Kitabı oxu: «Correr con el alma es posible»

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Correr con el alma es posible
Testimonio de un maratonista

Fecha de Edición: Septiembre 2020

@2020, Abdala, Ramón

Corregido y redactado por Elena Abdala

Escritora magister, Licenciada en literatura.

eliana.abdala@yahoo.com.ar

Derechos exclusivos de edición digital reservados para todo el mundo.

Editado por:


ISBN: 978-987-47549-5-0

Editado en Argentina

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Correr con el alma es posible
Testimonio de un maratonista


Ramón Abdala

Dedicado

A mi madre que en algún lugar del universo está siguiendo mis pasos en el camino elegido. Ser un espíritu libre, valiente, intrépido, pleno de desafiantes aventuras sin límites.

Ramón Abdala (2020) Edad. 70 años Profesion. Odontólogo Residencia . Ciudad Capital, Provincia de Mendoza . Email. ramabdala2000@gmail.com

Agradecimientos

A mi prima Eliana Abdala por su colaboración desinteresada en la corrección y redacción del libro para que sea posible. La considero como una hermana del alma estoy eternamente agradecido.

Al Dr. Néstor Almagro entrañable amigo y maestro espiritual que está siempre presente en mi vida. A mi querido Néstor, gracias por estar y mostrarme el camino.

A todos mis amigos de aventuras, gracias por compartir experticias inolvidables que atesoro quedando para siempre en los recuerdos.

A las organizaciones deportivas, Canal Aventure, a su director Jerome Lollier, a Global Limits, a su director Stefan Betzelt por permitirme participar conocer países, culturas, tradiciones en diferentes lugares más recóndito del mundo, en contacto con la naturaleza pura y libre. Sin su aporte hubiera sido imposible tener experiencias enriquecedoras de vida.

Quiero agradecerle a Edelweis Briner, fue la encargada de organizar mis viajes, vuelos y estadías. Una verdadera aventura de dos hasta tres días para llegar a participar en competencias en el otro extremo del mundo.

También va mi agradecimiento al fotógrafo y amigo, Vicente Kronental por su excelente trabajo que me permitió testimoniar mi trayectoria con las mejores fotos constituyendo así un recuerdo inolvidable y un acopio documental.

Ramón Clemente Abdala.

Prólogo

Correr es un acto de libertad que me hace feliz, pleno, porque me contacta con mi ser interior donde los pensamientos fluyen, giran, se elevan y vuelven y luego permanecen en un estado de paz, encuentran una armonía difícil de explicar.

El aporte de este libro no es solo para hablar de lo que correr significa, sino que esa acción de correr apunta más allá del movimiento físico, apunta a la integridad del vivir humano, a la armonía del cuerpo, la mente y el espíritu.

La meditación ayuda a superar situaciones difíciles, a salir de ellas cambiado y fortalecido. La meditación muestra que, citando a Saint Exupéry: lo esencial es invisible a los ojos. La meditación muestra esa esencialidad porque volcamos la mirada y el pensamiento hacia el interior de nosotros y allí percibimos lo invisible para el mundo, lo que no se muestra.

No es fácil vivir el día a día desde otra mirada, desde otros paradigmas apuntando a ser mejores en una sociedad en la que privan los intereses por sobre las personas. Pero tomar conciencia de ello es lo que nos dará las herramientas para lograr una vida armónica y entender la felicidad.

Mi objetivo al correr no es competir, no es ganar, no es llegar antes. Es lograr lo que mi ser completo puede lograr y, sobre todo, disfrutar de la maratón. Desde esta mirada es posible superar objetivos impensados. Un ejemplo es el hindú Fauja Singh quien empezó a correr a los 86 años. Se decidió a hacerlo luego sufrir varias pérdidas de seres queridos, así su primera maratón de 42 km la corrió a los 89 años. Siguió corriendo y superando marcas y en la maratón de 2013 en Toronto, Canadá, los periodistas del mundo lo esperaban para reconocer su esfuerzo y trayectoria porque ya había alcanzado los 100 años de edad. Cuando le pusieron la medalla dijo: “Imposible… no significa nada”. Quiso decirnos a todos que no hay imposibles cuando el objetivo es claro y la voluntad firme.

Esta afirmación se basa en saber que somos energía, la materia es energía condensada y la disolución de la materia es energía y esa fuerza energética debe estar en movimiento –según Albert Einstein- retroalimentándose a sí misma.

Por lo tanto, partimos de la premisa de que la vida es un proceso en movimiento, no es estática. Debe ser sometida a movimiento, a exigencia porque la vida es un proceso cambiante y ese proceso es cada uno.

Una reflexión taoísta nos dice:

Pocos son los elegidos porque pocos se eligen.

Introducción

Escribo este libro de la misma manera en que puedo hablar con un amigo que vino a visitarme. Lo escribo como un diálogo cálido y espontáneo mientras tomamos unos mates. Porque quisiera sacar de mi corazón toda una vida que fue transformándose y brindarla para dar a conocer todas mis experiencias. Tal vez a alguien ayude. Tal vez sean valiosas. Tal vez podamos juntos comprender lo que nos pasa.

Lo que me llevó a mi transformación y a abrazar este deporte que amo y que es correr maratón fue tomar conciencia de la vida que llevaba. Reflexionar sobre ella y ahondar en las insatisfacciones y en los riesgos. Este descubrimiento de mi cuerpo y de mi espíritu me llevó a correr por los cinco continentes superándome en cada carrera.

Tomé conciencia de que vivimos mal a pesar del confort y por el confort. En primer lugar, porque se nos propone una vida sedentaria. Cada vez más sedentaria con tanta botonera y controles. Y toda esa tecnología que usamos a diario hay que pagarla y no siempre es fácil, provoca estrés y el estrés trae muchas dolencias físicas y algunas muy graves. Nos encierra, nos entretiene con pavadas, nos anula el cuerpo y nos priva de la alegría de movernos, de disfrutar del aire libre, del agua, de la brisa, de los pájaros, y de sentir el cuerpo en el esfuerzo y el espíritu en el logro.

También tomé conciencia que sin alimentación saludable no hay salud posible. Y la alimentación que nos ofrece la industria del alimento es toda dañina. Muy sabrosa, es cierto, pero nada saludable. Muchas grasas saturadas, muchos químicos que adulteran, muchos conservantes, gran cantidad de azúcar. Y profundizando y estudiando qué pasa con la alimentación y la salud, hice mío un mandato que pegué en mi cocina: Se come lo que se debe, no lo que se quiere.

Comprendí que el primer deber que todos tenemos es cuidar nuestra salud. Y hoy es muy difícil porque el interés económico de la industria del alimento maneja muy bien nuestra psiquis y nos hace adictos a todo aquello que es dañino para la salud. Entonces, salirse de los cánones instalados es sumamente difícil, pero necesario. Hasta donde es posible debemos manejar cada uno de nosotros la vida nuestra, y no permitir que nos la manejen por puro lucro de otros.

Tomar conciencia de cada uno de mis pasos, de mis decisiones, de mis elecciones me ha permitido vivir una vida plena y de libertad para alcanzar el objetivo de toda vida: ser feliz. Pero no se puede ser feliz en medio del estrés, el consumo inútil y la enfermedad.

Mahatma Gandhi dijo: He tomado sobre mi espalda el monopolio de mejorar una sola persona, ese soy yo. Sé cuán difícil es, pero no es imposible.

Reseña deportiva
Maratones y Ultra Maratones en 20 años del 2000 al 2020

2000 [42 km Maratón de Nueva York, U.S.A.] - 2001 [42 km Maratón de Praga Rea. Checa] - [42 km Maratón Internacional de Mza. Arg.] - [42 Km Maratón de Bariloche Arg.] 2002 [42 Km Maratón de Mar del Plata Arg.] - [42 Km Maratón de Viña del Mar Chile.] 2003 [56 Km. U.M. Two Oceans, Sudáfrica] - [42 km Maratón Internacional de Mza. Arg.] 2004 [42 Km Maratón de Mar del Plata, Arg.] - [60 Km U.M. del Mar Muerto Jordania] - [42 Km Maratón Internacional de Mza. Arg.] - [42 Km Maratón de Chicago U.S.A.] 2005 [42 Km Maratón Internacional de Mza. Arg.] - [42 Km Maratón Cuidad de Rosario Arg.] - [42 Km Maratón K42 Villa la Angostura Arg.] - [120 Km U.M. Desierto de Sahara Túnez] 2006 [42 Km Maratón de Disney Orlando U.S.A.] - [42 Km Maratón de Mar del Plata Arg.] - [42 Km Maratón De Great Wall Muralla China.] - [42 Km Maratón Ciudad de Bs. As. Arg.] 2007 [42 km Maratón de Marruecos Marrakech] - [160 km U.M. Desierto de Kalahari Namibia] - [42 Km Maratón Ciudad de Bs. As. Arg.] 2008 [42 Km Fin del Mundo Maratón Ushuaia, Arg.] - [42 Km Maratón Cuidad de Rosario, Arg.] - [42 km Maratón de Helsinki Finlandia.] - [42 km Maratón de Mar del Plata, Arg.] 2009 [42 Km Maratón de Londres Inglaterra] - [42 Km Maratón de Mar del Plata, Arg.] - [42 Km Maratón K42 Villa la Angostura, Arg.] - [42 Km Maratón de Berlín, Alemania] 2010 [250 km U.M. De Sables, Sahara, Marruecos] - [42 Km Maratón Internacional de Mza. Arg.] - [42 Km Maratón de Ámsterdam, Holanda] 2011 [100 Km U.M. Cruce de los Andes Arg.-Chile] - [50 Km U.M. North Face, Salta, Argentina] - [42 Km Maratón Internacional de Mza. Arg.] - [160 Ultra Maratón del Himalaya. India] 2012 [42 Km Maratón de Miami U.S.A.] - [80 Km U.M. Patagonia Running, Neuquén] - [42 Km Maratón Internacional de Mza. Arg.] - [42 Km Maratón de Río de Janeiro, Brasil] - [100 Km Ultra Trail Du Mont Blanc, Francia] - [42 Km Maratón K42 Villa la Angostura, Arg.] - [42 Km Maratón del Cerro Arco Mendoza, Arg.] 2013 [42 Km Maratón de Jerusalén, Israel] - [42 Km Maratón Internacional de Mza. Arg.] - [42 Km Maratón Internacional de Bs. As. Arg.] - [250 Km U.M. Desierto de Gobi, China] - [215 Km Ultra Maratón Burkina Faso, África] 2014 [235 Km U.M. Coastal Challenge, Costa Rica] - [42 Km Desafío Ansilta San Juan, Arg.] - [170 Km Ultra Maratón Salar de Uyuni, Bolivia] 2015 [520 Km Ultra Maratón TheTrack, Australia] - [80 Km U.M. Cuatro Refugio, Bariloche, Arg.] - [50 Km Iberá Trail Run, Corrientes, Arg.] - [275 Km Grand To Grand Ultra Arizona, U.S.A.] - [42 Km Exe.Race, Huerta Grande, Cba, Arg.] 2016 [42 Km Maratón Cerro Arco, Mza, Arg.] - [75 Km U.M. Am. Comechingones, Cba, Arg.] - [160 Km, Ultra Asia Race, Vietnam] - [42 Km Maratón Internacional, Lima, Perú] - [270 Jungle Maratón, Amazonas, Brasil] - [70 Km Yaboty Ultra Maratón, Misiones, Arg.] 2017 [70 Km Aconcagua Ultra Trail Mendoza, Arg.] - [200 K Peneda Gerés Trail Advent, Portugal] - [170 K Fiambalá Desert Trail, Catamarca, Arg.] - [50 Km Turmalina Ultra Trail Uritorco, Cba. Arg.] 2018 [220 Km Ultra Maratón Albania. [80 Km U.M. Paso Vuriloche, Bariloche, Arg.] - [102 k Tarawera Ultra Maratón, Nueva Zelanda] - [260 Km Burgos Ultra Stage Race, España] - [220 Km Ultra Maratón, Camboya] - [42 Km Margarita Trail Chaco Arg.] - [200 Km Ultra Maratón Bhutan] 2019 [80 Km Ultra Caballo Blanco Urique, México] - [100 Km Elton Ultra Maratón Rusia] - [100 Km Everest Trail Race, Nepal] 2020 [200 Km U.M. Sao Tome y Príncipe, África]

