Kitabı oxu: «La herencia»
La herencia
Matthew López
Traducción de Joan Daròs

Primera edición: mayo de 2021
THE INHERITANCE by Matthew López © 2018
inspired by the novel Howards End by E. M. Forster
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© de la traducción: Joan Daròs
© de esta edición: Dos Bigotes, A.C.
Publicado por Dos Bigotes, A.C.
www.dosbigotes.es
ISBN: 978-84-122617-8-3
eISBN: 978-84-122925-6-5
Depósito legal: M-9748-2021
Impreso por Kadmos
www.kadmos.es
Diseño de colección:
Raúl Lázaro
www.escueladecebras.com
La traducción de este libro se rige por el contrato tipo propuesto por ACE Traductores.
Todos los derechos reservados. La reproducción total o parcial de esta obra, por cualquier medio, deberá tener el permiso previo por escrito de la editorial.
El papel utilizado para la impresión de La herencia es cien por cien libre de cloro y está calificado como papel reciclable.
Impreso en España — Printed in Spain
Para Brandon
Personajes
E. M. FORSTER (MORGAN)
ERIC GLASS
TOBY DARLING
WALTER POOLE
ADAM MCDOWELL
HENRY WILCOX
LEO
MARGARET
JOVEN 1
JOVEN 2
JOVEN 3
JOVEN 4
JOVEN 5
JOVEN 6
JOVEN 7
JOVEN 8
JOVEN 9
JOVEN 10
TRISTAN
JASPER
JASON 1
JASON 2
CHARLES WILCOX
PAUL WILCOX
HOMBRE
TUCKER
AGENTE DE TOBY
CAMELLO
TRABAJADOR DE LA CLÍNICA
CONSERJE 1
CONSERJE 2
AYUDANTE DE HENRY
OTRO AGENTE
La herencia se estrenó mundialmente en el Young Vic Theatre de Londres. La Primera Parte se representó el 2 de marzo de 2018 y la Segunda Parte, el 9 de marzo.
Después, se trasladó al Noël Coward Theatre en el West End londinense. La Primera Parte se representó el 21 de septiembre de 2018 y la Segunda Parte, el 28 de septiembre.
La herencia, en esta versión revisada, se estrenó en el Ethel Barrymore Theatre de Nueva York el 17 de noviembre de 2019.
Escondido
Por todo lo que hice y todo lo que dije
no deberían intentar averiguar quién fui.
Había un obstáculo y desfiguró mis acciones
y la forma en que viví.
Había un obstáculo y en muchas ocasiones
me detuvo cuando iba a hablar.
Mi acción más invisible y mi texto más secreto:
solo por eso me conocerán.
Pero seguramente no merece la pena malgastar
tanta atención e interés en descifrarme.
Algún día – en alguna sociedad más perfecta –
alguien hecho como yo aparecerá
y vivirá en libertad.
Constantin Cavafis (1908)
Inhalt
PRIMERA PARTE
Prólogo
Primer acto
Segundo acto
Tercer acto
SEGUNDA PARTE
Prólogo
Primer acto
Segundo acto
Tercer acto
Epílogo
PRIMERA PARTE
Prólogo
Un puñado de JÓVENES sentados aquí y allá, escriben. Algunos en cuadernos, otros en portátiles. A un lado, separado del grupo, un joven permanece solo. Le llamaremos JOVEN 1.
JOVEN 1.— Tiene una historia que contar - resuena en su interior, se muere por salir. Pero ¿cómo comenzar? Abre su novela favorita con la esperanza de encontrar inspiración en la primera frase, tan familiar. Al leer esas palabras, se encuentra a sí mismo, una vez más, ante la presencia amable y reconfortante de su autor.
Un hombre mayor entra. Es E. M. Forster. Como todos sus íntimos, le llamaremos MORGAN.
MORGAN.— Espero no molestar.
JOVEN 2.— ¡No, por favor!
JOVEN 6.— ¡Quédate!
JOVEN 5.— No nos molestas en absoluto.
JOVEN 7.— Nos vendrá bien la distracción.
MORGAN.— ¿Cómo os está saliendo?
Los JÓVENES gruñen, frustrados.
JOVEN 2.— Fatal.
JOVEN 3.— No me gusta nada de lo que he escrito hoy.
JOVEN 4.— Soy un fraude absoluto.
JOVEN 5.— Esto ya se ha dicho antes mucho mejor de lo que yo nunca podré decirlo.
JOVEN 6.— No tengo nada original que decir.
JOVEN 7.— Todo mi trabajo es imitativo.
JOVEN 8.— Mis personajes no hacen lo que yo quiero que hagan.
JOVEN 9.— Llevo siete horas con esta frase.
JOVEN 10.— Creo que soy un puto genio.
MORGAN.— (A JOVEN 1.) ¿Tú por qué no escribes?
JOVEN 1.— No sé cómo empezar. He pensado en leer un poco y ver cómo otros han comenzado sus historias.
MORGAN.— Acabas de dar con la herramienta más valiosa de un escritor: la procrastinación. ¿De qué va tu historia?
JOVEN 1.— De mí. De mis amigos. De los hombres que he amado. Y de los que he perdido.
MORGAN.— Vaya por Dios. Amistad, amor, pérdida. Parece que estás ante un comienzo muy bueno.
JOVEN 1.— ¡Pero la cuestión es que no! Mis ideas se niegan a convertirse en palabras.
MORGAN.— Sí, lo entiendo. Tus ideas están en la línea de salida, preparadas para echar a correr. Y, aun así, tienen que atravesar el ojo de una cerradura para empezar la carrera.
JOVEN 1.— He cogido una de tus novelas -
MORGAN.— ¿Cuál? Ah, Howards End.
JOVEN 1.— «Podríamos empezar, por ejemplo, con las cartas de Helen a su hermana». ¡Dios, es que es una primera frase genial! Tan precipitada, como si diera igual cómo comenzar.
MORGAN.— Quizá da igual.
JOVEN 1.— Vuelvo a este libro una y otra vez.
MORGAN.— Dime, ¿qué hay en mi novela que te interpela tanto? ¿Qué encuentras en sus páginas?
JOVEN 2.— ¿Guía?
JOVEN 8.— Compasión.
JOVEN 4.— Sabiduría.
JOVEN 5.— Me encanta su humanidad.
JOVEN 7.— Su honestidad.
JOVEN 1.— Me reconforta.
JOVEN 10.— A mí no. Quiero decir, es un gran libro, no me malinterpretéis. Y la peli… también es buena. Pero, a ver, el mundo ahora es muy diferente. No me siento nada identificado con él.
JOVEN 9.— Tiene cien años.
JOVEN 7.— El mundo ha cambiado mucho.
JOVEN 3.— Nuestras vidas no tienen nada que ver con las de la gente de tu libro.
MORGAN.— ¿Cómo que no? Los corazones aún aman. ¿O no? Y se rompen. Esperanza, miedo, celos, deseo. Puede que vuestras vidas sean diferentes. Pero seguramente los sentimientos sean los mismos. Solo cambia el entorno, el contexto, el vestuario. Pero eso son solo detalles.
JOVEN 1.— Tengo detalles de sobra. Lo que no tengo es un principio.
MORGAN.— ¿Por qué necesitas contar tu historia?
JOVEN 1.— Para entenderla. Para entenderme.
MORGAN.— Esa historia me gustaría escucharla.
JOVEN 1.— ¿Me ayudas a contar mi historia? ¿Nuestra historia?
JOVEN 7.— Quiénes somos.
JOVEN 6.— Cómo hemos llegado aquí.
JOVEN 4.— Y lo que significamos unos para otros.
MORGAN.— Me encantaría. Entonces, para empezar, ¿con quién comienza tu historia?
JOVEN 1.— Toby.
MORGAN.— Podríamos empezar, por ejemplo, con los… ¿qué, de Toby?
JOVEN 1.— Mensajes de voz.
MORGAN.— Podríamos empezar, por ejemplo, con los mensajes de voz de Toby –
JOVEN 1.— – a su novio.
Primer acto
Verano 2015 - Verano 2016
ESCENA UNO
1. Una fiesta en los Hamptons
JOVEN 10 se convierte en TOBY Darling.
JOVEN 1.— ¡BIIP!
TOBY.— Te vas a morir cuando te cuente la que te estás perdiendo. Llámame.
JOVEN 1.— Toby se ha tomado un martini. ¡Biip!
TOBY.— ¿Dónde estás? ¿No te habrás acostado ya? ¡Te estás perdiendo una fiesta de la hostia! Llámame cuando escuches esto. ¡Dios, adoro los Hamptons!
JOVEN 1.— Toby se ha tomado otro martini. ¡Biip!
TOBY.— Vale. Vamos a ver. Lo primero, esta casa es maravillosa. Arquitectura postcolonial minimalista, todo hormigón y cristal con una infinity pool que se funde con el océano. Y todo decorado con tanto gusto.
Te morirías.
JOVEN 1.— ¿Y el dueño, Henry Wilcox?
TOBY.— ¡Bueno, Henry Wilcox! Tenías razón: Henry Wilcox es un encanto. Quiero ser él cuando sea mayor. Lleva un traje espectacular que le hizo un sastre formado en Saville Row del Upper West Side y cuando le pedí la referencia del tío, me dice Henry:
JOVEN 1.— «Ay, Toby, se te va de presupuesto».
TOBY.— Que es un comentario como de capullo, pero viniendo de Henry Wilcox, estaba extasiado. Ah, y hemos jugado al fútbol. A placar, no a tocar. ¿Me imaginas jugando al fútbol?
JÓVENES.— ¡No!
TOBY.— Bueno, es que realmente no he jugado. Pero podría si hubiera querido, a eso me refiero.
JOVEN 1.— ¿Y la pareja de Henry - Walter Poole?
TOBY.— ¡Ay, Walter! ¿Cómo describo a Walter? Walter tiene esa cosa, no sé, un poco como de espíritu. Como un visillo frente a una ventana abierta. Es como un Valium. Lo adoro.
Después:
¡Hostia puta, Meryl Streep está aquí! Eric, esta fiesta es brutal. ¡Llámame!
JOVEN 1.— Toby se ha tomado cinco martinis. ¡Biip!
TOBY.— ¡Walter me acaba de decir que me puedo quedar todo el fin de semana! Haz la maleta, tráeme algo de ropa interior y cógete un tren mañana a primera hora. ¡Te va a flipar esto!
JOVEN 1.— Nueva York es un experimento darwiniano a gran escala. Cada verano, oleadas de licenciados universitarios llegan a sus costas para empezar su lucha por el éxito.
JOVEN 5.— Son jóvenes, ambiciosos, inteligentes y decididos.
JOVEN 8.— También ayuda si son atractivos.
