Kitabı oxu: «Las promesas de Dios»

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Con guía de estudio

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Publicaciones Faro de GraciaP.O. Box 1043Graham, NC 27253www.farodegracia.org

ISBN 978-1-629461-99-1

Originally published in English under the title: The promises of God © 2013 by R.C. Sproul 4050 Lee Vance View, Colorado Springs, Colorado 80918 U.S.A. This edition published by arrangement with Cook. All rights reserved.

©2019 Publicaciones Faro de Gracia.

Traducción al español realizada por Pamela Espinosa; edición de texto Paula Bautista; diseño de la portada y las páginas por Francisco Hernández. Todos los Derechos Reservados.

Ninguna parte de esta publicación puede ser reproducida, almacenada en un sistema de recuperación de datos o transmitida en cualquier forma o por cualquier medio—electrónico, mecánico, fotocopiado, grabación o cualquier otro—excepto por breves citas en revistas impresas, sin permiso previo del editor.

©Las citas bíblicas son tomadas de la Versión Reina-Valera ©1960, Sociedades Bíblicas en América Latina. © renovada 1988, Sociedades Bíblicas Unidas, a menos que sea notado como otra versión. Utilizado con permiso.

R. C. SPROUL


Con guía de estudio

Un Estudio de los Pactos de Aquel que cumple Su Palabra


Contenido

PREFACIO

1 EL SIGNIFICADO DE PACTO

GUÍA DE ESTUDIO DEL CAPÍTULO 1

2 EL PACTO DE REDENCIÓN

GUÍA DE ESTUDIO DEL CAPÍTULO 2

3 EL PACTO DE LA CREACIÓN (PARTE 1)

GUÍA DE ESTUDIO DEL CAPÍTULO 3

4 EL PACTO DE LA CREACIÓN (PARTE 2)

GUÍA DE ESTUDIO DEL CAPÍTULO 4

5 EL PACTO DE LA CREACIÓN (PARTE 3)

GUÍA DE ESTUDIO DEL CAPÍTULO 5

6 EL PACTO CON NOÉ

GUÍA DE ESTUDIO DEL CAPÍTULO 6

7 EL PACTO CON ABRAHAM (PARTE 1)

GUÍA DE ESTUDIO DEL CAPÍTULO 7

8 EL PACTO CON ABRAHAM (PARTE 2)

GUÍA DE ESTUDIO DEL CAPÍTULO 8

9 EL PACTO CON MOISÉS (PARTE 1)

GUÍA DE ESTUDIO DEL CAPÍTULO 9

10 EL PACTO CON MOISÉS (PARTE 2)

GUÍA DE ESTUDIO DEL CAPÍTULO 10

11 EL PACTO CON DAVID

GUÍA DE ESTUDIO DEL CAPÍTULO 11

12 EL NUEVO PACTO (PARTE 1)

GUÍA DE ESTUDIO DEL CAPÍTULO 12

13 EL NUEVO PACTO (PARTE 2)

GUÍA DE ESTUDIO DEL CAPÍTULO 13

14 EL CRISTO DEL PACTO

GUÍA DE ESTUDIO DEL CAPÍTULO 14

SOBRE EL AUTOR

OTROS TÍTULOS DE PUBLICACIONES FARO DE GRACIA

PREFACIO

En ocasiones a la teología histórica reformada se le llama teología del pacto. Es verdad que hay un enfoque en los pactos dentro de la teología reformada. Sin embargo, nunca he apreciado mucho este apodo porque creo que todas las ramas de la teología, hasta cierto punto, reconocen la importancia de los pactos bíblicos para comprender la redención. En otras palabras, los pactos forman la estructura básica de la historia de la redención.

La función principal de los pactos en la historia de la redención es la relación entre promesa y cumplimiento. Nosotros existimos como el pueblo de Dios porque Él ha hecho y ha guardado las promesas a Su pueblo. Podemos ser parte de la familia de Dios solo porque nuestro Dios hace y guarda pactos. Dios nunca rompe ni cambia Sus promesas. Son promesas eternas con las que Dios se ha comprometido para siempre. Por ejemplo, cuando María, bajo la influencia del Espíritu Santo, cantó su Magnificat, declaró que Dios había recordado la promesa que le había hecho a Abraham (Lucas 1:54-55). María entendió su lugar en la historia de la iglesia en términos del cumplimiento de un pacto.

Lo más difícil en el mundo para el cristiano es vivir por fe y no por vista. Es difícil porque nunca vemos a Dios. No fuimos testigos presenciales de la resurrección, como lo fueron los apóstoles del primer siglo. Vivimos sobre la base del testimonio de aquellos que nos precedieron, lo cual significa que debemos caminar por fe. Somos justificados por la fe, y eso significa confiar en la Palabra de Dios. Sin embargo, una cosa es creer en Dios —creer que hay un Dios— y otra cosa es creerle a Dios. Pero la fe viva implica confiar en las promesas de Dios.

Incluso cuando todo lo que nos rodea parece dar testimonio de la vanidad de nuestras vidas, haciendo que perdamos la esperanza, nos encontramos en una relación de pacto con Dios. Por lo tanto, somos personas que viven por la confianza en Sus promesas. Nosotros rompemos las promesas que hacemos a otros. Rompemos nuestras promesas a Dios. Pero Dios nunca rompe Sus promesas hacia nosotros. A lo largo de la historia, Dios ha demostrado que Él es sumamente confiable. Por eso, en cierto sentido, nada podría ser más tonto que no confiar en las promesas de Dios.

Espero que este libro sobre los pactos bíblicos de Dios te ayude a confiar en todas las promesas de Dios. Adoramos y servimos a un Dios que hace pactos y que guarda los pactos, y Él es digno de toda nuestra confianza.

—R. C. SproulSanford, Floridaseptiembre de 2012

1
EL SIGNIFICADO DE PACTO

El concepto de pacto es fundamental para la revelación divina. Incluso podríamos decir que Dios revela Su Palabra y Su plan bíblicamente a través de una estructura de varios pactos. Los pactos son prominentes en el Antiguo Testamento y desempeñan un papel importante en la enseñanza del Nuevo Testamento.

A pesar de la prominencia de esta estructura, existe mucha confusión sobre el significado del término pacto. Por ejemplo, a menudo hablamos de la diferencia entre el antiguo pacto y el nuevo pacto, pero también hablamos del Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento, y tenemos una tendencia a usar esos términos de manera intercambiable, considerando “Antiguo Testamento” como sinónimo de “antiguo pacto” y “Nuevo Testamento” como sinónimo de “nuevo pacto”. Por supuesto, estos términos están estrechamente relacionados, pero en realidad no son sinónimos. No significan exactamente lo mismo.

También hay confusión debido a las formas en que la idea de pacto se maneja en las culturas del siglo XXI. Por ejemplo, los pactos fueron bastante importantes para la fundación de los Estados Unidos como nación. La teoría política que se implementó en el gran experimento de los Estados Unidos se basó en gran medida en la idea de John Locke del contrato social. Este concepto sostenía que existe una relación entre los gobernantes y los gobernados, entre el gobierno y el pueblo, por la cual los líderes son seleccionados o elegidos por el pueblo y están facultados para gobernar solo por el consentimiento del pueblo. En esencia, hay un acuerdo, una promesa mutua de fidelidad, entre el pueblo, que promete su lealtad a su gobierno, y los funcionarios del gobierno, que hacen juramentos para defender la Constitución en sus cargos. Hay un contrato o un pacto, un acuerdo que une a ambas partes.

Además, a menudo hablamos del pacto industrial, que se presenta de muchas formas. Cuando una persona va a trabajar para una empresa, puede firmar un contrato en el que el empleador le promete cierta remuneración, beneficios, etc., y en el que el empleado se compromete a dedicar una parte determinada de su tiempo a trabajar para la empresa. Vemos este tipo de pacto en los acuerdos laborales. Asimismo, en un nivel más popular, cada vez que compramos algo con una tarjeta de crédito o a cuotas, entramos en un contrato o acuerdo para pagar la cantidad total de la mercancía o del servicio en un periodo de tiempo establecido. Aún más importante es el contrato de matrimonio, un acuerdo que implica juramentos y votos, sanciones y promesas, entre dos personas. Todos estos acuerdos son pactos.

