Kitabı oxu: «Cartas de las heroínas. Ibis»
BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 194

Asesores para la sección latina: JOSÉ JAVIER ISO y JOSÉ LUIS MORALEJO .
Según las normas de la B. C. G., las traducciones de este volumen han sido revisadas por F. SOCAS .
© EDITORIAL GREDOS, S. A.
Sánchez Pacheco, 81, Madrid, 1994.
www.editorialgredos.com
REF. GEBO297
ISBN 9788424932268.
CARTAS DE LAS HEROÍNAS
INTRODUCCIÓN *
1. LA FORMA LITERARIA DE LAS « CARTAS DE LAS HEROÍNAS »
Las Epistulae Heroidum 1 de Ovidio son realmente dos series diferentes de epístolas en verso.
La primera serie consta de los poemas 1 al 15 2 , y consiste en epístolas de mujeres legendarias, la mayoría griegas, a sus amados ausentes 3 . La segunda serie está formada por las cartas 16 a la 21, hoy generalmente consideradas auténticas 4 , y consta de epístolas del mismo tipo, sólo que a la carta de la amada o el amado sigue la contestación, por lo que se las conoce generalmente como la serie de «cartas dobles».
La forma literaria empleada es la epístola en verso. Tal forma literaria tiende a congelar la acción en el mismo momento en que se sitúa la escritura, pero, a cambio, consigue gran amplitud de perspectiva jugando con el tiempo y la memoria, tanto en las simples como en las dobles. Ello permitía a Ovidio alcanzar valores dramáticos y experimentar en otro campo distinto de los ya usados en el epilion o épica en miniatura (por ej. el famoso monólogo de Ariadna abandonada, en Catulo, LXIV 132-201), o de lo que serían sus futuros monólogos de las Metamorfosis 5 . No obstante, y por deseo del autor, el resultado sigue siendo un soliloquio más que un diálogo.
Otro aspecto consustancial de las Heroides es que son difíciles de apreciar sin caer en la injusta acusación de que son monótonas, retóricas (en el sentido peyorativo de la palabra) y reiterativas. Ovidio centra su atención en la mente humana, en el campo del sentimiento, y hace un estudio de la variación, de las múltiples reacciones de cada individuo ante una situación universal, como es el amor frustrado o el abandono, y ante las diversas situaciones de celos, despecho, nostalgia, etc., que de ahí se derivan. Es pues una obra que hay que leer con mucha atención para apreciar en toda su amplitud el logro de Ovidio en un campo en el que era indiscutible maestro: el virtuosismo de la variación.
2. CRONOLOGÍA
Averiguar la fecha de composición es un problema que se tiene por irresoluble 6 : parece seguro que la primera serie (1-15) se escribió entre la primera y segunda edición de Amores , como se deduce de la extensa alusión a las Heroides completas o casi acabadas en Amores II 18, 19-26:
Enseño, pues se me consiente, las artes del tierno Amor (¡ay de mí, que mis propias enseñanzas me torturan!), o bien escribo la misiva que con palabras de Penélope a Ulises se entrega y tus lágrimas, desamparada Filis, y lo que Paris y Macareo y lo que el desagradecido Jasón y el padre de Hipólito e Hipólito han de leer, y lo que ya con la espada en la mano ha de decir la pobre Dido y la de Lesbos amorosa con la lira eolia 7 .
Término post quem se considera la fecha de la muerte de Virgilio (el año 19 a. C.), o más exactamente la publicación póstuma de la Eneida , dados los frecuentes ecos virgilianos que encontramos en las Cartas de las heroínas (especialmente en Her . 7, Dido). El término ante quem es el año 1 a. C. / 1 d. C., fecha de publicación de la segunda edición de Amores , como parece deducirse de Arte de amar III 343-346:
deue tribus libris, titulo quos signat Amorum, elige, quod docili molliter ore legas, uel tibi composita cantetur Epistula uoce, ignotum hoc aliis ille nouauit opus .
Al parecer, la serie de cartas dobles es posterior en el tiempo a la primera serie 8 . Puede que Ovidio redactara estas seis últimas cartas —si es que son auténticas— estimulado por la iniciativa de su amigo Sabino, como deduce Kenney 9 de Amores II 18, 27-34 10 .
3. ORIGINALIDAD DE LAS « CARTAS DE LAS HEROÍNAS»: MEZCLA DE ELEMENTOS LITERARIOS Y RETÓRICOS
El último verso que acabamos de citar en la cuestión de la cronología serviría perfectamente para abrir el tratamiento de la tradición y la originalidad en las Epistulae Heroidum 11 : ignotum hoc aliis ille nouauit opus .
No conocemos un modelo claro de este nuevo género y, de hecho, Ovidio reclamaba para sí su «invención», o «renovación», o «adaptación», según entendamos el término nouauit . En cualquier caso, ningún poeta romano anterior a Ovidio había convertido en «género» este tipo tan especial de epístola elegíaca (ignotum ). Pero no es menos cierto que, si puede hablarse de originalidad, es en la misma medida en que es original la elegía amatoria latina: como mezcla o mosaico de diferentes elementos, unos procedentes de la tradición literaria (tradición epistolar, lírica griega, poesía helenística y, sobre todo, la elegía amatoria), y otros procedentes, como veremos, de los ejercicios retóricos.
3.1. Elementos literarios
Existía, como se sabe, la carta erótica en antecedentes griegos 12 y, ya se había escrito el más inmediato e indiscutible modelo de las Heroides en lo que se refiere a su forma epistolar: la epístola de Aretusa a Licotas, de Propercio (IV 3) 13 . Existía también una tradición de soliloquios de personajes traicionados o abandonados: por ejemplo en el epilion , ya citado, que era un foro para el monólogo que no requiere respuesta. Y había en tercer lugar, y especialmente, todo un mundo poético con sus reglas y su lógica propias: el mundo de la elegía. Sin él no podría entenderse el peculiar «código moral» de las heroínas ovidianas, tan lejano de la elevada moral de la épica, de donde, paradójicamente, proceden muchos de los personajes de las Cartas de las heroínas . Creo que las Heroides deben en gran medida su razón de ser a la obra que las precedió, los Amores , pues ¿qué son sino la original continuación, en forma de epístola en dísticos elegíacos, de aquel mundo elegíaco poblado ahora de otros personajes, los heroicos, extraídos de la épica y la tragedia y sometidos a las mismas situaciones, pasiones y crisis que vivían los personajes de Amores , y por tanto humanizados, vueltos de carne y hueso? Ovidio quiso hacer un experimento literario nuevo e inventó la epístola elegíaca, utilizando personajes de la épica, no por disminuirlos, ennegrecerlos o parodiarlos, como se ha dicho, sino por hacerlos vivir en el mundo elegíaco y contemplar después el resultado.
Sea como fuere, lo que parece claro es que Ovidio fue el primer artífice de la mezcla de todos estos elementos, y parece que a él se debe también la forma de colección 14 que dio a su resultado, en contraste con el aislado modelo de Aretusa a Licotas en Propercio. Era éste un nuevo alarde de su prodigiosa capacidad creadora y de su virtuosismo en el campo de la variación, porque, en efecto, la originalidad es una de las claves que compendian la carrera poética de Ovidio 15 , desde la primera y más «de género», como fueron sus Amores , hasta las últimas cartas del destierro, pasando por las Metamorfosis : todas ellas innovaron, variaron y revolucionaron los materiales y las técnicas heredadas.
3.2. Elementos retóricos
Pero pese a la aceptación que en seguida tuvieron, y pese a lo muy citadas e incluso imitadas que fueron 16 , las Cartas de las heroínas nunca han dejado de tacharse de artificiosas, inverosímiles y retóricas. Cuando se ha estudiado el grado de influencia de la retórica en Ovidio, las posturas han fluctuado en todas las posiciones entre los dos extremos, desde los que han considerado las Heroides como un puro ejercicio retórico, hasta los que han minimizado por completo esta fuente. En todo caso, siempre se ha barajado la influencia de la suasoria (o ejercicio retórico de persuasión) en el caso de las epístolas 1-15, de la controuersia (debate sobre un caso hipotético) en las dobles (16-21), y de la ethopoeia (o semblanza de caracteres) 17 en ambas series. La acusación de que sean meras suasorias en verso empezó a ser desterrada desde el estudio de Oppel 18 , pionero en analizar más a fondo el material que utilizó Ovidio en esta obra. De igual modo Arnaldi 19 prueba que, si bien Ovidio se inspira en las controversias y suasorias, con el ejemplo de Séneca el Rétor 20 , el verdadero mérito de su resultado literario es el de haber creado unos personajes verosímiles, aunque partiendo del material de escuela. El trabajo más reciente de Sabot 21 se ajusta más a la realidad de la obra: analiza la deuda de las Cartas de las heroínas con la retórica, pero sin divorciarla del propio estilo de Ovidio, que se cifra en la variedad, en utilizar todos los registros y todos los tonos alcanzando la mayor diversidad y versatilidad posibles 22 .
4. LA PRESENTE TRADUCCIÓN .
Para la traducción he seguido en general el texto de DÖRRIE (1971) 23 , con las excepciones que a continuación cito, pero he tenido presentes también los de MOYA , BORNECQUE y SHOWERMAN -GOOLD .
| DÖRRIE | LECTURA ADOPTADA | |
| 1, 2 | tu tamen | attamen (HOUSMAN ) |
| 2, 28 | interrogativa | declarativa (SHOWERMAN -GOOLD ) |
| 3, 113 | neges | neges? (MOYA ) |
| 3, 132 | suis | sui (HEINSIUS ) |
| 4, 137 | pete munus, ab illa | pete munus ab illa (MOYA ) |
| 5, 3 | Pedasis | Pegasis (mss., Planudes ) |
| 7, 40 | interrogativa | declarativa (MOYA ) |
| 7, 75 | quod non cessaris | quamuis merearis (BORNECQUE ) |
| 7, 71 | tantum (ex coni. ) | totum (mss. ) |
| 8, 108 | procubuique | procubuitque (CD Ea Ri ) |
| 9, 9-10 | interrogativa | declarativa (MOYA ) |
| 10, 149 | vento | velo (BORNECQUE ) |
| 15, 54 | Nisiades | Nesiades (BORNECQUE ) |
| 16, 60 | suspicio | suscipio (GP 2Y ) |
| 20, 146 | spes | sepes (HEINSIUS , BURMANN ) |
| 21, 91 | cruribus (quizá correctamente) | crinibus (BORNECQUE , MOYA ) |
En la puntuación me he visto obligada a seguir a veces mis propios criterios, especialmente sustituyendo expresiones asindéticas latinas por nuestros equivalentes castellanos coordinados, y he evitado seguir la puntuación alemana de DÖRRIE (coma delante de las subordinadas) porque resulta extraña en nuestra lengua. Cuando me ha sido posible he evitado romper la unidad interna del dístico elegíaco, que solían respetar los poetas augústeos y que DÖRRIE rompe innecesariamente —creo— a veces.
