Kitabı oxu: «Las cadenas fisiológicas (Tomo VI)»

© Editions Busquets
Título original: Les chaînes physiologiques. Tome VI.
Traducción: Judit Viaplana
Revisión técnica: Léopold Busquet
Diseño cubierta: David Carretero
© 2013, Michèle Busquet-Vanderheyden
Editorial Paidotribo
Les Guixeres
C/. de la Energía, 19-21
08915 Badalona (España)
Tel.: 93 323 33 11 – Fax: 93 453 50 33
http: //www.paidotribo.com E-mail: paidotribo@paidotribo.com
Primera edición:
ISBN: 978-84-9910-165-1
ISBN EPUB: 978-84-9910-416-4
BIC: MFG; VXH
Fotocomposición: Editor Service, S.L.
Diagonal, 299 – 08013 Barcelona
Ami marido, sin cuyo ánimo y apoyo es muy probable que no me hubiera lanzado a la aventura que representa la escritura de un libro.
A los profesores del ISCAM en Bruselas, del Collège Sutherland de Namur, de la Formación “Les Chaînes Musculaires” de París, que me han transmitido el amor por mi profesión.
Un agradecimiento especial a los cirujanos, porque las operaciones a las que me han permitido asistir me han dado respuestas concretas a las muchas preguntas que me hacía. Quiero dejar constancia aquí de todo mi reconocimiento por su disponibilidad y competencia.
Índice
INTRODUCCIÓN
Descripción
I. Peritoneo
II. Paredes musculoaponeuróticas de la cavidad abdominal y sus relaciones con el peritoneo
1. Pared superior del abdomen
2. Pared anterolateral del abdomen
3. Pared posterior del abdomen
4. Pared inferior del abdomen
III. Propiedades del peritoneo
1. Propiedades mecánicas
2. Propiedades hemodinámicas
3. Propiedades protectoras
4. Propiedades de aislante térmico
5. Propiedades de intercambio
IV. Prolongaciones del peritoneo visceral y del peritoneo parietal
1. Mesos
2. Epiplones
3. Ligamentos
4. Fascias: tejido retroperitoneal
V. Continuidades tisulares de cada órgano peritonizado
1. Estómago
2. Duodeno
3. Páncreas
4. Bazo
5. Hígado
6. Intestino delgado
7. Marco cólico
VI. Cavidades renales
VII. Uréteres
VIII. Prolongaciones del peritoneo en la pelvis menor en el hombre
1. Vejiga
2. Próstata
3. Conductos deferentes
IX. Prolongaciones del peritoneo en la pelvis menor en la mujer
1. Ligamentos anchos
2. Mesometrio
3. Parametrio
X. Conclusión
Práctica
I. Examen del paciente
1. Anamnesis
2. Examen clínico del paciente
Examen global de las cadenas musculares
Morfología del abdomen
Examen venoso
Examen de la tensión abdominal
Percusiones abdominales
1. Percusión del estómago
2. Percusión del hígado
3. Percusión del bazo
4. Percusión de los intestinos
Palpación abdominal
1. Palpación del epigastrio
2. Palpación del hipocondrio izquierdo
3. Palpación del hipocondrio derecho
4. Palpación del nivel submesocólico
5. Palpación de la fosa ilíaca derecha
6. Palpación del costado derecho
7. Palpación de la fosa ilíaca izquierda
8. Palpación del hígado
9. Signo de Murphy
10. Palpación de los riñones
11. Palpación del bazo
12. Puntos renales
13. Percusión renal
3. Síntesis del examen
II. Tratamiento de la cadena visceral en la cavidad abdominopélvica
1. Posicionamiento de la zona del hipocondrio izquierdo
2. Posicionamiento de la zona del hipocondrio derecho
3. Posicionamiento de la zona epigástrica
4. Posicionamiento de la zona del nivel submesocólico
5. Posicionamiento de la zona de la fosa ilíaca derecha
6. Posicionamiento de la zona del costado derecho
7. Posicionamiento de la zona de la fosa ilíaca izquierda
8. Posicionamiento de la cavidad renal
9. Posicionamiento del uraco y de la aponeurosis umbilicoprevesical
10. Posicionamiento del ligamento falciforme y del ligamento redondo
11. Posicionamiento de la esfera pélvica
12. Aspiración visceral
Conclusión
Bibliografía
Agradecimientos
INTRODUCCIÓN
Nuestros años de práctica y de reflexión sobre la anatomía y la fisiología del cuerpo humano nos han conducido a afinar y a completar el método de las cadenas.
El trabajo que sigue a continuación está integrado en el marco de esta constante investigación.
Los cuatro primeros tomos de las Cadenas musculares han demostrado que el método de tratamiento que aprovecha la distribución estratégica de las cadenas en todo el cuerpo humano resulta de la observación global –y no fragmentada– de la “mecánica” humana. Desde que la anatomía humana ha sido abordada bajo el ángulo de la coherencia de su organización, la observación ha puesto de manifiesto la presencia de cadenas musculoesqueléticas. Éstas garantizan la estática y la dinámica del cuerpo, y en caso de no ser así, lo hacen sus estrategias de “compensación”, es decir, las soluciones de autorregulación a las que el cuerpo recurre en caso de disfunción. El conjunto de las cadenas puede ser dividido en dos tipos de cadenas principales:
1. Las cadenas dinámicas: musculares
2. Las cadenas estáticas: organizadoras
En las cadenas musculares distinguimos:
• las cadenas de flexión,
• las cadenas de extensión,
• las cadenas cruzadas de apertura,
• las cadenas cruzadas de cierre.

