Kitabı oxu: «Península Coreana: estrategias, reestructuración e inserción en el mundo global»

Şrift:

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Publicaciones

Península Coreana:

estrategias, reestructuración

e inserción en el mundo global

Nayelli López

Coordinadora


Aviso Legal

Península Coreana: estrategias, reestructuración e inserción en el mundo global

Nayelli López Rocha, coordinadora

Catalogación en la publicación UNAM. Dirección General de Bibliotecas Nombres: López Rocha Nayelli, editor. Título: Península coreana: estrategias, reestructuración e inserción en el mundo global / Nayelli López, coordinadora. Descripción: Primera edición. | México : Universidad Nacional Autónoma de México, Programa Universitario de Estudios sobre Asia y África, 2020. | Serie: Colección Universitaria de Estudios sobre Asia y África ; 7. Identificadores: LIBRUNAM 2100561 (impreso) | LIBRUNAM 2112870 (libro electrónico) | ISBN 9786073041171 (impreso) | ISBN 9786073050388 (libro electrónico). Temas: CCorea del Sur -- Comercio -- Siglo XXI. | Corea del Sur -- Política y gobierno -- Siglo XXI. | Corea del Sur -- Condiciones económicas -- Siglo XXI. | Corea del Sur -- Política cultural. | Corea del Sur -- Relaciones exteriores -- México. Clasificación: LCC DS922.6.P45 2020 (impreso) | LCC DS922.6 (libro electrónico) | DDC 951.905—dc23

Península Coreana: estrategias, reestructuración e inserción en el mundo global

Esta investigación, arbitrada por pares académicos, se privilegia con el aval de la institución editora.

Primera edición electrónica en formato Epub: enero 2022

dr© 2022. UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO

Coordinación de Humanidades

Circuito Mario de la Cueva s/n, Ciudad Universitaria,

Coyoacán, 04510, Ciudad de México

Programa Universitario de Estudios sobre Asia y África

Calle de Filosofía y Letras 88, Copilco Universidad,

Coyoacán, 04360, Ciudad de México.

ISBN: 978-607-30-5038-8

Esta edición de un ejemplar (3.3 MB) fue realizada por el Área de Ediciones y Publicaciones Electrónicas del Programa Universitario de Estudios sobre Asia y África de la UNAM. La edición, formación y producción de este ejemplar fue realizado por María del Carmen Uribe Rangel. Apoyo editorial: Lesly Abigail Olivares Quintana.

La obra Península Coreana: estrategias, reestructuración e inserción en el mundo global fue publicado en versión impresa en diciembre de 2020 por el Programa Universitario de Estudios sobre Asia y África de la Coordinación de Humanidades de la Universidad Nacional Autónoma de México. Cuidado de la edición: Andrea S. Reyes Lozano. Diseño e ilustración de portada: Yussef A. Galicia Galicia. Apoyo editorial: Marco Antonio Olivera.

Esta edición y sus características son propiedad de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Prohibida su reproducción parcial o total por cualquier medio sin autorización escrita de los titulares de los derechos patrimoniales

Hecho en México / Made in Mexico

Contenido

Presentación

Introducción

Península coreana: estrategias, reestructuración e inserción en el mundo global

primera parte Relaciones comerciales, dinámica económica y política en la península coreana México y Corea del Sur en 2020: de las relaciones oficiales y empresariales a la hora de los ciudadanos

Una dinámica económica ascendente

Convergencias políticas en un mundo convulsionado

La hora de los ciudadanos

Conclusión: ¿hacia un nuevo salto cualitativo en la relación México-Corea?

Cambios en la estructura financiera de la República de Corea de la segunda mitad del siglo xx a la actualidad

Introducción

Época de intervención intensiva (1961-1979)

Gradual liberalización financiera: de la muerte de Park hasta la crisis de 1997

De la crisis de 1997 a la actualidad

Conclusión

La economía de la República de Corea: fortalezas y retos en un contexto internacional incierto

Introducción

Corea en la economía global

Los retos externos: la competencia de China

Tensiones geopolíticas y amenazas a las cadenas de valor: Estados Unidos y Japón

Reflexiones finales

La península coreana y la no proliferación de armas nucleares

Introducción

La relevancia del programa nuclear en la política de Corea del Norte

El programa nuclear como garante de seguridad, permanencia y disuasión en Corea del Norte

Beneficios sociales y políticos derivados del armamento nuclear

El impacto del programa nuclear norcoreano en la estrategia de seguridad surcoreana

Armamento nuclear estadounidense en Corea del Sur

Desarrollo de un programa nuclear en Corea del Sur

Conclusiones

Segunda parte Sociedad y cultura de la península coreana en el contexto mundial La estrategia cultural de Corea: sus impactos locales y percepciones en México

Introducción

La industria cultural de la República de Corea, contextualización en el escenario global

Globalización, cultura y consumo como ejes para el entendimiento de las industrias culturales

Emergencia de la industria cultural en la República de Corea y el proceso de globalización

Corea vista desde su industria cultural

Consumo de la industria cultural coreana en México a partir de 2002

Análisis del consumo actual de productos culturales coreanos por jóvenes de la cdmx

Conclusiones

Traducción pericial coreano-español-coreano: dinámicas migratorias entre México y la República de Corea

Introducción

Datos generales de los grupos analizados a partir de las solicitudes de traducción pericial

Documentos solicitados para traducir

Documentos de identidad legal y su uso: el caso de los coreanos

Los documentos solicitados para traducirse: el caso de los mexicanos

Propósitos de la traducción declarados

Educación

Aspecto geográfico de la migración

Lugares de origen

Lugares de destino

Detrás del quehacer profesional: los retos para el perito traductor del coreano

Retos lingüísticos para el traductor

Retos administrativos causados por el poder público

Retos de adaptación para los solicitantes mexicanos en el país asiático

Retos del aprendizaje del coreano como obstáculo para la formación profesional

Reflexiones finales y discusión

Las raíces del cristianismo coreano: de Joseon a la ocupación japonesa

La llegada del cristianismo a Corea

Entrada del cristianismo (siglo xvi)

Formalización del cristianismo (1603-1784)

Respuesta contra el cristianismo (1785-1870)

Fin de las persecuciones y protestantismo (1872-1910)

El cristianismo bajo la ocupación japonesa (1910-1945)

Conclusiones

Sobre los autores

Presentación

Con la creación del Programa Universitario de Estudios sobre Asia y África (pueaa) de la Universidad Nacional Autónoma de México (unam) que tiene como uno de sus objetivos el análisis especializado de los países asiáticos y africanos, aparecen nuevos espacios para la investigación de temáticas poco exploradas, pero esenciales para la interacción de México con el mundo.

Si bien es cierto que la región asiática se está colocando como el nuevo epicentro de la dinámica económica para los años futuros, también es evidente que es una zona dependiente de la interacción con otros países para un crecimiento constante y fuerte como el que ha venido teniendo en las últimas décadas.

La región asiática cuenta con múltiples actores internacionales que, de a poco, han ido colocándose de manera exitosa en espacios estratégicos para el desarrollo de la región, catapultando así su pro­pio desarrollo. Tal es el caso de la República de Corea, que se perfila como uno de los más importantes socios comerciales del continente asiático para México.

Es así como surge este primer libro sobre la península coreana editado por el pueaa, y que aglomera un conjunto de trabajos de profunda reflexión sobre Corea del Sur y Corea del Norte, esta última, oficialmente conocida como República Popular Democrática de Corea.

En este sentido, con esfuerzos conjuntos de académicos especialistas, el pueaa y la unam a través del Proyecto unam-papiit ia 303420 Península Coreana: estrategias, reestructuración e inserción en el mundo global, es que este libro surge como una importante aportación en español al estudio de la península coreana, para su consulta y referencia de futuras generaciones.

Nayelli López

Introducción
Península coreana: estrategias, reestructuración e inserción en el mundo global

La península coreana es una de las regiones más polémicas en la realidad global actual. Caracterizada por la expresión de dos regímenes políticos e ideológicos, es la última parte del mundo que mantiene viva la disputa de la Guerra Fría. Tanto la República de Corea1 como la República Popular Democrática de Corea,2 son países en constante observación en el escenario internacional; por ello el estudio de esta parte del mundo es imperativo en el contexto actual.

La República de Corea es, sin embargo, uno de los países asiáticos presentes en México con varias3 de las empresas más reconocidas en el ámbito mundial por sus productos innovadores y de alta calidad como Samsung, lg,kia, Hyundai y posco. Estas empresas han logrado reputación internacional por su desarrollada tecnología y lo atractivo de sus artículos que, de a poco, se han ido colocando en el gusto de los consumidores en nuestro país.

Si bien en la actualidad la relevancia de la República de Corea en el escenario económico mundial es indiscutible, no se puede dejar de mencionar esto como una consecuencia del rápido desarrollo económico del país. Aunque, hacia finales de la década de 1970, el nivel de desarrollo era muy similar al de México, hoy, la República de Corea se ha mantenido en un constante crecimiento que obliga a voltear la mirada hacia la región peninsular, si se suma la dinámica política que recae en esta zona geográfica en la que se encuentra junto con Corea del Norte, el resultado se interpreta como el estudio obligado de ambos países desde el espacio académico de México.

El libro aborda diferentes temáticas que son de sumo interés para entender las múltiples problemáticas que definen parte de la realidad peninsular actual. Éste es el resultado de un trabajo conjunto entre el Programa Universitario de Estudios sobre Asia y África (pueaa) de la Universidad Nacional Autónoma de México (unam) y el trabajo de los autores. Inicialmente, los temas fueron seleccionados como los que más popularidad tuvieron entre los asistentes al curso Corea: retos de la globalización, y que fue elaborado desde el pueaa en la primavera de 2018. Aunque, el curso sumó otros temas, los que se han seleccionado para desarrollar cada capítulo fueron los que provo­caron mayor interés entre el público, reconociendo así la necesidad de materiales en español que estuvieran al alcance de los estudiantes y de los interesados en las temáticas.

Si bien la gama de temas que se abordan sobre la República de Corea es entendiblemente más amplia que aquella que se refiere a la República Popular Democrática de Corea por la naturaleza propia de sus regímenes y el acceso a la información, el libro busca mostrar la importancia de cada una de las Coreas en el contexto mundial contemporáneo.

Este trabajo también reflexiona sobre la necesidad de los estudios sobre Corea del Sur desde una perspectiva social y cultural, ya que, en México específicamente, se han enfatizado más los trabajos con temas de economía y de política, que si bien son válidos para aproximarse al estudio de otros países y entender escenarios específicos, no se debe dejar en un vacío el estudio de lo social y lo cultural, con una perspectiva humanística, pues éste es imprescindible para el entendimiento profundo y objetivo de otras sociedades ajenas a la realidad de México. El análisis social y cultural ahonda en las razones más características y específicas del actuar social y es sólo a partir de este entendimiento que podremos fomentar el conocimiento y la reflexión no superficial sobre los fenómenos que cruzan diariamente la dinámica en la península coreana.