JOVEN 6.— Todos ellos convencidos de poseer el talento y la habilidad no solo para sobrevivir en la ciudad –
JOVEN 7.— – sino también para destacar.
JOVEN 1.— Toby Darling y su novio… Eric Glass, eran dos de esos luchadores.
JOVEN 9 se convierte en ERIC Glass.
MORGAN.— Vamos a echarles un vistazo. Vale. Pues… ninguno de los dos es ya tan joven –
TOBY.— ¡Ey!
MORGAN.— – ni especialmente brillante –
ERIC.— Bueno, vamos a ver.
MORGAN.— – o exitoso.
TOBY.— ¡Hale, venga!
MORGAN.— Entre los dos no tenían un céntimo. Con todo, sin habérselo buscado, vivían en un apartamento enorme de tres dormitorios, dos baños y terraza con vistas al parque en el decimoquinto piso de un edificio elegante de antes de la guerra en el Upper West Side de Manhattan. Eric Glass estaba haciendo la maleta y en ese momento Toby entró en el apartamento –
JOVEN 1.— – resacoso y deprimido.
2. Apartamento de ERIC y TOBY
ERIC.— ¿Toby? Estaba a punto de salir hacia Penn Station.
TOBY.— ¿No has escuchado mi mensaje?
ERIC.— Dejaste más de veinte.
TOBY.— El de esta mañana temprano.
ERIC.— No, supongo que / no he –
JOVEN 1.— ¡Biip!
JOVEN 2.— Ey, soy yo.
JOVEN 3.— Es temprano.
JOVEN 4.— ¿Como las seis?
JOVEN 5.— Esto… cambio de planes.
JOVEN 6.— Cojo el primer tren de vuelta.
JOVEN 7.— Y, por favor, borra todos mis mensajes de anoche.
JOVEN 8.— Ojalá no hubiera venido.
ERIC.— ¿Qué ha pasado?
TOBY.— Ha sido humillante. No puedo volver a asomarme por allí. No puedo volver a salir de casa.
ERIC.— Cuéntame qué ha pasado, cariño.
TOBY.— Vomité.
ERIC.— Ay, pero no es para tanto. ¿En el tren?
TOBY.— En la fiesta.
ERIC.— Ah. Bueno… pero… ¿tipo en el jardín / o – ?
TOBY.— En el sofá.
ERIC.— Ay.
TOBY.— Y sobre el perro. Que estaba sentado en el regazo de Meryl Streep. Me quiero morir. ¡Alec Baldwin y Mariska Hargitay me vieron lanzar vómito sobre la actriz más importante y valorada de la historia!
ERIC.— Tampoco es Glenda Jackson o algo así.
TOBY.— ¡Has visto La decisión de Sophie! Ha sido muy humillante.
ERIC.— Jo, Toby. Bueno, ¿qué pasó después?
TOBY.— Meryl Streep se quedó sentada, cubierta de vómito. El perro… joder, el perro…
ERIC.— ¿Qué?
TOBY.— Empezó a lamerle el vómito de la cara. ¿Te estás riendo?
ERIC.— No de ti.
TOBY.— Menos mal que Walter actuó como si esas cosas pasaran constantemente en East Hampton. Acompañó a la actriz más querida del mundo a otra habitación y después me trajo un ginger ale y me acompañó a la mía. Me desperté sobre las cinco y pillé un Uber a la estación antes de que amaneciera.
ERIC.— ¿Te fuiste sin despedirte?
TOBY.— ¡Bueno, no iba a quedarme a desayunar!
ERIC.— Joder, Toby…
ERIC saca su teléfono.
TOBY.— ¿Qué haces?
ERIC.— Llamar a Walter.
TOBY.— ¡No, por favor!
ERIC.— No podemos no decir nada.
TOBY.— ¡Sí que podemos! Te prometo que se habrán olvidado de nosotros en una semana.
ERIC.— No quiero que se olviden de nosotros. Henry y Walter me caen bien.
TOBY.— ¡Por favor, déjalo estar!
ERIC guarda su móvil a regañadientes.
Dios, estoy hecho un desastre.
ERIC.— Has potado por toda la ciudad y sobrevivido para dar la cara después.
TOBY.— Sí, pero nunca en los Hamptons. Todo el mundo en la fiesta estaba tan relajado y natural, como en su ambiente.
ERIC.— Es que es su ambiente. Quizá un día tendremos dinero y será el nuestro también. O quizá simplemente eso no es para nosotros y nuestro ambiente será otro.
TOBY.— Tiene que ser para nosotros. Es que no viste la casa, Eric.
De repente se da cuenta:
Ostras. Es que no viste la casa. Siento haber estropeado nuestra escapada a la playa.
ERIC.— Era un plan de último minuto. Ni tuve tiempo de cancelar nada. De hecho, hoy quería darme una vuelta por el Whitney o quizá vaya al Film Forum. ¿Te apuntas?
TOBY.— Tengo mucha resaca, cariño. Solo quiero dormirme y despertarme a los cuarenta.
ERIC.— Jo, Toby. Vete a dormir. Volveré para hacerte la cena.
TOBY.— Llámame antes de ir al cine, a lo mejor me animo.
MORGAN.— ¿Qué hace Eric ahora?
JOVEN 1.— Creo que llama a Walter igualmente.
MORGAN.— ¿Y quién es Walter?
JOVEN 1.— Tú.
MORGAN se convierte en WALTER Poole.
WALTER.— ¿Diga?
ERIC.— Hola, ¿Walter? Soy Eric Glass.
WALTER.— Anda, hola, Eric Glass. Me preguntaba si sabría algo de ti hoy.
ERIC.— Ya. Oye, sobre lo de anoche, Toby se siente fatal.
WALTER.— A juzgar por el número de martinis que se tomó, no me extraña.
ERIC.— Escucha, ¿seguro que no hay nada que podamos hacer? Puedo mandaros un cheque / o quizá llamar a –
WALTER.— Lo que puedes hacer es olvidarte ya.
ERIC.— Bueno… lo intentaré.
WALTER.— Ahora, si me disculpas, los de la tintorería acaban de llegar. Nada que ver con los sucesos de anoche, te lo aseguro. Un placer saber de ti, Eric.
WALTER cuelga, se convierte en MORGAN de nuevo.
MORGAN.— Eric Glass adoraba a la gente. Abría su casa con regularidad a sus amigos y nuevos conocidos.
JOVEN 1.— Preparaba cenas con mil elaboraciones para todas las personas fascinantes que iba sumando a lo largo de los años, escuchando sus historias –
MORGAN.— – raramente contando las suyas a cambio.
JOVEN 1.— Cuando alguien nuevo entraba en su mundo, le hacía sentir parte de la familia al momento.
MORGAN.— Compartía sus pasiones, compartía sus libros – incluso cuando sabía que no volverían.
JOVEN 1.— Y así fue como el viernes 9 de octubre de 2015 Eric Glass abrió su casa a sus amigos para celebrar su trigésimo tercer cumpleaños. Preparó la cena, sirvió vino y puso una pieza de música que hacía poco le había llamado la atención.
Final de la Escena Uno.
ESCENA DOS
9 de octubre de 2015. Trigésimo tercer cumpleaños de ERIC
1. Apartamento de ERIC y TOBY
ERIC y TOBY con un grupo de otros cuatro jóvenes.
Suena el «Cuarteto de Cuerda en Fa Mayor» de Ravel.
ERIC.— Toby y yo hemos escuchado un grupo de Julliard tocando esta pieza en el Strand esta mañana.
TRISTAN.— ¿De quién es?
ERIC.— Ravel.
JASON 2.— No me suena mucho Ravel. ¿Qué ha hecho?
JASON 1.— ¿Como que «qué ha hecho», cariño?
ERIC.— «Bolero».
JASON 2.— ¿Esa cuál es?
A ERIC no le queda otra que tararear el «Bolero» de Ravel.
JASON 2.— ¡Ah, vale! La de Torvill y Dean. ¿Y él compuso esto?
ERIC.— Sí.
TRISTAN.— Es hipnótico.
ERIC.— ¿A que sí?
JASON 2.— Creo que la he escuchado en una peli.
JASPER.— Sí, yo también. En Expiación, ¿puede ser?
JASON 2.— ¿O en El paciente inglés? Algo inglés.
JASON 1.— Suena como la música de los ewoks de El retorno del Jedi.
JASON 2.— ¡Ay, qué monos los ewoks!
ERIC.— Vale, voy a pasar al segundo movimiento.
Avanza en la pieza.
¿A que es bonito? Me encanta ese punteo.
TOBY.— A Eric le gusta que le punteen a saco.
TRISTAN.— Suena como las burbujas de una copa de cava.
ERIC.— Sí, es verdad.
JASON 2.— O como un abejorro zumbando por un prado.
ERIC.— Sí, eso también. Bueno, voy a ver cómo va la cena.
JOVEN 1.— Disculpad.
ERIC.— Cariño, ¿puedes abrir otra botella de vino?
TOBY.— Claro.
JOVEN 1.— ¿Disculpad?
TRISTAN.— ¿Qué has hecho? Huele superbien.
ERIC.— He decidido tirar la casa por la ventana por mi cumpleaños y he comprado una pierna de cordero increíble en Dickson’s.
JOVEN 1 entra, lleva una bolsa del Strand.
JOVEN 1.— Disculpad. Siento mucho interrumpir la fiesta. ¿Os acordáis de mí?
ERIC.— Lo siento…
JOVEN 1.— Cuando estaban tocando… (A TOBY.) ¿Tú te acuerdas de mí?
TOBY.— Ah, sí. El jovencito que nos ha preguntado qué pieza era la que estaban tocando.
JOVEN 1.— Sí.
JASON 2.— Es Ravel.
ERIC.— Y ahora estás aquí.
JOVEN 1.— Sí.
TOBY.— ¿Por qué estás aquí?
JOVEN 1.— Es mi bolsa.
TOBY.— ¿La que llevas en la mano?
JOVEN 1.— No, esa de ahí.
Señala otra bolsa del Strand que está en el suelo.
Creo que has cogido mi bolsa.
TOBY.— ¿Qué?
JOVEN 1.— Sin querer. Los dos teníamos la bolsa en el suelo y cuando te fuiste creo que quizá cogiste la mía. Sin querer.
ERIC.— Ay, lo sentimos mucho. ¡Toby, ya lo has hecho otra vez!
JASON 1.— ¿«Otra vez»? ¿Quieres decir que ha hecho esto antes?
ERIC.— Todo el rato. Siempre está haciendo que los demás pierdan sus cosas. Bufandas, guantes, paraguas.
JASPER.— La virginidad.
ERIC.— En serio, cariño, te estás convirtiendo en un cleptómano.
TOBY.— Ni me he dado cuenta.
