Kitabı oxu: «Juan Adrián Fernández Cornejo y Rendón»

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Índice

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Legales

Prefacio

Juan Adrián Fernández Cornejo

Memoria

Diario de viaje

Bibliografía consultada


Cornejo Torino, OscarJuan Adrián Fernández Cornejo y Rendón / Oscar Cornejo Torino. - 1a ed. - Salta : Universidad Católica de Salta. Eucasa ; Instituto de San Felipe y Santiago de Estudios Históricos de Salta, 2021.Libro digital, EPUB - (Salta en la historia política y cultural de la Argentina)Archivo Digital: descarga y onlineISBN 978-950-623-235-11. Historia. 2. Historia Argentina. I. Título.CDD 982

© 2021, por EUCASA (EDICIONES UNIVERSIDAD CATÓLICA DE SALTA)

Colección: Salta en la historia política y cultural de la Argentina

Resolución Rectoral: 529/2020

© 2021, por INSTITUTO SAN FELIPE Y SANTIAGO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS DE SALTA

Diseño interior: Flavio Burstein STEREOTYPO (www.stereotypo.com.ar)

Arte de tapa: D.G. Carolina Ísola (isocaro@hotmail.com)

Domicilio editorial: Campus Universitario Castañares - 4400 Salta, Argentina

Web: www.ucasal.edu.ar/eucasa

Tel./fax: (54-387) 426 8607

e-mail: eucasa@ucasal.edu.ar

Depósito Ley 11.723

ISBN: 978-950-623-235-1

Primera edición en formato digital: agosto de 2021

Versión: 1.0

Digitalización: Proyecto451

Este libro no puede ser reproducido

total o parcialmente,

sin autorización escrita del editor.

PREFACIO

La educación no es posible sin que se ofrezca al espíritu una imagen del hombre tal como debe ser. (…) Lo fundamental en ella es Kalós, es decir, la belleza en el sentido normativo de la imagen, imagen anhelada, del ideal.

(Werner Jaeger. Paideia: Los ideales de la cultura griega)

La colección denominada Salta en la historia política y cultural de la Argentina, que el Instituto San Felipe y Santiago de Estudios Históricos y la Universidad Católica de Salta han decidido editar en conjunto, responde a un propósito cultural y educativo de gran proyección: presentar un conjunto de obras breves que rescatan del olvido a una pléyade de salteños prominentes, quienes a lo largo del tiempo construyeron una tradición virtuosa y permanente; esta tradición modeló la peculiar forma mentis que caracteriza al hombre salteño orientando su peregrinar hacia el futuro, y además, contribuyó a forjar, en gran medida, la personalidad, los estilos y la singularidad propia de la comunidad provincial.

Los insignes hijos de Salta —hombres y mujeres que actuaron en los tiempos complejos de las guerras por la independencia— abrazaron nobles ideales y sirvieron a su país, aun a costa de sacrificios personales, cuando la patria requirió sus talentos y sus servicios.

El ejemplo más relevante de esta vocación patriótica lo encarnó MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES, militar que lideró una gesta que puede ser calificada sin exageración como homérica; cumplida en defensa de la patria y de la libertad de América de Sud, comenzó en el momento crítico en que el gobierno de Buenos Aires se hallaba ante el inminente peligro de sucumbir, tras las dramáticas derrotas de los ejércitos argentinos en el Alto Perú. Tal actuación le valió ser considerado por el Dr. Dalmacio Vélez Sarsfield como uno de los grandes libertadores de América.