A partir de los estudios socioculturales respaldados por trabajo de campo o recopilación de datos de primera mano, se obtienen investi­gaciones no sólo objetivas, sino también integrales, pues podemos explorar las características específicas que llevan a una sociedad a comportarse de la manera que lo hace. Desde la academia, debe aportarse al análisis y al conocimiento profundo de temáticas diversas que permitan una comprensión útil de las realidades sociales, pues sólo de esta forma puede abonarse a la construcción de nuevos espacios de dis­cusión que, en consecuencia, fomenten el desarrollo de las áreas de conocimiento y sirvan para la formación de especialistas potenciales.

En este sentido, este libro surge ante la necesidad de indagar en diversas temáticas contemporáneas que nos permitan un acercamiento certero al estudio de la península coreana, una aproximación multidisciplinaria que conjugue temas fundamentales de la cultura y la sociedad que nos lleven a hacer una reflexión de esta región en el escenario global actual desde múltiples perspectivas.

Este trabajo aborda, en dos partes, temas que no han sido explorados de manera abundante desde la perspectiva de la academia mexicana; busca generar conocimiento y difusión de temas de interés que son fundamentales para comprender la realidad de la península coreana, brindando, a quien lo consulte, una visión holística que responda a las interrogantes sobre esta interesante región.

De la misma forma, el presente trabajo hace una aportación importante al área de estudios coreanos; cubriendo temáticas de interés para la población en general y, particularmente, para los jóvenes que, de a poco, a partir de la llegada de la ola coreana llamada Hallyu, en coreano, y del impacto de la industria cultural de la República de Corea en México desde el 2002, se han ido adentrando en el estudio de esta nación.

Este interés de los jóvenes mexicanos por Corea debe ser atendido desde el espacio académico, brindándoles ventanas objetivas a su visión, percepción y consumo de la cultura coreana. Es responsabilidad de los estudiosos sobre Corea atender las necesidades de las nuevas generaciones y las nuevas demandas de temas concernientes al estudio de ésta.

Los capítulos que conforman este trabajo fueron abordados por especialistas en estudios coreanos, en lengua coreana, además de académicos de alto perfil en el estudio de la economía y las finanzas de la República de Corea, especialistas en temas que caracterizan hoy a la sociedad coreana, como el cristianismo. Igualmente, se logró la importante colaboración de Bruno Figueroa quien con su visión, ha logrado visibilizar enormemente a México en Corea y ha sabido proyectar la importancia del estudio de la República de Corea en nuestra comunidad.

Otro dato interesante es el análisis de las armas nucleares en el contexto peninsular, el cual, sin duda, al estar elaborado por un especialista en el tema, brinda una amplia visión para los lectores, develando elementos sobre los que es imprescindible reflexionar.

La primera parte del libro se adentra en las relaciones comerciales, en la dinámica económica y política de la península coreana. El primer capítulo, desarrollado por Bruno Figueroa, señala la importancia actual de las relaciones entre México y la República de Corea. En su trabajo, nos adentra a las dinámicas de esta relación vista desde la primera fila, con datos de un importante valor para el público lector. Explica cómo Corea ha pasado a ser uno de los socios comerciales más importantes de México, superando, desde el 2019, al mismo Japón, con quien México incluso tiene un Tratado de Libre Comercio desde hace muchos años. Aunque el autor nos lleva de la mano con una explicación detallada de la importancia que Corea ha adquirido para México en los últimos años, nos proporciona datos reveladores de la relación que han construido ambos países y que hoy se ve enmarcada en un fuerte intercambio comercial. Hace una detallada revisión de las compañías coreanas en México y acerca de cómo, más allá de la idea de que éstas son meramente tecnológicas, también ya hay un gran número de empresas que participan en el sector energético mexicano. El autor detalla qué firmas mexicanas han logrado llegar a la República de Corea, estableciendo así lazos de intercambio muy fuertes que no sólo contemplan el escenario económico o político, sino que han contribuido a un intercambio cultural y social, tendiendo fuertes puentes entre ambas naciones.

A través del segundo capítulo, desarrollado por Julen Berasaluce, podemos acercarnos a un análisis de la estructura financiera de la República de Corea en las últimas décadas y a conocer cómo, a partir de cambios, en ocasiones no deseados, sino obligados, se explica el estado actual de la economía del país asiático. Nos lleva de la mano en una descripción de la manera gradual en la que la República de Corea ha construido un sistema económico que, a veces, en el discurso aspi­racional de los países en desarrollo, pareciera ser un modelo a seguir. Sin embargo, expone, a lo largo del capítulo, una realidad que enfatiza el proceso único que puede mirarse como exitoso en el escenario internacional, pero que, sin duda, es posible sólo a partir de las características propias de Corea y del momento en el que cada acto se ejecutó, permitiéndonos cuestionar la transferibilidad de su sistema.

Geneviève Marchini desarrolla, en el tercer capítulo, un análisis de la República de Corea en el contexto internacional actual desde el escenario económico. Indaga en los elementos que le permiten a la economía de Corea ser fuerte en un contexto mundial en el que la constante es la incertidumbre. La autora señala que entre los aspectos que fortalecen la economía coreana está la alta competitividad internacional de sus grandes empresas, su inversión y su capital, lo que ha permitido ese rápido crecimiento económico en comparación con otros países. Es importante señalar que la autora explica que, a pesar de la fortaleza de la economía coreana, el contexto internacional actual y las dinámicas y relaciones de Corea con sus vecinos regionales y sus aliados económicos también la vuelve vulnerable. Es interesante adentrarnos en este análisis en tanto que expone las fortalezas y las debilidades económicas a las que se enfrenta la Corea actual permitiéndonos dimensionar las vulnerabilidades mismas de su sistema.

Para cerrar la primera parte, en el cuarto capítulo, Alfonso Aragón nos inserta en uno de los aspectos peninsulares que más curiosidad e intriga provocan a otras sociedades. No sólo la relación entre Corea del Norte y Corea del Sur, de la cual fluye muy poca información hacia el exterior, sino el tema que marca la forma en la que la península se define como una zona de conflicto ante los ojos del mundo: el factor nuclear. Como especialista en el tema de las armas nucleares y la no proliferación de éstas, el autor logra explicar de una manera clara y didáctica la relevancia del programa nuclear en la política de Corea del Norte. Nos explica cómo éste ha fungido como un garante de su propia seguridad, permitiéndole al sistema perpetuarse en un contexto internacional que ha manifestado, casi al unísono, su rechazo al país asiático. Es un capítulo que abona en mucho al entendimiento de la dinámica peninsular y que logra sacar del anonimato elementos de suma relevancia que caracterizan al régimen del Norte.

La segunda parte del libro está conformada por tres capítulos que se centran en temas que exploran la sociedad y la cultura de Corea.

En el quinto capítulo, de esta segunda parte, la autora nos abre una ventana a las nuevas formas de interés que los jóvenes mexicanos tienen hacia Corea. Atraídos por una industria cultural de nivel mundial, con música pegajosa, coreografías emocionantes y representaciones de estilos de vida atractivos, el mundo del entretenimiento coreano logra atrapar a los jóvenes de nuestra sociedad aportándoles elementos identitarios. Si bien es cierto que la primera oleada de productos culturales llegó a México en 2002, el consumo que se hace en la actualidad se ha transformado significativamente. Este trabajo aporta, desde la investigación de campo, datos reveladores del por qué las nuevas generaciones se insertan en el consumo de los productos de la industria cultural de la República de Corea, permitiéndonos una reflexión acerca de cómo los jóvenes mexicanos se sitúan en su sociedad a partir del consumo cultural.

En el sexto capítulo, desarrollado por Andrii Ryzhkov, encontramos un trabajo especializado de gran valor. A partir de la formación del autor como doctor en lengua coreana y habiendo desarrollado destacables habilidades en la traducción e interpretación del idioma, por primera vez en México se publica un capítulo del libro dedicado al análisis de la migración en el marco de la traducción especializada. El texto evidencia la importancia del dominio del idioma como herra­mienta para el estudio y la aproximación a las sociedades analizadas, en este caso, la sociedad coreana. El autor indaga en las características de los coreanos que inmigran a México y de los mexicanos que buscan insertarse en la dinámica social de Corea. A través de su estudio, nos despliega un mapa que permite ubicar lugares de origen y destino, motivaciones para la migración, perfiles personales, etcétera. Evidencia que la traducción del coreano al español y del español al coreano en México aún tiene un largo camino por recorrer, demostrando que los retos no sólo son estructurales, sino académicos también, pues desde el espacio educativo debemos formar jóvenes no sólo con el conocimiento de Corea, sino que logren profesionalizarse como expertos en el idioma coreano para que México pueda competir en el escenario internacional, desde la misma plataforma y con las mismas herramientas que otros países.

El último capítulo aborda el tema del cristianismo en Corea. Elaborado por Armando Azúa, este trabajo es de suma importancia para entender la realidad actual del país asiático donde, como menciona el mismo autor, esta religión “goza de gran vitalidad”. Contrariamente a lo que podría pensarse en México, el espacio que ha ganado el cristianismo en Corea, expresado en la actualidad a partir de múltiples manifestaciones, hace que la mayoría de la población esté adscrita a esta corriente religiosa occidental y no a una religiosidad automáticamente ligada a Asia, como el budismo. Así, a través de su descripción detallada del por qué una doctrina religiosa de este perfil logra anclarse a la península, nos permite entender su presencia y su configuración actual, incidiendo de manera directa en el modo de pensamiento de la Corea contemporánea.

Así, a lo largo de los siete trabajos que conforman este material académico, se exponen temáticas esenciales que amplían el conocimiento de la península coreana, permitiendo evidenciar que ésta no es sólo un tema de estudio interesante, o un lugar lleno de elementos fascinantes por entender; es, para la realidad mexicana, un área de análisis obligada, con la misma relevancia que otras regiones del mundo.

Esperando que el libro pueda resolver muchas dudas e iniciar diálogos constructivos, les invito a emprender este viaje académico que busca aportar respuestas acertadas a las interrogantes de quienes se interesen en la península coreana.

Nayelli López

Notas

1 En adelante se referirá indistintamente como República de Corea o Corea del Sur.

2 En adelante se referirá indistintamente como República Popular Democrática de Corea o Corea del Norte.

3 Según datos del embajador de la República de Corea en México, existen más de 1 800 empresas coreanas en México, las cuales generan más de 150 mil empleos de calidad. Publicado en El Economista en línea 29.08.2018, disponible en https://www.eleconomista.com.mx/internacionales/Me-gustaria-concretar-un-TLC-con-Mexico-Kim-Sang-il-Embajador-de-la-Republica-de-Corea-20180829-0081.html, consultado el 14.06.2019.

Primera Parte

México y Corea del Sur en 2020: de las relaciones oficiales y empresariales a la hora de los ciudadanos

Bruno Figueroa *

Fascinación mexicana por Corea

Corea es el futuro que tuvimos un instante;

es el espejo de nuestras aspiraciones incumplidas.

