Kitabı oxu: «Una mujer sin importancia»
Oscar Wilde
Una mujer sin importancia
e-artnow, 2021
EAN 4064066444785
Índice
PERSONAJES DE LA OBRA
ACTO PRIMERO
ACTO SEGUNDO
ACTO TERCERO
ACTO CUARTO
Oscar Wilde
Una mujer sin importancia
PERSONAJES DE LA OBRA
Índice
LORD ILLINGWORTH.
SIR JOHN PONTEFRACT
LORD ALFRED RUFFORD.
MR. KELVIL, miembro del Parlamento.
EL ARCHIDIÁCONO DAUBENY
GERALD ARBUTHNOT.
FARQUHAR, mayordomo.
FRANCIS, Criado.
LADY HÜNSTANTON.
LADY CAROLINE PONTEFRACT.
LADY STUTHELD.
MISTRESS ALLONBY
MISS HESTER WORSLEY
ALICE, doncella.
MISTRESS ARBUTHNOT.
ACTO PRIMERO
Índice
Escena: prado frente a la terraza de Hunstanton Chase. La acción de la obra tiene lugar en unas veinticuatro horas.
Tiempo: el actual [del autor]. Sir John, lady Caroline Pontefract y miss Worsley están sentados en sillas, bajo un gran tejo.
LADY CAROLINE.––Creo que ésta es la primera casa de campo inglesa en la que vive usted, ¿verdad, miss Worsley?
HESTER.––Sí, lady Caroline.
LADY CAROLINE.––Me han dicho que tienen ustedes casas de campo en América.
HESTER.––No muchas.
LADY CAROLINE.––¿Y tienen ustedes lo que aquí llamamos campo?
HESTER.–– (Sonriendo.) Tenemos el campo más grande del mundo, lady Caroline. Suelen decirnos en la escuela que algunos de nuestros estados son tan grandes como Inglaterra y Francia juntas.
LADY CAROLINE.––¡Ah! Supongo que sí. (A sir John.) John, deberías ponerte la bufanda. ¿De qué sirve que yo siempre esté haciéndote bufandas, si luego tú no las usas?
SIR JOHN.––Tengo mucho calor, Caroline, te lo aseguro.
LADY CAROLINE.—Creo que no, John. Bueno, no podía usted haber venido a un sitio más encantador que éste, miss Worsley, aunque la casa es excesivamente húmeda, de una humedad terrible, y la querida lady Hunstanton a veces no está muy acertada en la elección de la gente que invita aquí. (A sir John.) Jane hace demasiadas mezclas. Lord Illingworth, desde luego, es un hombre de gran distinción. Es un privilegio conocerlo.Y ese miembro del Parlamento, míster Kettle...
SIR JOHN.––Kelvil, querida, Kelvil.
LADY CAROLINE.––Debe de ser muy respetable. Nunca se ha oído su nombre, lo cual dice mucho en favor de una persona hoy día. Pero mistress Allonby no parece una dama muy satisfactoria.
FESTER.––No me gusta mistress Allonby. Me disgusta más de lo que puedo decir.
LADY CAROLINE.––No creo que los extranjeros como usted hagan bien en dejarse llevar por las simpatías o antipatías hacia la gente que tienen que tratar. Mistress Allonby es de muy buena cuna. Es sobrina de Lord Brancaster. Se dice, desde luego, que se escapó dos veces antes de casarse. Pero ya sabe usted lo mala que es la gente muchas veces.Yo creo que sólo se escapó una vez.
HESTER.––Míster Arbuthnot es encantador.
LADY CAROLINE. ¡Ah, sí! El joven empleado de banco. Lady Hunstanton es muy buena invitándolo aquí, y Lord Illingworth parece tenerle gran afecto. Sin embargo, no estoy segura de que Jane haga bien sacándolo de su posición. En mi juventud, miss Worsley, nunca había nadie en sociedad que tuviese que trabajar para vivir. No estaba bien visto.
HESTER.––En América, ésa es la gente que respetamos más.
LADY CAROLINE.––No me cabe duda.
FESTER.––¡Míster Arbuthnot tiene un bello carácter! Es tan simple y tan sincero. Tiene uno de los mejores caracteres que he conocido. Es un privilegio conocerlo.
