Kitabı oxu: «Historia del rap»

Şrift:

HISTORIA

DEL RAP


Ricky Lavado

HISTORIA
DEL RAP


© 2021, Ricky Lavado Muñoz

© 2021, Redbook ediciones

Diseño de cubierta: Regina Richling / Daniel Domínguez

Diseño de interior: Marcel Abellanet

Fotografías: Wikimedia Commons / Archivo APG

ISBN: 978-84-99176-70-3

Producción del ePub: booqlab

Todas las imágenes son © de sus respectivos propietarios y se han incluido a modo de complemento para ilustrar el contenido del texto y/o situarlo en su contexto histórico o artístico. Aunque se ha realizado un trabajo exhaustivo para obtener el permiso de cada autor antes de su publicación, el editor quiere pedir disculpas en el caso de que no se hubiera obtenido alguna fuente y se compromete a corregir cualquier omisión en futuras ediciones.

«Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra.»

Este libro no existiría sin la sabiduría

y el buen corazón de Antonio,

la paciencia y el cariño de Camino,

y la amistad de Joel y Pepo.

Gracias de corazón.

ÍNDICE

Introducción

1. La vieja escuela

Old School

Los cuatro elementos

DJ

Sample This!

MC

Cultura e industria

Los Dioses y las Tierras

The Universal Zulu Nation

10 grabaciones fundamentales del Old School Rap

2. La Era Dorada

Golden Age

Battle Royal

Beefs

Guerra entre costas

El Este

El mensaje

Boom Bap & Jazz Rap

Native Tongues

El Oeste

Gangsta Rap

G-Funk

La Bahía

15 artistas fundamentales de la Era Dorada

25 discos imprescindibles de la Era Dorada

3. El nuevo milenio

Asalto al mainstream

Jiggy Era

La alternativa

Soulquarians & Neosoul

Expansión

Dirty South

Los raros

El subsuelo

Anticon

Francia

La Banlieue

UK Rap

15 artistas fundamentales del nuevo milenio

25 discos imprescindibles del nuevo milenio

4. Presente y futuro

Aires de cambio

Renovación y futuro

Tradición

Nuevo Underground

Odd Future

Black Hippy

A$ap Mob

El horror

Codeina y tatuajes

Drill

New Jazz (USA)

New Jazz (UK)

Generación Brexit

15 artistas fundamentales del presente y futuro del Rap

25 discos fundamentales del presente y futuro del Rap

5. Rap en español

Los felices años noventa

La zona bruta

Volando alto

El Sur

Nobleza baturra

Industria y cultura

Borinquen

Reguetón

Chicanos

Las venas abiertas

Antipatriarca

Gamberros en la nueva era

Urano Players

Disidentes

No te metas en política

Rap, arañas y Borbones

15 artistas fundamentales de Rap en español

25 discos imprescindibles de Rap en español

Discografía

Bibliografía

Mixtape


INTRODUCCIÓN

Mayo de 2020. Los Estados Unidos arden. Una oleada de protestas contra la brutalidad policial y el racismo estructural se ha extendido por todo el país, desatada en esta ocasión, a modo de enésima gota que colma el vaso, por el brutal asesinato de George Floyd bajo la rodilla de un agente de la policía local de Mineápolis. El movimiento Black Lives Matter ha tomado las calles con multitudinarias protestas que a menudo vienen acompañadas de disturbios callejeros y enfrentamientos violentos con las fuerzas del orden; los manifestantes sienten que las muertes de ciudadanos negros a manos de la policía son la punta visible de un iceberg gigantesco de discriminación racial que se enraíza en lo más profundo de la estructura social del país. Se recuperan consignas y acciones de protesta que recuerdan a la época de las luchas por los derechos civiles en la década de los sesenta. Las Redes Sociales se inundan de citas de Martin Luther King e imágenes de los Panteras Negras. En pleno siglo XXI la población negra de Estados Unidos siente que su país sigue sin saber, o sin querer, deshacerse de una serie de lastres que se remontan a las épocas más oscuras de esclavitud y segregación racial del siglo XX. Desde la Casa Blanca, el Presidente Donald Trump intenta sacar réditos electorales en medio del polvorín, criminalizando las protestas y los dos grandes grupos que las capitanean (Black Lives Matter y Antifa), y mostrando una controvertida equidistancia entre éstos y un sector de votantes del Partido Republicano que, envueltos en banderas confederadas y retórica supremacista, recuerdan demasiado a los tiempos del Ku Klux Klan.

En medio del clima de tensión que se ha apoderado del país, el colectivo Anonymous lleva a cabo una acción de apoyo a las protestas, acompañada de un mensaje diáfano e inequívoco: «Si la policía no puede contenerse y está disparando a los periodistas, pateando y golpeando a los manifestantes y participando de la violencia, ¿Cómo puede alguien esperar que la gente se contenga?». La acción de Anonymous consiste en el hackeo de las emisoras de radio de la Policía de Chicago para hacer sonar una y otra vez «Fuck Tha Police», una canción publicada treinta años antes por una banda de Rap llamada N.W.A. Paralelamente, en las calles de Nueva York los choques entre manifestantes y policías antidisturbios se suceden con una banda sonora de fondo que también recupera una canción popularizada hace tres décadas por otra banda de Rap. La canción lleva por título «Bring The Noise», la firmaron unos tal Public Enemy, y arranca con la voz de Malcolm X repitiendo «Too black, too strong» («Demasiado negro, demasiado fuerte»).


Curiosamente, estas mismas canciones sonaron hasta la saciedad en la cobertura mediática que se hizo de los disturbios de Los Ángeles en 1992 como reacción a la absolución de los cuatro policías que apalearon a Rodney King. Las imágenes de la brutal paliza, que dieron la vuelta al mundo, encajaban demasiado bien con aquella banda sonora. Resulta paradigmático y para nada casual que ambas canciones surgieran en su día como reacción a una serie de problemáticas con las que, desgraciadamente, una parte importante de la comunidad afroamericana se puede sentir identificada hoy. De la misma manera que canciones de Rap compuestas en los años ochenta siguen resonando hoy en día, manteniendo su relevancia más allá de las coyunturas específicas de su tiempo, esas mismas canciones fueron construidas sobre la base de una tradición musical que arrancaba muchos años antes. Public Enemy y N.W.A. construyeron un discurso musical enraizado en el Funk de James Brown o Funkadelic, y éstos a su vez eran deudores del Jazz de Miles Davis o Art Blakey, que habían crecido rodeados de góspel y de las melodías de blues de Bessie Smith o Robert Johnson.

En su nivel más elemental, el Hip Hop es un producto de la era de las luchas por los derechos civiles en Estados Unidos: un conjunto de elementos culturales surgidos en los barrios más marginales de Nueva York en los años setenta y protagonizado por una juventud que se enfrentaba a la cara más oscura del sueño americano; aquella que mantenía a la comunidad negra lejos de los sueños de prosperidad de los últimos coletazos de la era Carter. A ritmo de funk y música disco en Block Parties clandestinas y batallas de rimas improvisadas en parques públicos; con las paredes de edificios en ruinas a modo de lienzo, y con las aceras de las calles como pistas de baile, surgen los que suelen ser considerados los cuatro elementos fundacionales de la cultura Hip Hop: MC, DJ, Breakdance y Grafiti. De estos cuatro elementos, la figura del MC (Maestro de Ceremonias) y del DJ (Disc-Jockey) dan forma al vehículo de expresión más popular del Hip Hop: la música Rap.

A finales de los setenta el Hip Hop se convierte en la plataforma cultural que se establecerá como principal marco de referencia popular de la comunidad afroamericana en la América de Reagan, y la música Rap se convertirá no solamente en la nueva ramificación de ese larguísimo árbol genealógico que narra la tradición y evolución de la música negra en Estados Unidos en el siglo XX, sino que supondrá una herramienta de interrogación artística que se abrirá paso desde sus raíces de gueto para acabar ejerciendo una influencia sustancial a nivel global en la música, la literatura, el cine, la filosofía, la televisión, el comercio, la publicidad, los medios de comunicación, el lenguaje, la moda, la pintura o la danza en las últimas cuatro décadas. Hablar de Rap es hablar de música, pero es también hablar de política, negocios, violencia, sentido de la comunidad, drogas, integración, materialismo, defensa de la identidad, delincuencia, espiritualidad y todas las costuras al descubierto de la intersección entre raza, clase, sexo y economía en la América contemporánea, y por extensión en el mundo entero.

Sirvan las siguientes páginas a un doble propósito: como humilde homenaje fruto de la admiración y el respeto más profundos a un estilo musical vivo, rico, complejo, relevante a muchísimos niveles diferentes y en continua evolución; y a modo de guía general sin ánimos enciclopédicos de una de las expresiones artísticas más apasionantes e influyentes en la historia de la música a lo largo del siglo XX y lo que llevamos del XXI.

No están todos los que son, pero definitivamente son todos los que están.

TURN IT UP, BRING THE NOISE

«Young, gifted and black.

Oh, what a lovely precious dream.

To be young, gifted and black...»

«Joven, talentoso y negro.

Oh, qué sueño tan precioso.

Ser joven, talentoso y negro...»

Nina Simone

OLD SCHOOL

Las palabras eternas de Nina Simone, inmortalizadas en la grabación de «To be young, gifted and black» de 1958, y convertidas después en himno de la contracultura norteamericana y las batallas por los derechos civiles durante la década de los sesenta, adquirían una nueva resonancia urgente e interrogativa para los jóvenes afroamericanos a mediados de los setenta. Bien podían tomárselas como un rayo de esperanza y autoafirmación, o como ironía cercana al sarcasmo. Vista su realidad inmediata, seguramente ambas opciones resultaban igual de válidas. Esos jóvenes habían pasado su infancia viendo imágenes de la Guerra de Vietnam en televisión. Sus abuelos habían conocido la segregación y se las habían ingeniado para salir adelante bajo las leyes Jim Crow. Sus padres habían forjado unos vínculos comunitarios de apoyo mutuo y resistencia que seguían vivos pese a que en las zonas urbanas las comunidades negras se habían convertido en guetos asolados por la alienación, las nulas perspectivas de prosperidad, la delincuencia y las drogas. El urbanismo de las grandes ciudades creaba fronteras insalvables, y en las zonas más arrasadas por la miseria la población negra vivía una realidad turbulenta con índices descomunales de desempleo, encarcelamientos, abandono escolar y muertes violentas.

La época segregacionista había terminado hacía tiempo, eso es cierto; la Ley de Derechos Civiles de 1964 y la de Derecho de Voto de 1965 habían terminado oficialmente con la era Jim Crow; la incorporación de la comunidad afroamericana al mundo laboral y al ejército era una realidad, y la segregación escolar llevaba prohibida desde 1954. Sobre el papel, las gigantescas barreras de los años de segregación habían caído gracias a las luchas por los derechos civiles, pero en la segunda mitad de los setenta una gran mayoría de los jóvenes afroamericanos se encontraba con otras barreras, quizás más sutiles que las de antes, pero igual de firmes. Abuelos, padres y nietos habían vivido mundos completamente diferentes, pero todos esos mundos tenían en común un mismo impulso de protesta que los unía con un hilo invisible de resistencia frente a la opresión y la marginalidad generación tras generación. Un hilo que se remontaba a los campos de algodón en los que habían sido esclavizados sus antepasados no muchos años antes. La idea de desarrollo social y económico que manejaba el proyecto neocon tras los convulsos años sesenta dejaba bien claro que el sueño de prosperidad económica que se vislumbraba en el horizonte apuntaba hacia los grandes suburbios de clase media, mayoritariamente blanca. El ideal de progreso gestado durante los setenta y sublimado con la llegada de Ronald Reagan a la Casa Blanca en 1981 contemplaba una América blanca y conservadora, y excluía de las bondades del nuevo capitalismo a amplios sectores de la población. El desarrollo urbano de las grandes ciudades de Estados Unidos durante las décadas de los sesenta y setenta convirtió en zonas económicamente muertas un montón de barrios que, abandonados de las políticas públicas, poblados mayoritariamente por afroamericanos e hispanos, y sin tejido industrial ni comercial sobre el que sustentarse crecían abocados a la marginalidad y la exclusión.

LOS CUATRO ELEMENTOS

Como tantos otros, el distrito neoyorquino del Bronx en los setenta era una zona abandonada, empobrecida y asolada por la heroína y las bandas callejeras. Películas como The Warriors o Fort Apache: The Bronx recreaban una imagen de la vida callejera en Nueva York muy alejada del romanticismo de West Side Story; y más tarde Tom Wolfe representaría con precisión en La hoguera de las vanidades una de las peores pesadillas que podías sufrir en el Nueva York de los ochenta: perderte en el Bronx. A pesar de ello, o seguramente como consecuencia parcial de ello, las calles del Bronx eran también un hervidero de creatividad y de inquietud artística, y un nuevo tejido cultural iba tomando forma en torno a una serie de vías de expresión alimentadas por el ostracismo, los conflictos raciales, la necesaria autogestión de la comunidad y un carácter tan combativo como vitalista. Una explosión de color a base de pintura de espray inundaba las paredes con grafitis firmados de forma misteriosa por jóvenes artistas urbanos con imaginativos apodos, más conocidos como Tags. En las aceras, parques y andenes de metro grupos de hispanos y negros se juntaban cargando piezas de linóleo o cartón y grandes radiocasetes para retarse mutuamente en competitivas batallas de baile. El elemento unificador de todo ese caldo de cultivo artístico y cultural era la música.


Block Party.

Eran los años dorados de la música disco, y la figura del disc-jockey era venerada casi hasta la idolatría. En las calles del Bronx, fuera del circuito comercial de clubs y discotecas, los DJs locales adoptaron la tradición jamaicana del Soundsystem, consistente en un equipo de sonido itinerante (normalmente montado sobre un camión o una furgoneta) que permitía organizar fiestas al aire libre, dando origen al concepto de la Block Party. De la noche a la mañana, las plazas, solares y cruces de calles de los barrios se convierten en el terreno improvisado de sesiones de Funk, Soul y Disco; las batallas de baile se suceden bajo la batuta de Disc-Jockeys con nombres artísticos imposibles, y los ritmos infecciosos de James Brown hacen vibrar el asfalto gracias la electricidad tomada ilegalmente de las farolas. A menudo los Disc-Jockeys se acompañaban de un Maestro de Ceremonias, o MC, que amenizaba las fiestas micrófono en mano. De repente, los astros se alinearon para que de esos cuatro elementos básicos (DJ, MC, Breakdance y Grafiti) naciera la cultura Hip Hop, y por extensión la música Rap. Nada sería lo mismo a partir de ese momento.

