Kitabı oxu: «Comunicación no violenta: un lenguaje de vida»
Comunicación NoViolenta
Un lenguaje de vida
3.ª edición ampliada
MARSHALL B. ROSENBERG

© de la edición en castellano:
2016 EDITORIAL ACANTO S.A.
Comtes Alba de Liste 8 - 08188 Vallromanes
Barcelona - Tel. 935 729 701
www.editorialacanto.com
Título de la edición original:
Nonviolent Communication, a Language of Life - 3rd Edition
© 2015 PuddleDancer Press
Traducción: Noelia Jiménez Díaz
Diseño y maquetación: Estudi Gràfic Vicenç Prims, SL
Revisión del contenido:
Pilar de la Torre Calvo. Formadora en CNV certificada
por The Center for Nonviolent Communication
www.comunicacionnoviolenta.com
Helen Adamson. Formadora en CNV certificada
por The Center for Nonviolent Communication
www.compartirlacnv.com
Con la colaboración de la Asociación
para la Comunicación NoViolenta
www.asociacioncomunicacionnoviolenta.org
ISBN: 978-84-15053-66-8
Depósito legal: B 24385-2016
Impreso en España
Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra sólo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a Cedro (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar, escanear o hacer copias digitales de algún fragmento de esta obra:
www.conlicencia.com, 93 272 04 47 / 91 702 19 70
Cosas que se han dicho sobre la Comunicación NoViolenta
RELACIONES:
“Las técnicas dinámicas de comunicación de Marshall Rosenberg transforman conflictos potenciales en diálogos pacíficos. Aprenderá a utilizar herramientas sencillas para reducir la tensión de las discusiones y crear conexiones compasivas con sus familiares, amigos y otras personas con quienes se relaciona”.
JOHN GRAY, autor de Los hombres son de Marte, las mujeres son de Venus
“La Comunicación NoViolenta puede cambiar el mundo. Y, lo que es más importante, puede cambiar su vida. La recomiendo con muchísimo entusiasmo”.
JACK CANFIELD, autor de la serie Sopa de pollo para el alma
“Marshall Rosenberg nos proporciona las herramientas más eficaces para promover el desarrollo de las relaciones. La Comunicación NoViolenta conecta de alma a alma, creando mucha sanación. Es el elemento que falta en lo que vivimos”.
DEEPAK CHOPRA, autor de Conocer a Dios y Cuerpos sin edad, mentes sin tiempo
“Partiendo de conversaciones que estaban destinadas a acabar en la basura, comencé a usar estas técnicas y acabé con una experiencia de conexión muy útil”.
Reseña en Internet
“Si quiere ser escuchado y escuchar lo que sus seres queridos están diciendo de verdad, más allá de sus palabras, lea este libro. Cambiará su vida”.
Reseña en Internet
“Rosenberg ha desarrollado un método sencillo de comunicación que ayuda a evitar que se desencadenen reacciones defensivas y a estimular en su lugar el entendimiento y el acuerdo. Este libro es de extraordinario valor para todas las relaciones y sin duda debería ser lectura obligatoria para todo el mundo”.
Reseña en Internet
TRANSFORMACIÓN DE CONFLICTOS:
“La Comunicación NoViolenta es uno de los procesos más útiles que aprenderá nunca”.
WILLIAM URY, coautor de Obtenga el sí
“En este libro encontrará un lenguaje sorprendentemente eficaz para expresar lo que tiene en la cabeza y en el corazón. Es un proceso esencial, conciso y claro, resulta sencillo en su forma y aunque supone un reto usarlo en situaciones difíciles, su resultado es poderoso”.
VICKI ROBIN, coautora de La bolsa o la vida
“Marshall Rosenberg encarna el activismo espiritual y por la noviolencia. Aplicando los conceptos expuestos en ellos, estos libros llevarán al lector a promover una mayor compasión en el mundo”.
MARIANNE WILLIAMSON, autora de Espera un milagro cada día y presidenta de Peace Alliance
“El trabajo de Rosenberg, al igual que el de Noam Chomsky, es intrínsecamente radical, subvierte por completo el statu quo de nuestro sistema de poder: entre niños y adultos, entre cuerdos y psicóticos, entre criminales y la ley. La distinción de Rosenberg entre el uso protector y punitivo de la fuerza debería ser de lectura obligatoria para cualquier persona involucrada en política exterior o que patrulle las calles”.
D. KILLIAN, reportero para On the Front Line, Cleveland Free Times
“Hemos vivido momentos traumáticos una y otra vez, momentos de miedo y pánico, incomprensión, frustraciones, decepciones e injusticias de todo tipo, sin ninguna esperanza de poder escapar, lo cual empeora todavía más las cosas. La Comunicación NoViolenta ofrece una alternativa pacífica para acabar con el interminable conflicto de Ruanda”.
THEODORE NYILIDANDI, Departamento de Asuntos
Exteriores de Ruanda; Kigali (Ruanda)
“En nuestra época actual de discursos irrespetuosos y demagogia mezquina, los principios y prácticas de la Comunicación NoViolenta son tan oportunos como necesarios para la resolución pacífica de conflictos, personales o colectivos, nacionales o internacionales”.
MIDWEST BOOK REVIEW, Taylor’s Shelf
“Rosenberg describe cómo, en numerosos conflictos, una vez que los ‘enemigos’ han sido capaces de escuchar las necesidades de los otros, son capaces de conectar compasivamente y encontrar soluciones, superando así lo que parecían puntos muertos ‘imposibles’ de sortear. Si usted quiere aprender maneras de expresarse con mayor habilidad le recomiendo encarecidamente este libro, claro y fácil de leer”.
DANA LION, Buddhist Peace Fellowship, revista Turning Wheel
“Un proceso de comunicación sencillo que elimina el estilo competitivo, antagonista y provocador de violencia que ha infestado la mayor parte de nuestras vidas. No tiene nada que ver con la idea de que los mansos heredarán la Tierra o de que haya que convertirse en una pieza dócil y amable del engranaje de nuestro sistema jerárquico y de “poder sobre”. La obra aborda cuestiones como el “uso protector de la fuerza”, la vulnerabilidad, el diálogo de corazón a corazón y la satisfacción de nuestras necesidades de tal manera que sea menos probable que nos arrepintamos.
Reseña en Internet
“Como profesional de resolución de conflictos, puedo decir que este libro pone en práctica lo que predica, y que encontré un enfoque que te guía paso a paso, y ejercicios y ejemplos muy claros y fáciles de practicar”.
Un lector de Maryland
“Nunca he leído un libro sobre comunicación más claro, más directo y más revelador. Es sorprendentemente fácil de leer, contiene buenos ejemplos y resulta un reto ponerlo en práctica. Este libro es un verdadero regalo para todos nosotros”.
Un lector de Washington
CRECIMIENTO PERSONAL:
“Comunicación NoViolenta, de Marshall Rosenberg, es un gran libro que enseña una manera compasiva de hablar con los demás, incluso cuando usted (o ellos) están enfadados”.
JOE VITALE, autor de Marketing espiritual, El poder de la mercadotecnia audaz
“Cambiar la manera en que el mundo ha estado funcionando durante 5.000 años suena abrumador, pero la Comunicación NoViolenta nos ayuda a liberarnos de antiguos patrones de violencia”.
FRANCIS LEFKOWITZ, reportero, Body & Soul
“Una manera revolucionaria de mirar al lenguaje. Si mucha gente utilizara el material de Comunicación NoViolenta, pronto viviríamos en un mundo más pacífico y compasivo”.
WES TAYLOR, Progressive Health
“El oponente más duro y peligroso a quien me he enfrentado jamás —aquel que más daño me hizo, llevándome a pasar 30 años de mi vida entre rejas— fue mi propia rabia y mi propio miedo. Escribo estas palabras ahora, siendo un viejo canoso, con la esperanza de que Dios —antes de que sufráis lo que yo he sufrido— os haga escuchar y aprender Comunicación NoViolenta. Os enseñará a reconocer vuestra rabia antes de que se convierta en violencia, y a entender, gestionar y tomar el control de la furia que tal vez sintáis”.
Un preso que escribe a sus compañeros reclusos
“Este es el manual de comunicación interpersonal más conciso y claramente escrito con que me he encontrado. Este libro me ha desafiado a convertirme en el cambio que quiero ver en el mundo”.
Reseña en Internet
“Literalmente, cualquiera que sepa hablar puede beneficiarse de la lectura de este libro. Nos ayuda a darnos cuenta no solo del poder que tienen las palabras, sino de cómo escogerlas más acertadamente para mejorar tanto nuestra comunicación como nuestras relaciones. ¡Muy recomendable!”
Reseña en Internet
“Al dar un paso atrás ante las frustraciones, decepciones y factores estresantes de la vida cotidiana, para examinar el propósito de mis necesidades y las de los demás, con esto este libro me ha ayudado a escuchar más profundamente, a actuar de forma más genuina y a encontrar aceptación en las situaciones difíciles. ¡Buen trabajo!”
Reseña en Internet
“Soy una de esas personas que son muy críticas consigo mismas. Este libro me está ayudando a quererme para poder cuidar de los demás. Puede allanar el camino hacia la paz entre personas, grupos étnicos, países, etc. y creo que nuestro mundo lo necesita de verdad”.
Reseña en Internet
CRIANZA Y COMUNICACIÓN FAMILIAR:
“Con el actual aumento de familias disfuncionales y de la violencia en las escuelas, Comunicación NoViolenta viene como ‘caído del cielo’”.
LINDA C. STOEHR, Las Colinas Business News
“Este libro es una lectura esencial para cualquiera que busque acabar con la repetición de discusiones insatisfactorias en sus relaciones y para padres que desean influir sobre el comportamiento de sus hijos generando compasión en lugar de conseguir simplemente obediencia”.
Reseña en Internet
“Además de salvar nuestro matrimonio, la Comunicación NoViolenta nos está ayudando a reparar nuestra relación con nuestros hijos mayores y a relacionarnos de una manera más profunda con nuestros padres y hermanos. Si los ángeles se manifiestan en la Tierra en forma física, entonces Marshall Rosenberg debe de ser uno de ellos”.
Un lector de Arizona
“Mi relación con mi marido, que ya era buena, se ha vuelto incluso mejor. He enseñado CNV a muchos padres, que desde entonces han adquirido una comprensión más profunda de sus hijos, mejorando así su relación y reduciendo la tensión y el conflicto”.
Un lector de Illinois
“Comunicación NoViolenta me permitió superar mi condicionamiento tóxico y encontrar a la persona y padre amoroso que estaba encerrado dentro de mí. El Dr. Rosenberg ha creado una manera de transformar la violencia del mundo”.
Un enfermero de California
“Usar la Comunicación NoViolenta fue vital para sanar mi relación con mi hermana; y a mí me sirve como guía para aplicar la práctica budista a la comunicación”.
JANE LAZAR, estudiante zen en residencia / Formadora de CNV
“Lo que comenzó como la búsqueda de un sistema mejor de disciplina para nuestro hijo de seis años se ha convertido en un enfoque filosófico y una herramienta de comunicación que está transformando nuestra forma de relacionarnos con los demás y con nosotros mismos”.
Reseña en Internet
“Increíble libro que ha transformado mi manera de ser y comunicarme. ¡Ahora tengo a todos en la familia leyéndolo!”
Reseña en Internet
“Me pasé 40 años de mi vida intentando recibir empatía de mi padre. Después de leer tan solo la mitad de este libro, fui capaz de expresarme de un modo gracias al cual él fue finalmente capaz de escucharme y darme lo que necesitaba. Es un regalo que no se puede expresar con palabras”.
Reseña en Internet
ESPIRITUALIDAD:
“En mi opinión, la Comunicación NoViolenta es tan radical y transformadora como el Noble Camino Óctuple. Mi predicción es que el uso activo de la CNV en nuestras sanghas reduciría significativamente la frustración y el dolor crecientes”.
JOAN STARR WARD, miembro del Spirit Rock Center
(California) y de Buddhist Peace Fellowship
“El budismo y la Comunicación NoViolenta son estancias de una misma casa. Yo recomiendo fervientemente la CNV como práctica extremadamente eficaz para desarrollar la claridad y la compasión genuina”.
LEWIS RHAMES, Vipassana Insight Meditation, Unidad de
Seguridad Mínima del Complejo Correccional de Monroe
“Para los convictos inmersos en un ambiente que intensifica y refuerza el conflicto, descubrir esta metodología que paso a paso promueve la compasión a través de la comunicación es enormemente liberador”.
DOW GORDON, Proyecto Freedom Prison, Seattle (Washington)
“La CNV es el lenguaje de la iluminación. Tan sencillo y al mismo tiempo tan díficil. Usar la CNV puede cambiar su vida, aportar claridad a su pensamiento y transformar sus relaciones”.
Reseña en Internet
EDUCACIÓN:
“Las estrategias de Marshall para la escucha activa funcionan de verdad. Soy profesora y me resulta muy útil tanto en el trabajo como en la familia. Un buen paso en el camino de la transformación”.
Reseña en Internet
“Por medio de convincentes ejemplos de la vida real, Rosenberg da vida al proceso CNV. Mis colegas estudiantes, especialmente los más mayores, comparten conmigo que leer este libro ha cambiado sus vidas. Intentar practicar los pasos yo mismo, en interacciones diarias, en reuniones y en el aula también ha tenido un poderoso efecto sobre mí”.
Reseña en Internet
“La CNV ha marcado una diferencia enorme en mi vida, con mis hijos, con mis parientes, con los profesores de escuela, en el trabajo, etc. Cuando descubrí este libro, tenía serias dudas de que algo pudiera ayudarme a cambiar la naturaleza de mis relaciones con los demás, y estoy asombrado de la profundidad y sencillez de la Comunicación NoViolenta”.
Reseña en Internet
TERAPIA Y MEDIACIÓN PROFESIONAL:
“La cualidad de la empatía que ahora soy capaz de proporcionar ha avivado mi práctica terapéutica. Este libro me da la esperanza de que puedo contribuir al bienestar de mis clientes y también conectar empáticamente con mis amigos y familiares. Las habilidades paso a paso para la empatía tal como las enseña este libro están al alcance de cualquiera”.
