Kitabı oxu: «Me dormí en mi piso y desperté en Crepúsculo»

Джулс Хониг
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Глава

ME DORMÍ EN MI PISO Y DESPERTÉ EN CREPÚSCULO

Джулс Хониг

Español A2-B1

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Capítulo 1. Esto no es mi dormitorio


Esto no es mi dormitorio

La última cosa que Lily recordaba era la lluvia contra la ventana de su dormitorio.

Había sido uno de esos días de octubre en los que parecía que el otoño había decidido entrar en la ciudad de verdad. Durante toda la tarde, el cielo había estado cubierto de nubes grises y las calles brillaban por la lluvia. El viento movía las ramas de los árboles y llevaba hojas amarillas y rojas por las aceras. Algunas se quedaban pegadas al suelo mojado y otras volaban durante unos segundos antes de desaparecer en la oscuridad. A Lily le gustaban aquellas noches. Lily miró otra vez el teléfono. —Como no pille cobertura pronto, estoy perdida, murmuró.

Cuando hacía frío fuera, su piso parecía todavía más cómodo. Había encendido una pequeña lámpara junto a la cama y había preparado una taza de té. En la habitación olía un poco a canela porque por la tarde había encendido una vela que había comprado unos días antes. Sobre una silla había un jersey que no había guardado, y encima de la mesita de noche descansaban un libro, sus auriculares y el teléfono. No era una noche especial. Y precisamente por eso Lily la recordaría después con tanta claridad.

Antes de acostarse, se acercó a la ventana. La lluvia caía lentamente sobre el cristal y las luces de los edificios parecían pequeñas estrellas detrás de las gotas de agua. Durante unos segundos se quedó allí, mirando la ciudad.

—Mañana hará mejor tiempo, murmuró.

No sabía por qué lo había dicho. Quizá simplemente quería creerlo. Después cerró las cortinas, dejó el teléfono en la mesita de noche y se metió debajo de la manta. Estaba cansada y no tardó mucho en quedarse dormida. Aquella fue la última cosa normal que ocurrió. Cuando Lily volvió a abrir los ojos, sintió algo frío contra la mejilla. Durante unos segundos no se movió. Todavía estaba medio dormida y no entendía por qué su almohada estaba tan dura. Además, hacía demasiado frío. Muchísimo frío. Intentó encontrar la manta con una mano, pero sus dedos tocaron algo húmedo y áspero. Lily abrió los ojos completamente. Sobre su cabeza no estaba el techo blanco de su dormitorio. Había árboles.

Árboles enormes y oscuros que subían hacia un cielo gris. Sus ramas se movían lentamente con el viento y estaban cubiertas de pequeñas gotas de agua. Entre ellas podía ver una niebla blanca que parecía flotar sobre el bosque. Lily parpadeó varias veces. Luego se incorporó. Estaba sentada en el suelo. El suelo de un bosque.

A su alrededor había hojas secas de muchos colores: amarillas, marrones, rojas y naranjas. Algunas estaban cubiertas de agua. Otras se habían quedado atrapadas entre las raíces de los árboles. Había pequeños helechos verdes junto a los troncos y el aire olía a tierra mojada, madera y lluvia. Durante unos segundos, Lily simplemente miró alrededor. Su cerebro parecía negarse a aceptar lo que estaba viendo.

—Vale. Esto es raro., dijo finalmente.

Su voz sonó demasiado alta en medio del silencio. Esperó. Nada respondió. Solo escuchó el sonido suave de las gotas que caían desde las ramas.

Lily se puso de pie lentamente. Llevaba la misma ropa con la que se había acostado: unos pantalones cómodos, una camiseta y un jersey fino. No llevaba abrigo. Tampoco zapatos adecuados para caminar por un bosque mojado. Miró sus pies.

—Perfecto.

Tenía las zapatillas de casa. Por supuesto. Porque si una persona iba a despertarse misteriosamente en un bosque desconocido, ¿por qué iba a tener al menos unas buenas botas? Lily respiró profundamente e intentó pensar. La explicación más lógica era que estaba soñando. Tenía que estar soñando. Se pellizcó el brazo.

