Kitabı oxu: «Camino al Armagedón»
Camino al Armagedón
Marvin Moore

Gral. José de San Martín 4555,
B1604CDG Florida Oeste,
Buenos Aires, Rep. Argentina
Camino al Armagedón
Marvin Moore
Título del original: The Long Road to Armageddon, Pacific Press Publishing Association, Nampa, ID, EE.UU., 2007.
Dirección: Jael Jerez
Traducción: Joel Iparraguirre
Diseño del interior: Carlos Schefer
Diseño de tapa: Andrea Olmedo
Ilustración: Shutterstock (Banco de imágenes)
Libro de edición argentina
IMPRESO EN LA ARGENTINA - Printed in Argentina
Primera edición, e-Book
MMXIX
Es propiedad. © Pacific Press 2007. © Asociación Casa Editora Sudamericana 2019.
Queda hecho el depósito que marca la ley 11.723.
ISBN 978-987-701-962-9
Moore, Marvin
Camino al Armagedón / Marvin Moore. – 1ª ed. – Florida : Asociación Casa Editora Sudamericana, 2019.
Libro digital, EPUB
Archivo Digital: online
Traducción de: Joel Iparraguirre.
ISBN 978-987-701-962-9
1. Profecias biblícas. I. Iparraguirre, Joel, trad. II. Título.
CDD 220.15
Publicado el 08 de julio de 2019 por la Asociación Casa Editora Sudamericana (Gral. José de San Martín 4555, B1604CDG Florida Oeste, Buenos Aires).
Tel. (54-11) 5544-4848 (Opción 1) / Fax (54) 0800-122-ACES (2237)
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Prefacio
De qué trata este libro
Cuando empecé a escribir este libro, tenía en mente titularlo Armagedón. Sin embargo, pronto me di cuenta de que ese título sería bastante confuso. El verdadero tema de este libro es el conflicto entre el bien y el mal, conocido por los adventistas como “la Gran Controversia” o “el Gran Conflicto”. En este libro, he usado ideas sobre este conflicto tanto de la Biblia como del Espíritu de Profecía. Elena de White escribió toda una serie sobre este tema, que se titula “El Gran Conflicto” y está compuesta por cinco libros que cuentan la historia del conflicto entre el bien y del mal, desde la rebelión de Lucifer en el cielo hasta su destrucción en el lago de fuego y la recreación de nuestro planeta como el hogar eterno de los redimidos.
En este libro, obviamente no puedo cubrir el tema de la gran controversia tan detalladamente como Elena de White escribió los cinco libros de la serie “El Gran Conflicto”, ya que cada uno de ellos es dos o tres veces más largo que el mío. Por lo tanto, he centrado la mayor parte de mi atención en tres puntos críticos en el conflicto entre el bien y el mal, con algunos capítulos que se intercalan entre cada uno de estos puntos críticos. Estos son: 1) la caída de Lucifer del cielo y su posterior enredo con la raza humana en su rebelión contra Cristo, 2) la victoria de Cristo sobre Satanás durante su vida terrenal y 3) la crisis final, que alcanzará su clímax con la batalla del Armagedón. Además, he dividido la discusión sobre la batalla del Armagedón en dos partes: la primera trata de la batalla antes de la segunda venida de Cristo, que pondrá fin a la historia del pecado en la Tierra; y la segunda examina la batalla del Armagedón al final del Milenio, que pondrá fin al conflicto universal entre el bien y el mal.
Estoy convencido de que el mundo en el que vivimos está entrando en las etapas iniciales de esa crisis final y, por lo tanto, necesitamos prepararnos espiritualmente para lo que nos espera. Mi anhelo es que lo que he escrito aquí te ayude a entender tu papel y el papel de tu iglesia en el mundo de hoy.
¡Espero que seas tan bendecido al leer este libro como yo lo he sido al escribirlo!
Capítulo 1
Cómo es el Reino de la Luz
Hagan un viaje imaginario conmigo y volvamos en el tiempo, hacia antes de Cristo y la cruz; hacia antes de Adán y Eva; hacia antes de la rebelión de Lucifer en el cielo; y hacia, incluso, antes de que la Trinidad hubiera creado a los ángeles. Solo eran ellos tres. Y ellos estaban solos. Se tenían el uno a los otros, sin duda, y solo podemos imaginar vagamente cómo era el amor que fluía entre ellos. Debió de haber sido profundo.
Sin embargo, ¡no fue suficiente! Ellos querían más seres a quienes pudieran amar y que pudieran amarlos a ellos.
Si tú y yo queremos amar a alguien, vamos en busca de ese alguien y lo buscamos hasta encontrarlo (o esperamos hacerlo). Pero las Personas de la Trinidad solo se tenían a ellos mismos. No había ningún otro “alguien” allá afuera a quien pudieran amar. Así que, los crearon: ¡un gran número de ellos! Si las matemáticas bíblicas están cerca de ser correctas, la Trinidad pudo haber creado hasta 150 trillones de ángeles. ¡Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo debieron de haber estado verdaderamente solos!
Por supuesto, no podían simplemente crear a todos esos ángeles y luego ponerlos por allí para que se llevaran lo mejor que pudieran. Toda sociedad de seres inteligentes necesita un gobierno para organizar sus interacciones. A finales del siglo XVIII, James Madison, uno de los fundadores de la república estadounidense, dijo que “si los hombres fueran ángeles, ningún gobierno sería necesario”.1 En realidad, eso no es correcto. Toda sociedad necesita un gobierno con leyes y la autoridad para hacerlos cumplir, y eso es tan cierto para la sociedad perfecta del cielo como lo es para cualquiera de nuestras sociedades imperfectas en la Tierra. Estoy eligiendo llamar al gobierno del cielo como el Reino de la Luz.
Así que, he aquí una pregunta que me gustaría que consideraran conmigo: ¿cuál era la naturaleza de este Reino de la Luz que la Trinidad estableció? Es importante entender que no te estoy preguntando cómo es el cielo, aunque lo que discuto en este capítulo ciertamente ayudará a responder a esa pregunta también. El tema de este capítulo, no obstante, es la naturaleza del gobierno que Dios estableció cuando creó a los ángeles.
La sociedad que formó el Reino de la Luz tenía leyes y la autoridad para hacerlas cumplir, pero además tenía otras dos virtudes que no encontramos en las sociedades terrenales. Esas dos virtudes eran el amor y la libertad. Así que, aquí están las cuatro virtudes principales del Reino de la Luz que discutiremos en este capítulo: amor, ley, autoridad y libertad.
El amor
Ahora imagina 150 trillones de personas en el planeta Tierra. ¡Prácticamente no habría lugar para estar de pie! Pero supongamos que nuestro mundo fuera tan grande como el sol y pudiera acoger cómodamente a 150 trillones de personas. ¿Cómo sería esa sociedad? Con 7.500 millones de personas en el mundo de hoy, tenemos suficientes dificultades para llevarnos bien. ¡La idea de que 150 trillones de nosotros estemos amontonados en un planeta es más que aterradora! ¿Cómo se las arreglaron todos esos ángeles para llevarse bien, en paz y armonía?
La respuesta es la Ley del amor de Dios. Jesús dijo que el Mandamiento más grande es “amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente”, y que el segundo mandamiento más grande es “amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mat. 22:37, 39). Estas leyes se aplican tanto en el cielo como aquí, en la Tierra, porque “Dios es amor” (1 Juan 4:8), y él ama a todo ser inteligente que creó.
Desgraciadamente, en nuestro planeta, todos estamos infectados con el egoísmo, y la mayoría de la gente actúa bajo ese principio la mayor parte del tiempo. Es francamente difícil imaginar una sociedad entera que actúe bajo la ley del amor todo el tiempo sin excepciones. Algunos de nosotros tratamos de actuar de acuerdo con esa ley, pero tenemos problemas para hacerlo. Hay muchos tipos de celos, odios y problemas de ira. ¡Incluso la iglesia está infectada con estos defectos!
Consideremos por un momento esa ley del amor. ¿Significa que los ángeles siempre están de acuerdo en todo? ¡Absolutamente, no! Aunque ninguno de nosotros ha estado antes en el cielo, el simple hecho de que la gente más amorosa de este planeta a menudo tenga fuertes desacuerdos me dice que ocurre lo mismo con los ángeles en el cielo. El amor no significa que todo el mundo tiene que estar de acuerdo. De hecho, ¡qué sociedad tan aburrida sería! Amor significa que estamos en desacuerdo respetuosamente. El apóstol Pablo tenía esto en mente cuando escribió a los cristianos en Éfeso: “Yo pues [...] os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados, con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz” (Efe. 4:1-3).
Nota, sin embargo, que Pablo tuvo que exhortar a estos creyentes a ser humildes, gentiles, pacientes, y a soportarse unos a otros en amor. Y tuvo que hacerlo porque no estaba sucediendo eso en la iglesia de aquel momento en la medida en que debería de haber sucedido, ni está sucediendo hoy. Vivimos en un mundo dominado por el reino de las tinieblas, donde el egoísmo todavía se apodera de todos, incluso de los que están en la iglesia. Pero lo que Pablo tuvo que exhortar a los cristianos en Éfeso también podría aplicarse a los ángeles en el Reino de la Luz antes de la rebelión de Lucifer. De hecho, así como nos resulta difícil imaginar un cielo donde la humildad, la gentileza, la paciencia y la tolerancia sean una parte tan natural de la cultura como el agua que fluye colina abajo, los ángeles habrían encontrado imposible imaginar una cultura donde estas cualidades no existieran. Lo que para nosotros es un consejo inspirado, porque lo necesitamos tanto en nuestra sociedad pecaminosa, a ellos les hubiera parecido absurdo. ¿Instar a las personas a ser humildes, gentiles pacientes y tolerantes? ¿Por qué alguien tendría que decir eso?
El amor era la característica dominante en el Reino de la Luz que la Trinidad creó. Sin embargo, otras tres características también fueron muy importantes. A continuación, examinaremos la Ley.
La ley
Ya se ha mencionado a la ley en relación con la Ley de amor de Dios, pero hay más acerca de la ley que debemos analizar.
La ley es la base del gobierno. El propósito del gobierno es crear una sociedad estable y, para lograrlo, es necesario crear leyes que las personas deban obedecer.
Nosotros, los seres humanos, tenemos dos tipos de leyes. Un tipo de ley nos mantiene organizados y a salvo de daños, como las leyes de tránsito y las normas de construcción. Las calles de sentido único mantienen el tráfico en movimiento sin problemas y las normas de construcción evitan que las estructuras colapsen. El segundo tipo de ley es la ley moral, que protege nuestras vidas y nuestra propiedad de los delincuentes que nos roban y nos hieren o matan. La ley moral es nuestra preocupación aquí. Esta solo puede funcionar cuando los seres creados tienen dos características mentales: un alto nivel de inteligencia y un sentido moral. Entonces, examinemos cada una de estas características con un poco más de detalle.
Inteligencia. Los animales tienen conciencia e inteligencia limitadas, las cuales necesitan para observar el mundo que los rodea y cuidar de sus necesidades básicas a fin de sobrevivir. La inteligencia de los ángeles y de los seres humanos es de un orden mucho más elevado. Dios nos ha dado la habilidad de procesar ideas abstractas, tales como filosofía, matemáticas y música. Podemos investigar, entender conceptos y crear tecnología extremadamente compleja; nada de lo cual los animales pueden hacer. La era científica, que comenzó hace unos quinientos años, ha producido herramientas asombrosas para la comunicación, los viajes y la vida cotidiana. Los teléfonos, las máquinas de fax e Internet han transformado la manera en que nos comunicamos, y estas herramientas están trayendo cambios dramáticos incluso a las zonas en vías de desarrollo del mundo.2 Los automóviles nos han hecho posible viajar a velocidades de 80 a 120 kilómetros por hora o más en autopistas,3 y los aviones han sobrepasado la velocidad del sonido en el aire. El agua corriente, la electricidad y el aire acondicionado han hecho la vida mucho más confortable; y los avances en la tecnología médica al menos han duplicado la esperanza de vida de las personas en los lugares más desarrollados del mundo. Todo eso ha sido posible gracias a nuestra inteligencia.
Sentido moral. Los animales tienen un deseo instintivo de protegerse, por eso los leones y los tigres gruñen cuando se sienten amenazados y no dudan en atacar y herir, o incluso matar, si la amenaza se intensifica. Nosotros, los seres humanos, tenemos el mismo deseo instintivo de autoprotección, pero la parte moral de nuestra naturaleza nos dice intuitivamente que está mal robar, matar y violar. Una parte importante de nuestro sentido moral es la culpa que sentimos cuando la infringimos. Incluso si nos sentimos obligados a herir o matar a otro ser humano para protegernos del daño, probablemente nos sentiremos culpables por hacerlo. Aunque no puedo entrar en la mente de los animales, creo que no se sienten culpables cuando atacan y matan porque no tienen nuestro sentido moral innato.
Desafortunadamente, los avances en la ciencia y la tecnología que mencioné hace un momento no han mejorado nuestra conciencia moral. Por el contrario, nos han permitido producir armas que pueden mutilar y matar a unas cuantas personas con un arma y a un millón de personas con una bomba nuclear o dos. La fotografía e Internet se han combinado para producir una industria de pornografía masiva y global. Y la industria alimentaria está produciendo una generación de personas cuyos problemas médicos están paralizando nuestro sistema de salud. Claramente, los avances de la ciencia y la tecnología no necesariamente conducen a una mejora de la moral.
Nuestras percepciones del bien y del mal también pueden variar ampliamente. Los cristianos creen que es pecaminoso tener relaciones sexuales fuera del matrimonio, y la violación de ese principio puede causar una intensa culpabilidad. Sin embargo, millones de personas en el mundo de hoy juegan con múltiples parejas sexuales sin pensarlo dos veces. Luego están el Estado Islámico de Irak y Siria (ISIS), y Boko Haram en África, que creen que es su deber moral imponer su versión de la religión a todos los demás y que no dudan en mutilar y matar a los que se interponen en su camino. Y pueden ser terriblemente brutales al respecto, como quemar a personas vivas en jaulas cerradas con llave o tirarlas desde las azoteas [de un edificio]. Ambos grupos han secuestrado a mujeres y niñas, y las han violado. Su sentido moral está terriblemente distorsionado. Mientras que los seres humanos nacen con un aspecto moral de su naturaleza mental y emocional, no existe tal cosa como una “zona de Dios” en el cerebro que guíe instintivamente la comprensión de la moralidad de todos. Aprendemos sobre los valores morales a través de la interacción entre nuestra naturaleza intelectual y moral y lo que nos enseñan, especialmente cuando somos niños. Y, por supuesto, la Biblia nos proporciona la fuente más exacta del mundo sobre instrucción moral.
Afortunadamente, no tenemos que adivinar lo que constituye el bien y el mal. Dios nos ha dado su Ley, los Diez Mandamientos, que expresa los principios fundamentales del buen pensamiento y comportamiento moral; el resto de la Biblia elabora sobre esa ley, especialmente la vida y las enseñanzas de Jesús.
Una tercera característica del Reino de la Luz es la autoridad.
La autoridad
¿Cómo te sentiste la última vez que miraste por el espejo retrovisor y viste esas luces rojas y azules intermitentes? Si tú eres como yo, probablemente tu corazón saltó momentáneamente en tu garganta y dijiste: “¡Oh, no!”, entonces echaste un vistazo a tu velocímetro para ver qué tan rápido habías estado conduciendo. Así es como nosotros, que vivimos en el reino de las tinieblas, a menudo reaccionamos ante la autoridad. Nos tensamos alrededor de eso, porque le tenemos miedo. Hay momentos, por supuesto, cuando damos la bienvenida a la autoridad. Si llamas al 911 cuando ves a alguien merodeando por tu casa a medianoche, te sientes aliviado cuando llega la policía. Pero, aun así, el reino de las tinieblas te afligiría, como lo demuestra tu temor a que un ladrón estuviera a punto de entrar en tu casa. Nadie en el Reino de la Luz tendría que preocuparse por los ladrones, y no tienen que temer a la autoridad.
Cada gobierno tiene que dar a algunas personas autoridad sobre otras para hacer cumplir las leyes que sus gobernantes han legislado o proclamado. Sin autoridad, nuestras sociedades terrenales descenderían a la anarquía. La Biblia reconoce la necesidad de la autoridad. Cuando Dios sacó a los hijos de Israel de Egipto, los organizó en una nación con Moisés como jefe ejecutivo. El suegro de Moisés, Jetro, le aconsejó, además, que organizara al pueblo en grupos de miles, cientos, cincuenta y diez, con un líder sobre cada grupo. Estos líderes tenían la autoridad para juzgar y resolver disputas, y también tenían la opción de referir casos más difíciles a una autoridad superior (Éxo. 18:13-26).
Propongo que las relaciones de autoridad también existen en el Reino de la Luz. Dios el Padre es la autoridad suprema, y el segundo al mando es Miguel, a quien conocemos como Cristo.4 Otros ángeles fueron puestos en autoridad bajo Miguel. El ángel con la autoridad más alta bajo Miguel era uno llamado Lucifer, a quien se le dio autoridad sobre otros ángeles inferiores a él.
¿Cómo sabemos que existen relaciones de autoridad en el Reino de la Luz?
Varios textos en la Biblia lo sugieren. Apocalipsis 12:7 dice: “Después hubo una gran batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles luchaban contra el dragón; y luchaban el dragón y sus ángeles”. Tengo mucho más que decir sobre esta guerra en capítulos posteriores. Por ahora, quiero llamar tu atención sobre el hecho de que Miguel es un líder que tiene ángeles bajo su cargo; y el dragón, Satanás, es un líder que tiene otros ángeles bajo su dominio. ¿Había otros líderes por debajo de ellos en esta guerra? La Biblia no responde a esa pregunta, pero es difícil imaginar que no lo hubiera. Nuestros ejércitos en esta tierra están compuestos por soldados rasos que están bajo la dirección de sargentos; a su vez, estos últimos son liderados por tenientes; los tenientes son dirigidos por capitanes; los capitanes son regidos por mayores; los mayores son liderados por coroneles; y estos últimos están bajo la dirección de generales. Luego hay generales de una, dos, tres, cuatro y cinco estrellas que tienen líneas de autoridad ascendentes. Aunque seguramente deben existir diferencias significativas entre los ejércitos terrenales y los celestiales, cualquier batalla que carezca de una organización cuidadosa y de relaciones de autoridad bien definidas está condenada al fracaso. Parece razonable concluir que esto sería tan cierto para los ejércitos del cielo como para los ejércitos terrenales.
Apocalipsis 12 nos proporciona otra evidencia de autoridad en el cielo. En la Tierra, las guerras ocurren cuando una nación desafía la autoridad de otra nación. A menudo, es un grupo de naciones que desafía la autoridad de otro grupo de naciones, como en la primera y la segunda Guerra Mundial. Apocalipsis dice que la autoridad de Miguel y sus ángeles prevaleció sobre la autoridad del dragón y sus ángeles, de tal manera que “el gran dragón”, Satanás, “fue lanzado a la tierra, y sus ángeles con él” (Apoc. 12:9). En otras palabras, el reino de las tinieblas desafió la autoridad del Reino de la Luz. El Reino de la Luz prevaleció y el reino de las tinieblas perdió.
Un par de textos en el Antiguo Testamento también indican que hay relaciones de autoridad en el cielo. Poco antes de que los israelitas conquistaran Jericó, Josué fue confrontado por un guerrero a quien no reconoció. Y Josué, yendo hacia él, le dijo: “¿Eres de los nuestros, o de nuestros enemigos? Él respondió: No; mas como Príncipe del ejército de Jehová he venido ahora” (Jos. 5:13, 14).
Entonces, de nuevo, vemos que el ejército de Dios en el cielo tiene un comandante con autoridad, y Daniel nos informa que este comandante, a quien Daniel llama un “Príncipe”, tiene un “ejército” bajo su dirección (Dan. 8:11).
En el capítulo 1 del libro Patriarcas y profetas, Elena de White da una explicación detallada de la rebelión de Lucifer y, entre otras cosas, ella deja en claro que antes de su caída él tenía autoridad sobre ciertos ángeles. Ella escribió, por ejemplo, que a Lucifer “la hueste celestial lo amaba y reverenciaba, los ángeles se deleitaban en cumplir sus órdenes”.5 Una página más tarde, ella escribió que Lucifer se aprovechó de “la amorosa y leal confianza depositada en él por los seres celestiales que estaban bajo sus órdenes”.6 Un par de páginas después de eso, ella escribió que “Lucifer, el ‘porta[voz]’, [...] se convirtió en Satanás, el ‘adversario’ de Dios y de los seres santos y el destructor de aquellos que el Señor había encomendado a su dirección y cuidado”.7 Esta última afirmación sugiere que Lucifer no solo tenía autoridad (“gobierno”) sobre algunos de los ángeles del cielo, sino también era su asesor, su consejero y su protector. En su libro La historia de la redención, Elena de White dijo que en preparación para la guerra contra Satanás y sus ángeles, los ángeles de Cristo “se ordenaron en compañías; cada división tenía un ángel comandante al frente”.8
Parece evidente tanto de las Escrituras como de Elena de White que la autoridad es otra característica significativa de la vida en el Reino de la Luz. La importancia de esta característica se hará evidente en el capítulo 3 y más adelante.
