Kitabı oxu: «La genealogía cautiva»
LA GENEALOGÍA CAUTIVA
PROPIEDAD, MOVILIDAD Y FAMILIA EN BARCELONA, 1500-1650
LA GENEALOGÍA CAUTIVA
PROPIEDAD, MOVILIDAD Y FAMILIA EN BARCELONA, 1500-1650
Mariela Fargas Peñarrocha

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© Del texto: Mariela Fargas Peñarrocha, 2012
© De esta edición: Universitat de València, 2012
© Imagen de la cubierta: MNAC, Museu Nacional d’Art de Catalunya. Barcelona.
Fotografía: Calveras/Mérida/Sagristà
Coordinación editorial: Maite Simón
Maquetación: Inmaculada Mesa
Corrección: Pau Viciano
Cubierta:
Ilustración: Pere Nunyes, Naixement de sant Eloi (1526-1529),
MNAC, Museu Nacional d’Art de Catalunya (Barcelona)
Diseño: Celso Hernández de la Figuera
ISBN: 978-84-370-9205-8
ÍNDICE
PRÓLOGO de María de los Ángeles Pérez Samper
1. EJERCER LA PROPIEDAD EN LA EDAD MODERNA: EL DESAFÍO DE LA ACUMULACIÓN
2. PEDAGOGÍA DE LA PROPIEDAD FAMILIAR: PONIENDO UN ORDEN EN LA GENEALOGÍA
Trato y expectativa sucesoria como signos de exclusión
El nombre y el apellido de los hijos o la identidad de la propiedad
La propiedad evocada y la genealogía dividida
La propiedad concertada: ordenar el matrimonio
Genealogía alegada, propiedad pretendida y movilidad social
La propiedad custodiada: memoria y archivos de familia
3. VICISITUDES DE LA ACUMULACIÓN DE LA PROPIEDAD DURANTE EL MATRIMONIO
El ejercicio de la dote y el buen orden familiar
Disputar la dote: hombres y mujeres para la acumulación
El retorno de la dote o la rivalidad de la genealogía
La genealogía de la dote y la legitimación del poder familiar
4. DEL RECONOCIMIENTO, A LA SOMBRA DE LA GENEALOGÍA: PODER Y CAUTIVIDAD EN EL EJERCICIO DE LA PROPIEDAD
Familia y comunidad en la adquisición de la propiedad
Vincular para conservar y acumular
Ficciones de la propiedad: pleitos y apariencia
El ejercicio infatigable de la propiedad: los perfiles de la movilidad patrimonial
La genealogía de la propiedad reconstruida y la legitimación del poder familiar
5. CONCLUSIONES
APÉNDICE
GLOSARIO
FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA
PRÓLOGO
Prologar el nuevo libro que nos ofrece Mariela Fargas Peñarrocha, La genealogía cautiva: propiedad, movilidad y familia en Barcelona, 1500-1650, constituye para mí una gran alegría, que a través de estas líneas, deseo celebrar y compartir con todos sus potenciales lectores, que serán muchos y muy diversos, profesores, alumnos, historiadores modernistas, tanto catalanes como españoles o de cualquier otro país, especialistas en historia de la familia y en historia de las mujeres, público interesado en la historia en general. Es un libro que ofrece mucho a muchos, un libro que merece ser leído por muchas razones.
No es un libro más, se trata de un estudio histórico muy innovador, enfocado desde una perspectiva muy novedosa sobre un tema, la familia, siempre importante, en el pasado y también en el presente. Es un libro esencial si queremos conocer el pasado y esencial si queremos comprender el presente. En un momento como el actual en que la familia está experimentando cambios radicales, este libro resulta especialmente oportuno, pues proporciona múltiples pistas para interpretar los complejos antecedentes forjados en los siglos XVI y XVII y ayudarnos así a entender mejor el proceso de evolución que desde el pasado ha conducido a la familia hasta la situación presente.
