Kitabı oxu: «Pedagogía de la desmemoria»
Este libro es un escalón importante para el debate que nos debemos los argentinos. Aquí están las pruebas históricas para llegar a conclusiones definitivas. Las citas de los llamados pensadores, que aparecen aquí, una a una, son imperdibles. Penetrar en esta profunda investigación de Marcelo Valko es ganar las armas de la información para buscar la respuesta a la pregunta: ¿qué nos pasó a los argentinos? El autor se propone todo eso: remover el pasado para aprender.
En estas páginas se encuentran bien explicados los intereses políticos de Mitre, Sarmiento, Roca y de otras figuras consagradas por la historia oficial. Los intereses agropecuarios de la época y las expediciones previas a la campaña de Roca, de las cuales tan poco se ha hablado. El capítulo de lo ocurrido en ese verdadero campo de concentración que fue la isla Martín García es tan tremendo que el lector no llega a explicarse hasta qué límites de crueldad y de cinismo se vivió en esos años. Sólo se puede describir con los sustantivos que pintan de cuerpo entero el desarrollo de los hechos: prisión, trabajo forzado malsano, hambre, desnutrición, ratas, viruela, cólera, tifus, evangelización forzada, y muerte horrenda. Todo esto con una documentación testimonial irrebatible. Un trabajo revelador y profundo.
El libro para el gran debate histórico.
DEL PRÓLOGO DE OSVALDO BAYER
La pedagogía de la desmemoria es la madrastra de la Historia oficial y hace del olvido, de la pérdida de la identidad, de la amnesia y de la tergiversación su máximo catecismo. El poder tiene pánico de recordar, por eso busca por todos los medios colectivizar la amnesia e impide el acceso a la palabra. Necesita olvidar, porque olvidar es olvidarse de sí misma, de sus responsabilidades, de su fingida ignorancia ante el Holocausto de los pueblos originarios.

Marcelo Valko es psicólogo egresado de la UBA. Dedicado a la investigación antropológica, dirige proyectos sobre el imaginario andino. Es profesor titular y fundador de la Cátedra Imaginario Étnico, Memoria y Resistencia, UPMPM, Investigador FFyL, UBA; investigador del ISEPCI, asesor histórico del Proyecto “Hacia el Bicentenario – Teatro e Historia” de la Comedia de la provincia de Buenos Aires, integrante del Comité Académico del Simposio Latinoamericano de Ciencias Sociales y Humanidades: Educación e Interculturalidad, miembro efectivo del Núcleo de Producción de Conocimiento Psicología y Pueblos Indígenas de América Universidad de Sao Paulo e ULAPSI, conferencista del programa “Café Cultura” de la Secretaría de Cultura de la Nación, promotor de distintas leyes nacionales y provinciales en relación con los pueblos originarios. Ha dictado conferencias en universidades de Latinoamérica, USA y Europa. Realizó trabajos de investigación en el noroeste argentino, Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia y México.
Sus trabajos han sido publicados en medios locales y del extranjero, merecieron el Auspicio Institucional de la Secretaría de Cultura de la Presidencia de la Nación y de la Dirección General de Asuntos Culturales del Ministerio de Relaciones Exteriores, y han sido declarados de interés del Congreso Nacional y legislaturas provinciales. Es autor de más de cuarenta textos entre los que se destacan sus libros Ciudades Malditas Ciudades Perdidas, Desmonumentar a Roca y Los indios invisibles del Malón de la Paz.
Marcelo Valko
Pedagogía de la Desmemoria Crónicas y estrategias del genocidio invisible

Índice
Cubierta
Contratapa
Biografía del autor
Portada
Dedicatoria
El libro para el gran debate histórico
Comentario a la tercera edición revisada y aumentada
Introducción en cuatro actos I II III IV
I. Maestros en el arte de mentir 1. Inferiorizar, invisibilizar, exterminar 2. Teorizando sobre la pira de cadáveres 3. Feos, sucios y malos. El pecado de nacer a destiempo 4. La historia según Merlín 5. Los antecesores del señor general
II. La década del Apocalipsis 1872-1882 6. La Zanja del bien y del mal 7. Corrales de Sangre y un Carnaval sin Pincén 8. El rally del Desierto 9. La Espada 10. La Cruz 11. El reparto 12. La dispersión
III. La desmemoria como estrategia 13. Capitanejos e indios amigos. ¿Amigos de quién? Cipriano, el gentilhombre El amigo Coliqueo Ceferino: ¡Bendito sea el indio muerto! Monogamia a palos 14. Helena del Desierto: rapto, cautiverio y rescate
IV. Auschwitz en medio del río 15. Folletos de weekend Indios marinos Una vacuna de 1796 La máquina de apestar “Ladrones del Paraíso” La liberación según Roca Lento, pero viene… Lento, pero viene
Material de Archivo Archivos Publicaciones periódicas
Bibliografía
Siglas empleadas
Anexo de imágenes
Créditos
Otros títulos de esta editorial
A mi padre Stefan Valko
por los años vividos en la selva paraguaya.
