Kitabı oxu: «El humor en el Antiguo Testamento»

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Sinopsis

Existen dos acercamientos al humor en la Biblia, uno más común que el otro. El primero son los chistes que la gente hace a partir de algún personaje o evento bíblico. Generalmente son chistes tontos, y en muchas ocasiones irreverentes. El segundo acercamiento consiste en el reconocimiento del uso intencional del humor como instrumento retórico para comunicar un mensaje y persuadir al lector a creer y hacer algo. Naturalmente este libro usará el segundo acercamiento.

Pocos estudios le permiten a uno divertirse tanto mientras aprende, aunque, como veremos, el humor del que hablaremos es más bien serio, de mucha reflexión y poca risa. Así, pues, lo más irónico de todo esto es que al igual que muchos tratados sobre el tema, nuestro estudio también es muy serio.



El humor en el Antiguo Testamento

© 2009 Milton A. Acosta B.

© 2009 Centro de Investigaciones y Publicaciones (cenip) – Ediciones Puma

Primera edición digital, julio 2020

ISBN N° 978-612-4252-54-9

Categoría: Estudios bíblicos - Estudios del Antiguo Testamento

Primera edición impresa, agosto 2009

ISBN N° 978-9972-701-59-7

© 2009 Centro de Investigaciones y Publicaciones (cenip) – Ediciones Puma

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Diseño de carátula: Adilson Proc

Diagramación y ePub: Hansel J. Huaynate Ventocilla

Reservados todos los derechos

All rights reserved

Prohibida la reproducción total o parcial sin la autorización de los editores

Las citas bíblicas en su mayoría han sido traducidas desde los originales por el autor, salvo los casos en los que se indica otra versión.

A Ludio, mi papá, quien me enseñó el poder del humor para la comunicación.

A Conchita, mi mamá, consagrada a Dios, a la gente y al estudio.

Agradecimientos

Este libro ha sido posible gracias al apoyo de varias per­sonas e instituciones. Gracias a Brad Palmer de John Stott Ministries, quien me sugirió que las con­ferencias sobre el tema las convirtieran en un libro. También gracias a Peter Kwant de Langham Partnership International, por una sugerencia parecida. Igualmente a Ian Darke de Letra Viva, quien ha servido como agente para encontrar una buena editorial.

A la Dra. Elizabeth Magba, directora de la Biblioteca Tyndale House en Cambridge, Inglaterra, por facilitarme el acceso a la biblioteca de la Universidad de Cambridge.

A Sylvia y Chris Akhurst en Cambridge, Inglaterra, quie­nes muy generosamente me hospedaron en su casa. ¡Qué gran sentido de humor de esta pareja! Gracias a Gerson y Angélica Donner en Cambridge quienes, en medio de sus ocupaciones, me recibieron como un hermano. A David y Olwen Ford, quienes me hospedaron en su casa en Glasgow, Escocia, y me facilitaron visitas a varias bibliotecas en Saint Andrews, Glasgow y Edimburgo. A mi hermana Jenny y su esposo Diego en Madrid, España, quienes con mucha diligencia me consiguieron libros que me fueron de mucha ayuda.

A Gregg Morrison, de la biblioteca de Wheaton College, y a mi amigo Eugenio Green, profesor de esta institución, quienes me facilitaron todo lo necesario para la investigación y el acceso a los recursos bibliográficos.

A José Antonio Moreno, quien como decano del seteca, propuso el tema del humor en el Antiguo Testamento para las conferencias bíblicas de seteca 2007.

A Manuel Reaño y Elizabeth Sendek, rector y vicerrectora del Seminario Bíblico de Colombia, quienes generosamente me facilitaron el tiempo para escribir y me dieron ánimo en el ca­mino.

A todas las personas que habiendo participado en las con­fe­rencias sobre el tema me manifestaron sus sugerencias: seteca en Guatemala, los pastores en San Salvador, Seminario Evangé­lico de Lima, Seminario Bíblico de Colombia, Instituto Bíblico de la Iglesia Central Presbiteriana en Ibagué, Colombia, los biblistas de la Sociedad Bíblica Colombiana, y los pastores de la Iglesia Presbiteriana Cumberland en Colombia.

A mi esposa Laura por su compañía y apoyo en esta tarea. Junto con mi hija Beatriz sacrificaron vacaciones y soportaron de buena gana mis prolongadas ausencias, y me dieron ánimo para completar este libro. Dios se los recompense.

