Kitabı oxu: «Géneros y psicomotricidad»
GÉNEROS Y PSICOMOTRICIDAD
El libro se llama Géneros y psicomotricidad: las corporeidades en clave feminista, pero bien podría tener una contratapa que dijera: estudios sobre las ideas que conmocionan los cuerpos aferrados a los mandatos, o escritos en revuelta, o de cómo la pregunta horada las certezas patriarcales y colonizadoras; o de cómo la ternura descascara la oscura pátina del congelamiento afectivo que nos hace mirar al diferente como un extraño; o de cómo una mujer escribiendo denuncia las injusticias y anuncia las luchas posibles; o de cómo la psicomotricidad se posiciona de su objeto de estudio en clave feminista; o de cómo hacer que la ternura supere a la crueldad; o de qué hacer en un país donde cada veintiséis horas asesinan a una mujer; o Nunca Más, Ni Una Menos, Con Vida Las Queremos.
– Del prólogo de Daniel Calméls
Mara Lesbegueris es licenciada en Psicomotricidad, profesora de Educación Física, maestranda en Antropología Social. Es docente de la Universidad Nacional de San Martín, de la Universidad Nacional de La Matanza y de la Universidad CAECE. Miembro fundadora de la Asociación Civil Unidas por la Psicomotricidad y las Artes (AUPAS). Integrante del Colectivo de Psicomotricidad Feminista y Transfeminista. Ha publicado Niñas jugando: ni tan quietas ni tan activas (2013) y Juegos en el papel: análisis de la corporeidad en el plano gráfico (2012, en coautoría con Daniel Calméls).
COLECCIÓN EL CUERPO PROPIO
Dirigida por Daniel Calméls
MARA LESBEGUERIS
GÉNEROS Y PSICOMOTRICIDAD
Las corporeidades en clave feminista

Índice
Cubierta
Acerca de este libro
Portada
Agradecimientos
Prólogo. Ensayos sobre la ternura, Daniel Calméls
Introducción: re-unir
1. Leer corporizando la letra
2. Escribir con la fuerza del cuerpo
3. La “regulación” de las emociones: una posible lectura sobre las dimensiones del poder
4. El género desde los feminismos
5. Repensando el “bienestar corporal” desde las prácticas de crianza y el “sostenimiento de la vida”
6. La construcción de las corporeidades y la posibilidad de habitar o deshabitar los géneros
7. Contar a las niñas desde sus potencialidades
8. Compostura de muñecas
9. El juego desde la perspectiva de género: nuevas posibilidades para pensar la clínica corporal y la socialización
10. Cuerpos rebeldes: infancias con expresiones sexo-genéricas diversas y disidentes
11. La experiencia corporal: notas sobre la formación profesional y la práctica psicomotriz
12. Las lógicas de la formación corporal
13. La función corporizante de la escuela
14. La construcción social de los cuerpos indisciplinados
15. Pensar los cuerpos desde el recreo
Epílogo. Manifiesto de las corporeidades en clave feminista
Coda en tiempos de pandemia
Anexos
Bibliografía
Créditos
A lo largo de este libro se usará la letra e para remarcar y nombrar de un modo diferente el lugar de las disidencias sexo-genéricas, aquellas subjetividades que se corren de los marcos binarios de significación y no se reconocen en las expresiones gramaticales ni femeninas ni masculinas.
Más allá de las marcas discursivas sexistas y androcéntricas que se pueden rastrear en el lenguaje, y las posibles incomodidades que pueda ocasionar esta decisión para la lectura, sabemos que el lenguaje construye las realidades que vivimos, que la lengua no es algo inmóvil y fijo, sino producto de una actividad humana y colectiva.
La lengua “se usa”, “se mueve”, “está viva”, y sus movimientos siguen el de la vida social, política y cultural.
Si reconocemos que lo que no se nombra no existe, la posibilidad de emplear la letra e no es solo una forma de expresión sino un modo de acción con el que se busca visibilizar, dar reconocimiento y respeto a estas subjetividades.
Agradecimientos
A quienes me ayudan a respirar, en especial:
A Lola y Facundo, mis inspiraciones más profundas junto al desafío que supone “criar emancipando”.
Al amor y la poesía que me brinda cotidianamente mi gran compañero Daniel Calméls.
Al cuidado y cariño que desde pequeña me brindaron mis hermanos Gustavo y Sergio.