Ahora bien, todos estos pactos tienen elementos similares a los pactos bíblicos, pero no son idénticos. Aunque los pactos bíblicos tienen elementos de promesa, hay algo que los hace diferentes de estos otros tipos de acuerdos—los pactos bíblicos se establecen con base en una sanción divina. Es decir, no se establecen sobre la base de promesas hechas por partes iguales, sino sobre la base de la promesa divina de Dios. En los pactos bíblicos, es Dios quien declara los términos y hace las promesas.

LA ESTRUCTURA DE LA REVELACIÓN

Los pactos proporcionan la estructura de la historia de la redención, el contexto en el que Dios desarrolla Su plan de redención. Esta idea fundamental se mantuvo durante muchos siglos, pero se convirtió en un foco de controversia a mediados del siglo XX. Rudolf Bultmann (1884-1976), un erudito de la alta crítica en Alemania, hizo una distinción entre lo que él llamó heilsgeschichte, o “historia de la salvación”, y la historia misma. Cuando habló de heilsgeschichte, se refería a algo que tenía lugar no en el plano horizontal de la historia mundial sino por encima de la historia, en algún tipo de ámbito supratemporal. Bultmann abrazó una forma existencial de filosofía y creyó que la salvación no ocurre en este nivel sino verticalmente—como diría él, de manera inmediata y directamente desde arriba. Él veía la salvación como una cosa mística que sucede cuando una persona tiene una experiencia crítica de fe.

Al mismo tiempo, señaló que la Biblia está llena tanto de mitología como de historia real, pero para que la Biblia tenga algún significado para nosotros hoy, debe ser desmitificada. Es decir, tenemos que arrancar la cáscara del mito que contiene ese núcleo de verdad histórica. En consecuencia, él confinó cualquier cosa que supusiera algo sobrenatural —como el nacimiento virginal, los milagros de Jesús, la resurrección, etc.— al ámbito del mito, no al de la historia.

El punto central de este tipo de pensamiento existencial y teológico que guio a los teólogos alemanes en el siglo XX era que la salvación no tiene que estar arraigada y fundamentada en la historia para ser real. Podemos seguir teniendo el “episodio de Cristo”, que es un momento existencial que las personas experimentan, un momento de crisis. No obstante, esa idea está muy alejada del concepto bíblico de la redención.

Oscar Cullman (1902-1999), el teólogo suizo y erudito del Nuevo Testamento, escribió una trilogía de libros a mediados del siglo XX acerca de este aspecto de la historia de la redención. El primer libro se llamó Cristo y el tiempo. En este examinó las referencias a un marco temporal que aparecen en la Biblia, tales como años, días, horas, etc. El segundo libro fue sobre la persona de Cristo. El tercer libro se tituló Salvation in History [Salvación en la historia], que refutaba de forma exhaustiva a Bultmann, argumentando que según las Escrituras la revelación de Dios está inexorablemente ligada a la historia real. El erudito holandés del Nuevo Testamento, Herman Ridderbos (1909-2007), apoyó esa moción y argumentó que la Biblia no está escrita como un libro de historia común. No es simplemente una cronología de las acciones de los hebreos. Es más que eso. De hecho, es el desarrollo de la obra redentora de Dios—por lo que es apropiado llamar a la Biblia historia de la redención. Mientras que los críticos decían: “La Biblia no es historia; es historia de la redención”, Cullman, Ridderbos y otros decían: “Sí, es historia de la redención, pero es historia de la redención”. El hecho de que la Biblia se ocupe de la redención no es una excusa para arrancarla del contexto de la historia real.

La Biblia está llena de alusiones a la historia real. Cuando nos acercamos a los documentos del Nuevo Testamento, llegamos primero a los relatos del nacimiento de Cristo, la famosa historia de navidad. Leemos: “Aconteció en aquellos días, que se promulgó un edicto de parte de Augusto César, que todo el mundo fuese empadronado. Este primer censo se hizo siendo Cirenio gobernador de Siria” (Lucas 2:1-2). En otras palabras, Lucas ubicó el escenario para el nacimiento de Cristo en la historia real. Personas como Poncio Pilato, Caifás y otros fueron personajes históricos reales. El faraón de Egipto, Ciro, Belsasar y Nabucodonosor fueron todos personajes históricos reales. Así que la Biblia habla sobre la obra de Dios en y a través del plano normal de la historia.

En el primer libro de su trilogía, Cristo y el tiempo, Cullmann hizo una distinción entre dos palabras griegas que se traducen como “tiempo”. Chronos es la palabra griega común que se refiere al paso del tiempo momento a momento. Yo uso lo que comúnmente llamamos un reloj de pulsera, pero el término más técnico es un cronómetro. Un cronómetro es algo que mide el cronos, el paso de segundos, minutos y horas.

La otra palabra, kairos, tiene un significado especial. Tiene que ver no solo con la historia sino con lo que llamaríamos lo histórico. Todo lo que sucede en el tiempo es historia, pero no todo lo que sucede es histórico. Utilizamos el término histórico para referirnos a momentos específicos en el tiempo que están impregnados de significado e importancia, momentos que lo cambian todo. El ataque a Pearl Harbor el 7 de diciembre de 1941, fue un momento histórico en la historia de Estados Unidos. Cambió nuestra cultura para siempre. El 11 de septiembre de 2001, también cambió nuestra cultura nacional para siempre. Ese también fue un momento histórico. Pero estos dos momentos, estos eventos kairóticos, no tuvieron lugar en una “tierra de nunca jamás” del pensamiento existencial y gnóstico, sino en el plano real de la historia.

En el corazón del anuncio bíblico de la venida del Mesías está la declaración de que Jesús vino en “la plenitud del tiempo” (Gálatas 4:4 LBLA). La palabra griega usada aquí es pleroma; tiene que ver con un tipo de plenitud que indica saciedad. Si coloco un vaso debajo de un grifo y lo lleno con agua hasta el borde, el estado de plenitud de ese vaso no sería igual al pleroma. Tendría que dejar el vaso debajo del grifo hasta que una gota más hiciera que el agua se derramara; eso sería pleroma. Es estar tan lleno que no hay espacio para agregar otra gota ni otra partícula de cualquier cosa. Eso nos ayuda a entender lo que la Biblia quiere decir cuando afirma que, en el plan de Dios, Cristo vino en “la plenitud del tiempo”.

Esta idea está relacionada de manera inquebrantable con el evangelio mismo. Cuando los apóstoles abordaron el evangelio en su predicación en el libro de Hechos o en sus cartas, hablaron de cómo Dios había preparado la historia para la venida de Su Hijo. Todo en la historia del Antiguo Testamento, antes del nacimiento de Cristo, avanzaba hacia ese momento kairótico. Todo después de la muerte, resurrección y ascensión de Cristo se remite a esos momentos kairóticos que dieron forma a todo el futuro del pueblo de Dios. Pero el contexto de la redención es la historia real, no algún ámbito espiritual que está fuera de las dimensiones medibles de la historia tal como la conocemos.

EL CONCEPTO HEBREO DE PACTO

En el Antiguo Testamento, la palabra traducida al español como pacto es la palabra hebrea berîyth. El Nuevo Testamento, sin embargo, está escrito en griego. La traducción griega del Antiguo Testamento, la Septuaginta, fue producida por judíos exiliados durante el proceso de helenización de Alejandro Magno, que hizo que las naciones y los pueblos subyugados hablaran griego. Para que las Sagradas Escrituras de los hebreos no se perdieran mientras los judíos eran forzados a hablar griego, un equipo de setenta eruditos judíos se reunió y tradujo las escrituras hebreas al griego. Ese fue un evento muy importante en la historia del judeocristianismo, porque allí comenzamos a ver cómo los conceptos del Antiguo Testamento se traducían al idioma griego, un idioma que no era nativo para el pueblo del antiguo pacto. La Septuaginta, por ende, es casi como una clave para descifrar un código, porque con ella podemos ver cómo los judíos tradujeron sus propias escrituras al griego y luego comparar cómo los escritores del Nuevo Testamento usaron el mismo idioma.

Uno de los problemas con los que lucharon los judíos que produjeron la Septuaginta fue la elección de una palabra para traducir berîyth del hebreo a al idioma griego. No había palabras que realmente coincidieran con el término hebreo berîyth, que ahora se traduce al español como pacto. La elección se redujo a un par de palabras y la que ganó fue diathēkē. La mayoría de las veces, diathēkē se usa en el Nuevo Testamento para traducir la palabra hebrea berîyth o el concepto hebreo de pacto.