Desafíos personales año 2014

790 km Camino del Peregrino a Santiago de Compostela de S. Jean Pied de Port

Francia a Santiago de Compostela España.

Maratones de 42 km realizadas, 41 Finisher

1.730 Km Maratones de calles y aventuras

Ultra maratones más de 42 km hasta 520 Km, 36 Finisher

5.425 Km Ultra Maratones en cinco continentes

Maratones menos de 42 Km.

500 km Media Maratones de 21 km, 10 km y Maratones solidarias, 25

Prácticas de entrenamientos

80.000 Km de entrenamientos deportivos. Los kilómetros son estimativos.

Se calcula un 1O % de las competencias realizadas

Total de prácticas deportivas y atléticas

88.500 Km desde mis comienzos a la edad de 50 años hasta 70 años en el 2020.

Mi vida

Mi nombre es Ramón Clemente Abdala. Nací el 29 de agosto de 1949 en Rivadavia, Mendoza. Y si bien yo crecí en el centro urbano, el departamento se sustentaba con una economía rural, rodeado de fincas, quintas y bodegas. En mi niñez, vivía más gente en la zona rural que en la ciudad.

Mis padres fueron Clemente Abdala y Yolanda Reneé Chada, ambos descendientes de libaneses. Mis abuelos tanto paternos como maternos eran libaneses. Y eso significa mucho. Pues los libaneses son gente de trabajo y muy inteligentes para el comercio.

Tengo un hermano un año y medio mayor: José Salvador Abdala, casado con María del Carmen Pérez y tiene tres hijos que han realizado bien sus vidas.

En mis recuerdos, en mi infancia fui muy feliz, aunque no me diera cuenta. En medio de primos, tíos, abuelos y amigos, compartíamos diversión y afecto. Todos nos conocíamos en Rivadavia, y a cada paso alguien saludaba, se detenía, conversaba. Éramos partícipes de todos los acontecimientos privados y públicos, alegres y tristes. Pero lo que más recuerdo, las fiestas patrias y patronales de mi pueblo, con desfiles, kermeses, fuegos artificiales y grandes procesiones. Tal vez yo no entendía bien el significado religioso o político de cada fiesta, pero me divertía mucho. Más no necesitaba.

Los recuerdos más atesorados es que en la Rivadavia de entonces nadie cerraba la puerta con llave. La gente saludaba en voz alta y entraba, las casas eran de todos y no conocíamos la inseguridad. Recuerdo que había olvidado mi bicicleta en el correo porque me mandaron a echar unas cartas. Al otro día noto que no estaba en mi casa y recordé: fui a buscarla y allí estaba. Nadie la había tocado, pasó toda la tarde y toda la noche apoyada en una pared, por supuesto sin candado ni cadena, pero ahí estaba. Así era mi pueblo.

Jugábamos en la plaza a mil juegos, en la vereda, en el baldío, en el corralón de mi abuelo. Todo el espacio y todo el tiempo era nuestro. Todos los chicos amigos, pues las familias se conocían.

Cursé la primaria en la escuela estatal Bernardino Rivadavia –todos somos hijos de la escuela pública-. Quedaba a cinco cuadras de mi casa y siempre fui y volví solo. A ningún chico llevaban ni traían, salvo los niños de la campaña. Íbamos solos a la escuela, con lluvia, sol, frío o calor. El guardapolvo blanco, limpio y la maleta de cuero. Nunca conocimos calefacción ni estufas en las escuelas. Jugábamos en el patio, corríamos. En los inviernos, se escarchaba el agua en las acequias y jugábamos a romperla con el taco del zapato. Y no nos enfermábamos. En general éramos delgados y sanos. Pienso que se debe a dos factores: nuestras madres cocinaban muy sano y nutritivo, por ende, estábamos bien alimentados. Y el cuerpo se hace resistente, se adapta a la temperatura, pues la mayor parte del tiempo estábamos afuera. No voy a decir que no había enfermedades ni mortandad infantil porque estaría faltando a la verdad. Sí había problemas también. Pero nosotros no nos enterábamos.

Crecimos con valores que se respetaban. La autoridad la tenían los padres, no los niños, y sin tantas vueltas. A ningún padre se le ocurría cuestionar a la maestra o a la escuela (aunque no siempre tenían razón). Pero la escuela era una institución muy respetada por toda la comunidad, era como sacrosanta y nada que pidiera se le negaba. En la escuela cifraban los padres, pobres o ricos que allí, con el guardapolvo blanco éramos todos iguales, las esperanzas de un futuro promisorio para los hijos. Y esa promesa en infinidad de casos se cumplió. Yo cursé la escuela enciclopédica, del ascenso social posible. De libro de lectura, manuales, diccionario, compás, transportador, y simulcop. Con clases de gimnasia con zapatillas pampero bien blancas. Cuando recuerdo mi niñez, me siento agradecido con la vida.

El colegio secundario lo cursé en San Martín, a 18 km de Rivadavia porque era un colegio comercial, y en Rivadavia no había esa especialidad. Viajaba en colectivo o hacíamos dedo, alguien nos acercaba porque no temíamos nada parecido a la inseguridad. Cursaba a la mañana y las clases de educación física se daban a la tarde de manera que tenía que volver rápidamente a la escuela. Siempre encontraba una excusa para no ir porque la verdad, no me gustaba la actividad física. De adolescente no hice deporte alguno, era muy holgazán para eso.

Puedo asegurar que todos podemos ser atletas, deportistas a cualquier edad. Creo que un deportista se hace, no se nace. Es producto de la convicción y del trabajo. De la aplicación de las 10 P, a saber: práctica, perseverancia, paciencia, predisposición, progresivo, pensamiento positivo, poder pleno, presente y una plegaria de deportista.

No tengo ningún antecedente familiar que sea deportista, ni existía en la familia tal inquietud. No está en mis genes. Estuvo en mi deseo, en mi voluntad, en la alegría y la plenitud que encontré en el deporte. Por eso digo que el talento está dentro de uno, tiene que manifestarse y desarrollarse. La fortaleza no proviene de la capacidad física sino de la voluntad indómita.

Los estudios universitarios los realicé en la Universidad Nacional de Rosario. Llegué a aquella ciudad, a 900 km de casa, siendo un adolescente que creció en un pueblo. Una ciudad populosa, desconocida, donde nadie sabía quién era yo y a nadie preocupaba.

Cuando llegué, no sabía dónde quedaba la facultad de odontología. Pues me proponía seguir esa carrera. Y recuerdo bien, vi unos estudiantes que iban con guardapolvos blancos. Pensé: “estos deben ir a la facultad de medicina o a la de odontología” y los seguí. Así llegué a la facultad y me inscribí. Estaba seguro de que me gustaba odontología porque yo siempre tuve mucha habilidad manual y sobre todo destreza fina. Y, además, tiene un gran costado humanitario aliviar el dolor de la gente. Sin test vocacional, solo por intuición, siempre supe que era una carrera para mí. Aprobé el examen de ingreso y comencé mis estudios. Corría el año 1968.

La integración me costó. Mi manera de hablar, de vestir, mi pobre preparación del secundario. Todo fue un esfuerzo de superación. Pero poco a poco fui lográndolo, y finalmente fui uno más que tuvo amigos, compañeros, idas y venidas. Después supimos todos que no debíamos juzgar por las apariencias, que primero hay que conocer el corazón de las personas, pues todos tienen una historia.

Cursé y aprobé la carrera en tiempo y forma. Siempre rendí con buenas notas y eso implicaba muchas horas de estudio y mucha voluntad. Odontología es una carrera que necesita mucho dinero en material así que como estudiantes nunca teníamos un peso y en las horas y horas de estudio nuestro gran compañero era el mate. Cuando llegaban encomiendas de nuestras madres, era una fiesta: tortitas, bizcochuelos, frascos de dulces, y mucho más. Porque en seguida tuve amigos verdaderos y todo iba a la mesa para todos. Pelusa, de San Cristóbal, Liliana López, de Rosario, quien terminó con medalla de oro. Estudiábamos juntos en la biblioteca, en el laboratorio, con los libros o apuntes. Mucho les costará imaginarse a los jóvenes de estos tiempos que nosotros no teníamos fotocopias, ni computadoras, ni teléfonos, ni pendrive, ni internet… teníamos libros y apuntes… y mucha voluntad.

Me recibí el 11 de diciembre de 1974. La última materia fue Odontopediatría. La alegría que sentí no cabía en mi corazón. Sentía que había logrado mi objetivo. Supe que soy capaz, que puedo si me propongo algo, aunque sea difícil. Le mostré a mis padres, a toda mi familia que podían confiar en mí. Que yo no defraudo. El proceso interior en mi persona fue muy importante.

Pero faltaba algo más, y no poca cosa: el servicio militar. Había pedido prórroga.

En el sorteo me tocó el número 900, de manera que debía ser incorporado a la marina. Fui incorporado en forma inmediata y opté por hacer el curso oficial de marina en Bahía Blanca. Por ser profesional y aprobado el curso se me designó como guardiamarina odontólogo en el Hospital Naval Río Santiago en Ensenada –La Plata-.

