Kitabı oxu: «La riqueza invisible del cuidado»

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M. ÁNGELES DURÁN



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© M. Ángeles Durán Heras, 2018

© De esta edición: Universitat de València, 2018

Diseño de la colección: Enric Solbes

Coordinación editorial: Maite Simón

Maquetación: Inmaculada Mesa

Corrección: Communico-Letras y Píxeles, S. L.

Fotografías: Pep Pelechà

(Taller d’Audiovisuals de la Universitat de València)

Ilustración de la cubierta:

Libro de las maravillas del mundo y del viage de la tierra sancta de Hierusalem y de otras provincias y hombres monstruosos que hay en las Indias, de Juan de Mandavilla (John of Mandeville). Valencia, Juan Navarro, 1540. (Imagen cedida por Josep Lluís Canet)

ISBN: 978-84-9134-324-0

Índice

Presentación de Antonio Ariño

DISCURSOS PRONUNCIADOS EN EL ACTO DE INVESTIDURA

Laudatio académica a cargo del doctor Antonio Ariño

Lectio pronunciada por la doctora M.ª Ángeles Durán Heras

Palabras de clausura del Excmo. y Magfco. Sr. Rector Esteban Morcillo

BIOBIBLIOGRAFÍA de la Dra. M.ª Ángeles Durán Heras, a cargo de Irene Liberia

LA RIQUEZA INVISIBLE DEL CUIDADO

Nota previa

I El nacimiento de una nueva clase social: el cuidatoriado

II Veinte conceptos básicos y una propuesta de investigación

III La riqueza invisible del cuidado. Una visión macroeconómica

IV El mercado del cuidado

V Demanda y oferta de cuidado para los niños

VI La calidad de vida de los enfermos y de sus cuidadores

VII Las formas de envejecer

VIII El cuidado en el final de la vida

IX El futuro del cuidado

Bibliografía

Presentación

El día 3 de febrero de 2012, la catedrática de sociología del CSIC M.ª Ángeles Durán Heras fue investida como Doctora Honoris Causa por la Universitat de València. Con este acto, la UV cumplía uno de los compromisos adquiridos en su I Plan Estratégico sobre Igualdad y M.ª Ángeles Durán se incorporaba, formalmente, al claustro de doctores y doctoras, pues, de facto, hacía años que venía manteniendo una relación estrecha con grupos de investigación y docencia.

Ahora, Publicacions de la Universitat da a luz una obra magistral –La riqueza invisible del cuidado–, elaborada concienzudamente, con la que M.ª Ángeles Durán corresponde de forma generosa a sus «obligaciones» con la UV como Doctora Honoris Causa. Realmente, nos sentimos honrados con esta contribución científica de primer orden.

Digo que se trata de una obra magistral y creo justo añadir que su publicación, aunque contiene ideas que la autora viene desgranando, enseñando y publicando desde hace algún tiempo, supone un hito histórico en la visión académica y científica del trabajo de cuidado, que nunca se había expresado de forma tan sistemática y coherente.

En ella, M.ª Ángeles Durán culmina, por ahora, la aplicación de una perspectiva y una metodología de análisis preocupada por la inserción del trabajo no remunerado en la estructura social, así como por la relación entre microeconomía y macroeconomía, las relaciones de poder y los procesos de producción de conocimiento científico. Como afirma en un cierto momento, el cambio de perspectiva es necesario porque «la mayoría de los ciudadanos no tiene una idea muy clara de cómo se distribuye por edades la población de su país ni la distribución de la riqueza patrimonial o la desigualdad de ingresos. Menos conocen cómo se distribuye la necesidad y el consumo de cuidados». A su vez, la clase política asume en su agenda otras urgencias y prioridades. De ahí deriva su tesis, de la invisibilidad del cuidado como riqueza y la necesidad de una nueva economía (y política) de este. El objetivo de esta obra –afirma– «es servir de instrumento para una renovación en el modo de investigar la estructura social y económica. No es un punto de llegada, sino de partida». El trabajo de cuidado no es pretexto para analizar dichas estructuras, sino el punto de vista y la piedra de toque de una mejor comprensión de estas.

