Kitabı oxu: «Republicanos con la monarquía, socialistas con la República»


Esta publicación no puede ser reproducida, ni total ni parcialmente, ni registrada en, o transmitida por, un sistema de recuperación de información, en ninguna forma ni por ningún medio, ya sea fotomecánico, fotoquímico, electrónico, por fotocopia o por cualquier otro, sin el permiso previo de la editorial.
© De los textos Sergio Valero Gómez, 2015
© De esta edición: Publicacions de la Universitat de València, 2015
Publicacions de la Universitat de València
http://puv.uv.es publicacions@uv.es
Diseño de la maqueta: Inmaculada Mesa
Fotografía de la cubierta: J. Barreira, Cartel de la Federación Socialista Valenciana,
Imprenta UGT/CNT, Valencia.
Diseño de la cubierta: Celso Hernández de la Figuera
ISBN: 978-84-370-9780-0
A mis padres, por estar siempre ahí. Y a mi abuela, porque nunca dejará de estarlo.
Índice
PRÓLOGO
AGRADECIMIENTOS
SIGLAS Y ACRÓNIMOS
INTRODUCCIÓN
I. EL SOCIALISMO VALENCIANO EN EL PRIMER BIENIO (1931-1933): DEMOCRACIA, REFORMISMO Y REORGANIZACIÓN
El socialismo en las vísperas del 14 de abril: el debate sobre la participación
El socialismo valenciano en el cambio de régimen
La reorganización socialista: del Congreso extraordinario del PSOE al I Congreso de la FSV
Socialismo y democracia en el primer tercio del siglo xx: una introducción
Sin reformas no hay democracia
El XIII Congreso del PSOE
II. EL CAMINO HACIA LA RADICALIZACIÓN DEL SOCIALISMO VALENCIANO (1933-1934)
La frustración como elemento de radicalización
El corto 1933: el principio del fin de la coalición republicano-socia¬lista
El II Congreso de la Federación Socialista Valenciana: la moderación como opción política
Elecciones, nueva mayoría y rectificación
El salto hacia la radicalización
La reconciliación con los hermanos de clase
III. LA CONCRECIÓN DE LA RADICALIZACIÓN (ABRIL-OCTUBRE DE 1934)
La huelga general de Valencia
La huelga general campesina
La revolución de octubre de 1934
IV. LA HEGEMONÍA DEL CABALLERISMO EN VALENCIA (1935-1936)
La gestación de la división: la reunión del Comité Nacional de diciem¬bre de 1935
El socialismo valenciano en el Comité Nacional
El triunfo del caballerismo I: la Asamblea de la ASV y el III Congreso de la FSV
El triunfo del caballerismo II: de las votaciones para Presidente del PSOE a las ante-votaciones
Las batallas por la Comisión Ejecutiva y el Comité Nacional de mayo de 1936
V. EL CABALLERISMO ANTE SUS ADVERSARIOS (1936-1937)
PSOE y PCE en los albores de la Guerra Civil
El primer escenario de conflicto: el campo
Los jóvenes toman el testigo
La FSV y la rebelión del caballerismo
El breve conflicto en la UGT valenciana
VI. EL POSCABALLERISMO EN VALENCIA (1937-1939)
El poscaballerismo en la UGT
El poscaballerismo en la FSV
La venganza del caballerismo: el socialismo valenciano y la formación del Consejo Nacional de Defensa
Epílogo
CONCLUSIONES
FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA
ÍNDICE ONOMÁSTICO
PRÓLOGO
El análisis de la política del movimiento socialista español sigue ocupando un lugar preferente en los últimos estudios sobre la Segunda república y la Guerra Civil Española. No en vano, el PSOE se convirtió en el principal partido nacional y la UGT en el principal sindicato de la democracia republicana. Como en el pasado, el tema estrella sigue pivotando sobre «la responsabilidad política» del PSOE y la UGT en el ambiente de «polarización política» y «asalto a la legalidad» que supusieron Octubre de 1934 o la primavera de 1936, incidiendo en el tema de las convicciones democráticas del socialismo español. Así, desde un punto de vista externo y escenarios concretos, investigaciones como las de Fernando del Rey o Francisco Cobo se plantean el tema con perspectivas distintas. Mientras en Paisanos en lucha Fernando del Rey comprueba en Ciudad Real las tendencias excluyentes y el asalto a la legalidad de los socialistas en el periodo del Frente Popular, cuestionando su fidelidad a la democracia republicana, Francisco Cobo, en Por la reforma agraria hacia la revolución. El sindicalismo agrario socialista durante la II República y la Guerra Civil (1930-1939), considera que, en Andalucía, una estrategia socialista que hubiera ligado a su práctica política al campesinado mediano, y no principalmente al jornalero, hubiera evitado la radicalización socialista, de la que ya hablara José Manuel Macarro en 1982, al tiempo que hubiera podido evitar la reacción contundente de los propietarios.