Fue un tremendo cambio: de estudiante a oficial de marina. Viví dos años en el hospital compartiendo con oficiales. Fue otro esfuerzo de adaptación. Y fue difícil porque fue durante el proceso militar y yo sabía quiénes eran y qué estaba pasando. Yo no quería ser parte de ese gobierno. Había visto compañeros estudiantes desaparecer y yo tenía que disimular para que no desconfiaran de mí porque siempre estábamos en peligro. Puedo asegurar que no fue fácil vivir con una máscara tratando de mostrar otro yo, sufrí mucho, no estuve a gusto en ningún momento. Pude sobrellevar esa circunstancia no elegida sino por obligación cívica y eso puso a prueba mi templanza, mi capacidad de resiliencia y me dije “todo pasa” y así fue. Cumplido el plazo, pedí la baja y regresé a Mendoza.

En 1976 empecé a trabajar alquilando un consultorio en el centro de la ciudad. Por el momento no podía comprarme el equipamiento necesario porque es oneroso. Compartía con otros cuatro odontólogos. Los comienzos fueron difíciles porque no tenía clientes, solo familiares y amigos a quienes no les cobraba. Recuerdo tardes enteras sin turnos ni nadie que me requiriera y yo debía pagar el alquiler y vivir. Pero me dije con firmeza: “voy a triunfar, yo puedo” y poco a poco, por recomendaciones iba siendo conocido y empezaban a llegar los pacientes. Entonces agregué las mañanas. Los fines de semana preparaban las prótesis en un laboratorio para ahorrarme ese gasto. La competencia con los demás odontólogos acabó con la amistad, así que tuve que dejar ese sitio y mudarme.

A dos cuadras de allí conseguí una casa antigua estilo colonial inglés con frente de ladrillo visto. El resto era de adobe. Estaba averiada por un terremoto que la afectó. Pude comprarla pues pagué solo el valor del terreno, y la ubicación era muy buena, estaba en una zona muy linda del centro de Mendoza. Acondicioné siguiendo el estilo la sala de espera y el consultorio. La embellecí y nunca le hacía faltar flores para lograr un ambiente agradable. Los pacientes me siguieron y mi clientela aumentó notablemente. Trabajaba toda la mañana y toda la tarde, inclusive hasta la noche porque muchos nuevos pacientes podían venir después que terminaran sus ocupaciones.

Los odontólogos trabajamos en un consultorio encerrados. En invierno era difícil disfrutar del sol y del aire libre. Y comencé a sentir la necesidad del ejercicio, de las salidas.

Al poco tiempo de tener mi casa y mi consultorio propio, mi madre se enferma gravemente. La traje a Mendoza y la interné. Fue un largo peregrinar de terapias, médicos y remedios, todos ambientes desconocidos para mí. En esta circunstancia la vida me da otra lección: tomo conciencia del gran negocio de la medicina. Y detrás de ello, la deshumanización. Mi madre estaba en terapia intensiva, conectada, con un cuadro irreversible. Entonces me enfrenté a los médicos porque les pedí que la sacaran de allí. Yo tomé la decisión y me hice responsable. Yo no podía ver sufrir a mi madre conectada, obligada a vivir sin esperanzas. Yo sabía bien por la profunda conexión que siempre tuve con ella. Ni hablar de la gran cantidad de medicamentos que me pedían, listas por hora, que no hay cuerpo que pueda absorber esa cantidad de remedios. Y yo sé que todos ellos tapan el síntoma y no curan –al menos el cuadro que mi madre sufría- y además traen complicaciones secundarias. Así que insistí en desconectarla. Porque yo creo que hay que preservar la vida, no la agonía.

Así, en 1983 fallece. Una paz tremenda embargó mi corazón porque como hijo hice todo lo que estaba a mi alcance. Sé que en algún lugar me está escuchando: gracias madre, por haberme dado la vida y poder ser yo como soy.

Una consideración: la industria farmacéutica es la que más factura en el mundo después del petróleo y la publicidad. Entonces vivimos una sociedad enferma y una economía vigorosa.

Me encargué de todas sus pertenencias, de repartir y ordenar lo suyo. Fue una enseñanza, un despertar para mí. Ella vivió atada a su tiempo con más ilusión que realidad. Tenía ropas finas, elegantes y un tapado de piel, pero ella siempre estaba vestida con un batón en la cocina. El comedor impecable y el juego de porcelana preservado para ocasiones especiales que nunca llegaron. ¿Qué pasó con todo eso? Al tapado de piel se lo comieron las polillas, la ropa elegante quedó en un baúl y nadie la quiere, el juego de porcelana desapareció, no sé quién se lo llevó y en el impecable comedor la velamos, se abrió para la última despedida de su casa. Pensé que es un gran error esperar ocasiones especiales para disfrutar de la vida, que esas ocasiones nunca llegan y que las cosas son para uno, no al revés. Entonces me dije: la realidad es el presente. Vivir el presente aquí y ahora es lo verdadero, lo demás es pura ilusión no vivida.

Y pensando en eso, empecé a viajar. Nunca había salido del país. Me inscribí en un congreso de odontología en Japón, un lugar que despertaba toda mi curiosidad. Fue una gran experiencia y admiré mucho esa sociedad: cultura, espiritualidad, orden, disciplina, limpieza y voluntad férrea de superación llegando a ser una potencia después de tremenda derrota en la segunda guerra mundial. Mi pregunta es cómo lo lograron, cuál es la clave, porque Japón es una pequeña isla sin recursos naturales ni petróleo, ni materia prima y superpoblada, además. Debo decir que me identifiqué plenamente con el espíritu y el hacer de la sociedad japonesa. La perseverancia es una de sus virtudes.

Y viene a cuento las palabras de Mandela que hice mías: no me juzgues por mis éxitos, júzgame por la cantidad de veces que me caí y me levanté de nuevo.

De Japón viajé a India y a Tailandia. Allí encontré solo miseria, hambre, abandono, muertos en las calles. El lugar en que trabajó Teresa de Calcuta, que solo podía ofrecer algo de dignidad al morir. Pero lo que me llamó la atención fue la aceptación de vivir en esas condiciones con un conformismo absoluto. Parecían estar en paz con toda esa miseria. Como no soy de juzgar, empecé a leer Bhagavad – gita, un texto religioso. Con el propósito de entender, de comprender la mirada de ese pueblo. Entendí que las castas sociales son partes de la religión. Creen que la vida es eterna y creen en la reencarnación y se debe aceptar lo que toca, no se puede pasar a otra casta. No creen que mueren, creen que trascienden, que el alma se eleva. Conviven en armonía budistas, hinduistas, jainistas porque los une la idea común del ser sagrado espiritual. Este libro iniciático me llevó a informarme más leyendo otros libros: Krishnamurti, Osho, Deeprak Chopra, Eckhart, Tolle entre otros. Recuerdo cuando iba a Buenos Aires pasaba horas leyendo en la librería Ateneo o Kier zambulléndome en las enseñanzas taoístas que muestra un camino de iluminación y paz espiritual.

Empecé a practicar tai chi chuan, una disciplina milenaria de la cultura china que es una filosofía de vida, donde se considera de mayor importancia el cultivo de la salud a través de la respiración energética, el correcto control de la energía vital y la meditación en movimiento. Lo experimento cuando corro y esa forma potenció mis capacidades.

Así fue transcurriendo y cambiando mi vida en el día a día: compatibilizando mi responsabilidad en el trabajo profesional y buscando permanentemente la superación para creer y gozar, siempre con estos objetivos por delante. Me fui transformando, el Ramón de ayer no es el mismo de hoy y no será igual mañana. En realidad, todos estamos cambiando siempre. Porque la vida es energía en movimiento, lo que no se mueve está muerto. Somos como un árbol que cambia continuamente, no como un poste estático. Aprendí que estamos vivos porque estamos en movimiento, si quieres que algo muera, déjalo quieto. Trato de ser artesano del presente y construir el arte de vivir. Para eso no hay recetas, cada uno tiene que encontrar su camino. Porque cada uno es único y lleva sus propios deseos y sus propias cicatrices. Está en el universo.

También cambié la forma en que atendía a mis pacientes. Un trato amistoso. Conversaba con ellos cómo era su vida, sus hábitos, sus comidas. Quienes estaban sanos y vitales, tenían en común el movimiento y el deporte. Aprendí mucho de ellos.

Mi vida era satisfactoria, y me acercaba a los 50 años. ¿Qué más hay? Algo pedía adentro, un vacío de insatisfacción pese a todos los logros a lo largo de mis años. Sentía que solo pasaba por la vida. A los 50 años tenía experiencias, confianza en mí mismo, algo había aprendido de la vida. He aprendido que todo lo que uno incorpora en la vida viene de afuera a través de la familia, la escuela, la iglesia, la cultura. Es importante como guía, pero no conduce a la esencia del ser. Porque yo busco ser, más que pertenecer. Así, me di cuenta que la felicidad es interior a uno, y depende de cada uno. La alegría es un estado interior, que no es diversión, es felicidad. Y es invisible a los ojos. Así, yo elijo en la segunda etapa de mi vida ser feliz, ser sano, completo, buscar la paz interior en un constante crecimiento espiritual.

En el año 2000 me hice un regalo de cumpleaños muy especial: correr la maratón de Nueva York. Yo nunca había corrido más de 5 km. En mi favor contaba un cuerpo sano, una mente equilibrada y espíritu de superación.

El desafío fue creciendo y ya no me satisfacía correr en las ciudades, busqué maratones más difíciles. Y comencé a correr en los ultra maratones: el primero y que fue el puntapié inicial fue en 2003: Two Oceans Maratón. Consistía en correr 56 km en Ciudad del Cabo, Sudáfrica, uniendo el océano Atlántico con el océano Índico. Fue una experiencia maravillosa, la disfruté tan intensamente que de inmediato comencé a buscar y anotarme en maratones exigentes, ultras, porque en mí es una pasión que no tiene límites.

Templar el espíritu

La palabra atletismo proviene del vocablo griego athlon, que significa lucha, combate, fuerza. En el caso de maratón la lucha es contra uno mismo y los límites propios puesto que no se compite contra un rival. Como deportistas de alto rendimiento nos moviliza el deseo de superación, de vencer circunstancias, barreras, obstáculos y llegar a la meta. La adversidad hace templar el carácter, saca lo mejor de las personas y se resuelve en fortaleza. Es el propio guerrero interior porque el oponente no está frente a uno sino dentro de uno. Así: no sabes lo fuerte que eres hasta que ser fuerte es la única opción.