DJ

1973. Clive Campbell, un joven jamaicano criado en el Bronx, observa atentamente las reacciones de los asistentes a una Block Party. Sudor, volumen y mucho baile. Campbell está en su barrio, la fiesta la ha organizado él y está pinchando vinilos de James Brown y Kool & The Gang. Aquí todo el mundo le conoce como DJ Kool Herc. Intrigado por los subidones de euforia a los que se entrega el público cada vez que suenan las partes más rítmicas y sin letra de las canciones, los llamados breaks, Herc decide coger la aguja del tocadiscos y colocarla manualmente sobre el punto de la canción en el que había empezado el break, para extenderlo tantas veces como desee. El resultado es electrizante, y la gente se vuelve loca. Más tarde, se le ocurrió utilizar dos vinilos del mismo disco para reproducirlos uno detrás del otro y conseguir el mismo efecto: extender el break de una canción hasta el infinito. A la invención se le llamó breakbeat, hizo que DJ Kool Herc se convirtiera automáticamente en una leyenda, y desde entonces está considerado el padre del Rap. Gracias a él, el resto de DJs se dieron cuenta de las posibilidades creativas que ofrecían los tocadiscos entendidos no como simples reproductores de audio, sino como instrumentos. Con DJ Kool Herc el DJ dejó de ser un amenizador de fiestas para convertirse en artista, y los pioneros de esos años estaban sentando sin saberlo las bases de un nuevo lenguaje musical, el turntablism. Manipular la rotación y lectura de los vinilos para alterar el sonido y con ello crear música nueva es uno de los conceptos definitorios de la música Rap, y las técnicas que esos DJs ingeniaron en los setenta siguen constituyendo un elemento básico del Hip Hop hoy en día.


DJ Kool Herc: los inicios.

Grand Wizard Theodore, Grandmaster Flash y Afrika Bambaataa, los unánimemente considerados padres fundadores del Hip Hop junto a Dj Kool Herc, se encargarán de elevar el turntablism al nivel de arte, perfeccionando los descubrimientos de Herc y desarrollando nuevas técnicas que se convertirán en unidades de medida de la destreza, creatividad y capacidad de improvisación de un DJ. Técnicas como el scratch, consistente en la producción de sonidos marcadamente rítmicos mediante el movimiento de un disco de vinilo hacia delante y atrás sobre un tocadiscos, pasarán a ser parte indisociable del sonido Rap. Todas estas innovaciones provocarán que los MCs se encuentren de repente con mucho más espacio y mucha más libertad para improvisar rimas y consignas festivas sobre la música que los DJs están produciendo desde la mesa de mezclas. Ha nacido una nueva forma de hacer música.


Afrika Bambaataa: nación Zulu y electro.

SAMPLE THIS!

Rápidamente los avances tecnológicos permitirán a toda una generación de productores y artistas desarrollar una nueva forma de hacer discos mediante el uso de aparatos analógicos llamados samplers (y posteriormente softwares digitales), gracias a los cuales era posible aislar un fragmento o muestra de sonido grabado (sample) para reutilizarlo después reproduciéndolo sobre bases creadas con cajas de ritmos o transformándolo mediante efectos. Se pueden rastrear antecedentes de esta técnica, conocida como sampling, en los experimentos acústicos de la música concreta de los años treinta o en grabaciones de The Beatles en los sesenta, pero es con el Hip Hop que deja de ser un recurso técnico para convertirse en un lenguaje musical en sí mismo. «Funky Drummer», de James Brown, se considera la canción más sampleada de la historia. La idea de tomar grabaciones preexistentes como material básico de composición expandirá los horizontes creativos del Rap (creándose toda una subcultura en torno al cratedigging, o la práctica de «excavar» en los cajones de las tiendas de discos en busca de los vinilos más desconocidos o raros de los que extraer nuevos samples), y ofrecerá algunos de los momentos más memorables de la historia del género («Good Times» de Chic en «Rapper’s Delight» de Sugarhill Gang; «Walk On The Wild Side» de Lou Reed en «Can I Kick It?» de A Tribe Called Quest; «Howlin’ For Judy» de Jeremy Steig en «Sure Shot» de Beastie Boys; «Mind Rain» de Joe Chambers en «NY State Of Mind» de Nas; la banda sonora de Annie en «Hard Knock Life (Guetto Anthem)» de Jay-Z; «Boadicea» de Enya en «Ready Or Not» de Fugees; «Move On Up» de Curtis Mayfield en «Touch The Sky» de Kanye West...), de igual forma que abrirá un controvertido debate sobre el concepto de la propiedad intelectual que se materializaría en la denuncia que The Turtles interpusieron en 1989 contra De La Soul por el sampleo de su canción «You Showed Me» en «Transmitting Live From Mars», un tema del disco debut de De La Soul 3 Feet High And Rising. La sentencia, favorable a The Turtles, supuso la obligación de reformular el planteamiento creativo de muchos artistas y productores, así como el planteamiento legal y económico de la industria musical del Rap, ya que a partir de ese momento había que pagar derechos de autor por el uso de samples, y el dueño de esos derechos podía negarse a ceder esos fragmentos de su música por el motivo que estimase pertinente.

MC

Podemos encontrar en Gil Scott-Heron o The Last Poets los antecedentes inmediatos de la figura del MC como la entendemos hoy en día. El característico fraseo arrastrado, profundo y politizado de Gil Scott-Heron en Small Talk At 125th And Lenox (RCA, 1970), o la mezcla de spoken word sobre acompañamientos musicales afrocentricos y el contenido socialmente comprometido de las rimas de The Last Poets en discos como This Is Madness (Sunspots, 1971) ejercerán una influencia capital en el desarrollo del Rap y marcarán el carácter de generaciones de raperos a lo largo del tiempo, si bien en sus orígenes el MC nace de una forma mucho menos sofisticada. De los iniciales y viscerales gritos de ánimo y frases ingeniosas lanzadas sobre las partes instrumentales de lo que estuviera pinchando el DJ o en los espacios entre canciones, poco a poco se va desarrollando un discurso festivo, imaginativo, chulesco y competitivo, plagado de rimas pegadizas y de agudeza verbal. Cada MC se esfuerza en desarrollar y perfeccionar diferentes técnicas de recitado para conseguir un estilo personal (el flow, ese intangible a medio camino entre el control de la técnica y el talento natural, que nos hace adorar o detestar el estilo y personalidad de un MC), con el que rivalizar en batallas de destreza e ingenio con otros MCs. Ese carácter competitivo, festivo, confrontacional y hedonista es un rasgo fundamental del Hip Hop, y marca una actitud en común entre el Rap, el Breakdance y el Grafiti.


Gil Scott-Heron: rimas y revolución.


Kurtis Blow: la primera estrella del Rap.

En el momento de mayor apogeo de la música Disco, de repente las discotecas y los primeros puestos en las listas de los principales programas de radio se vieron invadidos por las obras primigenias de un estilo recién nacido. Mientras Ronald Reagan estrenaba despacho en la Casa Blanca, nombres como The Sugarhill Gang, Kurtis Blow, The Sequence (primera banda de Hip Hop formada íntegramente por mujeres), Grandmaster Flash, Roxanne Shanté o Afrika Bambaataa asaltaron el mercado discográfico y el mundo de la música en general, sentando las bases de lo que a partir de 1985 se convertiría en el siguiente capítulo evolutivo de la historia del Hip Hop, el periodo que hoy llamamos Golden Age: la Era Dorada del Rap.

CULTURA E INDUSTRIA

El fichaje de Kurtis Blow por Mercury Records en 1980, la primera vez que un artista de Rap pasaba a engrosar las filas de una multinacional, es un hecho histórico no sólo por el éxito rotundo del single «The Breaks» y por afianzar a Blow como una estrella, sino porque representa un momento fundamental en la historia de la música: el momento en el que la industria descubre que el Hip Hop ha dejado de ser un movimiento underground para convertirse en toda una cultura por derecho propio; una cultura con un potencial artístico y comercial para el que todavía no se había creado una estructura industrial y empresarial de peso. La publicación de los primeros discos de Rap, en formato 7” y ep de 12”, abre la puerta a un mercado hasta entonces inexistente, y fue Sugarhill Records con la publicación de Rapper’s Delight en 1979 quien se encargó de inaugurar dicho mercado. Sugarhill Records, con Sylvia Robinson al frente, se convierte en el primer sello discográfico dedicado al Hip Hop, y en su breve pero intensa y exitosa trayectoria lanzará las carreras de Treacherous Three, The Sugarhill Gang, The Sequence, Grandmaster Flash o Funky 4+1. Hablar de Sugarhill Records es hablar de leyenda, y de un precedente para la cultura Hip Hop de una importancia capital.


The Sugarhill Gang: el deleite de la vieja escuela.

Siguiendo los pasos de Sugarhill Records, en esos años nacerán una serie de sellos que irán poco a poco dando forma a una industria nueva dentro de la música, y que se consagrarán a lo largo de la Era Dorada del Rap, copando el mercado de obras y artistas fundamentales para el desarrollo del género. Con pocos años de diferencia se fundan Jive Records (hogar de Whodini, primero, y de A Tribe Called Quest, Schoolly D o Souls Of Mischief después), Tommy Boy (Afrika Bambaataa primero y Queen Latifah, Stetsasonic, De La Soul o House Of Pain después), o Def Jam (de LL Cool J o Slick Rick a Foxy Brown o Kanye West, pasando por Beastie Boys o Public Enemy). Las cada vez más abarrotadas veladas de batallas de MCs en el mítico Lyricist Lounge, la popularidad de programas de radio dedicados exclusivamente al Rap (locutores como Kool DJ Red Alert o Mr. Magic son piezas fundamentales en la expansión del Rap fuera de los límites del gueto), el interés progresivo de las grandes marcas en el patrocinio de artistas de Rap (empezando por el fichaje de Run-D.M.C. por Adidas) o el nacimiento en 1988 de la revista The Source (para muchos, el medio de comunicación oficial del Hip Hop), ayudarán al crecimiento de todos estos sellos y al despegue de generaciones enteras de nuevos artistas, estableciendo un mercado cada vez más enorme ligado a la cultura Hip Hop. El carácter underground inicial del Rap pasará a convertirse en un estilo sólido, comercialmente hablando, a lo largo de los ochenta, centrado alrededor de Nueva York principalmente hasta que a principios de los noventa la Costa Oeste rompa la baraja y Death Row Records se convierta en un imperio, colocando a Snoop Doog o Dr. Dre en la cima más absoluta del mainstream. A partir de ese momento, hablar de Rap supone en muchos casos hablar de cifras millonarias de ventas y niveles gigantescos de fama, y el peso del Hip Hop dentro de la industria musical pasará a ser equivalente al de las grandes estrellas de Pop.

LOS DIOSES Y LAS TIERRAS

Las calles de Harlem vieron el nacimiento, en 1964, de un movimiento cultural y espiritual llamado La Nación del 5% (también conocida como Nación de los Dioses y las Tierras), fundada por un miembro de la Nación del Islam y seguidor de Malcolm X llamado Clarence Edward Smith, conocido también como Clarence 13X y posteriormente Allah The Father. La Nación del 5% proponía una ramificación del Islam basada en la idea de la superioridad natural de la raza negra como habitantes primigenios de la tierra. Según la Nación de los Dioses y las Tierras, el 5% de los habitantes del mundo (los five-percenters) conoce la verdad sobre la creación del universo y lucha para transmitirla a un 85% de la población, que vive sumida en la ignorancia, sometida a los designios del 10% restante; una élite de poder también conocedora de esa verdad y que se encarga de mantenerla oculta. A través de códigos de interpretación de textos islámicos (el Alfabeto Supremo, según el cual la letra A sirve para designar a Alá, o la M para referirse a un maestro, y así sucesivamente) y de sistemas de numerología que confieren valores cualitativos a las representaciones numéricas (la Matemática Suprema, en la que el número 1 corresponde al conocimiento, y el 7 simboliza a Dios, por ejemplo), la Nación del 5% promulgaba sus enseñanzas mediante un sistema de grados de conocimiento (las 120 lecciones) estructurado en torno a doce axiomas, llamados las 12 Joyas: conocimiento, sabiduría, entendimiento, libertad/cultura, justicia/poder, igualdad, comida, vestimenta, abrigo, amor, paz y felicidad. El FBI calificó de “banda peligrosa” a la Nación del 5% en 1965 debido a su progresiva radicalización, y su fundador Clarence 13X fue asesinado en circunstancias sospechosas en 1969, justo un año después del asesinato de Martin Luther King y cuatro del de Malcolm X.


Big Daddy Kane: Rap y five-percenters.

A lo largo de los años, numerosos artistas de Hip Hop se han relacionado en mayor o menor medida con la Nación del 5%, y sus preceptos e iconografía se pueden rastrear en figuras como Rakim, Big Daddy Kane, Guru, Digable Planets, Wu-Tang Clan o Erykah Badu, entre muchos otros. Esa dimensión social, política y cultural del Hip Hop más allá de lo estrictamente musical, como elemento de empoderamiento de la comunidad; pero mucho más asentada en lo terrenal y exenta en un principio del componente religioso, es la base sobre la que un joven llamado Afrika Bambaataa hizo real una visión que cambiaría el curso de la historia del Hip Hop: una visión a la que llamó The Universal Zulu Nation.

THE UNIVERSAL ZULU NATION

Kevin Donovan, o Afrika Bambaataa, era miembro de la banda callejera Black Spades (una de las más numerosas en el Nueva York de principios de los setenta). Criado entre la ecléctica colección de discos de su madre, e influido a su vez por su activismo, Afrika Bambaataa (Donovan adoptó como apodo el nombre un líder zulú del siglo XIX después de ver una película) veía con creciente preocupación el problema de violencia de las bandas callejeras (gangs) que asolaban Nueva York y su terrible repercusión en las comunidades de los guetos. Bambaataa, que junto a DJ Kool Herc y Grandmaster Flash era uno de los motores de la naciente comunidad Hip Hop, vio en la suma de los cuatro elementos que daban forma a dicha comunidad una forma de alejar a los chavales de las bandas callejeras.

La mezcla mágica de DJs, Grafitis, MCs y Breakdance que ocurría en las block parties que organizaba Afrika Bambaataa le sirvió de inspiración para fundar The Universal Zulu Nation; un movimiento pacifista de concienciación que promovía la unión y el respeto dentro de la comunidad negra mediante los 4 elementos de la cultura Hip Hop. Según los preceptos de Zulu Nation, el Hip Hop era un vehículo de transformación social que debía comprometerse con las comunidades que lo habían visto nacer, ofreciendo una alternativa pacifista, concienciada y autogestionada al clima de violencia que las bandas callejeras habían impuesto en la mayoría de barrios desfavorecidos de Nueva York. Las actividades de Zulu Nation (organización de block parties y veladas culturales, acciones de voluntariado social y de apoyo al comercio local, promoción del talento y las carreras de los jóvenes del gueto...) ofrecían un entorno seguro basado en el respeto por unos códigos morales que formaban parte de la filosofía de la cultura Hip Hop, y sus ideales pacifistas y estética afrocéntrica ejercerían una influencia capital en multitud de artistas de Rap comprometido posteriores, de forma especialmente notable en el colectivo Native Tongues.


The Universal Zulu Nation. Filosofía y cultura Hip Hop.

Zulu Nation fue creciendo con los años hasta convertirse en una organización mundial formada por decenas de delegaciones independientes establecidas por todo el planeta, adaptando sus actividades a las prioridades y necesidades locales, y sumando en muchos casos elementos espirituales a su filosofía original, si bien nunca abandonando el Hip Hop como la base fundamental sobre la que se sustenta el movimiento de la Nación Zulu.

10 grabaciones fundamentales del Old School Rap


The Sugarhill Gang – Rapper’s delight

(Sugarhill Records, 1979)

El inicio de todo. El primer disco de Hip Hop de la historia; un éxito arrollador que traspasó las fronteras del gueto para hacer bailar al mundo entero con un inolvidable sample de Chic y una forma de rapear tan inédita como irresistible. La popularidad de Sugarhill Gang y del sello Sugar Hill Records aumentó como la espuma desde el momento de su publicación.