En la dinámica presente de las relaciones bilaterales de México, entendida como el conjunto de actividades y concertaciones en el ámbito político, económico, cultural y de cooperación con un país, destaca la República de Corea1 en dos sentidos: el primero es que, a pesar de tratarse de una relación reciente en términos históricos, y de la gran distancia geográfica y cultural entre ambos países, la relación ha alcanzado ya un lugar de primer orden para ambos, de acuerdo con diversas variables. En segundo lugar, la relación económica, el turismo y otros ámbitos siguen creciendo a tasas importantes, y parece haber aún espacio para mayor crecimiento, en particular en el ámbito económico, si se fortalecen el marco institucional y el jurídico.

Corea alcanzó el estatus de miembro pleno de la comunidad internacional apenas en 1991, cuando ingresó a la Organización de las Naciones Unidas (onu). Hace tan sólo 20 años, el comercio total entre México y Corea era limitado —4 mil millones de dólares (mdd)—,2 al igual que las inversiones (638.5 mdd acumulados entre 1994 y 2000). En 2005, ambos países decidieron establecer una Asociación Estratégica para la Prosperidad Mutua, con el fin de llevar la relación a otro nivel. Hoy Corea es el quinto socio comercial de México y el quinto destino de nuestras exportaciones; es también la décima cuarta fuente de inversión internacional para nuestro país. México concentra la mitad de las exportaciones coreanas a América Latina y 30% de sus inversiones (Comisión Económica para América Latina y el Caribe [cepal], 2015).

No nos detendremos en la historia de las relaciones entre ambos países, muy bien reseñada por el embajador José Luis Bernal Rodríguez (Bernal, 2016). Analizaremos dichas relaciones, centrándonos en los ámbitos político y económico en la actualidad, y reflexionaremos sobre las posibilidades de incrementarlas. Finalmente, daremos cuenta de un fenómeno inédito hace apenas una década entre los dos países: la irrupción de las sociedades como nuevo motor de la relación bilateral, a través de cientos de miles de voluntades individuales, en particular jóvenes, de conocer y aprender más del otro, y de rea­lizar actividades turísticas, de estudio y laborales. Este hecho, con impacto en otras áreas, transformará la naturaleza de la relación en el futuro.

Una dinámica económica ascendente

De acuerdo con cifras de la Secretaría de Economía (se), en 2018, por primera vez, el comercio total entre México y Corea rebasó los 20 mil millones.3 Esto significa un crecimiento de 106% entre 2009 y 2019, en dólares corrientes. Las exportaciones mexicanas han crecido de manera más acelerada, 730% en el periodo, aunque el monto, al inicio de éste, era muy bajo al sumar sólo 498 mdd.

Esta situación colocó a Corea como el quinto socio comercial de México desde 2019, sólo rebasado por Estados Unidos, China, Canadá y Alemania, en orden decreciente y, por primera vez, por encima de Japón y además, de numerosos socios comerciales “históricos” o “tradicionales”, como España, Francia o el Reino Unido. De hecho, el comercio entre México y Corea en 2019 fue muy superior a la suma del comercio de nuestro país con Brasil y España, como se indica.


Detengámonos en la composición de importaciones y exportaciones en 2019; las compras mexicanas exceden tres veces y media las ventas a Corea, que sumaron 4 949 mdd. Éstas, ahora, colocan a Corea como el quinto mercado mundial para los productos mexicanos. Un dato notable es que, en 2019, por segundo año consecutivo, las exportaciones mexicanas a dicho país rebasaron aquéllas dirigidas a Japón, nación con una economía tres veces mayor, y con la cual México cuenta con un tratado de libre comercio desde 2004. En los últimos tres años registrados (de 2017 a 2019), el crecimiento de las exportacio­nes fue mayor al de las importaciones, reduciéndose gradualmente el déficit para nuestro país.

A primera vista, la composición del comercio bilateral parecería mostrar un patrón tradicional entre un país en desarrollo y otro desarrollado. De acuerdo con datos del Korea Customs and Trade Institute (kcti) reportados a la omc, en 2019, 45% de las exportaciones mexicanas las constituyeron los aceites crudos de petróleo, y los minerales metalíferos, 17%. Sin embargo, máquinas y aparatos eléctricos suman 16%; vehículos y partes automotrices, 6%, e instrumentos y aparatos ópticos, otro 6% (28% entre las tres categorías) (kcti, 2020). Esto se explica porque, para sus cadenas internacionales de valor, Corea requiere de insumos intermedios que también provienen de México.

Cabe notar que las exportaciones mexicanas que más han crecido en los últimos años son las agropecuarias: 107% tan sólo de 2015 a 2019, alcanzando 176 mdd, donde la carne de res y de cerdo constituyen el rubro de mayor valor, con 72 mdd (omc-kcti, 2020); esta categoría representa un enorme mercado para México, apenas explorado.

El nivel de las importaciones mexicanas desde Corea es de tal magnitud que se encuentran en quinto lugar, sólo detrás de Estados Unidos, China, Japón y Alemania. Llama la atención que Corea desplazó a Canadá, socio del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (tlcan), como proveedor del mercado mexicano. De acuerdo con el Centro Internacional de Comercio de la omc, la mitad de nuestras importaciones (49.7%) desde ese mercado corresponde a máquinas y aparatos, tanto eléctricos como mecánicos. Siguen en orden de valor los vehículos (10.3%), otras no especificadas (7.2%) y plástico y sus manufacturas (6.6%) (itc, 2020).

Las inversiones directas (ied) muestran también una dinámica de gran crecimiento desde la suscripción de la Asociación Estratégica para la Prosperidad Mutua. Para el primer trimestre de 2020, la Secretaría de Economía registró que la ied coreana en México sumaba 6 927.6 mdd, con una presencia de 2024 sociedades mercantiles de capital coreano (se, 2020a). Tan sólo de finales de 2015 a diciembre de 2019, estas inversiones aumentaron en 2 378 mdd (se, 2020b). El de­tonador de este incremento reciente fue la construcción de la planta de Kia Motors en Pesquería, Nuevo León, que comenzó a producir vehículos en 2016, y la cadena de proveeduría que la acompañó, en los estados norteños de Durango, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas. Fuera de Corea y China, es a la fecha la planta más grande de Kia en el mundo, destinando, según ejecutivos de la empresa, 50% de su producción al mercado estadounidense; 20%, al mercado mexicano, y el resto a más de 50 países de varios continentes.

En las últimas dos décadas, los principales conglomerados coreanos se han establecido en México para poder incursionar favorablemente al gran mercado norteamericano; en algunas manufacturas, la concentración ha sido muy elevada, como en la producción de pantallas planas y electrodomésticos de categoría media, por parte de Samsung y lg.

La huella de Corea también se encuentra de manera profunda en la atención de necesidades económicas locales. Un sector en particular ejemplifica este dinamismo: el energético. Varios grupos de primer nivel se encuentran presentes en nuestro país en la modernización, ampliación y diversificación de la plataforma energética del país. Participan en la construcción a cuenta de terceros (como la refinería de Dos Bocas), para el financiamiento de proyectos (Parque Eólico de La Bufa), como constructores y concesionarios de infraestructura energética (ter­minal de gas en Manzanillo), como constructores y concesionarios de plantas generadoras tradicionales (termoeléctrica de Ciclo combinado Norte II en Chihuahua) o de energías renovables (diversas plan­tas solares).

Empresas coreanas en el sector energético nacional (2010-2019)


Fuente: elaborado por la Embajada de México en Corea.

México también está presente en Corea, en una escala modesta. Para principios de 2020, las inversiones rondan los 100 mdd.4 A través de inversión directa o de la compra de empresas de otros países con intereses en Corea, algunas de las empresas mexicanas globales han puesto un pie en la península: el Grupo Bimbo a través de East Balt Korea (panadería), Envases Universales a través de Hanil G&M (producción de envases metálicos y plásticos), Grupo Promax a través de gsdk (producción de óxido de zinc) y Katcon (catalizadores para vehículos), principalmente. Kidzania y Aeroméxico destacan como proveedores de servicios.

¿Qué se vislumbra a futuro para las inversiones y el comercio bilateral? Dos factores entran en juego: por un lado, la capacidad de México de mantenerse como plataforma de producción de manufacturas para el mercado norteamericano y el global. Por el otro, la capacidad de México de abrir nuevos mercados, como el de Sudamérica (Brasil, Argentina), pues esto fortalecerá el atractivo para las empresas coreanas de seguir invirtiendo en nuestro país.

El comercio podrá dar un salto si entra en juego una liberalización comercial bilateral. Al momento, ambos países imponen al otro el régimen de Nación Más Favorecida (mfn) bajo la omc. Corea sale beneficiada por el diferencial promedio de aranceles: así, México enfrenta aranceles promedio de 37% en sus productos agropecuarios; sus exportaciones industriales pagan hasta 8% de arancel promedio, y sólo 16% reciben un gravamen de 0%. En contraste, 64% de las exportaciones coreanas a México entran con una tasa de 0% (De la Mora, 2019).

Conforme ingresen más productos agropecuarios a Corea que compiten con México con tasas que se van reduciendo a cero, de países que han suscrito acuerdos de libre comercio con dicho país, como plátano, aguacate o carne de res y cerdo, el riesgo de que desplacen a los productos mexicanos que gradualmente dejarán de ser competitivos por costosos es real. Veríamos entonces un retroceso en las exportaciones mexicanas a Corea y un incremento en el déficit comercial.

Las negociaciones comenzaron a mediados de 2019 en el marco de la Alianza del Pacífico, tras el mandato otorgado, en la XIV Cumbre de la Alianza del Pacífico (ap) en Lima (5 de julio de 2019), para definir, antes de finales del año, los términos de referencia que guiarán las negociaciones comerciales con Corea, candidato a Estado Asociado.

Convergencias políticas en un mundo convulsionado

La etapa actual de la relación política entre México y Corea nació con el establecimiento, en 2005, de la Asociación Estratégica para la Prosperidad Mutua, en reconocimiento de las múltiples similitudes entre ambos países, como el tamaño de su economía, su peso en el comercio internacional y el ser potencias medias emergentes en el ámbito de la región más dinámica del mundo, el Asia-Pacífico (Comisión México-Corea Siglo xxi, 2005). México y Corea son países de industrialización relativamente reciente y compañeros de ruta de la glo­balización (bancomext, 2019). También son países que han vivido —y padecido— bajo la sombra de grandes potencias, cuyos poderes han buscado restringir a través del derecho internacional y reglas multilaterales.

De la triada de países de Asia con los que México mantiene las relaciones más intensas —China, Japón y Corea—, ninguna es más cer­cana en términos políticos que con Corea, por las coincidencias y convergencias en la mayoría de los temas de la agenda internacional. Más válido hoy, que hace quince años, es la aspiración de ambos de buscar aumentar sus contribuciones a favor del mejoramiento de la gobernabilidad global (tanto económica como política); de la paz y la prosperidad internacional, y del desarrollo sostenible de los países en desarrollo (Comisión México-Corea Siglo xxi, 2005).