Prólogo

El catorce de junio del presente año, durante la celebración de los cuarenta primeros años de vida y ministerio de la Unidad Cristiana Universitaria de Colombia, tuve el agrado de escuchar, en Bogotá, al Dr. Milton Acosta en una conferencia sobre el “Humor en el Antiguo Testamento”. Escogió un extraño pasaje del libro de los Jueces, con el cual hizo un trabajo hermenéutico, exegético y pastoral, que me encantó. Acosta es un comunicador que sabe hacer reír en persona y también en su libro. Sin duda el lector lo disfrutará al leerlo, y más aún cuando lo presente personalmente.

En la reunión mencionada, el profesor Acosta nos informó que el libro sería impreso en el Perú por Ediciones Puma, lejos estaba de mí pensar, que los editores me iban a solicitar escribir el prólogo, el cual está presionado por la brevedad del tiempo del generoso pedido, por la cercanía de su aparición, por las demandas de mi agenda y la incertidumbre de la llegada de mi pasaporte desde Nueva York para poder viajar el próximo viernes. Aquí pesó más el amor que se llama amistad, y no me quedó más remedio que acceder de ‘buen humor’ a esta honrosa solicitud.

Leyendo el libro, el lector se dará cuenta de la convergencia entre Thomas Alva Edison y Milton Acosta, cuando el primero expresó: “No trabajé ni un día en toda mi vida, todo fue diversión”. No cabe duda que el autor ha disfrutado espiritual y acadé­micamente en la elaboración de su obra, acercándose al tema del humor en las Escrituras del Viejo Testamento “reconociendo el uso intencional del humor (de los autores), como instrumento retórico para comunicar un mensaje y persuadir al lector a creer y hacer algo”.

El mundo eclesiástico en general, y el evangélico en particu­lar ha vivido alejado del humor. Se ha confundido la alegría, la risa y el humor con la mundanalidad. “¿Hay algún pasaje bíblico en el cual veamos a Jesús riendo?”, nos preguntará algún hermano que solicita ‘un texto prueba’. La respuesta es: No, no encontramos un tal pasaje. Pero sí encontramos pasajes en los cuales nuestro Señor dio rienda suelta a su alegría. ¿Podemos separar, siempre, la alegría de la risa o de la sonrisa? Pienso que no. En todo caso la tristeza, como modo de vida, jamás ha sido una virtud cristiana o signo inequívoco de espiritualidad. En este sentido, no en el del arrepentimiento, razón tienen quienes observan, “que un cristiano triste, es un triste cristiano”.

Sin embargo, es importante aclarar, que todo humor no se condice con la fe cristiana. A través de la lectura de este libro de Acosta, el lector podrá ir comprendiendo mejor, el humor que contienen las Sagradas Escrituras: su naturaleza y su propósito. El libro ha sido escrito con pasión y por eso apasiona, por su amor a la Palabra de Dios y al Dios de la Palabra.

El sentido del humor, como todo lo que pertenece a nuestra humanidad, tiene sus complejidades. De allí que escogeré decir de este amplio espectro, sólo lo siguiente: El humor como el dolor nos hace más humanos. Esto lo entendió el apóstol Pablo cuando escribió: Si alguno está alegre, alégrense con él; si alguno está triste, acompáñenlo en su tristeza (Ro 12.15, tla). El amor y el humor nos hacen más humanos. Lo cierto es, que las cosas más serias, dichas con amor y humor, se hacen más memorables.

En el primer capítulo, el autor hace una Introducción al humor, trabaja definiciones, modelos y funciones. Cita a un autor a modo de resumen: “el humor hace seis cosas: lubrica las relaciones, corrige los desbalances de la vida, critica, maneja la realidad, integra a las personas y preserva el sentido del ser”. En el capítulo 2, examina el Humor en la literatura del Medio Oriente en la literatura universal, así captamos algo de “lo humano, lo complejo y lo poderoso del humor”. En el capítulo 3 comienza a hablarnos del Humor en el Antiguo Testamento y lo ve “como un asunto muy serio”. A partir del capítulo 4 hasta el 10 el autor trabaja pasajes bíblicos. Hallamos una forma si no nueva, diferente, de leer pasajes conocidos, los conocimientos del autor del hebreo y de las culturas semíticas, que percibimos en todo documento, son prodigados en el estudio bíblico en forma entendible, uno de los mayores logros del autor es la sencillez. Es sencillo sin ser simplista. Sin duda que caben otras lecturas, y no creemos que se pueda dogmatizar al respecto. Lo importante, desde mi punto de vista, es que Acosta ha logrado, hacernos percibir el sentido del humor en los escritos vétero testamentarios.