Kurtis Blow – The Breaks

(Mercury, 1980)

Primer single de Hip Hop en alcanzar el oro, y posiblemente el mayor éxito de Kurtis Blow, el primer artista de Hip Hop en firmar con una multinacional (y en convertirse en una estrella). Uno de los primeros singles de Rap en alcanzar verdadera repercusión en el mainstream.


Treacherous Three – The Body Rock

(Sugarhill Records, 1980)

Presentes junto a DJ Kool Herc y Grand Wizard Theodore en los primeros años del Hip Hop, la banda del Bronx liderada por Kool Moe Dee anticiparon con este tremendo éxito de 1980 (la primera canción de Hip Hop en usar guitarras de Rock), la fusión de Rap y Rock con la que Run-D.M.C. sacudirían al mundo unos pocos años después.


Funky Four Plus One – That’s The Joint

(Sugarhill Records, 1980)

Otro hit absoluto publicado en 1980 por la primera banda de Hip Hop liderada por una mujer, que a su vez también fue la primera banda en firmar un contrato discográfico. Esta canción supuso un punto de inflexión en la creciente e imparable popularidad del Hip Hop al convertirse en la primera aparición de una banda de Rap en la televisión nacional de Estados Unidos, nada más y nada menos que en Saturday Night Live.


Afrika Bambaataa – Planet Rock

(Tommy Boy, 1982)

Otra grabación fundamental en la historia del género, publicada en 1982 por Tommy Boy Records, y que ostenta el récord como disco de Hip Hop más sampleado de la historia. Con esta canción inmortal Afrika Bambaataa daba nacimiento al sub género del electro-funk y se convertía en leyenda gracias a su histórico sample del «Trans-Europe Express» de Kraftwerk.


Grandmaster Flash – The Message

(Sugarhill Records, 1982)

Una de las canciones más importantes e influyentes de la historia del Rap, y seguramente el primer ejemplo de Rap crítico y profundo, con poso político incluso. Hasta ese momento en el Hip Hop se hablaba de fiestas, sexo y diversión; y el análisis social y la puntería lírica de esta canción dota por primera vez de contenido a un género que a partir de ese momento se convertirá en algo serio.


The Fearless Four – Rockin’ it

(Enjoy, 1982)

Famosos tras su aparición en el mítico documental sobre los orígenes del Hip Hop Wild Style, dirigido en 1982 por Charlie Ahearn, The Fearless Four siguieron los pasos de Kurtis Blow al ser la primera banda de Hip Hop en firmar por una multinacional (el propio Blow se encargaría de producir algunos de sus mayores singles) y alcanzarían su mayor éxito con este clásico del Old School construido sobre un sample de Kraftwerk.


Whodini – Magic’s Wand

(Jive Records, 1983)

Whodini ganaron gran popularidad en la primera mitad de los ochenta gracias a su pionera fusión de Hip Hop con R&B y Soul, y por el espectacular batallón de breakdancers que les acompañaban en sus actuaciones. Este es uno de sus temas más celebrados, y es la primera canción de Hip Hop en acompañarse de un videoclip.


Cold Crush Brothers – Fresh, Fly, Wild & Bold

(Tuff City, 1984)

Como The Fearless Four, Cold Crush Brothers también vieron como su popularidad crecía bruscamente tras participar en el documental Wild Style, y su peculiar manera de rapear de forma armónica les reportó varios hits, entre los que destaca éste de 1984.


Roxanne Shanté – Roxanne’s Revenge

(Pop Art Records, 1984)

Un éxito masivo que coronó a Roxanne Shanté como la primera mujer MC en hacerse hueco, a base de actitud desafiante, ingenio y mala leche, en una escena cargada de testosterona, abriendo camino para la siguiente generación de mujeres que destacarán en la era dorada del Rap: de MC Lyte a Queen Latifah, pasando por Salt-n-Pepa o Monie Love.

«I think a number of the leaders are, whether you like it or not, in the Hip Hop generation. And when they understand enough, they’ll do wonders. I count on them.»

«Creo que algunos de los líderes están, te guste o no,

en la generación del Hip Hop. Y cuando comprendan

lo suficiente, harán maravillas. Cuento con ellos.»

Maya Angelou

GOLDEN AGE

Conocemos como Golden Age, o Era Dorada del Rap, al periodo comprendido entre los años 1985 y 1995, aproximadamente, y que constituye una de las etapas más creativas y brillantes de la historia del Hip Hop. Si en la primera mitad de los años ochenta se habían sentado las bases estéticas y el sonido primigenio del Rap, es en la Era Dorada cuando el género se dotará de contenido; asentará firmemente su peso e importancia cultural, artística y comercial; expandirá sus horizontes musicales ganando una profundidad y calidad inéditas hasta la fecha; se apoderará de las listas de ventas y ofrecerá algunas de las obras más relevantes e influyentes de su historia.

Es un periodo en el que el Hip Hop experimenta una gigantesca expansión artística y geográfica, estableciéndose como una de las principales y más exitosas corrientes musicales en medio mundo y convirtiéndose en la expresión cultural más importante y masiva de esos años, junto con el Grunge. El origen callejero y la vocación underground de la época Old School se mantenían vivos, y la corriente que entendía el Hip Hop como un arte socialmente comprometido, alternativo e imbuido de actitud crítica y desafiante adquiere durante la Era Dorada una relevancia capital; pero es también en estos años que el Rap se incorpora rápidamente al main-stream y su estética y sonido se asimilan en el mundo de la publicidad, la moda, los medios de comunicación o la industria del entretenimiento.


Rap y cine: del gueto a las pantallas.

Los documentales Wild Style (1982) y Style Wars (1983) habían mostrado en las pantallas de cine el nacimiento de la cultura Hip Hop, adquiriendo automáticamente un estatus de películas de culto que siguen manteniendo hoy en día, y en 1989 un joven Spike Lee sorprendería al mundo entero con el estreno de su brillante y polémica Do The Right Thing, un éxito apabullante de cine independiente que mostraba la realidad de Brooklyn al ritmo de Public Enemy y su ya legendario «Fight The Power». A partir de ese momento, la industria del cine saturará el mercado con una avalancha de películas de temática urbana (y criminal normalmente) protagonizadas por jóvenes de estética pandillera y banda sonora a base de Rap. Hollywood establecerá el gueto como nueva fuente de inspiración, y las problemáticas sociales de los barrios desfavorecidos cubiertos de grafitis se convertirán en un filón comercial. New Jack City (1991), Boyz n The Hood (1991), South Central (1992), Juice (1992) o Menace II Society (1993) se convierten en taquillazos, y el gran público se acostumbra a ver a Ice T, Queen Latifah, Tupac Shakur o Ice Cube compartiendo plano con Wesley Snipes, Samuel L. Jackson, John Turturro o Laurence Fishburn. En la televisión, un joven Will Smith revienta los índices de audiencia como Príncipe de Bel-Air, y en las emisoras de radio más comerciales suenan hasta la saciedad one-hit wonders de Rap para todos los públicos, tan inocuos como masivos, como «Ice Ice Baby» de Vanilla Ice, «U Can’t Touch This» de MC Hammer, o «Jump!» de Kris Kross. De repente, el Rap está en todas partes. Desgraciadamente, el Hip Hop pasa también a generar toneladas de titulares en los medios de comunicación por la creciente violencia del movimiento y las escandalosas y excesivas vidas de sus estrellas, algunas de ellas convertidas en celebridades tan próximas a la excelencia artística como al crimen organizado. Lo mejor y lo peor de la cultura Hip Hop se lleva al extremo durante la Era Dorada: una época tan brillante como desgraciada, que produjo dioses y obras de arte atemporales, pero también demasiados mártires.


Spike Lee: Haz lo que debas.

BATTLE ROYAL

Nelson George, el prestigioso periodista y escritor de Brooklyn, autor de, entre muchas otras cosas, numerosos libros y ensayos sobre la tradición musical y cultural afroamericana, arrancaba su libro Hip Hop America (2005) recordando una tradición del sur rural de Estados Unidos en los años treinta, habitual como preludio de entretenimiento en las veladas de boxeo, llamada Battle Royal. En una Battle Royal, unos cuantos jóvenes negros entraban en el ring con los ojos vendados, y libraban un combate a ciegas en el que sólo podía quedar uno en pie. Las armas no estaban permitidas, y los jóvenes se enzarzaban en un brutal combate de extrema violencia para regocijo de un público mayoritariamente blanco. George compara la actitud de aquellos jóvenes de los años treinta, abriéndose paso a ciegas, a puñetazos contra todo y contra todos, con la de los jóvenes que tomaron las riendas del Hip Hop a partir de la segunda mitad de los ochenta.

La actitud desafiante, la rudeza callejera y el sentido de la competitividad son elementos básicos del Rap: desde sus primeros días, los códigos del Hip Hop han funcionado a base de batallas de Breakdance y Grafiti, rivalidad de técnica y creatividad entre DJ’s, y enfrentamientos verbales (Beefs) entre MC’s. El relato de supervivencia, lucha, autoafirmación y orgullo que vertebra gran parte del imaginario del Hip Hop se vehicula desde sus orígenes a través de una dialéctica que se nutre de un posicionamiento de confrontación y combativo, en el que muchas veces las rimas se lanzan como se lanzan puñetazos en una pelea. El vacile y la chulería son consustanciales al Rap (no así la violencia), y esa actitud competitiva ha propiciado algunos de los momentos creativos más brillantes de su historia, pero con el inicio de la Era Dorada esa idea de competitividad pasó a ser cada vez menos sana.

BEEFS

Muchos son los beefs que han pasado a la historia del Rap si nos remontamos a sus orígenes. Los enfrentamientos entre raperos en forma de batallas verbales, vía intercambios de canciones con afilados e ingeniosos ataques mutuos por los más diversos motivos (envidia, lealtades territoriales, traiciones, relaciones profesionales fallidas, jaleos sentimentales o simple y pura diversión y ganas de fiesta), son uno de los rasgos distintivos del nacimiento del Hip Hop, y encontramos sonados ejemplos en la época Old School: ya en 1981 el enfrentamiento público entre Kool Moe Dee y Busy Bee se convirtió en el tema de conversación de moda; luego llegaron las famosas Roxanne Wars, desatadas a raíz de la publicación del single «Roxanne, Roxanne» de U.T.F.O, en el que criticaban a una mujer ficticia llamada Roxanne y que provocó una escalada de canciones de respuesta (casi cien canciones formaron parte de las Roxanne Wars), de las que saldría vencedora Roxanne Shanté con su mítico «Roxanne’s Revenge»; y la disputa entre Queensbridge y El Bronx como lugar de nacimiento del Hip Hop desencadenó las llamadas Bridge Wars, encabezadas por Juice Crew (con MC Shan al frente) y Boogie Down Productions (capitaneados por KRS-One).

Todas estas batallas, limitadas en la mayoría de casos al terreno musical, serán replicadas a lo largo de los años por algunas de las figuras más importantes del Rap (Nas vs. Jay-Z, Mobb Deep vs. 2Pac, Kanye West vs. 50 Cent, Foxy Brown vs. Lil’ Kim, Ice Cube vs. Common, MC Eiht vs. DJ Quick...). En sus inicios, los beefs en el Rap gravitaban en torno a cuestiones locales y en muchos casos interurbanas; eran cosa de Nueva York y algunas otras ciudades de la Costa Este, hasta que en la segunda mitad de los ochenta una nueva generación de artistas de la costa opuesta provocaron que Los Ángeles emergiera como firme competidora por el trono de capital mundial del Hip Hop, dando paso al principal eje vertebrador de la Era Dorada del Rap: la rivalidad entre la Costa Este y la Costa Oeste de Estados Unidos. De repente el Hip Hop se divide en dos grandes escuelas, y la competición entre ambas traspasa los ámbitos estilísticos o estéticos para alcanzar un tono más cercano a las guerras entre clanes mafiosos que a las rivalidades deportivas entre grandes equipos y sus hinchas. Los beefs entre los artistas principales de cada bando son cada vez más frecuentes y agresivos, los videoclips adquieren un imaginario cada vez más violento, y las armas se normalizan hasta ser un accesorio estético básico del Rap. La adhesión al East Coast Rap o al West Coast Rap pasa a ser un estilo de vida que cambiará el rumbo del Hip Hop para siempre, y dejará un triste reguero de cadáveres y vidas destrozadas en el proceso.


Biggie Smalls & Tupac Shakur: El Beef.

GUERRA ENTRE COSTAS

Pese a existir precedentes de peso (como la canción de Tim Dog «Fuck Compton» de 1991, que atacaba y ridiculizaba a las grandes figuras de la Costa Oeste que en ese momento acaparaban el centro de atención mediático y comercial; recibiendo sonadas respuestas por parte de Snoop Dogg y Compton’s Most Wanted, entre otros), el epítome absoluto del beef entre costas que atraviesa y permea el mundo del Hip Hop durante la Era Dorada es la trágica rivalidad entre dos pesos pesados del Rap convertidos en auténticos mitos: The Notorious B.I.G. (o Biggie Smalls) y Tupac Shakur (o 2Pac). El enfrentamiento entre los dos antiguos amigos, convertidos cada uno en paradigma aspiracional del delincuente que a base de talento y pocos escrúpulos se gana primero el respeto en las calles para acabar envuelto en lujo y fama, se convierte en el relato oficial y oficioso de la Era Dorada, alimentado y promovido tanto por los medios de comunicación como por la industria musical (no olvidemos que cuando hablamos de figuras como Dr. Dre, The Notorious B.I.G., 2Pac o Snoop Dogg, estamos hablando de cifras estratosféricas de ventas, niveles inmensos de fama y beneficios millonarios). A modo de guerra territorial entre bandas, o de batalla dinástica por la sucesión a un trono, Tupac Shakur pasa a representar un nuevo orden en el que el West Coast Rap se ha apoderado del mercado. Frente a él, Biggie Smalls defiende la hasta ese momento hegemónica superioridad del East Coast Rap. Compton contra Brooklyn, pandilleros neoyorquinos contra gánsteres californianos; y una rivalidad expresada en un principio desde los estudios de grabación que pasa a manifestarse de forma cada vez más virulenta en una escalada de ataques y agresiones, acusaciones mutuas de todo tipo, robos, tiroteos, prácticas mafiosas entre sellos discográficos, intentos de asesinato no resueltos y ríos de tinta y horas de pantalla en la prensa sensacionalista y los informativos en televisión.

Y discos enormes, claro: toda esta escalada de violencia (reflejada en unos índices de criminalidad en las calles y muertes violentas sin precedentes en la comunidad negra) coincide con un periodo de excelencia artística y de expansión creativa irrepetibles. La muerte de 2Pac y, con pocos meses de diferencia, la de The Notorious B.I.G., ambos asesinados en circunstancias sospechosas, marcan de alguna manera el fin de una era que, pese al lastre de la violencia, representa un salto cualitativo sin precedentes en el Rap. En la Era Dorada se afianzan estilos que se convierten en auténticas escuelas, se definen sonidos y formas de entender la composición y la producción que siguen funcionando como pautas básicas hoy en día, el contenido lírico adquiere un poso de profundidad y seriedad inéditos, y se ensanchan los horizontes creativos dando como resultado algunos de los discos y artistas más importantes del género. Términos como Boom Bap, Gangsta Rap, G-Funk o Jazz Rap pasan a formar parte del vocabulario básico de la cultura Hip Hop, y lo que en su día nació de las calles y plazas de los peores guetos urbanos se convierte en un movimiento de alcance global.


