Kitabı oxu: «Geopoéticas, memoria e imaginarios en la frontera México - Estados Unidos»



Vera Sánchez, Mauricio
Geopoéticas, memoria e imaginarios en la frontera México - Estados Unidos / Mauricio Vera Sánchez. --Bogotá : Universidad Externado de Colombia. 2020.
194 páginas : ilustraciones, gráficos, mapas, fotografías ; 24 cm.
Incluye referencias bibliográficas (páginas 189-194)
ISBN: 9789587904963
1. Arte -- Aspectos sociales – México 2. Cultura urbana -- Aspectos sociales – México 3. Identidad cultural -- Aspectos sociales -- Estados Unidos 4. Sociología urbana – México 5. Sociología urbana -- Estados Unidos 6. Geopolítica -- Aspectos sociales -- Estados Unidos 7. México – Límites -- Estados Unidos I. Universidad Externado de Colombia II. Título
307.76 SCDD 15
Catalogación en la fuente -- Universidad Externado de Colombia. Biblioteca. EAP.
diciembre de 2020
ISBN 978-958-790-496-3
© 2020, MAURICIO VERA SÁNCHEZ
© 2020, UNIVERSIDAD EXTERNADO DE COLOMBIA
Calle 12 n.º 1-17 Este, Bogotá
Teléfono (57 1) 342 0288
publicaciones@uexternado.edu.co
www.uexternado.edu.co
Corrección de estilo: Patricia Miranda
Diseño de cubierta: Departamento de Publicaciones
Composición: Marco Robayo
Impresión y encuadernación: Imageprinting Ltda.
Tiraje: de 1 a 1.000 ejemplares
Prohibida la reproducción o cita impresa o electrónica total o parcial de esta obra, sin autorización expresa y por escrito del Departamento de Publicaciones de la Universidad Externado de Colombia. Las opiniones expresadas en esta obra son responsabilidad del autor.
Diseño epub: Hipertexto – Netizen Digital Solutions
CONTENIDO
LA FRONTERA DE TRES PILARES
INTRODUCCIÓN
CAPÍTULO I
GEOPOLÍTICAS Y GEOPOÉTICAS EN LA FRONTERA
Frontier / Border
Arte e imaginarios
Arte y memoria
CAPÍTULO II
EL DESIERTO
El desierto, cuerpos migrantes
Desierto: imaginarios, deseos y percepciones
El Southwest, lejano y salvaje oeste
CAPÍTULO III
EL RÍO BRAVO
El imaginario fronterizo que se hace agua…
CAPÍTULO IV
EL MURO
La frontera de Trump
Muro: entrecuerpo poroso
Border: cuerpos atrapados
CAPÍTULO V
JUÁREZ, ENTRE LA CIUDAD Y LA FRONTERA
Identidad e historia
Imagen y memoria
Decogramas fronterizos
El emocionario fronterizo
CONCLUSIONES
BIBLIOGRAFÍA
NOTAS AL PIE
ÍNDICE DE GRÁFICAS
Gráfica 1. ¿Cuáles son los objetos que definen la frontera?
Gráfica 2. ¿Cómo define la relación artística entre las ciudades de Juárez y El Paso?
Gráfica 3. Las narrativas sobre la frontera, ¿qué tipo de memorias han construido sobre esta?
Gráfica 4. ¿Quiénes son los dueños de la memoria sobre la frontera?
Gráfica 5. ¿Cómo considera que se hereda la memoria sobre la frontera?
Gráfica 6. ¿Cuáles son los olvidos históricos sobre la frontera?
Gráfica 7. ¿Cómo considera que el desierto, el río Bravo y el muro han construido históricamente el concepto de frontera?
Gráfica 8. ¿Cuáles son los espacios naturales que identifica con la frontera?
Gráfica 9. ¿Cómo determina el desierto el concepto de frontera?
Gráfica 10. ¿Cómo determina el río Bravo el concepto de frontera?
Gráfica 11. Mencione tres lugares con los que relaciona la frontera
Gráfica 12. ¿Cuál es la imagen que define la frontera?
Gráfica 13. ¿Qué sentimientos y emociones ha generado la llegada de Trump a la presidencia?
Gráfica 14. Con Trump en la presidencia, ¿hay posibilidades de una guerra con México que se inicie en la frontera?
