Kitabı oxu: «El mar en tus ojos»
MARÍA LAURA CEIRANO
El mar en tus ojos

Ceirano, María Laura
El mar en tus ojos / María Laura Ceirano. - 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Autores de Argentina, 2021.
Libro digital, EPUB
Archivo Digital: descarga y online
ISBN 978-987-87-1997-9
1. Narrativa Argentina. 2. Novelas. I. Título.
CDD A863
EDITORIAL AUTORES DE ARGENTINA
www.autoresdeargentina.com
Queda hecho el depósito que establece la LEY 11.723
Impreso en Argentina – Printed in Argentina
Dedicado a mis hijas Valentina y Paulina,
para que vivan una vida rodeadas de amor.
Que se conviertan en mujeres fuertes, luchadoras y apasionadas.
Agradecimientos:
A mi esposo Diego, por la confianza, el respeto y el apoyo incondicional.
A mi amiga Andrea y a mi tía Nilda, por haberse convertido
en mis primeras lectoras y por haberme animado a cumplir mi sueño.
Clara
Con su pijama traslúcido, de lo antiguo, y la cabellera totalmente despeinada, escuchó sonar su teléfono; era Lore, su mejor amiga.
—¿Cómo está mi escritora y amiga favorita? –pregunta Lorena con su voz entusiasmada, prácticamente gritando del otro lado.
—Me siento terrible, siento mis manos congeladas y mi cuerpo tiembla como una hoja. ¿Será un ataque de ansiedad?
—Tranquila, todo va a salir estupendo… y te va a llegar ese ascenso tan merecido. Mirá que yo jamás leí nada en mi vida, pero esto que escribiste es tierno y original –argumenta cariñosamente Lorena.
—Bueno, no me servís de mucho, porque no tenés para comparar, vos misma decís que nunca leíste nada –suspira hondo–, en fin, igual te agradezco por estar siempre.
—Este sábado festejamos… te lo aseguro.
—Como siempre agradezco tu empuje… si no fuera por vos que siempre estás dándome ánimo…
—Porque te quiero mucho –contesta Lorena dulcemente.
—Yo también te adoro, pero ahora te dejo, voy a cambiarme, se me hace tarde para ir al diario. Estoy famélica, típico de mí cuando me pongo nerviosa. No voy a entrar en la ropa que compramos para el sábado.
—No te preocupes, amiga, después empezamos el gimnasio… ¡¡¡suerteee!!! Mandame un mensaje para ver cómo va todo.
Clara suspira mientras mira a su alrededor, disfrutando de un nuevo amanecer, del olorcito a café y de la increíble atmósfera de su departamento, su lugar en el mundo.
Cuando lo compró estaba hecho un desastre, tenía unos ahorros, pero necesitó un préstamo por la diferencia, que todavía estaba pagando. Cuando se lo enseñó a Lore, le dijo que estaba loca, y para ella era la descripción perfecta, estaba chiflada. De verdad iba a tener que trabajar mucho en él, pero fue amor a primera vista, desde las ventanas que daban al sencillo living comedor y a su único dormitorio, podía verse el mar… y eso no tenía precio. Si bien estaba a unas cuantas cuadras de aquella hipnótica extensión de agua que tanto le fascinaba, la vista era perfecta.
A veces se siente nostálgica, su vida no había sido muy fácil, de hecho, hubo momentos en los que sintió que no podía seguir. Aprendió a vivir sin tener a sus padres, que fallecieron en un fatídico accidente de autos, hacía apenas cuatro años, mientras volvían de una fiesta y un conductor ebrio se cambió de carril. Todo había cambiado para ella. No tenía muchos parientes. Así que su gran familia se cerraba en los brazos de su amiga Lorena.
Se despereza y se prepara para ir a trabajar. Vuelve a leer su artículo y piensa… “no puedo creer que haya usado una parte de la historia, que ha dejado una profunda huella en mí, para hacer este párrafo que me puede regalar un ascenso. Lo único que espero es obtener mejores resultados ahora, que cuando le declaré mi amor a mi amigo en aquel entonces”. Y por supuesto, su mente regresó hacia el pasado… Tenía unos ojos del color del mar, intensos y profundos como él, podía perderse en ellos y naufragar, tantas veces lo había hecho… su lacio cabello castaño con hilos dorados le llegaba hasta los hombros, boca voluptuosa y tentadora, que, sumada a su piel cobriza, hacían un conjunto irresistible. Se convirtieron en amigos, después de que Lorena se pusiera de novia con Juan, gran amigo de Manuel, por eso se veían seguido, sobre todo los fines de semana, cuando salían a bailar. Vivía en Valeria del Mar. La química entre los dos surgió enseguida. De hecho, pasaban la mayor parte de la noche charlando. Pero cuando llegaba la hora de los lentos, él desaparecía en busca de su novia, y Clara vagaba por ahí en busca de alguien decente con quien bailar...