En cuanto a los realia personales y geográficos, sólo he comentado en nota a pie de página aquellos cuya explicación me parecía imprescindible para la comparación del texto. Para los demás remito al lector a las observaciones formuladas en el «Índice de nombres».
Deseo mostrar aquí mi agradecimiento a Antonio Ramírez de Verger, por sus indicaciones bibliográficas, y sobre todo al revisor de este volumen, Francisco Socas, por las innumerables mejoras que por sugerencia suya he recogido en las notas y, sobre todo, tácitamente, en la traducción, aunque me hago única responsable de los posibles errores.
Es también un grato deber citar el proyecto de investigación de la Dirección General de Investigación Científica y Técnica Ovidio: Opera amatoria por los medios que ha puesto a mi alcance.
A. P. V.
Sevilla, mayo de 1993
* Para una introducción general a la obra amatoria de Ovidio remito a la de V. CRISTÓBAL al volumen 120 de esta colección (Madrid, 1989).
1 Prisciano las llama Heroides (Gramm. Lat . II 544 Keil), y el propio Ovidio las nombra como Epistulae en Ars amat . III 345. Para G. LUCK (Die römische Liebeselegie , Heidelberg, 1959, págs. 223-224) la forma correcta debió de ser Epistulae Heroidum .
2 Si incluimos el 9 (Deyanira), el 12 (Medea) y el 15 (Safo), de dudosa autoría, cf. D. W. T. C. VESSEY , «Notes on Ovid, Heroides 9», Class. Quart ., n. s., 19 (1969), 349-361; P. E. KNOX , «Ovid’s Medea and the Authenticity of Heroides 12», Harv. Stud. Class. Phil . 90 (1986), 207-223; sobre el poema 15, cf. H. JACOBSON , Ovid’s Heroides , Princeton, 1974, págs. 277-299; H. DÖRRIE , P. Ovidius Naso. Der Brief der Sappho an Phaon , Munich, 1975; R. J. TARRANT , «The Authenticity of the Letter of Sappho to Phaon (Heroides 15)», Harv. Stud. Class. Phil . 85 (1981), 133-153; CH . E. MURGIA , «Imitation and Authenticity in Ovid Metamorphoses 1, 477 and Heroides 15», Amer. Journ. of Phil . 106 (1985), 456-474.
3 Sigo la definición de E. J. KENNEY , en E. J. KENNEY y W. v. CLAUSEN (eds.), The Cambridge History of Classical Literature , II: Latin Literature = Historia de la literatura clásica (Cambridge University), II: Literatura latina [trad. ELENA BOMBÍN ], Madrid, Gredos, 1989, pág. 466.
4 Véanse en la BIBLIOGRAFÍA los representantes de las distintas posturas.
5 Véase en concreto el amplio monólogo de Medea que abre el libro séptimo de las Metamorfosis .
6 Así L. P. WILKINSON , Ovid Recalled , Cambridge, 1955, pág. 38. Extenso tratamiento de la cuestión en JACOBSON , Ovid’s Heroides ..., págs. 300-318 (con lista-resumen de veintidós autores diferentes en págs. 312-313), y en A.-F. SABOT , «Les Héroïdes d’Ovide: Préciosité, Rhétorique et Poésie», Aufst. und Niederg. der röm. Welt II 31, 4, 1981, esp. págs. 2571-2573.
7 Sigo la traducción de F. SOCAS en: A. RAMÍREZ DE VERGER y F. SOCAS , Ovidio. Obra amatoria , I: Amores , Madrid, C.S.I.C., 1991, pág. 80.
8 Pudieron ser contemporáneas de la redacción de los Fastos , según lo muestran los indicios métricos que estudia B. LATTA en Die Stellung der Doppelbriefe (Her. 16-21) im Gesamtwerk Ovids , Tesis doctoral, Marburgo, 1963, págs. 2-7.
9 Literatura latina ..., págs. 469-470.
10 «¡Qué pronto ha vuelto mi amigo Sabino de recorrer el mundo entero y me ha traído las respuestas desde regiones apartadas! La radiante Penélope reconoció el sello de Ulises, leyó la madrastra el escrito de su Hipólito; ya Eneas el bueno mandó respuesta a la pobre Elisa, y ya está a la mano lo que tal vez lea Filis, si aún vive. Llegó la fatal carta de Jasón a Hipsípila, entrega a Febo la de Lesbos su lira en exvoto» (RAMÍREZ DE VERGER -SOCAS , págs. 80-81).
11 Discusión y bibliografía en JACOBSON , Ovid’s Heroides ..., págs. 319-348, y SABOT , «Les ‘Héroïdes’ d’Ovide...», págs. 2574-2577.
12 Aristeneto y Filóstrato, cf. A. A. DAY , The Origins of Latin Love Elegy , Oxford, 1938, págs. 37-58. Léase en esta misma colección, núm. 131, A. RAMÍREZ DE VERGER , Propercio. Elegías , Madrid, B. C. G., 1989, págs. 13-14.
13 Más lejanos modelos serían también el poema a Ipsitilla, de Catulo (Carm . XXXII), y la elegía de Sulpicia en el Corpus Tibullianum (III 13 = IV 7, 7-8).
14 JACOBSON , Ovid’s Heroides ..., pág. 322.
15 Cf. KENNEY , Literatura latina ..., pág. 501.
16 Véase por ejemplo M. SCORDILIS BROWNLEE , The Severed Word. Ovid’s Heroides and the Novela sentimental (Princeton, 1990), que estudia su influencia en el renacimiento latino y en el español.
17 La probable influencia de la etopeya, defendida ya por Bentley, no cuenta con modelos literarios claros anteriores a las Heroides , cf. JACOBSON , Ovid’s Heroides ..., pág. 325. Los más cercanos ejemplos de etopeya son, en prosa, el discurso 52D de ELIO ARISTIDES , que versa sobre la embajada enviada a Aquiles en el libro IX de la Ilíada . De corta extensión tenemos además los siguientes poemas de la Antología Palatina: 9, 451, 452, 457-471, 473-480.
18 Ovids Heroides: Studien zur inneren Form und zur Motivation , tesis doctoral, Erlangen-Nuremberg, 1968.
19 F. ARNALDI , «La retorica nella poesia di Ovidio», en Ovidiana. Recherches sur Ovide , publ. à l’occasion du bimillénaire de la naissance du poète, N. I. HERESCU (ed.), París, 1958, págs. 23-31.
20 Contr . II 2 (10), especie de argumento de Heroides llevado al absurdo.
21 El ya citado de «Les Héroïdes d’Ovide...», págs. 2634-2636.
22 Ibid ., esp. pág. 2610.
23 La historia del texto de las Heroides es en lo esencial como sigue: de un códice carolingio de alrededor del año 800, hoy perdido, derivan los ca . 200 manuscritos que transmiten las epístolas 1-14 y 16-21. Destacan entre los testimonios fundamentales: 1) el codex Parisinus lat . (núm. 8242), llamado también Puteanus , de finales del s. IX, incompleto, pero considerado unánimemente el de máxima autoridad, y 2) la traducción griega de Máximo Planudes, de fines del s. XIII, de autoridad comparable a la del Parisino, especialmente valioso en las omisiones de éste último. Por su parte la Epistula Sapphus cuenta con una transmisión independiente que consta de sólo dos testimonios medievales a los que se suman ca . 200 códices escritos a partir de 1420. Manuscritos conservados en España que transmiten parcialmente las Cartas de las heroínas se encuentran en las siguientes bibliotecas: El Escorial g.III.l; Madrid Bibl. Nac. números 1569, Res. 206 (incluye Safo a Faón) y 1482 (sólo Her . 21). La carta de Safo a Faón: Barcelona Diput. 623; El Escorial ç.IV.22 y I.III.21; Salamanca Bibl. Univ. 245. Véase DÖRRIE , 1971; L. D. REYNOLDS (ed.), Texts and Transmission. A Survey of the Latin Classics , Oxford, 1990 (= 1983), págs. 268-73, con bibliografía, y L. RUBIO , Catálogo de manuscritos clásicos latinos existentes en España , Madrid, 1984.
BIBLIOGRAFÍA
Para una bibliografía sobre la vida de Ovidio y su obra amatoria en general remito a la introducción de Vicente CRISTÓBAL al volumen 120 de esta colección (Madrid, 1989).
Sobre las Heroides de Ovidio en concreto es fundamental la contribución de DÖRRIE , cuya edición (1971) es la más completa que existe en la actualidad; a la edición precedió un estudio suyo de la propia historia del texto (1960). Posteriores son las valiosas contribuciones de JACOBSON (1974) y SABOT (1981), así como la parcial más reciente de VERDUCCI (1985).
Consigno aquí estos y otros títulos selectos que espero que sirvan al que desee seguir profundizando en la obra, y cito en las notas los estudios particulares de pasajes o aspectos más concretos.
1. BIBLIOGRAFÍAS
V. CRISTÓBAL , «Bibliografía sobre las obras elegíaco-amatorias [de Ovidio]», en Ovidio. Amores, Arte de amar, Sobre la cosmética del rostro femenino, Remedios contra el amor , trad., intr. y notas de, Madrid, Gredos, 1989 (B.C.G., núm. 120), págs. 187-206.
H. DÖRRIE , P. Ovidii Nasonis Epistulae Heroidum (véase más abajo), págs. 19-39.
H. JACOBSON , Ovid’s Heroides ... (véase más abajo), pág. 20.
E. PARATORE , Bibliografia Ovidiana , Roma, 1958.
A.-F. SABOT , «Les Héroïdes d’Ovide: Préciosité, Rhétorique et Poésie», muy selecta (véase más abajo), págs. 2634-2636.
2. TEXTOS, COMENTARIOS, TRADUCCIONES
H. DÖRRIE , P. Ovidii Nasonis Epistulae Heroidum , Berlín-Nueva York, 1971 (y reseña de REEVE , CR 24 [1974], 57-64, y GOOLD , Gnomon 46 [1974], 475-484). Considerado el texto de referencia actual.
N. HEINSIUS , en sus Obras Completas de Ovidio, Amsterdam, 1661, no superado por sus valiosas conjeturas basadas en un profundo conocimiento de la lengua de Ovidio y por la recuperación de sugestivas lecturas de los numerosos manuscritos que manejó.
A. BARCHIESI , P. Ovidii Nasonis Epistulae Heroidum 1-3 , Florencia, Le Monnier, 1992 (el mejor comentario moderno, aunque parcial, que existe de Her . Como en el caso de SPOTH , no he podido utilizarlo antes de la conclusión de este trabajo).
H. BORNECQUE (texto), M. PRÉVOST (trad.), Ovide. Héroïdes , París, Budé, 1928, 4.a ed. rev. por Danielle PORTE , París, Budé, 1989.