ERIC.— Lo sentimos muchísimo.
JOVEN 1.— Eres Toby Darling, ¿verdad? (A ERIC.) ¿Es el que escribió Amado?

TOBY.— ¿Por eso estás aquí? ¿Has leído mi libro, te ha cambiado la vida, me has visto en la librería y me has seguido hasta mi casa para pedirme un autógrafo, inventándote esa historia sobre las bolsas intercambiadas?
JOVEN 1.— En realidad… te dejaste la cartera en la bolsa.
Los chicos se ríen de eso.
Y…
Saca de la bolsa seis copias del mismo libro.
JASON 1.— ¿Es tu libro, Toby?
JASPER.— ¿Has comprado seis copias de tu propio libro?
TRISTAN.— Toby, me parto contigo.
TOBY.— Adelante, reíd todo lo que queráis. Para que lo sepáis, prometí a las señoras del noveno que les llevaría un ejemplar firmado a cada una para su club de lectura.
ERIC.— ¿Has leído el libro de Toby?
JOVEN 1.— No, pero –
JASON 2.— Entonces, ¿qué libros te has comprado?
JASON 2 coge la bolsa de JOVEN 1.
JOVEN 1.— Ah, yo –
JASON 2.— Una antología de Cavafis.
ERIC.— Uuuh, ¿qué traducción?
JASON 1.— Mendelsohn.

JASON 2.— La habitación de Giovanni. Llámame por tu nombre. La biblioteca de la piscina.
JASON 1.— Estoy intuyendo un patrón.
TOBY.— ¿Compras toda esta literatura gay y no compras mi libro?
TRISTAN.— Porque ya te habías llevado tú todas las copias de la tienda, Toby.
JASON 2.— Deberías hacer la peli, Toby.
JASON 1.— ¡Sí, sería una peli genial!
TOBY.— De hecho – (A ERIC.) ¿Se lo cuento?
ERIC.— Es tu noticia, cariño.
TOBY.— Sí, pero aún no hay nada oficial.
JASON 1.— ¡Vas a hacer la peli!
TOBY.— No, pero – me han pedido que lo adapte al teatro.
Silencio. Después –
JASON 2.— ¿Un musical?
TOBY.— No, teatro de verdad.
JASON 2.— ¿Habrá música?
TOBY.— No lo sé, aún no lo he escrito.
JASON 1.— Es que ya lo estoy viendo como obra de teatro, Toby.
TOBY.— Gracias.
TRISTAN.— Toby, es una pasada. / Enhorabuena.
JASPER.— Sí, Toby, me alegro mucho.
TOBY.— Gracias. Estoy muy contento.
ERIC.— Va a ser una obra increíble.
JASON 2.— Sí, pero ponle algo de música.
TOBY.— (A JOVEN 1.) ¿Quieres quedarte uno?
JOVEN 1.— No hace falta que / me des –
TOBY.— ¿Lo leerás o se quedará en la estantería?
JOVEN 1.— No, lo leeré.
TOBY.— Entonces es tuyo.
JOVEN 1.— Gracias. Debería dejarte volver a tu / fiesta.
Los chicos protestan.

JOVEN 1.— Felicidades.
ERIC.— Gracias. ¿Tienes hambre? He hecho mucha comida.
JOVEN 1.— Ay, pero no quiero molestar –
TRISTAN.— Eric cocina de maravilla.
ERIC.— ¿O una copa de vino? Nos has pillado escuchando la pieza que estaban tocando en el Strand.
JOVEN 1.— Ah, Dios, me ha encantado esa pieza.
ERIC.— Y a mí. Es bonita, ¿verdad?
JOVEN 1.— Sí. Está llena de… anhelo.
ERIC.— ¡Sí, eso es! Es la palabra perfecta. Creo que es un lamento.
JOVEN 1.— Ah, interesante.
ERIC.— ¿No estás de acuerdo?
JOVEN 1.— Creo… creo que quizá trate sobre el amor no correspondido.
ERIC.— ¿En serio? ¿De qué forma?
JOVEN 1.— Es romántica, pero me da la impresión de que no está resuelta.
JASON 2.— Curioso. Yo no escucho eso en absoluto.
JOVEN 1.— Igual me equivoco.
ERIC.— Que estos no te intimiden.
JOVEN 1.— Vale. En el primer movimiento, las frases van en legatto, ascendiendo y cayendo como una respiración – no – como un suspiro. Imagino a alguien mirando fotos de alguien a quien ha amado durante mucho tiempo. Después, el segundo movimiento empieza con un punteo en vez de con el arco frotando las cuerdas. Es veraniego y fresco. Me recuerda a una mariposa revoloteando por un prado.
JASON 2.— Un abejorro he dicho yo.
JOVEN 1.— Pero entonces, a mitad del segundo movimiento, vuelve la tristeza, como si el personaje viera su objeto de deseo en carne y hueso. Ese sentimiento de dolor y anhelo por desear a alguien con locura y no poder tenerlo. Después, el último movimiento es como un fuego devastador que lo consume por completo. Quemado vivo por su propio deseo.
TOBY.— ¿Un fuego devastador? ¿Has encontrado todo eso en una primera escucha en una librería?
JOVEN 1.— Mi cerebro funciona así.
ERIC.— No te estás bebiendo el vino.
JOVEN 1.— Ah, no / de verdad –
ERIC.— ¿Quieres otra cosa?
TOBY.— ¿Algo más fuerte?
JOVEN 1.— Ah, no / yo –
ERIC.— Puedo prepararte un cóctel.
TOBY.— A Eric le sale un Manhattan que te mueres.
JASON 2.— ¡Sí, yo quiero un Manhattan!
TRISTAN.— Sí, y yo.
TOBY.— Eric, te toca hacer los Manhattans.
ERIC.— ¡Sí! ¡Marchando!
TRISTAN.— Vas a volver a casa a cuatro patas, te lo prometo.
TOBY.— ¿Y qué nos cuentas, chaval?
JASON 1.— ¿Estudias?
JASON 2.— ¿Qué edad tienes?
TRISTAN.— ¿De dónde eres?
JASPER.— ¿Tienes novio?
Todas las miradas sobre JOVEN 1.
JOVEN 1.— Creo que debería irme.
Los chicos protestan ruidosamente.
ERIC.— ¡No, por favor! ¡Quédate! Tenemos un montón de comida riquísima y buen vino.
JOVEN 1.— No, debería irme. Pero gracias.
ERIC.— ¿Volverás ahora que sabes dónde vivimos?
JOVEN 1.— Gracias. Yo… gracias.
JOVEN 1 coge su bolsa y sale. ERIC mira a sus amigos.
ERIC.— Sois lo peor.

ERIC.— ¿No podríais haberle hecho sentir un poco más cómodo? ¿Habéis escuchado cómo hablaba de esa pieza de música? Le hemos espantado.
TOBY.— Búscalo en Facebook.
ERIC.— ¡Sí! Buena idea, Toby. ¿Cómo se llamaba?
Todos se miran entre ellos con cara de póker.
TOBY.— ¿Quién quiere un Manhattan?
2. Interludio de ERIC
MORGAN.— Eric Glass no guardaba muchos secretos. Pero había una certeza que se guardaba para sí y que ocultaba incluso a Toby.
ERIC.— ¿Cuál es esa certeza?
MORGAN.— Eric Glass no creía ser especial. No era tan brillante o exitoso como sus amigos. Pensaba de sí mismo – para todo y en cualquier aspecto – que era dolorosamente normal. Admiraba la valentía en los demás, pero en su propia vida era cauto.
ERIC.— Eric aceptó el primer trabajo que le ofrecieron en cuanto salió de la facultad. Trabajaba para su amigo Jasper, cuya excelencia percibió desde sus primeros días como compañeros de clase en Yale.
JASPER.— Jasper abrió su propia empresa a los veintiuno, trabajando para un emprendedor relacionado con la justicia social. Eric fue su primer empleado.
ERIC.— Conoció a Tristan después del primer año de facultad. Tuvieron tres citas –
JOVEN 6.— – y ambos decidieron que habían encontrado a su mejor amigo. Tristan es médico.
ERIC.— Trabaja en las urgencias del NYU Medical Center. Eric conoció a Jason cuando ambos trabajaban como voluntarios para la campaña de Kerry en 2004.
JOVEN 8.— Perdimos esas elecciones, pero conservamos la amistad. Jason es maestro de primaria.
JOVEN 2.— ¡Sí! Y su novio –
JOVEN 8.— No, su pareja –
JOVEN 2.— Su pareja, que se llama / Stephen –
JOVEN 8.— – pero también Jason –
JOVEN 2.— Eso, su pareja, que también se llama Jason, trabaja en / algo de derechos humanos –
JOVEN 8.— – ¡profesor de ciencias de secundaria!
JOVEN 2.— Sí, bueno, vale. Pero – no son solo pareja –
JOVEN 2 saca dos alianzas de su bolsillo. JOVEN 2 le pone una en el dedo a JOVEN 8.
JOVEN 2.— Están casados.
MORGAN.— ¿Entre ellos?
JOVEN 2.— Sí, por supuesto.
JOVEN 8.— ¡Sí quiero, sí quiero, sí quiero, sí quiero!
JOVEN 2 y JOVEN 8 se besan.
MORGAN.— ¿Estáis todos casados?
TRISTAN.— Tráeme un hombre que valga la pena y me caso con ese hijo de puta.
MORGAN.— ¿Y Jasper?
JASPER.— Jasper no es de los que se casan.
MORGAN.— ¿Por qué no?
JOVEN 6.— Jasper sale con jovencitos.
JOVEN 4.— ¿En plan recién salidos de la facultad?
JASPER.— A Jasper no le gustan los hombres complicados.
MORGAN.— ¿Eric y Toby están casados?
JOVEN 1.— Aún no.
JOVEN 3.— Tengo una pregunta:
MORGAN.— ¿Sí?
JOVEN 3.— ¿Cómo puede Eric permitirse un apartamento así?
JOVEN 7.— Sí, yo también me lo estaba preguntando.
MORGAN.— Para entender quién es Eric Glass primero hay que entender el significado del apartamento de su familia en el Upper West Side.
JOVEN 1.— El abuelo de Eric, Nathan, era un veterano de la Décima División Armada, que ayudó a liberar Dachau. Su abuela, Miriam, era una refugiada alemana.
MORGAN.— En el otoño de 1947, firmaron el contrato de un apartamento de renta controlada en West End Avenue. Esto era cuando las familias de clase media podían permitirse apartamentos como este.
ERIC.— Este apartamento se convirtió en el primer lugar del mundo en el que la abuela de Eric se sintió segura. Crio a su familia aquí, en este apartamento. Votó en todas las elecciones en la escuela pública de la esquina. Vio la muerte de John Kennedy, la dimisión de Richard Nixon y la elección de Barack Obama desde el salón de este apartamento. Fue en este apartamento donde Miriam Glass se hizo americana.
