Kitabı oxu: «El lado Norita de la vida»

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Melicchio, Pablo

El lado Norita de la vida : conversaciones de Nora Cortiñas con el psicólogo Pablo Melicchio / Pablo Melicchio ; prólogo de Adolfo Pérez Esquivel. - 1a ed . - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Marea, 2019.

Libro digital, EPUB - (Historia urgente / Constanza Brunet, ; 71)

Archivo Digital: descarga

ISBN 978-987-8303-08-6

1. Literatura Testimonial. 2. Derechos Humanos. 3. Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora. I. Pérez Esquivel, Adolfo, prolog. II. Título.

CDD 808.856


Edición: Constanza Brunet

Coordinación: Florencia Jibaja Albarez

Corrección: Marisa Corgatelli

Diseño de tapa e interiores: Hugo Pérez

Fotografía de tapa: Marcela Rodríguez

© 2019 Pablo Melicchio

© 2019 Editorial Marea SRL

Pasaje Rivarola 115 – Ciudad de Buenos Aires – Argentina

Tel.: (54 11) 4371–1511

marea@editorialmarea.com.ar

www.editorialmarea.com.ar

ISBN 978-987-8303-08-6

Depositado de acuerdo con la Ley 11.723. Todos los derechos reservados.

Prohibida la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento sin permiso escrito de la editorial.

Impreso en Argentina – Printed in Argentina.

Contents

1  PRÓLOGO

2  INTRODUCCIÓN

3  BREVE APUNTE PARA UNA BIOGRAFÍA

4  PRIMER ENCUENTRO

5  LA FOTO

6  SEGUNDO ENCUENTRO

7  NI MUERTO NI VIVO, DESAPARECIDO

8  TERCER ENCUENTRO

9  JUEVES: DÍA DE LAS MADRES

10  CUARTO ENCUENTRO

11  LA CRUELDAD

12  QUINTO ENCUENTRO

13  CUANDO FALTA EL DUELO

14  PEQUEÑA GIGANTE

15  SEXTO ENCUENTRO

16  LA FOTO II

17  SÉPTIMO ENCUENTRO

18  D(OS)EMONIOS

19  OCTAVO ENCUENTRO

20  LAS LOCAS DE LA PLAZA

21  NOVENO ENCUENTRO

22  ¿CÓMO TRANSFORMAR EL DOLOR EN LUCHA?

23  DÉCIMO ENCUENTRO

24  AGRADECIMIENTOS

Landmarks

1  Cover

Dedicado a todos los que sufren,

con el deseo de que este libro los ayude a resistir

y a transformar el dolor en lucha.

Las Madres de Plaza de Mayo

escriben poesía contra nuestra trivialidad.

Osvaldo Bayer

En Argentina, las Locas de Plaza de Mayo

serán un ejemplo de salud mental,

porque ellas se negaron a olvidar en los tiempos de la amnesia obligatoria.

Eduardo Galeano

PRÓLOGO

Carta a mi hermana y compañera de lucha

Querida Norita:

Un abrazo y mucha fuerza y esperanza. Me alegra que Pablo Melicchio, psicólogo, no quiera psicoanalizarte, no sé qué pasaría. Sí tuvo la sabiduría de asumir el desafío de escucharte y “hacer caminar la palabra” de tu vida y dar a luz un libro sobre tus luchas y caminos recorridos junto a los pueblos. Me pidió si podía escribir el prólogo y la verdad es que no, prefiero escribir una carta a mi hermana y compañera de lucha por la Vida y la Paz, con quien marchamos y reclamamos Verdad y Justicia, luchamos contra la impunidad, en defensa de los derechos humanos y de los pueblos. Sobre la impunidad no es posible construir la democracia. Los años pasan, pero continuamos sembrando memoria, conciencia crítica y valores que ayuden a construir un mundo más justo y fraterno, y tenemos la responsabilidad de pasarle la “posta” a las nuevas generaciones.