Gráfica 15. Con Trump en la presidencia, ¿qué desearía que hiciese el arte en la frontera?
Gráfica 16. ¿Cómo determina el muro el concepto de frontera?
Gráfica 17. ¿Qué es lo que más le gusta de vivir en frontera?
Gráfica 18. ¿Con qué género musical identifica la frontera?
Gráfica 19. ¿Cuál considera que es la comida típica de la frontera que le da identidad?
Gráfica 20. ¿Qué sabor le asignaría a la frontera?
Gráfica 21. ¿Cómo califica a las autoridades del Servicio de Inmigración de los Estados Unidos?
Gráfica 22. ¿Cómo califica a las autoridades del Instituto Nacional de Migración en México?
Gráfica 23. Cuándo piensa en la frontera, ¿con qué personaje la relaciona?
Gráfica 24. ¿Cuál considera el rasgo cultural que le da identidad a la frontera?
Gráfica 25. ¿Cuál considera que es el ícono o figura visual de la frontera?
Gráfica 26. Las narrativas sobre la frontera, ¿qué tipo de memorias han construido sobre la frontera?
Gráfica 27. ¿Cuál es el espacio que más le gusta de la frontera?
Gráfica 28. ¿Cuál considera que sería el espacio de encuentro o reunión de esta frontera?
Gráfica 29. ¿Qué lo emociona de la frontera?
Gráfica 30. ¿Cómo calificaría a los gobernantes de El Paso en relación a los de Ciudad Juárez?
Gráfica 31. ¿Cómo calificaría a los gobernantes de Ciudad Juárez en relación a los de El Paso?
Gráfica 32. ¿Qué color le asignaría a la frontera?
Gráfica 33. ¿Cómo percibe la frontera?
ÍNDICE DE IMÁGENES
Imagen 1. Frontera aérea entre Ciudad Juárez (México) y El Paso (Texas, Estados Unidos)
Imagen 2. En el cielo, estelas de aviones supersónicos estadounidenses que vigilan los límites con los Estados Unidos Mexicanos. Frontera entre los estados de Chihuahua (México) y Texas (Estados Unidos)
Imagen 3. Ni Estados Unidos Mexicanos, ni Estados Unidos de América. Puente internacional Santa Fe, entre Ciudad Juárez y El Paso
Imagen 4. Carlos Gutiérrez, Number 7 / Número 7 y Number 11 / Número 11, 2012
Imagen 5. Héctor Herrera, Head II / Cabeza II, 2015
Imagen 6. Ciudades mimetizadas: al fondo, “invisibles”, se encuentran insertadas, mezcladas en le paisaje desértico, El Paso y Ciudad Juárez
Imagen 7. Museo del sitio Casa de Adobe, frontera México-Estados Unidos
Imagen 8. Alberto Escamilla, Entrando a Juárez, 1995
Imagen 9. Rudy Montoya Jr., Viva Villa, 1975
Imagen 10. Desierto, vista aérea. Sonora, México
Imagen 11. Michael P. Berman, Spur, Barry M. Goldwater Range, Arizona, 2007
Imagen 12. Julián Cardona, Jóvenes mexicanos sureños postrados con velas antes de salir de Altar para cruzar el desierto, Altar, Sonora, 2005
Imagen 13. Julián Cardona, Grupo de emigrantes que incluye mujeres y niños sale de Sásabe hacia el noreste para internarse en el desierto, Sásabe, Sonora, 2004
Imagen 14. Michael Berman, Crossings, Vopoki Wash, Arizona, 2007
Imagen 15. Julián Cardona, Fotografía Dulce Yolanda Gálvez, Ciudad Juárez, 2006
Imagen 16. Gabriel Gaytán, Listen to Your Ancestors, 2007
Imagen 17. Henry Cheever Pratt, View of West Texas Ranch, El Paso / Coons Ranch, Paso del Norte, 1853
Imagen 18. Hilda Rosenfeld, Desert Alive, 1998.
Imagen 19. Daniel Domínguez, Neutral day / Día neutro, 2013
Imagen 20. Tren sobre el río Bravo, frontera entre El Paso (Texas) y Ciudad Juárez
Imagen 21. Tony de los Reyes, Border Theory (Río Grande / Colorscale 4 y 7) / Teoría de la frontera (Río Grande / Escala de color 4 y 7), 2015
Imagen 22. Carlos Callejo, La cruzada / The Crossing, 1991.