El capítulo 11, con el cual Milton Acosta redondea su magní­fico trabajo está dedicado al Humor en la predicación, su tesis es: “el humor es un componente esencial de la naturaleza humana y de la comunicación humana”. Está dirigido particularmente a los pastores y predicadores de la Palabra de Dios, con la finalidad de que tomemos conciencia de uno de nuestros competidores: la televisión; del cuidado que el liderazgo debe tener al preparar el culto dominical, cuando se programa “el sermón a la hora del calor, el hambre y el cansancio”; a la vez que propone un desafío: los dirigentes cristianos debemos esforzarnos “por cautivar la atención del auditorio con la palabra y la Palabra”.

Animo a todos mis colegas pastores, predicadores y maestros de seminarios, institutos bíblicos y escuelas dominicales a leer y estudiar este libro con atención, reflexión y oración, porque este texto sobre el humor en el Antiguo Testamento es cosa seria.

Rev. Pedro Arana Quiroz

Lima, miércoles, 15 de julio de 2009

Prefacio

Es más fácil reconocer el humor que explicarlo con humor.

—Jonathan Perry

El humor antiguo parece tener poco poder sobre los músculos modernos.

—Nathaniel Hawthorne

En el Antiguo Testamento tal vez lo que más hay es mal humor.

—Sadrac Mesa

Una pizca de humor suaviza el regaño.

—James Crenshaw

Estas cuatro citas resumen el contenido de todo este libro. La primera es la posibilidad de hablar seriamente del humor, contra la exigencia de algunos, según la cual, para poder hablar del humor, se debe ser chistoso. Pero esta es una demanda injusta, porque sería como decir que para hablar de poesía, tendría que hacerse en verso. Una cosa es recitar poesía y otra disertar sobre la poesía. Claro, tampoco se deben ignorar las palabras de G. B. Shaw: “No hay síntoma literario más peligroso que la tentación de escribir acerca del ingenio y del humor [porque] indica una pérdida total de ambos”1.

La segunda cita tiene que ver con la interpretación de textos antiguos en relación con las sutilezas del humor. Hay mucha distancia que salvar entre el Antiguo Testamento y nosotros hoy: lingüísticas y literarias, históricas y geográficas, sociológi­cas y culturales. Con frecuencia, los eventos escritos de modo humorístico, no necesariamente lo fueron cuando ocurrieron, pero sí podemos observar la intención comunicativa humorís­tica. Este libro trata principalmente de humor escrito y literario antiguo. Reconocemos la dificultad de la empresa y haremos lo posible por no transitar mucho por el camino de la especulación, ni con la meta de ser chistoso.

La tercera cita nos obliga a demoler esta afirmación: “qué va a haber humor en el Antiguo Testamento”. Partimos del siguiente presupuesto: no lo vemos porque no lo esperamos.

La última cita es una invitación a reconocer que en la Biblia existe una forma de hacer teología que se sirve del humor para decir verdades difíciles de recibir. Los escritores bíblicos, aunque inspirados, no eran menos humanos que nosotros, ni en su vida cotidiana ni en su literatura.

Existen dos acercamientos al humor en la Biblia, uno más común que el otro. El primero son los chistes que la gente hace a partir de algún personaje o evento bíblico2. Generalmente son chistes tontos, y en muchas ocasiones irreverentes. El segundo acercamiento consiste en el reconocimiento del uso intencio­nal del humor como instrumento retórico para comunicar un mensaje y persuadir al lector a creer y hacer algo. Naturalmente, este libro usará el segundo acercamiento.