Norita, muchos sabemos de las dificultades e incomprensiones que soportas hasta el presente, también sabemos de tu capacidad y resistencia, que a pesar de todo no dejas de sonreír a la vida y estás dispuesta al diálogo que permita un nuevo amanecer, y que nos enseñe que otro mundo es posible a través del compromiso con el pueblo.

Durante muchos años caminamos junto a las organizaciones sociales, ya no recordamos en cuántas marchas, viajes, encuentros solidarios con otros pueblos que sufren continuas violaciones a sus derechos y buscan Verdad y Justicia, reclamando reparación y juicio y castigo a los responsables de crímenes de lesa humanidad. En ese caminar por la vida, entre luces y sombras, se fueron sucediendo horas, días, meses, años, el tiempo sin tiempo y te fuiste forjando en el crisol de la resistencia, comprendiendo el dolor que soportan otras comunidades, poblaciones, sindicatos, pueblos originarios, jóvenes, y esa resistencia creciente de mujeres que reclaman sus derechos.

Muchos de esos dolores y opresión que sufrimos tienen raíces en el imperio de los Estados Unidos, que impuso dictaduras militares y su plan de exterminio, económico, político y social, a través de la Doctrina de Seguridad Nacional, con un alto costo en vidas, miles de desaparecidos. Entre los 30 000 está tu hijo Gustavo, por quien sigues reclamando saber qué pasó, dónde se encuentra. Los 30 000 también son tus hijos.

Tu lucha se prolonga en los pueblos, es parte de un todo, como la Deuda Externa con su cadena de dependencia que somete a los pueblos y que lamentablemente continúa hasta el día de hoy con gobiernos entreguistas, que imponen nuevas formas de dominación como la “Lawfer” o “guerra judicial”, con un poder judicial atado al poder político en muchos países.

Norita, en tu caminar tuviste la capacidad de denunciar la estructura eclesial y la complicidad con la dictadura, y esa mirada y valentía de saber separar la paja del trigo, reconociendo a los mártires que dieron su vida para dar vida desde la fe y el compromiso con el pueblo. La Marcha de la Resistencia durante la dictadura militar y en democracia, buscando siempre el derecho a saber “dónde están los miles de desaparecidos”. Recuerdo cuando viajamos a Haití con Beverly, acompañando a ese pueblo hermano sufriente ocupado por tropas, su lucha por liberarse, tus palabras en la universidad de Puerto Príncipe alentando a la resistencia y a no bajar los brazos, los jóvenes te miraban con asombro por la fuerza de tu mensaje de resistir y buscar caminos de liberación. Recuerdo a un escritor peruano, Ciro Alegría, que publicó un libro titulado El mundo es ancho y ajeno, en el que retrató la vida de los pueblos andinos entre el dolor y la esperanza. Como decía nuestro Atahualpa Yupanqui, “las penas son de nosotros, las vaquitas son ajenas”. Y en ese desafío siempre estás presente acompañando a las organizaciones de campesinos, mujeres, jóvenes, y la vida te llevó a lugares donde te conocen y quieren, como el pueblo Saharaui, las mujeres en Japón, en Estados Unidos, Europa. Viajera incansable en nuestro país junto a los mineros, los pueblos originarios, las mujeres que reclaman sus derechos. Siempre recordando que los Derechos Humanos y los Pueblos no tienen fronteras, que la Unidad en la diversidad es el camino.

En el libro vas recorriendo la memoria acompañada por Pablo Melicchio, que ha gastado zapatos y baldosas en Castelar para ir recogiendo tus pensamientos, historias, preocupaciones y saber de la Fuerza que te anima junto a las Madres Línea Fundadora y saber que toda la fuerza nace del Amor. Seguro que Pablo, en ese caminar, se enriqueció como persona al descubrir tu persistencia de seguir la lucha por un mundo mejor y así nació el libro El lado Norita de la vida.

El Amor todo lo puede y como dices y decimos: “Treinta mil desaparecidos… ahora y siempre. Hasta la Victoria siempre… Venceremos, Venceremos, Venceremos…”.