Denota este estudio un amplio conocimiento tanto de las más relevantes como de las más recientes aportaciones históricas al tema, y logra su autora algo muy difícil, un acertado equilibrio entre una brillante exposición teórica y una investigación archivística muy amplia y rigurosa. Porque la historia, la buena historia necesita de las dos cosas, intensa búsqueda de fuentes en archivos y bibliotecas y reflexión teórica inteligente y serena. Mariela Fargas ha hecho en este libro un profundo análisis de las fuentes documentales existentes en diversos archivos catalanes y lo ha completado muy acertadamente con múltiples ejemplos de otras partes de la Monarquía española y de diversos países extranjeros, lo que enriquece extraordinariamente el trabajo y proporciona una perspectiva a la vez muy abierta y muy densa, demostrando un gran dominio de las aportaciones más interesantes de la historiografía actual y también de los conceptos y teorías de otras ciencias sociales afines, desde la sociología al derecho, que incorpora con gran acierto y oportunidad a su análisis histórico. Igualmente en este aspecto logra el difícil equilibrio, resume espléndidamente el estado actual de la cuestión, con muchos matices y precisiones, pero no se limita a las aportaciones que otros especialistas han hecho al tema, sino que hace una importante aportación propia, muy personal y original, muy bien fundamentada y con consideraciones muy sugestivas.
Es un estudio en la vanguardia de la historia de la familia, un estudio muy poliédrico y creativo de la familia como célula fundacional de la sociedad, de la familia en horizontal y en vertical, en toda la complejidad de cada uno de sus momentos presentes y con toda la profundidad histórica que le otorga el transcurso del tiempo –el linaje, la casa, el apellido–, de los hombres y mujeres que la componen, con especial atención hacia el papel jugado por las mujeres, bien sea pasivo o activo, en esa compleja red de relaciones e intereses. La perspectiva femenina marca el trabajo y le otorga un perfil característico y diferencial.
Es un estudio económico, social, político y cultural de gran alcance, como indican los mismos sugerentes títulos de los diversos capítulos en que se halla estructurado el contenido del libro: «Ejercer la propiedad en la edad moderna: el desafío de la acumulación», «Pedagogía de la propiedad familiar: poniendo un orden en la genealogía», «Vicisitudes de la acumulación de la propiedad durante el matrimonio» «Del reconocimiento, a la sombra de la genealogía: poder y cautividad en el ejercicio de la propiedad». El enfoque económico resulta evidente en la repetición del término «propiedad», pero la carga social, política y cultural queda bien apuntada en otros términos igualmente significativos, como «genealogía», «matrimonio», «reconocimiento», «poder», «cautividad», «desafío», «pedagogía», «orden». El trabajo es ambicioso y va mucho más lejos. Es un estudio muy rico en perspectivas, que abarca desde los ideales forjados sobre los valores dominantes y las normas emanadas de la legislación a las prácticas, costumbres y realidades de la vida cotidiana. Conjuga perfectamente las grandes líneas configuradoras de un modelo de familia con las vivencias personalizadas del día a día.
El estudio es también ambicioso en sus coordenadas de espacio y tiempo. Centrado en la historia de Cataluña y más concretamente en la ciudad de Barcelona, conecta por todos sus lados con la historia universal. Ejemplos concretos, pero siempre enmarcados en los grandes movimientos históricos generales, especialmente europeos y mediterráneos. Presenta de manera muy elocuente un largo y complicado proceso social, político y económico, que la autora resume en dos palabras clave: ennoblecerse y acumular. Se sitúa en la edad moderna, especialmente en los siglos XVI y XVII, siglos erróneamente calificados de oscuros en la historia catalana y todavía insuficientemente conocidos; dos siglos, un tiempo necesariamente largo, pues una célula básica de la sociedad como es la familia evoluciona lentamente y sólo puede comprenderse su verdadera trayectoria observando cuidadosamente el paso de los siglos, con todas sus vicisitudes e incidencias. El balance para el lector es extraordinariamente positivo, pues el libro aporta mucha información y muchas claves interpretativas, no sólo para la historia de la familia catalana, sino para la historia de Cataluña en general, la historia de España y del mundo.
Es un libro bien escrito y bien construido. Unas oportunas «Conclusiones», inteligentes y breves, confirman al final su gran valor historiográfico, completado por una seleccionada «Bibliografía», una reveladora lista de «Fuentes» consultadas, y un práctico «Glosario» que aclara los términos más especializados, todo ello encaminado a facilitar al lector el mejor aprovechamiento de la obra.
