Kitabı oxu: «Papi»

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LARGO RECORRIDO, 26

Rita Indiana

PAPI

EDITORIAL PERIFÉRICA

PRIMERA EDICIÓN: septiembre de 2011

SEGUNDA REIMPRESIÓN: julio de 2016

DISEÑO DE COLECCIÓN: Julián Rodríguez

© Rita Indiana Hernández, 2005, 2011

© de esta edición, Editorial Periférica, 2011. Cáceres

info@editorialperiferica.com

www.editorialperiferica.com

ISBN:978-84-18264-62-7

El editor autoriza la reproducción de este libro, total o parcialmente, por cualquier medio, actual o futuro, siempre y cuando sea para uso personal y no con fines comerciales.

1

Papi es como Jason, el de Viernes trece. O como Freddy Krueger. Más como Jason que como Freddy Krueger. Cuando una menos lo espera se aparece. Yo a veces hasta oigo la musiquita de terror y me pongo muy contenta porque sé que puede ser él que viene por ahí. La musiquita es a veces mami que me dice que papi llamó y que dijo que viene a buscarme para llevarme a la playa o de compras. Yo me hago la loca segura de que no viene por ahora porque al que le van a hundir un machetazo en la cabeza no le avisan, por eso es que van tan brutos y se acercan a los arbustos o al closet, de donde sale una luz misteriosa, diciendo: Helen? O dizque David?, cuando se sabe que quien está detrás de los arbustos no es Helen ni David sino papi, con su bate de softball de aluminio levantado o un hacha o un pico.

Papi está a la vuelta de cualquier esquina. Pero una no puede sentarse a esperarlo porque esa muerte es más larga y dolorosa. Lo mejor es hacer otros planes, quedarse con la pijama puesta y ver todos los muñequitos desde las seis de la mañana hasta las doce de la noche o incluso salir a pasear, que es un juego que se inventó mami y que se llama: si papi te quiere, que te encuentre. Pero Jason sabe más que eso y se desaparece por meses y hasta años, hasta que a mí se me olvida que existe, entonces la musiquita de terror es el mismo papi dando bocinazos desde su carro y yo bajo los escalones de cuatro en cuatro para que él me vuelva carne molida lo más pronto posible.

Pero en lo que más se parece papi a Jason no es en que se aparece cuando una menos lo espera, sino en que vuelve siempre. Aunque lo maten. Cuando papi se fue la primera vez para los Estados Unidos con una cubana que no quería que papi le mandara dinero a nadie, mi abuelita Cilí dijo: está muerto para mí. Y cuando papi le dijo a mami que se iba a casar de nuevo, pero no con ella, mami le dijo: te me moriste. Y yo creo que una vez que papi me dejó esperando yo lo llamé por teléfono y le dije: ojalá te mueras. Y me imagino que muchas otras gentes también le deseaban la muerte, como a Jason, que no hace falta un detective para descubrir que todos le teníamos ganas y que cuando nos pasaron el puñal lo hundimos no una sino muchas veces (como éramos tantos y estaba tan oscuro, quién se iba a poner a contar), y es que además por matar a Jason no meten a nadie preso.

Por eso cuando me dijeron que él iba a volver yo había dejado de esperarlo hacía tiempo y había visto un millón de veces su regreso, la ropa con que papi iba a volver, cómo iba a bajar del avión, oliendo el aire salado, arrodillándose para lamer el suelo.

Y luego, esto también ya yo lo había visto: cómo se calza los tenis Nike, pero se deja el traje de 2.000 dólares y mientras el oficial de migración le pregunta si viene de visita papi se pone en posición de salida con las manos en el suelo, con una pierna hacia atrás y la otra recogida, y cuando el sello cae sobre el pasaporte él sale disparado y comienza a correr y a correr y en su mente también corre desde el Aeropuerto Internacional Las Américas hasta la Feria, hasta el frente del edificio de la Lotería Nacional, hasta la casa de su mamá, como le había prometido a Gregorio Hernández, el santo doctor, si le concedía volver rico, y ahora vuelve y todo ese dinero que ha ido amasando vuelve con él.

Y nosotros a él también lo hemos estado amasando, te hemos estado esperando, papi.

Te estoy esperando en el balcón de la casa de tu mamá, en casa de Cilí. Te espero con los puños cerrados y la boquita pegada a la barandilla fría del balcón, imaginando cómo vas a saltar del carro hasta el balcón (que está en el tercer piso) y cómo vas a cargarme y vas a decir que estoy más grande y que ya casi no puedes cargarme, pero qué va, tú vas a poder cargarme siempre, y me cargas y me aprietas y me besas la frente y yo hundo la cabeza en tu cuello para oler tu perfume «de fuera», para ver si has cambiado de perfume, para ver.

Ya todo el mundo sabe que estás volviendo, que vas a regresar, que vuelves triunfante, con más cadenas de oro y más carros que el diablo. Ya todo el mundo lo sabe. Ya están imaginándose cómo regresas a ellos, a cada uno de ellos, y cómo cada uno te ha estado esperando y ha estado fantasmeando y ha estado anunciando en el barrio, en la casa, por teléfono: vuelve.

Y se sueñan contigo llenando la maleta con regalos para ellos y se sueñan que tú sólo trabajas para ellos, sólo vives para ellos, sueñan que tú les debes todo en la vida, en sus sueños. Se imaginan el reencuentro. Tú, con tu traje de plata, tus zapatos de azabache, corriendo desde el aeropuerto, no, pagando un avión del aeropuerto a sus casas para, antes que nada y primero que todo, tocarles la puerta y despertarlos con una ducha de billetes verdes que saben a azúcar de pastelería.

Y el día llega y todos y cada uno se despiertan, se echan un cubo de agua, se deshollinan. Éste es el día, el día en que va a saberse lo que es bueno, en que tú vas a volver para retribuirles a ellos todo lo que ellos te dieron cuando eras un hijo de machepa, todos los fósforos que te prestaron, los fondos de cerveza que te brindaron, las bolas en la cola de un motor que te ofrecieron. Algunos han hecho una lista en sus mentes de cada cosa que les debes y por cada cosa escriben, también en sus mentes, lo que vas a traerles, la forma en que ellos creen que debes pagarles. Y cuando la lista es muy larga (porque han anotado hasta las veces que te dirigieron la palabra) empiezan a pedir prestado, comienzan a endeudarse, a despilfarrar esa fortuna que ya sienten suya, esa fortuna que irremediablemente describirá una perfecta trayectoria de churria radiante desde tus bolsillos hasta las caras, las manos, las bocas, los pechos de todos ellos; tus sobrinos, primos, hermanos, amigos, concuñados, allegados, vecinos, compañeros de escuela, tíos, padrinos, compatriotas, amigos de un tipo que está casado con una doña que es hermana de un fulano que se graduó de la Marina un año después que tú.