LADY CAROLINE.––No es costumbre en Inglaterra, miss Worsley, que una mujer joven hable con tanto entusiasmo de una persona del sexo contrario. Las mujeres inglesas ocultan sus sentimientos hasta después de casadas. Entonces los muestran.
FESTER.––¿No conciben en Inglaterra la amistad entre un hombre y una mujer jóvenes? (Entra lady Hunstanton, seguida de un criado que trae chales y un almohadón.)
LADY CAROLINE.––Pensamos que es poco aconsejable. Jane, precisamente estábamos hablando de la bella reunión a la que nos ha invitado.Tienes un maravilloso don para elegir.
LADY HUNSTANTON.––¡Querida Caroline, qué amable eres! Creo que congeniaréis todos muy bien.Y
espero que nuestra encantadora visitante americana se llevará un buen recuerdo de la vida de campo inglesa. (Al criado.) El almohadón póngalo ahí, Francis.Y mi chal. El de Shetland.Traígame el de Shetland.
(Sale el criado. Entra Geral Arbuthnot.)
GERALD.––Lady Hunstanton, tengo una buena noticia que comunicarle. Lord Illingworth acaba de ofrecerme el puesto de secretario suyo.
LADY HUNSTANTON.––¿Secretario suyo? Eso es magnífico, Gerald. Le auguro un brillante porvenir.
Su querida madre se alegrará mucho. Realmente debo convencerla de que venga aquí esta noche. ¿Cree usted que vendrá, Gerald? Sé lo difícil que es hacerla ir a cualquier parte.
GERALD.––¡Oh! Estoy seguro de que vendrá, lady Hunstanton, si se entera de que Lord Illingworth me ha ofrecido el puesto de secretario suyo. (Entra el criado con el chal.)
LADY HUNSTANTON.––Le escribiré diciéndoselo y pidiéndole que venga a conocer a Lord
Illingworth. (Al criado.) Espere un momento, Francis. (Escribe una carta.) LADY CAROLINE.––Ésta es una maravillosa oportunidad para un joven como usted, míster Arbuthnot.
GERALD.––Lo es realmente, lady Caroline. Espero ser digno de esa confianza.
LADY CAROLINE.––Yo también espero que lo sea.
GERALD.–– (A Hester) No me ha felicitado usted todavía, miss Worsley.
HESTER.––¿Está usted contento?
GERALD.––Naturalmente que sí. Esto significa todo para mí... Cosas en las que antes ni podía soñar, ahora tengo la esperanza de alcanzarlas.
HESTER.––Todo debería estar al alcance de la esperanza. La vida es una esperanza.
LADY HUNSTANTON.––Creo, Caroline, que a Lord llbngworth le gusta la diplomacia. He oído que le ofrecieron Viena. Pero puede no ser cierto.
LADY CAROLINE.––No creo que Inglaterra deba estar representada en el extranjero por hombres solteros, Jane. Puede acarrear complicaciones.
LADY HUNSTANTON.––Eres demasiado nerviosa, Caroline. Además, Lord Ilhngworth puede casarse cualquier día.Yo tenía la esperanza de que se casaría con lady Kelso. Pero creo que él dijo que tenía una familia demasiado grande. ¿O eran los pies? Lo he olvidado. Lo sentí mucho. Ella estaba hecha para ser la esposa de un embajador.
LADY CAROLINE.––Ciertamente tenía una maravillosa facultad para recordar los nombres de la gente y olvidar sus rostros.
LADY HUNSTANTON.––Bueno, eso es muy natural, Caroline, ¿no es cierto? (Al criado.) Dígale a Henry que espere contestación. He escrito unas lineas a su querida madre, Gerald, diciéndole la buena noticia y rogándole que venga a cenar. (Sale el criado.)
GERAL.––Es usted muy amable, lady Hunstanton. (A Hester.) ¿Quiere que demos un paseo, miss Worsley?
HESTER.––Encantada. (Sale con Gerald.)
LADY HUNSTANTON.––Estoy muy contenta de la buena suerte de Gerald Arbuthnot. Es un protegé mío. Y me agrada particularmente que Lord Illingworth le haya ofrecido ese puesto sin que yo le haya ni siquiera sugerido nada. A nadie le gusta que le pidan favores. Recuerdo a la pobre Charlotte Pagden que una temporada se hizo completamente impopular porque tenía una institutriz francesa que quería recomendar a todo el mundo.