La libertad
Una cuarta característica del Reino de la Luz es la libertad. Los seres inteligentes que Dios creó pueden pensar por sí mismos, sacar conclusiones a partir de lo que saben y actuar sobre la base de esas conclusiones. Y esto incluye la libertad de hacer preguntas, debatir el significado de la evidencia y estar en desacuerdo con las conclusiones de otros.
En 1988, la editorial Zondervan publicó un libro de Philip Yancey titulado Disappointment with God: Three Questions No One Asks Aloud [¿Desilusionado con Dios? Tres preguntas que nadie hace en voz alta]. El título de Yancey sugiere una verdad maravillosa sobre Dios: Él nos da la libertad de interrogarlo. Él nos permite desafiar sus acciones y leyes, y estar en desacuerdo con él. ¿Te suena esto herético? No debería. ¿Has tenido alguna vez una experiencia en la que la guía de Dios te pareció misteriosa e incluso aterradora? ¿Te has preguntado alguna vez: “Dios, ¿por qué me pasa esto y aquello?”? Todos lo hemos hecho, lo que significa que estamos cuestionando a Dios. Habacuc planteó la agonizante pregunta: “¿Hasta cuándo, oh Jehová, clamaré, y no oirás [...]?” (Hab. 1:2). El salmista clamó: “¡Despierta! ¿Por qué duermes, Señor? [...] ¿Por qué escondes tu rostro, y te olvidas de nuestra aflicción, y de la opresión nuestra?” (Sal. 44:23, 24).
¡Nuestro Dios nos da la libertad de cuestionarlo!
Discutiré acerca del reino de las tinieblas en los capítulos 3 y 4, pero aquí diré que esta libertad para cuestionar a Dios y para estar en desacuerdo con él yace en el fundamento de la rebelión de Lucifer. Algunas personas se preguntan por qué Dios no creó a Lucifer para que no pudiera rebelarse y para que no pudiera pecar y llevar a otros a pecar con él. ¡Piensa en el sufrimiento humano que esto habría evitado!
De hecho, Dios ha creado millones y miles de millones de estas criaturas. Los llamamos “animales”. Los animales tienen diferentes grados de inteligencia, desde lombrices de tierra , que probablemente ni siquiera son conscientes (al menos en ningún sentido que consideremos conciencia), hasta perros, delfines y elefantes, que se encuentran entre las criaturas más inteligentes del reino animal. Sin embargo, ninguno de estos animales superiores se acerca a tener la inteligencia que Dios ha dado a los ángeles y a los seres humanos. Los seres humanos tenemos la capacidad de razonar, reflexionar, debatir y hacer preguntas. Así que, antes de preguntarnos por qué Dios no creó a Lucifer de tal manera que no pudiera rebelarse, tenemos que preguntarnos si quisiéramos que nuestras habilidades para razonar, reflexionar, debatir y hacer preguntas nos fueran quitadas. Estoy seguro de que todos los que lean este libro dirán un rotundo ¡No!
Para que Dios nos diera inteligencia, pero nos prohibiera la libertad de hacer preguntas y cuestionar sus decisiones, habría tenido que establecer una dictadura similar a la de la Inquisición, Corea del Norte o del ISIS. Las personas desafortunadas que viven bajo este tipo de gobierno tienen la inteligencia para cuestionar a los líderes políticos y religiosos, pero aquellos que lo hacen corren el riesgo de ser encarcelados, torturados y posiblemente ejecutados. Una vez que Dios creó seres con el nivel de inteligencia que tienen los ángeles y los humanos, tuvo que darnos la libertad de hacer preguntas abiertamente, desafiar la evidencia y buscar respuestas. Tuvo que darnos la libertad de interrogarlo y de recibir respuestas que puedan satisfacer nuestra inteligencia y nuestra capacidad de razonar de causa a efecto.9
Dios les dio a los seres inteligentes que él creó la libertad de cuestionar incluso sus leyes morales. Estas leyes se basan sobre el principio del amor. David le dijo: “¡Oh, cuánto amo yo tu ley! [...] Mi corazón incliné a cumplir tus estatutos de continuo hasta el fin” (Sal. 119:97, 112).
Pero cuando Dios nos creó, nos dio la libertad de rechazar sus leyes morales. El rechazo de las leyes morales de Dios es, de hecho, el fundamento del reino de las tinieblas.
Poniéndolo todo junto
El amor, la ley, la autoridad y la libertad son algunas de las características importantes del Reino de la Luz, y el amor está en el fundamento de todas ellas. Sin amor, la autoridad puede ser dura y cruel, la ley moral se convierte simplemente en un montón de reglas y regulaciones, y la libertad de pensar y actuar por uno mismo es inexistente. Así que, el amor es el factor crítico que hace que el Reino de la Luz funcione.
La pregunta es: ¿cómo se obtiene ese amor, un amor que impregna toda la sociedad para que todos se preocupen tanto por el bienestar de su prójimo como por el suyo propio?
La verdad es que tú y yo no podemos conjurar esa clase de amor por nuestra cuenta. Hay, por supuesto, no cristianos que tienen familias muy cariñosas, que son reflexivos, pacientes, amables y tolerantes, y que tienen todas las demás cualidades positivas que se necesitan para formar una sociedad civilizada. Esto es lo que yo llamo amor terrenal, porque la mayoría de la gente es capaz de experimentarlo en un grado u otro. Sospecho que incluso algunos terroristas aman a sus familias de esta manera. Desafortunadamente, también hay muchos celos, enojo, odio y abuso sexual en nuestro mundo, y a menudo está mezclado con nuestro amor humano terrenal. Una persona puede ser cariñosa y amable en sus relaciones familiares, pero también puede ser un oso con quien convive en el trabajo, o viceversa.
Entonces, ¿cómo se obtiene el amor celestial sobre el cual opera el Reino de la Luz? Tú y yo no podemos crearlo dentro de nosotros mismos. No podemos decidir: “Así es como voy a ser. Así es como voy a pensar y sentir”. Necesitamos ayuda sobrenatural para convertirnos en ese tipo de personas. Poco antes de dejar este planeta, Jesús nos explicó cómo conseguirlo. Les dijo a sus discípulos que pronto se marcharía, pero les aseguró a ellos y a nosotros: “No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros” (Juan 14:18). ¿Cómo lograría eso? Por medio del Espíritu Santo que “mora con vosotros y estará en vosotros” (vers. 17).
Cuando Dios nos creó, dispuso que el tercer miembro de la Trinidad tocara nuestro cerebro10 e implantara esa forma celestial de amor en nuestra mente. Mientras nuestros pensamientos y sentimientos estén bajo la influencia del toque del Espíritu Santo, estamos en sintonía con el amor del cielo. Amamos a los tres miembros de la Trinidad. Amamos las leyes del cielo. Amamos la autoridad del cielo. Y nuestras mentes y corazones están en sintonía para elegir libremente amar y servir tanto a Dios como a los demás. Esto es lo que Dios quiso decir cuando dijo por medio del profeta Jeremías: “Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón” (Jer. 31:33). Si la Ley de Dios no está escrita en nuestras mentes y corazones, entonces es solo un montón de normas y reglamentos, y esto es legalismo.
Estas son algunas de las formas en que opera el Reino de la Luz.
1 The Federalist Papers, Nº 51 (New York: Mentor Books, 1961), p. 322.
2 Mi esposa, Lois, y yo hemos viajado mucho a la India durante los últimos años, especialmente a las zonas rurales del país, y apenas hay un pueblo en el que hemos estado donde el servicio de telefonía celular no estaba disponible.
3 Algunos estados del oeste de los Estados Unidos tienen límites de velocidad de 127 o 136 kilómetros por hora. Algunas naciones europeas no tienen límites de velocidad, y los conductores en las autopistas a menudo viajan a 160 kilómetros por hora o más.
4 Discutiré las razones para entender que el Miguel de la Biblia es Cristo en el capítulo 2.
5 Elena de White, Patriarcas y profetas (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 2015), p. 16.
6 Ibíd., p. 17.
7 Ibíd., p. 19.
8 Elena de White, La historia de la redención (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 2014), p. 19.
9 Nota que dije que necesitamos “recibir respuestas que puedan satisfacer nuestra razón”, y no que podrían satisfacer nuestra razón. Lucifer hizo preguntas profundas acerca de Dios, y las respuestas que Dios le dio podrían haber satisfecho su inteligencia, pero no lo hicieron. Hablaré más de ello en el capítulo 3.
10 La inteligencia humana surge de las reacciones químicas dentro de nuestro cerebro. Elena de White hizo un comentario perspicaz de que “los nervios del cerebro que relacionan todo el organismo entre sí son el único medio por el cual el Cielo puede comunicarse con el hombre, y afectan su vida más íntima” (Elena de White, Testimonios para la iglesia, t. 2, p. 311).
Capítulo 2
Miguel
Los adventistas han identificado históricamente al Miguel que aparece en la Biblia como Cristo, y estoy de acuerdo con esa conclusión. Sin embargo, esta es una de nuestras interpretaciones bíblicas con las cuales muchos cristianos no adventistas no están de acuerdo. Por eso, y porque no es una de nuestras doctrinas clave, evito decir mucho sobre ello en la revista Signs of the Times. A veces, el autor de un artículo lo menciona, y en ciertas circunstancias lo he permitido. Después de uno de esos casos, recibí un correo electrónico muy bien redactado de un lector que me dio veinte razones por las cuales, en su opinión, es una herejía identificar a Miguel como Cristo. Respondí con una explicación bastante amplia de las razones bíblicas por las que los adventistas creen que Miguel es Cristo, y él amablemente me contestó y me agradeció por la respuesta, aunque no creo que lo convenciera.
El propósito de este capítulo es compartir mi explicación con ustedes, ya que será útil que la entiendan antes de que hablemos del reino de las tinieblas en el próximo capítulo.
Apocalipsis 12:7 al 9 es el texto bíblico que forma la base para nuestra creencia de que Miguel es Cristo: “Después hubo una gran batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles luchaban contra el dragón; y luchaban el dragón y sus ángeles; pero no prevalecieron, ni se halló ya lugar para ellos en el cielo. Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él”. Apocalipsis no solo identifica al dragón como Satanás, sino también a Miguel como el único líder del ejército del cielo -su general-, y que él es el adversario de Satanás.
Judas, el libro bíblico que precede inmediatamente al Apocalipsis, añade una pista significativa sobre la identidad de Miguel: “Pero cuando el arcángel Miguel contendía con el diablo, disputando con él por el cuerpo de Moisés, no se atrevió a proferir juicio de maldición contra él, sino que dijo: ‘El Señor te reprenda’ ” (vers. 9). En este versículo, Miguel está de nuevo en conflicto con Satanás, y a Miguel se lo llama “el arcángel”.
En 1 Tesalonicenses 4, Pablo agregó otra pieza al rompecabezas del arcángel Miguel. Dijo que, en la segunda venida de Cristo, “el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo” (vers. 16; énfasis añadido).
A primera vista, Pablo parece estar refiriéndose a tres seres celestiales distintos en este versículo: el Señor, el arcángel y Dios. Sin embargo, sugiero que cada uno de ellos es una referencia a Jesucristo. “El Señor” es claramente una referencia a Jesús, porque Pablo a menudo se refería a él como “Señor” (ver Rom. 5:1; 1 Cor. 1:2; Efe. 1:17), y el contexto en el que habla es la segunda venida de Cristo. ¿Quién es el “Dios” que hará sonar una trompeta? Los adventistas están de acuerdo con la mayoría de los otros cristianos en que Jesús es completamente divino y, por lo tanto, sería apropiado identificarlo como “Dios” en este versículo. Entonces observa que la voz del arcángel ocurre en conexión con el toque de la trompeta. Tal vez habrá una trompeta literal que suene en la segunda venida de Cristo (ver 1 Cor. 15:51, 52). Sin embargo, la referencia a una trompeta puede ser simbólica. En tiempos del Antiguo Testamento, el sonido de una trompeta se usaba típicamente como un llamado a la guerra (Núm. 10:9) o a la adoración (vers. 2-4, 10). El llamado a la guerra es especialmente apropiado aquí, porque Apocalipsis 19:11 al 21 describe a Cristo en su segunda venida como un guerrero montado en un caballo blanco. Por lo tanto, parece razonable entender el toque de la “trompeta de Dios” en 1 Tesalonicenses 4:16, como el llamado de la trompeta de Cristo en su papel de guerrero. Si entendemos que Cristo también es el arcángel, como sugiero, entonces las tres Personas mencionadas en el versículo 16 son Cristo.
Aquellos que rechazan la idea de que Miguel es Cristo lo hacen principalmente porque creen que aplicarle el título de arcángel sugiere que, como ángel, él es un ser creado y, por lo tanto, no es plenamente divino. La evidencia más fuerte para apoyar este punto de vista es el primer capítulo de Hebreos, el cual deja muy claro que Cristo no es un ángel, porque él es mucho más que un ángel. Hebreos 1:4, por ejemplo, afirma que Cristo “hecho tanto superior a los ángeles, cuanto heredó más excelente nombre que ellos”. Y los versículos 7 y 8 declaran: “Ciertamente de los ángeles dice: El que hace a sus ángeles espíritus, y a sus ministros llama de fuego. Mas del Hijo dice: Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo”.
Entonces, ¿cómo pueden los adventistas decir que el arcángel Miguel es Cristo, cuando la Biblia declara tan claramente que Cristo es un ser divino, el segundo miembro de la Deidad, y no un ángel creado? Esta es una buena pregunta, y responderé con lo que creo que es una buena respuesta.
Durante la Segunda Guerra Mundial, el mariscal alemán Erwin Rommel era conocido popularmente como el “zorro del desierto”. Nadie en su sano juicio diría que Rommel era literalmente un zorro. Todos entendemos que la palabra zorro, cuando se usaba aplicada a Rommel, era un apodo, una forma de decir, y no una declaración sobre el tipo de ser que era. Los zorros son popularmente considerados como criaturas astutas y engañosas, y fueron estas características las que le dieron a Rommel el título de “zorro del desierto”. De la misma manera, si Miguel es Cristo, entonces la palabra arcángel es un título, y no una descripción de su naturaleza. La pregunta que necesitamos responder es si hay suficiente evidencia bíblica para apoyar la idea de que Miguel es, de hecho, el divino Hijo de Dios; Jesucristo, que tiene el título de arcángel. Las páginas siguientes proporcionarán esta evidencia.
Varios textos del Antiguo Testamento hablan del “ángel del Señor”, y el contexto deja muy en claro que este ángel del Señor es de hecho un ser divino, y no un mero ángel. La mejor evidencia de esto se encuentra en Éxodo 3, que cuenta la historia de Moisés en la zarza ardiente. El versículo 2 dice que “el ángel del Señor se le apareció [a Moisés] entre las llamas de una zarza ardiente”. Observa cuidadosamente quién fue el que se le apareció a Moisés: “el ángel del Señor”. Entonces, ¿quién era exactamente este ángel del Señor? Tenemos una pista de lo que dijo el ángel cuando Moisés se acercó a la zarza: “Quítate las sandalias, porque el lugar donde estás parado es tierra santa” (vers. 5). Entonces, ¿qué hace que la tierra sea santa? La presencia de la Deidad, por supuesto. Así que, este ángel del Señor ¡era un Ser divino!
Esta conclusión se confirma completamente en la conversación siguiente entre Moisés y el ángel del Señor. En el versículo 6, el Ser en la zarza dijo: “Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob”. Esta es la misma palabra para Dios que se usa en Génesis 1:1: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra”. Así que, el “ángel del Señor” que se le apareció a Moisés ¡fue el Dios que creó el universo!
Esta conclusión se ve confirmada por lo que sucedió a continuación. El “ángel” le dijo a Moisés que regresara a Egipto y liberara a su pueblo de la esclavitud. También instruyó a Moisés para que les dijera a los líderes de los israelitas que Dios lo había enviado. Moisés respondió: “He aquí que llego yo a los hijos de Israel, y les digo: El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros. Si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre?, ¿qué les responderé?” (Éxo. 3:13).
La respuesta del ángel es muy significativa para nuestro estudio. “Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros” (vers. 14).
La palabra hebrea traducida como “YO SOY” en nuestras Biblias españolas es YHWH (pronunciado como Jehová), el cual es el verbo “ser”.11 La idea aquí es que el ángel del Señor es un ser autoexistente. Solo Dios es autoexistente, y la noción de que el ángel del Señor es en realidad un Ser divino es confirmada por su nombre YHWH, el cual es traducido como “Jehová” en todas partes de la Biblia [Hebrea]. Jehová, por supuesto, es Dios en el sentido más elevado, lo que significa que el ángel del Señor es también Dios en el sentido más elevado. Obviamente, Dios es mucho más que un ángel, así que, el término “ángel del Señor”, que se aplica a él en el versículo 3, es una forma de hablar y no una descripción de su naturaleza. Otra fuerte evidencia en apoyo a la comprensión de Miguel como un Ser divino se encuentra en el quinto capítulo de Josué. Él fue el líder de los israelitas cuando conquistaron Canaán. La gente había cruzado el río Jordán poco tiempo antes, y Josué estaba lejos del campamento, orando por la próxima conquista de la tierra.12 De repente, “alzó sus ojos y vio un varón que estaba delante de él, el cual tenía una espada desenvainada en su mano” (Jos. 5:13). Asustado, Josué preguntó: “¿Eres de los nuestros, o de nuestros enemigos? Él respondió: No; mas como Príncipe del ejército de Jehová he venido ahora” (vers. 13, 14).
Esto es extremadamente significativo debido a que, en el Apocalipsis, Miguel es el comandante del ejército del Señor. Así, Miguel y el hombre que se le apareció a Josué son la misma persona. Después, el escritor bíblico dijo que Josué se postró sobre su rostro en tierra, le adoró y le dijo: “¿Qué dice mi Señor a su siervo?” Entonces “el Príncipe del ejército de Jehová respondió a Josué: Quita el calzado de tus pies, porque el lugar donde estás es santo. Y Josué así lo hizo” (vers. 14,15).
Moisés, en la historia de la zarza ardiente, es la otra y única persona en la Biblia a quien se le ordenó quitarse los zapatos porque estaba parado sobre tierra santa. La presencia de la Deidad es lo que santificó la tierra. Acabamos de ver que el Ser que habló con Moisés no era otro que Jehová, quien es Dios en el sentido más elevado. Por lo tanto, la conclusión es inevitable. El comandante del ejército del Señor que se le apareció a Josué también era un Ser divino, porque ordenó a Josué que se quitara las sandalias de sus pies. También era el comandante del ejército del Señor, a quien Apocalipsis identifica con el nombre de Miguel.
Siendo este el caso, solo nos queda una pregunta: ¿Qué miembro de la Trinidad se le apareció a Josué? ¿Fue Dios padre, Jesucristo o el Espíritu Santo? Mi conclusión es que fue Jesucristo; y tengo una muy buena razón.
En Apocalipsis 19:11, Juan dice que vio “el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea”. El versículo 14 dice que “los ejércitos celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio, le seguían en caballos blancos”. ¿Quién es el jinete en un caballo blanco que encabeza a los ejércitos del cielo en la batalla? El versículo 13 responde a esa pregunta. Dice que el nombre del jinete es “EL VERBO DE DIOS”, y el versículo 16 añade información al decir que su nombre es también “REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES”. ¡Ese es Jesús! Por favor, nota que Jesús es el Comandante del ejército del cielo aquí, en Apocalipsis 19, así como Miguel lo es en Apocalipsis 12:7. ¿Cuánta más evidencia necesitamos para demostrar el hecho de que Miguel es Cristo?
11 Por tal razón este se traduce como “YO SOY” en el versículo 14.
12 En la página 521 de Patriarcas y profetas, Elena de White dijo que Josué se había ido del campamento “para meditar y pedir en oración que el Dios de Israel fuera delante de su pueblo”.
Capítulo 3
Cómo comenzó el reino de las tinieblas – Parte 1
Los adventistas tenemos dos fuentes de información, que aceptamos como inspiradas, sobre las cuales basamos nuestras enseñanzas. La fuente principal es la Biblia. Es la base de nuestras 28 creencias fundamentales.13
Si lee esas creencias, encontrará solo textos bíblicos para respaldarlas, nunca una cita de Elena de White. Sin embargo, creemos que Elena de White fue inspirada por Dios en lo que escribió, y por lo tanto, para nosotros, sus escritos constituyen una fuente secundaria y confiable de información sobre las cosas divinas.
