Kitabı oxu: «Sangre olvidada»

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SANGRE OLVIDADA

SANGRE ENAMORADA #3

NATALIA HATT


Sangre olvidada: Sangre enamorada #3

© 2014 Natalia Hatt

© 2020 Autopublicarte


Hatt, Natalia Sangre olvidada : sangre enamorada #3 / Natalia Hatt. - 1a ed . - Crespo : Autopublicarte, 2020. Libro digital, EPUB Archivo Digital: descarga y online ISBN 978-987-8332-21-5 1. Narrativa Argentina. 2. Literatura Juvenil. 3. Vampiros. I. Título. CDD A863.9283

Todos los derechos reservados.

TABLA DE CONTENIDOS

CAPÍTULO 1

CAPÍTULO 2

CAPÍTULO 3

CAPÍTULO 4

CAPÍTULO 5

CAPÍTULO 6

CAPÍTULO 7

CAPÍTULO 8

CAPÍTULO 9

CAPÍTULO 10

CAPÍTULO 11

CAPÍTULO 12

EPÍLOGO

¡No te pierdas la última entrega de la saga!

Sobre la autora

Para aquellos amor que jamás se olvidan…

El amor verdadero nunca se olvida,

nunca se pierde, nunca deja de existir...

Si te olvido, no es algo permanente,

sino solo por el tiempo que dure ese olvido.

No me enojo si no me recuerdas,

porque tengo presente que, algún día,

la sangre olvidada será recordada...

Algún día tú y yo volveremos a unirnos

y ya nada ni nadie podrá volver a separarnos

CAPÍTULO 1

A

lejandra se despertó sobresaltada tras haber tenido una pesadilla en la que le sucedían un montón de cosas extrañas, incluso sobrenaturales, aunque no podía recordar bien de qué se trataba el sueño. Miró el reloj en la mesita de noche, percatándose de que ya eran las seis de la mañana. Su marido seguía durmiendo plácidamente a su lado, ajeno a la pesadilla que la había afectado.

Se levantó de la cama, se puso las pantuflas y caminó hasta la cocina con el fin de preparar el desayuno. Era lunes, y ese sería un largo día para ambos. Hacía una semana que ella y Juliann habían llegado a Nueva Orleans y los dos ya tenían trabajo: ella en una gran galería de arte y él, dando clases de música en una escuela privada. Se sentían muy felices con la vida que estaban construyendo en ese nuevo lugar, lejos de su pueblo natal.

Provenían de un pueblo en la provincia de Buenos Aires, pero habían estado viviendo en la capital desde que comenzaran la universidad y, al graduarse hacía ya un año, habían contraído matrimonio y habían comenzado a vivir juntos, en perfecta armonía y felicidad. Era la avidez de tener una nueva y mejor vida lo que los había llevado a mudarse a esa ciudad norteamericana. Allí podrían perseguir sus sueños y llegarían a la cima en las ramas que habían elegido: ella, el arte; él, la música.

Ella sentía que su vida ahora estaba completa, ya que la mayoría de sus sueños se habían cumplido: estaba casada con el amor de su vida, se había mudado al lugar donde realmente deseaba vivir y había conseguido un trabajo haciendo lo que más amaba, el que a su vez le permitiría seguir avanzando en su carrera.

No había nada más que ella quisiera en esta vida o, al menos, eso era lo que la nueva Alejandra pensaba. La otra, la que horas atrás había saltado por un portal de luz que la había sumergido en un mar de olvido, no habría pensado de la misma manera, para nada. Sin embargo, esa Alejandra había quedado enterrada en algún recóndito lugar de su ser, un lugar al que le costaría bastante tiempo llegar para poder rescatarla y volver a ser ella misma.

—¡Qué bien que huele esto! —exclamó Juliann mientras entraba por la puerta de la cocina, vestía todavía sus pijamas. Su esposa le sonrió, caminando hacia él para darle un beso de buenos días.

—Tostadas francesas, tus favoritas.

—¡Grandioso! —dijo él, con una sonrisa de oreja a oreja—. Me doy una ducha rápida y vuelvo. —Su acento argentino sonaba tan natural como si lo hubiese usado siempre.

Alejandra pudo oírlo cantar desde la ducha mientras seguía cocinando, pensando en el regalo que para ella era poder escuchar la voz de su amado todos los días de su vida, cantando con tanta pasión, sabiendo que era su única fuente de inspiración. Puso la mesa, sirvió el desayuno y miró por la ventana, observando el amanecer. Por alguna razón se sentía emocionada al ver salir el sol, aunque no sabía por qué, ya que lo había hecho todos los días desde que se habían mudado allí.

—Un amanecer hermoso, ¿no es así? —comentó él, abrazándola por detrás para darle un beso en su suave cabello.

—Claro que sí, cielo. Es un hermoso amanecer.

Se quedaron mirando por la ventana por unos minutos antes de sentarse a disfrutar del desayuno. Charlaron sobre sus trabajos, sobre lo satisfechos que se sentían y sobre sus planes para el futuro, entre los cuales se encontraba tener un hijo. Todo iba bien y muchos sentirían envidia de una pareja cuya vida aparentaba estar repleta de tanta felicidad, aunque esta no fuera genuina.

***

Nikolav se dirigió a su habitación sin ventanas, tras haber terminado su turno en el bar donde vivía y trabajaba. Había tenido una experiencia un tanto extraña un par de horas atrás mientras bebía la sangre de una chica que se había ofrecido a ello: había perdido el conocimiento durante unos segundos, despertando un tanto confundido. Le parecía haber soñado en ese intervalo de tiempo, lo cual era un tanto extraño ya que el sueño que había tenido no se asemejaba en nada a su realidad y no era nada con lo que recordase haber soñado alguna vez.

Se había mudado de Bulgaria hacía ya una semana, dado que había oído hablar de lo bueno que era para un vampiro vivir en Nueva Orleans, la capital de los vampiros. Allí podía beber sin preocuparse por las consecuencias, al ser zona libre para ellos. Todo estaba permitido, excepto convertir a alguien sin previo permiso del gobernador de la zona. Pero a él no le interesaba convertir a nadie, solo le interesaba pasarla bien.

Cuando se quitó su ropa para acostarse a dormir, encontró en su bolsillo algo extraño: un pequeño frasco con un líquido rojo transparente, tenía a su alrededor una nota que le indicaba que debía beberlo.

Observó el frasco con detenimiento y desconfianza. Claro que no lo bebería. Bien podría tratarse de una poción hecha por una bruja para poder controlarlo como si fuera un zombi. No caería en esa trampa. Si una bruja se encontraba detrás de él, debería ser mucho más inteligente para hacerlo caer en sus garras. Guardó el pequeño frasco en un cajón y se acostó a dormir para no despertar hasta caída la noche.

***

Alejandra se fue caminando a su trabajo, disfrutando de la hermosa mañana. Vivía a solo unas pocas cuadras de distancia, por lo que le parecía innecesario tomar un taxi, a no ser que estuviese lloviendo. Además, le gustaba examinar sus alrededores, quería conocer lo más posible la nueva ciudad en la que ahora vivía. Y aunque ya hacía una semana que estaba allí, y ya había recorrido esa calle decenas de veces, todo seguía pareciéndole nuevo, como si fuera la primera vez que lo veía.