—¡Ay!

Miró la pequeña marca roja que había aparecido en su piel.

—Bueno. Eso no ayuda.

El viento pasó entre los árboles y Lily se abrazó a sí misma. Tenía frío. Un frío real, desagradable, que empezaba en los brazos y bajaba lentamente por la espalda. Entonces sintió una gota en la frente. Después otra. Y otra. Levantó la cabeza.

—No.

Por favor. Empezó a llover.

Al principio era una lluvia fina y tranquila, casi bonita. Las gotas quedaban suspendidas en las hojas y brillaban como pequeños cristales. Pero Lily no estaba de humor para admirar la belleza del otoño. Necesitaba descubrir dónde estaba. Metió una mano en el bolsillo del pantalón y se quedó inmóvil. Su teléfono. Lo sacó rápidamente.

—Gracias.

Por primera vez desde que se había despertado, sintió algo parecido a la esperanza. La pantalla se encendió. 08:17 Tenía un treinta y dos por ciento de batería. Lily miró la parte superior de la pantalla. No había señal.

—Claro.

Levantó el teléfono un poco, como si veinte centímetros más cerca del cielo pudieran solucionar el problema. Nada. Caminó unos pasos hacia la izquierda. Nada. Después hacia la derecha. Seguía sin señal.

—Si pillo cobertura, llamo a alguien, dijo en voz alta.

Las palabras la hicieron sentirse un poco mejor. Tener un plan, aunque fuera muy pequeño, era mejor que quedarse quieta en medio del bosque. Miró el mapa del teléfono. No funcionaba correctamente sin conexión. Durante unos segundos apareció una pantalla casi vacía y después un punto azul sin ninguna información útil.

—Fantástico.

Guardó el teléfono para no gastar más batería. Ahora tenía que elegir una dirección. Eso parecía fácil hasta que Lily miró alrededor otra vez. Todo era igual. Árboles altos. Helechos. Hojas. Niebla. No había edificios, coches ni voces. Ni siquiera podía escuchar una carretera.

Sin embargo, el bosque no parecía completamente salvaje. Después de caminar unos metros, Lily encontró algo que podía ser un sendero. Era estrecho y estaba casi cubierto de hojas, pero la tierra parecía más plana allí. Se agachó para observarlo.

—Si esto es un sendero, llegará a algún sitio.

No sabía si aquello era verdad, pero decidió creerlo. Empezó a caminar. El bosque era extraño. No porque hubiera algo claramente peligroso, sino porque parecía demasiado tranquilo. Lily estaba acostumbrada al ruido de la ciudad: coches, personas, teléfonos, puertas, música de algún vecino. Allí solo escuchaba sus propios pasos, el viento y la lluvia. De vez en cuando, una rama se rompía en algún lugar entre los árboles. Cada vez que ocurría, Lily se detenía. Miraba alrededor. Esperaba. Pero nunca veía nada. Después de unos veinte minutos, empezó a sentirse más nerviosa. El sendero continuaba entre los árboles, pero no aparecía ninguna casa ni ninguna carretera.

—Si sigo caminando, encontraré algo, se dijo.

Esperaba que el bosque estuviera de acuerdo.

Una ráfaga de viento hizo caer decenas de hojas. Durante unos segundos, el aire se llenó de colores cálidos. Las hojas rojas y doradas giraron lentamente alrededor de Lily antes de caer sobre el sendero. Era precioso. También era inquietante.

La niebla parecía cada vez más espesa y se movía entre los árboles como si estuviera viva. En algunos lugares era tan blanca que Lily apenas podía ver lo que había a veinte metros de distancia. Se detuvo junto a un árbol enorme. Había algo extraño en aquel lugar. No podía explicarlo. Era solo una sensación. Como si no estuviera sola. Lily miró hacia atrás. El sendero estaba vacío. Miró hacia la derecha. Nada. A la izquierda había una larga fila de árboles oscuros.