Aunque el tema de la relación entre socialismo y democracia incide de lleno en las divisiones de la cultura política socialista española en aquellos años, son menos los análisis sobre la evolución interna del movimiento socialista español en la década en que, con la democracia republicana, no solo sus organizaciones se convirtieron en la primeras del país, sino que el Partido Socialista accede por primera vez al poder, e incluso a la presidencia del Gobierno en la Guerra Civil, aunque la derrota republicana en 1939 supuso también la derrota y práctica desaparición del movimiento socialista en España.
A las ya clásicas investigaciones de Santos Juliá, se añaden los libros más recientes de Helen Graham, El PSOE en la guerra civil, el libro de Sandra Souto sobre las juventudes de izquierda en la guerra civil, Paso a la juventud. Movilización democrática, estalinismo y revolución en la República Española, y la biografía de Largo Caballero escrita por Julio Aróstegui, Largo Caballero. El Tesón y La Quimera. Todos ellos tienen en cuenta y tratan de explicar las raíces de las divisiones y el conflicto interno que dividieron al socialismo español entre centritas-prietistas y la izquierda socialista-caballerista. Aunque Santos Juliá ya señalara que las diferencias entre ambas corrientes eran más bien de «ritmo, velocidad y práctica política», Sandra Souto y Helen Graham comparten la visión dominante en la historiografía española desde la década de 1980 de que, a diferencia del prietismo, el caballerismo no tenía un proyecto político definido, ni objetivos de referencia.
Sin embargo, desde su análisis concreto de las divisiones y conflictos internos de una organización socialista provincial, la Federación Socialista Valenciana, Sergio Valero coincide con Julio Aróstegui en considerar al caballerismo como un «hijo directo del pablismo», adaptado a las circunstancias de la competencia política de los años treinta, con un objetivo que era el mismo del socialismo español desde su creación: «el camino reformista hacia el socialismo».
A partir de nueva documentación interna, prensa socialista nacional, regional y provincial y la prensa generalista de la provincia, el libro de Sergio Valero, asentándose en las investigaciones previas sobre el socialismo valenciano de José Antonio Piqueras, tiene la novedad de ofrecernos una documentada visión «desde abajo» de los conflictos internos y del surgimiento, desarrollo y crisis del caballerismo durante la Segunda República y la Guerra Civil. Añade a este interés la singularidad del socialismo valenciano, que, sin líderes nacionales destacados ni trayectoria histórica –con la excepción del bastión de Alzira– similar a la de Madrid, Asturias o Vizcaya, al proclamarse la República, sus asociaciones se colocan rápidamente entre las primeras del país por número de afiliación. En este aspecto, unían su trayectoria a zonas como Castilla-La Mancha y Andalucía, que, gracias a la militancia de obreros agrícolas, incorporaron una nueva afiliación al movimiento socialista español. Sin embargo, en el caso de la provincia de Valencia, esta nueva y numerosa militancia socialista no se correspondió con resultados electorales significativos, pues sus votos siguieron yendo al republicanismo histórico blasquista del PURA o al nuevo republicanismo de Izquierda Republicana.
A la debilidad electoral del socialismo en la provincia de Valencia se unía la competencia sindical con la CNT, especialmente importante en los sectores industriales. Ambas circunstancias llevaron al socialismo valenciano hacia la coalición con los republicanos electoralmente y al pacto con la CNT en la Alianza Obrera (1934-1935) y, posteriormente, en iniciativas políticas y económicas revolucionarias durante la guerra civil.
