Kitabı oxu: «Tratado de agricultura. Medicina veterinaria. Poema de los injertos.»

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PALADIO

TRATADO DE AGRICULTURA
•
MEDICINA VETERINARIA
•
POEMA DE LOS INJERTOS

TRADUCCIÓN, INTRODUCCIÓN Y NOTAS DE

ANA MOURE CASAS


EDITORIAL GREDOS

Asesores para la sección latina: JAVIER ISO y JOSÉ LUIS MORALEJO .

Según las normas de la B. C. G., las traducciones de este volumen han sido revisadas por INÉS ILLÁN .

© EDITORIAL GREDOS, S. A.

Sánchez Pacheco, 81, Madrid, 1990.

www.editorialgredos.com

REF. GEBO245

ISBN 9788424931742.

INTRODUCCIÓN

En una fecha imprecisa de finales de la Antigüedad, un autor que se presenta como Paladio Rutilio Tauro Emiliano, escribió un libro de agricultura que cierra la serie de tratados agronómicos que, en Roma, había iniciado Catón. Tiempo después compuso un resumen más deslavazado sobre veterinaria y un poema barroco sobre el arte de injertar; obras ambas, a lo que sabemos, independientes una de otra y del tratado agrícola, que vienen a constituir sus scripta minora .

Su obra agronómica, heredera de una larga tradición latina, cartaginesa y griega, y escrita en una época de decadencia, es una compilación de las más importantes obras de agricultura, con algunas partes dedicadas a temas arquitectónicos. Pero está bien escrita, con concisión, y, sobre todo, está bien presentada: en forma de anuario agrícola, dividida en tantos libros como meses tiene el año más unas instrucciones generales al principio; subdividida en capítulos y con unos índices detallados de materias —como un libro de hoy—. Estaba destinada a ser la obra de consulta medieval sobre temas de agronomía; y lo fue, hasta el extremo de ser el único manual de agricultura al uso desde la temprana Edad Media —al compás del olvido en el que caían las obras de sus predecesores— transmitido hasta hoy por más de un centenar de manuscritos, glosas, resúmenes y noticias de eruditos del Occidente europeo y de la cultura árabe; tampoco desdeñado por los renacentistas, aunque a partir de ahí comienza a declinar su fama, oscurecida por la reaparición de las obras consagradas de sus maestros. Pero fue especialmente bien acogido en España, el primer lugar, que se sepa, donde esta obra fue glosada y posteriormente traducida.

Sobre estos puntos de estilo, fuentes y pervivencia de la obra vamos a tratar con algún detenimiento. Sobre el autor, poco puede conjeturarse que no haya sido conjeturado ya 1 :

Pocos datos pertenecen al terreno de los hechos y no al de las hipótesis. Entre ellos, su nombre: Paladio Rutilio Tauro Emiliano. Se conoce además su tratamiento de vir illustris , transmitido también por la mayoría de los manuscritos conservados; el nombre escueto del destinatario de su obra: Pasífilo (XV 1); las citas de autoridades (Columela y Gargilio Marcial, especialmente, junto a los «Graeci») y, por último, se han investigado los pasajes donde habla de sí mismo, que son reducidos, o, por lo menos, donde se expresa al margen de sus fuentes, intentando encontrar algún punto de luz en medio de este panorama que es todavía más oscuro cuando se rastrea alguna pista fuera de su propia obra: no hay ninguna mención segura ni del autor ni de su tratado hasta la de Casiodoro, que no aporta tampoco ninguna precisión sobre su biografía, pero constituye un término ante quem seguro para fijar la época de Paladio, que se sitúa, por tanto, antes de la fecha del De institutione divinarum litterarum —c. 540— y después del último de los autores que Paladio menciona como sus fuentes: Gargilio Marcial —c. 260— (Dalmasso 2 ), o incluso después Vindanio Anatolio —c. 360— (Gemoll 3 ).

Ciertas características de su manual harían retrotraer el término post quem a partir del s.IV /V , fechas en las que se tiende hoy a situarlo 4 : el hecho de que se trate de un compendio de escritos de agronomía y de construcción de la villa y sus dependencias se interpreta (Martin, ibid.) en el sentido de que la obra iba dirigida a un público de nuevos propietarios agrícolas, en los momentos, del s. IV en adelante, en que se produce el retorno de los propietarios a sus tierras. La forma de composición del Opus Agriculturae , distribuido en libros precedidos de un índice de capítulos, respondería al uso establecido por los libros de leyes, indudablemente cuando ya no se escribía en volúmenes sino en códices, como debió de ocurrirle al tratado de Paladio, y se señaló (Meyer 5 ) el Códice Teodosiano del a. 438, como modelo en la forma de este tratado agronómico. Por otra parte, la manera de enfocar el tema religioso, parecía ser la de un pagano de los últimos tiempos que se interesa por el panteón tradicional más por razones literarias que por creencias personales y sólo manifiesta vagamente su fe no cristiana en frases aisladas que muestran una actitud religiosa acaso monoteísta, teñida de estoicismo (Vessereau, cf. infra ), propia de los círculos paganos de época tardía.

También su tratamiento de vir illustris podría proporcionar otra pista de su cronología, retrotrayéndola hasta finales del Imperio, y de su persona: uno de los personajes llamados «Paladio» que se localizan en esa época y con tal título podría ser el escritor agrónomo, o acaso alguno de los que llevan el cognomen —o nomen — de Aemilianus , pero la identificación no es en absoluto segura. La búsqueda de algún Pasífilo en la prosopografía oficial de la época tampoco proporciona mayor fiabilidad 6 .

Los datos autobiográficos de su obra sólo indican que tenía propiedades en Cerdeña y en Nápoles —probablemente la ciudad sarda— 7 y también en Italia, cerca de Roma. Dalmasso 8 matizó que su manera de hablar de Italia indicaba que él era un provincialis , porque señalaba las prácticas agrícolas italianas como algo que no le era desconocido, pero tampoco propio. Junto a esta hipótesis razonable, se esgrimió otra más determinada: el origen galo de Paladio, que se apoyaría en la atención que presta a ciertos utensilios y sistemas de la Galia —argumento débil porque tales descripciones no siempre son originales 9 —; se apuntó esta misma procedencia por los capítulos finales de cada libro, donde habla de la duración de las horas, que según complejos cálculos matemáticos, indicarían que Paladio escribía desde una latitud equivalente al norte de la Galia 10 . Incluso se propuso identificarlo con un familiar de Rutilio Namaciano, cuyas palabras en De red . 1, 208 y ss., podrían aludir a nuestro Paladio 11 .

Se llegaba así, sumando supuestos, a una identificación muy precisa del autor, época, patria, fe religiosa, pero sólo en el terreno de la hipótesis.

EL ESTILO Y LA LENGUA DE PALADIO:
LOS CONDICIONAMIENTOS DEL GÉNERO Y LAS FUENTES

Las interpretaciones sobre el estilo de Paladio parten del primer capítulo de su obra. Se ha visto allí una declaración de principios donde el autor manifestaba el propósito de no hacer una obra retórica 12 .

Sin embargo, ya en las antiguas ediciones desde la de Gesner 13 , se indicaba que Paladio no siempre había sido fiel a su programa. Casi todas las figuras retóricas tenían cabida en algún lugar del Opus Agriculturae . En estudios posteriores se advertía que el recurso a la variatio y a la personificación era frecuente y que su prosa estaba sometida a cláusulas rítmicas 14 . En estas condiciones, cada nuevo ejemplo de quiasmo o de aliteración se esgrimía como prueba de una contradicción interna del autor frente a una pretendida finalidad antirretórica.

Cuando Svennung publicaba su gran monografía sobre Paladio, dedicaba un capítulo 15 a la estilística de los técnicos y señalaba cómo determinadas «figuras» venían exigidas precisamente por el género literario: la abstracción, la concreción, las elipsis, las personificaciones… eran recursos característicos de las obras científicas que podían aparecer incluso en el peor prosista. Por primera vez se juzgaba objetivamente el estilo de Paladio con relación a las obras de temática similar.

Pero, además, para intentar matizar las peculiaridades del estilo de Paladio es necesario —creemos— hacer otras confrontaciones, teniendo en cuenta la época, con sus gustos por el manierismo, acentuado en la decadencia en parte de los círculos eruditos, las fuentes del autor, concretamente Columela, que ha sido reconocido como el modelo más directo de Paladio y cuya capacidad para la retórica nadie discute, y, sobre todo, la propia habilidad de Paladio para saber utilizar esos artificios, lo que ha de enjuiciarse no sólo por una lectura detenida de su tratado agrícola, sino también por comparación con sus otras dos obras, la Veterinaria y el Carmen de Insitione .

Empezando por este último punto, una mera ojeada al poema sobre los injertos, sirve para mostrar que el autor conocía y sabía utilizar los recursos de la retórica 16 . Naturalmente se trata de un carmen y estos alardes incluso vienen exigidos por su propio carácter poético, como él mismo declara (XV 11-12): est nostrae studium non condemnabile Musae urbanum fari rusticitatis opus . Pero en la parte de este libro XV que está en prosa, y que, por lo tanto, es más ilustrativa para una confrontación, vuelven a aparecer los mismos artificios que demuestran la formación retórica del autor 17 .

Un estilo bien distinto domina en el libro XIV, dedicado a veterinaria. Ya el prefacio, que sobre todo en materias técnicas suele ser el reducto donde se concentran las partes más literarias de este tipo de tratados, da una muestra de la aridez que va a ser la tónica general, pues se limita a unas escasas líneas, que ni siquiera encabezan la obra, donde se justifica el haber abordado un tema no específicamente agronómico.

La monotonía es todavía mayor en los pasajes que no proceden de Columela 18 , que son muy escasos, ya que Paladio copió al agrónomo gaditano mucho más en este libro que en todos los anteriores 19 . Si la imitación es casi literal y el estilo resulta árido y monótono 20 , obviamente hay que achacarlo a su fuente, que ofrece en esta sección de su tratado una de las partes menos elaboradas de su obra. El propio Columela inicia el prefacio de su Veterinaria quejándose de que algunos no estimaban su relación con la agronomía; no eran saberes de la misma altura. La remodelación poética que pudo alcanzar la agricultura con las Geórgicas , de tanta influencia en Columela, no afectó a la veterinaria. Columela hubo de seguir en esta materia modelos mucho más prosaicos, que quizás afectaran a su estilo, salvo en algunas digresiones personales del autor, mucho más literarias, como la comparación entre el pastor y el agricultor. Pero esas digresiones, precisamente, eran las que no podían tener cabida en un resumen como el de Paladio.

Vemos que éste se muestra capaz de ser artificioso y retórico en su poema sobre Los injertos , y áridos en su libro de Veterinaria; su estilo está en consonancia con carácter y con la valoración de cada género.

De acuerdo con este criterio ha de interpretarse el estilo del Opus Agriculturae: se trata de un compendio de la obra de Columela, con algunas adiciones de otros autores y varias propias. En extensión, supone algo más de un tercio del tratado de Columela, pero sin recortar apenas el contenido de la materia 21 .

Paladio llevó a cabo su resumen prescindiendo de todo el ropaje erudito de su predecesor; por eso, no reproduce las controversias de Columela con otros autores, procura evitar las citas eruditas e incluso llega a excluir a Virgilio, que está prácticamente ausente de forma deliberada del tratado de Paladio, pues hasta en los pasajes donde sigue muy de cerca a Columela, omite precisa y únicamente los versos de Virgilio que muchas veces reproducía este agrónomo. Así señaló Svennung 22 las líneas generales de la utilización de Columela por Paladio.

Pero, además, hay que añadir que en este proceso de resumir, tampoco tuvieron cabida las reflexiones personales de Columela, tantas veces expresadas como admiraciones o interrogaciones retóricas, figuras que curiosamente no entran en el repertorio de las que pueden hallarse en Paladio. Si a esto se añade una tendencia marcada a sustituir las frases ampulosas y más poéticas de Columela por otros giros que recogen el contenido de una forma más sucinta, o la eliminación de arcaísmos, como el escaso uso en la Agricultura de Paladio del imperativo en -to , que tanto había utilizado Columela por admiración a Catón, es fácil comprender que su tratado carezca del lirismo de Columela y adquiera una forma de expresión más densa y más árida; tal resultado estilístico fue el producto del espíritu pragmático que guía al que hace un resumen.

Esta manera de condensar las fuentes (muchas ya condensadas porque ya eran resúmenes), sobre todo Columela, es la clave —creemos— para entender las primeras palabras de Paladio sobre su propio estilo. Cuando habla de que un tratado agrícola no debe imitar la elocuencia de una obra retórica, no se refiere tanto a una cuestión de forma, según ha venido interpretándose, como a una cuestión de contenido. Una obra de su tiempo, tiempo de decadencia, para ser práctica tenía que ser breve; para ser breve tenía que evitar digresiones y preámbulos; para evitarlos, había que sacrificar las partes más literarias: es el sed nos recidamus praefationis moram ne, quos reprehendimus, imitemur … (I 1); por eso, le podía parecer que su obra no era retórica, comparada con la de Columela, que muy probablemente sea el único aludido por las palabras de su prólogo 23 . Pero una vez que Paladio entra a tratar la materia que consideraba útil, no renuncia a expresarla conforme al recte ni al bene , dentro de sus posibilidades, que en el terreno retórico, eran muchas, como demuestra en el Carmen de Insitione . De acuerdo con ello, no hay tampoco contradicción en que aparezcan las más variadas figuras retóricas en su tratado agrícola. Conforme a su criterio, según nuestra hipótesis, de salvar de Columela su contenido práctico que había llegado a no serlo por su excesiva envoltura literaria, a veces farragosa, Paladio trató de condensarlo sin ningún deseo de hacerlo mal, ni ningún propósito antirretórico en la forma 24 . El equilibrio no era fácil y, por eso, el resultado es una mezcla de aridez y monotonía con destellos de brillantez y de buena capacidad estilística 25 . Sus críticos posteriores, reparando en lo uno o en lo otro, juzgaron de maneras opuestas 26 un estilo que puede calificarse en su conjunto de conciso y claro 27 . Para ello se valió de determinados recursos lingüíscos.

Como autor, pues, de un resumen de índole descriptiva, Paladio ha tendido a utilizar una sintaxis de períodos cortos. Recurre con frecuencia a braquilogías de cuño técnico y a las elipsis de sustantivos y verbos, sobre todo en los títulos de los capítulos. Tal parquedad lingüística contribuyó a configurar una de las características de su estilo: la concisión. Esta misma simplicidad sintáctica y la tendencia a las reiteraciones, con la consiguiente expresión sobrecargada por acumulaciones de sinónimos, juegos etimológicos y pleonasmos 28 , otorgó a su estilo otro rasgo: la claridad.

En otros aspectos, la lengua de Paladio es cuidada y correcta en general, hasta el punto de que el primer editor de Teubner señalaba que todas las faltas de los manuscritos debían interpretarse como errores de la transmisión sin que pudieran atribuirse a un hombre de la cultura de Paladio 29 .

Poco después, al compás del impulso de los estudios sobre el latín vulgar, aparecían los trabajos de L. Dalmasso —cf. infra — sobre el léxico de Paladio, mostrando la estrecha relación entre el vocabulario técnico y la lengua vulgar, que incidía en ese terreno en mayor medida que en el más gramaticalizado de la morfología o la fonética (Palladiana , pág. 80). Posteriormente, Svennung demostraba que gran parte de las peculiaridades lingüísticas de la prosa científica procedían del caudal de la lengua coloquial. En el conjunto de la literatura técnica, la lengua de Paladio resultaba correcta, pero tampoco estaba libre de vulgarismos en el terreno morfológico y sintáctico, precisamente donde menos se podían achacar al descuido o a la pronunciación de los copistas medievales. En consecuencia, tampoco procedía uniformar «a la clásica» la disparidad de grafías de los manuscritos; la normalización gráfica suponía, en muchos casos, no respetar la fonética ya postclásica de Paladio 30 .

Las ediciones posteriores de Paladio se beneficiaron de los estudios de Svennung, sin que se haya llegado a una delimitación precisa en el aspecto fonético de las variantes que proceden de la transmisión y de las que deben hacerse remontar al autor, máxime cuando los manuscritos más antiguos de Paladio copiados en Francia en el s. IX pudieron sufrir las normalizaciones ortográficas del Renacimiento Carolingio.

A Svennung se debe el mérito de haber señalado el nivel relativamente alto de corrección lingüística de Paladio, en comparación sobre todo con la gran abundancia de vulgarismos de la literatura técnica en época tardía. Este hecho se explica en primer lugar, como él advirtió, por la cultura del autor. Pero, además, quizás se pueda añadir otro aspecto: la larga tradición latina de las obras de agricultura. Si se ha dicho que el latín fue originariamente lengua de agricultores es porque la terminología técnica agrícola se incorporó desde fechas muy tempranas al léxico latino común. Una de las primeras obras escritas en latín fue precisamente un tratado agrícola. De Catón arranca una amplia sucesión de obras escritas al dictado de la ciencia griega y cartaginesa, pero también de la experiencia personal de sus autores, propietarios de tierras, que se dirigen a otros poseedores de predios que constituyen por excelencia en Roma una clase social adinerada, de antigua e ilustrada raigambre. Los agrónomos latinos fueron construyendo la terminología agrícola incorporando, sobre todo, tecnicismos griegos al vocabulario habitual latino. La obra de Paladio como jalón final de una larga tradición pudo beneficiarse de un léxico ya creado y de una literatura científica previa, llevada a la mayor depuración de lengua y estilo precisamente por Columela, su modelo más inmediato y directo.

LA ORIGINALIDAD DEL OPUS AGRICULTURAE

Las fuentes de Paladio fueron uno de los primeros aspectos que se estudiaron del Opus Agriculturae . Ya en el prefacio de la edición de Schneider 31 , se ofrecía una relación que, en líneas generales, sigue siendo admitida hoy: Paladio había tomado pocas cosas de Catón y Varrón, mucho de Columela; en los temas de arquitectura se había basado en Vitrubio y sus compendiadores; en los de arboricultura y horticultura había utilizado a Gargilio Marcial y por último las Geopónicas , que Paladio había leído en un ejemplar más correcto y extenso que el que hoy se conoce, habían inspirado los capítulos sobre conservación y elaboración de productos y recetas varias.

Pero la cuestión distaba de quedar zanjada: dos fuentes de Paladio, las Geopónicas y Gargilio Marcial, planteaban problemas de difícil solución. La primera, que hoy conocemos con el nombre de Geopónicas , es una refundición del s. x, donde se encuentran, entre otros autores, restos de dos recopilaciones de la Antigüedad tardía que se puede pensar que hayan influido en Paladio: la de Vindanio Anatolio y la de Dídimo de Alejandría. De la obra de Gargilio Marcial, sólo se conservan fragmentos escasos. En las dos recopilaciones griegas confluyen la tradición agronómica griega y latina de un modo harto complejo: por un lado, han recogido parte del material latino, entre otro, excerpta de Columela y acaso de Gargilio, y por otro lado, remontan en primera instancia a una tradición antigua en la que se inspiraron, a su vez, los autores que se consideran fuentes latinas de Paladio. Gargilio Marcial depende también de una tradición anterior, especialmente de Columela; cuáles podían ser las fuentes directas —y las indirectas— de Paladio era un asunto difícil de precisar ya de por sí, pero más intrincado por la imprecisión de la cronología tanto del propio Paladio como de todas sus fuentes, salvo Columela.

En este estado de hechos, en los casi dos siglos siguientes a la edición de Schneider, se realizaron avances notables favorecidos por tres hechos claves en la investigación de las fuentes de Paladio: la aparición de dos manuscritos 32 que permitieron la identificación del compendiador de Vitrubio que más directamente había influido en Paladio, M. Cetio Faventino; el descubrimiento de un palimpsesto de Nápoles, por el cardenal A. Mai, donde aparecían fragmentos de la obra perdida de Gargilio Marcial De arboribus , y la aparición de un nuevo libro de Paladio, el XIV, sobre veterinaria, inspirado directísimamente en Columela.

El primero de estos hallazgos daría paso a una polémica sobre los modelos de Paladio en materia de construcciones rurales, todavía no concluida. Sobre este tema se publicaba en 1877 el trabajo de H. Nohl 33 que constituía el primer estudio dedicado exclusivamente a las fuentes de Paladio. Nohl confrontó los pasajes comunes de Vitrubio, Faventino y Paladio, y pudo demostrar que Faventino era el modelo más directo de los capítulos sobre arquitectura, e incluso uno de los menos modificados por Paladio. No obstante, registró algunos lugares donde Vitrubio parecía una fuente más cercana: en algún que otro pasaje había entre Vitrubio y Paladio ciertas correspondencias de términos que Faventino había omitido; este hecho pudo interpretarse en el sentido de que Paladio había podido remontarse, en algunas ocasiones, al propio Vitrubio.