El libro para el gran debate histórico
por Osvaldo Bayer
Este libro es un escalón importante para el debate que nos debemos los argentinos. Aquí están las pruebas históricas para llegar a conclusiones definitivas. Cuáles fueron los argumentos para preparar la llamada Campaña del Desierto, que no fue otra cosa que, en nombre del poder, realizar una matanza para quedarse con las tierras donde vivían los pueblos originarios desde hacía miles de años. Aquí, una a una están las pruebas de cómo se justificó algo injustificable que ha quedado siempre ocultado por un siglo y medio.
Desde los ideales de Túpac Amaru a las quitas de tierras, al reinvento de la esclavitud y al exterminio de los “salvajes, los bárbaros”. Igual o peor que los conquistadores españoles. Ninguna diferencia.
Después del pensamiento de Castelli y Monteagudo, los derrames verbales de un Sarmiento, un Mitre, un Alberdi, un perito Moreno, un Estanislao Zeballos. Los calificativos soeces, el racismo más repugnante. De “raza estéril” a “enjambre de hienas”, o “gusanos”. Cómo fue instalada la ‘civilización’ en la Argentina, aquélla que había nacido en Mayo.
Las citas de los llamados pensadores que aparecen aquí, una a una, son imperdibles. Hasta la, por supuesto, ‘moderación’ eclesiástica de “luego de la espada le sigue la cruz”.
Un trabajo revelador y profundo. El clima preparado para hacer todo lo posible por pasar de una nación mestiza a la denominada civilización europea. Sí, esa civilización que se había enfrentado en mil guerras, en la esclavización de los continentes ‘descubiertos’. En la esclavitud de pueblos como ley natural. Claro, había que cambiar todo porque “los indios no le extraían a las tierras la rentabilidad que percibían las bancas europeas”. Civilización y progreso. Trabajo esclavo para los prisioneros, la servidumbre para la mujer originaria, el regalo de los “indiecitos”. La muerte o la servidumbre.
¿Dónde quedaba Mayo?
Penetrar en esta profunda investigación de Marcelo Valko es ganar las armas de la información para buscar la respuesta a la pregunta: ¿qué nos pasó a los argentinos? Que podría ser –con la sabiduría de la autocrítica– resumida en “desde el pensamiento de mayo al sistema de la desaparición de personas”. Pese a los héroes civiles, a sus búsquedas, a sus sacrificios.
La lectura de estas pruebas indiscutibles nos debe llevar a lo que necesitamos los argentinos: un gran debate histórico, la revisión de los principios de muchos de los protagonistas que pasaron a ser próceres, la aplicación de los principios indiscutibles de la Ética, que permitan medir todo con la irrenunciable norma de la igualdad de derechos, escribir la historia con los inclaudicables principios de la defensa de la vida por sobre el racismo y los intereses económicos. Analizar la palabra ‘progreso’ basada no en la riqueza y la pobreza, ni en la destrucción de la naturaleza, ni en la posesión de armas de la muerte. La muerte del Otro.
Por eso y para eso, el debate histórico debe ser honesto. Aunque destruya la base de estatuas consagradas elevadas por un falso concepto de lo que tiene que significar la palabra ‘progreso’.
El autor de Pedagogía de la Desmemoria se propone todo eso: remover el pasado para aprender. Nuestra propia historia colapsa ante la derrota de las democracias frente a las dictaduras militares. Una continuidad constante. ¿Por qué la derrota de las democracias ante el militarismo? ¿Por qué el fin de la palabra y el sí al mando absolutista que termina en la muerte del que piensa distinto?
Para contestarnos y buscar el camino hacia esa Libertad soñada en Mayo y que comienza por el respeto a la Vida, debemos preguntarnos: ¿por qué aceptar una historia plena de muertes del Otro y de desprecio por su origen o por su idea?