Run-D.M.C: la leyenda.

EL ESTE

El 4 de julio de 1986, un terremoto de magnitudes desconocidas hasta la fecha hizo temblar al planeta provocando unas reverberaciones que se pueden seguir percibiendo hoy en día. Con epicentro en la ciudad de Nueva York, su ola expansiva se extendió por todo Estados Unidos primero, para alcanzar poco a poco al resto del mundo. El terremoto llevaba por título «Walk This Way», y venía firmado por Run-D.M.C. y Aerosmith. El éxito masivo de la canción, una relectura del single de 1975 de los propios Aerosmith, sirvió para relanzar la carrera de Steven Tyler y compañía, y coronó a Run-D.M.C. como estrellas incontestables, no sólo dentro del Hip Hop. La mezcla de Rap vacilón y riffs de Hard Rock clásico de «Walk This Way» traspasó con creces las fronteras del género y reventó las listas de éxito más mainstream, conquistando a un público blanco que hasta ese momento nunca se había acercado al Rap, en su gran mayoría. El cerebro detrás de ese sonido y responsable de la producción del tema era un tal Rick Rubin, figura monumental en la historia de la música por muchísimos motivos, y fundador junto a Russell Simmons del sello discográfico convertido en imperio Def Jam Recordings. Cuatro meses después, con el mundo todavía en estado de shock por el impacto de «Walk This Way», Rubin repetía la fórmula y, con idéntico resultado, unos jovencísimos Beastie Boys asaltaban las listas de éxito con «(You Gotta) Fight For Your Right (To Party)»; una juerga de humor grueso, Rap festivo, Rock clásico e idiotez adolescente y desenfadada que catapultó a la fama al trío de Brooklyn. Tanto Run-D.M.C. como Beastie Boys tomaban el testigo del Rap hedonista y socarrón de los clásicos del Old School, siguiendo la fórmula de canción pegadiza y explosiva con rimas ingeniosas y letras cercanas a lo insustancial, tan característica de los grandes éxitos de la vieja escuela. Ese mismo año, aparte de la consagración de Run-D.M.C. y del descubrimiento al gran público de Beastie Boys, también será recordado para siempre en la historia del Hip Hop por otro hecho fundamental: la publicación de «Eric B. Is President», el primer single de Eric B. & Rakim, y el primer aviso de un MC que se convertiría en leyenda.


Eric B. & Rakim: ADN Hip Hop.

EL MENSAJE

La vida de William Griffin, más conocido como Rakim, dio un giro inesperado en 1982; ese año Grandmaster Flash & The Furious Five estrenaron una canción llamada escuetamente «The Message», y con ella nacía uno de los rasgos de carácter más definitorios de la cultura Hip Hop, y por consiguiente de la música Rap; el papel de análisis crítico y vehículo de denuncia social de un estilo musical nacido en las calles como altavoz de una comunidad atravesada por el racismo, la delincuencia y la pobreza. Aquella canción no hablaba de fiesta, no era divertida, no contenía rimas fáciles ni chistes sexuales, y ofrecía una crudeza de contenido y una profundidad lírica que la hacían única. El verso con el que el MC Melle Mel arrancaba la canción (el ya mítico «It’s like a jungle sometimes...»; «Es como una jungla a veces...») quedó marcado a fuego en el imaginario de la cultura Hip Hop; «The Message» narraba sin romanticismo ni eufemismos una realidad, la del gueto, marcada por la pobreza, las drogas, la violencia y el nihilismo. No era una canción amable, era Rap duro, callejero y profundo: era Rap Hardcore antes de que ese concepto se convirtiera en un estilo en sí mismo. Rakim, un MC superdotado, continuó el camino iniciado con «The Message», convirtiéndose en una figura de una influencia capital para el desarrollo del Rap de la Costa Este a lo largo de la Era Dorada, y encarnando una tradición de MC’s comprometidos con la realidad de sus comunidades que entiendían el Rap como arma de denuncia, herramienta de análisis y foco de activismo; una tradición enraizada en el ADN del Hip Hop que llega hasta nuestros días.


Public Enemy: la voz de la conciencia.

Cuando Chuck D proclamaba «Most of my heroes don’t appear on no stamps» («La mayoría de mis héroes no aparecen en ningún sello») al frente de Public Enemy, aunaba en una sola frase los anhelos y luchas de todo un pueblo, erigiéndose como portavoz y amplificador de las realidades de la comunidad afroamericana de igual forma que James Brown había hecho veinte años antes al grito de «Say it loud: I’m black and I’m proud» («Dilo en alto: soy negro y estoy orgulloso»). La toma de autoconciencia de la comunidad Hip Hop durante la Era Dorada, y su afianzamiento como principal expresión cultural afroamericana a partir de la segunda mitad de los ochenta, supondrá un salto de seriedad y profundidad en el contenido lírico y en la actitud e intenciones de una nueva generación de artistas poco interesados en los clichés festivos y superficiales de los hits de la época Old School. De «La Di Da Di, we like to party» («La Di Da Di, nos gusta la fiesta») de Slick Rick, o «Throw your hands up in the sky and wave’em ‘round from side to side» («Levanta tus manos al cielo y muevelas de un lado a otro») de Kurtis Blow, en pocos años el Rap pasa a lanzar interrogantes y crónicas afiladas que toman el pulso de la calle y de su tiempo.

Ice Cube planteando «Why more niggas in the pen than in college?» («¿Por qué hay más negratas en la cárcel que en la universidad?»); Queen Latifah dirigiéndose a la comunidad con su «This is my notice to the door, I’m not taking it no more, I’m not your personal whore, that’s not what I’m here for (...) Who you calling a bitch?» («Este es mi aviso, ya no lo aguanto más, no soy tu puta personal (…) ¿A quién estás llamando zorra?»); Tupac Shakur y su «Some say the blacker the berry, the sweeter the juice; I say the darker the flesh, then the deeper the roots…» («Algunos dicen que cuanto más negra es la baya, más dulce es el zumo; yo digo que cuanto más oscura es la piel, más profundas son las raíces»); o Kool Moe Dee alzando la voz ante la violencia entre negros dentro de los guetos con su célebre «I never ever ran from the Ku Klux Klan and I shouldn’t have to run from a black man» («Nunca huí del Ku Klux Klan y no debería tener que huir de un hombre negro»); sirven como ejemplos paradigmáticos de una época en la que el Rap se empieza a tomar en serio a sí mismo por primera vez.

BOOM BAP & JAZZ RAP

Si bien el Hip Hop de la costa este no tiene un sonido uniforme ni un estilo estándar, hay algunos elementos unificadores en gran parte del Rap producido desde finales de los ochenta en Nueva York y alrededores que marcan una actitud y una manera de hacer y entender la música que se convertirán en un canon dentro del género: Rap Hardcore duro y directo, dotado de seriedad y profundidad de contenido, cargado de destreza lírica y realismo sucio, y tan honesto y callejero como elevado artísticamente. Public Enemy, EPMD o KRS-One (primero al frente de los legendarios Boogie Down Productions y después en solitario tras el asesinato en 1987 de DJ Scott La Rock, miembro fundador de BDP), pasan a capitanear una nueva escuela de MC’s enfadados, con discurso crítico y urgencia por hacerse oír, y en absoluto interesados en edulcorar la realidad ni suavizar las formas para resultar comerciales. Siguiendo la estela de Eric B & Rakim, esos jóvenes y revolucionarios MC’s se acompañaban de una también nueva generación de productores y DJ’s con unos niveles de creatividad y unas inquietudes artísticas que provocaron un salto evolutivo colosal en el Hip Hop. Con ellos nació el Boom Bap, una técnica de grabación que se convertiría en un lenguaje básico del Rap de la Costa Este. Boom Bap es una onomatopeya que hace referencia al sonido básico de un bombo y una caja, reproducido en bucle partiendo de un sample rítmico simple y directo. Sobre esa base austera y contundente, la narración del MC sostiene el peso de la canción apoyada por certeros y puntuales samples; Jeru The Damaja, Mobb Deep, Redman o Wu-Tang Clan se encargarán de elevar el Boom Bap a categoría de arte. El equilibrio perfecto entre crudeza y elegancia del Boom Bap será una de las bases sobre las que se edificará el East Coast Rap, que reinará de manera indiscutible en la primera mitad de la Era Dorada.


Digable Planets: Cool like that.

La otra gran base estilística del Rap de la Costa Este tenía mucho más que ver con la tradición del Jazz y la mística cool de los clásicos de Blue Note o Verve, y estaba protagonizada por una escena de creadores que, desmarcándose de los elementos más agresivos y combativos del Hardcore Rap, bajaban revoluciones a base de Rap relajado y ambientes y samples de Jazz, ofreciendo un enfoque profundo e intelectualizado del Hip Hop. Digable Planets, Guru, Stetsasonic, Brand Nubian, A Tribe Called Quest o Gang Starr convertirán al Jazz Rap en el segundo eje vertebrador del Hip Hop de la Costa Este en unos años en los que se publicarán algunos de los discos más recordados e influyentes de la historia del Rap, fruto de una generación irrepetible de artistas que fueron a coincidir con unos productores visionarios, artistas también, que cambiarían el rumbo de la música: hablar de Public Enemy es hablar de The Bomb Squad de la misma forma que hablar de Wu-Tang Clan es hacerlo de RZA; de igual manera que sin DJ Premier o Q-Tip no podríamos hablar de Nas, The Notorious B.I.G., Jungle Brothers o A Tribe Called Quest; no se puede entender el sonido de Run-D.M.C., LL Cool J o los Beastie Boys primerizos sin la producción de Rick Rubin.

NATIVE TONGUES

Uno de los capítulos más luminosos e influyentes de la historia del Hip Hop se da en torno al colectivo Native Tongues; una improbable unión de personalidades brillantes capitaneada por De La Soul, Jungle Brothers, A Tribe Called Quest, Queen Latifah, Black Sheep y Monie Love; que a finales de los ochenta estableció una alternativa a la dureza del Boom Bap que triunfaba en la Costa Este en ese momento y al incipiente y violento universo del Gangsta Rap que empezaba a despuntar desde la Costa Oeste. La influencia del colectivo, tanto a nivel artístico como filosófico y estético, se extiende hasta nuestros días, y es del todo imposible explicar la evolución de la música Rap en las últimas décadas sin entender la revolución que supuso la explosión de creatividad, conciencia, diversión y buenas intenciones con la que Native Tongues cambiaron la historia del género para siempre.

Amigos desde la infancia, y poseedores todos de un talento descomunal, la familia Native Tongues rompía con prácticamente todos los estereotipos imperantes en el mundo del Rap en la segunda mitad de la década de los ochenta: no se mostraban agresivos ni querían parecer peligrosos, no iban armados, no traficaban con drogas ni vestían como gánsteres, no idolatraban el lujo y no mostraban el más mínimo interés por glorificar la violencia ni la vida callejera. Discípulos confesos de la Universal Zulu Nation de Afrika Bambaataa, los miembros de Native Tongues recogían el espíritu socialmente comprometido y politizado de Zulu Nation, así como su afrocentrismo y su rechazo de la violencia, y lo dotaban de una sofisticación y un poso intelectual inéditos hasta la fecha, así como de un irresistible sentido de la diversión y el buen humor. Con Native Tongues nacía una nueva forma de entender el Hip Hop. Sus producciones eran elaboradas, elegantes y profundas; los tempos bajaban en comparación con los del Hardcore Rap; su manera de rapear era relajada y festiva; el uso del sampleo se llevaba a niveles de creatividad nunca vistos y los referentes musicales sobre los que construían su música estaban más enfocados al Jazz clásico que al Funk.


Native Tongues: creatividad y buenas vibraciones.

Straight Out The Jungle (Warlock, 1988), el debut de Jungle Brothers, cimentaría los rasgos diferenciales del sonido Native Tongues, y a partir de ese momento cada miembro del colectivo se encargará de sumar discos imprescindibles en una espiral de creatividad que le otorgará a Native Tongues un respeto, una credibilidad y una popularidad gigantescas. De La Soul con 3 Feet High & Rising (Tommy Boy, 1989); Queen Latifah con All Hail The Queen (Tommy Boy, 1989), que incluía el himno feminista «Ladies First», con la colaboración de la también componente de Native Tongues Monie Love; o Black Sheep con A Wolf In Sheep’s Clothing (Mercury, 1991) se encargaron de que el Rap desenfadado y luminoso, imbuido de Jazz y cargado de buenas intenciones marca de la casa del colectivo traspasara los límites del underground para convertirse en una de las más influyentes corrientes dentro de la cultura Hip Hop al arrancar los noventa. De todos ellos, A Tribe Called Quest son los que sublimaron el estilo y lo llevaron a sus cotas más altas de elegancia y trascendencia, firmando dos discos consecutivos que hoy en día siguen siendo considerados obras de arte de una calidad y relevancia superiores, trascendiendo estilos y épocas: People’s Instinctive Travels And The Paths Of Rhythm (Jive, 1990) y, sobretodo, The Low End Theory (Jive, 1991).

Native Tongues eran divertidos y socarrones, abogaban por el pacifismo y el buen humor, defendían firmemente el compromiso de la cultura Hip Hop con las clases populares y la comunidad negra, y abordaban en sus letras temas como el machismo, la educación, la pobreza y el materialismo. Su estética afrocentrista y colorida y su actitud vitalista, siempre en perfecto equilibrio entre la diversión y la reflexión, así como su voluntad de hacer evolucionar a la música Rap como expresión artística relevante, resultarían enormemente influyentes no sólo para compañeros generacionales como Gang Starr, Leaders of the Underground (con Busta Rhymes en sus filas), Digable Planets, Souls of Mischief (y por extensión, el colectivo californiano Hieroglyphics), The Pharcyde y mil más; sino para toda una nueva hornada de artistas que se convertirían en figuras fundamentales del Rap en los años siguientes: de Mos Def a Common, pasando por The Roots, Talib Kweli, Erykah Badu o Fugees.