JOVEN 1.— Tras su muerte en diciembre de 2008, Eric se instaló en el apartamento para mantener el usufructo de la vivienda. Una semana después conoció a Toby Darling.
TOBY.— Toby Darling entró en la vida de Eric como un tifón.
MORGAN.— Eric identificó el potencial de Toby para la grandeza en los primeros minutos de su primera cita.
JOVEN 1.— Y también su potencial destructivo.
ERIC.— Ambas posibilidades le atrajeron.
JOVEN 1.— Se enamoraron al instante y Toby se instaló cuatro meses más tarde.
ERIC.— Para Eric aquello era todo lo que alguna vez había deseado de una relación.
TOBY.— Para Toby aquello era…
MORGAN.— Para Toby era un hogar seguro, estable y amable.
JOVEN 1.— Toby inspiraba a Eric. Eric protegía a Toby.
TOBY.— Toby se follaba a Eric hasta hacerle ver las estrellas.
ERIC.— Eric y Toby tenían un sexo fantástico.
MORGAN.— Gracias, caballeros. Ahora que sabemos qué es lo que más importa a Eric, tenemos que darle algo contra lo que luchar. Unos días antes de la Navidad de ese año, Eric recibe una llamada de su padre, que le informa de que la empresa que gestiona el edificio ha decidido iniciar el proceso de desahucio contra la familia Glass.
ERIC.— No, por favor, eso no.
JOVEN 1.— Van a contratar a un abogado para defenderse.
MORGAN.— Pero es posible que 2016 sea el último año en el que Eric viva en el tan amado hogar familiar. ¿Qué haría Eric tras recibir una noticia como esa?
ERIC.— Querría que Toby le cuidara.
MORGAN.— ¿Se le da a Toby especialmente bien cuidar a la gente?
ERIC.— Bueno…
JOVEN 1.— No.
MORGAN.— Entonces, ¿qué podría hacer Toby para que Eric se sintiera mejor ya mismo?
JOVEN 1.— Se podría follar a Eric hasta hacerle ver las estrellas.
ERIC.— A Toby se le da bien eso.
MORGAN.— Sí, ¿pero tan pronto en la historia?
Los chicos insisten: desde luego.
MORGAN.— Si es lo que necesitáis…
Final de la Escena Dos.
ESCENA TRES
Diciembre de 2015
1. Apartamento de ERIC y TOBY
TOBY.— Llevo todo el día reescribiendo el mismo monólogo, pero creo que ya lo tengo. ¿Te lo puedes leer y me dices?
ERIC.— Claro, me encantaría. Luego. Había pensado que antes podíamos hacer otra cosa.
TOBY.— Espera, ¿estás desnudo?
ERIC.— Vente y lo compruebas tú mismo.
TOBY.— ¿Y la cena?
ERIC.— Podemos pedir algo.
TOBY.— Sí, pero si lo dejamos para última hora tardará un montón y sabes que tengo que cenar antes de las ocho / o luego no podré dormir…
ERIC.— ¿Te acuerdas de cuando me dijiste que acudiera al Whitney con los vaqueros más ceñidos que tuviera y sin ropa interior?
TOBY.— Echo de menos el antiguo Whitney.
ERIC.— Había una exposición de John Currin y no parabas de intentar meterme mano por dentro del pantalón.
TOBY.— El nuevo está muy lejos.
ERIC.— Los vaqueros me apretaban tanto que no te cabía la mano. Pero te empleaste a fondo y al final la metiste.
TOBY.— Las vistas desde la terraza sí que me gustan.
ERIC.— Y luego no la podías sacar.
TOBY.— Tú quisiste hacer sentadillas toda la semana.
ERIC.— Ahora sí que me prestas atención.
TOBY.— Con esos vaqueros te prestaba toda la atención del mundo.
ERIC.— Esta semana he hecho muchas sentadillas.
TOBY.— Ven aquí que te meta la cara en el culo.
MORGAN.— Toby se desnuda y se mete en la cama con Eric.
TOBY.— Dios, me encanta tu culo. ¿Cómo puede un judío de Westchester acabar teniendo un culo tan bonito? Tiene que ser por parte de madre.
ERIC.— ¿Y si no hablamos de mi madre mientras tengo una erección?
TOBY.— ¿Tienes una erección? Quiero una erección. ¿Cómo es que tienes una erección y yo no?
JOVEN 1.— Eric se mete bajo las sábanas y se la empieza a chupar.
ERIC.— Voy.
TOBY.— ¡Sí! Pónmela dura, cariño.
Ah, sí.
Uhm, uhm.
No está funcionando.
ERIC.— Piensa en algo sexy.
TOBY.— ¿Te acuerdas de aquella vez en Fire Island cuando vimos a dos tíos follando en el Meat Rack? Aquello me puso muy cachondo.
ERIC.— Eso sí que funciona.
TOBY.— Sí. Ojalá lo hubiéramos hecho. Yo quería, pero te daban miedo las pulgas. Tú ahí cabalgando mi polla sobre una sábana en el Meat Rack. O sobre una manta, que es más gorda. Como mi polla en tu boca. Ah, sí, esto ya va.
ERIC.— Fóllame, Toby.
TOBY.— ¿Sí? ¿Quieres que te folle?
ERIC.— Te lo acabo de decir.
TOBY.— Sí. Solo seguía el… vale, te voy a follar como si estuviéramos en el Meat Rack.
ERIC.— Pero ¿qué te ha dado de repente con el Meat Rack? Hace ya por lo menos / cinco años.
TOBY.— No sé, es que me puso muy cachondo. ¿A ti no?
ERIC.— Sí, pero no llevo obsesionado con eso desde entonces.
TOBY.— No diría que estoy obsesionado, es solo que me ha venido a la mente, sin más.
ERIC.— Toby, méteme la polla ya.
TOBY.— ¡Sí, señor!
MORGAN.— Toby empieza a penetrar a Eric.
TOBY.— ¿Bien?
ERIC.— Espera…
Vale, inténtalo otra vez.
¡Despacio!
TOBY.— ¿Cómo va?
ERIC.— Eso es. Despacio.
TOBY.— ¿Más?
ERIC.— Un poquito.
MORGAN.— Toby entra un poco más.
TOBY.— Joder, qué bueno.
ERIC.— Un poco más.
TOBY.— «Un poco más» es toda.
ERIC.— Sí, dale.
MORGAN.— Toby la mete entera. Ambos gimen de placer. Follan lentamente.
TOBY.— Puff, estás cerradito. ¿Cuándo fue la última vez que has – ?
ERIC.— ¿Qué?
TOBY.— Ya sabes… ¿Quedaste con alguien cuando me fui a Chicago el mes pasado?
ERIC.— ¿Por? ¿Y tú?
TOBY.— Uno de Grindr.
ERIC.— ¿Cómo era?
TOBY.— Pues la verdad es que estaba bueno. Y tú, ¿qué?
ERIC.— El último fue el tío aquel este otoño. No recuerdo dónde estabas.
TOBY.— ¿Cómo era?
ERIC.— Meh. Me folló como si me estuviera haciendo un favor.
MORGAN.— Follan en silencio.
Tras un segundo:
TOBY.— ¿Pedimos chino luego?
ERIC.— Cenamos chino anoche.
TOBY.— Pero te gusta la comida china.
ERIC.— Toby, no sé. ¿Podemos hablarlo luego?
TOBY.— Solo quiero saber qué vamos a pedir para solucionarlo en cuanto acabemos.
ERIC.— Rómpeme el culo, cabrón.
TOBY.— ¿Sí, quieres mi rabo, pequeñín?
ERIC.— Uy, Toby, eso no.
TOBY.— Perdón.
ERIC.— Fóllame, Toby.
TOBY.— ¿Así?
ERIC.— Más fuerte.
TOBY.— Más fuerte / no puedo.
ERIC.— Fóllame más fuerte.
TOBY.— ¿Te gusta?
ERIC.— Me flipa. Te quiero, Toby.
TOBY.— Ah, Dios, me falta poco. Mierda, lo siento.
ERIC.— No pasa nada, Toby. Córrete dentro.
Ah, Dios, te quiero.
Te quiero.
Te quiero.
Vamos a casarnos.
TOBY.— ¿Qué?
ERIC.— Ay, mierda, nada. No he dicho nada.
TOBY.— ¿Quieres que nos casemos?
ERIC.— No es el momento, no he dicho nada. Sigue.
TOBY.— Pero ahora ya lo has dicho.
ERIC.— Olvídalo y dame la vuelta.
MORGAN.— Toby ya le está dando vueltas.
TOBY.— ¿Pero en plan bodorrio pijo?
ERIC.— No hace falta que lo hablemos ahora.
TOBY.— Joder, me falta muy poco.
Dios.
ERIC.— Sí.
TOBY.— Ah, Dios.
ERIC.— Sí.
TOBY.— Dios, joder.
ERIC.— Sí.
MORGAN.— ¡Adelante la caballería!
TOBY.— ¡Ah, Dios!
Tras un momento:
TOBY.— ¿Quieres que nos casemos?
ERIC.— Olvídalo.
TOBY.— No, Eric… dime.
ERIC.— Sí, Toby. Sí quiero. Quiero casarme y tener una familia y pasar mi vida contigo. Hace tiempo que quiero.
TOBY.— ¿Por qué no lo has dicho antes?
ERIC.— Esperaba un buen momento. No hace falta que respondas ya. Pero me gustaría que lo habláramos. Quiero decir, llevamos siete años juntos –
TOBY.— Sí, a la mierda, ¿por qué no?
ERIC.— Podemos hablarlo en otro momento.
TOBY.— No, creo que deberíamos hacerlo. ¿Montamos la fiesta aquí?
ERIC.— Ah. Bueno. En realidad –
TOBY.— Tienes razón: ahorraremos para montar una buena boda. En el Plaza o en el Maui.
ERIC.— Eso es muy caro, cariño. No es que gane una fortuna / y –
TOBY.— Podremos pagarlo. Dame un año. Dos como mucho. Voy a acabar esta obra y la montarán y voy a demostrar que me merezco que me hagan caso. Y que me respeten. Y que me paguen, también. Y construiremos algo de verdad para nosotros, no algo prestado como esto. Algo nuestro. ¿Qué te parece?
ERIC.— Eh… sí. Adelante.
TOBY.— Trato hecho.
ERIC.— ¿Acabamos de prometernos?
TOBY.— Creo que sí.
ERIC.— ¡Hostia puta! Tengo tu corrida en mi culo y nos acabamos de prometer.