Y vayamos a los hechos. Entremos con Valko en un período sin debates todavía y pleno de estatuas para quienes no veían que la palabra Ética debía ser uno de los fundamentales factores para la formación de una verdadera sociedad en democracia y veamos en trono a la noble Igualdad, en Libertad, como lo cantamos en nuestro Himno.
En estas páginas se encuentran bien explicados los intereses políticos de Mitre, Sarmiento, Roca y de otras figuras consagradas por la historia oficial. Los intereses agropecuarios de la época y sus búsquedas en la política del día. Las expediciones previas a la campaña de Roca, de las cuales tan poco se ha hablado. La falta de altos ideales en el poder en todo ese período. Y luego, la campaña de Roca y todos sus comunicados oficiales y los volcados en las crónicas periodísticas y en libros posteriores. La corrupción oficial, en la que se destacan las prebendas de los dos hermanos de Roca, Rudecindo y Ataliva. Pero también la actitud de la Iglesia católica en sus dos puntos de vista, por supuesto. Y el criterio de historiadores de todas las épocas, en versiones donde siempre está la defensa de la ‘civilización’ frente a la ‘barbarie’. Además, un capítulo que habla de los campos de concentración de Roca y del destino de los prisioneros: los ‘indios’, las ‘chinas’ y los ‘chinitos’. La esclavitud más deshonrosa, parece mentira, después de aquel generoso dictado de la Asamblea del año 1813. La más vergonzosa conducta política cuando se piensa en la épica de aquellos ejércitos libertadores que recorrieron Latinoamérica. Pero qué podemos decir, si cien años después de que en la Argentina se regalaran ‘chinitos’, es decir, los niños de los pueblos originarios a las ‘familias de bien’, la dictadura militar de la desaparición de personas volvía a repetir lo mismo con los niños nacidos de prisioneras políticas en las cárceles.
En la triste historia de Ceferino Namuncurá está toda la hipocresía del poder, de una sociedad corrompida, y de una iglesia cómplice que permitió piadosamente todos los abusos y humillaciones de los vencidos. El capítulo de lo ocurrido en ese verdadero campo de concentración que fue la isla Martín García es tan tremendo que el lector no llega a explicarse hasta qué límites de crueldad y de cinismo se vivió en esos años. Sólo se pueden describir con los sustantivos que pintan de cuerpo entero el desarrollo de los hechos: prisión, trabajo forzado malsano, hambre, desnutrición, ratas, viruela, cólera, tifus, evangelización forzada y muerte horrenda. Todo esto con una documentación testimonial irrebatible.
Nos gustaría extendernos más, pero es que el lector tiene que comenzar ya la lectura de esta descripción completa y científica de Marcelo Valko de lo que fue un capítulo vergonzante de la crueldad argentina, sólo comparable con lo sucedido un siglo después –como decíamos– con la desaparición de personas.
Y repetimos. Esta fuente de datos históricos completos tiene que servir para que se realicen en nuestro país congresos de historiadores para discutir por fin la llamada ‘campaña del desierto’. Pero no sólo profesores, los estudiantes tienen que invitarse a sí mismos a seminarios para cambiar definitivamente la enseñanza de la historia y acabar con los denominados héroes nacionales de esa época que no fueron otra cosa que protagonistas y encubridores de un crimen de lesa humanidad. Si no, el llamado “mirar hacia adelante” nos condenaría a una vida de cinismos e injustas diferencias que nos llevaría a repetir los errores históricos que los argentinos hemos cometido. El futuro de la humanidad no está ni en el racismo ni en la justificación de los crímenes históricos del Estado. (Alemania, después de los horrendos crímenes raciales del hitlerismo y de sus campos de concentración, abjuró para siempre del militarismo prusiano, que antes siempre había sido una regla a seguir). Nuestros héroes tienen que ser aquéllos que en nuestra historia lucharon por los derechos a la vida de todos y no los que, por la ambición de poder y propiedad, ultrajaron la vida de los hijos de la tierra.