He dividido la descripción del reino de las tinieblas en dos secciones porque el tema es demasiado extenso para un solo capítulo, y es necesario distinguir entre lo que la Biblia dice sobre él y lo que dice Elena de White. La Biblia nos proporciona un resumen básico de la rebelión de Satanás en el cielo, y eso es lo que desarrollaré en este capítulo. En el siguiente capítulo, “Cómo comenzó el reino de las tinieblas – parte 2”, consideraremos lo que Elena de White dijo sobre el tema.
Tres textos principales en la Biblia describen la caída de Satanás desde el cielo: Apocalipsis 12:7 al 9; Ezequiel 28:11 al 17; e Isaías 14:12 al 14. Vamos a considerarlos en ese orden.
Apocalipsis 12:7 al 9
Escribí sobre este pasaje brevemente en el capítulo anterior. Aquí vamos a echar un vistazo más detallado. De nuevo, esto es lo que dicen estos versos: “Después hubo una gran batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles luchaban contra el dragón; y luchaban el dragón y sus ángeles; pero no prevalecieron, ni se halló ya lugar para ellos en el cielo. Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él”.
En nuestro planeta, la guerra ocurre cuando dos países toman las armas unos contra otros. Ha sucedido una y otra vez a lo largo de la historia. A veces la guerra es simplemente una toma de poder y territorio. La Segunda Guerra Mundial es un buen ejemplo. Hitler quería someter a Europa, y finalmente al mundo, al dominio alemán. En otras ocasiones, el motivo es más “noble”. Cada lado está seguro de que su causa es justa y que el otro lado es el culpable del conflicto. Vemos esto hoy en el conflicto entre Israel y Hamas. Los líderes de cada bando intercambian amargas acusaciones. La ira y el odio se acumulan. Algunas veces otros países se esfuerzan hacia la mediación, pero con el tiempo el antagonismo se extiende a la guerra. Las balas vuelan y las bombas caen. Es la versión internacional de la pelea en el patio de la escuela entre dos matones.
La Biblia dice que la guerra estalló en el cielo. Sin embargo, esta no fue una guerra entre dos matones. Fue un arrebato de poder, como veremos cuando revisemos todo lo que la Biblia dice acerca de Satanás y su caída del cielo.
¿Guerra en el cielo?
El cielo es donde se encuentra el Trono de Dios. Se supone que es un lugar perfecto. ¿Quién hubiera pensado que, de todos los lugares, la guerra estallaría en el cielo? Pero lo hizo. Una amarga lucha estalló; el bando de Dios ganó, y los rebeldes fueron expulsados.
Los dos generales en esta guerra fueron Miguel y el dragón. Apocalipsis nos dice que la palabra dragón es un símbolo para el diablo, o Satanás (Apoc. 12:9). Nos referimos al dragón como Lucifer antes del tiempo en que fuera echado del cielo. Pero Miguel y Lucifer no fueron los únicos involucrados en esta guerra. Cada uno tenía ángeles de su lado. Esto se afirma específicamente en Apocalipsis 12:7, y también es evidente en el versículo 4, que dice que la cola del dragón “arrastraba la tercera parte de las estrellas del cielo, y las arrojó sobre la tierra”. Los adventistas y otros eruditos conservadores entienden que esto significa que un tercio de los ángeles del cielo se unieron a Lucifer en su rebelión. En el capítulo 1 mencioné que Lucifer pudo haber tenido hasta 50 trillones de ángeles de su lado, y Miguel hasta 100 trillones de su lado. Elena de White dijo que “un inmenso número de ángeles” se puso del lado de Lucifer.14
La pregunta es: ¿por qué Miguel (Cristo) iniciaría la guerra? ¿No es “el Príncipe de Paz”? (Isa. 9:6) Para responder a esta pregunta, tenemos que hacer otra: ¿quién inició el conflicto que condujo a esta guerra? La respuesta a esa pregunta es que Lucifer lo hizo. Esto se hará evidente cuando consideremos las descripciones de Ezequiel e Isaías de la caída de Lucifer del cielo. La situación en el cielo se puso tan tensa que algo tenía que pasar. La Trinidad le dijo a Lucifer que su actitud rebelde ya no podía ser tolerada en el cielo y que él y sus ángeles tendrían que irse. Ellos se negaron, así que, Miguel y sus ángeles usaron la fuerza para expulsarlos. Satanás y sus ángeles resistieron, y estalló la guerra.
Ahora, he aquí otra pregunta importante: ¿qué impulsó a los ángeles en el ejército de Lucifer a unirse a él? Obviamente, Dios no les habría ordenado seguir a Lucifer, y el sentido común nos dice que Lucifer no habría sido capaz de forzarlos a unirse a él. Después de todo, como señalé en el capítulo 1, un principio básico del Reino de la Luz es la libertad; libertad para pensar, sacar conclusiones y creer en esas conclusiones, aunque no estén de acuerdo con las conclusiones de Dios. Por lo tanto, aunque la Biblia no lo dice, podemos concluir razonablemente que Lucifer persuadió a este vasto número de ángeles a unirse a él en su rebelión contra Dios y su ley. ¡Lucifer debió de haber tenido lo que en ese momento parecía ser una razón extremadamente convincente para sostener sus creencias!
Ahora es tiempo de examinar a Ezequiel e Isaías para averiguar qué provocó esta rebelión.
Ezequiel 28:11 al 17
Este pasaje de Ezequiel y el siguiente de Isaías tienen varias cosas en común. Por ejemplo, aunque entendemos que Ezequiel e Isaías describen a Lucifer en estos versículos, ambos están en el contexto de endechas proferidas por los respectivos profetas contra dos de los reyes más conocidos de su época. Ezequiel reprendió al rey de Tiro, e Isaías reprendió al rey de Babilonia.
El lamento de Ezequiel contra el rey de Tiro comienza con las siguientes palabras: “Por cuanto se enalteció tu corazón, y dijiste: Yo soy un dios, en el trono de Dios estoy sentado en medio de los mares (siendo tú hombre y no Dios), y has puesto tu corazón como corazón de Dios” (Eze. 28:2).
No hay nada particularmente inusual en que un rey terrenal se considere divino; los faraones y los césares también hicieron esta afirmación. Sin embargo, los versículos 11 al 19 describen a un ser que es mucho más que un monarca terrenal. Acerca de las palabras de Ezequiel, el Comentario bíblico adventista afirma: “Aunque son una endecha por el rey de Tiro, sin duda tienen una aplicación más amplia que la que se hace directamente al príncipe de Tiro. Las figuras trascienden tan ampliamente una aplicación tan limitada, que ni siquiera la suposición de que este pasaje sea ‘extremadamente irónico’ puede resolver los problemas que surgen si solo se le da una aplicación local [...]
“Por esto es más adecuado considerar este pasaje como una digresión de la profecía contra el príncipe de Tiro, para presentar la historia del que era en verdad el rey de Tiro: Satanás mismo. Si se entiende así, este pasaje nos proporciona la historia del origen, la posición inicial y la caída del ángel que más tarde llegó a conocerse como el diablo y Satanás. Si no fuera por este pasaje y el que se encuentra en Isaías 14:12 al 14, no tendríamos ningún relato razonablemente completo del origen, de la condición inicial y de las causas de la caída del príncipe del mal”.15
Examinemos Ezequiel 28:11 al 19. El pasaje se divide en dos partes. Los versículos 11 al 15a describen a Lucifer en el cielo antes de su caída16 y los versículos 15b al 19 describen su caída.
Lucifer en el cielo antes de su caída. El pasaje comienza con las palabras de Ezequiel: “vino a mí palabra de Jehová, diciendo: Hijo de hombre, levanta endechas sobre el rey de Tiro, y dile: Así ha dicho Jehová el Señor” (vers. 11, 12).
Ezequiel continúa luego citando lo que Dios dijo. Su primera declaración es que el rey de Tiro fue “el sello de la perfección, lleno de sabiduría, y acabado de hermosura” (vers. 12). La descripción del rey de Tiro como “sello de la perfección” parece un poco extravagante para un rey terrenal; aun para Salomón durante los inicios de su reinado, aunque se podría haber dicho que Salomón fue “lleno de sabiduría y acabado de hermosura”, solo que todos estos comentarios se aplicarían a Lucifer antes de su caída.
En la primera parte del versículo 13, Ezequiel dijo: “En Edén, en el huerto de Dios estuviste”. Esta es una pista definitiva que Ezequiel está describiendo más que un rey terrenal. El Edén no había existido en la tierra por miles de años antes de la época de Ezequiel, así que sería imposible para el rey de Tiro haber estado allí. Y el único registro bíblico de que Lucifer estuvo en el Edén es después de su caída, cuando ya se había convertido en Satanás, la serpiente. ¿Cómo podría decirse que Lucifer en el cielo estaba “en [el] Edén, el huerto de Dios”? El Comentario bíblico adventista señala que, aquí, la palabra Edén “debe ser tomada en su sentido más amplio como la presencia de Dios”.17 Dado todo lo que se dice acerca de Lucifer en los versículos 11 al 15, esto parece una conclusión razonable.
La segunda parte del versículo 13 describe el adorno de Lucifer: “De toda piedra preciosa era tu vestidura; de cornerina, topacio, jaspe, crisólito, berilo y ónice; de zafiro, carbunclo, esmeralda y oro; los primores de tus tamboriles y flautas estuvieron preparados para ti en el día de tu creación”. ¡Evidentemente Lucifer fue un ángel muy hermoso!
El versículo 14 hace tres afirmaciones que solo se pueden aplicar a Lucifer antes de su caída, y no al rey de Tiro. En la primera declaración, Dios dijo: “Tú, querubín grande, protector”; luego, en la segunda parte dice: “yo te puse en el santo monte de Dios”, y en la tercera parte: “En medio de las piedras de fuego te paseabas”.
Comencemos con “Tú, querubín grande, protector”. ¿Qué nos dicen estas palabras?
Cuando Dios le dio a Moisés las instrucciones para construir el santuario del desierto, le dijo que colocara dos querubines de oro, uno frente al otro en el propiciatorio que cubría la parte superior del arca del pacto (Éxo. 25:17-20). Esta arca representaba el trono de Dios en el cielo. De hecho, la propia presencia de Dios, a veces llamada la Shekinah,18 aparecía entre los dos querubines. Así que la declaración de Ezequiel, de que Dios había ordenado a Lucifer como querubín guardián, significa que Lucifer estaba en la presencia de Dios en el cielo, y sin duda cerca de su trono. Obviamente, no podría decirse esto del rey terrenal Tiro.
Luego, Ezequiel dijo que Lucifer había estado “en el santo monte de Dios” (vers. 14). En el Antiguo Testamento, el Monte Sion es el mismo Monte Moriah donde Abraham ofreció a su hijo Isaac como sacrificio. También es el monte sobre el cual se construyeron los templos, tanto por Salomón como por los judíos después de su regreso de Babilonia. Sin embargo, Ezequiel no estaba diciendo que Lucifer había estado en el monte terrenal de Sion. El “santo monte de Dios” sobre el cual Lucifer había estado era la “montaña” en el cielo donde se encuentra el trono de Dios.19
¿Qué hay de las “piedras de fuego” sobre las cuales caminó Lucifer? En la visión del trono de Dios que Daniel describe en el capítulo 7, versículos 9 y 10, dijo que “un río de fuego procedía y salía de delante de él [Dios, el anciano de días]” (vers. 10). Juan, escribiendo en Apocalipsis, vio un “mar de vidrio mezclado con fuego”, y junto al mar estaban “los que habían alcanzado la victoria sobre la bestia y su imagen, y su marca y el número de su nombre” (Apoc. 15:2). Juan vio este mismo mar de vidrio en su visión registrada en Apocalipsis 4:6, y dijo que estaba “delante del trono”. Por lo tanto, ya sea un río de fuego, un mar de fuego, o piedras de fuego, es obvio que el trono de Dios tiene fuego delante y quizás alrededor de él. Ezequiel y Apocalipsis también nos dicen que los seres creados pueden pararse y caminar sobre ese fuego. Y Ezequiel nos informa que Lucifer es uno de los que se paró en la presencia de Dios y caminó sobre el fuego.
En Ezequiel 28:15, el profeta nos da otra importante pieza de información acerca de Lucifer. La Nueva Versión Internacional dice de Lucifer: “desde el día en que fuiste creado tu conducta fue irreprochable, hasta que la maldad halló cabida en ti” (énfasis añadido). Las versiones Reina-Valera 1960 y la Reina-Valera Contemporánea dicen que Lucifer era perfecto en todos sus caminos. Algunas personas se preguntan por qué Dios creó al diablo. Él no lo hizo; él creó un ser perfecto. Fue solo algún tiempo después que el pecado fue encontrado en él. Lucifer creó su propio pecado por las decisiones que tomó como individuo con la libertad de elegir, incluyendo la libertad de tomar decisiones morales equivocadas.
Nota también que Lucifer fue perfecto desde el día en que fue creado. Si bien es cierto que cada persona en la Tierra es un ser creado, normalmente no hablamos de que las personas son creadas, excepto Adán y Eva. Desde Caín y Abel hasta el presente, han nacido seres humanos. Sin embargo, Ezequiel dijo que Lucifer fue creado. Hasta donde sabemos, los ángeles no tienen nuestra capacidad reproductiva humana, lo cual significa que Dios creó a cada uno de ellos individualmente. Así que, la declaración de Ezequiel de que Lucifer fue creado es evidencia significativa de que estaba hablando de algo más que del rey de Tiro, que nació. Nótese también que Ezequiel dijo que este querubín guardián era irreprochable, es decir, perfecto. Esto difícilmente podría haberse dicho sobre el rey de Tiro.
La caída de Lucifer del cielo
Comenzando en el versículo 16 y continuando a través del versículo 19, Ezequiel describe la caída del rey de Tiro, la cual entendemos que es la caída de Lucifer.
“A causa de la multitud de tus contrataciones [negocios] fuiste lleno de iniquidad, y pecaste; por lo que yo te eché del monte de Dios, y te arrojé de entre las piedras del fuego, oh querubín protector” (vers. 16).
La primera declaración en esta cita sugiere que Lucifer se dedicó a alguna forma de trabajo comercial mientras estaba en el cielo; su “multitud de [...] contrataciones”. No tenemos otra información inspirada que sugiera lo que eso podría significar. Podría aplicarse más al rey de Tiro que a Lucifer antes del tiempo en que fue echado del cielo. Sin embargo, la siguiente declaración se aplica claramente a Lucifer. Ezequiel dijo que Dios expulsó al “querubín protector” del “monte de Dios” y de “entre las piedras de fuego”. Las palabras “Yo te eché del monte de Dios y te expulsé” son importantes porque armonizan muy bien con Apocalipsis 12:7 al 9, que dice que, como resultado de la guerra entre Miguel y Satanás, Satanás y sus ángeles fueron echados del cielo y arrojados a la tierra. Esta armonía entre la declaración en Apocalipsis y la de Ezequiel es otro motivo por el cual es razonable entender que Ezequiel describe a Lucifer antes y después de su caída y no solo al rey de Tiro.
El versículo 17 es la declaración final de Ezequiel 28 que consideraré aquí. Dice: “Se enalteció tu corazón a causa de tu hermosura, corrompiste tu sabiduría a causa de tu esplendor”.
Leímos algunos versículos atrás que Lucifer estaba cubierto con piedras preciosas engastadas en oro. Debió de haber sido un ser hermoso, y eso es porque Dios ama la belleza. Piensa en toda la belleza que vemos en nuestro mundo, incluso en su condición deteriorada: flores, montañas cubiertas de nieve, puestas de sol, peces tropicales, hombres guapos y mujeres hermosas, por nombrar algunas cosas. Muchos de nosotros codiciamos la buena apariencia y estamos celosos de las personas que creemos que son más atrayentes que nosotros mismos. La belleza personal es algo peligroso. Fácilmente puede llevarnos a volvernos engreídos y orgullosos. Y, según Ezequiel, eso es exactamente lo que le sucedió a Lucifer. Su corazón se enorgulleció a causa de su belleza, y corrompió su sabiduría a causa de su esplendor.
Isaías 14:12 al 15
Los eruditos conservadores de la Biblia generalmente coinciden en que, al igual que el pasaje que acabamos de examinar en Ezequiel, Isaías 14:12 al 14 describe la rebelión de Lucifer en el cielo antes de que fuese expulsado y que los versículos 15 al 17 describen su destino después de haber sido expulsado. Los adventistas están de acuerdo con esa conclusión.
Sin embargo, al igual que en la descripción que hace Ezequiel de Lucifer antes de su caída, el contexto inmediato de las palabras de Isaías es también una endecha contra un rey terrenal; en este caso, el rey de Babilonia (vers. 3, 4). Sin embargo, las aplicamos a Lucifer por las mismas razones por las que aplicamos las palabras de Ezequiel a Lucifer a pesar de que eran una endecha contra el rey de Tiro. La interpretación de que el verdadero protagonista de estos versículos es Lucifer data de la era cristiana primitiva. La mayoría de los intérpretes cristianos en ese momento entendieron el pasaje de esa manera.20
Comenzaré citando Isaías 14:12 al 15: “¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones. Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo. Mas tú derribado eres hasta el Seol, a los lados del abismo”.
En el apartado sobre Ezequiel, dije que cuando llegáramos a Isaías explicaría el origen y el significado de la palabra Lucifer. La versión inglesa King James traduce la primera línea del versículo 12 del siguiente modo: “¡Cómo caíste del cielo, oh Lucifer, hijo de la mañana!” (énfasis añadido). Observa, sin embargo, que donde la versión King James dice “Lucifer”, la Nueva Versión Internacional dice “estrella de la mañana”. La palabra hebrea es helel, que significa “brillante”. El Comentario bíblico adventista señala que en tiempos bíblicos helel era “comúnmente aplicado al planeta Venus como una estrella de la mañana, debido a su brillantez incomparable”.21 Esta es la razón por la cual la mayoría de las versiones modernas de la Biblia traducen helel como “hijo de la mañana” (RVR60), “estrella de la mañana” (NVI; NASB). La palabra inglesa Lucifer, o en español Lucero (RVR60), proviene de la palabra latina lucifero, que significa “portador de la luz” (luc = “luz”; fero = “portador”). La Vulgata, la versión latina de la Biblia, traduce helel como lucifero, y a partir de ahí, llegó a las primeras traducciones al inglés como “Lucifer”.
Ahora examinemos los versículos 12 al 15. Ten en cuenta que, aunque esta línea de apertura suena como si pudiera ser una pregunta, está puntuada como una exclamación de asombro: “¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana!” Piénsalo como si expresara esta idea: “¡Qué terrible, Lucifer, que hayas caído del cielo!” Casi todas las versiones de la Biblia encierran estas palabras de Isaías con signos de exclamación.22 Sin embargo, si lo entendemos como una pregunta (“Lucifer, ¿qué pasó? ¿Por qué caíste del cielo?”), la idea también resulta apropiada. La referencia a Lucifer cayendo del cielo armoniza con lo que Juan dijo en Apocalipsis 12:9 acerca de que Satanás y sus ángeles fueron expulsados del cielo como resultado de la guerra entre Satanás y Miguel.
Entonces Isaías da la razón por la cual Lucifer cayó del cielo: aspiraba a una posición más alta en el gobierno de Dios que aquella que se le había dado. Ten en cuenta las siguientes declaraciones de Lucifer:
“En lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono”. Un trono es un símbolo de la autoridad gubernamental. En lenguaje profético, las estrellas simbolizan a los seres creados por Dios, ya sean ángeles o humanos.23 Así que, al decir que quería levantar su trono sobre las estrellas de Dios, Lucifer quiso decir que quería más autoridad gubernamental sobre los ángeles de la que Dios le había dado.
“En el monte del testimonio me sentaré”. De nuevo, Lucifer aspiraba el dominio al sentarse “en el monte del testimonio”. Esta vez quería gobernar “sobre el monte de la asamblea”. Acerca de las palabras de Lucifer, el Comentario bíblico adventista señala que “en la mitología pagana los dioses celebraban sus reuniones de consejo en una montaña alta, donde determinaban los asuntos de la tierra. La expresión ‘rey de Babilonia’ [...] presumiría así de usurpar el control de los dioses -es decir, la autoridad suprema- sobre los asuntos de la tierra. Como rey de la mística Babilonia [...] De manera similar, Satanás aspiraría a controlar los concilios del cielo, es decir, a gobernar el universo de Dios”.24 En otras palabras, Isaías estaba describiendo la ambición de Lucifer de tener la posición de autoridad de Dios sobre los ángeles.
“Seré semejante al Altísimo”. Lucifer ahora sale y lo dice: quiere ser como Dios. Él quiere hacerse a sí mismo, es decir, exaltarse, para ocupar la posición de Dios.
Pero Isaías declara: “Mas tú derribado eres hasta el Seol, a los lados del abismo”. La palabra hebrea bowr, que se traduce como “abismo”, a veces se refiere al “sepulcro” (ver Job 33:18; Sal. 30:3; 69:15). Esto no significa que Lucifer y sus ángeles fueron inmediatamente destruidos después de haber sido desterrados del cielo. La Biblia es muy clara: Satanás todavía está muy activo en nuestro mundo. Más bien, Isaías está describiendo la horrible extensión de la caída de Lucifer, la cual resultará en su destrucción final (Apoc. 20:10).