La interpretación de Nohl sobre Faventino como fuente primordial de Paladio resultaba clara, pero la relación de las coincidencias entre Vitrubio y Paladio abría una discusión sobre el influjo directo de Vitrubio. Los detractores consideran que Faventino es la única fuente de Paladio: las correspondencias entre Vitrubio y Paladio se explicarían por el carácter interpolado de los códices de Faventino, ya antes de que Paladio tuviera acceso a su obra (Krohn 34 , Plommer 35 ); además, se trataría de paralelismos muy escasos, reducidos a términos insuficientes para sostener que Paladio se hubiera inspirado directamente en Vitrubio (Svennung) 36 .

Los partidarios destacan la importancia de las coincidencias como un hecho que denota que Paladio había leído la obra de Vitrubio, y quizás otras (Poppe) 37 . En materia de arquitectura, Paladio había tenido ante sus ojos los dos textos, el de Vitrubio y el de Faventino y habría ido tomando términos del uno o del otro; por este uso de los dos autores se explicarían las palabras del prólogo de Paladio (I 1, 2), cuando alude, en plural, a sus modelos: secundum fabricandi magistros (Martin) 38 .

Pero esta última hipótesis tiene, a nuestro entender, algún inconveniente. Quizás no sea una objeción grave que el nombre de Vitrubio no aparezca en la obra de Paladio; sería un argumento ex silentio pretender que no hubiera utilizado a Vitrubio porque no lo mencione. Pero no deja de ser llamativo que mientras figuran correctamente citados otros autores como Columela o Gargilio 39 , sólo Vitrubio quede al margen de cualquier referencia expresa.

Un dato más importante es el método que siguió Paladio para utilizar sus fuentes. El plan general de su obra consiste precisamente en seleccionar un autor para cada materia. Incluso dentro del tema agronómico, que es el eje central de su tratado, suele elegir un único modelo para cada sección (Columela para cereales, Gargilio para horticultura, por ejemplo); si utiliza dos en el mismo capítulo, es porque exponen teorías distintas, o porque uno de ellos añade algún aspecto nuevo y, entonces, sitúa uno tras otro, pero sin entremezclar las palabras de dos autores diferentes en la misma frase, como sería, en cambio, el caso de los términos de Vitrubio que aparecen más o menos salteados en períodos que proceden, en su mayor parte, de Faventino. La técnica del «mosaico sintáctico» no parece ser la práctica de Paladio 40 , y, además, tampoco se comprende cómo para tan poco uso hubiera tenido que acudir a una fuente tan compleja como Vitrubio. Por otra parte, si se admite como hipótesis de trabajo la teoría de Krohn, las coincidencias de términos entre Paladio y Vitrubio se explicarían sencillamente como interpolaciones o glosas en el texto de Faventino, cuya transmisión textual, como la de gran parte de los compiladores y refundidores de la Antigüedad tardía, estaría marcada desde sus inicios por la contaminación que suele acompañar a los textos más leídos y de mayor circulación.

Al estudio de Nohl siguió el trabajo de M. Sirch, publicado en el año 1904, donde el autor dedicaba dos capítulos a la descripción de cada uno de los modelos de Paladio y al modo de utilizarlos: sus citas, preferencias e incongruencias, a veces. Sus conclusiones sirvieron para confirmar con un material filológico más considerable y mejor estudiado, las ideas de Schneider acerca de las fuentes, pero con precisiones importantes, como el uso no directo de los agrónomos anteriores a Columela, la discusión sobre el pretendido influjo de Plinio y la indicación de que otras citas de autores en el Opus Agriculturae habían llegado por la vía indirecta de las recopilaciones griegas, o a través de una fuente latina 41 .

El trabajo de Sirch se benefició de los avances en el conocimiento de las recopilaciones griegas, debidos a los estudios de Gemoll y Oder 42 ; pero, sobre todo, del descubrimiento por A. Mai en el año 1826 de un palimpsesto en la biblioteca de Nápoles, que contenía fragmentos del De arboribus de Gargilio Marcial 43 , al que Paladio citaba, como el autor comprobó, dos veces en los capítulos De hortis y once en los De pomis . Los fragmentos del palimpsesto ofrecían una relación evidente con los textos correspondientes del Opus Agriculturae , lo que permitió precisar la importancia de Gargilio como fuente directa de los capítulos donde precisamente Paladio lo había citado; la hipótesis de Gemoll de que Paladio había conocido a Gargilio a través de las recopilaciones griegas quedaba definitivamente arrumbada 44 .

Pero el descubrimiento por Mai de una parte del Gargilio perdido, repercutiría en una de las tesis más radicales sobre las fuentes de Paladio. Su autor, M. Wellmann, confrontó los escasos textos conservados de Gargilio Marcial, con los pasajes paralelos de las Geopónicas , Columela —e incluso Magón y Plinio— y con los correspondientes de Paladio, y demostró que, en varios casos, Paladio tenía como único modelo directo el texto de Gargilio Marcial, y sólo indirectamente, a través de Gargilio, conocía a los demás autores. Hasta aquí la tesis de Wellmann podía estar basada en datos filológicos, pero su conclusión fue más allá de lo que permitían los hechos, al considerar que esta misma influencia se daba en la práctica totalidad de la obra, incluso en los temas arquitectónicos, aunque esto no pudiera demostrarse porque la obra de Gargilio, que de por sí era un compendio de distintos autores, se había perdido. Concluyó entonces, como ya anunciaba el título de su artículo, que Paladio era el compendiador de Gargilio Marcial 45 .

Esta teoría, tan ingeniosa como parcial, sirvió para provocar la refutación de Svennung, que defendió la pluralidad de modelos del Opus Agriculturae sentando las bases de lo que hoy se considera doctrina recepta en materia de fuentes, con su trabajo, ya citado «De Auctoribus Palladii».

Algunos años antes de la publicación de este estudio, Svennung descubría en un códice de Milán (ms. 212 inf.) al final del Opus Agriculturae , otro libro dedicado a veterinaria. Hasta entonces no se tenían noticias de que tal libro fuera de Paladio; ni Casiodoro, que es el primer autor que enjuicia a Paladio, hace ninguna alusión a esta obra, ni aparecía en ningún otro manuscrito. No obstante, basándose en una serie de pasajes de la Veterinaria , donde había remisiones a los libros anteriores del Opus Agriculturae , Svennung argumentó sólidamente que la autoría del opúsculo De Veterinaria Medicina debía atribuirse a Paladio 46 . Su descubrimiento y posterior edición demostraban que Columela era la fuente más directa y palpable, hasta el punto de que la imitación de los libros V y VI de Columela era casi textual, aunque Paladio había utilizado también las Geopónicas y quizás fuentes populares, en casos contados.

Con este aval, abordaba dos años más tarde la cuestión de las fuentes de los trece primeros libros que constituyen el Opus Agriculturae . En coherencia lógica, la parte central de su estudio, frente a la teoría de Wellmann, se centró en la reivindicación de Columela como fuente principal del tratado agrícola. Paladio había leído directamente el texto de Columela, como demostraba el gran número de coincidencias, a veces literales, entre los dos autores. Sólo podría admitirse que hubiera conocido indirectamente el libro I; pero resultaba evidente la dependencia directa en los demás libros, sobre todo por el aprovechamiento que Paladio había extraído del libro II del agrónomo gaditano.

Incluso comparando las coincidencias entre los dos autores, Svennung sostuvo que Paladio disponía de un ejemplar de Columela muy correcto. Por eso, en los pasajes donde la imitación era cercana, el texto de Columela podía ser corregido confrontándolo con el de Paladio. De esta forma se abrían dos vías para las enmiendas textuales: de Columela a Paladio y la inversa, todavía más segura dado que el compendiador era, por supuesto, mucho más próximo cronológicamente a su fuente y por lo tanto representaba una tradición más directa que cualquiera de los manuscritos conservados 47 .

Por lo que respecta a Gargilio, Svennung reconocía que era el modelo principal de los capítulos sobre horticultura, frutos e injertos (Columela, al que remontan en última instancia varios de estos capítulos de Gargilio, es, en estas cuestiones, fuente indirecta de Paladio). También Faventino y la recopilación griega de Vindanio Anatolio eran fuentes de primera mano en otras secciones de su obra 48 .

Hay además una serie de capítulos de procedencia desconocida; en parte, pueden ser originales del autor, pero en otra parte —y ésta fue otra de las grandes aportaciones de Svennung (ibid ., pág. 16 y sigs.)— puede sospecharse su origen por el lugar donde están colocados en el Opus Agriculturae , dado que Paladio, siguiendo un orden bastante estricto de distribución de autores y materias, tiende a situar al comienzo de cada libro los capítulos que toma de Columela, a continuación los que proceden de Gargilio Marcial, y los de arquitectura —de Faventino— y recetas varias —de origen griego— al final.

Hasta aquí el balance de las fuentes. Que Paladio debe mucho a sus predecesores es innegable, y que sus innovaciones en el contenido son escasas, también es cosa reconocida. Su originalidad es metodológica: la nueva reorganización de la materia que convierte su obra en la más estructurada y sistemática de las que circularon en la Antigüedad. Después de una larga tradición de obras de agricultura basadas en una serie de estudios monográficos sobre cada labor o producto del campo, Paladio imponía un cambio de método, pues enfocaba el tema agronómico de acuerdo con un criterio cronológico: el resultado fue un calendario agrícola que inauguraba la serie de los almanaques, cuyo éxito conocemos todavía hoy.

El hallazgo de esta nueva presentación tenía ciertos precedentes, ya que los tratados antiguos solían dedicar algunos capítulos al calendario; una de las grandes innovaciones de Paladio consistió en ampliar este calendario agrícola hasta incluir en él todo su tratado agronómico.

Otra novedad de este libro radica en un hecho que no ha sido destacado: Paladio ofrecía por primera vez un almanaque basado exclusivamente en el calendario civil y político, sin superposiciones astrológicas.

El que aparece en el tratado de Varrón (I 27-37) es fundamentalmente un calendario astral. El año se dividía en estaciones, de duración desigual; a su vez se subdividía en ocho períodos, también desiguales, marcados por el comienzo del Favonio a primeros de febrero, los equinoccios, las dos fases de la constelación de las Pléyades, los solsticios y la Canícula. Estos ocho intervalos son la base de su calendario, y a cada uno corresponden determinadas labores del campo.

Varrón consideraba que era de gran utilidad; pero los cambios del calendario civil— especialmente tras la muerte de Varrón— y la dificultad consiguiente de establecer la correspondencia entre ambos, debieron de contribuir, entre otras causas, a que el siguiente de los autores de agronomía conocidos, diera otras indicaciones sobre el establecimiento de un calendario.

Se sabe que Columela había escrito un libro sobre astrología que no nos ha llegado. Se refiere a él (XI 1) cuando va a abordar el calendario agrícola y nos informa de que allí había criticado a los caldeos porque afirmaban que los cambios de tiempo respondían invariablemente a días fijos del año.

Su calendario, expuesto a lo largo del extenso capítulo segundo del libro undécimo, es todavía buena prueba de la primacía del criterio astral sobre la división civil del tiempo, a pesar de que, en parte, es una fórmula de compromiso entre los dos sistemas. El año empieza, siguiendo a Virgilio —y en realidad la tradición del año astral— en la primavera 49 , pero puede retrotraerse el inicio de la estación unos quince días antes, para que comience coincidiendo con el primer mes del calendario civil, aunque a mediados —para iniciarlo en Acuario: XVIII Kal. Feb.—; a partir de ahí, se cuenta el resto del tiempo por intervalos de medio mes, concluyendo por tanto el año con los quince primeros días de enero, lo que implica no respetar tampoco el año civil como unidad. Cada período, que abarca desde mediados de un mes hasta primeros del siguiente, comienza con la descripción de los signos zodiacales, constelaciones y su influencia en la climatología y en las tareas agrícolas, o a veces religiosas.

En Paladio no hay ninguna mención a ritos religiosos y las referencias a las constelaciones son mínimas y absolutamente subordinadas a la unidad mensual 50 . Al margen de que la mentalidad cristiana que transmitió la obra de Paladio en la Edad Media hubiera podido valorar positivamente estas ausencias, lo importante es la gran simplificación que suponía la división por meses enteros, de Enero a Diciembre, sin dar mayor importancia a las subdivisiones del mes romano (calendas, nonas e idus), no siempre bien entendidas en la sociedad medieval, que contaba los meses por semanas y que mantuvo inalterada la unidad de tiempo mensual.

El almanaque de Paladio tenía, por tanto, una presentación natural: estaba dividido en tantos libros como meses del año, precedidos de unas instrucciones generales (generale praeceptum) sobre la enseñanza de la agricultura, partes de que consta, condiciones y ubicación de la vivienda del propietario, dependencias de la casa matriz, avicultura y utillaje. Estos temas, por su contenido, se adaptaban mal a la distribución mensual del calendario; en consecuencia, al situarlos como libro primero podían considerarse una especie de introducción general donde se establecían las condiciones de partida que debía reunir una explotación autónoma con pretensiones de ser autosuficiente.

En los libros restantes se descubre un intento de distribución ordenada de los temas a lo largo de cada libro. Así, los primeros capítulos se refieren a preparación de los terrenos, siembra, plantación, injertos y labores varias; siguen, en los meses oportunos, los dedicados a la vid y el olivo; a continuación aparecen, en todos los libros sin excepción, dos capítulos sobre hortalizas y frutales, seguidos de otros sobre animales domésticos, apicultura y diversas recetas de preparación de productos, concluyendo invariablemente con un último capítulo donde se contiene la duración de las horas de cada mes.

Su proyecto, expuesto en líneas generales en el primer capítulo de su obra, consistía en que los doce libros que componían el núcleo del calendario agrícola desarrollasen las labores propias de cada mes; sin embargo, no siempre consiguió ser fiel a este programa. Él mismo, en el prólogo, advierte que no fraccionaría entre los distintos meses el tema relativo a los árboles frutales, sino que en el mes correspondiente a la plantación de cada especie desarrollaría exhaustivamente todas las labores concernientes a su cultivo: era la manera de solventar el problema de adecuar la monografía de Gargilio Marcial sobre los frutales al nuevo formato de un almanaque. En otros casos, los problemas le resultaron difíciles de solucionar y, así, se explican algunas incongruencias, muchas reiteraciones, a veces innecesarias, y recomendaciones que figuran al azar en un mes como podían aparecer en otro 51 . Pero basta pensar en las difíciles circunstancias en que esto hubo de hacerse en la Antigüedad, para que Paladio no pueda ser considerado un compilador acrítico; es innegable que su forma de compilar implica una reorganización personal considerable: hubo de reconvertir monografías adecuándolas a las divisiones mensuales y dentro de cada mes al orden programado para cada cuestión; además, había utilizado varios autores sobre los mismos temas, lo que le obligaba a una selección entre las fuentes buscando la teoría más autorizada e incluso, en ocasiones, rebatiendo con la suya las opiniones de sus predecesores. Quizás se debió, en parte, a este esfuerzo, el éxito casi inmediato al autor, de la obra de Paladio. Su tratado fue la obra de agricultura más leída en el Occidente europeo durante la Edad Media.

Sin embargo, el contenido de su tratado era sensiblemente inferior al de sus predecesores; apenas aportaba novedades de mención salvo ciertas discrepancias en puntos muy concretos o algunos capítulos, como los dedicados a cronometría, que parecen ser de su factura personal. Por eso, la popularidad de su escrito no puede achacarse a una riqueza mayor de fondo, hay que atribuirla, por el contrario, a esta simplificación ordenada del contenido, a la que ya nos hemos referido y sobre todo, a cuestiones de forma.

Ciertamente su tratado estaba mejor presentado, debido, en parte, a que su autor lo escribió concibiéndolo como un libro —cuando ya las obras circulaban con tal formato— con múltiples subdivisiones e índices de capítulos que contribuían a hacer sus páginas más claras y legibles, y esto era una ventaja frente a las obras de agricultura anteriores a la suya, escritas para ser leídas en volúmenes y que difícilmente podían mejorar cuando posteriormente fueron convertidas en códices. Hay que añadir, además, el acierto de una técnica de composición tan cuidada que da la impresión de que más que una obra para ser leída de principio a final, se trata de un libro de consulta donde el lector podía encontrar el dato concreto requerido —acudiendo simplemente al índice de capítulos que precedía a cada libro o localizándolo directamente en el cuerpo de la obra, ayudado por el orden secuencial de los temas de cada mes— con una rapidez y comodidad que no ofrecían los tratados ya consagrados de Columela, ni de las demás autoridades en materia de agricultura 52 .

Tenemos noticia de que el éxito del libro de Paladio no se hizo esperar, pues si se considera, como defienden los partidarios de la cronología tardía, que este autor vivió en el s. v d. C., ya desde el siglo siguiente hay datos del eco de su obra, de forma que pueden establecerse los siguientes grandes hitos de la fama de Paladio a lo largo del tiempo, que, además, permiten apreciar los vaivenes de su popularidad posterior.

LA FAMA DE PALADIO
Siglo VI

En su obra De institutione divinarum litterarum , Casiodoro dedica un capítulo a las actividades que debían ejercer los monjes que no podían comprender las disciplinas y artes liberales. Tras una larga digresión sobre los distintos grados del saber y la forma de acceder a la perfecta sabiduría, concluye que el monje incapaz de ser instruido en las Sagradas Escrituras o en la cultura profana, ejerza la agricultura. Para ello recomienda la monografía de Gargilio Marcial sobre horticultura y sólo dos tratados de agronomía: el de Columela y el de Paladio; el resto de la literatura agronómica queda englobado en las expresiones ambiguas inter caeteros o inter alios que no nos permiten saber a cuántos y a quiénes conocía Casiodoro como autores de agronomía; pero su silencio revela que o bien habían caído ya en el olvido o, como parece más probable por ese «entre otros», que los consideró superados por las obras de Columela y Paladio 53 .

A nadie puede extrañar el juicio elogioso hacia Columela, cuyo libro había marcado un hito en los temas agronómicos; pero quizás no sea trato tan favorable como pudiera parecer a simple vista: ¿acaso Casiodoro rememora aquí la invectiva de Paladio contra Columela? Por lo menos hay que reconocer que los dos autores se expresan con un sospechoso paralelismo de términos 54 : entre líneas acusan al gaditano de oscuro y de retórico.

Desde luego, el monje que podía leer una obra tan amplia y erudita como la de Columela, estaba perfectamente capacitado para dedicarse a las disciplinas liberales. Pero si se trataba de elegir el más didáctico para los monjes que no alcanzaban las «artes», el almanaque de Paladio cumplía mejor esa función: era un Columela abreviado.

Casiodoro recomendaba, en el fondo, que leyeran a Paladio 55 , marcando la pauta de lo que había de ser el juicio del Medievo posterior sobre ambos tratados, es decir la predilección del manual de Paladio sobre la obra de su maestro más directo.

Esta revalorización de Paladio tiene mucho que ver con el abandono de la agronomía en el momento cultural e histórico al que pertenece Casiodoro: hijo de una época preocupada por establecer el orden de prelación entre los distintos saberes, sus Institutiones son un intento de armonizar el saber profano, ya estratificado en las siete materias que posteriormente se denominarían trivium y quadrivium , con las Escrituras , en la jerarquía que expresa el título (… divinarum et saecularium… ). La agronomía queda, por supuesto, fuera del canon de la enseñanza, como muchas otras materias. Casiodoro se refiere concretamente a otras dos, también marginales: la geografía y la medicina; pero considera que son saberes estimables y recomienda que los monjes los conozcan 56 . Sólo la agricultura está expresamente reservada para los menos dotados —unos lectores muy distintos de los terratenientes a los que estaban destinadas estas obras cuando fueron escritas 57 —.

Leyendo el pasaje de Casiodoro 58 da la impresión de que ya no se puede hablar de agronomía; no se concibe como saber especulativo, sino como pura práctica, con la menor dosis posible de teoría. Los verbos que utiliza Casiodoro son colere, exercere , psicológicamente emparentados con el trabajo manual ¡tan lejano de las «artes liberales»! y recuerdan las recomendaciones de San Benito 59 de santificarse por el trabajo; y, naturalmente, por aquello de que non debet negligi undecumque potest homini probabiliter subveniri era la manera primordial de abastecer las necesidades de un monasterio como el de Vivarium , que describe como una unidad económica autosuficiente, muy similar a la villa de Paladio, con ríos convertidos en viveros, huertas, molinos y baños, aparte de una gran biblioteca, donde los manuales técnicos para el uso interno ocupaban un lugar destacado al lado de la literatura profana y la específica de las «artes», constituida, entre otras, por gran número de tratados gramaticales.

Pero este texto de Casiodoro, tan ilustrativo de un ambiente medieval donde cabía llevar materialmente a la práctica el resumen de Paladio, ha planteado problemas de interpretación textual.

Casiodoro habla de duodecim libris refiriéndose a Paladio, quien escribió quince libros en total (trece de agricultura, otro más de veterinaria, y un último libro en verso sobre los injertos) y como es fácil equivocarse en los números y cambiar las cifras, se han propuesto distintas interpretaciones al texto de Casiodoro 60 : ingeniosas, pero innecesarias. Casiodoro conoce de Paladio solamente el calendario agrícola, que además era lo único útil, y habla de doce, porque doce eran los meses del año en que se dividía el Opus Agriculturae; no contó como un libro independiente el primero, porque para él, como para gran parte de los copistas medievales de Paladio, era un prólogo introductorio al calendario de doce libros; por eso precisamente se llamaba generale praeceptum . El libro inicial, según muestra un párrafo del propio Paladio, es el del mes de enero (el segundo, formalmente; pero el que inicia el año; conceptualmente, el primero) 61 .