Cuando estoy detrás de la línea de largada de una carrera de ultra distancia y comienza el conteo regresivo: 5…4…3…2…1… miro a mis compañeros y me digo que estamos aquí porque tenemos confianza, porque nos sabemos fuertes, porque nada será fácil una vez largada la carrera. Horas corriendo kilómetros y kilómetros, con temperaturas extremas, con lluvia, con vientos, con nieve, con sol, en terrenos de montaña, de desierto, atravesando ríos… con el cuerpo cansado, cansadísimo, con ampollas en los pies y a veces con calambres. Es entonces cuando surge el guerrero interior y voy repitiendo una y otra vez: el cuerpo no siente nada, todo está en la mente, la mente puede ser conscientemente influenciada por la voluntad y la voluntad por el espíritu. Cuando decae la voluntad comienza el fracaso.

Si los cuerpos están conformados de manera similar ¿dónde reside la diferencia? Pues en el espíritu. La vida se expande o se contrae en proporción al coraje. Es la diferencia entre tener voluntad para realizar los sueños o tener solo deseos. Pues, la mente es todo, en lo que piensas te conviertes. (Gautama Buda)

Libertad consciente

Correr es un acto de libertad que me hace sentir feliz, pleno, conectado a mi ser. Encontré el despertar de mi vida en el camino señalado por Buda, ese príncipe que quinientos años antes de Cristo se sentó debajo de un árbol hasta encontrar la liberación. Logró liberarse del sufrimiento y nos legó cuatro verdades. El camino embarcado se llama Bodhisattva, término compuesto por Bodh: supremo conocimiento, iluminación; sattva: ser. Un ser iluminado lleva a un estado de paz, de gozo y de bienestar del alma. Me dije: por qué no tomarlo y comencé a transitarlo.

Liberar la mente de la cautividad egocéntrica, del querer –función de la mente- al sentir –función del corazón-. De la ignorancia a la sabiduría, de la bipolaridad de la mente a la unidad del amor, de Dios, de uno, de la energía universal indiferenciada.

La verdad hace libre y es necesario ir aprendiendo a morir en cada acto, es la única manera de encontrar la libertad consciente. Es un trabajo del alma. Ser libre es vivir el milagro de la vida, la aventura de lo imprevisto, el asombro.

El individuo atado al consumismo, creyendo calmar la ansiedad y la angustia existencial carece de luz interior y por ello no tiene paz, pero cree que satisfaciendo sus deseos logra esa paz. Pero inmediatamente surge otro y otro deseo de cosas, y las cosas no satisfacen la necesidad interior de luz. Como establece mi amigo Néstor Almagro, tomar conciencia es el primer paso para dar el salto cualitativo para encender la lámpara interior y compartirla. Salir de la zona de confort para disfrutar con el alma, un goce especial que surge del sentido trascendente de la vida.

La libertad consciente es un estado del alma humana que no sucumbe, no claudica, no se rinde ni en el cautiverio ni en la muerte. Está más allá de todo pensamiento, dogma o estructura porque ha dado el salto cuántico cualitativo, se aproxima a vivir en libertad, armonía, paz y amor. Ha trascendido todo condicionamiento, apego al dolor, sufrimiento, lucha o egoísmo. Da un carácter sagrado a la existencia, cambia la calidad de la conducta, el valor de las relaciones, la autoestima, jerarquiza al prójimo sin discriminación. Percibe el amor de una manera diferente, mira directo al alma de la gente, aprecia la vida. Vive cada minuto como el milagro de estar vivo y se maravilla de la existencia de todo el universo.

Albert Einstein sostenía que un ser humano es parte de un todo al que llamamos universo, una parte limitada en tiempo y espacio. Experimenta sus pensamientos y sentimientos como algo separado del resto, una especie de ilusión óptica de su conciencia. Esa ilusión es para nosotros una especie de prisión que nos limita a nuestros deseos personales y al afecto por unas pocas personas que tenemos cerca. Nuestra tarea debe consistir en liberarnos de esa prisión ampliando nuestro círculo de compasión hasta llegar a abrazar todas las criaturas vivientes y a la totalidad de la naturaleza en su belleza. Nadie es capaz de lograrlo completamente, pero la búsqueda es un logro en sí misma, parte de la liberación y base de la seguridad interior.

La libertad consciente solo es posible a través de la experiencia, de la práctica, del ejemplo, sobre todo del hacer. Nadie es buen jinete porque solo habla de caballos.

La libertad es una aspiración máxima del ser humano, es la forma única de humanidad, por eso está en las canciones, en los himnos, en las constituciones, en los escudos, en las declaraciones. Pero es necesario romper los condicionamientos mentales para poder ejercerla realmente. Tanto condiciona al ser humano, que no hay humanidad sin libertad. Es más importante que el amor porque sin libertad no hay amor y sin amor no hay humildad y sin humildad no hay atención, pues sin atención no hay observación, la observación lleva a la comprensión y la comprensión a la comunión. Entonces la comunidad es posible. La libertad consciente está en la cima de toda condición.

Tao te ching

Tao significa camino, vía. Ching, libro sagrado. Un testamento espiritual dejado por Lao Tse. Estas enseñanzas milenarias fueron impartidas en forma verbal de maestro a discípulo para el pueblo de China porque sufrían, estaban continuamente en guerras, con la intención de dar un camino de alivio. Busca vivir en armonía con todos los seres vivientes porque todo tiene vida en el cosmos. También tomé las enseñanzas del taoísmo y las integré a las de Buda porque no se diferencian demasiado. Más bien son complementarias.

Yo quisiera transmitirles los cinco pasos del camino elegido, sin exactitudes, pues fueron transmitidos en forma oral porque en China no existía la escritura en esa época, al menos no estaba al alcance de las personas. Pues se interpreta de esta manera:

El movimiento es energía, es vida, es el correr. Todo lo que vive está en continuo movimiento: el agua es vapor, es nube, es lluvia. La semilla es planta, es flor, es fruto. Lo que cambian son las formas, de modo que no deben ser rígidas las formas porque la vida es un proceso y cada uno de nosotros es un proceso.

Ser flexible y suave como el pasto tierno, no duro como un árbol viejo. Ser fluido es ser como el agua que penetra en todos los poros, como un río manso que riega las orillas y no se detiene, ya sea que vea algo hermoso o algo malo, nunca se detiene, siempre sigue su curso. Así es la humildad, es la aceptación de lo que nos toca en el curso de la vida.

Ser conscientes con solo respirar. La vida debe vivirse a conciencia. La respiración es el sustento de la vida, con la primera respiración venimos al mundo y nos despedimos con la última. Ser conscientes es lo que nos diferencia de los animales. Si se está consciente de la respiración, no se está pensando en otra cosa. La meditación consiste en ser consciente de vivir cada minuto del presente. La mente debe dominar los deseos. Nadie hace sufrir tanto como la propia mente, y al mismo tiempo nadie puede dar más paz, gozo y bienestar que la propia mente. En lo más profundo del ser se encuentra esa serenidad que lleva a la armonía si se consigue traspasar la agitación de la superficie del pensamiento. La mente debe ser el alumno de cada uno, no el maestro.

Tierno y puro como un niño recién nacido que no está condicionado por la sociedad. Los niños disfrutan lo que hacen y no tiene ningún propósito. El niño juega porque le da placer, sin intereses y sin prejuicios. Hasta que le enseñan a tenerlo. El proceso educativo lo condiciona ya sea por parte de los padres, de las escuelas o de las iglesias. La educación no debiera ser como vasos para llenar sino fuegos para encender. No hay más cielo ni infierno que el que está dentro de uno. El mensaje de Cristo es de amor, jamás puede castigarte. Así la vida debe vivirse cada momento con un disfrute sin más propósito que dar alegría al espíritu.

Al final del camino haber logrado ser un hombre centrado en sus principios espirituales. Este camino eleva, centra, equilibra para llegar a ser un hombre sabio. Conectado al interior de uno mismo que se maravilla de la vida y de la magia de estar vivo.

En la sociedad occidental, llevar una vida espiritual elevada es muy difícil. Es difícil abstenerse del consumismo y sentir que no se necesita casi nada de lo que nos ofrecen porque en ninguna de todas esas cosas radica ni mi realización espiritual ni mi felicidad. Un día, caminando por el centro me encontré un amigo. Hacía mucho tiempo que no nos veíamos y entablamos un diálogo acerca de nuestras vidas. Le comenté lo que hago en mi diario vivir y cuando terminé me dijo: vos no sos normal. Le contesté: sí, en este mundo no soy normal, pero ¿sabés una cosa? soy muy feliz. Mi amigo no tuvo respuesta.

Me quedé pensando y pensé mucho. Y supe de mí mismo que yo soy una persona normal pero mis hábitos no son los que todos tienen. Es decir, mis comidas, mis entrenamientos, mis reflexiones, mi espiritualidad no condice con el consumismo y con el materialismo excesivo que se impone en esta sociedad. Yo no encuentro satisfacción en las cosas. Las cosas las necesito, pero no son el centro de mi vida. Pero me dije también que si vivo en Mendoza es por algo, que tengo una misión aquí. Y aquí me quedo. Porque cada copo de nieve cae en el lugar que tiene que caer. Mientras me aferro a la sabiduría del budismo y del taoísmo y a mis reflexiones diarias y al tai chi chuan. A mis entrenamientos diarios y a mis ultra maratones.

Yo siempre me identifiqué con estos principios y cuando los conocí supe que estaban hechos a mi medida. Tratar de vivir según ellos me llena de alegría. Pues según estas creencias y que yo comparto, no somos seres humanos con experiencia divina, somos seres divinos con experiencia humana. Es decir, todo ser humano es sagrado.

La búsqueda del tesoro.

El tesoro más valioso está muy cerca de cada uno de nosotros. Encontrarlo nos hace afortunados: cuidar nuestro cuerpo y nuestra mente.

El cuerpo es el templo del alma y es necesario cuidarlo lo mejor que se pueda. En primer lugar, con alimentación saludable, no contaminados con químicos. Procurar alimentos orgánicos de alto valor energético: frutas, verduras, hortalizas frescas de la temporada y del lugar.

En cuanto a la mente, también es necesario cuidar y vigilar bien lo que entra. Procurar que los pensamientos sean positivos y como en un jardín, quitar las malezas. El universo no castiga, no bendice, no controla, el universo responde a las vibraciones que cada uno emite. Si se es feliz, si se piensa feliz, la felicidad viene, si se es negativo, la negatividad vuelve. Lo que enviamos al universo el universo nos devuelve como un eco.