Poniéndolo todo junto
Cada uno de los pasajes que hemos considerado en Apocalipsis, Ezequiel e Isaías mejora nuestro entendimiento; y al juntarlos todos, obtenemos un cuadro mucho más completo de lo que sucedió en el cielo. Resumiré la contribución de cada fuente.
Apocalipsis
Lucifer se llevó hasta un tercio de los ángeles a su lado.
Un conflicto serio estalló entre los ángeles de Lucifer y los ángeles que eran leales a Dios.
Finalmente llegó un enfrentamiento y estalló la guerra entre las dos partes. La guerra es el esfuerzo de usar la fuerza para alcanzar los objetivos. Sin embargo, Apocalipsis no nos dice cómo se ejerció esa fuerza ni la naturaleza de las armas que se usaron.
Satanás (Lucifer) era el líder -el general- de la rebelión, y Miguel (Cristo) era el líder general de las fuerzas leales a Dios.
Miguel y su ejército ganaron la guerra, y Satanás y sus ángeles fueron expulsados del cielo a la Tierra.
Ezequiel
Lucifer fue un ángel creado, no un ser divino.
Era un ángel muy bello, ya que estaba adornado con muchas joyas preciosas engastadas en oro.
Él fue creado como un ser perfecto e intachable.
Estuvo en el Santo Monte, en la misma presencia de Dios como un querubín guardián.
Se enorgulleció de su belleza.
Dios lo expulsó del cielo a la Tierra.
Isaías
Lucifer fue asignado a una posición particular, pero aspiraba una posición más alta.
Quería gobernar sobre el resto de los ángeles (estrellas) en el cielo.
Él quería ser como Dios.
Dios lo arrojó al abismo.
Hay un hilo común que atraviesa cada uno de estos pasajes. Todos dicen que Lucifer comenzó la vida en el cielo y que Dios lo echó fuera. Y al combinar la evidencia de estas tres fuentes, llegamos a un entendimiento mucho más completo de lo que realmente sucedió en el cielo. Lucifer trató de tomar la posición de Dios en el cielo. Quería gobernar sobre los ángeles. Como señalé en el capítulo anterior, consiguió que un gran número de ángeles se unieran a su lado. Sin embargo, no los obligó a unirse a él; los convenció para que se unieran a él. El hecho de que hasta un tercio de los ángeles se le unieran le dio una razón para creer que tendría éxito en su ambición de hacerse cargo de la posición de Cristo. No es de extrañar que las tres fuentes estén de acuerdo en el destino de Lucifer y sus ángeles: Apocalipsis dice que fueron arrojados del cielo a la tierra; Ezequiel dice que Dios arrojó al querubín protector “del monte de Dios”, “de entre las piedras de fuego”; e Isaías dice que Lucifer fue “arrojado al sepulcro, a las profundidades del abismo”.
Sacaré una conclusión final de estos tres pasajes. Hoy entendemos lo que Isaías casi con certeza no entendió: que la Deidad consiste en tres Personas, no solo una. Así que, aquí hay una pregunta para reflexionar: Lucifer ¿aspiraba a hacerse cargo de la posición de los tres miembros de la Deidad o solo de uno de ellos? Y si fuera solo de uno, ¿de quién era? Propongo que Lucifer codició solo la posición de Cristo, no la del Padre o el Espíritu Santo. Explicaré por qué.
Creo que hay una razón por la cual a Miguel, es decir, a Jesús, el segundo miembro de la Trinidad, se le da el título de Arcángel. No puedo probar esto con la Biblia, pero creo que es correcto. Cuando la Deidad decidió crear seres inteligentes como ángeles y humanos, reconoció que habría una gran diferencia entre la inteligencia y el poder de los seres que crearían y la propia inteligencia y el poder de ellos. Esta diferencia sería tan grande que resultaría imposible para estos seres creados comprender a la Deidad. Así que, acordaron que uno de los miembros de la Deidad asumiera la forma de un ángel y, al menos, apareciera como uno de ellos. Esto haría posible que los seres creados vieran el carácter de la Deidad materializado entre ellos.25 Y el segundo miembro de la Deidad es el que tomó esta posición. Asumió el papel de un ángel.26 Sin embargo, Lucifer, con su belleza y la posición elevada que Dios le había dado, no podía distinguir entre él y Cristo; él pudo haber estado más adornado que Cristo. No obstante, Cristo tenía mayor autoridad sobre los ángeles que Lucifer; entonces Cristo asistió a las reuniones del concilio con la Deidad, de las cuales Lucifer fue excluido. Todo esto despertó los celos de Lucifer y desafió la posición de Cristo como miembro de la Trinidad. Él desafió la posición de Cristo como Dios.
Por lo tanto, cuando Isaías dice que Lucifer quería “hacerse [a sí mismo] como el Altísimo”, propongo que el papel de Cristo en la Deidad era a lo que aspiraba, no el del Padre o el Espíritu Santo. Por eso, cuando estalló la guerra en el cielo, fue Miguel, Cristo, contra quien Lucifer y sus ángeles lucharon. Esta conclusión será mucho más evidente en el próximo capítulo.
13 Para leer las creencias fundamentales basadas en la Biblia, ver las doctrinas en la web de la Iglesia Adventista (disponible en https://www.adventistas.org/es/institucional/creencias/).
14 Patriarcas y profetas, p. 342.
15 Francis D. Nichol, ed., The Seventh-day Adventist Bible Commentary (Washington, DC: Review & Herald, 1955), t. 4, p. 675.
16 Ezequiel no usó el nombre Lucifer. Ese nombre viene de Isaías, que examinaremos en un momento.
17 Ibíd.
18 La palabra Shekinah no aparece en la Biblia. La obtenemos de los escritos judíos después de la destrucción del Templo en el año 70 d.C. Elena de White usó esa palabra en la página 360 de Patriarcas y profetas, y tomó un párrafo para describirla.
19 Acerca del “santo monte de Dios”, el Comentario bíblico adventista, t. 4, página 676 dice: “Monte Santo. Aquí se representa el lugar de gobierno de Dios, el cielo mismo, representado figurativamente como un monte”.
20 Ibíd., p. 170.
21 Ibíd.
22 Ver, p. ej., las versiones inglesas KJV, NKJV, NASB, RSV; y las versiones españolas LBLA, DHH, NVI, RVR, etc.
23 Ver, p. ej., Daniel 8:10 y 12:3 donde las estrellas representan al pueblo de Dios, y Apocalipsis 1:20 y 12:4 donde las estrellas representan a los ángeles.
24 Ibíd., p. 171.
25 Esta es una de las razones por las cuales Jesús vino a nuestro mundo como ser humano; para vivir el carácter de Dios entre nosotros. Por eso, cuando Felipe le pidió a Jesús “muéstranos el Padre”, Jesús le respondió: “¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Juan 14:8, 9).
26 No sabemos si Miguel se convirtió en un ángel además de ser divino, o si solo apareció como ángel sin serlo. Sin embargo, cualquier forma sería teológicamente aceptable, dado el hecho de que Jesús fue completamente humano y completamente divino mientras estuvo en la Tierra.
Capítulo 4
Cómo comenzó el reino de las tinieblas – Parte 2
A veces me pregunto cómo será el cielo. La Biblia nos da algunas vislumbres de la nueva tierra: no habrá dolor, sufrimiento o muerte (Apoc. 21:4); construiremos casas y plantaremos viñas (Isa. 65:21); y no habrá animales salvajes con los que tengamos que luchar (vers. 25). También sabemos que habrá un árbol de la vida y que disfrutaremos comiendo sus frutos al menos una vez al mes. ¡Apocalipsis incluso sugiere que nos comeremos las hojas! (Apoc. 22:2). Pero casi no tenemos información sobre el lugar donde pasaremos el Milenio. Sabemos que es el hogar de Dios (la Trinidad) y de los ángeles, y sabemos que está libre de pecado y maldad. Sin embargo, uno de los grandes rompecabezas de la teología cristiana es cómo y por qué el mal se originó en el cielo.
En el capítulo 1 señalé que Dios dio a los ángeles y a los seres humanos inteligencia: la habilidad de razonar, reflexionar, debatir y hacer preguntas, incluyendo la habilidad de interrogarlo. También nos dio otra cualidad: las emociones, que hacen posible que experimentemos sentimientos como la alegría y la tristeza, el amor y la ira, la paz y el miedo. Además, nuestras emociones y nuestra inteligencia interactúan. Lo que sabemos puede influir en cómo nos sentimos, y lo que sentimos puede influir en lo que pensamos y creemos. Por ejemplo, si me informan que conseguí un trabajo que solicité (un hecho intelectual), me sentiré feliz (una respuesta emocional).
Cómo se originó el mal
He aquí un concepto crítico para entender el origen del mal: nuestras mentes; nuestros poderes intelectuales, se supone que están a cargo de nuestros sentimientos. Pero es posible que nuestros sentimientos anulen lo que nuestro intelecto nos dice que es cierto. Por lo tanto, si alguien más consigue el trabajo para el cual me entrevisté, mis sentimientos de desilusión pueden hacerme creer que el posible empleador tiene algo personal contra mí; pero si reflexionara por un momento, me daría cuenta de que esta conclusión carece de fundamento. Mis sentimientos están por encima de mi intelecto.
También recordarás que en el capítulo 1 compartí cuatro características del Reino de la Luz: amor, ley, autoridad y libertad. El pecado surgió a través de la distorsión de Lucifer de cada una de estas características. Centrémonos en la libertad por un momento.
La libertad genuina significa que podemos hacer preguntas, incluyendo preguntas acerca de Dios y sus decisiones y acciones, sin ningún temor a represalias. Y Lucifer hizo preguntas sobre el segundo miembro de la Deidad. Elena de White nos dijo exactamente cuál fue esa pregunta: “¿Por qué –se preguntaba el poderoso ángel– debe Cristo tener la supremacía? ¿Por qué se le honra más que a mí?”27 Ten en cuenta que esta es una pregunta perfectamente razonable: “Dios, ¿hay alguna razón por la cual Miguel tenga autoridad sobre mí? ¿Puedes explicar por qué él puede asistir a tus concilios divinos y yo no?” La respuesta fue muy simple: Cristo (Miguel) tenía supremacía sobre Lucifer y fue honrado sobre Lucifer porque Cristo era un miembro de la Deidad, mientras que Lucifer era un ser creado. La Biblia deja muy en claro que Cristo es un Ser divino: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios” (Juan 1:1). Elena de White dijo que “Cristo el Verbo, el Unigénito de Dios, era uno con el Padre Eterno –uno en naturaleza, carácter y propósito–, el único ser en todo el universo que podía entrar en todos los consejos y propósitos de Dios”.28
El problema no era la pregunta de Lucifer. El problema radicaba en la motivación que lo llevó a preguntar. Fue el orgullo lo que motivó la pregunta de Lucifer. Ezequiel lo dijo claramente: “Se enalteció tu corazón a causa de tu hermosura, corrompiste tu sabiduría a causa de tu esplendor” (Eze. 28:17).
Lucifer preguntó por qué Cristo tenía una posición superior a la suya ya que estaba celoso de Cristo y codiciaba la posición más elevada de autoridad sobre los ángeles. Como Isaías lo dijo, Lucifer quería ser “semejante al Altísimo” (Isa. 14:14). Elena de White dijo que, “codiciando la gloria con que el Padre infinito había investido a su Hijo, este príncipe de los ángeles aspiraba al poder que solo pertenecía a Cristo”.29 Ella también dijo que Satanás y los otros ángeles “se rebelaron contra la autoridad del Hijo”, y “Satanás sintió celos de Jesús”.30
Anteriormente señalé que Dios tiene la intención de que nuestro intelecto y nuestra razón controlen nuestras emociones. Pero según Ezequiel, Lucifer dio marcha atrás a esos dos. El orgullo por su belleza (emoción) le hizo corromper su sabiduría (intelecto).
Pablo dio consejo sobre este tema a los cristianos en Roma. Dijo: “Por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura” (Rom. 12:3). Imaginar que eres importante puede sentirse realmente bien. Sin embargo, ese es un pensamiento emocional, que es exactamente lo que Lucifer se permitió tener. Pablo aconseja: “Que piense de sí con cordura”. En otras palabras, ¡usa la cabeza! Deja que tu intelecto esté a cargo de tu autoestima. No permitas que tus emociones anulen su buen juicio. Ese es un consejo muy sabio para cada uno de nosotros hoy.
Desafortunadamente, Lucifer no se contentaba con reflexionar sobre sus sentimientos en su propia mente. “Salió a difundir el espíritu de descontento entre los ángeles”.31 El desafío de Lucifer a la autoridad de Cristo “despertó un sentimiento de aprensión cuando fue observada por quienes [ángeles] consideraban que la gloria de Dios debía ser suprema. Reunidos en concilio celestial, los ángeles debatieron con Lucifer. El Hijo de Dios [Miguel] presentó ante él la grandeza, la bondad y la justicia del Creador, y la naturaleza sagrada e inmutable de su ley”.32 Sin embargo, Lucifer rechazó el consejo.
“Pero la amonestación, hecha con misericordia y amor infinitos, solo despertó un espíritu de resistencia. Lucifer permitió que su envidia hacia Cristo prevaleciese, y se volvió más obstinado. El propósito de este príncipe de los ángeles llegó a ser disputar la supremacía del Hijo de Dios, y así poner en tela de juicio la sabiduría y el amor del Creador”.33
En el capítulo 2 señalé la evidencia bíblica de que Miguel es Cristo, y en el capítulo 3 obtuve la conclusión tentativa de que en su ambición de ser “semejante al Altísimo” (Isa. 14:14), Lucifer aspiraba tener la posición de Cristo, no la de Dios Padre. Elena de White confirmó esto cuando escribió que Lucifer permitió que sus celos por Cristo prevalecieran, volviéndose más firme en su decisión de disputar la supremacía de Cristo,34 y ella repitió el hecho muchas veces en varios de sus relatos sobre el origen del mal.35 Además, Lucifer no solo desafió la posición de Cristo mismo, trató además de conseguir que tantos ángeles como fuera posible se pusieran de su lado.
Dios interviene
El celoso desafío de Lucifer a la posición y la autoridad de Cristo finalmente se desarrolló hasta el punto de que Dios el Padre intervino para aclarar quién es Cristo realmente. “El Rey del universo convocó a las huestes celestiales a comparecer ante él, con el fin de que en su presencia él pudiese manifestar cuál era la verdadera posición de su Hijo y mostrar cuál era la relación que él mantenía con todos los seres creados [...]. Alrededor del trono se congregaron los santos ángeles, una vasta e innumerable muchedumbre”.36
No tenemos idea de cómo es el salón del Trono de Dios, pero debe ser enorme, porque Daniel vio “millares de millares” y “millones de millones” reunidos ante el Trono de Dios (Dan. 7:10; ver también Apoc. 5:11). “Ante los habitantes del cielo reunidos, el Rey declaró que ninguno, excepto Cristo, el Unigénito de Dios, podía penetrar plenamente en sus designios, y que a este le estaba encomendada la ejecución de los grandes propósitos de su voluntad. El Hijo de Dios había forjado la voluntad del Padre en la creación de todas las huestes del cielo, y a él, así como a Dios, debían ellas tributar homenaje y lealtad”.37
Imagina que tú eres Lucifer escuchando estas palabras mientras estás de pie entre esa enorme reunión de ángeles. Has desafiado la posición de Cristo y has reclamado igualdad con él. ¿Cómo te sentirías? ¿Qué estaría pasando por tu mente? “Los ángeles reconocieron gozosamente la supremacía de Cristo y, postrándose ante él, le rindieron su amor y adoración. Lucifer se inclinó con ellos, pero en su corazón se libraba un extraño y feroz conflicto. La verdad, la justicia y la lealtad luchaban contra los celos y la envidia”.38 Ponte en el lugar de Lucifer por un momento. Aquellos cuya lealtad habías buscado están dando su lealtad sincera a tu enemigo. Sin embargo, Dios el Padre ha hablado. Él ha revelado quién es realmente Miguel, de quien tú habías pensado todo este tiempo que era simplemente otro ángel como tú. Y te enfrentas a una elección: creer en Dios Padre o seguir tus propios instintos.
¿Alguna vez has experimentado un conflicto como ese, en el que tus deseos te arrastran hacia un lado, y la voluntad revelada de Dios te arrastra hacia otro? La respuesta es ¡por supuesto! Todos lo hemos vivido, si tomamos en serio nuestra relación con Dios y con Cristo. ¡Podemos entender exactamente lo que estaba pasando por la mente de Lucifer!
Elena de White continuó escribiendo que “la influencia de los santos ángeles pareció por algún tiempo arrastrarlo con ellos [a Lucifer]. Mientras en melodiosos acentos se elevaban himnos de alabanza cantados por millares de alegres voces, el espíritu del mal parecía vencido; indecible amor conmovía su ser entero; al igual que los inmaculados adoradores, su alma se hinchió de amor hacia el Padre y el Hijo”. Desafortunadamente, Lucifer otra vez “se llenó del orgullo de su propia gloria. Volvió a su deseo de supremacía, y una vez más dio cabida a su envidia de Cristo [...]. Él [Cristo] compartía los designios del Padre, mientras que Lucifer no participaba en los propósitos de Dios. ¿“Por qué -se preguntaba el poderoso ángel- debe Cristo tener la supremacía? ¿Por qué se le honra más que a mí?”39
El verdadero problema
El punto crítico aquí son las emociones de Lucifer. Se había enorgullecido de su belleza y de la alta posición que ocupaba como querubín protector que estaba junto al Trono de Dios. Después de todo, él, Lucifer, hizo importantes mandados para el Dios Todopoderoso, ¡el Anciano de días y el Creador de todo lo que existe! Él, Lucifer, era el querubín protector que estaba junto a Dios en su Trono. Él, Lucifer, estaba bellamente decorado con muchas joyas que estaban engastadas en oro. Cómo debió de hincharse su pecho al pensarlo. ¡Cómo debió de pavonearse al mirar su reflejo en el mar de cristal!
El orgullo es una emoción, y si se usa correctamente es una buena emoción. Completar una tarea difícil se siente bien, y debería ser así. Crear una obra de arte hermosa se siente bien, ¡y debería ser así! El éxito se siente bien, y debería ser así. Todos estos son motivos poderosos. Lucifer seguramente tuvo esta buena clase de orgullo durante años, quizá siglos o incluso milenios, antes de su caída. Y estaba bien. Dios nos creó para tener estos sentimientos satisfactorios acerca de nuestros logros.
Pero entonces Lucifer observó que Miguel tenía privilegios que iban más allá de los suyos. Todos los ángeles adoraban a Miguel. Miguel asistía a los concilios de la Deidad. Miguel tenía mayor autoridad sobre los ángeles que Lucifer. ¡Miguel incluso tenía la autoridad para dar órdenes a Lucifer! Sin embargo, Miguel parecía ser un ángel como los otros ángeles. Al principio, Lucifer probablemente sintió una punzada de resentimiento: ¿Quién es él para mandonearme? Con cada orden que Miguel le daba, el resentimiento de Lucifer aumentaba. Luego comenzó a comparar su propia apariencia y su propia posición con la de Miguel, y llegó a la conclusión de que en realidad era más grande que Miguel. De hecho, puesto que la humildad es una de las características más particulares de Cristo (Fil. 2:5-11; Juan 13:2-17), es completamente posible que su apariencia fuera más simple que la de Lucifer. Pero aun así los celos se apoderaron de él.
Ahora, por favor, presta mucha atención a lo que estaba ocurriendo. Elena de White dijo que Dios el Padre había explicado muy claramente por qué Cristo tenía una posición más elevada que Lucifer. Esto significa que Lucifer tenía la información que necesitaba para entender por qué Cristo gozaba de una posición superior a la suya. Y “la influencia de los santos ángeles pareció por algún tiempo arrastrarlo con ellos [...]. El espíritu del mal parecía vencido; indecible amor conmovía su ser entero; al igual que los inmaculados adoradores, su alma se hinchió de amor por el Padre y el Hijo”.40 Lucifer no solo entendió el papel de Cristo, sino también por un tiempo se regocijó en él. Sin embargo, “en su corazón se libraba un extraño y feroz conflicto. La verdad, la justicia y la lealtad luchaban contra los celos y la envidia [...]. Pero luego se llenó del orgullo de su propia gloria. Volvió a su deseo de supremacía, y una vez más dio cabida a su envidia de Cristo”.41 Así que, Lucifer tuvo que tomar una decisión: seguir lo que él sabía que era verdad o seguir sus sentimientos. Desdichadamente, como todos sabemos, eligió seguir sus malos sentimientos.