La Guerra Gaucha, a su vez, permitió el afloramiento de brillantes talentos guerreros, ciudadanos distinguidos que el desafío histórico convirtió en los «capitanes de Güemes». Entre ellos se destacó especialmente don LUIS BURELA, valiente estanciero que, despojándose de sus intereses personales, se puso a la cabeza de sus gauchos e inauguró en Chicoana la guerra de recursos. Otros lugartenientes de Güemes, fueron: JOSÉ IGNACIO GORRITI, DIONISIO PUCH, BONIFACIO RUIZ DE LOS LLANOS, APOLINARIO SARAVIA, JUAN GALO LEGUIZAMÓN, JUAN ANTONIO ROJAS, JOSÉ IGNACIO SIERRA y JOSÉ ENRIQUE VIDT —un militar francés del ejército de Napoleón—, y entre las heroínas de esta gesta libertadora cabe recordar a MACACHA GÜEMES, quien lideró a las salteñas que sobresalieron por su devoción a la causa de la patria y por su eficacia en las tareas de inteligencia que requería imprescindiblemente la original y vigorosa estrategia güemesiana.

Hubo muchos otros temperamentos heroicos acuñados en la actitud de Salta que actuó como una «firme columna de la libertad», en el momento en que nacía la patria. En rápida revista podemos mencionar a CALIXTO GAUNA, el cabildante elegido por sus pares para viajar a matacaballos a Buenos Aires e informar al gobierno patrio de los manejos realistas del gobernador don Severo Isasi de Isasmendi. Fue también un estrecho colaborador civil de Güemes en el gobierno de la provincia.

El coronel JOSÉ MOLDES fue un relevante precursor del movimiento de Mayo y militar de actuación distinguida en el Ejército del Norte al lado del Gral. Belgrano; integrante de la sociedad secreta de los «Caballeros Racionales» que, junto a otros americanos —como JOSÉ y FRANCISCO DE GURRUCHAGA (1), Juan Martín de Pueyrredón, Carlos Alvear, José María Zapiola—, tenía el propósito de promover la emancipación de la América hispánica.

Los salteños tuvieron una presencia especialmente activa en el largo trayecto que el país transitó hasta lograr la organización nacional. Entre ellos sobresalen las figuras del Dr. MANUEL ANTONIO DE CASTRO, quien presidió el Congreso Nacional de 1824 y fue el fundador de la Academia Nacional de Jurisprudencia; el Dr. MARIANO BOEDO diputado al Congreso de Tucumán en el que ejerció la vicepresidencia cuando se declaró la Independencia. En el momento de sancionar la Constitución Nacional en 1853, el Dr. FACUNDO DE ZUVIRÍA, reconocido jurista salteño, fue elegido por sus pares en forma unánime para presidir el Congreso General Constituyente.

En el ámbito de la cultura nacional, es notable también la presencia de figuras salteñas de gran jerarquía que realizan un innegable aporte a la identidad y la singularidad genuinamente argentinos con sus estilos diversos. El listado es muy extenso, por esa razón y brevitatis causa solo mencionamos algunos nombres: JUANA MANUELA GORRITI, notable escritora; JUAN CARLOS DÁVALOS, quien dio origen a un fecundo linaje de poetas y artistas; LOLA MORA, la insuperable escultora clásica de trascendencia internacional; BERNARDO FRÍAS y ATILIO CORNEJO, máximos y prolíficos historiadores de Salta; y el Dr. CARLOS IBARGUREN, quien presidió tres Academias Nacionales, fue un escritor y jurista eminente y se desempeñó con especial brillo como Ministro de Instrucción Pública y Justicia del presidente Roque Sáenz Peña.

En uno de los momentos más dramáticos del siglo XX, cuando se desató la Primera Guerra Mundial, la República Argentina contó con la conducción sabia y firme del Dr. VICTORINO DE LA PLAZA —un distinguido hijo de Salta—. Este estadista afrontó decisiones complejas en un escenario bélico mundial lleno de asechanzas e incertidumbres y decidió mantener la neutralidad argentina a ultranza ante las naciones participantes en el conflicto.

Esta posición fue continuada por el presidente Hipólito Yrigoyen quien, siguiendo el ideario pacifista de don Victorino, al término de la guerra pidió un trato justo para los vencidos luego de proclamar: «Los hombres son sagrados para los hombres y los pueblos son sagrados para los pueblos».