TOBY.— ¿Eso es de una canción de Cole Porter?
2. Interludio de Toby
MORGAN.— ¿Por qué no le contó Eric a Toby lo del apartamento? ¿Por qué decidió seducirle en lugar de informarle?
ERIC.— Aún no está claro. Y Toby está muy centrado escribiendo su obra de teatro.
MORGAN.— Creo que hay otro motivo. Uno que toca la naturaleza de Toby – quizá, incluso el pasado de Toby. Empecemos por su escritura, ya que parece ser lo que le mueve.
JOVEN 1.— Toby ha escrito una novela basada en su infancia.
MORGAN.— Excelente. Ahora, si me lo permites: el libro es bueno –
TOBY.— Gracias.
MORGAN.— – pero no brillante. Engancha, y es muy ingenioso. Pero algo superficial.
JOVEN 1.— Se ha publicado como novela juvenil.
MORGAN.— ¿Cómo se llama el personaje central de Toby?
JOVEN 1.— Elan.
MORGAN.— ¡Perfecto!
TOBY.— Niño rico, diecisiete años, criado en el Upper West Side. Un Holden Caulfield gay del siglo veintiuno. Sexy, el cabrón. Sarcástico, maleducado pero seductor. Básicamente soy yo.
MORGAN.— O,
Elan es todo lo que Toby siempre quiso ser. Es quien Toby se ha convencido a él mismo – y al mundo – que es.
TOBY.— ¿Estás diciendo que la vida de Toby es una mentira?
MORGAN.— Estoy diciendo que la verdad es algo de lo que lleva toda la vida huyendo.
TOBY.— Eso no suena muy divertido.
MORGAN.— No lo es. Primavera. Ballet de Nueva York. Tormenta.
Final de la Escena Tres.
ESCENA CUATRO
Primavera y verano de 2016
1. Lincoln Center
Una fuerte tormenta. TOBY, de pie bajo los enormes aleros del edificio, vestido con un traje elegante. Un paraguas grande y caro en su mano.
JOVEN 1 sale del vestíbulo.
JOVEN 1.— ¿Toby? Eres Toby, ¿verdad? ¿Toby Darling?
TOBY.— Sí, gracias por leerme. Lo siento, pero no llevo boli.
JOVEN 1.— No, nos conocimos hace como seis meses. ¿En tu apartamento? Nos intercambiamos las bolsas.
TOBY.— Ah, sí. El pequeño cleptómano.
JOVEN 1.— Ey, tú cogiste mi bolsa.
Soy Adam Lucas McDowell.
TOBY.— Ah, nombre completo y todo. En ese caso, soy Toby Michael Darling.
ADAM.— Estás… wow.
TOBY.— Ah, gracias. «Wow» es el efecto que buscaba. ¿Sueles ir vestido así cuando vienes al ballet?
ADAM.— No, es que he pillado una entrada de última hora. ¿Has venido con tu novio?
TOBY.— Al final Eric ha tenido que trabajar hasta tarde. Lástima de entrada de anfiteatro.
ADAM.— Yo estaba en el gallinero.
TOBY.— Alguien tiene que estar allí. ¿Qué te ha parecido?
ADAM.— ¿El programa? Muy bueno. La pieza nueva especialmente. Me ha encantado.
TOBY.— Sí. De los espectáculos que te cambian la vida.
ADAM.— Hablando de cosas que te cambian la vida, leí tu libro.
TOBY.— Anda ya.
ADAM.— Me gustó mucho, de verdad. Tan potente, tan redondo. Casi como Salinger.
TOBY.— ¿«Casi»? ¿Cómo que «casi»?
ADAM.— Ah, quiero decir… a ver, ya sabes. Salinger es uno de los escritores americanos más grandes / de todos los tiempos y –
TOBY.— Me estoy quedando contigo.
ADAM.— Tu personaje, Elan, es tan vibrante… Es expansivo. Conozco a ese chaval. Crecí con ese chaval.
TOBY.— ¿El niño rico, esnob y gay?
ADAM.— No es esnob, simplemente es muy suyo.
TOBY.— ¡Eso es lo que digo siempre!
ADAM.— Bueno, que me encantó. Y me alegro de haber tenido la oportunidad de decírtelo.
La lluvia cae con más fuerza.
TOBY.— ¿Llevas paraguas?
ADAM.— Pensaba que sí.
TOBY.— Puedo acompañarte al metro.
ADAM.— La verdad es que no vivo lejos de aquí.
TOBY.— Ah, ¿sí? ¿Dónde?
ADAM.— Por la calle 74.
TOBY.— ¿Con?
ADAM.— ¿Riverside?
TOBY.— ¿Qué? ¿Compartes piso con doce compañeros más?
ADAM.— No, vivo con mis padres.
TOBY.— Ah…
ADAM.— Sí, bueno. No me importa / andar bajo la lluvia.
TOBY.— No digas tonterías. Llueve a mares. Cogerás una pulmonía.
MORGAN.— Se acurrucaron bajo el paraguas de Toby y se adentraron en el monzón. Al final llegaron al apartamento de Adam, que era…
JOVEN 1.— Ah. Un apartamento de cinco dormitorios y cinco baños completos más excusado con vistas al parque y al río que ocupaba la mitad de la undécima planta de un majestuoso edificio neogeorgiano. Como veis, Adam Lucas McDowell era asquerosamente rico.
2. Apartamento de ADAM
TOBY.— Vaya.
ADAM.— Pasa si quieres.
TOBY.— No quiero molestar a tus padres.
ADAM.— Están en Japón. Mi padre tiene whisky, si te apetece. Whisky añejo.
TOBY.— ¿Cómo de añejo? ¿Como del gobierno de Clinton?
ADAM.— Como del Tratado de Versalles.
TOBY.— Ah, sí, ponme un vaso.
ADAM le sirve una bebida a TOBY.
Este sitio es impresionante.
ADAM.— Bueno, mi casa, sin más. Aquí tienes.
TOBY da un sorbo.
TOBY.— Dios mío.
ADAM.— ¿Está bueno?
TOBY.— Cariño, acabas de ofrecerme el último siglo de historia universal destilado en forma de bebida espirituosa. Está un quintillón de veces mejor que «bueno».
MORGAN.— Toby se acercó a la gigantesca librería. Allí, en un estante – frente a lo que parecía una primera edición de El gran Gatsby de valor incalculable – había una foto de Adam con el presidente y su mujer, tomada en aquella misma habitación.
TOBY.— Toby daba sorbos al whisky sabiendo que cada trago valía más de lo que él tenía en el banco en ese momento. (A ADAM.) ¿De qué conoces a los Obama?
ADAM.— Mi madre fue a la facultad de Derecho con él. Se quedó destrozada cuando decidí ir a Yale.
TOBY.— Sí, la pesadilla de cualquier madre.
ADAM.— ¿Hiciste un posgrado de escritura?
TOBY.— No, un posgrado no.
MORGAN.— Un regate rápido, prestidigitación lingüística: Toby no tenía ni el bachillerato.
TOBY.— ¿Aún estudias?
ADAM.— No, me gradué en primavera.
TOBY.— ¿A qué te dedicas?
ADAM.— Soy actor.
TOBY.— Ya decía yo.
ADAM.— ¿A qué universidad / fuiste?
TOBY.— ¿Cómo te está yendo? Lo de actuar.
ADAM.— Tengo muchos call-backs. Aún no he conseguido un papel de verdad, pero he estado hablando con unas cuantas agencias y representantes.
TOBY.— No está mal para ser tu primer año.
ADAM.— Tengo amigos que ya están en Broadway.
TOBY.— Y estoy seguro de que te alegras muuucho por ellos.
ADAM.— Claro. Es solo que, bueno, ya sabes…
TOBY.— ¿Cuándo me toca a mí?
ADAM.— Sí. A veces es una lucha.
TOBY.— ¿Qué coño sabes tú de luchar, niño rico? Algunos nos hemos dejado la piel para convertirnos en las personas mediocres que somos hoy. Una elección muy valiente, niño rico. Ser un artista. Ya sois los únicos que os lo podéis permitir.
MORGAN.— Pero, en realidad, lo que Toby dijo es:
TOBY.— Sigue luchando, Adam. Al final habrá valido la pena.
ADAM.— Gracias. Qué emoción que vayan a adaptar tu libro al teatro. ¿Sabes cómo va?
TOBY.— La verdad es que sí. Mi agente es muy amigo del director, Tom Durrell. ¿Lo conoces?
ADAM.— No. ¿Debería?
TOBY.— Sí, Adam. Por supuesto que deberías. Es un genio. Y, bueno, Tom leyó mi libro y le volvió loco. Hemos pasado el invierno desarrollando la adaptación y empezamos con la producción en Chicago en septiembre.
ADAM.— ¿Qué aspecto tiene Elan? No das muchos detalles sobre su físico en el libro. ¿Es a propósito?
TOBY.— Para que todos los chavales que lo lean puedan creer que son él.
ADAM.— ¡Es justo lo que me pasó! Estoy convencido de que se parece a mí.
TOBY.— Quizá sí que se parece.
MORGAN.— Ya no llueve.
TOBY.— Debería irme.
ADAM.— ¿Me firmas el libro antes?
TOBY.— Sí, claro.
MORGAN.— «Para Adam, quien espero ser cuando sea mayor».
ADAM.— Gracias.
TOBY.— Oye, ¿te gustaría venir a casa a cenar la semana que viene?
ADAM.— ¿En serio? ¡Claro, me encantaría!
TOBY.— Genial. A Eric le encantará verte otra vez.
MORGAN.— Toby se marchó olvidando su paraguas. Adam lo cogió y vio en qué estado se encontraba. Totalmente desgastado por las costuras y lleno de parches. En realidad, era una porquería de paraguas. Pero de lejos deslumbraba. Como su dueño, no resistía el escrutinio en la distancia corta.
Mientras bajaba al vestíbulo en el ascensor revestido de madera, Toby pensaba…
TOBY.— ¿Quién coño es este chaval? Madre mía, sí que se lo tenía callado cuando lo conocimos.
MORGAN.— ¿Qué querías que dijera: «Hola, soy Adam y soy un niño bien»?
TOBY.— ¡Sí! ¡Yo lo pondría en mi tarjeta de visita! ¡Camisetas, haría camisetas con eso!
MORGAN.— Una semana más tarde, Adam caminó veinte manzanas al norte para cenar con Eric y Toby.
3. Apartamento de ERIC y TOBY
ERIC.— ¿Cómo que nunca has visto una película de Truffaut?
TOBY.— Vale, cálmate. Solo tiene veintiún años.
ERIC.— ¡Pero ha crecido en Manhattan!
ADAM.— A mis padres no les van mucho las pelis. Sí que íbamos a ver algo en Broadway todos los años en Acción de Gracias.