Querida Norita, un abrazote de Paz y Bien.

Tu hermano

Adolfo Pérez Esquivel

Buenos Aires, 22 de diciembre de 2018

INTRODUCCIÓN

Hace unos años tuve la suerte de que Nora Cortiñas leyera mi novela Las voces de abajo y me convocara para conocernos. Nos encontramos en su casa de Castelar y el diálogo resultó interminable y, como suele suceder con ella, se derivó por mil caminos. Luego vinieron otros encuentros, algunas marchas y su incondicional apoyo cuando le propuse, entre otras cosas, que nos acompañara a los psicólogos en la lucha que habíamos iniciado entonces para que no se modificara un reglamento de la ley de salud mental que retrasaría los avances alcanzados hasta el día de hoy en ese campo. En esas largas charlas, entre mates o té, le preguntaba y me respondía, y me contaba tantas cosas, que empecé a fantasear con la idea de hacer un libro con ella, sobre sus vivencias, sobre su historia, que es también una parte fundamental de la historia de nuestro país. Finalmente, mi fantasía se hizo realidad. “Pero que sea una biografía psicológica”, me propuso cuando concretamos el inicio de las grabaciones.

“Sos perseverante”, me dijo por teléfono el día que acordamos la fecha y la hora, después de muchos llamados y propuestas (o ruegos) que le hiciera en todo acto o manifestación por donde me cruzara con ella. “Sí, persevera y triunfarás”, le respondí. ¿Acaso no era justamente la perseverancia lo que ella y las Madres me habían enseñado? Insistí porque deseaba escucharla, entrevistarla, o algo parecido. Deseaba registrar lo que me contara y luego hacer un libro con ese material. ¿Y qué tipo de libro? ¿Una biografía? ¿Un ensayo? ¿Una novela con Nora como personaje? Como si fuese el aprendiz de un monje zen, me dejé llevar por lo que sucediese. Me compré un grabador. Armé un cuaderno con algunas preguntas. Devoré notas, escritos, videos y toda información que encontré por Internet. Y así me sumergí en el universo de Nora Cortiñas.

Entonces este libro es el resultado de esos encuentros. Es su voz viva, son sus respuestas y reflexiones. Son mis preguntas y mis reflexiones también. Es un diálogo entre amigos, entrevistas, ensayos y pensamientos vivos. Es un libro que habla de ella y con ella. Y yo, como escritor, psicólogo, testigo y aprendiz. Es su mundo interior, es su casa, son sus silencios, sus palabras y las mías, sus conversaciones telefónicas, sus respuestas, sus asociaciones libres. Es, en definitiva, la colección de diversos elementos que fui juntando en esos largos encuentros y que se conjugaron de este modo.

Libro uno e infinito, como el mundo de Norita.

BREVE APUNTE PARA UNA BIOGRAFÍA

Nora Irma Morales de Cortiñas, Beba para algunos familiares y amigos, nació un 22 de marzo (un marzo no tan trágico como el de 1976) de 1930 en Buenos Aires. Sus padres eran catalanes. Eran cinco hermanas. Tuvo una infancia feliz. En 1950, a los diecinueve años, se casó con Carlos Cortiñas, que tenía por entonces veinticinco años, y con quien convivió durante cinco décadas. Tuvieron dos hijos, Carlos Gustavo, que nació en 1952, y Marcelo Horacio, en 1955. Nora se encargaba de las tareas del hogar, del cuidado de los hijos y enseñaba alta costura dentro de su casa. Hasta allí, la historia típica de una familia clásica argentina, de clase media trabajadora, la historia de una mujer dedicada por sobre todas las cosas a las tareas hogareñas y a la familia. Pero el 15 de abril de 1977, su hijo Carlos Gustavo Cortiñas, de 24 años, fue detenido, secuestrado y desaparecido en la estación de Castelar, provincia de Buenos Aires, por fuerzas armadas. Es a partir de ese trágico suceso, cuando tenía 47 años, que la vida de Nora Cortiñas cambiará rotundamente. Buscando a su hijo Gustavo, que aún continúa desaparecido, Nora se convertirá en el símbolo que es en la actualidad: Madre de Plaza de Mayo Línea Fundadora.