En esa época de esplendor argentino, don INDALECIO GÓMEZ —otro notable político salteño— fue el alma y nervio que hizo posible la sanción de la célebre «Ley Sáenz Peña», que permitiría al país alcanzar el desideratum de la democracia plena.

El testimonio de estas vidas virtuosas nos permite afirmar que los pueblos solo cumplen su misión histórica cuando quienes los conducen poseen un temple sereno y enérgico, una acrisolada moral, una gran vocación de servicio, un claro programa prospectivo y una gran fe en el destino de su patria.

Los editores

Salta, febrero de 2021

1. José de Gurruchaga presidió en sus inicios la sociedad secreta de los «Caballeros Racionales» de Cádiz; Francisco de Gurruchaga fue diputado por Salta en la Asamblea del Año XIII. Él aportó el dinero y su experiencia de marino para crear la primera escuadra de guerra argentina.


Según el historiador Atilio Cornejo, tataranieto de don Juan Adrián Fernández Cornejo, fue una de las más interesantes figuras criollas de la época colonial en el norte argentino, a quien se deben, entre otras empresas, la navegación del río Bermejo, y el origen y organización de la industria azucarera argentina en su hacienda de La Viña, departamento de Campo Santo, provincia de Salta.

Nacido en Locumba (Perú) el 12 de marzo de 1737 en el seno de una familia que se dedicaba al cultivo de la caña y a la producción de azúcar, cosas que trajo a Salta, donde fundó el primer ingenio azucarero y fue la cabeza de una larga progenie que se extendió por todo el país. Hijo de D. Juan Fernández Cornejo y Escudero, natural de Moquegua (Perú), dueño de la hacienda de La Viña en el Valle de Locumba y de ingenios azucareros en la Villa Imperial de Potosí. Maestre de campo, familiar del Santo Oficio de la Inquisición y Teniente General de Corregidor del Valle de Locumba; testó el 20 de enero de 1750.

Fue la quinta generación nacida en Perú de una antigua estirpe castellana que llegó con los primeros conquistadores y donde entroncó con la familia imperial de los Incas. Su madre fue doña Juana Martina Rendón de Igarza Delgadillo, hija de don Alonso Rendón y de doña Josefa de Igarza Delgadillo.

Tuvo seis hermanos: 1) Josef Fernández Cornejo y Rendón, casado con Martina Fernández de Córdoba; 2) Pedro Vicente, uno de los que vino a Salta, donde murió en 1782, casado con María Antonia Arduz; 3) Fernando, casado en Moquegua con Teresa Peralta; viudo volvió a casar con su prima hermana María Josefa de Araníbar y Fernández Cornejo; acompañó a su hermano Juan Adrián en sus expediciones al Chaco y río Bermejo; 4) Antonio, maestre de campo, alcalde del Cabildo de Salta, coronel de milicias, casado en Salta con María Teresa Castellano y Arias Velázquez, viudo contrajo segundas nupcias con Margarita Sánchez; fue otro de los hermanos que Salta fundó en Salta su propia familia; 5) Tomás, casado primero con Josefa Luján y en segundas nupcias con Cecilia de Vargas; 6) por último, la única hermana mujer, Cipriana, casada en Arequipa con el coronel de milicias José Joaquín de Araníbar y Fernández Cornejo.

Murió Juan Adrián en su hacienda de Campo Santo, Salta, a los 60 años, el 10 de diciembre de 1797.


Mapa de Perú, Bolivia y el norte argentino.

No ha quedado retrato de él, pero según cuenta la historia «como todos los de su casa, era hombre seco, blanco y rubio; cualidades estas dos últimas muy dignas de observación, ya que la raza peruana, cobriza por naturaleza, entraba en la composición de su sangre».