ERIC.— Vale, empecemos por ahí. ¿Cuál es tu obra de teatro favorita de todos los tiempos?
ADAM.— Mamma Mia!
ERIC.— Vamos a comenzar con pelis, mejor. ¿Confirmamos que si es en blanco y negro no la has visto?
ADAM.— Confirmamos.
ERIC.— Estupendo. Deberíamos empezar con la Nouvelle Vague. Jules y Jim o quizá Los 400 golpes.
TOBY.— No te emociones, no es una peli sobre sadomaso.
ERIC.— Mejor aún: algo que no hayas visto y por lo que siempre hayas sentido curiosidad. No hay respuesta incorrecta para eso.
ADAM.— Pues siempre he querido ver El cazador.
ERIC y TOBY se miran.
ERIC.— Ah. El cazador.
TOBY.— A ver, un clásico es.
ERIC.— Un reparto maravilloso.
TOBY.— Un barrido histórico.
ERIC.— Meryl Streep.
TOBY.— Eric…
ERIC.— A la mierda. Vamos a ver El cazador.
ADAM.— No hace falta que la veamos / esta noche.
ERIC.— La palabra «no» no existe a la hora de ampliar nuestros horizontes.
TOBY.— A no ser que Eric piense que tienes un gusto de mierda.
MORGAN.— Así que vieron El cazador. Adam volvió la noche siguiente para ver –
JOVEN 7.— Al final de la escapada.
MORGAN.— Y de nuevo la noche siguiente para ver –
JOVEN 2.— Jules y Jim.
MORGAN.— Eric y Toby adoptaron a Adam durante aquella primavera y principios de verano, integrándolo en sus vidas como si siempre hubiera estado allí. Adam acababa en casa de Eric y Toby cada vez más a menudo hasta llegar al punto de dejar algo de ropa en su habitación de invitados.
JOVEN 1.— Creció entre ellos un cariño y una intimidad que Adam nunca había experimentado con gais mayores.
ERIC.— ¡¿Mayores?!
TOBY.— ¡Que te den, chaval!
JOVEN 1.— De hecho, fue la primera amistad adulta que Adam tuvo en su vida.
MORGAN.— Eric disfrutaba llenando las lagunas de la educación cultural de Adam visitando con él a menudo –
JOVEN 5.— – el Film Forum –
JOVEN 6.— – y el MOMA.
JOVEN 8.— Fueron a Delacorte –
JOVEN 3.— – hicieron escapadas a Jacob Riis Beach –
JOVEN 4.— – y salieron a pasear por Bear Mountain.
TOBY.— Toby participaba en estas actividades, aunque no tan a menudo y siempre en la distancia. Pasó la mayor parte de aquel verano reescribiendo su obra febrilmente.
4. ADAM y ERIC
ADAM.— ¿Crees que Toby me dejaría hacer una prueba para su obra?
ERIC.— ¡Pregúntaselo!
ADAM.— Tenía la esperanza de que se lo preguntases por mí. No tengo claro qué piensa Toby de mí.
ERIC.— Toby te adora.
ADAM.— Toby me intimida.
ERIC.— Toby te tiene mucho cariño.
ADAM.— Aun así, ¿se lo dirías por mí?
5. ERIC y TOBY
TOBY.— Una pérdida de tiempo.
ERIC.— Pero ¿cuánto tiempo te va a ocupar? Es solo una prueba.
TOBY.— No tiene experiencia como actor. Una licenciatura en mamadas por Yale, eso es lo que tiene.
ERIC.— Si no te convence, le mandas a casa y se acabó. ¿No podrías, por lo menos, hablar con él?
6. TOBY y ADAM
TOBY.— Para empezar, la próxima vez que quieras algo de mí, me lo pides a mí y no a Eric, ¿vale?
ADAM.— No quería molestarte.
TOBY.— Y para continuar, no vas a llegar muy lejos en esta profesión si te da miedo molestar a la gente. ¿Quieres hacer una prueba para mi obra?
ADAM.— Sí.
TOBY.— ¿Por qué?
ADAM.— Es un gran papel.
TOBY.— Ya, bueno. ¿Es la única razón?
ADAM.— Quiero demostrarte que soy bueno.
TOBY.— ¿A mí? ¿Por qué a mí?
ADAM.— Porque te admiro, Toby.
Esto coge a TOBY desprevenido, pero se recompone.
TOBY.— Este personaje es el Everest.
JOVEN 3.— Ay, madre.
TOBY.— Elan no sale de escena en toda la obra. Tiene más frases que Hamlet.
JOVEN 7.— ¿En serio, Toby? ¿Hamlet?
TOBY.— Calla. (A ADAM.) ¿Preparado?
ADAM.— Sí.
TOBY.— Pues adelante.
7. TOBY y ERIC
MORGAN.— Así que Adam hizo la prueba para la obra de Toby y para gran sorpresa de este, fue como si Adam se hubiera convertido en Elan en aquella habitación.
TOBY.— Dios – ese chaval es muy especial, Eric.
ERIC.— Ya, cariño. Llevo semanas diciéndotelo.
TOBY.— Quiero decir como actor. O al menos en este personaje. Es perfecto, si lo piensas. Adam es un niño rico mimado.
ERIC.— Mimado no.
TOBY.— Solo digo que él y Elan han crecido en entornos similares.
ERIC.— Son personas muy diferentes, Toby.
TOBY.— ¿Y tú qué sabes? Elan es mi personaje.
ERIC.— Y Adam es mi amigo.
TOBY.— También es mi amigo.
ERIC.— Pues sé más amable con él.
TOBY.— Puede que vaya a darle su primer papel profesional, por el amor de Dios. ¿Cuánto más amable puedo ser? Esperemos que no la cague.
8. ERIC y ADAM
ADAM.— ¿Cuándo supiste que Toby era el hombre con el que te querías casar?
ERIC.— Si te soy sincero, creo que la misma noche en la que lo conocí. Los siguientes siete años fueron ensayo y error. Pero recuerda: cuando Toby y yo nos conocimos – y desde luego, mientras crecíamos – el matrimonio no era una opción para nosotros. Simplemente supe que era alguien con quien podría pasar el resto de mi vida. ¿Estás pensando en pedir matrimonio a alguien?
ADAM.— No, qué va. Es que tengo curiosidad sobre vuestra relación. ¿Quién se lo pidió a quién?
MORGAN.— Eric se lo pidió a Toby.
ADAM.— ¿Te pusiste de rodillas?
ERIC.— Digamos que ya lo estaba.
ADAM.— ¿Vais a tener niños?
ERIC.— Me encantaría. Siempre he soñando con eso.
MORGAN.— Pero, claro, Toby tuvo una infancia difícil.
TOBY.— ¿Qué?
ERIC.— Ni siquiera yo sé toda la historia.
MORGAN.— Los padres de Toby murieron cuando él era pequeño.
TOBY.— Morgan.
ADAM.— No lo sabía.
ERIC.— La verdad es que solo conozco la parte más superficial de la historia de Toby.
MORGAN.— Se mudó a Nueva York a los diecisiete.
TOBY.— Espera.
ADAM.— Pensaba que había crecido en Nueva York.
ERIC.— Esa historia es algo complicada.
TOBY.— Para, por favor.
ERIC.— Toby no habla mucho de su pasado – ni siquiera conmigo.
ADAM.— ¿Te molesta eso?
ERIC.— Antes sí. Pero Toby me ha dejado conocerle de formas en que no se lo ha permitido a nadie más. He conseguido entender lo que el amor significa para él.
ADAM.— ¿Y qué significa para ti?
ERIC.— Cuidar a Toby, supongo. Porque nadie lo ha hecho antes.
ADAM.— ¿Aún tenéis sexo Toby y tú?
MORGAN.— Sí.
ADAM.— Y alguna vez… ¿lo hacéis con otra gente?
ERIC.— Digamos que no es lo mismo monogamia que monotonía.
ADAM.— ¿Querríais acostaros conmigo alguna vez?
TOBY.— Di que sí.
ERIC.— Uy.
ADAM.— Lo siento.
TOBY.— Di que sí.
ERIC.— No, no lo sientas.
TOBY.— Di que sí y ya está. Ya hablaremos de los detalles.
ERIC.— Es una oferta muy halagadora y muy tentadora.
TOBY.— Así que…
ADAM.— No tienes / que –
ERIC.— No, en serio. Eres muy atractivo.
TOBY.— Está buenísimo.
ERIC.— Y en otras circunstancias estaría abierto a la idea.
TOBY.— Sí, cariño.
ERIC.— O a tope con ella.
TOBY.— Sí, cariño.
ERIC.— Como más te guste.
TOBY.— ¡Sí, cariño!
ERIC.— Pero creo que quizá no sea una buena idea: si consiguieras el papel en la obra de Toby, creo que no querrías esa energía entre vosotros mientras trabajáis.
TOBY.— ¿¡Qué!?
ERIC.— Y si no consiguieras el papel… bueno, quizá esta amistad vaya de otra cosa. En otras palabras, no jodamos esto que tenemos.
TOBY.— Me matas, Eric.
ADAM.— Sí. Tienes razón. Lo siento.
ERIC.— No te disculpes.
ADAM.— No sé qué estoy haciendo.
ERIC.— Todo está bien, de verdad.
ADAM.— ¿Podría acudir a ti de vez en cuando? ¿Si necesito una guía? ¿O consejos? ¿Experiencia?
ERIC.— ¿Te interesa… mi experiencia?
ADAM.— Sí. Por supuesto.
ERIC.— Ay. Vaya.
MORGAN.— Bueno, y ¿algo de perspectiva, quizá?
ERIC.— Si te sirve de algo…
ADAM.— Sí. Perspectiva. Me encantaría. Gracias, Eric.
MORGAN.— A Eric nunca le habían pedido sexo y consejo en la misma conversación. Toda su vida había sido el hijo, el hermano pequeño, el alumno. Siempre había tenido a alguien a quien admirar. Nunca se le había pasado por la cabeza que, en algún momento, alguien le admiraría a él.
ERIC.— La petición de Adam le hizo sentirse valorado – tal vez, incluso importante – de una forma que nunca antes había experimentado.
JOVEN 3.— Disculpa – ¿puedo hacerte otra pregunta?
MORGAN.— Por supuesto.
JOVEN 3.— Antes has dicho que Eric no era especial. ¿De verdad lo crees?
JOVEN 1.— Morgan ha dicho que Eric no pensaba que era especial.
JOVEN 3.— Pero ¿cómo puede pensar eso? Me parece alguien extraordinario.