Al abordar la problemática del cuidado con una nueva mirada, sorprendente y fresca, con una perspectiva amplia, global y crítica, se impone la realización de un trabajo de desbroce y depuración conceptual, la creación de un vocabulario específico y normalizado, así como la exploración de las capacidades de información fiable (y sus límites) que proveen distintas fuentes. En especial, se utilizan la Encuesta de Condiciones de Vida, la edad-2008, la Encuesta Financiera de las Familias-2014, barómetros diversos y encuestas del cis, etc., además de construir escalas propias de medición.

Una lectura crítica de estas fuentes permite diagnosticar e interpretar la situación actual del trabajo de cuidado y los escenarios futuros en clave política. Durán comienza estudiando la evolución de las pirámides de población. En ellas, observa, como es habitual, la reducción de la natalidad y la maduración demográfica, la consiguiente reducción de necesidades de los hijos y el incremento creciente de las necesidades generadas por el volumen de personas mayores, por la dependencia y las enfermedades crónicas. En la actualidad, una persona que se jubila a los 65 años tiene una esperanza media de vida de casi 20 años, de los cuales 6 podrían ser vividos con enfermedades gravemente invalidantes.

Como sostiene Durán, «las previsiones demográficas señalan que la demanda asociada al envejecimiento va a continuar aumentando durante las próximas décadas y recaerá sobre estratos más reducidos de población de edad intermedia, que además desean incorporarse y mantenerse en el mercado de trabajo, consecuentemente con menos tiempo disponible para el cuidado».

¿Quién cuida hoy y cómo se distribuirá el cuidado en el futuro? Hasta ahora, la provisión de servicios de atención la han proporcionado, mayoritariamente, las mujeres más próximas a la persona dependiente: esposas e hijas. Pero este escenario está cambiando y va a mudar aún más por múltiples razones. Si el análisis de la estructura demográfica es un buen predictor de la demanda global de cuidados, la provisión y distribución de la producción de estos dependen de la estructura social y política. En consecuencia, si los datos relativos al trabajo de cuidado permiten sostener que este es «la gran riqueza invisible de las economías modernas», no es menos cierto que «no se distribuye por libre acuerdo sino por fuertes presiones sociales»; no es resultado de un pacto social e intergeneracional explícito, sino de fuerzas históricas coercitivas que han asignado el trabajo de cuidado a las mujeres. Pero este escenario está cambiando muy rápidamente.

En este sentido, la población femenina que en épocas anteriores «se hacía cargo del cuidado de todas las generaciones desde los hogares, actualmente se encuentra en gran parte incorporada a su propia educación y al empleo, por lo que no dispone de tanto tiempo para dedicarlo al cuidado»; por otro lado, si bien las mujeres se incorporan al mercado de trabajo y quieren mantenerse en este, los varones no practican la reciprocidad de incorporación a dicho trabajo o, al menos, no lo hacen en la medida y proporción necesarias; a su vez, la participación de las generaciones jóvenes en esta tarea es muy baja y no parece que vaya a crecer espontáneamente. A ello, se debe añadir que el cuidado ya no se resuelve en el marco de la sociedad y la economía española, sino en el de las migraciones y la economía global.

Otros datos que deben añadirse al diagnóstico son los relacionados con las redes de proximidad, aquellas que se pueden activar potencialmente para cuidar. La transformación de las estructuras familiares reduce su tamaño, mientras crece el número de hogares unipersonales compuestos por personas de edad avanzada y se produce una impregnación cultural de valores como el individualismo y la autonomía personal (¼ del total de hogares son unipersonales).

En este horizonte, M.ª Ángeles Durán introduce el concepto de cuidatoriado para referirse a la nueva clase social emergente formada por la diversidad de personas que se dedican a cuidar (a tiempo completo o a tiempo parcial, con remuneración o sin ella, con preparación profesional o de manera «informal», población autóctona o inmigrante), y efectúa un análisis comparativo con otras clases precedentes como el campesinado y el proletariado para mostrar la calidad científica del concepto, su legitimidad política y su carácter incipiente.