▼ Figura 1
Las cadenas fisiológicas
En obras anteriores hemos visto la importancia de la función de estas cadenas. Aun así, por fundamental que ésta sea, el poner de manifiesto las cadenas de tipo musculoesquelético no es suficiente. El análisis global nos demuestra que es necesario completarlo con las cadenas estáticas.
En las cadenas estáticas diferenciamos:
• la cadena estática visceral: pelvis-abdomen-tórax-cuello-cráneo,
• la cadena estática neurovascular,
• la cadena estática musculoesquelética.
Estas cadenas suplementarias que acabamos de mencionar no son, como las demás, cadenas de movimiento ni dinámicas. El músculo pasa en este caso a segundo plano. ¿Se trata de un punto débil de la teoría de las cadenas musculares? Al contrario, se trata de su complemento. Efectivamente, el estudio profundo de la función estática nos ha conducido al replanteamiento del papel exclusivo del músculo. El “monopolio” que se le atribuía tradicionalmente en el mantenimiento de la función estática no queda demostrado. Podemos incluso ir más lejos y afirmar que en realidad el músculo no está hecho para una función estática. Veremos que, de hecho, solamente el tejido conjuntivo está adaptado a esta función (ver Tomo 1 de las Cadenas musculares). En consecuencia, aunque la función muscular conserve toda su importancia, en lo referente a los problemas de estática debemos llevar el análisis un poco más lejos, o más bien proceder al desplazamiento del plano muscular al plano visceral.
Efectivamente (y esto queda demostrado en el Tomo 2 de las Cadenas fisiológicas), la ingeniosa estrategia que pone en marcha el cuerpo para garantizar la función estática sólo se puede llevar a cabo en la medida en que se solicita la cadena visceral. Así pues, el papel de esta última es fundamental.
Es por estas razones que el método de las cadenas musculares adopta la denominación de “método de las cadenas fisiológicas”, más de acuerdo con el enfoque global profundo del cuerpo humano.
A partir de ahí, el principal objetivo de este libro es conseguir mostrar las relaciones existentes entre el contenido visceral y el continente musculoesquelético. Estas relaciones íntimas entre el contenido y el continente, entre vísceras y músculos, condicionarán no solamente la estática, sino también toda nuestra dinámica gestual, y, a su vez, todo nuestro funcionamiento visceral.
Asimismo, a medida que tomamos conciencia de estas interrelaciones, es posible efectuar una nueva lectura de la anatomía que, haciendo aparecer claramente una organización basada en la continuidad tisular y basándose en un principio de coherencia global, confirma nuestras hipótesis. De este modo, justificamos a la vez la profundización de la investigación hasta el plano visceral, y el uso del término de cadena para describirlo. Puesto que las cualidades de continuidad y de coherencia que encontramos a nivel musculoesquelético aparecen también aquí, el término “cadena estática visceral” se impone por sí solo, tanto en el plano anatómico como en el plano funcional.
Nuestra exposición se desplegará en dos grandes partes.