—Hola, dijo.

Inmediatamente se arrepintió. ¿Por qué había hecho eso? Si había alguien allí, no estaba segura de querer conocerlo. Esperó unos segundos. Silencio. Entonces escuchó un ruido. No era una rama. Esta vez parecía un paso. Lily dejó de respirar durante un segundo. Otro ruido. Más cerca.

—¿Hay alguien ahí?

No recibió respuesta. Sacó el teléfono otra vez, aunque sabía perfectamente que un teléfono sin señal no iba a salvarla de nada. El bosque volvió a quedarse en silencio. Lily miró entre los árboles durante unos segundos más y finalmente continuó caminando, esta vez mucho más rápido.

—Si veo a alguien, le preguntaré dónde estoy. Si es una persona normal., murmuró.

Hizo una pausa.

—Por favor, que sea una persona normal.

No sabía por qué había añadido aquello. Pasaron otros quince minutos. La lluvia había mojado su pelo y el jersey empezaba a pegarse a sus brazos. Lily tenía los dedos fríos y las zapatillas estaban completamente mojadas. Entonces vio algo. Se detuvo. A unos treinta metros, entre los árboles, había una pequeña estructura de madera. Lily apretó los labios y se quedó quieta. ¿Una casa? Se acercó con cuidado. No era una casa. Era un viejo cartel de madera. Una de sus partes estaba rota y la superficie estaba cubierta de musgo. Había varias palabras, pero la lluvia y el tiempo habían borrado casi todas. Lily limpió la madera con la manga. Consiguió leer: TRAIL Debajo había una flecha.

—Un sendero oficial, dijo.

Eso significaba que tenía que haber una carretera cerca. Por primera vez, la situación parecía mejorar.

—Si sigo la flecha, encontraré una salida.

Esta vez sonrió un poco. Siguió caminando.

El sendero empezó a bajar y el bosque se volvió todavía más verde. Había musgo sobre las piedras y los troncos. Las hojas amarillas parecían pequeñas luces sobre aquel fondo oscuro. Lily tuvo la extraña impresión de haber visto un lugar parecido antes. Se detuvo. Miró los árboles. Después el sendero. Después la niebla. No. Era imposible. Los bosques se parecían entre sí. Especialmente los bosques americanos de las películas. Lily frunció el ceño. ¿Americanos? ¿Por qué había pensado específicamente en eso? Continuó caminando. Unos minutos después escuchó algo diferente. Un sonido largo y constante. Coches.

—¡Una carretera!

Lily casi empezó a correr.

El sendero terminó junto a una carretera estrecha y mojada. No había muchas señales de tráfico y los árboles continuaban a ambos lados, pero aquello era definitivamente civilización. Lily respiró aliviada.

—Vale. Si pasa un coche, pediré ayuda.

No tuvo que esperar mucho. Un coche oscuro apareció entre la niebla. Lily levantó una mano. El vehículo redujo la velocidad. Durante un instante pensó que iba a detenerse. Pero no lo hizo. Pasó junto a ella. Lily vio al conductor solo durante un segundo. Un hombre. Piel muy pálida. Cabello oscuro. La miró directamente. Y había algo en aquella mirada que hizo que Lily bajara lentamente la mano. El coche desapareció detrás de una curva. Lily permaneció inmóvil.

—Qué amable.

Intentó reírse, pero la risa no sonó natural. Había algo raro en aquel hombre. Algo que no podía explicar. Se dijo que simplemente estaba cansada, mojada y asustada. Probablemente cualquier desconocido le parecería extraño en aquel momento. Continuó caminando junto a la carretera. Media hora después, Lily ya no sentía los pies. La lluvia no paraba.

