Kitabı oxu: «Europa en la encrucijada»

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Conferència impartida per

SAMI NAÏR,

politòleg, filòsof i sociòleg,

en la Universitat d’Estiu de Gandia

a l’acte d’obertura de la XXXIVena edició

de la Universitat d’Estiu de Gandia,

el 17 de juliol de 2017


© Sami Naïr, 2018

© D’aquesta edició:

Publicacions de la Universitat de València, 2018

CEIC Alfons el Vell, 2018

Centre Internacional de Gandia

de la Universitat de València, 2018

Publicacions de la Universitat de València

http://puv.uv.es publicacions@uv.es

Disseny i maquetació: Inmaculada Mesa

ISBN: 978-84-9133-342-4

Quisiera primero agradecer al Excelentísimo Señor Magnífico Rector de la Universitat de València, Don Esteban Morcillo, por haberme invitado a pronunciar la conferencia anual de apertura de la Universitat d’Estiu de Gandia y compartir con vosotros, en este bello lugar, un momento de intercambio intelectual. También mis agradecimientos para la propia Universitat d’Estiu y su director, J. Emili Aura, así como para el vicerrector de la Universitat de Valencia, Jorge Hermosilla, y para todas las autoridades aquí presentes, a mi amigo el profesor Javier de Lucas y a la(o)s colegas académicos, Isabel Morán, Alfonso Cervera, a los estudiantes e investigadores que me honran aquí con su presencia.

Iré directamente al fondo del tema propuesto en la carta de invitación por nuestro rector: «Europa en la encrucijada y el significado de la victoria de Emmanuel Macron en Francia».

Hay dos maneras, en general, de hablar sobre Europa: limitándose a una retórica «buenista» y afirmando un acto de fe en este esperanzador proyecto europeo, o intentando entender qué pasa, por qué tenemos hoy la sensación de que algo se ha roto, que los gobiernos europeos están empeñados más en defender sus pequeños intereses nacionales que en profundizar el proyecto europeo frente a los nuevos retos planteados, tanto por la crisis mundial de 2008 como por el actual caos geopolítico. Es decir, prefiero hablar de modo realista, francamente, sin perder nunca la confianza, no sólo en el futuro de Europa sino, mejor aún, en su necesidad para nosotros y para el mundo, pues Europa es, y debe seguir siéndolo, un foco de luz para la humanidad.

Tuve personalmente, como europarlamentario y antes como colaborador de un ex comisario europeo, la suerte de entender el sistema europeo desde dentro. Esta experiencia ha fortalecido mi fe europeísta, pero también me ha abierto los ojos sobre la debilidad del proyecto global y la política de hegemonía nacional de algunos países sobre el resto.

Ante todo, me parece imprescindible enunciar la tesis central que sustenta mi reflexión sobre la situación actual en Europa: la desaparición de un proyecto político común más allá de la gestión pragmática y sobrellevada día a día para evitar el estallido de la región. En los años ochenta y noventa teníamos una hoja de ruta diseñada: organizar el mercado único, poner en conformidad los fundamentos (fundamentals) de la economía de los países de la zona euro para crear precisamente esta moneda única, definir una política común de gestión de las fronteras y crear las condiciones institucionales para construir un sistema político coherente y potente. La idea progresista en aquel entonces era la absoluta necesidad de alcanzar un acuerdo político entre las naciones para conferir una identidad política a Europa, no sólo con el objetivo de dotarla de una entidad original en el mundo, con una voz fuerte, sino también para controlar a las fuerzas «entrópicas» interiores que solo querían un espacio de libre-cambio dentro de una Europa meramente mercantil.

Sin embargo, está claro que, desde la puesta en marcha del euro (en 2001), desde la entrada de los países del Este en la Unión Europea, la obsesión monetaria por el euro-fuerte, la crisis de 2008 (que casi lo ha hundido), y la imposición de políticas de austeridad por doquier, el proceso global técnicamente se ha paralizado. Esta grave situación en la que nos encontramos significa, de hecho, haber optado por un modelo de construcción de la Unión Europea articulado esencialmente en torno del fortalecimiento del eje económico y a costa de la impotencia política.

En segundo lugar, se aprecia la ausencia de liderazgo político (no digo económico) debida a la inestabilidad del eje germano-francés a causa de la ruptura de la paridad estratégica entre Francia y Alemania desde la puesta en marcha del euro en 2001 y, sobre todo, por la gestión de la crisis del euro por parte de Alemania desde 2010. En una palabra, geopolíticamente hablando, Alemania, con el apoyo de los países del norte (Austria, Países Bajos, Finlandia, etc.), impuso al resto un giro al «austericidio» para la defensa de la moneda única (el «marco-euro», en realidad) obligando a los países europeos del sur (el famoso conjunto de los ¡pigs!) a salvar a sus bancos en detrimento del empleo y del crecimiento comercial. Esta orientación ha sido clave para fortalecer la hegemonía de Alemania y de sus aliados en el conjunto europeo, por lo menos dentro de la zona euro.

Dejaré de lado la crisis de los valores europeos, sobre todo desde el fracaso frente a la demanda de los refugiados de 2015. Está claro, dada la política tibia del conjunto de los países europeos y la ruptura de la solidaridad por parte de los países del Este, que el modelo de valores europeo ha sido irremediablemente dañado y que Europa no puede, por lo menos desde mi punto de vista, dar lecciones de derechos humanos y solidaridad al resto del planeta.

Tampoco me detendré sobre la salida de Gran Bretaña (el brexit) del conjunto europeo. Diré solo, de pasada, que era previsible y que no nos exime de analizar la responsabilidad del resto de los países europeos frente a esta devastadora decisión para el porvenir de Europa. En cambio, sí me detendré, aunque de modo necesariamente esquemático, en la crisis económica y financiera europea.

1. La crisis de la política económica europea

La Comisión de Bruselas es, de hecho, un «para-gobierno» que, desde los años ochenta, ha impuesto una orientación neoliberal al conjunto europeo, bajo la hegemonía económica alemana y el paraguas político francés. Tiene tres objetivos centrales, reales, aunque nunca enunciados tan claramente: estabilidad macroeconómica, competitividad interna en la zona, apertura internacional.

Primer objetivo: defender el Pacto de estabilidad, concebido en la tradición alemana del ordo-liberalismo (estabilidad de los precios, política de competencia dependiente del mercado, reducción de las políticas estatales públicas).

Este pacto vigila el respeto a los tres principales criterios del Tratado de Maastricht: déficit presupuestario limitado al 3%, deuda pública no superior al 60% del pib e inflación no superior al 1,5%. Dejo de lado las obligaciones vinculadas al tipo de cambio y al tipo de interés nominal a largo plazo, pero no puedo obviar recalcar el veneno mortal que conllevan estos criterios.

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25 səh. 4 illustrasiyalar
ISBN:
9788491343424
Müəllif hüququ sahibi:
Bookwire
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