Esta palabra, diathēkē, es en cierta medida la fuente de la confusión entre “antiguo pacto” y “Antiguo Testamento”, y entre “nuevo pacto” y “Nuevo Testamento”. La razón es que diathēkē puede traducirse no solo como “pacto”, sino también como “testamento”. Sin embargo, en la época de la Septuaginta, un testamento en la cultura griega tenía un par de cosas que lo hacían significativamente diferente del concepto de pacto del Antiguo Testamento. Primero, en la cultura griega, un testamento era algo que el testador podía cambiar en cualquier momento, mientras él estuviera vivo. Una persona podía elaborar su última voluntad y testamento, enojarse con sus herederos designados, y sacarlos del testamento. Yo les digo esto a mis hijos: “¡Están fuera del testamento!”. Por supuesto, solo estoy bromeando cuando digo eso, pero en realidad sucede que las personas pueden ser desheredadas, dejadas fuera del testamento de alguien. Sin embargo, cuando Dios hace un pacto con Su pueblo, puede castigarlos por romper Su pacto, pero Él nunca abandona las promesas del pacto que hace.

La segunda razón por la que diathēkē fue una mala elección es que los beneficios de un testamento no se reciben sino hasta después de que el testador muere. Pero cuando Dios entra en un pacto con las personas, ellas no tienen que esperar a que Él muera para heredar las bendiciones de ese pacto, porque Él no puede morir. Entonces, dadas esas dos grandes debilidades, nos preguntamos por qué los traductores de la Septuaginta eligieron la palabra griega diathēkē para traducir el hebreo berîyth.

Esto es relevante para nosotros porque los hebreos concebían un pacto no simplemente como un acuerdo, sino como un acuerdo aunado a la promesa divina, que reposa en última instancia en la integridad de Dios, no en nosotros como socios débiles del pacto. Esto es muy importante para nuestra comprensión de las promesas del pacto de Dios.

La otra palabra griega que fue considerada para traducir berîyth en la Septuaginta fue sunkatathesis. Tiene el prefijo sun- o syn-, que encontramos en las palabras sinónimo, sincretismo, sincronización y otras similares; significa simplemente “con”. La idea de sunkatathesis en la cultura griega era un acuerdo entre socios iguales. Pero los hebreos no habrían aceptado eso. Ellos no querían usar esa palabra como la traducción de berîyth porque querían señalar claramente que los pactos que Dios hace con Su pueblo se hacen entre un superior y un subordinado, no entre dos partes iguales. Por tanto, esa palabra fue rechazada.

Regresaron a la palabra diathēkē porque en su uso original, antes de que evolucionara en la cultura griega hasta usarse como la palabra para “testamento”, tenía una referencia a lo que se denomina “la disposición para uno mismo”. Un diathēkē tenía que ver con la disposición de un individuo de sus bienes o propiedades para sí mismo; es decir, se refería a su derecho soberano de determinar a quién se le daría su patrimonio. Ese era un elemento que armonizaba bien con el concepto hebreo, porque Dios elige dar Sus promesas a quien Él quiere darle esas promesas. Él hizo un pacto con Abraham que no hizo con Hammurabi. Él escogió a los judíos; no escogió a los filisteos. Él entró en una relación de pacto con ellos y dijo: “andaré entre vosotros, y yo seré vuestro Dios, y vosotros seréis mi pueblo” (Levítico 26:12). Esa no fue una elección que hicieron los israelitas, sino una elección hecha por Dios. Así que, si bien la palabra griega diathēkē conlleva cierta confusión por su contenido en la cultura griega, esta palabra, más que cualquier otra palabra en ese idioma, transmite la idea de algo más allá de un acuerdo que es tan importante para nuestra comprensión de la noción hebrea de pacto. Al observar los diversos pactos de las Escrituras, espero que sea más claro cuán importante es esto para nuestra comprensión de la estructura de la revelación divina.

DISTINGUIENDO LOS PACTOS

Como mencioné, usamos los términos “Antiguo Testamento” y “Nuevo Testamento”, así como “antiguo pacto” y “nuevo pacto”. Yo solía molestar a mis alumnos preguntándoles: “¿quién es el profeta más importante del Antiguo Testamento?”. Ellos decían: “Elías”, “Isaías”, “Jeremías”, “Ezequiel” o “Daniel”. Entonces yo les respondía: “No, no, el profeta más grande del Antiguo Testamento es Juan el Bautista”. Ellos siempre se indignaban. Respondían: “¿Qué quieres decir? ¡Él está en el Nuevo Testamento!”. Ese era el punto que quería transmitir. Jesús dijo: “De cierto os digo: Entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista” (Mateo 11:11). Sí, leemos del nacimiento de Juan el Bautista en el libro que llamamos el Nuevo Testamento. Pero en términos de la historia de la redención, o del plan de redención de Dios, el nuevo pacto aún no se había establecido en el momento del nacimiento de Juan. Leemos sobre él en el Nuevo Testamento, pero el periodo de la historia de la redención en que nació Juan fue el antiguo pacto. Él perteneció a ese periodo de la historia de la redención.

Hay un sinfín de debates sobre cuándo comenzó realmente el periodo del nuevo pacto. Algunas personas dicen que comenzó en el momento de la resurrección de Jesús y otras señalan el día de Pentecostés. Estoy convencido de que el nuevo pacto comenzó en el aposento alto la noche anterior a la muerte de Jesús, cuando Él cambió el significado de la Pascua y declaró la creación de un nuevo pacto en Su sangre—que Él ratificó al día siguiente en la cruz. Por tanto, creo que ahí es cuando realmente comenzó el periodo de la historia de la redención que llamamos el nuevo pacto.

Sin embargo, podemos ver la confusión, porque en nuestro uso más común del lenguaje, cuando hablamos del Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento, no estamos hablando de dos pactos; estamos hablando de dos colecciones de libros: las Escrituras del Antiguo Testamento y las Escrituras del Nuevo Testamento. Estamos hablando de dos segmentos del canon bíblico. En ese sentido, el uso de la palabra no tiene nada que ver con el concepto de testamento o voluntad. Cuando hablamos del antiguo pacto o del nuevo pacto, no estamos hablando del concepto de testamento, sino de un periodo de tiempo.

El periodo de redención del antiguo pacto no cubre toda la historia del Antiguo Testamento, porque el antiguo pacto no comenzó sino hasta la caída. Cuando nos referimos al antiguo pacto, nos referimos a lo que Dios prometió después de la caída. Por lo tanto, tenemos que hacer más distinciones y separar entre lo que llamamos el pacto de la Creación y el pacto de redención, y eso es justo lo que comenzaremos a hacer en el próximo capítulo.

GUÍA DE ESTUDIO
DEL CAPÍTULO 1

INTRODUCCIÓN

La palabra pacto se tergiversa mucho—especialmente en los círculos reformados. La dificultad radica en el hecho de que “pacto” sigue siendo un concepto difícil de comprender. Sin embargo, muchos teólogos lo tratan como un principio interpretativo central de las Escrituras y la historia de Israel. ¿Es realmente tan importante? ¿Realmente nos perdemos de algo en las Escrituras si dejamos el estudio de los pactos bíblicos a los eruditos? La respuesta es un rotundo “¡Sí!”. En este capítulo, el Dr. R. C. Sproul expone el significado de “pacto” y su desarrollo en la historia de la redención temprana.

LECTURA BÍBLICA

Génesis 21:27; 26:28; 31:44; Jueces 2:1-2; Esdras 10:3; Proverbios 2:16-17; Ezequiel 16:8; Malaquías 2:14

OBJETIVO DE ARENDIZAJE

1. Comprender el significado de la palabra pacto con relación al pacto de Dios con la humanidad.

CITAS

Conoce, pues, que Jehová tu Dios es Dios, Dios fiel, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos, hasta mil generaciones.

—Deuteronomio 7:9

BOSQUEJO

I. Palabras bíblicas

A. Berîyth: esta palabra hebrea se traduce al español como “pacto”. Cuando se usa para describir el pacto de Dios con el hombre, se refiere simplemente a un acuerdo que reposa sobre la soberanía de Dios con sanción divina.

