Kitabı oxu: «Sobre la abstinencia»

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BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 69


Asesor para la sección griega: CARLOS GARCĺA GUAL .

Según las normas de la B. C. G., la traducción de esta obra ha sido revisada por JOSÉ GARCĺA BLANCO .

© EDITORIAL GREDOS, S. A.

Sánchez Pacheco, 81, Madrid. España, 1984.

REF. GEBO191

ISBN 9788424930899.

INTRODUCCIÓN GENERAL

I. DATOS BIOGRÁFICOS DE PORFIRIO

Para el conocimiento de nuestro autor, la primera fuente la constituye la obra de J. Bidez 1 . Se analizan en ella los datos biográficos que aparecen en las propias obras de Porfirio, en especial en la Vida de Plotino 2 , su maestro, con el que convivió cinco años. Igualmente, se tiene en cuenta la única biografía de Porfirio existente en la antigüedad, la de Eunapio 3 , que no pudo utilizar más que los datos que le suministró el propio Porfirio: esta biografía, por consiguiente sólo ofrece la particularidad de la recopilación de todos los datos biográficos que se encuentran dispersos en las obras de Porfirio.

Nace Porfirio en Tiro, ciudad de Fenicia, en el año 234. Originariamente se llamaba Malco. De familia noble, recibió una esmerada educación, llegando a destacar, por sus amplios estudios, en diversos campos de la cultura. Sus escritos evidencian, pues, una sólida formación, tal por ejemplo, en la cultura y costumbres de los pueblos del Mediterráneo Oriental: egipcios, fenicios, sirios…, según se pone de manifiesto en la obra que presentamos Sobre la abstinencia.

En Atenas recibió lecciones del gramático Apolonio, del matemático Demetrio y, quizá también, del orador Minuciano 4 . Mas, probablemente, fue Longino quien orientó decisivamente la vida de Porfirio, poniéndolo en relación con Plotino. Llega Porfirio a Roma, junto a Plotino, en el año 263, décimo del reinado de Galieno. Contaba Porfirio treinta años de edad y permaneció en Roma, junto al maestro, casi cinco 5 años, hasta el 268.

Sin embargo, no fue desde un principio Porfirio un admirador ferviente de Plotino. Pues quedó perplejo y desorientado en la primera clase que le asistió, hasta el punto de que rechazó por escrito su doctrina de la inmanencia de los Inteligibles. Posteriormente, tras una discusión con Amelio (discípulo que llevaba dieciocho años junto al maestro, cuando llegó Porfirio), se retractó 6 .

Hay que resaltar (por lo que puede afectar al tratado Sobre la abstinencia ) la conversación que mantiene Porfirio con su maestro Plotino, durante tres días, sobre el modo de unión del alma con el cuerpo.

En Roma cayó Porfirio enfermo y marchó a Sicilia a reponerse por consejo de Plotino. Allí, en Sicilia, recibió una carta de Longino invitándole a reunirse con él en Fenicia. No aceptó Porfirio la invitación, permaneciendo en Sicilia hasta la muerte del maestro, que tuvo lugar en el año 270, a la edad de 66 años.

En Sicilia escribió Porfirio al menos tres de sus obras: la que lleva por título Contra los cristianos , su Isagogé y el tratado Sobre la abstinencia 7 . Posteriormente regresó a Roma.

Se sabe, por último, que contrajo matrimonio con la viuda de un amigo, madre de siete hijos. Esta decisión le acarreó muchas críticas, por haberse pronunciado tantas veces contra las relaciones carnales. Salió al paso de esas criticas con su escrito Carta a Marcela.

Se supone 8 , finalmente, que hacia el año 300, en que escribe la vida de Plotino, Porfirio cuenta 67 años de edad. Murió Porfirio en el reinado del emperador Diocleciano y hay que tener en cuenta que éste abdicó en el año 305.