Con poco más de veinte años, cerca de 1760, deja a sus padres y a su tierra y junto con su hermano Antonio, una recua de mulas para el transporte y un grupo de gente que conocía el oficio del cultivo de la caña y la producción del azúcar, parte hacia el sud, hacia el valle de Siancas, donde se establece y planta la caña semilla que, con tantos cuidados, había trasportado desde tan lejos. Lo hizo en las tierras que otro de sus hermanos, Pedro Vicente —que los había precedido en su viaje a Salta—, había adquirido en Campo Santo. Los hermanos Cornejo se lanzan a la aventura de plantar caña de azúcar y fundar un ingenio en el Río de la Plata, aprovechando la disposición del rey de España Carlos III, que permitió que además del Perú, Caribe y Colombia, donde sí estaba permitido, se pudiera fabricar azúcar de caña en el resto de sus dominios. Antes de esta disposición el precio de este producto en esta parte de América era muy caro, pues tenía que importarse del Brasil. Al respecto el historiador Dr. Bernardo Frías, dice:

… no era solamente una especulación para satisfacer el personal egoísmo, sino que el beneficio público de la nueva industria se mostraba a toda luz visible; como que la arroba (medida de peso que equivale a 11.5 kg) de azúcar se pagaba de 17 a 29 pesos en aquella época en Salta y a más subido precio en las comarcas siguientes del sud.

La caña traída desde el Perú correspondía a la variedad de caña morada, que se adaptó muy bien en estas latitudes.


Imagen de san Isidro Labrador, proveniente del ingenio San Isidro.

Instalados en Campo Santo los hermanos Cornejo inician el cultivo de la caña de azúcar que habían trasportado a lomo de mula desde Arequipa, pasando por caminos de altas cumbres que llegaban a 4000 y 5000 m sobre el nivel del mar. También comienzan la construcción del ingenio azucarero, para lo cual habían traído gente idónea. Al año siguiente obtienen su primera cosecha y molienda de caña en el que fue el primer ingenio azucarero de nuestra patria. Escribe el Dr. Bernardo Frías en sus Tradiciones históricas:

Las introdujo (a las cañas) cargadas sobre las mulas, frescas y verdes, como correspondía a quienes iban a desempeñar la misión de semillas, envueltas, se comprende, con los infinitos cuidados que requería un viaje tan largo, tan penoso y tan expuesto como aquél. La planta se produjo y creció, dando el fruto como en el dulce Perú, según la expresión del poeta Chocano. Hizo Cornejo, a la usanza de su tierra, el trapiche o máquina de moler la caña, y de sus caldos dulces y hervidos hasta la cristalización se obtuvo el azúcar en el Río de la Plata, y se imitaron los dulces del Perú, las masas, con toda su dulce y azucarada familia; como también el uso por la mañana, tarde y noche, en la ciudad o en el campo, en la tienda como en el viaje, del mate dulce, a diferencia del usado hasta hoy en los pueblos del litoral, que es el mate amargo, más sano, dicen, pero no más rico. Todo es cuestión de gustos, usos y costumbres.

Se dedican los hermanos Cornejo a consolidar la producción de caña de azúcar en sus propiedades y a su molienda para la fabricación del azúcar que como dice el Dr. Frías:

… era, como la mayoría de las cosas de entonces, de forma primitiva. El producto se llamaba pilón; lo formaba un cono de sesenta centímetros de altura por cincuenta de diámetro en su base, por medida general, y se lo expendía en el mercado envuelto en la misma hoja seca de la caña, con ligadura de cinta de cuero, que se empleaba para todo ajuste, supuesto que el ganado vacuno abundaba hasta el exceso en todas partes. Así se lo introducía a la plaza, se lo internaba al Perú y se lo repartía en todas las provincias limítrofes (…) Nos avanzaríamos a pensar que el gusto del mate tan diferente en las provincias litorales del Plata y del Paraná y los interiores, tomándoselo amargo en las primeras y dulce en estas últimas, era debido a la carencia por allí del azúcar, y a la abundancia de la misma cosa por las del interior.