Lucifer intensifica su rebelión
Habiendo escogido seguir sus sentimientos en vez de seguir aquello que sabía que era verdad, Lucifer abandonó “su lugar en la inmediata presencia del Padre, [y] salió a difundir el espíritu de descontento entre los ángeles [...]. La exaltación del Hijo de Dios como igual con el Padre fue presentada como una injusticia hacia Lucifer, quien, según alegaba, tenía también derecho a recibir reverencia y honra. Si este príncipe de los ángeles pudiese alcanzar su verdadera y elevada posición, ello redundaría en grandes beneficios para toda la hueste celestial; pues era su objeto asegurar la libertad para todos. Pero ahora, aun la libertad que habían gozado hasta ese entonces llegaba a su fin, pues se les había nombrado un Gobernante absoluto, y todos ellos tenían que prestar obediencia a su autoridad”.42
Nota la intensificación de los sentimientos de Lucifer. Aparentemente, antes de la gran reunión a la que Dios el Padre llamó para explicar el verdadero papel de su Hijo, los ángeles no habían entendido completamente quién era Cristo. Dios tuvo que explicarles eso a ellos, y Lucifer disputó la explicación. También, antes de la aclaración de Dios, Lucifer ostensiblemente acababa de hablar acerca de su insatisfacción con la autoridad de Cristo; pero después de que Dios había hablado, Lucifer comenzó a volverse hacia una rebelión total. Al principio, sin embargo, se esforzó por no encontrarse en ese camino con los demás ángeles.
“Trabajó con misterioso sigilo, y por algún tiempo ocultó sus verdaderos propósitos bajo una aparente reverencia hacia Dios [...]. Mientras aseveraba tener perfecta lealtad hacia Dios”, a la vez “secretamente fomentaba discordia y rebelión, con pericia consumada aparentaba que su único fin era promover la lealtad y preservar la armonía y la paz”.43
Desgraciadamente, “muchos ángeles fueron cegados por las supercherías de Lucifer”.44 Afortunadamente, no todos los ángeles fueron engañados por las astutas falsedades de Lucifer. “Los ángeles leales podían ver solo terribles consecuencias como resultado de esta disensión, y con férvidas súplicas aconsejaron a los descontentos que renunciasen a su propósito y se mostrasen leales a Dios mediante la fidelidad a su gobierno”.45
Los ángeles no eran los únicos que buscaban sacar a Lucifer de su rebelión. “Para convencerlo de su error, se hizo cuanto esfuerzo podían sugerir la sabiduría y el amor infinitos. Se le probó que su desafecto no tenía razón de ser, y se le hizo ver cuál sería el resultado si persistía en su rebeldía. Lucifer quedó convencido de que se hallaba en el error. Vio que [...] los estatutos divinos son justos, y que debía reconocerlos como tales ante todo el cielo”.46
“Lucifer mismo, al principio, no entendía la verdadera naturaleza de sus sentimientos”.47 Eso nos sucede a todos nosotros. En un repentino destello de perspicacia, reconocemos dónde hemos sido egoístas, irritables o celosos. De repente, entendemos algo que no sabíamos antes. Y ahora tenemos que tomar una decisión. ¿Seguiremos nuestra nueva percepción, que sabemos que es la elección correcta, o seremos guiados por nuestros sentimientos? Desafortunadamente, Lucifer eligió ser guiado por sus sentimientos.
Para entonces, había ganado un gran número de seguidores entre los ángeles del cielo; hasta un tercio de la “vasta e innumerable muchedumbre” de la que hablaba Elena de White.48 Apocalipsis 12:4 sugiere que alrededor de un tercio de los ángeles se pusieron del lado de Lucifer, y eso fue suficiente para convencerlo de que, si persistían, podría ganar. Él declaró a sus leales seguidores que si “se mantenían firmes de su parte [...] podrían conseguir todo lo que deseaban [...]. El gobierno de Dios incluía no solo los habitantes del cielo sino también los de todos los mundos que había creado; y Lucifer llegó a la conclusión de que, si pudiera arrastrar a los ángeles celestiales en su rebelión, también podría arrastrar a todos los mundos”.49
¡Lucifer realmente tenía grandes ambiciones!
En ese momento, Lucifer “defendió persistentemente su conducta, y se dedicó de lleno al gran conflicto contra su Creador”, y declaró que “nunca más reconocería la supremacía de Cristo”.50
Los ángeles leales advirtieron a Lucifer y a sus seguidores que “el que los había creado podía abatir su poder y castigar severamente su rebelde osadía”.51 Tenemos que preguntarnos cómo Lucifer pudo ser tan insensato para pensar que podría oponerse con éxito al gran Dios del cielo, el Todopoderoso, el Anciano de días, en cuya presencia había estado y cuyos mandatos había llevado a cabo. Pero él se negó a doblegarse. Tal es el poder de una fuerte emoción que se niega a escuchar la lógica y la razón.
Esa es una característica del deseo y la emoción de la cual también debemos estar atentos. Podemos pensar que no permitiremos que nuestras emociones dominen tan fácilmente lo que sabemos que es verdad. Pero día tras día, cada uno de nosotros se enfrenta a elecciones, a menudo muy pequeñas y que parecen insignificantes. Pero a medida que cedemos a nuestros deseos en lugar de nuestro conocimiento en estas situaciones menores, establecemos gradualmente un patrón. Ceder al deseo se vuelve más fácil cada vez; y cuando llega la gran elección, cedemos una vez más. Eso es lo que les sucedió a Lucifer y a sus seguidores.
El amor, la ley y la autoridad
Señalé en el capítulo 1 que es fácil para nosotros, los seres humanos, en nuestra manera de pensar, tener miedo a la autoridad. Eso es en parte porque a menudo se abusa de la autoridad en nuestro mundo. A escala nacional y mundial, piensa en Hitler, Corea del Norte e ISIS. En una escala doméstica, piensa en el abuso conyugal e infantil. Cuando una figura de autoridad nos ordena, ¿temblamos por dentro, quizá nos encogemos de miedo o atacamos con ira (una respuesta que también se desencadena por el miedo)? ¿O podemos mantenernos firmes? O, por otro lado, ¿tenemos una presencia dominante y la utilizamos para liberarnos de las personas tímidas? De cualquier forma, estamos permitiendo que nuestras emociones controlen nuestro comportamiento, en lugar de seguir lo que sabemos que es correcto.
¿Cómo crees que se sienten los ángeles leales en el cielo respecto a la autoridad? Puedo asegurar que no tienen miedo de eso. Por el contrario, ¡creo que lo aceptan! Estoy bastante seguro de que aprendieron a apreciarlo aún más viendo el caos que la rebelión de Lucifer causó en el cielo cuando se rebeló contra la autoridad de Cristo. Pablo fue un firme defensor de la autoridad gubernamental. Aconsejó a los cristianos en Roma: “Sométase toda persona a las autoridades [...] por Dios han sido establecidas” (Rom. 13:1). La única vez que la Biblia nos da permiso para desobedecer a la autoridad gubernamental es cuando entra en conflicto con nuestro deber de obedecer a Dios (Hech. 5:29).
El propósito principal de la autoridad es hacer cumplir las leyes. Esto incluye la autoridad de los funcionarios gubernamentales para exigir que los ciudadanos obedezcan las leyes de la tierra; la autoridad de las empresas para exigir que los empleados obedezcan sus políticas; y la autoridad de los padres para exigir que sus hijos obedezcan las reglas familiares. El respeto a la autoridad es una de las claves de una sociedad ordenada y pacífica.
Dios ha establecido leyes en el cielo, y usa su autoridad para hacerlas cumplir. Dios también delega a algunos de los ángeles la autoridad para hacer cumplir sus leyes. Él delegó especialmente esta autoridad a Lucifer antes de su caída. Señalé en el capítulo 1 que Elena de White habló acerca de que los ángeles estaban “bajo sus órdenes [de Lucifer]” y que “los ángeles se deleitaban en cumplir sus órdenes”.52 Esto, de hecho, puede ser lo que causó problemas a Lucifer en primer lugar. Disfrutó de la autoridad que tenía sobre los otros ángeles, y le molestaba el hecho de que Cristo, que en lo que a él concernía era simplemente otro ángel como él, tuviera mayor autoridad sobre los ángeles que él (Lucifer). De hecho, Cristo tenía autoridad sobre Lucifer, ¡y a Lucifer realmente le molestaba eso! Y ahí es donde comenzó su rebelión contra Dios y sus leyes.
La rebelión de Lucifer
Es importante entender que Lucifer se rebeló contra algo más que un código moral escrito. La Ley de Dios se basa en el amor; un principio que involucra todos los aspectos del ser: mental, físico, emocional y espiritual. Es lo que una persona es, no solo el modo en que se comporta. A eso se refería Jesús cuando dijo que el primer mandamiento es “amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas [...] [y] a tu prójimo como a ti mismo” (Mar. 12:30, 31).
El amor tiene que ver con nuestras actitudes. Es una forma de pensar y sentir. Es una mentalidad. En el sistema de la Ley de Dios, las acciones amorosas surgen de una mentalidad amorosa. Hablando a través de Jeremías, Dios dijo que escribiría sus leyes en las mentes y los corazones de su pueblo (Jer. 31:33). Cualquiera que haya cursado el segundo o tercer grado de escuela puede leer los Diez Mandamientos, pero eso no significa que los apreciará y querrá obedecerlos. Es razonable suponer que Dios creó a Lucifer con la Ley del amor escrita en su mente y corazón. Así que, cuando Lucifer se puso celoso de Cristo, violó su propia mente, su propio corazón y sus propias emociones; al hacerlo, violó el principio más fundamental de las leyes de Dios.
Uno de los argumentos que Lucifer hizo en su esfuerzo por ganar a los ángeles a su lado fue que “aunque las leyes pudieran ser necesarias para los habitantes de los mundos, los ángeles, siendo más elevados, no necesitaban semejantes restricciones, porque su propia sabiduría bastaba para guiarlos. Ellos no eran seres que pudieran acarrear deshonra a Dios. Todos sus pensamientos eran santos; y errar era tan imposible para ellos como para Dios mismo”.53
Es un argumento muy interesante. Es el mismo que sugerimos cuando preguntamos por qué Dios no hizo seres inteligentes de tal manera que no pudieran pecar. Podríamos desear que él hubiera hecho a los ángeles y a nosotros de esa manera. Pero Lucifer dijo que Dios hizo a los ángeles de esa manera. Esa es una mentira muy sutil y, a la vez, muy peligrosa, porque inculca en las mentes de los seres inteligentes la idea de que no tienen que proteger sus mentes y emociones. Pueden hacer lo que quieran, porque cualquier cosa que quieran hacer está bien. Lucifer trató a las leyes de Dios como si fueran un mero código moral externo. No se dio cuenta de que sus celos por Cristo eran en sí mismos una violación del principio de amor que yace en el fundamento de la Ley de Dios. No hay tal cosa como la obediencia a una ley divina si la mente y el corazón no está en ella.
La autoridad en el Reino de la Luz está fundada sobre el amor. Los ciudadanos del Reino tienen que apreciar sus relaciones de autoridad y someterse a ellas con gusto. Y su aprecio tiene que ser dado libremente. Dios puede, y a veces ocurre, hacer cumplir sus leyes como un código moral externo que controla el comportamiento (como el diluvio, Sodoma y Gomorra, y los ejércitos de Egipto en el Mar Rojo), pero se niega absolutamente a forzar a sus criaturas inteligentes a amar sus leyes y su autoridad. Las criaturas tienen que elegir; no obstante, él les da la libertad de no elegir amar sus leyes y su autoridad. Lucifer tomó esa decisión y, en todo nuestro mundo, los seres humanos todavía la están tomando.
Afortunadamente, Dios ha hecho posible que los seres humanos pecadores volvieran a amar sus leyes y su autoridad. Sin embargo, no podemos simplemente chasquear los dedos un día y decir: “¿Sabes? Creo que me encantarán las leyes de Dios. Creo que le daré la bienvenida a su autoridad”. En nuestro estado natural, los seres humanos encontramos que las leyes de Dios son muy desagradables. Se necesita un acto sobrenatural de parte de Dios para ayudarnos a amar sus leyes. A este acto sobrenatural lo llamamos “conversión”. Tendré mucho más que decir sobre esto en capítulos futuros.
Resumen sobre el reino de las tinieblas en el cielo
En el capítulo 1 describí cuatro características del Reino de la Luz: amor, ley, autoridad y libertad. En este capítulo he descrito una característica de nuestra naturaleza humana: las emociones. Esta es también una característica de Dios mismo y de todos los seres inteligentes que él creó. Hasta los animales tienen emociones.
Al establecer su reino de las tinieblas, Lucifer violó todas estas características. Se supone que nuestras emociones están bajo el control de la razón, pero Lucifer permitió que su orgullo impusiera su actitud hacia Miguel. Al hacer esto, violó el principio fundamental de la Ley de Dios, que es el amor. Dios dejó muy en claro a todos los habitantes del cielo el hecho de que Miguel tenía una posición más alta que cualquiera de los ángeles, pero el orgullo hizo que Lucifer rechazara esa declaración y se rebelara contra la autoridad de Dios. Veremos este patrón repetido una y otra vez a lo largo de la historia del conflicto entre el Reino de la Luz y el reino de las tinieblas, que terminará con el Armagedón.
Sin embargo, antes de continuar con la historia de este conflicto, necesitamos pasar unos momentos reflexionando sobre la creación de Dios en nuestro mundo.
27 Patriarcas y profetas, p. 16.
28 Elena de White, El conflicto de los siglos (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 2015), p. 547.
29 Patriarcas y profetas, p. 14.
30 Elena de White, Primeros escritos (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 2014), p. 177.
31 Patriarcas y profetas, p. 16.
32 Ibíd., p. 14.
33 Íbíd.
34 Íbíd.
35 Véase especialmente el capítulo 1 de Patriarcas y profetas; El conflicto de los siglos, pp. 483-493; y Primeros escritos, pp. 145-147.
36 Patriarcas y profetas, pp. 14, 15.
37 Ibíd., p. 15.
38 Íbíd.
39 Ibíd., pp. 15, 16.
40 Ibíd., p. 15.
41 Íbíd.
42 Ibíd., p. 16.
43 Ibíd., p. 17.
44 Íbíd.
45 Ibíd., p. 18.
46 Íbíd; énfasis añadido.
47 Íbíd.
48 Ibíd., p. 15.
49 Ibíd., pp. 19, 21.
50 Ibíd., p. 19.
51 Ibíd., p. 20.
52 Ibíd., p. 16.
53 Ibíd., p. 16.
Capítulo 5
La creación del mundo
Cien trillones de ángeles, o cuantos haya en realidad, no fueron suficientes para Dios. Quería más, muchos más seres inteligentes a quienes pudiera amar. Entonces creó a los seres humanos. Pero antes de poder hacer eso, tuvo que crear un planeta en el cual pudieran vivir. ¡Y logró la hazaña en seis días literales! No tengo que contarte la historia (supongo que la has escuchado muchas veces).54
Mi propósito en este capítulo es reflexionar sobre el significado de la Creación.
Es fácil para nosotros, que estamos en círculos cristianos conservadores, decir que “Dios es el Creador” sin detenernos a reflexionar sobre todo lo que implica esta afirmación. Así que, reflexionemos.
Cuando las personas en los tiempos de la Biblia se referían a “los cielos”, no tenían idea de la inmensidad del universo. Lo pensaron en términos de lo que podían ver: el sol durante el día, y la luna y miles de estrellas en el cielo nocturno. Algunos estudiantes de la Biblia sugirieron que las personas pensaban que el cielo consistía en una cúpula hecha de una sustancia sólida, como el bronce, y que el sol, la luna y las estrellas consistían en agujeros en la cúpula que permitían que la luz del salón del Trono de Dios brillara. Los antepasados en realidad no pensaron en el cielo en esos términos,55 pero la idea sugiere la visión limitada del universo que tenían. ¿Cómo podría ser de otra manera? Podemos entender la naturaleza solo por la forma en que la percibimos con nuestros cinco sentidos, incluidos los instrumentos científicos que se hayan creado para extender el alcance de nuestros sentidos. Pero nuestros antepasados no tenían tales instrumentos. Estaban limitados a lo que podían ver con sus ojos y escuchar con sus oídos.
Avance rápido de dos o tres milenios. Los telescopios se inventaron en 1608. Cuando Galileo se enteró un año después, desarrolló uno propio, lo usó y descubrió que algunas de esas estrellas que brillaban en realidad eran planetas, mundos enormes como el que él habitaba. De repente, el concepto humano del universo cambió drásticamente. Sin embargo, eso fue solo el comienzo. A medida que los telescopios se hicieron más y más poderosos, los astrónomos y otros científicos se dieron cuenta de que la mayoría de esas pequeñas manchas en el cielo nocturno eran en realidad estrellas como nuestro sol. También se dieron cuenta de que el planeta Tierra estaba ubicado dentro de un grupo de estrellas que llamaron galaxia. Descubrieron que nuestro mundo está cerca del borde de esa galaxia y que lo que los seres humanos habían llamado la Vía Láctea era lo que vemos cuando miramos a través de esa galaxia, al otro lado. Allí se encontraba nuestra comprensión humana del universo a principios del siglo XX.
Pero luego vinieron naves espaciales, que pusieron un telescopio llamado Hubble en órbita alrededor de nuestro planeta, y de repente la visión del universo de los astrónomos explotó. ¡Ahora sabemos que hay miles de millones de galaxias en el universo y que la galaxia más lejana a la nuestra está a 13.400 millones de años luz de nosotros! Cuando hacemos una pausa para recordar que la luz viaja a una velocidad de 300.000 kilómetros por segundo, la distancia desde la Tierra hasta los confines del universo está más allá de la capacidad de nuestra imaginación para comprender.
Pero ese no es el final de la historia. Otros científicos descubrieron que toda la materia está compuesta de átomos diminutos, que son tan pequeños que solo los microscopios más poderosos pueden “verlos”. Y los átomos consisten en neutrones y protones que giran dentro de ellos. La materia inorgánica está compuesta de innumerables átomos; y la materia orgánica se compone de células, que están formadas por millones de átomos que trabajan juntos como fábricas en miniatura.
Los planetas y las estrellas están formados por estos pequeños átomos; y los seres vivos, desde la ameba más pequeña hasta el elefante más grande, están formados por células que trabajan juntas para mantener con vida y funcionando al organismo.
Ahora deténgase a pensar acerca de lo que esto implica: Dios creó esos pequeños átomos y los agrupó para crear planetas, soles y galaxias. Lanzó esas galaxias al espacio exterior, lo que llamamos universo. Dios también creó células y las juntó para hacer amebas, elefantes y seres humanos que están vivos.
¡No puedo concentrarme en estas ideas! La sabiduría y el poder de nuestro Dios Creador son asombrosos. Pero podemos entender lo suficiente como para que podamos arrodillarnos y, junto a las cuatro criaturas vivientes alrededor del Trono de Dios, decir: “Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso, el que era, el que es, y el que ha de venir” (Apoc. 4:8). Con los veinticuatro ancianos, podemos, en nuestra imaginación, inclinarnos ante Dios y cantar: “Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas” (vers. 11).
¡Luego Dios creó a los seres humanos!
El acto supremo de la creación de Dios fue el de los primeros dos seres humanos: Adán y Eva. Ellos fueron la razón por la cual Dios creó todo lo demás durante esos seis días. Preparó un mundo que sustentaría la vida humana, la vida animal y la vida vegetal. El Dios que hizo las estrellas gigantes, los átomos diminutos y las células vivientes también creó una ecología que estaba en perfecto equilibrio para que pudiera sostener la vida.
Dios creó a los seres humanos porque quería más seres inteligentes a quienes pudiera amar. Él nos creó como seres con cerebros físicos que son conscientes y pueden experimentar emociones, y con intelectos que pueden tomar información, procesarla y sacar conclusiones racionales. El gran propósito de nuestra conciencia, intelecto y emociones es que podemos amar a Dios, y a cambio experimentar su amor.
¡Hay más! Dios creó a estos primeros seres humanos con la habilidad de reproducirse a sí mismos. Así que, cada vez que un bebé naciera, Dios tendría un ser inteligente más a quien poder amar y que podría amarlo a él. Este niño crecería, se casaría y tendría hijos propios, y Dios tendría muchos más seres humanos inteligentes a quienes podría amar, y que podrían amarlo.
Ahora hagamos una pausa de nuevo para considerar la implicancia de todo esto. Hoy en día, el planeta Tierra tiene 7.500 millones de habitantes,56 y el número sigue creciendo. Y eso que siempre hay una generación que va muriendo. Pero la muerte no hubiera existido en el mundo ideal de Dios. Entonces, ¿cuál habría sido la población mundial actual si nadie moría? A estas alturas, ¡solo habría lugar para estar de pie! Esto le presentaría a Dios un gran dilema: ¿qué hacer con todos esos seres humanos extra? Como yo lo veo, habría tenido dos opciones para resolver el problema:57
Después de varios cientos de años, cuando el planeta hubiera alcanzado su número ideal de habitantes, Dios podría hacer que cada ser humano fuera estéril (o al menos esterilizar un género).