B. Diathēkē: los eruditos que tradujeron el Antiguo Testamento al griego (cerca del 250 a. C.) usaron esta palabra griega que significa “testamento” para la palabra hebrea berîyth. Si bien no tiene un significado equivalente, “testamento” sí denota la noción de que Dios pacta soberanamente con quien Él quiere. Esta traducción ha llevado a cierta confusión. Un “testamento” puede ser cambiado en cualquier momento por el testador. Él o ella puede desheredar a los que estaban previamente en el testamento. Pero el testamento de Dios es firme. Otra insuficiencia de esta palabra proviene del hecho de que los beneficios de un testamento vienen después de la muerte del testador—no antes.

C. Sunkatathesis: esta palabra griega fue rechazada porque denotaba más un compromiso, propósito, origen y obligación mutuos. La Biblia describe a Dios como Aquel que es absolutamente fiel al pacto y no necesita depender de nadie para llevarlo a cabo.

D. Debemos tener en cuenta que el Antiguo y Nuevo “Testamentos” son divisiones literarias, y no debemos confundir ese uso de la palabra “testamento” con el concepto bíblico de “pacto”. ¿Quién fue el profeta más grande del Antiguo Testamento? ¿Se encuentra su historia dentro de las páginas del Antiguo Testamento?

E. Nuestra historia sobre el antiguo pacto comienza con la caída de la humanidad. Pero ¿hubo algún “arreglo” entre Dios y Adán antes de que él cayera? Los próximos tres capítulos explorarán este aspecto de los pactos bíblicos.

PREGUNTAS DE ESTUDIO

1. Berîyth es la palabra hebrea para “___________________” en español.

a. Acción de gracias

b. Fidelidad

c. Pacto

d. Ninguna de las anteriores

2. ¿Qué palabra del español se traduce de la palabra griega diathēkē?

a. Compromiso mutuo

b. Propósito mutuo

c. Testamento

d. Ninguna de las anteriores

3. Dios es descrito en las Escrituras como Aquel que es absolutamente fiel al pacto, __________________.

a. Sin embargo, necesita depender de la aprobación de una persona para ejecutar el pacto.

b. No necesita depender de nadie para su cumplimiento.

c. Necesita solo iniciarlo, mientras que depende de nosotros para terminarlo.

d. Ninguna de las anteriores.

4. ¿Quién fue el profeta más grande del Antiguo Testamento?

a. Isaías

b. Juan el Bautista

c. Jeremías

d. Ninguna de las anteriores

5. El “Antiguo Testamento” se refiere a ____________________.

a. El pacto mosaico

b. El pacto abrahámico

c. El pacto davídico

d. La compilación de escritos antiguos desde Génesis hasta Malaquías

6. Nuestra historia sobre el antiguo pacto comienza con _________________.

a. El pacto de redención

b. El ascenso de David al trono

c. El diluvio de Noé

d. La caída de la humanidad

GUÍA DE DISCUSIÓN

1. ¿Era la relación que Adán gozaba en el huerto con Dios necesaria debido a que Adán fue creado? ¿O fue un privilegio de gracia? ¿Qué parámetros eligió Dios para definir esa relación ( berîyth, diathēkē)?

2. ¿Por qué es adecuado llamar los diversos acuerdos que Dios ha hecho con la humanidad “pactos”?

3. ¿Cuáles son algunos de los elementos de un pacto bíblico como se describe en este capítulo?

4. ¿Crees que la Biblia misma merece ser leída en un marco de pacto, o crees que esto se ha superpuesto de manera errada sobre las Escrituras? Defiende tu respuesta bíblicamente.

5. Define las palabras berîyth y diathēkē, y cómo esta última es más apropiada que sunkatathesis para describir el pacto entre Dios y la humanidad.

LECTURAS SUGERIDAS PARA ESTUDIO ADICIONAL

• Robertson, O. Palmer. The Christ of the Covenants [El Cristo de los pactos], p. 27-53.

• Vos, Geerhardus. Biblical Theology: Old and New Testaments [Teología Bíblica: Antiguo y Nuevo Testamento], p. 19-26.

2
EL PACTO DE REDENCIÓN

La revelación bíblica que encontramos en las Escrituras es progresiva; es decir, hay un desarrollo gradual de la revelación de Dios. Él no nos lo da todo en el libro de Génesis. Pero a medida que la historia avanza a través del tiempo, Dios da más y más revelación de Sí mismo y de Su plan de redención. Esa revelación continua y progresiva no es correctiva. No es que la revelación más reciente corrija la antigua; Dios no necesita ser corregido. En cambio, Él aumenta o agrega contenido adicional a Su revelación a medida que pasa el tiempo. Y una vez más, la estructura básica que transmite esa progresión es la estructura del pacto.

¿Cuándo se hizo el primer pacto? En teología, encontramos evidencia de un pacto que no se muestra directamente en las Escrituras. Más bien, se deduce de cierta información extraída de las Escrituras, en particular de pasajes del Nuevo Testamento que tratan sobre nuestra comprensión de la misión, el propósito y la obra de Jesús. Hace algunos años, prediqué sobre el evangelio de Juan y recordé una vez más cuánto de este libro es un registro de las controversias que Jesús tuvo con las autoridades judías de Su época. Muchos de los debates entre Jesús y los fariseos o Jesús y los escribas tenían que ver con Su origen y la base para Su autoridad. Y una y otra vez en el evangelio de Juan, Jesús dijo que fue enviado por el Padre, que Él es el misionero supremo de Dios. Un misionero es alguien que es enviado y autorizado por la persona o el grupo que lo envía. Cristo se refería constantemente a Su origen, no al lugar de Su nacimiento en Belén, sino al cielo, desde donde fue enviado a la tierra por el Padre y fue autorizado por el Padre para hablar la Palabra del Padre.

Si entendemos que Jesús fue enviado y autorizado por el Padre, entendemos algo de lo que sucedió antes de que Dios creara el mundo, antes de que Dios creara a Adán y Eva, antes de que hubiera cualquier tipo de prueba en el huerto del Edén. En primera instancia no hablamos de un pacto que Dios hace con nosotros, sino de un pacto que fue forjado al interior de la misma Trinidad. En el lenguaje teológico, llamamos a esto el pacto de redención. Nos habla de un acuerdo que ha existido desde toda la eternidad entre las personas de la Deidad con respecto al plan de redención de Dios.

UNIDAD CON PROPÓSITO

Cuando yo era estudiante de posgrado en la década de 1960, se estaba gestando una controversia entre los teólogos alemanes. Ellos argumentaban que el ministerio de Jesús fue impulsado por Su deseo de vencer las inclinaciones vengativas y airadas del Dios del Antiguo Testamento. Esta idea se remonta a la herejía de Marción (cerca del 85-160 d. C.) en la iglesia primitiva, quien borró del Nuevo Testamento todas las referencias a Dios como el Padre de Jesús, porque pensaba que existía una incompatibilidad entre Cristo y el Dios del Antiguo Testamento. Todavía hay muchas personas que sostienen básicamente la misma idea. Dicen: “Bueno, me gusta el Jesús del Nuevo Testamento; es el Dios del Antiguo Testamento al que no puedo soportar; Él es un Dios tan vengativo”. Entonces, en la teología alemana surgió la idea de que Cristo vino en un esfuerzo por cambiar la mente de Dios, para convencerlo de que renunciara a Su propósito de juzgar a las personas y exponerlas a Su ira. Básicamente, entonces, la obra redentora de Cristo tuvo que ver con persuadir al Padre para que se relajara, por así decirlo. Por ende, Cristo nos revela misericordia, mientras que el Padre solo mostraba juicio.

No puedo pensar en nada que distorsione más el retrato bíblico de Dios Padre y de Dios Hijo que este tipo de teoría. El concepto detrás del pacto de redención es que el plan de salvación es concebido en la Deidad, y, en cierto sentido, es el plan del Padre. Es Él quien envía al Hijo al mundo. El Hijo no viene por Su propia iniciativa. De hecho, Jesús dijo: “De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente” (Juan 5:19). Así que el Hijo vino del cielo para hacer la voluntad del Padre en este mundo porque ellos dos, Dios Padre y Dios Hijo, están perfectamente de acuerdo desde la eternidad sobre la misión que el Hijo cumpliría en este mundo. El Padre y el Hijo son uno en Su propósito eterno—y podríamos agregar al Espíritu Santo, porque Él también está perfectamente de acuerdo con el Padre y el Hijo en cuanto al plan de redención de Dios.