Estas convergencias se traducen en concertaciones periódicas en numerosos organismos internacionales: la onu y sus órganos subsidiarios, y el gran número de organismos que forman parte del Sistema; otras organizaciones, como la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (ocde) o el Foro Económico de Asia Pacífico (apec), y mecanismos de diálogo como el G20 o el grupo mikta (México, Indonesia, Corea, Turquía y Australia). Al menos una vez al año, los cancilleres de ambos países se reúnen para intercambiar opiniones y buscar apoyos sobre una multitud de temas de interés mutuo. Viceministros (subsecretarios), representantes permanentes y embajadores lo hacen en numerosas ocasiones, tejiendo así un entramado de consensos y apoyos políticos permanentes. El nivel de coincidencias en votaciones de resoluciones en la Asamblea General (agonu) y el apoyo mutuo a candidaturas en organismos multilaterales son elevados.

Cuando México solicitó el apoyo de la comunidad internacional de donantes para el Plan de Desarrollo Integral para Guatemala, El Salvador y Honduras, a comienzos de 2019, Corea lo ofreció; incluso expresó su interés por medio de la Agencia de Cooperación Internacional de Corea (koica), su agencia de cooperación internacional, en elaborar un proyecto de cooperación con su homóloga mexicana, la Agencia Mexicana de Cooperación Internacional para el Desarrollo (amexcid). Las conversaciones seguían su curso a finales de 2019.

El grupo mikta (México, Indonesia, Corea, Turquía y Australia) es una expresión acabada de las afinidades políticas entre ambos. Constituido a iniciativa de México en 2013, es una agrupación plural de países de cuatro continentes (si consideramos que Turquía también es europeo), basada en el “interés común en fortalecer el multilateralismo, apoyar los esfuerzos globales dirigidos hacia la estabilidad y la prosperidad, facilitar soluciones pragmáticas y creativas para problemas regionales y globales, y hacer reformas muy necesarias en las estructuras de la gobernanza global” (sre, 2015).

Para subrayar su elevado compromiso con el mecanismo, Corea asumió la segunda coordinación anual en 2015, después de la mexicana de 2014, y ha sugerido, en varias ocasiones, que se llevará a cabo una cumbre para darle el mayor realce posible. Hasta el primer trimestre de 2020, el grupo había emitido 25 declaraciones sobre diversos temas. Las reuniones de cancilleres (una al año) permiten una “diplomacia de proximidad”, con intercambios directos de opiniones y posiciones sobre los temas de mayor relevancia para los cinco países. También contiene un componente de diplomacia parlamentaria que no debe soslayarse, al reunirse, una vez al año, los presidentes de los parlamentos respectivos en la capital de quien ostente la coordinación; éstos también comparten sus visiones y preocupaciones sobre los temas de común interés.

A pesar del entramado de encuentros y concertaciones señalado, el nivel de la relación requeriría más contactos de alto nivel, tanto en el marco de mecanismos institucionales como fuera de ellos. Asimismo, sería deseable que hubiera mayor simetría en los contactos, dado que son más frecuentes las visitas oficiales de Corea a México que viceversa. Por ejemplo, el último Jefe de Estado en viajar a Corea en visita oficial fue Vicente Fox en 2001 y en 2005, para participar en la Reunión de Líderes de apec en Busan. En tanto, la anterior presidenta de Corea, Park Geun-hye, viajó a nuestro país con una delegación de más de 45 personas, entre miembros de gabinete, altos funcionarios y empresarios, en abril de 2016.5 El último canciller mexicano en visi­tar Corea fue José Antonio Meade en 2015, fecha de la última reunión del Mecanismo de Consultas Políticas a nivel ministerial. La canciller coreana Kang Kyung-wha asistió a la toma de posesión del presidente Andrés Manuel López Obrador el 1 de diciem­bre de 2018.

En el ámbito de la cooperación, la Comisión Mixta de Cooperación Económica, Técnica y Científica sesionó por última ocasión en 2015; el Programa de Cooperación Educativa y Cultural vigente fue suscrito en 2012 y para finales de 2019 no había sido renovado. Si bien la cooperación es intensa en estos ámbitos, si existieran mecanismos de cooperación independientes de las comisiones señaladas, como el Programa de Intercambio de Conocimientos (ksp) del Ministerio de Economía y Finanzas, se ganarían nuevas oportunidades de cooperación en ámbitos como la Cuarta Revolución Industrial, inteligencia artificial, nueva movilidad o economía del hidrógeno, de reunirse las comisiones y autoridades de ambos países.

Existe una inercia diplomática con el llamado Viejo Mundo (Europa), con el cual el entramado institucional a nivel bilateral, cubriendo un amplio espectro temático, es más rico que el existente con la mayoría de países de Asia, a pesar de que la realidad de las relaciones económicas y muchos intereses políticos favorecen hoy, mucho más, a Asia como la región más dinámica del mundo. Esta situación debe corregirse.

La hora de los ciudadanos

El paisaje coreano se puebla poco a poco de mexicanos, algunos con itinerarios insólitos, como aquellos niños de 12 años que radicaron seis meses en Seúl para dominar el arte del Baduk (juego de tablero de estrategia, conocido también como Go en China). La presencia coreana es aún más visible en México, tanto en sitios turísticos como en las ciudades más importantes del país. Al margen de los gobiernos, aunque propiciados por ellos, flujos crecientes de mexicanos y de coreanos recorren los 12 500 kilómetros que separan los dos países para llevar a cabo actividades de turismo o de estudios. En el caso de los ciudadanos coreanos, la expansión de la inversión en México explica una presencia más importante de ejecutivos y trabajadores, y son cada vez más los empresarios independientes que buscan probar suerte en nuestro país. De esta forma, son más de 14 mil los coreanos residentes que registra la embajada de Corea en México. Los mexicanos en Corea no llegan a mil.

La reducción de costos de viaje, la multiplicación de rutas, la apertura del vuelo directo México-Seúl en julio de 2017, aunado al incremento en los poderes adquisitivos, explican el crecimiento del turismo entre los dos países. El poder suave y la diplomacia pública apuntan también a selecciones de destinos dictadas por atractivas construcciones narrativas culturales. A comienzos del siglo no existían muchos incentivos para motivar el turismo de México a Corea. Hoy, eficientes campañas y numerosas ofertas culturales hacen que Corea compita con sus vecinos y tenga una sólida identidad positiva propia. ¿Qué sería hoy del turismo a Corea sin el K-pop, un fenómeno musical que atrae a millones de jóvenes de todo el mundo? El propio gobierno coreano promueve con eficiencia este atractivo; por ejemplo, cuando llevó al grupo bts a la Asamblea General de las Naciones Unidas en septiembre de 2018. Sólo en México el número de fans del K-pop se mide en cientos de miles.

No hay mes en el que en algún lugar de Corea no abra un restaurante mexicano, o con pretensión de serlo, por el hecho de que nuestra comida se ha popularizado en un país que, hace 25 años, todavía conocía grandes restricciones en sus importaciones de alimentos extranjeros no básicos. La narrativa mexicana también se ha consolidado a lo largo de los años, con el apoyo de la penetración de música, cine, telenovelas y eficientes campañas turísticas.

Según datos de la Secretaría de Turismo (sectur), en 2018 fueron 86 mil los coreanos que realizaron actividades turísticas en México, esto es 54 mil más que sólo seis años antes (datatur, 2019). La Orga­nización de Turismo de Corea (kto) señaló que 25 mil mexicanos viajaron en sentido contrario con fines turísticos en 2018 (Korea Tourism Organization, 2019), cuando apenas fueron 10 026 en 2012 (Korea Tourism Organization, 2013). El turismo entre ambos países crece a tasas superiores a 15% anual, pronosticando un amplio espacio de expansión, sobre todo el de Corea a México, dado el nivel de ingreso de su población y la propensión para salir de su país (en 2018, se registraron 25 millones de salidas del territorio).

La internacionalización de la educación superior es otra actividad en plena expansión de la que se han beneficiado mexicanos y coreanos, en números crecientes. Este fenómeno se ha dado al margen del ámbito oficial, ya que el número de becas de gobierno no ha cambiado en los últimos años. El gobierno mexicano ofrece cinco becas anuales de posgrado a estudiantes coreanos, las cuales no se otorgan en su totalidad por falta de demanda. El gobierno coreano, a su vez, otorga 3 becas de licenciatura y 13 de posgrado, anualmente. En 2018, 52 estudiantes mexicanos se encontraban estudiando con alguna beca del gobierno coreano: 8 a nivel de licenciatura, 26 a nivel de maestría, 6 de doctorado y 12 en movilidad.

En cambio, el número de estudiantes que se benefician de becas o programas interuniversitarios, o incluso que deciden cubrir ellos mismos sus estudios, se ha disparado. Para ello, se han suscrito al menos 177 convenios interuniversitarios para facilitar los intercambios y acreditación de materias. Eran 106 estudiantes coreanos en México en 2014 para estudios de idioma, intercambio o posgrados completos; en 2018 ya eran 415. Varias universidades ofrecen estudios en México para jóvenes que serán reclutados por empresas coreanas establecidas en nuestro país. En sentido inverso, la embajada mexicana en Corea había registrado 250 estudiantes mexicanos en el país en 2014, igualmente en estudios de idioma, de intercambio o estudios universitarios completos, número que había aumentado a 375 para 2018.

En tiempos recientes, las instituciones de educación superior coreanas han enfrentado una disminución en su matrícula, a pesar de que Corea es uno de los países con el mayor número de jóvenes que realiza estudios universitarios (67.8% del total en 2018, de acuerdo con la ocde), debido a la estructura demográfica de su sociedad, en proceso de envejecimiento. La única manera de compensar esta disminución ha sido incrementar el número de estudiantes extranjeros, ofreciendo cada vez más materias y posgrados en inglés, al igual que becas completas o parciales.

De lo anterior puede deducirse que el número de estudiantes mexicanos en Corea seguirá creciendo en el futuro y quizá también el de coreanos en México si se mantiene la expansión de la inversión de ese país.

Conclusión: ¿hacia un nuevo salto cualitativo en la relación México-Corea?

En mayo de 1991, el entonces canciller Fernando Solana declaraba en Seúl: “Sistemáticamente hemos intensificado nuestros intercambios con los polos más dinámicos en el mundo. Por eso, estimamos particularmente nuestra relación con Corea” (Solana, 1994, p. 282). Esta visión ha perdurado y la relación se ha consolidado en el último cuarto de siglo, en beneficio de ambos países. Las economías de México y Corea también se han transformado y abierto al mundo, incrementando las oportunidades de intercambio. De 1994 a 2018, a precios constantes de 2010, el Producto Interno Bruto (pib) de Corea creció 179%, mientras que, para el mismo periodo, el pib de México creció 74% (Banco Mundial, Datos).

Hemos dado cuenta del importante crecimiento en la relación económica bilateral en las últimas dos décadas, así como del fortalecimiento de los vínculos políticos. Estimamos que existe aún espacio para un incremento en los intercambios comerciales y en las inversiones en ambos países. Para ello se requiere la negociación de un acuerdo comercial que libere de aranceles los bienes que en la actualidad ingresan con limitaciones al otro mercado, en particular, para México, los agropecuarios. El camino no será fácil, tanto por el fin del entusiasmo oficial en México por la suscripción de acuerdos de libre comercio como por las resistencias de algunos sectores industriales del país ante un tratado de esta naturaleza, que ya se habían expresado en el pasado.