EL OESTE

En 1990, un estudio realizado por la fundación sin ánimo de lucro The Sentencing Project hacía pública una estadística escalofriante: uno de cada cuatro afroamericanos entre los 20 y los 29 años estaba encarcelado o en régimen de libertad condicional. En ese momento, esa estadística se traducía en aproximadamente 610.000 hombres, la inmensa mayoría de los cuales había acabado en prisión por delitos relacionados con el tráfico de drogas. Se estimaba que solamente en la ciudad de Nueva York unas 150.000 personas se dedicaban al menudeo de drogas en mayor o menor medida, y los datos respecto a muertes violentas o por sobredosis entre la juventud afroamericana se habían disparado de forma inédita en los últimos años. En los sesenta la marihuana y el LSD habían sido las drogas más extendidas en Estados Unidos, sustituidas a lo largo de los setenta por la heroína y recién estrenados los ochenta por la cocaína; pero es a mediados de los ochenta cuando un nuevo producto, extremadamente adictivo y rentable, apareció en las calles para convertirse automáticamente en una epidemia nacional: el crack. Rápidamente, una nueva economía sumergida y un mercado gigantesco se crean en torno a la venta y consumo de crack, que tendrá como principal consecuencia, aparte de las ya mencionadas, el nacimiento de un nuevo tipo de gánster: el crack ofrecía unos niveles altísimos de plusvalía, y de repente las bandas callejeras pasaron a manejar cifras y adoptar actitudes de auténticos carteles del narcotráfico. Las armas, los coches de lujo y las joyas pasan a ser nuevos símbolos de estatus social en una generación de adolescentes que encuentran en el materialismo y la violencia las únicas vías factibles para sobrevivir y prosperar en unos guetos condenados a la marginalidad: Tony Montana y Pablo Escobar como modelos a imitar (como resumió el malogrado Biggie Smalls desde su Brooklyn natal: «If I wasn’t in the Rap game I’d probably have a key knee-deep in the crack game, because the streets is a short stop: either you’re slinging crack rock or you got a wicked jump shot»; «Si no estuviera en el juego del Rap seguramente estaría hundido hasta las rodillas en el juego del crack, porque las calles son una parada corta: o estás repartiendo piedras de crack o recibiendo un tiro»). Si bien la relación entre Hip Hop y delincuencia existía desde los primeros días del movimiento, a finales de los ochenta el Rap se convierte en la banda sonora oficial de un estilo de vida atravesado por la violencia, el mercadeo del crack y las bandas callejeras, que en la Costa Oeste se bautizó como Gangsta.


Armas y rimas: Gangsta Rap.

Así como en un principio se podría definir al Gangsta Rap como la versión californiana del Rap Hardcore que pocos años antes había estallado en Nueva York, rápidamente las idiosincrasias propias de la Costa Oeste y el nacimiento del sonido G-Funk lo convertirán en algo más que una tendencia dentro del Hip Hop para pasar a ser directamente un estilo de vida, con una cultura y una estética propias asociadas. Con el Gangsta Rap y el G-Funk no solamente nace una forma nueva de Rap, sino que se crea un discurso y un imaginario que hará del Hip Hop de la Costa Oeste un género en sí mismo durante la Era Dorada. De repente, en un momento en el que hablar de Rap significaba casi siempre hablar de Nueva York, una nueva generación de raperos californianos asaltaron el mercado discográfico, acaparando la atención de los medios de comunicación y de un público masivo con un Rap tan hedonista como violento, que celebraba con una mezcla morbosa de nihilismo, materialismo, sexualidad y fiesta los aspectos más extremos de una vida criminal con el crack como elemento central de su universo económico.

GANGSTA RAP

Suele haber un consenso general a la hora de atribuir a Schoolly D el nacimiento del Gangsta Rap con la publicación de su debut homónimo en 1985. El MC de Filadelfia sorprendió a propios y extraños con su Rap Hardcore plagado de imágenes violentas, orgullo territorial pandillero, machismo, jerga de camello, fanfarronería sexual y chulería; pero sería en la otra punta del país, en la soleada California, donde ese disco causaría un impacto trascendental. En ese momento el Hip Hop en la Costa Oeste gravitaba en torno a la música Disco, el Electro Funk y el circuito de clubs de baile. La fórmula de Funk electrónico de World Class Wrekin’ Cru (con unos jovencísimos Dr. Dre y DJ Yella en sus filas) era la tendencia de moda cuando un MC conocido como Ice T escuchó la canción «P.S.K. What Does It Mean?» de Schoolly D. Ice T quedó fascinado por la crudeza y contundencia de aquella canción, y decidió replicarla pasándola por el filtro de su vida callejera como pandillero en Los Angeles: el resultado fue «6 In The Morning», y pasó a ser la canción que inauguraba de forma oficiosa la era Gangsta en el Hip Hop. Con versos míticos como «I am a nightmare walking, psychopath talking. King of my jungle, just a gangster stalking» («Soy una pesadilla andante, un psicópata hablando. Rey de mi jungla, tan sólo un gangster acechando») o «With cocaine, my success came speedy. Got me twisted, jammed into a paradox: every dollar I get, another brother drops» («Con la cocaína mi éxito llegó rápido. Me tiene del revés, atascado en una paradoja: cada dólar que gano, otro hermano que cae»); Ice T sentaba las bases estéticas de la cultura Gangsta californiana, abriendo una caja de Pandora cuyos tentáculos a base de Rap callejero y peleón, machismo, delincuencia y supervivencia llegan hasta la actualidad.


Schoolly D: orígenes Gangsta.

A partir de ese momento, el Rap Hardcore con contenido explícito sobre sexo, drogas, fiesta y crimen se extiende como la pólvora por toda la Costa Oeste, y nombres como N.W.A, Compton’s Most Wanted, Da Lench Mob, Warren G o Above The Law pasan a la primera línea del Hip Hop. En paralelo, la cultura chicana de Los Ángeles crea su propia escuela de Rap Gangsta y hedonista con estética Lowrider, sentido del humor, orgullo latino y gusto por la marihuana; y nombres como Cypress Hill, Kid Frost, Delinquent Habits, A Lighter Shade Of Brown o Tha Mexakinz se harán enormemente populares a lo largo de la Era Dorada. Pero no será hasta 1992 que la Costa Oeste pase a liderar definitivamente el universo del Hip Hop, apoderándose de las riendas de la industria gracias al talento visionario de Dr. Dre y a una feliz invención que pasó a conocerse como G-Funk.

G-FUNK

La querencia de Dr. Dre por el P-Funk de George Clinton en Parliament/Funkadelic, su experiencia en el mundo del electro gracias a sus años en World Class Wrekin’ Cru, y el bagaje Gangsta adquirido como fundador de N.W.A. constituían un caldo de cultivo explosivo que el de Compton condensó a principios de los noventa en un sonido inédito hasta ese momento, convirtiéndose en uno de los productores más influyentes y legendarios en la historia del Hip Hop (y en un titán de la industria musical). La inventiva de Dr. Dre como productor visionario cristalizó en la Era Dorada en una forma personal e inequívocamente californiana de entender el Hip Hop en su vertiente Gangsta, y le otorgó al género una estética y unas características estilísticas que hicieron de cimientos sobre los que se desarrollaría gran parte del Rap producido en la Costa Oeste a lo largo de la década; de igual forma que su influencia acabaría impregnando al universo del Hip Hop en general, extendiéndose hasta nuestros días.

La visión de Dr. Dre consistía en crear un sonido nuevo que representara a la Costa Oeste frente al Hardcore Rap a base de Boom Bap que desde Nueva York constituía la escuela hegemónica del Hip Hop del momento. Construido sobre grooves suaves y relajados, capas y capas de sintetizadores, líneas de bajo hipnóticas y densas, acordes de piano y teclados extremadamente agudos, y ambientes melódicos con coros femeninos de textura R&B; a ese sonido le llamó G-Funk, y se convirtió automáticamente en la tendencia principal en el Rap en ese momento. The Chronic (Death Row, 1992), el disco con el que Dr. Dre daba a conocer al mundo el universo G-Funk, sigue siendo uno de los discos de Rap más vendidos de la historia. La influencia de The Chronic (y la mano experta de Dr. Dre a las labores de producción) encumbrará a Snoop Dogg o a 2Pac como colosos del Hip Hop de la Era Dorada, y se extenderá hasta permear incluso en Biggie Smalls, rey del Rap de Nueva York. Frente a la urgencia y la dureza del Boom Bap neoyorquino y sus MC’s furiosos; el G-Funk ofrecía una coctelera de Funk sinuoso y vacilón, réplicas de samples grabadas con instrumentos reales (una de las señas características del estilo de Dr. Dre), una forma de rapear con cadencia relajada a base de fraseos lentos y arrastrados, y un contenido lírico hedonista y macarra con el que Dr. Dre y su recién creado Death Row Records se hicieron dueños del mercado en la segunda mitad de la Era Dorada.

LA BAHÍA

Si bien es indiscutible considerar a Los Ángeles como el gran motor del Hip Hop de la Costa Oeste, y al Gangsta Rap y G-Funk como los estilos hegemónicos en esa costa durante la Era Dorada, es de justicia nombrar a la zona de la Bahía de San Francisco (Bay Area) como un hervidero artístico y cultural de una importancia crucial en esos mismos años. Si bien desde Los Ángeles existieron desde un principio corrientes alternativas al Gangsta; siendo The Pharcyde quizás el ejemplo más notable con su mezcla explosiva de Rap, Funk y Psicodelia colorista; es en San Francisco y su bahía donde ese Hip Hop alternativo cobrará mayor fuerza y consistencia, especialmente en la ciudad de Oakland. Digital Underground (en los que militaría un joven 2Pac) ya se habían desmarcado del estilo Gangsta siguiendo una senda mucho más festiva con el carismático Shock-G al frente, cuando de repente desde su misma ciudad, Oakland, apareció un colectivo de estética afrocentrista y filosofía mucho más cercana a Native Tongues que a N.W.A. o Ice T; se hacían llamar Hieroglyphics, y entre sus miembros se encontraban figuras de la talla de Souls Of Mischief o Del The Funky Homosapien. El universo Hieroglyphics ofrecía una versión californiana del Jazz Rap característico de la Costa Este, y su actitud y filosofía, heredera de Zulu Nation, se parecía mucho más a una versión Hip Hop de la escena Hippy de Laurel Canyon en los sesenta que al imaginario de drogas y violencia del Gangsta Rap.


Hieroglyphics: la alternativa californiana.


Paris, militancia desde la Bahía.

También en estos años nacerá alrededor de la Bay Area una corriente underground de Rap politizado y activista, capitaneada desde San Francisco por el Rap militante y afrocéntrico del MC musulmán Paris y sus proclamas sociopolíticas revolucionarias («So I strive to survive in a place where your worth is determined by your race»; «Así que intento sobrevivir en un lugar en el que tu valor está determinado por tu raza»); The Disposable Heroes Of Hiphoprisy (que versionaron a Dead Kennedys, a modo de declaración de intenciones, en su excelente disco debut Hipocrisy Is The Greatest Luxury (4th & Broadway, 1992); o el colectivo marxista The Coup, que se vería envuelto en 2001 en una desafortunada polémica debido a la que iba a ser la portada de su disco Party Music (75 Ark, 2001), que mostraba a los miembros de la banda posando con detonadores en las manos frente a las Torres Gemelas explotando. A pesar de que la portada se cambió debido a los atentados al World Trade Center a los pocos meses (la portada se realizó en junio, pero el disco se publicó después de los atentados), su filtración a Internet les costó numerosos problemas legales.

15 artistas fundamentales de la Era Dorada
Run-D.M.C. Del gueto a las estrellas

No es fácil entender hoy en día en toda su profundidad el peso de Run-D.M.C. como tótems de la cultura Hip Hop y su lugar como figuras icónicas dentro del universo de la música negra norteamericana en el siglo XX. Es tan grande su influencia, y se extiende a niveles tan diferentes, que lo que a finales de los ochenta representó una auténtica revolución hoy en día puede ser visto como un lugar común en cuanto a forma y contenido de un género para el que en gran parte Run-D.M.C. sentaron las bases y marcaron el rumbo a seguir.


Run-D.M.C. fueron pioneros en muchas cosas, principalmente en romper las barreras que hasta ese momento mantenían al Hip Hop relegado a un nicho subterráneo y casi marginal para tomar por sorpresa la cima de las listas de ventas, alcanzando un éxito comercial inédito hasta la fecha para los artistas de Rap. Con Run-D.M.C. el Rap salió del gueto para afianzarse como una nueva corriente masiva dentro del mainstream. Pioneros también en la fusión de Rap con Rock, bajo la tutela del visionario Rick Rubin a los mandos de la producción, los cánones establecidos con sus tres primeros discos (bases gruesas de Funk, descaro y diversión, scratches infecciosos y fraseos contundentes e incluso agresivos sobre riffs de Heavy Metal o Rock clásico) no sólo configuraron una manera de hacer y entender el Rap cuya sombra llega hasta nuestros días, sino que sirvieron como libro de estilo para titanes como Public Enemy, N.W.A. o Beastie Boys.

Originarios de un barrio de clase media de Queens, los inicios como banda de Run-D.M.C. se remontan a 1982, cuando Joseph Simmons (a partir de ese momento más conocido como Run) y Darryl McDaniels (D.M.C.) unen fuerzas con Jason Mizell (Jam Master Jay) para dar forma al primer súper grupo de la historia del Rap. Desde la publicación en 1983 de su primer single, Run-D.M.C. iniciaron un camino meteórico de éxito y reconocimiento de público que se convirtió en auténtica devoción con el imprescindible King of Rock (Profile, 1985); un disco revolucionario entendido por primera vez dentro del Rap como un todo cohesivo y no como una colección de singles con material de relleno. A partir de ese momento, todo el mundo quería vestir y sonar como Run-D.M.C.; pero fue al año siguiente, con la publicación de Raising Hell (Profile, 1986), cuando el planeta enloqueció. Millones de copias vendidas, singles copando los primeros puestos de las listas, la primera aparición de una banda de Rap en la MTV, giras incesantes y dos canciones convertidas en hitos: «My Adidas», que les supuso un lucrativo patrocinio por parte de la marca deportiva y, sobretodo, «Walk this way», la colaboración con los gigantes Aerosmith; el ejemplo más redondo y efectivo del crossover entre Rap y Rock del que Run-D.M.C. se convertirían en abanderados.

Tougher than leather (Profile, 1988), cuyo lanzamiento vino acompañado de una película del mismo título con una no muy entusiasta recepción, y Back from hell (Profile, 1990), pese a ser dos discos notables, se quedaron muy lejos de alcanzar la magnitud de Raising Hell, y en un momento en que el Rap estaba cambiando y el público centraba su atención en las nuevas voces que irrumpían con fuerza en el panorama, Run-D.M.C. poco a poco se convirtieron en figuras tan respetadas y queridas como, muy a su pesar, poco relevantes.

Tras unos años turbulentos marcados por el alcoholismo de D.M.C. y los problemas con la justicia de Run (acusado de violación), y la posterior conversión al cristianismo de ambos, Run-D.M.C. volvieron en 1993 con Down with the king (Profile, 1993), un disco plagado de colaboraciones con los principales artistas del momento, todos alumnos aventajados del trío de Queens: Public Enemy, Pete Rock, KRS-One, Neneh Cherry o A tribe called Quest, entre muchos otros, acompañaron a Run-D.M.C. en un breve y merecidísimo momento de revitalización antes de caer en un prolongado silencio discográfico que no se rompió hasta la publicación de Crown Royal (Arista, 1999). En 2002, tras una gira mundial con Aerosmith y la publicación de dos discos recopilatorios destinados a recuperar el legado de la banda, Jam Master Jay fue asesinado en su Queens natal, y con su muerte se cerró para siempre uno de los capítulos más revolucionarios de la historia de la música negra. A partir de ahí, hablar de Run-D.M.C. es hablar de leyenda.