II. SUS OBRAS

Para el estudio de las obras de Porfirio y el análisis de los títulos recogidos en el Léxico de Suda, sigue siendo fundamental el mencionado trabajo de R. Beutler 9 , en el que se recogen, igualmente, las referencias de diversos autores de la antigüedad clásica a la obra de Porfirio.

De este trabajo se desprende lo siguiente: aparecen nada menos que 72 títulos. De ellos, 4 pueden ser títulos repetidos de otras tantas obras, y 11 pueden corresponder a obras inexistentes, falsamente atribuidas a Porfirio o, simplemente, apócrifas. De las 57 restantes, Beutler reconoce prudentemente la paternidad de Porfirio sobre ellas, y establece una clasificación temática de las mismas en ocho apartados, sin especificación de tíulos:

1.

Obras: a) sobre Platón; b) sobre Aristóteles; c) sobre tradición filosófica de la escuela (Schultradition) , y d) sobre Plotino.

2.

Escritos históricos.

3.

Exposiciones filosóficas sistemáticas sobre: a) metafísica; b) psicología, y c) ética.

4.

Escritos sobre religión y mitología.

5.

Escritos sobre retórica y gramática.

6.

Escritos sobre matemáticas, astrología y otras disciplinas científicas.

7.

Escritos de tema vario.

8.

Escritos de divulgación.

Señala también R. Beutler tres etapas claramente diferenciadas en Porfirio, como escritor: la primera, previa a su conocimiento de Plotino; la segunda, dentro de la escuela de Plotino, y la tercera, tras la muerte de Plotino.

No hay evidentemente, un filósofo de la época tardía del que se conozcan tantos títulos. Pero, llegando a la realidad de los hechos, son 21 las obras que han llegado hasta nosotros: la mayoría, fragmentariamente; otras, las menos, íntegras, y alguna, incluso en latín, aunque fragmentariamente también, como la que lleva por título Sobre el retorno del alma.

Ésta es la relación 10 de los 21 títulos con indicación de sus ediciones más recientes

1.

La gruta de las ninfas , comentario alegórico a los versos 102-112 del canto XIII de la Odisea.

Texto y traducción inglesa: Porphyry, The Cave of Nymphs in the Odyssey. A revised text with translation by Seminar Classics 609, State Univ. of New York at Buffalo, 1969. (Arethusa Monographs 1.)

Traducción francesa de F. BUFFIÉRE , como apéndice de su obra Les mythes d’Homère et la pensée grecque , París, 1956, págs. 595-616.

Traducción rusa de A. A. TAKHO -GODI , en V K F (Voprosy Klasssicesko Filologii) VI (1976), 28-45.

En español tenemos la traducción de A. BARCENILLA , «La gruta de las ninfas », Perficit , 2.a ser. 1 (1968), 403-430.

2.

Comentario sobre el Timeo .

Fragmentos recogidos por ANGELO RAFFAELE SODANO , Porphyrii in Platonis Timaeum commentariorum fragmenta , Nápoles, 1964.

3.

Comentarios a Parménides .

Texto deteriorado, ed. por P. HADOT , Porphyre el Victorinus , vol. II, París, 1968, págs. 64-113.

4.

Introducción a las Categorías de Aristóteles, o Isagogé.

Edición crítica importante de los últimos tiempos es la de A. BUSSE , Commentaria in Arislotelem graeca IV, 1 , Berlín, 1895.

Con traducción francesa: J. TRICOT , Porphyre. Isagogé , París, 1947.

Con traducción portuguesa: MARIO FERREIRA DOS SANTOS , Isagogé. Introducçao as Categorias de Aristoteles , Sao Paulo, 1965.

Con traducción inglesa: EDW , W. WARREN , The Phoenician Isagogé. Translation, introduction and notes, Leiden, Brill, 1975.

5.

Cuestiones y respuestas sobre las Categorías de Aristóteles.

En la misma edición parisina de J. TRICOT del Isagogé .

6.