Sin embargo, el paisaje estaba cambiando. Empezaron a aparecer casas entre los árboles. Primero una, después otra. Vio un pequeño jardín lleno de hojas mojadas, una camioneta aparcada frente a una casa y finalmente una señal de tráfico. Lily se acercó rápidamente. Había una flecha. Y un nombre. Lo leyó una vez. Después otra. Se quedó completamente inmóvil. No. Se acercó un poco más. Las letras seguían allí. Lily sacó el teléfono y miró la pantalla, como si pudiera encontrar alguna explicación. Nada. Volvió a mirar el cartel. El nombre no había cambiado. Sintió un extraño frío en el estómago que no tenía nada que ver con la lluvia. Porque Lily conocía aquel nombre. Por supuesto que lo conocía. Lo había visto muchas veces. En libros. En películas. En internet. Pero no podía estar allí. Era imposible. Lily dio un paso hacia el cartel. Sobre el fondo verde podía leerse claramente: FORKS Durante unos segundos no ocurrió nada. La lluvia continuó cayendo. Una hoja roja aterrizó lentamente junto a sus pies. Lily miró el cartel. Después miró el bosque oscuro que había dejado atrás. Y por primera vez desde que se había despertado sintió algo más fuerte que el miedo. Reconocimiento.

—No puede ser, susurró.

A lo lejos se oyó un trueno. Lily volvió a mirar las letras. FORKS. Y en aquel momento comprendió que encontrar una carretera quizá no había sido la parte difícil. La parte difícil iba a ser descubrir por qué estaba allí. Gramática

Ejercicios de vocabulario

Ejercicio 1. Completa las frases

Lily se __________ en un bosque y no en su dormitorio.

El suelo estaba cubierto de __________ __________ de diferentes colores.

Lily no sabía dónde estaba y pensó que estaba __________.

Entre los árboles había mucha __________ y era difícil ver a lo lejos.

Lily intentó usar el teléfono, pero no tenía __________.

Después de caminar un rato, encontró un __________ entre los árboles.

Lily empezó a __________ un camino para salir del bosque.

Poco a poco se __________ de que aquel lugar le resultaba familiar.

Estaba lloviendo y Lily empezó a __________ __________.

Finalmente consiguió __________ una carretera.

Ejercicio 2. Elige la opción correcta

Lily se quedó dormida...

a) en un bosque

b) en su piso

c) en un coche

Cuando se despertó, el suelo estaba...

a) caliente y seco

b) cubierto de nieve

c) húmedo y cubierto de hojas

Lily tenía...

a) botas de montaña

b) zapatillas de casa

c) zapatos nuevos

Su teléfono...

a) no tenía señal

b) no tenía batería

c) había desaparecido

En el bosque Lily tuvo la sensación de que...

a) alguien la observaba

b) conocía perfectamente el camino

c) estaba cerca de su casa

Al final del capítulo Lily descubre que está cerca de...

a) Seattle

b) Forks

c) Portland

Gramática en práctica


Ejercicio 3. Forma el primer condicional

Si Lily __________ (encontrar) señal, __________ (llamar) a alguien.

Si la lluvia no __________ (parar), Lily __________ (necesitar) buscar un lugar seco.

Si __________ (aparecer) otro coche, Lily __________ (pedir) ayuda.

Si Lily __________ (seguir) el sendero, quizá __________ (encontrar) una carretera.

Si alguien le __________ (preguntar) quién es, Lily __________ (tener) que explicar su situación.

Si Lily __________ (ver) una casa, __________ (llamar) a la puerta.

Si su teléfono __________ (quedarse) sin batería, no __________ (poder) usarlo.

Si __________ (hacer) más frío, Lily __________ (necesitar) un abrigo.

Si Lily __________ (descubrir) dónde está, __________ (intentar) entender cómo ha llegado allí.

Si realmente __________ (estar) en Forks, todo __________ (volverse) mucho más extraño.

Ejercicio 4. Une las dos partes

Si Lily encuentra una casa,

Si sigue caminando bajo la lluvia,

Si el teléfono se queda sin batería,

Si alguien se detiene en la carretera,

Si realmente está en Forks,

a) intentará pedir ayuda.

b) tendrá todavía más preguntas.

c) tendrá mucho más frío.

d) llamará a la puerta.

e) no podrá comprobar dónde está.