Nora sigue luchando no solo por la aparición de su hijo Gustavo y la de tantos otros desaparecidos, sino que está presente en todos los lugares donde haya alguna injusticia o alguien esté sufriendo.

PRIMER ENCUENTRO

Camino por las calles de Castelar con un ramo de flores en la mano y con mil sensaciones rebotando en mi interior. Me detengo ante la reja de su casa, suspiro hondamente y toco el timbre. Tarda un poco, o tal vez es demasiada tardanza para mi estado de ansiedad. De pronto escucho ruido de llaves. Abre la puerta que da al garaje, avanza y luego separa con sus pequeñas manos la cortina verde y blanca que nos aparta. Se asoma y me saluda. Busca entre el manojo la llave de la reja y la abre. Cuando me recibe se le iluminan los ojos, sé que le encantan las fresias. Me agradece. Ingresamos en el living. Se dirige hacia la cocina y regresa conun florero con las flores dentro y lo pone sobre la mesa. Norita se está recuperando de una caída. Mientras nos vamos acomodando en los sillones, le pregunto cómo sucedió esa caída. “Inesperada, como todas las caídas”, responde. Me cuenta que estuvo en Santiago del Estero, en un terreno grande donde estaban “los sin tierra”, campesinos, indígenas… Que se salvó porque había ido muy abrigada. Solo el pie, que por eso renguea un poco. Pensó que le había estallado el empeine. Que allí le hicieron los primeros auxilios, pero que luego la atendieron en el hospital Posadas. Y ya que nombra a su querido hospital, dice: “Un lugar destrozado; no dan abasto por la falta de personal, por los despidos y por el exceso de enfermos”. Que estuvo muchas horas, pero salió con el diagnóstico de una simple inflamación, un golpe muy fuerte. “Hielo y bañitos con sal, el tratamiento que hacían las madres de antes”.

–Voy recuperándome, lentamente, porque mi cuerpo ya tiene años. Yo me rompo la cadera y me muero… Me cuido para no caerme. La caída de una persona mayor muchas veces termina siendo la muerte.

Tiene 88 años. Detenerse, para ella, por su forma activa de ser y estar en el mundo, es similar a morir. Nora es una mujer incansable. Hay ancianos que tienen vidas sosegadas, que se jubilan y que viajan por placer; otros son más espectadores que protagonistas, viejos que se quedan frente a la pantalla del televisor, en la rutina familiar, o que van sacando las conclusiones de sus vidas. Pero Nora no quiere nada de eso, menos una conclusión o un cierre, porque aún hay algo que no le cierra.

De fondo suena la radio, las noticias y algunos sonidos mínimos de un barrio que parece estar reposando.

Me cuenta que en un rato llega Mónica, que la va a cuidar durante unos días.

–Tengo que aceptar que me quieren cuidar.

–Es bueno que te dejes cuidar un poco, Nora –le digo.

Ella es la que cuida de todos y ahora es tiempo de que la cuidemos, de su caída, de su golpe o, como diría César Vallejo, de esos “…golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé! Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos, la resaca de todo lo sufrido se empozara en el alma…”. Algo que Nora sabe muy bien.

Suena el teléfono. Se levanta despacio, lo descuelga de la pared. Atiende. Es amable, siempre. Se sienta. Agenda una entrevista.

–Los periodistas me tienen loca, patilluda, es que cada día hay una canallada más –dice cuando corta. Apoya el teléfono sobre la mesita ratona y levanta la pierna sobre un banquito de madera.

Vamos hablando de los detalles del libro. Un libro espontáneo, libre, natural, que vaya saliendo como si se pariese en el campo, sin máquinas ni anestesias. Insiste en que tiene que ser psicológico, y en el que cuente la perversión de ciertos militares, pero también la resistencia de las Madres y de las familias.