A la presencia amorosa de mi amiga y colega Fernanda Ruiz.
A Irene Fisicaro, que escucha semanalmente mis preocupaciones y mis sueños.
A la poesía de Alejandra Pizarnik, que sigue despabilándome.
Al impulso que cada una de las personas del Grupo de Estudio Ornitorrinco me da, desde hace más de nueve años, sabiéndonos en “acción lúdica y pensante”.
A la posibilidad de imaginar y trabajar para la realización de mundos más vivibles e inclusivos que me permite el colectivo Aupas (Asociación Uniendo la Psicomotricidad y las Artes) del cual formo parte, junto a las psicomotricistas y amigas Mariel Alasia, Carla Baglivo, María Paz Brown, Débora Brugos, Lucía Cimmino, María Noel Fabris, Rocío Farris, Lilen Nieva y Candelaria Santillán.
Al tejido de la red de psicomotricistas transfeministas que abriéndonos al transnacionalismo intentamos hilvanar, latiendo en un sentir-actuar colectivo que germina y se expande en posibilidades.
PRÓLOGO
Ensayos sobre la ternura
Daniel Calméls
Géneros y psicomotricidad: las corporeidades en clave feminista es un libro que, al leerlo, me invita a anunciar en este prólogo todos los hallazgos que encuentro como lector, pero la tentación de hacerlo me llevaría a realizar un texto que funcionaría casi como un espejo, que reuniría una condensación del propio libro.
Si bien cada capítulo tiene vida propia y se enlaza con los otros, hay uno clave, que no proviene solo de la psicomotricidad ni de la antropología ni de las cuestiones de género, aunque su contenido se refleja en todo el libro; este es el primer capítulo, “Leer corporizando la letra”. Siendo el primero, ubicado estratégicamente, nos prepara para la lectura. Yo, lector, comienzo a leer un libro que me habla de la lectura y, en su segundo capítulo, “Escribir con la fuerza del cuerpo”, de la escritura. ¿Me disponen para leer lo escrito?
Vayan, a modo de síntesis, frases del primer capítulo, “Leer corporizando la letra”:
Leer implica una acción deseante.
En el leer nos sentimos necesitados.
Ir al encuentro lector es dejar una zona abierta a lo otro, es hacer un espacio que dé hospedaje a lo tuyo extraño en lo mío.
Leer es una indagación –profana– de un texto.
Leer seriamente es hacer del texto un juguete.
Leer apasionadamente (no solo con entusiasmo) es una aventura dionisíaca que nos potencia corporalmente.
Fue necesario comenzar el libro con la lengua, en su lectura y escritura, desde una posición feminista, que excluye la queja para posicionarse en una práctica de la escritura, velada a las mujeres durante siglos: “Sabemos que el poder androcéntrico y el sueño lineal colonizador ha cercenado la lengua femenina, construyendo visiones del mundo desde la perspectiva masculina”.
No es un libro para leerlo de una sentada; es un libro extenso, no por la cantidad de hojas sino por su alcance. Va a ser leído por profesionales de diversas disciplinas. Los quince capítulos que dan cuerpo a este libro tienen entre sí un dinamismo tal que nos invita continuamente a realizar dos movimientos: releer y avanzar. En el primero, releer, se regresa para comprender, afirmar, disfrutar de una frase. En el segundo, avanzar, movido por el interés de seguir leyendo, querer más.
Este es el tercer libro de Mara Lesbegueris, quien antes publicó Juegos en el papel y ¡Niñas jugando! Mi cercanía con la autora me permite funcionar como testigo de la elaboración de su obra. En la intimidad de la cocina escritural de Mara Lesbegueris reconozco la tarea de otros futuros libros: En las fronteras del jugar, un libro de relatos cortos donde enlaza hechos reales que bordean un camino ficcional; otro texto que lleva por nombre Composturas de muñecas, que espera su tiempo de edición, y un libro dedicado a la formación de profesores y profesoras de Educación Física, que renueva la forma de pensar el cuerpo, libro que aún está en la búsqueda de un título.
Mara propone una política de los cuerpos en relaciones amorosas, de cuidado, propuesta que parte de la acción a la teoría, o sea que nace en una práctica amorosa que quienes están, estamos, en cercanía le reconocemos.