Podría crear más planetas como nuestro mundo, que serían capaces de sostener la vida y trasladar a algunos seres humanos de la Tierra para poblar esos nuevos mundos.
Creo que Dios tenía la intención de implementar la segunda opción. Después de todo, estaba buscando seres inteligentes adicionales con quienes pudiera tener relaciones fraternales, y se le ocurrió la brillante idea de que en lugar de crear a cada nuevo ser humano individualmente, haría a dos seres humanos inteligentes, un hombre y una mujer, que pudieran reproducirse. Su descendencia, en parejas de machos y hembras, crearía más machos y hembras para reproducirse y crear más machos y hembras ad infinitum. Y ahora que entendemos la vastedad del universo y los billones y trillones de otros planetas que existen ahí fuera, podemos empezar a entender para lo que Dios estaba trabajando. Tuvo que empezar por crear este vasto universo de soles y planetas para tener lugares donde poner a la siempre creciente multitud de seres humanos. Luego creó la primera pareja humana que comenzó el proceso de reproducción.
Así que, ahora la pregunta es, ¿cuánto tiempo le tomaría a la raza humana crear suficiente descendencia para llenar todos los planetas en el universo? Ese es un problema que dejaré que Dios resuelva.
El sábado
Hace varios años, el Departamento de Transporte de Idaho construyó un nuevo puente a través de la carretera interestatal 84, que pasa por Nampa, Idaho, cerca de donde vivo. Cuando la construcción estuvo terminada, la ciudad y el Estado planearon una gran ceremonia para celebrar la apertura del nuevo puente, como recuerdo (no estuve allí), con una ceremonia de inauguración, con corte de cinta incluido. Mi familia nunca pudo dejar de reírse de eso. ¿Una gran ceremonia para celebrar la apertura de un puente? ¡Vamos! Sin embargo, la gran apertura del puente ilustra un hecho importante de la vida en nuestro planeta: los seres humanos celebramos los eventos importantes en nuestras vidas, ya sean graduaciones, bodas o incluso la finalización de un nuevo edificio, como un salón de ciencias o un centro estudiantil universitario. Planificamos programas especiales para estos eventos e invitamos a las partes interesadas a unirse a nosotros para celebrarlos.
Dios también celebró su obra creadora de nuestro mundo en ese primer sábado. Así es como lo describe Génesis: “Fueron, pues, acabados los cielos y la tierra, y todo el ejército de ellos. Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo. Y bendijo Dios al día séptimo, y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación” (Gén. 2:1-3).
Así como tenemos celebraciones como cumpleaños, matrimonios, reuniones de exalumnos y días de independencia nacional, Dios hizo del sábado un recordatorio semanal de su creación del mundo. Podemos extraer varias lecciones de lo que Génesis 2:1 al 3 nos dice sobre el origen del sábado.
¿Creación o evolución? Estos versículos sacuden la sentencia de muerte a cualquier noción de evolución.58Noten: “Fueron, pues, acabados los cielos y la tierra”, y “acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo” (énfasis añadido).59 La creación de nuestro planeta con todos sus seres vivientes tomó solo seis días, y nada más. Al final del sexto día, la creación se detuvo. La teoría popular de la evolución considera que esta “creación” transcurrió durante un largo período de millones de años y todavía continúa. No es así según la Biblia. La Palabra de Dios dice que la creación fue terminada, hecha y detenida.
Algunos cristianos están tan convencidos de que la evolución es verdadera que tratan de unirla con el relato del Génesis. La llaman evolución teísta. Dios es el Creador, dicen, y la evolución es la manera en que él creó. En este escenario, los días de la creación se convierten en eones de tiempo que Dios usó para crear nuestro mundo y sus seres vivos mediante el proceso evolutivo. Sin embargo, la evolución teísta no resuelve el problema. Los versículos 1 y 2 de Génesis 2 dicen que en el séptimo día Dios acabó su obra de la creación. Tanto la evolución naturalista como la evolución teísta no cumplen con ese requisito bíblico. Por lo tanto, tenemos una opción: podemos aceptar el relato bíblico de los orígenes o el relato científico moderno, pero no podemos aceptar ambos. Son mutuamente excluyentes.
Una creación inmaterial. Todo lo que Dios hizo durante los primeros seis días fue físico: luz, aire, tierra y vegetación; sol, luna y estrellas; pájaros y peces; y animales terrestres y seres humanos. Pero el sábado está hecho de tiempo, no de materia. Los animales son muy conscientes del día y de la noche; pero para ellos, cada día de la semana es como cualquier otro día. No tienen mentes que puedan entender el concepto del sábado. Por lo tanto, Dios hizo el sábado estrictamente para los seres humanos, que tienen la inteligencia para distinguir entre el tiempo que es sagrado y el tiempo que no lo es.
El propósito del sábado. La pregunta entonces es: ¿por qué Dios creó el sábado para los seres humanos? En realidad, él no creó el sábado solo para la raza humana. Dios creó el sábado tanto para sí mismo como para nosotros. Ten en cuenta que Dios es el Dios de las relaciones, y creó a los seres humanos para que ellos pudieran relacionarse con seres inteligentes y, a la vez, que también pudieran relacionarse con él. No hace falta decir que Dios quiere relacionarse con nosotros los otros seis días de la semana, pero creó el sábado como un tiempo especial para que él tuviera una relación más íntima con nosotros. Ese es un pensamiento asombroso: esta Deidad que creó el vasto universo con sus galaxias, soles y planetas anhela una relación íntima con nosotros. Esa es la razón por la cual Dios nos creó y, por eso, apartó el sábado como un día especial de cada semana para profundizar esa relación.
El sábado como tiempo santo. ¿Qué hay en el sábado que lo hace santo? El hecho de que Dios declare el día como santo es parte de la respuesta a la pregunta de arriba. “Dios lo dijo, y yo lo creo, eso lo confirma”. Suficientemente cierto. Pero propongo que la razón principal por la cual el sábado es santo es porque la presencia de Dios está en él. En cualquier momento y en cualquier lugar, Dios está presente, ese tiempo y lugar son sagrados. Por eso, Dios le dijo a Moisés que el terreno alrededor de la zarza ardiente era santo (Éxo. 3:5). Y esto refuerza lo que ya he dicho sobre el sábado: es un momento en el cual Dios se encuentra con nosotros de una manera especial, y es un tiempo para que nos reunamos con él de un modo particular. Entonces, es la presencia de Dios lo que hace que el día de reposo sea santo. Debido a que el sábado es tiempo santo, no hay tierra santa. El sábado es santo en todo el mundo. Dios nos ha dejado crear espacios sagrados con iglesias, templos y catedrales. Cuando construimos estos espacios sagrados, Dios se compromete a encontrarse con nosotros dentro de ellos. De hecho, cada individuo puede crear su propio lugar sagrado donde él o ella puedan encontrarse con Dios en el estudio de la Biblia y la oración.
Las relaciones entre nosotros. El sábado también trata de las relaciones entre los que guardan el sábado. Aquel primer sábado solo había dos personas. Pero Dios hizo el sábado para la raza humana, no solo para Adán y Eva. Esto es evidente en la declaración de Jesús de que “El día de reposo fue hecho por causa del hombre” (Mar. 2:27; énfasis añadido). El plan de Dios era que Adán y Eva tuvieran hijos, y estos tendrían hijos que tendrían más hijos. Pronto el mundo estaría lleno de personas que se reunirían unas con otras y con Dios en el santo sábado.
Algunas se niegan a reunirse con otros el sábado porque dicen que pueden adorar a Dios en su casa. En nuestro mundo quebrantado, a veces hay razones válidas por las cuales una persona aquí y allá no puede reunirse con otros cristianos el sábado. La enfermedad y la vejez son dos de esas razones, y hay otras. Pero cuando somos físicamente capaces de hacerlo, el plan de Dios es que cada observador del sábado se reúna con otros cada sábado para que podamos adorarlo corporativamente.
Me pregunto cómo era el sábado para Adán y Eva antes de que pecaran. Génesis 3:8 sugiere una respuesta. Dice que Adán y Eva “oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día”. Propongo que esto era un acontecimiento diario durante el tiempo de la inocencia de Adán y de Eva. Cada tarde Dios bajaba a la tierra que acababa de crear y se reunía durante una hora o dos con ese primer par de seres humanos porque anhelaba criaturas inteligentes con las que pudiera relacionarse. Creo también que Dios se reunía personalmente con ellos durante todo el día sábado. Y estoy seguro de que muchos ángeles se unieron a ellos.
A veces la vida se vuelve tan ocupada que nos cuesta mucho reservar el tiempo para guardar el sábado. Eso es porque tenemos nuestras prioridades mezcladas. Lo ilustraré con la historia de dos amantes. Antes de que comiencen la relación, sus días están tan llenos de todo tipo de responsabilidades que tienen que rechazar ocasionalmente solicitudes de favores que requerirían más de su tiempo. Pero durante la relación, encontrar el tiempo para pasarlo juntos no es un problema. Con gusto renuncian a todo tipo de obligaciones para poder estar juntos. Ocurre en todo el mundo todos los días: dos personas se conocen, se enamoran y se “hacen” tiempo para estar juntas.
Eso es lo que creo que el sábado significa para Dios. Él deja todo a un lado debido a su anhelo de encontrarse con los seres humanos y comprometerse en esa profunda relación fraternal. Con demasiada frecuencia pensamos en lo que Dios quiere que hagamos el sábado, olvidando lo que Dios quiere hacer en él. ¡Quiere pasar el día con nosotros! ¡Cuán decepcionado debe sentirse cuando nos negamos a encontrarnos con él ese día! Cuán decepcionado se debe sentir cuando convertimos su santo día en meras reglas y ordenanzas sobre lo que debemos y no debemos hacer el sábado. Y cuán decepcionado se debe sentir cuando nos sentamos el sábado por la tarde y charlamos sobre nuestros trabajos y las cosas que planeamos hacer durante la próxima semana. ¡Dios anhela que todo ese tiempo lo pasemos con él!
El compromiso de Dios. En el mundo ideal que Dios creó, los seres humanos y Dios estarían completamente comprometidos a reunirse en el día de reposo. En ese mundo ideal, querríamos encontrarnos con él todo el día. ¡Disfrutaríamos encontrarnos con él todo el día! ¡Esperaríamos con ansiedad que llegue el sábado cada semana! Eso prácticamente ha desaparecido con la mayoría de los observadores del séptimo día en estos días. Nos apresuramos por tratar de exprimir todo el viernes antes del atardecer, y debo confesar que soy tan culpable como cualquier otro observador del sábado.
Entonces, por supuesto, también están las personas que ni siquiera pasan tiempo con Dios en el séptimo día. El domingo es su gran día, y creo que la mayoría de los guardadores del domingo estarían de acuerdo con la opinión de un caballero episcopal que conocí en Uvalde, Texas, cuando pastoreaba allí. Estuvimos charlando en su oficina un día, y la conversación se dirigió al sábado. Expliqué nuestra comprensión adventista del sábado. Cuando terminé, pensó por un momento y luego dijo: “Bueno, me imagino que una vez que salga de la iglesia, el resto del día es mío”. Creo que la mayoría de los guardadores del domingo estarían de acuerdo. Pero esa no es la verdad acerca del sábado. Todo el día es santo, apartado como un tiempo sagrado para que nos reunamos con Dios y con los demás.
Ahora veamos el sábado desde el punto de vista de Dios. Él anhela que los observadores del sábado verdaderamente comprendan el propósito de ese día, que lo tomen en serio y pasen tiempo de calidad con él. Y lo consigue con algunos observadores del sábado. Intento ser uno de ellos, y espero que tú también lo hagas.
Propongo que Dios está absolutamente comprometido a observar esa celebración de aniversario semanal, incluso si nosotros no lo estamos. Y nos da la bienvenida a la celebración a cada uno de nosotros en cualquier momento. ¡El estará ahí! No puedo enfatizar con suficiente firmeza el hecho de que Dios está presente cada séptimo día, incluso si lo ignoramos. Nuestra ausencia no puede determinar su presencia.
Cuando estamos aprendiendo. Yo creo que Dios se regocija aun en nuestros esfuerzos más débiles por tener comunión con él en el sábado. Él nos anima, nos alienta y trata de ayudarnos a entender el verdadero propósito del día. Y disfruta la nueva relación con nosotros.
¿Disfrutas ayudando a personas necesitadas? Personas que no tienen trabajo y necesitan comida para poner en sus mesas. Personas mayores que necesitan que les corten el césped. Jóvenes que necesitan un amigo. Gente deprimida que necesita alguien con quien hablar. Una madre soltera que tiene tres hijos y necesita que alguien los cuide de vez en cuando. A Dios le encanta estar involucrado en ese tipo de cosas también. Él se regocija cuando la gente descubre el sábado, y le encanta ayudarlos a aprender cómo guardarlo. Él se ha comprometido a tener una relación de amor con ellos el sábado, por débil que sea su esfuerzo, y los ayuda a crecer en su comprensión y apreciación de ese día.
Supongamos que no hubiera gente que guardara el sábado en el mundo. Ninguna persona. Propongo que Dios aun así guardaría ese día. Cuando en el principio hizo el sábado, se comprometió a encontrarse con los seres humanos en ese día, lo decidieran o no. Y una vez que Dios hace un compromiso, puedes confiar en que él lo respetará. ¡Dios guarda cada sábado!
Espero que estas reflexiones te ayuden a entender un poco mejor el sábado y a encontrar más significado para guardarlo. Cuando tú y yo entendamos lo que significa el sábado y lo guardemos plenamente, descubriremos que es un poderoso elemento disuasorio para los ataques dirigidos contra nosotros por parte del reino de las tinieblas.
Desdichadamente, como he dicho, la gran mayoría de los seres humanos se han olvidado del séptimo día sábado de la semana, y muchos de los que están conscientes de ello lo ignoran u observan otro día de la semana. Pero el sábado es tan importante para Dios que lo incluyó en su Ley de los Diez Mandamientos. Durante la crisis final, al final de la historia de la Tierra, el reino de las tinieblas convertirá la Ley de Dios en el punto focal de su ataque contra Dios y su pueblo. Apocalipsis 13 dice que la bestia que surge de la tierra “hacía que a todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, se les pusiese una marca en la mano derecha, o en la frente; y que ninguno pudiese comprar o vender, sino el que tuviese la marca o el nombre de la bestia, o el número de su nombre” (vers. 16, 17). Este será el ataque final de Satanás contra la Ley de Dios, su autoridad, y la libertad que él quería que sus amigos humanos experimentaran. Esto será lo opuesto del amor sobre el cual se basan su ley y autoridad.
¡Así de importante es el sábado para Dios!
54 Si no estás familiarizado con el relato bíblico de la Creación, puedes leer sobre ello en los dos primeros capítulos del Génesis.
55 La idea de que el cielo es una sustancia sólida puede haber venido de una declaración en Deuteronomio 28:23 donde Moisés, enumerando las maldiciones que vendrían sobre Israel si rehusaban obedecer a Dios, dijo: “los cielos que están sobre tu cabeza serán de bronce, y la tierra que está debajo de ti, de hierro”. Es casi seguro que Moisés estaba hablando metafóricamente.
56 Esa fue la población mundial en 2017, cuando este libro fue escrito.
57 Dios, siendo Dios, podría haber encontrado otras opciones.
58 La microevolución ocurre. Es la adaptación de plantas y animales ya creados a su entorno. Lo que los creacionistas discuten es la macroevolución; la idea de que una sola célula acaba de desarrollarse en una fuente primordial y que todas las plantas y animales de hoy en día evolucionaron sus características infinitamente complejas a partir de esa sola célula.
59 Aunque se traduce como “acabó, acabados” o “terminado” (NVI), la palabra hebrea es la misma: kalah.
Capítulo 6
El gran divorcio
Trudy estaba encantada cuando Jerry se lo propuso. Ella se sintió tan orgullosa de él mientras caminaba por el pasillo hacia el altar varios meses después. Cuando dijo: “Sí, quiero”, quiso decir cada palabra; las dos, desde el fondo de su corazón. No podía imaginar nada más gratificante que pasar el resto de su vida terrenal con el hombre que tanto había llegado a amar. Su primera noche juntos fue apasionada, más allá de cualquier cosa que ella pudiera haber imaginado. El único problema con su luna de miel en Hawái fue que terminó demasiado pronto.
Las siguientes semanas fueron consumidas con el establecimiento de su nuevo hogar juntos. Se sintió preocupada por algunos de los desacuerdos que tenían, pero los dejó de lado como parte de la adaptación que todas las parejas tienen que pasar una vez que empiezan a vivir juntas. Sin embargo, con el paso del tiempo, los desacuerdos se hicieron cada vez más intensos. Jerry era exigente y controlador. Insistió en que todas sus diferencias se resolvieran a su manera, y el “no” nunca fue una respuesta aceptable. Trudy decidió que tal vez él cambiaría si tuvieran hijos, y ella estaba casi tan emocionada cuando quedó embarazada como lo estuvo cuando Jerry le propuso matrimonio. Parecía más gentil y paciente con ella a medida que progresaba su embarazo, y la alegría en su rostro cuando tuvo a su primer hijo en sus brazos le aseguraba que su relación sería mejor ahora. “Vamos a llamarlo Donald, como mi padre”, dijo. Trudy estuvo de acuerdo.
Lamentablemente, la tensión pronto regresó. Donald, o Donny, como lo llamaban, era un bebé inquieto y a menudo se despertaba llorando a medianoche. Esto molestaba a Jerry. Se revolcaba en la cama y le decía a Trudy que se encargara del problema. Jerry se enojaba cada vez que Donny se quejaba o lloraba durante el día. Trudy trató de explicar que Donny era solo un bebé, pero esto parecía hacer a Jerry aún más temperamental. Acusó a Trudy de ser una madre no apta porque, como él dijo, ella no sabía consolar a Donny. El nacimiento de Cindy, dos años después, solo intensificó la tensión. Para entonces, Jerry estaba bebiendo mucho, y pasó de “simples” quejas a acusaciones amargas, no solo contra Trudy, sino también contra los niños. A veces, hacía berrinches como un niño de dos años.
Trudy sintió que se acercaba una separación entre ambos. El día en que Jerry abofeteó a Donny para que dejara de llorar, ella supo que tenía que hacer algo. Ella les dijo a sus padres lo que había sucedido, y ellos insistieron en que tomara a los niños y se fueran a vivir con ellos. También le recomendaron un buen abogado. Seis meses después, el divorcio fue definitivo. El matrimonio que comenzó tan felizmente había terminado.60
En cierto sentido, el divorcio no es bíblico. Jesús dijo que Moisés lo concedió solo “por la dureza de vuestro corazón [...]; mas al principio no fue así” (Mat. 19:8). Desafortunadamente, la misma dureza de corazón que existió durante el tiempo de Moisés todavía existe con mucha gente hoy en día, incluyendo a los cristianos. A veces una situación intolerable tiene que terminar. Pregúntale a Dios. Pregúntale a Cristo. Pregúntale a los ángeles. Estarán de acuerdo. ¿Por qué? Porque eso es lo que pasó en el cielo. En los capítulos sobre el reino de las tinieblas, repasamos lo que la Biblia y Elena de White tenían que decir sobre los celos de Lucifer por Cristo y su ambición de tomar el lugar de Cristo. Finalmente llegó el momento en que la ruptura de la armonía del cielo fue tan severa y la rebelión de Satanás, que la estaba causando, se hizo tan intensa que una separación entre ambos lados era inevitable.
Apocalipsis 12:7 al 9 es el único lugar en la Biblia que habla de una guerra en el cielo entre Cristo y Satanás y sus ángeles. El contexto de ese pasaje es la victoria de Cristo sobre Satanás en la Cruz, no la guerra en el cielo antes de la creación del mundo. El versículo 10 dice: “Ahora ha venido la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo; porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche”.
Estoy de acuerdo en que la aplicación primaria de estas palabras es la derrota de Cristo de Satanás en la cruz [del Calvario]. Fue entonces cuando se aseguró el plan de salvación.
Sin embargo, muchos cristianos, incluyendo a los adventistas, también aplican la descripción de Apocalipsis de la guerra entre Miguel y Satanás al conflicto en el cielo en el momento de la rebelión original de Lucifer, y también estoy de acuerdo con esa conclusión. En toda referencia a Apocalipsis 12:7 al 9 en los escritos de Elena de White, aplican estos versículos a la caída de Lucifer y de sus ángeles del cielo. Hablando de la interpretación de estos versículos, el Comentario bíblico adventista dice: “Aunque el revelador se está enfocando primordialmente sobre el punto culminante del conflicto, que tuvo lugar en la cruz, la frase ‘hubo guerra en el cielo’ también puede entenderse como que se refiere al tiempo anterior a la creación de la tierra, cuando la hostilidad del dragón comenzó porque Lucifer aspiraba a ser semejante a Dios”.61
La guerra original en el cielo es el centro de este capítulo.