Hoy, el trabajo de cuidado es un componente del trabajo no remunerado. El cuidado es una formidable fuente de recursos invisibles no incorporados al análisis económico micro ni macro, que también ha de verse como un coste para los hogares y para las personas, mayoritariamente mujeres. Con el envejecimiento y el aumento de las enfermedades crónicas, este olvido tiene cada vez consecuencias más graves, especialmente de carácter político, pues no permite ver la realidad y sus tendencias de forma adecuada.

Las consecuencias políticas fundamentales tienen que ver con qué grado de calidad de vida se garantizará a las personas dependientes y cómo se distribuirán y se asignarán los servicios de cuidado que se precisan.

En cuanto al primer aspecto, se debe reconocer que la gran revolución se ha producido con la ley de Promoción de la Autonomía Personal y de Atención a la Dependencia, aprobada en 2006, que reconoce el derecho subjetivo a la autonomía personal, si bien su aplicación ha sido alicorta por carecer de recursos. En cuanto al segundo, la conversión del cuidado en problema político conlleva la asunción de la distribución de dicho trabajo por parte del Estado, pues si se deja, como ahora, al juego de las coerciones sociales, operará la lógica de la ley de hierro del cuidado, según la cual «cuanto mayor sea la necesidad de cuidado, más improbable es que quien lo necesita pueda recibirlo». No solo, como hemos visto, por la reducción del tamaño de las redes de parentesco y proximidad, sino porque la mayoría de los hogares no cuentan con recursos (riqueza y renta) suficientes para adquirir en el mercado y al precio de mercado dichos servicios y bienes. Aún cabe menos esperar una solución del tercer sector o del voluntariado, dada su debilidad estructural y su supeditación a la Administración. Para el 70% de los hogares, concluye Durán, es imposible pagar a un cuidador a jornada completa, de forma intensiva y por periodos prolongados, porque consumiría más de un tercio de los ingresos del hogar.

El cuidado puede transformarse, pero no suprimirse. Ahora bien, como acabamos de ver, las posibilidades de transformación son limitadas. Estamos asistiendo a un equilibrio cambiante (y precario) de la proporción de cuidados que realiza el mercado, los hogares, las entidades sin ánimo de lucro y el Estado. Pero, sin convertir este asunto en un problema político de primer orden, va a resultar difícil hallar equilibrios satisfactorios para las personas necesitadas de cuidados y para el cuidatoriado, que no deja de ser una forma de precariado, sublimado por la intermediación de las relaciones personales y las emociones que genera el parentesco.

Estas son las ideas y cuestiones fundamentales que vertebran esta obra de M.ª Ángeles Durán, pero no agotan el conjunto de aspectos que trata en ella, porque La riqueza invisible del cuidado tiene voluntad de ser (y es) una obra global y completa. Entre las facetas que aborda se encuentran asuntos como el anticuidado (violencia, maltrato, exclusión), las formas de envejecer, el cuidado al final de la vida o las facturas que pasa al cuidador una actividad que se halla impregnada de valores morales y emociones personales.

Y dado que el cuidado es transversal, porque afecta a todas las dimensiones de la existencia, también afecta a todas las funciones de la sociedad –desde la sanidad hasta el urbanismo, desde los servicios sociales a la transformación de los espacios residenciales, desde la formación y la educación a la proclamación de nuevos derechos– y requiere un tratamiento interdisciplinar.

Con esta obra, M.ª Ángeles Durán invita a decir «ya no más». Ha llegado el momento de abordar el cuidado desde nuevas perspectivas científicas y de convertirlo en un asunto explícitamente político.