La energía es movimiento de vida que nunca se detiene. Cuando esto sucede es como el agua estancada que se pudre. Entonces el cuerpo se enferma. Este concepto es la base de la medicina china. La acupuntura es el desbloqueo de la energía. Cuando el cuerpo se mueve fluye la vida, el oxígeno, y los órganos y músculos se masajean. Es necesario moverse para mantener el cuerpo sano. Si quieres que algo muera, déjalo quieto.

En esas tradicionales y antiquísimas culturas, saben que la longevidad se logra con tres actitudes básicas: cuerpo sano, pensamientos positivos y movimiento permanente.

El amor es la propia existencia porque estamos hechos de esencia amorosa. No se busca el amor porque lo tenemos en nosotros como persona amorosa que somos. El amor es la fuerza más poderosa del mundo, el amor no es ser bueno, sino ver lo bueno en todo. Vivir en el ser es servir al amor.

La felicidad es la conquista de un viaje interior y se encuentra cuando no se busca. La felicidad es simple, lo difícil es ser simple.

La armonía es equilibrio, es percibir la eternidad del presente dejando atrás las oscilaciones egocéntricas entre la ansiedad del futuro y las angustias del pasado. Armonía se logra viviendo el aquí y ahora sin temor, en paz. La energía interior vital, que es invisible, fluye y sale a la superficie si se logra armonía, y entonces simplemente aparece la felicidad.

El tesoro está al alcance de la mano, dentro de cada uno.

Alimentación consciente.

Decidí empezar en el camino del naturismo, no por enfermedad ni otros problemas, fue una decisión personal. Me sentía muy bien físicamente, pero quería estar mejor, con más energía, más vitalidad, ligero, limpio de mente y mantenerme sano. Porque comprendí que sin alimentos sanos no existe salud posible. Cuando hay salud y paz interior, se manifiesta el talento.

Este cambio de alimentación me significó el comienzo de una nueva vida, más rica y plena, con más salud y energía. Me permitió alcanzar rendimientos máximos en el deporte hasta la más avanzada edad. Sentí alegría de vivir.

A mi entender, se trata de estar atento a lo que se come. Se llama alimentación consciente. El cuerpo dice, pide, dictamina lo que se debe comer. La mente dice lo que quiere comer y ahí radica la diferencia: si haces caso al cuerpo o a la mente. El cuerpo dice cuánto, cuándo. Si tienes hambre o no. Y cuando algo cae indigesto o el cuerpo se siente mal, no se trata de tomar digestivos, se trata de escuchar: el cuerpo rechaza aquello que no debe ingerirse. Entonces hay que escucharlo. En cambio, la mente continuamente quiere, quiere y quiere. Pide todo lo que no se debe comer: salado, dulce, graso y en cantidad. Entonces viene la obesidad y sus consecuentes enfermedades. La mente tiene dependencias, apegos, condicionamientos y es adictiva. A cada rato está pidiendo comida, ropa, cosas. El único freno a la mente es la conciencia. Si la persona no es consciente de lo que debe, la mente maneja y a través de ella, intereses que solo quieren lucrar con la salud. La propaganda y los comerciales de todo tipo han estudiado muy bien cómo manejar la mente, y lo hacen todo el tiempo. Es el efecto del marketing. Llenan a las personas de necesidades superfluas e innecesarias a través del mensaje subliminal. Así tenemos una sociedad enferma y una economía próspera . Para alimentarse en forma saludable, cada uno busca en forma instintiva, lo que el cuerpo necesita y la naturaleza lo brinda. Pero es necesario tener una conciencia muy clara sobre esto.

El otro aspecto importante es evitar el ambiente hostil porque entonces seguro que la comida caerá mal. Sin televisión ni noticias tóxicas, sin celulares a la mesa, sin discusiones. Los problemas deben tratarse fuera de la hora de la comida. Buscar temas amigables, tranquilos y en armonías. Sin sonidos altos ni molestos. Sin apuro. Poca cantidad, es sano levantarse de la mesa con algo de hambre. No es bueno nunca el exceso de comida. Es recomendable un buen desayuno, una comida abundante al mediodía, y cenar muy poco. No es bueno ir a la cama con el estómago lleno porque al dormir no se gastan energías y se acumulan transformándose en grasa. Es decir: desayunar como un príncipe, almorzar como un rey y cenar como un mendigo.

No es mi intención darles recetas ni indicar a nadie qué debe o no comer. Solo quiero testimoniar que mi experiencia con el naturismo es que he llegado a los 70 años con excelente salud y con mucha energía y vitalidad, lo que me permite pensar en nuevos proyectos. No he padecido enfermedad alguna y no tomo ningún medicamento, salvo analgésicos o antiinflamatorios luego de largas carreras por esguince o torceduras.

Para resumir, es necesario ser conscientes de lo que comemos. Prestar mucha atención a la hora de elegir los alimentos procurando que sea comida sana, de altos valores nutritivos, energéticos, en lo posible orgánicos (sin químicos ni aditivos), frescos, de la temporada y propios del lugar. Por el contrario, evitar las comidas procesadas, aditivos minerales sintéticos, edulcorantes, transgénicos, densos en calorías y con exceso de azúcar o sal, así como las grasas. Todos ellos son nocivos para la salud. Las legumbres y cereales que consumo son integrales, sin refinar, pues este proceso le quita nutrientes que se encuentran en las cáscaras. Recomiendo no consumir harinas, arroz y azúcar, pan ni pastas. En mi alacena no hay productos envasados, procesados ni refinados.

Suelo hacer una relación útil para comprender: si tienes un auto de alta gama, pero le echas un combustible de mala calidad, éste no responderá en toda su potencia. Si tienes un buen auto, buscas el mejor combustible. Igual pasa con el organismo: si tienes muy buena salud, busca cuidarla y mantenerla con buen alimento, pueslas enfermedades son el resultado de transgredir las leyes naturales. Tener un organismo libre de toxinas nos proporciona una vida llena de salud y fuerza. Nos facilita los buenos resultados y una vida de alegría y actividad.

En mi diario vivir consumo frutas, verduras, legumbres, semillas, alimentos frescos. Laben que yo preparo con cultivo madre. Bebo tisanas, infusiones, mate, té. Todo natural y sin azúcar. Pan integral hecho con harinas de trigo, amaranto y una mezcla de semillas, dulces caseros. También, para darme energías, y sobre todo antes de entrenar consumo nueces, almendras, pasas de uvas, frutos secos porque tienen gran aporte de vitaminas y grasas saludables, así como minerales. Durante el entrenamiento bebo agua de los bebederos y evito las botellas de agua mineral, porque el plástico, a partir de los 40º contamina el agua, es necesario tener esta información. El agua de los bebederos es corriente, es decir, corre, no está estancada en una botella, y por lo tanto tiene más energía y más oxígeno, es más saludable… y es gratis. Jamás tomo energizantes ni bebidas gaseosas. Luego del entrenamiento, como una buena cantidad de frutas. Las frutas son una fuente inagotable de salud. Uso sal del Himalaya o sal marina para reponer las sales que el organismo ha perdido porque son ricas en sulfato de calcio, potasio, hierro y magnesio. También consumo miel, que es un azúcar natural que aporta hidratos de carbono y glucosa.

Yo preparo mi comida y lo hago con amor, con gusto de hacerlas. Eso le da una energía adicional por el cariño y la creatividad puesta en las manos. La comida casera es más saludable y además es mucho más económica, además del ahorro en medicinas. Tengamos en cuenta el siguiente principio: nuestro alimento proviene de una planta, no de una planta industrial. Tenemos que ser conscientes, insisto, y cuidadosos cuando escogemos los alimentos.

Optar por ser vegetariano naturista es una elección de vida sana, segura. Es tener soberanía sobre nuestros alimentos. No se trata de seguir una dieta o un régimen de comidas para adelgazar o para aliviar enfermedades. Es un estilo de vida, es un cambio de hábitos para mantenerse sano y lleno de energías. Es una valoración de la salud por sobre todas las cosas, una conciencia de valorar que todo lo que se pierde se puede recuperar, menos la salud, y sin salud, la vida es muy penosa.

Ser más que pertenecer

La vida es tan corta que solo tengo tiempo para vivirla intensamente, disfrutar y ser feliz. Esto pasó por mi mente cuando cumplí 50 años. Me prometí a mí mismo ser lo que mi persona es. Alimentar mi alma, enriquecer mi espíritu con esa fuerza interior que nada la detiene. Esta firme decisión me llevó a cambiar mi vida, no solo quiero que me recuerden como odontólogo, también quiero dejar algo más trascendente. Quise ser capaz de vencer límites que impone el medio en que vivimos, vencer los no, responder por el sí. El mundo deportivo, el de maratón específicamente se abrió ante mí.

Además del deporte, me llena de satisfacción pintar. Decidí entonces tomar cursos de dibujo y pintura para aprender técnicas que no sabía y el arte complementa mis necesidades espirituales. Pinto todas las semanas y mis cuadros son otro diploma de logros. Me pasó lo mismo que con el deporte, nunca había pintado, pero siempre llevaba en mí la inclinación a hacerlo. Pero empecé, y como todo en la vida, hay que empezar despacio para llegar lejos. Me permitió sentirme identificado con ese yo que siempre quise ser, creando, disfrutando lo que hago, seguir experimentando.

Luego tomé clases en la Facultad de Arte de la Universidad Nacional de Cuyo como alumno libre. A mí solo me interesa aprender. Fue toda una experiencia porque yo soy treinta años mayor que los otros alumnos, y provengo de otro medio como es la odontología, que poco se espeja en el arte. Pero fui flexible y me adapté, me integré bien y fue un intercambio enriquecedor para todos.

Decidí pintar al óleo y el estilo hiperrealismo: figuras humanas, rostros y algún que otro paisaje. A pesar de que lo disfruto, pintar me tensiona, me pone mal y no sé si es un defecto o parte de mi personalidad, pero soy demasiado exigente y perfeccionista y casi nunca estoy totalmente conforme con el resultado, siempre encuentro que algún detalle no está del todo bien.

He realizado más de cuarenta obras en óleo sobre tela, he plasmado vivencias, rostros de personajes, momentos inolvidables vividos y experimentados durante las carreras y que gravé en mis retinas.

Como he corrido en el desierto de Sahara, he dormido en una carpa con los beduinos en medio de las arenas y con todas las estrellas sobre mí, los genes árabes que llevo despertaron y danzaron. La música y el baile árabe que escuché de muy niño y que llevaba dormidos en mi corazón se hicieron presentes. De regreso a Mendoza comencé a tomar clases de baile y música árabe. Otro desafío a mis 50. Comencé con el folklore árabe, el dabke, el derbake, la música de percusión. Sin darme cuenta ya estaba bailando. Finalmente me di el gusto de participar de una presentación en el Teatro Independencia, el más importante de Mendoza. Pude seguir una coreografía y experimenté los aplausos del público. Me sentí muy feliz, y pensándolo bien, es por la única razón que lo hago, porque me pone muy feliz.