Este primer testimonio histórico de Paladio, muestra que fue el Opus Agriculturae la obra que le haría conocido en la Edad Media. Un tratado que creemos circulaba independiente del resto de sus escritos, ya a los pocos años de haber sido escrito por su autor. El Medievo posterior siguió transmitiendo el calendario agrícola independientemente de los otros dos libros.

Siglo VII

En la medida que pueden reconstruirse los pasos del libro de Paladio por el Medievo, hay constancia expresa de que por entonces había llegado a España. En este momento ya no es el manual práctico destinado a los monjes menos dotados que trabajaban materialmente la tierra. Forma parte de la biblioteca del mayor erudito de su época, San Isidoro de Sevilla. Paladio pertenece ya a los auctores e Isidoro lo lee y lo emplea como una de sus fuentes en las Etimologías , una obra que, al menos por su título, evoca un contenido gramatical.

San Isidoro cita con propiedad a Paladio (Aemilianus , como ya antes Casiodoro), y otras veces lo utiliza sin citarlo. Sólo en una ocasión hay una referencia problemática. Ocurre al comienzo del libro XVII, el dedicado, según el título, a la agricultura, donde San Isidoro comienza citando las autoridades en la materia: apud Graecos… apud Romanos autem de agricultura primus Cato instituit, quam deinde Marcus Terentius expolivit, mox Vergilius laude carminum extulit. Nec minus studium habuerunt postmodum Cornelius Celsus et Iulius Atticus, Aemilianus, sive Columella insignis orator, qui totum corpus disciplinae eiusdem conplexus est . A primera vista podría parecer que este catálogo de autores expresa las fuentes del libro XVII, pero parafraseando a J. Fontaine 62 ni son todos los que están, ni están todos los que son 63 .

El pasaje procede de Columela (I 1), aunque está distorsionado. Isidoro recoge el elenco de autores y, como otras veces, lo redacta a su manera: suprime algunos agrónomos, atribuye a Columela una frase que éste aplicaba a Celso e incluye a Paladio por delante de Columela.

Es algo más que tangencial para valorar la fama de Paladio saber cuáles pueden ser las causas de esta anticipación: se ha considerado sive = et , de acuerdo con un uso típicamente vulgar, y atestiguado en el propio San Isidoro (ARÉVALO , ed., op. cit ., más recientemente, ANDRÉ , op. cit ., n. 5 bis), pero aunque sive se interprete como conjunción copulativa no se resuelve el problema del desorden de la cita. Podría suponerse que los últimos nombres: Aemilianus sive Columella , que constituyen la única ruptura del criterio cronológico con el que se mencionan los demás 64 , sean una manera de coronar la cita con el nombre del autor del que Isidoro la tomaba: sive equivaldría a una copulativa encomiástica 65 .

Naturalmente cabe también que sive esté en su valor propio disyuntivo, documentado también en el autor, y que San Isidoro confunda los dos agrónomos (Martin 66 ): ¿sería muy arriesgado proponer que San Isidoro no distingue a los dos, sino que confunde en concreto a Columela con Paladio, puesto que a éste lo cita por su nombre aduciendo su texto 67 , mientras que el agrónomo gaditano no aparece expresamente citado fuera de este pasaje y nunca seguido de una cita a su obra? Si fuera así, el desorden cronológico obedecería a este conocimiento difuso de Columela: maneja su texto, pero no lo relaciona claramente con el nombre ni con la época del autor.

Pero, en cualquier caso, fue Isidoro personalmente quien introdujo el nombre de Paladio, el único que, como es obvio, no figuraba en el pasaje de Columela que reproducía.

Hay un hecho que ha pasado inadvertido y creo que merece la pena destacar: los lugares del libro XVII donde Isidoro se inspira en Columela, proceden, aparte del catálogo de autores, de los libros segundo y tercero de su tratado agrícola 68 . Este dato me parece que muestra que el conocimiento de Columela, como fuente agronómica del libro XVII, por parte de Isidoro, era bastante pobre: acaso manejaba algún extracto 69 , pero ya no la extensa obra completa del gaditano. Por el contrario, Isidoro conoce bien el manual de Paladio, como muestran sus referencias, que recorren distintos libros del Opus Agriculturae 70 .

En el siglo VII la suerte de dos agrónomos parece que estaba definitivamente echada. Antes, Casiodoro anteponía a Paladio frente a Columela porque era un texto más accesible; ahora resulta que Isidoro conoce mejor a Paladio que a su compatriota.

Incorporado en el texto de las Etimologías , Paladio recibió el espaldarazo que le convertía en autoridad y seguramente se benefició de la popularidad de la obra de Isidoro, que la Edad Media vio, mucho más allá de lo que indicaba su título, como una enciclopedia del saber universal: las glosas de varios manuscritos de Paladio, como los del Escorial 71 , que ofrecen entre sus múltiples lecturas interlineales y marginales, algunas que recuerdan las explicaciones ad hoc de Isidoro 72 , o la introducción de un pasaje de las Etimologías en el propio texto de Paladio, en un códice de Cambridge (Corpus Chr. College, 297), muestra que para los eruditos medievales, Paladio e Isidoro fueron dos nombres a veces relacionados.

Por otra parte, los pasajes que Isidoro cita de Paladio son los testimonios más antiguos del Opus Agriculturae . No sólo preceden en siglos a los primeros códices conservados, sino que son incluso anteriores al arquetipo reconstituible de esos manuscritos, que se hace remontar a finales del s. VIII d. C. Su importancia para el establecimiento del texto de Paladio no es uniforme, pero, para lo que aquí nos interesa, nos permite formarnos una idea de lo que debió de ser el texto de Paladio en los siglos oscuros de la Edad Media.

El testimonio de San Isidoro nos retrotrae, por lo menos, al siglo VII ; sus citas de Paladio coinciden, en muchos casos, exactamente con el texto atribuido al arquetipo; cuando no coinciden, generalmente es la tradición manuscrita la más fiable; pero no siempre, con lo que en algunos lugares concretos, Isidoro se convierte en piedra de toque clave para la fijación del texto de Paladio 73 . Tanto cuando Isidoro avala la transmisión, como cuando discrepa de ella sin teleologías aparentes, la confrontación entre ambos testigos directos e indirectos de Paladio prueba que en la mayoría de los casos difieren poco.

El Paladio que leía Isidoro —que es el del Opus Agriculturae , porque ningún dato permite suponer que San Isidoro conociera las otras dos obras menores, la Veterinaria y el Carmen de Insitione —, era casi igual al que copiaba ciento y pico años más tarde el supuesto copista del arquetipo de los códices. Esto quiere decir que mientras para otros autores hay que suponer una tradición en estado magmático, un arquetipo líquido, o algo expresivo de una difuminación, en cambio existe ya una especie de lectio communis o de «vulgata» de Paladio establecida con bastante firmeza, lo que indica que fue un autor que desde muy pronto interesó copiar fielmente: buena prueba de su temprano éxito.

Siglos IX-XI

El Renacimiento Carolingio y la hegemonía cultural del área francesa constituyen ahora el marco histórico y geográfico de la difusión de la obra de Paladio. Las copias más antiguas datan del siglo IX : cinco códices (D, P, K, J, L) de origen comprobado francés que remontan, por vía independiente, a un único antecesor no muy anterior a ellos en el tiempo 74 , además de un fragmento del libro XI copiado por Walafrido Estrabón y conservado en un manuscrito de Saint Gall 75 . Estos códices que tienen en sus grafías la impronta de su época —minúscula carolina, diphthongati , uso de algunas capitales— muestran ya indicios de contaminación, compañera inseparable de la transmisión textual de Paladio en todos los tiempos, pero que en estas fechas tempranas, denota ya el amplio uso de su manual desde épocas anteriores a los primeros manuscritos conservados.

Los límites geográficos del Imperio, parecen ser también las fronteras de la expansión del Opus Agriculturae hasta el siglo XII 76 : junto a los dos manuscritos franceses (Q, S) , aparecen otros cuatro copiados en distintas zonas de Alemania (G , V, H , Lyell 57, y acaso también su modelo), que no guardan especial parentesco entre sí ni proceden tampoco de los códices del siglo IX .

Es probable que las reformas carolingias en materia de agricultura y las necesidades de manuales agronómicos en la Europa encaminada al feudalismo hayan jugado un papel importante en la transmisión de estas obras: los dos únicos manuscritos de Columela anteriores al siglo xv pertenecen precisamente al siglo IX 77 , y también del noveno es la única anotación marginal de la obra de Catón, que conoció, como la de Varrón, un largo período de olvido 78 .

Por el contrario, frente al escaso número de manuscritos de sus predecesores, la cantidad ostensiblemente superior de copias de Paladio permite señalar su encumbramiento definitivo sobre el resto de la literatura agronómica antigua que, incluso desde estas fechas de Renacimiento cultural, inicia un progresivo descenso de popularidad.

Siglos XII-XIV

Esta época nos ofrece el momento culminante de la fama de Paladio: copias abundantes que circulan por la mayor parte de Europa, el primer testimonio de sus otras dos obras menores, glosas, extractos, menciones de eruditos occidentales y árabes, y las primeras traducciones.

Entre estos siglos se escalona la inmensa mayoría de los manuscritos de Paladio y se amplían lógicamente las zonas de expansión del Opus Agriculturae: aparte de los manuscritos franceses, todavía abundantes, pertenecen a esta época los manuscritos italianos, especialmente M , del siglo XIII /XIV , el único qué ofrece también el libro de Veterinaria y el Carmen de Insitione .

De los cuatro códices conservados hoy en El Escorial, uno de ellos (a) probablemente sea el que figura citado a finales del siglo XII en el inventario de la biblioteca del Obispo de Cuenca, Gonzalo Palomeque 79 , aunque el tratado de Paladio circuló en España desde mucho antes, como prueba el que San Isidoro hubiera tenido acceso a su texto.

En la Europa insular quizás existió un antiguo ejemplar en escritura irlandesa y con incipiente división de palabras, que consideramos el modelo perdido de un grupo de diez manuscritos conservados hoy en distintas bibliotecas europeas; pero varios de ellos de comprobado origen insular 80 .

La obra de Paladio, con más de ochenta manuscritos de estos siglos, debía de ser el manual agronómico más corriente, a juzgar por el número escaso de copias coetáneas de los demás agrónomos: un sólo testimonio de Catón y Varrón, y ningún superviviente de Columela.

Y no sólo el número de manuscritos sirve de índice de referencia de la fama de Paladio, sino la propia índole de los códices conservados: la contaminación tan acentuada que dificulta el establecimiento de un stemma codicum sin que pueda precisarse muchas veces las direcciones en que obró, las glosas marginales de varios códices en función de nuevos epígrafes, las interlineales de algunos manuscritos que, a veces desde tiempos más antiguos, se deslizan y se incorporan al texto de otros, mostrándonos así una forma muy productiva de nuevas interferencias, cuando el códice glosado entre sus líneas vuelve a ser copiado: el escriba duda entre las dos lecturas y transcribe las dos en cualquier orden, o una sola a su elección; en copias sucesivas la contaminación alcanza así un efecto multiplicador.

Estas glosas, generalmente en latín y alguna vez en lengua nacional, existen ya en los manuscritos anteriores, pero alcanzan proporciones mucho más notables en esta época hasta el punto de aparecer compartidas por manuscritos que no tienen ningún parentesco especial en su textos o son distantes en el tiempo 81 : son lecturas explicativas que parecen remontar a ejemplares perdidos destinados a la corrección, o a una especie de tradición independiente de glosas, que muestran el interés de los lectores por entender un texto cuya terminología científica se les escapaba muchas veces ya.

Otro grupo de códices de la época (s, f, m, ç, e) ofrece lecturas originales y grandes omisiones que tienden a coincidir con unidades de sentido. Acaso su modelo representa un primer intento erudito de ofrecer un Paladio parcialmente abreviado. Otro resumen, muy sucinto (frutales, conservación de productos, viñedo y elaboración de vinos), de un tal Gotfridus, Gotefridus o Godefridus debió de conocer también cierto éxito como muestran alrededor de una decena de manuscritos, varios del siglo xv, que ofrecen este Palladii liber breviatus … 82 .

Eruditos medievales del Occidente europeo y del mundo árabe constituyen otros ecos del Opus Agriculturae:

Hugo de S. Víctor, en el siglo XII , ofrece una de las muestras más claras de su conocimiento de Paladio en la obra De Vanitate Mundi (P. L ., 176, 766): al tratar de la agricultura, como una de las partes en que se divide la mecánica, utiliza con pocas variantes el pasaje de San Isidoro, Etym . XVII 1: … Aemilianus, sive Columella insignis orator … Como probablemente no reconoce a Paladio en el Aemilianus isidoriano, añade: Palladius quoque de agricultura scripsit , referencia sin duda importante, porque indica que era el único agrónomo que él pudo añadir al margen de la cita de autoridad.

San Alberto Magno se sirvió ampliamente de Paladio en su De Vegetabilibus VII. También en el siglo XIII fue uno de los modelos de Vicente de Beauvais (Speculum naturale, historiale et doctrinale XXXIII), especialmente en los libros X-XV dedicados a botánica, así como también de Pedro Crescencio (Ruralium commodorum XII), y de Tomás de Cantimpré (De natura rerum XX). Precisamente estos tres eruditos que citan con propiedad a Paladio, sólo dan muestras de conocer indirectamente a otros agrónomos, como Columela por parte de V. de Beauvais, o Gargilio Marcial por P. Crescencio y T. de Cantimpré.

Todavía otras referencias sobre Paladio se encuentran en autores como Odón de Meun y Esteban de Tournai 83 .

También Paladio parece haber tenido acogida entre los árabes hispanos. Parte de la producción agronómica árabe se ha perdido 84 y en la conservada, directamente o por traducciones, no resulta factible saber si el uso de las fuentes es directo o depende de otras obras perdidas 85 .

Sería necesario un estudio interdisciplinar para conocer el entronque de esta tradición con la grecolatina. En las obras árabes que hemos examinado, siempre por traducciones, hay efectivamente claros paralelos con textos de Paladio y otras veces se cita su nombre. Pero, a simple vista, da la impresión de que la pervivencia de los agrónomos latinos entre los árabes es diferente de la occidental. Quizás por la lectura de las Geopónicas , nombres como los de Columela, Gargilio Marcial, y aun Varrón, aparecen con una vigencia que no tuvieron en el Medievo europeo.

Es éste el caso de Ibn al-Awwām (Abū Zacaria) de Sevilla que escribió entre los siglos XII /XIII una extensa obra de agricultura en treinta y cinco libros: Kilāb al-Filāha 86 . En el prólogo (artíc. VII) cita sus fuentes, que son grecolatinas y árabes 87 . Por confesión de parte, el uso de los agrónomos latinos es indirecto 88 , pero, en cualquier caso, las citas de Columela priman sobre todos los demás agrónomos de la Antigüedad. Paladio, pese a la mención del prólogo, juega un papel reducido 89 .

Mayor repercusión debió de tener, en cambio, la obra de Paladio en otros autores del mismo entorno, como, por ejemplo, en Ibn Wafid (Abencenif), del siglo XI , a juzgar por las citas de G. Alonso de Herrera 90 y por la tradición posterior que unió los nombres de Abencenif y Paladio haciéndolos circular juntos en algún «lunario», como el de G. Cortés (cf. infra ).

En otros textos de agricultura árabes quizás se encuentren huellas de una utilización de Paladio: Ibn Bassal (ed., J. M. Millás Vallicrosa - M. Aziman, Tetuán, 1955) no cita las fuentes de su Agricultura pero existen algunos loci similes de Paladio con esta obra y con la de su compatriota del s. XIII Ibn Luyun (ed. J. Eguaras Ibáñez, Granada, 1975), a pesar de que éste no menciona tampoco entre sus modelos a Paladio 91 .

Fuera de este entorno comienzan también por esta época las traducciones de Paladio: al inglés medio, en verso 92 ; al italiano, quizás ya a mediados del siglo XIV 93 ; al catalán.

Es ésta, desde nuestra perspectiva, la versión más interesante de Paladio. Su autor, Ferrer Sayol, protonotario de la reina doña Leonor de Sicilia, realizó su traducción entre los años 1380 y 1385. No es la única traducción catalana de Paladio: se conserva otra de finales del siglo xv y un fragmento de una tercera en un códice mallorquín. Pero la de Ferrer Sayol debió de ser la más autorizada, como prueba el que nos haya llegado por una reproducción manuscrita de fines del siglo xv (Biblioteca Serrano Morales de Valencia) y por una traducción castellana de comienzos del siglo XVI (Biblioteca Nacional, ms. 10211) que no parece proceder directamente del códice Serrano Morales 94 .

Esta versión del Opus Agriculturae es muchas veces una paráfrasis que incluye la experiencia personal del traductor 95 , y sus esfuerzos ante una terminología que no siempre conocía. Un ejemplo es el texto de PAL ., III 29, 3, Tunc opon Quirenaicon, quod Graeci si appellant , en la traducción castellana (f. 97), tomada directamente de la catalana, se dice: «un licor que es dicho en griego Opocafrenaycon. Aquesta licor no he fallado expuesta en sinonimas nin en otros libros de gramatica nin el libro del palladio no la declara en otra manera. Mas he fallado en un libro del palladio arromançado quel aqueste es opio que es suco de castalio o papaver…», y sigue una digresión sobre las virtudes del opio 96 .

La empresa obedeció a esta exigencia práctica de fijar los términos técnicos. Paladio seguramente empezaba a ser un autor oscuro, no por su sintaxis ni su estilo, sino por su vocabulario científico. En el prólogo, Ferrer Sayol advierte precisamente esta dificultad de partida, e indica además que existían ya otras traducciones de Paladio como correspondía a una obra que entonces se calificaba de utilidad pública 97 .

El carácter libre de esta versión y el mismo hecho de que hubiera otras anteriores, que, a lo mejor, el traductor consultó, no permiten saber con seguridad cuál era el manuscrito de Paladio que había traducido. Pero hay un dato sorprendente: la enorme coincidencia de esta traducción precisamente con las glosas de los manuscritos escurialenses A, Ñ y del florentino f 98 —en medida un poco menor, en este caso—.

Si Ferrer Sayol conocía estos códices, eso querría decir que ya en los finales del siglo XIV alguno de ellos o algún directo antecesor o pariente ya estaba en España. Pero no parece probable, porque no suele seguir el texto de estos manuscritos, sino sólo sus lecturas interlineales 99 . Quizás no tuvo acceso a ellos, pero sí, en cambio, a unas glosas de Paladio coincidentes con las de los manuscritos hispanos e italianos, que circulaban independientemente del texto, como antes hemos supuesto; seguramente son esas y no otras las que el traductor, en la versión castellana, llama «sinónimas»: aclaraciones por vía generalmente de la vulgarización terminológica que demuestran la difusión y la autoridad de Paladio.

Desde el siglo XV

Desde estas fechas comienza el lento declive de la fama de Paladio. Es todavía la época en que se copian alrededor de una treintena de manuscritos del Opus Agriculturae del s. xv y alguno del s. XVI , del descubrimiento a mayor escala del Carmen de Insitione con siete códices también del s. xv, de nuevas traducciones 100 , de estudios eruditos sobre su texto y de los primeros ejemplares impresos.

El más importante de los trabajos filológicos de la época sobre Paladio es el del humanista italiano A. Poliziano (1454-1494), que anotó una cantidad considerable de lecturas originales en los márgenes y entre las líneas de la editio princeps de Paladio. Estas lecturas se incorporaron pronto a ulteriores ediciones: procedían directamente de la mano de Poliziano, el sabio que en la edición príncipe de Catón había anotado también las lecturas del antiquísimo códice Marciano, el mejor representante del texto del primer agrónomo, ya sólo conocido hoy por estas anotaciones y las de P. Victorio. Esto indicaba algo sobre el método de Poliziano: la tendencia a buscar los codices pervetusti como primer criterio de crítica textual 101 . En el caso de Paladio, las lecturas de Poliziano resultaban sospechosamente brillantes para solucionar pasajes oscuros y se desconocía de qué códices, entre tantos conservados, procedían, de forma que desde el siglo pasado los editores consideraron que eran simples conjeturas de un filólogo de gran talla 102 .

Pero Poliziano había sido, también en esta ocasión, fiel transmisor de las variantes que había encontrado en algún manuscrito emparentado con el modelo de donde proceden varios otros que se escalonan desde el siglo XI en adelante 103 : un códice de venerable antigüedad, por tanto, y además de la familia del ms. ç que, curiosamente, perteneció a la biblioteca de Petrarca.

Sin embargo Paladio pierde progresivamente su supremacía sobre los demás agrónomos: los cerca de cuarenta manuscritos de Columela y los veintiséis de Catón 104 , al que acompaña Varrón ya desde época antigua, revelan la repercusión que tuvo en el Quattrocento el redescubrimiento de los primeros escritores agronómicos.