Subió la escalinata de entrada a la enorme galería de arte en la que ahora trabajaba. Las colosales estatuas que se encontraban a cada lado le llamaban poderosamente la atención, más que nada debido a su diseño rico y detallado. Amaba todo lo que fuera arte, casi sin discriminar el tipo. Su trabajo en la galería consistía en organizar las muestras y exposiciones de la mejor manera posible en cada sala. En diversas pruebas a las que se la había sometido, ella había demostrado su talento y buen gusto para esa tarea. También le correspondía hacerse cargo de las nuevas obras de arte que llegaban con frecuencia, organizándolas por temáticas para exposiciones futuras.

Su trabajo era de medio tiempo, por lo cual tenía la tarde libre para dibujar y pintar en su casa. Algún día sus obras serían expuestas en una galería tan prestigiosa como era esta. Pero para eso faltaba tiempo, aunque ya le habían dicho que sus piezas eran muy prometedoras y ella lucharía hasta lograr todos sus objetivos.

Cuando llegó a la sección de obras nuevas, se encontró con William Paine, el director del museo, quien la estaba esperando. Debía tratarse de algo importante si él estaba allí.

—Buenos días, señor —lo saludó ella, hablando en un inglés bien fluido.

—Buenos días, señora Hert. Hoy le tengo un encargo especial. Hemos recibido unas obras del corazón de Europa, pertenecientes a una artista excepcional que recientemente ha sido descubierta. Pospondremos la exposición de la sala tres para poder mostrar esta. Realmente estamos orgullosos de haberla conseguido, considerando que no somos el museo más grande del país. Espero pueda encargarse de todos los detalles —ella asintió, entusiasmada de que se le encargase una labor tan relevante.

—Por supuesto, señor. Me pondré a trabajar en ello. ¿De qué se tratan las obras? ¿Tienen una temática similar?

—Sí, tienen una temática en común. Son nueve cuadros que forman parte de un todo. La colección se titula «Los Nueve Mundos» y cada cuadro representa uno de los nueve, incluyendo el nuestro. Hay una breve descripción en un manuscrito original junto con ellos. Esta artista debe haber poseído una gran imaginación para pintar tal fantasía. Es realmente impresionante.

—¿Cómo se llama la artista? —preguntó.

—Se desconoce su verdadera identidad. La mujer tenía los cuadros guardados en un departamento en Bulgaria. Luego desapareció misteriosamente de la faz de la tierra y sus obras fueron guardadas, pero como no han sido reclamadas durante todos estos años fueron vendidas. Las obras están firmadas como Anja, pero la identidad de esta tal Anja es un misterio.

—¡Qué interesante! —dijo ella— Mejor me pongo a trabajar en esa exposición de inmediato.

—Perfecto, más tarde vuelvo para ver el progreso.

—Nos vemos luego —dijo la muchacha, dirigiéndose hacia los paquetes, que aún no habían sido abiertos, intrigada por lo que encontraría allí.

Uno a uno, fue desenvolviendo los nueve paquetes, encontrándose con nueve obras de arte de una belleza indescriptible, algo que nunca antes había visto, pero que le resultaba familiar. Luego, tomó el manuscrito que se hallaba junto a los cuadros y se dispuso a leerlo.

Vivimos en un planeta dividido en nueve mundos diferentes, nueve dimensiones a las cuales la mayoría de las criaturas existentes no tiene acceso alguno, a excepción de la propia. Estos mundos se entrelazan entre sí, se comunican a través de diversos portales, que deben permanecer secretos y protegidos, para que así las criaturas de los mundos inferiores queden atrapadas y no puedan subir y causar el caos. Los cuadros sirven a su vez de portales para quien cuente con la habilidad de adentrarse en ellos. No muchos la poseen, pero yo sé de alguien que la tendrá. Quien lo haga entenderá a qué me refiero, los demás pensarán que estoy loca o que conservo una rica imaginación. Mas yo he estado en cada uno de estos mundos y puedo afirmar que son todos reales. Desde el denso mundo de los havors, a la dimensión etérea de los guardianes de este planeta, el alma se desarrolla, pudiendo ascender o descender, la mayoría de las veces con la muerte, otras sufriendo cambios físicos, como al convertirse de humano a vampiro. La memoria se pierde, la memoria se recupera. Mas el alma nunca olvida y los secretos siempre se guardan bajo llave, en lo más profundo de nuestro ser.

Estaba asombrada por lo que había leído. Aparentemente la artista realmente creía en lo que decía. No así Alejandra, pero la historia era realmente fascinante. Ahora... el problema era organizar los nueve cuadros en el orden correcto. Sabía que estos tendrían uno ya que lo había leído. «Desde el denso mundo de los havors, a la dimensión etérea de los guardianes», pensó, preguntándose cuál sería cada uno y cómo reconocerlos. Luego tendría el problema de ordenar los cuadros restantes de cuya ubicación no tenía la más pálida idea. Sería un largo día de trabajo, pero estaba contenta de hacer lo que debía.

Luego de trabajar por un par de horas, analizándolos, contaba ya con casi un cuaderno lleno de notas sobre cada uno y lo que podía ver en ellos, aunque únicamente había podido descifrar el que correspondía al plano de los seres humanos y el que ella consideraba era el de los guardianes. El resto aún no sabía bien cómo clasificarlos, por lo que se limitó a anotar las impresiones que cada uno le producía: cuál le parecía un lugar positivo, cuál uno negativo. No era una tarea fácil, pero estaba dispuesta a llevarla a cabo en el menor tiempo posible.

Mirando dentro de los cuadros, sentía cierta familiaridad, especialmente con el que tenía un lago azul y el cielo de color violeta. Observaba con asombro el camino cubierto de piedritas celestes, las dos lunas y las estrellas que brillaban en el firmamento, pensando que ese era un lugar donde le gustaría estar.

William entró, trayendo un cuaderno de notas en sus manos.

—¿Cómo va eso, Alejandra? —preguntó.

—Bien —contestó ella—. Estoy intentando identificar qué lugar representa cada uno de ellos, para poder ordenarlos. Según el manuscrito, tienen un orden específico. Debo descubrirlo.

—Me parece bien —respondió él, examinando los cuadros—. Si no lo encuentras, tan solo limítate a ubicarlos de la forma que se vean mejor, estéticamente hablando. —Ella asintió, aunque sabía que no se daría por vencida tan fácil. Sentía que si fallaba en encontrar el orden de los cuadros, estaría fallándole a la artista, y se estaría fallando a sí misma.

—Espero poder hacerlo, señor. ¿Sabe qué? Hay algo que me resulta familiar en estos cuadros. Tal vez los he visto antes —dijo. William soltó una risa entrecortada.

—No seas ridícula. Es imposible que los hayas visto con anterioridad. Son un descubrimiento y no hay nada así en el mundo. Estos cuadros son únicos.

—Entonces no sé, tal vez haya visto algún lugar similar en una película o algo.

—Quién sabe... —dijo su jefe mirando la hora—. Falta media hora para tu salida. Llama a Robert para que lleve los cuadros a la caja fuerte una vez que hayas terminado. No quiero que queden aquí.

—Lo haré, señor —asintió ella, viendo a William salir. Se sintió importante al estar trabajando con unas obras de arte sin igual, nunca antes vistas por el público. Ese tipo de oportunidades le causaban mucha felicidad.