Ejercicio extra. Encuentra y corrige el error

Si Lily encontrará señal, llamará a alguien.

Si yo sería Lily, no entraría sola en el bosque.

Si Bella descubre la verdad, preguntaría a Edward inmediatamente.

Comprensión

¿Cómo era la última noche normal de Lily antes de quedarse dormida?

¿Qué fue lo primero que le hizo comprender que no estaba en su dormitorio?

¿Por qué Lily pensó al principio que podía estar soñando?

¿Qué objetos tenía Lily cuando se despertó?

¿Por qué decidió seguir el sendero?

¿Qué sensación extraña tuvo mientras caminaba por el bosque?

¿Qué observó Lily en el conductor del coche?

¿Qué encontró finalmente después de salir del bosque?

¿Por qué el nombre Forks era tan importante para ella?

¿Qué crees que hará Lily después de descubrir dónde está?

Respuestas

Ejercicio 11. despertó2. hojas secas3. perdida4. niebla5. señal6. sendero7. buscar8. dio cuenta9. tener frío10. encontrar

Ejercicio 21. b2. c3. b4. a5. a6. b

Ejercicio 31. encuentra , llamará2. para , necesitará3. aparece , pedirá4. sigue , encontrará5. pregunta , tendrá6. ve , llamará7. se queda , podrá8. hace , necesitará9. descubre , intentará10. está , se volverá

Ejercicio 41 , d2 , c3 , e4 , a5 , b

Expresión coloquial del capítulo: pillar cobertura = поймать сеть / сигнал.

Capítulo 2. Bienvenida a Forks


Bienvenida a Forks

Lily permaneció delante del cartel durante tanto tiempo que la lluvia empezó a caerle por la cara como si quisiera obligarla a reaccionar. Las letras blancas sobre el fondo verde seguían diciendo lo mismo: FORKS. No desaparecían cuando parpadeaba, no cambiaban cuando apartaba la mirada y tampoco parecían formar parte de un sueño extraño. Lily conocía aquel nombre demasiado bien.

Durante años había visto Forks en películas, había leído sobre sus bosques, su lluvia y sus habitantes ficticios, y siempre lo había imaginado como un lugar lejano que solo existía dentro de una historia. Ahora, sin embargo, podía sentir el agua fría dentro de sus zapatillas y el viento húmedo en el pelo. Todo era demasiado real. Algo en aquel lugar le daba mala espina, aunque todavía no sabía explicar por qué. Se acercó un poco más al cartel, como si la distancia pudiera cambiar lo que estaba escrito.

—Forks

—leyó en voz baja.

Decirlo en voz alta fue todavía peor.

Por supuesto, existía una explicación lógica. Forks era un pueblo real de Washington. Lily lo sabía. Quizá, de alguna manera completamente absurda, había llegado hasta Estados Unidos mientras dormía. Aquello era imposible, pero seguía siendo menos imposible que la otra explicación que empezaba a formarse en su cabeza. Bella Swan. Edward Cullen. Vampiros. Lily cerró los ojos durante un segundo.

—No. Ni siquiera voy a pensar en eso., murmuró.

Si estaba en el Forks real, encontraría una explicación. Si encontraba a alguien con un teléfono, llamaría a la policía. Si conseguía conexión a internet, comprobaría dónde estaba exactamente. Y si todo aquello era un sueño, tarde o temprano se despertaría. Aquella lista de posibilidades parecía razonable. El problema era que ninguna explicaba cómo había pasado de su cama a un bosque del estado de Washington.

Lily miró la carretera. A un lado, el asfalto desaparecía entre los árboles. Al otro, podía distinguir varias casas y, más lejos, algunos edificios bajos. Decidió caminar hacia allí. Cuanto más se acercaba al pueblo, más fuerte se hacía la sensación de estar entrando en un lugar conocido.