▼ Figura 2
Según S. Paoletti
En la primera parte del libro, dedicada a efectuar una descripción razonada de la zona abdominopélvica, veremos que:
• el peritoneo es, en su prolongación, el nexo que garantiza la arborescencia continua de la cadena visceral,
• el peritoneo está en relación con las paredes musculoesqueléticas de las cavidades y, en consecuencia, con la organización de las cadenas musculares dinámicas,
• las tensiones de la cadena visceral condicionarán la organización de las cadenas, y este condicionamiento tendrá consecuencias directas sobre la estática y la dinámica.
En la segunda parte del libro, dedicada a la práctica, desarrollaremos primero todo el examen específico de la cadena visceral abdominal para conseguir liberar los puntos de tensión que originan las compensaciones, las modificaciones de la estática, la modificación gestual, las modificaciones de la forma, las disfunciones y múltiples dolores.
Finalmente, en la segunda parte de esta segunda parte expondremos el método y las técnicas manuales del tratamiento de la cadena visceral de la zona abdominopélvica.
Descripción
Con el fin de dar cuenta de la presencia efectiva de una cadena visceral, nos proponemos proceder a una descripción de la anatomía ab dominal y pélvica en el hombre y en la mujer. La descripción del peritoneo, de sus propiedades y sus prolongaciones es el punto de partida y, de alguna manera, el punto de referencia permanente. Puesto que nuestro propósito es hacer salir a la luz la verdadera continuidad –y no una simple contigüidad– entre el plano visceral y el plano musculoesquelético, las propiedades de esta membrana nos interesan particularmente. El peritoneo, como indica su origen etimológico (periteino), es lo que “se extiende alrededor”: en otras palabras, tapiza toda la cavidad abdominal. Así pues, en esta etapa de la descripción, y de ahora en adelante, aparece como el intermediario capaz de asegurar una verdadera continuidad entre el contenido visceral y el continente muscular.
Antes de precisar más nuestra descripción del peritoneo, podemos citar el análisis que hacen de él eminentes anatomistas:
Según el Sr. Rouvière, en Anatomie Humaine descriptive, topographique et fonctionnelle (tomo II, página 353): “Peritoneo visceral, peritoneo parietal, mesos, epiplones y ligamentos son partes de una misma membrana siempre continua y que limita una cavidad virtual: la cavidad peritoneal”.
Según los Srs. J. Brizon, I. Castaing y F.G. Hourtaulle en Le Péritoine; Embryologie,Anatomie (página 11): “Peritoneo visceral y peritoneo parietal mantienen siempre la continuidad”.
Según los Srs. A. Bouchet y J. Cuilleret en Anatomie topographique, descriptive et fonctionnelle (tomo IV, página 1868): “El peritoneo forma un saco completamente cerrado (a excepción de la línea de Farre en la mujer), cuya cara superficial parietal se ciñe a las paredes musculoaponeuróticas de la cavidad abdominopélvica”.
Según el Sr. P. Kamina en Anatomie clinique (tomo 3, 2ª edición, pág. 222): “El peritoneo visceral constituye la serosa de las vísceras y las une, bien sea entre sí o a la pared, para formar los ligamentos viscerales y los omentos o epiplones”.
Al leer estas opiniones, nuestra hipótesis de la interdependencia del sistema peritoneal y del sistema musculoesquelético ¿acaso no se ve reforzada?
Una vez planteado esto, y como nuestro proyecto de investigación parece pertinente, procedamos a un estudio detallado de la anatomía del peritoneo y de sus prolongaciones.
I. Peritoneo
El peritoneo está en contacto, por un lado, con la cara interna de la cavidad abdominal y, por el otro, con la cara externa de los órganos. Este doble contacto es posible gracias a la característica del peritoneo de ser una membrana serosa de dos hojas. Por eso distinguimos en el peritoneo una hoja parietal y una visceral.

▼ Figura 3 Peritoneo
Esas dos hojas van a delimitar una cavidad peritoneal. Dicha cavidad está cerrada en el hombre, y abierta en la mujer en el pabellón de la trompa de Falopio y el ovario.

▼ Figura 4 Peritoneo
La cavidad peritoneal está ocupada por las vísceras digestivas y los numerosos pliegues peritoneales. Consta de dos regiones principales que se comunican entre sí por el orificio omental o epiploico:
• la cavidad peritoneal mayor,
• la bolsa omental o transcavidad de los epiplones.

▼ Figura 5
Visión anterior del peritoneo parietal
Así como distinguimos entre hoja visceral y hoja parietal, distinguimos, según consideremos la cara exterior o la cara interior de la membrana, por un lado, el peritoneo visceral, que forma parte integrante de la pared superficial de los órganos y en ese sentido se adhiere a ésta íntimamente, y, por el otro, el peritoneo parietal, que según Brizon, Castaing y Hourtaulle “se amolda a las paredes musculoaponeuróticas de la cavidad abdominopélvica”.