***

Media hora más tarde, se encontraba volviendo a casa. No podía quitar de su mente la emoción de lo sucedido durante ese día y, por más que en ese momento no los estaba viendo, guardaba una imagen bien nítida de cada uno de ellos por igual. Juliann no volvería a casa hasta dentro de unas cuatro horas, por lo que cocinó para ella sola, una vez que llegó a su departamento.

Luego de comer, se puso cómoda en el sofá con vista al balcón y comenzó a realizar dibujos en un cuaderno. Dibujaba lo que fuera que le viniese a la mente: caras de personas, lugares, lo que se estuviese imaginando. Todo con su lápiz negro. Luego de garabatear un buen rato, se quedó dormida.

—Ale, Ale —dijo Juliann, sacudiéndole el brazo. Ella se sobresaltó un poco al despertarse.

—¿Qué sucede? —preguntó.

—Te has quedado dormida en el sofá. Pensé que estarías despierta cuando llegara. Supongo que estabas cansada.

—Mentalmente agotada, sí. Tuve un montón de quehaceres en el trabajo y cuando llegué me puse a dibujar. Cuando menos me di cuenta, me quedé dormida —respondió, dándole un suave beso a su marido.

—Me imagino, cielo. Mi día ha sido bastante agotador también. Todavía no logro aprenderme los nombres de todos mis alumnos, pero ya lo haré. Es como si nunca los terminase de conocer — dijo él, riendo al final de la frase. A pesar de estar en ese lugar desde ya hacía una semana, todo seguía pareciéndole nuevo.

—A mí me pasa lo mismo con la gente nueva —lo tranquilizó ella—. No te preocupes, ya los vamos a conocer bien a todos. Hace poco que llegamos y necesitamos adaptarnos.

—Aunque nuestro pasado en Argentina parece muy distante ya —comentó él, con una pequeña sonrisa en sus labios.

—Tenés razón. Miro atrás y pareciera como si todo fuera parte de una película. Es extraño. De todas formas —dijo, levantándose del sillón y caminando hacia la cocina—, prepararé café para los dos y luego nos podemos sentar en la terraza a hablar y mirar el atardecer.

—Me parece muy bien —aceptó su marido, siguiéndola—. Contame, ¿qué has hecho hoy en la galería?

—Tuve la suerte de trabajar con unas obras de arte impresionantes, tanto que una exposición renacentista se ha suspendido para darle lugar a esta. Son nueve cuadros de una artista búlgara y los nueve representan supuestas realidades diferentes, distintas dimensiones, mundos disímiles coexistiendo en nuestro planeta. Es muy interesante —le contó con mucho entusiasmo. Juliann la miraba prestando mucha atención.

—Seguro que sí. Me gustaría verlas —le contestó.

—Por supuesto, amor —le dijo ella, dándole otro beso—. Te llevaré a la galería cuando estén expuestas. Por lo pronto, tengo que encontrar la manera de organizarlos según su orden correcto, ya que por lo visto tienen una graduación, un orden específico en el que deben ir. Es todo un misterio.

—Hmm... qué intriga. Tal vez yo pueda ayudarte —dijo él, bromeando—. No te preocupes demasiado, ya le encontrarás el sentido. Siempre lo hacés.

—Eso espero —dijo ella, con una sonrisa en los labios—. Realmente parece importante encontrarle la ubicación correcta a cada uno. Es un verdadero rompecabezas.

Pronto terminó de preparar el café. Los esposos subieron a la terraza y se sentaron en unos sillones de hierro, mirando hacia el oeste. Juntos disfrutaron de un atardecer en la ciudad que, aunque aún no lo sabían, era en realidad el primero que pasaban allí.

CAPÍTULO 2

C

omo ya era costumbre, Nikolav se despertó exactamente cuando se apagó el último rayo de sol. Una conocida sensación de sequedad invadía sus labios, avisándole que necesitaba alimentarse pronto. El bar no abriría hasta dentro de unas horas, por lo que necesitaría salir a la calle a cazar.

Dejó su habitación sigilosamente, asegurándose, por si acaso, de que ningún haz de luz se estuviera filtrando en el lugar. Siempre se despertaba tras el atardecer, pero sus sentidos podrían fallarle alguna vez.

Trató de mezclarse entre la multitud que recorría las calles. No buscaría su presa allí, sino que iría primero a un lugar poco transitado. La población de vampiros era bastante alta en Nueva Orleans, pero también había quienes se dedicaban a cazarlos, por lo que era importante mantener un perfil bajo, a fin de no llamar la atención. Por eso, aunque la ciudad era la capital de los vampiros y gran parte de sus ingresos provenía de aprovecharse de eso para atraer turistas, nadie creía que ellos existían realmente y quienes descubrían su existencia pronto lo olvidaban.

Tras haber caminado un par de cuadras en busca del lugar perfecto para encontrar su presa, comenzó a sentir un aroma diferente, un perfume embriagador que hacía que no lograse enfocarse en otra cosa. Intentó seguir buscando otra presa, pero no pudo y cambió de rumbo, buscando el sitio de donde provenía aquel aroma tan dulce.

Se trataba de un edificio de diez pisos, dicho aroma provenía de la parte superior del mismo. Los vampiros necesitaban recibir una invitación para entrar a un lugar habitado por humanos, por lo que no podría ingresar a esa casa. Sin embargo, deseaba conocer a la persona cuyo olor lo volvía loco y por eso buscó un edificio vecino con escalera de incendios y comenzó a treparse, cuidándose de no ser visto.

Una vez en la terraza, miró hacia el edificio de al lado, y allí pudo observarlos. Se trataba de una pareja joven. Se estaban abrazando, se levantaban de sus sillones en la terraza para volver a su departamento.

El vampiro ajustó su visión para verlos en detalle. La chica llevaba el cabello oscuro y sus ojos eran de un profundo color azul. Ambos debían tener alrededor de veinte años. Pensó que ella era la mujer más hermosa que hubiese visto y que en nada se parecía a ninguna humana. ¿Acaso ella pertenecía a esa especie? El chico también era muy bello: su cabello era rubio y sus ojos eran de color violeta. Nikolav estaba seguro de que no eran humanos, aunque conocía poco de otras razas. Si olían y se veían diferente, era suficiente para llegar a esa conclusión.

Deseaba investigar más sobre ese par, pero su sed comenzaba a empeorar, por lo que alimentarse se volvía una necesidad de extrema urgencia. Debía encontrar una víctima antes de seguir con cualquier otra cosa.

—¿Qué hace usted allí? —le preguntó un hombre, quien recién había subido a la terraza y se encontraba caminando hacia él—. Las oficinas ya han cerrado. Usted no pertenece a este lugar.

El vampiro sonrió maliciosamente, dejando ver sus colmillos, y con su hipnótica mirada manipuló al pobre desgraciado para que no recordase nada de lo ocurrido, antes de tirársele encima. Le clavó los colmillos en su cuello y bebió profundamente hasta saciar su urgente sed.

Cuando se detuvo, el hombre ya estaba inconsciente, pero no muerto. No le molestaba tener que matar a alguien, pero siempre era preferible mantener limitado el número de desapariciones. El hombre se recuperaría y no recordaría nada de lo ocurrido. Eso era lo importante.