El lector encontrará un recorrido de sus participaciones en diversos ámbitos de la salud y la formación, lo cual da cuenta de una práctica vivida y una escritura ensayística donde la práctica del pensar tiene un apoyo empírico. Ha participado activamente durante décadas como docente en la formación corporal del psicomotricista y en el trabajo con docentes y profesionales de diversas áreas, experiencia que se concentra en el capítulo “La experiencia corporal: notas sobre la formación profesional y la práctica psicomotriz”. Dice allí:
El dispositivo de “formación corporal de la o el psicomotricista” predispone la experiencia corporal como una instancia ideológica y estratégica para ese particular modo de “hacerse” y “ser” psicomotricista. No se trata de informarse sino de formarse corporalmente, y es allí donde recursivamente pensamos la relación entre teoría y práctica, conceptos encarnados desde la experiencia y las prácticas que interpelan saberes instituidos, dando lugar a nuevas apropiaciones conceptuales.
Las reflexiones propuestas y la posición tomada desde la psicomotricidad con relación al género y al feminismo han sido bien recibidas por colegas de Argentina, Latinoamérica y España. Era necesaria en la psicomotricidad una posición de vanguardia que desde el feminismo y las cuestiones de género ampliara, a partir de nuestra práctica, la mirada hacia el cuerpo en sus manifestaciones.
No puedo eludir nombrar la presencia de las citas de mis escritos. En ellas, a modo de confesión, he encontrado sentidos que desconocía o había olvidado, por lo cual la lectura de este libro en el proceso de escritura de este prólogo fue un aprendizaje, no solo por este detalle anecdótico, sino por el amplio campo de lecturas que la autora tiene el estilo de nombrar lejos de la jactancia de erudición. Hace un desarrollo conceptual del conocimiento, con el detalle continuo y riguroso de la cita, sabiendo que implica hacer un lazo entre personas que no se conocen: citar implica un encuentro con el pensamiento del otro, una “cita” del pensamiento.
Dice Mara Lesbegueris: “Escribir es lengua y estilo, texto y contexto”. ¿Cuáles serían algunos detalles de su estilo, esos que a veces escapan de las lecturas? Hay cuatro formas que cualifican su escritura: el uso de la pregunta, la enumeración y el pie de página, así como, a nivel conceptual, el descentramiento.
Pie de página. Usa textos al pie de la página no cuando el texto desborda, no como exceso, sino para acotar datos que aclaran el contenido conceptual. Los pies de página cumplen con su fin de apoyo, en este caso a los conceptos que necesitan extenderse en sentido y diluir cierta pátina de oscuridad por la cual se deja al otro en el lugar de “no saber”.
En ocasiones el pie de página desarrolla una experiencia personal que compete al tema tratado, o una reflexión; o sea, funciona como un reservorio al cual se tiene la opción de entrar.
Preguntas. El uso de la pregunta es clave en su estilo. Más de 150 preguntas son el motor que dinamiza el texto. Si bien algunas son preguntas retóricas, en su mayoría –tomando las palabras de la autora– son “viscerales”. Trabaja con una afirmación seguida de preguntas, que movilizan lo afirmado y lo enriquecen con los interrogantes que le suceden. Parte de la idea de que “leer en clave feminista es rodear al escrito con preguntas que permiten, con suerte e insistencia, que ese texto y nuestro propio cuerpo se abran un poco más”.
Afirmación-pregunta:
Escribir es un momento intenso de intimidad. ¿Un refugio silencioso? ¿Una soledad necesaria para la apertura al mundo? ¿La soledad con alas?
En el texto escrito converge, por lo tanto, la historia del escribiente con parte de la historia de la humanidad. ¿La escritura como agenciamiento colectivo de enunciación? ¿Huella? ¿Signo móvil? ¿Sombra de mi sombra que se va empequeñeciendo hasta desaparecer?
En el capítulo dedicado a las emociones, esta pregunta es una vía de ampliación de sentidos, congelados por las instituciones universalistas: “¿La emoción se vive de igual modo en función de la clase, raza, género, diversidad funcional?”.
Enumeración. La enumeración tiene la función de completar una idea a partir de detalles que configuran la identidad conceptual de un todo y, al mismo tiempo, desplegar un ritmo que cabalga en la voz silente del lector:
A lo largo del tiempo y en las diferentes regiones las muñecas pueden devenir en objetos de adoración, de emblema, de protección, de suerte, de juego, de colección, de consumo. Pueden tener diversas formas y figuras, asumiendo el estatus de tótem, amuleto, talismán, fetiche, ofrenda, reliquia, juguete, acompañante, souvenir, espejo, doble o mercancía. Participan en numerosos ritos, fiestas y juegos.