Imagen 23. Ciudadano fronterizo corriendo bajo la lluvia al lado del muro en Tijuana
Imagen 24. Plastic Jesús / Jesús Plástico, Muro miniatura alrededor de la estrella de Donald Trump, 2016
Imagen 25. Julie Anand y Damon Sauer, Espejismo (Sonora/Arizona) y cruce fronterizo / Mirage (Sonora/Arizona) and Border Crossing, 2010
Imagen 26. Ana Teresa Fernández, Borrando la frontera, 2015
Imagen 27. René Magritte, The Kiss, 1951
Imagen 28. Luis Hernández, The other side / El otro lado, 2007-2010
Imagen 29. Nery Gabriel Lemus, Four Black Bellied Whistting Ducks Migrating and Four Young, 2010
Imagen 30. Martha Palau, Muros, 2010
Imagen 31. Nómada Laboratorio Urbano, Performance literario, 2017
Imagen 32. Arturo Damasco, Mural de Juan Gabriel, 2015
Imagen 33. Claudio Dicochea, From agent Smith and Noa Noa, The systematic youth conductor / De agente Smith y Noa Noa, El joven conductor sistemático, 2015
Imagen 34. Suzanne Hesh, The neighbors / Los vecinos, 2015
Imagen 35. Suzanne Hesh, Leyvanta la voz, 2015
Imagen 36. Humberto Sáenz, La Arca, 2010
Imagen 37. Anthony Lazorko, Truckin’ at Nite / Autotransporte nocturno, 2008
Imagen 38. Sebastián Carbajal, La X, 2013
Imagen 39. Rigoberto A. González, Perseus with the head of Medusa (Female member of the Zeta Cartel beheaded by the Golf Cartel) / Perseo con la cabeza de Medusa (Mujer Zeta decapitada por el Cartel del Golfo), 2015
Imagen 40. Rigoberto A. González, Medusa (Woman beheaded) / Medusa (Mujer decapitada), 2015
Imagen 41. De izquierda a derecha: Mauricio Vera, el reconocido artista de Ciudad Juárez David Flores y su hijo en la puerta del restaurante La Nueva Central
AGRADECIMIENTOS
Agradecimientos por el apoyo institucional a:
Universidad Autónoma de Ciudad Juárez
Instituto Municipal de Investigación y Planeación (IMIP), Ciudad Juárez
Museo de Arte de Ciudad Juárez
El Paso Museum of Art
Programa Delfín, México
Universidad Externado de Colombia, Doctorado en Estudios Sociales
Agradecimientos espaciales por su orientación intelectual a:
Armando Silva Téllez
Thierry Lulle
Carlos Enrique Mesa González (QEPD)
Carlos González Herrera
Servando Pineda
Luis Roberto Aldana Vásquez
Luis Alfonso Herrera Robles (Poncho)
Agradecimientos por su participación como becarios del Programa Delfín a:
Diana Harumi Lozano Lino
Yonathan Domínguez Serrano
Gerardo Reyes Santiago
Eustorgio Tomás Ramírez Navas
José Raymundo López Minjarez
Dedicado por su apoyo emocional y comprensión a:
Mi esposa Valentina.
Mi hijo Juan Martín.
Mi sobrina María Antonia.
Mi madre Gloria.
Mis hermanos Juan Carlos y Jorge Mario.
Este es un libro resultado de investigación que corresponde a la tesis doctoral Geopoéticas, memoria e imaginarios en la frontera México-Estados Unidos, desarrollada en el Doctorado en Estudios Sociales de la Universidad Externado de Colombia y asesorada por los doctores Armando Silva Téllez y Thierry Lulle.
LA FRONTERA DE TRES PILARES
El desierto, el río y el muro son tres objetos repletos de deseos ciudadanos, se mezclan entre sí, pero también tienen cada uno su historia y su destino, y en conjunto hacen algo que los iguala: la frontera entre Estados Unidos y México en su cruce más relevante: El Paso y Ciudad Juárez. Puede irse más lejos, es la frontera de las dos Américas; y se puede ser descriptivo, es el paso entre culturas, entre ideales y anhelos. Intentar descifrarla en sus materialidades, en sus interiores, en sus marcas, es una tarea meritoria ya que ahí, sobre esa piel difusa, hay mucho para revelar de los dos lados.