Sin preocuparse más por la salud de su víctima, volvió a bajar por donde había subido y emprendió su camino de regreso al bar, sin poder quitar de su mente a la pareja que había visto, especialmente a la hermosa chica. Comenzó entonces a idear un plan para acercarse a ellos dos.

***

Cuando Alejandra terminó de ducharse, Juliann estaba preparando la cena.

—Te dije que yo iba a cocinar —se quejó ella, sacudiendo la cabeza.

—Hoy me toca a mí —alegó el rubio, sonriente—. Además, te pasaste con el desayuno. Quiero recompensarte.

—Está bien, pero yo lavo los platos.

—Dale —aceptó él, continuando con lo suyo.

Ella sabía que haber conseguido un marido a quien le gustaba cocinar y ayudar con las tareas de la casa la convertía en una mujer muy afortunada. Muy pocas mujeres tenían esa suerte. Se sentó en el sofá con su laptop mientras él se abocaba a su tarea y se puso a averiguar sobre los supuestos mundos que la artista Anja había pintado. Había muchísimos resultados, muchas teorías distintas al respecto, pero al menos en las páginas que alcanzó a mirar, no había nada que le resultase del todo convincente. Decidió escribir en un foro de metafísica, pensando que allí tal vez habría algunas respuestas. Describió lo más detalladamente posible la situación, sin dar el nombre del museo, ni de ella, ni de la artista; debía mantener la confidencialidad del asunto. Describió los cuadros de la mejor forma posible y publicó la entrada, esperando que alguien pudiese contestarle y darle una respuesta apropiada.

Cuando volvió a la cocina, Juliann no estaba allí, sino que la esperaba en el balcón. Había puesto la mesa en ese lugar y había encendido una variedad de velas.

—Cena romántica... —le dijo, con una de sus más dulces sonrisas y una voz melosa.

—Mmm, eso huele demasiado bien —dijo ella, luciendo una sonrisa espléndida.

—Lasagna, tu plato favorito —anunció él al tiempo que le dejaba ver lo que había cocinado.

—Oh... se me hace agua la boca —replicó, tomando asiento mientras él le sostenía la silla.

—Y planeo hacerte muchas cenas románticas más. Todos los días de nuestra vida, inclusive.

—Alejandra se rio un poco ante esa propuesta.

—¿No te parece mucho? Se nos harán aburridas las cenas románticas.

—¿Sabés qué? Tenés toda la razón. ¿Una vez a la semana te parece bien? —Alejandra asintió.

—Me parece muy bien.

Comenzaron a comer; mientras, conversaban sobre sus planes para el futuro y el amor que profesaban el uno por el otro, tema habitual de sus charlas. Pero, de pronto, Alejandra tuvo una sensación rara en su espalda que le erizó la piel.

—¿Sentís algo raro? —le preguntó a Juliann.

—No, ¿qué pasa?

—Siento como si tuviera hielo en la espalda. Me parece que me están observando. Se dio la vuelta para mirar al edificio de enfrente y pudo ver una sombra en la ventana, alejándose de allí.

—Sí, nos estaban observando —dijo ella sintiendo un poco de miedo. Esa sensación le parecía demasiado familiar, como si la hubiera vivido antes, mas no podía recordar cuándo.

—Seguramente era algún curioso, amor —comentó Juliann, desestimando la situación—. No le hagas caso.

Ella asintió y siguió comiendo hasta terminar su plato. Ya casi se le habían ido las ganas de conversar. Se sentía extraña.

—No me siento bien —dijo y se levantó de la mesa—. Lo siento.

Su marido la miró como si estuviese buscando leer en ella qué estaba mal. Sin embargo, la verdad era que ni ella misma lo sabía. Caminó hasta su habitación antes de que él pudiera seguirla. Al entrar se dio cuenta de que había pétalos de rosa sobre su cama y sobre la alfombra de la habitación; Juliann se había tomado el trabajo de hacer todo eso por ella.

«No me merezco a alguien como él», fue el pensamiento que se cruzó por su cabeza. Sintió un dejo de tristeza invadir su corazón; carecía de algo para sentirse completa. Su mente le decía que ya lo tenía todo, que su marido era lo mejor que la vida podría haberle dado y que estaba feliz con lo que poseía, pero algo le faltaba y eso le producía un agujero en su corazón, dejaba un espacio que nada podía llenar.

Tenía ganas de llorar. No recordaba haberse sentido así desde que estaba con Juliann. ¿Qué sucedía? No podía comprenderlo.

Él apareció en la puerta de la habitación, viéndola con los ojos vidriosos.

—Ale... ¿qué te pasa? ¿Hice algo mal? Decime, por favor. —Alejandra lo abrazó silenciosamente y dejó las lágrimas caer.

—¿Qué te pasa? —repitió él, insistiendo. Ella tragó saliva, mirando a su marido a los ojos.

—No sé qué me pasa. De golpe me he puesto triste... y me han dado ganas de llorar. —Juliann le acarició la mejilla mientras la miraba comprensivamente.

—No te preocupes, cielo. Acostate a dormir y vas a ver que mañana todo volverá a estar bien.

—Ella le sonrió con los labios apretados, esperando que él tuviese razón. No le gustaba la forma en la que se estaba sintiendo.

—Pero... las rosas. Te tomaste un montón de trabajo para crear la atmósfera perfecta.

—Siempre hay un mañana, Ale. No te preocupes.

—A dormir, entonces —accedió, dándole un corto beso en la boca a su marido. Él le acarició el cabello al tiempo que volvió a mirarla a los ojos por unos instantes.

—Será lo mejor. No te olvides que te amo, no importa el humor en el que estés, no importa si estás contenta o triste. Te amaré siempre.

—Yo también —dijo ella sin poder encontrar palabras para expresarse. ¿Acaso su corazón albergaba dudas? Se negaba a sentirse así.

De inmediato se puso su camisón de seda color rosa y se acostó a dormir junto a su marido, para pronto sumergirse profundamente en el mundo de los sueños.

Ahora se hallaba caminando sobre un vasto campo verde, donde se podían ver caballos pastando en los alrededores. El cielo era azul y el sol brillaba intensamente, iluminándolo todo. Caminaba despreocupada, sabiendo que en ese lugar podía estar tranquila, que nada le sucedería. Era quizás el único lugar donde realmente estaba a salvo de todo.

«¿Pero de qué tendría que preocuparme?», se preguntó a sí misma, consciente de que no tenía ningún porqué.

Caminó hasta llegar a una playa bañada por el mar azul. Se sentó allí, dejando que el agua mojase sus pies y la relajase; necesitaba eso. El viento le acariciaba el rostro y hacía que su pelo se moviera salvajemente. Suspiró, cerrando los ojos para disfrutar cada sensación y toda la paz que el bello lugar le brindaba.

Cuando volvió a abrir los ojos, ya no estaba en la playa, sino que se hallaba en otro sitio. Era de noche y se encontraba dentro de la galería de arte donde trabajaba. Caminó hasta la habitación donde los cuadros habían sido guardados. Sorprendentemente, la caja fuerte estaba abierta, así que los sacó de allí sin problemas, con la intención de analizarlos con mayor detenimiento.