El otoño en Forks no era brillante ni dorado como en las fotografías de parques llenos de hojas naranjas. Era más oscuro y silencioso. Los árboles parecían guardar el color entre sus ramas, mientras el cielo gris convertía todo en tonos verdes, marrones y plateados. Las hojas mojadas cubrían los bordes de la carretera y se pegaban unas a otras formando pequeños caminos de color cobre. De vez en cuando, el viento levantaba algunas y las hacía girar sobre el asfalto antes de devolverlas al suelo. A Lily le habría parecido precioso en cualquier otra situación. Ahora solo quería un lugar seco, una taza de algo caliente y una explicación que no incluyera vampiros.

Después de caminar unos minutos, vio una pequeña gasolinera. Tenía un techo bajo, dos surtidores y una tienda con grandes ventanas iluminadas. La luz amarilla del interior parecía especialmente acogedora bajo aquel cielo oscuro. Lily aceleró el paso.

Cuando abrió la puerta, una pequeña campana sonó sobre su cabeza. El cambio de temperatura fue inmediato. Dentro hacía calor y olía a café, chocolate y algo dulce que probablemente llevaba allí desde primera hora de la mañana. Detrás del mostrador había una mujer de unos cincuenta años. Llevaba gafas y un jersey verde oscuro. Levantó la vista de una revista y observó a Lily con sorpresa. No era difícil entender por qué. Lily estaba empapada. Su pelo mojado se pegaba a sus mejillas, el jersey tenía manchas de tierra y sus zapatillas de casa dejaban pequeñas marcas húmedas sobre el suelo.

—Dios mío. ¿Estás bien?, dijo la mujer.

Lily abrió la boca. Había pensado muchas veces en lo que diría cuando encontrara a alguien. Ahora que por fin tenía delante a una persona normal, no sabía por dónde empezar.

—Creo que sí. Solo... estoy un poco perdida., respondió.

La mujer miró sus zapatillas.

—Eso parece.

Lily bajó la vista y casi se rio. Era la primera cosa normal que alguien decía desde que se había despertado.

—¿Puedo usar un teléfono?

—Claro. Está detrás del mostrador. Pero primero deberías secarte un poco.

La mujer le dio unas servilletas de papel y señaló una pequeña zona con dos mesas junto a la ventana.

—Siéntate. Te traeré café.

—Gracias, pero no tengo dinero.

—No te he preguntado si tienes dinero.

La respuesta fue tan sencilla que Lily sintió un pequeño nudo en la garganta. Se sentó junto a la ventana y observó la lluvia mientras la mujer preparaba una taza. Desde allí podía ver la carretera y los árboles detrás de ella. La niebla se movía lentamente entre los troncos y hacía que el bosque pareciera no tener final. La mujer dejó el café sobre la mesa.

—Me llamo Margaret.

—Lily.

—¿De dónde vienes, Lily?

Aquella era una pregunta excelente. Lily rodeó la taza con las manos para calentarse los dedos.

—Es complicado.

Margaret levantó una ceja.

—¿Tienes familia aquí?

—No.

—¿Amigos?

—No.

—¿Hotel?

Lily negó con la cabeza. Margaret la observó durante unos segundos.

—Entonces sí que es complicado.

Lily bebió un poco de café. Estaba demasiado caliente, pero no le importó.

—¿Estamos realmente en Forks?, preguntó.

Margaret sonrió ligeramente.

—Sí. Aunque por tu cara parece que esperabas otra respuesta.

—Solo quiero comprobarlo.

—Forks, Washington. No hay otro secreto.

Lily casi se atragantó con el café al escuchar la palabra secreto. Margaret no pareció notarlo.

—Si quieres comprobarlo tú misma, tenemos wifi.

La contraseña está junto a la caja. Lily sacó inmediatamente el teléfono. Por primera vez desde que se había despertado apareció el símbolo de conexión. Abrió el navegador y escribió: “Forks Washington”. Los resultados aparecieron en la pantalla. Forks. Clallam County. Washington. Estados Unidos. Lily miró la información sin saber si sentirse aliviada o aterrorizada. El pueblo existía. Eso ya lo sabía. Pero había otra cosa que necesitaba comprobar. Miró a Margaret. La mujer había vuelto al mostrador y estaba atendiendo a un hombre que acababa de entrar. Lily bajó el brillo de la pantalla, sintiéndose ridícula, y escribió otra búsqueda. “Forks High School”. Aparecieron fotografías de un instituto rodeado de árboles. Lily se estremeció. Podía ser una coincidencia. Todo podía ser una coincidencia. Necesitaba una prueba mejor.