Descentramiento. No solo hablo aquí del corrimiento del adultocentrismo y el logocentrismo, sino principalmente porque es una escritura descentrada, que trabaja con dos o más centros. Con dos centros como la elipse, en la medida en que integra dos ejes de simetría; en ese sentido, es una escritura barroca, de insistencia y variación, y a su vez una mirada más general en la cual la figura sería el triángulo, cuyas tres bisectrices de los ángulos internos se unifican en un punto de convergencia. La posición de Mara Lesbegueris es una “política de convergencia” de saberes de diversos campos: género, psicomotricidad y antropología, con el aporte de la filosofía de Gilles Deleuze y Michel Foucault, la semiología de Roland Barthes y la sociología reflexiva de Pierre Bourdieu.
El término “texto” es el adecuado para describir cómo se “tejen” conocimientos de diversas disciplinas. Escribe Mara Lesbegueris:
Este libro está escrito desde mis propias “transiciones profesionales”, en un “entre” que desborda (pero incluye) lo psicomotor, lo antropológico, los feminismos, lo queer, lo crip.
El libro se llama Géneros y psicomotricidad: las corporeidades en clave feminista, pero bien podría tener una contratapa, espacio que suele orientar al lector, que dijera:
Estudios sobre las ideas que conmocionan los cuerpos aferrados a los mandatos, o escritos en revuelta,
o de cómo la pregunta horada las certezas patriarcales y colonizadoras;
o de cómo la ternura descascara la oscura pátina del congelamiento afectivo que nos hace mirar al diferente como un extraño;
o de cómo una mujer escribiendo denuncia las injusticias y anuncia las luchas posibles;
o de cómo la psicomotricidad se posiciona de su objeto de estudio en clave feminista;
o de cómo hacer que la ternura supere a la crueldad;
o de qué hacer en un país donde cada veintiséis horas asesinan a una mujer;
o Nunca Más, Ni Una Menos, Con Vida Las Queremos.
Introducción: re-unir
Este libro es un intento de re-unir experiencias, escritos y análisis conceptuales que vengo desarrollando en estos últimos veinte años. Muchos de los capítulos formaron parte de intervenciones en libros, revistas, exposiciones, charlas, jornadas y conferencias a las que fui invitada; por ello contienen marcas “orales”, “gestos” y “movimientos” de otras épocas, pero que a partir de nuevas reelaboraciones me permitieron materializar esta nueva configuración.
Aunar la perspectiva de género con la psicomotriz me permite situar preocupaciones políticas, estéticas, éticas y teóricas sobre las infancias, pensando las dimensiones del poder junto con las manifestaciones de la vida corporal. En esta confluencia decido mirar “desde el cuerpo”, “desde abajo”, “desde los desvíos”, es decir, centrada en lo micropolítico, en las tácticas cotidianas, en los escenarios familiares, en las prácticas de crianza, en la intimidad de los consultorios, en las ficciones lúdicas y la capacidad imaginativa, en el decir de las infancias.
Me preocupan las infancias invisibilizadas, sea porque son activamente ignoradas o por ser consideradas diferentes, indisciplinadas, raras, rebeldes, dis-capacitadas, subalternizadas. Esas subjetividades nos impulsan a descentrarnos de ciertas teorías hegemónicas de interpretación, nos “incomodan” e interpelan críticamente, conmueven nuestro sentido común y mueven nuestras propias categorías conceptuales. Son también esas infancias subalternizadas las que nos ayudan a seguir produciendo nuevos sentidos y nuevas afectaciones en búsqueda de mayor comprensión y oportunidades para todes.
Niños, niñas y niñes que por algún motivo y/o circunstancia se alejan de las expectativas esperables para su edad, sexo-género, capacidad, nacionalidad, ciudadanía. Que portan alguna “rareza en sus cuerpos”, resistentes o que no terminan de performatizarse de acuerdo con alguna o varias formas de reconocimientos o validaciones que la sociedad prevé para ellos. Y esto vale (más allá de sus particularidades) tanto para una persona con discapacidad, un inmigrante, una persona pobre, una niña o un niño con un desarrollo psicomotor diferente, una niña o un niño indisciplinado, o une niñe con alguna inconformidad o disidencias sexo-genéricas.