A. DELLA CASA , Opere di Publio Ovidio Nasone , vol. I: Amores, Heroides, Medicamina faciei, Ars Amatoria, Remedia amoris , Turín, 1982.
F. MOYA , Ovidio. Heroidas , intr., texto rev., trad. y notas, Madrid, 1986.
J. RODRÍGUEZ DEL PADRÓN , Bursario , intr., ed. y notas de P. SAQUERO SUÁREZ- SOMONTE y T. GONZÁLEZ ROLÁN , Madrid, Univ. Complutense, 1984; hermosa traducción medieval castellana, con bibliografía sobre las Heroides en la Edad Media en págs. 57-64.
G. SHOWERMAN , Ovid. Heroides and Amores , Loeb, vol. I, 2.a ed. revisada por G. P. GOOLD , Cambridge (Massachusetts) - Londres, 1977.
Her . VII: G. SOLIMANO , Epistula Didonis ad Aeneam , intr., texto, trad. y com., Universidad de Génova, 1988.
3. ESTUDIOS E INTERPRETACIÓN DE LAS « HEROIDES» DE OVIDIO
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F. ARNALDI , «La retorica nella poesia di Ovidio», en Ovidiana. Recherches sur Ovide , publ. à l’occasion du bimillénaire de la naissance du poète, edit. por N. I. HERESCU , París, 1958, págs. 23-31.
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F. SPOTH , Ovids Heroides als Elegien , Munich, 1992 [consigno aquí este interesante estudio sobre Heroides que he recibido después de la conclusión de mi trabajo].
P. STEINMETZ , «Die literarische Form der Epistulae Heroidum Ovids», Gymnasium 94 (1987), 128-145.
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S. VIARRE , «Laodamie, héroïne élégiaque» (Her. XIII), Hommages à Marcel Renard , vol. I, Bruselas, 1969, Coll. Latomus 101, págs. 768-777.
—, «Des poèmes d’Homère aux Héroïdes d’Ovide. Le récit épique et son interprétation élégiaque», Bull. Budé (1987, 1), 2-11.
W. S. WATT , «Ovidiana», Mus. Helvet . 42 (1985), 56-60.
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L. WINNICZUK , «Ovids Elegie und die epistolographische Theorie», Meander 12 (1957), 39-70.
4. ESTUDIOS SOBRE LA DUDOSA AUTORÍA DE ALGUNAS EPÍSTOLAS
Léase, además de SABOT , «Authenticité des Heroïdes» en «Les Héroïdes d’Ovide: Préciosité, Rhétorique et Poésie», Aufstieg und Niederg. der röm. Welt II31, 4, 1981, págs. 2552-2636 (páginas 2554-2570):
Her . 9 (Deyanira):
D. W. T. C. VESSEY , «Notes on Ovid, Heroides 9», Class. Quart . n.s. 19 (1969), 349-361.
Her . 12:
P. E. KNOX , «Ovid’s Medea and the Authenticity of Heroides 12», Harv. Stud. Class. Phil. 90 (1986), 207-223.
Her . 15 (Safo):
JACOBSON , Ovid’s Heroides ..., págs. 277-299.
H. DÖRRIE , P. Ovidius Naso. Der Brief der Sappho an Phaon , Munich, 1975.
R. J. TARRANT , «The Authenticity of the Letter of Sappho to Phaon (Heroides 15)», Harv. Stud. Class. Phil . 85 (1981), 133-153.
CH. E. MURGIA , «Imitation and Authenticity in Ovid Metamorphoses 1, 477 and Heroides 15», Amer. Journ. of Phil . 106 (1985), 456-474.
SEGUNDA SERIE: CARTAS DOBLES (HER. 16-21)
Por suerte, no sólo se ha tratado el problema de la autenticidad, aunque ha sido el más desarrollado. Sobre las cartas dobles véase:
S. D’ELIA , «Problemi Ovidiani. Cronologia e autenticità di Her . XVI-XXI», Annali della Facoltà di Lettere e Filos. di Napoli 7 (1957), 57-91 (auténticas, por análisis métrico, estilístico y de contenidos).
M. L. COLETTI , «Un nuovo contributo al problema delle Heroides di Ovidio», Stud. Urbinati 31 (1957), 247-251 (son auténticas).
E. COURTNEY , «Ovidian and Non Ovidian Heroides», Bull. Inst. Class. Studies of the Univ. of London 12 (1965), 63-66 (son espurias, junto con Her . IX —Deyanira—, por razones métricas).
B. LATTA , Die Stellung der Doppelbriefe (Heroides 16-21) im Gesamtwerk Ovids , tesis doctoral, Marburgo, 1963 (auténticas).
U. FISCHER , Ignotum hoc aliis ille nouauit opus. Beobachtungen zur Darstellung Kunst Ovids in den Heroides unter besonderer Berücksichtigung der Briefpaare her. 16 und 18 (Paris und Helena) und her. 20 und 21 (Acontius und Cydippe) , tesis doctoral, Berlín, 1968.
E. J. KENNEY , «Two Disputed Passages in the Heroides», Class. Quart . n.s. 29 (1979), 394-431.
1
PENÉLOPE A ULISES 1
Ésta te la manda tu Penélope, insensible Ulises 2 , pero 3 nada de contestarla: ¡vuelve tú en persona! Ha caído Troya, en verdad aborrecible para las mujeres dánaas —¡pero ni Príamo, ni Troya entera, se merecían tanto!
[5] ¡Ay! ¡Ojalá que al acercarse su barco a las costas lace-demonias se hubiera ahogado el adúltero en una furiosa tempestad 4 ! No me habría quedado postrada y fría en la cama que dejaste, ni me quejaría de lo lentos que se me hacen los días aquí abandonada, ni el paño que cuelga del telar [10] habría cansado mis manos de viuda intentando engañar las largas horas de la noche. ¿Cuándo no he temido peligros más graves que los verdaderos? El amor es cosa llena de angustias y de miedos.
Me imaginaba a violentos troyanos dispuestos para atacarte, [15] y sólo de oír el nombre de Héctor me ponía pálida; o si alguien contaba que Héctor había vencido a Antíloco 5 , Antíloco era la causa de mis miedos; o si era que el hijo de Menecio había caído víctima de equivocadas armas, lloraba de pensar que hubiera podido salir mal la treta. Que la sangre de Tlepólemo había dado su calor a la lanza del licio: [20] con la muerte de Tlepólemo se me renovaba la angustia. En una palabra, cada vez que asesinaban a alguno del ejército aqueo, el corazón de enamorada se me helaba en el pecho.
Pero el dios 6 ha sido justo y buen guardián de mi casto amor: Troya se ha convertido en cenizas, y mi marido está a [25] salvo. Los príncipes argólicos han vuelto, sahúman los altares, se ofrece el botín extranjero a los dioses de nuestra tierra. Las recién casadas hacen agradecidas ofrendas porque sus maridos han vuelto con vida; ellos cantan los destinos de los troyanos, vencidos por los suyos: se impresionan sus asustadas mujeres y los ancianos venerables, la mujer está [30] pendiente del relato que sale de boca de su marido. Y alguno hay que en la mesa dibuja los encarnizados combates, pintando con unas gotas de vino todo Pérgamo: «Por aquí pasaba el Simunte, aquí está la tierra del Sigeo, aquí se alzaba el altivo palacio del anciano Príamo; allí acampaba el [35] Eácida 7 , allí Ulises, aquí el cuerpo mutilado de Héctor espantó a los caballos desbocados». Todo eso se lo había contado ya el anciano Néstor a tu hijo, cuando fue a buscarte, mientras que él me lo contó a mí. También nos contó cómo murieron a hierro Reso y Dolón 8 , y cómo al uno lo traicionó [40] el sueño y al otro tus argucias. ¡Te atreviste, ay, olvidado y más que olvidado de los tuyos, a entrar en los cuarteles de los tracios durante una emboscada nocturna, y a masacrar de golpe a tantos hombres con ayuda de uno solo 9 ! En cambio antes eras mucho más prudente, y no te olvidabas de mí. El [45] corazón no me dejó de palpitar asustado hasta que me contaron que los caballos ismarios 10 te llevaron vencedor entre las filas del ejército aliado.
¿Pero a mí de qué me sirve una Ilión destrozada por vuestros brazos, o que ahora sea escombros lo que fue antes su muralla, si yo sigo igual que estaba mientras Troya resistía, si tengo que estar privada de mi marido para siempre? [50] Pérgamo es ceniza para las otras 11 : sólo para mí sigue en pie lo que ahora es tierra que su vencedor y propietario ara con los bueyes del botín; ya son sembrados lo que fue Troya y, madura para la hoz, rebosa exuberancia la tierra [55] abonada con sangre frigia; los arados recurvos despedazan los huesos mal sepultados de los guerreros, la hierba esconde poco a poco las ruinas de las casas; tú, de los vencedores, no estás aquí, y no puedo saber por qué tardas, o en qué parte del mundo te escondes, hombre sin corazón.
Cada marinero que pone su viajera nave rumbo a estas [60] costas sale de aquí después de que yo le pregunte mil cosas de ti y le confíe una carta de mi puño y letra, para que te la dé si te llega a ver en algún sitio. He indagado 12 en Pilos, campos del antiguo Néstor, hijo de Neleo; pero de Pilos [65] sólo me llegaron vagos rumores 13 ; he indagado también en Esparta; pero tampoco Esparta sabía nada seguro. ¿En qué país vives, o a dónde, insensible, te has retirado 14 ? Más me valdría 15 que la muralla de Apolo 16 estuviera aún en pie (y luego, ay, me irrito, casquivana, con mis propios deseos), porque sabría en dónde combates 17 , y sólo tendría miedo de la guerra, y compartiría mi llanto con el de otras muchas 18 . [70] No sé qué tengo que temer; pero, como loca, todo me da miedo, y ancho campo se abre a mis cuidados. Todos los peligros que encierra el mar, todos los peligros de la tierra, se me vuelven posibles causas de tu retraso. Y mientras hago [75] tontamente esas cábalas, puede que ya seas esclavo de un amor extranjero 19 , con esa liviandad vuestra 20 . Quizá hasta le estés contando a otra lo cazurra que es tu mujer que la única finura que entiende es la de cardar la lana. Ojalá me equivoque y el viento se lleve este reproche, y que no quieras, [80] libre para volver, quedarte lejos.