Reseña en Internet
“Como terapeuta, he encontrado este libro útil para aquellos clientes que tenían dificultades con la gestión de la rabia y el conflicto en las relaciones, porque promueve la autoconciencia y la autoaceptación. La CNV requiere práctica, pero una vez que se ha entendido e interiorizado la actitud general promovida por este libro, ésta se queda. Y después va penetrando en su vida como un bálsamo reconfortante”.
Reseña en Internet
“Nunca he leído un libro de comunicación más claro, más directo y más revelador. Después de estudiar y enseñar asertividad desde los años setenta, este libro fue para mí un soplo de aire fresco. Rosenberg aporta la genial comprensión de la relación entre sentimientos y necesidades, y cómo podemos asumir nuestra responsabilidad, creando así una verdadera herramienta”.
Reseña en Internet
NEGOCIOS:
“Los principios de la Comunicación NoViolenta que transmite el Dr. Rosenberg son decisivos para crear una calidad de vida extraordinaria y plenamente satisfactoria. Su mensaje compasivo e inspirador llega hasta el corazón de la comunicación eficaz; su profundo mensaje y su genuino amor por la humanidad resulta inspirador, y sus estrategias tienen el poder no solo de cambiar vidas, sino de transformar nuestro mundo.
El Dr. Rosenberg ha traído la sencillez de la comunicación eficaz a un primer plano. No importa qué asunto tenga entre manos, las estrategias del Dr. Rosenberg para comunicarse con los demás le prepararán para ganar en cualquier situación”.
TONY ROBBINS, autor de Despertando al gigante interior y Poder sin límites
“Llegué a este libro gracias a la recomendación de Satya Nadella (director ejecutivo de Microsoft). Esta obra presenta una técnica sencilla y ejemplos para empatizar y conectar con los sentimientos de las personas. En lugar de juzgar a los demás por lo que dicen, el libro ayuda a entender las necesidades que hay detrás y qué sentimientos y emociones las motivan. Muy, muy recomendable”.
Reseña en internet
Contenido
Prólogo de Deepak Chopra
Agradecimientos
1 Dar desde el corazón
Introducción
Una manera de centrar la atención
El proceso de la CNV
Aplicar la CNV en nuestras vidas y en el mundo
La CNV en acción. “¡Asesino! ¡Criminal! ¡Asesino de niños!”
2 La comunicación que bloquea la compasión
Los juicios moralistas
Las comparaciones
La negación de la responsabilidad
Otras formas de comunicación que alienan de la vida
3 Observar sin evaluar
La forma más elevada de la inteligencia humana
Distinguir la observación de la evaluación
La CNV en acción. “¡El formador más arrogante que hemos tenido nunca!”
Ejercicio 1: ¿Observación o evaluación?
4 Identificar y expresar sentimientos
El elevado coste de los sentimientos no expresados
Sentimientos frente a no sentimientos
Ampliar nuestro vocabulario de sentimientos
Ejercicio 2: La expresión de los sentimientos
5 Asumir la responsabilidad de nuestros sentimientos
Cuatro opciones para recibir un mensaje negativo
Las necesidades que están en la raíz de nuestros sentimientos
El dolor de expresar nuestras necesidades frente al dolor de no expresarlas
De la esclavitud emocional a la liberación emocional
La CNV en acción. “¡Que vuelva el estigma de los hijos ilegítimos!”
Ejercicio 3: Reconocer las necesidades
6 Pedir aquello que enriquecería la vida
Usar un lenguaje de acción afirmativo
Hacer peticiones conscientemente
Pedir un reflejo de nuestro mensaje
Pedir honestidad
Hacer peticiones a un grupo
Peticiones frente a exigencias
Definir nuestro objetivo al hacer peticiones
La CNV en acción. Compartir los miedos con respecto al tabaquismo de un amigo fumador
Ejercicio 4: Formular peticiones
7 Recibir al otro con empatía
La presencia: No nos limitemos a hacer algo, estemos presentes
Escuchar los sentimientos y necesidades
Parafrasear
Mantener la empatía
Cuando el dolor bloquea nuestra capacidad de empatizar
La CNV en acción. Una mujer conecta con su esposo moribundo
Ejercicio 5: La recepción empática frente a la recepción sin empatía
8 El poder de la empatía
La empatía que sana
La empatía y la capacidad de mostrarnos vulnerables
Usar la empatía para neutralizar el peligro
La empatía ante el “no”
Empatía para reavivar una conversación sin vida
Empatía con el silencio
9 Conectar con nosotros mismos de manera compasiva
Recordar lo especiales que somos
Evaluarnos a nosotros mismos cuando distamos de ser perfectos
Traducir los autojuicios y las exigencias internas
El duelo en la CNV
Perdonarnos a nosotros mismos
La lección del traje de lunares
¡No haga nada que no viva como un juego!
Del “tener que” al “elegir”
Cultivar la conciencia de la energía que hay detrás de nuestras acciones
10 La expresión plena de la rabia
Distinguir el estímulo de la causa
Detrás de la rabia siempre hay algo que está al servicio de la vida
Estímulo frente a causa: implicaciones prácticas
Cuatro pasos para expresar la rabia
Ofrecer empatía primero
Tomarnos nuestro tiempo
La CNV en acción. diálogo entre un padre y su hijo adolescente: un asunto de vida o muerte
11 Resolución de conflictos y mediación
Conexión humana
La resolución de conflictos en la CNV frente a la mediación tradicional
Pasos para la resolución de conflictos en la CNV: un resumen
Sobre las necesidades, las estrategias y el análisis
Empatía para aliviar el dolor que impide escuchar
Usar un lenguaje de acción afirmativo y presente para resolver los conflictos
Usar verbos de acción
Traducir el “no”
La CNV y el papel del mediador
Cuando las personas dicen “no” a reunirse cara a cara
Mediación informal: meter las narices en los asuntos de los demás
12 El uso protector de la fuerza
Cuando el uso de la fuerza es inevitable
La intención que hay detrás del uso de la fuerza
Tipos de fuerza punitiva
Los costes del castigo
Dos preguntas que revelan las limitaciones del castigo
El uso protector de la fuerza en las escuelas
13 Liberarnos a nosotros mismos y asesorar a otros
Liberarnos de nuestra vieja programación
Resolver conflictos internos
Cuidar nuestro mundo interior
Sustituir el diagnóstico por la CNV
La CNV en acción. Gestionar el resentimiento y los juicios hacia uno mismo
14 Expresar agradecimiento mediante la Comunicación NoViolenta
La intención que hay detrás del agradecimiento
Los tres componentes del agradecimiento
Recibir el agradecimiento
El ansia de reconocimiento y valoración
Superar la reticencia a expresar agradecimiento
Epílogo
Índice
El proceso de la Comunicación NoViolenta en cuatro pasos
Algunos sentimientos básicos que todos tenemos
Algunas necesidades básicas que todos tenemos
Bibliografía
Sobre la Comunicación NoViolenta
Sobre la Asociación para la Comunicación NoViolenta
Sobre el Center for Nonviolent Communication
Sobre el autor
Prólogo
DEEPAK CHOPRA,
Fundador del Centro Chopra para el Bienestar y autor de más de ochenta libros traducidos a más de cuarenta y tres idiomas, entre ellos veintidós superventas del New York Times.
Nadie merece más nuestra gratitud que el difunto Marshall Rosenberg, quien vivió su vida tal como reza el título de uno de sus libros: Speak Peace in a World of Conflict (Hablar el idioma de la paz en un mundo de conflicto). Él era profundamente consciente de la máxima (o advertencia) contenida en el subtítulo de dicho libro: lo próximo que diga cambiará su vida. La realidad personal siempre contiene una historia, y la historia que vivimos, que comienza en nuestra infancia, está basada en el lenguaje. Esto se convirtió en el fundamento del enfoque de Marshall sobre la resolución de conflictos: conseguir que las personas intercambien palabras que excluyan los juicios, la culpa y la violencia.
Los rostros desfigurados de los manifestantes en las calles que componen estampas tan alarmantes en el telediario, son mucho más que meras imágenes. Cada rostro, cada grito, cada gesto tiene una historia detrás. Cada individuo se aferra con fuerza a su historia, porque es una manera de anclar su identidad. De modo que cuando Marshall promovía la comunicación pacífica, estaba al mismo tiempo promoviendo una nueva identidad. Él hizo plenamente realidad este hecho. Tal como afirma sobre la Comunicación NoViolenta y el papel del mediador en esta nueva tercera edición: “estamos intentando vivir un nuevo sistema de valores al pedir que las cosas cambien”.
En su visión de un nuevo sistema de valores, los conflictos se resuelven sin las habituales concesiones frustrantes. En lugar de ello, los adversarios se acercan el uno al otro con respeto. Preguntan sobre las necesidades de cada uno y, en un ambiente libre de pasiones y prejuicios, alcanzan una conexión. Si contemplamos un mundo plagado de guerra y violencia, donde el pensamiento nosotros-contra-ellos es la norma, y donde los países pueden romper todos los vínculos de la existencia civilizada para cometer atrocidades intolerables, un nuevo sistema de valores parece algo muy lejano. En una conferencia europea para mediadores, un escéptico criticaba el enfoque de Marshall tildándolo de psicoterapia. En un lenguaje más coloquial, ¿no nos está pidiendo sencillamente que olvidemos el pasado y hagamos las paces? Una perspectiva remota, no solo en las zonas en guerra, sino en cualquier caso de divorcio.
Los sistemas de valores forman parte de toda visión personal del mundo. No solo son ineludibles, sino que además las personas se enorgullecen de ellos. Hay una larga tradición en todo el mundo que consiste en premiar y temer a los guerreros al mismo tiempo. Los seguidores de Jung sostienen que el arquetipo de Marte, el volátil dios de la guerra, está integrado en el inconsciente, y por tanto el conflicto y la agresión son algo inevitable, una especie de adicción inherente al ser humano.
Pero hay una visión alternativa de la naturaleza humana, expresada elocuentemente en este libro, que es importante tener en consideración, porque es nuestra única esperanza real. En esta visión, nosotros no somos nuestras historias. Esas historias son ficciones autocreadas que permanecen intactas por medio del hábito, la coacción de grupo, los viejos condicionamientos y la falta de autoconciencia. Incluso las mejores historias se alían con la violencia. Si usted quiere usar la fuerza para defender a su familia, protegerse del ataque, luchar contra los actos inmorales, evitar el delito e involucrarse en una supuesta “buena guerra”, se ha dejado llevar por los cantos de sirena de la violencia. Si decide abandonar, existe una probabilidad muy alta de que la sociedad se vuelva contra usted y le exija un precio. En pocas palabras, encontrar una salida no es fácil.
En India hay un antiguo modelo para la noviolencia conocido como ahimsa, que es esencial en la vida noviolenta. Ahimsa se traduce habitualmente como noviolencia, aunque su significado abarca desde las protestas pacíficas de Mahatma Gandhi a la reverencia por la vida de Albert Schweitzer. “No hacer daño” sería el primer axioma de ahimsa. Lo que más me impresionó de Marshall Rosenberg —que murió a los ochenta años, tan solo seis semanas antes de que yo escribiera esto— es que él integró los dos niveles de ahimsa, el de la acción y el de la conciencia.
Las acciones están bien descritas en las páginas de este libro como uno de los principios de la Comunicación NoViolenta, de modo que no hablaré de ellos. Estar en ahimsa es mucho más poderoso, y Marshall poseía esa cualidad. En cualquier conflicto, él no se ponía del lado de ninguna de las partes, ni siquiera daba una importancia primordial a cuáles eran sus historias. Marshall, convencido de que todas las historias conducen al conflicto, ya sea de manera abierta o encubierta, se concentró en las conexiones como puente psicológico. Esto está en coherencia con otro axioma de ahimsa: lo que cuenta no es lo que uno hace, sino la calidad de su atención. A nivel legal, un divorcio termina cuando las dos partes acuerdan cómo van a dividir sus bienes. Pero eso está muy lejos del resultado que se alcanza en el plano emocional entre las dos partes divorciadas: tal como decía Marshall, tal vez esas personas han dicho demasiadas cosas que han cambiado su vida.
La agresión está incorporada en el sistema del ego, que se concentra totalmente en “yo, mí, me, conmigo” siempre que el conflicto aparece. La sociedad habla bien de los santos y sus votos de servicio a Dios en lugar de a sí mismos, pero hay un desfase enorme entre los valores que pregonamos y la manera en que en realidad vivimos. Ahimsa elimina dicho desfase solo por medio de la expansión de la conciencia de la persona. La única manera de resolver toda violencia es renunciar a nuestra historia. No puede ser iluminado aquel que todavía tiene algún interés personal en el mundo; ese podría ser el tercer axioma de ahimsa. Pero esta enseñanza parece tan radical como la de Jesús en el Sermón de la montaña, cuando prometía que los mansos heredarían la tierra.
En ambos casos, la cuestión no es cambiar las acciones, sino cambiar la conciencia. Para hacerlo, uno debe caminar desde el punto A hasta el B, siendo A una vida basada en las incesantes exigencias del ego y B la conciencia desinteresada. Para ser franco, nadie desea realmente una conciencia desinteresada; para quien se preocupa por su propia persona puede sonar tan aterrador como imposible. ¿Cuál es el beneficio de deponer el ego, que se centra precisamente en el beneficio? Una vez que hemos soltado al ego, ¿se sienta uno pasivamente como una “ameba” espiritual?
La respuesta está en aquellos momentos en que el yo personal cae de manera natural y espontánea. Esto ocurre en momentos de meditación o sencillamente de profunda alegría. La conciencia desinteresada es el estado en que nos encontramos cuando la naturaleza o el arte o la música nos hacen maravillarnos. La única diferencia entre esos momentos —a los cuales podemos añadir cualquier experiencia de creatividad, amor y juego— y ahimsa es que aquellos son experiencias intermitentes, mientras que ahimsa es un estado estable. Dicho estado revela que las historias y los egos que las alimentan son meras ilusiones, modelos autocreados para la supervivencia y el egoísmo. Lo que obtenemos con ahimsa no es actualizar una ilusión, que es lo que el ego siempre está tratando de lograr mediante más dinero, más posesiones y más poder. El beneficio es que uno llega a ser quien realmente es.
“Conciencia superior” es un término demasiado arrogante para ahimsa. “Conciencia normal” es más preciso en un mundo en que lo normal es tan anormal que se convierte en psicopatología. No es normal vivir en un mundo donde miles de cabezas nucleares están apuntando al enemigo y el terrorismo es un acto religioso aceptable. Eso es meramente la norma.