En algunas copias, como las hispanas, aparecen juntos los tres 105 . En la editio princeps de Venecia en 1472, N. Ienson publica el texto de Catón, Varrón y Columela, preparado por J. Merula; Fr. Colucia se ocupa, incluyendo el «nuevo» poema sobre Los injertos , del de Paladio, que se añade junto a los tres anteriores: es la constitución del corpus scriptorum rerum rusticarum , que, en sucesivas ediciones, transmitió conjuntamente las obras de los cuatro agrónomos.

Otras cuatro reimpresiones del s. xv y diecisiete del s. XVI — y el silencio editorial del s. XVII — dan paso a las grandes ediciones cum notis variorum del s. XVIII : las de Gesner y Schneider contienen comentarios al texto, todavía hoy muy estimables.

Desde la primera edición, Paladio no sería editado independientemente hasta la teubneriana de Schmitt a fines del siglo pasado, y el primer «Paladio completo» dista poco más de una docena de años de estas páginas.

En este camino del s. xv en adelante Paladio debió de circular más que con los otros agrónomos, a la sombra de ellos. El tratado de Catón empezó pronto a ser valorado por los humanistas del s. xv/XVI : aparte del contenido agrícola, era un reencuentro con el latín arcaico que algunos se complacieron en imitar y otros en explicar filológicamente 106 . Columela se fue convirtiendo progresivamente en la base principal de los estudios científicos posteriores en los que fue, poco a poco, eclipsando a Paladio.

Todavía en la Agricultura de Ch. Estienne 107 , se utiliza mucho a Paladio, incluso a veces textualmente, sin mencionarlo 108 , pero el autor más citado es Columela. Allí mismo, en la «advertencia al lector», A. Languier vuelve a emplear el catálogo de agrónomos de Columela (I 1), que ya antes hemos encontrado en Isidoro y a través de él en Hugo de San Víctor; estos dos autores habían añadido por su cuenta el nombre de Paladio, pero en este prólogo está, sencillamente, ausente 109 .

Un recorrido breve por el Renacimiento español y la fama de Paladio desde esa época, nos lleva a detenernos, en primer lugar, en la obra de G. Alonso de Herrera 110 que unió a su saber personal, adquirido por su estancia en Granada, donde conoció las prácticas agrícolas árabes, y por sus viajes como capellán de Jiménez de Cisneros, un amplio uso de fuentes: griegas, según él dice, y, desde luego, latinas —los cuatro agrónomos, Virgilio, Plinio y Macrobio—, «modernas» —P. Crescencio, Bartolomé de Inglaterra y V. de Beauvais— y entre las árabes, Averroes, Avicena, y, especialmente, Abencenif.

Sin embargo, las fuentes clásicas de la Agricultura de Herrera no han sido, que sepamos, estudiadas. Sería ilustrativo saber si leyó los autores griegos por versiones latinas o castellanas y si conocía las árabes directamente o también a través de traducciones al castellano 111 .

En cambio, respecto a las fuentes latinas, podemos asegurar que Herrera conocía de primera mano el texto de Paladio, como el de Columela y Plinio, citados con mucha mayor frecuencia que Varrón y Catón —éste poco mencionado—, e incluso que Virgilio, al que, en cambio, se complace en citar a veces en lengua latina 112 , dándole así un trato de privilegio frente a los demás. Hay en Herrera muchas citas textuales e incluso capítulos enteros que son prácticamente traducciones de Paladio, que prueban que Herrera no consultaba las viejas versiones de este agrónomo, ni siquiera la castellana, poco anterior a él, sino su obra latina directamente 113 ; remite también indirectamente a él cuando refiere fórmulas de sus continuadores medievales, como el Crescentino o Abencenif. Precisamente gracias a la Agricultura de Herrera tenemos ciertas pruebas para sospechar cuánto debe en concreto Abencenif al texto de Paladio 114 .

Pero desde la constitución del corpus de los cuatro agrónomos, Columela se convierte en la autoridad en la materia. Y también para Herrera es el autor más veces citado; incluso cuando Paladio ofrece una explicación más completa —como, por ejemplo, en gran parte de los frutales, que el gaditano no llegó a conocer o sólo muy superficialmente—, Herrera parece esforzarse en buscar algún cabo que le permita hacer una cita de mayor prestigio, generalmente Columela, o Plinio, para no seguir solamente a Paladio 115 .

En su Obra de agricultura copilada de diversos autores , Alcalá de Henares, 1513, Herrera parece haber sentado definitivamente en España el criterio razonable de la primacía de Columela sobre Paladio como base de la agronomía. El prestigio del tratado de Herrera se manifestó sobre todo en las sucesivas reediciones de su obra 116 a la que se fueron incorporando otros tratados de tema similar, como el de Rodrigo Zamorano, Cronología y repertorio de la razón de los tiempos , Sevilla, 1594, Juan de Arrieta, Despertador de la gran fertilidad,… que España solía tener …, Madrid, 1578, el Arte de criar seda de G. de las Casas (1581). Las Colmenas de L. Méndez de Torres; Jardines de G. de los Ríos (1592), o el Discurso del pan y el vino de D. Gutiérrez de Salinas (1600), entre otras adiciones a las que se sumarán posteriormente las coetáneas a la reimpresión de 1818 por la Real Sociedad Económica Matritense.

En el anexo de J. de Arrieta, todavía hay alguna mención a Paladio, aunque la autoridad es Columela. Otras se encuentran fuera de los suplementos: por ejemplo, en el Libro de los secretos de agricultura, casa de campo y pastoril, traducido de la lengua catalana en castellano de F. Miguel Agustín, donde Paladio figura al lado de Alberto Magno (libro II 7, pág. 457, por la reed. de 1770).

Aunque sin referencia explícita a Paladio, hay un uso de su obra, directa o indirectamente, también en la de Pedro Ciruelo, Reprobación de las supersticiones y hechicerías , 1530 (= Reimpr. A. V. Ebersole, Valencia, 1978) 117 .

Pero aparte de otras posibles menciones, en una de las notas de la reimpresión de la Sociedad Económica Matritense, a propósito de un pasaje donde Herrera recoge las fórmulas de Paladio y Abencenif para lograr una vid triacal, el comentario añade (ibid ., pág. 408) «Paladio y Abencenif empeñados en copilar recetas ridiculas». Este juicio que desacreditaba a Paladio entre los científicos es la culminación de una marginación que se había prolongado entre ilustrados y neoclásicos.

En el discurso VIII 12, «Honra y provecho de la agricultura del Teatro Crítico Universal 118 », Feijoo, que valora la obra de Herrera y cita distintas fuentes romanas, no menciona a Paladio. En cambio, utiliza profusamente a Columela e incluso hace suya la queja del gaditano (Praef ., 4) Sola res rustica, quae… consanguinea sapientiae est, tam discentibus eget, quam magistris …, frase que debía de ajustarse muy bien a la desgraciada situación de la agricultura en la época, hasta el punto de convertirse en una cita obligada de los que posteriormente trataban del tema, como, por ejemplo, Jovellanos a finales del siglo en su Informe sobre la ley agraria 119 , donde hace varias referencias a la agronomía antigua, incluso cita a Catón y Varrón (ibid ., págs. 185-186), pero sólo da muestras de conocer a Paladio (ibid ., pág. 293) indirectamente, por medio de Herrera.

Este repaso superficial parece sugerir que los agrónomos romanos tuvieron a partir del siglo xv una difusión de tipo científico, acentuada con la progresiva especialización que tendía a separar científicos y filólogos. Columela fue valorado en la ciencia agronómica por encima de Paladio, lo que no impide que los estudios filológicos sobre el texto del agrónomo español, y las ediciones y traducciones de su obra, ofrezcan un panorama en España de pobreza desoladora 120 .

Postergado en el mundo científico, a Paladio le correspondió circular con la ayuda ajena de sus predecesores en agronomía; pero le quedó un papel reducido que podía cumplir mejor que los otros tres: los almanaques, cartillas rústicas, pronósticos perpetuos, lunarios y libros similares, donde la agricultura aparecía unida a la astrología y al santoral.

Una combinación de este tipo se encuentra en una obrita que ocupa los folios finales de la traducción de Ferrer Sayol, contenida, como ya se indicó, en un códice del siglo xv, y de la correspondiente castellana. Consta de un corto almanaque mensual con recomendaciones varias de preparación de conservas, métodos de injertar, recetas medicinales y otras más o menos mágicas (f. 209-227: para que los manzanos produzcan piedras preciosas, perlas o dinero, o nazcan los frutos con inscripciones, como ya figura en PAL ., II 15, 13), atribuidas a Sócrates, Aristóteles, Virgilio, o al maestre Ricart; el opúsculo que comienza con el título «Libre de Albert» (¿se refiere a la faceta alquimista de Alberto Magno?) o «Libre de Euclides», debe mucho a Paladio y muestra otra vía de la difusión popular del Opus Agriculturae: la cartilla rústica de pequeño formato para el gran público, con algunos datos agrícolas, muchas veces de Paladio, y adiciones sobre climatología o astrología. Es un último entronque de Paladio con los «libros de horas» medievales.

A esta nueva serie responde el Lunario de Jerónimo Cortés, Valencia, 1594, que contiene las fases lunares, el santoral y las «obras de cada mes», siguiendo algo a Plinio (obras de enero), a Abencenif (abril, octubre, noviembre) y muchísimo a Paladio (el resto del año), con un apéndice de pronosticación natural por los astros y fisonomía.

Esta obra, que conoció distintas reimpresiones (y títulos: El non plus ultra del lunario…) volvía a ser editada en Valladolid: Lunario y pronóstico perpetuo general y particular … con una sucinta relación de la revolución española y su gloriosa defensa contra sus inicuos invasores , todavía en 1840, en plena época romántica, cuando ya hacía tiempo que los filólogos alemanes habían publicado las grandes ediciones del Opus Agriculturae y coincidiendo con las fechas en que empezaba a despertar interés el Latín Vulgar que se reflejaría después en los primeros estudios de Dalmasso y Svennung sobre la lengua de Paladio.

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Las ediciones de 1528 (Venecia) y 1548/1549 (Lyon); la reedición de la obra de Gesner en el año 1783, conservadas las tres en nuestra Biblioteca Nacional, completan el catálogo usual ofrecido en ediciones anteriores (cf. Rodgers, Praef ., pág. XXIII):

1472. Venecia, N. Ienson. Ed. princeps (Fr. Colucia).

1482. Regio, B. et L. de Bruschis.

1494. Bolonia, B. Hectoris (F. Beroaldo).

1496. Regio, D. Bertochus.

1499. Regio, Fr. de Mazalibus.

1504. Bolonia, B. Hectoris.

1514. Venecia, Aldus.

1515. Florencia, P. Iunta.

1521. Florencia, hered. Iuntae.

1528. Zürich, I. Mazochus.

1528. Venecia, Aldus.

1529. París, I. B. Ascensius.

1533. París, G. ae Prato.

1533. Venecia, hered. Aldi.

1535. Basilea, Hervagius.

1535. Lyon, S. Gryphius.

1536. Colonia, I. Gymnicus.

1536. París, Tiletanus.

1537. Lyon, S. Gryphius.

1541. Lyon, S. Gryphius.

1543. París, R. Stephanus (como en la anterior, P. Victorio añadió a su ed.: explicationes suarum in Catonem, Varronem, Columellam castigationum) .

1548/1549. Lyon, S. Gryphius.

1595. Heidelberg, H. Commelinus.

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1773/1774. Gesner, Jo. Math., Ed. sec. (A. Ernestius), Leipzig.

1781. Gesner, Jo. Math., Ed. sec., Mannheims.

1783. Gesner, Jo. Math., Ed. sec., Venecia.

1787/1788. Ed. sec., Zweibrücken.

1794/1797. Schneider, J. G., Scriptorum rei rusticae veterum latinorum …, Leipzig.

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Esta traducción fue realizada según el texto de Paladio establecido por R. H. Rodgers (op. cit.) , salvo advertencia expresa. Para el libro primero hemos seguido nuestra ed. ya citada, y para éste y el segundo se tuvo muy en cuenta la de R. Martin (op. cit.) . He utilizado todas las versiones de Paladio a mi alcance —citadas en la introducción— y ésta es deudora de todas ellas, incluida naturalmente la castellana anónima del s. xv, única traducción, o más bien paráfrasis, en nuestra lengua anterior a ésta. Nuestra traducción del Carmen de Insitione intenta recoger algunos aspectos rítmicos, especialmente las cláusulas, del único libro en verso de Paladio. Las notas proceden generalmente de la comparación con otros autores técnicos, especialmente Columela. Las menciones a la Historia Natural de Plinio se refieren siempre a la ed. de Belles Lettres y a sus valiosos comentarios. He acudido muchas veces a la obra de A. Laguna, P. Dioscórides Anazarbeo, acerca de la materia medicinal y de los venenos mortíferos (ed. princ ., Amberes, 1555; reimpr., Madrid, 1968), a sus anotaciones personales o a partir del texto de Plinio y a sus espléndidos índices finales, para cuestiones de nomenclatura. El diccionario de J. André, Léxique des termes de botanique en latin , París, 1956 —de donde proceden gran parte de las identificaciones botánicas—, como también su trabajo sobre L’alimentation et la cuisine à Rome , París, 1961, junto con los de R. White, Roman Farming , Londres, 1970, y R. Martin, Recherches… (op. cit.) , sobre aspectos generales de la agricultura, la monografía clásica de J. Svennung, Unters…, op. cit ., en cuestiones de lengua, las ediciones actuales de Paladio de R. Martin, R. H. Rodgers y su respectivo aparato literario, además de las «cum notis variorum» de Gesner y Schneider —op. cit .—, así como la recopilación de la agronomía antigua y medieval de G. Alonso de Herrera, siempre citada por la reed. de Madrid, B. A. E ., 1970, han sido buenas herramientas para las explicaciones al texto; en lo sucesivo, como el resto de la bibliografía, en abreviatura. Otros estudios que interesan tangencialmente a Paladio se mencionan a pie de página.

Debo agradecer los consejos y sugerencias de los profesores A. Fontán, que siempre me prestó su ayuda eficaz y amable, González Rolán, Martínez Gázquez, Martínez Pastor, E. Otón, L. Rubio, que dirigió mi tesis doctoral sobre manuscritos de Paladio, P. Saquero, y, muy especialmente, quiero mencionar al Dr. Sebastián Mariner, quien me confió esta traducción que hoy concluyo con el recuerdo imborrable de su ejemplo y su sabiduría.

__________

1 Exposición exhaustiva en R. MARTIN , ed., Praef ., págs. VII-XX . Cf. L. DALMASSO , «La Questione…», y G. MAGGIULI , «Palladio…».

2 L. DALMASSO , «La Questione…», págs. 83 y sigs. Sin embargo, no hay tampoco seguridad de la cronología de Gargilio Marcial. Incluso se fecha éste antes que Paladio porque Paladio lo cita. El editor S. CONDORELLI (op. cit .) sitúa a Gargilio en el tránsito del s. III /IV basándose en la Historia Augusta , donde Elio Lampridio (37, 9) le atribuye una biografía de Alejandro Severo. Paladio sería posterior, pero ¿cuánto tiempo?

3 Untersuchungen über die Quellen, den Verfasser und die Abfassungszeit der Geoponica , Berlín, 1884, pág. 218 y sigs. El término a quo se rebajaría considerablemente si se acepta el supuesto de que Vindanio Anatolio sea efectivamente el jurista de Beirut muerto en el 360 ó 361.

4 Años 460-480 para R. MARTIN (ibid .) ó 380-455 para G. Maggiulli, para hacerlo anterior a la invasión vándala, que Paladio (suponiendo que fuera sardo) no menciona. Gavrilov (citado por RODGERS , An Introd ., pág. 9) señala que el uso de términos como provincia, regio , etc., corresponden a la época de Diocleciano, en la que sitúa a Paladio, adelantando la cronología de éste en muchos años, pero habría que suponer que Paladio utiliza con precisión jurídica esos términos. No parece demostrado que no sean sinónimos y utilizados en el sentido más amplio y menos concreto de «zona».

5 Geschichte der Botanik II (1885), 331.

6 C. BELLIENI , La Sardegna e i Sardi nella civiltà dell’ alto Medioevo , Cagliari, 1973, pág. 37. G. MAGGIULLI , «Palladio…», págs. 126-129.

7 L. GALLO , «Neapolis…», pág. 184.

8 «La Questione…», págs. 91-92.

9 Por ejemplo, PAL ., III 17, 7, sobre un taladro galo, procede de COL ., 4, 29, 13-16; la descripción de la segadora utilizada en las llanuras de la Galia (VII 2) aparece ya antes, aunque con menos detalle, en PLIN ., N. H ., 18, 296.

10 J. R. HARRIS , «On the locality…», pág. 419: «we conclude in favor of latitude 45.°, but 47.° is better than 42.°».

11 Tum discessurus, studiis Urbique remitto / Palladium, generis spemque decusque mei: / facundus iuvenis Gallorum nuper ab arvis / missus Romani discere iura fori …

A la brillante hipótesis del editor de Namaciano, J. VESSEREAU (ed. 1904, págs. 215-222) intuida, en parte, antes por C. BARTH , ed. 1723, 88, que descubría además ecos de un pensamiento estoico en los dos escritores galos, se sumaban después DALMASSO («La Questione…») y MARTIN (ed.). Otros señalaron otras procedencias: la hispana (SITTL , «Zur Geschichte der Hauskatze», Arch. lat. Lex . V 133), la sarda (IV 10, 16: Quod ego in Sardinia territorio Neapolitano in fundis meis comperi) , con más argumentos, pero tampoco demostrable, como señala G. MAGGIULLI ( ibid .) . SVENNUNG , Unters ., págs. 5-21, mostró pormenorizadamente los interrogantes, todavía irresolubles, de la biografía de Paladio.

12 Pars est prima prudentiae ipsam cui praecepturus est aestimare personam. Neque enim formator agricolae debet artibus et eloquentiae rhetoris aemulari, quod a plerisque factum est, qui dum diserte locuntur rusticis adsecuti sunt ut eorum doctrina nec a disertissimis possit intellegi. Sed nos recidamus praefationis moram, ne quos reprehendimus imitemur (I 1).

Bis septem paruos, opus agricolare, libellos quos manus haec scripsit parte silente pedum ne strictos numeris nec Apollinis amne fluentes sed pura tantum rusticitate rudes … (XV 3-6).

13 GESNER , ed., 1773, pág. 7, notae variorum (I 1).

14 Especialmente en los trabajos de H. WIDSTRAND , Palladiusstudien …, págs. VIII-IX. Este estudio, fundamentalmente de crítica textual, supone una importante aportación al conocimiento de la lengua y estilo de Paladio, dado que las lecturas se justifican en razón de frecuencias de uso, tendencias estilísticas, tipos de cláusulas métricas. Estas últimas son el aval de defensa de ocho lecturas en el texto de Paladio, con la dificultad, no obstante, de que el autor no hizo un estudio sobre las preferencias de Paladio por algún tipo determinado de cláusula. Fue la parte más novedosa de su trabajo, pero hoy la más inutilizable como fundamento de crítica textual ante la ausencia de un estudio estadístico sobre la frecuencia de cláusulas, distribución, etc.

15 Op. cit ., págs. 517 y sigs.

16 Los dísticos elegíacos, cuantitativamente correctos, ofrecen coincidencias entre acento e ictus a partir del cuarto pie en más de la mitad de los hexámetros (vv. 5, 11-15, 21, 31, 33, 39-43, 47, 49, 57, 59, 63-71, 75, 79, 81, 89-109, 113, 115, 125, 131, 141, 145-151, 155, 161, 165), lo que prueba una búsqueda deliberada de la sonoridad acentual en el segundo hemistiquio, subrayada en muchos de ellos, por otros efectos estilísticos: aliteraciones (57, 103), anáforas en períodos trimembres (21-22; 41-44), antítesis (33, 53, 115) amén de las continuas metonimias y metáforas, ya tradicionales, del injerto comparado con el cuerpo humano, el vestido, el matrimonio, la hospitalidad, la amistad, el color, expresadas con gran riqueza de vocabulario. Las calificaciones de la insitio , sólo en los vv. 13-20 alcanzan una fuerte variatio léxica: iungere, mixtus, connexus, adfinis, geminus, confundere, duplex, adoptivus …, incrementada a lo largo de un poema que resulta de lectura difícil por poco fluido y por artificioso; puede servir de ejemplo el v. 115 que contiene en quiasmo y paronomasia varios de los elementos que citábamos: exarmat fetus sed brachia corporis armat .

17 El prefacio, en prosa, está montado alrededor de tres imágenes: la jurídica, ya que la obra se concibe como una deuda con intereses, la del buen esclavo y una moraleja final sobre el valor de las cosas pequeñas. Estos tres símiles perfilan la estructura de pieza retórica del prefacio, con un corto exordio (1-2) seguido de la narratio y la argumentatio , enlazadas por sed y enim , y cerrado por la peroratio , unida por verum con la consabida fórmula de la captatio benevolentiae . Idéntico ensamblaje vuelve a repetirse, incluso con mayor claridad, en el carmen : exordio a Pasífilo (1-10), narratio (11-36), argumentatio (37-164) y peroratio (165-170).

