Kitabı oxu: «Los banqueros de Dios»
Sinopsis
En décadas recientes ha proliferado en toda América Latina un discurso con diversos matices conocidos como teología de la prosperidad. Tanto en iglesias como a través de los medios de comunicación se predica un “evangelio” según el cual los bienes materiales incluyendo la riqueza, el éxito personal, la fama y la salud física son bendiciones que Dios ha puesto a nuestro alcance a condición de que confiemos en él. Es decir, “los cristianos están obligados a ser ricos, y si no lo son es porque viven en pecado o les falta la fe en las leyes de la prosperidad que están en la Biblia”.
En esta nueva edición el autor profundiza, a la luz de las Escrituras, una evaluación crítica de la llamada teología de la prosperidad y actualiza su análisis con un ensayo sobre los nuevos apóstoles. Lo distintivo de este libro es que se trata de un análisis bíblico y teológico y también psicológico y sociológico. Este enfoque es importante porque, en general, los evangélicos analizan el fenómeno religioso sólo desde la óptica bíblico-teológica, sin considerar que el mismo debe también ser estudiado desde otras disciplinas.


Los banqueros de Dios
Una aproximación evangélica a la teología de la prosperidad
© 2014 Martín Ocaña Flores
© 2014 Centro de Investigaciones y Publicaciones (cenip) – Ediciones Puma
Segunda edición digital: agosto 2020
ISBN N° 978-612-4252-69-3
Categoría: Vida cristiana - Asuntos contemporáneos
Segunda edición impresa: junio 2014
ISBN N° 978-9972-701-93-1
Primera edición impresa: octubre 2002
Editado por:
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Prólogo a la segunda edición
Las primeras teologías en la historia de la iglesia fueron apologéticas. Se trataba de elaborar una defensa de la fe en confrontación con los desafíos de otras religiones y de filosofías que amenazaban lo central del Evangelio. Paul Tillich define a la “apologética” como “teología que responde a la situación”. Con la obra de Martín Ocaña, Los banqueros de Dios estamos, precisamente, en presencia de una teología apologética que responde a una situación concreta: el surgimiento, desarrollo y popularidad de la “teología de la prosperidad”.
Aunque como bien señala el autor, sus promotores no designen su discurso con esa terminología, él mismo es portador de una teología cuyo eje central está en la prosperidad, sobre todo material, de los cristianos y las cristianas. Por definición, “teología” es un logos (discurso, razonamiento, ciencia) concerniente al Theos = Dios. No hay una sola manera de hacer teología. Se trata de un campo de conocimientos tan diverso que se podría decir que su enumeración es casi infinita: teología bíblica, teología sistemática, teología pastoral, teología histórica, teología estética, teología política, teología contextual, teología de la liberación, teología de género, etc. Pero si hay algo que unifica a la teología cristiana —ya que hay teologías que no son cristianas— es el fundamento bíblico.
Como bien señala Ocaña, una “teología bíblica, por lo anteriormente dicho, es una construcción humana seria, responsable, y que presupone —como mínimo— el manejo de diversas herramientas que hagan de su discurso, y de la práctica que acompaña, una articulación coherente, fiel a “todo el consejo de Dios”. Esta última frase, “todo el consejo de Dios”, tiene una importancia mayúscula, porque siendo la Biblia una colección de libros, se ha dicho hasta el cansancio que con ella se puede fundamentar cualquier cosa. Todo depende de los textos que privilegiamos a la hora de elaborar una teología.
Las llamadas “sectas” —no olvidemos que el cristianismo comenzó como una “secta” del judaísmo— tienen un mínimo común denominador: basan sus doctrinas en “textos sueltos” de la Escritura. No apelan a la totalidad del consejo de Dios, interpretando lo que en general enseña la Biblia sobre un tema en particular. En el caso del discurso teológico que nos ocupa, sus promotores, como demuestra el autor, apelan a una “hermenéutica simbólica”. La cita de textos de la Biblia no convierte a una teología en teología bíblica stricto sensu, ya que esos textos sólo son un aditamento a los presupuestos adoptados previamente a modo de petitio principii.
