niño estaba a pocos pasos de un centro de salud, y que Carter había tomado la foto y obviado el deber de auxilio, marchándose del lugar sin asistir al menor. Carter terminó suicidándose al no poder asimilar su error. Cito este caso para reforzar la idea de que la simple imagen sin contexto solo nos da un plano de un hecho, pero literalmente nos saca del recuadro y nos da otra realidad.

Una fotografía no es meramente el resultado del encuentro entre un acontecimiento y un fotógrafo; fotografiar es un acontecimiento en sí mismo, y un acontecimiento que se arroga derechos cada vez más perentorios para interferir, invadir o ignorar lo que esté sucediendo. Nuestra percepción misma de la situación ahora se articula sobre las intervenciones de la cámara. (SONTAG, 1981, p. 21).

Este punto se relaciona directamente con lo imaginario real24.

Resulta entonces comprensible que desde la perspectiva del simple observador o del famoso ciudadano de a pie, la comprensión que se refleja en el apoyo y la solidaridad o el rechazo que se refleja en los pedidos de sanciones policiales y represión son producto de una invasión de imágenes que por su velocidad, diversidad de fuentes y ausencia de contexto bien pueden sesgar la opinión pública en todo momento. Por fortuna este trabajo no versa sobre la opinión pública, no porque no sea un fenómeno digno de estudiar, sino porque para hacerlo la metodología y la perspectiva de estudio serían distintas, y se requeriría de un sofisticado trabajo de campo y de los correspondientes recursos de investigación. En un punto posterior volveremos sobre la opinión pública para contrastarla con el concepto político de masa y establecer su diferencia conceptual con la multitud.

1.1.2. La ontología de los hacktivistas como una multitud

Los hacktivistas son individuos-dividuos. Al buscar el significado de la palabra individuo se encuentran dos acepciones en el Diccionario de la lengua española de la Real Academia Española (RAE) que resultan interesantes para los efectos de este trabajo: “2. adj. Que no puede ser dividido. | | 3. m. y f. coloq. Persona cuyo nombre y condición se ignoran o no se quieren decir” (RAE, 2016a). La segunda acepción del Diccionario y primera en esta cita no requiere por lo pronto explicación alguna, pues no es otra cosa que algo que no se puede dividir, condición que al ejemplificarla con la persona resulta más que obvia; para un individuo humano, una persona particular, por ejemplo Pedro Ramírez o Fernando Sánchez, su división implicaría su eventual destrucción o muerte, y por ende la condición de indivisibilidad es de su esencia. La tercera acepción del Diccionario, segunda de este documento, es más interesante aún, pues implica una discriminación, ya que, para quien lo observa, el individuo no amerita ser nombrado y se prefiere desconocer su condición. Esta condición es, por ejemplo, aquella a la que ya se refería Homero en la Ilíada al escribir que un héroe había matado a cientos o miles de innombrables, que por ser intrascendentes no ameritaban ser nombrados. “Los hombres ordinarios mueren desde el momento en que se desvanecen olvidados en el tenebroso Hades; éstos desaparecen, nónumnoi: son anónimos, innominados” (VERNANT, 2001, p. 208).

He aquí otra de las características más relevantes de los indignados y la razón por la cual su indignación está aún más justificada: su nombre y su condición son ignorados. Situación realmente indignante. Ejemplifico esto con dos frases típicas o corrientemente usadas: la empresa x cerró su planta en y ciudad y mil empleados quedaron cesantes; estos mil empleados tienen, cada uno de ellos, nombre, familia y responsabilidades soportadas en su trabajo. Vistos en un informe no son más que números; analizados desde una estadística y ponderados estratégicamente, a lo sumo serán nombrados como daño colateral o como una desviación aceptable. Pero tal vez como en el poema de Homero, solo son relevantes para ilustrar el poder de quienes toman decisiones y tienen el privilegio de tener nombre. Desde dicha perspectiva, estas colectividades son masa; no obstante hacerse visibles, su visibilidad no afirma con la fuerza debida su ontología. Esa es la diferencia entre los héroes y la masa o turba. Los primeros alcanzan, gracias a sus gestas, un nombre; los segundos, no.