Otras figuras, como el polyptoton (recedit…recessit) , antítesis (velocitas…facinus, segnities…benignitatis; maximarum…minuta) , el quiasmo que abre el prefacio y la variedad del léxico (opus…volumina) , son detalles que subrayan la gran atención prestada a los preciosismos.

18 Por ejemplo, el extenso capítulo tercero, tomado de las Geopónicas contiene unas listas, inhabitualmente largas, de nombres de productos, encabezados por frases de idéntica estructura: in herbis haec, in fructibus haec, in pigmentis haec, in speciebus haec, in seminibus haec …

19 SVENNUNG , «De Columella…», op. cit .: Paladio tomó casi textualmente desde VII 4 hasta VII 11.

20 Con escasas variantes, la introducción de los capítulos se reparte entre fórmulas como est alius (est et alia…) de tanta resonancia pliniana, contra más acusativo, si condicional, facit et, solet et …. Los escasos destellos de brillantez estaban ya, en su mayor parte, en el modelo, por ejemplo, en 14, 6, 3 (COL ., 6, 6), o en 14, 13, 6 (COL ., 6, 13), donde reproduce el quiasmo y el período trimembre con sus paralelismos y quiasmos, respectivamente.

Por contra, como ha señalado SVENNUNG , «De Auctoribus…», II, páginas 235-240, en otros lugares, Paladio hizo más vulgar el texto de Columela, o tomó otros pasajes, quizás de fuentes populares, con abundancia de vulgarismos (ibid ., pág. 234).

21 Las omisiones más notables afectan a temas como los vientos, astros, los capítulos relativos al perro (COL ., 8, 12, 13) y, en ocasiones, enumeraciones de subclases de productos.

22 «De Auctoribus…» I, págs. 136-154.

23 En el prefacio, Columela se queja de que todos los saberes tengan maestros y alumnos menos la agricultura. La enumeración empieza por la retórica, con estas palabras que, con cierta ironía, creemos que parafraseó Paladio: COL ., 1, 1, Praef.: Atque ego satis mirari non possum, quid ita dicendi cupidi seligant oratorem cuius imitentur eloquentiam — PAL ., I, Praef.: Neque enim formator agricolae debet artibus et eloquentiae rhetoris aemulari .

No obstante, la continuación de esta frase de Paladio, quod a plerisque factum est , suscita problemas de interpretación. Ya el primer comentarista conocido, Casiodoro, vio en esas palabras una referencia a Columela, al que le quedaría en tiempos sucesivos el chiclé de «orator» (cf. ISIDORO , cit. infra) . Mucho después GESNER (ed. 1773, n. 7) intuía también una alusión al gaditano; en el mismo sentido, SCHNEIDER (ed. 1795, pág. XII). El paralelismo de los textos que aquí ofrecemos parece suficientemente evidente; el plural del pasaje se explica como un recurso lingüístico difuminador, para no señalar tan directamente al autor criticado. Otros, sin embargo, con el argumento, tampoco desdeñable, de interpretar literalmente el plural, ven en él una referencia a otros autores (así para R. MARTIN , op. cit ., L-LI): obras como la de Plinio o las Geórgicas podían, desde luego, caer en la descalificación de Paladio; pero cabría objetar que no son, salvo acaso en alguna referencia muy reducida y concreta, fuentes de Paladio. El único modelo que había que resumir era Columela; prácticamente el resto de las fuentes ya eran compendios o monografías.

24 De una confrontación indicativa de textos, donde Paladio se inspiró directamente en Columela, resulta que muchas veces Paladio conservó las figuras retóricas que había en su modelo, por ejemplo, mantiene el período trimembre con anáfora de COL ., 4, 8: si est hiems in ea regione placida, patens vitis relinquenda est; sin violentior, id facere nos prohibet, ante Idus Decembris praedicti lacusculi coaequandi sunt. Si vero etiam praefrigida frigora regionis eius suspecta erunt — PAL ., XI 5, 2: si placida ibi hiems est apertas relinquimus vites, si violenta, ante Decembres Idus operimus, si praefrigida … (cf. COL ., 3, 1, 8-9 — PAL ., II 13, 1). Con frecuencia sustituye unas figuras por otras que no le impiden acortar el texto: COL ., 2, 10, 27: quod agrum stercorat, quod omne emaciatum armentum ex ea pinguescit, quod aegrotanti pecori remedium est — PAL ., V 1, 1: agrum stercorat, macra animalia reficit, curat aegrota; COL ., 2, 10, 29-30: Prima qua pabuli causa…serimus. Secunda qua…iacimus semini progenerando — PAL ., II 6: colligendi seminis causa, non pabulli secandi (cf. COL ., 2, 16, 3-5 — PAL ., X 10, 1; COL ., 6, 27, 8 — PAL ., IV 13, 4). Más curiosos son los lugares donde Paladio ofrece un texto más retórico que el del modelo en que se inspiraba. Así, entre otros: COL ., 2, 10, 2-4: id, ut dixi, exilem amat terram, et rubricam praecipue. Nam cretam reformidat, limosoque non exit agro — PAL ., X 5 (con antítesis, quiasmo y período trimembre) limoso agro non nascitur, cretam reformidat, amat exilem terram atque rubricam; COL ., 2, 10, 18: Putre solum, quod Campani pullum vocant, plerumque desiderant. Non deterius tamen etiam pinguibus harenis vel congesticia humo proveniunt — PAL ., X 7 (con quiasmo y clímax ascendente trimembre) putri solo vel pinguibus harenis vel terra congesticia; COL ., 7, 3, 20-25 (en el contexto de una larga cita virgiliana, que Paladio evita pero sustituyéndola por una frase también poética), Rursus deinde iam mitigato vapore compellamus ad aquam et iterum ad pascua producamus «solis ad occasum, cum frigidus aera vesper temperat, et saltus reficit iam roscida luna » — PAL ., XII 13, 4: Deinde, ubi flexo iam die ardor infringitur et solum primo imbre vespertini roris umescit, gregem revocemus ad pascua . Cf. COL ., 2, 10, 30 — PAL ., II 17 (alit.); COL ., 9, 10 — PAL ., VII 7, 7 (quiasmo).

A Gargilio Marcial remontan los capítulos sobre huertas y frutales. A ellos pertenecen estas frases de Paladio donde se repite la antítesis quiástica con tendencia al clímax en los complementos: IX 5, 1: Amant terram pinguem, solutam, diu subactam, qualem rapa. Tofum et glaream reformidant; XIII 4, 2: Amat loca tepida, aprica, maritima et saepe saxosa. Statum frigidum reformidat . La imitación a Gargilio no es literal, pero a Paladio debió de complacerle esta estructura, que repite parcialmente en varios lugares (por ejemplo: II 15, 2; XV 7; III 25, 29; XII 7, 19) que se creen inspirados en ese autor.

25 El ser un almanaque también condicionó muchas veces el estilo de Paladio. La necesidad de situar la materia en el tiempo motiva que el repertorio de fórmulas introductorias se reduzca con pocas variantes a: hoc (etiam) mense (tempore) o Nunc (etiam) . Las enumeraciones de distintos métodos suelen ir reiteradamente encabezadas por aliter (/item/vel) o alius (/aliqui/plurimi) —I 40; 42: II 15; 4-9; 18; III 25, 9-10, 17-20, 25-27, etc.—. Frente a esta monotonía, no faltan rebuscamientos retóricos incluso en pasajes donde Paladio imita muy de lejos a sus modelos: IV 10, 36: quos unitate dividat, divisione coniungat; V 2, 2: et apertam redeundi felicitatem de olea et occultam valendi feracitatem de oleastri; XII 9, 1: fructu carent, fronde luxuriant et pauperiem fetuum compensant ubertate foliorum . Personificaciones que van más allá de las habituales en el género técnico; V 4, 3: si arbor haec tristis est…hilarior fiet; VII 2, 2: spicarum populus maturato rubore flauescat; X 14, 1: tubures…cuius tenera diligenter nutriri debet infantia . Finales de período y de capítulo con cláusulas y aliteraciones, III 24, 4: semisicci cum semine et sic in sole siccandi; VII 1: spectant solidam siccitatem , etc.

26 «Incorrecto y lleno de neologismos» para SCHOELL (Histoire abrégée de la littérature romaine III, París, 1815, 244), recogido en la ed. DIDOT (op. cit ., pág. 522). Para SVENNUNG (cit. supra) es, en cambio, un estilista notable.

27 Así lo definió Ferrer Sayol en el prólogo de su traducción: «libro en latín fuertemente corto et breve et entricado et mucho sotil».

28 Abundantes ejemplos en SVENNUNG , Unters ., págs. 531 y sigs.

29 SCHMITT , J. C., ed. 1898, pág. XIII: Neque habeo, quod illos tam multos et tam manifestos errores grammaticos, qui a Palladio homine satis erudito abhorrent, ut «transiebant »… «mittes »… aliaque depravatae monachorum, qui libros Palladii plerumque ad suum ipsorum usum scripserunt consuetudini loquendi tribuendos esse demonstrem .

30 Unters ., ćaps. 5 y 6, especialmente pág. 108 (también, el mismo autor en Eranos 27, págs. 93 sigs.).

31 Leipzig, 1975. Praef ., págs. XII-XIV.

32 Descubierto, el primero de ellos, en Viena, con la inscriptio: M. Ceti Faventini artis architectonicae privatis usibus adbreviatus liber , por J. Haupt en 1871 (cf. SIRCH , Die Quellen …, pág. 29).

33 «Palladius und Faventinus…», op. cit .

34 Quaestiones Vitruvianae (tesis), Berlín, 1896 (especialmente I, páginas 2 y sigs. sobre el carácter temprano de la contaminación e interpolación en los codd. lacunosos de Faventino y sobre las fuentes de este autor que parece no haberse inspirado exclusivamente en Vitrubio).

35 Vitruvius und Later Roman Building Manuals , Cambridge, 1973.

36 «De Auct…» I, págs. 154-164.

37 W. POPPE , Vitruvs Quellen (tesis), Kiel, 1909; cf. SVENNUNG , «De Auct…» I, pág. 160.

38 R. MARTIN , ed., Praef ., págs. XXXIII-XXXVI y 120-122.

39 Paladio cita en veinticinco lugares a Columela y trece veces a Gargilio (M. SIRCH , «Die Quellen…», págs. 13 y 27). La exactitud en las referencias a los autores ha sido puesta de manifiesto por Svennung como una de las características de Paladio («De Auct…» I, pág. 127), que, en cambio, no menciona los nombres de los compiladores latinos o griegos: ni de Faventino (al que Paladio se refiere en plural porque lo considera un compilador de distintas fuentes, como el propio Faventino confiesa en su prefacio, (ibid ., pág. 155), ni tampoco la recopilación de Vindanio Anatolio merece más detalle que «Graeci», también en plural y sin otras precisiones (ibid ., pág. 168).

40 Efectivamente, hay capítulos que proceden de Columela en los que Paladio añadió alguna recomendación de las Geopónicas . A veces Paladio no advierte que cambia de fuente, pero los párrafos de una y otra procedencia son perfectamente deslindables; en la relación que ofrece Svennung, «De Auct…» I, págs. 129-130, no se registra ningún caso en que confluyan las dos fuentes en el mismo período sintáctico. Sería, desde luego, ilustrativo saber si cuando Paladio copia a Gargilio Marcial, tiene también ante sus ojos un texto de Columela y entremezcla entonces las palabras y los giros de uno y de otro autor. Del citado artículo de Svennung se desprende más bien lo contrario: Columela es fuente de Gargilio y de Paladio; cuando Paladio resume directamente a Columela el texto del gaditano aparece mucho menos distorsionado que cuando lo resume a través de Gargilio (ibid ., págs. 134 y sigs.) o de otro intermediario. Parece, en consecuencia, que Paladio opta por un autor o por otro, en función del tema; a veces contrapone las dos fuentes, pero no las entremezcla.

41 Die Quellen …, pág. 22: «Nach dem bisher Gesagten bleiben also als Quellen des Palladius noch bestehen Columella, Gargilius Martialis und der Epitomator des Vitruv, Faventinus, sowie die Geoponica bezw. die denselben zugrunde liegenden Kompilationem des Anatolius und Didymus». Cf. págs. 1-12; 39-45; 14-20, respect.

42 W. GEMOLL , Untersuchungen über die Quellen, den Verfasser und die Abfassungszeit der Geoponica , Berlín, 1884; E. ODER , «Beiträge zur Geschichte der Landwirthschaft bei den Griechen», Rhein. Museum , 1890, págs. 48 sigs.

43 Editado por A. Mai dos años más tarde. Scotti lo transcribió posteriormente —ed. 1833—, antes de que fuera totalmente ilegible debido al uso de reactivos químicos empleados por Mai. Una lectura muy cuidada del citado palimps. IV, A. 8 del s. VI , acompañada de triple aparato de referencias y citas de autores antiguos, loci similes e interpretaciones varias del texto con confrontaciones internas de otros fragmentos del mismo autor, en la ed. de S. CONDORELLI , Gargilii Martialis quae exstant. I: fragmenta ad holera arboresque pomiferas pertinentia , «L’Erma» di Bretschneider, Roma, 1978.

44 Ibid ., págs. 26-29; 30-32.

45 «Palladius…», op. cit ., pág. 2: «Palladius ist also im Grunde weiter nichts als ein verwässerter Gargilius Martialis: er steht zu ihm in demselben Verhältnis wie etwa Faventinus zu Vitruv».

46 Ya antes, R. Sabbadini informaba sobre la existencia del ms. y lo describía como un códice que contenía los XIII libros del Opus Agriculturae junto con el libro en verso («Spogli…, op. cit ., págs. 236-239). Posteriormente analizaba el contenido del ms., considerando el libro de Veterinaria un epítome de Columela insertado entre los libros de Paladio («Un codice ignoto…», pág. 780).

Svennung, que posteriormente declararía no haber tenido noticia del segundo trabajo del investigador italiano («De Auct…» II, pág. 230), sostuvo que la obra pertenecía a Paladio («Om en nyupptäckt bok…», op. cit ., págs. 1-11), editó el libro (ed. 1926, op. cit.) y le dedicó un estudio («Om Palladius…», op. cit.) .

47 «De Columella…», op. cit . Sobre todo en el libro XIV, que corresponde a una sección corrompida de la obra de Columela (VI-VII), pero también en los pasajes del Opus Agriculturae (ibid ., págs. 205 y sigs.) donde Paladio seguía literalmente a su fuente. Ambas posibilidades de uso habían sido utilizadas ya, mucho tiempo antes, como indicaba Schneider (ed. 1795, Praef ., pág. XII: Quantum vero in Palladio interpretando et corrigendo Columellae auctoritati tribuendum est, tantum ipse Palladius contra mutui Columellae libris corrigendis auxilii tulit. Primus hanc operam critices in utroque scriptore comparando et corrigendo egregie exsecutus est Pontedera…) .

Sin embargo, esta doble vía de enmiendas debe aplicarse con cautela. En un riguroso examen, el editor de Columela W. Richter («Palladius und…») mostró con muy buenas razones la metodología correcta en la utilización de Paladio como tradición indirecta de Columela: problemas como el grado de alteración que quepa atribuir a Paladio, la calidad del texto de Columela que su seguidor copiaba varios siglos después y, sobre todo, los propios defectos de la transmisión de Paladio, son factores que deben tenerse en cuenta y que no siempre permiten el tratamiento conjunto de ambos textos. El control mutuo de los dos autores exige, como demuestra Richter, deslindar los problemas de la transmisión de Columela —cuyo texto podría estar ya alterado cuando Paladio lo utilizaba, sin que se le pueda imputar a éste un alto grado de modificación de su modelo, al que pretendía reproducir ipsis verbis —, y las dificultades de transmisión del libro XIV de Paladio, que representa la sección peor transmitida de su obra.

48 En los temas de construcciones rurales Svennung se adhirió a la hipótesis antes citada de Krohn (ibid ., págs. 154-163). Respecto a las fuentes griegas precisó, frente a la teoría de Sirch, que Paladio había utilizado solamente la obra de Anatolio, como se deducía por los autores citados, que pertenecen a esta recopilación, y por el examen de los paralelismos, como ya antes había indicado E. Oder (op. cit ., supra, página 58); a través de ella y, por lo tanto, por vía indirecta, pudieron llegar a su texto referencias de muchos otros escritores, entre ellos de Columela (ibid ., págs. 164-169).

49 VIRG ., Georg . I 43-46: Vere novo… depresso incipiat iam tum mihi taurus aratro . La Geórgica primera aborda el año agrícola de acuerdo con la corriente astrológica (I 1: …quo sidere terram vertere… conveniat) .

50 Ni siquiera alude al ceremonial de la instauratio recomendado por Columela (XI 2: ita tamen ut ipsis calendis Ianuariis auspicandi causa omne genus operis instaurent, caeterum differant…) y que todavía Martín de Braga (Corr. Rust . 11) recordaba como una de las prácticas más enraizadas entre la gente del campo. Por otra parte, las únicas constelaciones que aparecen —y sólo una sola vez— son la Canícula (7, 9), Cáncer y Capricornio (8, 5), y las Pléyades (10, 13, 2).

51 Basten algunos ejemplos de repeticiones —curiosamente casi nunca textuales— como la recomendación de echar más estiércol a la tierra lienta en 1, 6, 4 y nuevamente en 10, 1, 3. O un método de Gargilio Marcial para conseguir granadas del tamaño de un recipiente en 4, 10, 5, repetida la fórmula en 6, 1 y otra vez en 7, 5, 1. Incongruencias, como la del libro X, entre el índice de capítulos —título 13, donde se da la relación detallada de los productos hortícolas sin mencionar el git — y el texto del propio cap. 13 en el que se tratan todos los productos anunciados en el índice, y por ese orden, pero además se incluye la neguilla. También destacables los capítulos artificiales, en el sentido de que no son unidades independientes en ellos mismos, como es habitual, sino que son en realidad subapartados del capítulo anterior. Esto, seguramente, se debe a un deseo de aligerar la obra: el autor no se permite la libertad de escribir capítulos largos, salvo en el caso de los frutales, pero, cuando está resumiendo la misma fuente, hace una especie de falsos cortes, subtitulando distintos apartados como si fueran capítulos distintos; así ocurre en el libro IX, entre los caps. 8 y 12, que proceden de Faventino: el cap. 10, «De aqua probanda», se refiere al agua de pozo, del que acaba de hablar en el capítulo anterior, continuación a su vez del octavo, sobre la manera de encontrar agua; con el mismo título «De aqua probanda», pero referido al agua en general, había tratado en 1, 4. Otro tanto, en 12, 17: al título de este capítulo responde el contenido de los siguientes hasta el 21 inclusive (todos ellos de las Geopónicas) .

52 Prueba de ello son las remisiones internas de la obra. Limitándonos a unos cuantos ejemplos que hemos recogido del libro XI, se observa que el autor hace distintos tipos de remisiones: a libros concretos anteriores (en 11, 4 y 11, 8, 1); a otros lugares donde se había ocupado de la misma cuestión (11, 16) sin precisarlos, pero que el lector encontraría fácilmente por el orden de temas en cada libro; o con mayor exactitud, a los epígrafes donde se habían tratado esos temas (11, 12, 9) lo que, por otra parte, avala la autenticidad de los índices de los libros. La obra de Paladio podía utilizarse como obra de consulta tanto para un mes concreto, como para un producto determinado a lo largo de todo el año.

53 Cap. XXVIII: Quid agendum a monachis qui artes in libro sequenti positas (o sea, el libro De artibus ac disciplinis liberalium) non intelligunt…

… Quod si huius studii requirantur auctores, de hortis scripsit pulcherrime Gargilius Martialis, qui et nutrimenta olerum et virtutes eorum diligenter exposuit … qui vobis inter alios codices reliqui. Pari etiam modo in agris colendis, in apibus, in columbis nec non et piscibus alendis inter caeteros Columella et Aemilianus auctores probabiles exsisterunt. Sed Columella sexdecim libris per diversas agriculturae species eloquens ac facundus illabitur, disertis potius quam imperitis accommodus; ut operis eius studiosi non solum communi fructu, sed etiam gratissimis epulis expleantur. Aemilianus etiam facundissimus explanator duodecim libris de hortis vel pecoribus aliisque rebus planissima lucidatione disseruit; quem vobis inter alios lectitandum, Domino praestante, dereliqui .

54 PAL ., I 1:’artibus et eloquentiae… qui dum diserte loquuntur rusticis… nec a disertissimis possit intellegi .

CAS . (ibid.): eloquens… disertis potius quam imperitis accommodus .

55 La gradación de los adjetivos —los referidos a Paladio, en superlativo— parece indicar esa preferencia. Cf. RODGERS , «The Moore…», pág. 204.