Cuando observó aquel en el que se veía un lago azul y el cielo violeta, se sorprendió al percibir que parecía haber tomado vida. Las estrellas brillaban en el firmamento y, en el bosque, se podían vislumbrar luces moviéndose. ¿Luciérnagas? Alejandra acercó su rostro al cuadro, tratando de ver los destellos con mayor detalle, pero de pronto, sus alrededores habían vuelto a cambiar. ¡Ahora estaba dentro del cuadro!

A esta altura, ya se creía completamente segura de que todo era un sueño. Se encontraba dentro de un bosque, y alrededor de ella volaban unas criaturas que desconocía pero que se asemejaban a pequeñas haditas luminosas.

«¿Serán hadas?», se preguntó, aunque algo le dijo que las hadas no podían ser así, por más que estaba segura de que nunca había visto una en persona.

Se sentó sobre el tronco de un árbol caído, mirando a las haditas con asombro y distinguiendo cómo brillaba la luz proveniente de su interior que dejaba una luminosa estela cuando estas se movían. Esas criaturas eran realmente fantásticas. Ella se lamentaba de no tener lápiz y papel para dibujarlas.

De pronto vio una figura femenina, caminando por un sendero en el medio del bosque, que se dirigía hacia ella. Era una joven muchacha poseedora de los más hermosos cabellos rojos, cuyos ojos color violeta dejarían sorprendido a cualquier mortal. Sus manos parecían más alargadas de lo normal y sus orejas eran puntiagudas. Sin embargo, y a pesar de esas singularidades, Alejandra pensaba que esta criatura era sumamente preciosa. La chica detuvo su mirada en Alejandra con asombro. Ella pensó que tal vez esa criatura nunca había visto a una humana y quizás ese era el motivo de su extrañeza.

—Ale, ¿qué haces aquí? —preguntó la pelirroja. Alejandra abrió sus ojos bien grandes, sorprendida. La había llamado por su nombre. Eso no era posible.

—¿Cómo sabés mi nombre? —preguntó. La chica tragó saliva y se quedó en silencio por unos momentos.

—No me reconoces... —advirtió.

—Claro que no. Nunca antes te he visto.

—¿Segura de que no me conoces? —preguntó para cerciorarse. Alejandra asintió.

—Nunca te he visto —le confirmó. La chica suspiró tras oírla.

—Me llamo Lilum y nos conocemos, pero me temo que no puedo intervenir ni hablar más contigo; lo siento mucho.

—No entiendo nada —replicó Alejandra, pensando que su sueño se estaba volviendo por demás extraño.

—No te preocupes —la tranquilizó el hada—, pronto todo tendrá sentido.

—¿Te puedo hacer una pregunta? —quiso saber la muchacha.

—Pues claro. Supongo que no hará daño responderla.

—¿Qué dimensión es esta y qué orden tiene respecto a la humana?

—Este es el mundo de las hadas, el que compartimos con otras criaturas como los duendes y los elfos, además de las faedas, estas bellas criaturas que ves volando a nuestro alrededor. Es un mundo por arriba del mundo humano. En el sexto lugar. ¿Cómo sabes sobre los mundos?

—Tengo nueve cuadros por catalogar. Son todo un misterio. ¿Sabes algo acerca de ellos? — investigó Alejandra.

—Pues, claro —respondió la pelirroja—. Son los nueve portales que Anja creó. En primer lugar, está el mundo de los havors, que se caracteriza por su oscuridad y por estar poblado por horrendos monstruos de piedra. Luego, en segundo lugar, se encuentra el mundo de los dragones; tercero, el de los demonios; cuarto, el de los vampiros; quinto, el mundo humano; sexto, el de las hadas; séptimo se encuentran los ángeles; octavo, los dioses y, por último, los guardianes.

—Interesante —replicó Alejandra—. Ahora deberé descifrar cuál es cuál, pero no parece ser tan difícil.

—Seguro lo lograrás. Ponlos de manera lineal ascendente en una pared y algo interesante sucederá —le indicó. Alejandra asintió.

—Eso pensaba hacer. Muchas gracias por tu ayuda.

—De nada —replicó la joven con una estrecha sonrisa en los labios—. Pronto hablaremos de nuevo. Te deseo mucha suerte —dijo, y se acercó un poco para darle un abrazo que dejó a Alejandra perpleja—. Y cuida de Juliann, por favor.

—¿Lo conocés? —cuestionó Alejandra, más confundida aún por el comportamiento de esta extraña.

—Desde siempre —respondió ella, añadiendo más misterio—. Ahora debo irme. Anda con cuidado y no te fíes de nadie. Suerte.

La chica se fue caminando, continuando su rumbo por el otro lado del sendero. Alejandra suspiró nuevamente y volvió a cerrar los ojos. Cuando los abrió, se encontró en su cama. Había despertado.

«¡Qué sueño tan extraño!» pensó mientras miraba a su lado donde Juliann estaba profundamente dormido. El reloj despertador marcaba las tres de la mañana.

Decidió levantarse, pues ya había perdido completamente el sueño. Se calzó las pantuflas y caminó hasta la cocina. Su laptop aún yacía sobre el sofá; una luz titilante indicaba que seguía encendida. Decidió mirar si alguien había dejado una respuesta a su entrada en el foro de metafísica. Efectivamente, y para su agrado, había una:

Querida amiga:

Es extraño encontrar a alguien que sepa y se interese por el tema de los nueve mundos. La mayoría cree que es pura superstición y que, si hay otros mundos, estos están en otros lugares del universo. Es cierto que hay otros mundos allí afuera, pero en este mismo lugar hay diversas realidades paralelas a las que se puede acceder a través de portales físicos o interdimensionales. Además, se puede acceder a ellos mediante viajes astrales. Yo he hecho eso y puedo decirte que algunos de esos mundos son maravillosos, mientras que otros no tanto; y algunas criaturas pueden ser hostiles ante la presencia de extraños. Debes tener cuidado con ellos. No estoy del todo seguro sobre algunos de los cuadros, pero te voy a hablar de cada dimensión de acuerdo con mi entendimiento.

1. La dimensión de los havors: todo es oscuridad, pero hay caminos con luces verdes. Los seres son de piedra y horripilantes. No los describiré en detalle, solo espero que nunca te encuentres con uno de ellos. La ciudad principal se encuentra al lado de un mar oscuro y nauseabundo, hay que atravesar un vasto y peligroso desierto para llegar a la próxima ciudad. Nunca sale el sol en esa dimensión.

2. La dimensión de los dragones: hay fuego por doquier y el cielo es rojo o naranja, dependiendo de la hora. Los dragones pueden mostrarse en forma de dragón, obviamente, aunque sus formas y colores son diversos, pero también pueden tomar forma humana si lo desean. Sus ojos son ámbar, amarillo fuego, naranja, o algún tono que asemeje al fuego. Su cuerpo siempre está caliente. Suelen ser muy embusteros y les gusta ofrecer tratos para conseguir lo que desean a cambio.

3. La dimensión de los demonios: aunque sea difícil de creer, esta dimensión está congelada. Los demonios no tienen forma física propia fuera de esta dimensión, donde se los podrá ver similares a un humano, pero de color pálido y fríos como el hielo. En otras dimensiones tomarán diversas formas según el clima, pero deberán poseer un cuerpo físico. Cuando lo hacen, les gusta hacer el mal, asesinar, tener sexo, violar, drogarse, beber y cualquier cosa que se les ocurra a fin de dañar física y moralmente a la persona que están poseyendo.