¿En qué sentido es posible hablar de dividuos? Son divisibles las personas en atención a sus acciones sociales, ocupaciones, labores o trabajos. Todas y cada una de las relaciones sociales que asumimos en la vida nos determinan y condicionan. Si somos estudiantes, padres de familia, trabajadores o reos, asumimos acciones para ser estudiantes, padres de familia, trabajadores o reos. Es común que usemos expresiones tales como: “no le estoy hablando al hijo sino al estudiante” a la hora de reprimir, o “señor trabajador, llegue usted más temprano”, como si las condiciones de ser empleado fueran distintas a las de ser habitante de una ciudad sin vías y medios de transporte decentes.

Las acciones sociales que generan los roles sociales25 son necesarias para la comprensión de una sociedad desde la funcionalidad y desde la perspectiva de las sociedades disciplinares y de control, conceptualizadas por Foucault y Deleuze, respectivamente; son la constatación del éxito de la labor de etiquetamiento de las sociedades. Sennett lo recuerda con su análisis del Londres tribal. Esto evoca también la escuela de Chicago y las formas de planeación urbana de las ciudades, así como otros tantos ejemplos. Pero más allá de esto, lo que me interesa traer a discusión es la practicidad con la que nos referimos a los colectivos por sus oficios o dedicaciones: estudiantes, obreros, comerciantes, ejecutivos, etc. Esta lógica mayormente visual nos permite identificar y reconocer las movilizaciones cuando las vemos. Ahora bien, las movilizaciones gestadas por las redes no son etiquetables en este sentido.

En el caso de Bogotá, las marchas que comúnmente se ven por la carrera Séptima hasta la plaza de Bolívar son fácilmente caracterizables: ropa similar y camisetas con consignas que se compadecen con quienes marchan, son el ejemplo gráfico de ello. Se trata de colectivos homogéneos por sus oficios: pensionados, madres cabeza de hogar, estudiantes, sindicalistas, etc. Por esa misma homogeneidad es que los otros sectores (observadores) no apoyaban esas manifestaciones o que incluso las combatían. Pero las actuales manifestaciones gestadas desde la red superan estas etiquetas fácilmente, pues gozan de una heterogeneidad gestada por su primer nivel de interconexión virtual. Ahí radica su ventaja y su fortaleza, en su visibilidad mediática.

1.1.2.1. En clave de inclusión

A la hora de estructurarse, los movimientos gestados desde la red parten de preocupaciones similares y las matizan con su tecnofilia26. Ese primer contacto a través de la red crea a su vez redes de contacto, comunicación y apoyo que estaban listas para actuar en un subsiguiente paso. Las redes tecnológicas trabajan en clave de inclusión. Esta lógica de movimiento choca con la lógica de la exclusión de los modelos económicos vigentes. Baste recordar las comunidades virtuales y los juegos de roles como antecedentes de las actuales redes sociales.

Es a través de intereses comunes que se forman las redes. En el caso de Facebook, los círculos de amigos actúan como bloques de intereses. Si, por ejemplo, hago clic en “me gusta”, la mayoría de mis amigos en Facebook le darán clic a la misma publicación solo por el hecho de acompañarme en mi decisión. En el caso de Google+ y su red social de círculos de amigos ocurre algo similar: si le doy clic al botón “+1”, mis círculos de amigos sabrán inmediatamente que lo hice y harán lo propio para coincidir conmigo. Lo más interesante de este ejercicio es que ocurre rápidamente: si das “like” a algo, en menos de diez minutos, y dependiendo de la conexión a la red, tu publicación tendrá diez o más “likes”.

En la red nadie nos asigna unos grupos al azar ni nos indica una tarea concreta en la que trabajar. Podemos elegir de antemano a qué grupos nos vamos a unir y encontrar gente que piense como nosotros y que, casi con toda seguridad, reforzará nuestros puntos de vista y hará que nos acerquemos un poco más a una postura extrema. (WALLACE, 2001, p. 86).