Aprendo a tocar derbake, un instrumento musical de percusión. Me gusta la conexión cósmica que siento al ejecutar sus ritmos: los agudos elevan, contactan con el cielo, los graves contactan con la tierra y ése es el mensaje de este sonar que proviene de tiempos ancestrales. Siento tanto gusto la relación con este instrumento que no quisiera jamás dejar de tocarlo.

Dos experiencias relacionadas con la música me marcaron con huellas profundas. La primera hace más de diez años en la maratón de Sables que exigió 250 km en el desierto de Sahara –que ya mencioné- en autosuficiencia con más de 50º de temperatura. Finalizaba el tercer día de competencia y terminábamos la etapa más larga, de 80 km. Al llegar a las jaimas (tiendas de campaña), el director, el francés Patrick Bauer, nos anunció una sorpresa para esa noche, como para compensar el esfuerzo realizado. El tercer día de competencia siempre es difícil porque el cuerpo se agota, duele, se sienten las ampollas en los pies, se pierden kilos, se arriesga deshidratación y cuesta saber cómo se van a enfrentar los dos días que faltan. Así que una sorpresa que compense es muy importante para levantar el ánimo y las energías.

Fue maravilloso, toda mi vida agradeceré a Patrick Bauer el gesto para con nosotros: estábamos todos los corredores tirados en la arena, contemplando la infinita bóveda estelar en la noche con tantas estrellas brillando, sintiéndolas tan cerca que nadie se atrevía a hablar para no romper el encantamiento. La noche tibia, acunados por las arenas inmensas del desierto, con todas las estrellas sobre nosotros titilando bellamente. De repente se iluminó una de las dunas y apareció un escenario, sobre él, la Orquesta Sinfónica de Francia y una cantante lírica japonesa. Comenzó a sonar la música y el aleluya invadió el espacio y el alma. Con la piel encrespada y lágrimas en los ojos, sentimos elevarnos en un momento sublime que jamás se ha repetido. Supe que la música puede elevar el espíritu a dimensiones sagradas.

Creo que me cambió para siempre porque el Ramón que volvió era muy distinto al que fue. Los kilómetros que faltaban no se sintieron ni importaban, estábamos con el espíritu elevado y nada nos podía vencer.

Una segunda experiencia la viví en la maratón en los Alpes franceses: cien kilómetros sin paradas (modalidad non stop) en el Mont Blanc. Horas previas a la competencia se descargó una tormenta de viento y nieve que hizo descender la temperatura a -10º, pero esa carrera no se suspende por mal tiempo. Éramos unos 1000 corredores listos en la línea de largada, muertos de frío y de dudas. Repentinamente por los amplificadores comienza a escucharse Vangelis, y su obra “Conquista del paraíso”. Y todo cambió. Nos sentimos con fuerzas, optimistas, seguros de resistir porque no hay tormenta ni frío que nos detenga. Después de veintidós horas de correr, cruzaba yo la línea de finisher (finalista). Toda la vida agradecido a Vangelis y su bella música, así como a los organizadores por el obsequio.

En mi escala de valores ocupa el primer lugar el atletismo y esa actividad requiere dedicación, entrenamientos, descanso, alimentación adecuada. Ese tiempo es muy valioso y no lo negocio por nada del mundo por una razón muy clara: sin buen estado, sin buen entrenamiento, sin poner el cuerpo y la mente a punto es imposible lograr los ultra maratones, que son mi felicidad. Si no se está en condiciones, solo se sufren y se pone la vida en riesgo, por eso me tomo muy en serio cada una de las actividades que mi cuerpo y mi mente requieren para esta actividad deportiva que no es nada sencilla. Para lograrla necesito buena alimentación, buen ejercicio y buen descanso. Eso requiere dejar de lado actividades sociales que son comunes a casi todas las personas de esta sociedad, pero lo hago con gusto.

Además del atletismo, siento gozo y felicidad cuando pinto, cuando bailo, cuando aprendo música. He decidido dejar todo de mí de la mejor manera posible a aquello que quiero hacer. El objetivo de la vida es ser feliz, pero eso también requiere de esfuerzos.

Por qué empecé a correr

Mi experiencia profesional como odontólogo comenzaba a causarme algunos problemas de estrés. Mi trabajo entre las cuatro paredes del consultorio, con luz artificial, sin ver el cielo y en contacto con el dolor. Al cabo de algunos años mi cuerpo pedía algo distinto. Piensen que nadie viene contento al odontólogo, todos nos asocian con el sufrimiento y antes o después ese sentimiento se contagia. Comencé a sentir malestar.

Tomé el firme propósito de cambiar. ¿Qué necesitaba? Básicamente moverme. Mover mi cuerpo en ambientes abiertos, salir del encierro. Eso me satisfacía. Me puse zapatillas y pantalones cortos y salí a correr al parque. Comencé por dar una sola vuelta de 800 metros, el perímetro del lago, luego caminaba. Me gustó y poco a poco fui incrementando las vueltas al lago, dos, tres, cuatro. Me sentía muy muy bien cuando terminaba mi rutina. Y encontré nuevos amigos que hacían lo mismo que yo y por las mismas razones. Y también se da el efecto contagio.

Un día mientras elongaba me encontré con un corredor que había visto antes. Nos pusimos a charlar y me comentó que ese día había completado 30 km –y yo que me sentía realizado porque había dado tres vueltas al lago-. Él estaba menos cansado que yo, más entero, no se agitaba como estaba yo. Conocerlo disparó en mí otras aspiraciones y comencé a trabajar en eso. Fue como una ráfaga de viento que pasó por mi mente… y todo cambió. Como dijo Alfredo Barragán cuando terminó la expedición Atlantis: que el hombre sepa que el hombre puede.

No cambio mi rutina porque es la única manera de lograr mi propósito. Entreno de martes a sábado todas las mañanas. Salgo bien temprano del departamento ya sea invierno o verano. No cambia con las estaciones. Empiezo con 12 km, luego 18 km hasta 20 km agregando cada día. El domingo agrego más horas y más kilómetros sin detenerme. Corro en el piedemonte de la cordillera y eso significa desniveles importantes desde la base hasta los 1000 m de altura.

Llego en bicicleta al club Regatas que se encuentra en el parque, me cambio allí y salgo a correr. Por lo general una distancia de 36 km en 4 horas. Es como si corriera una maratón todos los domingos por el desnivel. Cuando estoy preparándome para una maratón de autosuficiencia entreno con sobrecarga: una mochila de 5 a 9 kg. Luego vuelvo al club, me baño, me cambio y regreso a casa en la bicicleta.

Esta rutina la realizo desde hace 10 años y creo tener asistencia perfecta. En el transcurso del mes entreno entre 300 a 400 km. No excedo esa distancia porque me siento bien y me da tiempo para recuperarme sin fatigas ni dolor. La vida requiere equilibrio y prudencia. No me detiene el frío ni la lluvia ni el sol. Ni el granizo, que me sorprendió y yo no tenía dónde refugiarme. También me sorprendieron delincuentes que me robaron hasta las zapatillas. Tuve que llegar al club descalzo y fue una experiencia horrible, que no quiero recordar. Agradezco a mi madre que está en el cielo que me haya hecho tan cabeza dura.

Puedo decir a esta altura de mi vida, que lo más importante es la actitud, que no es necesario gastar en equipos caros. Esos no garantizan ningún resultado. Aprendí de los keniatas y de los etíopes que ganan maratones sin equipos y con zapatillas comunes. Los indios rarámuri que habitan en barrancas de cobre en México corren con unas sandalias de cuero, camisa, un paño en la cintura. Corrían más de 100 km hasta avanzada edad. Ellos me ensañaron que correr es una sabiduría, no una mercancía. Se trata de construir en nuestro interior un nuevo hombre.

Son innumerables los beneficios para la salud que correr significa: aumenta la capacidad pulmonar porque la respiración se hace más profunda, y como se corre al aire libre, el aire es más puro. La respiración profunda aumenta el oxígeno que entra al organismo y por ende la energía que se siente es mayor. Mejora el funcionamiento del corazón porque la circulación mejora también. Todo el aparato circulatorio mejora porque se abren más los capilares y favorece la aportación de oxígeno a los músculos. Además, se eliminan mejor las sustancias tóxicas relacionadas con la fatiga. También a nivel hormonal hay mejoras muy importantes y es especial para combatir la diabetes por el aumento de la capacidad muscular. Disminuye la necesidad de ingerir insulina exógena. Se pierde masa magra, es decir, grasa y por eso previene la obesidad.

A nivel mental, disminuye notablemente ansiedad y la depresión por el ejercicio de resistencia y el despeje, mejorando la calidad de vida. El intercambio de energías con la naturaleza: aire, sol, tierra y agua nos aporta mayor secreción de endorfinas, que es un analgésico interior por la mayor actividad glandular.

Cuando se corre maratones de fondo la mente se despeja y los pensamientos fluyen con claridad. Llega un momento en que dejamos de pensar y solo queda el acto de correr, que es una forma de meditación en movimiento en el aquí y ahora y alcanzamos un estado gozoso del ser. He logrado un estilo de correr meditativo que me da paz interior y alegría de vivir.

La endorfina se torna adictiva. Entonces los que corremos y hemos hecho de este deporte un hábito, sentimos la necesidad imperiosa de salir a correr porque el cuerpo lo pide con fuerza. Es una terapia muy simple, saludable y gratis. Solo hacen falta unas zapatillas y ropa cómoda. Y agua de la canilla, corriente, no de botellas. Recomiendo que cuando tengan un problema, salgan a correr o caminar o lo que se pueda unas cuantas horas, si al salir el problema era de valor 100, al regreso será de valor 30 o 20. Todo el organismo se activará y no serán los mismos luego de ese ejercicio. Les puedo asegurar que hasta retrasa el envejecimiento porque permite la regeneración de una partícula celular llamada telomerasa que tiene que ver con la vejez. La edad real es la nos que informan las células de nuestro cuerpo. Un 30 % depende de nuestros genes y el otro 70 % de nuestro estilo de vida.

Investigaciones científicas en los últimos diez años demostraron que el ejercicio físico tiene efectos en la neurogénesis adulta. Las neuronas tienen la capacidad de trasmitir impulsos a otras células del cuerpo como las musculares y generar movimiento. A través de las neuronas se transmiten señales eléctricas denominadas impulsos nerviosos. La conexión entre ellas se llama sinapsis. Con el ejercicio aumenta dicha conexión. La neurogénesis en los adultos fue descubierta apenas en el último tercio del siglo XX.