Y se organizan, se están organizando a ambos lados de la avenida bordeada de palmeras porque todos han tenido la misma idea, ir a tu encuentro, y se han preparado, pancartas en mano, banderolas, letreritos, cruzacalles que dicen güelcon güelcon! Otros que no pensaron tan rápido ahora se suben a las palmeras de la Avenida Las Américas para dejarlas calvas y ponerte las pencas verdes en el suelo, otros se tienden ellos mismos en el asfalto para que les pases por encima, otros traen camiones electrizantes, con torres de bocinas que tocan El Triste de José José porque una noche te brindaron un picapollo y ponían esta canción y piensan que es una buena forma de refrescarte la memoria. Y otros vienen en camionetas con los vidrios tintados y en el techo altoparlantes por donde vocean consignas y relatan anécdotas sobre ellos y tú. Otros vienen disfrazados de miembros de la Defensa Civil para poder empujar a los demás y dicen: Vamo a organizarno, vamo a organizarno, agitando batutas con sus chalequitos naranja que a la legua se ve que son hechos en casa. Pero la gente por fin se va organizando, ponen sus nombres en un libro que una doña va pasando (y la doña también vende dulce de maní) para que sepas quién vino a recibirte y quién no, y ahora se ve el avión descendiendo y las mujeres comienzan a caer en trance y a botar espuma por la boca y los hombres con chorrera en las piernas bailan el perrito agarrados a los bompers de los carros.

Y aquí vienes, aquí vienes corriendo. La gente se ha organizado a ambos lados de la avenida, una cuerda los separa de tu cuerpo, pero ellos estiran los brazos para que tú les choques esos cinco sin dejar de correr y ya te has quitado el traje de 2.000 dólares y llevas un jogging suit azul cobalto de 1.700 dólares, y ha comenzado a llover y la gente saca paraguas y plásticos para cubrirse y un palomo corre detrás de ti con un pedazo de cartón para que no te mojes la cabeza, pero sudas tanto que parece que te estuvieras mojando anyways y detrás de ti una caravana de carros con sirenas, patanas, camiones, motores y motonetas, y muchos corriendo y otros en sillas de ruedas, en bicicletas, alumbrándote con luces de halógeno entre la lluvia porque se está haciendo oscuro.

Y la gente comienza a distinguir la caravana de réplicas del Pontiac Trans-Am que se manejan solos que papi trae para vender. Decenas de trajes de 5.000 dólares que papi trae para ponerse. Miles de relojes, cadenas, anillos y guillos de oro blanco que se ajustan sobre el cuerpo de papi con sólo pensarlo y que papi no piensa apearse ni muerto. Y hay quien sale con un bebé en brazos para que papi se lo bautice (el cura, la madre y el monaguillo con la pila bautismal también juyendo) y hay quien mata un puerco en nombre de papi para que una doña lo alcance y le acerque el tenedor a la boca para que papi sople el puerco asao y luego ñau, se lo trague sin dejar de correr. Y así le van matando gallinas, chivos y guineas todo el camino y él, sin dejar de correr, va probándolo todo, y cuando un perico ripiao, que también corre, le toca Compadre Pedro Juan, para que se sienta como en casa, papi hace como que baila, con una mano sobre el abdomen y otra levantada, meneando el fundillo, pero acelerando el trote.

Y antes de que yo pueda tocarlo lo vemos en la tele, chocando manos desde el aeropuerto hasta la feria, trotando, volviendo, trotando, sudando, corriendo, a veces, por un par de segundos, se pone dos dedos en el cuello y mira su reloj caminando. Dos palomitos de la Defensa Civil le pasan un par de Nikes azules cada dos kilómetros porque se le gastan las suelas, y el señor del noticiero de las seis de la tarde con una foto de papi sobre su hombro derecho dice: el niño mimado de Quisqueya vuelve, y hacen un re-play de las imágenes que han capturado hace unos minutos: papi bautizando un bebé, una anciana metiéndole a papi un trozo de cerdo en la boca, papi sonriendo y juntando sus dos manos por encima de su cabeza como los ganadores. Luego en la pantalla los autos y las cadenas y una mujer encinta que cae desmayada por la impresión.

Me asomo al balcón para ver si ya llega y lo que llegan son las vanettes de los canales de televisión a esperarlo, una hilera de presentadores en la acera, micrófonos en mano señalando hacia aquí. Yo saludo con la mano desde el balcón de Cilí y cuando entro para ver si en las noticias dicen por dónde anda papi, me veo en la pantalla en el balcón de Cilí diciendo adiós con una mano.

2

Papi tiene más de to que el tuyo, más fuerza que el tuyo, más pelo, más músculo, más dinero y más novias que el tuyo. Papi tiene más carros que el tuyo, más carros que el diablo, tantos carros que tiene que venderlos porque no le caben en su propia marquesina. Papi tiene carros que hablan y te dicen que te pongas el cinturón y que cierres la boca, en inglés, francés y otros idiomas. Papi los maneja, uno diferente cada día, porque son tantos que tiene que repartírselos, uno por la mañana, uno por la tarde y otro por la noche, es decir cada cuatro horas. A veces uno incluso para el almuerzo. Uno para irme a buscar al colegio, uno para ir a mi primera comunión, uno para visitarme los domingos, uno para ir a visitar a su mamá y otro para sus hermanas, un Jaguar para el día de los padres, un Camaro para el día de los enamorados, un Be Eme Doble u para las inauguraciones, un Ferrari para llevarme a comer helados. Un carro que usa cuando va a traerle a mami mi mensualidad, uno para cuando viene a decirle a mami que quiere volver con ella y otro (por lo general un Mercedes baby descapotable) cuando viene a decirnos que vuelve a casarse con otra y que nos invita a la boda y deja los muebles de mami impregnados con su perfume que es muy fuerte, más fuerte y más caro y más bueno que el perfume que usa el tuyo, si es que acaso tu papá ha visto alguna vez uno.

A mami le da dolor de cabeza.

Papi tiene carros con los vidrios negros, por donde no pasa ni una lucecita, y que además tienen cortinitas negras para que no pase ni una lucecita. Carros que te dicen quién fue que dejó la puerta abierta o quién se está comiendo los mocos, carros largos y gordos, carros a los que se les abren las puertas levantándolas hacia arriba, que hacen que la gente se aglomere alrededor cuando todavía no nos hemos desmontado, que hacen que un montón de niños y jóvenes y viejos casi todos negros y descalzos venga corriendo a tocarnos porque creen que es una nave en la que aterrizamos papi y yo, casi siempre frente a una cervecería o un car wash en el Malecón, y vienen a tocarnos a nosotros y al carro y le preguntan a papi por el carro, por mí y por el carro y papi les responde sin mirarlos, como si no fuera importante, como si los carros volaran desde siempre, como si papi y yo estuviésemos aterrizando en un carro que parece una nave frente a todas las cervecerías del Malecón todas las tardes, y es verdad.