DISCURSOS PRONUNCIADOS EN EL ACTO DE INVESTIDURA

(3 de febrero de 2012)


Excelentísimo y Magnífico Señor Rector de la Universitat de València, Ilustrísima Señora Secretaria General de la Universitat de València Autoridades Académicas,

Profesoras y Profesores, Señoras y Señores,

Ara fa un any el rector va anunciar la seua voluntat de presentar al Consell de Govern la proposta de nomenament de María Ángeles Durán como doctora honoris causa per la Universitat de València. Aquesta iniciativa va ser recolzada formalment per diverses facultats i centres, entre altres la Facultat de Ciències Socials, el Departament de Sociologia i Antropologia Social, el Institut d’Estudis de la Dona i la Unitat d’Igualtat.

Es per a mi un motiu de gran satisfacció, en nom de tots ells, presentar la trajectòria acadèmica de María Ángeles Durán i la seua contribució a la igualtat efectiva de dones i homes en la ciència, en la Universitat i la societat.

CURRÍCULO

Desde que en 1971 leyera su tesis doctoral, María Ángeles Durán ha desarrollado una intensa dedicación tanto a la actividad investigadora, como a la docencia y la gestión.

Max Weber afirmaba que en la modernidad, las universidades humboldtianas plantean a su profesorado dos exigencias: la docencia y la investigación. Y observando las tensiones que brotaban de ese doble requerimiento, concluía: «será una absoluta casualidad que las dos cualidades coincidan en una misma persona».

María Ángeles Durán, no solo ha combinado ambas, sino que las ha desbordado y lo ha hecho con innegable éxito:

– Sus contribuciones científicas sobre el trabajo no remunerado y la distribución social del tiempo, que se han plasmado en numerosos informes y publicaciones, constituyen el punto de partida inexcusable para cualquier otro estudio sobre estos temas, y le han merecido el Premio Nacional de Investigación Pascual Madoz en Ciencias Económicas y Jurídicas (2002).

– Ha recibido encargos docentes en varias universidades, ha sido la primera mujer que ha obtenido una cátedra de Sociología en España, e imparte cursos de posgrado en centros de distintos países. Actualmente, es profesora de investigación en el Centro de Ciencias Humanas y Sociales del Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

– No solo no ha rehuido las tareas de gestión, sino que por el contrario ha sido pionera en la institucionalización de estructuras a favor de la igualdad en la Universidad española, mediante la creación de seminarios estables y sobre todo como fundadora del Instituto Universitario de Estudios de la Mujer en la Universidad Autónoma de Madrid; además ha sido la primera mujer que ha accedido a la presidencia de la Federación Española de Sociología y formado parte del comité ejecutivo de la International Sociological Association.

– Junto a estas tres funciones –investigación, docencia y gestión–, ha cultivado una cuarta: la comunicación y divulgación científica más allá del espacio estrictamente académico, tal como muestran sus obras de éxito, con ediciones agotadas, como El valor del tiempo, Los costes invisibles de la enfermedad o La ciudad compartida.

– Todo ello no hubiera sido posible sin una pasión, una generosidad y una dedicación extraordinarias, que derivan de una concepción social y comprometida de la persona y de la ciencia. Así lo testifica su producción escrita y su constante disponibilidad para atender invitaciones y requerimientos muy diversos.

En este contexto, hay que colocar su relación con nuestra universidad, y muy especialmente su participación en la Universitat d’Estiu de Gandia, en la Cátedra Cañada Blanch de Pensamiento Contemporáneo, en la colección Feminismos y en numerosos encuentros, seminarios y jornadas promovidos por diferentes grupos y servicios de la Universitat de València.

UNA PERSPECTIVA NUEVA

La obra de María Ángeles Durán se ha caracterizado desde el principio por aportar una mirada y una perspectiva radicalmente nuevas a las ciencias sociales, mirada libre, audaz, fresca, que parecería brotar de forma espontánea de su posición como mujer y del propio objeto que le ocupó desde sus inicios: el trabajo de las mujeres y de las amas de casa. Sin embargo, siempre ha subrayado y ha mostrado mediante una sólida producción científica que su ocupación y preocupaciones tenían un alcance y carácter general: le interesaban la estructura social, la microeconomía y la macroeconomía, las relaciones de poder y los procesos de producción del conocimiento científico. Y ello era así en un contexto particularmente difícil, en el que se daba por supuesto que el sujeto que produce el conocimiento (siendo generalmente masculino) está dotado de un interés «universal, transparente y puro».