Considerando estos datos y otros que sería muy largo de especificar, podemos asegurar que una persona de 80 años puede hacer la misma intensidad de ejercicios que una persona de 20: la persona de 80 años puede trotar a 10 km por hora, su 20 % va a ser 2 km por hora. Si el joven puede trotar 20 km en una hora su 20 % va a ser 4 km por hora. Son intensidades diferentes en números absolutos, pero en términos relativos, de acuerdo con su capacidad, los dos están trotando al 10 o 20 % de su máxima capacidad.

Esto porque nuestro genoma está hecho para dos cosas básicamente mientras se vive: comer y hacer ejercicio, lo que equivale a gastar las energías ingeridas al comer. Por eso el ejercicio debe estar en la vida de todos y la salud basada en la actividad física. Cuando uno recurre a los fármacos, un 10 % lo hace la medicina y el 90 % la naturaleza. Entonces insisto en buen alimento, buen ejercicio, buen descanso es la mejor inversión en salud. En nuestra sociedad no es fácil porque está organizada para la vida sedentaria y el alimento procesado. Es necesario tomar conciencia de esto y hacer de nuestra vida lo mejor para nosotros, ser soberanos de nuestra salud. Tampoco es imposible, no es costoso. Más bien es gratis.

Lugares elegidos para correr

Empecé corriendo maratones de calle de 42 km en distintas ciudades del mundo. He realizado casi 50 maratones y me dio experiencia suficiente para tomar la determinación de no correr más maratones sobre asfalto y con multitud de participantes. Comencé a sentirme incómodo en esas carreras, no las disfrutaba ni me gustaban. Participaba porque mis amigos entrañables me invitaban y no quería desairarlos. Diariamente, al abrir mi computadora, aparecían muchos correos invitándome a maratones nacionales o en el exterior. Aceptaba tres o cuatro por año y las que rechazaba, agradecía la invitación. El entrenamiento lleva tiempo, uno debe estar bien preparado y no es posible estar corriendo todo el tiempo.

Pero, esa multitud de gente, las publicidades, las bebidas energéticas, las marcas de ropa deportiva, los aparatos que quieren vender para medir frecuencia cardíaca, oxígeno y qué se yo qué más, han convertido las carreras en un mercado de consumo y se alejan del verdadero sentido de este deporte: silencio, naturaleza, aire puro, encuentro con nuestro interior. Yo no necesito nada de lo que las dos cuadras de stands de cosas ofrecen y todo ese mercadeo y bullicio me molesta mucho.

Buda decía: ser feliz no es una cuestión del destino, sino una elección, una actitud ante la vida que cada uno decide, no depende de los demás sino de cada uno . Cuando corro contacto con la naturaleza, por eso no corro en ciudades, y establezco una verdadera comunión con el entorno. Respiro el perfume de cada flor, disfruto de cada árbol y vuelo con cada pájaro, encuentro belleza en todas partes. La libertad que siento me da un combustible increíble al alma.

El objetivo de correr es ayudarme, convertirme en un ser consciente, saludable, feliz, completo, es un aprendizaje para el resto de las cosas que hago en mi vida.

Llevo en mi mente grandes pensadores, filósofos y escritores que pensaban mientras caminaban para lograr crear en libertad, como Rousseau, Thoreau, Nietzsche, Ghandi. Ellos se desplazaban por lugares fuera de la ciudad en los que se respiraba a pleno pulmón, lejos del ruido y así podían mantener una conversación interna, buceaban dentro de sí mismos para encontrar la verdad. Federico Gros sostiene que caminar es una ruptura frente al caos, el ruido del mundo y las tensiones. Además, explica cómo la dinámica corporal se relaciona con la dinámica espiritual. Andar tiene que ver con la espiritualidad, con la rebeldía, la humildad, y ha sido el camino de grandes revolucionarios. Nietzsche decía que se escribe con los pies. Es decir, alejado del escritorio porque los libros de aquellos autores prisioneros de paredes, atados a la silla, son indigestos y pesados. Es mejor pensar al aire libre, ligeros.

Mahatma Ghandi decía en la campaña para liberar a India en paz y sin derramar sangre, recorrió gran parte del territorio a pie, y cuando le ofrecían trasladarlos de un lugar a otro, respondía que cuando más caminaba, más se inspiraba y más claro veía los problemas y las soluciones.

Caminar es más que un paréntesis, una simple pausa para relajarse. Es el elemento mismo de la creación, inspiración de libertad. Por eso corro en estado meditativo. He tomado decisiones importantes de mi vida mientras corría o caminaba porque surgió con claridad qué debía hacer.

El ejercicio requiere dejar la zona de confort y eso cuesta porque estar inactivo impulsa más inactividad y terminamos atontados. Cuesta romper ese estado cómodo. Debemos comenzar a movernos a ritmo propio, escapar del imperativo de la velocidad y de la competición. Lo bueno de esto es no tener la necesidad de ser alguien o demostrar lo que somos o aparentamos ser. Lo bueno es que somos lo que somos y felices de serlo y estar solos con nuestro íntimo ser, libremente íntimos. Todo pierde consistencia. Nos volvemos contemplativos en plenitud y serenamente. Me preocupa ser más que pertenecer. Un desafío lúdico que nos invita a crecer.

Energía

Energía es la fuerza vital que mueve el universo, es vida en movimiento. Cuando se bloquea y se paraliza la energía deja de moverse, la vida va muriendo. Es como el agua estancada, se pudre. Los seres humanos se enferman. La acupuntura china se basa en el desbloqueo de la energía para curar el cuerpo.

La inactividad, la vida sedentaria hacen que la energía del cuerpo se estanque y crea las condiciones para que el cuerpo enferme. Lo contrario, la actividad física propicia flujos de energía y evita el bloqueo. La energía es movimiento y el movimiento es vida.

La palabra energía proviene del término griego en que significa dentro y ergon que significa que significa trabajo, actividad, acción. Es decir, la actividad, el trabajo, la acción dentro de uno. El universo es una unidad compuesta por diversas manifestaciones de energía, pues todo lo que existe se encuentra en movimiento perpetuo.

La energía cósmica mantiene vivo el universo, es responsable de su permanente evolución y movimiento, así como de su armonía. Desde el micro al macro cosmos, todo es energía.

Es la sustancia esencial que cuenta con las siguientes características: omnipresente: es decir, que existe en todo espacio y tiempo; inagotable: no perece ni se acaba; gratuita y direccional: puede dirigirse a un fin específico como para alcanzar la meta propuesta cuando se tiene un objetivo o se quiere mejorar la salud.

A esta fuerza sutil los chinos la llaman chi, los vedas prana, los occidentales energía cósmica o fuerza vital. La humanidad vive inmersa en un océano energético no obstante la poca conciencia que se tiene de su presencia. Afortunadamente, desde los albores de la humanidad, esos pocos conscientes, a través de la observación y métodos diversos fueron desarrollando técnicas para captar más energía con el objetivo de lograr mejor capacidad física, salud y armonía. El hombre sano es aquel que ha conseguido un yo en armonía, un yo permanente, integral, capaz de explorar el propio campo de energía con equilibrio y medida, consciente y dispuesto a nutrirse de emociones y pensamientos positivos para vivir una vida en alegría.

Este conocimiento ancestral se ha ido pasando de generación en generación, de maestros a discípulos. Dentro de la tradición hindú, a estos vórtices o centros energéticos se los conoce con el término chakra, que en lengua sánscrita quiere decir rueda en movimiento.

Los centros energéticos son siete y están alineados a lo largo de la columna vertebral de la cabeza al perineo. En los seres humanos son puntos específicos y bien localizados que funcionan como verdaderos receptores y transmisores de energía cósmica. Trabajan como si fueran torbellinos o vórtices girando a gran velocidad y permiten de ese modo que exista un intercambio de energía entre el ser humano y el universo. A más velocidad en el giro, más energía se involucra y se mejora la salud y el rendimiento físico. Cada centro es responsable del buen funcionamiento de determinados sistemas y órganos que están bajo su control: habrá salud si existe una recarga y flujo adecuado de energía. Por el contrario, la enfermedad aparecerá ante la incapacidad de los centros para absorber y distribuir adecuadamente la energía cósmica.

Me detuve en este tema de la energía porque ser consciente de ello y direccionarla me permiten tener salud, meditar, correr, siempre conectado con el intercambio de energía cósmica equilibrada. Correr con la columna recta, el mentón recogido es fundamental para que circule y se distribuya correctamente.

Esta energía sutil en occidente es ignorada porque no la pueden desmontar científicamente, pero existe, es real, se comprueba teniendo buena salud, corriendo, meditando y logrando alegría de vivir, pensamientos positivos y venciendo limitaciones mentales. La mente es el motor que genera los pensamientos que son vibraciones de ondas de energía. Cuando la emitimos positivas, éstas regresan frutos que hemos pensado. El universo es un eco de nuestros pensamientos por la ley de causa efecto: todo fluye y refluye, nada está quieto, es el principio de la polaridad . Es necesario prestar atención a lo que se piensa y se dice o se hace en uno y otro polo: positivo o negativo, porque todo vuelve.

El común denominador que nos une a los que practicamos ultra deporte extremo, aventuras y desafíos constantes en la vida diaria son los pensamientos positivos. Más importante que nuestra capacidad es esa vocecita interna que dice yo puedo. Todo lo que logramos en la vida es por nuestra forma de pensar y cómo usamos la mente. Cuando cambia nuestra forma de pensar cambia nuestra vida. El ser humano es la única especie viviente que puede elegir cómo pensar: es el libre albedrío. La fuerza de la mente es algo tan importante como la física, por eso tenemos que lograr dirigir la mente para enfocarnos en nuestra vida. Es tan importante el poder del pensamiento positivo, de lograr una actitud mental positiva que nos predispone a pensar sobre personas, situaciones, metas, trabajos, problemas que vamos encontrarnos todos los días de manera positiva.

Es indicador de cómo es una persona en su interior, las circunstancias no hacen al hombre, simplemente reflejan su interior. Es el poder del pensamiento, es la raíz. La actitud mental positiva o negativa está determinada por nuestras expectativas. Si éstas son potentes ejercen una influencia dominante en nuestra personalidad.

Fuente de energía: es la fortaleza que surge de un canal de energía en el centro del cuerpo. La meditación es la llave que abre la posibilidad de sustentarla y canalizarla porque la fuente de todo poder está dentro de uno mismo. Encontrar esa fuente de energía y de poder llena de alegría las acciones, canalizarlo es nuestra responsabilidad: la fuente de energía comienza en el cuerpo y se extiende al espíritu.

También existe energía química esencial compuesta por hormonas, nutrición, alimentos, genéticas. Lo espiritual surge de esas sustancias.