Muy poco tiempo después de su llegada a lo que hoy es la provincia de Salta, Argentina, y asentado en las tierras que había adquirido en Campo Santo —con sus hermanos Pedro Vicente (abogado) y Antonio—, Juan Adrián contrajo matrimonio canónico en Jujuy con Clara de la Corte y Rosas, bautizada en esa ciudad el 29 de octubre de 1741, descendiente de las principales familias de esa provincia y emparentada con la madre del Gral. Güemes (Magdalena de Goyechea y la Corte).

Según la tradición familiar Clara era una mujer muy bonita. De ella tuvo siete hijos, a saber: 1) Gaspar Fernández Cornejo, casado con Micaela Fernández Cornejo y Castellanos; 2) Cnel. mayor José Antonino Fernández Cornejo, que fuera tres veces gobernador de Salta, casado con Josefa de Usandivaras y Figueroa; 3) María Ignacia, casada con Ignacio de Goyechea y la Corte; 4) Juan José, casado con Gertrudis de Medeiros y Martínez de Iriarte; 5) María Mercedes, casada con Apolinario de Figueroa y Toledo; 6) Francisco María, casado con Catalina Femayor y Córdoba; 7) María Melchora, que murió soltera.

Es importante señalar acá lo que dice el Dr. Atilio Cornejo refiriéndose a su antepasado:

… tócanos ocuparnos de los antecedentes relativos a los títulos de propiedad de la Hacienda de La Viña en Campo Santo, para advertir también, de paso, cuál fue el empuje de aquellos varones de la Colonia, quienes debieron luchar, no solo con la naturaleza y el aborigen, sino también en las rudas lides tribunalicias para defender sus propios intereses y, sobre todo, la tierra nueva en donde resolvieron asentar sus reales y dejar sus huesos (…) Cuando analizamos los documentos no es el lugar especial o la figura determinada a que se refieren lo que nos llama la atención, es España misma que se adentra y la América que quiere nacer vigorosa con savia fecunda en tierra virgen. Es también el individualismo del derecho español que se consagra y se reconoce solemnemente.

Dice esto porque enfrentó numerosos pleitos para sanear los títulos de las propiedades que había adquirido.

Prestó servicios en numerosos cargos como corregidor de varios pueblos de reducciones, regidor de la provincia de Salta, y comisionado para la expatriación de los jesuitas en el Tucumán. En estos oficios acreditó suma actividad y honradez, por lo que fue promovido a Coronel de caballería de milicias del regimiento de Nuestra Señora de la Viña.

Cuenta Pedro de Angelis:

… no contento con estos honores, aspiraba al título de Marqués del Bermejo, «libre de lanzas», para sí y sus descendientes. Con esta esperanza luchó trece años continuos, (desde el primer oficio que dirigió al virrey Cevallos en 1777, hasta su último viaje al Bermejo en 1790), contra los obstáculos que encontró en la ejecución de sus planes: y después de realizado, formó otros, animado siempre del deseo de sacar a su provincia del estado de aislamiento en que yacía. Los recuerdos de su familia, grabados de un modo honroso en los anales de la conquista (de los Cornejo de Arequipa, de donde proceden los de Salta, véase lo que dice Garcilazo en sus Comentarios Reales del Perú, par II 315 y 427), hacen escusable esta ambición, que por otra parte nada tiene de extraño en una monarquía, donde los títulos de nobleza, son como los académicos, que solo ridiculizan a los que no los han merecido.

Para que tengamos una idea de la biblioteca que tenía en su casa, a la que acudía frecuentemente, y por lo tanto su preparación e inquietudes intelectuales, figuran en el inventario de sus bienes 4 tomos de Leyes de Indias; la Política de Villadiego; 4 tomos de la Historia general de las Indias de Herrera; el Espectáculo de la naturaleza por el Abad de Pluch en 16 tomos; la Historia del Nuevo y Viejo Testamento por el padre Herrera en 8 tomos; Filosofía moral por el conde Tesauro; Descripción del Gran Chaco por el Padre Lozano; Madame Fouquet y Compendio de España de P. Duchens traducido por el P. Isla en 2 tomos; Elementos mineralógicos por Campuzano (Atilio Cornejo, Contribución a la historia de la propiedad inmobiliaria de Salta en la época colonial).