Ocaña rastrea en los orígenes de este movimiento e insinúa que acaso nos encontramos con una especie de “Weber redivivo”. En efecto, el sociólogo Max Weber había planteado en su obra La ética protestante y el espíritu del capitalismo —texto que a menudo se lee superficialmente— un contraste entre países protestantes y países católicos. El ethos de sus respectivos pueblos era tan contrastante que para los primeros el trabajo, el ahorro y la prosperidad económica servían de acicate para su acción en el mundo; en otras palabras, se trataba de una santidad intramundana que confirmaba la elección divina. Por el contrario, para los segundos, la santidad y espiritualidad cristianas se hacían patentes en el servicio sacerdotal. Ahora, la teología de la prosperidad pareciera remozar ese esquema, pero de un modo más radical e incisivo: en la medida en que el cristiano y la cristiana prosperen, como “hijos e hijas del Rey”, autenticarán su filiación divina en el mundo. Lo que el autor afirma sin ambages es que efectivamente hay prosperidad económica en los ámbitos estudiados, pero en su mayoría los que prosperan no son los creyentes en general sino, sobre todo y, casi exclusivamente, los líderes de esos espacios religiosos.
De manera particular debe destacarse el esfuerzo del teólogo peruano por analizar la presencia e impacto de la teología de la prosperidad en su propio país. Citando a su compatriota Samuel Escobar, Martín Ocaña Flores dice que en los escenarios del neopentecostalismo, los discursos ya no son la “articulación teológica” propia de los evangélicos ni la predicación narrativa del pentecostalismo clásico, sino que se trata, pura y simplemente, de un discurso “que exalta la funcionalidad de la fe”. En otras palabras, apela a su aceptación para lograr resultados palpables en términos de prosperidad económica.
El autor define bien a la teología de la prosperidad como un nuevo fundamentalismo, ya que se construye a partir de los postulados clásicos del fundamentalismo estadounidense, con su énfasis en la infalibilidad de la Biblia y su “inerrancia”, aunque este último aspecto fue un agregado posterior del movimiento. Sobre la responsabilidad social, este nuevo fundamentalismo se torna simplista y evasivo, ya que todo se solucionará, mágicamente, si se siguen las recetas de su discurso. El texto de Ocaña señala con acierto que el plano en que se construye ese discurso es eminentemente individualista; se trata de que cada uno alcance su salvación económica sin importarle el prójimo en su necesidad, a quien solo cabe convertirlo a este nuevo evangelio de prosperidad.
También debe destacarse la identificación de este movimiento teológico como una nueva religiosidad evangélica o, mejor expresado, “de los evangélicos”, ya que con el evangelio de Jesús tiene poco o nada que ver. Este aspecto muestra la importancia de las expresiones religiosas del culto, el discurso, los ritos y los gestos que resignifican una fe determinada y se corporizan en aspectos de magia presentes en otras expresiones y que los propios fundamentalistas se han ocupado de criticar de modo acerbo y constante. Se cumple, entonces, lo que Jesús dijo de los hipócritas (etimológicamente: actores) que ven la paja en el ojo del prójimo sin advertir que tienen una viga en el propio (Mt 7.3). En otras palabras: estos neofundamentalistas —para usar la nomenclatura de Ocaña— se han ocupado de criticar las procesiones, las romerías y las invocaciones a la virgen María y a los santos, propios de la religiosidad popular católico-romana, pero ahora ellos practican lo mismo bajo otras invocaciones para obtener la ansiada prosperidad. El autor reflexiona sobre el tema de la “pentecostalización” de las iglesias evangélicas y, aunque no define lo que significa ese fenómeno, hace bien en dejarlo planteado como una tarea propia de especialistas que puedan distinguir claramente entre el pentecostalismo histórico o clásico y esta “neopentecostalización” a la cual pareciera han ingresado muchas iglesias que distan de tener un origen en el pentecostalismo original.
En algunos tramos de su exposición, Ocaña apela al humor, como cuando señala que algunos de los líderes de esta teología en Estados Unidos han construido verdaderos imperios económicos a partir de seducir a los incautos con su discurso de la prosperidad. De “evangelistas” han mutado en “evange-listos”. O cuando señala que los neopentecostales consideran como “ataduras espirituales” escuchar la música del dúo Pimpinela o de Camilo Sesto. No dice nada de Madonna o de Shakira, aunque suponemos que también podrían agregarse a la lista de las músicas “mundanas” a las cuales hay que renunciar.