▼ Figura 6 Peritoneo parietal de perfil
El peritoneo parietal y el peritoneo visceral se continúan de forma perfecta. El saco que forman es modelado por los órganos, y ese modelado formará diferentes pliegues que mantendrán a dichos órganos en su lugar. Podemos distinguir tres tipos de pliegues característicos:
• los mesos, que envainan los pedículos vasculonerviosos de fuera adentro y que permiten la vascularización e inervación del órgano.
• los epiplones, que contienen uno o varios pedículos.
• los ligamentos, que no envainan pedículos.
Estos pliegues no son sino la prolongación de las dos hojas peritoneales descritas antes. De alguna manera hacen de “vainas” de los diferentes órganos. Los pliegues que hacen de vainas, formados en el peritoneo parietal, penetran en la cavidad abdominopélvica y se continúan con el peritoneo visceral.
Cada pliegue se encadena con zonas de continuidad. Así,
• los mesos van del borde parietal posterior a un borde del peritoneo visceral,
• los epiplones se extienden entre dos órganos intraperitoneales; no tienen inserciones parietales sino únicamente inserciones en el peritoneo visceral,
• los ligamentos se extienden desde un borde parietal a un borde del peritoneo visceral o a la misma víscera.

▼ Figura 7 Meso

▼ Figura 8 Epiplón

▼ Figura 9 Ligamento
Al mismo tiempo es interesante observar que:
• la inervación del peritoneo parietal corre a cargo de los nervios espinales (nervios frénicos, intercostales, subcostales y de las ramas del plexo lumbar).
De esta forma, toda la estimulación dolorosa de este peritoneo comporta una contractura refleja de los músculos que comparten una misma inervación.
• Los nervios del peritoneo visceral proyectarán el dolor a distancia hacia los músculos (mediante la contractura) o la piel (mediante una hiperestesia) a través de los ramos comunicantes.
• La serosa de las vísceras y del epiplón mayor es pobre en exteroceptores táctiles, térmicos y dolorosos.
• Los mesoperitoneos son ricos en exteroceptores. Cualquier tracción será dolorosa.
Hemos descrito brevemente la morfología general del peritoneo y de sus diferentes prolongaciones. Ahora hemos de seguir avanzando con método para, finalmente, demostrar la continuidad del peritoneo con el sistema musculoesquelético. Por lo tanto, es preciso realizar un breve recordatorio previo sobre las paredes musculoaponeuróticas de la cavidad abdominal.
II. Paredes musculoaponeuróticas de la cavidad abdominal y sus relaciones con el peritoneo
Nuestra exploración anatómica, en la medida en que pretende poner de manifiesto la continuidad, debe ser lo más progresiva posible. En esas condiciones, es importante tener en cuenta esas membranas intermedias que se adhieren al peritoneo parietal. Por lo tanto, debemos tener presente que la cara interna de las paredes musculoaponeuróticas está tapizada por el peritoneo parietal. Además, entre el peritoneo parietal y la pared musculoesquelética, una capa celular denominada fascia propia une el peritoneo con la pared muscular.
Para no dejarnos ninguno de esos intermediarios, coloquémonos “en el interior de la cavidad abdominal” y consideremos las diferentes paredes aponeuróticas que la delimitan. Encontramos cuatro:
1. La pared superior del abdomen.
2. La pared anterolateral del abdomen.
3. La pared posterior del abdomen.
4. El suelo de la cavidad abdominal o pared inferior del abdomen.
Cada pared será objeto de una descripción específica.
1. Pared superior del abdomen
La pared superior del abdomen está formada por la cara inferior del diafragma.
La cara inferior del diafragma está recubierta por la fascia diafragmática. El peritoneo parietal superior, llamado peritoneo parietal diafragmático, se adhiere a la fascia diafragmática. Esta adherencia explicaría la dificul-tad para separar la fascia diafragmática del peritoneo parietal diafragmático.
El peritoneo parietal diafragmático, estructura perteneciente al sistema visceral, establece así una “intimidad”, una relación directa y estrecha, con una estructura que pertenece al sistema musculoesquelético.
El peritoneo parietal diafragmático se prolonga:
• por delante: por el peritoneo parietal anterior,
• por detrás: interviene en la constitución del ligamento falciforme del hígado, que en la parte posterior se convierte en el ligamento coronario (ver capítulo V).