La idea de estudiar y comprender el humor en la Biblia nació en un curso de Historia de Israel en Trinity Evangelical Divinity School. En esa clase, el profesor K. Lawson Younger hizo una breve representación de un rey arameo llamado Ben-Hadad, quien estaba borracho, en pleno mediodía, con otros treinta y dos reyes mientras tenían sitiada a Samaria (1R 20). Es decir, alguien poderoso en una condición indigna y en una situación seria. Ante la amenaza y las exigencias de los arameos, Israel decide no someterse y atacarlos. La borrachera de Ben-Hadad se demuestra cuando le avisan que Israel ha salido de la ciudad a atacar a su pueblo, y él da las siguientes instrucciones a sus militares: “si vienen en son de paz, tómenlos vivos; y si vienen en son de guerra, también tómenlos vivos”. Tan buena fue la dramatización de este rey borracho que al terminar el doctor Younger de contar la historia, todos los estudiantes espontá­neamente lo aplaudimos. La moraleja es esta: si la historia bíblica se hace aburrida, será culpa de los profesores y predicadores, no de la Biblia. Esta es una historia donde el escritor bíblico nos cuenta las incoherencias de un borracho para reírnos con él del borracho.

El tema es importante porque en las prácticas antiguas de vasallaje, la forma como un enemigo era sometido determinaba el tipo de tratado que después se firmaría entre los dos reinos y el tipo de trato que recibiría el vasallo3. De todas formas, la lógica aceptada en las guerras de aquellos tiempos era que si alguien venía en son de paz, no había razón para matarlo; y si venía en son de guerra, no había forma de tomarlos vivos.

En la representación que hizo el profesor Younger del incoherente rey borracho, me di cuenta de que la Biblia al darnos esos datos tan puntuales, nos invita a imaginarnos la escena y a revivirla. Una vez imaginada, nos damos cuenta de que resulta cómica. No solamente dice que el rey está borracho, sino que muestra su comportamiento de borracho. Así, poco a poco me fui convenciendo de que en la Biblia hay historias contadas en forma de comedia con inconfundibles componentes humorísticos.

Luego, en el año 2005, José Antonio Moreno, entonces Deca­no del Seminario Teológico Centroamericano en Guatemala, me invitó a dar unas conferencias bíblicas; tuve la osadía de propo­nerle el tema “El humor en el Antiguo Testamento”. Digo osadía porque el tema es enorme. Así que, sin el ánimo de ser modesto, lo que sigue no es más que una introducción al tema.

Este libro está basado en el estudio y lectura de textos diversos que incluyen la Biblia, biblistas, teóricos del humor (literario, filosófico, psicológico y sociológico), obras literarias y la realidad constatada en la experiencia. Pocos estudios le permiten a uno divertirse tanto mientras aprende, aunque, como veremos, el humor del que hablaremos es más bien serio, de mucha reflexión y poca risa. Así, pues, lo más irónico de todo esto es que, al igual que muchos tratados sobre el tema, nuestro estudio también será muy serio.

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1 Citado por Jorge Figueroa Dorrego y otros (editores), Estudios sobre humor literario (Vigo: Universidad de Vigo, 2001): 17.

2 En esta categoría se podría poner un libro reciente: Casimiro García, El humor en la Biblia: síntesis festiva del Antiguo Testamento (Córdova: Arcopress, 2008).

3 Un ejemplo de otro pueblo (los hititas), pero que probablemente se aplica en este caso: Amnon Altman, “Rethinking the Hittite System of Subordinate Countries from the Legal Point of View”, Journal of the American Oriental Society 123, N° 4 (2003). En los libros proféticos de la Biblia también se constata que hay una diferencia significativa entre el sometimiento sin guerra o después de una guerra.


Capítulo 1

Introducción al humor

Introducción

Antes de abordar el tema del humor en el Antiguo Testamento propiamente, es necesario hablar de las características del humor y de los problemas inherentes a su estudio. Para ello, miraremos algunas de las propuestas más importantes sobre la naturaleza y funciones del humor en la sociedad.

El humor es universal y común a todos los pueblos, lenguas y culturas de la Tierra. Al mismo tiempo, es una realidad so­cial con características culturales particulares. Es decir, toma características propias que varían de un lugar a otro, aun den­tro de un mismo país con un mismo idioma. Las personas no se ríen siempre de las mismas cosas ni hacen humor de la misma manera4. Esto explica las dificultades en que nos vemos cuando tratamos de traducir un chiste a otro idioma o cuando pretendemos explicar a un extranjero algo humorístico de nues­tra cultura: o se ríen “por educación” o nos miran con cara de desconcierto, probablemente pensando lo que me decía mi papá cuando le contaba un chiste malo: “Cuéntamelo de nuevo, y avísame cuándo debo reírme”. Cuán incómoda es la “risita inconveniente”. Igualmente, en ocasiones vemos personas reírse de cosas a las que nosotros, por mucho esfuerzo que hagamos, no les encontramos la gracia. Esto se debe a que:

El humor es local y el sentido del humor es generalmente muy específico del contexto […]. El humor es un tipo de información privada de las culturas, el cual se podría decir en realidad que funciona como un mecanismo de defensa lingüístico5.