Simmel había descrito esta contradicción cuando afirmaba:

Las necesidades artísticas y patrióticas, la moralidad general y las ideas sociales particulares, la equidad del juicio práctico y la objetividad del conocimiento teorético, la fuerza y la profundidad de la vida –todas estas categorías son, sin duda, por igual humanas en su forma y en sus exigencias, pero íntegramente masculinas en su aspecto histórico y efectivo–. Si a estas ideas que nos aparecen como absolutas les damos el nombre de «lo objetivo» puede considerarse como válida, en la vida histórica de nuestra especie, la ecuación siguiente: objetivo = masculino.

María Ángeles Durán ha mostrado hasta qué punto dicha manera de proceder ha impregnado la estructura social, la vida cotidiana y la acción política. Pero, sobre todo, ha puesto en evidencia cómo ha moldeado la ciencia, y cómo resultan sesgados instrumentos de medición tan centrales para las sociedades contemporáneas como la Contabilidad Nacional o el Producto Interior Bruto.

La aventura en que se ha embarcado supone un cambio de paradigma que conlleva algunas rupturas conceptuales y epistemológicas. Dicho de una manera más sencilla: al desplazar el foco e iluminar, mediante este movimiento, todo lo que desde la perspectiva de la desigualdad de género, se encuentra en penumbra o resulta directamente invisible, emergen nuevos fenómenos sociales. El itinerario científico así emprendido ha combinado una triple tarea:

– el análisis ideológico –desvelar las trampas de los espejos con las que hemos contemplado los fenómenos y procesos sociales durante milenios–;

– la elaboración de un vocabulario adecuado, un nuevo diccionario social, tal y como ha hecho con los conceptos de economía, trabajo, enfermedad, conciliación, y

– la construcción de nuevos instrumentos de registro y medida, como las escalas (de Madrid), la contabilidad satélite o las encuestas de uso del tiempo.

En este sentido, afirma María Ángeles Durán: «Hay que cambiar la visión de qué es economía, desarrollo y progreso. No puede interpretarse el desarrollo principalmente en términos de pib, porque los Sistemas de Cuentas Nacionales actuales solo se refieren a las mercancías y no miden lo que les sucede a las personas. El cuidado, una actividad vital para las sociedades, resulta casi invisible para los instrumentos macroeconómicos en que se basan gran parte de las decisiones políticas».

Propuestas como esta –un cambio de visión– son particularmente pertinentes hoy, en un mundo en el que la crisis del modelo de desarrollo económico imperante muestra la insensibilidad de este y el des-precio hacia los costes humanos y el cálculo del sufrimiento. Tal vez, si se moviera el foco hacia las personas y hacia sus necesidades de cuidado, se podría reorientar la economía en una dirección más satisfactoria.

EL TRABAJO NO REMUNERADO Y SU CONTRIBUCIÓN AL BIENESTAR SOCIAL

De puertas adentro, el libro que marcó su consagración científica, al contrario de lo que podría hacer sospechar su título, no versa sobre las mujeres y sobre los espacios domésticos, sino sobre la estructura y la realidad social, sobre las condiciones materiales de existencia. En lugar de centrarse en las grandes instituciones públicas o en el mercado, toma como punto de anclaje y de partida, los ámbitos privativos (pero socialmente impuestos) de las mujeres (DPA: 20). Desde esa atalaya, se revela el carácter público del espacio privado. No solo porque «la construcción de la intimidad se realiza desde el poder y las reglas y las obediencias se instauran hasta en el último reducto», sino también porque sin las actividades de dicho dominio no podría sostenerse la esfera pública; sin el trabajo no remunerado, la parte oculta del iceberg no podría mantenerse a flote el sistema en su totalidad (DPA: 20).

Al identificar como trabajo el conjunto y volumen global de actividades mediante las cuales se transforma el entorno y se produce la vida social y humana, y al analizar la organización de estas en las sociedades contemporáneas, se observa que estas se diferencian en trabajo remunerado o monetizado y trabajo no remunerado o no monetizado.