Quizá la falta de un diálogo regular entre estructuras empresariales inhiba los consensos necesarios para abrir el camino a un acuerdo comercial. Lo cierto es que, en el caso de las principales relaciones económicas de México, existen mecanismos, foros y grupos de alto nivel que permiten una interacción regular entre cúpulas empresariales. Entre México y Corea existió, hace 20 años o más, un “Comité Bilateral de Hombres de Negocios”, encabezado por importantes empresarios del ramo petroquímico y textil (Garza, 1997). Habría que retomar un esquema similar.

En el ámbito político, encuentros más regulares de alto nivel podrían ayudar a actualizar las líneas estratégicas de la relación, en particular en el ramo de la cooperación. En efecto, México no aprovecha todas las capacidades de oferta de Corea en todos los niveles (gobierno nacional y local, instituciones de investigación y desarrollo, así como de educación superior) mediante una amplia gama de sectores y ámbitos donde ha mostrado contar con excelentes prácticas y resultados. Por mencionar sólo algunos: la cuarta revolución industrial e inteligencia artificial, tecnologías de la información, 5G, nueva movilidad, nuevas energías y baterías recargables, infraestructura portuaria y energética. En el ámbito de gobierno, Corea cuenta hoy con reconocimiento internacional en numerosas áreas, entre ellas el gobierno electrónico y ciudad inteligente, planeación y movilidad urbana, salud pública y combate de epidemias.

La transformación más profunda ocurre bajo nuestros ojos de manera autónoma a los gobiernos y las empresas, aunque, ciertamente, influida por ambos: el incremento en la movilidad de mexicanos y coreanos hacia el otro país. Los bienes (como los teléfonos Samsung o la cerveza Corona), nuevas ofertas culturales y de entretenimiento (K-pop y las telenovelas), las campañas turísticas que crean deseos y consumos. Las generaciones más jóvenes no sólo se desplazan para realizar turismo, sino que cada vez más buscan otras actividades, como programas de formación académica —área en plena expansión— e incluso laborales. Estas nuevas generaciones son las que podrán influir en los flujos económicos entre México y Corea y, ¿por qué no?, también en la política, y conseguir que la relación dé un nuevo salto cualitativo.

Referencias

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Solana, F. (1994), Cinco años de política exterior, México: Porrúa.

Notas

* Gracias especiales a Carlos Rubio Noguerola, miembro del Servicio Exterior Mexicano y actual jefe de la Sección Económica y Comercial en la Embajada de los Estados Unidos Mexicanos en la República de Corea, por su gran apoyo para la realización de este trabajo.

1 Se referirá en el texto simplemente como “Corea” o “Corea del Sur”.

2 Todas las estadísticas comerciales y de inversiones de México provienen de la Secretaría de Economía, salvo que se especifique otra cosa.

3 En 2018, las estadísticas oficiales coreanas registraron un comercio total de 16.5 mmdd, debido a que sólo toman en cuenta el último punto de procedencia de los productos (por ejemplo, Estados Unidos) y no el país de origen.

4 Ante la ausencia de cifras oficiales, es un estimado de la Embajada de México basado en conversaciones directas con directivos de empresas y en información de medios impresos y electrónicos.

5 La visita del entonces presidente Felipe Calderón a Corea en noviembre de 2010, para participar en la Cumbre del G20, no tuvo ningún componente bilateral.

Cambios en la estructura financiera de la República de Corea de la segunda mitad del siglo xx a la actualidad

Julen Berasaluce

Introducción

La República de Corea (Corea en adelante) ha experimentado un espectacular crecimiento económico durante la segunda mitad del siglo xx, en particular, desde la instauración del régimen de Park Chung-hee. Este crecimiento se ha fundamentado en un modelo de colaboración entre Estado y empresarios privados, bajo la rectoría del primero, y que puede resumirse en las características del Estado Desarrollador (véase Berasaluce y Romero, 2019). Una de las características fundamentales de dicha colaboración es que, si bien existe una planificación general por parte del Estado, ésta no es absoluta y ofrece márgenes amplios para la acción privada.

Los modelos de coordinación bajo rectoría del Estado exigen formas de inducción que van más allá del establecimiento de incentivos para corregir fallas de mercado. Sin embargo, tienen en común que han de ofrecer escenarios a partir de los cuales la acción empresarial se desarrolle bajo criterios de optimalidad. Ejemplo de lo anterior es el planteamiento de “precios incorrectos” empleado por Amsden (1991) para explicar las intervenciones del Estado en Asia del Este, particularmente en Corea, a fin de propiciar inversiones en nuevos sectores.

En el caso de Corea, al igual que en otros como Japón, el gobierno ejerció un control exhaustivo sobre la estructura económica a través de la intervención en el sector financiero. Mediante el control de los préstamos y la alteración de los precios de los mismos, en función del sector en el que fuera a ser realizada la inversión, el gobierno pudo intervenir en la economía, a la vez que mantenía a los empresarios al frente de los grandes conglomerados. El mantenimiento del sector privado, además de acercar a la élite empresarial al gobierno, ofrecía un régimen económico que se diferenciaba del comunismo aplicado en Corea del Norte, lo que resultaba un mínimo fundamental para mantener el apoyo de Estados Unidos. Sin embargo, como podremos observar, el grado de intervención era tal que no podemos hablar de una economía liberalizada.

La intervención tuvo que lidiar con una multiplicidad de objetivos. El aumento de los tipos de interés podría atraer fondos que se mantenían en el mercado informal, pero disminuirían la inversión. La elección entre esta variedad de objetivos estaría muy condicionada por cada momento histórico, equilibrios políticos y la priorización de objetivos dependiente del momento. Este posicionamiento afectaría a la propia intervención estatal, de tal manera que, a partir de la década de 1980 y en particular a partir de 1990, se buscaría una mayor libera­lización de los mercados de capitales. Las imperfecciones de la misma acrecentaron debilidades del sistema que llevarían a la crisis de 1997. La intervención del Fondo Monetario Internacional (fmi) avanzaría en la liberalización ya comenzada, pero generaría oposición por parte de un país que siempre buscó su desarrollo independiente.

Época de intervención intensiva (1961-1979)

La política financiera a partir del establecimiento del gobierno de Park Chung-hee ha de entenderse de forma complementaria a la estrategia general del gobierno de industrialización y de potenciación del crecimiento económico. No obstante, debido a la limitación de este capítulo, se enfocará la exposición sobre los elementos financieros.

Desde octubre de 1961, el gobierno militar nacionalizó gran parte de la banca comercial que se mantenía en manos privadas, en concreto, las grandes participaciones. A ello hay que añadir que se restringió el derecho de voto sobre cualquier participación privada, de forma que el gobierno se hizo con el control de la banca comercial. Bajo un disruptivo planteamiento inicial de lucha contra la corrupción que el recién instaurado gobierno militar de Park había abanderado contra el anterior de Syngman Rhee, la renacionalización de las grandes participaciones accionariales en la banca comercial ha de contextualizarse. Gran parte de dichas participaciones se habían adquirido apenas a partir de 1957, en un proceso de privatización de las participaciones que sobre estos bancos tenía el gobierno, producto de las confiscaciones a propietarios japoneses realizada por el gobierno militar estadou­nidense como parte de la descolonización. Las fundadas acusacio­nes de corrupción hechas a los grandes empresarios durante el gobierno de Rhee permitirían al gobierno de Park legitimar la renacionalización de una banca comercial que se había adquirido con beneficios impropios. La adquisición de control directo sobre la banca comercial, junto con el control ejercido a través de la banca central y el reforzamiento de la banca pública, subrayarían la influencia del Estado sobre el conjunto del sistema productivo a través del sistema financiero.

El Estado ya tenía un papel protagónico dentro del sistema financiero mediante dos policy banks: el Banco de Desarrollo de Corea, fundado en 1954 con base en el Banco Chosun-Siksan, y el Banco Agrícola de Corea, creado en 1956. El segundo se integraría, con la llegada del gobierno de Park en 1961, a la recién creada Federación Nacional de Cooperativas Agrícolas para ejercer una función financiera dirigida al sector agropecuario. Este planteamiento de creación de instituciones financieras con acción enfocada en sectores productivos específicos fue imitado de Japón, que sirvió de inspiración para el desarrollo de la estrategia general coreana a fin de impulsar una política de crecimiento acelerado. En esta línea, en agosto de 1961 se crearía el Banco de Industria Mediana, que se especializaría en la provisión de crédito a pequeñas y medianas empresas, aunque su importancia relativa sería menor puesto que los chaebols protagonizarían la industrialización coreana.

Una de las transformaciones que el gobierno coreano quiso propiciar era la formalización del sistema financiero, lo que, a su vez, mejoraría el control y la capacidad de influencia del Estado en su conjunto a través del propio sistema financiero. De hecho, la movilización de recursos financieros, fundamentalmente préstamos del exterior y ahorro nacional, era tan necesaria que con el objetivo de potenciar el segundo se perdió, en parte, el control sobre el propio sector. El 29 de julio de 1961, el gobierno de Park aprobó la Ley para el Aseguramiento de la Confidencialidad de Depósitos y Ahorro, que permitía el ocultamiento del nombre de quien realizara la transacción financiera correspondiente o fuera titular de la cuenta respectiva. La ley establecía excepciones que permitían la revelación de información por requerimiento gubernamental como, por ejemplo, debido a investigaciones fiscales o criminales. Sin embargo, para mantener un alto grado de confidencialidad incluso en esos casos, la ley se enmendó en 1971 para obligar a las entidades financieras a revelar el mínimo de información en función de la solicitud de la autoridad respectiva. El aseguramiento de la confidencialidad ofrecería incentivos para bancarizar capitales que se mantenían en el mercado financiero negro.

Sin embargo, la medida generaría notables ineficiencias en materia económica, debido a que el canal de facilidades ofrecido para que el capital fluyera del mercado negro al sector bancario permanecía abierto en ambas direcciones. En consecuencia, la formalización del sector financiero permaneció como un reto pendiente durante el proceso de rápida industrialización de las décadas de 1960 y 1970. Así, la confidencialidad de la información financiera permitía el ocultamiento y consiguiente pervivencia de actividad criminal, el mantenimiento de la corrupción en un sistema electoral manipulado o la imposibilidad de ejecutar leyes que establecían límites en la adquisición de activos financieros específicos. Una de las dimensiones más importantes es la fiscal; ante la capacidad de ocultar ahorro y los ingresos derivados del mismo, la base imponible se reducía y el Estado estaba muy limitado para imponer un sistema fiscal más justo en términos redistributivos. La necesidad continuada de atraer fondos retrasó la corrección de esta medida.