Además de este riesgo, que no es menor, y que ya está generando acciones penales en la red, la pregunta que se podría formular en este punto es la de cómo es que se lee tan rápido lo que se acaba de subir. La respuesta es muy sencilla: no se lee, simplemente se da clic en “me gusta”, sin saber qué es y solo por estar con quien lo hizo antes. Esta inconsciencia es más cercana a la actitud de las masas que de las multitudes. No es así, en cambio, en las multitudes inteligentes.

La inclusión en una red de intereses comunes es la característica sine qua non de esta y así se da en las redes sociales. El hecho de leer con detenimiento o no lo que se sube y se comparte en ellas es objeto de una discusión distinta. Para los efectos de este trabajo me limito a señalar la inclusión que se logra a través de las redes, pero también la ausencia de reflexión y debate del contenido compartido, por lo menos en el caso del grueso de los usuarios. Al menos así ocurría en las redes sociales como Facebook en sus inicios, cuando sus usuarios eran mayormente adolescentes. Hoy la edad promedio de los usuarios es mayor y los jóvenes están migrando a otras redes más llamativas para ellos.

En su segundo nivel o paso, en el que se toman las calles y plazas, se entiende mejor el nivel de inclusión de las redes. Las personas marchantes o indignadas convocadas por medio de redes son heterogéneas27, como ya lo mencioné, y eso en principio es su plus, pero también podría ser su punto de quiebre. Salen a las calles porque dentro de las acciones esperadas por muchos desde la perspectiva de la movilización política ese es el siguiente paso. A mi juicio, esto es errado, porque al hacerlo actúan igual que las masas y allí se genera la confusión conceptual.

1.1.2.2. En clave de exclusión

De regreso a lo básico. El asunto es aún más fácil de entender. Bien podríamos decir que la razón por la que los movimientos gestados en la red que derivan en la ocupación de las plazas son homogéneos no es otra que un enemigo común que podría ser la cultura mainstream y el posfordismo, por ejemplo, o lo que equívocamente, desde la lectura de la contracultura, se denomina globalización28. En este punto es necesario separar los quiénes para explicarlos mejor en la segunda parte.

A propósito de la exclusión, algunos de los indignados y de las causas de estas movilizaciones contienen un significativo porcentaje de inmigrantes, les san papiers o indocumentados, que son lo más excluidos y que también marchan y ocupan las calles para exigir sus derechos. Los excluiré en este momento para analizarlos desde la perspectiva de los por qué y los para qué del fenómeno.

1.1.3. Los hacktivistas vistos desde la perspectiva del derecho

Al analizar un acontecimiento social resulta siempre necesario, en algún momento, asumir el problema desde la perspectiva normativa. Sin embargo, inmediatamente se inicie el estudio es necesario hacer una fe de erratas consistente en advertir qué se entiende por derecho y cuál de sus tantas clasificaciones se está usando. En ese sentido, para este punto y para posteriores estudios, analizo el acontecimiento de los hacktivistas en sus dos fases de acción con los lentes del derecho en su versión normativista29, y más específicamente desde el derecho constitucional colombiano, también de corte normativista.

Desde esta perspectiva, y dado que el hecho puntual es la ocupación de una plaza, una calle o marchar simplemente, el acontecimiento no es distinto a los tantos ocurridos en cualquier país. Técnicamente, al tomar la foto, esta no nos dice cosa distinta a que unas personas, muchas, varias o pocas, se toman un lugar, hacen arengas, llevan letreros, hacen grafitis y, según el caso, son reprimidas por la policía o no, en el primer supuesto por ser sus acciones entendidas como la invasión del espacio público.

Además de ello, los letreros y los mensajes de las camisetas, por más innovadores que sean, no difieren conceptualmente de los mensajes que por ejemplo se formularon en París en el 68, o de los que se dan para protestar ante las reuniones del G8. Acá la imagen no ayuda y no aporta más de lo que ya hace mucho sabemos. Para el derecho, en su versión policiva30, no se trata sino de marchas-ocupaciones que deben ser respetadas solo hasta donde no interfieran las otras actividades de la sociedad, porque una vez lo hagan deberán ser controladas y eventualmente judicializadas.