Vida de Plotino. Editada habitualmente con las Enéadas de Plotino. Vid. apartado anterior: «Datos biográficos de Porfirio», n. 2.

7.

Sententiae ad intelligibilia ducentes (Aphormaì prós tà noētá) . Edición de E. LAMBERZ , Leipgzig (Teubner), 1975.

8.

Crónica , desde la guerra de Troya al 270 de nuestra era.

Escasos fragmentos en F. JACOBY , Die Fragmenta der griech. Historiker , vols. I y sigs., Berlín, 1923 y sigs; II B, págs. 1.197 y sigs.

9.

Vida de Pitágoras .

En la edición ya citada de A. NAUCK , Porhiyrii opuscula selecta , («Teubner», Leipzig, 1886, reimpr. Hildesheim, 1963). Puede ser que esta Vida constituyera un capítulo de una Historia de la Filosofía en cuatro libros, cuyos fragmentos incluye Nauck en el mismo volumen.

10.

Sobre la animación del embrión o Ad Gaurum .

Editado por K. KALBFLEISCH (Abh. kön, Ak. Wiss. 2.° Philos.-Hist. I.), Berlín, 1895.

Traducción francesa de A. J. FESTUGIÈRE , La Révélation d’Hermés Trimégiste , vol. III, París, 1954, págs. 265-302.

11.

Carta a Marcela .

Editada en el mencionado volumen de «Teubner» a cargo de A. NAUCK .

Con traducción alemana, la ha editado W. PÖTSCHER , Leyden, 1969, y francesa J. FESTUGIÈRE , en Trois devôts païens , París, 1944.

12.

Sobre el retorno del alma .

Fragmentos en versión latina y recogidos por J. BIDEZ en su Vie de Porhyre , Gante-Leipzig, 1913, págs. 24-41 (reimpr. Hildesheim, 1963).

13.

Filosofía de los oráculos , investigación en torno a una doctrina

de la salvación en el culto y en los textos de los oráculos de Grecia y de Oriente.

Fragmentos recogidos por G. WOLFF , Porphyrii de philosophia ex oraculis haurienda , Berlín, 1866 (reimpr. Hildesheim, 1962).

14.

Sobre las estatuas de los dioses (Perì agalmátōn) , consideraciones alegóricas y místicas en torno a las representaciones de dioses griegos y bárbaros.

Los fragmentos existentes están recogidos por J. BIDEZ , Vie de Porphyre , págs. 1-23.

15.

Carta a Anebón , dirigida a un sacerdote egipcio, en la que censura las prácticas teúrgicas y adivinatorias.

Fragmentos reunidos por A. R. SODANO (Nápoles, 1965).

16.

Contra los cristianos .

Fragmentos recogidos por A. HARNACK (Abh. Kön, Preuss. Ak. Wiss. Philos. Hist. Nr. 1.), Berlín, 1916.

17.

Cuestiones homéricas .

Han sido recogidos los fragmentos, tanto los referentes a la Ilíada como a la Odisea , por H. SCHRADER , Porphirii Quaestionum Homericarum reliquiae , dos volúmenes: Ad Illiadem pertinentium , Leipzig, 1882, y Ad Odysseam pertinentium , Leipzig, 1890. A. R. SODANO ha publicado el primer libro de las cuestiones homéricas, siendo el único que nos ha llegado de esta obra por tradición directa: Porphyrii Quaestionun Homericarum Liber I , Nápoles, 1970.

18.

Comentario sobre las armónicas de Ptolomeo .

Edición a cargo de I. DURING , Göteborg, 1932.

19.

Introducción a la apotelesmática de Ptolomeo .

Edición de WEINSTOCK -BOER (Catal. Cod. Astrol. Gr. V, 4). Bruselas, 1940, págs. 187-228.

20.

Cuestiones diversas («Symmiktà Zetḗmata» ),

Escasos fragmentos referentes a problemas del alma recogidos y comentados por H. DÖRRIE , Porphyrios Symmikta Zetemata (Zetemata 20), Munich, 1959.