Cuando el autor, Mauricio Vera, eligió esas tres palabras para, sobre ellas, hacer su tejido de fronteras, debió sopesar que una remite a lo seco, la otra a lo mojado y la última a lo sólido. Construyó, como mecanismo de interpretación, un triada –como aprendió en sus clases de lógica del Doctorado en Estudios Sociales– para designar lo que está y no, el agua que se mueve, lo que está, pero para ser relacionado como paisaje pues no se habita, el desierto, y llegó a lo sólido, como se representa, el muro o también el puente. Se puede así comprender por qué lo introduce como “geopoéticas”; no es una evasión en un giro poético, son tres palabras realistas que definen un fuerte espacio de interacciones donde se cruzan modos de ver el mundo, ideologías, memorias y futuros compartidos, que se hacen imaginarios o modos compartidos de percepción.
Al seguir con rigor la metodología de los imaginaros urbanos, en donde interactúan datos numéricos provenientes de encuestas calificadas con archivos de imágenes y sonidos en calidad de indicios sobre la percepción, se puede uno detener, sea el caso, y ver un croquis que proyecta cómo los ciudadanos ven su frontera y de este modo revelarse que no es del buen gusto entre las partes: es más bien narrada por sus habitantes como violencia, narcotráfico o migración ilegal, dejándola en la memoria social representarla como algo ácido y desagraciado. Pero con habilidad, el investigador introdujo otra pregunta a su cuestionario, muy coyuntural a la era Trump, justo aquel poderoso que la quiso convertir en la base de su programa presidencial America first, y hace que la respuesta al “trumpismo” sea mejor que un dato una obra de arte de frontera, “Espejismo y cruce fronterizo” (Julie Anand y Damon Sauer, Border Art Biennial, 2010). La frontera entonces es también espejo y, por ende, espejismos; se ven cosas que no son y son al mismo tiempo. O sea, la frontera es fantasmal y, en consecuencia, sitio de leyendas, de muchas emociones e incertidumbres. Y es ahí donde el autor revela el papel del arte en hacer otras narrativas. El arte como territorio poroso, muro atravesado. Lo dicen varios croquis más mundanos, como aquel donde la comida preferida en la frontera son los burritos, como que les ganaron el pulso a las hamburguesas… y el color como la imaginan es verde y azul, ambos de esperanza y futuro. Y al preguntar por el ícono de la frontera, los ciudadanos consultados ponen por encima del río, del muro y del puente “La X”, que es una obra de arte y arquitectura del lado juarense.
Las fichas de arte, los videos, las fotos y los archivos urbanos que acompañan esta investigación la hicieron transmedia, pues no solo hizo el texto con las exigencias de una investigación teórica, sino que su misma propuesta es creadora de imágenes, en el mejor sentido del proyecto mundial de los imaginarios urbanos, por lo que ya podemos entender que Mauricio Vera nos entrega –y así lo aceptamos– una nueva ciudad imaginada, la primera de la red escrita desde los bordes de las fronteras que toca a toda América de ambos bordes.
Que sea desde Colombia que nos dediquemos a un estudio sobre la frontera México-Estados Unidos me pareció lo más pertinente. Una investigación desde un programa doctoral no puede quedarse en las fronteras de cada nación sino salir a la búsqueda de verdades y sensibilidades que capten modos de ser del mundo, y en este caso un mundo muy cercano. Este trabajo que presento es un ejemplo de cómo se puede formar equipo entre naciones, México-Estados Unidos y Colombia, entre investigadores de tan alto nivel como Luis Alfonso Herrera Robles y Carlos González Herrera en México –justo con ellos dos empezamos a vislumbrar este proyecto desde Juárez imaginada–, y en Colombia, Thierry Lule; entre dos universidades, la Autónoma de Ciudad Juárez y el Externado de Colombia, que honra todos estos aciertos publicándola para hacerla más asequible y vistosa, con la esperanza de que contribuya lo más posible a la comprensión de esa frontera porosa que la inspiró.
Armando Silva
25 de octubre de 2019
INTRODUCCIÓN
El debate actual de la ciencia, la redefinición de sus postulados epistemológicos y la pertinencia del conocimiento que produce es hoy un asunto vital y central para entender y orientar la función y responsabilidad académica que esta tiene en los distintos contextos sociales, culturales, políticos y económicos, en los cuales sus estudios e investigaciones se efectúan y circulan.