Resulta entonces que desde esta perspectiva se puede afirmar que el tratamiento que el derecho hace del fenómeno del activismo político desde la red y su segunda manifestación en la ocupación de las plazas obedece a las lógicas binarias de la legalidad. Al respecto, Foucault se refiere en Seguridad, territorio, población (2006) a la visión legal de las normas que divide en dos las acciones de las personas: conformes o no conformes a la ley, y, para el caso, derecho de libre asociación y expresión política o invasión del espacio público.

También desde la lógica normativista del derecho existen varios proyectos de ley que reconocen solo una perspectiva del fenómeno, asociándolo a la libertad de expresión o al comercio electrónico, pero sin comprender todas sus posibilidades. Es decir, perpetúan la blanquinegra visión que se tiene del fenómeno. Y no podría ser de otra forma, porque esa es la lógica del derecho31.

Por supuesto que no ha de extrañar esta concepción binaria del derecho respecto del fenómeno, pues ese es el comportamiento del derecho ante todo fenómeno social: restringirlo, condicionarlo, multarlo, cargarlo impositivamente, etc. El lenguaje que usa el derecho así lo condiciona y más puntualmente las normas desde su estructura lógica están redactadas para conferirle una consecuencia jurídica a un supuesto de hecho en todo momento. Es lo que en derecho se conoce como el silogismo judicial SF + CJ = S32, idea que nos permite afirmar que la aplicación del derecho a un caso concreto es una operación racional. Dado lo anterior, no es de extrañarse si las posibles soluciones o medidas que se tomen frente a este fenómeno son así de simples: Una persona marcha = está bien, lo hace en virtud de un derecho; una persona ocupa una plaza = es detenida y judicializada en virtud de una norma sancionatoria.

No pretendo afirmar que el derecho asume una posición en exceso simplista del fenómeno. Una cosa es el abordaje por el derecho de un fenómeno social desde la lógica normativista y otra muy distinta el abordaje del mismo fenómeno por el derecho entendido como ciencia social que estudia las conductas de las personas y sus complejidades, algo más cercano a la sociología jurídica. En el caso colombiano, por ejemplo, con la entrada de la Constitución de 1991 se hizo visible esta diferencia, pues nuestro sistema jurídico, que por tradición pertenece a la familia del derecho romano –germánico o continental–, privilegiaba como criterio de interpretación la exegesis de la norma, en consonancia con los criterios de interpretación del derecho civil. Sin embargo, con la nueva constitución surgió un cambio en la interpretación del derecho, pues el texto constitucional, más cercano al derecho anglosajón, usa como criterio de interpretación la ponderación de principios y su lectura y análisis interdisciplinar. En la primera visión o perspectiva se asume la lógica binaria de la norma y se piensa en garantizar acciones y sancionar transgresiones. En la segunda, se utilizan otras ciencias como la sociología y la antropología para ilustrar más las implicaciones de una interpretación. El fenómeno objeto de nuestro estudio, por lo pronto, recibe el tratamiento binario de la norma, y de hecho esto es lo que la sociedad exige que se haga frente a él. Es probable, sin embargo, que, en la medida en que se logre estudiar más a fondo el fenómeno del hacktivismo, el derecho acometa su análisis de una manera más transdisciplinar.

1.1.4. Los hacktivistas desde los medios de comunicación

Quizás sean los medios de comunicación los agentes del impulso vertiginoso de las acciones de los hacktivistas desplegadas en las tomas de calles y plazas. Sin embargo, este impulso venía acompañado de una profunda incomprensión del fenómeno, causada en parte por la velocidad con que tienen que ser registradas las acciones.

El 15-O ha demostrado el aprendizaje que ha supuesto el rodaje desde el 15 de mayo, de hecho, fue una reactivación de lo vivido previamente. Esta vez la apuesta era global, casi 1.000 ciudades del mundo salieron a la calle. ¿Por qué ha triunfado globalmente la propuesta de las plazas y de las acampadas? ¿Qué tienen los lemas que suscitan un apoyo masivo? ¿Cómo se autoconvocan cientos de miles de personas sin estructuras de referencia? ¿Qué lenguajes comunes hacen que la gente se sienta parte de la misma lucha en Wall Street, Roma o Sevilla? (Colectivo Madrilonia, 2012, p. 57).