Hace el número 21 el tratado Sobre la abstinencia , obra que nos ha llegado por tradición directa, aunque incompleta, por faltarle al libro IV el final, si bien se estima que la parte de texto perdida no debe de ser de considerable extensión.

III. EL TRATADO «SOBRE LA ABSTINENCIA»

Nos encontramos ante una obra importante en la producción literaria de Porfirio 11 , por dos razones. De un lado, porque, en extensión, es la primera de las conservadas por tradición directa y, de otro, porque, salvo el deterioro de algunos pasajes y la falta del final de la obra, en el libro IV, su contenido nos permite conocer aspectos muy significativos de su pensamiento en lo referente a cuestiones tales como la teoría de las almas, sus puntos de vista frente a los argumentos estoicos y peripatéticos sobre los animales, su erudición sobre los pueblos del Mediterráneo oriental y del Asia Menor, etc., aparte de su peculiar justificación y defensa de la abstinencia de la carne animal.

La obra va dirigida a Firmo Castricio 12 , discípulo de Plotino 13 y condiscípulo de Porfirio, para reprocharle su abandono de la abstinencia y su vuelta a un régimen alimenticio a base de carne.

Esto nos da pie para plantearnos la cuestión de si el vegetarismo formaba parte o no de la escuela de Plotino, tal como hace Bouffartigue-Patillon 14 , pero sólo se puede concluir que se trata de una cuestión particular, ya que Porfirio censura a Castricio el haber quebrantado, con su régimen alimenticio antivegetariano, la doctrina de Pitágoras y Empédocles 15 , pero no la de la escuela de Plotino.

A) FUENTES

De la lectura de su obra queda claro el conocimiento de los autores clásicos y de sus contemporáneos, así como su vasta erudición en algunos temas, hasta el punto de que se evidencia que ha leído y consultado, para esta obra, autores escasamente conocidos o solamente mencionados por él, tales como Eubulo y Palas 16 , autores coetáneos entre sí que vivieron, probablemente, en el reinado del emperador Cómodo y escribieron sobre la religión de Mitra.

De todos modos, es de señalar, como ocurre con muchos de los autores de la antigüedad clásica, la falta de precisión, en algunos casos, de Porfirio cuando cita un pasaje de un autor, como testimonio o refuerzo de sus tesis. En estos casos no siempre cita la obra a que corresponde el pasaje del autor aducido, como, por ejemplo, el largo fragmento del coro de Las cretenses de Eurípides en el capítulo 19 del libro IV, según se ha podido precisar modernamente, o bien la cita de Menandro, al final del cap. 15, igualmente del libro IV, que la crítica ha intentado fijarlo, sin mayor certeza, como perteneciente al Supersticioso.

En otras ocasiones, sin embargo, justo es reconocerlo, viene precisada la obra a que corresponde la cita en cuestión. Así, por ejemplo, en II 19, 2, cuando aduce el testimonio de Sófocles en el Poliido.

Otras veces, en fin, utiliza un largo pasaje de un autor sin citarlo, como hace con el Licurgo de Plutarco, cuando refiere la frugalidad y el modo sencillo de vida de los espartanos (IV 3-5) 17 .

En consecuencia, vamos a intentar sistematizar el tratamiento que Porfirio hace de las fuentes diversas que utiliza en el tratado Sobre la abstinencia. Por lo que acabamos de exponer, se puede concluir lo siguiente:

1.

Citas precisas de autor y su obra correspondiente, como en II 17, 3, con La iniciada , de Antífanes, y en el párrafo siguiente con El díscolo , de Menandro, así como con el Poliido , de Sófocles, ya mencionado, en el cap. 19, 2 del mismo libro.

2.

Citas de autores, sin precisar la obra, tal es el caso, por ejem plo, de la referencia a Platón en I 36, 3-4, donde cita un extracto del Teeteto.