Buscó algunos nombres de calles. Después abrió el mapa. Amplió la zona y empezó a leer nombres de lugares. Algunos le resultaban vagamente familiares y otros no significaban nada para ella. Entonces vio un nombre que le hizo detener el dedo sobre la pantalla. La Push. Lily apoyó el teléfono sobre la mesa.

—Vale. Sigue siendo un lugar real., susurró.

Intentaba convencerse a sí misma, pero su voz no sonaba muy segura. Fuera, un coche pasó lentamente frente a la gasolinera. Era una camioneta vieja de color rojo oscuro. Durante un segundo, Lily sintió que el corazón se le detenía. Se levantó demasiado rápido y casi golpeó la taza. La camioneta continuó por la carretera y desapareció. Lily volvió a sentarse. No podía ser. Había miles de camionetas viejas. Probablemente cientos eran rojas. Eso no significaba nada.

—¿Todo bien?, preguntó Margaret desde el mostrador.

—Sí.

Margaret miró hacia la carretera.

—¿Conoces ese coche?

—No. Creo que no.

La mujer sonrió.

—En un pueblo tan pequeño terminarás conociendo todos los coches.

Aquella frase no ayudó.

Después de beber el café, Lily utilizó el teléfono de la gasolinera. Primero intentó llamar a su propio número de casa, aunque sabía que no tenía demasiado sentido. La llamada no llegó a ninguna parte. Después probó otro número que recordaba perfectamente. Nada. No era simplemente que nadie contestara. La llamada ni siquiera parecía funcionar como debía. Lily volvió a intentarlo. El mismo resultado.

—¿Problemas?, preguntó Margaret.

—Sí. Quizá estoy marcando mal.

—¿Es un número internacional?

Lily dudó.

—Sí.

Margaret le explicó cómo debía marcarlo desde Estados Unidos. Lily siguió las instrucciones con cuidado. Otra vez nada. Sintió que la pequeña esperanza que había tenido al entrar en la tienda empezaba a desaparecer. Si encontraba internet, pensó, podría escribir a alguien. Abrió varias aplicaciones en su teléfono.

Algunas no cargaban. Otras parecían haberse cerrado solas. Sus cuentas no estaban disponibles. El correo electrónico mostraba un error extraño. Incluso la fecha del teléfono parecía incorrecta durante unos segundos antes de volver a la normalidad. Lily miró la pantalla con preocupación. Aquello ya no parecía un simple problema de conexión.

—Si el teléfono sigue funcionando así, tendré que buscar otra forma de contactar con alguien, dijo para sí misma.

Margaret volvió a acercarse.

—Puedes ir a la comisaría.

El jefe Swan suele estar allí por la mañana. Lily dejó de respirar. No fue una reacción dramática. No gritó ni dejó caer el teléfono. Simplemente se quedó inmóvil, con las manos alrededor de la taza.

—¿Cómo ha dicho?

—El jefe Swan.

Charlie Swan. La lluvia golpeó la ventana. En algún lugar detrás del mostrador, una máquina hizo un pequeño sonido. Lily miró a Margaret. La mujer parecía completamente tranquila.

—¿Charlie... Swan?

—Sí. ¿Lo conoces?

Lily tardó demasiado en responder.

—No.

La palabra salió casi como un susurro. Margaret señaló hacia la carretera.

—La comisaría no está lejos. Si sigues por aquí y giras a la izquierda después de unas calles, la encontrarás. Si quieres, puedo escribirte la dirección.

—Sí. Gracias., respondió Lily automáticamente.