En la actualidad, nos dice Immanuel Wallerstein (2004) en su texto clásico Las incertidumbres del saber, la ciencia está en la mira: “Ya no goza del prestigio indiscutido que ha tenido durante dos siglos como la forma más segura de la verdad. […] Hoy en día se la acusa de ser ideológica, subjetiva y poco fiable. […] Se dice que los científicos manipulan los datos y que, por ende, manipulan la credibilidad del público” (p. 5).
La ciencia, entendida así, estaría circunscrita más hacia la legitimación de su conocimiento y verdad en determinados círculos culturales dominantes y de poder que hacia la experimentación y verificación de certezas que permitan explicar, predecir y controlar aquellos fenómenos que se ubican en los ámbitos de lo natural –entendido como una construcción social– y lo socialmente propiamente dicho.
La mirada científica predominante en y de Occidente se convirtió en una mirada de poder, un punto de mira específico que configuró –y continúa configurando– una manera particular del ver, entender y proyectar el mundo, que excluye –y determina hasta cierto punto– otros modos o maneras de construir conocimiento. El pensamiento científico nos acostumbró a pensar (y a mal pensar) que porque la teología, la filosofía y, especialmente, la sabiduría popular ofrecía verdades discutibles, el único camino que se podía presentar seguro y certero era el de la ciencia (Wallarstein, 2004, p. 15).
En un doble efecto, la ciencia como fin de la duda –o por lo menos de las incertidumbres– y en ella el método científico, garante de las certezas, se instalaron como principio estructurante en la comprensibilidad de la naturaleza y de la objetivación del mundo (Schödinger, 1999). Y, simultáneamente, como síntoma de una condición originalmente moderna: “Para muchos, los rótulos de científico y/o de moderno se transformaron casi en sinónimos, y para casi todos, esos rótulos eran –y siguen siendo– dignos de elogio” (Wallarstein, 2004, p. 15).
Naturaleza y objetivación, ciencia y modernidad, científico y moderno, se convierten así en conceptos intercambiables que operan en una suerte de cadena sinonímica de igual o similar significado. Se afianza el sentido de la verdad a partir únicamente de lo que es verificable, indistintamente de que aquello que se verifica sea socialmente útil, moralmente bueno o filosóficamente trascendental, a partir de lo que es susceptible de unificar epistemológicamente bajo la sombra del método científico.
Ahora bien, en perspectiva histórica, esta división entre la búsqueda de lo verdadero y lo bueno, entre el entendimiento de la naturaleza y del alma, solo existía una ausencia de límites, todo saber se consideraba unificado en un nivel epistemológico. La ausencia de límites, señala Wallarstein (2004, p. 24), era doble: a) no existía la idea de que los académicos tuvieran que acotar su actividad a un campo del conocimiento; y b) la filosofía y la ciencia no se consideraban campos separados.
Como antesala al gran sismo que se produciría en los XVIII y XIX, esta escisión se da en las raíces mismas de la relación del hombre con la naturaleza y consigo mismo en la época medieval. Como lo señala Franz Borkenau (1990, p. 36), atendiendo el proceso socio-histórico-cultural de la baja Edad Media, en sus últimos trescientos años específicamente, es donde podemos ubicar el germen de la modernidad y, por tanto, del distanciamiento del hombre con la naturaleza a favor de un utilitarismo ligado a la aparición ya de un cierto tipo de cultura urbana, mercantil e industrial que despunta en los siglos XIV y XV en Italia.
Demandas económicas, aumento de la productividad y del comercio internacional, junto con la consolidación no solo de una clase burguesa sino principalmente de un comportamiento burgués, hacen que se produzca una secularización de la cultura, “que deja de ser progresivamente medievalcristiana, deja de estar organizada alrededor de contenidos sacrales para dar paso a una nueva actitud ‘realista’, metódica, práctica, utilitaria, secular” (Borkenau, 1990, p. 36).
Se desacraliza la naturaleza y se sacraliza el método, la lógica formal y el plano cartesiano. Aquella experiencia desde el trasmundo, dice José Luis Romero –citado por Borkenau (1990)–, desde el más allá, de la divinidad o de la providencia que era la experiencia del hombre medieval con la naturaleza se rompe y aparece la perspectiva de la otra vida: la civitas terrena, complementa Borkenau. Se da entonces la posibilidad de dominio de las leyes de la naturaleza, arrebatado a Dios y conquistado por el hombre.