Este libro es también un intento de pensar de un modo situado los lugares y las políticas de las diferencias, considerando las corporeidades en intersectorialidad1 de género, de edad, de discapacidad o diversidad funcional, de clase, de etnia, de raza, de nación.
Encuentro en el ámbito académico una gran resistencia a utilizar el lenguaje inclusivo, ajustándose cabalmente a la estructura lingüística de la convención imperante y la palabra oficial de la Real Academia Española.2 En la Argentina, la Ley de Identidad de Género 26.743 fue sancionada y promulgada en 2012, por lo cual constituye un derecho que tiene cualquier persona a que se la nombre tal y como se autopercibe.
Sabemos que los medios de interpretación y comunicación socioculturales están no solo codificados simbólicamente sino estratificados, es decir, organizados de modos congruentes a partir de los patrones sociales de clasificación. Por eso se hace imprescindible visibilizar y cuestionar el “cis-sistema heteronormativo”3 de asignación de sentidos y reconocimientos.
Advierto, por todo ello, que es por los márgenes de la desidentificación por donde incluso estas infancias parecen transitar, saliendo de estas normas hegemónicas interpretativas, vagando por fuera de los reconocimientos (con el peligro subyacente de patologización, moralización y judicialización).
Estas subjetividades, históricamente ignoradas, son las que nos permiten comprender las sociedades no como estructuras fijas sino en acción y transformación; con modos específicos de conflictividad y sufrimientos, con particulares maneras de constitución de subjetividades, de lenguajes, potencias y repertorios de acciones colectivas. Las lógicas binarias propias de la modernidad no resultan eficaces para pensar las diversidades contemporáneas.
Este libro está escrito desde mis propias “transiciones profesionales”, en un “entre” que desborda (pero incluye) lo psicomotor, lo antropológico, los feminismos, lo queer, lo crip.4 Un “entre” difícil de contornear, sintiendo mi existencia en una nueva forma de “extranjeridad”. Contiene mis propias incertidumbres, contradicciones y aprendizajes que como psicomotricista vengo experimentando, referidos al acompañamiento de niñes en su proceso de corporización y constitución de identidades, tratando de no ser un eslabón más en la cadena de “normalización” o, mejor dicho, de “heterociscapacitismo”5 y “normalización” de sus cuerpos y preguntándome qué tipos de reconocimientos y validaciones son necesarios construir para escuchar la pluralidad de interseccionalidades de la diferencia. ¿Somos capaces de reconocer dentro de las psicomotricidades los sesgos androcéntricos y patriarcales del discurso y de las construcciones teóricas que operan de manera diferencial aun sobre las corporeidades?
Si el patriarcado es ese sistema que, a través de un conjunto de estrategias y tecnologías, busca la opresión y subordinación de las mujeres y sus cuerpos, ¿cómo no preguntarnos como psicomotricistas por las niñas que son minoría en nuestros consultorios y estudios, por las mujeres y las economías del cuidado? ¿Qué interrogantes supone repensar la socialización de niñas, niños y niñes “desmarcada” de la constitución de la familia burguesa y el paternalismo?
¿Cómo no repreguntarnos por la acción, la transformación y la autonomía desde una perspectiva de género que desnaturalice los estereotipos masculinizados de estos sentidos encarnados?
¿Cómo respetar la propia autopercepción genérica que tienen les niñes sin intentar “heteronormatizar” sus expresiones y deseos?
¿Es posible desestabilizar ciertas categorías de normatización corporal como lo femenino/masculino, la capacidad/discapacidad, lo sano/enfermo, lo homosexual/heterosexual…?
¿Se podrá contarles a las niñas y los niños el valor de la historia de las brujas, de las insurrectas, de las luchadoras?
¿Cómo les transmitimos que la maternidad es una elección y no un mandato obligatorio?
Pareciera que la psicomotricidad, desde su propia genealogía, encuentra una convicción “interdisciplinaria”, esa que le dio a nuestra disciplina una identidad; una psicomotricidad que no es lo psico ni lo motor por separado, en una integración que transita una zona liminal de reconocimiento en la que aún tratamos de explicar y explicarnos qué es y cuál y cómo es el hacer de nuestra práctica. Pero advierto que este diálogo interdisciplinario fecundo que la psicomotricidad está habituada a realizar es con ciertas disciplinas afines como el psicoanálisis, la psicología, la pedagogía, incluso con la neurología y la pediatría. Tal vez por ello me entusiasma la idea de pensar en una frontera abierta de intercambios entre la psicomotricidad, la antropología y los feminismos, integrando los aportes de las teorías queer y crip, para que puedan llegar a impregnar y potenciar a la psicomotricidad apelando a la necesidad de una mirada sensible y crítica hacia el interior de la disciplina.