Debemos apreciar el abordaje multidisciplinario que el autor realiza al fenómeno en estudio. No es sólo un análisis bíblico y teológico sino también psicológico y sociológico, apelando a una diversidad de fuentes de autores respetables en esas disciplinas. Esto es sumamente importante porque, en general, los evangélicos se han caracterizado por analizar el fenómeno religioso sólo desde la óptica bíblico-teológica, sin advertir que también debe ser estudiado desde la psicología, la sociología y la fenomenología de la religión.
En síntesis, Los banqueros de Dios, en la segunda edición revisada y ampliada, representa una teología apologética, contextual y valiente. Es, en términos de Paul Tillich, una “teología que responde la situación” no sólo existencial sino también religiosa en que nos encontramos a partir de la instalación de la prosperidad como nuevo eje hermenéutico. Es contextual porque se elabora como respuesta a esa situación concreta y, sobre todo, es valiente debido a que el autor ha superado cualquier tipo de temor para deconstruir el andamiaje conceptual de este falso evangelio cuya popularidad no lo autentica a la luz del testimonio bíblico. Es un “evangelio” que sustituye la gracia de Dios por las obras; es utilitario, consumista e individualista.
Con las más diversas herramientas hermenéuticas procedentes, no sólo de las ciencias teológicas sino también de las sociales, Ocaña Flores ha desenmascarado el falso evangelio de la prosperidad por ser una propuesta que no viene del Dios de la gracia, solidario con los pobres y desclasados, sino una deidad cuyos elegidos son los que apuestan a una lotería celestial para disfrutar en la tierra. Debemos agradecer a este joven teólogo peruano por ofrecernos una obra polémica pero sumamente necesaria en estos tiempos en los que parece que la globalización no sólo es un fenómeno económico y cultural sino también religioso.
Alberto F. Roldán
Argentino, doctor en Teología y máster en Ciencias Sociales y Humanidades
Director de Posgrado del Instituto Teológico (fiet)
Director de la revista Teología y Cultura (www.teologos.com.ar)
Buenos Aires, enero de 2013
Introducción a la segunda edición
Han pasado poco más de diez años desde la primera edición del presente libro. Muchas cosas han sucedido en el escenario latinoamericano, así como muchas experiencias ministeriales han profundizado mi reflexión acerca de la teología de la prosperidad y el neopentecostalismo (o Nueva Reforma Apostólica, como prefieren llamarse hoy).
Por ejemplo, en estos diez años los propugnadores de dicha teología no sólo no han producido una obra seria sino que han continuado en lo mismo, es decir, se han limitado a seguir divulgando una serie de tratados carentes de sólido fundamento bíblico. Hasta daría la impresión de que la biblia les interesa poco, pues la usan como mejor les conviene. En eso no se distinguen de algunas agrupaciones religiosas, como los testigos de Jehová y sus “textos de prueba”1. La hermenéutica bíblica sigue siendo uno de sus mayores déficits.
Como estos nuevos vientos de doctrina se esparcen rápidamente, la teología de la prosperidad también ha llegado a la Iglesia Católica. Y no me refiero a la prosperidad que exhibe aún con no poca ostentación dicha iglesia, sino a que dicha teología en tanto doctrina ha penetrado a la institución (y no sólo a la rama carismática)2. El obispo guatemalteco Víctor Palma, en la xii Asamblea General del Sínodo de los Obispos celebrado en Roma (5–26 de octubre de 2008), no dudó en señalar que la teología de la prosperidad es la evidencia de “la magicización del texto bíblico”.
Por otro lado, diversas instituciones, concilios, iglesias y denominaciones en América Latina se han pronunciado contra la teología de la prosperidad, el movimiento de guerra espiritual y los nuevos apóstoles (autodenominados “Nueva Reforma Apostólica”). En la experiencia peruana, las denominaciones evangélicas más grandes en número no sólo han tomado distancia, sino que además han producido sólidos documentos teológicos y pastorales para salvaguardar la sana doctrina y la práctica consecuente3.