Este libro es, pues, un trabajo excelente, muy bien documentado, fruto de una rigurosa investigación y de una serena reflexión, en la línea de la historia más innovadora. Es la obra de una historiadora excelente, en la plenitud de su saber y su experiencia, siempre atenta y preocupada por trabajar en las posiciones historiográficas más avanzadas. Mariela Fargas Peñarrocha constituye un ejemplo desde todos los puntos de vista. A su gran inteligencia une una extraordinaria capacidad de trabajo, una excepcional responsabilidad y un sobresaliente sentido del deber hacia su oficio de historiadora, en la doble vertiente de profesora e investigadora.
La trayectoria académica de Mariela Fargas Peñarrocha es su mejor aval desde el principio. Fue una alumna extraordinariamente destacada en la Licenciatura de Historia Moderna, que cursó en la Universidad de Barcelona, como indica la obtención del III Premio Nacional de Finalización de Estudios Universitarios (MEC, 1990). Y es discípula sobresaliente de un gran maestro, el doctor Pere Molas Ribalta, que le dirigió la tesis doctoral, leída en 1996 y publicada con el título de Família i poder a Catalunya, 1516-1621. Les estratègies de consolidació de la classe dirigent (Barcelona, Fundació Noguera, 1997). Obtuvo el XIII Premi Ferran Soldevila por la Fundació Congrés de Cultura Catalana (1996) y el Premio Extraordinario de Doctorado (1997).
Desde el comienzo el suyo fue un tiempo bien aprovechado. Fue becaria predoctoral, profesora asociada y Lectora en el Departamento de Historia Moderna de la Universidad de Barcelona. Realizó una estancia de dos años como becaria postdoctoral en la Universidad Autónoma de Madrid. Impartió docencia como profesora asociada en la Universidad Internacional de Cataluña y, como consultora en la Universitat Oberta de Catalunya, con la que continúa colaborando. Profesora titular de Historia Moderna de la Universidad de Barcelona desde el año 2010, se halla actualmente en un momento de esplendor de su carrera docente e investigadora. Pero si muy satisfactorio es lo ya logrado, todavía más prometedor es su futuro, pues es mucho lo que todos esperamos de ella, seguros de que no nos defraudará.
Su especialidad desde el comienzo de su tarea investigadora es la historia de la familia, tema al que ha permanecido fiel, pero abordándolo siempre de manera distinta y renovadora, abriéndose a campos afines como la historia de las mujeres y la historia de la vida cotidiana. Buen testimonio son sus numerosas publicaciones, entre las que se cuentan libros como Les dones a l’antic règim (Barcelona, 2009); artículos de revistas, entre los que destacan «Transiciones de la autoridad a la igualdad: propiedad, familia e individuo en el antiguo régimen», Historia, Antropología, Fuentes Orales, 42, 2009, pp. 137-151. «Nupcias y movilidad social en la constitución de lo público y lo privado en la Barcelona moderna», Cuadernos de Historia Moderna, 2009, Anejos-VIII, pp. 151-173; y capítulos de libros, como el más reciente: «La casa arrebatada. Sinergias entre lo cotidiano y la historia de la familia» en Gloria Franco (ed.): La vida de cada día. Rituales, costumbres y rutinas cotidianas en la España moderna (Madrid, Almudayna, 2012).
En esa última área de investigación, dedicada a la historia de la vida cotidiana, he tenido la inmensa suerte de coincidir con Mariela Fargas y el trabajo próximo y continuado ha hecho que pueda apreciar, todavía más si cabe, sus múltiples cualidades humanas y académicas. Tenerla como compañera en la investigación y en la docencia en el Departamento de Historia Moderna de la Universidad de Barcelona y en sucesivos proyectos de investigación concedidos por el Ministerio y por otras instancias oficiales, representa una gran oportunidad, un gran reto y un gran aliciente, siempre una garantía de satisfacción y de mejora personal y profesional. El resultado de ese trabajo en común de muchos años es una amistad que constituye uno de esos grandes premios con que nos compensa en ocasiones el mundo universitario.