Interrogantes
Tengo curiosidad por saber más sobre los detalles de ese conflicto. Por eso estoy deseando conocer a mi ángel de la guarda cuando llegue al cielo. Tengo varias preguntas que quiero hacerle sobre Lucifer. ¿Cuándo se dio cuenta mi ángel de que algo andaba mal? ¿Qué dijo Lucifer, o qué hizo, que causó que esa primera alarma sonara en la mente de mi ángel? También quiero saber más sobre cómo se desarrolló dicho conflicto. Tal vez mi ángel me muestre una película que cuente toda la triste historia de la creciente desafección de Lucifer contra Cristo, cómo se ganó la simpatía de más y más ángeles, y cómo mi ángel y sus amigos trataron de razonar con Lucifer y sus seguidores suplicándoles que abandonaran su rebelión. ¿Han logrado redimir a alguno de estos ángeles? Quién sabe, tal vez mi ángel guardián fue uno de los que fueron influenciados por Lucifer al principio y luego volvió su lealtad a Cristo. Pero todo el esfuerzo de los ángeles leales de Cristo fracasó en su intento de persuadir a Lucifer y a sus seguidores más devotos a abandonar su rebelión.
Otra pregunta interesante que podemos hacer sobre la guerra en el cielo es quién la inició. ¿Quién hizo el primer movimiento? ¿Quién fue el primero en atacar, Dios o Lucifer? La Biblia no responde esta pregunta. La Nueva Versión Internacional de la Biblia dice que Satanás y sus ángeles “les hicieron frente” (Apoc. 12:7), lo que sugiere que Miguel y sus ángeles iniciaron la batalla, y Satanás y sus ángeles respondieron. Sin embargo, las palabras “hacer frente” no están en el original. El griego simplemente dice que “Satanás y sus ángeles lucharon”. Pero la inspiración divina no nos deja en la oscuridad con esta pregunta. Elena de White nos dio la respuesta en su libro El conflicto de los siglos. Ella escribió: “Dios, en su sabiduría, permitió que Satanás prosiguiese su obra hasta que el espíritu de desafecto madurase en una rebelión activa. Era necesario que sus planes se desarrollaran por completo para que su naturaleza y tendencia quedaran a la vista de todos”.62
Cuando suficientes ángeles del cielo se alinearon con Lucifer en su rebelión, él resolvió que podía ganar. En ese punto, él inició la guerra, y Dios respondió. Así es como entiendo el comienzo de la guerra en el cielo.
También tengo una pregunta para mi ángel sobre la naturaleza de dicha guerra. ¿Fue solo una guerra de palabras, o fue en algún sentido física? Y si era física, ¿qué armas usaron los dos grupos? Cristo y sus ángeles leales tuvieron que usar algún tipo de fuerza para expulsar a Lucifer y sus ángeles del cielo. ¿Cuál fue?
En su libro La revelación de Jesucristo, Ranko Stefanovic dice: “La batalla que libraron debe entenderse como verbal en lugar de física”.63 Estoy de acuerdo en que, durante el tiempo de Cristo en la Tierra, no se produjo una batalla campal con él y sus ángeles, por un lado, y Satanás y sus ángeles, por el otro. Sin embargo, las batallas verbales a menudo terminan como batallas físicas, y hubo un sentido en el que la batalla entre Cristo y Satanás se volvió física incluso durante el tiempo de Cristo en la Tierra. Satanás se encargó de que Jesús fuera abofeteado y azotado, de que una corona de espinas fuese colocada sobre su cabeza y, finalmente, de que él fuera crucificado. Todo esto es físico, no solo verbal y espiritual. La guerra en el cielo que comenzó con palabras se volvió violenta en cierto sentido. Y eso es lo que quiero que mi ángel me explique. ¿Cuál fue la naturaleza de la guerra? Creo que fue en parte física, si podemos referirnos a una guerra física entre ángeles cuando la Biblia se refiere a ellos como “espíritus ministradores” (Heb. 1:14; énfasis añadido).
Estuve discutiendo estos temas una vez con un grupo de amigos, y les pregunté cómo pensaban que Satanás y sus ángeles fueron expulsados del cielo. La opinión general era que Dios usó su poder sobrenatural y, pronto, los ángeles malvados se encontraron en el planeta Tierra. Sin embargo, señalé que Apocalipsis 12:7 dice que “Miguel y sus ángeles combatieron al dragón; este y sus ángeles, a su vez, les hicieron frente” (NVI; énfasis añadido). En otras palabras, hubo una especie de batalla campal en la cual los ángeles de Miguel estuvieron involucrados en expulsar del cielo a Satanás y a sus ángeles malvados. Hablando de esta guerra celestial, Elena de White escribió que “los ángeles se involucraron en la batalla; Satanás quería vencer al Hijo de Dios y a quienes eran sumisos a su voluntad. Pero prevalecieron los ángeles buenos y fieles, y Satanás, con sus seguidores, fue expulsado del Cielo”.64 Nota las palabras que usó Elena de White: “los ángeles se empeñaron en batalla”; “los ángeles buenos y verdaderos prevalecieron”; y “Satanás, con sus seguidores, fue expulsado del cielo”. Los ángeles estuvieron involucrados en el conflicto. Quiero aprender más sobre cómo sucedió eso.
La reacción de Satanás al perder la guerra
Como era de esperar -afortunadamente-, Satanás perdió y fue expulsado del cielo. La siguiente vez que aparece en la Biblia, está tentando a Eva junto al árbol del conocimiento del bien y del mal en el Edén. Sin embargo, en el libro La historia de la redención, Elena de White dedica un capítulo entero a la reacción inmediata de Satanás ante la pérdida de la guerra celestial. Ella cuenta una historia interesante.
“Satanás quedó sorprendido con su nueva condición. Su felicidad se había disipado. Contempló a los ángeles que como él habían sido tan felices, pero que habían sido expulsados del Cielo con él. Antes de su caída ni una sombra de descontento había malogrado su perfecta felicidad. Ahora todo parecía haber cambiado. Los rostros que habían reflejado la imagen de su Hacedor manifestaban ahora melancolía y desesperación. Entre ellos había continua discordia y acerbas recriminaciones [...]. Satanás [...] se estremeció, y tuvo miedo de enfrentar el futuro [...].
“¿Dónde está él? ¿No es acaso todo esto un horrible sueño? ¿Fue expulsado del cielo? ¿Nunca más se abrirán sus puertas para permitirle entrar? [...]. Si pudiera volver a ser como cuando era puro, fiel y leal, de buena gana abandonaría sus pretensiones de autoridad. ¡Pero estaba perdido, más allá de toda redención, a causa de su presuntuosa rebelión!”65
La realidad finalmente comenzaba a manifestarse en Satanás. Tanto Miguel como los ángeles que le eran leales le habían advertido a Lucifer de lo que sucedería si persistía en su rebelión, pero en su orgullo y arrogancia pensó que podría conquistar a Miguel y tomar su lugar como la máxima autoridad angelical en el cielo. Él tuvo la oportunidad de ganar, y perdió; ahora estaba sintiendo esa pérdida. Él quería volver. Elena de White escribió: “Y eso no era todo; había inducido a otros a rebelarse y los había arrastrado a su propia condición: a ángeles que nunca habían pensado poner en tela de juicio la voluntad del Cielo o dejar de obedecer la Ley de Dios hasta que él introdujo esas ideas en sus mentes al presentarles la posibilidad de disfrutar de mayores bienes, y de una libertad más elevada y gloriosa. Por medio de ese sofisma los engañó. Descansaba entonces sobre él una responsabilidad de la que le hubiera gustado liberarse”.66
Dios creó tanto a los ángeles como a los seres humanos con un sentido moral y una conciencia, y Satanás no la perdió completamente cuando se rebeló y fue arrojado del cielo. Ahora ese sentido moral estaba activado, y se sentía culpable. Parece extraño pensar que Satanás tiene conciencia y siente pesar por el daño que ha causado a otros. Podemos asumir con seguridad que, después de seis mil años, ha comprometido tanto su conciencia que poco o nada queda de ella. Pero inmediatamente después de perder su lugar en el cielo, gran parte de ello aún permanecía en su mente. Elena de White continúa su descripción:
“Satanás tembló al contemplar su obra. Meditaba a solas en el pasado, el presente y sus planes para el futuro. Su poderosa contextura temblaba como si fuera sacudida por una tempestad. Entonces pasó un ángel del cielo. Lo llamó y le suplicó que le consiguiera una entrevista con Cristo. Le fue concedida. Entonces le dijo al Hijo de Dios que se había arrepentido de su rebelión y deseaba obtener nuevamente el favor de Dios. Deseaba ocupar el lugar que Dios le había asignado previamente, y permanecer bajo su sabia dirección. Cristo lloró ante la desgracia de Satanás, pero le dijo, comunicándole la decisión de Dios, que nunca más sería recibido en el cielo, pues este no podía ser expuesto al peligro. Todo el cielo se malograría si se lo recibía otra vez, porque el pecado y la rebelión se habían originado en él. Las semillas de la rebelión todavía estaban dentro de él”.67
Si soy fumador de toda la vida y tengo cáncer de pulmón inoperable a la edad de 72 años, Dios no me va a sanar de algo que fue el resultado de las decisiones que tomé durante la mayor parte de mi vida. Dios nos presenta evidencia, y somos libres de aceptarla o rechazarla, pero también tenemos que vivir con los resultados de nuestras elecciones.
Es lo mismo en el área de la moralidad y la lealtad o deslealtad a Dios. Durante un tiempo considerablemente largo en el cielo, Lucifer y sus ángeles tomaron decisiones que moldearon sus pensamientos y sus mentes hasta el punto de que el efecto no podía ser revertido. Elena de White continuó explicando por qué Satanás no podía cambiar:
“No se arrepintió de su rebelión porque había visto la bondad de Dios, de la cual había abusado. No era posible que su amor por Dios hubiera aumentado tanto desde la caída como para conducirlo a una gozosa sumisión y una obediencia feliz a su ley, que había sido despreciada. La desgracia que experimentaba al haber perdido la dulce luz del Cielo, el sentimiento de culpa que lo oprimía y la desilusión que experimentó al ver que sus esperanzas resultaban fallidas, eran la causa de su dolor. Ser comandante fuera del cielo era muy diferente que gozar de ese honor en él. La pérdida de todos los privilegios que había tenido en el cielo le pareció demasiado grande como para soportarla. Deseaba recuperarlos”.68
El arrepentimiento de Satanás no fue genuino. El verdadero arrepentimiento lo habría llevado a reconocer que sus sentimientos hacia Miguel estaban equivocados. Habría reconocido sus sentimientos de celos y odio por lo que realmente eran, y se habría arrepentido de ellos. Como dijo Elena de White: “El tremendo cambio que se había operado en su situación [la de Satanás] no había aumentado su amor a Dios, ni a su sabia y justa Ley”.69 La mejor evidencia de esto es que “cuando Satanás se convenció plenamente de que no había posibilidad alguna de recuperar el favor de Dios, manifestó su maldad con odio acrecentado y ardiente vehemencia”.70 Si su arrepentimiento hubiera sido genuino, su odio no se habría reavivado.
Esta es una lección profunda para nosotros. El cáncer de pulmón terminal que resulta de nuestra decisión de fumar durante toda nuestra vida adulta no se puede revertir; y el cáncer espiritual en nuestra mente, que es el resultado de una vida de elecciones pecaminosas, tampoco se puede revertir. Tenemos que vivir y morir con los resultados de nuestras elecciones, tanto físicas como espirituales. Sin embargo, hay una gran diferencia. Si aceptamos a Jesús como nuestro Salvador hoy, en su segunda venida él revertirá los resultados de nuestras elecciones físicas; pero más allá de un momento dado, nuestras elecciones espirituales están aseguradas para la eternidad.
60 Esta historia es de la vida real. Ha sucedido una y otra vez a lo largo de los milenios de la historia.
61 Francis D. Nichol, ed., Comentario bíblico adventista del séptimo día (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 1996), t. 7, p. 824.
62 El conflicto de los siglos, p. 551.
63 Ranko Stefanovic, Revelation of Jesus Christ, 2a ed. (Berrien Springs, MI: Andrews University Press, 2009), p. 395.
64 Primeros escritos, p. 178.
65 La historia de la redención, pp. 26, 27.
66 Ibíd., p. 27, 28.
67 Ibíd., p. 28.
68 Ibíd., p. 29.
69 Ibíd.
70 Ibíd.
Capítulo 7
El reino de las tinieblas llega a la Tierra
Tengo un amigo al que llamaré David. David trabaja en una tienda de alimentos naturales en Caldwell, Idaho, donde vivo, y voy todos los meses. No es cristiano, pero le gusta discutir cuestiones religiosas. Así que, siempre que tengo un poco de tiempo extra y él no está ocupado con otros clientes, pasamos algún tiempo charlando. Durante una sesión reciente, la gran pregunta fue sobre el problema de Dios, el mal y el sufrimiento. Esta es sin duda la cuestión más apremiante en toda la teología cristiana. ¿Por qué Dios creó al diablo? ¿Y por qué tuvo que arrojarlo a nuestro planeta? Con todos los otros miles de millones, y tal vez billones, de planetas que deben existir en el universo, ¿por qué Dios tuvo que escoger el nuestro como la prisión de Satanás? ¿Por qué no puso a Satanás y a sus asociados rebeldes en algún planeta deshabitado donde pudieran consumir los años por sí mismos, en vez de sumir a nuestro mundo en más de seis mil años de agonía? David y yo charlamos durante veinte o treinta minutos, pero no pude darle una respuesta que lo satisficiera.
Lamentablemente, los escritores de la Biblia no respondieron a esta pregunta; en parte, sospecho, porque nunca se les habría ocurrido preguntarlo. No tenían idea de que el universo contiene miles de millones de galaxias y billones de estrellas, sistemas solares y planetas. Hoy sabemos esto, así que, tiene sentido para nosotros preguntarnos por qué Satanás y sus ángeles no fueron enviados a un planeta deshabitado. Creo que hay una muy buena respuesta a esa pregunta.
Comenzaré respondiendo con una cita del libro Primeros escritos, de Elena de White. “Pero cuando Dios dijo a su Hijo: ‘Hagamos al hombre a nuestra imagen’ (Gén. 1:26), Satanás sintió celos de Jesús. Deseaba que se lo consultase con respecto a la formación del hombre, y porque no fue consultado, se llenó de envidia, celos y odio”.71 Tendríamos que esperar la vida futura para estar seguros, pero sospecho que una de las razones por las cuales Dios echo a Satanás y a sus ángeles a nuestro mundo es que Satanás exigió ser enviado aquí, y Dios accedió a su petición. Estaba enojado porque lo dejaron fuera del plan para la creación de nuestro planeta, y quería vengarse al venir aquí y tomar lo que le pertenecía a Dios.
Por supuesto, Dios pudo haber negado tal petición. Después de todo, ¿por qué querría poner en peligro su preciosa nueva creación de seres humanos? En nuestro mundo, protegemos nuestras obras de arte. Tenemos leyes de derechos de autor que impiden que otros se apropien de nuestros escritos y obras de arte. En el caso de las obras muy valiosas, las colocamos en museos, y a veces incluso en vitrinas, donde la gente puede verlas, pero no tocarlas. Entonces, ¿por qué Dios no protegió a su nueva creación del ataque de Satanás?
En respuesta a esta pregunta, señalaré que el arte creativo de Dios al hacer a los seres humanos era muy diferente de los objetos inanimados que nosotros creamos. Él no podía protegerlos del conflicto entre el bien y el mal de la manera en que protegemos nuestras obras de arte sin violar una de las partes más preciosas de su “obra de arte”. Dios dio a la raza humana recién creada la misma inteligencia y libertad de elección que les había dado a los ángeles cuando los creó.
“Dios sabía que una rebelión [de Satanás] tan decidida no permanecería inactiva [...]. Procuraría destruir la felicidad de Adán y Eva. Trataría de incitarlos a la rebelión, con plena conciencia de que eso produciría tristeza en el Cielo”.72 Por extraño que pueda parecer, Satanás tuvo dificultades para tomar esa decisión. Solemos pensar en Satanás como un ser totalmente depravado que se deleita en infligir tanto dolor y sufrimiento a los seres humanos como sea posible, y no tengo ninguna duda de que es una evaluación correcta de él hoy en día. Sin embargo, nadie se vuelve totalmente perverso en una fracción de segundo. Aquellos que eligen seguir sus sentimientos rebeldes se transforman gradualmente en perversos. Durante las primeras etapas de su rebelión, Satanás no se degradó totalmente. Elena de White dijo que él todavía tenía suficiente conciencia en el momento en que fue echado del cielo para que se estremeciera “al pensar en sumergir a la santa y feliz pareja en la miseria y el remordimiento que él mismo debía soportar. Parecía indeciso: a veces, firme y resuelto; otras, dubitativo y vacilante”.73 A pesar de todo, tomó la decisión de desviar su hostilidad que tenía hacía Cristo, y se enfocó en Adán y Eva. Y tenía un par de razones interesantes para hacerlo.
Intentar manipular a Dios
El plan original de Satanás era manipular a Dios para que le permitiera a él y a sus seguidores regresar al cielo. Habiendo estado en la presencia de Dios por muchos años, estaba muy familiarizado con su naturaleza amorosa, y pensó que “si de alguna manera podía inducirlos a desobedecer, Dios haría algo para perdonarlos; entonces él y todos los ángeles caídos dispondrían de una buena oportunidad para compartir con ellos la misericordia de Dios”.74 Esta fue la estrategia de Satanás para manipular a Dios y permitir que él y sus malvados compañeros regresaran al cielo. ¿Increíble? ¡Absolutamente! Pero eso es lo que sucede cuando permitimos que nuestros sentimientos dominen nuestra mente. Nuestro pensamiento se arruina.
Satanás también sabía que “si fallaban, desaparecería toda perspectiva de recuperar el cielo y controlarlo, o cualquier otra parte de la creación de Dios”.75 ¡Qué pensamiento tan perverso! Satanás estaba planeando una estrategia no solo para recuperar su entrada de regreso al cielo, ¡esperaba que cuando llegara allí pudiese controlar el cielo! Eso tiene tanto sentido como el que yo trate de encontrar una manera de controlar al gobierno de los Estados Unidos, o incluso al gobierno de mi ciudad local. Satanás no entendía que él y sus ángeles no estaban totalmente preparados para la comunidad celestial. Esa es una de las consecuencias de permitir que nuestros sentimientos controlen nuestro pensamiento. Esto distorsiona nuestra percepción de la realidad. Y después de un tiempo, nuestro pensamiento deformado y pecaminoso se vuelve tan fijo en nuestras mentes que no puede ser revertido. Como señaló Elena de White, Dios no podía permitir que Satanás volviera al cielo porque “las semillas de la rebelión todavía estaban dentro de él”.76
Pero volvamos a Satanás y su plan de manipular a Dios. Su primer objetivo fue tentar a Adán y a Eva para que desobedecieran a Dios y luego contar con su perdón. Si eso sucediera, él asumió que, con toda justicia, Dios se vería obligado a dispensar el mismo perdón para él y sus malvados seguidores. Como dije, esta fue la primera estrategia de Satanás para manipular a Dios.
Sin embargo, en caso de que eso no funcionara, tenía un plan B: “Una vez que [Adán y Eva] hubieran transgredido la ley de Dios estarían sometidos a la ira divina lo mismo que ellos [Satanás y sus seguidores]. Su transgresión [de Adán y Eva] también los pondría a ellos en estado de rebelión, y [Satanás y sus seguidores] podrían unirse con Adán y Eva para tomar posesión del Edén y establecer allí su morada. Y si lograban tener acceso al árbol de la vida que estaba en medio del jardín, su fortaleza sería, según ellos, igual a la de los ángeles santos, y ni Dios mismo podría expulsarlos de allí”.77
Este fue el plan B de Satanás para manipular a Dios.
Lo que Satanás quería era un territorio habitado por seres inteligentes sobre los cuales él pudiera gobernar. Su esfuerzo inicial había sido conquistar el cielo y controlar a sus habitantes. Al fracasar ese plan, dirigió su atención a obtener el control del planeta Tierra. Como sabemos, tuvo demasiado éxito. Durante los últimos seis mil años, más o menos, ha sido “el dios de este mundo” (2 Cor. 4:4). Sin embargo, Dios superó a Satanás. Le concedió un período de tiempo para gobernar sobre nuestro mundo, pero su gobierno terminará algún día con la batalla del Armagedón. Pero eso es adelantarse a nuestra historia.