4. La dimensión de los vampiros: es similar a la humana, pero se han quedado en la Edad Media y es un poco más oscura. Hay castillos, no tienen electricidad ni nada. Para llegar a esta dimensión hay portales físicos, por lo que los vampiros pueden salir fácilmente de su dimensión y moverse por la tierra, aunque solamente pueden matar en algunos lugares específicos. En Estados Unidos ese lugar es Nueva Orleans, que está lleno de vampiros. En su dimensión, ellos cuentan con esclavos humanos, sirvientes cambiaformas, se dice que algunas brujas y hadas oscuras prefieren vivir allí.

5. La dimensión Humana: no necesito hablar mucho de ella. Hay otros seres sobrenaturales que también coexisten con los humanos. Las brujas entre ellos y los cambiaformas, que a veces se van a la dimensión de los vampiros. La mayoría de las criaturas de las dimensiones inferiores a esta disfrutan del sufrimiento humano y se alimentan de él de alguna forma. Los vampiros beben su sangre, los dragones comen su carne, los demonios consumen su energía vital al habitarlos y los havors destruyen su alma. Por eso los seres de las dimensiones inferiores están limitados en sus acciones. Los seres de dimensiones superiores han luchado para lograr esto.

6. La dimensión de las hadas: cielo violeta y lago azul. Las hadas disfrutan del baile y el entretenimiento. Son amigas de la naturaleza y tienen diversos poderes mágicos. No se sabe demasiado de ellas y los humanos las confunden con otras criaturas. En realidad, se asemejan a los humanos en forma física y tamaño, pero tienen las orejas puntiagudas, la piel más brillosa, las manos más largas y los colores de los ojos pueden variar de tonos que van del azul profundo al violeta. Los humanos no las podemos ver, a no ser que ellas usen la magia para hacerse visibles. Pueden además camuflarse para parecer humanos comunes y corrientes. Otras criaturas conviven con ellas: los elfos, los duendes, entre otras especies que derivan de estas.

7. Ángeles: no sé mucho de esta dimensión. Los ángeles se asemejan mucho a los humanos. Pueden o no tener alas. Nos cuidan y nos ayudan en nuestro aprendizaje haciendo de guías. El lugar donde viven no lo sé describir bien ya que no he estado allí.

8. Dioses: entre estos se encuentra el panteón de dioses griegos, y otros. Ya casi no intervienen en asuntos humanos. Se dice que viven en una isla paradisíaca.

9. Los guardianes: Son doce seres de luz que gobiernan todo lo que existe y crean leyes. Todo es luz allí y solo se accede a esa dimensión para ser juzgado. Ellos deciden el destino de muchos.

Espero que dentro de mi limitado conocimiento pueda haberte ayudado a entender más. No dudes en contactarme.

¡Saludos! Kevin

Alejandra estaba muy sorprendida. Kevin había confirmado la información que ella había recibido en su sueño. Era imposible que eso fuera una pura casualidad. ¿Acaso había leído sobre esto antes? ¿Acaso su subconsciente sabía más de lo que ella pensaba? Se negaba a creer que tal vez ella realmente había tenido contacto con un hada, pero decidió consultarlo con este chico Kevin, que tan amablemente había respondido a su inquietud en el foro. Le envió un mensaje privado contándole sobre su sueño con la mayor cantidad de detalles, esperando que él pudiera decirle algo más al respecto, que pudiera explicarle por qué había ocurrido eso.

Una vez envió el correo, vio que ya eran las cuatro de la mañana, y decidió acostarse otro rato.

Sabía que el día que comenzaba sería muy largo y necesitaría recargar todas las energías posibles.

CAPÍTULO 3

D

urante su hora libre de esa noche, Nikolav aprovechó para espiar a la pareja que olía de manera tan extraña, pero ocurrió algo inusual: la chica pudo sentir su presencia, aunque él estaba seguro de que no lo conocía en lo absoluto. No tenía memoria de haberla visto antes, ni siquiera había vivido antes en Estados Unidos, pues había habitado una dimensión completamente diferente durante toda su vida como vampiro. Era simplemente imposible que se conocieran de antes. ¿Cómo entonces había sentido su presencia?

Averiguó el número del departamento donde la pareja vivía y les dejó invitaciones en el buzón para ir al bar donde él trabajaba. Tal vez tuviera suerte y asistieran. Al menos eso era lo que esperaba con grandes ansias.

Luego había vuelto al bar y, durante el resto de la noche, no había podido quitarse de su mente a la hermosa muchacha y los sentimientos que ella evocaba en él. Experimentar un sentimiento por alguien le resultaba extraño, ya que la mayoría de los vampiros eran capaces de sentir únicamente las emociones más básicas, como el odio, uno de los más comunes en ellos. Esa chica, en cambio, lo hacía sentir diferente. Deseaba con intensidad llegar a conocerla, percibía que ella era alguien con quien podría pasar horas enteras hablando de cualquier cosa, alguien a quien podría quizás revelar partes de sí que él nunca antes había dejado ver. Pero... ella ya tenía pareja, y eso lo hacía enfadarse. Experimentaba celos del apuesto rubio que era su marido, aunque sabía que no tenía por qué sentirse celoso de él. Ella no le pertenecía. Aún.

«Si la quiero, puedo tenerla, casada o no», pensó. Un vampiro no tenía por qué preocuparse de que una humana lo rechazase, ya que podía usar sus poderes mentales para convencerla de que realmente quería estar con él. Ser vampiro tenía muchos beneficios.

Cuando Nikolav estaba terminando su turno, cerrando el bar, Barbara, una de las bellas vampiras que trabajaba con él, se le acercó.

—¿Qué sucede, Nikolav? Te noto distraído esta noche —comentó.

—No es nada, Barbie —contestó él con un tono frío—. Nada que no se pueda solucionar de manera simple.

—Es una mujer, ¿cierto?

Él la miró con el ceño fruncido. ¿Cómo se atrevía a preguntarle? Esos vampiros novatos siempre estaban tratando de darle consejos, como si ellos supiesen más de la vida. Nikolav no estaba de acuerdo con eso.

—No es de tu incumbencia —le contestó, echándole una mirada dura.

—Yo puedo hacerte olvidar —le dijo ella con una sonrisa seductora, guiñándole el ojo mientras se quitaba su delantal y lo ponía sobre una mesa—. Todavía falta una hora para que amanezca.

Nikolav le devolvió la sonrisa seductora. Hacía ya tiempo que no tenía relaciones con una hembra de su misma especie y ese día tenía ganas de algo intenso que lo ayudase a liberar las energías que tenía acumuladas. Barbara entendió el significado de esa sonrisa cómplice y velozmente lo empujó contra la pared, usando su fuerza y súper velocidad de vampira. No había nadie observándolos, todos los demás se habían marchado. Podían hacer lo que quisieran en aquel lugar.

Comenzaron a besarse con lujuria, arrancándose la ropa, que no serviría para ser usada nuevamente, y acariciándose con pasión, clavándose los colmillos el uno al otro de tanto en tanto, y en diversas partes, mientras sus cuerpos desnudos participaban en juegos peligrosos en aquel bar.