Este libro, con su atractivo título La genealogía cautiva: propiedad, movilidad y familia en Barcelona, 1500-1650, es un buen ejemplo de la excelencia que ha caracterizado toda la trayectoria académica de la profesora Mariela Fargas Peñarrocha, de todo lo que puede alcanzar y de lo mucho que promete para los años venideros. Es una historiadora cuya obra merece ser bien conocida y seguida atentamente, es mucho y muy bueno lo que ofrece y la comunidad de los historiadores modernistas debemos tenerla siempre muy presente.
MARÍA DE LOS ÁNGELES PÉREZ SAMPER
Catedrática de Historia Moderna de la Universidad de Barcelona Presidenta de la Fundación Española de Historia Moderna
Capítulo 1
EJERCER LA PROPIEDAD EN LA EDAD MODERNA: EL DESAFÍO DE LA ACUMULACIÓN
Tras años de investigaciones centradas en el universo de la familia como reproductora social y cultural, en los últimos tiempos han ido emergiendo las personas y reclamando su legítimo lugar entre las decisiones, aspiraciones, vivencias y desengaños, que antaño se habían presentado vacíos de identidad.1 Así pues este estudio pretende cubrir parte de dicho vacío, aquél que se adentra en la problemática de la propiedad familiar, no tanto para entender su trayectoria, su naturaleza o su evolución, sino para comprender su impacto desde la mirada de los individuos, hombres y mujeres: esto es, cómo y de qué manera se ejerce la propiedad, cómo se vive, cómo se defiende y discute, cómo se conserva o se pierde, cómo se representa o se reconoce. Ésta es la pregunta que nos hacemos y éste el itinerario que queremos seguir a lo largo del trabajo con la finalidad de acercarnos un poco más a las formas de creación individual y familiar de la diferenciación social.
Sin duda a lo largo de dicho itinerario vamos a tropezar una y otra vez con las relaciones sociales y con el derecho. Desde estas cuestiones se han abierto unas líneas que ahora nos permiten re-situar nuestros objetivos. La adquisición y la acumulación de la propiedad,2 constituyen elementos muy significativos para las relaciones sociales y de poder que tienen lugar en el seno de la familia. El sistema jurídico despliega estas relaciones sin determinar absolutamente su destino, puesto que las trayectorias familiares, individuales y de clase, inspiran sus usos.3 El ejercicio de la propiedad, su tenencia y ostentación, su titularidad, su metáfora y simbolismos, determinarán al fin la genealogía familiar, por encima de la sangre.
El impacto de lo individual queda retomado a partir de los retazos de vidas que inundan los capítulos de este trabajo. Cada uno de estos retazos se dirige a la búsqueda incesante de la dinámica, la formación, transmisión y consolidación de la propiedad, en el marco de las relaciones familiares, poniendo especial énfasis en la estrategia y opciones de los individuos de la familia. Estructuras o sistema jurídico-familiar y estrategias, en definitiva, complementadas mutuamente. Como también se complementan la norma uniformadora4 propia de la época estudiada, frente a sus contrastes, que la cuestionan y a la vez condicionan.5
El diálogo entre la normativa y la estrategia puede superar ciertos clichés incapaces de asimilar la flexibilidad de la actuación y las adaptaciones del sujeto. Valga la pena anotar que Lloyd Bonfield ha insistido en la importancia de la ley como proceso socio-cultural. En el ámbito de la propiedad familiar, la herencia, el matrimonio, o incluso la situación de las mujeres, se amalgaman la historia del derecho y la historia social.6 La comprensión histórica del desarrollo y la multiplicidad causal de la reproducción social a través de las relaciones familiares, con las implicaciones en materia de historia del derecho que esta presupone, ha sido puesta de manifiesto por parte de una historiografía ciertamente renovadora. J. M. Scholz propone la idoneidad de la metodología de análisis prosopográfico, por otro lado ya conocida, para acometer un análisis social de la historia del derecho.7 Si nos centramos en la producción bibliográfica española, otros historiadores de dicha especialidad como Bartolomé Clavero también han hablado de semejante cuestión. En su trabajo Tantas personas como estados, este autor nos introduce en la transdisciplinariedad de una antropología institucional, que aplicada al estudio de familia, permitiría operar con categorías plurales e identificar su pluridimensionalidad por encima de las determinaciones derivadas del orden social de la época.8 Sus estudios sobre cultura del derecho y cultura de linaje, prueban cómo el hecho cultural individualizado en el ámbito de la familia, puede aglutinar otras variables provenientes de áreas diversas de conocimiento.9 Clavero también habla del derecho común y de su jurisprudencia como de la antropología de la época moderna. Sobre el derecho común se reconstruyen las categorías sociales y la composición antropológica de las sociedades y de las relaciones sociales. Del derecho nacen y al derecho convergen concepciones y relaciones sociales.