Para mí, el legado del trabajo de Marshall, obra de toda una vida, no radica en cómo revolucionó el papel del mediador, por mucho valor que eso tenga. Radica en el nuevo sistema de valores por el que rigió su vida, que en realidad es bastante antiguo. Ahimsa debe revivirse en cada generación, porque la naturaleza humana se debate entre la paz y la violencia. Marshall Rosenberg probó que entrar en ese estado de conciencia expandida era algo real y, cuando se trata de poner fin a disputas, también algo muy práctico. Él ha dejado las huellas que el resto de nosotros podemos seguir. Si sentimos de corazón un verdadero interés por nosotros mismos, las seguiremos. Es la única alternativa en un mundo que busca desesperadamente la sabiduría y el fin de la lucha.
DEEPAK CHOPRA
Agradecimientos
Doy gracias por haber podido estudiar y trabajar con el profesor Carl Rogers en un momento en que él estaba investigando los componentes de una relación de ayuda. Los resultados de aquella investigación desempeñaron un papel crucial en la evolución del proceso de comunicación que describo en este libro.
Siempre estaré agradecido al profesor Michael Hakeem, que me ayudó a ver las limitaciones científicas y los peligros sociales y políticos que entraña la práctica de la psicología tal como me la habían enseñado: con una comprensión del ser humano basada en la patología. Ver las limitaciones de ese modelo me estimuló a seguir buscando maneras de practicar una psicología diferente, que estuviera basada en una creciente claridad sobre cómo vivir de acuerdo con nuestra naturaleza humana.
También agradezco a George Miller y George Albee sus esfuerzos por alertar a los psicólogos de la necesidad de encontrar mejores maneras de ejercer la psicología. Ellos me ayudaron a ver que el enorme sufrimiento presente en nuestro planeta requiere que se difundan habilidades muy necesarias con más eficacia de la que puede ofrecer un enfoque clínico.
Me gustaría agradecer a Lucy Leu la edición de este libro y la creación del manuscrito final; a Rita Herzog y Kathy Smith su ayuda con la edición; y dar también gracias, por su colaboración adicional, a Darold Milligan, Sonia Nordenson, Melanie Sears, Bridget Belgrave, Marian Moore, Kittrell McCord, Virginia Hoyte y Peter Weismiller.
Finalmente, me gustaría expresar gratitud a mi amiga Annie Muller. Ella me animó a ser más claro acerca del fundamento espiritual de mi obra, lo cual le ha dado una mayor fuerza y ha enriquecido mi vida.
LAS PALABRAS SON VENTANAS (O SON MUROS)
Me siento tan sentenciada por tus palabras,
me siento tan juzgada y alejada...
Antes de irme tengo que saber:
¿era eso lo que querías decir?
Antes de erigirme en mi defensa,
antes de hablar desde la herida o el miedo,
antes de construir un muro de palabras,
dime: ¿lo escuché bien?
Las palabras son ventanas o son muros,
nos sentencian o nos liberan.
Cuando hablo y cuando escucho,
que la luz del amor brille a través de mí.
Hay cosas que necesito decir,
cosas que significan mucho para mí.
Si mis palabras no son claras,
¿me ayudarás a ser libre?
Si parecí decepcionarte,
si sentiste que no me importabas,
intenta escuchar a través de mis palabras
los sentimientos que compartimos.
RUTH BEBERMEYER
1
Dar desde el corazón
El corazón de la Comunicación NoViolenta
Lo que quiero en mi vida es compasión,
un flujo entre mi ser y los demás basado
en un darse mutuamente desde el corazón.
MARSHALL B. ROSENBERG
INTRODUCCIÓN
Como estoy convencido de que está en nuestra naturaleza disfrutar de dar y recibir de manera compasiva, la mayor parte de mi vida me han preocupado dos cuestiones: ¿qué sucede para que nos desconectemos de nosotros mismos y de nuestra naturaleza compasiva? Y, al contrario: ¿qué permite a algunas personas mantenerse conectadas con su naturaleza compasiva incluso en las circunstancias más adversas?
Mi preocupación por estas cuestiones comenzó en mi niñez, alrededor del verano de 1943, cuando nuestra familia se mudó a Detroit (Michigan). La segunda semana después de nuestra llegada se desató una guerra racial tras un incidente en un parque público. Más de cuarenta personas fueron asesinadas en los días siguientes. Nuestro barrio estaba situado en el centro de la violencia y nos pasamos tres días encerrados en casa.
Cuando el conflicto racial terminó y comenzó el colegio, descubrí que un nombre podía ser tan peligroso como cualquier color de piel. Cuando el profesor pronunció mi apellido al pasar lista, dos chicos me miraron y murmuraron entre dientes: “¿Eres un kike?” Yo nunca había oído esa palabra antes y no sabía que algunas personas la usaban como término despectivo para referirse a los judíos. Después del colegio, esos dos mismos chicos me estaban esperando: me tiraron al suelo y me patearon y golpearon.
Desde ese verano de 1943 he estado examinando las dos cuestiones que he mencionado. ¿Qué nos empodera, por ejemplo, para mantenernos conectados con nuestra naturaleza compasiva incluso en las peores circunstancias? Estoy pensando en personas como Etty Hillesum, que siguió siendo compasiva incluso cuando estaba sujeta a las grotescas condiciones de un campo de concentración alemán. Como escribió en su diario en aquel momento:
No me asusto fácilmente. No porque sea valiente, sino porque sé que estoy tratando con seres humanos, y que debo intentar con todas mis fuerzas entender todo lo que cualquier persona haga en cualquier momento. Y eso fue lo importante esta mañana: no que un joven oficial de la Gestapo malhumorado me gritara, sino que yo no sintiera indignación, más bien una compasión real, y me habría gustado preguntarle: “¿Tuviste una infancia muy infeliz? ¿Tu novia te ha dejado?”. Sí, tenía un aspecto alterado, amargado y débil. Me habría gustado empezar a ayudarle en ese mismo instante, porque sé que los jóvenes que se sienten desgraciados como él resultan peligrosos en cuanto quedan sueltos en la sociedad.
ETTY HILLESUM EN ETTY: UN DIARIO 1941-1943
CNV: una manera de comunicarnos que nos lleva a dar desde el corazón
Cuando estudiaba los factores que afectan a nuestra capacidad para permanecer compasivos, me impresionó el papel crucial que desempeña en ella el lenguaje y el uso que hacemos de las palabras. Desde entonces he identificado un enfoque específico de la comunicación —tanto al hablar como al escuchar— que nos lleva a dar desde el corazón, conectando con nosotros mismos y con los demás de una manera que permite aflorar nuestra compasión natural. Yo llamo a este enfoque Comunicación NoViolenta, usando el término noviolencia tal como lo empleaba Gandhi, al referirse a la compasión que el ser humano expresa de un modo natural cuando su corazón renuncia a la violencia. Aunque tal vez no consideremos que nuestra manera de hablar es “violenta”, las palabras con frecuencia nos conducen al daño y al dolor, ya sea para los demás o para nosotros mismos. En algunas comunidades, el proceso que yo estoy describiendo se conoce como Comunicación Compasiva; la abreviatura CNV se usa a lo largo de este libro para referirse a la Comunicación Compasiva o NoViolenta.
UNA MANERA DE CENTRAR LA ATENCIÓN
La CNV está basada en unas habilidades del lenguaje y la comunicación que refuerzan nuestra capacidad para conservar nuestra humanidad, incluso en condiciones difíciles. No contiene nada nuevo; todo lo que ha sido integrado en la CNV se conoce desde hace siglos. La intención es recordarnos lo que ya sabemos acerca de cómo relacionarnos en consonancia con nuestra naturaleza humana y ayudarnos a vivir de manera que dicho conocimiento se manifieste en lo concreto.
Cuando usamos la CNV para escuchar nuestras necesidades más profundas y las de los demás percibimos las relaciones bajo una nueva luz
La CNV nos guía a la hora de reestructurar cómo nos expresamos y cómo escuchamos a los demás. En lugar de las habituales reacciones automáticas, nuestras palabras se convierten en respuestas conscientes con una base firme en la conciencia de lo que percibimos, sentimos y queremos. Nos guía para expresarnos con honestidad y claridad, prestando al mismo tiempo una atención respetuosa y empática a los demás. En cualquier conversación, llegamos a escuchar nuestras necesidades profundas y las de los demás. La CNV nos prepara para observar con atención y ser capaces de identificar las conductas y las situaciones que nos afectan. Aprendemos a identificar y expresar claramente lo que queremos en cualquier situación en términos concretos. El esquema es simple, y aún así poderosamente transformador.
A medida que la CNV reemplaza nuestros viejos patrones de defensa, huida o ataque frente al juicio y la crítica, llegamos a percibirnos a nosotros mismos y a los demás, así como nuestras intenciones y nuestras relaciones, bajo una nueva luz. La resistencia, la actitud defensiva y las reacciones violentas disminuyen. Cuando nos concentramos en aclarar qué observamos, sentimos y necesitamos, en lugar de diagnosticar y juzgar, descubrimos la profundidad de nuestra propia compasión. Por medio de este énfasis en la escucha profunda —a nosotros mismos y a los demás— la CNV promueve el respeto, la atención y la empatía, y engendra un deseo mutuo de dar desde el corazón.
Aunque yo me refiero a ella como “un proceso de comunicación” o “un lenguaje de compasión”, la CNV es mucho más que un proceso o un lenguaje. En un nivel más profundo, es un recordatorio constante para que mantengamos la atención centrada en un lugar en el que es más probable que encontremos lo que buscamos.
Enfoquemos la luz de nuestra conciencia allá donde sea más probable que encontremos lo que buscamos
Hay un chiste sobre un hombre que está a cuatro patas bajo una farola, buscando algo. Un policía pasa por allí y le pregunta qué está haciendo. “Busco las llaves de mi coche”, responde el hombre, que parece estar algo borracho. “¿Se le perdieron aquí?”, pregunta el oficial. “No”, responde el hombre, “se me cayeron en el callejón”. Viendo la expresión de extrañeza del policía, el hombre se apresura a explicar: “Pero aquí hay más luz”.
Me doy cuenta de que mi condicionamiento cultural me lleva a centrar mi atención allí donde es poco probable que consiga lo que quiero. Desarrollé la CNV como una manera de entrenar mi atención —hacer brillar la luz de mi conciencia— centrándola allí donde existe la posibilidad de obtener lo que estoy buscando. Lo que quiero en mi vida es compasión, una corriente que fluya entre mí mismo y los demás, basada en un mutuo dar desde el corazón.
Esa calidad de compasión, a la que yo me refiero como “dar desde el corazón”, se expresa en la siguiente canción de mi amiga Ruth Bebermeyer:
Nunca siento que me han dado tanto
como cuando tomas algo de mí;
cuando entiendes el gozo que siento
dándotelo.
Y sabes que mi dar no pretende
ponerte en deuda,
lo hago porque quiero vivir el amor
que siento por ti.
Recibir con gracia
sea tal vez el mayor regalo.
No hay forma de separar
las dos.
Cuando tú me das,
yo te doy mi recibir.
Cuando tú tomas de mí,
siento que me das tanto...
“GIVEN TO” (1978), DE RUTH BEBERMEYER
DEL ÁLBUM GIVEN TO
Cuando damos desde el corazón, lo hacemos por el gozo que brota siempre que enriquecemos la vida de otra persona voluntariamente. Este tipo de dar beneficia tanto al que da como al que recibe. El que recibe disfruta el regalo sin preocuparse de las consecuencias que acompañan a aquellos hechos por miedo, culpa, vergüenza o deseo de ganar. El que da se beneficia por el aumento de la autoestima que se produce cuando vemos que nuestros esfuerzos contribuyen al bienestar de alguien.
El uso de la CNV no requiere que las personas con las que nos comunicamos conozcan la CNV o ni siquiera estén motivadas a relacionarse de una manera compasiva con nosotros. Si nos ceñimos a los principios de la CNV, manteniéndonos motivados únicamente por dar y recibir con compasión, y hacemos todo lo posible por hacer saber a los demás que ese es nuestro único motivo, acabarán uniéndose a nosotros en el proceso y al final seremos capaces de respondernos el uno al otro con compasión. No estoy diciendo que esto suceda con rapidez. Sin embargo, sostengo que la compasión florece inevitablemente cuando nos mantenemos fieles a los principios y al proceso de la CNV.
EL PROCESO DE LA CNV
Para llegar al deseo mutuo de dar desde el corazón, enfocamos la luz de nuestra conciencia sobre cuatro áreas, a las que nos referimos como los cuatro componentes del modelo CNV.
Los cuatro componentes de la CNV:
• Observaciones
• Sentimientos
• Necesidades
• Peticiones
Primero, observamos lo que de verdad está sucediendo en una situación: ¿qué observamos hacer o decir a otros que enriquece o no nuestra vida? El truco es ser capaz de articular dicha observación sin introducir ningún juicio ni evaluación, diciendo sencillamente qué están haciendo los demás que nos gusta o no nos gusta. A continuación, declaramos cómo nos sentimos al observar esa acción: ¿nos sentimos heridos, asustados, alegres, divertidos, irritados? Y en tercer lugar, decimos qué necesidades nuestras están relacionadas con los sentimientos que hemos identificado. La conciencia de estos tres componentes está presente cuando usamos la CNV para expresar con claridad y honestidad cómo estamos.
Por ejemplo, una madre podría expresar esas tres cosas a su hijo adolescente diciendo: “Félix, cuando veo dos calcetines sucios hechos una bola debajo de la mesita del café y otros tres cerca del televisor, me siento irritada porque necesito más orden en las habitaciones que compartimos”.
Ella seguiría inmediatamente con el cuarto componente, una petición muy específica: “¿Estarías dispuesto a dejar tus calcetines en tu habitación o en la lavadora?”. Este cuarto componente se refiere a lo que queremos de la otra persona, aquello que enriquecería la vida de ambos.
Así pues, una parte de la CNV trata de expresar estos cuatro tipos de información con mucha claridad, ya sea verbalmente o por otros medios. La otra parte consiste en recibir esa misma información de otras personas. Nos conectamos con ellas primero percibiendo qué están observando, sintiendo y necesitando; entonces descubrimos qué enriquecería su vida al recibir el cuarto componente: su petición.