MORGAN.— Acabáis de dar con un gran secreto que ni siquiera Eric conoce. Eric Glass se equivocaba sobre sí mismo de todas las formas posibles. No solo era la persona más valiente que conocía, además tenía una capacidad para mejorar el mundo mucho más grande de lo que pudiera imaginar. La concepción que Eric Glass tenía de sí mismo era completamente falsa. Es solo que aún no se había enterado.
ERIC.— ¿Cómo se enterará?
MORGAN.— Sufriendo.
9. ERIC, TOBY y ADAM
MORGAN.— Bueno, ¿consigue Adam el papel?
Los chicos quieren que lo consiga. Todas las miradas sobre TOBY.
TOBY.— ¡Sí, me cago en la puta! ¡Vamos a darle el papel!
Los chicos lo celebran.
ADAM.— ¡No me lo puedo creer! De verdad que, por ti, quiero hacer un trabajo impresionante, Toby.
TOBY.— Más te vale, chaval.
ADAM.— Te lo prometo. ¡Joder, es que no me lo creo! ¡Voy a hacer el personaje! ¿Quién más estará en el montaje? Puedo recomendarte a algunos amigos para el elenco. ¿Sabes dónde va a estar tu apartamento en Chicago? A lo mejor podemos ir a yoga juntos. Voy a llevar el texto aprendido desde el primer día.
MORGAN.— Toby sacó a Adam a la terraza y antes de que Eric pudiera salir con ellos la puerta se cerró, separándolos. Eric observaba desde el otro lado del cristal mientras Toby y Adam se abrazaban, reían y fantaseaban juntos.
Final de la Escena Cuatro.
ESCENA CINCO
Otoño de 2016
JOVEN 7.— Toby y Adam salieron hacia Chicago después del Día del Trabajo, dejando a Eric en Nueva York.
JOVEN 8.— Eric empezó a sentirse solo casi al instante.
JOVEN 4.— Por primera vez en años, el hogar que tanto amaba estaba en silencio.
JOVEN 1.— Y una mañana, un encuentro casual con un viejo amigo sacudió no solo su silencio, sino toda su vida.
JOVEN 4.— El reencuentro ocurrió, de entre todos los sitios posibles, en el ascensor de Eric.
ERIC.— ¿Walter? ¡Dios mío, hola!
WALTER.— ¿Eric Glass?
ERIC.— ¿Vienes a ver a alguien del edificio?
WALTER.— No, Henry y yo estaremos aquí unos meses hasta que acabe la reforma de nuestra casa.
ERIC.— ¿Qué dices? Toby y yo vivimos en la planta quince.
WALTER.— Ahm.
ERIC.— Escucha, Walter: me siento fatal por haberte hecho ghosting el año pasado.
WALTER.— ¿«Ghosting»?
ERIC.— Desaparecer de la faz de la Tierra después de que Toby… bueno, ya sabes.
WALTER.— Te dije que te olvidaras de eso.
ERIC.— Sí, sé que me lo dijiste, pero… bueno, no sabía si tú te habías olvidado. Y yo… bueno, no lo manejé bien. Lo siento.
WALTER.— Disculpa aceptada. Y ahora / si no te importa –
ERIC.— Me encantaría invitaros a ti y a Henry a cenar una noche.
WALTER.— Henry estará en Londres hasta después de Acción de Gracias.
ERIC.— Ah. Toby está en Chicago. Parece que los dos estamos solos este otoño.
WALTER.— Eso parece.
JOVEN 2.— Una semana después, Eric coló una nota bajo la puerta de Walter:
ERIC.— «Walter, si te apetece, me encantaría invitarte a cenar mañana. Pásate sobre las siete si quieres. Apartamento 15 A. Eric».
JOVEN 3.— El timbre sonó a las siete en punto.
ERIC.— Pasa, por favor.
JOVEN 6.— Había cierta fragilidad en Walter que antes no estaba.
JOVEN 2.— Lo que había sido un aspecto distante e inescrutable ahora era realmente espectral.
JOVEN 4.— Instintivamente, Eric puso su mano sobre la espalda de Walter como para ayudarle al pasar. Walter se deshizo de la mano con un encogimiento de hombros sin mediar palabra.
ERIC.— Creo que es la primera vez que estamos los dos solos.
WALTER.— No es posible.
ERIC.— Creo que sí. ¿Y si descubrimos que los interesantes son Henry y Toby y tú y yo no tenemos nada que decirnos?
WALTER.— Para eso está el alcohol.
ERIC.— ¿Una copa de vino?
WALTER.— Estoy bien, gracias. Tu apartamento es enorme.
ERIC.— Ah, sí. ¿Cuánto lleváis juntos Henry y tú?
WALTER.— Casi treinta y seis años.
ERIC.— Impresionante.
WALTER.— Es solo una sucesión de cenas.
ERIC.— Ojalá conociese mejor a Henry.
WALTER.— Después de treinta y seis años yo no siento que lo conozca del todo.
ERIC.— Me pasa lo mismo con Toby. ¡Por cierto! Nos casamos el año que viene.
WALTER.— ¿En serio? Enhorabuena.
ERIC.— Gracias.
WALTER.— Siempre he pensado que Toby y tú no hacíais buena pareja.
ERIC.— Ah.
WALTER.— Ha sonado muy mal.
ERIC.— ¿Había alguna posibilidad de que sonara bien?
WALTER.— A algunas relaciones les va bien la tensión.
ERIC.— No diría que estamos siempre en tensión.
WALTER.— En oposición, quizá.
ERIC.— Creo que nos llevamos bien.
WALTER.— Mira, creo que sí me voy a tomar un vino.
ERIC sirve dos copas de vino.
¿Qué tamaño tiene tu apartamento?
ERIC.— Tres habitaciones, dos baños. El resto de viviendas del edificio se fueron dividiendo y subdividiendo, convirtiéndose en estudios. Esta es la única vivienda de alquiler que queda.
WALTER.— ¿Estás de alquiler?
ERIC.— Desde luego. No podría permitirme tener esto. Es de renta controlada. Solo pago quinientos setenta y cinco dólares al mes por todo esto.

ERIC.— Mi padre dio sus primeros pasos aquí. Mi madre estaba sentada en esa silla de ahí cuando mi padre le pidió matrimonio. No creo que haya pasado un Acción de Gracias o una Pascua en ningún otro sitio.
WALTER.— Qué envidia.
ERIC.— No la tengas. Los seders de Pascua en mi familia se hacen eternos.
WALTER.— Me refiero a la conexión con la historia de tu familia a través del hogar familiar. Vivir en el mismo sitio en el que tu padre creció – eso está muy bien, Eric. Debe ser una parte muy importante de tu vida.
ERIC se queda en silencio.
He vuelto a decir lo que no debía, ¿verdad?
ERIC.— La verdad es que probablemente me desahucien a final de año.
WALTER.— ¿Desahuciarte? Lo siento. ¿En base a qué?
ERIC.— Es un contrato blindado. Si mi abuela no reside aquí durante más de un año, pueden revocarlo.
WALTER.— ¿Dónde vive ahora?
ERIC.— En esa urna que hay sobre la repisa. A ver, técnicamente reside aquí, pero parece que ellos no lo ven igual. Mis padres están en ello, pero no tiene buena pinta. Si miro el lado bueno, podría ser emocionante empezar un capítulo nuevo en mi vida. Pero no será en este apartamento y no tendrá su historia. Pero al menos tendré a Toby. Decidí hacerme amigo de Henry y de ti porque pensé: «Esos seremos Toby y yo algún día, tengo que estudiar cómo lo han hecho».
WALTER.— La verdad es que las nuevas relaciones se me dan fatal. Henry viaja mucho, estamos cada vez en una ciudad diferente, nunca lo suficiente como para echar raíces.
ERIC.— Eso debe ser duro.
WALTER.— Es parte del acuerdo.
ERIC.— ¿Piensas en tu relación como un «acuerdo»? Lo siento. Eso ha sido de mala educación. No me contestes.
WALTER.— Todas las relaciones en la vida de Henry son algún tipo de acuerdo. Henry es un hombre de negocios y por lo tanto ve el mundo exclusivamente en esos términos. Se preocupa sobre todo por las cosas que son de utilidad. Dinero, extremadamente útil. Intelecto, razonablemente útil. Personas, intermitentemente útiles. Emociones, en absoluto útiles. No suscribo esta forma de ver el mundo, pero Henry es así.
ERIC.— ¿Y tú cómo eres?
WALTER.— ¿Yo? Yo soy el hombre que se enamoró de Henry Wilcox. Henry nació en Ohio a finales de los cincuenta. Era la estrella del equipo de atletismo. El primero de la clase y presidente del consejo estudiantil. Más americano que una sinfonía de Aaron Copland. Se casó con Patricia Fitzgerald antes de acabar la facultad.
ERIC.— ¿Cómo?
WALTER.— Sí, sí. Los hijos llegaron poco después, Henry estaba encaminado a una vida de éxito, rectitud y profundo episcopalismo. Si un joven sanote de futuro prometedor y familia perfecta tenía deseos secretos y ansias vergonzantes, las escondía del mundo y de sí mismo.
Henry trabajaba duro, no se metía en líos y no tocaba lo que no debía. Al final, su esfuerzo lo llevó del Medio Oeste al centro financiero de los Estados Unidos, que también es el centro de la tentación de los Estados Unidos: Nueva York. La familia Wilcox llegó el 3 de julio de 1981. El mismo verano que yo.
Como tantos otros antes que yo, llegué a Nueva York como refugiado de un hogar que se había hecho hostil a mi presencia. Desde pequeño supe que la gente se sentía incómoda junto a mí. Tenía la cabeza en las nubes y era afeminado. En los pueblos pequeños tienen la rara costumbre de tolerar bien a los niños sensibles y delicados. Pero cuando crecí, mis padres me enviaron a pastores, a médicos, incluso a entrenadores. Andar por el pueblo se volvió peligroso, cada día de colegio representaba una posibilidad de violencia. Robaba los somníferos de mi madre, los acumulaba, planeaba mi suicidio. Me quedaba mirándolos todas las noches, sujetándolos en la mano hasta que una noche en la que estuve peligrosamente cerca de tragármelos, caí en la cuenta de que no quería cambiar y que lo que odiaba no era mi naturaleza, sino mis circunstancias. Así que me fui… no en busca de fama y desde luego no de fortuna, sino – simplemente – de dignidad.
El único sitio al que se me ocurrió ir fue Nueva York. Había leído sobre los sucesos de junio de 1969. Era el único sitio del mundo en el que sabía que podía encontrar otros chicos como yo.
Imagínate, con diecinueve años en el Times Square de 1981, con la Samsonite vieja de mi madre, preguntando a los desconocidos cómo se llegaba al Stonewall Inn. Al final, un proxeneta muy amable me indicó el camino.