Y papi se desmonta y deja el carro abierto para que los niños, los jóvenes y los ancianos (casi todos negros y flacos y descalzos) puedan subirse y activar el limpiavidrios y las luces y abrir las puertas que se abren hacia arriba como alas de gaviota, como en una nave. Y, a veces, papi hasta les da la llave para que lo enciendan y salgan volando, pero son tan brutos que hacen tres piruetas y luego se estrellan en el mar o en los arrecifes del Malecón o se quedan enredados en el tendido eléctrico como zapatos muertos.

A papi ni le importa. Ni que se maten, ni que le dejen los carros empalados encima de un cocotero, como tiene tantos. Papi lo que hace es que inmediatamente saca una foto del accidente con una polaroid y se la regala a los niños, jóvenes y viejos que han sobrevivido, que en cuanto damos la espalda se entran a trompadas por la foto.

Mi papi tiene tanta ropa y tiene tantos closets para guardarla que a veces cuando quiere ponerse una camisa tiene que comprarla de nuevo porque se olvida en cuál closet es que está. Y tantos poloshirts con el hombrecito jugando polo en el pecho que tiene como quince closets para guardar los poloshirts, uno para cada día de su vida, si él quiere. Y estos poloshirts aunque los laven tienen el perfume de papi todo el tiempo y aunque los laven se les queda y aunque papi los mande a lavar no se les quita y cuando papi quiere cambiar de perfume tiene que cambiar toda su ropa y comprarse toda esa ropa de nuevo y comenzar por el principio.

Mi papi tiene más carros que el diablo. Mi papi tiene tantos carros, tantos pianos, tantos botes, metralletas, botas, chaquetas, chamarras, helipuertos, mi papi tiene tantas botas, tiene más botas, mi papi tiene tantas novias, mi papi tiene tantas botas, de vaquero con águilas y serpientes dibujadas en la piel, botas de cuero, de hule, botas negras, marrones, rojas, blancas, color caramelo, color vino, verde olivo, azules como el azul de la bandera. Botas feas también. Botas para jugar polo y para cortar la grama. Botas de hacer motocross, mi papi tiene motores, motonetas, motores ninja, animales domésticos, four wheels y velocípedos. Papi tiene el pelo rizado, negro y rizado, porque cuando era marinero y tenía uniformes, blancos, kakis, botas, una escopeta de palo, una escopeta de mentira para hacerse fotos, mi papi tenía el pelo muy corto, porque en la Marina de Guerra se lo cortaban a caco, con una navaja eléctrica que hacía zum zum y le quitó lo que le quedaba de rubio en la cabeza, porque es que papi cuando era niño era muy rubio, con el pelo casi blanco, casi albino, y muy lacio y muy largo porque se atoró un día con un pedazo de plátano y su mamá le prometió a la Virgen de la Altagracia mientras papi se iba poniendo como una aceituna negra que le iba a dejar crecer el pelo a papi si se lo salvaba del plátano y por eso en todas las fotos papi tenía su pelo muy rubio, muy lacio y muy largo y le hacían muchas fotos en las que casi nunca se le veía la cara, sólo el pelo muy largo, y en las que si se le veía la cara parecía una niña, con una trenza muy larga y muy blanca que le llegaba hasta la cintura más o menos.

Pero ahora lo tiene negro y tupido y corto, un mini afro. Papi tiene amigos que lo peinan y que vienen a peinarlo, con blowers y un cepillito redondo, cilíndrico, que suena cras cras en el pelo de papi que es muy negro y muy rizado. Los amigos de papi, los que lo peinan y lo afeitan y le cortan las uñas y se las pintan con un brillito transparente, también me peinan a mí, me lavan la cabeza en el lavamanos, me lo secan con una toalla y me lo secan luego con un blower y un cepillo redondo, cilíndrico, más grande que el de papi, porque mi pelo todavía está medio rubio, y no tan lacio, ni tan largo, ni tan albino. Después nos echan gotitas mágicas en el pelo a los dos y nos dicen que somos muy bellos y muy iguales y yo me veo en el espejo con la melena casi rubia y es verdad que soy casi igualita a papi.

El blower también es de papi, y los cepillos y el amiguito que viene a lavarnos el pelo y a peinarnos y a secarnos y a pintarnos las uñas de colores, a mí de rosado, que luego se me descascara y papi, que también tiene removedor de esmalte en una gavetica y limas y piedras pome y cremas hidratantes y aceite de cacao y aceite johnnson, me sienta en sus piernas y me saca el cuté rosado con un algodoncito y otro algodoncito que caen al piso y parece como si estuvieran sucios de sangre.

Papi pierde la cuenta de los jackets que tiene, de los que le regalan sus amigos dueños de discotecas, que mandan a hacer jackets, relojes y gorras con sus iniciales bordadas en oro para regalarlos en las inauguraciones y en las fiestas de fin de año a las que papi llega con una novia, un carro y un par de botas nuevas. Más nuevas que cualquier cosa que vayas a tener tú o tu papá, si es que acaso sabes lo que significa tener uno. Jackets con logos o sin ellos, azules, jackets como los de los peloteros, jackets fosforescentes, enormes, acolchados, jackets en los que me sofoco desde que me los pongo, pero yo me los pongo y no me importa, yo me los pongo todos en cuanto papi se va y me quedo sola con todos los closets de papi y me meto en todos sus walk-in closets y me pongo todos sus jackets y me quedan muy bien. Un poco grandes, pero eso está a la moda, pienso, y me pongo un jacket de papi y unas botas de papi y camino el pasillo entre el primer closet y el último con cada combinación, sonando las botas claca claca claca porque ese sonido a mí me gusta mucho y me siento como un vaquero, como en otro mundo.

Cuando papi me ve con los jackets me dice que a él le da calor verme con ellos puestos y yo no entiendo. Que a él le da calor verme con ellos puestos. Yo me los dejo puestos y papi suda, suda, suda, suda, suda, suda muuucho. Se pone colorado, parece que va a reventar. Me dice que esos jackets son para el invierno. Y yo no entiendo. Que esos jackets son para el invierno. Yo me los dejo puestos y ahora también me he puesto unos Ray-Ban de papi que son de oro, porque papi tiene más gafas que nadie, como ciento veinte. Papi está sentado viendo Rocky III y a Rocky le están partiendo la semilla y yo me estoy poniendo otro jacket más y papi se está volviendo agua. Ya se derrite completamente sobre el sofá, el control remoto flota sobre el charquito de su mano, también hay humo porque el sudor se evapora rápido, el control remoto cae en el piso, entonces yo comienzo a quitarme los jackets de papi, uno por uno muy rápido, porque no quiero quedarme sin papá, pero cuando me quito el último papi es ya una mancha de sudor en el sofá y sobre la cara de Rocky ruedan los créditos mientras él llama: Adrian!!!!! con la boca torcida.