Tal como ya hemos indicado, sin embargo, nos hallamos aún sometidos a compartimentos separados. La mayor parte de la producción en materia de familia y sucesiones se ha erigido en una rama aislada, lejos pues, de aportaciones como el Law, land and family de Eileen Spring, que ha articulado originalmente: un análisis del derecho sucesorio desde las prácticas –con las reglas de la inclusión y la exclusión–, la historia social –el papel de la mujer–,10 la historia económica y la antropología histórica.11 Esta amalgama de elementos viene dada por la misma naturaleza del modelo o modelos de transmisión de la propiedad. Del tipo de modelo surgen una clase de relaciones afectivas y representaciones individuales o comunitarias. Las analogías y entrelazamientos entre sistemas son, no hay que olvidarlo, una constante en el antiguo régimen. Así, la legislación sobre la propiedad aún cuando concediese su libre disposición ésta podía ser limitada o total y en alguna de dichas opciones el resultado podía ser mimético al que producía la estructura troncal de la familia.
También la división de la propiedad podía estar condicionada por el elemento de género: en buena parte del territorio de Normandía sólo era transferida a los hijos varones. En Inglaterra, donde predominaba el derecho de primogenitura, existían variantes locales donde las tierras sujetas a arrendamiento se repartían a partes iguales entre los hijos varones y, en su defecto, entre todas las hijas. O, incluso, la distinción que se hacía entre la transmisión de la herencia integrada por bienes raíces y bienes muebles, a menudo los primeros a favor también de los varones. Contaba de igual modo el origen de la propiedad. Mientras las tierras patrimoniales se podían transferir de acuerdo con modelos prescritos por la ley, la propiedad adquirida era susceptible de mayores márgenes de disposición. Como también se transferían de manera diferente las tierras del padre o las de la madre. El elemento clase, finalmente, diversificaba las posibilidades de transmisión. Los trabajos de Macfarlane, Simpson, Cooper, Flandrin o Ladurie, nos describen estos comportamientos. La variedad de las prácticas reina sobre la unicidad de la norma, con estrategias o elusiones, individuales o grupales.
El concepto de «acuerdo» refleja más aún si cabe que el de «prácticas» el universo de elusiones normativas que conocían las gentes de la edad moderna. Acuerdos sobre las tierras, que tenían lugar en el momento de concertar un matrimonio o tras un fallecimiento. De ahí que Bonfield nos hable de la producción de un modelo individualizado de distribución de la propiedad. Estos modelos individualizados se asientan gracias al uso de las actas notariales. En el norte y en el sur de Italia los más ricos terratenientes usaban el fideicomiso, forma de transferencia basada en la confianza, para excluir a los hijos a los que les estaba asegurada una parte de las tierras de acuerdo con las previsiones del derecho antiguo, como nos ha recordado Romano.
También en Castilla existen actas notariales en las que los hijos más jóvenes fueron privados de los derechos consuetudinarios sobre la herencia en bienes raíces y muebles, ha escrito Clavero. En esta línea, Máximo García, en la misma Castilla, nos habla de la existencia de distintas fórmulas de distribución de la propiedad. Siguiendo sus afirmaciones, se ha ido viendo cómo las haciendas difícilmente llegaban íntegras a la herencia forzosa. La designación de las dotes en vida tenía consecuencias hereditarias que resultaban claves, máxime cuando las dotaciones otorgadas quedaban contabilizadas en el monto de los bienes trayéndose a colación cuando la hija heredaba.