Nos toca ahora ocuparnos de la otra gran empresa de D. Juan Adrián; dice al respecto la historiadora Florencia Cornejo:

… el Gran Chaco Gualamba atrajo a Cornejo desde los primeros días de su entrada en Salta. Como peruano, entendía la imperiosa necesidad de encontrar una vía de comunicación entre el Perú, el Paraguay y el Plata. Y ahora, afincado en estas tierras, emprenderá uno de los proyectos que pudo ser la solución de tantos quebrantos y enfrentamientos no solo entre argentinos sino entre los países hermanos: navegar el Bermejo.

Era una idea que se venía gestando desde hacía tiempo y a la que se hicieron muchos aportes pero que por diferentes razones no pudo concretarse. D. Juan Adrián, acicateado por su espíritu emprendedor, la retoma y se pone a estudiar lo que habían hecho quienes lo precedieron en la empresa. Y así, con un prolijo estudio, eleva su proyecto a las autoridades competentes a fin de conseguir autorización y aclarando que todos los gastos que se ocasionaran correrían por su cuenta. Al no obtener el apoyo de las autoridades locales, sino todo lo contrario, resolvió elevar su petitorio al virrey Ceballos y al mismo rey de España. Dice Florencia Cornejo:

… de su correspondencia con el virrey Ceballos se conservan dos cartas: una del 24 de diciembre de 1777 y otra del 21 de febrero de 1778, como así también las cartas del virrey Ceballos al gobernador Mestre. También se encuentra una carta de Martínez de Tineo, quien a pedido del gobernador Mestre, da su opinión sobre el proyecto de Cornejo.

La citada carta al virrey Ceballos dice así:

Conociendo el beneficio universal que resultará a estas provincias del Tucumán, Paraguay, Buenos Aires y el reino del Perú de la navegación por el río Grande o Bermejo, conduciendo los efectos de Castilla y los de la tierra que producen las citadas provincias en barcos de Buenos Aires y Paraguay a estas ciudades de Salta, Jujuy y Tarija, hasta cuyas inmediaciones es navegable; y siendo sin comparación ventajoso el transporte por agua que en cabalgaduras, es consiguiente se aumente el comercio, llevando de unas provincias a otras los frutos que producen que el tráfico en cabalgaduras no se costearían y en embarcaciones sacarían crecidas utilidades; solo de esta provincia se logrará conducir al puerto de Buenos Aires quina que tanto abunda, trigos en tiempo de carestía en aquella capital, zuelas, cueros, sal en panes blanquísima, brea, maderas diferentes, algodón, ají, azúcar y otra infinidad de drogas, los caudales del Rey y comercio, y del Perú variedad de metales. Igual beneficio logrará el Paraguay con la yerba; se podrán transportar las milicias de estas provincias y Tarija con prontitud y poca costa siempre que se necesiten en Buenos Aires y sobre todo se logrará lo más importante que es la conversión de las dilatadas naciones de indios infieles que están poblados sobre las riveras de dicho río y que tanto afligen en estas provincias y ciudades fronterizas como son Jujuy, Salta, Santiago, Santa Fe, Corrientes.

En ella podemos descubrir el espíritu emprendedor y visionario de su autor al proponer un transporte más económico y fluido que por tierra, lo que beneficiaría el comercio, la administración y la evangelización de los infieles del Chaco. Y todo a costa de su propio peculio. Los estudios previos a la marcha fueron de utilidad para la futura fundación de San Ramón de la Nueva Orán, última ciudad establecida por los españoles en el actual territorio argentino.