Eric B. & Rakim «It ain’t where you’re from, it’s where you’re at» «No se trata de dónde vienes, sino dónde estás»

Si hay alguien que, junto a Run-D.M.C., representa el puente entre el Rap de la vieja escuela y el de la nueva en los años que marcan el cambio de década entre los ochenta y los noventa, esos son Eric B. & Rakim. El dúo de Queens encarnaba a la perfección el arquetipo de MC/DJ, tan icónico en el Hip Hop, y lo hacía sublimando una fórmula en la que la suma de talentos de cada uno en su terreno daba como resultado una unión con un nivel y una personalidad inéditas hasta ese momento. Con ellos el Rap evoluciona en lo musical, y muchas de las pautas marcadas por Eric B. & Rakim siguen vigentes en la actualidad, tanto en la actitud como en lo creativo y lo estético. Si hasta ese momento el Rap se había caracterizado más por la intención de baile y diversión que por la profundidad de contenido, con una vocación comercial cercana a la de la música Disco, la irrupción de Eric B. & Rakim supone de alguna manera una toma de autoconciencia del género. A partir de ellos, el Rap se empieza a tomar en serio a sí mismo. Eric B. & Rakim nunca tuvieron un hit comercial, y se quedaron muy lejos del éxito masivo de Run-D.M.C., pero construyeron un legado tan influyente e imprescindible como el de estos.


El nivel de creatividad y control técnico de Eric B. a los platos sentó un nuevo listón a superar en el incipiente mundo de los DJ’s, convirtiéndole automáticamente en una leyenda; y la forma de rapear de Rakim, menos festiva que la de sus predecesores, mucho más calmada, elaborada y llena de matices, sumada al uso casi poético y plagado de metáforas e ingenio verbal de sus letras, los convirtieron en la quinta esencia de lo cool y lo sofisticado desde que su primer single «Eric B. is president» sacudió las calles de Harlem en el verano de 1986. Eric B. & Rakim sonaban frescos, elegantes, seguros de sí mismos y, además, eran un par de chavales de la calle cabreados, con energía de sobra y muchas cosas que escupirle al mundo. Su clásico debut Paid in full (4th & Broadway, 1987), no hizo más que coronarlos dentro del universo del Rap, y su mezcla de beats y rimas infecciosas con actitud combativa y mensaje crítico y concienciado se convirtió en un canon dentro de la cultura Hip Hop: no se puede entender el fenómeno Public Enemy sin Eric B. & Rakim, por ejemplo.

La continuación de Paid in full, el también excelente Follow the leader (UNI Records, 1988), continuó al pie de la letra los parámetros que caracterizaban a su predecesor, agrandando si cabe el respeto y admiración de la comunidad Hip Hop hacia la banda; pero a partir de ese momento su capacidad de impacto se vería superada rápidamente por toda una nueva hornada de artistas que, siendo discípulos confesos, llevarían la propuesta de Eric B. & Rakim a otros lugares, quedando éstos anclados a un momento y coyuntura muy específicos; un encasillamiento del que ya no salieron. Vendrían dos discos más antes de la disolución del grupo en 1992: el no muy inspirado Let the rhythm hit ‘em (MCA, 1990), y Don’t sweat the technique (MCA, 1992); el canto de cisne de una carrera tan respetada e influyente como breve.

Tras la separación, una larga etapa marcada por problemas legales provocó un silencio discográfico que se rompió a finales de los noventa con los intentos de iniciar carreras en solitario tanto de Eric B. como de Rakim, entregando cada uno una serie de trabajos que, si bien nunca cayeron en la intrascendencia y siempre mantuvieron pinceladas de genio, no sobrevivieron a la pesada y alargada sombra de su propio legado como uno de los nombres imprescindibles para entender qué es y de dónde viene esto que llamamos Rap.

Ice T El gánster original

A pesar de haber nacido en Nueva Jersey, Ice T es una de las piezas fundamentales sobre las que se edifica el Rap en California en la segunda mitad de los ochenta. Relacionado con la escena Rap de Los Ángeles desde los 12 años, Ice T es en gran parte responsable de la creación de la figura del rapero gánster y del imaginario estético y filosófico que conformará el Gangsta Rap; estilo que ejercerá una hegemonía casi absoluta en la cultura Hip Hop de la Costa Oeste durante años, y que se apoderará de los puestos más altos del mainstream en el cambio de década.


Lo que rápidamente se asimiló como rasgos comunes definitorios de todo un estilo eran en un principio las señas de identidad distintivas de Ice T cuando debutó con el sorprendente y fresco Rhyme Pays (Sire, 1987); un disco crudo e incendiario que narraba con rabia las miserias de la vida en los guetos urbanos californianos del momento y que mostraba a un joven MC con un talento y carisma enormes, capaz de plantar cara en el terreno del Hardcore Rap a los hasta entonces imbatibles maestros de la Costa Este. Rhyme Pays ofrecía un discurso polémico y confrontacional, plagado de hedonismo, agresividad, sexismo y crítica social, y su continuación, el también excelente Power (Sire, 1998), coronó a Ice T como rey indiscutible del Gangsta Rap, con excepción quizás de N.W.A., que ese mismo año harían historia con Straight Outta Compton. The Iceberg... Freedom of speech: just watch what you say (Sire, 1989) y, sobre todo, Original Gangster (Sire, 1991) fueron discos de un éxito enorme tanto de crítica como a nivel de ventas, y la popularidad de Ice T le llevó a convertirse en una autentica celebridad dentro del star system estadounidense, situación ayudada por su cada vez más prolífica y exitosa carrera en el mundo del cine.

En 1992 Ice T decidió ampliar y diversificar sus horizontes musicales (y su ya considerable público) liderando la banda de Rap Metal Body Count, que generó una polémica y un éxito gigantescos con su incendiario y explícito hit «Cop Killer» (resulta irónico que unos cuantos años después Ice T destacara en la serie de NBC Ley & Orden, interpretando precisamente a un policía). La controversia generada por «Cop Killer» y los continuos problemas de censura por el contenido explícito de sus letras cimentaron aún más el estatus de estrella díscola y exitoso empresario de Ice T; hasta que su relevancia musical fue decayendo a lo largo de los noventa, entregando una serie de discos que, siendo siempre correctos e incluyendo en casi todos momentos brillantes, serán inevitablemente superados tanto a nivel artístico como de repercusión mediática por una nueva generación de gigantes que se convertirán en los nuevos reyes del Rap en la Costa Oeste, como Snoop Doog o 2Pac.

Home Invasion (Rhyme Syndicate, 1993), el disco que sucedía a Original Gangster y al debut de Body Count, quedaba muy lejos de la profundidad y seriedad del primero y de la capacidad de polemizar del segundo; y los posteriores VI: Return of the Real (Rhyme Syndicate, 1996), 7th Deadly Sin (Atomic Pop, 1999) y Gangsta Rap (Melee Records, 2006) resultarán obras menores con las que Ice T, pese a defender dignamente su papel de veterano al que se le deben muchas cosas dentro del Rap, terminará por convertirse en un cliché, a veces autoparódico incluso.


Public Enemy La CNN del pueblo negro

Hablar de Public Enemy no es solamente hablar de uno de los nombres más importantes e influyentes de la historia del Rap, sino de uno de los capítulos más apasionantes y relevantes de la música negra en Estados Unidos a lo largo del siglo XX. Pocas bandas pueden jactarse de haber revolucionado un estilo musical, dinamitando las fronteras naturales del género para convertirlo en un vehículo de transformación social y cultural, como lo hicieron Public Enemy con sus cuatro primeros discos; y pocas bandas han conseguido mantener en activo una carrera durante casi cuatro décadas sin perder un ápice de autenticidad, respeto y relevancia como ellos. Con Public Enemy el Rap alcanzó la mayoría de edad, se dotó de contenido crítico y de aspiraciones políticas y, de la noche a la mañana, pasó a ser un género tan serio como, para muchos, peligroso.

Los orígenes de Public Enemy se remontan a 1985. Chuck D (Carlton Ridenhour) y Flavor Flav (William Drayton) ya habían trabajado juntos en varias producciones bajo el nombre de Chuck D and the Spectrum City cuando unieron fuerzas con el DJ Terminator X y el explosivo equipo de productores The Bomb Squad para crear una banda que funcionara como un artilugio de agitación política. Public Enemy se convirtió en realidad como una suma imposible de factores que los convertían en una propuesta tan inédita como irresistible; las producciones densas y martilleantes a base de Funk salvaje de The Bomb Squad, un grupo de bailarines con estética paramilitar que convertían los conciertos en auténticos mítines políticos, un mensaje revolucionario a base de Black Power y críticas incendiarias a los medios de comunicación estadounidenses y, sobretodo, la química entre dos MC’s que funcionaban como complemento perfecto el uno del otro: la férrea e inflexible retórica de Chuck D como ideólogo agitador y el contrapunto festivo de Flavor Flav, con sus icónicos collares de relojes gigantes. Yo! Bum Rush the Show (Def Jam, 1987), el debut de Public Enemy, supuso un impacto dentro de la escena Hip Hop que se convirtió en una auténtica revolución con los indispensables It takes a nation of millions to hold us back (Def Jam, 1988), Fear of a Black Planet (Def Jam, 1990) y Apocalypse 91... The enemy strikes back (Def Jam, 1991); discos con los que Chuck D convertía al Rap en «La CNN negra» y que encumbraron a Public Enemy como la banda más importante e influyente del momento.

Chuck D y compañía abogaban por una comunidad negra unida y politizada, autoconsciente y culta, y cada nuevo éxito comercial venía acompañado de una considerable polémica que iba mucho más allá de lo musical. Sus colaboraciones con el cineasta Spike Lee y sus incursiones en el Rap Metal (colaborando con artistas tan diversos como Living Colour, Sonic Youth o Anthrax) no hicieron más que afianzar su estatus de banda legendaria (estatus reforzado por su introducción en 2013 en el Rock ‘n Roll Hall of Fame), y durante la década de los dos mil entregaron una serie de discos notables, fuera ya de Def Jam, entre los que destacan la doble publicación en 2012 de Most of my heroes still don’t appear on no stamp, y The evil empire of everything, ambos editados por Enemy Records.

Tras publicar su autobiografía y unirse en 2016 a la superbanda Prophets of Rage (con tres cuartas partes de Rage Against the Machine y B-Real, de Cypress Hill), Chuck D ha seguido ejerciendo como voz crítica y comprometida en todo tipo de causas sociales y políticas; así como de incombustible MC, venerado y respetado como pocas figuras dentro del Rap; y en 2020 volvió a Def Jam para, junto a su eterno escudero Flavor Flav, entregar el de momento último lanzamiento (y uno de los mejores discos de su discografía, además) de Public Enemy: What you gonna do when the grid goes down? (Def Jam, 2020); un excelente trabajo que recuperaba el puso incendiario y politizado de sus primeros discos y para el que contaron con una lista de colaboraciones apabullante: Ad-Rock y Mike D (Beastie Boys), Questlove y Black Thought (The Roots), Run-DMC, Nas, Cypress Hill, Ice T o el mismísimo George Clinton; demostrando que aún queda mecha para largo en esa maravillosa anomalía de agitación política que son Public Enemy: un nombre que ha quedado grabado para siempre en la historia de la música como ejemplo del poder transformador del arte cuando éste es entendido como trinchera.


N.W.A Que se joda la policía

Empezando por su nombre, acrónimo de Niggas With Attitude, hablar de N.W.A es sinónimo de controversia; incorrectos, salvajes, obscenos, violentos, ofensivos, vulgares, y tan brillantes como revolucionarios, N.W.A fueron uno de los principales artífices y responsables de lo que vendría a denominarse Gangsta Rap a finales de los ochenta, y con ello se encargaron de poner a Los Ángeles y a la Costa Oeste en el mapa en un momento en el que Nueva York ejercía una hegemonía absoluta en el universo del Rap. La carrera de N.W.A fue tan breve como esencial en el desarrollo de un estilo que se apoderaría por completo de la Costa Oeste durante décadas, y la explosión que supuso su polémico éxito sacudió los cimientos de la América bienpensante y conservadora del momento.

El amenazador combo liderado por Eazy-E (fundador de Ruthless Records), Ice Cube y Dr. Dre (complementado por Dj Yella y MC Ren), había publicado un primer disco, N.W.A And The Possee (Priority Records, 1987), orientado a la fiesta y al baile a base de sampleos de Parliament/Funkadelic y rimas socarronas, que les había reportado un cierto reconocimiento a nivel callejero cuando, en 1988, rompieron la baraja con el que se convertiría en uno de los discos de Rap más influyentes y polémicos de la historia: el incendiario Straight Outta Compton (Priority Records, 1988). N.W.A supieron canalizar con Straight Outta Compton el descontento y la brutalidad de la vida en el gueto, erigiéndose en la voz oficial de una juventud con pocas o ninguna perspectiva de un futuro prometedor o directamente de una vida digna; una juventud atrapada en una realidad de miseria, brutalidad policial y racismo estructural; pero al contrario del mensaje politizado y activista de Public Enemy, que en ese mismo momento sentaban desde Nueva York las bases de su Rap inteligente y socialmente comprometido, N.W.A se volcaron en la glorificación de la vida criminal, la violencia, el materialismo, las drogas, el machismo y un hedonismo grosero y de confrontación que suponía exactamente el reverso perfecto de todo lo que Public Enemy representaban desde la costa opuesta.

N.W.A se abrieron paso en la industria musical como se movían por la vida; a puñetazos en el mejor de los casos, cuando no directamente a disparos, y el éxito inmediato que supuso Straight Outta Compton los convirtió por un momento en la banda más peligrosa de América, copando titulares y acumulando polémicas por sus escarceos con la ley (llegando a ser investigados por el F.B.I debido a su hit «Fuck Tha Police»), su acelerada vida callejera y criminal, y lo incendiario de un mensaje y una imagen que daban forma a la peor pesadilla de la América blanca. Pese a establecer un estilo cuya popularidad se extendió como un virus (Rap Hardcore de bases trogloditas adornadas con Funk y Soul de los sesenta, estética de pandilleros, rapeos duros y violentos plagados de obscenidades, y estampas realistas de una vida callejera frenética y peligrosa), la partida de Ice Cube en 1989 para arrancar una no menos exitosa carrera en solitario marcó el inicio de la decadencia de N.W.A, ejemplificada en Niggaz4life (Priority Records, 1991), el intento sin éxito de repetir la fórmula que tan bien había funcionado en Straight Outta Compton.

En 1992 es Dr. Dre el que abandona la banda para fundar Death Row Records y acabar convirtiéndose en uno de los productores más importantes de la década, y los siguientes años verán como Ice Cube y Dr. Dre crecen hasta convertirse en gigantes de la industria musical, mientras que Eazy-E entrega una serie de trabajos menores que rozan lo autoparódico y le sumergen en la irrelevancia. El que fuera el núcleo duro de N.W.A, y sus respectivos sellos Ruthless y Death Row, iniciarán desde la disolución de la banda una sonada guerra de críticas, reproches, amenazas y juicios entre ex compañeros que se alargará hasta poco antes de la muerte debido al SIDA de Eazy-E en 1995.

El aclamado y multipremiado biopic sobre la historia de N.W.A; Straight Outta Compton, estrenado en 2015; supuso un éxito arrollador y se llevó una nominación a los Oscar, revitalizando para el gran público el legado de una banda tan contradictoria como fundamental en la historia del Rap: un merecido homenaje que culminaría con la inclusión de N.W.A en el Rock ‘N Roll Hall of Fame en 2016.