Muchas veces “el humor se basa en referencias contempo­rá­neas, significados de palabras, contrastes o alguna comprensión social que se le escapa al forastero”, no sólo por tratarse de humor en otra lengua, sino porque el “humor puede ser uno de los medios de expresión humana más sofisticados y esotéricos”. De modo que, siendo pesimistas, al intentar apreciar el humor de culturas antiguas, “lo máximo que podemos aspirar es a un vistazo de una pequeña parte del humor que ha sobrevivido”6.

En el estudio del humor, enfrentamos, además, el proble­ma de que lo chistoso para uno puede resultar ofensivo para otro; es decir, en el humor no es rara la agresión. Hay humor de y humor a expensas de. Como colombiano, me pasa frecuente­mente que la gente en casi todos los países que he visitado, tanto en Estados Unidos como en Europa y en América Latina, me hacen chistes relacionados con mi país. Si le regalo café a alguien, me dice, “¿Seguro que es café lo que hay en el paquete?”. Y si no llevo nada, me preguntan: “¿Y no trajo nada de ‘aquello’?”. ¡Y se ríen! Una realidad del humor es que no siem­pre es divertido para todos. De modo que cada vez le encuentro menos gracia al chiste y me resulta más difícil ser amable con estas personas.

En esto de la agresión en el humor, hay dos perspectivas opuestas. Para algunos autores, el humor deja de ser humor cuando es ofensivo. Por eso ha dicho alguien que “un chiste es esencialmente una liberación inofensiva de emociones peligro­sas; es catártico”7. Otros dicen que no, que la sátira, la ironía y el sarcasmo, aunque con frecuencia ofensivos, son dignas expresiones humorísticas, con todo y ofensa.

Por otro lado, también existen los contextos y los tiempos para el humor. Una humorista colombiana terminó verbalmente agredida en medio de su actuación cuando quiso hacer chistes de un ministro en un club privado de Bogotá. No calculó que la simpatía de la que gozaba el ministro en el auditorio era superior a la fuerza del humor.

Definición

Existe una variedad de términos que se utilizan en los estudios sobre el humor, cada uno con sus propias sutilezas semánticas: humor, humorismo, comicidad, chiste y comedia. El problema radica en la historia del uso de los términos y las variaciones en su uso actual de un autor a otro. Definir el término humor no es fácil, y mucho menos hacer distinciones finas con respecto al resto del vocabulario que acompaña el tema. Sin embargo, y sin pretender resolver aquí todas estas cuestiones, diremos algo general para establecer un vocabulario básico para la comprensión del tema, por lo menos en este libro. Empecemos, entonces, con la definición de humor y luego vamos a las teorías que explican la forma, la naturaleza y la función del humor.

La palabra “humor” originalmente tenía un uso diferente al actual. Se relacionaba con humedad y se refería a los líqui­dos corporales que determinan la salud y los estados de ánimo. Los antiguos griegos hablaban de cuatro humores: la bilis amarilla (coler), la bilis negra (melan-col), la sangre y la flema. De la forma griega de estas palabras, vienen las categorías de colérico, melancólico, sanguíneo y flemático. En la medida en que los cuatro líquidos estuvieran balanceados, se consideraba que una persona estaba de buen humor. Así, la explicación a un ataque de ira no se buscaba en una niñez traumática, sino en un desbalance acuoso. Cualquier exceso o deficiencia de alguno de los líquidos era causa del mal estado de ánimo, mal tempe­ramento o sencillamente mal humor8.

Aunque hay todavía psicologías populares basadas en esta comprensión antigua de los humores, hoy en día la psicología se fundamenta en otras cosas, y la palabra humor se usa en otro sentido (excepto el humor acuoso y el humor vítreo). El uso más común en la actualidad es que el humor se refiere a lo cómico y lo risible. Es probable que este uso venga de los literatos ingleses del siglo dieciséis9 o de los mismos griegos que trasladaron el sentido de “mal humor” a “risible”. Es decir, una persona con exceso de uno o varios de los cuatro humores se descompone de tal manera que da risa. Por el mismo camino, el humorista es entonces la persona que hace reír10.