La naturaleza, como creación de Dios, pierde su aura sagrada y, simultáneamente, surge lo que Jacobo Burckhardt –citado por Borkenau (1990, p. 38)– ha llamado un “mundo desencantado”, dentro del cual el burgués actúa con pleno realismo y se enfrenta a sus tareas seculares obrando de acuerdo con una lógica inmanente que ya no considera, como sí lo hacía el hombre medieval, el trasmundo.
Desencantamiento que oscila en una lucha entre lo dado por Dios y lo creado por el hombre. Alumbramiento de un nuevo tipo de mirada individual sobre la naturaleza que se materializa en su subordinación a los intereses materiales, capitalistas y científicos de un nuevo mundo: el mundo moderno. Es la aparición de la idea de la “voluntad de poder”, anota Borkenau, la actitud que caracteriza al hombre moderno frente a la naturaleza, frente a los otros hombres, frente a sí mismo.
Y no es, continúa el autor, “voluntad de poder solo en un sentido estrictamente político […] sino voluntad general de dominio sobre lo ente, sobre la naturaleza, tal y como lo ha formulado Max Scheler, voluntad ‘para la transformación productiva de las cosas’” (Borkenau, 1990, p. 38).
Cosificación y potenciación de la naturaleza como mera materia prima. Así, Francis Bacon resumía con contundencia este nuevo pensamiento a comienzos del siglo XVII: Knowledge is power. El conocimiento y dominio de la naturaleza es poder. Por tanto, la ciencia como instrumento al servicio de este conocimiento y dominio es la mejor de las herramientas del poder. Simbiosis de saber y poder que hasta hoy impone.
Sin embargo, es entre 1750 y 1850 el período en el cual se da un movimiento tectónico que genera una modificación radical en la manera en que se configuran las estructuras del saber, separando, divorciando, a la ciencia de la filosofía, de tal manera que hoy se nos presentan casi de manera antagónica. División que reorganizó, institucionalizó y determinó el sistema universitario en los siglos posteriores en dos facultades centrales: la de ciencias propiamente dichas, fundamentadas en la mecánica newtoniana, y la de artes, humanidades o filosofía (Wallarstein, 2004).
Y es precisamente en la nueva frontera establecida, en el límite demarcado y los espacios cercados y diferenciados de la ciencia y la filosofía, del arte y la mecánica newtoniana, donde Wallarstein instala la pregunta por el lugar que le correspondería entonces a las ciencias sociales, por su encajamiento entre las humanidades y las ciencias naturales.
Primigeniamente incrustadas entre la materia y el espíritu, lo subjetivo y lo objetivo, lo bueno y lo verdadero, las ciencias sociales surgen con un pie ligera y dudosamente puesto en las humanidades, y el otro firmemente asentado en el modelo cultural newtoniano. Más allá de responderse a los por qué, en sus inicios las ciencias sociales prioritariamente plegaron sus métodos al de los de las ciencias naturales, y en un efecto reflejo asimilaron que el comportamiento de los fenómenos sociales era similar en sus leyes y reglas de funcionamiento a los fenómenos naturales, por tanto, describiendo el qué, cómo, cuándo y dónde se explicaba en sí misma la actividad social.
Igualmente, esta ruptura que se dio en las estructuras del saber dando surgimiento a lo que Snow –citado y punto de referencia de los trabajos de Wallarstein– llama las “dos culturas”, también provocó una separación, inexistente en el hombre medieval y en su manera de entender el mundo, entre el sujeto y el objeto. Ya René Desacartes en el Discurso del método esbozaba esta obligada separación moderna al afirmar que el conocimiento por el conocimiento mismo, o lo que los escolásticos llamaban vita comtemplativa, no tenía sentido. Es decir, es en el desdoblamiento instrumental entre sujeto y objeto donde se produce el conocimiento útil. Se da entonces una objetualización del conocimiento, una centralidad de su materialidad y su posibilidad de aplicación a los requerimientos del capital y del poder.
La capacidad de dominio de la naturaleza –apunta Borkenau (1990, p. 42)– por el conocimiento de sus leyes le da al hombre moderno una conciencia de superioridad: todo es considerado factible de un tratamiento racional y se produce una vinculación entre la especulación científica y el trabajo industrial, el discurso político y lenguaje.