▼ Figura 10
Continuidad del peritoneo parietal diafragmático con el ligamento coronario
2. Pared anterolateral del abdomen
La pared anterolateral del abdomen está formada por cinco músculos:
• el músculo transverso del abdomen,
• el músculo oblicuo interno,
• el músculo oblicuo externo,
• el músculo piramidal,
• el músculo recto del abdomen.
Las aponeurosis de estos diferentes músculos se prolongan por delante por aponeurosis de inserción que se entrecruzan y forman sobre la línea media, la denominada “línea alba”.
En el tomo I de las Cadenas musculares se mostró el papel indispensable de “intercambiador de nivel” de la “línea alba”, que permite que los tres planos de la pared abdominal funcionen en el sistema recto de flexión y el sistema cruzado de torsión. En la presente obra vamos a intentar poner de manifiesto el papel fundamental de la “línea alba” en lo que respecta a la organización estática de la cadena visceral. En efecto, sobre esta cadena reposa la estática general del sujeto.
La pared anterolateral del abdomen está forrada por dentro por un plano fibroso, la fascia transversalis, y por el peritoneo parietal anterior (PPA), que a su vez está forrado por la fascia peritoneal.
Describamos estos tres tipos de “forros”:
Fascia transversalis
Es una aponeurosis de revestimiento. Recubre la cara profunda del músculo transverso.
• Por arriba, la fascia transversalis se inserta en la apófisis xifoides.
• A mitad de camino, sobre la línea media, sus fibras se mezclan con las fibras aponeuróticas del lado opuesto y con las aponeurosis de otros músculos.
• Por abajo, se inserta en el borde superior de la sínfisis púbica.
• Por delante, está unida a la parte posterior de la línea alba.
• Por detrás, apenas se diferencia de la fascia peritoneal, sobre todo en su parte alta.

▼ Figura 11 Pared anterior del abdomen
Fascia peritoneal
Es un tejido celular que recubre el peritoneo parietal. Se prolonga:
• por arriba: por la fascia diafragmática,
• por detrás: por la fascia del cuadrado lumbar,
• por abajo: por la fascia ilíaca, cuyo punto de inserción puede advertirse en el periostio de las crestas ilíacas y del pubis.
Peritoneo parietal anterior (PPA)
El PPA tapiza la cara profunda anterolateral del abdomen. Cuando se aparta de la línea media, el PPA se deja separar.
Por el contrario, en esta línea media el PPA es muy adherente.
• Por encima del ombligo el PPA es levantado por el ligamento redondo del hígado. A continuación formará el ligamento falciforme prolongado por el ligamento suspensor del hígado y, por detrás, por el ligamento coronario.
En la parte supraumbilical, el PPA y la “línea alba” están en estrecho contacto.

▼ Figura 12 Ombligo

▼ Figura 13 Anillo umbilical
• Por debajo del ombligo, el PPA presenta tres repliegues: el pliegue umbilical medio, que es el vestigio del uraco, y los dos pliegues umbilicales laterales, que son vestigios de las partes distales de las arterias umbilicales.
Esos tres pliegues están en relación “íntima” con el sistema visceral de la pelvis menor. Este punto de la descripción se desarrollará más adelante.
A este nivel subumbilical, el PPA se deja separar fácilmente.
• A nivel umbilical, esos tres pliegues, además del pliegue del ligamento redondo, convergen hacia la cara posterior del ombligo. En el lado posterior el ombligo está cubierto por un engrosamiento de la fascia transversalis. El PPA se adhiere a dicha fascia.
Podemos concluir, pues, que, por lo que respecta a las zonas supra y subumbilicales, el PPA está en relación con la pared abdominal muscular, es decir, con lo que hemos descrito en los tomos anteriores como las cadenas de flexión y las cadenas cruzadas anteriores.
3. Pared posterior del abdomen
La pared posterior del abdomen está formada por músculos:
• el diafragma, pilares izquierdo y derecho,
• los músculos psoasilíacos,
• los músculos cuadrados lumbares y la aponeurosis del músculo transverso.
Estos músculos están recubiertos por aponeurosis de revestimiento. Se distinguen tres:
1. La aponeurosis del músculo psoasilíaco, llamada también fascia ilíaca. Recubre la totalidad del músculo en una sola vaina. Por esta vaina circulan ramas terminales del plexo lumbar (el nervio crural).
2. La aponeurosis del músculo cuadrado lumbar. Recubre la cara anterior del cuadrado lumbar. Tiene sus puntos de inserción en las apófisis transversas de las vértebras lumbares y se une, por el lado de su cara exterior, a la aponeurosis del músculo transverso.
3. La aponeurosis del músculo transverso. Se fija por su hoja posterior a la apófisis transversa de D12 y a las apófisis costales de las vértebras lumbares.
Si consideramos la presencia de esas aponeurosis en la pared posterior del abdomen, podemos deducir, y la anatomía lo confirma, que están en contacto con:
• el aparato urinario,
• las glándulas suprarrenales,
• los grandes vasos abdominales (aorta, vena cava),
• los vasos prevertebrales,
• los plexos nerviosos abdominales.