Sacude la cabeza para volver a su realidad, basta por hoy… se dijo, es hora de salir. Ya su personaje la había desvelado muchas noches.
Llega a las oficinas del diario temprano. Como ve la puerta del director abierta, se acerca enseguida a entregarle su trabajo.
—Buenos días, Clara. Veo que has madrugado esta mañana. –Sonríe. Para todos los empleados el director es una persona muy agradable y de la que aprenden muchísimo.
—Buen día, Ricardo, ¿cómo está? Sí, anoche me costó dormir un poco –le dice temblorosa.
—Bueno, espero que cuando esto termine, puedas relajarte y descansar mejor. No era mi intención ponerlos al borde de la locura, aunque me gusta que quieran superarse. Eso habla muy bien de ustedes. –Habían seleccionado a tres empleados para que hicieran este trabajo, el mejor se ganaba el ascenso.
No estaba segura de entregarle la carpeta, sus manos estaban resbaladizas y su pulso iba a mil. Ricardo observa el título… y cuando lo lee en voz alta, sus ojos expresan cierta curiosidad: “Era mi amigo, pero yo lo amaba”, ese conjunto de palabras hicieron eco dentro de la oficina…
—¿Es una historia de amor? –pregunta observándola intensamente. Y ella se empieza a arrepentir.
—Sí… – dice tímidamente, pero en pocos segundos logra sacar la persona optimista y firme, y defiende su trabajo con seguridad, a pesar de que, en el fondo, muy adentro de ella, la incertidumbre se abría paso lentamente–. Creo que es un tema profundo… en estos tiempos que corren, muchas veces damos por sentado los sentimientos relacionados con el amor. Me gusta creer que, si llega a salir a la luz, muchas personas puedan sentirse identificadas, que se atrevan a ir más allá del miedo, que no se queden con la duda de “qué hubiese pasado” si hubiera hecho tal cosa. A lo mejor están enamoradas de alguien que ven todos los días y no se animan a expresar sus emociones. Por miedo, por comodidad… –alega.
—De verdad, me sorprende que habiendo tantos temas hayas escogido este. Pero confío en tu intuición. Por eso estás acá, en frente de mí. Sos de las pocas que siempre me sorprende. Espero que este artículo lo vuelva a hacer. –Siente que le arde la cara, y se pone colorada, cosa que le pasa cuando está incómoda. O demasiado emocionada.
—Eso espero –le dice, mientras se marcha, con las piernas temblorosas.
—Esperá, Clara, tengo una pregunta más.
—¿Sí? –lo mira estremecida.
—¿Es algo que investigaste hablando con otras personas que pasaron por algo así, o es una experiencia personal? –Duda un momento antes de admitirlo, pero siempre habla con la verdad, así que asiente.
—Es una experiencia personal, Ricardo. –Se saludan y se van.
Unos minutos más tarde llegan Gisela y Benjamín, los otros dos compañeros que tienen que escribir su artículo. Benjamín escribió sobre los teatros y el verano en Mar del Plata y Gisela, de la gastronomía costera. El artículo de Clara nada tiene que ver con estos, pero la suerte ya está echada.
Clara pasa toda la mañana editando algunas notas. Como siempre se fue relajando un poco, disfrutando de lo que tanto le gusta hacer...
Cuando termina sus tareas del día, decide pasar por el supermercado a comprar un par de cosas y llegar temprano a su departamento, a ella la ansiedad le provoca comer, y como se defiende bastante en la cocina, se prepara un banquete. Pero cuando se va a dormir, empieza a dar vueltas en la cama, sin poder conciliar el sueño. La ciudad es menos ruidosa a esa hora de la madrugada, se levanta y camina hacia la ventana, corre las cortinas y abre un poco una de las hojas para dejar entrar esa brisa fresca que proviene del mar… eso le regala la calma que necesita para entregarse a un sueño profundo y reparador…
A lo lejos escucha el sonido de su despertador que lamentablemente interrumpe un encuentro con su mamá. Puede sentir los ojos humedecidos por las lágrimas, cuánto la extrañaba, con el tiempo había aprendido a vivir sin sus padres, pero había días en que los necesitaba demasiado… y a su mamá más que a cualquiera… quizás será porque ellas son las que cargan con sus hijos durante nueve meses y ese contacto es para toda la vida… o porque ellas son las que los cuidan, las que dicen que todo estará bien… las que siempre creen en sus hijos… para Clara, haber soñado con su mamá fue una señal de buen augurio.