El ruido, en ocasiones excesivo, de los acontecimientos protagonizados por los hacktivistas se debe a una ironía que hasta ahora estamos comenzando a dimensionar. Estos activistas son los verdaderos ciudadanos del mundo desde la red. Son la promesa de los procesos de integración y de globalización por defecto. En su acción logran trascender espacialmente, tanto ellos como sus demandas, sin la limitación geográfica insalvable para una gran parte de los seres humanos.

Desde la perspectiva de los medios de comunicación y su manejo de los fenómenos desplegados por estos activistas, son varias las perspectivas e incluso varias las aristas del tema. Es claro que Internet, en cuanto herramienta, ha revolucionado saberes, disciplinas, artes, etc. No por nada, en casi todos los campos del saber ya no es solo una herramienta de comunicación, sino que ha creado nuevas formas de hacer, razón por la cual los prefijos cyber-, wiki- o hiper- están presentes en todas ellas: cybernoticias, hiperrealidad, estrategias wiki en educación, etc.

En lo que respecta a las redes sociales, ellas no solo han allanado un campo exclusivo, sino que han demostrado lo obsoletos que son los medios de comunicación a la hora de transmitir imágenes. En contraste, gracias a la forma nodal de trabajo, las redes sociales logran mayor inmediatez que las más afinadas redes de periodistas tradicionales o, en lo referente a la televisión, la combinación de redes sociales y redes satelitales hace que la transmisión de información mediada por los husos horarios no tenga sentido, pues por medio de Internet se puede realizar sin esta limitación. Este problema puntual lo analiza Henry Jenkins en su interesante trabajo Convergence Culture, texto que supera algunas de las hipótesis de Sartori en Homo videns. Pero no lo supera porque ya no sea válida la fuerza hipnótica del televisor, sino porque el medio tecnológico cambia. “La historia nos enseña que los viejos medios nunca mueren, y ni si quiera se desvanecen. Lo que muere son simplemente las herramientas que utilizamos para acceder al contenido de los medios” (JENKINS, 2006, p. 257). La televisión pierde ante la red, en su imposibilidad de transmitir de manera instantánea un hecho. A manera de ejemplo, no es necesario esperar al noticiero de la noche para informarse de los acontecimientos del día tanto nacionales como internacionales; con la red, siguiendo un medio, puedo enterarme segundos después del hecho, razón por la cual es mejor estar conectado que esperar un programa de televisión.

El cierre de diarios y revistas tradicionales con gran contenido periodístico es la constatación del triunfo de las TIC sobre los medios tradicionales de comunicación. Sin embargo, la repulsa es también inmediata de la ausencia de criterio, de análisis y de contenido, pues si bien es cierto que las TIC son más inmediatas y gratuitas, también es cierto que las más de las veces están descontextualizadas y carecen del respectivo o necesario análisis profesional. Esta circunstancia abre otro tema de estudio referido a la ausencia de tiempo para asimilar un dato o, como lo advierte Virilio, a la excesiva velocidad.

1.1.5. Los hacktivistas desde los estudios políticos

Los hacktivistas provistos de sus saberes en principio disímiles hacen de la red el lugar idóneo para revelar informaciones que tardarían años en ser conocidas por las personas del común. Mientras los gobiernos siguen debatiendo la necesidad de preservar la información clasificada y solo liberar el acceso a ella después de décadas, cuando las responsabilidades personales ya no se pueden debatir, los hacktivistas suben a la red archivos clasificados con la velocidad de un clic. Los hacktivistas hoy exponen los tratos y nexos de quienes tradicionalmente han hecho la política por debajo de la mesa, como lo advirtiera en su momento Bobbio, y luego otros como Crick:

Es posible que exista cierto grado de política en regímenes autoritarios, pero no es algo deseado; para los gobernantes será la medida de la falta de progreso hacia la unidad y se harán todos los esfuerzos posibles para esconder dichas disputas a los gobernados a fin de prevenir la formación de un “público”. La política de palacio es política privada, casi una contradicción en sus términos. La especificidad de la actividad política reside, casi totalmente, en su carácter público. (CRICK, 2001, p. 21).