El sector financiero informal ha sido históricamente muy importante en el ámbito rural. Éste está ligado a la reforma agraria, iniciada por el gobierno militar estadounidense con el reparto de la tierra en manos de los japoneses al terminar la colonización con la finalización de la Segunda Guerra Mundial. El gobierno coreano prosiguió la reforma agraria con la aprobación de la Ley de Reforma Agraria, misma que establecería límites máximos sobre el área total de tierra en posesión de cada ciudadano. La reforma no sólo pretendía un reparto de la riqueza que reduciría la presión de los movimientos comunistas al sur del paralelo 38. Otro de los objetivos sería la eliminación de la clase terrateniente yangban. Para ello, resultaba vital que el reparto de la tierra fuera efectivo. Con este objetivo, se impidieron usos que desviaran el que el propietario trabajara su tierra, como el alquiler o su uso como colateral de préstamos. Ante esta imposibilidad, y frente a una situación inicial adversa derivada de disminuciones del precio de los alimentos, producto de la ayuda exterior canalizada por Estados Unidos (directamente o a través de Naciones Unidas), los nuevos pequeños propietarios se endeudaron fuertemente en los mercados informales, bajo peores condiciones que las ofrecidas en el mercado oficial.

El alto grado de endeudamiento en el ámbito rural motivó un programa de alivio de la deuda, que inició el gobierno de Park en 1961. El programa limitó los tipos de interés a los prestamistas hasta 20% anual y aún más el pagado por los prestatarios, hasta 12%, cubriéndose el diferencial por el gobierno. Además, se establecieron multas y penas de prisión para los reportes falsos, por los incentivos que pudieran surgir de la subvención pública. De los 1 170 671 préstamos informales identificados por los comités locales, encargados de ejecutar el programa, 890 329 fueron formalizados, más de tres cuartas partes, si bien la cuantía exacta de préstamos informales existentes era notoriamente superior. De hecho, todavía en 1971, 60% de la deuda mantenida por los agricultores correspondía al mercado informal. La delicada situación de los agricultores incluso motivó que el gobierno considerara, a finales de la década de 1960, el impago de la condonación de cerca de 45% de la deuda restante por pagar para 1968, mientras que el restante fue refinanciado a 1981 (Kim y Kim, 2013).

El control draconiano gubernamental sobre el sistema financiero tuvo sus límites, como se observó a partir de la aprobación de la Medida de Emergencia Financiera, el 10 de junio de 1962. Ésta establecía la congelación de todos los depósitos, cuyos fondos pasarían a ser gestionados por la Corporación de Desarrollo Industrial, que se crearía para tal efecto y que dirigiría los fondos para ejecutar el Primer Plan Quinquenal de Desarrollo Económico. Esta medida se combinaría con un cambio de unidad monetaria y de denominación, por la que 10 hwanes se convertirían en 1 won. Finalmente, éste fue el único efecto de la medida, puesto que tres días más tarde el gobierno de Park retiró la medida por la presión popular y la de sus aliados estadounidenses, si bien los fondos permanecieron congelados unas semanas más. En lo que a efectos directos se refiere, no hubo mayor repercusión; sin embargo, la medida generó una gran desconfianza entre los ahorradores sobre la conveniencia de insertarse en el mercado financiero formal.

En mayo de 1962 fue aprobada la Ley del Banco de Corea, misma que establecía un control formal del Ministerio de Finanzas sobre el banco central coreano. A raíz de la Guerra de Corea, para su propia financiación y en relación con los esfuerzos de reconstrucción, el gobierno coreano había ejercido el control fáctico del banco central. No obstante, después de la aprobación de la referida ley, la estructura legal de la dependencia gubernamental se fortalecería, de forma tal que el gobierno contaría con un sólido tejido institucional financiero para canalizar recursos hacia los esfuerzos de industrialización del país. En 1967 se constituyó el Banco de Intercambio de Corea, encargado de las operaciones con divisas y, en general, de las operaciones con el extranjero. Aunque funcionaba como una institución diferenciada del Banco de Corea, era propiedad de este último. Además, en 1969 se creó el Banco de Exportaciones e Importaciones de Corea, que hasta 1976 estuvo operado dentro del propio Banco de Intercambio de Corea. Este banco se especializaría en la financiación del comercio exterior. El gobierno impulsaría el crecimiento de las exportaciones como vía de obtención de divisas que eran muy requeridas para la compra de insumos, en particular energéticos, materia prima en general y bienes de capital. Con el propio desarrollo del modelo de crecimiento coreano, las exportaciones significarían una fuente de información sobre la eficiencia productiva de empresas que disfruta­ban de mercados protegidos dentro del país. Además, dado el pequeño tamaño del mercado coreano, el acceso efectivo a los mercados internacionales facilitaría que los manufactureros coreanos alcanzaran economías de escala óptimas, lo que a su vez les permitiría reducir su precio y ser internacionalmente más competitivos, un círculo virtuoso. Esta relación sería particularmente importante durante la segunda fase de industrialización, en la década de 1970, al promoverse la industria química y pesada, que exigía mayores inversiones fijas y que, en consonancia, requería altos niveles de producción para situarse en un nivel competitivo. Por ello, el Banco de Exportaciones e Importaciones de Corea recibiría recursos del Fondo de Inversión Nacional. En la línea de la creación de policy banks, los departamentos de fideicomisos de los bancos comerciales más importantes se unificaron en el Banco de Fideicomisos de Corea, que se creó en 1967. También en ese año se crearía el Banco de Vivienda de Corea, con el objetivo de financiar la construcción de viviendas y la compra de las mismas.

Uno de los instrumentos más utilizados para captar fondos desde el extranjero fueron los préstamos, en oposición a participaciones en el capital, que ofrecerían mayor control a actores extranjeros. Debido a la cercanía temporal de la colonización japonesa, las autoridades coreanas querían evitar dicha influencia, lo que a su vez maximizaría el control del propio gobierno sobre la dirección del desarrollo productivo. A fin de abaratar los préstamos desde el extranjero, los bancos ofrecían garantías que requerían de autorización gubernamental. El Banco de Corea (inicialmente de manera directa y después a través del Banco de Intercambio de Corea) ofrecía la garantía al prestamista extranjero, previa autorización de la Junta de Planificación Económica, mientras que el Banco Coreano de Desarrollo daba también una garantía del prestatario, sobre el que ejercía mayor control, al propio banco central. Sin embargo, el aumento y centralización de los controles para la autorización de los créditos indujo a que hubiera cierta relación en el control por parte de los propios policy banks, que eran quienes tenían mayor cercanía a la información.

Como se puede observar en la gráfica 1, la priorización de la canalización del crédito hacia el sector productivo derivó en una alta inflación, que se dispararía hasta alcanzar picos de 35.1% en 1964, 42.1% en 1974 y 38.9% en 1980. En general, durante las décadas de 1960 y 1970 se observaron niveles en torno a 15%. Pueden advertirse tres periodos diferenciados en términos de niveles inflacionarios: primero de alta inflación a inicios de la década de 1960; un segundo periodo de inflación estable en torno a 10% para 1965-1974; y un tercer periodo de mayor volatilidad para la segunda mitad de la década de 1970.


A inicios de la década de 1960, el objetivo inflacionario fue pospuesto frente a la movilización de fondos y puesta en funcionamiento de un gobierno ambicioso, a la vez que se reducían las ayudas internacionales, dirigidas fundamentalmente por Estados Unidos y Naciones Unidas (por intervención del primero) en respuesta a la Guerra de Corea y la presencia norteamericana en el contexto general de la Guerra Fría en Asia. Esto motivó que el gobierno incurriera en déficits presupuestarios que tuvieron que ser cubiertos con emisiones monetarias.


Debido a la alta inflación de 1961, el gobierno estableció controles estrictos que limitaron el aumento de la masa monetaria (a 10.1% en 1962 y 6.3% en 1963). Sin embargo, a partir de 1964 la tendencia se alteró. El 2 de mayo de 1964, el gobierno de Corea anunció una fuerte devaluación del won, de tal manera que un dólar estadounidense pasó de intercambiarse por 130 a hacerlo por 255 wons. Esta devaluación ponía fin a una cotización oficial sobrevaluada, a la que se restringía el acceso mediante el sistema de licencias para la importación de insumos y de bienes de capital, que tenía como objetivo fundamental maximizar el efecto de la ayuda exterior recibida y que, además, servía para privilegiar a aquellos a quienes discrecionalmente se concedían las licencias. La devaluación resultó en una caída de las importaciones y un aumento de los precios de los bienes importados, lo que se encuentra detrás de la tasa de inflación de 1964.

En septiembre de 1965, con el objetivo de movilizar dentro del sistema bancario una mayor parte del ahorro privado, así como para incrementar este, las tasas de interés nominales se duplicaron hasta alcanzar 30% anual. El incremento en la tasa de interés podría interpretarse también como un incremento del costo de inversión, lo que habría significado una barrera al crecimiento, objetivo primordial del gobierno de Park. Sin embargo, la demanda de crédito seguía siendo muy alta, ejerciéndose la asignación del mismo en función de los objetivos de transformación productiva y subvencionándola en los casos necesarios. El efecto en la movilización de depósitos sería tal que durante los siguientes cuatro años los depósitos bancarios se multiplicarían en casi siete veces, para triplicar su participación sobre el Producto Nacional Bruto hasta 30%, en un contexto de crecimiento de la producción nacional (Park, 1983).

Como puede observarse en la gráfica 3, el aumento de las tasas de interés nominales durante la segunda mitad de la década de 1960, en conjunto con una inflación moderada, permitieron mantener tipos de interés reales positivos que, frente a una alta demanda de inversión producto del crecimiento acelerado, no reduciría la inversión final. Posteriormente, los episodios de aumento de la inflación, en combinación con un mercado intervenido en el que se pretendía que los tipos de interés no aumentaran excesivamente para no afectar la inversión, derivarían en tipos de interés real negativos.

Aunque existía un mercado de valores desde 1956, éste funcionaba fundamentalmente como un mercado de venta de bonos gubernamentales. Sin embargo, a medida que se desarrollaba la economía, se advirtió de la necesidad de diversificar las formas de financiación y, en ese sentido, se dieron más opciones a las empresas para que emitieran acciones. En septiembre de 1968 se estableció la Ley de Fomento al Mer­cado de Capitales para impulsar una mayor diversificación en la compo­sición accionarial de las empresas, si bien el gobierno mantuvo poder discrecional de decidir qué empresas podían acceder al mercado de capitales. Esta discrecionalidad iría mitigándose al final de la década de 1970 con la creación de la Comisión del Mercado de Valores.