–Hay varios periodistas y documentalistas que quieren hacer mi biografía –me dice y, tras un suspiro, agrega–. Pero yo no tengo nada anotado, yo siempre viajé, fui, vine, no guardaba nada, tengo un montón de fotos sin fechas…

–Vamos por la memoria, entonces –le digo, y sonríe.

Cada vida está constituida de infinitos momentos. Hay vidas más lineales, “normales”, vidas clásicas, casi sin sobresaltos. Hay millones de personas en el mundo que nacen, viven y mueren, que pasan inadvertidas y que, con los años, nadie sabrá que habitaron en esta tierra. Pero la existencia de Nora es una e infinita, contiene muchas vidas dentro. Estoy frente a Nora, la que fue hija, esposa y madre. Nora, la madre actual de Marcelo y la que fue madre de Gustavo hasta que lo secuestraron. Nora, la Madre de Plaza de Mayo, la militante, la luchadora por las mil injusticias que padecemos cada día. Su vida dividida en mil partes, pero por sobre todo partida en dos: antes y después de la desaparición de Gustavo.

Estamos sentados frente a frente. Sobre la mesa ratona aguardan el grabador encendido y mi cuaderno abierto con mil notas y mil preguntas. Norita está distendida, como si nos conociéramos de toda la vida.

–Que vaya saliendo el manejo psicológico que hizo la dictadura con las familias, con las Madres. Lo mismo que le hacen a la familia Maldonado, el colmo de la perversión. La diputada Laura Alonso festejó un chiste negro que circulaba en Internet, que preguntaba: “¿Dónde termina el camino de Santiago?”. Y la respuesta era: en un cajón con huesos. Lo peor que le pueden hacer a una familia, a una madre, se lo están haciendo a esta familia; ellos están solos… Lo de Santiago Maldonado es desaparición forzada seguida de muerte, así. Doble crimen. Eso mismo nos hacían a nosotras, nos llevaban detenidas en plena dictadura, por escándalo en la vía pública, decían. Vaciaban un colectivo en la esquina de la Plaza, y nos metían a todas en una celda donde en el piso había un muerto. El muerto podía ser alguien al que lo atropelló un auto o lo que fuera, pero ese era un mensaje. Eso mismo le hicieron a la familia Maldonado –dice y respira hondo.1

Santiago es para Nora, y para todas las Madres, la recreación de lo que padecieron con sus hijos. Desaparición. Búsqueda. El trauma se reactiva. Al decir freudiano, lo no elaborado retorna incesantemente. Y como las Madres que no hallaron a sus hijos no pudieron atravesar sus duelos, con lo sucedido con Santiago Maldonado el trauma se recrea y se reactiva. Es una vuelta al mundo del dolor en casi ochenta días. La consigna “Aparición con vida de Santiago” condensó todas las angustias vividas por las Madres en la época de la dictadura. Represión. Desaparición.

–Quisiera que puedas recrear el proceso psicológico de querer destruir una familia –dice y me mira fijamente.

Es un pedido. Su pedido es una orden que me revuelve las tripas, que me parte la cabeza en treinta mil pedazos. Sé que hay distintas formas de destruir una familia. Hoy, que la familia ya no es lo que era, ¿de qué familia me habla Nora? De aquella que funciona, de una u otra manera, ligada desde un objetivo. Aquella en la que hay encuentros. En la que, como sucedía en la suya, había una mesa, un papá, una mamá y dos hijos. Esa familia clásica en la que el padre salía a trabajar y regresaba a un hogar en el que estaba la madre ocupándose de los hijos. Esa familia en la que los hijos iban a la escuela, salían a bailar, tenían amigos, novias, fiestas. Esa familia es la que se intentó destruir cuando se llevaron a Gustavo. Pero no fue destruida, fue reconvertida, con la desaparición de Gustavo pasó a ser otra familia, con la ausencia. Fue entonces cuando Nora, la esposa y madre, no se quedó en su casa, encerrada con su dolor, sino que se calzó el pañuelo blanco y salió a la calle para convertirse en una Madre de Plaza de Mayo.