LADY CAROLINE.––Vi a la institutriz, Jane. Lady Pagden me la envió. Fue antes que viniese Eleanor.
Era demasiado bonita para estar en una casa respetable. No me extraña que lady Pagden estuviera tan ansiosa por deshacerse de ella.
LADY HuNSTANTON.––Eso lo explica todo.
LADY CAROLINE. John, la hierba está demasiado húmeda para ti. Será mejor que te pongas inmediatamente tus botines.
SIR JOHN.––Me encuentro muy confortablemente, Caroline, te lo aseguro.
LADY CAROLINE.––Permítame que te diga que de esto sé más que tú, John. Te ruego que hagas lo que te he dicho. (Sir John se levanta y sale.)
LADY HUNSTANTON.––Le estropeas *, Caroline; realmente es así. (Entran mistress Allonby y lady Stufeld. A mis tress Allonby.) Bueno, querida, espero que le haya gustado el parque. Es famoso por su arbolado.
* «Le estropeas»: La traducción debería decir «le mimas», que es la traducción aquí del verbo spoil.
MISTRESS ALLONBY.––Los árboles son maravillosos, lady Hunstanton.
LADY STUTFIELD.––Completamente maravillosos.
MISTRESS ALLONBY.––Pero, sin embargo, creo que si yo viviese en el campo durante seis meses me volvería tan insignificante que nadie se preocuparía de mi.
LADY HUNSTANTON.––Le aseguro, querida, que el campo no produce esos efectos. Desde Melthorpe, que está solo a dos millas de aquí, fue desde donde se fugó lady Belton con Lord Fethesdale. Recuerdo el hecho perfectamente. El pobre Lord Belton murió tres días más tarde de alegría o de gota, ya lo he olvidado. En aquel momento había aquí una gran reunión, y todos nos interesamos mucho en el asunto.
MISTRESS ALLONBY.––Creo que la fuga es una cobardía. Huir del peligro. ¡Y el peligro es tan raro en la vida moderna!...
LADY CAROLINE.––Parece que las mujeres jóvenes de hoy día tienen como único objeto en sus vidas jugar con fuego.
MISTRESS ALLONBY.––La ventaja de jugar con fuego, lady Caroline, es que no nos quemamos. Sólo se quema la gente que no sabe jugar con él.
LADY STUTFIELD.––Sí; ya lo sé. Es muy útil.
LADY HÜNSTANTON.––No sé lo que haría el mundo si tuviera una teoría como ésa, querida mistress Allomby.
LADY STUTRELD. ¡Ah! El mundo está hecho para los hombres, no para las mujeres.
MISTRESS ALLONBY. ¡Oh, no diga eso, lady Stutfield! Nosotras estamos mucho mejor que ellos. Hay más cosas prohibidas para nosotras que para ellos.
LADY STUTFIELD.––Sí; eso es cierto, completamente cierto. No lo había pensado. (Entra sír John y mister Kelvil.)
LADY HUNSTANTON.––Bueno, míster Kelvil, ¿ha terminado usted ya su trabajo?
KELVIL.––Por hoy he terminado de escribir, lady Hunstanton. Ha sido una ardua tarea. Hoy día el hombre público necesita tener mucho tiempo.Y no creo que se reconozca adecuadamente su esfuerzo.
LADY CAROLINE. John, ate has puesto los botines?
SIR JOHN.––Sí, amor mío.
LADY CAROLINE.––Creo que estarías mejor aquí,John. Está más resguardado.
SIR JOHN.––Estoy muy confortablemente, Caroline.
LADY CAROLINE.––Creo que no, John. Estarías mejor a mi lado. (SirJohn se levanta y se acerca a ella.)
LADY STUTFIELD.––¿Y qué ha estado usted escribiendo esta mañana, míster Kelvil?
KELVIL.––He escrito sobre el tema de costumbre, lady Stutfield: sobre la pureza.
LADY STUTFIELD.––Ése debe de ser un tema muy interesante para escribir sobre él.
KELVIL.––Hoy día es un tema de importancia mundial, lady Stutfield. Me propongo enviar a mis electores un escrito sobre el asunto antes que se reúna el Parlamento. Creo que las clases más pobres de este país demuestran un gran deseo de poseer una ética muy elevada.
LADY STUTFIELD.––Eso es una buena cosa.
LADY CAROLINE.––¿Le parece a usted bien que las mujeres tomen parte en la política, míster Kettle?