La necesidad de movilizar recursos financieros se hizo evidente con la implementación de la estrategia de industrialización química y pesada, a partir de 1971. Para satisfacerla, se constituiría en 1974 el Fondo de Inversión Nacional, mismo que se convertiría en la principal fuente de financiación de los sectores impulsados durante los siguientes años. Además de transferencias gubernamentales y venta de bonos, el fondo obtenía recursos por los depósitos realizados por compañías bancarias extranjeras, fiduciarios, bancos locales y compañías aseguradoras. Es decir, se ejerció particular intensidad sobre aquellas instituciones financieras bancarias y no bancarias sobre las que el gobierno tenía un menor control a fin de ampliar el radio de acción y, en consecuencia, la capacidad de movilización de recursos. El gobierno ofrecía tasas de interés de 18.6% para depósitos y bonos de al menos un año y tasas de 6% anual sobre los depósitos trimestrales. En lo referente a las tasas de interés pasivas, éstas iban desde 6%, aplicado a crédito de corto plazo para exportaciones, ofrecido a través del Banco de Exportaciones e Importaciones de Corea, hasta 16% para préstamos de más largo plazo para la realización de inversiones fijas en industria química y pesada. Este panorama de tasas de interés activas y pasivas, si bien dependía de la composición particular de la cartera, generó pérdidas que fueron compensadas por el gobierno (Park, 1983). En términos de evaluación de la política gubernamental, ha de tenerse en cuenta que la mera existencia de pérdidas no ha de entenderse como ineficiencia en la gestión, debido a que se pre­tendía subvencionar la financiación de estos sectores; una acción eficiente sería perfectamente compatible con la minimización de dichos costos.

Las debilidades en términos de crecimiento a comienzos de la década de 1970, motivadas por la mala cosecha de arroz de 1970 y la caída de la producción manufacturera en 1971, motivó una devaluación de 17% en junio de 1971 con el objetivo de promover las exportaciones y que éstas, que ya se habían constituido como un compo­nente fundamental de la demanda, impulsaran el crecimiento. Sin embargo, la depreciación agravó la situación de deuda de muchas em­presas, debido a que durante los últimos años había aumentado notoriamente la adquisición de deuda con el extranjero. Ello motivó que el gobierno buscara mitigar el efecto negativo sobre los deudores.

El 3 de agosto de 1972, el presidente Park promulgó el Decreto Presidencial de Emergencia sobre Estabilización Económica y Desarrollo, por el cual se congelaban los tipos de interés de los créditos informales y se sustituían por deuda bancaria a largo plazo, como parte de la lucha por la bancarización de los recursos financieros y a fin de ejercer un mayor control sobre los mismos. Los prestamistas y prestatarios estaban obligados a reportar sus créditos e intereses impagados. Para favorecer el reporte honesto se combinaron incentivos, como la deducibilidad de impuestos del pago de intereses, con castigos, como la cancelación total de la deducibilidad para el prestatario o la eliminación del reclamo de la deuda para el prestamista. Las tasas de interés se reducirían a 1.35% mensual, equivalente a 17.46% anual, desde 3.5% de media mensual en el mercado negro, equivalente a 51.11% anual. Además, si el tipo de interés del contrato era menor a la referencia, se mantenía el del contrato. El objetivo, claramente, era el de beneficiar a los prestatarios. Teniendo en cuenta el control del propio gobierno sobre el sistema bancario, podía absorber las consecuencias políticas del efecto distributivo. Se reportaron 357.1 mil millones de wons por parte de los prestamistas y 345.6 mil millones por parte de los deudores, lo que, además de la alta respuesta, refleja que el incentivo parece haber sido mayor para los prestamistas. A fin de ofrecer una referencia relativa, la menor cifra de las dos llegaba a representar 32.4% del total de créditos y descuentos de los bancos comerciales con depósitos (Kim, 2018).

La disminución de los tipos de interés nominales provocó un aumento de demanda agregada que era paralela a la provisión de crédito para inversión en los sectores señalados. La devaluación, en un entorno exterior favorable, dado que el conjunto de la actividad económica se dirigía a impulsar este agregado, combinó sus fuerzas para incrementar la presión inflacionaria. A los factores domésticos se ha de añadir el efecto de la Primera Crisis de Petróleo, a finales de 1973, lo que, de manera combinada, dispararía los precios en 1974.

Dado que la industrialización fue fundamentalmente financiada a través de deuda, el gobierno tuvo que realizar grandes esfuerzos en controlarla, particularmente la externa. Con ese objetivo se impulsó la diversificación de la financiación a través de, por ejemplo, la movilización de capital nacional o la diversificación de la estructura accionarial de grandes empresas. En 1972 se regularon las Instituciones de Finanzas Cooperativas, las Compañías de Ahorro Mutuo y Finanzas (camf) y las Compañías Financieras de Corto Plazo (cfcp), para favorecer un mercado más amplio y estrechar así el mercado negro. Las cpcp fueron ampliamente utilizadas por los chaebols, puesto que estaba dirigida a los prestadores de corto plazo de grandes cantidades de pagarés de empresa y préstamos reembolsables bajo demanda.

En 1974 se constituyó, dentro del Banco de Corea, la Oficina de Supervisión Bancaria. Ésta se encargaría de la vigilancia financiera, particularmente hacia las grandes empresas, para que éstas no se endeudaran excesivamente, así como de publicar las empresas rescatadas y evitar un efecto dominó. Así, se prohibiría a los bancos que ofrecieran garantías sobre préstamos, fueran extranjeros o nacionales, a empresas con relaciones de deuda sobre capital superiores a 400%, las cuales eran vigiladas cercanamente. A pesar de las reticencias, este sistema de controles continuó hasta finalizar la década y, si bien no puede asegurarse debido a la ausencia de contrafactual, posiblemente redujo el peligro de una crisis de deuda, durante un periodo en el que ésta aumentó notoriamente.

Gradual liberalización financiera: de la muerte de Park hasta la crisis de 1997

La muerte de Park, con el mantenimiento del poder por parte de los militares a través de Chun Doo-hwan, propició cambios graduales en materia de política económica. La dimensión en la que el cambio de régimen fue más notorio, además de la propia liberalización política, puesto que en 1988 se celebrarían las que pueden considerarse como primeras elecciones democráticas, fue la liberalización financiera y la búsqueda de una política macroeconómica estabilizadora, en línea con las propuestas macroeconómicas imperantes. En el caso de Corea, en el ámbito macroeconómico se presentaban altos niveles de inflación que propiciaron la adopción de una política monetaria restrictiva y que fue exitosa en términos de la reducción de los niveles de inflación, como se mostró en la gráfica 1. La preponderancia del combate contra la inflación frente a las potenciales necesidades de mayor industrialización reposicionaría dentro del gobierno a los funcionarios del Ministerio de Finanzas frente a los de la Junta de Planificación Económica. Esto también derivaría en una gradual pivotación de la perspectiva ideológica en materia de política económica desde el mayor control del sistema financiero, que había protagonizado la acción en materia de política industrial durante las décadas de 1960 y 1970 hacia una política de gradual liberalización financiera que, a pesar de su cambio, continuaba atendiendo los particulares intereses de los grandes conglomerados coreanos o chaebols. Éstos, fortale­cidos, no estaban ya tan interesados en la protección de un mercado nacional sobre el que habían instaurado una dominación total. Por el contrario, buscaban maximizar las oportunidades de la internacio­nalización y, en ese contexto, veían en la liberalización financiera la liberación de las constringentes restricciones estatales. De hecho, la propia inducción de una mayor competencia entre instituciones financieras en el contexto de la liberalización del sector agudizó la tensión inflacionaria durante los primeros años de la década de 1980. A la vez que reducía su intervención en la determinación del destino de los recursos financieros, el Banco de Corea se enfocaba en instrumentos indirectos para la ejecución de la política monetaria, como la fijación del porcentaje de reserva legal. Éste, que se encontraba por encima de 20%, fue reducido hasta 3.5% en noviembre de 1981. Ello motivaría una mayor capacidad de los bancos para ofrecer crédito, lo que fomentaría una mayor competencia en el sector. No obstante, a su vez, la mayor relajación de la política monetaria incidiría en la presión inflacionaria, lo que motivaría un aumento de dos puntos porcentuales apenas unos meses después.

El desmantelamiento de un enorme fraude mediante pagarés durante los primeros años de la década de 1980 y los lazos de sus ejecutores, Lee Chul-hee y Jang Young-ja, con altos servidores públicos intensificó la presión sobre el presidente Chun Doo-hwan para establecer un sistema financiero de nombres reales. Así, el recién nombrado ministro de Finanzas, Kang Kyung-shik, anunció en julio de 1982 la voluntad del gobierno de establecer un sistema de nombres reales, que debía ser efectivo en el plazo de un año. El anuncio de la medida en un momento en el que las cuentas anónimas representaban más de la mitad de los depósitos de los bancos comerciales generó temor en los mercados (observable, por ejemplo, en la pérdida de valor del won en el mercado negro) y oposición entre los grupos políticos que más aprovechaban el ocultamiento. Así, a pesar de que la Ley de Transacciones Financieras bajo Nombre Real fue aprobada en diciembre del mismo año, sólo implicó aumentar el margen fiscal sobre las cuentas anónimas. La ley le dio al presidente la discrecionalidad de decidir mediante Decreto Presidencial la conversión de todas las cuentas anónimas a partir del 1 de enero de 1986. Sin embargo, en ese momento la presión política sobre el presidente para la publicación de un decreto en dicha dirección se había mitigado y, por el contrario, el temor a revivir una reacción negativa de los mercados motivó que el presidente Chun no diera el paso.

Las medidas de estabilización macroeconómica que permitieron reducir la inflación a inicios de la década facilitaron alcanzar tasas de interés positivas. En junio de 1981 se procedió a la privatización del Banco Hanil. Si bien ésta parecía que iba a ser el primer paso dentro de un proceso de privatización más intenso, al advertir la participación de los chaebols en el Banco Hamil, el gobierno paró el proceso de privatización, a fin de evitar que el poder de los chaebols creciera de manera ilimitada. Otra de las políticas en materia financiera que afectó a los grandes conglomerados coreanos fue la limitación de la deuda de los 30 mayores chaebols en 1987. Además, la Junta de Supervisión Bancaria exigió que estas corporaciones ampliaran su capital, en vez de incurrir en más deuda. La restricción de acceso a présta­mos de bancos comerciales impulsó que los chaebols hicieran un uso más intensivo de las cfcp que tenían bajo control.

La falta de éxito de la presidencia de Chun para lograr la instauración de un sistema financiero de nombre real motivó un acercamiento cauteloso por parte de la administración de Roh Tae-woo, una estrategia que tuvo sus ventajas e inconvenientes. Con la vista puesta en 1991, el anuncio del plan para adoptar el sistema de nombre real y un esquema fiscal consolidado lo hizo el secretario mayor del presidente sobre Asuntos Económicos, Moon He-kap, el 14 de octubre de 1988. Como parte de la preparación, el Ministerio de Finanzas constituiría el Equipo de Preparación para la Implementación del Sistema Financiero de Nombre Real, en abril de 1989. El Equipo de Preparación propuso un plan de siete fases de implantación gradual: promoción de condiciones iniciales, finalización del plan de implementación, búsqueda de medidas para minimizar efectos secundarios, revisar leyes afectadas; experimentación previa a la implantación, implantación del sistema financiero de nombre real y sistema fiscal consolidado, y evaluación y correcciones. En julio de 1989 se constituyó, además, el Comité de Coordinación del Sistema Financiero de Nombre Real, compuesto de 25 miembros de diferentes ministerios, que coordinaría las tareas de las diferentes instituciones para implantar el sistema.