Entiendo que no basta con solo promulgar una ética del deseo y la progresiva autonomía de los cuerpos sin generar desde nuestras epistemologías espacios para repensar las dinámicas del poder, descolonizando y despatriarcalizando nuestras teorías y prácticas para pensar y habilitar un “buen vivir” para las infancias. El bienestar corporal, por el que abogan tanto los feminismos como las psicomotricidades, no se reduce solo al plano material o individual, sino que incorpora la dimensión colectiva, espiritual y ecológica.
Al politizar “lo personal-corporal”, los feminismos expandieron los límites de la protesta más allá de la distribución socioeconómica, para incluir en la reflexión la dimensión de género, las dinámicas del poder en la reproducción material y simbólica de los cuerpos desde el trabajo doméstico, de crianza, de educación, e incluso el terapéutico.
A pesar de las distintas cosmovisiones feministas, a lo largo del tiempo y dentro incluso de los actuales y diversos activismos, nos pensamos en una instancia de cuestionamiento sobre tres ejes productores de desigualdad: patriarcado, capitalismo, colonialismo. Nos encontramos en la lucha por el reconocimiento de desigualdades, la representación situada y la redistribución socioeconómica.
Desde la psicomotricidad valoro especialmente los desarrollos teóricos elaborados por Daniel Calméls porque junto a su perspectiva creo que es posible aunar y apostar a una pragmática vitalista, a una práctica de la ternura, a una poética que se expresa y trabaja (no desde las carencias o déficits, ni sobre las abundancias de capacidades o talentos) sino justamente en el despliegue de las posibilidades y potencias corporales que tiene cada sujeto, cada familia, cada comunidad; conjugando las dinámicas de los placeres, los deseos, las emociones y los afectos corporizados; constituyendo un lugar clave para pensar la socialización desde una ética feminista del cuidado, el reconocimiento y el respeto. Junto a su perspectiva y de la mano de los feminismos decimos, entonces, todos los cuerpos cuentan.
Por último, me asumo en un transfeminismo que practica la transformación sociocultural, repensando mi posición como psicomotricista junto al trabajo de cuidado y el sostenimiento de la vida, apostando desde la poética lúdica al bienestar corporal y efectivo de todas las infancias.
1. La interseccionalidad es el modo en que un tipo de discriminación interactúa con dos o más grupos de discriminación, creando una nueva situación. Busca comprender el modo en que la categoría de género se cruza con otras identidades y cómo los distintos cruces constituyen experiencias únicas de corporización, de opresión o privilegio.
2. Hay, no obstante, importantes avances en ese sentido, desde que algunas universidades argentinas –incluida la Universidad de Buenos Aires– han aceptado el uso del lenguaje inclusivo en producciones tanto escritas como orales.
3. Se denomina “cisgénero” a aquellas personas que se identifican con el género que se les asignó al nacer.
4. El término “crip” surge en el contexto anglosajón y proviene del diminutivo de la palabra cripple, que significa “tullido” en inglés. Al igual que lo sucedido con el vocablo queer (raro), el objetivo era escoger una denominación que había sido considerada en sus inicios de manera peyorativa para luego convertirla en un signo de orgullo por la diferencia (reapropiación y resignificación). Cabe aclarar que asumirse como crip no refiere a la adscripción de una identidad discapacitada sino a una posición ideológica y social que tiene como potencial el ser/hacer incluyente desde una ética que pugna por una vida digna y respetuosa de la diversidad.
5. Se denomina “capacitismo” a una forma de discriminación o prejuicio social contra las personas con discapacidad. Un ejemplo de ello es pensar las ciudades (el espacio urbano y los medios de transportes) únicamente desde la perspectiva masculina adulta, “automovilizada” y “capacitada” para desplazarse sin dificultades corporales. Desde otra concepción, se propone pensar las “diversidades funcionales” ligadas a la idea de dignidad, respeto y reconocimiento de las diferencias.