▼ Figura 14 Peritoneo parietal posterior (PPP)
Al igual que la pared anterolateral del abdomen está forrada por una prolongación anterior del peritoneo parietal, su pared posterior está forrada por el peritoneo parietal posterior (PPP). Sin embargo, éste mantiene una distancia con la pared abdominal posterior. El PPP tapiza algunos órganos: En la parte media el PPP recubre la cara anterior:
• del duodeno,
• de la cabeza del páncreas. Continúa formando una parte del ligamento gastrocólico, que une la curvatura mayor del estómago con el colon transverso.
En la parte derecha, el PPP recubre:
• la cara anterior del duodeno,
• la cara anterior del riñón derecho y de la glándula suprarrenal derecha,
• la cara posterior del hígado, y se convierte en una parte del ligamento coronario.

▼ Figura 15 PPP y su continuidad en el mesocolon transverso
En la parte izquierda, el PPP recubre la cara anterior:
• de la cola del páncreas,
• del riñón izquierdo y de la glándula suprarrenal izquierda,
• el PPP se refleja sobre el bazo para formar el epiplón pancreatoesplénico.
En la parte anterior, el PPP se prolonga tisularmente mediante pliegues:
• mesocolon transverso,
• mesenterio,
• mesocolon sigmoide.
Mesocolon transverso
Cuando el PPP se prolonga por el peritoneo visceral del colon transverso recibe el nombre de mesocolon transverso. Divide entonces la región abdominal en dos zonas:
• zona supramesocólica,
• zona submesocólica.

▼ Figura 16 Mesos
Mesenterio
Cuando el PPP se prolonga por el peritoneo visceral de las asas del intestino delgado, recibe el nombre de mesenterio.
Mesocolon sigmoide
Cuando el PPP se prolonga por el peritoneo visceral del sigmoide, recibe el nombre de mesocolon sigmoide.
En la zona submesocólica, el PPP tapiza la pared abdominal posterior y recubre la parte anterior del colon ascendente y la parte anterior del colon descendente.

▼ Figura 17 El PPP recubre el colon ascendente y el descendente
4. Pared inferior del abdomen
El suelo de la cavidad abdominal, a diferencia de la pared posterior de la cavidad, no es muscular. La pared inferior no está delimitada, sino que se prolonga por el estrecho superior de la pelvis menor. En esta zona el peritoneo parietal recibe el nombre de peritoneo parietal pélvico. Se apoya sobre los órganos de la pelvis menor, de la que está separado por un espacio celular; es el espacio subperitoneal. Recubre:
• la cara superior y las caras laterales de la vejiga,
• la cara anterior, el fondo y la cara posterior del útero,
• las caras laterales y anterior del recto.
El peritoneo parietal pélvico se prolonga por detrás, por el peritoneo parietal posterior (ver figura 4).
Observaciones
El peritoneo parietal establece relaciones directas tanto con la pared superior de la cavidad abdominal como con la pared anterior de la cavidad abdominal.
A esos dos niveles, el peritoneo parietal no sólo está en contacto con las paredes musculoaponeuróticas, sino que, tal como veremos más adelante, también se prolonga por continuidades tisulares que penetran en profundidad en la cavidad abdominopélvica.
Esos diferentes planos tisulares deben comportarse como planos de deslizamiento unos respecto de los otros a fin de no obstaculizar la fisiología visceral ni la musculoesquelética. Dicho esto, es cada vez más evidente que cualquier adherencia, cualquier tensión tisular se transmitirá a las paredes abdominales y provocará la modificación del tono y de la estática. Por ello, si el continente musculoesquelético y el contenido visceral son interdependientes, está claro que el buen funcionamiento de las cadenas musculares requiere que las tensiones internas no le pongan freno.
Pulsuz fraqment bitdi.