La exhaustiva investigación de María Ángeles Durán ha mostrado que el tiempo destinado a trabajo no remunerado (fundamentalmente trabajo doméstico) es mayor que el tiempo dedicado a trabajo remunerado, y que la mayoría de los recursos de trabajo se aplican actualmente –de manera especial en España– fuera del ámbito del mercado de trabajo (A, 102).

El volumen y alcance del primero –el trabajo remunerado– puede conocerse bien mediante la Contabilidad Nacional; pero el segundo es un gigante escondido. El interés de María Ángeles Durán por el valor del tiempo que no tiene precio (el valor de las actividades que no se hallan insertas en el mercado) ha brotado de la insatisfacción que surge al constatar que el trabajo necesario para la atención al ser humano es ignorado por las interpretaciones económicas y políticas.

Como consecuencia de esta insatisfacción –podría decirse «de este malestar»–, que toma como punto de apoyo la experiencia y la perspectiva de las mujeres, se produce un alud de interrogantes, tan solo aparentemente ingenuos: ¿Cuánto vale cambiar el pañal de un niño? ¿Cuánto hacer una paella? ¿Y soportar un atasco? ¿Cuánto cuesta –y a quién– cuidar a un enfermo que no puede moverse de la cama? ¿Por qué los investigadores otorgan un estatuto analítico a la cañada vacuna u ovina, a la producción de minerales, a las remesas de los inmigrantes, y en cambio ignoran la producción de bienestar que se realiza en los talleres domésticos?

– Sin el apoyo de la red familiar extensa –nos dice en El valor del tiempo– «no podría entenderse el funcionamiento del mercado de trabajo español, al que la familia aporta la tranquilidad de un cuidado responsable y muy flexible en horarios y funciones» (76). «Se habla del papel de las exportaciones, de la necesidad de reformas industriales, pero se desconoce la aportación de las abuelas al mantenimiento de las redes familiares y del patrimonio rústico» (77).

– De acuerdo con el censo, en España hay catorce millones de hogares con sus correspondientes catorce millones de viviendas que limpiar y mantener. En conjunto, los hogares españoles tienen que enfrentarse a la limpieza de los más de mil millones de metros cuadrados que constituyen sus viviendas habituales. A todo ello habrá que añadir los espacios cotidianos de uso común: escaleras, patios, etc., y, por supuesto, las viviendas secundarias (124).

– El crecimiento extraordinario de la esperanza de vida nos ha dotado de una cantidad añadida de tiempo vital, pero también aumentan los años que vivimos con enfermedades y discapacidad. Por cada persona enferma que no puede valerse por sí misma se necesitan una o varias personas que le presten tiempo para atender y satisfacer sus necesidades: no solo para proveer el dinero con que pagar los gastos imprescindibles, sino el tiempo necesario para la higiene, la alimentación, el traslado a los servicios sanitarios y la ejecución de las prescripciones médicas (139).

Estos y otros tipos de trabajo no remunerado que se realizan fundamentalmente en los hogares son imprescindibles para la reproducción del sistema, para el bienestar y la sostenibilidad social, y representan en torno al 53% del pib.

En consecuencia, reducir el trabajo al empleo (que supone otorgar solamente valor social a aquello que se compra o vende en el mercado) y considerar como des-preciable todo lo demás supone negarse a ver no solo una parte de la realidad social, sino –lo que es más grave– inhabilitarse para entender cómo se halla constituida. La economía suele ocuparse solamente de los bienes a los que se ha asignado un precio, pero las familias son unidades económicas fundamentales de cualquier sistema social. Lo son, por supuesto, porque constituyen nudos de circulación de los flujos monetarios: remuneraciones, prestaciones sociales, cotizaciones, impuestos de renta y patrimonio, consumo de capital fijo, renta neta disponible, etc. Pero, sobre todo, porque la mayor parte del trabajo no remunerado se realiza en los hogares y dobla en volumen al monetizado.