–¿Y dónde comienza ese proceso de descomposición de la familia, Nora? –le pregunto.

Nora baja levemente la cabeza, como si en su falda estuviera abierto el libro de la buena memoria. Enseguida regresa su mirada y me dice:

–La descomposición de una familia como la nuestra arranca en el momento de la desaparición. Ya no se vuelve atrás...

“Ya no se vuelve atrás”, dice Nora, con un dejo de melancolía. En realidad, nunca hay vuelta atrás, solo imaginaria. Pero, aun así, más de una vez quisiéramos volver al pasado, a esos momentos plenos, ideales, sin dolores ni muertes, y quedarnos allí eternamente.

–¿Hubo un momento en el que pensaste que ya no ibas a encontrar a Gustavo?

–No hubo un momento, hubo una historia. No hubo un momento que yo te diga, el día tal… como cuando uno escribe el diario de su vida: el día tal hice tal cosa… En esta historia no hay un día tal. Hay un día que no te diste cuenta qué día era, no lo registraste, no sabés bien qué pasó –dice y se queda contemplando un punto lejano del living en penumbras. Un espacio poblado de fotos, libros, reliquias, regalos de todo el mundo. Un lugar donde habla la historia reciente de nuestro país.

La vida dividida. Y la memoria activa. Luego de un instante, regresa de un viaje inaccesible para mí. Me mira con dulzura. Entonces sigo preguntando. Sigo ingresando en la historia y en la vida de Nora Cortiñas. Miro mi cuaderno en el que esperan las preguntas sin respuestas, pero siento que no es momento de puntualizar y, apelando a mi profesión de psicólogo, le digo:

–Hablame de lo que quieras.

–Bueno, la desaparición… ese es el punto de partida de un cambio. No es fácil. Voy perdiendo la memoria y tengo que ir rescatando. Rescatando. Me acuerdo de tal cosa… ayer, cuando vi esa escena de la madre de Maldonado, la perversión de un sistema represivo, cómo te destruye, cómo te hurga en tu interior para ver cómo te pueden destruir, y a cada ser de la familia le toca de una manera distinta. No todos son de la misma manera. La madre reacciona de un modo; el padre, de otro; el hermano, de otro… toda esa conjunción, para ir desarrollando el sistema perverso que es la dictadura. A medida que ahora me meto en esto… haré memoria, porque hasta ahora no tenía tiempo.

–Trabajaremos con la memoria. Es un bueno momento para que puedas trasmitir lo que viviste.

–¿Qué quiero que hagas, Pablo? Que hurgues en lo psicológico y en lo político… Todo lo psicológico de la dictadura, de la represión, que tiene un trasfondo político muy intenso.

–¿Qué es la desaparición, Nora?

–El sistema de represión más infame es la desaparición de persona. La persona pasa de ser a no ser, de no saber más nada de qué pasó con su familia y su familia no saber más nada de qué pasó con él; todo es imaginación: “Ahora lo estarán torturando”, “¿y si ahora salgo a reclamar, van a seguir torturándolo?”. “Y si no salgo, ¿lo van a matar?”. Ese juego de crueldad. Hay un ex detenido desaparecido, que lo quiero mucho, al que le pusieron en su pecho desnudo a su hijito de dos o tres meses, y a él lo torturaban con su bebé arriba del pecho para trasmitirle la electricidad al hijo también. Hay que dejar testimonio, Pablo. Yo no sufrí la tortura en mi piel, sabés, la sentí en mi alma. La tortura en el cuerpo la sintieron los que estuvieron en un campo de concentración.

–Distintas formas del dolor, pero dolor al fin, Norita.