Al mantener nuestra atención centrada en las áreas mencionadas y ayudar a los demás a hacer lo mismo, establecemos un flujo de comunicación que va de un lado a otro hasta que la compasión se manifiesta de manera natural: lo que observo, siento y necesito; lo que pido para enriquecer mi vida; lo que el otro observa, siente y necesita; lo que pide para enriquecer su vida...
PROCESO CNV
Las acciones concretas que
observamos, que afectan a nuestro bienestar
Cómo nos sentimos en relación
a lo que observamos
Las necesidades, valores, deseos, etc.
que crean nuestros sentimientos
Las acciones concretas que pedimos
con el fin de enriquecer nuestras vidas
Dos partes de la CNV:
1. Expresión honesta mediante los cuatro componentes
2. Recepción empática mediante los cuatro componentes
Cuando usamos este proceso, podemos comenzar o bien por expresarnos nosotros o bien por recibir con empatía estos cuatro tipos de información por parte de los demás. Aunque aprenderemos a escuchar y expresar verbalmente cada uno de estos componentes en los capítulos 3-6, es importante tener en mente que la CNV no es una fórmula fija, sino algo que se adapta a varias situaciones, así como a estilos personales y culturales. Aunque yo me refiero a la CNV como un “proceso” o “lenguaje” por cuestiones prácticas, es posible experimentar los cuatro componentes sin pronunciar una sola palabra. La esencia de la CNV está en nuestra conciencia de los cuatro componentes, no en las palabras que se intercambian.
APLICAR LA CNV EN NUESTRAS VIDAS Y EN EL MUNDO
Cuando usamos la CNV en nuestras interacciones —con nosotros mismos, con otra persona, o en un grupo— nos enraizamos en nuestro propio estado natural de compasión. Es por tanto un enfoque que se puede aplicar con eficacia en todos los niveles de la comunicación y en diversas situaciones:
• relaciones íntimas
• familias
• escuelas
• organizaciones e instituciones
• relaciones terapéuticas y de asesoramiento
• negociaciones diplomáticas y de negocios
• disputas y conflictos de cualquier naturaleza
Algunas personas usan la CNV para crear una mayor profundidad y cuidado en sus relaciones íntimas:
Cuando aprendí cómo puedo recibir (escuchar), así como dar (expresarme) por medio del uso de la CNV, pasé de sentirme atacada y pisoteada a escuchar de verdad las palabras y extraer los sentimientos subyacentes. Descubrí a un hombre muy hiriente con el que había estado casada 38 años. Me había pedido el divorcio el fin de semana anterior al taller [de CNV]. Para no extenderme, solo diré que a día de hoy estamos juntos y agradezco la contribución [de la CNV] en nuestro final feliz... Aprendí a escuchar los sentimientos, a expresar mis necesidades, a aceptar las respuestas que no siempre quería oír. Él no está aquí para hacerme feliz, ni yo estoy aquí para crear felicidad para él. Los dos hemos aprendido a crecer, a aceptar y a amar, de manera que ambos podemos sentirnos realizados.
UNA PARTICIPANTE EN UN TALLER EN SAN DIEGO, CALIFORNIA
Otros la usan para construir relaciones más eficaces en el trabajo:
He estado usando la CNV en mi clase de educación especial durante aproximadamente un año. Puede funcionar incluso con niños que tienen retrasos en el lenguaje, dificultades de aprendizaje y problemas de conducta. Un estudiante de mi clase escupe, insulta, grita y clava el bolígrafo a los estudiantes que se acercan a su mesa. Yo le recuerdo: “Por favor, dilo de otra manera, usa el lenguaje jirafa” [en algunos talleres se utilizan marionetas de jirafas como recurso didáctico para enseñar CNV]. Él se levanta inmediatamente, mira a la persona hacia la que se dirige su rabia y dice con calma: “¿Por favor, podrías alejarte de mi mesa? Me siento enfadado cuando te acercas tanto a mí”. Los otros estudiantes pueden responder cosas como: “¡Lo siento! Me olvidé de que te molesta”.
Comencé a pensar sobre mi frustración con este niño y a descubrir qué necesitaba de él (además de armonía y orden). Me di cuenta de cuánto tiempo había invertido en la preparación de las clases y cómo mis necesidades de creatividad y contribución también se veían frustradas al tener que lidiar con su comportamiento. También sentía que no estaba atendiendo las necesidades de aprendizaje de los otros niños. Cuando se comportaba así en clase, comencé a decirle: “Necesito que me prestes atención”. Necesitaba decirlo unas cien veces al día, pero al final le llegó el mensaje y normalmente se involucraba en la sesión.
UN PROFESOR DE CHICAGO, ILLINOIS
Un médico escribe:
U so la CNV cada vez más en mi práctica médica. Algunos pacientes me preguntan si soy psicólogo, añadiendo que normalmente los médicos no se interesan por cómo viven sus vidas o se las arreglan con sus enfermedades. La CNV me ayuda a entender cuáles son las necesidades de los pacientes y lo que necesitan escuchar en un momento dado. La encuentro particularmente útil con los pacientes de hemofilia y sida, porque hay tanta rabia y dolor en su interior que la relación paciente-profesional de la salud con frecuencia se ve seriamente dañada. Hace poco, una mujer con sida, a quien había estado tratando durante cinco años, me dijo que lo que más la había ayudado fue que la animara a encontrar maneras de disfrutar de su vida cotidiana. Emplear la CNV me ayuda muchísimo en este sentido. Antes, cuando me enteraba de que un paciente tenía una enfermedad mortal, con frecuencia yo mismo me veía atrapado en la prognosis y me resultaba difícil animarlo sinceramente a vivir su vida. Con la CNV he desarrollado una nueva conciencia, además de un nuevo lenguaje. Estoy asombrado de ver lo bien que encaja con mi práctica médica. Siento más energía y alegría en mi trabajo a medida que me voy involucrando más en la danza de la CNV.
UN MÉDICO DE PARÍS, FRANCIA
Otras personas usan este proceso en el terreno político. Una miembro del gabinete de ministros de Francia que se encontraba de visita en casa de su hermana comentó cómo había cambiado la manera en que ésta y su marido se comunicaban y se dirigían el uno al otro. Cuando ellos le hablaron de la CNV, la ministra, alentada, mencionó que la semana siguiente tenía que negociar unas cuestiones bastante delicadas relacionadas con los procedimientos de adopción entre Francia y Argelia. Aunque el tiempo era limitado, enviamos a un formador que hablaba francés a París para trabajar con ella. Más tarde, la ministra atribuyó gran parte del éxito de sus negociaciones en Argelia a sus recién adquiridas técnicas de comunicación.
En Jerusalén, durante un taller al que asistieron israelíes de distintas orientaciones políticas, los participantes usaron la CNV para expresarse acerca del muy controvertido asunto de Cisjordania. Muchos de los israelíes que se han establecido en Cisjordania están convencidos de que con ello cumplen con un mandato religioso, y se encuentran atrapados en un conflicto no solo con los palestinos, sino también con otros israelíes que reconocen la esperanza de soberanía nacional de los palestinos en esta región. Durante una sesión, una de mis formadoras y yo hicimos una demostración de escucha empática empleando la CNV y después invitamos a los participantes a hacer turnos para dramatizar las distintas posturas poniéndose los unos en el papel de los otros. Al cabo de veinte minutos, una de las residentes de la zona declaró que estaría dispuesta a plantearse renunciar a sus reivindicaciones territoriales y dejar Cisjordania para mudarse al territorio reconocido internacionalmente como perteneciente a los israelíes, si sus oponentes políticos pudieran escucharla de la manera en que acababa de ser escuchada.
La CNV se emplea hoy en día en todo el mundo como un valioso recurso para aquellas comunidades que se enfrentan a conflictos violentos y situaciones de grave tensión étnica, política o religiosa. Me resulta particularmente gratificante que la CNV se difunda y se aplique a la mediación para resolver conflictos en Israel, Palestina, Nigeria, Ruanda, Sierra Leona y otros lugares. En una ocasión, algunos de mis colaboradores estuvieron conmigo en Belgrado durante tres intensos días, ofreciendo formación a ciudadanos que trabajan por la paz. Cuando llegué, las expresiones de desesperación estaban visiblemente grabadas en los rostros de los participantes, puesto que su país estaba entonces inmerso en una brutal guerra en Bosnia y Croacia. A medida que la formación avanzó, oímos la música de la risa en sus voces, pues llegaron a sentir una profunda gratitud y alegría por haber encontrado el empoderamiento que estaban buscando. A lo largo de las siguientes dos semanas, durante otras formaciones en Croacia, Israel y Palestina, volvimos a ver cómo otros ciudadanos llenos de desesperación en países desgarrados por la guerra recuperaban el ánimo y la confianza gracias a la formación en CNV que recibieron.
Es una bendición para mí poder viajar por todo el mundo enseñando a las personas un proceso de comunicación que les da fuerza y alegría. Ahora, con este libro, estoy contento y entusiasmado de poder compartir la riqueza de la Comunicación NoViolenta con usted.
RESUMEN
La CNV nos ayuda a conectar con los demás y con nosotros mismos de manera que aflore nuestra compasión natural. Sirve de orientación para reestructurar el modo en que nos expresamos y escuchamos a los demás, concentrando nuestra conciencia en cuatro áreas: lo que observamos, lo que sentimos, lo que necesitamos y lo que pedimos para enriquecer nuestras vidas. La CNV promueve la escucha profunda, el respeto y la empatía, y engendra un deseo mutuo de dar desde el corazón. Hay quien emplea la CNV para relacionarse compasivamente consigo mismo, hay quien la aplica para dar mayor profundidad a sus relaciones personales y también hay personas que la usan para construir relaciones eficaces en el trabajo o en el ámbito político. La CNV se emplea en todo el mundo para mediar en disputas y conflictos a todos los niveles.
LA CNV EN ACCIÓN
A lo largo de todo el libro hay diálogos encabezados con el título “La CNV en acción”. Estos diálogos pretenden transmitir el sabor de una conversación real en la que uno de los interlocutores aplica los principios de la Comunicación NoViolenta. No obstante, la CNV no es solo un lenguaje o una serie de técnicas para usar las palabras; la conciencia y la intención que comprende también pueden expresarse por medio del silencio, de una cualidad de presencia, así como de la expresión facial y el lenguaje corporal. Los diálogos de “La CNV en acción” que encontrará aquí son necesariamente versiones condensadas y acortadas de situaciones reales, donde los momentos de empatía silenciosa, las anécdotas, el humor o los gestos contribuyeron a crear un flujo de conexión más natural de lo que puede parecer en estos diálogos impresos.
“¡ASESINO! ¡CRIMINAL! ¡ASESINO DE NIÑOS!”
Me encontraba presentando la Comunicación NoViolenta en una mezquita del campo de refugiados Dheisheh, en Belén, ante un grupo de 170 musulmanes palestinos. En aquel momento, las actitudes hacia los estadounidenses no eran favorables. Cuando estaba hablando, noté de repente que una oleada de conmoción encubierta se extendía por el público. Mi intérprete me alertó: “¡Están murmurando que usted es estadounidense!”. Justo entonces, un hombre se puso en pie de un salto y, mirándome fríamente a la cara, gritó a pleno pulmón: “¡Asesino!”. Inmediatamente, una docena de voces más se unieron a él con el siguiente coro: “¡Asesino! ¡Criminal! ¡Asesino de niños!”.
Afortunadamente, fui capaz de concentrar mi atención en lo que aquel hombre sentía y lo que necesitaba. En este caso, tenía algunas pistas. De camino al campo de refugiados, había visto varias bombonas de gas lacrimógeno vacías que se habían lanzado al campo la noche anterior. Claramente marcada en cada bombona estaba la inscripción “Fabricado en Estados Unidos”. Sabía que los refugiados albergaban mucha rabia contra los Estados Unidos por proporcionar gas lacrimógeno y otras armas a Israel.
Me dirigí al hombre que me había llamado “asesino”:
MBR:¿Está enfadado porque le gustaría que mi gobierno usara sus recursos de forma diferente? (Yo no sabía si mi suposición era acertada; pero mi esfuerzo sincero por conectar con su sentimiento y su necesidad era crucial).
Hombre:¡Pues claro que estoy enfadado! ¿A usted le parece que necesitamos gas lacrimógeno? ¡Lo que necesitamos es alcantarillado, no su gas lacrimógeno! ¡Necesitamos viviendas! ¡Necesitamos tener nuestro propio país!
MBR:¿De modo que está usted furioso y agradecería algo de apoyo para mejorar sus condiciones de vida y conseguir la independencia política?
Hombre:¿Sabe usted cómo es vivir aquí durante veintisiete años, como he vivido yo con mi familia, con mis hijos? ¿Tiene la más remota idea de cómo ha sido para nosotros?
MBR:Parece que se siente muy desesperado y se está preguntando si yo o cualquier otra persona puede realmente entender cómo es vivir en estas condiciones. ¿Le estoy escuchando bien?
Hombre:¿Quiere entenderlo? Dígame, ¿tiene usted hijos? ¿Van al colegio? ¿Tienen zonas de juego? ¡Mi hijo está enfermo! ¡Juega en las cloacas! ¡En su clase no hay libros! ¿Ha visto usted alguna vez una escuela sin libros?
MBR:Le escucho: es muy doloroso para usted criar a sus hijos aquí; le gustaría que yo supiera que lo que usted quiere es lo que todos los padres quieren para sus hijos: una buena educación, la oportunidad de jugar y crecer en un entorno saludable...
Hombre:¡Eso es! ¡Lo básico! Derechos humanos, ¿no es así como lo llaman ustedes, los estadounidenses? ¿Por qué no vienen más estadounidenses aquí y ven qué clase de derechos humanos están trayendo?
MBR:¿Le gustaría que más estadounidenses fueran conscientes del enorme sufrimiento que hay aquí y valoraran en profundidad las consecuencias de nuestras acciones políticas?
Nuestro diálogo continuó, él expresando su dolor durante veinte minutos más y yo escuchando el sentimiento y la necesidad que había detrás de cada frase. No expresé acuerdo o desacuerdo con él. Recibí sus palabras no como ataques, sino como regalos de un ser humano como yo, dispuesto a compartir su alma y lo más profundo y vulnerable de su ser conmigo.
Una vez aquel hombre se sintió comprendido, fue capaz de escucharme explicar cuál era mi propósito en ese campo. Una hora más tarde, la misma persona que me había llamado “asesino” me estaba invitando a su casa para compartir una cena de Ramadán.