LA DISTRIBUCIÓN SOCIAL DEL TRABAJO NO REMUNERADO

El trabajo remunerado se distribuye de forma desigual: las mujeres tienen mayores dificultades de acceso al mismo, sus salarios son en torno a un 20% más bajos (la media en eu es del 17% y en España de casi el 22%), y también son inferiores las remuneraciones indirectas. Como ha mostrado un reciente Eurobarómetro, su presencia en los puestos de toma de decisiones se encuentra con grandes barreras y obstáculos.1

Pero ¿cómo se distribuye el trabajo no remunerado?

Si nos fijamos, por ejemplo, en el cuidado de los niños o de las personas enfermas y dependientes, los estudios reflejan que es realizado en un 84% de los casos por la familia. Ahora bien, esta palabra –familia– no es más que un eufemismo para referirse a una mujer: la esposa, la hija o la madre.

Las mujeres han recibido la adscripción –socialmente impuesta– de atender a los demás miembros de su parentela directa y han debido asumir la realización de obligaciones de proximidad que las vinculan de por vida, en la cesión de toda su fuerza de trabajo, sin límite definido en el número de horas diarias, ni en el número de días y años (98).

La encuesta Empleo del Tiempo de 2009-2010, realizada por el ine, es concluyente sobre las resistencias que operan en la redistribución del tiempo dedicado a trabajos no remunerados y especialmente en lo que concierne a las tareas domésticas. Como en la película La fuente de las mujeres, la coerción sorda de la costumbre y de la tradición neutraliza la emergencia de cualquier innovación social.

Esto es así porque, como se desprende de la investigación realizada por María Ángeles Durán, existe un doble contrato social implícito. El primero es un contrato latente entre géneros que afecta a la distribución desigual del trabajo entre el ámbito público y el doméstico; el segundo es un contrato intergeneracional, por el que desde unas generaciones se prestan servicios y se derivan recursos a otras, que cobran mayor visibilidad en el actual contexto de creciente maduración y envejecimiento demográficos.

LA NECESIDAD DE UN NUEVO CONTRATO SOCIAL

Estos contratos –de carácter estructural y mucho más trascendentes que otros pactos institucionales formales y que las negociaciones y acuerdos adoptados entre agentes socioeconómicos– se hallan en transformación como consecuencia de diversos procesos que afectan a las demandas, a los tipos de trabajo requeridos y a su valoración social: cambios en la esperanza de vida, en la organización social del ciclo vital y en la estructura demográfica; en la tecnificación de los hogares, en la disponibilidad de empleo y en la educación formal; en la incorporación de las mujeres al trabajo asalariado, la progresiva disminución del volumen de amas de casa y la externalización de servicios fuera del hogar, etc. Y también como reacción ante el gran malestar e insatisfacción que genera la escasez de tiempo propio entre quienes se ven obligadas a asumir todo o la inmensa mayoría del trabajo no remunerado.

Estos malestares pueden ser creativos, innovadores, en la medida en que se cobra conciencia de ellos y permiten transformar en cuestiones de relevancia política lo que –de otra forma– no dejarían de ser problemas individuales y aislados. A partir de esta toma de conciencia, de nuevo, brota el torrente de interrogantes de María Ángeles Durán: quién se ha de hacer cargo de la demanda de ayuda y sobre qué bases,2 cómo escapar a la psicologización y culpabilización del cuidado, cómo promover la solidaridad colectiva en tiempos de individualización, y cómo generar una eficiente red de servicios públicos para la atención a las personas dependientes.3 Más lejos aún y en última instancia: qué sucede con los derechos a la autonomía personal de los moribundos. Preguntas que no cesan de espolear el análisis y la investigación, transportándonos a las nuevas problemáticas de este siglo que ha nacido convulso.

UN MODO DE SER

La concepción de la actividad académica y científica de María Ángeles Durán se sustenta en haber hecho «del pensamiento un compromiso y un modo de ser». Al estudiar los costes invisibles de la enfermedad nos ha enseñado que no hay ciencia sin ética política; que el cálculo del sufrimiento forma parte intrínseca de la tarea investigadora.