Así Republicanos con la Monarquía, Socialistas con la República, sin olvidar la contextualización nacional, recorre la rápida expansión de las organizaciones socialistas valencianas al calor de la proclamación de la República y las perspectivas reformistas del bienio republicano, hasta una radicalización de las bases que comienza en 1933, tanto por la frustración ante el incumplimiento de las reformas gubernamentales en los ámbitos locales, como por la derrota electoral de noviembre de 1933. Expulsados del poder y, por tanto, «del camino reformista hacia el socialismo», en un escenario internacional de ascenso de los fascismos y ataque al movimiento socialista, la radicalización socialista se concreta en 1934 en «la insurrección defensiva de octubre», aunque en Valencia tienen más incidencia la huelga general de abril de 1934 y los ecos de la huelga general campesina de junio, ligadas al mundo sindical.
El fracaso de octubre sumió al PSOE en la clandestinidad, desplazándolo de todas las instancias de poder, situación de debilidad que agudizó el conflicto interno, entre 1935 y principios de 1936, en todas las agrupaciones, que en Valencia se decantaron claramente por el caballerismo. En este triunfo caballerista, el autor ve «respeto a los Estatutos y a la mayoría» para conseguir sus objetivos, no la denostada «pasividad y falta de iniciativa» que se achacaba a los seguidores de Largo Caballero. Es muy interesante seguir en el libro «la batalla de las circulares», que describe la lucha por el poder en las agrupaciones locales y provinciales, la lucha por influir en las candidaturas del Frente Popular y, tras la victoria de febrero de 1936, la lucha por el control de los órganos nacionales del Partido, que, en el caso de la provincia de Valencia, siguió las líneas trazadas desde la izquierda socialista.
Con la lucha y división interna en su momento álgido, el PSOE asumió su apoyo a la coalición y al Gobierno del Frente Popular, sin participar en él, y, sobre todo, asumió la dirección de un Estado en guerra desde que Largo Caballero fue nombrado presidente del Gobierno en septiembre de 1936. Gobierno que, como indica Helen Graham, señalando las limitaciones del proyecto revolucionario caballerista, no pretendía avivar la revolución, sino restaurar los poderes del Estado republicano. Sin embargo, disintiendo con Graham, habría que tener en cuenta que un líder obrero presidía un Gobierno de unidad nacional inédito en Europa, que incluía a anarquistas y comunistas, e intentaba canalizar las «construcciones revolucionarias» dentro de la recuperación del poder del Estado republicano, para ganar la guerra. Sería el momento de mayor poder del PSOE y del caballerismo en los años treinta.
En ese escenario bélico, el socialismo valenciano y sus conflictos adquieren relevancia nacional al trasladarse el Gobierno a Valencia en noviembre de 1936 e ir aumentando progresivamente la importancia estratégica de la retaguardia valenciana conforme disminuía el territorio republicano. Durante la guerra, el conflicto interno dentro de la organización socialista se entrelazaba con la lucha contra los «adversarios» del caballerismo dentro del bando republicano, señala Valero. Así, la alianza entre prietistas y comunistas contra los caballeristas, que en la retaguardia valenciana fue sobre todo la lucha entre las sindicales agrarias comunista –FPC– y socialista –FETT– por preservar o no las iniciativas revolucionarias de las sindicales históricas, consigue su objetivo en mayo de 1937, cuando, en medio del conflicto abierto en el bando republicano y la marcha desfavorable de la guerra, al Gobierno de Largo Caballero le sucede el de Juan Negrín, hombre de la confianza de Prieto. Este Gobierno, que representaba el creciente poder comunista en la España republicana y, por tanto, su estrategia de aplazar la revolución para ganar la guerra, genera, en menos de un año, importantes diferencias entre Prieto y Negrín con respecto a la relación con los comunistas y la estrategia de guerra. En medio de las continuas derrotas republicanas, estas diferencias provocarán, desde la primavera de 1938, el progresivo acercamiento de prietistas y caballeristas contra los comunistas.