3.

Paráfrasis, resúmenes y alusiones con mención del autor, como II 56, 2, a propósito del tratado sobre los sacrificios cretenses de Istro, o en IV 17, cuando alude a Bardesanes que escribió sobre las costumbres de los brahmanes.

4.

Citas de autores de un modo indirecto, como la alusión a Apolonio de Tiana, en II 34, 2, mediante la expresión «un sabio varón». (tis anḗr sophós) , o a Hermes Trismegisto, en II 47, 1, cuando menciona al egipcio.

5.

Citas de pasajes sin referencia directa ni indirecta, que sólo el análisis de la crítica ha podido determinar la obra y el autor a que pertenecen, tal es el caso de la larga cita de Plutarco, en I 4-6, de su obra De sollertia animalium 964 A-C.

Por último, en otras ocasiones, las referencias son a grupos o escuelas, como en I 6, 3, a los peripatéticos, o en II 36, 6, a los platónicos.

Fuera de estas citas, directas o indirectas, Porfirio utiliza muchas veces las fuentes en que se basa en provecho de sus tesis. Por ejemplo, se ve el gran esfuerzo que tiene que hacer para demostrar que, de la frugalidad y sencillez de vida, y de la pureza de costumbres, a propósito de los sacerdotes egipcios, en IV 6 y 7, se infería la abstinencia de la carne, cuando está exponiendo que, pese a todos los reparos que se planteaban a determinados animales, no había una abstinencia total más que en las llamadas purificaciones (cap. 7).

Saca también sus conclusiones propias en favor de sus tesis sobre la abstinencia, cuando refiere la frugalidad de los espartanos en la larga cita, ya mencionada, de los capítulos del Licurgo , de Plutarco. En efecto, empieza reconociendo (IV 3) que el legislador Licurgo «había sancionado legalmente el consumo de carne», pero, tras la cita, como conclusión particular suya, razona que «el tema de la abstinencia total era algo peculiar» en Esparta (cap. 5).

Y, continuando en esta línea de análisis, sin salimos tampoco del libro IV, es aquí donde, con su tratamiento particular de las fuentes y sus idealizaciones, alcanza los máximos objetivos en su estudio sobre la abstinencia, mediante la exposición de las costumbres sobre los diferentes pueblos que merecen su atención por la frugalidad de su régimen alimenticio y su pureza de vida. Utiliza para la descripción de estos pueblos las siguientes fuentes: los ya mencionados Dicearco y Plutarco, para los griegos de la edad de oro y los espartanos, respectivamente; Queremón el estoico, para los egipcios; Filón y Flavio Josefo (en especial, para los esenios), para los judíos, y Filóstrato, para los brahmanes y gimnosofistas. Podríamos, pues, considerar que, por parte de Porfirio, hay una especie de manipulación de las fuentes para resaltar la ejemplaridad moral que pretende inculcar con estos relatos.

Un tratamiento más estricto da Porfirio a las citas platónicas, que abundan, sobre todo, en los dos primeros libros. Ya hemos mencionado los extractos del Teeteto 173c-176e, en el libro I 36, 37 y 39, a propósito de la asimilación con la divinidad (idea que también expresa Platón en República X 613b); el resto de las citas se circunscriben a estos dialogos: Fedón, Leyes, Fedro y Banquete. No obstante, también saca sus propias conclusiones a costa de Platón, aunque no desvirtúe su esencia. Así, por ejemplo, cuando, basándose en el Teeteto , nos presenta (I 37) al filósofo ignorante de los temas de la realidad cotidiana y concluye, por su cuenta y razón, al final de este capítulo 37, que su vida debe ser «sencilla, autosuficiente y lo menos relacionada con los temas mortales».

En general, las citas platónicas, las utiliza Porfirio como autoridad moral, para refuerzo de sus planteamientos, haciendo uso de las conocidas imágenes del niño que hay en nosotros, del auriga, del ojo del alma, etc.