56 CAS ., ibid ., caps. XXIV, Cosmographia a monachis leganda , y XXXI, De monachis curam infirmorum habentibus .

57 Sobre el público y entorno social de las obras agronómicas en la Antigüedad, cf. especialmente R. MARTIN , Les agronomes…, op. cit .

58 CAS ., ibid.: Quia nec ipsum est a monachis alienum hortos colere, agros exercere et pomorum fecunditate gratulari; legitur enim im psalmo centesimo vigesimo septimo: «Labores manuum tuarum manducabis; beatus es, et bene tibi erit ».

59 BEN ., Reg . 48: Si autem necessitas loci aut paupertas exegerit ut ad fruges colligendas per se occupentur, non contristentur; quia tunc vere monachi sunt, si de labore manuum suarum vivunt…

60 Por simple error de grafía, XII podría encubrir un XIV (SIRCH , «Die Quellen»…, pág. 8, siguiendo las opiniones de GESNER y SCHNEIDER , ed., Praef ., VI); o un XV, con lo que se incluiría la obra completa de Paladio. (SVENNUNG , ed. 1926, pág. X; RODGERS , de forma dudosa, An Introd ., pág. 14; MARTIN , ed., pág. XXIII; admitiendo esta primera hipótesis del error del copista, basan en ella una segunda: que la obra de Paladio había circulado unitariamente por lo menos hasta el s. VIII . Hemos discutido ampliamente este punto en otro lugar: Palladius. Liber I , págs. 70 y sigs., 196 y sigs.)

Ya Teuffel (citado por A. KAPPELMACHER , —que admite su teoría— «Columella und Palladius…», op. cit ., pág. 177) había defendido la lectura transmitida por los códices de Casiodoro.

61 Expletis his quae pertinent ad generale praeceptum nunc operas suas singulis mensibus explicabo. Itaque a Ianuario mense faciamus initium . La consideración de enero como primer libro, pudo estar además favorecida por la ausencia de explicit en muchos manuscritos al final del Generale Praeceptum (cf. Palladius. Liber I , págs. 713-714).

62 Isidore de Séville et la culture classique dans l’Espagne wisigothique . Études Augustiniennes, París, 1959 (II, págs. 745 sigs.).

63 Una muestra amplia de las correspondencias entre Isidoro y otros autores puede encontrarse en la edición de Arévalo, reproducida en MIGNE , P. L ., LXXXII, 597-640, punto de partida de estudios posteriores sobre las fuentes de Isidoro. Entre ellos, M. WELLMAN , B. Phil. Wochenschrift 36 (1916), 839, y la edición comentada de J. ANDRÉ , Isidorus Hispalensis. Etymologiae XVII , París, «Les Belles Lettres», 1981, a ella remitimos para otras precisiones bibliográficas. En síntesis, J. André recoge (ibid ., págs. 8-12) como fuentes principales del libro XVII obras patrísticas; Servio, Solino, Columela y Paladio entre los agrónomos, y Gargilio Marcial junto con una traducción latina de Dioscórides, distinta de la que conocemos, en los temas de botánica. Ni Catón ni Varrón son fuentes, a pesar de esta mención. Plinio, no entra en la cita ni en el repertorio de los modelos de este libro.

64 Cf. las marcas de sucesión temporal, en el citado texto de Isidoro primus…deinde…mox…postmodum .

65 De acuerdo con esto, es muy probable que el pasaje remonte directamente a Columela, quizás por eso se explica alguna ausencia, como la de Gargilio Marcial, que es uno de los autores utilizados precisamente en el libro XVII, donde figura la cita.

Es cierto que no es necesario acudir a ello para explicar la omisión de fuentes (cf. nota 1); pero da la impresión de que si el texto procediera de intermediarios posteriores, probablemente hubiera incluido otros autores, sobre todo Gargilio Marcial, cuya fama queda bien patente en la obra de Paladio y en la mención, antes señalada, de Casiodoro. Isidoro parece que resumió el texto del propio Columela, o bien otro muy cercano, donde naturalmente, por obvia razón cronológica, no aparecía Gargilio.

66 Concretamente, a Paladio con Columela: Les agronomes…, op. cit ., pág. 243.

67 Is, XVII 10, 8 — PAL ., VIII 2, 2.

68 De acuerdo con las notas de las ediciones de Arévalo y André, en el libro XVII Isidoro habría tomado exclusivamente pasajes de los caps. 6, 7, 9 y 10 del libro segundo y de los caps. 2, 6, y 17 del tercero de Columela.

Curiosamente, la gran mayoría son explicaciones de términos ya en el propio Columela. Parece como si a Isidoro le preocupasen más, por lo menos en este caso, las explicaciones léxicas que la transmisión del contenido agronómico de su fuente; cosa que, por otra parte, cuadra bien con el título, de obra filológica (Etymologiae) , del obispo hispalense.

69 Nuevamente estudiados por P. P. CORSETTI , «Note sur les excerpta médiévaux de Columelle», Rev. d’Histoire des textes 7 (1977), páginas 109-132. Algunos, incluso coetáneos o algo anteriores a los primeros manuscritos conservados —siglo IX — (ibid ., págs. 109-110) muestran la temprana circulación fragmentada de la obra de Columela, que por su división temática se prestaba fácilmente a ello; quizás la propia amplitud de su tratado haya contribuido al eclipsamiento del Columela agrónomo en la Edad Media.

70 Según los datos extraídos del aparato literario de la edición de Rodgers, completados con los que proporciona en notas André —marcados éstos con asteriscos— los lugares donde Isidoro se inspira en Paladio, son los siguientes: PAL ., I 42 — Is., XIX 19, 12; XX 14, 3, 8; * II 1 — XVII 5, 32; II 14, 4 — XVII 10, 11; IV 13, 2, 3 — XII 1, 45-48; IV 14, 4 — XII 1, 40; * V 1, 1 — XVII 4, 8; * V 3, 2 — XVII 11, 3; VI 9, 1 — XX 2, 33; VI 10 — XII 8, 3; VIII 2, 2 — XVII 10, 8; XI 18 — XX 3, 14, 15; XII 7, 4 — XVII 7, 7; XII 7, 9 — XVII 7, 31; * XII 13, 8 — XVII 9, 22; XII, 15, 1 (según ARÉVALO , ed., op. cit.) — XVII 7, 44; * XII 15, 2 (dudosa) — XVII 7, 47; XIII, 4, 1 — XVII 7, 12. Añadimos además: PAL ., IV 9, 7 — Is., XVII 10, 16; IV 13, 7 — XII 1, 47; probablemente indirectos, I 9, 4 (FAVENT ., 19) — XVI 3, 8; XIX 10; I 10, 1 (FAVENT ., 8) — XVI 3, 11; XIX 10, 21; I 10, 3 (FAVENT ., 9) — XIX 10, 3; XVI 3, 10.

71 Codd. ç , IV 11 y L. III 6.

72 PAL ., I 9, 5 — Is., XIX 10, 26; I 18, 1 — XV 6, 8.

73 De ello nos ocupamos en otro lugar: «Isidoro de Sevilla: el valor de la tradición indirecta de Paladio».

74 Sobre la difusión de los manuscritos de Paladio, cf. el estudio de R. H. RODGERS , An Introd ., págs. 66 y sigs.; Id., «The Moore…», páginas 203 y sigs. De ello y las posibles relaciones genealógicas de los manuscritos medievales e hispanos del libro I de Paladio, un total de cincuenta y cinco códices, nos hemos ocupado con más detalle en otro lugar: Palladius. Liber I . A estos trabajos remiten las referencias a los manuscritos de Paladio y sus siglas.

75 La mano de Walafrido Estrabón en el cód. W fue reconocida por B. BISCHOFF , «Eine Sammelhandschrift Walahfrid Strabos», Festschrift Georg. Leyh, Beiheft z. Zentralbl. f. Bibliothekswesen 75 (1950), 30-48. (Id.: Mittelalterliche Studien 2 (1967), 34-51, citado por RODGERS , ed., Praef ., X, An Introd… , pág. 67), demostrando que el códice pertenece a la familia de los cinco primeros manuscritos franceses.

76 No se puede concluir que Paladio no fuera conocido allende estos límites; si lo fue, no hay constancia testimonial de ello. Pero al describir la circulación del Opus Agriculturae , hay que tener en cuenta las copias perdidas, que podrían mostrar otros escritorios donde se copiaba la obra de Paladio, y la dificultad, en otros casos, de precisar el origen de muchos códices. Un panorama como éste, basado exclusivamente en el dato positivo de los manuscritos conservados, está seguramente sujeto a un alto grado de error y es meramente indicativo.

77 Cf. P. P. CORSETTI , «Note sur…», págs. 109-133; n. 3, «… il s’est produit, sous les Carolingiens, une améloration des méthodes d’exploitation, notamment sur les domaines appartenant à l’Eglise… Il conviendrait pourtant de ne pas surestimer l’influence du Res rustica … même à cette époque, le traité de Columelle semble avoir connu une moindre diffusion que celui de Palladius…».

Es posible que el Hortulus de Walafrido Estrabón dependa también del libro X de Columela.

78 A. MAZZARINO , M. Catonis de agricultura , Teubner, Leipzig, 1962. Proleg ., pág. XV: Hinc (i.e. III p. Chr. saec.) altum succedit silentium quod —si adnotationem exceperis a monacho quodam saec. IX in marginibus adscriptam cod. Bern. 363 —, circa a. 1300 Petrus Crescentius… septuagenarius rupit . Aparte de menciones de otros autores, el manuscrito más antiguo de Catón y Varrón remonta al siglo XII /XIII (ibid ., páginas LXVI-LXXIV).

79 L. RUBIO , Catálogo de los manuscritos clásicos latinos existentes en España , Universidad Complutense, 1983. G. ANTOLÍN , Catálogo de los códices latinos de la Real Biblioteca del Escorial , Madrid, 1913, vol. III, pág. 233. SVENNUNG , Unters ., pág. 628. RODGERS , An Introd ., pág. 68.

80 MOURE , Palladius. Liber I , págs. 212 y sigs.; 261 y sigs. Se trata hipotéticamente del modelo de los códices T y q , conservados hoy en Francia, y del de los manuscritos ingleses U y O n h i d —la procedencia insular de varios de ellos es conocida—, así como del manuscrito v , hoy en Basilea, pero que quizás delata la mano de algún copista irlandés en la tendencia a las grafías geminadas y en confusiones de abreviaturas (ibid ., pág. 54). Con estos mss. comparte el códice V , del siglo x, variantes significativas; la contaminación de este antiguo testimonio y la de su presunto modelo (ibid ., págs. 298-299) no permite explicar de dónde ni cuándo tomó V , copiado, según se dice, en el sur de Alemania, esas coincidencias; acaso algún antepasado «alemán» viajó en fechas tempranas a la Europa insular, o, con más probabilidad, el camino fue el inverso (cf. nota 3).

81 Los códices del Escorial A (s. XII ) y Ñ (s. XIII ), por ejemplo, comparten sólo en el libro I cerca de cincuenta glosas con el códice f (s. XIII ), conservado en Florencia, y perteneciente a otra rama de la tradición (Palladius. Liber I , págs. 135 sigs.; 221 y sigs.).

82 Este extracto no ha sido, que yo sepa, editado; cf. SCHNEIDER , ed. 1795, Praef ., VIII. Otras referencias en SVENNUNG , Unters ., págs. 627-628. Añádase a los manuscritos citados por él, el códice lat. oct . 86, siglo XIV , de cuya existencia supimos gracias a la información del Dr. G. Achten, bibliotecario de la Staatsbibliothek berlinesa occidental, donde actualmente se halla. Los datos más completos se encuentran en el trabajo de M. AMBROSOLI , «L’Opus Agriculturae…», op. cit ., págs. 240-247, que señala su éxito desde el s. XIII al XVI en estamentos populares.

83 M. MANITIUS , Geschichte der lateinischen Literatur des Mittelalters , Munich, 1911-1913; (reimp. 1959); II 543, III 941.

84 M. ULLMANN , Die Natur-und Geheimwissenschaften im Islam , Leiden. Brill., 1972, cap. VII, págs. 427-451; J. Martínez Gázquez, «Fuentes clásicas del mito de la Gugonia», Faventia (1980), págs. 35-52.

85 Aparte de las obras agronómicas, no supervivientes (la célebre de Abucasis, por ejemplo), otras las conocemos indirectamente, como la de Ibn Wafid (Abencenif), utilizada en la Agricultura de G. Alonso de Herrera.

86 A juzgar por la fecha muy tardía de las traducciones conservadas, la obra de Al-Awwām debió de circular exclusivamente entre los árabes. Parece que la primera traducción abarca dos capítulos incluidos en el Tratado del cultivo de las tierras de Mons. Tull, traducido al francés por D. de Monceau y al castellano por M. Joseph de Aoiz, Madrid, 1751. El apéndice de Al-Awwām fue traducido allí por M. Casiri (cf. J. L. SOTO PÉREZ , Arabismo e ilustración , Oviedo, 1985). Anteriormente a la traducción francesa de J. J. CLÉMENT -MULLET , Le livre de l’agriculture d’Ibn al-Awwām , París, 1864-1867, se realizó la castellana de J. A. BANQUIERI , de 1802 (B. N., Afr . G. F. 2537), a la que remiten nuestras citas. En la Censura del Conde de Campomanes que precede a la traducción, se reprochan ciertas omisiones de la Agricultura de Herrera «porque consultó a Abencenif y no a Ibn al-Awwām… como son el arroz etc…»; seguramente Herrera no tuvo acceso a esta obra, precisamente por la ausencia de traducciones al castellano.

87 Artíc. VII: «En esta mi obra adopto y sigo cuanto comprende en la suya el sabio Doctor… Abu-Omar Ebn-Hajaj intitulada Almokna (o la Suficiente)…. En esta obra refiere los principales dichos o sentencias, citando a sus autores respectivos. Treinta son de los que se ha servido. Los antiguos son Junio (Columela), Varrón, Lecacio, Yucansos, Taracio, Betodun, Bariayo (Paladio), Demócrito el Griego, Casiano…».

88 También Millás Vallicrosa sostuvo que sólo conocía indirectamente a Columela, por medio del referido Ibn Hayyag, árabe sevillano del s. XI que cita, a su vez, como fuentes de su agricultura, entre otros, a Marsial (Al-Andalus (1955), págs. 89 y sigs.). Creemos que quizás se trata de Gargilio Marcial, que también aparece mencionado en ocasiones (páginas 169, «Marsial el Médico», 175, etc.) por Ibn al-Awwām.

89 Columela es la autoridad en los caps. IV y V dedicados a huertas y árboles, y en temas controvertidos, como la plantación del olivo: «Tal es la opinión, dice Ebn-Hajaj, de tres sabios célebres… Pero esto, dice Ebn-Hajaj, es contrario a la primera opinión… y para mí la opinión más arreglada de todas es la de Junio» (pág. 169).

90 Cf. infra , n. 41.

91 Cf. PAL ., IX 8, 4-6 n.

92 M. SIRCH , «Die Quellen…», pág. 41.

93 RODGERS , ed., Praef ., XXIV.

94 L. TRAMOYERES , «El tratado…».

95 PAL ., III 242: «… empero en Catalunya en especial en barcelona en cada mes del anyo» (f. 81).

96 Cf. PAL ., IV 6 n.

97 «E es çert que lo libre de palladi, per la gran subtilitat e brevitat de vocables, que no son en us entre nosaltres en cathalunya, ne encara en spanya, es molt anarrit e rebujat e menspreat per tal com nol podien entendre encara que alguns senvien fets aromançadors, los quals no an aguda cura de declarar molts vocables quey son no coneguts, ne usats en nostre lenguatge, mas quels au posat simplement, segons quels an trabats scrits en lo lati … per que yo Ferrer Sayol … nehent encara que aquest libre es molt util e profitos a tots los homens, … e volgut novellament arromançar … tornant aquell novellament de lati en romanç … a profit de la cosa publica.»

98 Basten algunos ejemplos del libro I (siempre en el mismo orden, la primera lectura es la del texto, la segunda la de las glosas; entre paréntesis la traducción castellana, literal de la catalana):

2, 1 Salutaris et clemens: purus subtilis («Puro et subtil»). 3, 1 salubritatem: puritatem («puridad»). 3. 1 caeli: loci («lugar»). 4, 1 frigus tepore suo mulceat: hieme sit calida estate frigida («e que sia naturalmente fría en el estío y caliente et tibia en el invierno»). 5, 4 levia nitida: plana splendida («planos e lisos»). 5, 5 ut stagnet: aquas collectas retineat («por tal que no se faga estanyo de agua de pluvia nin de otras»). 6, 3 soli et provinciae: terrae et regiones («tierra provincia o región»). 6, 6 colono possidenti: vicino («vesino»). 6, 6 siliginis: centeno («seguel o centeno»). 6, 9 nigras vites: utpote labruscas: («conviene a saber las lambruscas»). 8, 2 hortis: edificium («la casa o tierra»). 10, 3 structuris: parietibus («paredes»). 18, 2 asellis: asseribus («en maderos o sitios de fusta»). 19, 2 amurca: fece olei («feses de olio»). 20, 1 specularia: fenestras de vitro («finiestras»). 35, 6 Campas: vermes virides … («erugas que son gusanos verdes»).

99 Que no se realizó directamente sobre el texto de los códices, se prueba por las omisiones y otras discrepancias de los manuscritos (por ejemplo: I 13, 1 in villa — aut cannis: om. A; I 19, 3 palmi-mensuram: in fine cap. scrip . Ñ; I 13, om. cap. f) , que no figuran en la traducción. Apunto además las siguientes omisiones del traductor que podrían ayudar en la búsqueda del modelo o los modelos precisos: I 6, 18 - I 8, 1; I 16; I 26.

100 En alemán: Das Ackerwerk Lucii Columellae und Palladii , verteutschet durch M. Herren, Strasburg, 1538. Posteriormente, otra en 1612 (cf. GESNER , ed. Biponti, 1787-88, pág. CXLVI; SCHNEIDER , ed., Praef ., IX, cita una primera versión germánica del año 1493; M. SIRCH , «Die Quellen…», págs. 41 y sigs.).

En francés: Les treize livres de choses rustiques de Palladius, traduits nouvellement de latin en françois , par M. Jean Darces, París, 1554 (el título indica otras traducciones previas; noticias sobre ello, en Schneider, ibid.) .

En italiano, señala GESNER , ibid ., dos versiones venecianas de 1528 (P. Marino) y 1560/64 (F. Sansovino); SCHNEIDER , ibid ., menciona otra de 1478 y una más de 1519, también de Venecia. Sobre las traducciones catalanas y castellana, cf. supra .

101 R. SABBADINI , Il metodo degli umanisti , Florencia, 1920, pág. 56 sigs. Posteriormente R. RIBUOLI , La collazione polizianea del codice bembino di Terencio con le postille inedite del Poliziano e note su Pietro Bembo , en «Note e Discussione erudite» a cura di A. Campana, Roma, 1981, donde se destaca el respeto a los manuscritos, por parte de Poliziano, incluso cuando ofrecen lecturas claramente erróneas porque pueden mostrar algunos rectae lectionis vestigia .

102 SCHMITT , ed. 1898; Praef ., XI: aut codices, ex quibus hausit, iam interpolatos fuisse aut ab illo factas esse coniecturas . Posteriormente, Rodgers (ed. 1975, Praef ., XV-XVI): suspicor tamen eas nil nisi doctorum Italorum coniecturas esse . En la misma línea, R. MARTIN (ed. 1976, Praef ., LX-LXI): en tant que conjectures .

103 «Las fuentes …», op. cit .

104 A. JOSEPHSON , Die Columella-Handschriften , Uppsala, 1955, páginas 151 y sigs. A. MAZZARINO , ed. 1962, Proleg . LXXVII-LXXVIII.

105 Codd. Barc . 626 y Scor. R . I. 17: éste último de la biblioteca de Jerónimo Zurita (cf. L. RUBIO , Catálogo …, n. 7 y 238). L. GIL , Panorama social del humanismo español (1500-1800) , Madrid, 1975, pág. 677.

106 A. MAZZARINO , ed., Proleg ., XVII-XVIII, reproduce una carta «Candidus Nicolao Nicoli …» del año 1412 ó 1413, donde se mencionan manuscritos de Catón, Paladio, Columela y Varrón; el estilo del autor está lleno de arcaísmos (duint, siet, …); se trata, como demuestra Mazzarino, de una imitación deliberada de la lengua del De agri cultura de Catón. Algún tiempo después (1524), T. Linacrio, comenta la lengua catoniana en libros gramaticales: De emendata structura latini sermonis (ibid., XX).

107 Cito por una de las numerosas reediciones de esta obra: CH . ESTIENNE et J. LIEBAULT , L’agriculture et maison rustique , Lyon, 1668.

108 Ibid ., págs. 4, 5: «Aucuns iettent dans les cisternes anguilles et autres poissons de riviere pour y paistre et estre nourris afin que par leur mouvement l’eau acquiere plus grande legereté et ensuive aucunement le naturel de l’eau courante». Corresponde a PAL ., I 17, 2.