Si la competencia por el espacio electoral y sindical del socialismo valenciano antes de la guerra era con blasquistas y anarquistas respectivamente, durante la guerra los socialistas no pudieron contrarrestar el atractivo de un partido comunista unido, con una estrategia clara para ganar la guerra, con el respaldo de la URSS, especialmente cuando ese país era el único sostén de la República y el PCE utilizaba atractivas y agresivas técnicas de captación de militantes y cooptación de organizaciones socialistas con las que inicialmente pretendía colaborar y actuar conjuntamente. Así, cuando el PCE acabó dominando las Juventudes Socialistas Unificadas, el PSOE y la UGT en Cataluña, prácticamente todo el movimiento socialista y las otras fuerzas republicanas unían sus agravios contra los comunistas y su política de resistencia. Sin embargo, como indica Sergio Valero, la venganza caballerista, apoyando el golpe militar de Casado en marzo de 1939 contra los comunistas en la mermada España republicana, se convirtió en una victoria pírrica, que aceleró la derrota republicana y acabó con el movimiento socialista en España, incapaz de sobrevivir a la represión y al exilio tras su derrota en la Guerra Civil.
AURORA BOSCH
Universidad de Valencia
AGRADECIMIENTOS
Este libro ha surgido del núcleo de mi tesis doctoral Reformismo, radicalización y conflicto interno en el socialismo español. La Federación Socialista Valenciana durante la Segunda República y la Guerra Civil, leída en la Universidad de Valencia en noviembre de 2012. La elaboración de una tesis y, en este caso, de un libro es un proceso duro y largo, nada fácil de recorrer y, por eso, es necesaria la ayuda inestimable de muchas personas que deben tener su espacio entre estas páginas. Por ello, es mi deseo hacer expreso mi agradecimiento a todas ellas.
En primer lugar, quería expresar mi agradecimiento a los miembros del tribunal que evaluaron mi tesis tanto por participar en él como todos los comentarios, muy valiosos, que entonces me hicieron. Fueron los profesores Julián Casanova, de la Universidad de Zaragoza, Helen Graham, del Royal Holloway de la Universidad de Londres, y Teresa Carnero, de la Universidad de Valencia. Muy especialmente a la profesora Carnero, con la que he tenido muchas horas de grata y enriquecedora conversación, que han profundizado mi aprendizaje como historiador y como ciudadano.
Querría continuar por aquellos con los que en principio pudiera estar menos vinculado sentimentalmente, pero cuyo trabajo ha sido fundamental para el éxito de este: el personal de los archivos, bibliotecas y hemerotecas que he visitado, además del personal administrativo de la Universidad de Valencia. Principalmente quisiera nombrar al personal de la Fundación Pablo Iglesias (Mercedes, Carmen, Beatriz y, por supuesto, su director, Aurelio Martín Nájera), cuyo trabajo hace que sea uno de los mejores archivos que un historiador puede visitar en España. Su eficacia, eficiencia, rapidez, atención personalizada y calor humano hace que aquellos que llegamos de lejos nos sintamos en un perfecto ambiente de trabajo que provoca el deseo de volver. Del mismo modo, no quisiera dejar de nombrar al personal de la Hemeroteca Municipal de Valencia, que, con muy pocos medios materiales, consigue ayudar siempre al investigador hasta el máximo de sus posibilidades. Y, por supuesto, no olvidaré aquí al personal administrativo de la Universidad de Valencia, de sus diferentes organismos, y principalmente a Ma José Yllera, quien, con su trabajo, día a día, hace que muchos la admiremos y queramos, aunque sea brevemente, reconocer su buenísimo hacer.
También quería agradecer la deferencia de los profesores Rafael Cruz y Fernando del Rey al aceptar mis solicitudes de estancia de investigación en el Departamento de Historia del Pensamiento y de los Movimientos Sociales y Políticos, de la Universidad Complutense de Madrid, gracias a las cuales pude hacer la profunda consulta de archivos que este trabajo refleja.
Por otro lado, quiero hacer especial mención al Departamento de Historia Contemporánea de la Universidad de Valencia, el centro de investigación al que he pertenecido hasta septiembre de 2014, y cuyos investigadores, desde mi época de estudiante, tanto me han aportado y de los cuales tanto he aprendido para llegar hasta aquí. Especialmente quiero expresar mi agradecimiento a los profesores Ma Cruz Romeo, Marc Baldó, Ferran Archilés, Nuria Tabanera, Albert Girona, Javier Navarro, Ana Aguado, Antonio Calzado y Ricard Camil Torres.