Otra fuente filosófica que utiliza Porfirio, preferentemente también en los dos primeros libros, es, lógicamente, la de su maestro Plotino, en temas como el símil del destierro, para aquél que quiera recobrar su esencia, en 1 30, y el del creador de estatuas, referido al filósofo-sacerdote del dios supremo, en II 49.

Por otra parte, Plotino le ha inspirado, sin duda, ideas tales como el rechazo del suicidio, en I 32 y, sobre todo, en I 38, cuando dice explícitamente «Sin duda el filósofo no se alejará a la fuerza.» Igualmente, se puede pensar también en la influencia de Plotino en el tema del aniquilamiento de los animales en III 26.

Hay que observar, no obstante, que el nombre de Plotino no aparece ni una sola vez en el tratado Sobre la abstinencia , aunque están atestiguadas sus citas.

Por último, en esta somera exposición de las fuentes que utiliza Porfirio, hay que mencionar a Eliano (De natura animalium) , Aristóteles (Historia animalium) y al ya mencionado Plutarco (De sollertia animalium) , cuando sobre todo en el libro III, intenta defender la racionalidad de los animales. Su conocimiento de estos autores, citados o no, se pone de manifiesto en los hechos que describe.

En los lugares correspondientes, a medida que se van detectando, se han ido reflejando otras fuentes, directas o indirectas, al pie de página.

B) FILOSOFÍA

Por ser el tratado Sobre la abstinencia una de sus obras mejor conservadas, se puede seguir la línea de su pensamiento con bastante coherencia.

Habría, sin embargo, que fijar, en principio, cuáles son los puntos capitales de la argumentación de Porfirio en su estudio sobre la abstinencia. Dos puntos destacamos, concretamente, con sus correspondientes apartados:

I.

Consecuencias del consumo de carne.

II.

Rechazo de los argumentos a favor del consumo de carne.

Y éste el desarrollo de cada uno de ellos:

I. 1)

El régimen de comidas a base de carne es sumamente perjudicial, porque es costoso, difícil de conseguir y nocivo para la salud, frente a un régimen alimenticio en el que sólo entren productos naturales, tanto silvestres como cultivados.

2)

La ingestión de carne supone un grave delito, porque, para ello, tenemos que dar muerte a seres animados inocentes. Nada nos autoriza a usar de la vida de un ser vivo para nuestro provecho.

3)

Con el consumo de carne se sufre un grave perjuicio moral, ya que se excita nuestra sensibilidad y se desatan las pasiones; y, además, engordamos nuestra materia corpórea en detrimento de nuestro elemento racional.

II. 1)

Aunque en los sacrificios se inmolen seres animados, no por ello hay que comerse las víctimas, del mismo modo que en las guerras no nos comemos a los enemigos que caen en el combate.

2)

Es infundado el temor de que, si no damos muerte a los animales (tanto a los pacíficos y domésticos, como a los salvajes y dañinos), nuestra vida corra peligro, por el excesivo incremento que puedan tomar, porque son muchos los animales a los que no damos muerte y, sin embargo, no molestan ni causan perjuicio a nuestra existencia.

Siendo éstos los planteamientos que hace Porfirio a lo largo de su obra, concluye, de un modo restrictivo, que la abstinencia debe observarla rigurosamente el filósofo y, más en concreto, una especie de sacerdote-filósofo, según el modelo pitagórico (II 49), que sirva de ejemplo al pueblo llano, a la mayoría, ya que como dignatario estará obligado a ello. Y así viene a decirlo textualmente en una ocasión: «si los que están a cargo de la salvación de la ciudad, en atención a su piedad para con los dioses, reciben la confianza de los demás y se abstienen de los animales, ¿cómo se osará acusar de inútil para las ciudades la abstinencia?» (IV 5). Ya en II 3 aparece enunciada esta idea.