Pero no es Rocky el que grita, me he confundido, es papi, que bebe tanto y se pone tan malo. Porque papi tiene muchas botellas de todo y se las bebe con sus amigos que también traen más botellas y juegan dominó con un dominó de oro que le regalaron a papi, probablemente otro dueño de discoteca. Y el ruido de las fichas del dominó de oro se confunde con la chocadera de vasos y botellas y hielo. Y la sirvienta, una de ellas, ve el precio de las botellas y le dice a papi que si es verdad que esa botella cuesta más que lo que ella gana. Y papi ahora vomita junto a la cama, vomita verde, verde, verde y luego amarillo amarillo y luego rosa y luego ya de un rojo muy oscuro. A mí no me gusta. Sinceramente. Papi vomita más que yo, que desde que me llega el olor me dan náuseas y corro a echarme berrón en la cabeza y en la nuca y a ponerme hielo en las axilas. Me estoy poniendo mala, me estoy poniendo mala.

Papi se está muriendo, yo me estoy muriendo, por suerte papi tiene una ambulancia, dos ambulancias con su chófer cada una que nos vienen a recoger para llevarnos al canódromo y allí estamos papi y yo en sillas de ruedas viendo cómo los perros persiguen una liebre de madera, con una enfermeraazafata que nos sostiene el suero y lo chequea y mueve la manivela para intensificar el riego. Mi papi y yo hemos apostado toda la tarde a que el perro colorado no gana, y el perro colorado gana siempre, es muy divertido. Luego, como papi tiene amigos en todas partes, nos dan un tour backstage, aquí están las perreras y aquí los baños en los que hay charquitos de sangre porque a veces los perritos se mueren después de la carrera y hay unas fundas de basura de donde sobresalen las patitas de los perritos muertos y luego el veterinario del canódromo me deja inyectar a un galgo que no tiene nalgas, sino un pellejo que une la pierna y la cadera y allí mismo pisss, le clavo la aguja que entra bien fácil en el galgo al que un negro vuelve a meter en su jaulita.

Ya nos vamos mejorando. Nos vuelve el color de la piel. Nos baja la fiebre. Papi hasta se afeita, lo que siempre le hace muy bien porque se afeita y se le quitan veinte años. Es casi un niño. Es tan pequeño que puedo llevarlo a caballito. Estamos de nuevo viendo Rocky III porque parece que este verano, junto con Dirty Dancing, es lo único que ponen. Y después papi se duerme en el sofá y yo me hago la dormida, a veces abro un ojo para ver la escena, los dos muy juntos con los ojos cerrados, la luz de la televisión hace que papi se vea más lindo y subo el volumen de la tele a todo lo que da para que no se oigan los gritos de las novias de papi, para que las malditas no vayan a despertarlo, porque es que les ha cogido con reunirse en el parqueo y lo llaman y lo llaman y caminan en círculos con pancartas y fotos de papi y me llaman a mí y luego forman una torre humana enterrándose las agujas de los tacos en los hombros para llegar al último piso de la torre que es adonde estamos papi y yo. Y aquí vienen flacas y altas, regordetas, nargúas, culúas, prietas y pelirrojas, ñatas, aguiluchas, tetónicas, sintéticas, con las teticas paradas, aerodinámicos los cabellos, maremóticas las pollinas, un tsunami frizado con laca y síndromes premenstruales. Aquí vienen con uñas postizas en las pestañas, con ojos en las uñas, con las agallas así (y cuando digo así me pongo el índice de la mano derecha en el bíceps del brazo izquierdo extendido, o sea, que las agallas deben de medir más o menos su buen pie y medio), encaramadas en zancos y en agujas quirúrgicas, en rayos láser en vez de agujas. Tienen sus propias naves, motores y camionetas, que papi les ha comprado, y vienen todas juntas en bicicletas estacionarias a comerme viva, a meterme la cuchara hasta el fondo, para dejarme un arco tatuado en el paladar, un arco que significa que me han obligado a comer, que se preocupan por mi salud y mi bienestar, que son todas buenas madrastras, que papi ha sabido elegir, que yo debo quererlas y sufrirlas y entenderlas y chupar la leche que sale de sus tetas, teticas, tetazas y decirles mami, mamita, mamasota. Vienen como locas, chillando, pujando embarazos ficticios, pujando muñecos de peluche, pariendo bebés de látex que orinan si se les aprieta la barriguita.

Aquí vienen de nuevo limpiándose el pintalabios que traen embarrado en los dientes con servilletas de pizzería, con hisopos sucios, los hisopos con los que me han perforado el tímpano para limpiarme las orejitas, y vienen con más hisopos a limpiarme lo que no me queda porque no se cansan de deshollinarme, de meterme hisopos y enemas por todas partes cuando papi no está, cuando papi sale juyendo en un carro que hay parqueado en el balcón y en el que papi sale volando cada vez que ellas aparecen, gritando, maldiciendo, jalándose las greñas que son tan duras tan duras que se les caen enteras de la cabeza como piezas de cerámica y se destrozan contra el piso de granito como si fueran de tierra.

Aquí llegan en patanas decoradas con banderas de plástico rojo, rojo y amarillo, amarillo y morado, banderolas y confetti y serpentinas rojas, en peinadoras con bocinas a 300.000 vatios, haciéndose campaña, dando golpes de barriga y de pechuga tan intensos que a veces se les brota una tripa o un ojo, furiosas, demoníacas, preciosas, horribles fulanas de tal. Me odian, me odian, me odian, me odian, porque tienen que quererme, porque tienen que quererme, porque tienen que quererme.

Nos están alcanzando, le digo a papi, que saca una pistola de debajo de su asiento y me la pasa diciendo: dispara, mientras baja la cabeza al nivel del guía porque nos están disparando, nos están tirando piedras, granadas, pelucas de cerámica que explotan muy cerca de la carrocería de nuestro carro que rueda haciendo cortes de pastelitos a doscientas millas por hora en el malecón. Saco un brazo y hago fuego y hago fuego y hago fuego y se oyen los gritos de las novias de papi cayendo de sus carrozas, heridas de muerte, agarrándose un pecho. Y sigo haciendo fuego con las armas que papi no deja de pasarme sin mirarme y bajando la cabeza y manejando con las rodillas y con la otra mano bajándome a mí la cabeza para que no nos maten, para que las bazookas de las hijas de la gran puta pasen de largo.

Y las carrozas que están muy decoradas con estatuas de papier maché y papel crepe (ídolos taínos, carabelas de Colón, Marías Montezes) comienzan a coger candela y las arpías escupen para apagarla, pero la saliva de las arpías tiene un ph combustible que hace que las carrozas enteras cojan fuego y el fuego ya les llega a los pantihoses y yo sigo vaciándoles las pistolas de papi encima y tumbo putas a troche y moche y la multitud, que a ambos lados de la avenida George Washington disfruta del desfile, se rompe las manos aplaudiendo cada vez que una puta se cae de la carroza hecha un colador y yo saludo a la multitud y ellos me hacen ba bay con la manita mientras se les echan encima a las mujeres muertas para quedarse con los collares y las pulseras.