109 «… Le premier entre les Latins fut Marc Caton Censeur… Lucius Moderatus Columella et autres.»

110 G. A. DE Herrera , Obra de Agricultura (ed. de J. U. MARTÍNEZ Carreras ). Biblioteca de autores españoles, Madrid, 1970. Las referencias a la obra de Herrera, salvo advertencia expresa, se refieren a esta edición.

111 Así lo supone C. E. DUBLER , «Posibles fuentes árabes de la Agricultura General de Gabriel Alonso de Herrera», Al-Andalus (1941), páginas 135-156.

112 Op. cit ., págs. 17, 27, etc.

113 Así, el capítulo De los azufeifos (op. cit ., pág. 133) procede de PAL ., V 4, 1-3, con similitudes como éstas: si arbor haec tristis est, ferrea strigili subrasa hilarior fiet vel si fimun bubulum radicibus modice et frequenter adfundas . HERRERA (ibid.): «si están enfermos y algo tristes, dice Paladio, que les hará gran bien rascarles un poco las ramas con un almohaza y que ansi tornarán frescos y alegres, o echándole en las raíces boñigas de bueyes. Y que éstas sean en poca cantidad y muchas veces». La versión de Herrera es más fiel al texto latino que las traducciones catalana y castellana conservadas, como se advierte comparándolo con ésta última versión que reproduce literalmente la catalana en los pasajes citados (f. 133): «E si el arbol o la canya o las ramas del açufeyfo son tristes que no tienen aquella verdura que deven, con un fierro que aya dientes assi como almohaça le podras tirar grant parte de la corteça o abras bonygas de buey. E meter las has en el pie o fais tempradamente et muchas veses. E tornara en su estamiento». Herrera traducía directamente a Paladio (aunque coincida en términos aislados con ellas: almohaza, boñiga) y no cometía los errores de éstas (cf. subrasa , correctamente en Herrera; pero no en la versión castellana). La independencia de Herrera se muestra en muchos otros lugares. Así, en otra de sus citas (op. cit ., pág. 24): «Paladio dice: conviene sembrar el trismesino en lugares fríos y nevosos onde sea el estío húmido o llovioso, porque en las tierras callentes o secas pocas veces responde si por enero o hebrero se siembra». PAL ., I 6: Trimenstris satio locis frigidis, nivosis convenit, ubi qualitas aestatis humecta est, ceteris raro respondet eventu .

La versión castellana (f. 16), como la catalana, es una paráfrasis, con errores terminológicos, mucho más alejada del texto latino: «El ordio o çevada tresmesor, conviene a saber, que en espacio de tres meses es sembrado e cogido se deve sembrar en la primavera, conviene a saber, quando la calentura comiença conque y aya alguna humidad mayormente en las regiones que son frías, en otra manera non salira ni aprovechara».

114 Herrera se convierte así en una fuente indirecta de la obra perdida de Abencenif (cf. supra) que utilizó el texto de Paladio, o bien sus fuentes. Algunas recomendaciones del agrónomo árabe, según Herrera (ibid ., pág. 71), como la de conseguir racimos de uvas blancas y negras enlazando sarmientos de dos cepas contiguas de cada especie, se corresponde con PAL ., III 33; lo referente a la vid triacal (HERRERA , pág. 73) es muy similar a PAL ., III 28, entre otros; la conservación de las rosas (HERRERA , pág. 253), también en PAL ., III 21; VI 17. Nótese que en estos casos, Paladio remonta a fuentes griegas que pudieron ser directamente consultadas por Abencenif.

115 Así, en el capítulo sobre el azufaifo, traducido de Paladio —cf. supra — añade una nota de Plinio: «su postura de los cuescos es por el mes de abril como dice Plinio» (op. cit ., pág. 133). Este dato del mes también aparecía en Paladio; no había necesidad de ir a buscarlo a Plinio, que además dedicaba al azufaifo muy pocas líneas (15, 47; 17, 75), salvo para poder citarlo. Algo parecido ocurre cuando trata de los alberchigos o albarcoques (op. cit ., pág. 132); también en este tema la descripción de PAL ., XII 7, 1-8, es la más completa de las conservadas de la Antigüedad. Herrera lo cita con propiedad a propósito del injerto con el ciruelo (PAL ., XII 7, 15) pero añade inmediatamente una nota de Columela —que apenas se había ocupado de este árbol (5, 10, 20), todavía exótico en su época—, tomándola del capítulo donde éste hablaba de los injertos en general, sobre la similitud entre el patrón y la púa, sin mayor relación con el tema que Herrera estaba tratando.

Este deseo de aducir las autoridades, le lleva alguna vez a cometer imprecisiones en sus citas. Así, en su capítulo De los avellanos (op. cit ., pág. 131): «… Puédenlas poner de cualquier manera destas. La una, quiebren la cáscara muy sotilmente como no se atormente el avellana, y assi sin ella la pongan, y si hay temor de hormigas, envuélvanla en un poco de lana, como dice Columella para las nueces, mas si hormigas no temen, no le pongan lana, que mejor nascerá sin ella. La otra manera es sembrar en la era simiente de cañahejas, y desque hayan nascido, y estén algo crescidas, hiendan el tronco y metan en él el avellana sin cáscara y desque bien metida, cúbranlas bien de tierra…». A pesar de la cita de Columela, el procedimiento de envolverla en lana procede de Paladio (II 15, 18); a Columela (5, 10, 14) remonta exclusivamente el segundo método, de sembrar cañahejas, aunque sólo este agrónomo sea el mencionado.

116 Y en reconocimientos posteriores, como los que se le tributan en el anónimo Catálogo de algunos autores españoles que han escrito de Veterinaria, equitación y de agricultura , Madrid, 1790, o en el Diccionario de bibliografía agronómica de B. ANTÓN RAMÍREZ , Madrid, 1868, aparte de las menciones en obras literarias, que prueban que fue el manual clásico durante varias centurias.

117 El remedio natural sacado de los que saben agricultura… (ibid ., 126) es, por ejemplo, untar la podadera con sebo de oso (PAL ., I 35, 3), sahumar con cera y azufre (I 35, 6), enterrar vientres de carneros, donde se concentren las sabandijas (I 36, 13)… etc. El capítulo en cuestión de Paladio, o acaso sus fuentes, debió de ser muy popular: vuelve a aparecer en F. Miguel de Agustín (op. cit.) , parcialmente atribuido a otras fuentes.

118 Fr. B. J. FEIJOO , Teatro crítico universal (selección de A. MILLARES CARLO ), III, Madrid, 1975, pág. 227.

119 G. M. JOVELLANOS , Informe sobre la ley agraria (ed. J. Lage), Madrid, 1986, pág. 281.

120 M. F. GALIANO , Columela. De cultu hortorum , Madrid, 1975, págs. 33-39.

TRATADO DE AGRICULTURA

LIBRO I
ÍNDICE


I.Las normas de la agricultura.
II.Los cuatro elementos de que consta la agricultura.
III.La aptitud del clima.
IV.La buena calidad del agua.
V.La calidad de los terrenos.
VI.El trabajo y máximas imprescindibles para el campo.
VII.La elección y situación del campo.
VIII.La edificación.
IX.Las estancias de invierno y verano, y sus pavimentos.
X.La cal y la arena.
XI.Los muros de ladrillo.
XII.Las ventanas y su altura.
XIII.Los techos de caña.
XIV.El estucado.
XV.Los revestimientos.
XVI.El carácter malsano del valle.
XVII.Los aljibes para el agua fría y su embetunado.
XVIII.La bodega del vino.
XIX.El hórreo.
XX.La almazara del aceite.
XXI.Los establos de los caballos y bueyes.
XXII.La cuadra.
XXIII.Los corrales.
XXIV.El palomar.
XXV.Las tórtolas.
XXVI.Los tordos.
XXVII.Las gallinas.
XXVIII.Los pavos.
XXIX.Los faisanes.
XXX.Las ocas.
XXXI.Los estanques.
XXXII.El almacenamiento de heno, paja y madera.
XXXIII.El estercolero.
XXXIV.La situación de la huerta y el pomar: sus cercas y siembra.
XXXV.Remedios para la huerta o el campo.
XXXVI.La era.
XXXVII.Las colmenas de abejas.
XXXVIII.La compra de abejas.
XXXIX.Los baños.
XL.Las masillas para el agua caliente y fría.
XLI.El molino del agua.
XLII.Los aperos de labranza.

I

Las normas de la agricultura

La primera precaución es tener en cuenta a la persona que vas a enseñar, y el que instruye a un agricultor no debe emular a los oradores con filigranas retóricas, como hicieron muchos, que por hablar con erudición a los agricultores consiguieron que su enseñanza no pudiera comprenderse ni siquiera por los más eruditos. Pero recortemos extensión del prólogo para no imitar a los que criticamos 1 .

Vamos a hablar, con la ayuda divina, de toda la agricultura, [2] de los pastos, de las edificaciones rurales, siguiendo a los maestros en arquitectura, de los alumbramientos de agua y, en general, de cuanto conviene hacer o cultivar al agricultor por razón de su agrado y su provecho, distinguiendo, no obstante, cada cultivo en su época correspondiente. Por supuesto que en los frutales resolví atenerme a lo siguiente: a tratar dentro del mes en que deben plantarse, cada especie con todas sus instrucciones.

II

Los cuatro elementos de que consta la agricultura

Así, pues, en primer lugar, la razón de una buena elección y cultivo del campo estriba en cuatro factores: aire, agua, tierra y labor.

Tres de ellos dependen de la naturaleza, el otro de lo que se pueda y se quiera. Propio de la naturaleza es, y a ello hay que mirar en primer lugar, que en los lugares que destines al cultivo el aire sea saludable y apacible, el agua salubre y abundante, bien sea porque nazca allí, o sea traída, o se recoja de la lluvia; la tierra fértil y cómoda por su emplazamiento.

III

La aptitud del aire

Testimonian, pues, la salubridad del aire los lugares apartados de valles profundos, despejados de nieblas por las noches así como la estimación de los siguientes síntomas de sus habitantes: si tienen un color sano, la cabeza bien erguida, la mirada clara, el oído fino y la garganta da paso a una voz cristalina. De esta forma se comprueba la pureza del aire, pues lo contrario denota un tipo de clima insano.

IV

La buena calidad del agua

La salubridad del agua se reconoce así: ante todo, que no proceda de estanques o charcas, que no tenga su nacimiento en las minas, que sea trasparente y no esté alterada por sabor u olor alguno, que no deposite lodo, que alivie el frío por tibia y aplaque el calor del verano por fresca. Pero como la naturaleza, substrayendo todas estas cosas a la vista, gusta de encubrirse guardando el mal oculto, la reconoceremos también por la salud de sus habitantes: si está limpia la garganta de los que la [2] beben, si la cabeza está sana y no hay ninguna afección, o es poco frecuente, en pulmones y estómago —pues muchas veces lo que está infectado en la parte superior del cuerpo propaga las enfermedades a la parte inferior, de modo que cuando la cabeza está afectada, el mal desciende a los pulmones y estómago, y entonces hay que echar la culpa más bien al aire—, después, si el vientre, las tripas, los pulmones o los riñones no están aquejados por dolor o inflamación alguna y si no hay enfermedades vesicales; cuando estos síntomas los veas detectados en la mayor parte de los habitantes, no receles del aire ni de las fuentes.

V

La calidad de las tierras

En las tierras hay que buscar la fertilidad 2 ; que no sea una gleba blanca y desnuda, ni sablón delgado sin mezcla de mantillo, ni greda pura, ni arenas finas, ni grava seca, ni tenga la delgadez pedregosa del polvo dorado, ni tierra salada o amarga, ni encharcada, ni toba arenosa y seca, ni un valle excesivamente umbrío y cerrado 3 , sino que sea una tierra suelta y más bien negra capaz de recubrirse con un tapiz de césped, o de un color intermedio, de forma que, aunque sea poco densa, se aglutine, sin embargo, con la adición de un suelo [2] graso. Lo que dé que no sea ni rugoso, ni reseco, ni falto de savia natural. Que produzca, ya que es una buena señal de dar cereales, yezgo, junco, caña, césped, trébol que no sea endeble, zarzas grandes y ciruelas silvestres.

En cambio, no hay que empeñarse en buscar el color 4 , [3] sino la crasitud y la dulzura. Comprobarás la grasa de este modo: disuelves en agua dulce un poquito de tierra y le das vueltas; si es pegajosa y liga, prueba que contiene grasa 5 . O, también, se hace un agujero y se vuelve a llenar; si sobra tierra, es grasa, si falta, es seca, si queda al ras, intermedia 6 . De otra parte, su dulzura se reconoce si de la parte del campo que menos te gusta, pruebas por el sabor un terrón disuelto en agua dulce en un recipiente de barro.

La tierra que vale también para el viñedo se nota por [4] las siguientes características: si es de un color y un cuerpo más bien claro y suelto, si los arbustos que produce son lisos, brillantes, altos y fértiles, como perales silvestres, ciruelos, zarzas, etc., y no son torcidos, ni estériles, ni mustios por extremadamente endebles.

En cuanto a la superficie del terreno, que no sea llana [5] de modo que se encharque, ni empinada de modo que se erosione, ni hundida de modo que se acumule en el fondo de una hondonada, ni escarpada de modo que note extremadamente el mal tiempo y los calores, sino un término medio siempre provechoso y equilibrado de todo ello, bien sea un campo abierto que deslice el agua de las lluvias por un declive imperceptible, o una colina levemente inclinada por sus faldas, o un valle con cierta dimensión y amplitud de espacio, o un monte protegido por la interposición de otra cima y libre por algún medio de vientos perjudiciales, o bien alto y escarpado, pero, en todo caso, cubierto de árboles y hierbas.

[6] Pero aunque hay muchísimos tipos de tierra como, por ejemplo, grasa y magra, compacta y suelta, seca y húmeda, y la mayor parte de ellas tienen defectos, sin embargo muchas veces son las adecuadas para las diferentes semillas. Debe elegirse principalmente, como más arriba dije, un terreno graso y suelto que requiere un trabajo mínimo y da un fruto máximo. De menos mérito es el espeso que, aunque con muchísimo trabajo, sin embargo, responde a lo planeado. Pero el tipo peor de todos es el que resulta seco y a la vez compacto, delgado y frío. Del tal campo hay que huir como de un apestado.

VI

El trabajo y máximas imprescindibles para el campo

Y cuando estas cuestiones que dependen de la naturaleza y no pueden mejorarse por el trabajo del hombre, las hayas examinado con cuidado, te toca cumplir a ti la parte que queda al trabajo. Tu dedicación a ello será incluso mayor, de modo que guardarás primordialmente estas máximas de toda labor agrícola, que yo te someto 7 :

La presencia del dueño es provecho del campo 8 .

El color de la tierra no será tu afán primordial ya que es una garantía poco segura de su productividad.

Planta los mejores ejemplares de todos los vástagos y [2] semillas, pero habiéndolos experimentado en tus tierras, pues en un tipo de semilla nuevo, antes de comprobarlo, no hay que volcar toda la esperanza.

En los lugares húmedos las semillas se estropean antes que en los secos; y, por eso, viene bien seleccionarlas a menudo.

Hay que tener necesariamente forjadores, carpinteros y artesanos de tinajas y cubas, para que no distraiga a los campesinos del trabajo cotidiano la necesidad de depender de la ciudad.

En los lugares fríos oriéntense los viñedos al Mediodía, en los calurosos al Norte, en los templados al Este o, si fuera inevitable, al Oeste.

[3] La planificación de las faenas no puede establecerse con una regla fija, dada la disparidad tan grande de las tierras y, por eso, la familiaridad del suelo y del lugar te mostrará fácilmente qué tiempo precisa cada producto tanto en las plantas como en cualquier tipo de sembrados.

Lo que está en flor es claro que no hay que tocarlo.

No pueden seleccionarse bien las semillas si no se ha seleccionado previamente al que haga esta labor.

En las faenas del campo, el trabajo corresponde sobre todo a los jóvenes, la dirección a los viejos.

[4] En la poda de las vides hay que tener en cuenta tres factores: la esperanza de frutos, la madera que va a quedar, y el lugar que las sostendrá y revitalizará. Si podas la vid antes de tiempo conseguirás muchos sarmientos, si la podas más tarde, muchísimos frutos.

Los árboles, igual que las personas, viene bien trasladarlos de lugares muy malos a otros mejores.

Después de una vendimia buena, poda menos; después de una escasa, más.

En toda labor de injerto, poda y corte, usa herramientas resistentes y afiladas.

En la vid o en el árbol lo que haya de hacerse, hazlo antes de que abra la flor y la yema.

Enmiende el cavador en los viñedos lo que se haya dejado el arado.

En los lugares calurosos, secos y soleados no hay que despampanar, ya que la vid quiere más bien estar cubierta. Y allí donde abrasa las viñas Vulturno 9 o algún viento hostil de la zona, arropemos la cepa con paja o con cualquier otra cosa que hayamos procurado.

Una rama vigorosa, verde y estéril en medio de un olivo [5] debe cortarse por perjudicial para todo el árbol.

Hay que huir del mismo modo de la esterilidad y de la peste, incluso si no se dieran las dos juntas.

En el suelo cavado entre viñedos nuevos no hay que sembrar absolutamente nada. Los griegos recomiendan poner lo que se quiera a partir del tercer año con excepción de coles.

Todas las legumbres indican los autores griegos que se siembren en tierra seca; solamente las habas deben sembrarse en tierra húmeda.

Quien alquila su campo o propiedad al dueño o colono [6] que posea una tierra colindante, quiere pleitos y daños personales.

En el campo corren peligro las partes interiores si no se cultivan las extremas.

Toda clase de trigo tras la tercera siembra en tierra húmeda se convierte en una especie de tizón 10 .

Tales males dañan por igual: la esterilidad, la enfermedad y el vecino.

Quien ocupa una tierra estéril con viñas es enemigo de [7] su trabajo y de sus inversiones.

Los campos abiertos dan más vino, las colinas lo dan más noble. El aquilón fertiliza las vides expuesta a él, el Austro las ennoblece, de modo que depende de nosotros tener más o mejor.

La necesidad carece de días de descanso.

Aunque haya que sembrar en tierras lientas, sin embargo, si la sequía es prolongada, se conservarán más seguras las semillas enterradas en los campos que dentro de los hórreos 11 .

El mal estado de un camino es tan contrario a la propia satisfacción como a la utilidad.

[8] Quien cultiva un campo soporta a un acreedor oneroso por sus tributos con el que está empeñado sin esperanza de cancelación.

El que arando deja entresurcos intactos, merma sus productos y desacredita la fertilidad de la tierra.

Más vale poco y bien cuidado que mucho y abandonado.

[9] No quieras de ninguna manera las uvas negras a no ser en provincias y de las del tipo con que suele hacerse el «acinaticio» 12 .

Un rodrigón hace crecer más la vid.

No cortes la vid tierna y verde a filo de hierro. Todo corte de sarmiento aléjese de la yema para que la gota que suele derramar no la seque.

Según la endeblez o solidez de los viñedos les dejará el podador los sarmientos a nutrir.

La tierra profunda, según dicen los griegos, da árboles de olivo grandes, pero frutos más pequeños, aguados, tardíos y casi todo alpechín. Favorece a los olivos un aire templado y racheado con vientos amainados, sin fuerza ni estridencia.

La vid que se cultiva en rodrigado, ha de encauzarse [10] a él por tiempos, de suerte que en las zonas más desfavorables alce cuatro pies de la tierra, en las más benignas, en cambio, su altura se eleve a siete.

Un huerto situado en un clima apacible y surcado por agua de manantial está prácticamente libre de cuidados y no requiere ninguna regla de cultivo.

Debe hacerse una atadura a los racimos verdes, cuando no hay temor de tirar o de estallar las uvas. La sujeción [11] debe cambiar de sitio en las vides para que la presión de las ligaduras no desgaste siempre el mismo punto.

Si al cavador lo viere la vid con su ojo abierto, se cegará la posibilidad de una cosecha abundante; por tanto, cávese mientras lo tiene cerrado.

Comprueba, junto con la fertilidad de la tierra, su profundidad: dos pies si es para cereales, pero cuatro si es para arbustos o vides.

Una cepa nueva tan fácilmente consigue crecer mimada como se precipita a una muerte rápida si está desatendida.

Toma tus medidas calculando tus recursos al emprender [12] una labor, no sea que su envergadura supere tus medios y tengas que abandonar con vergüenza lo que habías emprendido con presunción.

Las semillas no deben tener más de un año no vaya a ser que no broten por culpa de la vejez.

El trigo de las colinas es sin duda de grano más grueso pero lo da en menos cantidad.

Todo lo que se siembra, siémbrese en luna creciente y en días templados, pues el calor fomenta, el frío frena 13 .

[13] Si tu campo está cubierto de maleza inútil, divídelo de forma que des a simple barbecho las zonas fértiles, las estériles las dejas estar cubiertas de malezas porque aquéllas responden según su fertilidad natural, éstas se abonan merced al fuego; pero señalarás las que se deben quemar de modo que vuelvas al cabo de cinco años a prender fuego al campo; así lograrás que compita en plano de igualdad incluso la tierra estéril con la fértil.