Luego de que el coronel Cornejo consiguiera ser investido con el carácter de capitán y cabo subalterno del Virrey, activó los aprestos de su flotilla, para lo cual fue personalmente a escoger las maderas y presenciar su corte. Falto de conocimientos en esta clase de obras, tuvo que empezarlas dos veces, consumiendo cinco meses en la construcción de tres canoas y trasladando su astillero de la reducción del Río Negro al otro lado del río de Ledesma. Los comandantes de estos establecimientos, desconociendo el rango y la misión de este jefe, le negaron sus auxilios con una descortesía que rayaba en la insubordinación; y un capitán que mandaba en el Fuerte de Centa, contestó a su pedido de hospitalidad un día de lluvia, cerrándole la puerta en la cara.

A pesar de estas intrigas, zarpó Cornejo del astillero de Ledesma el día 5 de agosto de 1780, en sus embarcaciones —un barco y dos canoas—, a las que llamó Descubridora, Esperanza y María Domingo. Llevaba consigo al Dr. Mariano Sánchez de Velasco, abogado de la Real Audiencia de La Plata, como asesor general; a Gaspar Fernández Cornejo de la Corte, su hijo, como capitán del segundo buque de división; a Ángel de Escobar Fernández de Córdova, como teniente; al R. P. fray Francisco Morillo, como capellán; como práctico a Francisco Miguel Guzmán; y como intérprete a Félix Cabrera; además de la tripulación compuesta por veintitrés personas de las que desertaron tres, dos quedaron sin embarcar por enfermedad y otros dos no llegaron a tiempo. De esta primera expedición no participó su hijo José Antonino, que a la sazón contaba solamente con quince años.


Los primeros pasos de esta navegación fueron lentos y difíciles. El río de Ledesma, de aguas mansas y poco profundas, detuvo a los exploradores un mes entero sin que les bastase otro mes y medio para salir del río Grande. En estos 75 días apenas adelantaron 58 leguas, sin tocar siquiera las aguas del Bermejo; mientras que, en la segunda jornada de 1790, el mismo jefe recorrió en 55 días una distancia de 407 leguas y media, desde la confluencia del río de Centa con el de Tarija hasta la desembocadura del Bermejo en el río Paraguay.

Cornejo atribuye la lentitud de su marcha a la escasez de lluvias que se hizo sentir aquel año en todo el Alto Perú, hasta parar la molienda de los ingenios de Potosí: a lo que pudo también haber contribuido la insurrección de los indios capitaneados por el famoso cacique Túpac Amaru. Y no hay duda de que todo conspiró contra el buen éxito de esta empresa hasta llegar el caso de tener que suspenderla.

Dice Pedro de Angelis citando a José Antonio Arias:

Nunca se surcaron los ríos de Jujuy, Tarija y Grande por esta provincia del Chaco con canoas ni con barcos de mediano porte, hasta el presente año de 1780 en que el coronel don Juan Adrián Cornejo, vecino de Salta, intentó cumplir la promesa que estos años pasados hizo a Su Majestad Católica, de descubrir estos ríos y conducirse por ellos a su costa hasta la ciudad de San Juan de Vera de las Siete Corrientes.

Es interesante la transcripción que hace Pedro de Angelis del relato escrito por el propio coronel Cornejo de su viaje de navegación:


Echáronse al agua el día 4 de agosto, y habiendo pedido al Comandante del Río Negro auxilio de doce hombres para un día, en virtud de orden de su excelencia dirigida a todos los jueces para que se me dieran cuantos auxilios necesite, me los denegó, sin embargo de que en estos presidios los soldados no tienen ocupación alguna, pues están los dichos fuertes en valor: ni me podía valer de los indios Tobas, quienes estaban ocupados, por orden de don Gregorio Zegada, gobernador de armas de Jujuy, en cerrarle un potrero para sus invernadas de mulas en esta propia frontera, y así sin haber donde ocurrir por auxilio alguno. Escusábase dicho Comandante diciendo que su excelencia no hablaba expresamente con él en su vista: y en atención a estar ya tan avanzado el tiempo, determiné abrazar con sola mi gente tantas y tan grandes dificultades como se me oponían, para poner el barco en las juntas de Ledesma con el Grande de Jujuy.