Papi como que comienza a levantar la cabeza y en vez de una M-16 me pasa una paleta, un lollypop azul que me tiñe la lengua de un azul casi negro, me veo en el espejito retrovisor y pienso, mientras nos vamos elevando (porque por fin tenemos suficiente espacio en la autopista para despegar), que quiero que papi me compre un chow chow, pero antes de que yo pueda decir chow las novias de papi se han transfigurado, el ídolo taíno de papier maché de la carroza ya casi hecho cenizas las ha visto y ha olido su sangre y la sangre de las novias de papi ha clamado y un viento salitroso levanta las cenizas del cemí taíno y cubre los cadáveres destartalados y la multitud pavorosa corre y se rasga las ropas porque las muertitas ya se transforman, ya convulsionan, ya dan golpes de barriga tan intensos que dos alas les brotan rompiéndoles la carne, dos pencas alas de murciélago, de batichica, del mismísimo diablo y han salido volando prototerodáctilas, dragoniles, hijas de su maldita mai, y papi y yo alcanzamos los 700.000 pies de altura, los 800.000 pies de altura cuando una de las moñúas aferra sus colmillos a los neumáticos. Dispara coño dispara, dice papi, que se ha olvidado de pasarme un revólver y me saco el lollypop de la boca y me salgo casi entera por la ventana del carro (todo a 700 u 800.000 pies de altura, pero papi me agarra por la correa para que no me vaya a caer) y le entierro el lollypop en un ojo a la infierna, que grita muy fuerte, cayendo y arrastrando a todas las demás, una por una, hacia el fondo del mar, levantando una corona de espuma, muy blanca y muy linda, por lo menos desde aquí arriba.

Y papi y yo seguimos subiendo y subiendo y subiendo, ya ni el mar se ve. Y la temperatura comienza a descender y a descender y a descender y papi tiembla y yo tiemblo, y hacemos fogoticos poniendo ambas manos juntas y ahuecando y soplando dentro. Papi enciende la calefacción que llena el carro con un calor de mentira por el que se cuelan, aún en sus mejores momentos, alfileres de frío. Afuera todo es blanco y le digo a papi que si esto es la nieve, que si ahora por fin vamos a necesitar ropa de invierno. Él me dice que no, que esto son nubes solamente.

Por un buen rato esto es lo único que vemos, blanco y más blanco hasta que una luz amarillenta se cuela y empapa todo y también se cuela una música, es un merengue de moda que dice así: cometa blanca que juegas a ignoraaaaar, que ya eres mía, y luego ya podemos ver el letrero de neón color mango en el que una botella de cerveza vierte un chorro de espuma que forma las letras CAR WASH eternamente. Dos prietas con anoraks color mango vienen como patinando entre las nubes y nos ayudan a abrir las puertas del carro de papi, que como ya he dicho antes se abren hacia arriba, y que ahora están atoradas porque la escarcha blanca se ha metido en las rendijas congelándolas. Las dos morenas, que conocen a papi de toda la vida, nos ayudan a meternos dentro de unos anoraks color mango con flecos blancos en la capucha, los anoraks (este car wash tiene un servicio de primera, dice papi) tienen impresos nuestros nombres en plata. Muy lindos, y yo muy feliz y ya entrando al car wash y buscando lugar entre la clientela que está toda muy bien abrigada, acomodazdos en la barra y en mesitas de formica blanca, todos hombres con el pelo cortado de la siguiente manera: arriba una moña en la que se sacan y se meten los dedos índice y mayor para hacerla más voluminosa, atrás una melenita grasienta y a ambos lados de la cabeza diseños hechos con la tijera y la navaja con el toro de Sergio Valente, estrellitas de belén o la cara de Tony Mota.

En el ventanal pueden apreciarse los vehículos de los clientes mientras las ex novias restantes de papi amarradas por el cuello con cadenas forradas de un látex lumínico los estrujan con esponjas enormes y hay manguerazos de espuma cayéndoles en el cuerpo todo el tiempo a las chicas que deben de tener mucho frío porque están encuerecitas.

3

Y papi entonces sale de compras.

Y yo con él.

Porque él es mi papá y yo soy su hija.

Y papi compra tantas cosas que hasta se me olvidan. Porque papi tiene tanto dinero que tiene que usar una cartera de mujer, porque en una cartera de hombre no le cabe y por eso anda siempre con una mujer para que le lleve la cartera, y tiene muchas carteras, a juego con las botas algunas, de piel la mayoría, de todos los tamaños, más lindas y más finas, y también tiene correas, de búfalo, de rinoceronte, de Komodo dragon. Por eso cuando vamos de compras se trae no una sino dos o tres mujeres para que le carguen las carteras y las chequeras y las fundas que son tantas que a veces papi prefiere comprar la tienda y quedarnos a dormir allí mismo, entre los aires acondicionados, neveras, licuadoras, televisores y demás artículos para el hogar.

Y cuando yo era más chiquita mi papá me llevaba a mí como una cartera, o eso dice él, que andaba conmigo encima como una cartera. Y cuando él dice esto yo me pongo muy contenta y me imagino con un vestidito de siete pesos que me compró mi mamá en La Sirena, un vestidito que no me lo apean y papi me levanta y yo me quedo montada en su costado como una mochila, como un bulto, una carterita feliz y papi me mira y me dice que ese vestidito no me lo apean, y que si yo no tengo más vestiditos o qué. Y que si yo no tengo pai o qué, y que si yo no tengo mai o qué. Y que cuál es mi casa favorita, y yo pienso en la casa de mami, con sus dos mecedoritas, la flor de pascua sobre la televisión en blanco y negro y, luego, ya papi me ha puesto en el suelo, entramos en una de las casas de papi, que son como ciento cincuenta, en la que están parqueados por lo menos siete carros y en donde siempre hay gente ayudando a entrar un mueble nuevo, una estufa, una botella con un barquito de cristal soplado adentro. Y en cada casa una piscina, que papi en persona ha llenado con ballenas inflables, dragones, strawberryshortcakes inflables, botes de remos, botes con motor (la piscina es muy grande), submarinos en miniatura adonde cabemos papi y yo y a veces una novia de papi que no se atreve a mirar por las ventanitas del submarino, por donde se ven las criaturas marinas más monstruosas que viven en el fondo de la piscina y que yo contemplo valientemente para que papi me vea, para que papi sepa que yo no le tengo miedo a nada.