Cogí un metro cubierto de grafitis hasta el centro, aferrándome tan fuerte a la maleta que me salieron ampollas en las manos. Llegué al mítico Stonewall Inn y descubrí que se había convertido en… un restaurante chino.
Puedes imaginarte la decepción.
Pero tenía mucha hambre. Y nunca había probado la comida china. Así que me quedé en el emporio del Dim Sum del señor Shun y supe que había hecho lo correcto.
Henry, por su parte, no lo tiene tan claro. Tiene veinticuatro años, ya es padre de dos niños y en un mes gana más de lo que la mayoría de hombres que le doblan la edad gana en un año. Tiene una casa de cuatro dormitorios en White Plains y se desplaza a diario a su oficina en el centro. Ahí está Henry, apurando martinis con sus compañeros después del trabajo. Ahí esta Henry, en la sauna del East Side Club. Ahí está Henry, en el tren de las once y media de vuelta a su hogar y a su familia. Ahí está Henry, bajo la ducha, lleno de arrepentimiento y culpa, tratando de extirparse su gran secreto de la piel. Ahí está Henry, colándose en la cama a la una de la mañana junto a una esposa que sospecha más de lo que cuenta.
Nos conocemos en una fiesta en una azotea con vistas a Christopher Street. Henry ha alquilado un apartamento en Nueva York mientras su familia pasa el verano en Montauk. Yo me fijo en él primero y siento una descarga eléctrica al contemplarlo. Cabello color miel, un poco largo, como se llevaba en aquella época. Pecho bien desarrollado, que amenaza la integridad de su polo. Me coloco en su campo de visión y espero a que se fije en mí. No tengo que esperar mucho. Charlamos hasta que no podemos más y nos dirigimos a su apartamento y a su cama.
Henry fue el primer, el único hombre al que amé. No, menuda mentira, qué poca vergüenza decirte eso. Henry Wilcox fue el único hombre que necesité que me amara. Fue bajo la mirada de Henry, con sus besos y por cómo me tocaba, que por fin empecé a intuir lo que yo valía. Me enamoré como un loco de su belleza, de su inteligencia, de su potencial… no, de su potencial no – de su seguridad.
No estaba previsto que yo fuera a ser el compañero de vida de Henry, pero estaba bailando conmigo cuando la fiesta se acabó. Para entonces, los cuchicheos sobre la enfermedad ya eran rumores. Los rumores se convirtieron en historias. Y las historias, en hechos. Henry había llegado a la fiesta a tiempo de ver su final.
Durante cinco años, Henry y yo nos aferramos el uno al otro por seguridad, por comodidad, mientras la ciudad ardía a nuestro alrededor. En el verano de 1987, ya estábamos superados por la cantidad de funerales y visitas a hospitales y la imagen de miles de hombres que habían estado llenos de vida echados a perder.
Decidimos buscar una casa tan lejos de la civilización como fuera posible. Al final apareció una casa de campo vieja y destartalada en un camino rural que no llevaba a ningún sitio, tres horas al norte de aquí, construida a finales del siglo dieciocho. Está apartada de la carretera, así que parece que estás solo en el mundo.
Y frente a la casa, lo que más me gusta de toda la propiedad: un cerezo enorme que lleva ahí desde la época en la que George Washington salía a talarlos. Dos veces al año da el espectáculo más increíble que te puedas imaginar. En otoño se incendia con hojas que van del naranja intenso al rojo. Y en primavera llegan las flores, llenas de vida, ruborizadas, que acaban cayendo al suelo suavemente, bailarinas de un ballet flotante.
Y – no sé si me creerás, pero es verdad – clavada profundamente en la corteza del tronco del árbol hay una dentadura de cerdo que lleva ahí desde hace no sé cuántas generaciones. Corría una superstición entre los colonos según la que, si mordían la corteza de un árbol, les curaba todos sus males.
ERIC.— ¿Y los curaba?
WALTER.— No. Claro que no. Pura superstición. Y aun así, allí en el campo, entre pastos infinitos, entre las flores, la brisa y cerezos con dentaduras de cerdo clavadas en la corteza, no había muerte, no había enfermedad, no había pérdida ni peligro. Henry la compró al día siguiente y vivimos allí durante un año sin ni siquiera salir de la zona. Cocinábamos, cuidábamos del jardín, leíamos bajo el cerezo. Y evitábamos todas las noticias sobre nuestros amigos, sobre el mundo exterior.
Pasó un año y Henry iba inquietándose. Empezó a viajar a Londres para emprender uno de los muchos negocios que acabaron haciéndole tan rico. Sin él, comencé a sentir ansiedad, así que una mañana temprano decidí volver a la ciudad. No había estado por allí en más de un año. Estaba aterrorizado ante lo que pudiera encontrarme. Estaba a punto de buscar algún sitio para comer cuando me topé con un viejo amigo de los dos. Se llamaba Peter West. Ay, Peter. Encantador, el hombre más listo que he conocido en mi vida. Y guapo a rabiar. Si no me llega a llamar en plena Quinta Avenida, no lo hubiera reconocido. Peter tenía «la pinta», la marca de los que estaban infectados. Su cara, que había sido tan bella, estaba amarillenta y hundida, sus músculos se habían esfumado. A simple vista estaba claro que lo tenía. Y me contó también que básicamente estaba en la calle. Su casero le había echado. Llevaba años sin saber de su familia. No tenía adonde ir. Cogimos el primer tren hacia el norte y llamé un taxi. El taxista se largó nada más ver a Peter. Allí estábamos, a cuatro millas de mi casa sin más medio de transporte que nuestras cuatro piernas. Hacía un día precioso y Peter sonreía inhalando el aire del campo con sus pulmones renqueantes. Caía el sol cuando nos acercábamos a la casa. Sentí que el cuerpo de Peter se relajaba de golpe. Le metí en la cama de una de las habitaciones de arriba. Peter pasó los siguientes cinco días muriéndose poco a poco. Le limpiaba cuando se lo hacía encima. Le abrazaba mientras lloraba de pena. Le consolaba cuando gritaba de dolor. No tenía ni idea de que yo pudiera ser tan fuerte.
Henry volvió de Londres al cuarto día de estar Peter conmigo. Cuando le conté que estaba arriba, estalló en cólera, acusándome de traición, de traer la plaga a nuestro hogar. Jamás había visto tanto miedo en la cara de un hombre como vi en la de Henry aquel día. Fue a su coche y se marchó.
Peter murió al amanecer del quinto día. Henry regresó a Londres y me dejó solo durante varios meses sin dignarse siquiera a llamar. Pasé las primeras semanas de mi exilio preguntándome si me había equivocado siendo tan bueno con un amigo. Pero, Eric, ver la devastación en la cara de Peter y el miedo en sus ojos – creo que, si lo hubiera dejado en aquella acera, volviendo a mi rincón de paz sin él, hubiera aborrecido esa casa mucho más de lo que Henry pudiera aborrecerla por haberme traído a Peter. Al final vi que abandonar la ciudad y a nuestros amigos fue el acto de cobardía más imperdonable que había cometido en mi vida. Me di cuenta de que la respuesta no era cerrarnos al mundo, sino abrir las puertas y dejar que entrara. Así que, mientras el silencio furioso de Henry atronaba desde el otro lado del Atlántico, traje a otros hombres que se encontraban en sus últimos días a nuestra casa. Reproduje aquella escena una y otra vez con amigos, conocidos y, llegado un momento, hasta con extraños. Uno a uno, fueron viniendo a mi casa y uno a uno fueron muriéndose.
Tras unos meses, Henry pidió a sus abogados que se encargaran del papeleo para nombrarme único dueño de la casa. Peter West es el motivo por el que esa casa acabó siendo mía. No sería el santuario que es si no fuera porque antes acogió la tortura y muerte de Peter. Henry no lo ve así y es cosa suya reconciliarse con ello. Creo que, tras treinta y seis años, Henry y yo seguimos intentando reconciliarnos. Y no sé si alguna vez lo lograremos.
Silencio.
ERIC.— No me imagino cómo fueron aquellos años. Ni siquiera puedo… Entiendo lo que fue, pero me es imposible sentirlo.
WALTER.— Dime el nombre de uno de tus amigos más íntimos.
ERIC.— Tristan.
WALTER.— Imagina que Tristan está muerto. Dime otro. ERIC.— Jasper.
WALTER.— Jasper también está muerto.
ERIC.— Jason.
WALTER.— Jason ha estado dos semanas en St. Vincent. La toxoplasmosis le ha dejado con demencia.
ERIC.— Jason, su marido.
WALTER.— Como no pueden casarse legalmente, el abandono es más fácil. Jason le ha dejado.
JÓVENES.— (Turnándose.)
Patrick ha muerto.
Alex ha muerto.
Colin ha muerto.
Lucas está infectado.
Zach se está muriendo de pneumocystis carinii.
Chris está sano.
Su pareja acaba de ser diagnosticada.
Acabas de visitar a Mark en el hospital. Esta noche visitarás a Will.
El funeral de Eddie es mañana.
El cuerpo de Michael está cubierto de lesiones de sarcoma de Kaposi.
Jeffrey está infectado pero asintomático.
Sati está muerto.
Daniel está infectado.
Stephen está infectado.
La pareja de Brian tiene neuropatía periférica. Grita de dolor al menor roce.
Scott está en París, espera que le traten con HPA-23.
Javier ha vuelto para morir en casa con su madre.
La familia de Jonathan no le deja volver.
Brandon está muerto.
Matthew está muerto.
Leo está infectado.
Kurt está infectado, pero no lo sabe.
David, su pareja, se enterará antes.
La hermana de Frankie te llama para contarte que está muerto.
Nadie sabe dónde está Adam.
Phillip está muerto.
Trevor está muerto.
Kevin está infectado.
WALTER.— Corren rumores sobre el encarcelamiento preventivo de hombres gais.
JÓVENES.— (Turnándose.)
Los políticos empiezan a barajar abiertamente cuarentenas masivas.
Se habla de ilegalizar la homosexualidad, hay rumores sobre deportaciones.
Aumenta la violencia contra los homosexuales.
La población estadounidense se moviliza por la pandemia: no contra la enfermedad, sino contra quienes la tienen.
Las empresas cancelan los seguros sanitarios de los empleados con sida.
WALTER.— Los estados aprueban leyes que obligan a quien venda una casa a divulgar si alguien con sida ha vivido antes allí.
JÓVENES.— (Turnándose.)
Sam está muerto.
Mark está muerto.
Miguel está infectado.
Paul lo tiene.
Ben lo tiene.
Carlos lo tiene.
Wesley está muerto.
Caleb está muerto.
David está muerto.
James está muerto.
Andrew está muerto.
Jacob está muerto.
WALTER.— Así era.
Final del Primer Acto.
Pulsuz fraqment bitdi.