Podemos concluir en que somos todo energía. Podemos llamarla de muchas maneras: Dios, vida, conciencia, prana. Hacer fluir esa energía por el cuerpo y por la mente permite sentir la vida con fuerza y plenitud, conectado con el universo donde el macro cosmos y el micro cosmos son la misma cosa. Tenemos alma y espíritu y tenemos la posibilidad de encontrarlos a través de lo profundo y universal y al sentirnos plenos podemos disfrutar de la vida. Finalmente debemos estar conscientes que la voluntad de superación es la fuerza interior que tenemos y nos empuja a llevar a cabo lo que nos proponemos. Vale recordar que solo los fuertes de espíritu tienen voluntad, los demás tienen deseos.

Potencial humano

Su fórmula es P.H = (C.I + C.D) · AP. El potencial humano es dar lo máximo de sí mismo para lograr el éxito. Es igual a la cualidad innata que cada persona tiene desde el nacimiento, el lado genético, más la cualidad desarrollada, la que cada uno ha trabajado durante años. Está influenciada por la habilidad, el talento, el conocimiento. Todos están bajo nuestro control: la actitud personal, la actitud mental positiva, la forma en que enfrentamos nuestra vida, la predisposición de pensar con optimismo, todo conforma la energía mental emocional que invertimos.

La cualidad innata más la desarrollada nos acerca al éxito que está bajo nuestro control.

El pensador chino Confucio, cuya doctrina se llama confucionismo afirmaba: tu voluntad de ganar, tu deseo de tener éxito, tus ganas de llegar al máximo potencial, es la llave que te abrirán las puertas a tu máxima realización.

La clave está, según esta filosofía, en la actitud personal. Esa actitud es el factor multiplicador de las cualidades propias. La actitud mental positiva se puede desarrollar tanto como se quiere. Una forma es repetir como un mantra: T.P. es decir, tú puedes, todo pasa: el cansancio pasa, el dolor pasa, todo pasa y solo queda la satisfacción del logro.

Correr con el chi es posible

Vuelvo a mi propia experiencia. En la búsqueda de encontrar la plenitud, a los 35 años empecé mis prácticas de thai chi. Comprendí la esencia de esa cultura china milenaria transmitida por Lao Tse en su libro sagrado Tao te ching. El taoísmo es una doctrina iniciática que implica la realización del orden metafísico del yin yang que constituye una explicación de la dinámica del mundo en las fuerzas opuestas de atracción y repulsión. Son principios polares complementarios y el desequilibrio entre ellos determina la falta de armonía.

Así el yin yang está determinado por principios metafísicos y, en forma subordinada, por aspecto de la naturaleza del cosmos, de la especie humana, de los animales y las plantas y hasta las cosas que son concebidas como inanimadas porque también llevan las fuerzas del yin y yang. En ella está la dinámica de la vida universal, pero relacionada con su naturaleza metafísica, dependiente del orden superior que es el tao.

El thai chi es zen, es meditación en movimiento, es yoga. Son términos diferentes que señalan el camino que sólo a través de la experiencia se comprende. Es una disciplina poderosa, una herramienta para estar más en contacto con uno mismo. Es una manera de permitirse funcionar de modo natural y plácido, sin confundirse con las expectativas, deberes y esperanzas, temores y otras fantasías que interfieren con el flujo natural.

Esta disciplina, después de más de ocho años de práctica, me cambió la forma de ver la vida. Lo aplico en todos los aspectos de mi propia experiencia. Puedo ir a todas partes llevando este centro en mi interior porque si estoy equilibrado puedo moverme en cualquier dirección que desee sin peligro de caerme y mi contacto con el mundo es sólido y real porque llega desde la raíz de mi existencia. Aprender ese arte especial me enseñó a hacer todo sin esfuerzo, de una manera fácil, sin cansarme. Si es necesario forzarlo es porque algo anda mal. Así, cuando corro, lo hago en forma relajada, natural, flexible, serena, armónica, disfrutando lo que hago porque el chi, energía, adquiere poder, que no es fuerza bruta sino esencia de identificación con la energía del universo.

El propio estilo de los movimientos fáciles del thai chi que fluyen oscilando y volviendo sin pausa, con fortaleza, sin fuerza me permite continuar sin descansar practicando el chi. Es bueno para los atletas poder disfrutar del proceso, vivir intensamente lo que se hace sin pretensiones y con gran claridad, belleza, vitalidad, aceptando lo que nos va sucediendo y de esa manera poder reír, celebrar y aliviar los esfuerzos. Es el sentido de ser libres.

Energía es también un término engañoso. No implica tensión nerviosa ni un anhelo mental fabricado artificialmente. Es algo sutil y poderoso que circula continuamente en el propio yo, por la mente y por el cuerpo. La acupuntura muestra los caminos de esta energía: el chi: es abierta, de libre movimiento y fluye espontáneamente como la circulación de la sangre o como la respiración, sin trabas y básicamente indefinible. El chi fluye en los meridianos corporales cuando un cuerpo está en estado de perfecta naturalidad y salud. La energía es la fuerza vital que surge espontáneamente adquiriendo potencia y poder.

El símbolo del yin y yang es el entrelazamiento y la fusión del flujo de movimientos dentro de un círculo que está dividido en dos áreas equilibradas: una blanca y otra negra, cada una de las cuales tiene la forma de pez. Esta imagen muestra que dentro de la unidad existe la dualidad, la polaridad, contraste. La única forma de hallar el equilibro real es cuando las energías opuestas se mueven juntas y armoniosamente entrelazadas. Es la interacción en la unión, fluyentes, como la consumación entre dos fuerzas: macho y hembra, mente y cuerpo, bien y mal. Es el aspecto esencial de la vida.

Para recuperar el equilibrio debemos darle la mayor importancia a la parte física y trabajar con cuerpo y mente en unidad. El proceso básico del movimiento es un sentido de conciencia y una sensación de ser, de estar unido, significa estar centrado en sí mismo: cuerpo y mente funcionando juntos.

La práctica de thai chi me enseñó a soltarme, dejar que las cosas ocurran, lo que sea y cuando sea, aceptar, dejar ir sin esfuerzos, así las tensiones disminuyen. Dejar que esa fuerza que la gravedad trae, su efecto pueda fluir y atraerme al suelo, entregarme a esas fuerzas sin necesidad de ser débiles ni fuertes. Aprendí a no resistir, a aceptar y me predispuse a entregarme. Finalmente, el chi es una disciplina que nos ayuda a encontrar una comprensión constante del equilibrio viviente que hallamos en nuestro cuerpo. La resistencia provoca tensión, rigidez y es inútil, bloquea la energía. Debemos ser como el bambú: flexible como una caña y entonces es cuando se puede vencer el peso. La energía debe usarse como impulso.

Cuando la energía se almacena en nuestro interior sin una descarga natural, comenzamos a generar tensión debido a que esa fuerza nos da la vida diariamente. Es necesario liberarla cuando sea necesario y regenerarla.

La idea fundamental se basa en meditación y movimiento, flujo y conciencia.

Encontrar el centro del movimiento

La energía que utilizamos al movernos, el chi, es la energía respiratoria. Se ubica justo debajo del ombligo a cuatro dedos de éste, denominado tant-ien, se considera que es tanto un recipiente para el chi, como el centro desde el cual se originan nuestros movimientos. También significa campo o lugar. El tant–ien es el campo de energía intrínseca, el depósito de nuestra fuerza vital. Como es fuente de vida segura, el hará de los japoneses y el kath de los sufís se corresponden con el tant- ien.

Un buen modo de centrarse es enfocar la atención hacia la respiración y tant – ien. Un patrón respiratorio circular y continuo significa que no se detiene la inspiración ni la expiración. El flujo circular de la respiración sube por la espalda, llega a la cabeza y baja por el pecho hasta el tant – ien, el círculo se extiende alrededor. Es importante que se pueda percibir la sensación del flujo, la secuencia completa del flujo de energía se inicia en el tant – ien y regresa a él.

Toda expansión del cuerpo tiene su origen en el centro y vuelve a él. El espacio que nos rodea es llamado yin, al contrario que el espacio yang, que es el que ocupa el cuerpo. Tomar conciencia del espacio que nos rodea, como si fuera agua, como si estuviéramos sumergidos en ella, nos despierta el estado de equilibrio y conexión con lo que nos rodea. Cuando se confía en el movimiento suave y fluido, sin pensar ni frenarlo, el movimiento siempre ocurre. Es un dejarse ir de la conciencia.

Mantener un estado de apertura a todo lo que nos rodea, sin perder el centro es la forma de lograr meditación en movimiento.

El thai chi es un arte, no puede ser enseñado, debe ser experimentado con la práctica y encontrar lo que es adecuado para cada uno.

Técnicas para correr

Con una buena biomecánica de tu cuerpo y utilizando el chi, se puede correr como empujado por la gravedad, sin utilizar la fuerza, sin cansarse demasiado. Se logra eficiencia energética con disposición de generar más energía, se logra correr más relajado, flexible y en forma lo más natural posible, preservando la salud, evitando las lesiones. De manera que se disfrute del correr como lo hacen los niños, que corren con naturalidad y con alegría.

Es muy importante prestar atención a la postura del cuerpo: el cuerpo debe estar en línea recta desde la cabeza, los hombros, la cadera hasta los tobillos y ligeramente inclinado hacia adelante para que se sienta atraído por la gravedad. La inclinación permite que la gravedad empuje el cuerpo hacia adelante, aliviando las piernas. Es fundamental la inclinación para que el centro de gravedad se mueva hasta caer frente al propio punto de contacto con el suelo y aterrizar suavemente debajo de la rodilla doblada, evitando el exceso de zancada. No se debe doblar la cintura, y es necesario mantener el pecho y las caderas hacia adelante, los hombros hacia atrás, mirar siempre hacia adelante con el mentón recogido para mantener la cabeza y la columna recta.

Los brazos deben estar doblados en ángulo de 90 grados con movimientos cortos, compactos, relajados, como péndulos balanceando de adelante hacia atrás. Los codos no deben extenderse delante de la cintura. Las manos entreabiertas, relajadas, no se deben cerrar los puños y el pulgar hacia arriba.

Los pies deben pisar con la parte delantera en el aterrizaje. Primero con la parte central y anterior del pie para entrar en contacto en forma gradual, suave y ligero, porque los pies están controlados por las pantorrillas. La contracción muscular absorbe mucho más la fuerza y el impacto sobre las extremidades es menor. Lo contrario, si primero golpean los talones, el golpe es más fuerte sin amortiguar la caída.

Cadencia: de ser posible mantener una cadencia de 170 a 180 pasos por minuto.

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