En consonancia con lo anterior, y desde otras latitudes, hace poco el Consejo Nacional de Evangélicos en Francia (cnef) redactó un documento con el propósito de apartar la teología de la prosperidad de las iglesias francesas4. Y la prestigiosa Comisión de Teología del grupo de Lausana (entre ellos Chris Wright) sostiene que “las enseñanzas de los que promueven enérgicamente el ‘evangelio de la prosperidad’ son falsas y distorsionan gravemente la Biblia”.5
Estas ilustres voces ratifican tan sólo una vez más lo que se ve en el campo de la práctica misionera. Así Peter Cotterell, un exmisionero en Etiopía que conoce de cerca cómo opera la teología de la prosperidad en ese país, sostiene que ésta tiene una deficiente hermenéutica bíblica6. En realidad, el problema con dicha teología es más profundo aún. Como dice Mc Connell, el “evento central del cristianismo no es la prosperidad sino la cruz y la resurrección de Jesús”7. Otros, como Jérôme Anciberro, prefieren observar que dicha teología no es sino una verdadera idolatría del dinero, además de ser hedonista y profundamente antropocéntrica8. Y en opinión de Valdir Steuernagel, la teología de la prosperidad alimenta ideológicamente la estructura social injusta9.
En estos últimos diez años el Señor me ha permitido no sólo conocer de cerca diversas iglesias del continente, sino también dialogar con pastores, participar en talleres y congresos, entrevistar a teólogos reconocidos de América Latina, así como pronunciar conferencias en diversos países sobre el tema de este libro. Todas estas experiencias valiosas me permiten decir con certeza que el contenido de la primera edición de Los banqueros de Dios sigue totalmente en pie.
Por eso es que para esta segunda edición me he limitado a lo siguiente: actualizar la bibliografía, corregir las erratas, que al parecer son inevitables, recortar algunas citas y párrafos, así como incluir dos nuevos ensayos y un apéndice. Debo decir que inevitablemente tuve que prescindir de “La iglesia de los empresarios”, que apareció en la primera edición, por razón que abordaba un libro de fines de los noventa. Esta nueva edición, pues, profundiza lo que se planteó en la primera edición y actualiza la temática del libro con un ensayo sobre los nuevos apóstoles (“Nueva Reforma Apostólica, nueva teología política”).
Aquí es útil recordar que diversos estudios críticos sobre la teología de la prosperidad y la Nueva Reforma Apostólica han aparecido en los últimos años. A la conocida obra de Leonildo Silveira Campos, Teatro, templo y mercado. Comunicación y marketing de los nuevos pentecostales en América Latina (Quito: Abya Yala, 2000), hay que añadirle el trabajo de Paulo Barrera, Tradiçao, Transmissao e Emoçao Religiosa. Sociologia do Protestantismo Contemporáneo na América Latina (São Paulo: Olho d’Agua, 2001).
Por su parte, Guillermo Green en Costa Rica publicó ¡Alerta Roja! (Guadalupe, Costa Rica: clir, 2009) donde aborda con agudeza bíblica y corazón pastoral los temas que también nos preocupan a nosotros. Más recientemente han aparecido los libros de David Jones y Russell Woodbridge ¿Salud, riquezas y felicidad? (Grand Rapids, MI: Portavoz, 2012) y Katherine Attanasi y Amos Yong (editores). Pentecostalism and Prosperity (New York: Palgrave Macmillan, 2012). Este último libro explora las implicaciones socioeconómicas de la teología de la prosperidad en la vida de pentecostales. Finalmente, está el trabajo de Osías Segura: Riquezas, templos, apóstoles y súper apóstoles (Barcelona: clie, 2012), que se suma a la monografía de Yattenciy Bonilla y Freddy Guerrero. Nuevas formas de poder. Movimientos apostólicos y mesiánicos “evangélicos” (Quito: clai – flet – flerec, 2005).
Por otro lado, quiero señalar que tanto la teología de la prosperidad como el nuevo movimiento apostólico (o “Nueva Reforma Apostólica”) nos siguen desafiando a los cristianos evangélicos, por lo que se hace necesario reflexionar en las tareas que aún tenemos y que apenas señalo a modo de orientación o provocación (en el mejor sentido de la palabra).
Tareas pendientes:
Para las iglesias y denominaciones:
Aunque felicitamos a las denominaciones que han tomado una postura clara frente a la teología de la prosperidad y los nuevos apóstoles, no es suficiente. Es necesario hacer un trabajo fuerte de discipulado a nivel de iglesias locales y continuar con el adoctrinamiento bíblico. No hay que olvidar que esos vientos de doctrina aprovechan cualquier fisura para causar destrozos.