Por lo tanto, creemos que hubo un pacto hecho entre las personas de la Deidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo) antes de la Creación. A menudo decimos que, en el plan de redención, el Padre envía al Hijo al mundo para redimir a Su pueblo; el Hijo lleva a cabo esa redención mediante Su obra de obediencia; y luego el Espíritu Santo aplica la obra de Cristo al pueblo de Dios. El Espíritu ilumina la Palabra de Dios para nosotros, regenera nuestro espíritu a una nueva vida, nos atrae hacia el Hijo y nos reconcilia con el Padre. En consecuencia, la redención es una obra trinitaria de principio a fin.

La gran verdad que reposa sobre el concepto del pacto de redención es que la redención no fue una idea de último momento en el plan de Dios. No fue el plan B de Dios, que Él se vio obligado a idear para corregir el desastre que la humanidad hizo con la Creación. No, antes de que Él creara el mundo, Dios tenía un propósito eterno de redención, un plan para redimir a Su pueblo en este mundo, y las tres personas de la Trinidad estaban totalmente de acuerdo con respecto a ese plan. Por lo tanto, la idea de pacto está arraigada y basada en el carácter de Dios.

OBEDIECIA ACTIVA Y PASIVA

Cuando pensamos en el desarrollo del pacto de redención, tanto la teología histórica reformada como la teología protestante en general hacen una distinción con respecto a la obediencia de la segunda persona de la Trinidad, Jesucristo. Es una distinción entre Su obediencia activa perfecta y Su obediencia pasiva perfecta.

La obediencia activa de Cristo tiene que ver con Su obra como el segundo Adán, colocándose voluntariamente bajo los requisitos de la ley, asumiendo la responsabilidad de guardar la ley en nuestro nombre y obedeciendo activamente todos los mandamientos que Dios requiere de los seres humanos. Jesús manifestó Su obediencia activa en aquella ocasión confusa cuando vino a Juan el Bautista para ser bautizado junto con toda la gente de Judea, porque Juan los había llamado a venir y ser bautizados como una señal de limpieza del pecado. Cuando Juan vio a Jesús, declaró que Él era el Cordero de Dios que iba a quitar el pecado del mundo (Juan 1:29), afirmando que Él era un Cordero sin mancha. Pero entonces Jesús pidió ser bautizado. Juan estaba horrorizado. Él exclamó: “Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?” (ver Mateo 3:13-14). ¿Qué respondió Jesús? “Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia” (Mateo 3:15). No pronunció un largo discurso sobre por qué quería que Juan el Bautista lo bautizara. Básicamente, puso a Juan en su lugar y dijo: “Solo bautízame; tiene que hacerse”.

Pero ¿por qué tenía que hacerse? Si Jesús iba a ser el segundo Adán, el nuevo representante del pueblo, Él tenía que cumplir en Su propia persona todas las obligaciones que Dios había impuesto a Su pueblo. En cierto sentido, Él se convirtió en la encarnación de Israel y tuvo que hacer todo lo que la ley exigía a esas personas, incluyendo someterse al bautismo como lo ordenó el profeta de Dios, Juan el Bautista. Así que Él procuró la obediencia activamente. Su comida era hacer la voluntad del Padre (Juan 4:34).

En contraste, también hablamos de la obediencia pasiva de Jesús. No podemos hacer una distinción absoluta, porque Jesús se sometió activamente a la aceptación pasiva de los requisitos del Padre, y esto se relacionaba con Su sufrimiento. Su obediencia activa es esa obediencia por la que logró la justicia perfecta y por lo tanto mereció la redención para Su pueblo. De ese modo Él nos proveyó con la justicia que necesitamos. Al mismo tiempo, Él asumió sobre Sí mismo los castigos que nosotros merecemos al someterse al juicio de Dios. Podemos ver esto más claramente en Su lucha en el huerto de Getsemaní, cuando Jesús tenía la copa de la ira divina frente a Él, la copa del juicio de Dios. Allí, Él dijo: “Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú” (Mateo 26:39). Evidentemente el Padre pidió que bebiera la copa y abrazara la cruz. En ese punto, Cristo fue pasivo. Estaba recibiendo Él mismo la maldición del antiguo pacto. Estaba recibiendo Él mismo el castigo de Dios a favor de Su pueblo.

Y todo esto fue acordado en la eternidad antes de que Cristo se hiciera carne y habitara entre nosotros. Él aceptó hacer la obra necesaria para nuestra redención. Por eso lo llamamos el pacto de redención entre el Padre y el Hijo y, por extensión, el Espíritu Santo.

GUÍA DE ESTUDIO
DEL CAPÍTULO 2

INTRODUCCIÓN

Conocer a Dios significa saber que Él es y será absolutamente fiel a Su pacto a favor nuestro. La Escritura no nos da todos los detalles del plan elaborado entre la Trinidad en el pasado. Pero sí revela la manifestación de ese pacto en el tiempo—desde la obra redentora de Dios a través de la nación de Israel en las historias del Antiguo Testamento hasta la aparición culminante del Dios-hombre, Jesucristo. En este capítulo, el Dr. R. C. Sproul estudia el tema del pacto en las Escrituras y el pacto intratrinitario y fundamental de la redención.

LECTURA BÍBLICA

Salmo 89:3-4; Isaías 42:5-9; 53:10-12; Lucas 22:28-30; Juan 10:18; 17:4-5

OBJETIVOS DE APRENDIZAJE

1. Entender la centralidad del tema del pacto en la Escritura.

2. Ser capaz de explicar qué es el pacto de redención y cómo se relaciona con la obra de Dios para reconciliar Su Creación consigo mismo.

CITAS

Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.

—Hechos 2:38-39

BOSQUEJO

I. Tema de las Escrituras: pacto

A. El concepto completo del “pacto” es básico para entender las Escrituras. Podemos incluso decir que la obra de Dios con y en la Creación se expresa en términos de pacto.

B. Un principio importante de este tema de las Escrituras es que la revelación es progresiva. Es decir, cada revelación subsiguiente de Dios no es una corrección de lo que Él ha dicho previamente; en cambio, cada revelación aumenta o agrega contenido a la anterior.

C. La palabra pacto no significa simplemente “acuerdo”. No debemos permitir que nuestros propios conceptos occidentales de “pacto” dicten el significado de las Escrituras. Pero muchos de nuestros conceptos sí tienen elementos que se encuentran en los pactos bíblicos (por ejemplo, “promesas”).

D. Los pactos bíblicos tienen una religiosidad más profunda inherente a ellos. Son forjados por sanción divina y representan una relación íntima entre promesas y cumplimientos (es decir, Dios siempre cumple Su palabra).

E. Por lo tanto, el cristiano debe caminar por fe—una fe que no es nada menos que estar completamente convencido de las promesas de Dios, que nos llevarán en gratitud a vivir en pacto con Él.

F. Esto, por supuesto, es imposible de hacer sin Su gracia. Si bien no hemos visto ni escuchado a Dios, Su Palabra ha sido dada por esta razón: para dar fe de la fidelidad de Su pacto.

II. El pacto de redención

A. Jesús estuvo rodeado de mucha controversia durante Su vida.

B. ¿De dónde vino? ¿Con qué autoridad? ¿Cuál era Su origen? Las respuestas a estas preguntas hacen referencia a este primer pacto entre la Deidad.

C. Cristo Jesús no vino para cambiar lo que Dios había revelado antes de Su llegada, o como se malinterpreta comúnmente, para mostrar misericordia en contraposición con el “Dios de la ira” del Antiguo Testamento.

D. Todo el tiempo, Jesús estaba haciendo la voluntad de Su Padre. Eran uno en Su propósito eterno. Él no hizo nada por Su propia iniciativa, sino que vino a causa de un pacto intratrinitario—un pacto que no era el “plan B”.

E. En este pacto, el Padre envió al Hijo, el Hijo llevó a cabo el plan, y el Espíritu aplicó la obra realizada del Hijo al pueblo del Dios trino.