Desaparición. Torturas en el cuerpo y en el alma. Nora se levanta, se dirige lentamente hacia la cocina. Solo una pausa para preparar unos mates, para buscar un poco de respiro en medio de los recuerdos que duelen. Un recreo para descansar del horror, como quien en medio de un velatorio se asoma por una ventana y se queda observando a unos niños andando en bicicleta. Afuera, la vida; adentro, la muerte. Aunque adentro y afuera muchas veces no sea más que una banda de Moebius que nos confunde. Qué es adentro. Qué es afuera. Soñar con los ojos abiertos. Escucho los sonidos de Nora en la cocina. El agua que corre, la hornalla que se enciende, la puerta de la alacena que se abre; la vida insistiendo en el presente sobre el fondo de un pasado que se resiste a desaparecer porque hay un desaparecido que no aparece y es un nudo en la memoria.

Nora regresa con la bandeja con el termo y el mate. Me levanto de mi sillón y la ayudo. Nos sentamos. “Sigamos”, me dice. Está entusiasmada. Quiere seguir haciendo memoria, pensando, hablando y dejando testimonio de su recorrido personal, que también es recorrido histórico. Me siento parte de esa historia y un testigo privilegiado de una mujer referente de la ética, de la resistencia y de la lucha por la defensa de los derechos humanos.

–La familia, Norita, ¿cómo siguió luego de la desaparición de Gustavo?

Nora se queda un instante reflexionando. De fondo, la radio, una canción. Desde la calle llegan los sonidos del barrio: un ladrido lejano, las ruedas de un changuito rebotando en las baldosas de la vereda, voces que se pierden, una bocina. Preparo el mate, tomo el primero, “el del tonto”, como decía mi abuela, y le cebo uno a Norita.

–No todo fue tortura, está el matiz de una reunión de familia. No darles el gusto a los torturadores de que han vivido torturándonos. Uno pudo rehacerse. Ellos no pudieron darse el gusto de volvernos locos a todos –dice y se queda en silencio.

Toma el mate, despacio. Mientras, en el silencio, en la pausa, mis pensamientos se van rearmando, buscando la comprensión que muchas veces resulta imposible.

–El amor y la lucha quizás impidan caer en la locura –le digo.

–Sí, eso mismo, Pablo. Este sistema que emplea Macri ahora, por ejemplo, esto que va haciendo Macri día por día, es para llevar a la gente a la alienación. La gente se queda sin trabajo, unos compañeros sí y otros no. Y el compañero que permanece en el trabajo sufre tanto como el que fue despedido, ¿por qué? Por el miedo a perder el trabajo también, lo tienen agarrado ahí. Eso es perverso. El que regresa a su casa después de que echaron a un compañero se preguntará: “¿Mañana me dejaran entrar a mí?”. Están minando la salud con el silencio, con no decirles qué van a hacer con ellos –dice y me devuelve el mate.

–La desaparición y ese silencio al que hacés referencia tienen raíces similares, no saber qué pasó, qué va a pasar –señalo.

–El silencio también es alienante. El ocultamiento es alienante. El no decir y el negacionismo son alienantes.

El silencio de lo ocultado. El silencio de lo no dicho. El silencio perverso. El silencio de la verdad no dicha. El silencio que enloquece. Formas de la violencia, muchas veces sutiles, pero que van desgastando también, quebrando la paz de la gente. Vuelvo a llenar el mate. La mateada es parte del diálogo. Van y vienen los mates, llenos, vacíos, como palabras, como silencios. Nora busca en su memoria única e infinita, va respondiendo mis preguntas y se va metiendo en el relato, en la resignificación de lo vivido. Mientras tomo un mate, pienso, escucho, existo.

–No busquen testimonios sobre mí, sirve lo que yo viví. No lo que la gente cuente –dice, sentencia.

–¿Y qué viviste?

–La vida y la locura. Hay madres que se murieron locas. Hay una hija que viviendo en Holanda volvió a Buenos Aires para escribir un libro y rescatar la figura de su madre que terminó en un psiquiátrico.