—¡¡¡Hola!!! ¡¡¡Hola!!! –escucha que golpean con fuerza la puerta y esa voz era inconfundible. Su amiga ha llegado.
—Ya voy, ¿qué hacés tan temprano? Me dijiste que ibas a venir a la tarde, son las 7:30 hs. de la mañana –protesta, aunque en el fondo está agradecida que ella esté aquí.
—No podía esperar, necesitaba verte, temía que estuvieras con… ¿esa cara de tranquilidad? –La mira y está confundida, enseguida cambia el gesto de su cara.
—Digamos que tuve un hermoso sueño y estoy muy relajada. Así que no me enchufes por favor –dice mientras va a la cocina y pone la pava para preparar unos mates. Lorena pasó por la panadería y trajo churros con dulce de leche, que le fascinan, ideales para un gran desayuno.
—No te lo puedo creer, bueno, me alegra no encontrarte con ojeras o a punto de enloquecer… –dice y abre los ojos como platos. Automáticamente saca una fuente de la mesada y se dispone a poner allí el desayuno. Busca el equipo del mate mientras espera que hierva el agua, abren las ventanas de par en par y se acomodan en el pequeño balconcito que mira hacia el mar.
—Desayunemos rápido, quiero llegar enseguida. Necesito saber cómo fue lo de mi artículo y si por fin logro mi ascenso.
Lore la llevó hasta el trabajo.
Cuando llega a su oficina, Julia la saluda y enseguida le da un mensaje.
—Clara, Ricardo te espera en su oficina.
—¿Sabés algo? –Ella niega con la cabeza.
—Solo me dijo que apenas llegaras fueras.
Se levanta, acomoda su ropa y se acerca a la oficina del jefe. Golpea suavemente la puerta y la invita a pasar.
—Buenos días, Ricardo, ¿quería verme? –Su voz suena palpitante y muy nerviosa.
—Sí, Clara, pasá –dice sonriente, dejando el artículo sobre el escritorio. Sus manos transpiran y en cualquier momento cree que va a desmayarse de los nervios. El momento se hace eterno, Ricardo la estudia, como si le gustara verla sufrir, hasta que al final le habla–: Bueno, Clara, ya hemos elegido el artículo. Anoche nos reunimos con los otros socios y fue unánime la decisión. Te felicito, tu trabajo saldrá mañana en nuestra sección especial y acabas de ganarte un ascenso, que muy merecido tenés. Te he visto trabajar arduamente y con esmero desde que entraste a nuestro diario. Y siempre supe del muchísimo talento con el que contás. Me alegra que no me hayas defraudado.
Puede sentir cómo sus ojos se llenan de lágrimas y no encuentra palabras para expresar su alegría.
—Muchísimas gracias. No sé qué decir –dice muy emocionada.
—No hace falta que digas nada, cosechamos lo que sembramos... Ayer cuando todos los socios leían tu artículo, tenías que haber visto la expresión de sus caras. Creo que muchas personas pasaron por lo que vos transitaste. Por eso sentimos que a nuestros lectores les va a encantar. Lo único que te queremos pedir es que lo cuentes en primera persona. Para que se sientan identificados con uno de los nuestros.
A ella no le gustaba esta idea, si bien estaba casi segura de que Manuel ya estaría casado o juntado. Y quizás con hijos, no quería ponerse en evidencia de nuevo. Aunque ya no albergaba ningún sentimiento profundo por él.
—No hay problema –dice insegura, porque era la oportunidad que estaba esperando y no quería perderla.
—¡Perfecto! –Ricardo estaba muy orgulloso, desde que ella había ingresado a trabajar, se había encariñado mucho y de alguna manera se había convertido en su mentor. Sabía que tenía potencial y que no le importaban las horas extras cuando él la necesitaba. Los clientes siempre le hablaban muy bien de ella, siempre sonriente y vivaz y de alguna manera había llenado de buena energía las oficinas. El artículo le había llamado la atención, para qué negarlo. Pero después de leerlo, junto a los demás socios, supo que era una bocanada de aire fresco, entre tanta noticia triste y fatalista.