La diversidad de costumbres en la Europa de la consolidación de las dotes marca los posicionamientos de las mujeres tanto respecto de sus familias de origen, como respecto de su relación con el esposo.12 De hecho, la organización familiar determina la capacidad jurídica y de obrar de sus miembros, sobre todo a partir de la vinculación de éstos al cabeza de familia.13 Paralelamente en territorio castellano las renuncias de los religiosos sobre las legítimas quedaban consignadas en las capitulaciones. Hay que tener en cuenta en este grupo los legados y mandas testamentarias, las mejoras a fin de dejar bienes a hijos y a cónyuges.14 En todos los casos pues, en la Europa de la época moderna las actas notariales sirvieron para afianzar la posición económica de la familia a expensas de las hijas o de los hijos menores.
Y la religión hizo mella sobre estos acuerdos. Según S. Ozment, aunque con matices, en las tierras del protestantismo la herencia divisible fue apoyada en mayor medida pues fue considerada más justa para todos los hijos y, por el contrario, se temía que el orden estricto de la tradicional primogenitura impulsase a los vástagos a abrazar el catolicismo, pues en él los desheredados podían resolver su situación ingresando en una orden monástica.15
Para el conocimiento jurídico de la familia catalana, recientemente, J. Serrano Daura ha publicado un útil repertorio bibliográfico que atiende a los territorios hispánicos pirenaicos.16 Los estudios con carácter general más recientes fueron publicados en este ámbito a finales del siglo XIX. A aquella historia del derecho debemos, hoy, parte de nuestros conocimientos sobre el régimen jurídico de la familia en Cataluña.17 E. Gacto ha escrito que a lo largo de la edad moderna y para el área mediterránea la regulación jurídica de las relaciones familiares presenta una notable homogeneidad. Quizás en Castilla el peso de lo consuetudinario fuera mayor, pero en líneas generales el arraigo del derecho común, romano y canónico, es imperante.18 Como muestra de los contrastes existentes respecto a las prácticas y acuerdos cotidianos, las fuentes del derecho nos proponen una familia circunscrita a lo doméstico, a los sujetos que residen en la misma vivienda, cuando el cruce con otras muchas fuentes nos describen relaciones y compromisos más allá de este espacio.
Los herederos del historicismo jurídico catalán según el cual el derecho emerge del espíritu popular, entregaron una pequeña parte de su obra al estudio de la familia. Impelido por el mismo objetivo, Duran y Bas nos describe en su obra titulada Memorias acerca de las instituciones del Derecho Civil de Cataluña, los elementos que rigieron en Cataluña las relaciones matrimoniales, las relaciones de sucesión y de parentesco, basadas sobretodo en el derecho romano y canónico,19 donde los usatges y las constituciones ulteriores añadieron escasas alteraciones.20 Son los requerimientos formales de una sociedad que busca la perpetuación del estatus y del patrimonio.21 A su lado obtenemos información sobre al sistema familiar de bienes, atento a la dote, con su privilegio reversional que beneficia a la mujer y que culmina con la institución de la tenuta, a la donación de la cuál responde el marido con el escreix;22 a la trascendencia de los capítulos matrimoniales en la organización y la transmisión de los bienes familiares; el heretament –de triple naturaleza, esto es: absoluto, preventivo y prelativo–, estipulado como donación entre vivos por capítulos matrimoniales, y sujeto a la reserva de otras donaciones y al pacto reversional; la legítima y la libertad de testar, pese a que el tiempo demostrará la predilección por la implantación de la primogenitura, si bien bajo ciertas condiciones y obligaciones como, por ejemplo, la de alimentación a favor de los hermanos menores; la sustitución fideicomisaria condicional, que en Cataluña enlaza con la sustitución vulgar y que asegura la consolidación de los bienes dentro los márgenes troncales de la familia. Finalmente, estas obras, nos describen el intricado cosmos de las obligaciones familiares, la tutela, la patria potestad.