En cada casa papi me ha preparado una habitación con su cama, su tocador, su mesita de noche y su lamparita a juego, todo en mimbre pintado de blanco y una colcha reversible que de un lado es de Rainbow Brite y del otro es de los Gremlins. Papi tiene tantos gremlins y rainbow brites para mí que ya ni me gustan. Un closet lleno de rainbow brites y gremlins. Papi también me ha comprado botas y crayolas y alphabet stickers, pre tested water colors, flexi foam sheets, pelucas de la Barbie, sweat shirts, halloween decorations, wide angle compact binoculars, rechargeable power spotlights, a junior utility table, jerseys, gloves, leather gloves para el invierno, para cuando vaya a visitarlo, para cuando papi vuelva y me lleve con él.

Cause now he’s got boneless skinless chicken breasts, whole boneless beef, mi nenes, nintendos, plantilla e media, escuelas de tae kwon do, semillas de cajuil, semáforos, hotel style turkey breast, boneless beef shoulder roast, center cut bone in smoked ham steak, tarántulas domesticadas en peceras, ledbetter boneless beef bacon wrapped tenderloin filets, lámparas japonesas de papel de pergamino tibetano, all purpose white potatoes, mujeres, all purpose yellow onions, mujeres, campbells tomato, chicken noodle, mujeres, green beans-onionalphabet soup.

Yo lo que tengo es un dolol de rodillas porque estoy creciendo muy rápido, por eso es que papi me manda tantas bicicletas, para que me las güaye. Y me manda una bicicleta cada mes cada vez más grande, una para cada pierna, pero yo lo que necesito es una con rueditas porque tengo miedo a caerme, pero esto no se lo decimos a papi que sigue mandándomelas, rojas, amarillas y verdes, para que se las coma el óxido, y esta vez manda una azul cobalto con siete velocidades, pero se la come el óxido, se la venden a otra niña, se la regalan a un primo, se la come el óxido, se la regalan a los niños pobres, la venden, una con protectores de ET o de la Barbie.

Mami y yo escribimos una carta, mami me la dicta y yo la escribo con mi letra que cada vez me sale más bonita, dice mami. Y en la carta mami y yo le pedimos a papi una televisión a colores, le pedimos que no mande más bicicletas, que lo que queremos, que lo que yo quiero, que lo que yo necesito es una televisión a colores porque a las bicis se las está comiendo el salitre.

Y papi manda a decir que él no va a poner a los novios de mami a ver colores y entonces mami y yo redactamos otra carta en la que yo le explico a papi que la que quiere la televisión a colores soy yo, que mami no tiene nada que ver, que mami no tiene novios, que mami sólo vive para mí y que por favor, que la televisión sea marca Zenith, que son mejores, y la letra me está mejorando mucho, dice mami.

Y papi manda a decir que él no va mandarle televisores a los vagos que mami mantiene. Entonces llamamos por teléfono y yo le digo a papi que yo quiero ver a Bugs Bunny en colores y él llora del otro lado y yo lo sé porque papi tiene un jipío cuando llora y cuando cuelgo suena el timbre y abro la puerta y es Corporán de los Santos el campeón de la televisión dominicana, con su afro, con sus siete corporettes botando confetti y serpentinas por la nariz que viene a hacerme entrega del televisor que me manda papi, en una cajota muy grande con la que me hago una casita, mientras mami y su novio miran la telenovela de las siete y media.

A mí la tele me gusta mucho y me gusta jugar un juego que me he inventado yo y que consiste en señalar las cosas que salen en la tele y decir mío, porque el primero que diga mío es el dueño de la cosa que sale. Y yo, como casi siempre estoy sola, me quedo con todo, segura de que papi adonde esté ya me lo ha comprado. Un día papi va a volver y todo va a ser como antes, mejor que antes, vamos a salir de compras al atardecer y vamos a llegar a la tienda justo antes de que cierren, y como tenemos mucha prisa porque las dependientas quieren irse, papi va a decirme señala lo que te gusta y yo lo hago con un dedito y papi le dice a la novia con la que andamos que me coja uno de cada color, uno de cada color, y así vamos llenando carritos con medias de todos los colores, largas y bajitas, de todos los colores, un par de cada modelo, con bolitas de lana en el tobillo. Luego papi me deja en casa de mami que mira desde el balcón cómo bajamos la compra del baúl del carro, y cuando cae la noche yo me pongo todas las medias nuevas, una encima de la otra, y hago un corral con los zapatos nuevos sobre la cama y allí en el centro me acuesto y cierro los ojos y trato de dormir respirando ese olor a nuevo y temblando con temor a morirme sin poder estrenármelo todo.

Y es que papi tiene tanta música que una siempre tiene miedo a que él quite la canción antes de que se acabe. Él tiene un tocadiscos y una cassettera en cada habitación y en cada una hay un disco o un cassette ready to play. Papi, sobre todo cuando viene gente, se la pasa corriendo de un aparato de música a otro para oprimir stop o para oprimir play o rewind o fast forward. O pause. Papi tiene un mueble, tiene varios, en los que están colocados sus discos, es más, las paredes están todas cubiertas de estos estantes en los que los discos de papi van cogiendo polvo y la sirvienta, realmente varias de ellas, se encargan de irlos desempolvando con un desempolvador de terciopelo azul violeta.

Hay una habitación para los merengues, y los estantes llegan al techo. Hay otras habitaciones para la música americana y hay una habitación pequeñita para la música clásica o música de muertos, como dice papi, que realmente es el baño.

Los sábados en la mañana, papi se levanta temprano y me prepara un desayuno él mismo y entonces corre de la licuadora al tocadiscos y de la estufa a la tostadora y de ahí de nuevo a la cassettera. Yo me levanto y me pregunto qué bulla es ésta. Y luego camino despacito hasta la sala y veo a papi bailando, moviendo el fundillito con un delantal rojo que en letras blancas dice Chulo #1, en una mano un LP de Cuco Valoy y en la otra una bandeja de waffles o mangú con queso frito.

A papi Cuco Valoy le gusta mucho, a mí no tanto, sobre todo cuando Cuco saca su campanita y dice: y ahora vamos a hacer brujería! A mí me gusta más Johnny Ventura y su Combo Show, todos con pantalones muy apretados, que según mi tía Leysi se meten medias en los pantaloncillos para que se les vea más grande y bailan al mismo tiempo, con camisas del mismo color con los botones abiertos hasta el ombligo y los pelos y la cadena de oro afuera. Igual que Wilfrido Vargas, y yo creo que con las cadenas se mandan señales, como cuando uno se manda reflejitos con un espejo de una azotea a otra. Wilfrido toca la trompeta, que tambien manda reflejos, igual que las trompetas y trombones y saxofones del conjunto Quisqueya y Fernandito Villalona, sólo que cuando los metales de Fernandito comienzan a mandar señales reflejando los focos del canal nueve, a Fernandito le caen arriba todas las sirvienticas para lamberlo, igual a Bonny Cepeda y Los Kenton, sólo que los Kenton usan kimonos de karate y bailan haciendo katas y se sacan las sirvienticas de encima a patadas. Pero aunque Wilfrido tira patadas que tumban el pedestal del micrófono, y aunque Cuco hace brujerías y aunque a Bonny los reflejos brillosos le salen de la misma moña llena de esprey escarchado, ninguno tira los pasos que papi tira cuando es sábado y estamos solos y ensayamos frente al espejo de su habitación, que cubre toda la pared, y él me enseña un dos tres, un dos tres, cuatro y me viste con sus trajes y nos peinamos con gelatina y usamos cepillos como micrófonos y papi entonces suelta el micrófono y corre hacia el tocadiscos o hacia el teléfono y vuelve tan rápido que antes de que el micrófono caiga al suelo papi ya está de vuelta empuñándolo para enseñarme otra canción.