—Mañana estará modificado, Ricardo; de nuevo gracias. –Cuando vuelve a su oficina, la invade la emoción. Con el corazón contento busca su teléfono y llama a Lorena. Quien no esperaba otro resultado, sabía lo que su amiga podía lograr cuando se proponía algo. Con la excusa perfecta, empezó a organizar el festejo.
—Mañana empezamos a la tardecita en el Bar de la Costa y después nos vamos al pub de siempre a festejar, ya les aviso a todos. –La verdad es que esa historia que mañana se imprimirá y muchos leerán le había enseñado mucho, no había sido una experiencia de vida o muerte, ni una pelea, pero sí había sido un amor puro y grande no correspondido, quizás no el primero, pero sí de los que nunca se olvidan… y las vueltas de la vida hicieron que de este aprendizaje surja un resultado excelente, un ascenso laboral que había estado persiguiendo con mucho esmero. Sin perder el tiempo, comenzó a reescribir su artículo en primera persona, para que mañana apareciera en cada diario del país. Estaba feliz…
“Era mi amigo, pero yo lo amaba…”. ¿Cuántos de nosotros hemos cruzado esa línea tan fina que separa la amistad del amor?
Hace muchos años, cuando era adolescente, me encontré con el amor. Ese amor que no fue el primero, pero que marcó para siempre mi corazón.
Salía siempre a bailar con una amiga y ella se enamoró de un joven que vivía en Valeria del Mar. Se pusieron de novios, y como no tenía muchas amistades, me uní a su grupo, para no andar sola toda la noche. Uno de ellos enseguida capturó mi atención. Me quedé rendida a sus ojos, unos ojos del tono del mar y una mirada que jamás olvidaré. Hicimos buenas migas enseguida, era fácil hablar con él, me divertía mucho y la pasaba de maravilla. Pero tenía novia. Una novia que no estaba mucho presente durante la noche, salvo al final, cuando llegaba la hora de los populares lentos de nuestra época.
Al principio trataba de distraerme, pero a medida que iban pasando los fines de semana, su cercanía, la complicidad, el cariño que me demostraba; empezaron a hacer eco en mí y no sé decir bien cuándo, pero me fui enamorando… despacito, pero profundamente.
Él ni lo sospechaba, no se imaginaba que, cuando llegaba al boliche, subía al primer piso para verlo entrar, sin miedo a que me observe o que se dé cuenta y hacerme un banquete con todo su ser.
Empecé a sufrir, no podía dejar de pensar en él. Me sentía cada vez más incómoda cuando estábamos juntos…
Y un día, después de pensarlo mucho y no hablarlo con nadie, salvo con mi almohada, tomé una decisión; era hora de alejarme. En el fondo de mi ser sabía que no tenía ninguna oportunidad, que él no me veía como a una mujer, solo era la dulce adolescente que se reía de todas sus bromas o que lo escuchaba atenta cuando le contaba detalladamente algún suceso de la semana.
Así que empecé a dejar de salir. Ya no frecuentaba más el boliche donde podía encontrármelo. Y de esa manera fue pasando el tiempo. Cuando me sentí preparada, volví y nos cruzamos en un momento de la noche. Me sonrió y enseguida se acercó a mí. Me saludó como si nada, diciendo el mucho tiempo que hacía que no me veía, le dije dos palabras y salí disparada y traté de evitarlo el resto de la noche. No había muchos lugares para salir en aquel entonces, así que me veía obligada a volver a ir. ¡Tampoco quería estar encerrada sin divertirme, en la mejor época de la vida! Pero cuando él se acercaba, trataba a toda costa de evadirlo. Todavía estaba enamorada.
Hasta que un buen día, no me pude escapar… él estaba decidido a indagarme cuando quedamos de frente, en un lugar donde no tuve salida y el discurso que había preparado, por si alguna vez me pasaba algo similar, salió disparado de mis labios… “me enamoré, sé que no tenía que pasar, pero pasó y estar cerca me lastima…”, sus ojos se tornaron más oscuros, pero de sus labios no salió una sola palabra.
Ese día comprendí que jamás iba a saber a qué sabía su boca, o su perfume impregnado en mis sábanas por las mañanas, después de habernos amado durante la noche, jamás sabría cómo sería hacer el amor con la persona que más había deseado en mi vida…
Supe que siempre sería mi amor imposible, platónico. Pero en el fondo de mi ser fui feliz… porque si no lo hubiera hecho, si no me hubiera animado a confesarle mis sentimientos, hoy aún me estaría preguntando: ¿qué hubiera pasado?… por Clara Marquetti.
El día siguiente, después de que todos sus compañeros leyeran su artículo, fue muy especial. Muchos de sus compañeros la pasaron a felicitar.