Un conocimiento paralelo para la Castilla moderna nos muestra ciertos contrastes, como la existencia de una legítima matizada por el tercio de la mejora y el quinto de libre disposición, que quedarán ratificados por las leyes de Toro del siglo XVI que en parte confirman el precedente Fuero Real. Existió por tanto una legítima estricta –dos tercios de cuatro quintos– repartida entre todos los hijos igualitariamente y una legítima amplia que incorporaba la mejora –un tercio de cuatro quintos–. Sobre estas dos figuras, además, los padres pudieron imponer con entera libertad, gravámenes o vinculaciones, a cuyo cumplimiento quedaba sometido el heredero más favorecido. La única condición que se establecía para la constitución de vínculos y mayorazgos consistía en no gravar la legítima estricta.23 Similares modelos de transmisión indivisa con predilección por la primogenitura y uso de los mayorazgos, existieron en el norte de la Península como demuestran algunos estudios realizados para la Navarra moderna, como los de Zabalza y Moreno.24
Los ya citados autores en Cataluña nos introducen en la jurisprudencia de los siglos XVI y XVII a través de recopilaciones de Decisiones y Conclusiones. Estas fuentes emergen de la pluma de los doctores de la Audiencia25 Jaume Cancer –que inaugura los trabajos de esta materia–, Lluís de Peguera –buen conocedor del procedimiento civil–, Pere Joan Fontanella o Francesc Ferrer. Todos ellos, constituyeron los más relevantes juristas en materia del derecho civil catalán en la edad moderna.26 Fontanella, por su lado, fijó el derecho consuetudinario familiar a través de su rememorada obra sobre los pactos matrimoniales, mientras que Ferrer llegó a convertirse en indispensable para entender los derechos de la viuda y la sucesión de los impúberes abintestato y el matrimonio en general.27 El equipaje jurídico del derecho civil catalán quedaba compuesto, por lo tanto, por una base normativa tradicional no demasiado amplia, completada y actualizada por un motor jurisprudencial que quedaba recogido en las colecciones de Decisiones, a las que habría que sumar las obras de una doctrina catalana que, en todo caso, tenían un claro talante casuístico –nos recuerda Pérez Collados cómo sus autores no eran teóricos puros, sino prácticos del Derecho–.28 Semejante talante convierte a esas fuentes en un fecundo campo desde el que conocer el objeto de nuestro estudio, el ejercicio cotidiano de la propiedad.
Cabe destacar que el corpus de trabajos de J. Lalinde sobre los pactos matrimoniales catalanes, que utilizaban fuentes notariales,29 muestra ya la complementariedad entre los protocolos y la jurisprudencia, entre la práctica y la doctrina.30 Pero, para alcanzar a descifrar la distancia que nos separa de la perspectiva europea, retomemos el sentido comparativo con que iniciábamos el capítulo. Son variadas las expectativas proporcionadas a partir de trabajos como el de J. Gaudemet, Le mariage en Occident, publicada en el año 198731 y que combina amenamente el derecho con lo social, con las mentalidades e incluso con la vida cotidiana. De la misma época, es el trabajo de Lenclud,32 que reclama la compatibilización entre el régimen sucesorio que preconiza la división patrimonial familiar y el sistema de heredero único, a través de las diversas formas de devolución del patrimonio. La movilidad de éste y su incidencia en los diferentes sistemas de sucesión también ha sido insinuada por Dérouet33 y Bonfield. Este último autor, admite una interpretación sobre el modus operandi de vinculación patrimonial inglés de la época moderna, conocido con el nombre de strict settlement,34 como sistema de distribución de la propiedad. Se trata, en todos los casos, de una relativización del hermetismo de la normativa, la importancia de la opción individual –como nos recuerda J. Whittle–,35 que ya ha sido estudiado para la Cataluña contemporánea36 y que sería oportuno trabajar para los siglos precedentes. La flexibilización de las prácticas fue también frente común en el otro lado de la península, en Castilla. El marco jurídico castellano ofrecía opciones duales entre la partición igualitaria y la indivisa.37 La transmisión de los recursos podía tomar infinidad de caminos y si bien la norma jurídica condicionaba el tipo de familia, las circunstancias de signo diverso provocaban nuevas realidades y necesidades que aquella no podía resolver.38