[14] Los griegos recomiendan que cuando se planta y recoge la aceituna se lleve a cabo por muchachos y doncellas puros, recordando, creo, que la castidad era el símbolo de este árbol 14 .

Es superfluo aconsejar nombres de trigos, que cambian a menudo según el lugar o el momento. Basta que elijamos los propios de la zona que habitamos o que pongamos a prueba los importados.

El altramuz y la veza forrajera, si se cortan verdes y se ara por encima de sus raíces inmediatamente después de seccionadas, fertilizan los campos a semejanza del estiércol, pero si se secan por sí mismos antes de que los cortes, el jugo de la tierra se va en ellos 15 .

La tierra húmeda requiere más estiércol, la seca menos.

En lugares calurosos, marítimos, secos, soleados y [15] llanos, cualquier trabajo del viñedo empiécese cuanto antes; en los fríos, continentales, húmedos, sombríos y montañosos más tarde, y no sólo me referiría yo a meses o días, sino incluso a las horas de la labor.

Cuando se recomienda hacer cualquier faena agrícola, ni es pronto si se hace quince días antes, ni tarde si se hace quince después.

Toda clase de trigos se dan muy bien en un campo abierto, suelto y orientado al sol. Una tierra apretada, [16] arcillosa y húmeda cría bien el farro y el candeal 16 ; la cebada gusta de un terreno suelto y seco, pues si se siembra en terreno fangoso muere. La siembra de tipo tremés va bien en lugares fríos y nevados, donde el tipo de verano es húmedo, en los demás raramente da buen resultado. Tal semilla responderá mejor en lugares templados si se siembra en otoño. Si no hay más remedio que esperar algo de una tierra salobre, hay que plantarla o sembrarla después del otoño para que tal defecto se diluya con las lluvias invernales. Debe añadirse, además, un poco de tierra dulce o de arena de río, si le ponemos matas.

El vivero debe establecerse en tierra intermedia para [17] que lo que estuviera sembrado en él, sea trasplantado mejorando.

Las piedras que quedan por encima, en invierno están frías, en verano queman; por ello dañan notablemente a arbustos y vides.

La tierra que se remueve alrededor de los árboles debe alternarse sucesivamente de modo que a la que estaba encima, la reemplace la de abajo.

[18] Para abonar árboles formemos capas arrimando primero tierra al tronco y después estiércol para que así se cumpla el objetivo al intercalar los dos tipos de cuidados.

No pongas de capataz de tu propiedad a uno de tus siervos predilectos, porque la confianza en el afecto antiguo espera el perdón de las faltas presentes.

VII

La elección y situación del terreno

En la elección o compra de un terreno deberás llevar cuidado de que el don de la fertilidad natural no se haya deteriorado por la desidia de sus ocupantes y la riqueza de un suelo feraz no se haya malgastado en malos cultivos. Porque aunque pueden enmendarse con el injerto de otros mejores, sin embargo es mejor valerse de cosas sin defectos que obtener un éxito tardío en gracia a la posibilidad de corregirlos. En la siembra [2] de trigo la enmienda puede ser inmediata. En los viñedos hay que tener en cuenta y evitar sobre todo lo que muchos hicieron con el único afán de presumir de extensiones trabajadas, plantando viñedos estériles o de mal sabor; te costará mucho trabajo corregirlo en caso de adquirir un campo plagado de tamaños defectos.

[3] La orientación del campo que se vaya a comprar debe ser la siguiente: en las zonas frías el campo debe estar orientado al Este o al Sur, para evitar que se hiele con el frío si se impiden estas orientaciones por la interposición de algún monte grande, ya por estar el sol alejado por el Norte o retrasado hasta la tarde por el Oeste. En las zonas calurosas, en cambio, debe preferirse la orientación norte que resulta igualmente buena para la producción, para la propia satisfacción y para la salud.

Si hay un río cerca de donde decidimos asentar la explotación, 4 debemos examinar su naturaleza porque a menudo es dañino lo que emana; en ese caso, conviene que el constructor se aleje de él. El agua estancada debe evitarse sin embargo en todos los casos, sobre todo la que está al sur o a poniente y suele secarse en verano por las infecciones y los bichos perjudiciales que cría 17

VIII

El edificio

La edificación debe hacerse según el valor del campo y el dinero del dueño porque muchas veces es más difícil sostener un gasto desmedido que hacer la construcción. Así, pues, hay que calcular su tamaño de modo que si le ocurriera algún percance, se repare con la renta de un año, o a lo sumo de dos, del campo en que está.

Sitúese la propia vivienda 18 en un lugar un tanto más [2] elevado y seco que lo demás, para evitar fallas en los cimientos; para que, por añadidura, goce de una vista agradable. Pónganse los cimientos de modo que sean por los dos lados un semipié más anchos de lo que ocupe el cuerpo del muro. Si aparece piedra o toba es cuestión de colocarlos sin más dificultad; simplemente deberá excavarse la horma del cimiento a un pie o dos de profundidad. Si aparece arcilla sólida y compacta dése a los cimientos una quinta o sexta parte de la altura, que va a quedar sobre la superficie y si la tierra fuese más floja cávese un poco más profundo hasta que salga arcilla limpia sin rastro de escombro; y si ésta falta por completo hay que ahondar hasta una cuarta parte.

[3] Procúrese además que pueda rodearse de jardines, pomares y prados. Pero todo el trazado de la explotación, a lo largo del lado en el que esté la fachada, mire al sur, recibiendo la salida del sol en invierno por el primer ángulo y apartándose ligeramente del poniente invernal. Así logrará estar iluminada por el sol durante el invierno y no notar su calor en el verano.

IX

Las estancias de invierno y verano, y sus pavimentos

La distribución debe ser de tal modo que ofrezca estancias de invierno y de verano recogidas en poco espacio para alojamiento; las de invierno se dispondrán de modo que prácticamente todo el recorrido del sol invernal pueda alegrarlas. En ellas deberá haber los pavimentos adecuados.

En primer lugar, en la carpintería del suelo hay que [2] tener cuidado de que el entablado esté nivelado y bien ensamblado para que el temblor de unas tablas oscilantes no haga dar transpiés a los que andan. Después, que no se mezclen tablas de roble con las de encina, pues el roble, si coge humedad, cuando empiece a secar, se alabeará y hará grietas en el pavimiento; la encina, en cambio, dura sin deformarse. Pero si hay roble de sobra y falta encina, [3] córtese el roble muy fino y póngase una doble fila de tablas derechas y atravesadas, clavadas con muchas puntas.

Los suelos de mesto, haya o fresno durarán muchísimo si están extendidos sobre paja o helechos y la humedad de la cal nunca llega al cuerpo del tablado. Además, se [4] les echará por encima argamasa, o sea, se mezclarán dos partes de piedras machacadas y una de cal 19 . Así que hayas logrado un grosor de unos seis dedos y lo veas rasado con un nivel, si son las estancias de invierno, tendrás que solarlas con el siguiente pavimiento, en el que incluso los criados que están de pie descalzos, en invierno, no se queden ateridos: una vez extendido el pavimiento de argamasa o de ladrillo, harás un mortero de un montón de carbones muy machacados con arena, ceniza y cal, y mandarás que te coloquen una capa de seis pulgadas de tal mortero; al igualar, formará un pavimento negro y absorberá rápidamente lo que caiga de las copas.

Si son estancias de verano conviene que miren al este [5] solsticial y a la parte norte, y que tengan un pavimento de ladrillo 20 , como antes dijimos, o bien mármoles, o mosaicos que se igualan uniéndose por sus ángulos y lados. A falta de esto, tamícese por encima mármol machacado y púlase con arena mezclada con cal.

X

La cal y la arena

Por los demás, para un constructor es imprescindible saber qué tipo de cal y arena es útil. Pues bien, hay tres clases de arena de mina: negra, roja y blanca; son todas excelentes, pero la roja es la mejor; le sigue en calidad la blanca, y el tercer lugar lo ocupa la negra. De ellas, la que al apretarla en la mano cruja, será buena para construir; también si al echarla y restregarla en un paño o lienzo blanco de un vestido no [2] deja mancha ni suciedad, es magnífica. Pero si no hubiera arena de mina, recójase de los ríos o bien grava o bien guijas.

La arena de mar tarda más en secar y por ello no vale para construir inmediatamente sino dejándola un tiempo, para que la construcción no se desmorone con la sobrecarga, además de que con la humedad del salitre disuelve los estucados de los techos. La arena de mina, en cambio, es útil para los revestimientos y las bóvedas por su rápida desecación y aun mejor si, tan pronto es cavada, se mezcla, pues se deteriora con el sol excesivo, el hielo o la lluvia. Las de río vendrán mejor para los revestimientos. Pero si no hay más remedio que utilizar arena de mar, [3] será conveniente meterla antes en un estanque de agua dulce para que, al mojarla en tal agua, pierda el inconveniente de su salinidad.

También obtendremos cal por cocción de piedra dura blanca o de Tíbur, o de cantos de río grises, o de piedra roja, o de piedra pómez o, por último, de mármol 21 . La de roca compacta y dura va bien para el armazón; en cambio, la de piedra porosa o más ligera es más útil para los estucados.

Mézclese por cada dos partes de arena una de cal; pero en caso de arena de río, si le añades un tercio de ladrillo cribado, será pasmosa la solidez de la obra.

XI

Los muros de ladrillo

Y si quieres hacer en tu vivienda muros de ladrillo, deberás cuidarte de que así que estén acabados, en la parte encimera que va a quedar bajo las vigas, se haga un remate de ladrillo con cornisas salientes de pie y medio de altura, para que, si se estropean las tejas o las goteras, el agua de lluvia no pueda calar en el muro 22 . Después, hay que mirar bien que se ponga el revestimiento en estos muros de ladrillo, secos y ásperos, porque en los húmedos y lisos no podrá agarrar, y por eso previamente deberás recubrirlos tres veces para que admitan el revestimiento sin estropearlo.

XII

Las ventanas y su altura

Lo primero que hay que procurar en las construcciones rurales es que estén iluminadas por mucha luz; después que las estancias distribuidas, como antes señalé, según las estaciones, se orienten a los puntos convenientes, o sea las de verano al Norte, las de invierno al Sur, las de primavera y otoño al Este. En lo que respecta a la altura de las ventanas, hay que atenerse a lo siguiente en los comedores y alcobas: tómese, como única dimensión, la longitud o bien la anchura que tuviera y dése su mitad de altura 23 .

XIII

Los techos de caña

Los techos en los edificios rurales es muy conveniente hacerlos del material que haya a mano en la propiedad. Así, pues, los haremos de tablas o de cañas del siguiente modo: pondremos vigas de madera de las Galias o de ciprés alineadas e iguales en el lugar donde va a hacerse el techo, dispuestas de modo que entre ellas haya un espacio vacío de pie y medio; entonces, con clavijas de madera hechas de enebro, olivo, boj o ciprés, las fijaremos al techo y alinearemos entre ellas dos perchas atadas con tomizas. Después trenzamos caña de [2] estanque 24 u otra lisera más gruesa machacada, que también es usual, confeccionando un cañizo muy apretado y lo sujetamos a dichas vigas y perchas por todos los sitios. Luego, en primer lugar, las revestiremos con un mortero de piedra ligera y las rasaremos con la trulla para que las cañas cortadas se unan entre ellas. Después lo rasaremos con arena y cal; en tercer lugar, le daremos mármol machacado en polvo mezclado con cal y lo puliremos hasta darle el máximo brillo.

XIV

El estucado

Generalmente también gusta una capa de estucado. Debe añadírsele cal muerta de mucho tiempo. Pues bien, para considerarla servible, rozarás la cal tal como la leña con el hacha; si el filo no tropieza y lo que se pega al hacha es blando y viscoso, es evidente que vale para el estucado.

XV

Los revestimientos

Por lo que respecta al revestimiento de los muros, se hará resistente y enlucido del siguiente modo: repásese con la trulla la primera capa; cuando comience a secarse, entuníquese por segunda y tercera vez; después, recúbranse de grano de mármol estas tres capas con la trulla. Tal revestimiento previamente ha de removerse mucho tiempo hasta que levantemos limpia la pala con que se revuelve la cal. También, cuando empieza a secar dicho revestimiento de grano de mármol, conviene añadirle una capa más fina, y así guarnecerá la solidez y el lustre.

XVI

El carácter malsano del valle

Hay que evitar, lo que muchos hicieron por causa del agua, enterrar la casa de campo en valles profundos y preferir el placer de unos pocos días a la salud de los habitantes (de lo que recelaremos más, si la provincia que habitamos es sospechosa de enfermedades estivales) puesto que si falta la fuente o el pozo, vendría a cuento construir depósitos en los que pueda recogerse el agua de todos los tejados. Se hacen del siguiente modo:

XVII

Los aljibes del agua fría y su embetunado

Constrúyase con muros de mortero de Signia 25 del tamaño que quieras y puedas, pero más larga que ancha. Su suelo, consolidado por argamasa en cantidad, se alisará con un baño de pavimento de ladrillo, dejando un sitio para los desagües. Tal pavimento hay que pulirlo con todo cuidado hasta que brille y restregarlo constantemente con unto de tocino cocido 26 . [2] Y, así que pierda la humedad y seque, para que no se abra en grietas por ningún sitio, recúbranse también los muros aplicándoles tal capa, y, de este modo, tras un desecamiento prolongado y completo, dé albergue al agua.

Es muy recomendable meter y criar en ellas anguilas y peces de río para que con su nado el agua estancada cobre el movimiento de la corriente. Y si alguna vez en algún punto del pavimento o del muro se desconcha el revestimiento, le aplicaremos un tipo de betún que pueda [3] contener el agua que intenta filtrarse. Las grietas y agujeros de las cisternas, los estanques y pozos los repararemos del modo siguiente, incluso si el agua sale por la piedra: tomas una parte de pez líquida y otro tanto de la grasa que llamamos unto o sebo; luego mezclas ambos en una olla y los cueces hasta que hagan espuma; después los apartas del fuego. Cuando se haya enfriado tal mezcla, le salpicas cal a trocitos y repites la operación hasta que toda [4] la mezcla se hace un cuerpo. Cuando hayas conseguido como una cola, la darás a los sitios dañados y que pierdan, y la hincarás con fuerza calcándole mucho.

Resultará higiénico llevar allí el agua por tuberías de barro y que se recoja en una cisterna cubierta; pues el agua de lluvia es la mejor de todas para beber, hasta el punto de que, aunque pueda recurrirse al agua corriente, que no es sana, deba dejarse para los baños y el cultivo de las huertas.

XVIII

La bodega del vino

La bodega del vino debemos tenerla orientada al norte, fría y casi oscura, lejos de los baños, establos, horno, estercoleros, cisternas, aguas de albañal y demás sitios de mal olor, provista de lo necesario para no verse sobrepasada por la cosecha; distribuida, por otra parte, de modo que tenga construido en un sitio un poco más elevado, como el estrado de una basílica, el lagar, al que se suba más o menos por tres o cuatro escalones en medio de dos depósitos, excavados por uno y otro lado para recoger el vino; desde estos depósitos, saldrán cañerías de albañilería o tuberías de barro rodeando los muros hasta el otro extremo y verterán el vino que mana por salidas próximas en las tinajas adjuntas a cada lado 27 .

Si hay una abundancia de vino mayor se destinará el [2] centro para las cubas que, para que no impidan el paso, las podremos colocar montadas en caballetes un poco altos o sobre tinajas, dejando entre ellas un espacio suficientemente ancho como para que, si la ocasión lo requiere, pueda dejar pasar al encargado. Pero si hemos dejado las cubas en su lugar correspondiente, asegúrese tal lugar, como el lagar, con pequeños apoyos y con un pavimento de adobe, para que, aunque una cuba vierta sin saberlo, se recoja en el depósito que está debajo y no se pierda el vino que se hubiere derramado.

XIX

El hórreo

El emplazamiento de los hórreos, aunque precisa igual orientación, ha de situarse además un poco más elevado y lejos de toda humedad, estercoleros y establos; fresco, ventilado y seco.

Hay que atender con todo cuidado a su construcción para que no se resquebraje en grietas. Por consiguiente, recúbrase de ladrillos de dos pies o todavía más pequeños que deberemos incrustar en un baño de pavimento de [2] adobe. Entonces, si se espera mucha cantidad de semillas, destinaremos compartimientos separados para cada tipo de grano; si las tierras prometen menos por pobres, se dividirán los graneros con mamparas de cañizo, o reuniremos los menguados productos en cestos de mimbre.

Cuando estén hechos los graneros, las paredes se untarán con alpechín mezclado con lodo, al que se añadirá hojas secas de acebuche o de olivo, a modo de pajas; una vez seco este recubrimiento, se le esparce otra vez alpechín, y así que seque, se almacena el trigo. Esta operación resulta perjudicial para los gorgojos y demás bichos dañinos; algunos mezclan hojas de culantro al trigo para ayudar a conservarlo; sin embargo, no habrá nada más a propósito para preservar el trigo que si se aventa algunos días trasegándolo de las eras a algún lugar cercano y se entroja [3] en hórreos. Columela dice que ho hay que orear el trigo porque los insectos se introducen en todo el montón; si no se mueve, quedan en la superficie dentro de los límites de un palmo y lo demás se conservará intacto como con la costra carcomida. Afirma el mismo autor que los insectos nocivos no pueden criarse más abajo de dicha medida. La hierba de helenio seca, según afirman los griegos, plantada bajo el trigo le añade vida. Con todo, el austro debe estar lejos de los hórreos.

XX

La almazara del aceite

La almazara del aceite oriéntese al sur y protéjase contra el frío hasta el punto de recibir la luz por vidrios 28 ; así, las faenas que han de hacerse en invierno no las impedirá el frío y cuando se prense el aceite, gracias al calor, no se cuajará por el frío.

Las muelas, ruedecillas y prensa tienen la forma nacida al dictado del uso. Los recipientes del aceite estarán siempre limpios, para que no estropeen los sabores nuevos impregnándolos con el rancio de los anteriores. Y si alguien quiere tomarse mayor cuidado, que levante el pavimento dejando una galería subterránea de un lado a otro y le suministre calor encendiendo el horno; de este modo, calentará dicha almazara del aceite un calor limpio sin el vapor del humo con cuyo olor y sabor se infecta y estropea a menudo 29 .

XXI

Los establos de los caballos y bueyes

Los establos de los caballos y de los bueyes miren sin duda alguna al Sur, pero no carezcan de ventanas por la parte norte, que, cerradas en invierno, no molestan; abiertas en verano, refrescan. Tales establos han de estar libres de toda humedad, por causa de las pezuñas de las bestias. Los bueyes se harán más lustrosos si tienen un fuego cerca y ven su resplandor. Ocho pies de espacio sobran para cada par de bueyes en pie, y quince cuando están acostados. Pónganse planchas de roble a las caballerizas para que cuando estén echados resulten blandas y cuando estén de pie duras 30 .

XXII

La cuadra

La cuadra estará abierta al mediodía y expuesta al sol, porque, en atención a los animales que hay dentro, será más hacedero, para mitigar el calor del verano, formar con horcas, estacas y follaje, sombrajos que se recubrirán o bien con hojas o, si hay medios, con tejas o, si se quiere más sencillo y sin gasto, con cañizos y retamas 31 .

XXIII

Los corrales

Hacia donde acaban los muros de la cuadra háganse los corrales, ya que el excremento de aves es absolutamente esencial para la agricultura, excepto el estiércol de ocas, que es muy nocivo para todo. Pero los alojamientos de las demás aves son totalmente imprescindibles.

XXIV

El palomar

El palomar, en cambio, puede estar en lo alto de una torrecilla levantada en la propia vivienda con las paredes lisas y blanqueadas en las que se harán por sus cuatro lados ventanillas muy pequeñas, como es costumbre, que sólo permitan la entrada ysalida de palomas; háganse dentro los nidos.

Quedarán resguardadas de las comadrejas si se echa en [2] medio una calza vieja de esparto con la que se calzan las bestias, con tal que la lleve a escondidas un individuo sin que le vean los demás 32 . No mueren y tampoco abandonan el sitio si por todas las ventanas cuelgas un trozo de la correa, nudo o soga de un ahorcado 33 . Meten a otras si se alimentan normalmente de comino o si se les humedece [3] con bálsamo el sobaco de las alas. Ponen más, si comen a menudo cebada tostada, habas o yero. Para treinta palomas que vuelen bastan tres sextarios diarios de trigo o granzas, de modo que el yero se lo demos en los meses de invierno con vistas a la puesta. Deben colgarse en muchos sitios ramas de ruda 34 contra los bichos perjudiciales.

XXV

Las tórtolas

Por lo demás, háganse dos cubículos adosados al del palomar, uno pequeño y casi obscuro en el que pueda meterse a las tórtolas que son facilísimas de criar, pues no piden nada salvo que en verano, que es en el único tiempo en que engordan más, se les dé normalmente trigo o mijo 35 disuelto en hidromiel; un celemín 36 diario basta para ciento veinte tórtolas. Es bueno darles con frecuencia agua limpia.

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