Aunque por el mes de marzo y los dos inmediatos siguientes, parecía que el nominado Río de Ledesma tenía caudal bastante para sacar el barco, pero a fines del invierno hasta el presente mes de setiembre empobrece, como todos los demás, en su caudal, y este más que todos. De aquí nace, que este, que por aquellos tiempos tenía bella canal, en estos últimos queda por la mayor parte reducido a bancos de arena, y si se encuentra alguna canal es de longitud tan poca, y de profundidad tan pequeña, que cuando pasa de vara y media, es lo último que se puede desear. Su corriente, aunque por la parte de arriba es algo rápida, por la de abajo es bastante mansa: todo su álveo, desde un cuarto de legua más abajo del astillero es arenisco, y por esto tan inconstante, que de un instante a otro se hallaba su fondo enteramente mudado: por cuyos motivos solo se encuentra este río navegable desde el mes de noviembre hasta el de mayo inclusive. Corre este de poniente a oriente, tomando su origen en la serranía de Calilegua, y a la parte del oriente de su costa están las tierras de la reducción de San Ignacio de Tobas; a la costa del poniente está el Fuerte de Ledesma.

Como dos leguas poco más de dicha reducción y fuerte, está el astillero que se designó, y de este lugar, el día 5 de agosto a las 10 y cuarto de la mañana, después de haber implorado el auxilio divino por medio de N. S. de Monserrate, dimos principio a nuestra caminata y transporte del barco. A poco que navegó encontrarnos un banco lleno de piedras pequeñas; entonces empezamos con el trabajo más arduo y difícil de empujar el barco, y en todo aquel día solo caminamos tres cuadras. Al día siguiente emprendimos el propio trabajo, consiguiendo siempre, cualquier adelantamiento a costa de fuerzas, durando diariamente la faena un mes cabal, sin que en todo este espacio de tiempo hubiese día que fuese favorable, antes sí muchos adversos. Días había en que la ardentía del sol tostaba aun en la sombra, si alguna se podía conseguir: días había en que postrados con lo duro del trabajo los peones, enfermaron por la mayor parte, quedando solos cinco expedidos: días hubo en que por lo recio de los temporales fríos, cesaba el trabajo: en fin, hubo días en que sentimos alguna escasez de víveres, lo que no se podía remediar de pronto, porque los avíos estaban puestos más abajo del desemboque del Río de Ocloyas en el Grande de Jujuy, y del Fuerte de Ledesma nos hallábamos más distantes, y por lo pantanoso del río no era fácil la conducción de las reses. Determiné enviar por socorro, río abajo, al nominado paraje donde los tenía, y para esto despaché a Santiago Pérez y a Francisco mi esclavo: el primero ideó para ir, hacer una balsa de cueros, puesta sobre unos cuatro pales en forma de catre, y así llegaron al real de los víveres; y al cabo de cinco días volvieron, conduciendo el socorro en el primer buque de división.

Antecedentemente mandé a mi esclavo Lorenzo al Fuerte de Ledesma, de donde fui socorrido con una res que compré. Otra vez, a fines ya del mes de agosto, padecimos igual necesidad que la antecedente, y en la propia forma envié por socorro al real de los víveres. En todas estas ocasiones, sino hubiese sido por las muchas pavas y patos que hay en el río, sin duda que hubiese llegado nuestra necesidad al último extremo.

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Yaş həddi:
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Litresdə buraxılış tarixi:
19 mart 2025
Həcm:
116 səh. 11 illustrasiyalar
ISBN:
9789506232351
Müəllif hüququ sahibi:
Bookwire
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