Satanás sube a sus ángeles a bordo
Habiendo ideado una estrategia, Satanás convocó una reunión con sus seguidores y compartió su plan con ellos. Escucharon, pero “no todos estaban listos para unirse con el fin de llevar a cabo ese arriesgado y terrible plan”.78 Después de haber pasado cientos, y quizá miles, de años en el cielo, estaban muy conscientes de la sabiduría y el poder de Dios, y dudaban de que Satanás lograra contar con el apoyo de Adán y de Eva. Así que, Satanás les dijo que quería que “consideraran el asunto mientras él los dejaba con el fin de estar solo para madurar sus planes. Trató de convencerlos de que esa era su única y su última esperanza”.79
Satanás estaba muy consciente del riesgo que estaba tomando. “Temía que sus propósitos no se cumplieran”, y “aunque tuviera éxito al inducir a Adán y a Eva a desobedecer los mandamientos de Dios [...] de todo ello él no recibía ningún beneficio, su propia situación no mejoraría; su culpa, en cambio solo aumentaría”. Y, como señalé hace un momento, él “se estremeció al pensar en sumergir a la santa y feliz pareja en la miseria y el remordimiento que él mismo debía soportar. Parecía indeciso: a veces firme y resuelto, otras dubitativo y vacilante”.80 A nosotros nos resulta fácil pensar que cuando Dios echó a Satanás del cielo, lo siguiente que hizo Satanás fue tentar audazmente a Adán y Eva. No obstante, Elena de White nos ayuda a entender que a Satanás le costó mucho tomar esa decisión.
Sin embargo, mientras Satanás reflexionaba sobre qué hacer, sus ángeles lo buscaban “para informarle acerca de la decisión que habían tomado. Se unirían a Satanás en sus planes, para compartir con él la responsabilidad y las consecuencias”. Con esto, “Satanás ahuyentó sus sentimientos de desesperación y flaqueza y, como dirigente de ellos, se revistió de valor con el fin de afrontar la situación y hacer todo cuanto estuviera a su alcance para desafiar la autoridad de Dios y de su Hijo”.81
Dios sube a sus ángeles a bordo
Inmediatamente Dios “reunió a la hueste angélica para tomar medidas con el fin de evitar el mal que amenazaba”.82 Para entonces, estoy seguro de que la Trinidad había celebrado su propia reunión para decidir cómo responder a la decisión de Satanás y de sus ángeles malvados de tentar a Adán y a Eva, y encuentro muy significativo que una de las acciones que tomaron fue involucrar a los ángeles del cielo en la trama de proteger a Adán y a Eva de Satanás. Dios creó seres inteligentes, tanto ángeles como humanos, que pueden pensar, razonar y tomar acción sobre lo que conocen. Y la Trinidad no dejó a sus inteligentes ángeles sentados sin nada que hacer. En este particular caso, la Trinidad involucró a los ángeles de dos maneras. Primero, en el desarrollo del plan para proteger a Adán y a Eva de Satanás. Segundo, les dieron responsabilidades para ayudar a llevar a cabo dicho plan.
Sabemos que, después de la creación de Adán, “mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás” (Gén. 2:16, 17). Las dos palabras hebreas para “Jehová Dios” son Yahweh Elohim. La traducción en castellano de Yahweh es “Jehová”, que es Dios en el sentido más elevado; mientras que la traducción de Elohim es “Dios”, en plural.
La declaración bíblica de que Jehová ordenó a Adán que no comiera del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal revela lo que a primera vista parece ser una aparente contradicción de un comentario de Elena de White. Ella dijo que una de las decisiones del concilio celestial fue que los ángeles visitaran el Edén para “advertir a Adán que estaba en peligro por la presencia del enemigo. Dos ángeles se apresuraron a visitar a nuestros primeros padres”.83 ¿Fue Dios o los ángeles quienes advirtieron a Adán y a Eva?
Una solución simple a este problema es señalar que fue Jehová Dios quien ordenó a Adán que no comiera el fruto del árbol. Sin embargo, la conversación de los ángeles con la pareja edénica fue en respuesta a la orden de Dios. Se les dijo que compartieran con Adán y Eva “la triste historia de la rebelión y la caída de Satanás”. Ellos fueron a informarles a Adán y a Eva que “Satanás se había propuesto hacerles daño, y que era necesario que los protegieran, porque podrían llegar a relacionarse con el adversario caído”.84 Por lo tanto, no hay contradicción entre las declaraciones de la Biblia y las de Elena de White. Dios le dio a Adán la orden. Los ángeles siguieron con la historia de la rebelión de Satanás y con una advertencia para que Adán y Eva estuvieran en guardia contra él.
Adán y Eva se unen a Satanás
Una vez que Satanás decidió involucrar a Adán y a Eva, y a toda la raza humana, en la misma miseria que estaba experimentando, planificó su estrategia cuidadosamente. Sabía que “Si se acercaba audazmente a Adán y a Eva para quejarse del unigénito Hijo de Dios, no lo escucharían en absoluto; por el contrario, estarían preparados para repeler ese ataque. Si tratara de intimidarlos con su poder –hasta hacía poco había sido un ángel provisto de gran autoridad–, tampoco podría lograr nada. Decidió que la astucia y el engaño lograrían lo que no fuera posible por la fuerza”.85
Ya que el único lugar donde podía contactar a Adán y a Eva era en el árbol del conocimiento del bien y del mal, Satanás probablemente tuvo que esperar algún tiempo para tener la oportunidad de acercarse a ellos. En ocasiones, suelen preguntarme cuánto tiempo estuvieron Adán y Eva en el Edén antes de caer, y una respuesta simple es que no tengo idea. Lo más cercano que la Biblia llega a contestar esa pregunta es que el hijo de Adán y Eva, Set, nació cuando Adán tenía 130 años (Gén. 5:3), y para entonces Caín y Abel, y quién sabe cuántos otros niños, también habían nacido. Adán y Eva pudieron haber estado en el Edén solo unas pocas semanas o meses antes de su caída. Por mucho tiempo que fuera, Satanás sin duda pasó una cantidad significativa de su tiempo observando a la pareja antes de concretar su estrategia. Probablemente, desde el principio, decidió acercarse a uno solo, y tuvo que pasar un tiempo observándolos para decidir a cuál atacar. Entonces, una vez que decidió que Eva sería su objetivo, puede que haya tenido que sentarse en el árbol del conocimiento del bien y del mal por quién sabe cuánto tiempo, esperando a que se paseara sola.86
¡Entonces, un día sucedió! Eva se acercó al árbol, sola. ¡Esta era la oportunidad de Satanás! Puedo imaginarme que su corazón se detuvo un instante (asumiendo que los ángeles tienen corazón como los seres humanos). Rápidamente encontró una serpiente (o tal vez ella la estaba esperando) y entró en ella. Respiró hondo y dejó que Eva se detuviese un poco, admirando el árbol y preguntándose por qué Dios les dijo que no comieran de su fruto. Entonces hizo su jugada.
Hay que reconocérselo a Satanás. Era muy sutil y muy inteligente, y la forma en que se acercó a Eva muestra que, de hecho, pasó bastante tiempo en la planificación cuidadosa. Apareció disfrazado de serpiente, de la que había tomado posesión. Hablando a través de la serpiente, Satanás dijo:
–Hola, Eva.87
Probablemente ella se giró y miró hacia un lado y al otro, tratando de descubrir de dónde venía la voz. Satanás pudo haber tenido que hablarle varias veces:
–Aquí arriba, Eva, en el árbol. Soy yo, la serpiente en el árbol.
¡Eso llamó su atención! Tal vez pensó: Mmm, una serpiente parlante... ¡Qué inusual!
Esto también debió de ser una advertencia para Eva de que algo no estaba bien. Sin embargo, ten en mente que Adán y Eva todavía estaban descubriendo muchas cosas acerca de su nuevo mundo. Así que, mientras que la idea de una serpiente parlante habría impresionado a Eva como algo inusual, ella probablemente llegó a la conclusión de que quizás era así como Dios había creado a las serpientes, y eso despertó su curiosidad. Satanás planeó cuidadosamente su estrategia para evitar que las campanas de advertencia sonaran en la mente de Eva, y así despertara su curiosidad. Y funcionó. En vez de huir, Eva se quedó y escuchó. ¡Victoria número uno para Satanás!
Luego trabajó la siguiente parte de su estrategia. Hizo una pregunta: “¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?” (Gén. 3:1; énfasis añadido). Observa que Satanás no comenzó preguntando: “¿Dios les dijo que no debían comer de este árbol?” Él sabía perfectamente bien que eso era lo que Dios había dicho. Pero su estrategia en ese momento era simplemente involucrar a Eva en una conversación, así que, le hizo una pregunta sabiendo que la respuesta sería “no”, porque sería más probable que ella corrigiera su malentendido. Él quería que ella hablara, así que, hizo que ella le contara lo que Dios había dicho.
Cayó en la trampa. Ella respondió: “Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni lo tocaréis, para que no muráis” (vers. 2, 3).
Satanás consiguió lo que quería. Consiguió que ella hablara con él. Ahora era el momento de la mentira. Él dijo: “No moriréis” (vers. 4). Dios había dicho que morirían. Satanás dijo: “No moriréis”. El enemigo continuó diciendo una verdad a medias: “Sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal” (vers. 5). La verdad era que si comía el fruto sería como Dios en cuanto a conocer el bien y el mal. Lo que no le dijo es que el conocimiento del mal los angustiaría a ella y a su esposo.
Al decir que ella sería como Dios, Satanás también sugirió que al comer el fruto entraría en un estado de existencia más elevado que el que Dios le había dado. Esa es la misma tentación que hizo que Satanás fuera echado del cielo. Él codiciaba la posición y la autoridad de Cristo, que eran más altas que las suyas.
Inmediatamente después de comer del fruto, Eva “imaginó que sentía el poder vivificante de una nueva y elevada existencia como resultado de la influencia estimulante del fruto prohibido”.88 Entonces, “en un estado de excitación extraña y antinatural [...] buscó a su esposo con las manos llenas del fruto prohibido”.89 Me imagino su entusiasmo.
–¡Adán! ¡Adán! ¡Mira lo que tengo! Este es el fruto del árbol del que Dios dijo que no debíamos comer. Pero, Adán, lo comí y me siento de maravilla. Toma, pruébalo. ¡Te gustará!
Imaginemos que Adán estaba recortando algunas cepas que se aferraban a un árbol. Cuando escuchó la voz emocionada de su amada esposa, se volvió hacia ella expectante, con una amplia sonrisa en su rostro. Pero luego escuchó sus palabras, y su corazón se detuvo. Por primera vez en su vida, sintió miedo; más que miedo, pánico.
–¡Cariño, no lo hiciste! Oh, Eva, ¿cómo pudiste? Cariño, Dios dijo: “¡No!”
–Pero, Adán, mírame. Todavía estoy viva, ¡y me siento tan bien!
–¿Por qué?, si Dios dijo que no debíamos comer esa fruta. Oh, cariño, ¿por qué te dejé salir de mi lado cuando los ángeles nos advirtieron que permanezcamos juntos?
–Adán, escúchame. La serpiente comió de la fruta, y no le dolió. Además, dijo que, si comemos la fruta, ¡llegaremos a ser como Dios! Oh, Adán, ¡prueba un poco!
Ella le dio un pedazo. Adán tomó la fruta y miró a Eva, miró a la fruta y luego a Eva.
–¡Oh, Eva, no puedo! Dios dijo que no.
Eva frunció el ceño y dijo:
–¡Así que no me crees!
Una expresión de angustia marcó el rostro de Adán, y su voz se quebró:
–Cariño, te creo cuando dices que una serpiente te habló y te hizo comer la fruta. ¡Pero te la comiste cuando Dios dijo que no lo hiciéramos!
Miró a Eva con una expresión desconsolada y con el gran amor que sentía por ella. Luego miró la fruta, a Eva y luego a la fruta otra vez.
–De acuerdo –dijo–, si mueres, moriré contigo.
Él tomó un bocado.
–Mmm... ¡Sabe bien! ¡Y me siento genial!
–Cariño, te lo dije. Así me sentí cuando comí la fruta. Me pregunto por qué Dios nos dijo que no comiéramos, cuando nos hace sentir tan bien.
Adán puso un brazo alrededor de Eva.
–Le contaremos a Dios cuando venga esta noche y le haremos esa pregunta.
Justo en ese momento sopló una leve brisa, y Adán sostuvo a Eva un poco más cerca.
–Cariño, siento un poco de frío. Busquemos un lugar agradable y soleado donde podamos sentarnos y calentarnos.
Encontraron una loma cubierta de hierba y se sentaron. Enterrados en sus propios pensamientos, ninguno de ellos habló por un tiempo. Finalmente, Adán rompió el silencio.
–Me pregunto qué dirá Dios.
Eva vaciló por un momento.
–Me estoy preguntando lo mismo...
Se sentaron en silencio por algunos minutos más, y luego Eva comenzó a llorar.
–¡Adán, tengo miedo!
–Yo también –dijo Adán asintiendo con la cabeza.
De repente, Adán se enderezó y se puso de pie.
–¡Eva, mírate! ¡Te ves igual que anoche cuando hicimos el amor!
Eva miró su cuerpo de arriba abajo y luego miró a Adán con una mirada de asombro en su rostro.
–Pero, pero, pero, Adán, ¡tú también!
Adán se miró a sí mismo y gritó:
–Oh, Eva, ¿qué hemos hecho? No podemos enfrentarnos a Dios esta noche luciendo desnudos. ¿Qué vamos a hacer?
Eva guardó silencio por un momento.
–Pensemos –dijo ella.
Adán puso su brazo alrededor de ella y la abrazó. Ella reflexionó un momento más y luego dijo:
–Ya sé lo que podemos hacer. ¿Recuerdas esa higuera en el prado al otro lado del arroyo? Esas hojas son enormes. Podemos cubrirnos con ellas.
Adán frunció el ceño y dijo:
–Pero ¿cómo las mantendremos juntas?
–Oh, eso es fácil –dijo Eva–. Los perforaremos con el tallo de una hoja. Luego cortaremos algunos zarcillos delgados de la vid que está creciendo en el árbol donde dormimos, ¡y los coseré juntos!
Ella miró a Adán con una sonrisa. Procedieron a la higuera, donde cortaron las hojas y las cosieron con zarcillos de una vid. Cuando terminaron, se pusieron sus ropas nuevas y se sentaron en un lugar cubierto de hierba frente a la higuera. El sol estaba a medio camino hacia el horizonte, así que esperaron. Con cada momento, el miedo en sus corazones crecía.
Entonces lo oyeron: la voz de Dios los llamó.
–Adán, soy yo, Dios. He venido a verte otra vez.
Adán sintió que su corazón se sacudía, y él aferró la mano de Eva y se puso en pie de un salto.
–Cariño, no podemos permitir que Dios nos vea así. Escondámonos.
–Pero ¿dónde, Adán?
Adán hizo una pausa y luego dijo:
–¡Sígueme!
Él se fue corriendo. Minutos después, sin aliento, cavaron profundamente en algunos arbustos en la parte más oscura del bosque.
–Adán, Eva, ¿dónde están?
La voz estaba más cerca ahora, y cada segundo se acercaba. Momentos después escucharon que las ramas se separaban. El corazón de Adán se aceleró.
–Adán, Eva, ¿son ustedes?
Adán se agachó, empujándose más profundo en un arbusto. Luego levantó la vista y vio a Dios, y se quedó sin aliento.
–Dios, ¿eres tú? ¡Te ves tan diferente! ¿Dónde está la gloria?90
Dios no dijo nada. Tenía una mirada triste en su rostro, y su voz era amable cuando hablaba.
–¿Por qué te escondes de mí?
Adán respiró hondo, miró las hojas de higuera de Eva y las de él, y luego dijo:
–Estaba desnudo, y estaba avergonzado. Por eso corrí y me escondí.
–Adán –le preguntó Dios en voz baja–, ¿comiste la fruta del árbol del que te dije que no comieras?
Adán tragó saliva. Luego asintió con la cabeza hacia Eva y le dijo:
–Bueno, la mujer que me diste me trajo parte de la fruta. Me dijo que ella había comido y, obviamente, no le había pasado nada malo, entonces también comí un poco.
Dios se volvió hacia Eva. Su voz, aún suave, le preguntó:
–Eva, ¿es verdad? ¿Comiste la fruta?
Justo en ese momento una serpiente pasó junto a uno de los arbustos. Eva miró y señaló a la serpiente.
–Ella me habló desde el árbol, me dio un poco y yo comí.
Una figura sombría apareció frente a ellos. Satanás estaba de pie junto a la serpiente, con una expresión de triunfante alegría en su rostro. Luego desapareció.
Una breve reflexión
Dios instruyó a Adán muy específicamente que no debía comer el fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal. Se trata de una ley, una ley muy simple, pero una ley al fin, y conlleva una pena específica por su violación: la muerte. Como aprendimos en el primer capítulo, la ley es una de las características importantes del gobierno de Dios, el Reino de la Luz, y estrechamente relacionado con él está la autoridad para hacer cumplir la ley. Cuando Lucifer y sus ángeles se rebelaron contra la Ley de Dios y su autoridad en el cielo, Dios ejerció esa autoridad para echarlos de allí y enviarlos a nuestro planeta. De la misma manera, Adán y Eva fueron expulsados del Edén cuando hicieron caso omiso de la autoridad de Dios al violar su simple ley que les impedía comer del fruto. Al mismo tiempo, perdieron la presencia del Espíritu Santo en sus mentes y corazones, lo cual les hizo perder otras dos características del Reino de la Luz de Dios: amor y libertad. Así que, los principios básicos subyacentes al Reino de la Luz estaban muy en juego en lo que sucedió en el Edén. Veremos estos mismos principios involucrados en el conflicto entre el bien y el mal desde ese momento hasta la batalla del Armagedón.
71 Primeros escritos, p. 177.
72 La historia de la redención, p. 29.
73 Ibíd., pp. 30, 31.
74 Ibíd., pp. 29, 30.
75 Ibíd., p. 30.
76 Ibíd., p. 28.
77 Ibíd., p. 30.
78 Ibíd.
79 Ibíd.
80 Ibíd., pp. 30, 31.
81 Ibíd., p. 31.
82 Ibíd.
83 Ibíd.
84 Ibíd., p. 32.
85 Ibíd., p. 31.
86 Algunas personas se oponen a la idea de que Eva estaba sola en el árbol cuando la serpiente la tentó, porque en Génesis 3:6 se dice que comió el fruto y “también dio un poco a su marido que estaba con ella” (énfasis añadido). Sin embargo, la Biblia solo registra una conversación entre la serpiente y Eva. Si Adán estaba presente, ¿por qué no se involucró también en la conversación? Casi con toda seguridad habría reconocido la tentación y advertido a su esposa para que no comiera la fruta. Al parecer, es más probable que Adán estuviera “con ella” en el mismo sentido que un hombre de negocios que está acompañado por su esposa en un viaje relacionado con el trabajo, les dice a sus socios que su esposa está con él, aunque ella no esté presente durante sus reuniones. Elena de White deja muy en claro que Eva se alejó de su marido, y los ángeles “le habían advertido que no lo hiciera”, tal como se indica en la página 34 de su libro La historia de la redención.
87 Ni la Biblia ni Elena de White dicen que las primeras palabras de Satanás fueron: “Hola, Eva”. Sin embargo, en la página 35 de La historia de la redención, Elena de White dijo que Satanás halagó a Eva con comentarios acerca de su belleza antes de hablarle acerca del mandamiento de Dios. Supongo que Satanás habría comenzado su conversación con un simple saludo, como: “Hola, Eva”.
88 Ibíd., p. 37.
89 Ibíd.
90 Los seres humanos pecadores no pueden mirar a Dios en su forma gloriosa y vivir. Aunque la Biblia y Elena de White no lo dicen, estoy asumiendo que Dios visitó a Adán y Eva antes de su pecado en su forma gloriosa, pero después de que pecaron él escondió su gloria, apareciéndoles más como un humano.
Capítulo 8
Una vía de escape para los seres humanos
Los seguidores más cercanos de Satanás se reunieron a su alrededor. Le dieron una palmada en la espalda y lo aplaudieron. Entonces los ángeles malvados celebraron con una gran fiesta. El siguiente al mando de Satanás levantó su copa y dijo: “¡Salve al jefe!”91 Y todos levantaron sus copas y aplaudieron nuevamente.
–Amigos –dijo Satanás–, Dios les dio el dominio del mundo a Adán y a Eva, pero les hemos arrebatado ese dominio. El mundo es nuestro reino ahora. A medida que la raza humana se multiplique, nuestro reino crecerá y se expandirá sobre la Tierra, y tendremos la oportunidad de demostrar la superioridad de nuestro plan de gobierno. Solo hay dos humanos en este momento, por lo que puede que no haya mucho para que cada uno de ustedes haga durante un tiempo, pero les aseguro que a medida que más y más de ellos nazcan, estarán cada vez más ocupados. Miguel y su gente están descontentos con nosotros ahora mismo, exactamente como yo esperaba. Y los mantendremos infelices por mucho, mucho tiempo. Ahora esperemos y veamos qué hace Miguel por Adán y Eva para que podamos sacar provecho.
El reino de las tinieblas ganó esa ronda.
Pulsuz fraqment bitdi.