Nikolav se olvidó por un rato de la misteriosa mujer que había invadido sus más profundos pensamientos, mientras la vampira y él desataban su pasión el uno con el otro. A pesar de ello, por dentro, sabía que ansiaba algo diferente, algo que esa vampira, por más bella que fuera, no podía darle.

***

Alejandra se despertó con el aroma del café que Juliann estaba preparando en la cocina.

«¡Mierda!», pensó, «me he quedado dormida».

Miró la hora. Ya eran casi las siete. Saltó de la cama y fue a saludar a su marido con un dulce beso en la boca, mientras él ponía mermelada sobre unas rodajas de pan integral.

—¿Por qué no me despertaste para preparar el desayuno? —preguntó.

—Te oí levantarte en la noche y supuse que no habías dormido bien. No te preocupes, no llegarás tarde al trabajo.

—Eso espero —contestó ella, tomando una taza de café que estaba posada sobre la mesa de la cocina.

—¿Qué hacías en la sala anoche? —inquirió él.

—Tuve un sueño interesante en el que estaba en el mundo de las hadas, donde había un lago azul, montañas, un cielo violeta estrellado y un bosque encantado lleno de criaturas luminosas que volaban. Allí me encontré con un hada que se llamaba Lilum. Ella parecía conocerme. Yo le pregunté sobre los nueve mundos de los cuadros y me habló sobre ellos.

—¿Lilum? —preguntó él, luciendo pensativo— Pues ese nombre me resulta familiar.

—No es un nombre que yo haya escuchado antes, cielo —dijo Ale, preguntándose por qué le resultaría familiar a él.

—¿Cómo era esa hada? —quiso saber su marido, mordiendo una rodaja de pan con mermelada de fresa.

—Tenía el pelo rojo, con rulos. Sus ojos eran de color violeta... similares a los tuyos —dijo ella, recordando que los ojos de su marido siempre le habían parecido extraordinarios—. Sus dedos eran más largos que los de un humano y sus orejas eran puntiagudas.

—Interesante... —opinó él, todavía meditabundo.

—¿Por qué te resulta tan relevante?

—Porque... creo que también he soñado con ella.

Alejandra posó su taza de café sobre la mesa y miró a su marido.

—¿Qué? Eso es imposible. No podemos estar soñando los dos con alguien que no conocemos.

—Ya lo sé —dijo él— y algo me dice que ella tiene cierto significado para mí. Solo que no sé bien cuál. Contame, ¿qué hiciste cuando te levantaste?

—Pues había preguntado en un foro de Internet sobre los nueve mundos y miré allí cuando desperté. Un hombre llamado Kevin me había contestado. Me describió los nueve mundos de manera similar a la que empleó la muchacha en el sueño. Estoy realmente asombrada.

—¿Estás segura de que nunca antes habías leído sobre ello?

—Absolutamente. Ni siquiera me había interesado por todo lo que es metafísico. ¿Y sabés una cosa?

—¿Qué?

—Cuando estaba en el mundo de las hadas en mi sueño, podía sentirme como si finalmente hubiese encontrado mi hogar. Era un lugar realmente hermoso y yo sentía que pertenecía allí.

—Creo haber soñado con ese lugar también —confesó Juliann—. Te contaría mis sueños, pero la verdad es que no los puedo recordar bien. Tal vez deberías hacer un cuadro sobre lo que has visto. Seguro sería una verdadera obra de arte.

—Eso voy a hacer esta tarde, cielo —le dijo Alejandra, terminando su desayuno—. Sí, creo que voy a hacer un cuadro más grande que los que hago siempre. Va a estar espectacular.

—Muy bien —le dijo él—. Esta noche seguimos conversando sobre este tema. Espero que te vaya bien en el trabajo.

—Yo también —expresó ella y se levantó de la mesa para ir a vestirse.

Un poco más tarde, llegó a su trabajo y se dispuso a ponerse a trabajar en los cuadros, teniendo en mente cómo los organizaría; mas su jefe había faltado, por alguna razón, y era el único que tenía acceso a la caja fuerte. Se limitó entonces a trabajar en la computadora, realizando descripciones detalladas de la colección y del profundo significado de los nueve mundos. Prepararía los volantes de distribución y diseñaría carteles para colocar en la entrada del museo, a fin de promocionar la futura exposición. Estaba muy entusiasmada y no podía ver la hora de tener esos nueve cuadros colgados sobre una misma pared. Sabía que sería realmente asombroso.

Cuando volvió a casa, miró su buzón para ver si había llegado alguna correspondencia nueva. No había cartas ni facturas para pagar, pero sí dos invitaciones para ir a un bar que quedaba a unas diez cuadras de donde ella vivía. Esa noche tocaría una banda gótica. El sitio parecía interesante.

A ella le encantaba la música gótica y dark, aunque ya no se vestía tanto de gótica como durante su adolescencia. Ahora usaba otros colores, más que nada desde que se había casado con Juliann. No sabía explicar bien por qué había cambiado esa parte de sí. Si le preguntaban, tal vez diría que era porque necesitaba un look diferente para trabajar. Como fuese, lo único que conservaba de esa etapa era el pelo negro, pero solo porque se había acostumbrado a él después de tantos años de estar tiñéndoselo cada tres semanas.

Dejó las invitaciones sobre la mesa de la cocina cuando entró a su apartamento. Se preparó algo para almorzar y luego se sentó sobre el sofá con su laptop para revisar su correo y ver si Kevin había contestado su mensaje privado. Efectivamente, lo había hecho, y el mensaje de Kevin se leía así:

Estimada Alejandra:

Me ha parecido de lo más interesante el sueño que has tenido. Por lo visto, eres una protegida de las hadas, o algo por el estilo.

Tengo la impresión de que hay algo que debes recordar, mi intuición me dice que es importante.

No ando diciéndoselo a todo el mundo, pero soy psíquico y tengo un consultorio de consejería parapsicológica en Nueva Orleans. Tal vez podría ayudarte si vienes. No te preocupes por el dinero. Algo me dice que necesitas esa ayuda que puedo darte. Tus sueños son más que simples sueños y me gustaría ayudarte a encontrar su significado. Llámame por teléfono para acordar una cita.

¡Mucha luz! Kevin

Alejandra leyó detenidamente el mensaje de Kevin y agendó su número telefónico. Sin embargo, dudaba en llamarlo. Siempre había pensado que quienes se hacían llamar psíquicos no eran más que un grupo de estafadores que se alimentaba de la ilusión y la fantasía de las personas.

¿Cómo saber que Kevin no era uno más de ellos? ¿Cómo comprobar que era genuino? Finalmente, decidió no comunicarse con él por el momento, aunque lo haría más adelante si lo creía necesario. Luego cerró su laptop y se preparó para dedicarse a crear su obra maestra.

Juliann se sentía confundido. Se pasó el día pensando en el sueño de su esposa y los inexplicables sentimientos de melancolía que el recuerdo de aquel lugar provocaba en él. Sabía que también lo había soñado, y aunque poco recordaba sobre ello, ese sitio estaba marcado en lo más profundo de su ser. Si hubiera creído en vidas pasadas, habría dicho que en alguna de ellas él había estado allí, había vivido en ese lugar y había conocido a la hermosa pelirroja, quizás incluso se había enamorado de ella. Pero pensar en eso era una tremenda locura; necesitaba encontrarle una explicación lógica a todo.