Mientras Margaret buscaba un bolígrafo, Lily miró de nuevo por la ventana. Charlie Swan. Aquello ya era diferente. Forks era real. La Push era real. Incluso podía existir un policía llamado Charlie Swan por pura casualidad. Pero las coincidencias empezaban a acumularse de una forma que no le gustaba. Margaret dejó un pequeño papel junto a la taza.

—Aquí tienes.

Lily lo cogió.

—¿Hay... un instituto cerca?

—Forks High School. Sí.

—¿Y conoce a una chica que se llama Bella?

La pregunta salió antes de que pudiera detenerla. Margaret sonrió.

—¿Bella Swan? Claro.

La hija de Charlie. Lily sintió que el mundo se volvía extrañamente silencioso. Ya no escuchaba la lluvia. Ya no escuchaba la máquina de café. Solo podía oír su propio corazón.

—¿Está aquí?, preguntó.

—¿Bella? Sí. Volvió a vivir con su padre hace un tiempo.

Lily apretó el papel entre los dedos. Ya no podía decirse que todo era una coincidencia. Podía intentarlo, por supuesto. Podía inventar diez explicaciones racionales y repetirlas hasta creerlas. Pero sabía la verdad. O, al menos, empezaba a saberla. Había una última pregunta. Una que no quería hacer. Porque si Margaret respondía lo que Lily esperaba, ya no habría vuelta atrás.

—¿Y la familia Cullen?, preguntó finalmente.

Margaret inclinó un poco la cabeza.

—¿Los Cullen?

Lily asintió.

—El doctor Cullen trabaja en el hospital. Una familia muy agradable. Un poco reservada, quizá., respondió la mujer.

Sus hijos van al instituto. Lily cerró los ojos. Ahí estaba. Carlisle Cullen. Los hijos. El instituto. Forks. Bella Swan. Charlie Swan. Cuando volvió a abrir los ojos, Margaret seguía mirándola.

—¿Segura de que no conoces a nadie?

Lily soltó una pequeña risa nerviosa.

—Ese es exactamente el problema.

Margaret consiguió encontrarle un impermeable viejo que alguien había dejado en la tienda meses atrás. Era demasiado grande, de color azul oscuro y no combinaba en absoluto con sus zapatillas, pero Lily lo aceptó como si fuera el regalo más bonito del mundo.

—Si encuentro la manera de volver, se lo devolveré, prometió.

Margaret sonrió.

—Primero descubre adónde tienes que volver.

Lily salió de la gasolinera con el papel de la dirección en un bolsillo y el teléfono en el otro.

La lluvia era más suave ahora. El cielo seguía cubierto de nubes, pero entre ellas aparecía una luz blanca que hacía brillar las gotas sobre las hojas. Forks se extendía delante de ella como un pueblo tranquilo, casi demasiado normal para guardar secretos.

Había pequeñas casas de madera, jardines húmedos, coches aparcados y escaparates decorados para el otoño. En una cafetería habían colocado calabazas junto a la puerta. En otra ventana había hojas de papel naranjas y una pequeña guirnalda de luces. Lily caminó despacio. Ahora que sabía dónde estaba, cada detalle parecía importante. Miraba cada coche que pasaba. Cada persona pálida. Cada movimiento entre los árboles. Era absurdo. También era inevitable. Si veía a Bella Swan, pensó, sabría definitivamente que aquello era real. Pero ¿qué haría después? No podía acercarse a ella y decir: “Hola, Bella. No me conoces, pero sé que vas a enamorarte de un vampiro que puede leer la mente.” Lily imaginó la expresión de Bella y casi sonrió. No. Necesitaba pensar. Si encontraba a Charlie, tendría que inventar una historia sobre su llegada. Si hablaba con Bella, tendría que fingir que no sabía nada de ella. Y si veía a un Cullen... Lily se detuvo. No quería terminar aquella frase. Una ráfaga de viento cruzó la calle y levantó varias hojas rojas. Giraron alrededor de sus piernas y una quedó atrapada en el borde del impermeable. Lily la tomó entre los dedos. Era de un rojo intenso, casi como una gota de sangre sobre su mano.

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26 avqust 2026
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