Mi padre Icario me exige que abandone mi cama de viuda, y no deja de maldecir tu 21 incomprensible demora. ¡Que maldiga todo lo que quiera! Soy tu mujer y así se me debe llamar: «yo, Penélope, seré siempre la esposa de Ulises» 22 . Pero al final él se conmueve por mi fidelidad y mis pudorosos [85] ruegos y entonces por su cuenta pone freno a sus arrebatos. Me rodean un tropel de libertinos duliquios, samios, otros que son de la alta Zacinto, que me acosan, que mandan en tu palacio sin que nadie pueda impedirlo; destrozan [90] tu patrimonio y con él mi corazón. ¿Para qué contarte de Pisandro, de Pólibo, y del cruel Medonte, y de las codiciosas manos de Eurímaco y Antínoo 23 , y de todos los que estás alimentando con riquezas que te han costado sangre, [95] por culpa de tu vergonzosa ausencia? Hasta Iro el mendigo y Melantio, el que llevaba a apacentar el ganado, se suman a tu perdición, el colmo ya de tu deshonra. Nosotros somos tres seres indefensos: tu esposa, una débil mujer, Laertes, un anciano, y Telémaco, un niño. Al chico han estado a punto [100] de matármelo estos días atrás en una conspiración, por intentar ir a Pilos, contra el parecer de todos. ¡Que los dioses concedan, yo se lo pido, que, sucediendo por su orden nuestras muertes, cierre él mis ojos, y cierre también los tuyos! Lo mismo ruegan el boyero y la vieja nodriza, y, el tercero, [105] el fiel encargado de la pocilga 24 . Pero Laertes, como hombre que ya no está para empuñar armas, no es capaz de sostener el gobierno, rodeado de enemigos; a Telémaco le llegará, si conserva la vida, la hora de ser hombre, pero por ahora necesitaría la ayuda de su padre para conservarla. Tampoco yo tengo fuerzas para echar de palacio a los enemigos; [110] ¡tienes que venir tú, nuestro puerto y nuestro altar de salvación! Aquí tienes a tu hijo, y quieran los dioses que lo conserves, que en sus tiernos años debía estar aprendiendo todo lo que su padre pudiera enseñarle. Piensa también en Laertes: él retrasa su última hora tan sólo para que tú le [115] cierres los ojos. Y yo a mi vez, que era una muchacha cuando me dejaste, por muy pronto que vengas parecerá que estoy ya hecha una vieja.
1 Para JACOBSON (Ovid’s Heroides ..., págs. 243-276) la Penélope de Heroides es el reverso de la fiel y devota Penélope de la Odisea y de toda la «vulgata» posterior, que perpetuó este modelo. Un estudio sobre la originalidad de Ovidio (innovación y sabio uso de la tradición) en las Cartas de las heroínas centrado en esta elegía, en A. R. BACA , «Ovid’s Claim to Originality and Heroides I», Trans. and Proc. of the Amer. Phil. Assoc . 100 (1969), 1-10. Análisis de diversos aspectos de la elegía en D. F. KENNEDY , «The Epistolary Mode and the First of Ovid’s Heroides», Class. Quart , n.s. 34 (1984), 413-422, entre ellos la buena acomodación al contexto dramático de esta Epístola 1, pese a no ser doble. Un estudio de la figura del personaje central en J. HENDERSON , «Becoming a Heroine (Ist): Penelope’s Ovid», Liverpool Class. Mounth . 11 (1986), 7-10, 21-24, 37-40, 67-70, 82-85, 114-121. La disposición de la elegía es la siguiente (sigo en parte a E. OPPEL , Ovids Heroides: Studien zur inneren Form und zur Motivation , tesis doct., Erlangen-Nuremberg, 1968, pág. 10): 1-4 introducción: finalidad y situación; 5-10 queja por la separación de Ulises; 11-78 síntomas de su estado psíquico con tres partes narrativas: 1) el tiempo de la guerra de Troya (13-22); 2) el tiempo tras la caída de Troya y el regreso de los griegos (23-46); 3) esfuerzos de Penélope por tener noticias (59-66); 79-106 vuelta al sentido común con narración: los sucesos en palacio (81-106); 107-116 cohortatio: vuelve, que haces falta aquí.
2 Lento...Vlixi : lento, indolente, moroso, pero también insensible, frío en el amor; la misma palabra que empleará Filis para Demofonte, lentus abes (II 23), y una acusación constante de los enamorados en esta obra.
3 Prefiero la lectura attamen , trasmitida en algunos mss., a la de tu tamen que adoptan BENTLEY , PALMER y DÖRRIE , cf. HOUSMAN , «Attamen and Ovid, Her . I, 2», en The Classical Papers of A. E. Housman , vol. III, Cambridge, 1972, págs. 1052-1055.
4 Paris, en su viaje en busca de Helena.
5 Antíloco no murió a manos de Héctor sino de Memnón (Odisea IV 187 y sigs.). Sobre esta y otras divergencias entre Ovidio y la tradición homérica véase D. PORTE , «Ovide et la tradition homérique dans Hér . I, 15 et 91», Rev. Philol . 50 (1976), 238-246.
6 El Amor.
7 Aquiles.
8 Se refiere al episodio en que Ulises y Diomedes asesinan al espía Dolón y roban los caballos del rey tracio Reso.
9 Diomedes.
10 Los caballos de Reso, los animales que Ulises y Diomedes habían ido a robar; ismarios, del monte Ísmaro, en Tracia, significa simplemente tracios.
11 Aliis, uni mihi . puede traducirse «para otros, para los demás». Prefiero la traducción en femenino, «para todas», reforzada estilísticamente por el dativo uni mihi , «para mí sola», porque realza la situación de la heroína como única esposa abandonada.
12 El texto dice misimus , «he mandado»: puede referirse a una carta (cf. arriba charta) , o a una embajada.
13 SHOWERMAN -GOOLD recuerdan que la Odisea (II 373) narra el viaje de Telémaco (si a él se refiere esta alusión), pero que fue a espaldas de su madre. Pero véanse los vv. 99-100, donde se habla de los preparativos de ese viaje. O aquellos dos versos son espurios, como defiende BENTLEY , o lo que aquí manda Penélope es sin duda una carta, cf. nota al verso anterior.
14 Aut ubi lentus abes?: Lentus tiene de nuevo (cf. arriba v. 1) el doble sentido de que tarda en volver y de que es «tibio» como esposo.
15 Vtilius , en contraste con el v. 47: Sed mihi quid prodest? , ¿de qué me sirve que Troya haya sido demolida?
16 La muralla de Troya, construida por Apolo y Neptuno.
17 Alusión a otros posibles combates que detalla abajo, contra el mar, o en tierra, incluidos posibles lances amorosos con otras mujeres; la militia Amoris es un motivo amatorio típicamente elegíaco, cf. versos 75-78.
18 Multis , de nuevo puede traducirse en masculino y en femenino, cf. arriba aliis , en nota al verso 51.
19 Alusión a Calipso, cf. MOYA , pág. 5, n. 4.
20 La de los hombres.
21 También puede interpretarse, como SHOWERMAN -GOOLD (pág. 17), «mi demora», la de Penélope en volver a casarse.
22 La puntuación en forma de epigrama es mía.
23 Nombres de los pretendientes de Penélope.
24 Eumeo.
2
FILIS A DEMOFONTE 25
Yo, Filis de Ródope, que te acogí en mi casa, contigo me querello 26 , Demofonte, porque sigues ausente más allá del tiempo pactado. Prometiste tu ancla a mis costas para la primera vez que los cuernos de la luna se hubieran juntado [5] en plenilunio. Pero la luna se ha escondido cuatro veces, y cuatro veces ha vuelto a completar toda su esfera, y las naves acteas no vienen todavía a grupas de las aguas de Sitonia. Si cuentas el tiempo, como bien lo contamos los enamorados, mi reproche no llega antes de su día. Mi esperanza [10] también fue morosa 27 . Se tarda en creer lo que duele creer. Ahora que soy amante sin quererlo, me hace daño 28 . Por ti me he engañado a mí misma muchas veces, muchas veces he pensado que vientos tempestuosos hacían recular tus blancas velas. Maldecía a Teseo, como si fuese él quien no te dejaba salir; y puede que él no te haya impedido nunca que te [15] vayas. Algunas veces he temido que hubieras naufragado al dirigirte a los vados del Hebro y que tu barco se hubiera hundido en las aguas canas 29 . Muchas veces he suplicado a los dioses que como fuera te salvaras, impostor, y entre oraciones he cumplido las ceremonias de la quema de incienso; y viendo vientos favorables para el cielo y para el [20] mar me he dicho a mí misma: «Si está a salvo, ya viene». Y, en fin, que mi fiel amor 30 se ha imaginado todos los impedimentos que pueden retrasar a los que van con prisa, y he sido muy ingeniosa para encontrar causas. Pero tú, insensible, tardas en volver 31 , y los dioses por los que juramos 32 no te hacen regresar, ni tampoco vuelves movido por mi amor. Oh, Demofonte, al viento has echado tus velas y tus promesas; [25] les reprocho a tus velas que no vuelvan, y a tus promesas que no sean verdaderas.
Dime tú, ¿qué mal he hecho, sino haber amado sin cordura? Incluso puede que te haya merecido por mi pecado 33 . Un solo delito he cometido: haberte dado hospitalidad, impostor 34 , un delito que aquí tiene el peso y el valor de un [30] mérito. ¿Dónde están ahora los juramentos, el compromiso, tu mano estrechando la mía, y el dios que siempre tenías en tus falsos labios 35 ? ¿Dónde está ahora Himeneo, por el que me juraste que viviríamos juntos toda la vida, que fue para mí aval y garante de nuestro matrimonio? Me lo juraste por [35] el mar, todo él sacudido por los vientos y las olas, que tantas veces habías atravesado y tantas veces volverías a atravesar; por tu abuelo 36 , si es que él no es también un cuento tuyo, el que apacigua las aguas que agitan los vientos; me lo juraste por Venus y sus armas que tanto efecto me han hecho, por sus dos armas, su arco y sus teas; y por Juno, que [40] preside benéfica el lecho de los esposos; y por los sagrados misterios de la diosa de la antorcha 37 : que si cada uno de todos esos dioses ofendidos vengara en ti su santidad, tú solo no darías abasto para tanto castigo.