F. Usualmente, se habla de la obra de Jesús en la redención de dos formas:

1. Obediencia activa perfecta: Jesús se sometió a Sí mismo de manera activa y voluntaria bajo la ley de Dios (por ejemplo, fue bautizado tal como debían hacerlo los pecadores que necesitaban ser limpiados). Jesús necesitaba cumplir todo lo que Dios requería que Israel hiciera. Por ende, Él se convirtió en la encarnación de Israel. Y como el Israel de Dios, Él logró la justicia perfecta y ganó la redención para Su pueblo.

2. Obediencia pasiva perfecta: es la obra que Jesús hizo en la cruz. Se sometió a las maldiciones del pacto, al juicio y la ira del Padre, en nombre de Su pueblo.

PREGUNTAS DE ESTUDIO

1. Cada pacto subsiguiente revelado en las Escrituras corrige los problemas del plan anterior de Dios.

a. Verdadero

b. Falso

c. Tanto verdadero como falso

d. No lo sé

2. El pacto de redención describe _____________________.

a. El acuerdo intratrinitario para redimir a un pueblo para la gloria de Dios

b. El acuerdo intratrinitario para condenar a un pueblo para la gloria de Dios

c. Tanto a como b

d. Ninguna de las anteriores

3. El pacto de redención fue lo que Dios hizo __________________________.

a. En respuesta a lo que lo había tomado por sorpresa: la caída de la humanidad

b. En respuesta al fracaso de la nación israelita de mantener el pacto de obras

c. Como plan de salvación para los pecadores a través de la muerte de Jesús en la cruz

d. Ninguna de las anteriores

4. ¿Cuál de las siguientes opciones describe mejor la “obediencia activa” de Jesús?

a. La pasión (muerte y resurrección).

b. Jesús se puso a Sí mismo bajo la ley de Dios y permaneció perfectamente en ella.

c. Jesús se puso a Sí mismo bajo la ley de Dios y la abolió por completo.

d. Todas las anteriores.

5. Gran parte de la Biblia está escrita en términos de _________________.

a. Ciencia

b. Pactos

c. Tanto a como b

d. Ninguna de las anteriores

6. ¿Por la autoridad de quién vino Jesús a la tierra?

a. La Suya propia

b. La del Padre

c. La del Espíritu Santo

d. Todas las anteriores

GUÍA DE DISCUSIÓN

1. De acuerdo con este capítulo y el capítulo anterior, ¿cuáles son los roles del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo en el pacto de redención? ¿Hay algunos pasajes de las Escrituras que refuercen tu respuesta?

2. Lee Juan 17:18-19 y Gálatas 4:4. ¿Cómo contribuyen estos pasajes a nuestra comprensión de un acuerdo entre la Deidad antes de la Creación?

3. Explica cómo el pacto de redención se relaciona con la salvación de los pecadores a través de la historia.

4. ¿Hay algunas partes de las Escrituras que vengan a tu mente cuando se habla del plan definido de Dios para Su obra de redención?

5. ¿Es el pacto de redención inconsistente con la idea de que tenemos libre albedrío para elegir de acuerdo con nuestros deseos? Explica tu respuesta.

6. En el pacto de redención, ¿aceptó el Padre invitar a categorías (es decir, a cierto grupo de personas) o a individuos al servicio del Hijo?

7. ¿Puedes definir o describir perspectivas erradas que hayas escuchado o leído sobre este tema? ¿Cómo responderías a la persona que sostiene que la idea de este pacto es pura especulación?

8. ¿En qué sentido está subordinado Jesús el Hijo a Dios Padre?

9. ¿Qué partes de las Escrituras muestran que Jesús asumió voluntariamente Su tarea (para empezar, Juan 10:18; Filipenses 2:8)?

LECTURAS SUGERIDAS PARA ESTUDIO ADICIONAL

• Robertson, O. Palmer. The Christ of the Covenants [El Cristo de los pactos], p. 3-25, 91-92.

3
EL PACTO DE LA
CREACIÓN (PARTE 1)

El primer pacto que Dios hizo con la humanidad es conocido por diversos nombres. A veces se le llama simplemente “el pacto adánico”. En otras ocasiones, se le llama “el pacto de la Creación”. Finalmente, a veces se conoce por el controversial título “el pacto de obras”.

El primer pacto se llama el pacto adánico por una razón obvia: fue hecho con Adán. Sin embargo, debemos recordar que el nombre Adán significa “hombre” en el sentido genérico, humanidad. La Biblia confirma, especialmente en el Nuevo Testamento, que cuando Dios hizo este pacto, no fue simplemente entre Dios y un individuo histórico en particular. En vez de eso, Adán representaba a toda la humanidad. Eso es muy importante para nuestra comprensión de la historia de la redención, porque Adán fracasó como nuestro representante. En consecuencia, cuando Cristo vino al mundo, una de las responsabilidades que el Padre le dio fue ser el “postrer Adán” (1 Corintios 15:45). Vemos este contraste mencionado varias veces en el Nuevo Testamento. Por ejemplo, Pablo escribió: “Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos” (1 Corintios 15:21). Así que el Nuevo Testamento enfatiza el contraste entre el Adán original y Cristo como el segundo Adán, porque ambos funcionaron no como individuos privados sino como representantes.

Dado que Adán representaba a toda la raza humana en el pacto que Dios hizo con él, todos los seres humanos que descienden de Adán participan en el pacto adánico. Como hijos de Adán, estamos necesariamente involucrados en una relación de pacto con Dios. Ese es un punto que a menudo se pasa por alto y se oscurece. La gente dice: “Bueno, no soy judío y no soy cristiano; por lo tanto, no tengo ninguna relación de pacto con Dios”. Algunas veces dicen: “Ni siquiera creo en Dios, por lo tanto, no hay manera de que pueda estar en una relación de pacto con Él”. Sin embargo, la visión bíblica es que todas las personas están en una relación de pacto con Dios, incluso si lo niegan. No podemos escapar de esta relación de pacto que se forjó entre Dios y nosotros en Adán. Pablo se refirió a la representación de Adán en su epístola a los Romanos, donde señaló que todos pecamos en Adán (5:12), a pesar de que no estábamos allí en el huerto del Edén cuando Satanás tentó al hombre y la mujer.

De modo que ninguno de nosotros está fuera del pacto. La pregunta es si somos guardadores del pacto o quebrantadores del pacto. Todos somos lo uno o lo otro, pero ninguno de nosotros está fuera del pacto. El pacto de la Creación fue incorporado al orden de las cosas antes de la caída, y las estipulaciones que Dios le dio a Adán en este pacto fueron, por extensión, dadas a toda la humanidad.

¿Las estipulaciones que Dios impuso a Adán en este primer pacto alguna vez fueron abrogadas o anuladas? A veces las personas argumentan que los mandatos que Dios dio a través de Moisés en el Antiguo Testamento ya no aplican para nosotros, o que los mandatos de Jesús aplican solo para los cristianos. Sin embargo, hay poco margen para discutir sobre los mandatos que Dios instituyó en la Creación. Cualquier ley introducida por Dios en el pacto de la Creación se extiende hasta donde la Creación se extienda. Por ende, dado que Dios santificó el matrimonio en la Creación, la santidad del matrimonio aplica a todas las generaciones. Ninguna cultura tiene el derecho ante Dios de prescindir de la santidad del matrimonio y decidir que las parejas pueden simplemente vivir juntas. La iglesia reconoce las ceremonias civiles de matrimonio y no restringe el matrimonio a la iglesia, lo que otorga al Estado el derecho de regular el matrimonio debido a la convicción de que el matrimonio se otorga no solo a judíos o cristianos, sino a todos los seres humanos. Es un estado que Dios bendice y santifica para toda la raza humana. Está incorporado en la Creación. Es por eso por lo que las cuestiones éticas con respecto a la naturaleza de la familia, las relaciones sexuales y el matrimonio trascienden a las consideraciones de las culturas contemporáneas. Estas cosas están arraigadas y fundamentadas en la Creación, por lo que nunca se pueden tratar como una cuestión de costumbre.

COSTUMBRE Y PRINCIPIO

En mi libro Cómo estudiar e interpretar la Biblia, incluí un capítulo sobre la difícil pregunta interpretativa de las costumbres y los principios. Leemos ciertas advertencias y exhortaciones en la Biblia, y preguntamos: “¿Estas cosas son obligatorias para los cristianos de todos los lugares y de todas las épocas, o eran simplemente costumbres contemporáneas de una cultura o era en particular, destinadas a desaparecer con esa cultura o era?”.