Para los seminarios teológicos:
Así como en los cursos de “teología contemporánea” se estudian las teologías y teólogos que “han hecho daño” a la iglesia, ya es hora de incluir en esa materia la teología de la prosperidad y otras corrientes de pensamiento afines. ¿Hasta cuándo se las va ignorar dejando, en consecuencia, sin una opinión fundada en la Biblia a los que se preparan para el ministerio?
Para los teólogos:
Creo que es tiempo de dar mayor atención en nuestras investigaciones y publicaciones a la teología de la prosperidad y a la Nueva Reforma Apostólica. Estos movimientos han aparecido con la pretensión de perpetuarse y dominar todo el escenario religioso (y político, creo yo) en América Latina. Los nuevos fundamentalismos religiosos reclaman nuestra atención. No es que éste sea el único tema a investigar. Se trata de no pasar por alto lo que está afectando a la iglesia del Señor.
Mi agradecimiento al Dios de la vida por las fuerzas que recibí para terminar esta edición actualizada en medio de las diversas responsabilidades ministeriales. Una vez más agradezco a Ediciones Puma, en la persona de Víctor Arroyo, por la confianza para publicar esta segunda edición. Agradezco a mi familia, a cada uno de ellos por el enorme apoyo que me han dado, y particularmente a mi amada esposa, Mercedes, quien no sólo es mi compañera de vida sino de ministerio. Su aliento, apoyo y cariño es algo que va más allá de todo reconocimiento. A ella le dedico este libro.
Moquegua, Perú, setiembre del 2013.
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1 Por ejemplo: Bruce Wilkinson. Una vida recompensada por Dios. Miami: unilit, 2002; Ed Silvoso. Ungido para os Negócios. São Paulo: Willaim Books, 2003; Dennis Peacocke. Haciendo negocios a la manera de Dios. Santa Rosa: Rebuild, 2003; Kenneth Ulmer. Haz que tu dinero cuente. Miami: Vida, 2009; y Orison Swett Marden. El camino de la prosperidad. Madrid: Editorial Creación, 2010, entre otros.
2 Manlio Graziano. “L’église Catholique et la Théologie de la Prospérité en Amérique Latine”. En Outre Terre, n.° 18, 2007/1, pp. 55–85.
3 Algunos de estos documentos se encuentran en Textos para la Acción, n.° 15, año 9, Lima, 2001, pp. 125ss.
4 Ninro Ruiz Peña. “Evangélicos franceses acuerdan alejarse de la teología de la prosperidad”. Disponible en http://www.noticiacristiana.com/educacion/teologia/2012/07/evangelicos-franceses-acuerdan-alejarse-de-la-teologia-de-la-prosperidad.html (Jueves 5 de Julio de 2012). También en Francia la prestigiosa revista misiológica Perspectives Missionnaires, n.° 53, 2007/1, dedicó ese número a la economía y la fe, en el cual se analiza la teología de la prosperidad.
5 “Grupo Lausana apela contra el mensaje a la prosperidad”. Disponible en http://www.noticiacristiana.com/educacion/teologia/2009/12/grupo-lausana-apela-contra-el-mensaje-a-la-prosperidad.html y en el documento El Movimiento de Lausana, El compromiso de Cape Town, se lee: “La predicación y la enseñanza generalizada del evangelio de la prosperidad en todo el mundo plantea problemas significativos”.
6 Peter Cotterell. Prosperity Gospel. Leicester: rtsf, 1993.
7 D. Mc Connell. A Different Gospel. Peabody: Hendricksen Pub., 1990, p. 180. En ese mismo sentido, Andrew Heard sostiene que la teología de la prosperidad tiene un mensaje muy peligroso al partir de un concepto equivocado de Jesucristo. Cf. “A different Jesus”. En The Briefing, n.° 338, Irlanda, 2006, pp. 10–13 (número dedicado a la teología de la prosperidad).
8 Jérôme Anciberro. In discussione la teologia della prosperità. Disponible en: www.temoignagechretien.fr.
9 Valdir Steuernagel. “To seek to transform unjust structures of society”. En A. Walls & C. Ross (editores). Mission in the 21st Century. Exploring the five marks of Global Mission. New York: Orbis Books, 2008, p. 75.