SIR JOHN.––Kelvil, amor mío, Kelvil.
KELVIL.––La creciente influencia de las mujeres es algo alentador en nuestra vida política, lady Caroline. Las mujeres siempre están del lado de la moral, tanto pública como privada.
LADY STUTFIELD.––Es muy agradable oírle decir eso.
LADY HUNSTANTON.––¡Ah, sí! Las cualidades morales de la mujer... Ésa es una cosa importante.
Temo, Caroline, que el querido Lord Illingworth no valora adecuadamente las cualidades morales de las mujeres. (Entra Lord Blíngworth.)
LADY STUTFIELD.––La gente dice que Lord Illingworth es muy malo, muy malo.
LORD ILLINGWORTH.––Pero ¿qué gente dice eso, lady Stutfield? Debe de ser la del futuro. Este mundo y yo estamos en excelentes relaciones. (Se sienta junto a mistress Allonby.)
LADY STUTFIELD.––Yo sé que todos dicen que es usted malo.
LORD ILLINGWORTH.––Es enormemente monstruosa la costumbre que tiene la gente hoy día de decir cosas contra los demás, a espaldas suyas, que son absoluta y enteramente ciertas.
LADY HUNSTANTON.––El querido Lord Illingworth es un caso perdido, lady Stutfield. He intentado reformarla, pero al fin he renunciado. Habría que formar una compañía pública con un consejo de directores y un secretario. Pero usted ya tiene secretario, ¿verdad, Lord Illingworth? Gerald Arbuthnot nos ha hablado de su buena suerte; realmente es usted muy bueno.
LORD ILLINGWORTH.––¡Oh! No diga eso, lady Hunstanton. Bondad es una palabra horrible. Me agradó mucho el joven Arbuthnot cuando lo conocí, y me será considerablemente útil para algo que soy lo bastante loco para pensar en hacer.
LADY HUNSTANTON.––Es un joven admirable. Y su madre es una de mis más queridas amigas.
Precisamente él acaba de ir a dar un paseo con nuestra bella americana. Es muy bonita, ¿verdad?
LADY CAROLINE.––Demasiado bonita. Estas muchachas americanas se llevan los mejores partidos.
¿Por qué no pueden quedarse en su país? Siempre se nos dice que aquello es el paraíso de las mujeres.
LORD ILLINGWORTH.––Lo es, lady Caroline.Y por eso, como Eva, todas están ansiosas por salir de él.
LADY CAROLINE.––¿Quiénes son los padres de miss Worsley?
LORD ILLINGWORTH.––Las mujeres americanas son lo bastante inteligentes para ocultar a sus padres.
LADY HUNSTANTON.––Mi querido Lord IIlingworth, ¿qué quiere usted decir? Lady Worsley es huérfana, Caroline. Su padre fue un gran millonario o un filántropo, o ambas cosas, según creo, que recibió a mi hijo muy hospitalariamente cuando visitó Boston. No sé cómo hizo su dinero.
KELVIL.––Supongo que a base de las mercancías americanas.
LADY HUNSTANTON.––¿Cuáles son las mercancías americanas?
LORD ILLINGWORTH.––Las novelas americanas.
LADY HUNSTANTON.––¡Qué singular!... Bueno, provenga de donde provenga su gran fortuna, yo tengo en gran estima a miss Worsley. Viste extremadamente bien. Compra sus vestidos en París.
MISTRESS ALLONBY.––Se dice, lady Hunstanton, que cuando los americanos buenos mueren, van a París. LADY HUNSTANTON.––¿De veras? Y los americanos malos, cuando mueren, ¿adónde van?
LORD ILLINGWORTH.––¡Oh! Van a América.
KELVIL.––Temo que usted no aprecia a América, Lord Ilhngworth. Es un gran país, especialmente considerando su juventud.
LORD ILLINGWORTH.––La juventud de América es su más vieja tradición. Ahora tiene unos
trescientos años. Al oírlos hablar, podría pensarse que están en su primera infancia. En cuanto a civilización, ellos están en la segunda.
KELVIL.––Indudablemente hay mucha corrupción en la política americana. ¿Supongo que alude usted a eso?
LORD ILLINGWORTH.––Me lo pregunto.