2
La comunicación que bloquea la compasión
No juzguéis y no seréis juzgados, porque tal como
juzgáis a los demás, así seréis juzgados...
SANTA BIBLIA, MATEO 7:1
Ciertas formas de comunicación nos alienan de nuestro estado natural de compasión
A medida que estudiaba qué es lo que nos aliena de nuestro estado natural de compasión, fui identificando ciertas formas específicas de nuestro lenguaje y estilo de comunicación que a mi entender contribuyen a que nos comportemos de manera violenta con los demás y con nosotros mismos. Uso la expresión comunicación que aliena de la vida para referirme a dichas formas de comunicación.
LOS JUICIOS MORALISTAS
Un tipo de comunicación que aliena de la vida es el uso de juicios moralistas que implican error o maldad por parte de las personas que no actúan en armonía con nuestros valores. Dichos juicios pueden verse en comentarios como: “El problema contigo es que eres demasiado egoísta”, “Es una vaga”, “Tienen prejuicios”, “Eso es inapropiado”. Echar la culpa a alguien, insultarlo, rebajarlo, ponerle etiquetas, criticarlo, hacer comparaciones y emitir diagnósticos son distintas maneras de formular juicios.
En el mundo de los juicios, nuestra preocupación gira en torno a “quién es qué”
El poeta sufí Rumi escribió una vez: “Más allá de las ideas acerca de hacer lo correcto o lo incorrecto hay un campo. Allí nos encontraremos”. La comunicación que aliena de la vida, sin embargo, nos atrapa en un mundo de ideas preconcebidas sobre lo que está bien y lo que está mal, un mundo de juicios. Se trata de un lenguaje rico en palabras que establecen clasificaciones y dicotomías respecto a las personas y sus acciones. Cuando hablamos este idioma, juzgamos a los demás y su comportamiento fijándonos en quién es bueno, malo, normal, anormal, responsable, irresponsable, inteligente, ignorante, etc.
Mucho antes de convertirme en adulto, aprendí a comunicarme de una manera impersonal que no requería que revelara lo que estaba pasando dentro de mí. Cuando me encontraba con personas o comportamientos que o bien no me gustaban o bien no comprendía, solía reaccionar dando por sentado que los demás estaban equivocados. Si mis profesores me asignaban una tarea que no quería hacer, entonces eran “malos” o “injustos”. Cuando conducía, si alguien me adelantaba, mi reacción solía ser: “¡Idiota!”. Cuando hablamos este idioma, pensamos y nos comunicamos asumiendo que algo falla en los demás por comunicarse de cierta manera y, en ocasiones, asumiendo que algo falla en nosotros mismos por no entender o responder como nos gustaría. Nuestra atención está concentrada en clasificar, analizar y determinar niveles de error, en lugar de en lo que tanto nosotros como los demás necesitamos y no estamos obteniendo. Así, si mi pareja quiere más afecto del que le estoy dando, es “necesitada y dependiente”. Pero si yo quiero más afecto del que ella me da a mí, entonces es “distante e insensible”. Si mi colega presta más atención que yo a los detalles, es “puntilloso y obsesivo”. Por otro lado, si yo presto más atención a los detalles que él, entonces es “descuidado y caótico”.
Estoy convencido de que todos los análisis de este tipo que hacemos de otros seres humanos son expresiones trágicas de nuestros propios valores y necesidades. Son trágicas porque cuando expresamos nuestros valores y necesidades de esta forma aumenta la actitud defensiva y la resistencia precisamente en aquellas personas cuyo comportamiento nos preocupa. O si acceden a actuar en armonía con nuestros valores porque coinciden con nuestro análisis de su mal proceder, es probable que lo hagan por miedo, culpa o vergüenza.
Analizar a los demás es en realidad una expresión de nuestras propias necesidades y valores
Todos lo pagamos caro cuando las personas responden a nuestros valores y necesidades no por el deseo de dar desde el corazón, sino por miedo, culpa o vergüenza. Tarde o temprano, experimentaremos las consecuencias de esa falta de buena voluntad por parte de aquellos que se adecuan a nuestros valores por coacción, ya sea interna o externa. También ellos pagan un precio emocional, porque probablemente sienten resentimiento y su autoestima disminuye cuando responden desde el miedo, la culpa o la vergüenza.
Además, cada vez que los demás nos asocian en su mente con cualquiera de esos sentimientos, disminuyen las probabilidades de que respondan compasivamente a nuestras necesidades y valores en el futuro.
Es importante no confundir los juicios de valor con los juicios moralistas. Todos hacemos juicios de valor acerca de las cualidades que valoramos en la vida; por ejemplo, podemos valorar la honestidad, la libertad o la paz. Los juicios de valor reflejan nuestras creencias sobre cómo se puede servir a la vida. Hacemos juicios moralistas sobre personas y sus comportamientos cuando estos no respaldan nuestros juicios de valor; por ejemplo: “La violencia es mala. Las personas que matan a otras son malvadas”. Si nos hubiéramos criado hablando un lenguaje que facilitara la expresión de la compasión, habríamos aprendido a articular nuestras necesidades y valores directamente, en lugar de insinuar error cuando algo no coincide con ellos. Por ejemplo, en lugar de “la violencia es mala”, podríamos decir: “me da miedo que se recurra a la violencia para resolver los conflictos; yo valoro el uso de otros medios en la resolución de conflictos humanos”.
Clasificar y juzgar a las personas promueve la violencia
La relación entre el lenguaje y la violencia es el tema de investigación del profesor de psicología O. J. Harvey, de la Universidad de Colorado. El investigador tomó muestras aleatorias de pasajes literarios de muchos países del mundo y estudió la frecuencia de aparición de las palabras que clasifican y juzgan a las personas. Su estudio muestra una alta correlación entre el uso de dichas palabras y la frecuencia de incidentes violentos. No me sorprende oír que la violencia es considerablemente menor en aquellas culturas en las que las personas piensan en términos de necesidades que en las culturas en las que las personas se etiquetan unas a otras como “buenas” o “malas” y creen que “los malos” merecen ser castigados. En Estados Unidos, en el 75 por ciento de los programas de televisión emitidos en un horario en que los niños muy probablemente estarán frente al televisor, el héroe mata a otras personas o les da una paliza. Esta violencia constituye típicamente el “clímax” del programa. Los telespectadores, a quienes se ha enseñado que los malos merecen ser castigados, experimentan placer al observar esta violencia.
En la raíz de mucha (si no de toda) violencia —ya sea verbal, psicológica o física, entre miembros de la familia, entre tribus o naciones— hay una forma de pensar que atribuye la causa del conflicto a la actitud equivocada de nuestro adversario, con la correspondiente incapacidad de pensar en uno mismo y en los demás teniendo en cuenta nuestra vulnerabilidad, es decir, lo que podemos estar sintiendo, temiendo, anhelando, echando en falta, etc. Fuimos testigos de esta peligrosa forma de pensar durante la Guerra Fría. Nuestros líderes consideraban a la URSS un “imperio del mal” empeñado en destruir el estilo de vida estadounidense. Los líderes soviéticos se referían a los habitantes de Estados Unidos como “opresores imperialistas” que estaban intentando subyugarlos. Ninguna de las dos partes reconocía el miedo que se escondía detrás de esas etiquetas.
LAS COMPARACIONES
Otra forma de juicio es el uso de comparaciones. En su libro Cómo ser un perfecto desdichado, Dan Greenburg demuestra a través del humor el insidioso poder que puede ejercer sobre nosotros el pensar en términos de comparaciones. El autor sostiene que si sus lectores tienen un deseo sincero de hacer que su vida sea desdichada, pueden aprender a compararse con otras personas. El escritor propone varios ejercicios para aquellos que no están familiarizados con esta práctica. El primero incluye imágenes de cuerpo entero de un hombre y una mujer que encarnan la belleza física ideal según el canon mediático actual. Se pide a los lectores que tomen las medidas de su cuerpo, las comparen con las de los atractivos especímenes de las imágenes y observen las diferencias.
Las comparaciones son una forma de juicio
Este ejercicio produce aquello que promete: comenzamos a sentirnos desdichados en cuanto empezamos a hacer comparaciones. Cuando pensamos que no podemos estar más deprimidos, pasamos la página y descubrimos que ese primer ejercicio no era más que un simple calentamiento. Como la belleza física es relativamente superficial, Greenburg nos da a continuación la oportunidad de compararnos en algo que realmente importa: los logros. El autor recurre a la guía telefónica para proporcionar a los lectores cinco individuos al azar con los que compararse. El primer nombre que dice haber sacado de la guía telefónica es Wolfgang Amadeus Mozart. Greenburg enumera los idiomas que hablaba Mozart y las principales composiciones que había creado cuando aún era un adolescente. Entonces el ejercicio pide a los lectores que piensen en sus propios logros hasta el momento actual de su vida, los comparen con lo que Mozart había logrado a los 12 años, y observen las diferencias.
Incluso aquellos lectores que no se recuperan nunca de la desdicha autoinducida por este ejercicio pueden ver hasta qué punto esa forma de pensar bloquea la compasión, tanto hacia uno mismo como hacia los demás.
LA NEGACIÓN DE LA RESPONSABILIDAD
Otra clase de comunicación que aliena de la vida es la negación de la responsabilidad. La comunicación que aliena de la vida disminuye nuestra conciencia de que somos responsables de nuestros propios pensamientos, sentimientos y acciones. El uso de la muy común expresión “tener que”, como la de “hay cosas que tengo que hacer, me guste o no”, ilustra cómo la responsabilidad personal de nuestras acciones puede quedar enturbiada por este tipo de discurso. La expresión “hacer sentir”, como en “me haces sentir culpable”, es otro ejemplo de cómo el lenguaje facilita la negación de la responsabilidad personal por nuestros propios sentimientos y pensamientos.
Nuestro lenguaje empaña la conciencia de nuestra responsabilidad personal
Hannah Arendt, en su libro Eichmann en Jerusalén, que documenta el juicio al oficial nazi Adolf Eichmann por sus crímenes de guerra, cita las palabras de Eichmann cuando este explicaba que él y sus colegas oficiales tenían su propio término para referirse al lenguaje de negación de responsabilidad que usaban. Lo llamaban Amtssprache, que podría traducirse más o menos como “lenguaje de oficina” o “jerga burocrática”. Por ejemplo, si se les preguntaba por qué emprendieron una determinada acción, la respuesta era: “Tenía que hacerlo”. Cuando se les preguntaba por qué tenían que hacerlo, su respuesta era: “Eran órdenes de los superiores”, “era la política de la empresa”, “era la ley”.
Negamos la responsabilidad por nuestras acciones cuando atribuimos su causa a factores externos a nosotros mismos:
• Fuerzas vagas e impersonales: “Limpié mi habitación porque tenía que hacerlo”.
• Estado de salud, diagnóstico o historia personal o psicológica: “Bebo porque soy alcohólico”.
• Acciones de los demás: “Pegué a mi hijo porque salió corriendo a la calle”.
• Dictados de la autoridad: “Le mentí al cliente porque el jefe me lo dijo”.
• Presión de grupo: “Empecé a fumar porque todos mis amigos lo hacían”.
• Políticas, normas y reglamentos institucionales: “Tengo que expulsarte por esta infracción porque es la política de la escuela”.
• Roles asociados al género, posición social o edad: “Odio ir a trabajar, pero lo hago porque soy marido y padre”.
• Impulsos irrefrenables: “Me superó el deseo de comerme esa chocolatina”.
Podemos sustituir el lenguaje que implica ausencia de elección por el que reconoce la posibilidad de elegir
En una ocasión, durante un diálogo entre padres y profesores sobre los peligros del lenguaje que implica la ausencia de elección, una mujer objetó enfadada: “¡Pero hay cosas que uno tiene que hacer, le guste o no! Y yo no veo nada malo en decir a mis hijos que hay cosas que ellos tienen que hacer también.” Cuando le pedí un ejemplo de algo que ella “tuviera que hacer”, respondió: “¡Muy fácil! Cuando me vaya de aquí esta noche, tengo que ir a casa y cocinar. ¡Detesto cocinar! Lo odio con todas mis fuerzas, pero lo he hecho cada día durante veinte años, incluso cuando he estado muy enferma, porque es una de esas cosas que, sencillamente, hay que hacer”. Yo le dije que me entristecía oír que había dedicado tanto tiempo de su vida a hacer algo que odiaba, porque se sentía obligada a hacerlo, y que tenía la esperanza de que pudiera encontrar mayores posibilidades de felicidad aprendiendo el lenguaje de la CNV.
Somos peligrosos cuando no somos conscientes de nuestra responsabilidad por cómo nos comportamos, pensamos y sentimos
Me complace decir que aprendió rápido. De hecho, al acabar el taller se fue a casa y anunció a su familia que ya no quería volver a cocinar nunca más. La oportunidad de saber cómo lo había tomado su familia se me presentó tres semanas más tarde, cuando sus dos hijos llegaron al taller. Sentía gran curiosidad por saber cómo habían reaccionado al anuncio de su madre. El hijo mayor suspiró diciendo: “Marshall, yo dije para mis adentros: ‘¡gracias a Dios!’”. Al ver mi expresión de desconcierto, explicó: “Bueno, pensé que así tal vez dejaría de quejarse a cada comida”.
Otra vez, cuando estaba atendiendo una consulta para una escuela del distrito, una profesora señaló: “Odio poner notas. No creo que ayuden y generan un montón de ansiedad en los estudiantes. Pero tengo que ponerlas: es la política del distrito”. Acabábamos de estar practicando cómo introducir en la clase un lenguaje que aumentara la conciencia de la responsabilidad por las propias acciones. Le pedí a la profesora que tradujera su afirmación “Tengo que poner notas porque es la política del distrito” por “Elijo poner notas porque quiero...”. Entonces respondió sin vacilar: “Elijo poner notas porque quiero conservar mi puesto de trabajo”, y se apresuró a añadir: “Pero no me gusta decirlo de esa manera. Me hace sentir tan responsable por lo que estoy haciendo...”. “Por eso quiero que lo digas de esa manera”, respondí yo.