La discusión sobre los campos de las esferas públicas y privadas ha estado presente a lo largo de la historia del hombre, por lo menos del hombre occidental, en todos sus momentos. Tanto los saberes y las ciencias como las prácticas y las técnicas tienen reservados campos públicos y privados. La política también los tiene, y es apenas natural que tenga un nivel público a la hora de la participación o de eventuales consultas al elector, así como un nivel privado cuando se trata de la toma de decisiones por parte del elegido. Sin embargo, y dependiendo del sistema político, existe también una tendencia a hacer política sin consultar al elector y a tomar decisiones no solo inconsultas, sino impopulares o incluso lesivas para la colectividad.

En los estudios políticos, y desde la óptica de la percepción de las personas en materia política, son las más de las veces en las que se tiene la impresión de que los gobernantes no solo son corruptos o ineficientes, sino que van en contravía de todas las expectativas de la sociedad. Pareciera que estos vieran otra realidad. Esa desconexión entre los gobernantes y sus gobernados, unas veces buscada y otras como producto de malas decisiones o de falta de comunicación, da como resultado que la esfera privada de la política crezca en desmedro de la esfera pública.

En esa percepción de inconexión o en ese vacío de una adecuada comunicación política se paran los hacktivistas. Tanto en su primera como en su segunda fase como indignados, ocupan los espacios que los políticos ya no usan, o no están usando, por los vicios que los bloquean. En las calles, que son el epicentro de sus acciones, se leen sus consignas y sus demandas, todas ellas con un aire de renovación y cambio. Los epítetos son muchos: “democracia desde abajo”, “democracia real ya”, “democracia hecha con los pies”, “no más”, etc. Hacen visible lo que los políticos tradicionales desean ocultar, hacen público o, mejor, devuelven a lo público lo que aquellos quieren hacer privado. He aquí algo que resulta muy importante, y es el rescate de lo público que, siguiendo de nuevo a Crick, sería el rescate de lo político.

Estas nuevas formas de hacer política posiblemente logren revitalizar la acción política en su esencia más anhelada: la acción política deliberada, concertada y horizontal en su distancia entre gobernantes y gobernados. Las distancias geográficas y comunicacionales –que hoy todavía hacen que la descentralización sea un problema complejo, por las insalvables distancias físicas– y los tiempos de reacción se ven revolucionados por las nuevas tecnologías y por estas nuevas formas de hacer política desde la tecnología. La política, al recibir los prefijos cyber o hiper, gana en velocidad comunicacional, en percepción de eficacia y en capacidad de representatividad.

Esta velocidad, que sin duda es una de sus principales virtudes, se suma a su heterocomposición y da como resultado una multitud que se une nodalmente y que gracias a su potencia es capaz de cambiar los mapas políticos actuales y los flujos políticos de estos. Esto es posible porque la velocidad depende de la relación de la distancia y el tiempo. En este caso, el tiempo de la política ya no es el tiempo de un futuro perfecto, sino el tiempo de un presente continuo.

La heterocomposición de las multitudes indignadas33 debe ser analizada o, mejor, exige ser estudiada desde dos perspectivas: la primera, desde abajo, como una muestra de la legitimación de sus demandas y sus acciones, y la segunda como un reto para quienes, desde arriba, pretenden disciplinarlos y controlarlos, generando, por ende, un conflicto. Por esta razón, para caracterizar de manera adecuada esta condición del 99 % es necesario hacerlo desde ambas ópticas, para que la fotografía que tomemos sea completa. Esto lo plantearé en la segunda parte, en la que analizaré puntualmente los por qué y los para qué de estos hacktivistas que solitariamente, desde su computador, vienen a conformar una multitud y se toman las plazas.

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22 oktyabr 2025
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9789587907308
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