Comentario a la tercera edición revisada y aumentada
Para comprender el proceso de invisibilización que facilita la eliminación de seres humanos es imprescindible el contexto. Matanza e impunidad serán las constantes de esta cruel pedagogía que tiene como objetivo el olvido y la desmemoria, siniestros hijastros de la Historia Oficial. Por eso, en este primer tomo nos vamos a adentrar en el proceso de inferiorización ejercido sobre la humanidad de los pueblos originarios y escucharemos las absurdas especulaciones de los cadaverólogos que niegan lo ocurrido en América. El asesinato masivo de personas indefensas a manos de las instituciones que les deben brindar protección emerge de un largo proceso, de una estructura que se mantiene en el tiempo. A pesar de que durante el inicio de la Revolución de Mayo se buscó la visibilidad de los indígenas, en poco más de un decenio, su ideario fue vencido por la traición y perdimos una chance excelente de construir un país fraterno e inclusivo. Luego comerciantes de mente muy estrecha manipularon a los militares para proteger sus intereses, y estos, claro está, cumplieron su parte utilizando una crueldad tan excesiva como innecesaria.
Cuando hace varios años me lancé de lleno con esta investigación, por una cuestión de tiempo, tenía en mente un único volumen que realizaría un rastreo de la construcción de la invisibilidad de los pueblos originarios y sus consecuencias de genocidio y racismo. La idea inicial era partir de la Zanja de Alsina y las campañas realizadas contra los indígenas en pampa-patagonia y el Chaco, para concluir con las tardías matanzas de 1924 en Napalpí y en 1947 en Rincón Bomba. Suponía que en un único texto podría enumerar estos temas. Sin embargo, una vez que comencé a sumergirme en los archivos, fueron tantas las pruebas y evidencias que salieron a la luz que resolví dividir, en principio, en dos tomos esta Pedagogía de la Desmemoria que no cesa. Así, a principios de 2010, la editorial Madres de Plaza de Mayo publicó una primera edición que se agotó y, antes de finalizar ese año, una segunda. De inmediato se sucedieron una cantidad increíble de invitaciones para presentarlo a lo largo del país, presentaciones que, si bien difundieron el tema, de alguna manera también conspiraron para continuar con la investigación. Ahora Ediciones Continente lanza una nueva edición del primer tomo considerablemente revisada y aumentada, teniendo ya en carpeta el siguiente volumen.
El libro comienza con el debate de Valladolid entre Las Casas y Sepúlveda, reflexiona sobre las razones que los exterminólogos esgrimen para explicar cómo el holocausto americano no fue un “genocidio sin premeditación”. Nos adentraremos en el imaginario de aquellos políticos que formaron parte de la tan mentada generación del 80 y que se corporizó en la máxima obra del racismo del siglo XIX en América: la Zanja de Alsina. Un mapamundi de la civilización y la barbarie que separaba el bien del mal y que luego se continuó en campañas que padecieron primero los indígenas de pampa-patagonia y luego en Chaco.
Algo que supongo sorprenderá a los lectores es lo referente al destino y status legal de los prisioneros indígenas tomados por las sucesivas campañas durante las cuales fueron sometidos a condiciones inhumanas de traslado, a la viruela, a campos de concentración conocidos en ese entonces como “depósitos de indios”, al reparto de niños “como si fueran perritos”. En aquel momento, nadie tenía muy en claro qué hacer con los miles y miles de detenidos étnicos después de exhibirlos en los muelles porteños. Los indios muertos ya estaban bien muertos, en cambio, ¿qué hacer con los sobrevivientes? ¿Cuál sería su destino? El problema se agravó porque estaban condenados a una servidumbre indefinida. La esclavitud había sido abolida por la Asamblea de 1813, sin embargo, los indios seguían siendo tratados como esclavos, mientras el establishment (al que pertenecía la Sociedad de Beneficencia que los repartía los miércoles y viernes) ponía el grito en el cielo y negaba tal condición. En la Argentina, que comenzaba a acercarse a paso acelerado al progreso que encarnaba el mítico siglo XX que se acercaba veloz, no tenía cabida la esclavitud. Sin embargo, los “salvajes derrotados” o “los últimamente vencidos”, como había titulado el perito Moreno a las salas donde exhibía sus colecciones de especimenes, habitaban un espacio y tiempo ambiguo, indefinido. No estaban condenados y, sin embargo, los sentenciaban de facto a la disolución familiar, a la servidumbre, a los trabajos forzados o el confinamiento.
Sobre todas estas situaciones descendió la negra noche de la pedagogía de la desmemoria creada por la Historia Oficial; por eso pienso que a varios de nuestros máximos “héroes”, en lugar de dedicarles candorosas biografías, deberíamos escribirles sus prontuarios. Y, dado que aquellos que cometieron semejantes delitos ya están muertos y la justicia no los puede alcanzar, sin embargo podemos castigarles la memoria. Este texto es un intento en este sentido.