¡Ay!, y yo he sido tan loca de reparar tu flota naufragada, [45] para que fuera firme el barco en que me iban a dejar abandonada; y le puse remeros para que pudieras huir lejos de mí. ¡Sufro, ay de mí, las heridas que me han hecho mis propias armas! Confié ingenuamente en tus palabras seductoras, [50] que de sobra las tienes; confié en tu linaje, y en tus nobles apellidos, confié en tus lágrimas (¿pero es que también a ellas se les enseña a fingir? 38 , ¿también ellas entienden de mañas y van por donde se les manda?) y también confié en los dioses 39 : ¿y de qué me sirven ahora tantas garantías? Una cualquiera de esas cosas bastaba para engañarme. [55] No me importa haberte ofrecido un puerto y un sitio, que ése debió haber sido el primer y último favor que te hiciera. Lo que me duele es la vergüenza de haber colmado esa hospitalidad con mi cama compartida, y de haber estrechado mi cuerpo con el tuyo. Quisiera que la noche anterior [60] a aquélla hubiera sido la última de mi vida, cuando Filis todavía podía haber muerto sin deshonra. Yo esperaba algo mejor, porque creía que me lo merecía: pues la esperanza que se concibe después de un favor es justa esperanza. Engañar a una muchacha confiada no es hazaña trabajosa; [65] mientras mi ingenuidad sí que merecía simpatías. Por ser mujer, y por amarte, he sido víctima de tus engaños: hagan los dioses que ése sea el colmo de tu gloria. Que se te ponga una estatua en tu ciudad entre los descendientes de Egeo; que allí delante se alce majestuoso la de tu padre, con sus títulos de gloria 40 . Cuando se haya leído en ellos lo de [70] Escirón, y lo del torvo Procrustes, y lo de Sinis y lo del ser mezcla de toro y de hombre, y lo de Tebas, sometida en la guerra, y de la derrota de los bimembres, y lo del asalto al tenebroso palacio del dios negro, después de esas inscripciones, que tu estatua esté sellada por este título: «Éste es el que con engaños cautivó a la mujer que lo amaba y lo hospedó». [75] De todas las andanzas y de todas las hazañas de tu padre se te ha ido a pegar el abandono de la cretense 41 . Lo único que él se reprocha es lo que tú admiras en él, haciendo, traidor, el papel de heredero de la falta de tu padre. Ella disfruta ahora de un marido mejor 42 , y yo me alegro, y [80] se sienta altanera en un tiro de tigres. En cambio los tracios despreciados rehuyen casarse conmigo, porque se me acusa de haber preferido a un extraño antes que a mi gente. Y hay quien dice: «que se vaya a la sabia Atenas, que otro habrá que gobierne la belicosa Tracia. Por el resultado se juzga el [85] hecho». Ojalá no se saliera con la suya el que piensa que el resultado es lo único que cuenta. Si ahora nuestras aguas se blanquearan con la espuma de tu remo, ¡también se iba a decir que velo por mí, o que velo por mi gente! Pero ni yo he velado por nadie ni mi palacio volverá a tenerte, ni [90] volverás a lavar tu cuerpo cansado en el agua bistonia.
Tengo clavada en los ojos aquella escena de la despedida, cuando todavía tu flota, lista para salir, estaba varada en mi puerto. Tuviste el valor de abrazarme, de arrojarte al cuello de tu amante, y de besarme fuerte y largamente. Te [95] atreviste a juntar tus lágrimas con las mías, a quejarte de que el viento fuera favorable para las velas, y a decirme antes de abandonarme estas últimas palabras: «Filis, no dejes de esperar a tu Demofonte». ¿Que yo te espere a ti, que me dejaste para no volver a verme? ¿Que espere unas velas que [100] no desean aparecer en mis mares? Y pese a todo, espero: a que vuelvas, aunque tarde, a tu amante, y que sólo en el retraso hayas faltado a tu palabra. ¿Pero qué estoy diciendo, desgraciada, si ya eres quizá de otra esposa, y de Amor, que [105] tan poco ha querido hacer por mí? Creo que desde el momento en que me arrancaste de tu vida ya no sabes ni quién es Filis.
¡Ay de mí si te preguntas quién es la Filis que remite, y desde dónde 43 , después que fui yo, oh, Demofonte, la que te abrió estos puertos de Tracia y las puertas de mi casa, después de que tanto tiempo vagaste sin rumbo, la que con mis [110] riquezas aumenté las tuyas, la rica heredera que cuando eras pobre te di tantos regalos, y más que te hubiera dado, la que sometió a ti los inmensos reinos de Licurgo 44 (a los que tan mal cuadra ser gobernados por una mujer), desde donde se extiende el helado Ródope hasta el sombrío Hemo, y el sagrado [115] Hebro echa las aguas que ha recibido, a ti, que 45 has sacrificado las primicias de mi virginidad bajo siniestros auspicios, cuya mano sin escrúpulos desató el ceñidor de mi castidad! Tisífone presidió ese desposorio con fúnebres aullidos, y un pájaro avieso entonó un canto de mal agüero. [120] No faltó Alecto, con su collar de cortas serpientes 46 , y las luces que encendieron eran de una antorcha sepulcral 47 .
Pero aun así paseo mi tristeza por los escollos y el sargazo de la playa, y por todo lo que puedo alcanzar con la vista del vasto mar, tanto si la luz del día dilata la tierra como si brillan las frías estrellas, intento averiguar qué viento hace en el mar, y velas que veo de lejos poner rumbo [125] aquí, velas que en seguida predigo que son mis dioses 48 . Salgo a correr para el mar, sin que apenas me detengan las primeras olas que el mar, siempre en movimiento, alarga por la orilla. Mientras más se acercan, menos puedo sostenerme; pierdo el sentido y caigo, y tienen que recogerme [130] mis doncellas.
Hay un golfo aquí, un poco ahorcajado, en forma de arco tenso, cuyos cabos extremos se levantan en una mole escarpada; se me ha ocurrido la idea de tirar desde allí mi cuerpo a las aguas de abajo, y lo voy a hacer, ya que sigues engañándome. Que la marea me lleve y me deje tirada en [135] tus orillas, y que así, insepulta, me aparezca ante tus ojos. Aunque eres más duro que el hierro, que el pedernal, y que tú mismo dirás: «¡Oh Filis, no tenías que haberme seguido de esa forma!». Muchas veces tengo sed de veneno, y muchas veces deseo morir de muerte sangrienta, traspasándome [140] con una espada. También me entran ganas de rodearme con un lazo el cuello, porque dejó que lo trabaran brazos traidores. Está decidido redimir mi tierno pudor con una muerte prematura; poco tiempo perderé en elegir con qué muerte. Figurarás en mi epitafio como odioso culpable de [145] mi muerte, y se te conocerá por este epitafio, o por otro parecido: «A Filis, su anfitriona y amante, la entregó Demofonte a la muerte. Él puso el motivo de su muerte, ella la mano 49 ».
25 Esta segunda epístola está motivada por el abandono de Demofonte, ateniense, hijo de Teseo y de Fedra, que a su regreso de Troya fue víctima de tempestades que le hicieron llegar a Tracia, donde lo acogió el rey Licurgo, de cuya hija, Filis, se convierte en amante. Demofonte la abandona al regresar a Atenas.
JACOBSON (Ovid’s Heroides ..., págs. 58-75) revisa las pocas fuentes del mito Demofonte-Filis y en su análisis de la elegía sostiene que Ovidio se propone hacer al personaje de Filis, amante generosa y enamorada ingenua, más simpático al lector de lo que había sido en la tradición. Lo más valioso de su análisis es la convincente comparación (verbal y literaria) de esta historia con la virgiliana del suicidio por amor en la historia de Dido y Eneas. En cuanto a la composición, JACOBSON la fundamenta en el motivo literario de la paradoja (págs. 66 y sigs.). Se estructura así (sigo en parte a OPPEL , Ovids Heroides ..., págs. 10-11): 1-6 motivo de su carta; 7-26 narratio: sus anhelos; 27-86 ¿mi amor es culpa o mérito? (con digressio sobre Ariadna y Teseo, vv. 75-78, y comparatio de Ariadna y Filis, vv. 79-85); 87-102 esperanzas y realidad con narratio de la despedida (91-98); 103-120 queja de infidelidad con narratio de su historia de amor (107-120); 121-130 vuelta a la realidad: narratio de su desgracia y ansiedad; 131-148 suicidio como alternativa.
26 Lenguaje judicial: aquí queror, pacta en el v. 4, querela , v. 8; scelerate , v. 17 y 29; queror , v. 26; quid feci , v. 27; crimine , v. 28, etc. Véase E. J. KENNEY , «Liebe als juristisches Problem», Philologus 111 (1967), 212-232; y del mismo, «Ovid and the Law», Yale Class. Studies 21 (1969), 241-263, referido especialmente a los poemas XX y XXI.
27 Spes quoque lenta fuit , cf. nota a 1, 1.
28 Verso difícil, quizá corrupto. Son plausibles otros textos, como por ej. el de MERKEL invita nunc es amante nocens: «eres culpable sin que tu amante lo quiera» (sigo a SHOWERMAN -GOOLD , pág. 21).
29 La espuma del mar bravío, también la que produce el barco al naufragar, y las canas del anciano mar.
30 Fidus amor : ella sí respeta el foedus amoris o pacto de amor de los enamorados, mientras él lo incumple.
31 Lentus abes , cf. nota a 1, 1.
32 Cf. nota al verso 21.
33 Sigo la interpretación de SHOWERMAN -GOOLD , pág. 23; el sentido se completa en el v. 30.
34 Su delito (scelus ) es haber acogido a un delincuente (scelerate) .
35 El Amor.
36 Neptuno.
37 Ceres Eleusina.
38 Cambio la puntuación de DÖRRIE (el paréntesis es mío): Credidimus lacrimis. An et hae simulare docentur? (DÖRRIE ).
39 Los del juramento, vv. 31-42.
40 La estatua de Teseo, hijo de Egeo, con una inscripción que recoge el catálogo de sus hazañas (aretalogía ): Escirón, Procrustes y Sinis, tres malhechores a los que ajustició; su hazaña más conocida fue vencer y matar al Minotauro; obras suyas fueron también la guerra contra Tebas, la muerte de los Centauros (bimembres ), y el asalto a la mansión del dios de los infiernos (aquí el dios negro), Plutón. Todo ello es lo que se menciona a continuación.
41 Ariadna, abandonada por Teseo.
42 Baco, cuyo carro estaba tirado por tigres.
43 Tópico de la elegía epistolar ovidiana, cf. Pont . I 7, 1-6. Cambio el signo de admiración de DÖRRIE (v. 106) al verso 116.
44 Padre de Filis, rey de Tracia.
45 Cui mea uirginitas auibus libata sinistris . Interpreto el dativo como agente, con la misma intención que el fallaci manu que sigue.
46 Brevibus ... colubris , las serpientes pequeñas, por ej. las víboras, que no suelen superar el medio metro, se creían más venenosas que las grandes, cf. HORAC ., Epod . V 15. Tisífone y Alecto son dos de las Furias.
47 Por contraposición a las antorchas nupciales.
48 Las velas son sus dioses, porque llevan a su dios, Demofonte.
49 Observa JACOBSON , Ovid’s Heroides ..., págs. 64-65, que éste y el de Dido (7, 197-198) son los dos únicos epigramas que se autocompusieron las heroínas de Ovidio, y no lo considera casual, sino demostración de que Ovidio relaciona a ambos personajes entre sí (págs. 60 ss.).