De La Soul Flores y buenas intenciones

La publicación de 3 Feet High And Rising (Tommy Boy, 1989), el debut discográfico de De La Soul, supuso una bocanada de aire fresco para el mundo del Rap, y abrió una nueva vía de expresión para el género alejada tanto del combatismo militante de Public Enemy como de la agresividad del Gangsta Rap. Esa «tercera vía» dentro del Rap, capitaneada por De La Soul y el resto de integrantes del colectivo Native Tongues, proponía un Rap comprometido, intelectualizado, cargado de positivismo y con un eclecticismo musical por bandera que ampliaba la paleta de influencias y sonidos más allá del Funk, las bases salvajes y el tono cargado de testosterona de sus compañeros generacionales para sumar Jazz, pop, reggae, psicodelia y Soul a un mensaje cargado de buenas intenciones. De La Soul eran divertidos, sonaban frescos, y su disco debut era un cóctel luminoso y arrebatador cargado de humor y mensajes positivos.


El trío de Long Island, formado por Posdnuos, Trugoy the Dove y Pasemaster Mase, llevaban funcionando desde mediados de los ochenta hasta que unieron fuerzas con Prince Paul (miembro y productor de los también neoyorquinos Stetsasonic) para dar forma a 3 Feet High And Rising y sentar las bases de una actitud (Neo-Hippies se les llamaba en la época) y un enfoque de la composición que crearían escuela. De La Soul no querían mostrarse amenazadores ni violentos, no les interesaba el submundo del crimen y abogaban por un Rap concienciado, pacifista, festivo y cargado de humor, y su debut estaba construido con la suma de cientos de samples a modo de caleidoscopio musical colorido y desenfadado. Su single «Me, Myself and I» se convirtió en un Hit absoluto y el disco alcanzó el Oro en ventas ese mismo año, convirtiendo a De La Soul en una de las bandas más populares del momento. La demanda que recibieron por parte de The Turtles (y el posterior juicio, que De La Soul perdieron) por el uso indebido de su canción «You showed me», abrió un debate que cambiaría para siempre el uso de los samples en el mundo del Rap, pasando a ser obligatorio el permiso de los dueños de los derechos de las canciones para ser sampleadas. Esta nueva situación no sólo obligaba a los artistas de Rap a replantearse la manera de componer y producir, sino que supuso el retraso en el lanzamiento de muchos discos debido a cuestiones legales y burocráticas, como les sucedería a los mismos De La Soul con su segundo trabajo De La Soul is Dead (Tommy Boy, 1991); un disco más introspectivo que su predecesor, y que no logró alcanzar el éxito de éste. En De La Soul is Dead los de Long Island mostraban un intento consciente de alejarse de la explosión de luz que había supuesto su debut para entrar en terrenos más oscuros y reflexivos, con canciones que narraban historias reales sobre abusos sexuales o problemas de adicciones.

Buhloone Mindstate (Tommy Boy, 1993) y Stakes is High (Tommy Boy, 1996) serán discos que, pese a su alto nivel creativo y a su búsqueda constante de no caer en estancamientos, no obtendrán los resultados comerciales esperados, y la decisión de la banda de evolucionar al margen de los clichés del enfrentamiento entre la Costa Este y la Costa Oeste les dejará en un terreno de nadie, a pesar de no perder nunca el tratamiento de banda de culto ganado desde sus primeras grabaciones. Durante los dosmiles, De La Soul entregarán una serie de trabajos irregulares, empezando por los casi desapercibidos AOI: Mossaic Thump (Tommy Boy, 2000) y AOI: Bionix (Tommy Boy, 2001); las dos primeras entregas de una inacabada trilogía que marcarían el final de su relación con la discográfica Tommy Boy; y The Grind Date (Sanctuary, 2004), disco con el que contarían con las colaboraciones de MF Doom, Madlib, J Dilla y Common y al que seguiría un largo periodo de silencio hasta el retorno de la banda con el autoeditado (gracias a una exitosa campaña de micromecenazgo) And the Anonymous Nobody (AOI Records, 2016): un excelente trabajo que muestra a De La Soul en un estado de forma envidiable después de tantos años de carrera, para el que contaron con una extensa e impresionante lista de colaboradores que iban desde Damon Albarn a Usher pasando por el mismísimo David Byrne.

Si bien nunca llegaron a superar el impacto que supuso la publicación de su primer disco, y pese a ser un nombre asociado a un momento y contexto muy concretos, De La Soul siempre van a ser recordados (y queridos) como una banda fundamental para entender el Rap hecho en Nueva York.

Ice Cube Un chico del barrio

Arquetipo perfecto del rapero gánster que, a base de talento y determinación, cumple el sueño de abandonar la miseria de las calles del gueto para acabar siendo una celebridad que nada en el lujo. La figura de Ice Cube es imprescindible para explicar el germen y posterior explosión del Gangsta Rap; un estilo que prácticamente se inventó él mismo junto a Dr. Dre y Eazy-E con esa bomba de relojería a la que llamaron N.W.A, y su carrera es una suma incesante de discos multiventas y éxitos comerciales como actor, director y guionista. Siempre polémico y brillante, la hiperactividad creativa de Ice Cube durante los noventa lo convirtió en una figura omnipresente dentro de la industria, estableciéndose no sólo como uno de los MC’s y productores definitivos de la década, sino como gigante de los negocios. Esa dualidad entre delincuente callejero y tiburón de los negocios llegó a convertirse en un lugar común a copiar por hordas de imitadores desde entonces, cimentando una de las carreras más exitosas de la historia del Rap.


Natural de South Central (Los Ángeles), Ice Cube (de nombre real O’Shea Jackson) se involucra en la escena Hip Hop angelina desde la adolescencia, destacando como MC’s en fiestas en las que conocerá a Dr. Dre. Es con la suma de Eazy-E como tercer cómplice necesario que los tres darán forma a N.W.A y, después de varios lanzamientos que les harán ganar un renombre en el underground, sorprenderán al planeta en con el seminal Straight Outta Compton (Ruthless, 1988). Ice Cube era el responsable de unas letras (en especial la de la célebre «Fuck Tha Police», que se convirtió en un himno instantáneo) con un nivel de agresividad e ingenio inéditas hasta la fecha, y su actitud desafiante y provocadora sumada a un mensaje violento, ofensivo, amenazador y hedonista a partes iguales le situó en el punto de mira de los medios a la vez que su popularidad se disparaba como la quinta esencia de la cultura Gangsta. A pesar del éxito rotundo de N.W.A, y con su vida convertida en una vorágine de polémicas y triunfos, rápidamente Ice Cube abandonará la banda para mudarse a Nueva York y, poniéndose en manos de The Bomb Squad (que ya destacaban en ese momento como parte imprescindible de la maquinaria de Public Enemy), dar comienzo a una carrera en solitario que acabaría siendo legendaria con su arrebatador debut AmeriKKKa’s most wanted (Priority Records, 1990). En AmeriKKKa’s most wanted Ice Cube elevaba la apuesta de N.W.A a base de Rap Hardcore e inmisericorde plagado de imágenes de glorificación del crimen, la vida en la calle, la misoginia y el hedonismo más jocoso. Las rimas de Ice Cube eran agudas y controvertidas, su técnica vocal era imparable, y las bases cargadas de Funk y rabia construidas con la ayuda de The Bomb Squad resultaban imbatibles: el disco alcanzó rápidamente el Oro a nivel de ventas.

Los siguientes trabajos de Ice Cube, estrenados en paralelo a una cada vez más exitosa y prolífica carrera en el mundo del cine (empezando por su aclamado debut actoral en Boyz N the hood, de John Singleton), son una sucesión de bombazos comerciales que siguen un mismo patrón: grandes producciones de Gangsta Rap y G-Funk cargadas de escándalos y polémicas que copan los primeros puestos de las listas de ventas y afianzan a Ice Cube como una de las figuras más importantes de la Costa Oeste, junto a otros gigantes como Dr. Dre, Ice T o Snopp Dogg. Death Certificate (Interscope, 1991) o The Predator (Priority Records, 1992) son discos básicos que, junto a AmeriKKKa’s most wanted, sientan las bases de la reputación y el respeto que a día de hoy Ice Cube sigue disfrutando.

La década de los dos mil verá como Ice Cube se centra progresivamente en su carrera cinematográfica, diversificada ahora entre la actuación, la dirección y la producción, y sus lanzamientos discográficos se van espaciando, si bien sigue entregando puntualmente hits en las bandas sonoras de sus películas y una serie de discos que siguen manteniendo el listón de calidad y repercusión comercial habitual.

En 2015 Ice Cube y Dr. Dre unieron fuerzas para dar forma a un exitoso biopic sobre N.W.A que les valió una nominación al mejor guion original en los Oscar, y poco después, durante las elecciones en Estados Unidos en 2018, Ice Cube volvió a la palestra con «Arrest The President», el preludio de Everythangs Corrupt (interscope, 2018), con el que le recordaba al mundo que su genio dista mucho de mostrar signos de agotamiento en el nuevo milenio.

Beastie Boys Los tres amigos

La historia de cómo tres jóvenes punks de clase media de Nueva York pasaron a convertirse en una de las bandas más grandes de los noventa es la historia de una de las mayores y más geniales anomalías que la música estadounidense ha ofrecido al mundo en los últimos treinta años. MCA (Adam Yauch), Mike D (Mike Diamond) y Ad-Rock (Adam Horovitz), tres adolescentes judíos hiperactivos e hipercreativos, dieron sus primeros pasos en el mundo de la música como una versión socarrona y disparatada del Hardcore Punk americano de los ochenta, con Bad Brains y Minor Threat como guía a seguir y modelos a imitar, hasta que descubrieron a Run-D.M.C. y se cruzaron con Rick Rubin. El debut en largo de Beastie Boys, el multiventas Licensed to Ill (Def Jam, 1986), fue un éxito inmediato y sorprendente, y la mezcla de Rap y Hard Rock de canciones como «No Sleep Till Brooklyn» o «(You Gotta) Fight for your right (To party)» encumbró a Beastie Boys en lo más alto de las listas de ventas. Beastie Boys pasaron a ser sinónimo de fiesta, desfase y humor de hermandad universitaria, a modo de broma gigantesca ida de las manos, y debido al peligro de quedar encasillados (y después de romper relaciones con Def Jam), tomaron una decisión drástica: mudarse a California y ponerse a trabajar en su siguiente disco junto a los productores The Dust Brothers. El resultado, Paul’s Boutique (Capitol, 1989), sigue siendo considerado hoy en día una de las obras más profundas y complejas de la historia del Rap, y como suele pasar con las obras que se adelantan a su tiempo, tuvo una fría respuesta comercial. Paul’s Boutique mostraba a una banda con un nivel de madurez y de perfección en el uso del sampler que se sigue estudiando en nuestros días, y consiguió que los tres jovencitos blancos que hasta ese momento eran vistos como poco más que una diversión sobredimensionada pasaran a ser inmediatamente figuras destacadas y respetadas como una de las combinaciones más inquietas y efectivas que había ofrecido el Rap hasta ese momento.


A partir de ahí, la carrera de Beastie Boys es una suma continua de discos tan exitosos como artísticamente relevantes: Check Your Head (Grand Royal, 1992) e Ill Communication (Grand Royal, 1994) son discos imprescindibles en los que Beastie Boys dejan de lado el uso del sampler para centrarse en tocar instrumentos reales, demostrando que aparte de ser maestros a la hora de componer hits de alcance planetario («Sabotage», «So Watcha Want» o «Sure Shot» siguen siendo canciones eternas), también eran músicos de un talento inmenso. El mensaje y las letras a partir de ese momento ganan en seriedad y profundidad, alejándose de la imagen de adolescentes descerebrados que tanto éxito les había reportado con su primer trabajo. Tras el recopilatorio de sus grabaciones de Hardcore Punk Some old Bullshit (Grand Royal, 1994) y el excelente disco instrumental The In sound from Way Out! (Grand Royal, 1996), Beastie Boys se centraron en girar de forma extenuante por todo el mundo, en apoyar diferentes causas políticas y en organizar numerosos eventos benéficos hasta 1998, año en el que entregaron Hello Nasty (Grand Royal, 1998), otra obra magna llena de Funk, Pop, jams latinas, ritmos infecciosos, música electrónica y samples Old School a la que se sumó el DJ Mixmaster Mike.

El cambio de década supuso un paso más en el camino de madurez y seriedad que Beastie Boys habían ido afianzando durante los noventa y que cristalizó en el excelente To the 5 boroughs (Capitol, 2004), un disco con el que volvían al sonido Old School de sus primeros trabajos, y The Mix-Up (Capitol, 2007), su segundo disco instrumental. En 2009 Adam Yauch anunció que estaba enfermo de cáncer, lo cual supuso un parón en la hiperactiva agenda de la banda; un parón roto en 2011 con la publicación de Hot Sauce Committee Pt.2 (Capitol, 2011), un completísimo disco que se convertiría tristemente en el último trabajo de la banda. Adam MCA Yauch moriría justo un año después de su publicación, y con su muerte se cerraría una de las carreras más respetadas, queridas e influyentes de la historia del Rap. Sus dos inseparables compañeros publicarían en 2018 el monumental Beastie Boys Book; un extensísimo y emocionante libro que recoge la historia inusual de la banda, que vendría acompañado por el estreno de un documental dirigido por Spike Jonze en 2020.


A Tribe Called Quest La sofisticación

No fueron los inventores de nada, pero no hay banda que represente mejor la corriente alternativa que abrió una nueva vía dentro del Rap a principios de los noventa a base de Jazz y actitud concienciada que A Tribe Called Quest. Ellos se encargaron de sublimar una fórmula que dotaba al Rap de contenido crítico y seriedad temática, además de profundizar en lo puramente artístico dotando a su música de unos niveles de profundidad y complejidad que rompían con los esquemas establecidos hasta ese momento. A Tribe Called Quest, como buque insignia del colectivo Native Tongues, reclamaban el papel del Hip Hop como tejido cultural y como vehículo de transformación social hecho por y para la comunidad; y su poso intelectual, sofisticado y comprometido más allá de los objetivos puramente comerciales se convirtió en escuela. Frente al carácter incendiario de Public Enemy o a la banalización del mensaje propia del Gangsta Rap, A Tribe Called Quest proponían un Rap profundo, embebido de Jazz y Soul, centrado en la elegancia y no en la agresión, politizado y enraizado en el sentimiento de comunidad: un tipo de Rap que no tenía como objetivo la fama ni copar los primeros puestos de las listas de ventas, y que paradójicamente los convirtió en uno de los nombres más grandes e influyentes que ha dado el género.

Nativos de Queens, y hermanados desde los años de instituto con otros gigantes como De La Soul o Jungle Brothers (estos últimos se encargaron de bautizar a la banda como A Tribe Called Quest); la unión de Q-Tip, Ali Shaheed Muhammad y Phife Dawg supone uno de los equilibrios creativos más fascinantes en la historia del Rap desde la publicación de su primer álbum People’s Instinctive Travels and The Paths of Rhythm (Jive, 1990), un disco que daba una vuelta de tuerca al concepto de Jazz Rap. El debut de A Tribe Called Quest era una pequeña joya de Rap tranquilo y elegante a base de ambientes Jazz y letras tan reflexivas y abstractas como divertidas y concienciadas, y la banda se ganó automáticamente el respeto y admiración de la escena Rap de Nueva York del momento. Las bases construidas a base de Jazz, Soul e incluso rock de los setenta servían de colchón perfecto para la inigualable química creativa entre Q-Tip y Phife Dawg, que funcionaban como una máquina perfectamente engrasada, y la publicación de The Low End Theory (Jive, 1991), su segundo trabajo (considerado uno de los mejores discos de Rap de la historia), no hizo más que confirmar a A Tribe Called Quest como una de las bandas más respetadas, inteligentes e influyentes del momento. Todo en The Low End Theory sonaba fresco, nuevo, y con un nivel de perfeccionismo y creatividad a años luz de sus contemporáneos, no sólo en lo musical (con la colaboración del mítico Ron Carter en una canción) sino a nivel lírico: Q-Tip y Phife Dawg trataban abiertamente temas como los abusos sexuales y el feminismo, así como lo absurdo de la violencia dentro de las comunidades negras en Estados Unidos.