Salió de su trabajo silbando, tomando el camino más directo a casa. En la segunda cuadra, vio un pequeño local de objetos antiguos y se detuvo a mirar la vidriera. Le gustó mucho un brazalete de plata antigua que tenía unos dijes en forma de extraños símbolos. Parecía el regalo perfecto para Alejandra, aunque no sabía si podría pagarlo.

Entró al local por curiosidad y porque algo parecía llamarlo. Un moreno de unos veinticinco años que se encontraba sentado detrás del mostrador abrió la boca bien grande al verlo.

—¿Qué haces tú aquí? ¿Qué buscas? —preguntó el muchacho, cuyos ojos eran de color ámbar. Su voz sonó un tanto hostil.

Juliann se mostró sorprendido ante semejante actitud. ¿Quién se creía aquel para tratarlo así? Si no fuera porque se notaba que solo él trabajaba allí, habría pedido hablar con su supervisor para quejarse.

—Quiero comprar el brazalete de plata que está en la vidriera. Pero si soy una molestia, no tengo problema en marcharme —dijo. El muchacho relajó su expresión al ver que él estaba interesado en adquirir algo.

—Disculpa mi falta de educación —le dijo—, te he confundido con otra persona. ¿El brazalete, pues?

—Sí —le confirmó Juliann, mientras el vendedor buscaba dicho objeto—. ¿Cuánto cuesta?

—No quiero dinero a cambio —le respondió el moreno, como si fuera lo más normal del mundo.

—¿Qué, entonces? —preguntó el rubio, sorprendido.

—Este objeto es mágico y su valor no se equipara a ninguna suma de dinero —dijo el muchacho, cargando su voz de misticismo—, pero... creo que tienes algo que yo puedo querer.

—¿Qué? —preguntó Juliann, cada vez más estupefacto.

—Un mechón de tu cabello. —Juliann soltó una carcajada al oír tamaña estupidez.

—¡¿Qué?! ¿Mi pelo? Me decís que el valor de ese objeto no se puede igualar en dinero. ¿Para qué puedes llegar a querer un mechón de mi pelo? Debés estar loco.

—Eso o nada —soltó el vendedor, sosteniendo el brazalete en sus manos—. Es lo que pido, lo aceptas o lo dejas.

—Bueno —aceptó, riéndose por dentro para no sonar maleducado—. Si estás loco, no es mi culpa. Cortá un mechón de mi pelo, tratá de no arruinarlo. No quiero que mi mujer se dé cuenta.

—¿Entonces el brazalete es para ella? —preguntó el muchacho.

—Pues, sí. Mi Alejandra merece algo especial.

—¿Alejandra, eh...?

—¿Hay algo de malo con el nombre? —preguntó Juliann, a la defensiva.

—No, nada. Solo que es un nombre poco común por aquí. Bueno, te cortaré ese mechón de pelo antes de que se haga tarde y tu esposa se preocupe por ti. Vamos, ven y siéntate en esa silla.

Juliann obedeció y tomó asiento en una silla antigua que estaba situada contra una de las paredes del pequeño negocio. El muchacho cogió una extraña tijera dorada que tenía sobre el mostrador, tomó un mechón también dorado y le dio un tijeretazo, quedándose con él en la mano.

—Listo —le dijo, alcanzándole el brazalete de plata, tras ponerlo dentro de una cajita azul—. Dile a tu mujer que Ildwin le manda saludos.

Juliann pestañeó. Ese nombre le resultaba conocido, pero no estaba seguro de cómo ni por qué. Este muchacho debía realmente estar loco. ¿Por qué habría de enviarle saludos a una mujer que ni siquiera conocía?

—Perfecto, que tengas un buen resto del día —se despidió antes de salir nuevamente a la calle, sin olvidarse de ocultar la cajita en su bolsillo mientras caminaba nuevamente a casa. Estaba feliz de haber adquirido alto tan lindo para Alejandra y más feliz aún por haberse ahorrado los miles de dólares que el objeto realmente valía. Ella estaría muy contenta con su regalo.

Cuando llegó a casa, ella se estaba bañando. En el suelo del cuarto extra se podían ver papeles de diario manchados con pintura. Juliann entró y reparó en el cuadro que Alejandra había comenzado. Parecía evidente que esa pieza sería una obra maestra; se la veía muy prometedora, aunque estaba en sus primeros estadios.

—¡Ale, ya llegué! —exclamó mientras volvía a la cocina.

—¡Hola, amor! —contestó ella desde la ducha.

Juliann posó su portafolio en la mesa de la cocina y allí vio dos invitaciones a un bar gótico. Pensó que ella tenía ganas de ir a ese lugar, por lo que decidió que la llevaría. Mientras bebían algo sentados en una mesa, le daría el brazalete que le había comprado. La cita sería muy especial.

—¿Tenés ganas de salir? —preguntó él, asomándose por la puerta del baño.

Ella se encontraba detrás de la cortina, a través de la cual se podía ver la sombra de su perfecto cuerpo bajo la ducha. A él se le erizaron todos los pelos del cuerpo y le dio mucha emoción verla así, como si fuera la primera vez que observase a su mujer desnuda. Ella corrió la cortina, dejando al descubierto su cuerpo desprovisto de ropas bajo el agua y le sonrió, irradiando hermosura.

—Pues claro, me encantaría —le dijo con una suave sonrisa—. ¿Adónde querés ir?

—¿Qué te parece el bar para el que tenés invitaciones? Esta noche toca una banda. Seguro te gustará.

Alejandra sonrió. Él no podía dejar de mirarla. Se sentía como un adolescente que por primera vez miraba a una mujer sin ropa. Era extraño. Ya hacía mucho tiempo que estaba con ella, y no había nada que no hubieran hecho antes.

—¡Genial! —exclamó la hermosa mujer— ¿Querés ducharte conmigo? —lo invitó, tomando el champú para lavarse la cabeza.

Juliann no podía negarse ante semejante oferta. Rápidamente se quitó su ropa, mientras Alejandra masajeaba su cabello repleto de espuma, y entró a la ducha con ella, posando sus manos en la espalda de su amada. Un cosquilleo comenzó a recorrer su cuerpo, mientras sus labios buscaban los de ella, uniéndose en un beso apasionado que le despertó emociones tan intensas que lo enloquecieron.

Comenzaron a acariciarse bajo la ducha, dejando el agua tibia correr sobre sus cuerpos calientes. Alejandra dejó soltar un suave gemido cuando las caricias se volvieron más intensas. Juliann quería hacerla suya, suya para siempre. Nadie podría quitarle a su amada y él lucharía para mantenerla a su lado bajo cualquier circunstancia.

Las intensas caricias lideraron el camino a mucha más pasión y Juliann pronto sacó a Alejandra de la ducha para llevarla en sus brazos a su habitación y posarla sobre la cama, sin preocuparse por el hecho de que ambos estaban aún empapados. Sus cuerpos se encontraban listos para unirse en uno solo, para dejarse llevar por el más intenso y ardiente deseo.

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15 noyabr 2024
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ISBN:
9789878332215
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Bookwire
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