3
BRISEIDA A AQUILES 50
La carta que lees te la hace llegar Briseida, la que te han robado, escrita en un griego no muy bueno por mi mano extranjera. Todos los borrones que veas los han hecho mis lágrimas; pero también las lágrimas valen tanto como la palabra. Si tengo derecho a presentar algunas quejas de ti, [5] señor y marido mío, no dejaré de presentar esas quejas de mi marido y señor.
No es culpa tuya que yo haya sido entregada, y tan rápido, a la exigencia del rey 51 —aunque en parte también lo es—. Pues nada más me reclamaron Euríbates y Taltibio, a [10] Euríbates y Taltibio se me entregó para acompañarlos. Ellos, cambiándose miradas el uno y el otro, sin hablar se preguntaban dónde estaba nuestro amor. Pude haber sido retenida; hubiese agradecido un aplazamiento a mi condena. ¡Ay de mí, que ni siquiera pude besarte antes de separarme de ti! En cambio sí pude derramar lágrimas sin fin, y arrancarme [15] el pelo, desgraciada de mí, sintiéndome como si me hicieran prisionera por segunda vez. Muchas veces he querido burlar al guardián 52 y he querido regresar a ti; pero el enemigo hacía regresar a esta miedosa. Si me escapaba de noche, temía que me apresaran y que me entregaran como [20] obsequio a cualquiera de las nueras de Príamo.
Pero que se me devuelva, ya que así tenía que ser. Ausente tantas noches, no se me reclama. Te quedas indiferente, y tu cólera es tibia 53 . El propio hijo de Menecio 54 , cuando me devolvías, me decía al oído: «¿Por qué lloras, si estarás [25] de vuelta dentro de muy poco?» Poco es que no me hayas reclamado: luchas por que yo no vuelva, Aquiles 55 . Pero, ¡venga!, sigue dándotelas de amante apasionado. Fueron a verte el hijo de Telamón y el de Amíntor 56 , el uno cercano a ti por sangre, el otro por ser compañero tuyo, y con [30] ellos el hijo de Laertes, para que yo regresara con ellos (y con grandes regalos hicieron más atractivas sus súplicas 57 ): veinte aguamaniles dorados, de fina orfebrería de bronce, y siete trípodes, iguales en el arte que en el peso. Se sumaban a eso diez talentos de oro, una docena de caballos que no [35] conocen la derrota, y, aunque estaba de más, unas muchachas de Lesbos muy hermosas, cuerpos hechos prisioneros al aniquilar sus casas; con todo ello —aunque no te hace falta—, una esposa, una de las tres jóvenes hijas de Agamenón. ¿Y cómo es que, si hubiera sido yo la que tenías que [40] recobrar del Atrida pagando un rescate, cómo es que te niegas a aceptar lo que tendrías que haber pagado tú? ¿Qué he hecho yo para valer tan poco a tus ojos, Aquiles? ¿A dónde ha huido el amor, tan rápido y tan inconstante, de mi lado? ¿Es que quizá a los que sufren los agobia y aprieta más la mala suerte, y por eso no les llega un respiro de alivio a mis pretensiones? He visto convertida en ruinas por tu furia guerrera [45] la muralla de Lirneso, y aquí estoy yo misma, que he sido una gran parte de mi patria. He visto morir a mis tres hermanos, compañeros de nacimiento y muerte, cuya madre era también mi madre. He visto a mi marido, tan grande. como era, desplomado en un charco de sangre que brotaba [50] de su pecho agonizante. Tantas cosas como he perdido, las he compensado todas sólo contigo: tú has sido mi señor, mi marido y mi hermano. Tú me juraste por la santidad de tu madre, diosa del mar 58 , que era bueno que tú me hubieras hecho tu prisionera —ya veo que para repudiarme, aunque [55] no haya venido sin dote, y para abandonar conmigo las riquezas que por mí se te ofrecen.
Además de eso, corre la voz de que mañana, al despuntar la Aurora, vas a echar tus velas de lino al borrascoso viento Sur. Cuando esa abominación ha llegado a los temerosos oídos de esta desamparada mujer, la sangre y la respiración [60] se me han escapado del pecho. ¿Te vas a ir, oh desgraciada de mí? ¿Y a quién me dejarás abandonada, hombre violento 59 ? ¿Quién será mi dulce consuelo cuando me dejes? ¡Que antes me devore de pronto una grieta en la tierra, o que me abrase el fuego candente de un rayo, antes de [65] que sin mí se blanquee de canas el mar, a golpe de los remos de Ftía, y antes de ver, abandonada, cómo se alejan tus barcos! Si añoras ya la vuelta y los dioses patrios, yo no soy una carga pesada para tu barco. Te seguiré como la prisionera a su vencedor, no como una esposa al marido: y [70] tengo buena mano para cardar la lana. Una mujer hermosa, la más bella con mucho entre las aqueas, será la esposa que entre en tu tálamo, y que así sea, digna nuera de su suegro 60 , el nieto de Júpiter y Egina, y a la que el anciano Nereo [75] quiera como abuelo 61 . Mientras, tus humildes esclavas y yo, haremos la faena 62 diaria de lana, y nuestros hilos irán vaciando las ruecas rebosantes. Sólo pido que tu mujer no me atormente, que seguro que encontrará la manera de no ser justa conmigo, y no dejes que delante de ti me arranque el [80] pelo, ni digas con liviandad «ésta también ha sido mía». O sí, déjala que haga lo que quiera, mientras no me desprecies y me abandones: ese miedo —ay, desgraciada— me ha sacudido los huesos.
¿A qué esperas ahora? Agamenón se arrepiente de su ira, [85] y toda Grecia está angustiada ante tus plantas. ¡Vence esa soberbia y esa ira, tú que todo lo vences! ¿Por qué sigue Héctor destrozando sin descanso las fuerzas de los dánaos? Coge las armas, Eácida —pero no sin recogerme antes a mí—, y en favorable combate aplasta guerreros en desbandada. [90] Por mí nació tu cólera: por mí también se acabe y que sea yo, que fui su origen, la moderación de tu tristeza. No debes creer que es deshonroso ceder a nuestras súplicas; a ruegos de su mujer volvió a las armas el hijo de Eneo 63 . Yo sólo lo sé de oídas, tú lo sabes mejor: que, privada de sus hermanos, la madre maldijo el porvenir y la vida de su [95] hijo. Era tiempo de guerra, y él, furioso, soltó las armas y desertó, negándole ayuda a su patria sin conmoverse. Sólo su mujer pudo hacer que su marido cediera —¡tuvo más suerte!—, mientras que mis palabras caen sin ningún peso. Pero eso no me indigna, ni me las he dado de esposa tuya, que sólo era una esclava llamada de vez en cuando a la [100] cama de su señor. Me acuerdo que había una prisionera que me llamaba señora, y yo le dije: «Añades el peso de un título al de mi esclavitud».
Pero, por los huesos de mi marido, mal enterrados en precipitada sepultura, huesos que siempre honraré en mis pensamientos, por las valerosas almas de mis tres hermanos, [105] mis númenes, que, como debe ser, lucharon por la patria y con ella cayeron, por tu cabeza y la mía, que a la vez unimos, por tu espada 64 , un arma que mi gente ha conocido: juro que el micenio 65 no ha compartido nunca el lecho conmigo, y abandóname si te engaño. Si ahora yo te dijera: «Jura [110] tú también, el más valiente 66 , que nunca has alcanzado el placer sino conmigo», ¿dirías que no? 67 . Pero los dánaos se creen que tú estás triste... y tú meneando el plectro 68 , mientras [115] una dulce amiga te tiene en su tibio seno 69 . Y alguien pregunta tal vez que por qué te niegas a combatir: porque el combate es duro, y dulces la cítara, la noche y el amor. Más seguro se está en la cama, con una muchacha en los brazos, y haciendo sonar la lira tracia 70 , que sosteniendo en las manos [120] el escudo y la lanza de aguda punta, y en la cabeza el casco ciñéndote el pelo. Pero a ti antes te gustaba más la fama de las hazañas que la seguridad, y te era dulce la gloria que nacía de combatir. ¿O es que sólo en tanto que me hacías tu esclava aplaudías las guerras fieras, y ahora con [125] mi patria ha desaparecido también tu pundonor? ¡No, por los dioses! ¡Quieran ellos que tu lanza del Pelio, blandida por tu fuerte brazo, atraviese el costado de Héctor! ¡Mandadme a mí, dánaos! Como emisaria rogaré a mi señor y le llevaré vuestros mensajes salpicados con muchos besos. [130] Haré más que Fénix, más que el elocuente Ulises, y más que el hermano de Teucro, creedme. De algo vale acariciar un cuello con las manos de siempre, y recordar a unos ojos que una está delante 71 . Por más fiero que seas, aunque seas más salvaje que el mar de tu madre 72 , aunque no me salieran las [135] palabras, te derrotaré con lágrimas. Vuelve también ahora los ojos —¡así 73 Peleo, tu padre, viva los años que debe vivir, así vaya Pirro 74 a la guerra con tus auspicios!— a la angustiada Briseida, valiente Aquiles, no abrases a esta desgraciada con una demora indiferente, corazón de hierro; o, si es que tu amor se ha trocado en hartura de mí, ¡obliga a [140] morir a esta que obligas a vivir sin ti! Que me obligarás, según te portas. Ya me abandona la vida y el color, sólo la esperanza de tenerte sostiene a mi alma. Si también ella me falla, seguiré los pasos de mis hermanos y mi esposo; y no será algo grandioso haber mandado matar a una mujer. ¿Y [145] para qué mandarlo? Ven tú en busca de mi cuerpo, espada en mano, ahora que aún tengo sangre que pueda salirme del pecho herido. ¡Que venga por mí tu espada, esa espada que de haberlo consentido la diosa 75 se tendría que haber hundido en el pecho del Atrida! ¡Ah! En vez de eso, ¡ojalá me salvaras la vida, que tú me regalaste! La vida que como [150] vencedor habías concedido a una enemiga, te la pido como amiga. La neptunia Pérgamo te brinda gente más propia para sembrar muerte; ¡busca en el enemigo donde hacer matanza! Mientras a mí, sea que aparejas la flota para botarla, sea que te quedas, mándame que vuelva, con el derecho que te da el ser mi dueño.
50 Briseida, o la carta de una sierva a su señor. Briseida era la cautiva misia que correspondió a Aquiles como botín y fue su amante; Agamenón la arrebató a Aquiles, para sustituir con ella a Criseida, causando así la célebre cólera de Aquiles.