LADY HUNSTANTON.––Me han dicho que la política es algo muy triste en todas partes. Ciertamente en Inglaterra lo es. El querido míster Cardew está arruinando al país. Me pregunto por qué mistress Cardew se lo permite. Estoy segura, Lord Illingworth, de que usted no está de acuerdo con que a la gente inculta se le permita votar.
LORD ILLINGWORTH.––Creo que es la única gente que debería hacerlo.
KELVIL.––¿No es usted de ningún partido político, Lord Illingworth?
LORD ILLINGWORTH.––No debemos ser de ningún partido en nada, míster Kelvil. Decidirse a tomar partido es empezar a ser sincero, e inmediatamente después a ser formal, y entonces la existencia humana se haría inaguantable. Sin embargo, la Cámara de los Comunes realmente es poco dañina. La gente no puede hacerse buena por una orden del Parlamento..., eso ya es algo.
KELVIL.––No puede usted negar que la Cámara de los Comunes ha demostrado siempre gran simpatía por los sentimientos de la clase pobre.
LORD ILLINGWORTH.––Ése es un vicio muy especial. El vicio más particular de nuestra época.
Deberíamos simpatizar con la alegría, la belleza, el color de la vida. Cuanto menos se hable de las penalidades del mundo, mejor, míster Kelvil.
KELVIL.––Pero nuestro East End es un problema muy importante.
LORD ILLINGWORTH.––Cierto. Es el problema de la esclavitud. E intentamos resolverlo divirtiendo a los esclavos.
LADY HUNSTATON.––Ciertamente puede hacerse mucho por medio de los entretenimientos baratos, como usted dice, Lord Illingworth. El querido doctor Daubeny, nuestro párroco aquí, organiza, con ayuda de sus vicarios, unos recreos realmente admirables durante el invierno para la gente pobre.Y se puede hacer mucho bien con una linterna mágica o cualquier otra diversión popular por el estilo.
LADY CAROLINE.––Yo no estoy de acuerdo con todo eso, Jane. Mantas y carbón son suficientes. Hay mucho amor al placer entre las clases altas. Lo que se desea en la vida moderna es salud.
KELVIL.––Está usted en lo cierto, lady Caroline.
LADY CAROLINE.––Creo que generalmente estoy en lo cierto siempre.
MISTRESS ALLONBY.––¡Salud! Horrible palabra.
LORD ILLINGWORTH.––Una palabra tonta en nuestro idioma; todos saben muy bien cuál es la idea corriente sobre la salud. El caballero rural inglés galopando tras un zorro... Lo inexplicable persiguiendo a lo incomible.
KELVIL.––¿Puedo preguntarle, Lord Illingworth, si considera usted la Cámara de los Lores como una institución mejor que la Cámara de los Comunes?
LORD ILLINGWORTH.––Una institución mucho mejor, desde luego. Nosotros, los miembros de la Cámara de los Lores, nunca estamos en contacto con la opinión pública. Eso nos hace ser más civilizados.
KELVIL.––¿Habla usted en serio al decir eso?
LORD ILLINGWORTH.––Completamente en serio, míster Kelvil. (A mistress Allonby.) ¡Qué costumbre tiene la gente hoy día de preguntar, cuando uno expone una idea, si habla en serio o no! Nada es serio excepto la pasión. La inteligencia no es una cosa seria, nunca lo ha sido. Es un instrumento en el que se toca, eso es todo. La única inteligencia seria que yo conozco es la británica.Y sobre ella los ignorantes tocan el tambor.
LADY HUNSTANTON.––¿Qué dice usted de tambor, Lord Illingworth?
LORD ILLINGWORTH.––Simplemente estaba hablando con mistress Allonby sobre los artículos de fondo de los periódicos de Londres.
LADY HUNSTANTON.––Pero ¿cree usted todo lo que se escribe en los periódicos?
LORD ILLINGWORTH.––Sí. Hoy día lo único que ocurre es lo ilegible. (Se levanta con mistress Allonby.)
LADY HUNSTANTON.––¿Se va usted, mistress Allonby?
MISTRESS ALLONBY.––Al invernadero. Lord Illingworth me ha dicho esta mañana que hay allí una orquídea tan bella como los siete pecados capitales.
LADY HUNSTANTON.––Querida, espero que no haya nada de eso. Ciertamente tendré que hablar con el jardinero. (Salen mistress Allonby y Lord Illingworth.)
LADY CAROLINE.––Gran mujer mistress Allonby.