Teniendo, pues, como telón de fondo el ejercicio de la abstinencia, el filósofo de Porfirio, con un régimen de vida frugal y con un alma pura y castos pensamientos, debe intentar encontrar su propia esencia y su asimilación a la divinidad. Este filósolo está, por otra parte, un poco distante del platónico. Mientras que éste debe ser un educador en la ciudad, el de Porfirio debe llevar, preferentemente, una vida contemplativa, consistente en meditaciones sobre la divinidad y en una pureza de pensamientos, dando de este modo ejemplo a los ciudadanos.

Es, por consiguiente, este filósofo que practica la abstinencia el que vamos a definir dentro de un sistema coherente de filosofía, feudatario de toda una larga tradición filosófica, y, en concreto, por ejemplo, del platonismo medio, cuando habla del dios del filósofo, como dios supremo , con expresiones tales como ho epì pâsi (III 5, 4), o ho prôtos theós (II 37). Frente a este dios supremo , único, están los dioses parciales y los dioses inteligibles.

Dentro de esta línea de religiosidad, vienen a continuación los démones , que pueden ser buenos o malos (II 37 y sigs.), lo que supone un dualismo muy próximo a las religiones orientales 18 . O incluso al cristianismo 19 . Este dualismo, que Porfirio hereda de su maestro Plotino, traducido al plano del bien y del mal le lleva a una dificultad difícil de resolver, porque si el mal no puede proceder de un principio supremo, sino de la materia, pero, a su vez, ésta sólo puede proceder de aquél, caemos indudablemente en una aporía insoluble, para la que Porfirio encuentra la solución con la consideración de que el mal «lo ha provocado la caída del alma en la materia» (II 27, 5), con una privación del bien.

Esta caída del alma se produce por una mala condición suya, como la del terreno improductivo que impide que germine la simiente, y «al generar irracionalidad, queda unida a lo mortal» (I 30, 7). En su unión con lo mortal y caduco el alma no queda impasible. Por ello el sabio, el filósofo, para evitar la pasión, debe volverse hacia el «intelecto» (noûs). Ello se consigue con la «atención» (prosochḗ) , porque, haciendo uso de ella, nos podemos orientar perfectamente hacia los inteligibles. Y en una ocasión asegura Porfirio que nuestra «esencia es el intelecto» (I 29, 4).

Partiendo de esta concepción religiosa y de esta configuración del alma, la práctica de la abstinencia, ya se ha dicho, no es un ejercicio salvador para el filósofo, sino una exhortación coadyuvante de una vida moral íntegra. Porque el consumo de carne nos embota los sentidos y nos pone, como desterrados, en un lugar extraño. Por ello debemos regresar a nuestra propia esencia, y nuestro ser esencial, como se ha dicho, es el intelecto (I 29, 4). Éste debe ser el sentido ético de nuestra vida.

Otro aspecto que debe presidir nuestra preocupación ética es el objeto de nuestra «contemplación» (theōría) , que se cumplirá del todo cuando se identifiquen el contemplante y el contemplado. Y con ello se produce el sentido místico de la filosofía de Porfirio, cuando tiene lugar la «asimilación» (homoíōsis) a la divinidad, que tantas veces aparece en la obra (II 34, 3; 43, 3 …; III 27, 1 …; I 54, 6).

Con esta noción se relaciona también, en el regreso a la propia esencia, el sentido de la «apropiación» (oikeíōsis) con la divinidad, tantas veces expresado en los dos primeros libros.

En conclusión, la tarea del filósofo consiste, como cosa natural, en regresar a su propia esencia mediante la asimilación y apropiación a la divinidad.

C) ANÁLISIS DEL CONTENIDO DE LA OBRA

Sucintamente, vamos a exponer el contenido de los cuatro libros que componen el tratado Sobre la abstinencia.

Libro I

Recrimina a Firmo Castricio el abandono de la abstinencia y la transgresión de las normas antiguas, en especial el quebrantamiento de la disciplina de Pitágoras y Empédocles, a cuya refutación «entre los filósofos peripatéticos, estoicos y epicúreos se han consagrado la mayor parte de sus esfuerzos» (3, 3).