Un análisis de esta elegía en JACOBSON , Ovid’s Heroides ..., págs. 12-42 (véase del mismo «Ovid’s Briseis: A Study of Heroides III», Phoenix 25 [1971], 331-356), donde analiza el tratamiento y manipulación que Ovidio da, desde un punto de vista elegíaco, a la fuente de la carta, es decir a la Briseida homérica. Para Jacobson, Ovidio saca a Briseida de la indefinición homérica dándole vida y riqueza psicológica. Es interesante contrastar con el posterior y convincente análisis de F. VERDUCCI , «Servitium amoris: Heroides 3», en Ovid’s Toyshop of the Hearth: Epistulae Heroidum , Princeton, New Jersey, 1985, págs. 87-121, que da argumentos para demostrar que, al contrario de lo que piensa Jacobson, la intención de Ovidio con este estudio del servitium amoris es la de hacer el retrato de una captiva cualquiera, como las esbozadas en los versos de Il . XIX 301-302 de su fuente. El poema se estructura así (sigo en parte a OPPEL , Ovids Heroides ..., pág. 11): I. Aquiles no se resiste a entregar a Briseida: quejas. 1-8 Introducción, que plantea el tema central, los reproches de una esposa y esclava, con antítesis vir / dominus; 9-56 quejas en forma de narratio: a) entrega y reacción de los emisarios de Agamenón (9-12); b) reacción sentimental de Briseida (13-16); c) vagos intentos de huida y recreación del motivo elegíaco del custos (17-20); 21-26 nueva queja: no he sido reclamada (27-44); a) motivo homérico de la embajada de Áyax, Fénix y Ulises, y lista de regalos (27-38); b) agravio que le añade la embajada (39-44); 45-56 lamento de Briseida (cf. Il . XIX 282-302). II. Aquiles amenaza con marcharse (clímax): 83-98 cohortatio : ¡lucha!; 91-102 digressio a modo de exemplum : Meleagro; 99-102 narratio : el servitium de Briseida; 103-110 juramento de fidelidad; 111-126 reproche de infidelidad y de cobardía; 127-148 súplicas: a) súplica a los griegos: yo seré la embajadora (127-132); b) cambio de interlocutor: Aquiles, te seduciré y te convenceré (133-134); c) déjame volver a ti o prefiero que me mates (135-150); III. Conclusión (149-154): te vayas o te quedes, mándame volver.
51 El rey es Agamenón. Sigo en parte la interpretación de JACOBSON , Ovid’s Heroides ..., pág. 24, sobre estos dos versos, que atribuye a la perplejidad y confusión de Briseida la subsiguiente oscuridad gramatical.
52 Eco con tintes pseudo-épicos del motivo elegíaco del custos o ianitor , cf. JACOBSON , Ovid’s Heroides ..., pág. 22.
53 Alusión a la célebre «cólera de Aquiles». Traduzco lenta como «tibia», dentro del contexto amatorio, «poco ardiente en el amor», cf. Her . 1, 1 (n.).
54 Patroclo.
55 Pugnas ne reddar, Achille . Es ciertamente sarcástico que el belicoso Aquiles no luche salvo para esto, cf. JACOBSON , Ovid’s Heroides ..., pág. 34.
56 Áyax y Fénix. El hijo de Laertes, dos versos más abajo, es Ulises.
57 Inspiración homérica de los versos 30-38, episodio de los regalos de Agamenón a Aquiles, cf. Ilíada IX 122-130 y 135-147. Las hijas de Agamenón aludidas más abajo son Crisótemis, Ifigenia y Laódice.
58 Tetis.
59 Violente , nueva alusión a su ira proverbial.
60 Peleo.
61 Tetis, madre de Aquiles, era hija de Nereo, dios marino, hijo de Océano.
62 Pensa , el peso de lana que se daba al día a una esclava para cardar.
63 Digressio : historia de Meleagro (vv. 91-102).
64 La espada y el plectro (v. 113) son, en contextos eróticos, símbolos fálicos; la lira (v. 118) simboliza los genitales femeninos (SOCAS ).
65 Agamenón.
66 Este dístico (111-112) ha sido analizado por H. FRÄNKEL , Ovid: A Poet between Two Worlds , Berkeley, Los Ángeles, 1945, pág. 44, y JACOBSON , Ovid’s Heroides ..., págs. 34-35: no son reproches, sino estratagemas para mover a Aquiles a la lucha.
67 Añado con otros editores el signo de interrogación que no edita DÖRRIE .
68 Véase la interpretación de JACOBSON , Ovid’s Heroides ..., pág. 36, sobre los versos 113-122: en un contexto erótico-elegíaco, Ovidio ha evitado la relación esencialmente amatoria, porque amor es contrario a la guerra. La puella nunca quiere que el amado se vaya a la guerra. Pero creo que la clave de este poema está precisamente en el uso elegíaco del ambiente épico. Ovidio combina el lenguaje y motivos amatorios con el tema fundamental, y el resultado es esa ambigüedad entre la moral épica y la elegíaca.
69 Diomede, hija de Forbante, estaba con Aquiles cuando llegaron los legados de Agamenón, cf. Il . IX 664-665 (cf. MOYA , pág. 20, n. 1).
70 Orfeo era Tracio. Sobre el posible significado erótico, ver nota 64.
71 Sigo con SHOWERMAN -GOOLD , pág. 43, el texto de HEINSIUS , pero es un pasaje incierto.
72 Tetis es una diosa marina.
73 Sic augural o ritual, cf. Tristes V 3, 35-43; V 5, 25-34; Pont . II 6, 15-18.
74 Hijo de Aquiles, también llamado Neoptólemo.
75 Atenea, cf. Ilíada I 195 y sigs.
4
FEDRA A HIPÓLITO 76
La salud, que a ella le faltará si no se la das tú, le desea la muchacha cretense al héroe hijo de la amazona 77 . Lee lo que quiera que esto sea. ¿Qué mal puede hacer leer una [5] carta? Puede que hasta haya en ella algo que te guste. En esta nota corren los secretos por tierras y mares; el enemigo escruta las notas que vienen del enemigo 78 .
Tres veces he intentado hablar contigo, y las tres veces se me trabó incapaz la lengua, las tres veces huyó de mí la voz, a flor de labios. Hasta donde se puede y resulta, el amor debe combinarse con el pudor; ahora Amor me manda [10] decir y escribir lo que no se debe. Lo que Amor 79 ha mandado no es cosa segura despreciarlo; él gobierna y tiene poder sobre los dioses soberanos. Él me ha dicho, cuando al principio dudaba si escribirte: «¡Escribe! Ese duro de corazón rendirá sus manos sometidas» 80 . Que él me asista, y que [15] igual que a mí con su fuego devorador me recalienta las entrañas, así te clave a ti sus flechas 81 en el corazón como yo deseo. No romperé yo por liviandades el pacto de los esposos; mi reputación, pregunta por ahí, está libre de mancha. El amor me ha llegado tanto más recio cuanto más tardío. Me quemo por dentro, me quemo y en el pecho guardo [20] una herida sin boca 82 ; porque tal como los primeros yugos desuellan a los tiernos novillos, y a duras penas soporta el bocado el potro recién cogido de la manada, así aguanta mal y a duras penas un corazón virgen sus primeros amores, y esta carga no se amolda bien a mi persona. Llega a ser una [25] ciencia cuando lo prohibido se aprende desde los primeros años; la que empieza pasada de fecha ama peor. Tú arrancarás las frescas primicias de la castidad que aún conservo y a la vez tú y yo nos haremos culpables. Tiene su encanto arrancar la fruta de las ramas cargadas, y cortar con uña delicada [30] la primera rosa 83 . Si es verdad que aquel candor primero, al que debo haber vivido sin pecado, tenía que acabar manchado por una falta desusada 84 , con todo no ha sido para mal, porque me consumo en un fuego digno; un [35] adúltero abyecto hace más daño que el mismo adulterio. Si Juno me cediera a su hermano y esposo, me creo capaz de poner a Hipólito por delante de Júpiter. Ahora incluso me estoy aficionando 85 —no te lo podrías creer— a prácticas desconocidas; siento deseos de marchar entre los animales [40] salvajes. Ya se ha convertido en mi primera diosa la señalada con el arco recurvo, la Delia 86 ; así me inclino yo a tu parecer; me encanta ir al bosque, azuzarles la jauría a los ciervos empujados a las redes, para que corran por lo alto de los montes; o disparar la vibrante jabalina con brazo que se [45] estira, o reposar mi cuerpo en la tierra herbosa. Muchas veces disfruto al conducir el carro ligero por la pista, apretando con el freno los hocicos del veloz corcel. Dicen que ahora me dejo llevar como las Eleleides movidas por el furor de Baco, y como esas que remecen sus panderos al pie del Ida 87 , o como aquellas a las que pasmaron las semidiosas Dríades y los Faunos bicornes, al contacto con sus divinos [50] poderes. Porque todo eso me lo cuentan cuando ya se me ha pasado el ataque, y yo escucho callada, sé que es el amor, y me abraso.
Puede que esté pagando con este amor el destino de mi casta, y que Venus me esté pidiendo el tributo de toda mi familia 88 . Júpiter amó a Europa —origen remoto de mi familia—, [55] y bajo forma de toro se enmascaraba el dios. A un toro engañó Pasífae, mi madre, y se entregó a él, y el parto de su vientre fue también el peso de su culpa 89 . El perjuro hijo de Egeo, siguiendo el hilo que lo guiaba, salió de la [60] morada sinuosa 90 gracias a la ayuda de mi hermana 91 . Y ahora yo, ¡ay!, para que no se piense que soy menos hija de Minos, acato también, la última, las leyes matrimoniales de mi familia. También es cosa del destino que una misma casa nos haya gustado a las dos; me cautivó tu hermosura, y mi hermana quedó cautivada por tu padre. Teseo y el hijo de [65] Teseo han robado a las dos hermanas; ¡levantad dos trofeos con los despojos de nuestra casa!
En el tiempo en el que entré en la Eleusis de Ceres —ojalá la tierra de Cnoso no me hubiera dejado salir—, entonces me empezaste a gustar de forma especial (aunque ya me gustabas antes); un amor desesperado se me hundió hasta la [70] médula de los huesos. Ibas vestido de blanco, una guirnalda te adornaba el pelo, y un pudoroso rubor teñía tu cara morena; el rostro que otras dicen que es severo y violento, a juicio [75] de Fedra no era severo, sino viril. Lejos de mí esos hombres que se arreglan como mujeres; a la belleza del hombre le va bien cuidarse poco. A ti te va esa severidad, esa melena dejada a su aire, y el toque de polvo en tu cara egregia. [80] Si gobiernas el cuello rebelde de un caballo salvaje, me admiro del diminuto círculo en el que giras los pies; si blandes con toda la fuerza de tu brazo la flexible jabalina, tu brazo salvaje tiene vueltos hacia él mis ojos; igual si empuñas el venablo de cornejo, de ancha punta de hierro, y en fin, todo lo que haces me gusta verlo.