No podía dejar de sonreír. Le encantaba lo que surgiría después del ascenso, abría un panorama más amplio para poder trabajar, participar de reuniones con los directivos y reemplazar a Ricardo cuando él no estuviera.
Había sido una jornada encantadora, especial y reconfortante. Sabía que haber soñado con su mamá había sido un excelente augurio.
Cuando volvió a su casa, releyó su artículo para estar segura de que lo había hecho bien. Siempre era muy exigente con lo que escribía y en las cosas que trabajaba. Y le dedicaba muchísimo tiempo.
Después de darse un baño relajante y vestirse para salir de fiesta, escuchó cómo su loca amiga golpeaba la puerta. Ella con una gran sonrisa y diario en mano la saludó:
—Señorita escritora, supongo que mi dedicatoria va a ser más que especial… ¿no? –Y le entrega su diario. Así que toma una lapicera y le escribe: “A la hermana que me regaló la vida. Gracias… una y mil veces, sos mi familia, te quiero con toda mi alma”. La tomó en sus manos y sus ojos se llenaron de lágrimas y se abrazaron tan fuerte que sintieron que se rompían…– No tenías que hacer que se me corriera el rímel; de acá tenemos que ir a festejar, ya quedamos con Tomás y el resto del grupo para salir… –le dice guiñándole un ojo.
Tomás era su compañero de trabajo, ella lo definía como una especie de amigo con beneficios. Lindo, tierno, de besos y noches maravillosas… pero no podía darle más que eso y últimamente tenía la sensación de que para él no era suficiente. Se había ido de viaje porque escribía para la Sección Deportiva del diario y tenía que cubrir un partido de básquet entre la Argentina y Uruguay, en Montevideo; y volvía para la hora de cenar... Cuando se enteró de lo que ocurrió, le mandó un ramo de rosas rojas precioso a su casa con una tarjeta felicitándola y a ella le había encantado su gesto. Siempre estaba en cada detalle, pero su corazón no estaba dispuesto a entregarse y no quería perderlo como amigo, así que no estaba segura de cómo arreglar eso.
Llegaron al bar, donde siempre se reúnen a cenar y escuchar buena música…Cuando Clara se acercó a la mesa donde estaban sus amigos, la aplaudieron haciendo mucho ruido y enseguida le dio vergüenza.
El primero en acercarse fue Tomás, que, hablándole despacio en su oído, dijo:
—Hola, hermosa, estás radiante. Espero que esto del ascenso no te aleje de mí… –Siempre con una voz profunda, varonil y seductora que la hizo sonreír y ponerse colorada, la abrazó amistosamente y le dio un beso en la mejilla; para él cada día era más difícil estar cerca de ella, a pesar de que compartían momentos íntimos y estupendos, no lo dejaba avanzar más, había una pared, que no podía derrumbar–. Tengo muchas ganas de festejar con vos –le dijo suavemente, añorando una noche solos otra vez, ya que hacía un par de semanas que no habían podido coincidir.
—Gracias, y gracias por las flores. –Pero ella no contestó su insinuación. No tenía ganas de verlo después.
Lorena la tenía entre la espada y la pared; día por medio le daba sermones de por qué no le daba una oportunidad de verdad a Tomás. Si algo tenía claro era que no veía un futuro con él, no era lo que ella buscaba.
Allí estaba su grupo de amigos, ellos eran estupendos; se divertían muchísimo juntos, y se acompañaban en las buenas y en las malas. Clara estaba muy agradecida por tenerlos. Cuando llegó el final de la noche y Tomás se acercó para invitarla a continuar la velada en su casa, argumentó estar cansada y por suerte él no se enojó, aunque los dos sabían que las cosas estaban cambiando…
Se quedó a dormir en lo de Lore y a la mañana fueron a la playa con el equipo de mate y unas reposeras. El día estaba hermoso, si bien hacía frío, no había viento, así que era un plan encantador. Amaba el mar, sentía una conexión ancestral con él. Su sonido calmaba su ansiedad, su extensión siempre la reconfortaba y nunca se cansaba de observarlo. Charlaron de todo, obviamente siempre estaba el tema de Tomás con el que Lore insistía, y otra vez ella le repetía que no lo quería románticamente hablando y que estaba muy bien así, como estaba. Así pasó un fin de semana agradable. Mañana iba a ser un nuevo día, con un camino que se bifurcaba en varias direcciones, y ella estaba dispuesta a recorrerlas a todas sin miedo, con los ojos bien abiertos y disfrutando en cada paso.