Comparto los sentimientos del novelista y periodista francés George Bernanos cuando dice:
Hace mucho que pienso que si algún día la especie humana desaparece de la faz de la Tierra debido a la creciente eficiencia de las técnicas de destrucción, no será la crueldad la responsable de nuestra extinción y, por supuesto, menos aún la indignación que despierta la crueldad, y las represalias y la venganza que trae consigo... Será la docilidad, la falta de responsabilidad del hombre moderno, su aceptación servil de los códigos vigentes. Los horrores de que hemos sido testigos y los aún mayores horrores que presenciaremos no son señales de que los rebeldes, los insubordinados, los indomables estén aumentando en el mundo, sino más bien de que hay un incremento constante del número de hombres obedientes y dóciles.
GEORGE BERNANOS
OTRAS FORMAS DE COMUNICACIÓN QUE ALIENAN DE LA VIDA
Comunicar nuestros deseos como exigencias es otra forma de expresarse que bloquea la compasión. Una exigencia explícita o implícita amenaza a quien la escucha con la culpa y el castigo si no la acata. Es una forma de comunicación muy habitual en nuestra cultura, especialmente por parte de aquellos que ostentan puestos de autoridad.
No tenemos el poder de hacer que los demás hagan una determinada cosa
Mis hijos me han dado lecciones de incalculable valor acerca de las exigencias. De alguna manera, se me había metido en la cabeza que, como padre, mi trabajo era exigirles. Aprendí, no obstante, que yo podía hacer todas las exigencias del mundo sin por ello conseguir que mis hijos hicieran nada. Se trata de una lección de humildad sobre el poder para aquellos que creemos que, porque somos padres, profesores, o gerentes, nuestro trabajo es cambiar a las demás personas y hacer que se comporten bien. Ahí estaban mis niños haciéndome saber que yo nunca podría lograr que ellos hicieran nada. Lo máximo que podía conseguir, mediante el castigo, era que desearan haberlo hecho. Al final me enseñaron que siempre que yo era tan tonto como para hacer que desearan haberme obedecido castigándoles, ¡ellos tenían su propio modo de hacerme desear a mí no haberles castigado!
Las ideas basadas en el concepto de “merecer” bloquean la comunicación compasiva
Examinaremos este tema de nuevo cuando aprendamos a diferenciar las peticiones de las exigencias, una parte importante de la CNV.
La comunicación que aliena de la vida tiene profundas raíces filosóficas y políticas
La idea de que ciertas acciones merecen recompensa mientras que otras merecen castigo está también asociada con la comunicación que aliena de la vida. Esta forma de pensar está expresada por la palabra merecer, como en el caso de “Él merece que le castiguen por lo que hizo”. Esta manera de pensar presupone maldad en las personas que se comportan de ciertas maneras, y requiere el castigo para lograr que se arrepientan y cambien su comportamiento. Yo creo que a todos nos interesa que las personas cambien porque ven que el cambio les beneficia, no con el fin de evitar el castigo.
La mayoría de nosotros nos hemos criado hablando un lenguaje que fomenta las etiquetas, las comparaciones, las exigencias y los juicios, en lugar de la conciencia de lo que sentimos y necesitamos. Creo que la comunicación que aliena de la vida está enraizada en una visión de la naturaleza humana que ha ejercido su influencia durante varios siglos. Esa visión hace hincapié en la maldad y deficiencias innatas del ser humano, y en la necesidad de la educación para controlar nuestra indeseable naturaleza inherente. Dicha educación con frecuencia nos lleva a preguntarnos si habrá algo malo en cualquier sentimiento o necesidad que podamos estar experimentando. Aprendemos muy pronto a desconectarnos de lo que pasa en nuestro interior.
La comunicación que aliena de la vida surge de las sociedades jerárquicas o dominadoras y las sustenta. En dichas sociedades, la mayor parte de la población es controlada por un pequeño número de individuos que actúan en su propio beneficio. A los reyes, zares, nobles, etc. les interesaba que las masas fueran educadas de forma que adquirieran mentalidad de esclavos. El lenguaje de la equivocación y el error, los debería, los tengo que, se adecua perfectamente a ese propósito: en la medida en que las personas son educadas para pensar en términos de juicios moralistas que implican equivocación o maldad, están siendo educadas para buscar fuera de sí mismas —en las autoridades externas— la definición de lo que constituye lo correcto, lo incorrecto, lo bueno y lo malo. Cuando estamos en contacto con nuestros sentimientos y necesidades, los seres humanos ya no somos buenos esclavos ni subordinados.
RESUMEN
El dar y recibir compasivamente está en nuestra naturaleza. Sin embargo, hemos aprendido muchas formas de comunicación que alienan de la vida y nos conducen a hablar y comportarnos de maneras que dañan a los demás o a nosotros mismos. Una forma de comunicación que aliena de la vida es el uso de los juicios moralistas que presuponen error o maldad por parte de aquellos que no actúan en consonancia con nuestros valores. Otra es el uso de comparaciones, que pueden bloquear la compasión tanto hacia los demás como hacia nosotros mismos. La comunicación que aliena de la vida también empaña la conciencia de que cada uno de nosotros es responsable de sus propios pensamientos, sentimientos y acciones. Comunicar nuestros deseos en forma de exigencias es otra característica del lenguaje que bloquea la compasión.
3
Observar sin evaluar
¡OBSERVAD! Hay pocas cosas tan
importantes, tan religiosas, como esa.
FREDERICK BUECHNER, CLÉRIGO
Puedo aceptar que me digas
lo que hice o lo que no.
Y acepto que lo interpretes,
pero, por favor, no mezcles las dos.
Si quieres confundir cualquier cuestión,
yo te digo cómo hacerlo:
mezcla lo que yo hago
con tu reacción por ello.
Dime que te decepciona
ver tareas sin terminar,
pero llamarme irresponsable
no me va a motivar.
Y dime que te duele
que te insinúes y diga que no,
pero llamándome frígido
no te va a ir mejor.
Sí, puedo aceptar que me digas
lo que hice o lo que no,
Y acepto que lo interpretes,
pero, por favor, no mezcles las dos.
MARSHALL B. ROSENBERG
El primer componente de la CNV implica separar la observación de la evaluación. Necesitamos observar con claridad aquello que estamos viendo y escuchando y que afecta a nuestra sensación de bienestar sin mezclarlo con ninguna evaluación.
La observación es un elemento muy importante de la CNV cuando deseamos expresar cómo estamos a otra persona con claridad y sinceridad. Cuando combinamos la observación y la evaluación, disminuyen las probabilidades de que a los demás les llegue el mensaje que intentamos transmitir. En lugar de ello, recogerán la crítica y se resistirán a cualquier cosa que les estemos diciendo.
Cuando mezclamos la observación y la evaluación, los demás tienden a percibir crítica
La CNV no nos obliga a ser completamente objetivos y abstenernos de evaluar. Solo requiere que mantengamos una separación entre nuestras observaciones y nuestras evaluaciones. La CNV es un lenguaje dinámico (de proceso) que desaconseja las generalizaciones estáticas; en su lugar, las evaluaciones deben estar basadas en observaciones específicas del momento y del contexto. Wendell Johnson, experto en semántica, señala que podemos crearnos muchos problemas usando un lenguaje estático para expresar o captar una realidad que es siempre cambiante: “Nuestro lenguaje es un instrumento imperfecto creado por hombres ignorantes que vivieron hace mucho tiempo. Es un lenguaje animista que nos invita a hablar de cosas estables y constantes, de semejanzas, de normalidades y tipos, de transformaciones mágicas, curas rápidas, problemas simples y soluciones definitivas. Mas el mundo que intentamos simbolizar con ese lenguaje es un mundo de procesos, cambios, diferencias, dimensiones, funciones, relaciones, crecimiento, interacciones, desarrollo, aprendizaje, afrontamiento, complejidad. Y esa falta de correspondencia entre nuestro mundo en constante cambio y nuestras formas de lenguaje relativamente estáticas es parte de nuestro problema”.
Ruth Bebermeyer, una de mis colegas, contrasta el lenguaje estático y el lenguaje de proceso en una canción que ilustra la diferencia entre la evaluación y la observación:
Nunca he visto un hombre vago;
he visto un hombre que nunca corría
mientras yo le miraba,
y he visto uno que a veces dormía
entre la comida y la cena,
y que se quedaba en casa cuando llovía,
pero no era un hombre vago.
Antes de llamarme loca, piensa:
¿era vago o solo hacía cosas
que etiquetamos “de vagos”?
Nunca he visto un niño tonto;
He visto un niño que a veces hacía
cosas que yo no entendía
o de forma diferente
a como yo preveía;
He visto un niño que no había visto
los sitios donde yo había estado,
pero no era un niño tonto.
Antes de llamarle tonto, piensa:
¿era tonto o solo sabía cosas
diferentes de las que tú sabías?
Por más que buscaba y buscaba
nunca encontré un cocinero;
Vi alguien que combinaba
ingredientes en un puchero,
alguien que encendía el fuego
y miraba la sartén
donde se asaba el cordero.
Vi todo eso, pero no un cocinero.
Dime, cuando mires bien:
¿es un cocinero lo que ves
o es alguien haciendo cosas
que llamamos cocinar?
Lo que algunos llamamos vago
otros lo llaman cansado o tranquilo,
lo que algunos llamamos estúpido
otros lo llaman saber divergente,
así que he llegado a la conclusión,
de que evitaremos toda confusión
si no mezclamos lo que vemos
con lo que es nuestra opinión.
Y porque tú tal vez lo hagas,
también quiero decir:
sé que es solo mi opinión.
RUTH BEBERMEYER
Aunque los efectos de las etiquetas negativas, tales como “vago” y “tonto” pueden ser más obvios, incluso una etiqueta positiva o aparentemente neutral, como “cocinero”, limita nuestra percepción de la totalidad de otra persona.
LA FORMA MÁS ELEVADA DE LA INTELIGENCIA HUMANA
El filósofo indio J. Krishnamurti señaló en una ocasión que observar sin evaluar es la forma más elevada de la inteligencia humana. La primera vez que leí esa frase, el pensamiento “¡qué tontería!” atravesó mi mente antes de que pudiera percatarme de que acababa de hacer una evaluación. Para la mayoría de las personas es difícil hacer observaciones —especialmente de otras personas y su comportamiento— que estén libres de juicio, crítica u otras formas de análisis.
Yo me hice bien consciente de esta dificultad cuando trabajaba con una escuela de primaria cuyo director y personal docente habían expresado con frecuencia que tenían dificultades en la comunicación. El supervisor del distrito había pedido que les ayudara a resolver el conflicto. Primero fui a hablar con los profesores, y después con ellos y el director juntos.
Abrí la reunión preguntando a los profesores: “¿Qué es lo que hace el director que entra en conflicto con las necesidades de ustedes?”.
“¡Es un charlatán!”, fue la respuesta inmediata. Mi pregunta pedía una observación, pero aunque la palabra “charlatán” me dio información sobre cómo este profesor evaluaba al director, no describía qué era lo que el director decía o hacía que le hubiera llevado a él a determinar que “era un charlatán”.
Cuando señalé esto, otro profesor intervino: “Yo sé lo que quiere decir: ¡el director habla demasiado!”. En lugar de una observación clara del comportamiento del director, esto también era una evaluación sobre lo mucho que hablaba. Un tercer profesor declaró entonces: “Piensa que él es el único que tiene algo que vale la pena contar”. Yo expliqué que hacer suposiciones sobre lo que otra persona está pensando no es lo mismo que observar su comportamiento. Finalmente se aventuró un cuarto profesor: “Quiere ser el centro de atención todo el tiempo”. Después de que yo señalara que también esto era una suposición —de lo que otra persona quería— dos profesores exclamaron al unísono: “¡Bueno, su pregunta es muy difícil de responder!”.
Después de esto trabajamos juntos para crear una lista que identificara comportamientos específicos, por parte del director, que les molestaban, y nos aseguramos de que la lista estuviera libre de evaluaciones. Por ejemplo, el director contaba anécdotas de su niñez y experiencias de guerra durante las reuniones del claustro, con el resultado de que dichas reuniones a veces duraban veinte minutos más de la cuenta. Cuando pregunté a los profesores si habían comunicado alguna vez su malestar al director, respondieron que lo habían intentado, pero solo mediante comentarios evaluativos. Nunca habían hecho referencia a los comportamientos específicos —como por ejemplo su costumbre de contar anécdotas— y estuvieron de acuerdo en comunicárselos cuando nos reuniéramos todos.
Prácticamente al inicio de la segunda reunión, pude ver lo que los profesores me habían estado contando. Fuera cual fuera el tema del diálogo, el director intervenía: “Esto me recuerda a los tiempos en que...” y entonces se lanzaba a contar una anécdota de su infancia o de sus experiencias en la guerra. Esperé a que los profesores dieran voz a su incomodidad con el comportamiento del director. No obstante, en lugar de la Comunicación NoViolenta, aplicaron la Condenación NoVerbal: algunos elevaron la mirada al techo; otros bostezaron ostensiblemente; uno comenzó a mirar su reloj...
Soporté tan lamentable escena hasta que finalmente pregunté: “¿Nadie va a decir nada?”. Siguió un silencio incómodo. El profesor que había hablado primero en la reunión anterior se armó de valor, miró directamente al director y le dijo: “Ed, eres un charlatán”.
Como ilustra esta historia, no siempre es fácil desechar nuestros viejos hábitos y llegar a dominar la habilidad de separar la observación de la evaluación. Al final, los profesores dejaron claro al director qué acciones específicas les llevaban a sentirse molestos. El director escuchó con seriedad y a continuación exclamó: “¿Por qué ninguno de vosotros me ha dicho esto antes?”. Admitió que era consciente de su costumbre de contar anécdotas, y entonces empezó a contar una, fiel a su hábito. Le interrumpí, señalando (con buenas maneras) que lo estaba haciendo de nuevo. Acabamos la reunión desarrollando estrategias para que los profesores pudieran hacer saber al director, de una manera amable, cuándo sus anécdotas no eran apreciadas.