LADY HUNSTANTON.––a veces se deja llevar por su lengua inteligente.
LADY CAROLINE.––¿Es la única cosa por la que mistress Allonby se deja llevar, Jane?
LADY HUNSTANTON.––Supongo que sí, Caroline; estoy segura. (Entra Lord Alfed.) Querido Lord Alfred, únase a nosotros. (Lord Afred se sienta junto a lady Stutfield.)
LADY CAROLINE.––Crees bueno a todo el mundo, Jane. Ése es un gran error.
LADY STUTFIELD.––¿Cree usted realmente, lady Caroline, que deberíamos creer malo a todo el mundo?
LADY CAROLINE.––Creo que es mucho más seguro, lady Stutfield. Eso, naturalmente, hasta llegar a saber que la gente es buena. Pero tal cosa, hoy día, requiere mucha investigación.
LADY STUTFIELD.––¡Hay escándalos tan horribles en la vida moderna!
LADY CAROLINE.––Lord Illingworth me dijo anoche durante la cena que la base de todo escándalo es una certeza completamente inmoral.
KELVIL.––Lord Illingworth es, desde luego, un hombre muy brillante, pero me parece que no tiene esa hermosa fe en la nobleza y la pureza de la vida que tan importante es en nuestro país.
LADY STUTFIELD.––Sí, es muy importante, ¿verdad?
KELVIL.––Me da la impresión de ser un hombre que no aprecia la belleza de nuestra vida doméstica inglesa. Se diría que está influido por las erróneas ideas extranjeras sobre esa cuestión.
LADY STUTFIELD.––No hay nada, nada como la belleza de la vida doméstica, ¿verdad?
KELVIL.––Es el fundamento del sistema moral inglés, lady Stutfield. Sin ella nosotros seríamos como nuestros vecinos.
LADY STUTFIELD.––Eso sería tan triste, ¿verdad?
KELVIL.––Temo que Lord Illingworth considere a la mujer como un simple juguete.Yo nunca la he considerado así. La mujer es el apoyo intelectual del hombre, tanto en la vida pública como en la privada.
Sin ella olvidaríamos nuestros verdaderos ideales. (Se sienta junto a lady Stutfield.) LADY STUTFIELD.––Estoy muy contenta de oírlo decir eso.
LADY CAROLINE.––¿Está usted casado, míster Kettle?
SIR JOHN.––Kelvil, querida, Kelvil.
KELVIL.––Estoy casado, lady Caroline.
LADY CAROLINE.––¿Con hijos?
KELVIL.––Sí.
LADY CAROLINE.––¿Cuántos?
KELVIL.––Ocho. (Lady Stuprield vuelve su atención hacia Lord Alfred.)
LADY CAROLINE.––¿Mistress Kettle y los niños estarán en la playa supongo? (SirJohn se encoge de hombros.)
KELVIL––Mi esposa está en la playa con los niños, lady Carohne.
LADY CAROLINE.––¿Seguramente se unirá a ellos más tarde?
KELVIL.––Si mis compromisos públicos me lo permiten.
LADY CAROLINE.––SU vida pública debe de causar gran satisfacción a mistress Kettle.
SIR JOHN.––Kelvil, amor mío, Kelvil.
LADY STUTFIELD.–– (A Lord Alfred.) ¡Qué deliciosos son esos cigarrillos de boquilla dorada que tiene usted, Lord Alfred!
LORD ALFRED.––Son terriblemente caros. Sólo puedo comprarlos cuando tengo deudas.
LADY STUTFIELD.––Debe de ser terrible tener deudas, realmente terrible.
LORD ALFRED.––Hoy día hay que tener una ocupación. Si no tuviese mis deudas, no sabría en qué pensar. Todos mis amigos tienen deudas.
LADY STUTFIELD.––Pero la gente a la que debe el dinero, ¿no le causa grandes molestias? (Entra el criado.)
LORD ALFRED.––¡Oh, no! Ellos escriben; yo no.
LADY STUTFIELD.––¡Qué extraño, qué extraño!
LADY HUNSTANTON.––¡Ah, Caroline! Aquí está la carta de la querida mistress Arbuthnot. No vendrá a cenar. Lo siento. Pero vendrá después. Me alegro muchísimo. Es una de las mujeres más dulces. Tiene una bella letra, tan grande, tan firme. (Le tiende la carta a lady Caroline.)
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