El psicólogo C. G. Jung se queja –nos dice Erwin Schödinger en su libro Mente y materia (1999, p. 57)– de la exclusión del sujeto, de la omisión del alma y de la mente de la imagen que tenemos del mundo; del aluvión de objetos externos de conocimiento que han arrinconado al sujeto, muchas veces hasta la aparente no existencia. La ciencia es, sin embargo, una función del alma en la que se arraiga todo conocimiento. Y es que el mundo de la ciencia, añade el propio Schödinger, se ha concentrado en un objetivo horrible que no deja lugar a la mente y a sus inmediatas sensaciones.
Resuena entonces con mayor fuerza la inquietud vital, central en Wallarstein (2004, p. 25), sobre el topos de las ciencias sociales hoy. Y es que estas en sus albores no fueron ajenas a la pretensión –que se prolonga de cierta manera hasta la época actual– de asir la realidad social bajo las lógicas de la mecánica newtoniana; el escrutinio bajo la lupa de las epistemología nomotéticas, el paralelismo de los procesos sociales con los procesos materiales, objetos de estudio de las ciencias naturales, llevó a la búsqueda de leyes sociales universales cuya verdad permaneciera intacta a través del espacio y el tiempo.
Así, la incertidumbre frente a la posibilidad de comprender, controlar y predecir la complejidad de los procesos sociales era factible de anularse, o por lo menos de reducirse. La naturaleza natural y la naturaleza social son entidades susceptibles de investigarse con los mismos métodos. La realidad social sería de esta manera un estado regido por leyes y no un proceso cambiante permanente y simultáneamente en el espacio-tiempo. Un espaciotiempo que se mueve en la doble dirección del progreso material inatajable y la progresión temporal hacia un futuro determinado.
Hubo sin embargo quienes se inclinaron –subraya Wallarstein (2004, p. 25)– más que por la dureza y rigidez del método científico por las humanidades, y recurrieron a lo que se llamó “epistemologías ideográficas”. Estos cientistas sociales “pusieron el acento en la particularidad de los fenómenos sociales, la utilidad limitada de las generalizaciones y la necesidad de empatía para la comprensión del objeto de estudio”.
Las ciencias sociales se fundan así entre las epistemologías nomotéticas en oposición a las epistemologías ideográficas; entre el establecimiento de leyes en los procesos sociales versus la inutilidad comprensiva de las generalizaciones; entre la toma de distancia del sujeto frente al objeto en contraposición a la necesidad, precisamente, de implantar una empatía mutua sujeto-objeto; entre el alma y la materia; lo interior y lo exterior; las humanidades y las ciencias naturales; entre la palabra sagrada y el verbo creador del científico y la imaginería mítica y pagana del saber popular; entre el pasado, el presente y el futuro: el progreso y el retroceso; entre los mega relatos: History, y los micro relatos: story; entre el Todo y el fragmento; entre la descripción y la interpretación; entre los datos, las cifras y la narrativa; entre lo antiguo y lo moderno; entre Occidente y Oriente.
Así, las ciencias sociales, subraya Wallarstein (2004, p. 25), “estaban atadas a dos caballos que galopaban en sentidos opuestos. Al no haber generado una postura epistemológica propia, se desgarraban como consecuencia de la lucha entre los dos colosos: las ciencias naturales y las humanidades, que no toleraban una postura (terreno) neutral”.
Terreno cuyos límites se establecían por dos por miradas inconexas, y en el cual se abonó a su interior el surgimiento en las ciencias sociales de una disciplinarización que reflejó, ciertamente, esta dicotomía. Así, por ejemplo, la economía, las ciencias políticas y la sociología, responsabilizadas académicamente de estudiar el mundo moderno, echaron sus raíces en las epistemologías nomotéticas, en los métodos y la cosmovisión newtoniana.
Consolidación y división entre el período comprendido entre 1850 y 1945 que Wallarstein (2004, p. 26) describe de la siguiente manera:
La división entre pasado (historia) y presente (economía, ciencia política y sociología); la división entre el mundo occidental civilizado (las cuatro disciplinas anteriores) y el resto del mundo (la antropología, dedicada a los pueblos “primitivos”, y los estudios orientales, dedicados a las “grandes civilizaciones” no occidentales), y la división, válida solamente para el mundo occidental moderno, entre la lógica del mercado (economía), el Estado (ciencia política) y la sociedad civil (sociología).