Pero más que los discos a mí lo que me gusta son las carátulas. Las fotos y los dibujos de los cantantes haciendo poses en un trono de mimbre o sosteniendo un micrófono como un muslo de pollo. Fotos en blanco y negro y en colores para que una sepa quién es que canta y quién es que toca qué.

Algunos traen hasta la letra de los merengues para los que no pueden aprendérsela de oído. Fernandito el Mayimbe sentado en una roca con un sombrero de vaquero, a Cuco Valoy un policía le cae a macanazos, a Fausto Rey un gatico le trepa por el hombro y los Vecinos tienen botines blancos y peinados que combinan. Los Kenton se están separando, culmina papi mientras mira una carátula en la que se unían a Bonny Cepeda para un concierto con trajes de karatecas y con afros que cada año iban disminuyendo en tamaño.

Un día, en el Show del Mediodía, después de que a Pololo lo sacaran con un infarto del set, apareció el señor de las noticias y levantando su cara de un pedazo de papel dijo: interrumpimos la programación regular para informarles de que Fernandito Villalona, alias el Mayimbe, acaba de ser detenido por posesión de Orégano y Cilantro. El afamado intérprete de La Jamaquita y Tabaco y ron fue interceptado en las cercanías de La 42 por una patrulla que encontró en la guantera del cantante Orégano y Cilantro según indicó el examen químico que se lleva a cabo en estos casos, Fernandito que en principio admitió que la libra de yerbas aromáticas hallada en su vehículo era de su propiedad ahora adjudica la compra y uso de las mismas a su tía Bolivia, que preparaba un sancocho en honor a su hermana, la madre del artista.

Voces que venían corriendo calle abajo, afuera de la tele, voceaban: lo agarraron con yerba, lo agarraron con yerba. Y volviendo al estudio A de Color Visión, canal 9, Doña Zaida Lovatón, directora de la Comisión de Espectáculos Públicos, con unas canas igualitas a las de Cruela de Vil, comentaba los hechos en vivo, meciéndose en una mecedora desde la comodidad de su hogar: yo lo dije y lo vuelvo a decir, hay que cortar este veneno por la raíz…

Luego una cambiaba al canal siete y Julie Carlo (con una permanente de poodle rubia), ex estrella del Show del Mediodía y ahora contratada por el Sabroshow, se tapaba un oído con dos dedos porque atrás el morenaje voceaba y la empujaba con carátulas de discos del Mayimbe en las manos, y antes de que una doña dándose trompadas en el pecho le arrancara el micrófono, Julie pudo informarnos: Fernandito Villalona acaba de ser puesto en libertad, la fiscalía de la República ha levantado los cargos que se le imputaban, repetimos, el Mayimbe ha sido puesto en libertad. Y el pueblo, que se había tirado a la calle indignado porque trancaron a su niño mimado, saltaba y gritaba y el Mayimbe salió con las esposas puestas todavía, junto al síndico José Francisco Peña Gómez, que enseñádole la llave plateada al público en su negrísima mano y pelando esos dientes reflectores del solazo tropical soltó al Mayimbe para siempre levantándole como a un boxeador y Peña daba saltitos que jamaqueaban a ambos y Fernandito entonces se echó para atrás cogiendo impulso y se lanzó desde el tope de las escaleras hacia la multitud que lo esperaba y lo vimos flotar en aquel maremágnum negro, rojo, azul y blanco y a veces lo único que se le veía eran sus tenis Adidas y su camisita de ramos y su gorrita y su anillo de oro nadando sobre pelo crespo hasta el estudio B de Rahintel, canal siete, adonde el recién inaugurado Sabroshow lo esperaba, adonde Wilfrido, Johnny, Bonny Cepeda, Rasputín, Cuco, Dionis Fernandez, Belkis Concepción, Aramis Camilo, La Santini, Feli Cumbé y Julie Carlo lo esperaban, adonde todas las orquestas y todas las cámaras del canal siete lo esperaban con un contrato que lo liberaba de sus responsabilidades para con cualquier otro programa de variedades.

Y Fernandito Villalona alias el Mayimbe, a quien la gente acababa de depositar en el piso, firmó y abrazó a Julie y, acercando sus suculentos labios de mulatico blanco al micrófono, se le salieron las lágrimas y a mí se me salieron las lágrimas y a todos se nos salieron las lágrimas, y dijo: ecúsenme que venga así, con tenis a cantar, pero es que salí de la cárcel pa cá y no me dieron tiempo a cambialme.

Y todas las orquestas juntas comenzaron a tocar (piensen en la cantidad de trompetas, trombones y saxofones) el principio de Baila en la Calle y Fernandito, antes de empezar a cantar, voceando para encaramársele encima a la música, dijo: esta canción se la dedico a su autor, el maestro, Luis Terror Días.

Papi también tiene música americana, y esos discos a veces soy yo misma quien los pone, y cuando yo estoy tirando el paso más complicado suena el teléfono y papi me grita desde otra habitación bájala bájala bájala y yo bajo el volumen. Y luego papi cuelga y me ordena súbela súbela súbela y yo lo que hago es que bailo con la mano pegada al control del volumen para bajarlo y subirlo cuando él me diga.

A papi le encanta Billie Ocean.

Y un sábado cuando me levanto oigo la entrada de Caribbean Queen de Billie Ocean y papi no está preparando mi desayuno, sino que está metiendo un montón de camaroncitos muertos en agua hirviendo, y langostas. Miles. Y cuando me asomo a la puerta de la cocina y veo las ollas de acero inoxidable rebosadas papi me dice: pa que pruebe comida de gente inteligente. Papi también prepara salsas de todos los colores, arroz blanco y llama al colmado para que le traigan dos fundas de hielo porque hoy viene su familia. Yo me pongo muy contenta que vienen mi tía Leysi y mi tía China y mi abuelita Cilí y mi primo Puchy y mi prima Milly que son hijos de otra hermana de papi que se murió cuando los parió porque son mellizos y nacieron, cada uno, de 14 libras.