Para algunos autores, la palabra “humor” no puede definirse. Observemos las opiniones y dificultades. Yehuda Radday dice que el humor es como la inteligencia: los especialistas no se han podido poner de acuerdo en una definición, pero nadie vacila en medirla. Así, pues, no nos vamos a sentar a esperar que los psicó­logos y los filósofos definan el humor para luego hablar de él11. Foster, sin embargo, propone una definición sencilla: “El humor es la percepción y expresión de lo absurdo y lo divertido”12. Benedetto Croce sostiene que el humorismo, por ser un proceso psicológico, es indefinible.

Garrido Luceño, citando a Enrique Jardiel Poncela, dice que “intentar definir el humor es como querer atravesar las alas de una mariposa con un poste de teléfono”13. Sin embargo, se pueden apuntar algunas características esenciales. El humor es realista en el sentido de que capta el “contraste entre el ser y la apariencia”. De ahí que Pirandello, citando a Richter, diga que el humor es “lo sublime al revés”14. En esto, como veremos, coinciden varios autores de diversas épocas, incluyendo la ac­tual. Pero humor no es meramente risa, sino “risa reflexiva”, en tanto que advierte “el ridículo interno” de diversas situaciones en la vida15.

Quienes se han atrevido a dar definiciones se enfrentan a muchos contradictores. Por eso Pirandello dice que “el humo­rismo16 tiene infinitas variedades y tantas características que, al querer describirlo en general, se corre siempre el riesgo de olvi­darse de alguna”. Pero, añade Pirandello, si bien tales procesos no se pueden definir, sí es posible representar, cosa que hacen los artistas y los literatos todo el tiempo17.

Pero bueno, ¿cuál es la definición de humor? Luigi Pirandello, en su ensayo clásico titulado El humorismo, dice:

Si quisiéramos tener en cuenta todas las respuestas que se han dado a esta pregunta, todas las definiciones que han propuesto autores y críticos, podríamos llenar bastantes páginas y, probablemente, al final, confundidos entre tan­tos pareceres, no conseguiríamos otra cosa que repetir la pregunta:

—Pero, en resumen, ¿qué es el humorismo?

Y continúa diciendo:

Características más comunes, y, sin embargo, más gene­ralmente observadas, son la “contradicción” fundamental, cuya causa primera suele considerarse el desacuerdo que el sentimiento y la meditación descubren o bien entre la vida real y el ideal humano o bien entre nuestras aspiraciones y nuestras debilidades y miserias, y cuyo principal efecto es una especie de perplejidad entre el llanto y la risa; luego, el escepticismo, que colorea toda observación, toda pintura humorística, y, finalmente, el modo de proceder del hu­morismo minuciosa y maliciosamente analítico18.

Así las cosas, nos vemos obligados a concluir lo que otros ya concluyeron: “Los estudiosos del humor que comienzan por la búsqueda de una definición se ven en la necesidad de acabar confesando la imposibilidad de tal empeño”. La razón principal es que como tema es tan complejo como cambiante; y como rasgo, “trasciende y engloba todo [sic] forma literaria, además de otras formas de expresión escrita o impresa”19. Pero podemos empezar a vislumbrar que el humor, aunque difícil de definir, es un asunto muy serio.

Nos queda todavía la tarea de, si no definir, por lo menos di­ferenciar algunos términos y conceptos. Pirandello hace algunas precisiones muy útiles para los propósitos de este libro:

Veo a una anciana señora, con los cabellos teñidos, untados de no se sabe bien qué horrible grasa, y luego burdamen­te pintada y vestida con ropas juveniles. Me echo a reír. Advierto que esa anciana señora es lo contrario de lo que una anciana y respetable señora tendría que ser. Así pue­do, de buenas a primeras y superficialmente, detenerme en esta impresión cómica. Lo cómico es precisamente un advertir lo contrario. Pero si ahora en mí interviene la reflexión y me sugiere que aquella anciana señora tal vez no encuentra ningún placer en vestirse como un loro, sino que tal vez sufre a causa de ello y lo hace sólo porque se engaña piadosamente y piensa que, vestida así, escon­diendo sus arrugas y sus canas, conseguirá retener el amor de su marido, mucho más joven que ella, entonces yo ya no puedo reírme como antes, porque precisamente la re­flexión, trabajando dentro de mí, me ha hecho superar mi primera observación, o más bien, me ha hecho penetrar en ella: de aquella primera observación de lo contrario me ha hecho pasar a este sentimiento de lo contrario. Esta es toda la diferencia que hay entre lo cómico y lo humorístico20.