–Escribir para deshacer el diagnóstico y rescatar a la madre, a la mujer sin etiquetas.

–Así es, Pablo. Yo quisiera saber cómo es ese proceso para volverse loca. Nadie se vuelve loco porque quiere, sino que enloquece cuando sus posibilidades de encajar en un espacio no se le dan. Porque se le hace insoportable el afuera, tiene que meterse adentro.

–Hay personas que tienen una estructura psicótica, pero que necesitan de determinada situación para brotarse, para que aflore esa locura. Y hay quienes, sin contar con una base psicótica, enloquecen ante la confrontación con algún suceso insoportable. Volverse loco, elegir la locura porque el afuera es intolerable, también es una posibilidad. ¿Vos sentiste en algún momento que podías volverte loca?

–Sí, te querías volver loca, porque es inaguantable una situación de dolor y de pena… Cada uno en su medida. Una cosa es una persona que sufre la tortura en su propio cuerpo y otra cosa es una persona que sabe que a su familiar lo torturaron, o que lo van a torturar si lo agarran.

Le cebo un mate. La memoria se riega, se rehidrata la tierra de los olvidos, crecen los recuerdos. Nora me devuelve el mate y retoma el diálogo:

–No quisiera que el relato sea siniestro. Tu libro, Las voces de abajo, en un momento te lleva a lo siniestro. Cuando el personaje se conecta con los desaparecidos. Esa ficción es verdadera. Yo, o cualquiera de las Madres, hemos sentido cuando entrás en un lugar que fue un campo de concentración, que volvés a ese mundo que vos quisieras descubrir… ¿qué hay ahí? ¿Qué tengo que descubrir ahora?

–Las memorias que conservan los lugares. O los lugares que despiertan a la memoria.

–Muchas Madres nuestras se volvieron locas. Algunas se mataron en un momento límite. Es la alienación que provoca esta situación.

–Quizá enloquecieron o se suicidaron las que se quedaron solas, encerradas con su dolor.

–Seguramente. El encuentro de las Madres, cuando Azucena propuso ir a la Plaza de Mayo a encontrarnos, a compartir información. ¿Qué conseguiste? ¿Adónde fuiste? ¿Qué buscás? Ese mecanismo de comunicarse. La conexión entre nosotras dentro del drama.

–Los encuentros entre las Madres y las rondas, compartiendo información, pero también el dolor y la lucha, resultaron ser la mejor forma para no enloquecer en soledad –agrego.

Nora cierra los ojos. Me cebo un mate. Nos quedamos un instante en silencio. La dejo ir. Me dejo ir. Estoy entusiasmado, pero también siento un nudo en la garganta. Nora me habla, le habla al hombre que soy, al escritor y al psicoanalista, pero también se habla a sí misma. Como en una terapia, el psicólogo muchas veces no es más que el pretexto, el espejo donde el paciente se busca.

–A medida que vaya hablando con vos, cuando te vayas, mañana, lavando los platos, tendré que seguir caminando mi memoria, no puedo meterme de golpe. El pensamiento te viene de pronto, lo relacionás con un hecho… –dice Nora y deja la frase inconclusa. Y yo me quedo detenido, como ante una pintura sumi-e en la que el artista dejó espacios en blanco con el propósito de que el observador complete la obra con su imaginación.

De pronto suenan las campanadas del viejo reloj de madera marcando la hora que regula el mundo cronológico. Desde la radio, unas propagandas, una música suave, la voz de una periodista. Nora regresa de algún recuerdo y se queda mirándome, sé que espera una pregunta. Sobre la mesa ratona, mi cuaderno con mil preguntas. Busco una. Elijo un camino entre tantos. Pregunto:

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Janr və etiketlər

Yaş həddi:
0+
Litresdə buraxılış tarixi:
15 noyabr 2024
Həcm:
173 səh. 6 illustrasiyalar
ISBN:
9789878303086
Müəllif hüququ sahibi:
Bookwire
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