DISTINGUIR LA OBSERVACIÓN DE LA EVALUACIÓN
La siguiente tabla sirve para establecer una distinción entre las observaciones que están separadas de la evaluación y aquellas que se mezclan con una evaluación.
| Comunicación | Ejemplo de observación mezclada con evaluación | Ejemplo de observación separada de la evaluación |
| 1. Usar el verbo ser o estar sin indicar si quien evalúa asume la responsabilidad de su evaluación | Eres demasiado generoso | Cuando te veo dar todo el dinero para tu comida a otros, pienso que estás siendo demasiado generoso |
| 2. Usar verbos con connotaciones evaluativas | Doug posterga las cosas. | Doug solo estudia para los exámenes la noche anterior. |
| 3. Dar por sentado que las suposiciones de uno sobre los pensamientos, sentimientos, intenciones y deseos de otra persona son las únicas posibles | No terminará el trabajo a tiempo | No creo que termine el trabajo a tiempo o bien Ella dijo: “No terminaré el trabajo a tiempo” |
| 4. Confundir una predicción con una certeza | Si no comes equilibradamente, tu salud se resentirá | Si no comes equilibradamente, me temo que tu salud pueda resentirse |
| 5. No ser específicos al citar ejemplos | Los inmigrantes no cuidan sus propiedades | No he visto a la familia de inmigrantes que vive en el nº 1679 de la calle Ross retirar la nieve de su acera |
| 6. Usar palabras que denotan habilidad sin indicar que se está haciendo una evaluación | Hank Smith es un mal jugador de fútbol | Hank Smith no ha marcado un gol en veinte partidos |
| 7. Usar adverbios y adjetivos sin indicar que se está haciendo una evaluación | Jim es feo | El aspecto de Jim no me resulta atractivo |
Nota: las expresiones siempre, nunca, ninguna vez, siempre que, etc. expresan observaciones cuando se usan de las siguientes maneras:
• Siempre que he visto a Jack hablar por teléfono, ha hablado durante al menos treinta minutos.
• No recuerdo que me hayas escrito nunca.
A veces estas expresiones se usan como exageraciones, en cuyo caso se mezclan observaciones y evaluaciones:
• Siempre estás ocupado.
• Nunca está ahí cuando se la necesita.
Cuando estas palabras se usan como exageraciones, con frecuencia provocan una actitud defensiva en lugar de compasión.
Las palabras como con frecuencia, a menudo, rara vez, casi nunca, también pueden contribuir a la confusión entre observación y evaluación.
| Evaluaciones | Observaciones |
| Rara vez haces lo que quiero | Las tres últimas veces que empecé una actividad dijiste que no querías hacerla |
| Viene aquí muy a menudo | Viene aquí al menos tres veces por semana |
RESUMEN
El primer componente de la CNV conlleva la separación de la observación y la evaluación. Cuando las mezclamos, la otra persona suele tener la impresión de que le criticamos y por lo tanto opone resistencia a lo que le estamos diciendo. La CNV es un lenguaje de proceso que desaconseja las generalizaciones estáticas. En lugar de ello, las observaciones deben ser específicas del momento y del contexto, como por ejemplo: “Hank Smith no ha marcado un gol en veinte partidos” en lugar de “Hank Smith es un mal jugador de fútbol”.
LA CNV EN ACCIÓN
“¡El formador más arrogante que hemos tenido nunca!”
Este diálogo ocurrió durante un taller que estaba impartiendo. Cuando llevaba media hora de presentación, hice una pausa para invitar a los participantes a intervenir. Uno de ellos levantó la mano y declaró: “¡Es usted el formador más arrogante que hemos tenido nunca!”.
Ante mí se abren varias opciones cuando una persona se dirige a mí de esa manera. Una opción es tomarme el mensaje de manera personal; sé que estoy haciéndolo cuando siento un fuerte impulso de disculparme, defenderme o buscar excusas. Otra opción (para la cual tengo mucha práctica) es atacar a la otra persona por lo que yo percibo como un ataque hacia mí. En esta ocasión, escogí una tercera opción: concentrarme en qué podía haber detrás de la afirmación de ese hombre.
MBR:(Haciendo conjeturas en base a las observaciones hechas) ¿Su reacción se debe a que he hablando durante treinta minutos seguidos para presentar mi visión antes de darles la oportunidad de intervenir?
Phil:No. Usted hace que parezca muy sencillo.
MBR:(Tratando de obtener más claridad) ¿Su reacción se debe a que no he dicho nada sobre cómo el proceso puede resultar difícil de aplicar a algunas personas?
Phil:No a algunas personas, ¡a usted!
MBR:¿Así que su reacción se debe a que yo no he dicho que el proceso me puede resultar difícil a mí a veces?
Phil:¡Eso es!
MBR:¿Se siente molesto porque le habría gustado ver algún indicio de que yo mismo tengo algunas dificultades con el proceso?
Phil:(Tras una pequeña pausa) Sí, eso es.
MBR:(Sintiéndome más relajado ahora que estoy en contacto con el sentimiento y la necesidad de la persona, dirijo mi atención a lo que creo que puede estar pidiéndome) ¿Le gustaría que yo admitiera ahora mismo que aplicar este proceso puede requerirme mucho esfuerzo?
Phil:Sí.
MBR:(Después de haber aclarado su observación, sentimiento, necesidad y petición, compruebo si yo estoy dispuesto a hacer lo que me pide) Sí, este proceso a menudo me resulta difícil. Cuando continuemos con el taller, probablemente me escuchará describir varios incidentes en los que he tenido que hacer grandes esfuerzos... o incluso he perdido el contacto por completo con este proceso, esta conciencia, que les estoy presentando aquí. Al mismo tiempo lo que hace que siga esforzándome son las conexiones tan estrechas que establezco con otras personas cuando me mantengo en el proceso.
EJERCICIO 1
¿OBSERVACIÓN O EVALUACIÓN?
Para determinar su habilidad para distinguir entre observación y evaluación, complete el siguiente ejercicio. Marque con un círculo los números que preceden a las frases que son solo observación, sin evaluaciones implícitas.
1.“John se enfadó conmigo ayer sin ningún motivo”.
2.“Ayer por la noche Nancy se mordió las uñas mientras veía la televisión”.
3.“Sam no me pidió mi opinión durante la reunión”.
4.“Mi padre es un buen hombre”.
5.“Janice trabaja demasiado”.
6.“Henry es agresivo”.
7.“Pam fue la primera en la cola todos los días esta semana”.
8.“Mi hijo con frecuencia no se lava los dientes”.
9.“Luke me dijo que no me sienta bien el amarillo”.
10. “Mi tía se queja cuando hablo con ella”.
Aquí están mis respuestas para el Ejercicio 1:
1.Si marcó este número, no estamos de acuerdo. Yo considero que “sin ningún motivo” es una evaluación. Además, considero una evaluación suponer que John estaba enfadado. Podría haber estado dolido, asustado, triste o cualquier otra cosa. Algunos ejemplos de observación sin evaluación podrían ser: “John me dijo que estaba enfadado” o “John golpeó con el puño en la mesa”.
2.Si marcó este número, estamos de acuerdo en que se expresó una observación sin evaluación.
3.Si marcó este número, estamos de acuerdo en que se expresó una observación sin evaluación.
4.Si marcó este número, no estamos de acuerdo. Yo considero que “buen hombre” es una evaluación. Una observación sin evaluación podría ser: “Durante los últimos 25 años, mi padre ha donado una décima parte de su salario a obras de caridad”.
5.Si marcó este número, no estamos de acuerdo. Considero que “demasiado” es una evaluación. Una observación sin evaluación podría ser: “Janice pasó más de sesenta horas en la oficina esta semana”.
6.Si marcó este número, no estamos de acuerdo. Considero que “agresivo” es una evaluación. Una observación sin evaluación podría ser: “Henry pegó a su hermana cuando ella cambió el canal de la televisión”.
7.Si marcó este número, estamos de acuerdo en que se expresó una observación sin evaluación.
8.Si marcó este número, no estamos de acuerdo. Yo considero que “con frecuencia” es una evaluación. Una observación sin evaluación podría ser: “Mi hijo no se lavó los dientes antes de irse a la cama dos veces esta semana”.
9.Si marcó este número, estamos de acuerdo en que se expresó una observación sin evaluación.
10. Si marcó este número, no estamos de acuerdo. Yo considero que “se queja” es una evaluación. Una observación sin evaluación podría ser: “Mi tía me llamó tres veces esta semana y todas ellas me habló de personas cuya forma de tratarla no le gusta”.
LA MÁSCARA
Siempre una máscara
sostenida en la mano delgada blancamente
siempre tenía una máscara delante de su
cara–
Verdaderamente la muñeca
sosteniéndola con ligereza
parecía hecha para aquella tarea:
sin embargo a veces
había un temblor,
un tenue movimiento de los dedos,
muy, muy ligero–
¿sosteniendo la máscara?
Durante años y años y años yo
me pregunté,
pero no me atreví a preguntar,
y entonces–
me equivoqué,
miré detrás de la máscara,
y me encontré con
nada–
ella no tenía cara.
Se había convertido
en solo una mano
que sostenía una máscara
con gracia.
ANÓNMO
4
Identificar y expresar sentimientos
El primer componente de la CNV es observar sin evaluar; el segundo es expresar cómo nos sentimos. El psicoanalista Rollo May afirma que “la persona madura es capaz de diferenciar los sentimientos con muchos matices, experiencias intensas y apasionadas, o delicadas y sensibles, como en los diferentes pasajes musicales de una sinfonía”. Sin embargo, para muchas personas los sentimientos son, como lo describiría May, “tan limitados como las notas de un toque de corneta”.
EL ELEVADO COSTE DE LOS SENTIMIENTOS NO EXPRESADOS
Nuestro repertorio de palabras para insultar a la gente es a menudo más amplio que nuestro vocabulario para describir claramente nuestros estados emocionales. Yo pasé veintiún años en instituciones educativas de Estados Unidos y no recuerdo que durante ese tiempo nadie me preguntara cómo me sentía. Sencillamente, los sentimientos no se consideraban importantes. Lo que se valoraba era “la manera correcta de pensar”, definida por aquellos que ostentaban posiciones de rango y autoridad. Se nos educa para ser “dirigidos por otros” en lugar de estar en contacto con nosotros mismos. Aprendemos a estar “en la cabeza”, preguntándonos: “¿Qué es lo que piensan los demás que es correcto que yo diga y haga?”.
Una interacción que tuve con una profesora cuando yo tenía unos nueve años muestra cómo podemos empezar a apartarnos de nuestros sentimientos. Una vez me escondí en un aula después de clase porque unos chicos me esperaban fuera para pegarme. La profesora me descubrió y me pidió que saliera. Cuando le expliqué que tenía miedo, declaró: “Los chicos grandes no se asustan.” Varios años después esta idea se reforzó cuando practicaba deportes. Era típico de los entrenadores valorar a los deportistas que estaban dispuestos a “darlo todo” y seguir entrenando aunque sintieran mucho dolor físico. Aprendí la lección tan bien que una vez seguí jugando al baloncesto durante un mes con una muñeca rota sin tratar.
En un taller de CNV, un participante contó que un compañero de habitación ponía la música muy alta por las noches, lo cual le impedía dormir. Cuando le pedí que expresara lo que sentía cuando esto sucedía, el estudiante respondió: “Siento que no está bien poner la música tan alta por la noche.” Yo le señalé que cuando usaba la palabra que a continuación de la palabra siento estaba expresando una opinión pero no revelando sus sentimientos. Cuando le volví a pedir que intentara expresar cómo se sentía, declaró: “Siento que cuando la gente hace cosas así es porque tienen un trastorno de personalidad”. Le expliqué que eso seguía siendo una opinión más que un sentimiento. Él hizo una pausa reflexiva y después anunció con vehemencia: “¡No siento absolutamente nada al respecto!”.
Obviamente, esta persona sentía algo, y muy fuerte. Desafortunadamente, no sabía cómo hacerse consciente de ello, y mucho menos expresarlo. Esta dificultad para identificar y expresar sentimientos es común y, según mi experiencia, sobre todo entre abogados, ingenieros, oficiales de policía, gerentes de grandes empresas y personal militar de carrera: personas cuyos códigos profesionales desaconsejan que manifiesten sus emociones. El coste es muy alto para las familias cuando sus miembros no son capaces de comunicar sus emociones. La cantante de country Reba McEntire escribió una canción tras la muerte de su padre y la tituló “El gran hombre a quien jamás conocí”. Con ella expresó, sin lugar a dudas, lo que sienten muchas personas; todas aquellas que nunca fueron capaces de establecer la conexión emocional que les habría gustado tener con sus padres.
Yo suelo escuchar frases como: “No quiero que me malinterprete, estoy casada con un hombre maravilloso, pero nunca sé lo que siente”. En una ocasión, una mujer, como la que me dijo eso, trajo a su esposo a un taller, durante el cuál ella le explicó: “Me siento como si estuviera casada con una pared”. El marido hizo una magnífica imitación de una pared: se quedó sentado, mudo e inmóvil. Exasperada, la mujer se volvió hacia mí y exclamó: “¿Lo ve? Esto es lo que sucede todo el tiempo. Se queda ahí sin decir nada. ¡Es como vivir con una pared!”.
“A mí me parece que usted se siente sola y quiere un mayor contacto emocional con su marido”, le dije. Cuando ella manifestó su acuerdo, intenté mostrarle que era muy poco probable que frases como “me siento como si estuviera viviendo con una pared” atrajeran la atención de su marido sobre sus sentimientos y deseos. De hecho, lo más probable es que se recibieran como una crítica y no como una invitación a conectar con sus sentimientos. Además, frases como esa con frecuencia se convierten en profecías autorealizadas. Por ejemplo, un marido cuando escucha que le critican por comportarse como una pared, se siente dolido y descorazonado y no responde, confirmando de esa manera la imagen que tiene su esposa de él cuando lo compara con una pared.
Ampliar nuestro vocabulario de sentimientos reporta beneficios evidentes no solo en las relaciones íntimas, sino también en el mundo laboral. Una vez me contrataron para asesorar a los miembros del departamento tecnológico de una gran empresa suiza; estaban molestos porque habían descubierto que los empleados de otros departamentos les evitaban. Cuando preguntamos a los empleados de los otros departamentos, respondieron: “Odiamos ir a consultar a esos tipos. ¡Es como hablar con máquinas!”. El problema remitió cuando pasé algún tiempo con los miembros del departamento tecnológico, animándoles a expresar más su faceta humana al comunicarse con sus compañeros de trabajo.
En otro caso, estuve trabajando con los administradores de un hospital, a quienes angustiaba una reunión que habían de tener con los médicos del hospital. Los administradores deseaban que yo les mostrara cómo podían usar la CNV cuando tuvieran que dirigirse a los médicos en busca de apoyo para un proyecto que recientemente había sido rechazado por 17 votos contra 1.