Dirige Porfirio sus ataques contra estos adversarios, y en particular, contra un tal Clodio de Ñapóles, que escribió un libro contra los que observaban la abstinencia. Defiende el derecho y la justicia para con los animales, sin entrar en consideraciones particulares sobre si tal o cual pueblo come carne, como los nómadas o trogloditas 20 . Para condenar la muerte de los animales, recuerda la prohibición de matar a un ser humano, bajo pena de una grave sanción, en la organización de las primeras comunidades.

El uso del fuego, por otra parte, propició el consumo de carne, porque comer la carne cruda es cosa de impíos. Mas el argumento principal de los que rechazan la abstinencia es el de que la vida resultaría muy difícil, si nos abstenemos de los animales, porque «el mar, los ríos y los lagos se llenarán de peces, el aire de pájaros y la tierra se verá repleta de animales de todas clases» (16, 2). Vuelve a insistir más adelante en esta idea (24). No obstante, reconoce que la ingestión de la carne de ciertos animales produce la curación de algunas enfermedades.

Expuestos los argumentos de los contrarios, la recomendación de la abstinencia no va dirigida a cualquiera, sino al filósofo, en concreto. Con ello se libera éste de la percepción sensible, de la irracionalidad y de las pasiones que en este ámbito se generan. Y así lo expresa Porfirio: «Hay que abstenerse… de ciertos alimentos, que por su propia índole puede despertar las pasiones de nuestra alma» (33, 1). Debe volver el filósofo a su esencia propia, libre de las ataduras de lo material sin violencia, esto es, sin llegar al suicidio, con la persuasión y la razón.

De las sensaciones que se originan por los cinco sentidos, surgen las pasiones, según se argumenta con una amplia casuística. De ahí que el filósofo concederá «tan sólo a la naturaleza lo estrictamente necesario, y ello, liviano y dentro de un régimen alimenticio todavía más liviano» (38, 2). Hay, por tanto, que evitar todas aquellas ocasiones en que se puede alimentar la sensación, porque «allí donde hay sensación y percepción sensible, hay separación de lo inteligible» (41, 5).

El hombre virtuoso se diferencia del malvado (44) en que hace uso del razonamiento para regular y dominar el elemento irracional. De ahí que deba abstenerse de alimentos que supongan un goce corpóreo. Pero, además, los alimentos nos atan más que las percepciones sensibles, porque nos imponen una necesidad por la cocción y digestión en nuestro cuerpo. La razón debe, pues, desechar la abundancia y el exceso, y limitar la necesidad a lo mínimo.

Llega al punto máximo su argumentación a favor de la abstinencia 21 : nuestra conformidad con lo más insignificante nos liberará, «no ya de una servidumbre, sino de innumerables» (47, 1), porque un alimento sencillo y sin carne da paz a nuestro razonamiento.

Con esta insistencia en la frugalidad y sencillez, llega Porfirio a configurar la imagen del filósofo, que debe apoyarse en la filosofía para la selección y consecución de sus exigencias mínimas. Porque el consumo de carne y la abundancia de comida nos hace caer «en despilfarros, enfermedades, hartazgos y vagancias» (53, 4). En consecuencia, hay que poner un límite necesario a nuestras necesidades, para conseguir la autosuficiencia y la similitud con la divinidad 22 . Porque el filósofo conseguirá su fin «clavándose… con la divinidad y desclavándose del cuerpo» (57, 1), y esto se consigue con un régimen de vida sencillo y con pureza de cuerpo y de pensamientos.

Libro II

El hecho de hablar de la abstinencia de los animales, en flagrante contradicción con el sacrificio ritual de ovejas y bueyes, como refiere al final del libio I, lleva a Porfirio a tratar en profundidad el tema de los sacrificios.

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