El amplio periodo de preparación permitió que las condiciones económicas empeoraran y que los opositores a la introducción del sistema de nombre real se organizaran. En un contexto económico más negativo, el presidente Roh escuchó a los críticos, entre quienes se encontraba Kim Jong-in, ministro de Salud y Asuntos Sociales, y que sería propuesto para reemplazar a Moon He-kap, lo que señalizó claramente el cambio de voluntad presidencial. Los trabajos realizados por el Equipo de Preparación servirían de referencia para la redacción del Decreto Presidencial de Emergencia, con el que el presidente Kim Young-sam establecería el sistema de nombre real en 1993, incluso en el hecho de que se hiciera de manera abrupta bajo este mecanismo legal, a fin de evitar la reiterada organización de los opositores a la medida. En particular, las reflexiones sobre los efectos de segundo orden serían considerados por el Equipo de Implementación.

El sistema de nombre real se aprobó mediante Orden Presidencial de Emergencia el 12 de agosto de 1993 y bajo consiguiente aceptación de la Asamblea Nacional. Puede ser muy discutible que se cumplieran los dos requerimientos establecidos para la aprobación de la medida mediante dicho procedimiento, a saber, la existencia de una crisis económica grave y la falta de tiempo para convocar a la Asamblea Nacional, en particular para la eliminación de un sistema que había pervivido por décadas. No obstante, es muy posible que, teniendo en cuenta experiencias previas, el éxito de la medida dependiera de que el sistema se instaurara rápidamente y que fuera aplicable a todas las transacciones financieras, al menos en un inicio.

El propio desarrollo del sistema financiero que se había experimentado a comienzos de la década de 1990, como el ascenso del uso de tarjetas de crédito, favoreció que un mayor número de cuentas se registrara bajo nombre real. De hecho, para 1992 el número de productos financieros que sólo podían adquirirse bajo nombre real ya casi alcanzaba la mitad y 98.6% de las cuentas estaban registradas bajo nombre real (Kim, 2014). Como también demostraría con su Plan de 100 Días para la Nueva Economía, el presidente Kim Young-sam llegó con una mayor disposición ejecutiva de motivar una reforma comprensiva que no sólo contemplaría el sector financiero, sino que implantaría definitivamente el Sistema de Nombre Real. Para evitar la organización de los opositores, el presidente encargó a Lee Kyung-shik, primer viceministro, que coordinara un muy reducido grupo de expertos que preparara la ley a finales de junio de 1993.

Se establecieron una serie de acciones con el objetivo de complementar la medida y mitigar sus efectos más adversos. Se incrementó la oferta monetaria y se aumentó la base de reserva de los depósitos, a fin de que las instituciones financieras pudieran enfrentar potenciales coyunturas negativas. Se establecieron mayores barreras burocráticas en lo referente a las transacciones inmobiliarias, a fin de evitar una burbuja en el sector. Se reforzaría la inspección aduanal, así como la vigilancia sobre el envío de remesas, para evitar la salida de capitales del país. Por otro lado, se relajarían las investigaciones fiscales sobre cuentas transformadas al sistema real, particularmente en lo referente a retiros de efectivo. Además, a diciembre de 1993 se reducirían las tasas marginales para relajar la recaudación. En esta misma línea, para finales de 1994 se establecería un sistema impositivo consolidado con tasas marginales reducidas y mayores exenciones. A pesar de estas reducciones marginales, la recaudación de los impuestos directos aumentó de 48.9% sobre el total en 1992 a 53.4% en 1995, gracias al aumento de la base impositiva (Ministerio de Estrategia y Finanzas, 2015).

Se ofreció un periodo de dos meses para la conversión de todos los productos financieros al nuevo sistema de nombre real. Aquellos productos que no lo hicieran recibirían una penalización de 10% inicial, que iría en aumento, implicando confiscaciones de 10% de manera anual, hasta alcanzar 60% de la cantidad inicial, además de 90% de los intereses generados a partir de la finalización del periodo de gracia de dos meses. A pesar de pretender que la transición total al nuevo sistema podría haber motivado una amnistía transitoria, la gran oposición ciudadana al sistema, por constituir un instrumento necesario para la canalización de la corrupción, facilitó al presidente Kim la introducción de medidas más estrictas. Así, investigaría el origen de los fondos transformados si superaban ciertos umbrales que dependían de la edad del cabeza de familia. Además, tendrían que cubrirse las obligaciones fiscales no cumplidas por los activos financieros ocultos. No obstante, la mayor dificultad de imponer el sistema fiscal consolidado hizo que su adopción se retrasara hasta 1996.

A pesar de los numerosos elementos en materia de liberalización financiera que se dieron durante la década de 1980, todavía a finales de la década los controles eran intensos. Desde el inicio de su periodo presidencial, Kim Young-sam aceleró la apertura del país y su liberalización, en particular su sector financiero. Dicha liberalización fue respuesta a las propias necesidades locales y a las exigencias internacionales en un contexto de fortalecimiento del sector financiero. Como se relaciona a continuación, dicha liberalización está estrechamente ligada a la crisis que Corea experimentaría a finales de 1997, como parte de una crisis que asoló a varios países asiáticos. Sin embargo, es preciso mencionar que, desde los primeros análisis de la crisis también hubo interpretaciones alternativas, como la que se propiciaría desde el Banco Mundial (Stiglitz y Yusuf, 2001), según la cual, la crisis de 1997 revelaría algunas de las debilidades del éxito en materia de crecimiento de los países asiáticos, entre los que destacaba Corea, si bien el propio Stiglitz limitaría el alcance negativo de la crisis, puesto que la recuperación era ya evidente para la publicación del informe.

El gobierno de Kim Young-sam anunció un plan de cinco años con un amplio rango en materia de liberalización financiera con objetivos que incluían: eliminación de la priorización de créditos por sector económico; reducción de barreras de entradas en el sector financiero; liberalización de cuenta de capitales y desregulación del tipo de interés (Choi, 1993). Estos objetivos respondían por dos frentes a exigencias internas. Por un lado, la histórica Junta de Planificación Económica, rectora de la política industrial, se había disuelto en el Ministerio de Finanzas, conformándose el Ministerio de Finanzas y Economía, bajo dirección de los funcionarios más favorables a una liberalización. Por otro lado, chaebols, inmersas en estrategias de internacionalización y con mejorados perfiles crediticios, presionaban para sacar provecho de las oportunidades que se les ofrecían. Desde posiciones externas también se presionó en favor de la liberali­zación, como lo hizo la ocde, cuya entrada significaba para Corea mayores oportunidades comerciales y reconocimiento político internacional.

La liberalización financiera de comienzos de la década de 1990 motivó un incremento del endeudamiento externo. Éste, que era de 44 mil millones de dólares en 1993, alcanzó 120 mil millones en septiembre de 1997, su pico más alto previo a que estallara la crisis. Aunque el crecimiento de la deuda externa fue notorio, ésta se situaba en niveles relativamente moderados, en comparación con los umbrales considerados por organismos internacionales como el propio Banco Mundial, que situaba el umbral superior para países de bajo riesgo en 48% del producto nacional bruto, mientras que Corea no superó 25%. Este incremento de la deuda se produjo junto con un desbalance en su estructura, que hizo particularmente vulnerable la economía coreana frente a las huidas de capital: la alta participación de la deuda de corto plazo (inferior a un año). A finales de 1996, ésta alcanzó 58.6% del total. Así, Corea se encontraba desprotegida ante una huida de capitales producto de un pánico financiero, como ocurri­ría a raíz de la extensión de la crisis de 1997, surgida en Tailandia y que tendría carácter regional (Chang, 2006).

La rápida liberalización no permitía evaluar adecuadamente los efectos de los cambios institucionales sobre las decisiones financieras y la fortaleza del sistema. En este caso, la relajación de los controles, al no ser homogénea, propició una alteración de los costos relativos de las alternativas financieras. Dentro del proceso de liberalización financiera, se eliminaron los controles, primero, sobre los créditos de me­nor cuantía, y consecuente plazo más bajo, por suponer los de mayor cuantía, con mayor grado de maduración, un riesgo individual mayor. Esto se debía, por supuesto, a la cuantía y no al plazo, aunque ambos estuvieran relacionados. El control asimétrico indujo un desplazamiento de los préstamos externos, que se reestructuraron en un mayor número de créditos y menor cuantía y de menor plazo, lo que aumentaría el riesgo del sistema.

Otro aspecto referido como posible origen de la crisis es el comportamiento de los chaebols en lo referente a su asunción de riesgo. El ascenso de la Economía de la Información durante la década de 1990 posiblemente motivó la búsqueda de algunos autores, como Krugman (ref, 1998), de una explicación del fenómeno en términos del riesgo moral: los gestores de los chaebols, conscientes de que su tamaño los haría “demasiado grandes para quebrar”, habrían, supuestamente, promovido un comportamiento irresponsable en sus inversiones y favorecido esquemas de alto riesgo y alto rendimiento, puesto que, en caso de que éstos no fueran exitosos, el gobierno acudiría en su rescate. No obstante, si otorgáramos a esos mismos sujetos un comportamiento plenamente racional, tendrían que haber sido capaces de advertir que no sólo el gobierno había dejado quebrar a decenas de chaebols en el pasado, sino que lo volvería a hacer a raíz de la crisis, con la excepción de las cinco empresas más grandes. Como movimiento de asunción de mayor riesgo por parte de los chaebols estaba la incorporación en el sector de los recientemente regulados, bajo menos exigentes barreras de entrada, bancos mercantiles, sin bien eran estas entidades de menor tamaño, por lo que no resultaría de aplicación el anteriormente mencionado argumento del rescate gubernamental. El crecimiento de los bancos mercantiles fue mayor a partir de 1994, cuando se redujeron las barreras de entrada. Esto propició que muchas cfcp, controladas por los chaebols se controlaran en bancos mercantiles. Estos bancos fueron utilizados masivamente por los conglomerados coreanos para pedir prestado al exterior, evitando los controles que limitaban este tipo de deuda. Sin embargo, como los bancos mercantiles eran instituciones pequeñas que carecían del perfil crediticio idóneo, esto se hizo a través de créditos de corto plazo. Además, como parte del propio sistema financiero, las mayores facilidades ofrecidas a los bancos mercantiles fueron favorecidas como vía hacia un sistema financiero más eficiente, vía intensificación de la competencia. También se ha mencionado el esquema de integración financiera de los chaebols, que aumentaba el riesgo sistémico del grupo y que fue objeto de algunas de las medidas exigidas por el fmi a cambio del rescate. La consideración del riesgo sisté­mico no debe ser minimizada, puesto que se encuentra entre las razones de la gran repercusión de la reciente crisis de 2008. Se ha de advertir, sin embargo, que dichos préstamos intragrupo también tuvieron efectos beneficiosos desde la perspectiva del fomento a la industrialización, como la mayor facilidad de los chaebols para internarse en nuevos segmentos, que podían financiar con los beneficios de mercados consolidados.

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