A los mellizos los crió mi abuela Cilí y mi tía Leysi y mi tía China que ninguna de las dos se ha casado y viven todos juntos en un apartamento frente a la Lotería Nacional. El apartamento está en un tercer piso y Cilí se lo compró a Balaguer en el gobierno de los doce años cuando ella vendió su tierrita en el campo y se vino con sus hijos y sus nietos, los mellizos, para la capital. Papi se metió en la Marina para comer carne de tiburón, tía China se inscribió en la Universidad Autónoma para juntarse con prietos y tirar piedras y tía Leysi se quedó criando a Milly y a Puchy, aunque tía Leysi es de la misma edad que Milly y Puchy, así que cuando Cilí se iba a visitar a sus comadres en el campo y dejaba a Leysi a cargo, ella se encargaba muy bien de plancharle los pantalones campanas y de combinarle las camisas de polyester naranja y los bajimamas de brillo a sus sobrinos y cogían los tres para el matinée de disco y salsa, a veces hasta ganaban concursos, dinero, prendas de fantasía, taquillas para ir a ver Grease. Milly y Puchy se ganaron cincuenta pesos un día y con el dinero se compraron un corte de tela blanca para hacerse cada uno un traje igualito al de John Travolta en Saturday Night Fever. Casi siempre se le pegaban a alguien que los llevaba a la casa en un Cadillac a las cinco de la mañana del día siguiente. A esa hora China volvía de poner afiches del Che Guevara en Ciudad Nueva, que la policía arrancaba antes de que saliera el sol, y se sentaban los cuatro en el Chimichurri de Junior en la esquina de la Lotería adonde los cueros y los travestis de la Feria les brindaban medio chimi y un Seven Up a cada uno. Y pensaban en papi (y cuando pensaban en él lo veían con su uniforme de la marina saludando militarmente), y si papi estaba en el mar o en tierra y si ya le habían asignado un rifle de verdad.

Y los camaroncitos están listos cuando la familia de papi toca la puerta. Y papi se desvive por acomodarlos en la sala y por enseñarles sus aparatos nuevos y por llevarse a cada uno aparte para meterles un fajo de billetes nuevos en el bolsillo de la camisa. Papi me dice: ve, enséñales tus juguetes nuevos a Puchy y a Milly, y yo los llevo detrás de mí, pero en el pasillo ellos se desvían hacia los closets de papi y comienzan a probárselo todo, hasta los perfumes, y yo me pongo colorada y les digo que dejen eso, que eso es de papi, y ellos me dicen que papi les ha dicho que cojan lo que quieran, que se lo lleven todo, y yo espumeo por la boca, pataleo y ellos como si nada metiendo chaquetas, pantalones, zapatos, camisas, corbatas y sombreros en una maleta que también les ha regalado papi.

A mí me da un pique.

Pero lo que más pique me da es que los mellizos ya tienen 16 años y papi puede llevárselos con él a las discotecas de sus amigos, y cuando tienen planes se comienzan a cambiar muy temprano, desde que se levantan, colocando combinaciones de ropa y accesorios encima de la cama, poniéndose y quitándose y mirándose al espejo y sugiriéndose cosas. A veces hasta se cortan el cabello como los tipos de Tears for Fears en el video de shout shout, shout it out loud, se ponen frente a la tele con la tijera en la mano a esperar que pongan el vídeo. Y Milly se pone la camisa negra de lunares y se pone mucho mousse y Puchy se tiñe un mechón de pelo y se ajusta la correa con punta de metal y papi le sacude las pelusas a ambos y tía Leysi, que también va, porque van todos menos yo, se saca los rolos y se echa spray y a mí, que hago pucheros desde que me entero, me dicen: cuando seas grande, cuando seas grande. Y me dejan con Cilí, que me hace acostarme en su cama con los pies hacia donde ella tiene la cabeza para que quepamos las dos y como yo doy patadas mientras duermo ella me amarra los talones del espaldar y yo pienso que, coño, si papi tiene tanto dinero, ya Cilí debería llevar otro estilo de vida, una casa con más camas y más televisores. Y cuando Cilí apaga la luz y comienza a murmurar el salmo 23 salpicando de chispitas de saliva la oscuridad yo me imagino a papi, a tía Leysi y a los mellizos bailando con su ropa tan chula y sus pulseras y peinados.

Y la fiesta es con Fernandito Villalona. Y eso me da más pique todavía.

Al día siguiente para que yo lo perdone por no llevarme a la discoteca papi me deja sentarme en sus piernas mientras maneja su carro y yo voy agarrando el guía todo el camino mientras damos una vuelta muy larga que casi siempre termina en casa de una novia suya que es siempre más culúa que la anterior y con más cadenas de oro. A la vuelta cuando yo me antojo de un Country Club de frambuesa papi me dice: vamos a ver si aquí tienen cambio y se desmonta en un colmado y el colmadero le dice que no con la cabeza, lo que pasa es que papi sólo tiene billetes de a mil. Y papi se queda con el fajo de billetes rosados en la mano y yo lo miro y el colmadero me mira a mí y yo miro la botella de contri clu de frambuesa sobre el estante y papi mira el fajo rosado y el colmadero mira el fajo y yo miro la botella de refresco rojo y los billetes rosados y pienso que el contri clu y los billetes combinan, y luego miro la caja con los calimetes y junto a la puerta del colmado un afiche que dice que por cada diez tapitas de Country Club de cualquier sabor más cinco pesos te dan un yoyo, y ya en el silencio que huele a ají cubanela del colmado lo único que se escucha es el dedo de papi resbalando por una esquina del fajo de billetes de mil, que suena retetetetetete y papi está poniendo esa cara de negociante y el colmadero está poniendo cara de banilejo y antes de que el dedo de papi termine de hacer sonar los billetes ratatatatatatata el colmadero pita y un carajito de mi edad con una carretilla comienza a montar huacales de Country Club de frambuesa, de uva, de merengue y de naranja en el baúl abierto del carro de papi, mientras papi me acaricia la nuca con su mano llena de anillos y luego el colmadero en persona con una sonrisa de oreja a oreja me entrega una caja con todos los modelos y todos los colores de todos los yoyos Country Club y rutututututututu despegamos en el carro de papi mientras me abrazo a mi caja de yoyos y me imagino haciendo trucos con un yoyo, dándole vueltas en el aire y atrapándolo sin que el hilo se me enrede y luego me imagino repartiendo los yoyos en el recreo de mi escuela mientras la profe dice: pónganse en fila, pónganse en fila, y cómo todos van a querer ser mis amigos y cómo hasta Julio César y Raúl van a querer ser mis amigos y van a enseñarme todas esas malas palabras nuevas a cambio de dos o tres, los yoyos que quieran.

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17,12 ₼
Yaş həddi:
0+
Həcm:
160 səh. 1 illustrasiya
ISBN:
9788418264627
Müəllif hüququ sahibi:
Bookwire
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