A partir de ese momento Q-Tip se convierte en uno de los productores más importantes de la Costa Este, junto a otros visionarios como DJ Premier o Large Professor, y su leyenda no hará más que crecer con el tercer disco de A Tribe Called Quest; Midnight Marauders (Jive, 1993), un trabajo en el que la banda endurecía su sonido y cimentaba su apoyo a la comunidad Hip Hop (en la portada del disco aparecían los retratos de más de cincuenta artistas de Rap del momento; de Jungle Brothers y De La Soul a Beastie Boys o incluso Ice T). Su siguiente trabajo, Beats, Rhymes and Life (Jive, 1996), producido a medias entre Q-Tip y J Dilla, les supuso una nominación a los premios Grammy, y con la publicación de The Love Movement (Jive, 1998) vino el anuncio de disolución de la banda. Cada miembro se embarcó en carreras individuales, y a pesar de que A Tribe Called Quest siguieron reuniéndose de forma puntual para actuar en directo durante los siguientes años, la triste noticia del fallecimiento de Phife Dawg debido a la diabetes en 2016, justo antes de la publicación del excelente disco de retorno We got it from here... Thank you 4 your service (Epic, 2016), puso fin a una carrera tan legendaria como influyente.

Dr. Dre El Rey Midas del Hip Hop

Andre Young, más conocido como Dr. Dre, es una de las figuras fundamentales para entender el desarrollo del Rap durante la década de los noventa, y es sin duda uno de los productores más importantes y decisivos en la historia del género. Dr. Dre es uno de los padres del Gangsta Rap, y más concretamente es el arquitecto de un sonido, que denominó G-Funk, sobre el que se construiría gran parte del Rap mainstream en la Costa Oeste. Activo en la escena Hip Hop de Los Ángeles desde principios de los ochenta como miembro de World Class Wrekin’ Cru, la vida de Dr. Dre (y del Rap en general) cambió para siempre al crear N.W.A. junto a Ice Cube y Eazy-E en 1986.


El trabajo de Dr. Dre a las labores de producción le destacó desde el primer momento como a un visionario dotado de una habilidad única en la creación y desarrollo de un tipo de Rap completamente alejado del que se estaba haciendo en ese momento en la Costa Este. Sus producciones no tenían nada que ver con los acelerados y combativos Public Enemy, ni con el poso intelectual Jazzistico de Native Tongues, y después de abandonar N.W.A. y crear su propio sello discográfico, Death Row Records, Dr. Dre puso en juego el estatus de Nueva York como meca del Rap con la publicación de su primer disco en solitario, el mítico The Chronic (Death Row, 1992), un disco con el que quedaban fijados para siempre los parámetros principales del sonido G-Funk: tempos relajados y suaves, sintetizadores agudos y líneas de bajo profundas y sinuosas, capas de melodías hipnóticas de voces femeninas cercanas al Soul, rapeos arrastrados y una capa de elegancia y pulcritud que alejaban al Gangsta Rap de su poso callejero para ofrecer un sonido mucho más sofisticado. El éxito de The Chronic fue inmenso, el sonido G-Funk se generalizó rápidamente como el principal subestilo del Rap en la Costa Oeste, y durante los siguientes años Dr. Dre se convirtió en una figura indispensable y casi omnipresente en la industria musical; no sólo como productor sino también como exitoso empresario al frente de Death Row, y descubridor y padrino de figuras que se convertirían en gigantes del Gangsta Rap como Snoop Doog, Blackstreet o 2Pac.

En 1996 vino un cambio de rumbo radical en la trayectoria de Dr. Dre, primero abandonando Death Row para fundar un nuevo sello llamado Aftermath y después declarando que el Gangsta Rap había muerto. El resultado de este giro de timón fue Dr. Dre presents... The Aftermath (Aftermath, 1996), un trabajo en el que Dre se alejaba conscientemente del Gangsta para centrar su atención en el Soul y el R&B, pese a contar con colaboraciones de pesos pesados del Rap como Nas, B-Real o KRS-One. El eclecticismo apuntado en Dr. Dre presents... The Aftermath se vio consolidado con su siguiente disco 2001 (Aftermath, 1999), que incluía influencias Reggae y arreglos orquestales, y en el que Dr. Dre presentaba al mundo a su nuevo protegido, un tal Eminem. Sucesivas producciones para titanes como Jay-Z, The Game, 50 Cent o los citados Eminem y Snoop Doog mantuvieron durante años a Dr. Dre como uno de los nombres más importantes de la industria, convirtiéndole en, según sus propias palabras, «El primer billonario dentro del Hip Hop», posición que se vería reforzada con el lanzamiento de su propia marca de auriculares, Beats by Dr. Dre, que le supondría suculentos beneficios al ser adquirida por Apple en 2014.

Centrado en su trabajo en el estudio produciendo y descubriendo a nuevos talentos (un joven Kendrick Lamar entre ellos), la publicación del tercer disco de Dr. Dre (The Detox era el título elegido, aunque nunca llegó a ver la luz) se fue retrasando hasta que, después del estreno en 2015 del exitoso biopic sobre la carrera de N.W.A., llegó Compton (Aftermath, 2015), un disco excelente que funcionaba no sólo como banda sonora del susodicho biopic, sino como un repaso a la larga trayectoria de Dr. Dre y al viaje que le llevó de ser un gánster callejero a billonario multipremiado.

Queen Latifah Su majestad, la Reina

Muchos son los hitos a destacar cuando hablamos de Queen Latifah a lo largo de su extensa, fructífera y exitosa carrera, y pocas veces un apodo resulta tan acertado y justo: realmente Queen Latifah fue, y sigue siendo, una reina dentro de la cultura Hip Hop, tan respetada e imitada hoy como hace treinta años. Queen Latifah no fue la primera rapera de la historia, pero sí que fue la primera mujer en convertirse en una estrella del Rap. La mezcla de talento, personalidad, actitud y carisma que la encumbraron como figura icónica a finales de los ochenta supuso una guía a seguir para varias generaciones de mujeres dentro de la música negra en general a lo largo de las décadas siguientes, y en torno a su persona se da un poco habitual consenso de crítica y público: pocos personajes conjugan como ella el éxito comercial absoluto (no solo dentro de la música) con la profundidad de contenido y la seriedad en el mensaje.


Natural de Newark, Nueva Jersey, Dana Elaine Owens adoptó el apodo Latifah (delicada o sensible en árabe) con tan sólo ocho años de edad, y sus inicios artísticos se remontan a la época del instituto, como integrante primero de las bandas Ladies Fresh y Flavor Unit y, sobre todo, como miembro imprescindible del colectivo Native Tongues. El carácter politizado y progresista del Rap que ofrecía el universo Native Tongues, así como la querencia del colectivo por el Jazz, el Soul y una forma de entender el Rap alejado de la agresividad y la negatividad, representaban el entorno perfecto para el discurso feminista y socialmente comprometido de Queen Latifah.

Con tan sólo 19 años Latifah publicó su primer disco, All Hail The Queen (Tommy Boy, 1989), que incluía duetos con KRS-One y De La Soul, además del ya clásico hit «Ladies First», un himno de empoderamiento cantado a dúo con su compañera Monie Love (también en Native Tongues), que sigue siendo una de sus canciones más recordadas. En All Hail The Queen ya se incluían elementos de Reggae y R&B, anticipando un eclecticismo y un potencial que Queen Latifah explotaría en años posteriores. La continuación de All Hail The Queen llegaría dos años después con Nature of a Sista (Tommy Boy, 1991), pero sería en 1993, después de una temporada marcada por diversas desgracias personales, cuando Queen Latifah dio el definitivo puñetazo sobre la mesa con Black Reign (Motown, 1993); su obra más completa, compleja, visceral e influyente. Con Black Reign, Queen Latifah no sólo se confirmaba como una de las más creativas MC’s de la historia, sino que además entregaba un álbum que analizaba con puntería la situación de las mujeres dentro del Hip Hop y de la sociedad en general. Latifah hablaba sin tapujos de violencia machista, de inseguridad y precariedad, de agresiones sexuales y, básicamente, de lo que significaba ser una mujer negra abriéndose paso en las calles de Nueva York. Las ventas convirtieron a Black Reign en disco de Oro por primera vez para una mujer dentro del Rap, y su inolvidable single/himno «U.N.I.T.Y» ganó un premio Grammy.

A partir de ese momento, hablar de Queen Latifah es hablar de éxito, no sólo en el ámbito musical sino con su salto como actriz, presentadora y productora. Latifah decidió combinar desde muy pronto su carrera musical con el mundo de la actuación, y una sucesión de aciertos comerciales musicales y éxitos de taquilla en el mundo del cine le llevaron a dinamitar durante las siguientes décadas cualquier barrera que se le pusiera por delante en su camino hacia la fama: ganadora de Globos de Oro, Grammys y Emmys; nominada a los Oscar; millones de discos vendidos; actuaciones en varias ediciones de la Super Bowl; productora y presentadora de sus propios programas...la primera rapera en tener su estrella propia en el Hollywood Hall of Fame se convirtió en una celebridad a golpe de talento y tenacidad, y después de Order in the court (Motown, 1998), el que puede considerarse su último disco de Rap, decidió reorientar (con éxito, una vez más) su carrera musical abriendo su espectro de influencias y entregando una serie de más que notables discos que aúnan Pop, Jazz, Soul y R&B.

A día de hoy se sigue considerando a Queen Latifah como uno de los nombres mayúsculos del Rap, tanto por su habilidad técnica al micrófono como por lo influyente de una personalidad que, enfrentando al mundo del Rap a sus propias contradicciones y poniendo sobre la mesa una serie de temas que nadie había tratado en profundidad hasta ese momento, abrió las puertas y pavimentó el camino para todas las mujeres que vendrían después.

Wu-Tang Clan Monjes Shaolin en Staten Island

Originarios de Staten Island (Nueva York), Wu-Tang Clan es una de las formaciones más inclasificables, personales e influyentes dentro del Rap de la década de los noventa. Un grupo de nueve MC’s encapuchados que aparecieron de la nada en pleno auge del sonido G-Funk y que llegaban con la decisión de dinamitar el mundo del Hip Hop a base de actitud callejera, Boom Bap oscuro, letras crípticas y un sentido estético que se convertiría en icónico desde el primer momento.


Method Man, Old Dirty Bastard, GZA, Raekwon, Ghostface Killah, Inspectah Deck, U-God y Masta Killa, todos amigos de la infancia en las calles de Staten Island, se reunieron en 1992 para dar forma a una idea visionaria de RZA, productor y líder de facto de la banda: la suma de talentos y personalidades de cada MC, como si de una banda de supervillanos de cine se tratara, con RZA como arquitecto de un sonido que rompería frontalmente con las cada vez más pulidas producciones que estaban de moda dentro del Rap en ese momento. Wu-Tang Clan no buscaban la aceptación o asimilación de su música por parte del mainstream establecido, no estaban interesados en jugar según las reglas de nadie, y tenían muy claro qué buscaban: un sonido oscuro y misterioso, de bases sucias y simples con mínimos y austeros arreglos de pianos y cuerdas, samples de antiguas películas de Kung Fu y un imaginario críptico a base de numerología, ajedrez, vida callejera, filosofías orientales, códigos secretos y espiritualidad confusa. Los ambientes fantasmales y densos de las producciones de RZA ofrecían el entorno perfecto para que cada miembro del Clan destacara como estrella individual dentro de un todo que resultaba cohesivo, único y nuevo.

Wu-Tang Clan daban miedo, sonaban violentos y a la vez transmitían un extraño e indescifrable sentido del humor, y el arrollador éxito underground de su carta de presentación al mundo, el clásico y admonitorio «Protect Ya Neck», no fue más que el preludio de la revolución que supondría la publicación del disco debut de la banda: Enter the Wu-Tang (36 Chambers) (RCA, 1993). Con ese disco Wu-Tang Clan se convertirían de la noche a la mañana en los reyes indiscutibles del Rap Hardcore producido en la Costa Este, y años después sigue siendo unánimemente considerado uno de los discos decisivos de la historia del Rap.

La enorme popularidad del Clan se vio agigantada por el segundo gran eje de la estrategia visionaria de RZA: Wu-Tang Clan no sólo revolucionarían el mundo del Rap por su sonido único e inimitable, sino que sacudirían a la industria musical firmando un contrato inédito con RCA gracias al cual cada miembro de la banda era libre para firmar y lanzar sus propios discos en solitario en otros sellos discográficos. De esta manera, Wu-Tang Clan se convirtieron en una corporación que durante la segunda mitad de los noventa se apoderó de la industria lanzando un sinfín de lanzamientos multiventas a cargo de cada miembro del colectivo; diversificándose para entrar en el negocio de la moda, los videojuegos o el cine; así como apadrinando las carreras de un cada vez mayor número de artistas protegidos o de bandas asociadas al Clan como si de la matriz de una gran multinacional se tratara (Cappadonna, Killarmy, Gravediggaz, Killah Priest, The Sunz of Man, Wu-Tang Killa Bees...).

Wu-Tang Forever (Loud, 1997), The W (Columbia, 2000) y Iron Flag (Loud, 2001) no consiguieron el impacto comercial del debut de Wu-Tang Clan, y mientras Old Dirty Bastard (uno de los miembros más populares y controvertidos del colectivo) entraba en una errática espiral de escándalos públicos y problemas con las drogas y la ley que acabarían por llevarle a la cárcel, la actividad de la banda como colectivo se fue diluyendo en pos de las carreras individuales de sus miembros. La muerte en 2004 de Old Dirty Bastard mientras se encontraba trabajando en un nuevo disco en solitario sacudió al mundo del Rap y supuso una pérdida irreemplazable para Wu-Tang Clan, a pesar de integrar a Cappadonna como miembro oficial de la banda en su lugar.

A partir de ese momento las entregas discográficas de Wu-Tang Clan se espaciarán en el tiempo: 8 Diagrams (Motown, 2007), A Better Tomorrow (Warner Bros, 2014) y The Saga Continues (36 Chambers, 2017) completan por el momento la discografía oficial del Clan, aparte de infinidad de recopilatorios y colaboraciones que han ido manteniendo su influencia en la industria musical durante tantos años, si bien nunca con el nivel de relevancia que alcanzaron con sus primeros trabajos.

Pulsuz fraqment bitdi.

17,12 ₼

Janr və etiketlər

Yaş həddi:
0+
Litresdə buraxılış tarixi:
22 oktyabr 2025
Həcm:
515 səh. 242 illustrasiyalar
ISBN:
9788499176703
Müəllif hüququ sahibi:
Bookwire
Yükləmə formatı:

Oxşar kitablar