Según este ejemplo y su explicación, es posible ver solamente lo cómico de las cosas, es decir, quedarse con lo superficial, y perderse de lo humorístico, del sentimiento que surge luego de la reflexión. La risa que produce lo uno y lo otro son diferentes.

La esencia del humor según Pirandello es ésta: existe una permanente contradicción en el ser humano que lo acompaña como la sombra de su cuerpo. Esto lo descubre el humorista por la reflexión “que en todo ve una construcción ilusoria, falsa o ficticia del sentimiento, la cual desmonta y descompone con análisis agudo, sutil y minucioso”21. Siguiendo con su metáfora de la sombra, Pirandello concluye su estudio así:

Resumiendo, el humorismo consiste en el sentimiento de lo contrario, producido por la especial actividad de la re­flexión, que no se oculta, que no se convierte, como suele suceder ordinariamente en el arte, en una forma del sen­timiento, sino en su contrario, aunque siguiendo paso a paso el sentimiento como la sombra al cuerpo. El artista ordinario se preocupa del cuerpo solamente; el humorista tiene en cuenta el cuerpo y la sombra, y tal vez más la sombra que el cuerpo; se da cuenta de todas las bromas de esta sombra, de como a veces se estira y otras se encoge, como si remedara al cuerpo. Que mientras tanto no la calcula ni se preocupa de ella22.

Para dejar allí el asunto de la definición del humor añadi­remos las palabras de Casares “El humor es la interpretación sentimental y trascendente de lo cómico”23. Aunque hay sufi­cientes méritos en las propuestas de Pirandello, reconocemos que no poseemos una definición consensuada del humor. La razón principal es que existen diferentes formas de explicar cómo funciona el humor tanto en la psiquis humana como en la sociedad donde ocurre. Esas diferentes explicaciones, a su vez, han producido escuelas y corrientes, fundadas sea en la filosofía, la psicología, o la sociología. Sin embargo, hay dos términos que surgen una y otra vez: la contradicción y lo ridículo.

Sin necesidad de acudir a los diccionarios ni las enciclo­pedias, por la experiencia sabemos que el humor es una realidad humana que no precisa ser demostrada. Sin embargo, y para curarnos en salud, Casares afirma que el sólo hecho de intentar definir el humor “prueba ya la carencia del sentido del humor”. Lo que sí hace Casares es diferenciar humor de humorismo; así: el humorismo es un “estilo literario [con manifestaciones objeti­vas] en el que se hermanan la gracia con la ironía y lo alegre con lo triste”; mientras que el humor es “una disposición de ánimo, algo que no trasciende del sujeto que contempla lo cómico”. Puestos juntos, el humorismo es “la expresión externa del humor, mediante la palabra, el dibujo, la talla, etc”. En otras palabras, el humor es una forma de ver el mundo (Weltanschauung), una actitud frente a la vida24.

Sobre la superioridad del humorismo con respecto a otras ciencias, nuevamente Pirandello dice:

Y mientras el sociólogo describe la vida social tal como resulta de las observaciones exteriores, el humorista, ar­mado de su aguda intuición, demuestra, revela hasta qué punto las apariencias son profundamente diversas del ser íntimo de la conciencia de los asociados. Y, sin embargo, se miente psicológicamente, igual que se miente socialmente. Y ese mentirnos a nosotros mismos, viviendo consciente­mente sólo la superficie de nuestro ser psíquico, es un efecto de la mentira social. El alma que se refleja a sí misma es un alma solitaria; pero la soledad interior nunca es tanta que no penetren en la conciencia las sugestiones de la vida en común, con las ficciones y las artes de transfiguración que la caracterizan25.

17,75 ₼

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Yaş həddi:
0+
Litresdə buraxılış tarixi:
13 noyabr 2024
Həcm:
314 səh. 7 illustrasiyalar
ISBN:
9786124252549
Müəllif hüququ sahibi:
Bookwire
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