Abrí la sesión interpretando el papel de uno de los administradores en una dramatización: “Me da miedo plantear este tema”. Elegí empezar así porque percibí lo asustados que estaban los administradores mientras se preparaban para enfrentarse de nuevo a los médicos en esa cuestión. Antes de que pudiera continuar, uno de los administradores me interrumpió para protestar: “¡Eso no es realista! Nosotros nunca podríamos decirles a los médicos que tenemos miedo”.
Expresar nuestra vulnerabilidad puede ayudar a resolver conflictos
Cuando le pregunté por qué le parecía tan imposible admitir el miedo, respondió sin dudar: “¡Si admitimos que tenemos miedo, nos harán pedazos!”. Su respuesta no me sorprendió; he escuchado a menudo a las personas decir que no pueden imaginarse expresando sus sentimientos en su lugar de trabajo. No obstante, me complació mucho enterarme de que uno de los administradores decidió arriesgarse a expresar su vulnerabilidad en la temida reunión. Dejando a un lado su costumbre de aparecer como una persona estrictamente lógica, racional y sin emociones, eligió declarar cuáles eran sus sentimientos junto con las razones por las que quería que los médicos cambiaran de postura. Enseguida se dio cuenta de que los médicos respondían de forma muy diferente. Al final se quedó asombrado y aliviado cuando, en lugar de “hacerle pedazos”, los médicos cambiaron de parecer y votaron 17 a 1 a favor del proyecto. Este giro tan espectacular ayudó a los administradores a apreciar y hacerse conscientes del impacto que puede tener la expresión de la vulnerabilidad, incluso en el lugar de trabajo.
Para terminar, permítanme compartir un incidente personal que me mostró cuáles pueden ser los efectos de ocultar nuestros sentimientos. Estaba impartiendo un curso de CNV a un grupo de estudiantes de una zona empobrecida de la ciudad. Cuando entré en el aula el primer día, los estudiantes, que disfrutaban de una animada conversación entre ellos, se quedaron en silencio. “¡Buenos días!”, saludé. Silencio. Me sentí muy incómodo, pero tenía miedo de expresarlo. En lugar de ello, procedí de la manera más profesional: “En esta clase estudiaremos un proceso de comunicación que espero que encontréis útil para vuestras relaciones, tanto en casa como con los amigos”.
Seguí presentando información sobre la CNV, pero nadie parecía escuchar. Una chica hurgó en su bolso, sacó una lima y empezó a limarse las uñas enérgicamente. Los estudiantes que estaban junto a las ventanas pegaron sus caras al cristal como si les fascinara lo que estaba sucediendo en la calle. Yo me sentía cada vez más incómodo, y aun así seguí sin decir nada al respecto. Al final, un estudiante, que tuvo ciertamente más coraje del que yo estaba mostrando, exclamó: “Odias estar con personas negras, ¿verdad?”. Me quedé petrificado, pero inmediatamente me di cuenta de cómo yo había contribuido a la percepción de ese chico al tratar de ocultar mi incomodidad.
Distingamos los sentimientos de los pensamientos
“Me siento nervioso”, admití, “pero no porque seáis negros. Mis sentimientos tienen que ver con que no conozco a nadie aquí y quería ser aceptado cuando entré en el aula”. Mi expresión de vulnerabilidad tuvo un pronunciado efecto sobre los estudiantes. Comenzaron a hacerme preguntas sobre mí, a contarme cosas sobre ellos, y a expresar curiosidad por la CNV.
SENTIMIENTOS FRENTE A NO SENTIMIENTOS
Una confusión muy común, propiciada por nuestro lenguaje, es el uso de la palabra siento cuando en realidad no se está expresando un sentimiento. Por ejemplo, en la oración: “Siento que no ha sido un buen trato”, sería más preciso sustituir la palabra siento por las palabras pienso o creo. En general, los sentimientos no se expresan claramente cuando la palabra siento va seguida de:
1.que
“Siento que deberías haberlo sabido”.
2.como
“Me siento como un fracasado”.
3.como si
“Siento como si viviera con una pared”.
Otros ejemplos similares:
“Siento que Amy ha sido bastante irresponsable”.
“Siento que mi jefe me está manipulando”.
“Siento que yo siempre tengo que estar disponible”.
“Siento que es inútil”.
Distingamos entre lo que sentimos y lo que pensamos que somos
Por otro lado, no siempre es necesario usar la palabra siento cuando expresamos un sentimiento; podemos decir: “me siento irritado” o “estoy irritado”.
En la CNV, establecemos una distinción entre las palabras que expresan sentimientos y aquellas que describen lo que pensamos que somos.
1.Descripción de lo que pensamos que somos:
“Me siento mediocre como guitarrista”.
En esta oración, estoy evaluando mi habilidad como guitarrista, más que expresando claramente mis sentimientos.
2.Expresión de sentimientos:
“Me siento decepcionado conmigo mismo como guitarrista”.
“Me siento impaciente conmigo mismo como guitarrista”.
“Me siento frustrado conmigo mismo como guitarrista”.
El sentimiento que hay detrás cuando me evalúo como “mediocre” podría por lo tanto ser de decepción, impaciencia, frustración o alguna otra emoción.
Distingamos entre lo que sentimos y lo que pensamos acerca de la reacción o comportamiento de los demás hacia nosotros
De la misma manera, es de ayuda establecer una distinción entre las palabras que describen lo que nosotros pensamos que otros están haciendo, y aquellas que describen verdaderos sentimientos. A continuación se incluyen varios ejemplos de frases que habitualmente se consideran expresión de sentimientos, cuando de hecho revelan más cómo pensamos que los otros se comportan que cómo nos sentimos realmente.
1.“Me siento insignificante para mis compañeros de trabajo”.
La palabra insignificante describe cómo pienso que otros me están evaluando, en lugar de lo que realmente siento, que en esta situación podría ser, por ejemplo, “me siento triste” o “me siento desanimado”.
2.“Me siento incomprendido”.
Aquí la palabra incomprendido indica la evaluación que hago sobre el nivel de comprensión de la otra persona, más que lo que yo siento en realidad. En esta situación, podría sentirme ansioso, enfadado, o alguna otra emoción.
3.“Me siento ignorado”.
De nuevo, esto es más una interpretación de la acción de otra persona que una declaración clara de cómo nos sentimos. Sin duda hay ocasiones en que pensamos que nos estan ignorando y sentimos alivio, porque queremos que nos dejen en paz. Aunque también hay veces en que nos sentimos dolidos cuando pensamos que nos ignoran, porque queremos que nos presten atención.
Las palabras como ignorado expresan nuestra interpretación de lo que han hecho los demás, más que cómo nos sentimos nosotros. He aquí una muestra de dichas palabras:
abandonado
acorralado
acosado
acusado
aislado
amenazado
apartado
atacado
atrapado
coaccionado
desacreditado
desamparado
desatendido
desdeñado
despreciado
estafado
excluido
explotado
humillado
ignorado
incomprendido
infravalorado
intimidado
invisible
maltratado
manipulado
obligado
presionado
provocado
rebajado
rechazado
traicionado
utilizado
AMPLIAR NUESTRO VOCABULARIO DE SENTIMIENTOS
Al expresar nuestros sentimientos, es útil emplear palabras que aludan a emociones concretas, en lugar de expresiones vagas o de sentido general. Por ejemplo, si decimos: “me siento bien”, ese sentirse bien podría referirse a sentirse contento, entusiasmado, aliviado, entre otras emociones. Las palabras como bien y mal impiden a quien escucha conectar fácilmente con lo que estamos sintiendo en realidad.
La siguiente lista ha sido recopilada para ayudarle a mejorar su capacidad de expresar sus sentimientos y describir con claridad todo un abanico de estados emocionales.
CÓMO ES PROBABLE QUE NOS SINTAMOS CUANDO NUESTRAS NECESIDADES ESTÁN SIENDO SATISFECHAS
abierto
absorto
activo
afectuoso
afortunado
agradecido
alegre
alerta
aliviado
amigable
amoroso
animado
apacible
apasionado
atento
atraído
audaz
boyante
cálido
calmado
cariñoso
cómodo
compasivo
complacido
con ganas
confiado
conmovido
contento
curioso
de buen humor
decidido
deleitado
descansado
deslumbrado
despejado
despierto
despreocupado
dichoso
divertido
efusivo
embelesado
emocionado
en paz
encantado
entretenido
entusiasmado
equilibrado
esperanzado
espléndido
eufórico
excitado
expansivo
expectante
extasiado
exultante
fascinado
feliz
fuerte
generoso
gozoso
ilusionado
inspirado
interesado
intrigado
jovial
libre
ligero
lleno de energía
lleno de vida
lúcido
maravillado
motivado
optimista
orgulloso
radiante
realizado
reconfortado
regocijado
relajado
renovado
risueño
satisfecho
seguro
sereno
sociable
sorprendido
sosegado
tierno
tranquilo
valiente
vigoroso
vivo
CÓMO ES PROBABLE QUE NOS SINTAMOS CUANDO NUESTRAS NECESIDADES NO ESTÁN SIENDO SATISFECHAS
abatido
abrumado
aburrido
acobardado
acongojado
afligido
agitado
agobiado
agotado
airado
alarmado
aletargado
alienado
alterado
amargado
angustiado
ansioso
apagado
apático
apenado
aprensivo
arrepentido
asqueado
asustado
atemorizado
aterrorizado
atribulado
aturdido
avergonzado
cansado
celoso
confuso
conmocionado
consternado
contrariado
culpable
débil
decaído
decepcionado
deprimido
desalentado
desanimado
desapacible
desasosegado
desazonado
desconcertado
desconfiado
desconsolado
descontento
descorazonado
desdichado
desencantado
desengañado
desesperado
desesperanzado
desgraciado
desilusionado
despechado
destrozado
desvalido
disgustado
distante
dolido
dudoso
en estado de shock
enfadado
enfurecido
enojado
escandalizado
escéptico
estancado
exasperado
exhausto
fastidiado
fatigado
frustrado
furioso
harto
hastiado
herido
horrorizado
hostil
hundido
impaciente
impotente
incómodo
indeciso
indefenso
indiferente
indignado
inestable
infeliz
inquieto
inseguro
intranquilo
irritado
malhumorado
melancólico
molesto
nervioso
paralizado
pasivo
perezoso
perplejo
perturbado
pesado
pesimista
preocupado
presa del pánico
reacio
receloso
rencoroso
resentido
reticente
retraído
sobresaltado
solo
sorprendido
susceptible
tembloroso
temeroso
tenso
trastornado
triste
vencido
RESUMEN
El segundo componente que necesitamos para expresarnos son los sentimientos. Cuando desarrollamos un vocabulario de sentimientos que nos permite nombrar o identificar de manera clara y específica nuestras emociones, nos resulta más fácil conectar con los demás. Permitirnos mostrar nuestra vulnerabilidad al expresar nuestros sentimientos puede ayudarnos a resolver conflictos. La CNV establece una distinción entre la expresión de verdaderos sentimientos y aquellas palabras o expresiones que describen pensamientos, evaluaciones e interpretaciones.
EJERCICIO 2
LA EXPRESIÓN DE LOS SENTIMIENTOS
Si quiere ver si estamos o no de acuerdo acerca de la expresión verbal de sentimientos, marque el número que precede a las frases en las que se expresan sentimientos verbalmente.
1.“Siento que no me quieres”.
2.“Me siento triste al saber que te vas”.
3.“Tengo miedo al escucharte decir eso”.
4.“Cuando no me saludas, me siento desatendido”.
5.“Me alegro que puedas venir”.
6.“Eres asqueroso”.
7.Siento ganas de pegarte”.
8.“Me siento incomprendido”.
9.“Me siento bien con lo que hiciste por mí”.
10. “Me siento inútil”.
He aquí mis respuestas para el Ejercicio 2:
1.Si marcó este número, no estamos de acuerdo. No considero que decir “no me quieres” sea expresar un sentimiento. En mi opinión, no expresa lo que siente la persona que habla, sino lo que cree que la otra persona está sintiendo. Cuando el verbo sentir va seguido de que, como, como si, las palabras que siguen por lo general no son lo que yo considero la expresión de un sentimiento. La expresión de un sentimiento podría ser: “estoy triste” o “me siento angustiado”.
2.Si marcó este número, estamos de acuerdo en que se expresó verbalmente un sentimiento.
3.Si marcó este número, estamos de acuerdo en que se expresó verbalmente un sentimiento.
4.Si marcó este número, no estamos de acuerdo. No considero que “desatendido” sea un sentimiento. Para mí, expresa lo que el hablante piensa que la otra persona le está haciendo. La expresión de un sentimiento podría ser: “cuando no me saludas al entrar me siento solo”.
5.Si marcó este número, estamos de acuerdo en que se expresó verbalmente un sentimiento.
6.Si marcó este número, no estamos de acuerdo. No considero que “asqueroso” sea un sentimiento. Para mí, expresa cómo piensa el hablante sobre la otra persona, más que lo que está sintiendo. La expresión de un sentimiento podría ser: “me siento asqueado”.
7.Si marcó este número, no estamos de acuerdo. No considero que “ganas de pegarte” sea un sentimiento. Para mí, expresa lo que el hablante se imagina haciendo, en lugar de cómo se está sintiendo. La expresión de un sentimiento podría ser: “estoy furioso contigo”.
8.Si marcó este número, no estamos de acuerdo. No considero que “incomprendido” sea un sentimiento. Para mí, expresa lo que el hablante piensa que la otra persona le está haciendo. La expresión de un sentimiento en este caso podría ser: “me siento frustrado” o “me siento desanimado”.
9.Si marcó este número, estamos de acuerdo en que se expresó verbalmente un sentimiento. Sin embargo, la palabra bien es muy vaga cuando se usa para comunicar lo que se siente. Normalmente podemos expresar nuestros sentimientos con más claridad usando otras palabras, como por ejemplo aliviado, agradecido o animado.
10. Si marcó este número, no estamos de acuerdo. No considero que “inútil” sea un sentimiento. Para mí, expresa qué piensa el hablante sobre sí mismo, en lugar de cómo se está sintiendo. La expresión de un sentimiento en este caso podría ser: “me siento escéptico acerca de mi talento” o “me siento desgraciado”.
Pulsuz fraqment bitdi.