Sabemos que ciertas cosas son susceptibles de cambiar con la cultura. Por ejemplo, cuando damos nuestros diezmos, no le damos siclos a Dios. El principio de que debemos ser administradores de nuestra propiedad y apoyar la obra del reino de Dios permanece intacto, pero la forma particular de la moneda que usamos cambia de una cultura a otra y de una generación a otra.

Además, ciertas cosas están determinadas culturalmente. La Biblia llama a los cristianos en todos los lugares y en todas las generaciones a vestirse con modestia. Pero lo que es modesto en una cultura puede considerarse provocativo y obsceno en otra. Si nosotros en Occidente nos vistiéramos con poca ropa como algunas de las tribus primitivas del mundo, sería escandaloso. De modo que hay diferencias en la forma en que las personas se visten en distintas generaciones y culturas. Eso es algo que cambia; es fluido. Por esta razón, no exigimos que las personas usen túnicas y sandalias en la cultura occidental del siglo XXI simplemente porque eso es lo que usaba Jesús. El vestido es una cuestión de costumbre. El principio tiene que ver con lo que trasciende las costumbres locales y aplica a todos los cristianos en cualquier lugar y en todo momento.

A veces es muy sencillo entender la diferencia entre un principio y una costumbre. Tomemos el ejemplo del mandato de Jesús a Sus discípulos de salir pero sin llevar calzado con ellos (Mateo 10:10). ¿Significa eso que tenemos un mandato universal de Cristo para hacer evangelismo siempre con nuestros pies descalzos? Por supuesto que no. La forma en que las personas cuidaban sus pies en el primer siglo difiere de la forma en que lo hacemos en nuestras culturas contemporáneas. Pero no todas las cuestiones son tan simples. Consideremos el tema de la estructura de autoridad en el hogar o en el matrimonio. ¿Es la idea del liderazgo masculino en la casa una cuestión de costumbre o una cuestión de principio? Esa pregunta es debatida tenazmente en nuestros días.

Pensemos en un tema relacionado: el requisito de Pablo de que las mujeres cubran sus cabezas en la adoración (1 Corintios 11:4-6). Casi nadie hace eso en nuestros días, en gran medida porque se considera que es un mandato cultural. Si buscas diez comentarios sobre 1 Corintios, obtendrás diez opiniones diferentes sobre lo que Pablo esperaba, pero casi todos señalarán que cuando Pablo escribió 1 Corintios, la ciudad de Corinto era conocida por su inmoralidad y sexualidad, y era posible identificar a una prostituta porque andaba con su cabeza descubierta. Por tanto, se dice que a Pablo le preocupaba el decoro de la comunidad cristiana; es decir, no quería que las mujeres cristianas de Corinto parecieran prostitutas, por lo que les dijo que se cubrieran la cabeza.

Esa es la explicación que leemos en muchos comentarios. Pero tengo un problema con eso: Pablo nunca dijo en 1 Corintios que la razón por la que quería que las mujeres se cubrieran la cabeza era para que no parecieran prostitutas. Si el apóstol dio una advertencia que nos desconcierta, creo que es una labor legítima para el intérprete bíblico examinar la “situación de la vida” en la que se escribió el texto.

Creo que nos ayuda a entender la Biblia si leemos sobre cómo era la cultura de la época y nos preguntamos: “¿Cómo entendieron las personas en el primer siglo este texto o esta advertencia?”. Ese es un método legítimo de interpretación bíblica. Sin embargo, dado que el apóstol dio una razón para su mandato, no es legítimo descartar su razón y reemplazarla con un razonamiento especulativo que extraemos de nuestro estudio de la cultura de esa época.

En 1 Corintios, Pablo no solo dijo que las mujeres debían cubrir sus cabezas, sino que también dio una razón. La razón es que cubrir la cabeza es una señal de la subordinación de la esposa al esposo en la familia (11:6-10). Además, cuando Pablo dio esta orden, no apeló a la cultura local en Corinto; apeló a la Creación (v. 8-9).

Por tanto, debemos ser muy cuidadosos antes de descartar un mandato de Dios argumentando que se trata de una costumbre local que no es vinculante para nosotros. Si podemos equivocarnos al diferenciar entre costumbre y principio, hay un principio bíblico para enseñarnos cómo decidir—el principio de que “todo lo que no proviene de fe es pecado” (Romanos 14:23). En otras palabras, la carga de la prueba cuando observamos un mandato en las Escrituras recae siempre sobre aquellos que dirían que es una costumbre en lugar de aquellos que dirían que es un principio. Si la Biblia me dice que haga algo que parece ser una costumbre, y soy muy escrupuloso y trato una costumbre como si fuera un principio, todo lo que estoy haciendo es ser demasiado escrupuloso. Pero si tomo un principio que Dios ha establecido para Su pueblo y lo descarto como si se tratara simplemente de una costumbre, soy culpable de subvertir la propia ley de Dios. Y si encontramos algo que está arraigado en la Creación, eso es lo último que deberíamos tratar como una costumbre, porque si hay algo que trasciende las consideraciones locales, son los principios establecidos en la Creación, porque tales principios se mantienen vigentes mientras la Creación perdure.

EL PACTO DE OBRAS

Como mencioné antes, el nombre más controversial del pacto de Dios con Adán es “el pacto de obras”. En la teología reformada histórica en particular, se hace una distinción entre lo que se llama el pacto de obras y el pacto de gracia. La Confesión de Fe de Westminster, un documento reformado del siglo XVII, señala: “La distancia entre Dios y la criatura es tan grande, que aunque las criaturas racionales le deben obediencia como a su Creador, sin embargo, nunca tendrían disfrute alguno de Dios como bienaventuranza y galardón, a no ser por una condescendencia voluntaria de parte de Dios, la cual le ha agradado expresar por medio del pacto”. Luego agrega: “El primer pacto hecho con el hombre fue un pacto de obras, en el cual se le prometió la vida a Adán, y en él a su posteridad, bajo la condición de obediencia perfecta y personal” (7.1-2).1

Aquí es donde entra la confusión. En la primera sección, los redactores de la Confesión de Westminster expresaron la idea de que no tenemos un programa de derechos a partir de la Creación. Cuando Dios nos hizo del polvo, Él no tenía obligación de darnos prosperidad, buena salud o vida eterna. La criatura no puede decirle al Creador: “Debes hacer esto y lo otro por mí”. Cualquier beneficio que recibamos del Creador no proviene de una necesidad divina o algún tipo de ley externa que se impone a Dios por naturaleza. Al contrario, cualquier beneficio que obtenemos como criaturas proviene de la disposición personal de Dios.

En el primer capítulo, discutí cómo los eruditos que tradujeron las Escrituras hebreas al griego se decidieron por la palabra griega diathēkē para traducir la palabra hebrea para “pacto”, berîyth. Mencioné que finalmente se escogió diathēkē porque tenía el elemento de la disposición soberana. Eso es muy importante, porque en la cultura moderna hemos sido condicionados a pensar en términos de programas de derechos. Pensamos que si no recibimos ciertas cosas, hay algún error en la justicia. Pensamos que el Estado nos debe una educación universitaria. Nos debe un cierto nivel salarial. Nos debe esto, nos debe aquello. ¿De dónde sacamos esa idea? ¿Quién dijo que cualquier gobierno alguna vez le debía a su gente algo más que simplemente gobernar?

Al final, creo que así somos como criaturas. Desafortunadamente, dejamos que esa tendencia influya en nuestro pensamiento con respecto a cómo Dios se relaciona con nosotros. Dios no nos debe nada. Cualquier bendición que Él nos da proviene de Él voluntariamente, por Su gracia. Y ese principio está firmemente enunciado en la Confesión de Westminster: “La distancia entre Dios y la criatura es tan grande, que aunque las criaturas racionales le deben obediencia como a su Creador, sin embargo, nunca tendrían disfrute alguno de Dios como bienaventuranza y galardón, a no ser por una condescendencia voluntaria de parte de Dios, la cual le ha agradado expresar por medio del pacto”.