También dentro del ámbito del Departamento no quisiera dejar de expresar mi agradecimiento a los que hasta hace bien poco han sido compañeros becarios predoctorales, un grupo de excelentes personas e investigadores entre los cuales, por encima de cualquier otra cosa, y sobre todo de los intereses personales, siempre ha destacado el compañerismo, la ayuda mutua y la colaboración. Principalmente he de nombrar aquí a Marta García Carrión, Elvira Asensi, Sara Prades, Xavier Andreu, Toni Morant, Mónica Granell, Aurelio Martí y Mélanie Ibáñez.
En un ámbito mucho más personal no quiero dejar de hacer algunas menciones que creo imprescindibles. En primer lugar he de dar las gracias a la Administración del Estado, gracias a cuya financiación tanto de la beca predoctoral de Formación de Profesorado Universitario que disfruté entre 2006 y 2010 como de los proyectos de investigación en los que estoy incluido desde 2009 («Democracia y culturas políticas de izquierda en la España del siglo XX», HAR2008-03970/HIST, y «Democracia y culturas políticas de izquierda en la España del siglo XX: desarrollos y limitaciones en un marco comparativo», HAR2011-27559) fue posible la realización de mi tesis doctoral. Asimismo debo agradecer también a la Administración autonómica su financiación del grupo de investigación en el que también me incluyo: el Grup d’Estudis Histórics sobre les Transicions i la Democracia (GEHTID), de reciente formación.
En todo caso, mi agradecimiento a la Administración he de hacerlo más extensivo, pues quisiera utilizar estas páginas, muchas de las cuales están dedicadas al reformismo y a las políticas sociales, para hacer un agradecimiento general al sistema público de educación que la generación de los años 80 del siglo XX hemos podido disfrutar. Gracias a ese sistema, aquellos que tenemos un origen socioeconómico humilde hemos podido alcanzar y disfrutar, con nuestro trabajo y esfuerzo, de un nivel formativo que hubieran sido totalmente inalcanzables por nuestros propios medios económicos. Por tanto, llegar hasta aquí ha sido producto de nuestro esfuerzo personal, pero también de la existencia de un sistema educativo capaz de proporcionar una promoción social fortísima. Ojalá aquello disfrutado por nosotros pueda también serlo por las próximas generaciones de españoles.
Volviendo a la parte más sentimental, no quisiera dejar de nombrar aquí a todos los amigos que durante estos años han tenido la paciencia de soportar mis faltas de atención, que me han aconsejado y ayudado sabiamente, y que han sabido apoyarme en esta dura tarea. La lista de nombres sería interminable, pero no puedo dejar de nombrar a compañeros, colegas y amigos como Noelia Rangel, Sandra Souto y David Parra, y a amigos alejados de la historia como Pepa y Héctor.
Finalmente, he de hacer referencia a las personas que más cerca de mí han estado estos años ayudándome y apoyándome. En primer lugar, aunque lo haga en estas páginas, no hay palabras ni habrá forma de agradecer a la Dra. Aurora Bosch, directora de la tesis doctoral que ha sido origen de este trabajo, la ayuda, la atención y el tiempo dedicados a mí. Ha llegado a ser mucho más que una mera directora, más bien una maestra que ha sabido transmitirme cómo debe hacerse el trabajo de historiador, y a la que espero haber correspondido al mismo nivel. Sus debates, consejos y correcciones han ido guiándome hasta aquí, y espero que lo siga haciendo mucho más allá. Estos años han sido complicados, duros y difíciles también para ella y, por ello, quiero remarcar más aún su dedicación. Trabajar conmigo no es nada fácil y ella ha sabido hacerlo de una manera óptima para dar lugar a este libro, que, aunque es responsabilidad mía en sus contenidos, sin ella no hubiera podido llegar a ser lo que es.
Por último quiero acabar dando las gracias por todo a mi familia, a mis padres, Antonio y Elisa, y a mi hermana, Beatriz, que han sido los verdaderos apoyos en estos años. A ellos, porque a buen entendedor pocas palabras bastan, sólo decirles que ha valido la pena. No ha sido fácil, nada fácil, principalmente para ellos, pero todos los esfuerzos tienen su recompensa y los suyos también. Este libro lleva mi nombre, pero en él van incluidos los suyos, y el de todos aquellos que han hecho que sea quien soy, como mi abuela Antonia, para siempre en mi recuerdo. Por ello, de nuevo, muchas gracias.
Valencia, octubre de 2014