[85] Deja tú la dureza para el monte y para sus bosques, que yo no merezco ser carne de tus matanzas. ¿De qué te sirve 92 ejercitar la pasión de la arremangada Diana y quitarle a Venus su parte? Lo que no tiene su correspondiente descanso [90] no dura; el descanso repara las fuerzas y restablece el cuerpo cansado. El arco (sigue el ejemplo de las armas de tu Diana), si nunca dejas de tensarlo, se afloja. Céfalo era muy conocido en los bosques, y muchos animales habían caído [95] por los prados víctimas de sus heridas; y sin embargo no se entregaba a disgusto al amor de la divina Aurora, que con buen juicio se iba con él dejando a su viejo esposo 93 . Muchas veces bajo las encinas un prado cualquiera albergó los amores de Venus y el hijo de Cíniras. El hijo de Eneo se [100] enamoró de la menalia Atalanta; ella tiene la piel de la fiera 94 como prenda de su amor. Ya es hora de que a nosotros se nos cuente entre esta gente; si quitas a Venus, tu bosque se hace zafio. Yo seré tu compañera, y no me asustarán las cavernas rocosas ni el colmillo torcido del terrible jabalí. Olas de dos piélagos baten los dos costados del Istmo, y la [105] estrecha franja oye a los dos mares. Aquí a tu lado me haré de Trecén, reino de Piteo; ya amo más a esa tierra que a la mía propia. Hace tiempo que no está el héroe descendiente de Neptuno 95 , y todavía tardará, porque lo detienen las riberas [110] de su Pirítoo. Si no negamos la evidencia, Teseo ha preferido a Pirítoo antes que a Fedra, y a Pirítoo antes que a ti. Y no es ésta la única afrenta que nos viene de él; en cosas muy importantes nos ha lastimado a los dos. Destrozó los [115] huesos de mi hermano 96 con su clava de tres nudos, y los esparció por tierra, y a mi hermana 97 la abandonó para que fuera pasto de las fieras. A ti te parió la más valerosa de las mozas que manejan el hacha 98 , digna madre de un hijo tan fuerte. Si preguntaras dónde está: la espada de Teseo le atravesó el costado, ¡ni con una prenda tan valiosa 99 estuvo tu [120] madre a salvo! Pero ni siquiera se casó con ella ni la recibió con la antorcha del matrimonio —¿y por qué sino para que tú, el bastardo, no te hicieras con el reino de su padre?—. De mí te ha dado hermanos, todos ellos sin embargo legitimados por él, no por mí 100 . ¡Ay, ojalá que mi vientre antes [125] de hacerte daño, lo más hermoso del mundo, se hubiera destrozado en el momento del parto! Anda, respeta tú la cama de un padre que hace tales méritos, la cama de la que él huye, y a la que él renuncia con su conducta.
No porque parezca que vaya a unirme yo, tu madrastra, [130] contigo, mi ahijado, deben encogerte el corazón esos nombres vacíos 101 . Esa antigua piedad, que se llegaría a perder con el tiempo, existía cuando Saturno ejercía su agreste poderío 102 . Júpiter dictaminó que sería buena cualquier cosa que gustara, y la hermana casada con el hermano 103 hace [135] que todo sea lícito. Se ciñe con sólida cadena la unión de sangre a la que la propia Venus ha echado sus nudos. Y tenerlo oculto no cuesta mucho, ¡se puede! Pídele a ella ese favor 104 ; con la excusa de nuestro parentesco se podría ocultar el pecado. Que alguien nos ve abrazarnos: se nos alabará [140] a los dos, se dirá que soy una buena madrastra con mi hijastro. No tendrás que ir entre tinieblas 105 a abrir las puertas de un marido severo, no habrá un guardián al que burlar. Igual que una misma casa nos ha acogido a los dos, una misma casa nos seguirá acogiendo. Me besabas sin esconderte, sin [145] esconderte me seguirás besando. Conmigo estarás seguro, y merecerás alabanzas por tu pecado, aunque llegaran a verte en mi cama. Deja de perder el tiempo y cierra rápido el pacto 106 . Ese Amor, que está siendo tan cruel conmigo, ojalá se apiade de ti a cambio. No me avergüenzo de pedírtelo de rodillas, como una suplicante 107 . ¡Oh! ¿Dónde está mi orgullo [150] y las palabras altaneras? Han muerto. Yo estaba segura de poder luchar mucho tiempo y de no ceder al adulterio... —como si el amor tuviera algo seguro—. Ahora derrotada te suplico y tiendo hacia tus rodillas mis brazos de reina. El que ama no sabe lo que es la vergüenza 108 . He perdido el [155] pudor: ha desertado, abandonando sus estandartes. Perdona a esta rea confesa y domeña tu duro corazón. Aunque mi padre sea Minos, que domina los mares, aunque los rayos provengan de mi bisabuelo 109 que con su mano los lanza, aunque mi abuelo 110 tenga la frente cercada de agudos rayos, y sea él quien conduce la luz templada del día sobre su carro luminoso —toda mi nobleza se rinde ante el amor—: ten [160] compasión de mis antepasados, y si no te da pena de mí, apiádate al menos de los míos.
Es mi dote una tierra que era de Júpiter, la isla de Creta; que todo mi gobierno se someta a mi amado Hipólito. ¡Oh, [165] cruel, doblega tu corazón! Mi madre pudo seducir a un toro, ¿serás tú más salvaje y más fiero que un toro? Apiádate de mí, por Venus, que tanto se prodiga conmigo: así nunca te enamores de quien te pueda despreciar; así te acompañe la [170] diosa ligera en los sotos apartados 111 , y así la espesura del bosque te ofrezca fieras que matar; así te ayuden los Sátiros y los Panes, dioses de los montes, y que caiga el jabato atravesado de frente por tu venablo; así te den las ninfas, aunque se diga que no te gustan las muchachas, el agua que te [175] alivie la sequedad de tu sed. Acompaño estas súplicas también con lágrimas. Las palabras de la suplicante las estás leyendo, y las lágrimas imagina que las estás viendo.
76 Carta de declaración. Hipólito era el hijo de Teseo y de la amazona Hipólita. Lo amó su madrastra Fedra, a la que él, célibe y seguidor de Diana, no correspondió. Fedra, desdeñada, provocó su muerte. Sobre el tratamiento del material (en este caso proveniente de la tragedia) por Ovidio en las Heroides véase el breve pero atinado análisis de KENNEY (Literatura latina ..., págs. 127-128), donde compara la Fedra de Ovidio con la de Eurípides. KENNEY hace derivar esta recreación de la primera Fedra de Eurípides, que causó consternación por presentar a Fedra como una impúdica. Un análisis anterior de la elegía en JACOBSON , Ovid’s Heroides ..., págs. 142-158.
El uso de la carta de amor en las intrigas contemporáneas está atestiguado en Ars I 455-486, III 469-498, 619-630.
La disposición es la siguiente (sigo en parte a OPPEL , Ovids Heroides ..., pág. 12): 1-10 introducción y motivo de la carta; 11-34 justificación de su amor; 35-52 síntomas de ese amor; 53-66 la fatalidad de su amor se debe al destino de su familia; 67-84 narratio : cómo nació el amor y retrato de Hipólito; 85-164 suasoria : argumentos a favor de que corresponda al amor; 165-176 súplica final.
77 Hipólito es hijo de la amazona Hipólita.
78 ¿Sentencia general o referencia concreta a Teseo, esposo de Fedra, y la posibilidad de que intercepte la nota?
79 Primer Amor en minúscula y segundo en mayúscula en DÖRRIE .
80 Sometidas a las cadenas, aquí metáfora proveniente del triumphus Amoris ; dentro del tópico más general del amor como seruitium .
81 Pide que Amor use sus dos armas, la antorcha y las flechas.
82 Vulnus caecum es la herida que causa un golpe sin rasgaduras ni sangre, la «llaga secreta» (SOCAS ).
83 Metáforas de la pérdida de la virginidad. La primera fruta de un huerto, la primera flor de un jardín, cuando todavía se puede elegir la más hermosa. Aquí referido al primer adulterio.
84 Juego de palabras: Ovidio usa la palabra candor que es la blancura esplendente (de ahí que se aplique a la bondad) manchada por una caída, el incesto, ya que Fedra era madrastra de Hipólito. Y ésta es la mancha desusada, porque no es frecuente.
85 Versos 37-50: motivo de la caza. Proviene de EURÍPIDES , Hipólito 215-222, aquí transformado en mero elemento del obsequium elegíaco, o entrega del amado a su amada, como lo analiza certeramente KENNEY , Literatura latina ..., pág. 127.
86 También es posible interpretar Delia como vocativo, con lo que iudicium tuum no se referiría a Hipólito, sino a la diosa (Diana), y la interpretación cambiaría notablemente: «Oh Delia, a tu parecer me inclino» (así SOCAS ).
87 Sacerdotisas de Cíbeles.
88 Vulcano, esposo de Venus, la sorprendió en adulterio con Marte, gracias al Sol, su delator, y Venus en venganza castigó a los descendientes del Sol con desenfrenos amorosos (cf. BORNECQUE -PRÉVOST , pág. 21, n. 1).
89 El Minotauro.
90 Teseo en el laberinto de Creta.
91 Ariadna.
92 Trivialización en Heroides , siguiendo la lógica elegíaca y declamatoria, del mensaje de Eurípides (así en KENNEY , Literatura latina ..., página 127).
93 Titono. La Aurora se enamoró de Céfalo y lo raptó.
94 El jabalí de Calidón, al que dio muerte Meleagro, hijo de Eneo (cf. 3, 91-102). Atalanta es llamada Menalia por el Ménalo, un famoso monte de la Arcadia. El hijo de Cíniras aludido antes es Adonis, amado por Venus.
95 Teseo, que sigue en Tesalia.
96 El Minotauro; parecido razonamiento en 10, 77 (Ariadna).
97 Ariadna, cf. v. 64 e Índice.
98 La reina de las amazonas, Antíope.
99 El hijo, Hipólito.
100 El derecho romano permitía al padre exponer e incluso repudiar a los hijos. Sólo si el padre lo levantaba del suelo y lo cogía en brazos, lo legitimaba, cf. MOYA , pág. 27, n. 6.
101 Nuevos rasgos de la «moralidad elegíaca» que defiende la Fedra de Ovidio, cf. KENNEY , Literatura latina ..., pág. 127.
102 Motivo literario de la Edad de Oro.
103 Júpiter y Juno.
104 Sigo el texto de MOYA : Pete munus ab illa .
105 Motivo elegíaco amatorio del furtivus amor en los versos 141-142, con los elementos de la ianua , el durus vir y el custos , que en la elegía amatoria son siempre obstáculos.
106 Motivo elegíaco del foedus amoris , cf. II 21-24.
107 Signa precantium , nuevo motivo tomado de la elegía amatoria.
108 En estos versos se contiene la cristalización del amor elegíaco de Fedra, cf. KENNEY , Literatura latina ..., pág. 128; los rasgos son los del servitium amoris , la esclavitud del amor.
109 Júpiter.
110 El Sol.
111 Diana, la diosa venerada por Hipólito.
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