Hacia 1880, la Argentina presumía de su civilización y progreso. La barbarie había sido vencida. Se sentía blanca y europea y estaba naciendo la leyenda del granero del mundo. Era un país con leyes que amparaban a sus habitantes, incluso a “los infelices salvajes”. Como señaló un medio de la época: si “se legisla hasta para garantir del mal trato a las bestias”, la ley también podía amparar a los indígenas. Pero no fue así. La injusticia, la impunidad y la desidia fueron la moneda corriente. Y de ese modo se tergiversó la historia para justificar la usurpación de 42.000.000 hectáreas después de exterminar y deportar a sus habitantes construyendo un Desierto sobre la base del dolor, los negociados y la mentira.
Numerosos documentos reproducidos en forma textual han sido incorporados al texto; de esta manera, facilitamos la divulgación de pruebas incontrovertibles para que pueda comprenderse cómo se construyó la invisibilidad que posibilitó un Holocausto de la magnitud que sufrió nuestro país. Como suelo repetir en mis clases y conferencias: las pruebas del genocidio existen, las huellas están aguardando ser percibidas.
Y esos documentos incorporados de manera fidedigna al texto han logrado más de lo que esperaba. Las ediciones anteriores han generado debates tremendos en los profesorados de historia, en concejos deliberantes donde fui invitado a exponer el prontuario de Roca, e incluso cambios concretos.
Aunque el cronista indígena Felipe Guamán Poma de Ayala afirma, con mucha razón, que “escribir es nunca acabar”, este ejemplar prueba que lanzamos el primer tomo y por eso creo necesario mencionar a una serie de personas que han colaborado de diversas maneras durante la investigación y en la divulgación posterior, para ellos va mi afectuoso agradecimiento. En principio, a mi querida familia, Stefan, Oli, Aye, Alito, Caro, Santy, Ailén y Facu.
Me enorgullece la colaboración brindada por mis alumnos de distintas cursadas, quienes en forma totalmente desinteresada me acompañaron en los archivos y realizaron una ardua labor de tipeo, exhibiendo una metodología de trabajo riguroso cumplieron con enorme entusiasmo su cometido, por eso mi agradecimiento a Laura Cejas, Juan Pablo Ordóñez, Cristina Rodríguez, María Argentina Gómez, Paula Dieguez, Laura Olivera y Ana Marrello. Y un reconocimiento muy especial a Diego Crifó y a Macarena Estigarribia.
No olvido a Los Rescoldos, Fiti Perrone, La Ronda de Chivilcoy, ECOS de Saladillo, Héctor Pellizzi, Oscar Farías, Julio Galván, Carina Carriqueo, Sergio Santos, Alexis Guerrera, Roberto Paveto, Liliana Amato, Sebastián Romero, Luis Zarranz, Belén Dezzi, Daniel Flores y el colectivo Yanapakuna, a la “Checha” Merchán, Marcelo Constant, Claudia Calcedo, Víctor Furci, Roxana Amarilla, Mariano Liberatti, Carlitos Blanco, Carlos Silva, Florencia Kusch.
Por otra parte, las seguridades que me ha dado Jorge Gurbanov de Ediciones Continente, un editor que no solo ama los libros sino que demuestra ser un digno heredero de las mejores tradiciones de pioneros como Gonzalo Losada o Arturo Peña Lillo, ya que me permitirá plasmar el siguiente tomo para explayarme con la suficiente profundidad que un tema tan complejo merece.
Finalmente, el aliento constante del querido Maestro Osvaldo Bayer, fue el impulso que me permitió seguir pese a todos los contratiempos propios de una investigación de esta envergadura. Su ejemplo de vida, su palabra cálida, su compañía y sobre todo las conversaciones en El Tugurio, donde le mostraba documentos recién extraídos de los archivos y comentábamos sobre los avances del libro, fueron el combustible más valioso que me permitió superar el cansancio de escribir, muchas veces desde la madrugada, vencer la infinidad de obstáculos burocráticos, seguir las huellas de tanta muerte y armar las piezas de un rompecabezas que la Historiografía Oficial se empeña en ocultar.
Aspiro a que alguna vez la Argentina deje de guardar las formas ante las carnicerías a las que sometió a ciudadanos indefensos y se transforme en una República coherente y fraterna, en un país real, o resignarse de una vez y para siempre a habitar un campamento con Internet que simula ser un apéndice perdido de la civilización occidental y cristiana en medio de la oscura barbarie latinoamericana.
Buenos Aires, junio de 2013