Esta verdad está entretejida en la naturaleza misma de las cosas porque “Él nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos” (Samos 100:3b). Somos nosotros Sus deudores. Estamos en deuda con Él por nuestra propia existencia. Le debemos todo; Él no nos debe nada. Sin embargo, Él nos bendice abundantemente y, como dice la confesión, nuestra participación en la bendición proviene de la “condescendencia voluntaria de parte de Dios, la cual le ha agradado expresar por medio del pacto”.

¿No significa eso que el primer pacto no es un pacto de obras sino un pacto de gracia? No, la distinción entre el pacto de obras y el pacto de gracia no pretende decir eso. El punto de distinción entre el pacto de obras y el pacto de gracia es qué condiciones impone Dios a los que estamos en pacto con Él para que experimentemos Sus beneficios.

Pienso que todos estamos de acuerdo en que el simple hecho de que Dios entre en un pacto con nosotros es una muestra de Su gracia. Debido a ese punto, hay algunas personas que se oponen a la distinción entre el pacto de obras y el pacto de gracia. Piensan que tal distinción oscurece la realidad de que cualquier pacto que tenemos con Dios es solo por Su gracia. Es por gracia que Él hace cualquier tipo de pacto con nosotros. Esta distinción necesita un examen más profundo, y lo veremos en el próximo capítulo.

GUÍA DE ESTUDIO
DEL CAPÍTULO 3

INTRODUCCIÓN

El primer pacto hecho entre Dios y la humanidad tuvo lugar en el huerto del Edén. Se ha llamado de muchas maneras y hay tantas opiniones con respecto a este pacto como hay teólogos. Pero es esencial para nuestra comprensión de este primer pacto entender cómo se relaciona con el pacto de gracia que le sigue. Algunos eruditos sostienen que simplemente no hay una justificación bíblica para llamar a este acuerdo en el huerto un “pacto”. El Dr. R. C. Sproul sostiene lo contrario, y una comprensión básica de este acuerdo como un pacto es necesaria para entender la obra culminada del Salvador. En este capítulo, el Dr. Sproul discute y explica los diversos nombres dados a este pacto.

LECTURA BÍBLICA

Génesis 2:17; Romanos 5:12-21; 10:5; Gálatas 3:10-14

OBJETIVO DE APRENDIZAJE

1. Reconocer y entender los diversos nombres del pacto de Dios con la humanidad en el huerto del Edén.

CITAS

Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.

—Génesis 1:27-28

El primer pacto hecho con el hombre fue un pacto de obras, en el cual se le prometió la vida a Adán, y en él a su posteridad, bajo la condición de obediencia perfecta y personal.

—La confesión de fe de Westminster, 7.2

BOSQUEJO

I. El primer pacto con la humanidad

A. Este pacto es conocido con varios nombres por diferentes razones.

1. Pacto adánico: la palabra adán significa de hecho “humanidad”. Dios hizo un pacto no solo con Adán la persona histórica, sino con aquellos a quienes él representaba. Este concepto se expresa de manera más clara en la carta de Pablo a los Romanos, en la que el autor hizo mucho énfasis en el “primer” y el “segundo” Adán. Ambos fueron representantes de toda la raza humana. Esto significa que aquellos que descendieron de Adán están necesariamente en una relación de pacto con Dios. No pueden escaparse o negarlo. La etnia no hace ninguna diferencia. Por ende, la gran pregunta es esta: ¿somos quebrantadores del pacto o guardadores el pacto? Toda la humanidad está en uno u otro campo.

2. Pacto de la Creación: se llama así porque las obligaciones del pacto fueron impuestas a todo el orden creado. Ninguna de estas ha sido abrogada jamás. Cualquier obligación divina instituida en la Creación se extiende tan lejos como la Creación misma. Un ejemplo de esto sería la santidad del matrimonio. Reconocemos el matrimonio en el mundo civilizado porque el matrimonio es para toda la humanidad—no solo para los antiguos israelitas o los cristianos.

a. Si está arraigada o fundamentada en el acto de Creación, una ley no puede ser reducida a una costumbre cultural.

b. Para comprender mejor ciertas partes de las Escrituras, debemos comprender la diferencia entre “costumbres” y “principios”. Las costumbres cambian, pero los principios generales no lo hacen. Por ejemplo, con respecto a la forma en que nos vestimos: ¿Las mujeres usan sombreros o no? ¿Debemos evangelizar sin zapatos, como Jesús instruyó a Sus discípulos? ¿Es la autoridad masculina en el hogar costumbre o principio?

3. Pacto de obras: este tercer nombre usado comúnmente para el primer pacto que Dios hizo con la humanidad es sin duda el más controversial. ¿Por qué? Porque muchos lo ven como una intrusión de la teología sistemática en la teología bíblica. Pero el crítico debe recordar que cada vez que se resumen los temas principales de la Biblia, se está haciendo teología sistemática. Ambos enfoques de la teología han demostrado ser igualmente útiles para la iglesia.

a. En la teología reformada en general, y en la Confesión de fe de Westminster en particular, se hace una distinción entre el pacto de obras y el pacto de gracia: cualquier beneficio que la criatura recibe proviene de la propia disposición personal de Dios. La criatura no tiene derecho a nada; Dios no nos debe nada, pero nos da voluntariamente (ver CFW 7.1). Por lo tanto, nosotros le debemos todo; es decir, le debemos nuestra misma existencia. Dios, en el simple hecho de comunicarse con Sus criaturas, debe condescender a ellas. Dios adapta esta condescendencia a nuestra comprensión humana, y en consecuencia toma la forma de un pacto. Nuestro próximo capítulo cubrirá las distinciones entre el pacto de obras y el pacto de gracia.

PREGUNTAS DE ESTUDIO

1. ¿Cuál de los siguientes no es un nombre para el pacto entre Adán y su Creador?

a. El pacto adánico

b. El pacto de obras

c. El pacto de redención

d. El pacto de la Creación

2. La palabra adán en realidad significa “________________________”.

a. Masculino

b. Humanidad

c. Arcilla

d. Uno

3. El primer pacto que Dios hizo con la humanidad a menudo se llama “el pacto adánico” porque ________________________.

a. Ese fue el nombre del primer hombre, Adán

b. El pacto fue hecho con Adán y con toda la raza que él representaba

c. Adán tomó la iniciativa de hacer este pacto con Dios

d. Ninguna de las anteriores

4. El primer pacto que Dios hizo fuera de Sí mismo a menudo se llama “el pacto de la Creación” porque ______________________.

a. Fue hecho con el primer hombre

b. Se impusieron obligaciones del pacto únicamente sobre el reino animal

c. Dios “creó” un pacto con Adán y Eva

d. Se impusieron obligaciones del pacto a todo el orden creado

5. La principal diferencia entre las costumbres y los principios es que ____________________.

a. No hay diferencia

b. Las costumbres cambian, pero los principios generales no lo hacen

c. Los principios cambian, pero las costumbres generales no lo hacen

d. Ninguna de las anteriores

6. El pacto de obras (sin duda, el nombre más controversial para el primer pacto que Dios hizo con la humanidad) _____________________.

a. No debe distinguirse del pacto de gracia

b. Es un resultado de sistematizar la teología bíblica

c. Tanto a como b

d. Ninguna de las anteriores

GUÍA DE DISCUSIÓN

1. Lee Romanos 5:12-21. ¿Cuáles podrían ser las razones bíblicas para llamar al pacto entre Dios y Adán “Adánico”?

2. ¿Cómo una comprensión clara del pacto adánico puede ayudarnos a entender el punto central de Pablo en 1 Corintios 15:12-28?

3. Lee Génesis 1-2. ¿Qué partes de este pasaje acentúan los elementos enfatizados en el “pacto de la Creación”?

4. Usando las Escrituras, describe algunas de las obligaciones del pacto que Dios impuso sobre Su Creación.

5. ¿Cuáles son tus opiniones sobre las costumbres y los principios, y cómo se relacionan con los temas tratados en este capítulo?

6. Explica por qué el pacto de obras debe considerarse una condescendencia de gracia por parte de Dios.

7. ¿Alguno de los nombres de este pacto es mejor que los otros? ¿Por qué sí o por qué no? ¿Crees que la teología sistemática impone principios no bíblicos sobre el texto sagrado?

LECTURA SUGERIDA PARA ESTUDIO ADICIONAL

• Robertson, O. Palmer. The Christ of the Covenants [El Cristo de los pactos], p. 67–74.

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